Capítulo V
Recta Conducta
Palabras y preceptos
Desarrollan el problema de los términos empleados por Kuthumi
a la vez que tratan de restar importancia a sus diferencias con los
tradicionales del hinduismo y el budismo, tanto la Dra. Besant
como Leadbeater. Según ya hemos visto el propio Krishnamurti,
se habría referido al punto en un paréntesis en A los Pies del Maes-
tro; veamos los términos:
SAMA
1) Sama.- Dominio de sí mismo por lo que atañe a la Mente (Self control as
to the Mind): Es la expresión empleada por el propio Kuthumi a la
que correspondería el vocablo tradicional sama, según nos dice
Leadbeater en dos obras suyas13, la traducción quietude es, diría-
mos, correcta y a ella se refiere A. Besant (TPO Pg. 217) cuando
nos dice que la ha estado usando (al igual que a otras traduccio-
nes que siguen) durante muchos años, pero ella, Leadbeater y el
propio Kuthumi que viene a introducir también dominio
(autodominio) en el precepto del caso, estarían lejos a nuestro
parecer del sentido mismo del término sama justamente porque
éste significa quietud; calma del espíritu es en cambio la definición
que se da de sama en el Vivekachudamani, acaso la más notable de
las obras de Sankara: se le traduce, por ejemplo, por igual (cf.
Ingl. same), a la vez que por igualmente en el Bhagavad Gita (XIV,
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22-25), obvio sinónimo de quietud. Por lo demás el Skeat* registra
a la vez que la semejanza morfológica, la sinonimia entre el voca-
blo sánscrito y el inglés.
Con la etimología vendría a estar esta vez también el Krishna-
murti maduro partidario de una calma espiritual que no es resulta-
do de ningún dominio o autodominio y que tampoco es bueno por-
que lo permite, sino en sí misma —recordemos su sinonimia con
paz— y en todo caso por lo que nos permite ver y ser, por lo que
tiene de acompañante —causa y efecto— del conocimiento de sí.
Precepto
Kuthumi introduce la consideración de esta virtud mediante una
comparación con la carencia de deseos: así como por obra de esta
última controlamos “el carácter para no experimentar cólera ni im-
paciencia”, (has de tener) control de la mente para que tu pensa-
miento pueda estar calmado y sereno y por él, el de tus nervios
que se volverán hipersensibles ante ruidos, choques y presiones:
“precisa evitarlos lo mejor que puedas”.
Añade Kuthumi que la mente tranquila supone valentía y fir-
meza y evita “la angustia incesante por cosas sin importancia”.
No hay que permitir que perturben la calma de nuestra mente ni
tristezas, ni dificultades ni enfermedades ni pérdidas, esto es, “lo
que provenga de lo exterior”. Estos males, resultado de acciones
de antes, deben ser soportados alegremente, “tu deber es perma-
necer siempre gozoso y sereno”, “pertenecen a tus vidas pasadas:
piensa en lo que estás haciendo ahora y sí puedes alterar”: “de
eso dependerán los acontecimientos de tu siguiente vida” agrega
Kuthumi en añadido abiertamente reencarnacionista, inadmisible
entonces para Krishnamurti más no sólo por ello: el Krishnamurti
de la Libertad primera y última no sólo al final; no se trata —como
tampoco en el Zen— de conseguir nada sino de despertar mediante
el conocimiento de sí mismo; es el Krishnamurti de la mentira de
la motivación, el que considera que “para...” es mala palabra. Por
ello de los últimos preceptos Krishnamurti, se quedaría sólo con
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“piensa en lo que estás haciendo ahora”; no extendería invitación
alguna al tiempo, a ese terrible “invitado que vino a cenar”; por
ello, aunque mucho del contenido de este requisito se mantenga
en el Krishnamurti que ha de venir, resulta algo así como la mis-
ma conclusión de diferentes premisas: ni Karma ni reencarnación
ni futuro: con seriedad, budista o no: la nada, el presente y lo que
hay que hacer ahora.
Dentro de la misma virtud, Kuthumi desaconseja la depresión
que contagia a los demás y les hace difícil la vida. Krishnamurti
en cambio no le da tanta importancia porque sabe que, en cierta
medida el conocimiento de sí la hace inevitable, de ahí la necesi-
dad de ejercicios físicos o yoga para ponerle límites (su amigo A.
Huxley relieva esto).
Sigue Kuthumi:
No permitas vagar a tu pensamiento, aplícalo a lo que estés
haciendo para que resulte bien; ten en reserva buenos pensamien-
tos a fin de que afloren cuando quedes libre:
Piensa cada día en alguien que sepas que está afligido o su-
friendo necesitado de ayuda y vuelca sobre él el caudal de tu
amoroso pensamiento.
Pensamiento positivo, el cual aunque presente con frecuencia,
habitualmente, en la biografía de Krishnamurti en sus comunica-
ciones epistolares —sobre todo en el primer Krishnamurti— no ha
de formar parte del mensaje del Krishnamurti de la madurez, ga-
nando profundidad y amplitud del pensamiento negativo, el de
Gautama el Buda y del maestro de Platón. Pero esta otra posibili-
dad de que los que nada pueden porque nada tienen, puedan ha-
cer el bien sólo pensándolo, resulta en verdad sugestiva para de-
cir lo menos y nos hace evocar a Cusa y su “sacra ignorancia”, a
Spinoza y a Unamuno.
Termina Kuthumi la consideración de esta primera virtud con
una prevención contra el orgullo: “procede sólo de la ignorancia”:
“El hombre sabio conoce que sólo Dios es grande y que toda bue-
na obra es hecha tan sólo por Dios”.
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Sí: Jesús el Cristo nos dice algo semejante en celebérrima pági-
na del Nuevo Testamento: ¿Maitreya-Maitreya? Maitreya, el ins-
tructor del Mundo habría dado su aprobación A los Pies del Maes-
tro, según relata Leadbeater. (Maitreya superior a Kuthumi en la
jerarquía Oculta).
2) Dominio de Sí en la Acción (Self-control in Action). El térmi-
no tradicional respectivo es dama (gr. domos, lat. domus). El Chan-
traine* señala la vinculación con el término griego y nos dice de
la raíz sánscrita dama del vocablo de que tratamos, que su signifi-
cado es casa; añadamos que por un giro semejante al que aprecia-
mos en latín: domus, dominus —domicilio, dominio— en sánscrito
se habría pasado de la significación de casa, de hogar, a la de do-
minio. En resumen, en su significación inmediata sama no tenía que
ver con domino —es más bien lo contrario— pero dama, como nos
lo muestran estos últimos términos (de la misma raíz también que
el propio dominio en español) tiene en cambio justificada la signi-
ficación de señorío sobre sí mismo, dominio sobre los sentidos, que
registra Swami Madhavananda (en el glosario que acompaña a
su traducción. La traducción francesa según la cual citamos es del
inglés Marcel Sauton). Kuthumi sin embargo, ha preferido ser más
explícito a la hora de formular el precepto y en consonancia con
la orientación práctica de A los Pies del Maestro, ha preferido Domi-
nio de sí al actuar con lo que aunque esté presente el dominio como
no lo ha de estar después en Krishnamurti, en cambio, prekrishna-
murtianamente, es puesta de relieve la significación de vínculo con
los demás (y con lo demás).
El Precepto
No quedarse empollando sueños que hubiera dicho Nietzsche, se-
gún Kuthumi, evocando a Santiago el Apóstol esta virtud deman-
da ante todo pasar a las obras: diligencia, pero cumplir el propio
deber, no el de otro, a menos que lo hagas con su permiso y con la
mira de ayudarlo, nunca entrometerse. Por el hecho de cumplir una
* Dictionarie Etimologique de la Langue Grecque, 3 vols. Paris, Vol I, 1968.
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labor más elevada, los aspirantes —a quienes está dirigido A los
Pies del Maestro— no deben descuidar sus deberes ordinarios
—debemos, al contrario, hacerlo mejor que los demás— ordenar-
los, para quedar libres después de cumplirlos ni hay que hacerse
de nuevos deberes mundanos, aunque han de cumplirse a la per-
fección los ya contraídos, mas “los que tú mismo reconozcas, no
los deberes imaginarios que otros traten de imponerte” así dice
—o dicta— Kuthumi anticipando a Krishnamurti y aún en cierta
medida incluso al propio Discurso de Clausura de la Orden y hasta
el “ser bueno es no seguir”.
3) Tolerancia (Tolerance).- Leemos en A. Besant:
El tercero de estos puntos de buena conducta lo he traducido
siempre, tolerancia, como el maestro lo hace aquí, pero sé que
dicha traducción resulta inaceptable para muchas personas. La
palabra sánscrita es uparati que significa literalmente cesación.
A propósito de esta virtud parecen facilitarse las cosas por lo
mismo en lo tocante al nombre: al parecer sería pues ¡tolerancia! y
se acabó. Pero sólo ha habido coincidencia entre la palabra dicta-
da por Kuthumi y la traducción que ha venido empleando la Dra.,
más ¿está justificada? Leadbeater trae por ejemplo cesación; por
otra parte en las notas al Vivekachudamani leemos recogimiento
(recueillement), “repliegue de la mente en el centro interior”.
Ocurre en el caso de esta tercera virtud que hay tres conceptos
bastante diferentes acerca de ella: resulta por ejemplo inusitado
que la Dra. Besant (respaldando a Kuthumi) y Leadbeater tan a
menudo de un mismo temperamento, estén en este caso guardan-
do una diferencia tan grande entre sí y con el swami que hemos
citado (una figura por completo siglo xx).
El Krishnamurti maduro habría suscrito la recomendación de
bondad y dulzura con todos pero en varias ocasiones —por lo que
tiene de amor insuficiente— ha señalado las limitaciones de la to-
lerancia: en todo caso nada más que antesala —o remedo— de lo
en verdad indispensable.
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Ética y Metafísica
Kuthumi en consonancia con el nombre que ha escogido para esta
virtud y con la orientación de A los Pies del Maestro todo se mantie-
ne aquí en un ámbito de ética social, pero ésta no es la única posi-
bilidad de interpretar el uparati: en el Vivekachudamani se dice
del recogimiento (recueillement) que lo traduce: “es reputado per-
fecto cuando los objetos exteriores dejan de poner en movimiento
las funciones mentales”, pero esto es citta-vrtti-nirodhah, esto es,
Yoga, la Yoga de Patanjali con un sentido y una finalidad no direc-
tamente éticas sino psicológicas, religiosas y metafísicas, hinduis-
mo en su antonomasia y en toda su amplitud ya que corresponde
a la producción del que es considerado el más ilustre de los repre-
sentantes del pensamiento filosófico y religioso de la India: culmi-
nación del recogimiento tendría señeras expresiones en la filoso-
fía y la mística de Occidente como el Pseudo Dionisio y Plotino,
como Eckhart y Cusa para no mencionar sino a muy pocos como
lo impone los límites del presente trabajo sobre Krishnamurti, pero
todo ello que es hinduismo tradicional constituye por otra parte el
terreno que rodeó y en que actuó en su segunda gran etapa a la
que llamamos de transición, la del salto más allá de la India pero
a partir de ella.
4) Alegría (Cheerfulnes).- Es la forma en que Kuthumi presenta la
cuarta de las virtudes del hinduismo titiksa. Dice A. Besant que ella
siempre la ha llamado endurance pero añade que a fin de cuentas es
lo mismo que alegría: más, al parecer, justo no es lo mismo; así
Kuthumi estime que hay que acoger dolores, males y dificultades
con ánimo alegre. Puede tratarse sí de la forma que adopta titiksa
en Kuthumi dada “la manera de ser” del maestro de Krishnamurti
como poco después nos dice Mrs. Besant. Acaso cabe añadir que se
trata en toda forma de un sinónimo de paciencia, la cual por lo regu-
lar supone más pasividad que la endurance (longanimidad, resisten-
cia, aguante, se habla de la passive endurance de Gandhi).
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Leadbeater trae esta vez también forbearance, sinónimo que aña-
de un factor de clemencia o caridad, de renuncia al desquite.
En las notas al Vivekachudamani vemos que titiksa es la longa-
nimidad (endurance, fr.), el coraje moral que se une a un ideal espi-
ritual; no es la actitud del estoico que triunfa del sufrimiento como
de un enemigo; se trata de reducir progresivamente la importan-
cia que se concede al dolor moral o físico al provocar una eleva-
ción del nivel de conciencia.
Por otra parte en la Voz del Silencio leemos:
Titiksa es el... estado de suprema indiferencia, de sumisión si es
necesario, a lo que se llama “placeres y dolores de todos”, pero
no derivando ni placer ni dolor de dicha sumisión, en suma, el
hacerse física, mental y moralmente indiferente e insensible tan-
to al placer como al dolor.
El Precepto
Conforme a la orientación práctica de este breve “Código
de Moral” como se ha llamado a A los Pies del Maestro, Kuthumi
prefiere dar el nombre que registramos para combatir la intoleran-
cia, el fanatismo y la superstición y luego sostiene que no hay ce-
remonias indispensables, pero añade que no hay que condenar a
quienes se aferran a ellas: que ellos te dejen libre a ti. En relación
“con tus viejas creencias y tus antiguas ceremonias” pueden
parecerte ahora absurdas pero “repítelas en obsequio de aquellas
buenas almas para las cuales son todavía importantes” y a conti-
nuación Kuthumi cita de San Pablo —llamándolo “gran Instruc-
tor”— “cuando yo era niño...”
Termina esta consideración de la tercera virtud: “Considera a
todos los seres con bondad, con dulzura y tolerancia pero a todos
igualmente sean budistas o hindúes, jainos o judíos, cristianos o
mahometanos”.
69
Titiksa
“suprema indiferencia” (Blavatsky) “longanimidad” (Besant) “pa-
ciencia” (Leadbeater) o bien “alegría” (Kuthumi): ¿Gama de signi-
ficados en una sinonimia o la exceden? Lo cierto es que se adopta
una actitud positiva ante el dolor pero con diferentes modalida-
des. Krishnamurti mismo está más cerca de Kuthumi —y de Spi-
noza— por su valoración positiva de la alegría no obstante que
por otro lado reconoce como Nietzsche el valor de los sufrimien-
tos extremos de la vida del espíritu; también una y otra vez “cuanto
peor, tanto mejor” (Nietzsche hablaba de “los golpes terribles de
la misericordiosa vida”). En el cristianismo en cambio, si cabe ge-
neralizar en este tópico, el ejemplo de Jesús así no se llegue a la
deliberada imitación (y con frecuencia se llega) de la buena
conciencia hacia el dolor —“no quieras ser más que tu señor”—
rehuye menos la inmersión en el sufrimiento.
Precepto
“Soporta tu karma cualquiera que sea con ánimo alegre”: los cinco
párrafos de la cuarta virtud, titiksa tratan del Karma, indirectamente
el último el cual es consecuencia de los anteriores: “un honor el
sufrimiento que te sobrevenga porque ello demostrará que los re-
gentes del karma te juzgan digno de ayuda”: (eres) “de poca utili-
dad al maestro mientras tu mal karma no se haya agotado y que-
des libre”, “ahora en una o dos vidas agotarás resultados que de
lo contrario pudieran haber sido repartidos en un centenar de en-
carnaciones”, “debes renunciar a todo sentimiento de posesión, el
karma podría separarte de las cosas que más estimas”: Por todo lo
anterior no debemos ceder a la depresión: hemos de estar alegres
para ser adecuados canales de la fuerza del maestro.
Aunque se acepta la existencia de un “karma bueno”, en cuan-
to supone, limitación y sufrimiento, todo karma sería en sí mismo
sin embargo malo pues es el nombre de las ligaduras que nos tie-
nen atados a “la rueda de nacimientos y muertes”: él mismo es
esa rueda.
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5) Finalidad única.- (One-pointedness). En Kuthumi corresponde
a samadhana en la terminología tradicional: A. Besant aunque nos
cuenta que traducía este vocablo por equilibrio (ing. balance) termi-
na dándole —al comentar A los Pies del Maestro— el mismo senti-
do que le da Leadbeater quien, aunque lo traduce como atención
(intentness), a ésta la define como one-pointedness, al igual que en el
precepto de Kuthumi.
¿Unidad de la significación de samadhana entonces? En el glo-
sario de la edición del Viveckachudamani que utilizamos se define
como “estabilidad del mental” la cual se caracteriza como un “no
ceder jamás a un movimiento de curiosidad (o bien “a la distrac-
ción del pensamiento por los objetos ilusorios del mundo”, según
otra traducción) sino concentrar en todo momento la inteligencia
(buddhi) sobre el Brahman absolutamente incondicionado”.
Sobre samyamana un sinónimo de samadhana:
¿Qué significa samyamana en el Yoga Sutra de Patanjalí?
- Dirección única de la mente (one-pointedness of mind).
- Por ese samyamana en el corazón se dice que resulta chitta
samvit ¿qué significa eso?
R. Chitta samyit es Atma Jnana, o sea conocimiento de sí mismo.
Considerando las diversas traducciones digamos que algunas
están más cerca de la etimología como “estabilidad del mental”
que alcanzaría su perfección en la residencia en el Atman
y otras no, como en Kuthumi en que nuevamente por su orienta-
ción práctica se subrayaría —es el substantivo de la frase que pre-
fiere él ay terminan por preferir, siguiéndolo A. Besant y Leadbeater
el “dirigirse a”, la concentración en algo, casi la intencionalidad
husserliana de no ser porque tiene este carácter práctico y ético de
dirigirse a algo diferente de sí pero surgiría la dificultad de todo
monismo de cómo lo único que es puede salir de sí, dificultad que
no se da si se la define como estabilidad del mental. Pero A los
Pies del Maestro que con su título infortunado —si se le contrasta
con lo que tiene de sustancial—, es una invitación y una incita-
ción y no —o apenas— una descripción metafísica. Pero habría
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en esta diversidad —no llegamos a escribir bosque— de traduccio-
nes una que puede pasar desapercibida: la atención, el intendness
de Leadbeater (quien termina acatando sin embargo la de
Kuthumi) la cual resultaría anticipación de uno de los temas y ac-
titudes más pertinaces y representativos del Krishnamurti de la
madurez: la atención, pero no la atención sostenida, continua, que
supone esfuerzo, el cual le quitaría espontaneidad, intensidad, in-
timidad, dirección o ubicación ontológica y plenitud. Y significa-
ción filosófica que la tiene según Descartes y filosófica y religiosa
según Malebranche. Pedagógica también, para Krishnamurti quien
ha de destacar su pureza: no está pidiendo futuro ni llenándonos
de acciones incompletas. Todo profesor que quiera reflexionar so-
bre la de sus alumnos en clase al dictarla habrá experimentado
esa sensación de cumplimiento, de no necesitar ya nada más: tan-
to en sus alumnos como en él.
Preceptos
Finalismo, hay objetivos; más exactamente un objetivo, único
“hacer la obra del “maestro”, “Nunca debes olvidarlo”. “De he-
cho nada más podrá presentarse pues todo trabajo útil y desinte-
resado es labor del maestro y por él debe s hacerlo” y debes poner
toda tu atención en él. Vuelve Kuthumi a citar a San Pablo sin men-
cionarlo “cualquier cosa que hiciereis, hacedla de todo corazón
como para el Señor y no para los hombres”, “como si el maestro
fuese a venir de pronto a examinarla”.
Nada deberá apartarte ni por un momento del sendero en el cual
has entrado (...) ni las tentaciones, ni los placeres del mundo ni
aún afecto alguno terrestre.
Esta parte quinta de la ética tiene un final metafísico (hace pen-
sar en la célebre definición de virtud en Spinoza): el sendero debe
ser parte de tu naturaleza de modo que “le sigas sin necesidad de
pensarlo y sin que te sea posible apartarte de él”
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En Krishnamurti, filósofo del presente, no hay en rigor sende-
ro y posada; el sendero ha sido cambiado por la libertad que —
como en uno de su títulos— es primera y última: como su nombre
—libertad— lo indica no se deja atrapar por el tiempo.
6) Confianza (confidence). Es el término elegido por Kuthumi
para designar la sexta de las virtudes comprendida en la conducta
recta; en el hinduismo es shraddha, traducido usualmente por fe.
En el Vivekachudamani se nos dice:
“Adherirse por un acto deliberado del entendimiento a la ver-
dad tal como la exponen las escrituras y mediante la enseñanza
del gurú, eso es lo que los sabios designan con el término fe
(shraddha) y mediante la fe se capta lo real”.
“Fe esclarecida” se dice en el Glosario (p. 155 ed. fr. cit.)
Fe la traducción más adecuada en el Bhagavad Gita (XVII, 3;
IV, 39; XVIII, 71; VI, 47, etc.).
Pero como dice A. Besant “Yo siempre lo he llamado fe”.
“Aquí es confianza”. Es efectivamente —confidence— el término
que elige Kuthumi y si no es el que figura en Leadbeater —figura
fe (faith)— resulta lo mismo a fin de cuentas porque la caracteriza
de la misma manera que Kuthumi a la confianza.
Es preciso que tengas confianza en tu maestro; debes confiar
en ti mismo.
Antikrishnamurtiano en la primera frase, prekhrishnamurtiano
en la segunda pero no por completo: Krishnamurti no nos ha de
aconsejar “confía en ti mismo” (ni, mucho menos, lo contrario) sino
que nos viene a decir “confía” (sobre fe y confianza cf. Pre-socráticos
II, El Logos, Heráclito, y III, Lo que es).
Preceptos
Este primer párrafo reencarnacionista en Kuthumi: Si has visto al
maestro tendrás la más completa confianza en él a través de mu-
chas vidas y muchas muertes.
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Si no hay perfecta confianza no puede producirse el perfecto
influjo de amor y de fuerza.
Resulta por lo menos ilustrativo el conocimiento de la etimo-
logía de sraddha traducida en el hinduismo tradicional invariable-
mente por fe como hemos visto que lo siguió haciendo A.
Besant. Leemos en la Sanskrit Grammar de Macdonell (p. 257) “co-
razón (heart) voz compuesta con dha, poner, (put) y por otra parte
(p. 167) de srád: una vieja palabra que significa corazón (lat. Cord)”.
Igualmente en el Boisacq (DELG art. kardia p. 412)... “Corazón, es-
tómago... lat. cor. cordis... * kred (en el latín credo, tener confianza en
alguien, creer *kred- + dhe, cf. Skc. srád- dadhathi...)
En The Inmortal Friend, poema, producción del período inter-
medio, podemos leer:
Desde que me he encontrado contigo,
Oh mi Amado;
No he conocido ya la soledad
Me ha sido, dado
¡Oh, amigo!
Ver la faz de mi amado...
Las edades han aguardado esta hora:
He encontrado a mi amado.
¿Se está refiriendo Krishnamurti en este poema al maestro, a
su maestro, a Kuthumi y sólo a él? Cabe sin duda decir que sí; que
se está refiriendo por lo menos a él, más hemos de tener en cuenta
que en estas estructuras ocultas no se da el mismo principio de
individuación tan característico de los seres humanos... en su mo-
mento histórico actual (como nos lo dice en La Madeja del Pensa-
miento p. 99 ss); no tiene un valor esencial sino propio de este mo-
mento en que el hombre no está viviendo según lo que es sino se-
gún lo que cree ser.
¿Dices tener confianza en ti mismo?, ¿dices que te conoces de-
masiado bien? Si así lo sientes de hecho no te conoces.
* Diccionario Etimológico del griego
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Dite a ti mismo: “Lo que el hombre ha hecho el hombre puede
hacer”.
Y este párrafo de A los Pies del Maestro que es pura teosofía, de
la más conocida:
Tú —el verdadero tú— eres una chispa de la propia divina flama
y Dios que es omnisciente, mora en ti.
AMOR
Ya nos hemos encontrado con el término y considerado los supues-
tos equivalentes (más bien que equivalentes propiamente tales) en
el hinduismo y el budismo (p. 29) y registrado sus limitaciones,
algunas señaladas por el propio Kuthumi (N.ºs 132 y 133) quien
caracteriza el amor, sosteniendo (N.º 132) que no es tanto deseo
como voluntad, resolución, determinación (A los pies del Maestro). Y
este es un punto de contraposición entre Kuthumi y Krishnamurti
quien ha denunciado más bien la antinomía entre voluntad y amor;
Krishnamurti como Klages y Heidegger se inserta en el grupo de
grandes pensadores contemporáneos que han denunciado “la bar-
barie de la voluntad”.
Los preceptos
(134) Puesto que Dios es Amor... tú debes estar lleno de perfec-
to desinterés y también de amor.
(135) En la vida cotidiana esto significa dos cosas: primero que
cuides de no dañar a ningún ser viviente.
Es el gran mandamiento de la ahimsa tan consustancial a la
actitud de Gandhi: “Más poderosa que la fuerza de las armas”
“es siempre infalible” “sustituye a la policía y las fuerzas arma-
das” “no debe temer al imperialismo”.
“Es más fuerte que la violencia del soldado más valiente” “es
la única fuerza en esta edad atómica” “exige más coraje que la
violencia”, “es el arma de los valientes” “prevalecerá al final”.
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Más no sólo ello: Ahimsa es la primera exigencia de Yama, el
primero de los pasos de la gran disciplina que purifica a Chitta, la
mente.
Pero nos dice C. F. Andrews, “al adoptar esta posición, M.
Gandhi no es ni original ni revolucionario desde el punto de vista
hindú” “y nos relata cómo en remotas aldeas de la India ha escu-
chado de los aldeanos la sentencia del Mahabharata: “Ahimsa es la
suprema Religión”. Escribía Román Rolland que una sola de las
virtudes que prescribe el Yoga bastaría para hacer un santo de
cumplirse por completo: de Ahimsa; cabría decir que ella sola ahí
incluido su pleno acatamiento, permitiría el establecimiento de la
paz sobre la tierra.
Escribe C. F. Andrews de Ahimsa: En realidad significa que no
ofendas a nadie, que no abrigues un pensamiento poco caritativo,
aún en relación con alguien a quien puedes considerar tu enemi-
go. Para quien sigue esta doctrina no hay lugar para un enemigo.
Pero puede haber personas que se consideren sus enemigos: se sos-
tiene que no cabe abrigar un tal pensamiento aún en relación con
tales personas. Si devolvemos golpe por golpe nos apartamos de
la doctrina del Ahimsa. Cumplimiento humano en el orden social
y en el individual. Por ello Kuthumi añade (Nº 135) la exigencia
de que siempre estés dispuesto a prestar ayuda.
Si el primer precepto de Yoga —que por lo demás tan apreta-
damente coincide con el segundo mandamiento semejante al pri-
mero del Nuevo Testamento—, es no dañar, el cual por lo demás,
como Gandhi ha declarado una y otra vez, coincide con el amor
cristiano (su formulación negativa es resultado de la necesidad
perentoria de dejar sentado bien en claro su absoluta incompati-
bilidad con cualquier tipo de violencia): dado “el imperativo cate-
górico” del ahimsa de Kuthumi —que por lo demás cabe insertar
por completo en el imperativo categórico de Kant— Kuthumi (N.º
136) condena “los pecados que en el mundo producen más daños
que todo lo demás: la maledicencia, la crueldad y la superstición
porque son pecados contra el amor.
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1) La murmuración “comienza con un mal pensamiento lo cual
es ya de por sí un crimen” (137) porque el pensamiento refuerza
lo bueno o lo malo en cada uno, al pensar lo malo que hay en otros
estamos haciendo estas tres cosas malas: a) llenamos el ambiente
de malos pensamientos “y por tanto estás aumentando el dolor
del mundo”; b) estás fortaleciendo el mal que ya podrá haber en el
alma de aquel hombre o peor haciendo que aparezca en forma de
tentación; c) “llenas tu propia mente de malos pensamientos”.
Lo que es peor —sigue Kuthumi (142)— no contento con ha-
ber causado todo este daño, el malediciente quiere que los demás
participen de su delito, repite la historia maligna del caso y hace
que se acumulen malos pensamientos sobre la infortunada vícti-
ma, la especie se repite y pueden llegar a repetirla miles: es un pe-
cado vil, terrible, nunca hables mal de nadie, niégate a escuchar a
quien quiera hacerlo y di con dulzura “quizá no sea verdad, si lo
fuese es más caritativo no hablar de eso”.
2) La crueldad.- De la intencional, la propiamente dicha, la cual
según Kuthumi “consiste en hacer sufrir deliberadamente a otro
ser viviente”, nos dice que es “el mayor de todos los pecados: obra
más bien de un demonio que de un ser humano”, poco después
añade: “el karma de la crueldad es el más terrible de todos”.
El autor de A los pies del Maestro enumera luego algunas for-
mas de crueldad intencional: los inquisidores así como muchas
personas religiosas en nombre de su religión, “los vivisectores la
cometen y para muchos maestros de escuela eso es lo habitual”,
añade aquellos que “se dedican a matar criaturas de Dios y lla-
man a eso deporte”; no olvida Kuthumi la crueldad en el lenguaje
la de “quien dice una palabra con intento de herir a otro”, pero
ella le sirve de introducción a la crueldad involuntaria la cual,
añade, “frecuentemente deriva de una falta de reflexión”; agrega
otros casos: “a veces una palabra descuidada daña tanto como una
maligna”.
Hay así mismo omisiones que son cosa de este tipo de cruel-
dad: las de quien no retribuye o paga demasiado poco, o no lo hace
en el momento debido a sus operarios. “Otro pensará solamente
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en su propia lujuria sin importarle el número de almas y cuerpos
que arruina al satisfacerla”.
Son muchos los sufrimientos que se causan por descuido
porque se olvida cómo una acción puede afectar a los demás.
“Todos lo hacen” “¿Quién se ha de acordar de eso poco tiem-
po después?” Kuthumi nos dice: (145) “su delito no deja de ser un
delito porque muchos lo cometan”.
Además (N.º 153) sostiene el autor de A los Pies del Maestro:
“Karma no olvida jamás ni toma en cuenta el hecho de que los hom-
bres olviden” “debes reflexionar en las consecuencias de aquello
que haces”.
3) La Superstición.- Kuthumi nos dice de ella que es mala no
sólo por “provocar muchas y terribles crueldades” sino también
en si misma porque lleva por ejemplo a “despreciar a otros que
son más sabios y trata de forzarlos a que procedan como él”, es
decir, que la superstición es creencia irracional, condicionante men-
tal, como ha de preferir decir más tarde Krishnamurti quien al cri-
ticar tan a fondo las creencias mismas ha de resultar coincidien-
do en este punto con Kuthumi: en Krishnamurti las creencias sien-
do cosas del pasado han de ser siempre más o menos supersticio-
sas, condicionantes mentales malos porque hacen que los seres
humanos “sigan”. Y... “ser bueno es no seguir”. Pero Kuthumi no
trata de la superstición in genere, en cada una de sus diversas mo-
dalidades sino que después de señalar su vinculación con la cruel-
dad y denunciar la seguridad que nos da —ufanos e impunes—
para equivocarnos al formular nuestros juicios y para cometer crí-
menes, señala muy puntualmente a) los sacrificios animales, b) la
creencia —“más cruel aún”— “de que los hombres necesitan nu-
trirse de carne”, c) el trato que la superstición impone a las clases
despreciadas (“en nuestra amada India”) para terminar sos-
teniendo, d) (157) Muchos crímenes han cometido los hombres
en nombre del Dios de Amor, movidos por esta pesadilla de la
superstición.
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En este Kuthumi prekrishnamurtiano la superstición es mala
por su intima vinculación con la crueldad y también en sí misma,
por su sinonimia con “condicionante mental” expresión del des-
conocimiento de sí: evoca el célebre B74, el notable fragmento
antitradicionalista de Heráclito: en este punto Kuthumi,
Krishnamurti, Heráclito y el Parménides de la sinonimia verdad-
presente están concordes.
Kuthumi recalca los crímenes que nos puede hacer cometer y
hasta en “nombre del Dios de Amor” “la pesadilla de la supersti-
ción”: conclusión que contradice abiertamente a las premisas, pero
que se ve amparada por ellas: irracionalidad pura o propiamente
dicha. Nos insta Kuthumi al final del capítulo a no sólo abstener-
nos del mal sino a ser activos en el bien obrar: no cae en el estereo-
tipo que se atribuye a la Filosofía Oriental: pasiva, contemplativa
(como si el Gita, incitación no sólo a actuar sino a combatir no
fuese oriental o como si no lo fuese el budismo y el propio
Krishnamurti que nos reconducen hacia el prójimo o en quienes
el prójimo se nos vuelve tan cercano que termina por hacerse uno
con nosotros (“tú eres el mundo”, etc). Más nos sólo “el prójimo”
sino también (159) animales y plantas.
Nos invita también Kuthumi y esta vez puro cristianismo —
íbamos a escribir— a servir en circunstancias modestas de la vida
diaria esperando la oportunidad de alguna cosa grande.
Práctica y mística (161).- Si anhelas ser UNO (mayúsculas A los
Pies del Maestro) con Dios no sea en consideración a tu provecho
sino para que logres convertirte en un canal por donde pueda fluir
su Amor hasta llegar a tus semejantes. Kuthumi se está dirigiendo
“a quien ya no existe para sí, sino para los otros, se ha olvidado
de sí mismo para poder servirlos” “para quien es como una plu-
ma en manos de Dios...”.
Voluntad, Sabiduría, Amor, son las cualidades que hay que
adquirir según Kuthumi de las cuales más tarde el Krishnamurti
maduro ha de excluir a la voluntad por su superficialidad, por
su carácter potencialmente nocivo.
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Termina A los Pies del Maestro con dos estrofas que nos incitan
a atisbar “la señal más leve del Maestro” en medio del “rugiente
griterío del mundo”: el Krishnamurti viril no suscribiría la reco-
mendación, no sólo por el acatamiento del “maestro” sino por lo
que tiene de voluntad y de actitud deliberada.
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