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Compilación de Poesía V

El documento presenta una serie de poemas que exploran temas como la vida, el amor, la memoria y la fragilidad humana. Cada poema ofrece una perspectiva única, desde la introspección y la búsqueda de significado hasta la crítica social y la belleza en lo cotidiano. La diversidad de voces y estilos resalta la complejidad de las emociones y experiencias humanas.
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Compilación de Poesía V

El documento presenta una serie de poemas que exploran temas como la vida, el amor, la memoria y la fragilidad humana. Cada poema ofrece una perspectiva única, desde la introspección y la búsqueda de significado hasta la crítica social y la belleza en lo cotidiano. La diversidad de voces y estilos resalta la complejidad de las emociones y experiencias humanas.
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Ahora

Las vida es prosa


coagulada en barro,

en piel,

en rojo tumefacto.

La vida es esta cosa doméstica

que manoseo todos los días

con indiferencia,

con la pasividad de un ave de corral,

sin sueños.

La vida no tiene ese color

que se presiente de lejos,

nos hipnotiza

con su arco iris

de impúdica esperanza.

¿Y después, después qué?

Pero ahora pienso

en la vida.

Esa prostituta.

Susana Thénon
Hablando con mamá sobre chicos
Osun, dulce madre de las aguas más dulces,
dónde está tu espejo, tu espada de oro
con miel goteando. Quiero matar un hombre

con mi tristeza dorada, delinear


mis ojos vengativos con su sangre y decir
soy un dios joven. Porque el que amo

me está haciendo mal. Porque lleva


mi deseo en su dedo para guardarlo y conservarlo.
Mi desposado, mi príncipe coronado de oro.

Lo hice reinar en torno a mi cuello


y supliqué: nunca me dejes. Solo,
me ahogo en mi reflejo. Con él

yo sería una reina, una consorte.


Cambia sus joyas reales por plumas
de colores para usar en mi pelo.

Codicio las cosas simples.


Quería una caja sin abrir de eternidad,
niñes adorables hasta donde alcanza la vista.

Tengo un corazón tan alocado, una vez soñé


que no tenía ojos. Todo era un delicioso
canto de gorrión, incluso la multitud tras la puerta.

Mi amado me cantó de humo


y humo azul, fue tan hermoso
que empecé a morir. Por el bien de
la trayectoria de mi sueño, desperté con el pardo
calor de su cuerpo adornando mi cama.
Como una diosa me arrastré a su lado, lo besé:

despierta para mí, amor. Por amor,


la dolorosa falla es perdonada. Porque recé,
el radio de mi sed se hizo más pequeño.

Logan February
Escribís dormido
Todos mis pensamientos duermen a tu lado
y copian la forma de la letra de tu cuerpo tan
liviano
Así es como se van volviendo palabras que cambian
a medida que cambia la posición de tus brazos y tus piernas
me desespero porque no entiendo lo que dicen
en la oscuridad el reloj que te sacaste sobre la mesa de luz
el libro que siempre estás leyendo
no te molestes
no me des ningún regalo
me alcanza saber que te dormías sobre las letras
y no te despedías hasta que yo no lo hiciera.

Rosario Bléfari
La cuñada de Sandro
Mi hermana y yo siempre fuimos las más feas de la escuela.
Teníamos los ojos grandes y un papá con la mano
floja para el castigo.
Mi hermana de tan blanca es transparente,
de tan sincera es sólida como una roca.
De tan frágil podría romperse
con el soplo de un pulmón pequeño.
Es hospitalaria, cocina para sus visitas,
hace espléndidas meriendas, pone muchos platitos,
su sentido es el de la seda,
su mascota es un gato gris.
En su casa los panqueques con dulce de leche
no duran sobre la mesa ni lo que nos dura el amor, que siempre
es poco.
Mi hermana y yo nunca fuimos precavidas,
no ahorramos, no guardamos,
nos bebimos el jazz hasta que nos
atragantamos de pena.
Mi hermana no es de este mundo,
vino de un pasaje de La Ilíada, fue escrita por los griegos.
Con mi hermana nos reímos de las mismas ridiculeces,
y clavamos los dientes ponzoñosos en
ciertas groserías sin mordernos jamás la lengua.
Con mi hermana
no decimos del todo qué nos duele adentro,
pero estamos orgullosas de ser
las más feas de un mundo que fabrica dioses
con tan pésima materia prima.

Camila Sosa Villada


Pedido de trabajo
Poesía por encargo es artefacto.
El constructor de artefactos puede producir muchos
(sin procurarse más cansancio que el del trabajo manual).
El objeto puede resultar, a veces, irónico:
el artefacto siempre lo es.
Han pasado los tiempos en que, voraz ahorrista,
derrochaba todo, invirtiendo mi dinero (mucho,
porque era mi semen y yo siempre estaba en erección)
en la compra de áreas de bajísimo valor
que se valorizarían de aquí a dos o tres siglos.
Era tolemaico (era un muchacho)
y contaba la eternidad justamente en siglos.
Consideraba la tierra el centro del mundo;
la poesía, el centro de la tierra.
Todo era bello y lógico.
Por lo demás, ¿que razón tenía para no creer
que todos los hombres eran como yo?
Luego, en cambio, se revelaron todos mucho mejores;
y yo resulté ser, más bien, hombre de raza inferior.
Intercambié puntos de vista
y entendí que no quería escribir más poesía. Ahora, sin embargo,
ahora que está vacante la vocación
—pero no la vida, no la vida—
ahora que la inspiración, si viene, no produce versos—
por favor sepan que estoy aquí pronto
a proveer poesía por encargo: artefactos. (1)

(1) Incluso explosivos.

Pier Paolo Pasolini


Los gatos no tienen miedo
Los árabes admiran a los gatos, desdeñan a las mujeres y a los
perros porque son afectuosos y hay quienes piensan que el afecto
es un indicio de debilidad. Tal vez lo sea. No soy muy cariñoso
que digamos. Mis mujeres y novias se quejan de que no comparto
el alma y entrego el cuerpo como un puritano... pero volvamos a
los malditos gatos. Los gatos no tienen nada en cuenta, por eso
cuando atrapan un pájaro, no lo sueltan. Son un claro ejemplo de
que cuando los elementos de la naturaleza entran en juego no hay
nada que hacer. El gato es un diablo hermoso, nunca mejor dicho.
Algunas mujeres y algunos perros acaban cediendo, pero los
gatos, joder, seguirán ronroneando y bebiendo leche mientras las
paredes de su casa se desmoronan a su alrededor. Son capaces de
devorarte una vez muerto aunque hayan pasado toda la vida
contigo. Una vez un anciano murió solo, no tenía mujer, pero sí
gato. Al cabo de varios días el pobre empezó a apestar, no era
culpa suya, claro, eran los restos que tendría que haber
enterrado algún alma caritativa, y al gato le gustó aquel olor a
carne muerta, y cuando los encontraron el gato estaba debajo del
colchón, pegado como una lapa, y lo había atravesado con las
garras para alimentarse, y no pudieron arrancarlo de allí de
ninguna de las maneras, así que tuvieron que tirarlo junto con
el maldito colchón. Supongo que una noche de luna llena el rocío
y las hojas disimularon aquel olor a muerte y el gato por fin
cedió.

No busques espíritus ni dioses en los gatos, Shed. Un gato


representa la maquinaria eterna, como el mar. No se acaricia el
mar aunque sea bonito, si acariciamos lo gatos es porque se
dejan. Los gatos no tienen miedo, acaban entre el oleaje y las
rocas e incluso durante una lucha mortal no piensan en nada
salvo en la majestuosidad de la oscuridad.

Charles Bukowski
Al poner el ojo en el lente
Ahí­estaban los muertos
esperando su oportunidad
para aparecer en la memoria.

Contra el acierto
Me canso de la búsqueda insaciable del acierto
quizá sea mejor moverse un poco

no llegar a tiempo, que tiemble la mano


dejar todo a medio hacer
no dar con la imagen

celebrar el descuido, el ocio, la incapacidad


porque estos versos no son más que eso
la imposibilidad del ojo frente al mundo

intentar fotografiar la cara de tu hijo


mientras el carrusel lo hace indefinible.

Gastón Carrasco
Cuando carezco de luz,
la luz me parece imposible.

Cuando quedo fuera del poema,


el poema me parece imposible.

Cuando dejo de mirarte,


tú me pareces imposible.

Cuando pierda la vida,


la vida me parecerá imposible.

Y si pudiera no pensar,
pensar me parecería imposible.

Desde afuera de una cosa,


esa cosa es imposible.

Y desde afuera de todo,


todo es imposible.

Pero hay una excepción:


desde adentro de mí,
yo también soy imposible.

Roberto Juarroz
Los días frágiles
En los días de la fragilidad, soy una nena. Pero este desamparo,
¿ya lo tenía yo, cuando era chica? Me parece que sí, a veces me
parece recordarlo. Otras veces parece que no importa, lo mando
desde el presente para allá, existe. No tengo nada del pasado
como no sea lo que inventé después, queda muy poco. Está bien.
Como mis abuelas siempre contaban sus historias y alguien las
corregía, esto no fue así, no es exactamente así, te lo estás
inventando. No hay que corregir nada sin embargo, se escribe
como se puede, siempre por razones importantes. Pero me desvío,
¿ves? Ya me desvío. Me quiero bajar en esta vuelta. En los días
de la fragilidad soy esa nena que recuerdo, debe haber sido por
el ochenta y dos, ochenta y tres, que me anotaron en la colonia
de verano del Club Sudamérica. ¡Cómo me daba miedo ir! En un
colectivo naranja, que nos venía a buscar a mis hermanos y a mí,
a la casa de Wilde. Yo era la que menos se quería separar de
mamá, eso me acuerdo. Y que llevábamos un jugo de naranja en
botellas de plástico. Un día fuimos a jugar a una parte de plaza
que había en el club con la profesora de gimnasia y otros
chicos. Yo me distraje, no me acuerdo qué hice o qué miré, pero
cuando levanté la vista todos se habían ido. Era muy grande el
club, hasta donde alcanzaba a ver era pasto y más pasto, bajo el
sol de las doce, todo vacío. Entonces empecé a buscarlos pero no
aparecían. Estuve un buen rato perdida. Igual, si me pongo a
pensar, siempre estoy más o menos perdida. Alguien me encuentra
un rato y me pierde de vista, me voy o nos vamos, en una vuelta
inesperadamente nos volvemos a cruzar, nos saludamos mientras el
otro pasa, como una calesita, triste, triste, de caballos que
suben y bajan sin parar, mordiendo el freno.

Marina Yuszczuk
Así
En esta fotografía obscena
vendida ( a escondidas de miradas ) en la calle,
en esta fotografía pornográfica
cómo puede haber una cara tan
maravillosa como la tuya.

Quién sabe la vida fatal, sórdida, que harás;


en qué cruel ambiente
te habrán hecho esta fotografía;
qué espíritu tan vulgar el tuyo.
Mas pese a todo permanece, aún vive en mí aquella cara
maravillosa, esa figura
hecha y ofrecida para el placer griego
así permaneces para mí y así te canto.

Constantino Cavafis
Cortometraje
Panorámica desde la calle de una ventana con luces apagadas.
Primer plano de la ventana.
Dentro alguien mira detrás de los visillos,
parece que vigila o no duerme.
Plano alejado de la calle con farolas menguantes
(aún es madrugada), en la esquina de la calle
un rostro aparece y desaparece breve,
en realidad, es medio rostro
asomado a una esquina.
Mira hacia la ventana,
una leve apertura en los visillos,
a nadie ve, pero lo presiente,
murmura, sus labios se mueven.
El medio rostro sabe que detrás de los visillos
alguien le observa.
La ventana ha sido un punto
de certeza, un encuentro
entre dos miradas, aunque sólo una
puede ver a la otra.

Francisco Gálvez

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