ANALSIS CRITICO DE LA TRASNMODERNIDAD
La Transmodernidad es una propuesta teórica, epistemológica y ética desarrollada
por Enrique Dussel en América Latina como una alternativa a los límites de la
Modernidad. Su origen se encuentra en la crítica formulada por la Teoría Decolonial
respecto a la imposición del modelo moderno de raíz eurocéntrica, que ha generado
diversas consecuencias en los países del "Tercer Mundo". Entre ellas se incluyen el
racismo, la occidentalización de los estilos de vida y la desvalorización de otros
sistemas de conocimiento. Sin embargo, es necesario cuestionar si la
Transmodernidad logra ofrecer un modelo alternativo verdaderamente viable o si,
por el contrario, presenta limitaciones inherentes que obstaculizan su aplicación
práctica.
La Modernidad, concebida como un proyecto ilustrado, estableció instituciones
fundamentales como el Estado-nación, los sistemas administrativos modernos, el
mercado, la ciencia y la tecnología. Sin embargo, este paradigma ha perpetuado la
hegemonía de estructuras occidentales sobre los pueblos colonizados. En este
contexto, Lind (2013) define tres dimensiones de esta imposición: la colonialidad del
poder, del saber y del ser. A través de estos mecanismos, la Modernidad ha
representado a las culturas no occidentales como primitivas, justificando su
marginación y exclusión histórica. En este sentido, la crítica de la Transmodernidad
es fundamental para repensar las relaciones de poder y la estructura del
conocimiento global, pero cabe preguntarse si esta propuesta es lo suficientemente
fuerte como para sustituir el modelo hegemónico occidental.
La Transmodernidad surge como una continuación de los procesos de
descolonización iniciados en América Latina durante los años sesenta y setenta.
Según Grosfoguel (2006), este proceso comenzó con debates sobre educación
bilingüe e interculturalidad en países como Perú, Ecuador y Bolivia. Dussel (2005)
consolida su formulación de la Transmodernidad a partir de la Teoría de la
Dependencia y de la filosofía de Emmanuel Lévinas, permitiéndole reconstruir la
identidad histórica de América Latina. Este pensamiento cobró fuerza con el auge
de movimientos sociales y estudiantiles en Argentina a finales del siglo XX,
facilitando su recepción en la academia latinoamericana. Sin embargo, algunos
críticos argumentan que la Transmodernidad aún se encuentra en una fase
conceptual y carece de estrategias claras para su implementación a gran escala.
Aunque Dussel incorpora elementos de la filosofía de Lévinas, especialmente la
noción de Alteridad, se distancia de la Postmodernidad por considerarla una
corriente que sigue siendo eurocéntrica. La Alteridad, definida por Sousa (2011)
como la capacidad de alternar la propia perspectiva con la del otro, es clave en el
pensamiento de Dussel. Desde su punto de vista, la Modernidad ha negado la
existencia de otras verdades, imponiendo su visión mediante la violencia y anulando
el diálogo intercultural. En este sentido, el reconocimiento del otro se convierte en
una cuestión política y social esencial para la construcción de un mundo más justo.
Sin embargo, la implementación de este reconocimiento enfrenta desafíos
estructurales, especialmente en sociedades donde las instituciones y el mercado
están profundamente arraigados en el paradigma moderno.
NOMBRE: LINA FERNANDA DAJOME CORTES
DOCENTE: SANDRA MONTENEGRO
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Dentro del debate sobre la Alteridad, Dussel contrasta dos paradigmas: el
Paradigma del Alter Ego y el Paradigma del Alter Tú. El primero, originado en la
tradición filosófica occidental, ve al otro como una proyección del yo, negando su
identidad y autonomía. Este modelo persiste en la Modernidad y la Postmodernidad,
al centrarse en el sujeto occidental. En contraste, el Paradigma del Alter Tú
reconoce la existencia del otro como una entidad independiente, generando un
diálogo enriquecedor y desafiando las jerarquías impuestas por la Modernidad. No
obstante, algunos teóricos argumentan que este paradigma, aunque éticamente
deseable, enfrenta obstáculos prácticos en contextos donde las relaciones de poder
están profundamente desequilibradas.
Dussel profundiza en esta problemática en Materiales para una política de la
liberación (2007), donde analiza el pensamiento de figuras como Bartolomé de las
Casas y Francisco de Vitoria, quienes reflexionaron sobre la legitimidad de la
colonización y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Para Dussel,
De las Casas fue el primero en promover el "consenso" como base de una
convivencia justa. Sin embargo, la negación del otro por parte de los colonizadores
derivó en una forma de conocimiento dogmática que impidió el diálogo y la
evolución histórica. Aunque la propuesta de Dussel de recuperar la noción de
consenso es valiosa, queda la cuestión de cómo se puede aplicar este principio en
un mundo globalizado donde los actores políticos y económicos operan bajo lógicas
diferentes.
Desde esta perspectiva, la Transmodernidad se presenta como un camino para
superar las limitaciones de la Modernidad y la Postmodernidad. Filósofos como
Hegel, Husserl, Sartre, Merleau-Ponty, Lévinas y Dussel han desarrollado el
concepto de Alteridad como elemento fundamental en la construcción del yo, la
intersubjetividad y la ética. Mientras Hegel describe la alteridad como "lo otro" que
permite el reconocimiento de la singularidad, Lévinas la concibe como una relación
ética que trasciende la razón y el consenso. Dussel, por su parte, enfatiza la
importancia de la alteridad en la ética de la liberación, donde el otro interpela al yo y
exige justicia y reconocimiento.
La Transmodernidad también tiene profundas implicaciones epistemológicas y
políticas. Dussel argumenta que las grandes culturas milenarias no europeas han
sido marginadas a pesar de su papel en el desarrollo histórico. Retomando la idea
de exterioridad de Lévinas, sostiene que la Modernidad se ha basado en la
negación del otro y en la expansión del capitalismo y la globalización. En este
sentido, la Transmodernidad busca dar voz a las víctimas de la Modernidad,
reivindicando sus conocimientos y perspectivas. Sin embargo, el reto principal de
esta propuesta es su viabilidad dentro de un sistema global interconectado que
sigue operando bajo las premisas de la Modernidad.
Grosfoguel (2006) destaca el potencial epistémico de la Transmodernidad al
proponer un nuevo punto de partida para el conocimiento, basado en una Ética de la
Liberación que reconozca a los oprimidos. Para Dussel, esta ética debe superar la
razón instrumental de la Modernidad y avanzar hacia una razón liberada, orientada
a la descolonización del pensamiento. Esto implica cuestionar el eurocentrismo y su
rol en la dominación política, económica y cultural de los pueblos periféricos. Sin
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embargo, ¿es posible descolonizar el pensamiento sin depender de estructuras
epistemológicas occidentales? Esta es una de las principales interrogantes que
enfrenta la Transmodernidad.
Desde esta óptica, la Transmodernidad plantea un "altermundismo", un proyecto
postcapitalista que integra diversas culturas, géneros, razas y clases sociales bajo
una nueva ética basada en la justicia y la dignidad humana. Además, promueve un
diálogo intercultural que supere la visión asimétrica de Occidente, permitiendo la
revalorización de saberes ancestrales y formas alternativas de organización social y
económica. Si bien esta propuesta es inspiradora, su implementación enfrenta
grandes desafíos en un mundo donde las estructuras de poder globales aún
favorecen la hegemonía occidental. La Transmodernidad, por lo tanto, es un
horizonte necesario, pero su realización depende de la transformación de las
estructuras políticas y económicas actuales.
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