El aporte de la neurociencia para la
formación docente
Introducción
La investigación en neurociencias ha producido, en los últimos años, un crecimiento sin
precedentes en la contención de los mecanismos neuronales que subyacen a las
capacidades cognitivas, emocionales y sociales de los seres humanos.
Muchos de estos avances son trascendentes para la educación. Desde las primeras
investigaciones que demostraron que la deprivación sensorial o la riqueza del ambiente
cambiaban la estructura de la corteza cerebral, el concepto de plasticidad neuronal,
entendido como la capacidad del cerebro de cambiar como resultado la experiencia, ha
progresado notablemente.
Estos avances tienen fuertes implicancias para la educación porque esta última consiste
precisamente en un proceso de inducción de la plasticidad del cerebro a través de la
instrucción. La demostración de la existencia de múltiples sistemas de memoria
aprendizaje, la comprensión de sus principios de operación y la evidencia de que hay
procesos implícitos que ocurren a espaldas del que aprende, son fuente de ideas
innovadoras para la enseñanza.
Para adentrarnos en el tema de esta lectura, te invitamos a revisar los cinco aportes que
las neurociencias hacen a los docentes para mejorar sus clases de acuerdo a Mora
Teruel (2017), ¿Te animas a hacer un check list y marcar cuál de esas utilizas? ¿Utilizas
otras? Agrégalas a la lista. Si no utilizas ninguna, ¿cuál te gustaría incorporar en tus
clases?
Figura 1. Cinco aportes de la neurociencia para mejorar las clases
Fuente: Mora Teruel, 2018.
1. Educación, docentes y neurociencia
Para continuar con el tema de esta lectura, es necesario anclar y, a la vez, aclarar dos
perspectivas actuales que se complementan y aportan en demasía a la educación: la
psicología positiva y la neurociencia.
La psicología positiva nos aporta la base científica acerca de las estrategias que se han
comprobado que funcionan en el logro de un mayor bienestar de las personas. La
neurociencia, por su parte, es el estudio del cerebro que comprende, entre otras cosas,
la base biológica de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. La investigación
actual ha aportado información valiosa acerca de distintos circuitos cerebrales que se
comunican entre sí: el circuito de los hábitos, el de la toma de decisiones, del dolor, del
humor, de la diversión y muchos más.
Se ha avanzado en la comprensión del proceso de desarrollo del cerebro y cómo la
acción conjunta de los genes y la experiencia modela estructura y la función cerebral. Se
han identificado los periodos sensibles de distintas funciones y se avanza en el estudio
de su relación con los cambios en la densidad sináptica y mielinización de distintas
regiones del cerebro. El descubrimiento de que las características adultas del cerebro
humano se adquieren mucho más tarde de lo que anteriormente se suponía impacta en
educación porque supone una ventana de tiempo más prolongada para formación de
otras oportunidades.
Estudios que van desde experimentos con animales de laboratorio hasta investigaciones
con imágenes de cerebro de humanos han mostrado el impacto del estrés, la nutrición,
el sueño, las experiencias tempranas y el contexto socioeconómico sobre la estructura y
función del cerebro. La evidencia de que estos factores modelan la biología del cerebro
y tienen consecuencias a largo plazo sobre la salud de la capacidad de aprendizaje
plantea la necesidad e importancia de los programas de educación temprana y las
intervenciones de compensación especialmente en sectores desfavorecidos.
Dentro de los temas más clásicos en educación, la neurociencia ha hecho avances
significativos en la comprensión de la maquinaria cerebral que permite adquirir
habilidades complejas como la lectura, escritura, matemáticas y resolución de
problemas. También ha avanzado en el conocimiento de los mecanismos cerebrales que
subyacen en la motivación, la atención y la memoria de trabajo, los sistemas de recursos
generales y del desarrollo y funcionamiento de los sistemas cerebrales que sustentan la
cognición social y la regulación de la conducta social, aspectos esenciales para la
adquisición de habilidades que permiten, luego, sumarse a la vida en sociedad.
Son dos las causas que han motivado los vertiginosos avances en el estudio del cerebro
humano en las últimas décadas. Uno es claramente visible: se cuenta, ahora, con
poderosas técnicas no invasivas como las imágenes funcionales o la de riesgo de
potenciales que permiten medir la función cerebral durante variadas tareas
experimentales en adultos y en bebés, en controles sanos y paciente con lesiones, en
sujetos con desarrollo típico o atípico, antes y después del tratamiento. Cuarenta años
atrás, la posibilidad de contar con estos recursos era impensada.
La segunda causa, aunque históricamente previa, es el enorme desarrollo de diferentes
ramas de la psicología cognitiva que, con su base conocimientos métodos y modelos
teóricos constituye la principal fuente para formular las preguntas que se ponen a prueba
en los experimentos.
En el contexto de los avances de la investigación neurocientífica, no es sorprendente
entonces el interés por lo que las neurociencias puedan aportar a la educación y los
llamados a trasladar los resultados de las investigaciones a la práctica docente en el
aula.
Neurociencias, neurociencia cognitiva y neuroeducación
Las neurociencias son el conjunto de ciencias y disciplinas científicas y
académicas que estudian el sistema nervioso, centrando su atención en la
actividad del cerebro y su relación e impacto en el comportamiento.
Se presenta como una rama de investigación bastante reciente cuyo origen se
remonta a la década de 1960, abordando aspectos neurobiológicos de la
conducta apoyados en la psicología cognitiva, la lingüística, la antropología y la
inteligencia artificial, entre otros.
Además, se trata de un conjunto de ciencias cuyo interés por ser estudiadas ha
aumentado durante la última década del siglo XX. Desde las Neurociencias se
identifican varias ciencias y disciplinas vinculadas, tales como la neurobiología,
neurofisiología, neuropsicología, neuroquímica, neuroanatomía, neuromarketing,
neuroliderazgo, neuroeconomía, neuromanagement, neurogenética, neurociencia
computacional, entre otras. Asimismo, se ha iniciado su aplicación en diferentes
campos como la filosofía, la ética, la sociología, el arte, la economía y la
educación.
En el campo educativo es interesante destacar dos conocidas líneas que se
vinculan a las neurociencias y el aprendizaje: la neurociencia cognitiva y la
neuroeducación.
La primera puede comprenderse como la rama de las neurociencias dedicada a
estudiar las relaciones entre el sistema nervioso y la cognición humana. Por ello
suelen describirla también como un área científica que nace de la convergencia
de dos disciplinas: la Psicología Cognitiva que estudia las funciones mentales
superiores y las Neurociencias, que estudian el sistema nervioso que las
sustenta.
La neuroeducación se entiende como aquella disciplina que se ocupa de indagar y
difundir sobre la optimización del proceso de enseñanza y aprendizaje con base
en el funcionamiento del cerebro y los fundamentos neurobiológicos que lo
sustentan. Por lo tanto, su propósito esencial sería el de aplicar sus hallazgos al
mejoramiento de los procesos de enseñanza y de aprendizaje educativo,
buscando comprender cómo el cerebro cambia y se adapta durante el
aprendizaje. (Araya-Pizarro y Espinosa Pastén, 2020, https://bit.ly/3kwAc1U).
Más adelante, desarrollaremos el concepto de plasticidad cerebral, que resulta de suma
importancia al momento de revisar la práctica docente.
Lo expuesto pone de manifiesto la fuerte relación existente entre las dos ramas
vinculadas a las neurociencias. Ambas se enfocan en indagar y comprender cómo
aprende el cerebro. Por tanto, pueden contribuir, en gran manera, a proporcionar
nuevas técnicas para potenciar los procesos de aprendizaje y del desarrollo
cognitivo, sus mecanismos causales, las variables que los afectan y una manera
práctica de analizar la eficacia de diferentes pedagogías que conlleven a una
formación equitativa y de calidad.
Para que el proceso de enseñanza y de aprendizaje sea efectivo se requiere
intencionar el aprendizaje de los estudiantes (Ausubel, aprendizaje significativo),
considerando los componentes cognitivos, así como los emocionales; por
ejemplo: el interés respecto de lo que están aprendiendo. En tal escenario, la
Neurociencia Cognitiva y la Neuroeducación se instauran como áreas potenciales
para optimizar el diseño y estrategias educativas al brindar lineamientos para el
mejoramiento de la enseñanza y del aprendizaje… (Araya-Pizarro y Espinosa
Pastén, 2020, https://bit.ly/3kwAc1U).
Algunos ejemplos que nos brinda la neurociencia y que aportan gran significatividad al
trabajo áulico pueden ser:
en relación con la atención, es utilizar pausas en los niveles de atención que den
tiempo de asimilar cada nuevo aprendizaje. En cuanto a la motivación, desarrollar
actividades placenteras que reduzcan el estrés y propicien la curiosidad y
perseverancia. Para la memoria, recomiendan las repeticiones en distintos
escenarios que facilitan la memorización duradera y activar un conocimiento ya
almacenado que permita conectar el nuevo conocimiento, entre otras. (Araya-
Pizarro y Espinosa Pastén, 2020, https://bit.ly/3kwAc1U).
La plasticidad neuronal
La plasticidad neural consiste en la capacidad de las diferentes redes neuronales
de nuestro cuerpo para modificarse a lo largo de nuestro desarrollo ontogenético.
Por tanto, la neuroplasticidad reconoce el papel fundamental que el ambiente
ejerce en la modulación de la actividad genética, permitiéndole al sujeto realizar
una reconstrucción propia a partir de la interacción del genoma con el ambiente.
Es importante comprender, que dicha flexibilidad de las neuronas es de conexión,
desconexión y reconexión constante, dependiendo fundamentalmente de cuán
consolidadas se encuentren estas redes interconectadas y cuánto se usen en la
vida cotidiana.
Más específicamente, la neuroplasticidad puede entenderse como la potencialidad
del sistema nervioso de modificarse tanto anatómica como fisiológicamente para
formar conexiones nerviosas en respuesta a la información nueva, la estimulación
sensorial, el desarrollo, la disfunción o el daño. Es decir, la plasticidad cerebral se
origina por y para responder a procesos adaptativos que son frutos de la
estimulación ambiental.
Considerando los antecedentes expuestos, es posible comprender que educar es
cambiar las posibilidades del cerebro. Por tanto, magnifica la relevancia de la
labor docente en el desarrollo efectivo del proceso de formación del estudiantado.
(…)
No obstante, es importante destacar que aún cuando la educación y el
aprendizaje cambian y afectan de manera importante las bases biológicas del
cerebro, no se pueden desatender otros elementos que intervienen sobre el
aprendizaje, el desarrollo cerebral y la propia formación del ser humano.
Tanto el ámbito educativo en todos sus niveles, así como el ambiente sociocultural
cotidiano en el cual se desarrolla la mayor parte de los actores del proceso
educativo, deben contribuir conjuntamente al desarrollo integral que persigue la
educación.
Así, no solo se debería tener conciencia de la relación entre educación y
aprendizaje con las bases neuronales y biológicas de estos procesos. También se
debería conocer y considerar estrategias para fortalecer aspectos del entorno
sociocultural que influyen en el desarrollo cerebral de los estudiantes, los cuales
podrían ser causantes de desequilibrios y/o brechas educacionales. (Araya-
Pizarro y Espinosa Pastén, 2020, https://bit.ly/3kwAc1U).
Aportes de la neurociencia a la formación docente
La educación tiene mucho que ganar de su interacción con las neurociencias y, sin
duda, los aportes de las neurociencias deberían integrar la lista de insumos a tomar en
cuenta a la hora de abordar las políticas educativas.
Pero, además, las neurociencias pueden aportar a la educación no solo datos y teorías
sobre aspectos educativos específicos: también pueden ayudar a promover el enfoque
interdisciplinario y el desarrollo de la investigación empírica cuantitativa en educación.
La neurociencia cognitiva tiene una fuerte importancia interdisciplinaria. Por ejemplo, en
la investigación sobre los mecanismos cerebrales de lectura, los cambios históricos y
diferencias transculturales de los sistemas de escritura fueron examinados para detectar
qué rasgos perceptivos prefería el cerebro y sobre esa base, se elaboraron hipótesis
que luego se pusieron a prueba con métodos neurocientíficos. En el dominio de las
matemáticas, los estudios de habilidades de estimación del número de distintas
especies animales y los estudios de la psicología del desarrollo sobre las capacidades
numéricas de los bebés fueron tomados en cuenta para elaborar los modelos
neuronales del procesamiento matemático.
La neurociencia cognitiva integra tres perspectivas que enmarcan su estructura de la
mente/cerebro humano:
La perspectiva filogenética asume que las capacidades humanas son resultado de
su evolución y, por lo tanto, los estudios en animales son informativos para la
comprensión de la mente/cerebro humano.
La perspectiva ontogenética parte de considerar que la circuitería que subyace a
las funciones mentales se forma como resultado de los genes y experiencia
durante el desarrollo.
La perspectiva patológica considera que el estudio de los déficits patológicos es
informativo para la comprensión de la arquitectura cognitivo-neuronal de las
capacidades humanas.
Estas perspectivas hacen de la neurociencia una ciencia interdisciplinaria que se basa
en los resultados de la psicología cognitiva, la neurociencia, la biología, las ciencias de
la computación, las matemáticas, la sociología y antropología con el objeto de general
una mejor comprensión de las bases cerebrales de los procesos mentales. La educación
se beneficiaría, sin duda, de conocer lo que la ciencia ha descubierto sobre el desarrollo,
el aprendizaje y la cognición aprovechando los datos aportados por diferentes niveles de
análisis y aprovechando el aporte obtenido desde distintas perspectivas.
Las neurociencias tienen una fuerte tradición de investigación empírica y experimental.
Esto podría ser provechoso para la educación, un campo en el que ha habido
resistencias a la investigación cuantitativa.
Los estudios empíricos podrían ayudar a resolver controversias sobre temas específicos
como métodos de enseñanza que no pueden dirimir con la sola conformación entre
marcos teóricos generales. Una valorización del enfoque experimental en investigación
educativa enriquecerá la formación del propio docente, contribuyendo a desarrollar una
capacidad de reflexión más sistémica y no solo sobre evidencias que apoyan a los
métodos que aplican sino, también, enriqueciendo la observación y análisis de lo que él
mismo hace y los resultados que logra.
Referencias
Araya-Pizarro, S. C. y Espinosa Pastén, L. (2020). Aportes desde las neurociencias
para la comprensión de los procesos de aprendizaje en los contextos educativos.
Propósitos y representaciones 8. http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S2307-
79992020000200013&script=sci_arttext
Mora Teruel, F. (2018). Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama.
Alianza Editorial.