**Tema 1: ¿Qué es la Iglesia?
**
La Iglesia, derivada del término griego "Ekklésia" que significa "Asamblea de
personas", es el Pueblo de Dios congregado en torno a Él. Cristo estableció su
Iglesia mediante la proclamación de la Buena Nueva, llevando el Reino de Dios a
la tierra.
El cuerpo místico de la Iglesia está formado por todos aquellos que han recibido el
Sacramento del Bautismo. Cada cristiano, a lo largo de su vida, responde al
llamado vocacional de Dios, que puede ser al matrimonio o a cualquier forma de
vida consagrada (como el sacerdocio o la vida religiosa).
1. **La Iglesia es una**
- La Iglesia se caracteriza por compartir una misma fe, celebrar los sacramentos
y mantener la sucesión apostólica a través de los obispos, cada uno siendo el
sucesor ininterrumpido de uno de los apóstoles.
2. **La Iglesia es santa**
- Fundada por el Hijo de Dios, la Iglesia posee los sacramentos como medios
plenos de salvación para la humanidad. También canoniza a personas que han
vivido con virtud y fe, siguiendo el ejemplo de Jesús.
3. **La Iglesia es católica**
- El término "católica" significa universal, porque la Iglesia fue enviada por Cristo
a toda la humanidad para su salvación. Es universal tanto en la plenitud de los
medios de salvación (los sacramentos) como en su misión de alcanzar a todas las
personas, sin importar su raza, cultura o edad.
4. **La Iglesia es apostólica**
- La Iglesia fue establecida sobre los cimientos de los apóstoles, quienes fueron
testigos de la resurrección del Señor. Confían el depósito de la fe, contenido en las
Sagradas Escrituras y la Sagrada Tradición, a toda la Iglesia. Los obispos, como
sucesores de los apóstoles, tienen el deber de custodiar, interpretar y transmitir
esta Revelación Divina en comunión con el sucesor de Pedro.
¿ como es la iglesia y quienes la integra?
La Iglesia se asemeja a una gran familia, donde cada miembro tiene roles
específicos y contribuye con su propia personalidad y habilidades, al igual que los
miembros de una familia natural. Como el cuerpo humano, cada miembro de la
Iglesia desempeña una función vital, y la salud espiritual de cada uno afecta al
bienestar de todo el cuerpo.
El Papa Francisco subraya que todos los miembros de la Iglesia, no solo los
líderes eclesiásticos, tienen la responsabilidad de contribuir a la misión de la
Iglesia y de cuidar unos de otros. A través del sacramento de la confirmación, los
fieles están vinculados a la Iglesia Universal, participando activamente en la vida
de la comunidad eclesial local a la que pertenecen.
Con estas características y analogías, podemos comprender mejor el misterio y la
importancia de la Iglesia como el Pueblo de Dios, llamado a vivir en comunión y a
cumplir la misión de proclamar el Evangelio a toda la humanidad.
Tema 2.- LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA.
¿Qué es un sacramento? ¿Cuántos sacramentos existen?
Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra
humanidad, a través de los cuales Cristo actúa y nos comunica su gracia.
Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y
confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos
visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las
gracias propias de cada sacramento.
En la Iglesia católica hay siete sacramentos:
1. Bautismo
2. Confirmación o Crismación
3. Eucaristía
4. Penitencia
5. Unción de los enfermos
6. Orden sacerdotal
7. Matrimonio
Sacramentos de la fe y de la salvación
Cristo envió a sus Apóstoles para que, «en su Nombre, proclamasen a todas las
naciones la conversión para el perdón de los pecados» (Lc 24,47). «Haced
discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo» (Mt 28,19). La misión de bautizar, por tanto, la misión
sacramental, está implicada en la misión de evangelizar, porque el sacramento es
preparado por la Palabra de Dios y por la fe que es consentimiento a esta Palabra.
Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la
edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero, como
signos, también tienen un fin instructivo. No sólo suponen la fe, también la
fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones; por eso se llaman
“sacramentos de la fe”.
La fe de la Iglesia es anterior a la fe del fiel, el cual es invitado a adherirse a ella.
Cuando la Iglesia celebra los sacramentos confiesa la fe recibida de los apóstoles.
Celebrados dignamente en la fe, los sacramentos confieren la gracia que
significan. Son eficaces porque en ellos actúa Cristo mismo; Él es quien bautiza,
Él quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia que el
sacramento significa.
EL BAUTISMO EL SACRAMENTO QUE NOS UNE COMO HIJOS DE DIOS
Jesús, que no tenía pecado alguno, se hace solidario con los hombres y recibe
como los demás el bautismo de penitencia de Juan, transformando este gesto en
una manifestación de su divinidad. “Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos
y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los
cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»” (Mc 1, 10-11). Son las
palabras de Dios-Padre que muestra a Jesús como su Hijo amado. Jesús
comienza su vida pública en su misión salvadora, que concluirá con su muerte y
resurrección. Jesús es el enviado por Dios para traernos el perdón, la vida y el
amor de Dios. Este hombre, aparentemente igual a los demás, es Dios mismo,
que libera del pecado y da el poder de convertirse “en hijos de Dios, a los que
creen en su nombre” (Jn 1, 12-13).
¡PODEMOS DECIR QUE SOMOS LOS HIJOS AMADOS DE DIOS EN QUIEN SE
COMPLACE!
Nosotros no nos hacemos hijos de Dios; somos hechos hijos de Dios, somos
hechos cristianos. Ser hijos de Dios y cristianos es el gran regalo gratuito del amor
de Dios, no es consecuencia de una decisión humana. Es verdad que para ser
bautizados es necesaria también la decisión humana, pero el bautismo es, sobre
todo, una acción amorosa de Dios con cada uno de nosotros: yo soy amado por
Dios, soy tomado de la mano por Dios y así, diciendo ‘sí’ a esta acción de Dios,
me convierto en su hijo.
TEMA 3.- SACRAMENTOS DE AMOR VIVO
La Eucaristía es el sacramento del amor. por excelencia ya que representa el acto
último del amor de Cristo en la Cruz: “nadie tiene mayor amor que el que da su
vida por sus amigos” (Jn 15).
La Eucaristía no es sólo algo para contemplar, y la Pasión que hace presente no
es sólo algo para contemplar. Más que eso, la Eucaristía es el sacramento del
amor porque nos permite participar tan íntimamente con nuestro Señor en Su
Pasión cuando lo recibimos, verdaderamente, en nosotros mismos. Esta unión con
Cristo, disponible para nosotros aquí y ahora, es participar de la bienaventuranza
del Cielo donde seremos uno con Dios en gloria.
Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y
Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo. Irá al Padre,
pero permanecerá con los hombres. No nos legará un simple regalo que nos haga
evocar su memoria, una imagen que tienda a desdibujarse con el tiempo, como la
fotografía que pronto aparece desvaída, amarillenta y sin sentido para los que no
fueron protagonistas de aquel amoroso momento. Bajo las especies del pan y del
vino está Él, realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su
Divinidad.
El Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de
los hombres: sus afanes, sus luchas, sus angustias. Es un Padre que ama a sus
hijos hasta el extremo de enviar al Verbo, Segunda Persona de la Trinidad
Santísima, para que, encarnándose, muera por nosotros y nos redima. El mismo
Padre amoroso que ahora nos atrae suavemente hacia Él, mediante la acción del
Espíritu Santo que habita en nuestros corazones.
El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la
Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias. Este es el
sacrificio que profetizó Malaquías: desde la salida del sol hasta el ocaso es grande
mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio
humeante y una oblación pura17. Es el Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre con la
cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza en nosotros
la Redención, que no podían alcanzar los sacrificios de la Antigua Ley.
LA CONFIRMACION
“La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento que da el
Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina,
incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la
Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe
cristiana por la palabra acompañada de las obras”.
El Espíritu nos mueve a salir de nuestro egoísmo y a ser un don para los demás.
La recepción de la confirmación nos une con mayor fuerza a los miembros del
Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Tenemos que pensar en la Iglesia
como un organismo vivo, compuesto de personas que caminan formando una
comunidad junto al obispo, que es el ministro originario de la confirmación y quien
nos vincula con la Iglesia.
Sin lugar a duda el Don más grande que Dios nos ha hecho es la Gracia
Santificante, que consiste nada menos que en LA PARTICIPACIÓN EN SU VIDA
DIVINA. Nada puede compararse con esto. Por la Gracia, Dios nos hace
semejantes a Él hasta en su Divinidad. Dios nos diviniza gratuitamente con este
Don, cosa que naturalmente no nos corresponde por ser tan solo creaturas suyas.
La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, posee naturalmente la
Divinidad desde toda la eternidad y al encarnarse en las entrañas purísimas de
María Santísima dicha Divinidad le corresponde plenamente a Jesucristo, "Dios de
Dios, Luz de Luz". Nosotros en cambio, somos por naturaleza meramente
humanos y sin embargo, por amor, Dios nos comunica su Vida Divina por el
Espíritu Santo.
LOS EFECTOS DE LA CONFIRMACIÓN
NOS HACE "SOLDADOS" DE CRISTO
La vida del hombre sobre la tierra es un continuo combate contra los enemigos de
su alma, que como nos enseña la Iglesia, son el mundo, el demonio y nuestras
propias concupiscencias. Este combate da comienzo apenas el niño va teniendo
uso de razón y no termina sino con la muerte. Job dice en la Biblia, que "la vida es
una milicia".
Para sostener la lucha en contra de enemigos tan poderosos como tenaces,
necesitamos auxilios especiales que precisamente nos proporciona la Gracia de
este Sacramento. Pública y solemnemente, ante el Obispo, somos alistados en el
ejército del Señor para luchar por el bien de nuestras almas, por la extensión del
Reino de Dios, por el bien de las almas, por la gloria de Dios.
La Confirmación imprime en el alma ese carácter indeleble (por eso este
Sacramento no se repite) de testigo de Cristo y da la fuerza necesaria para
confesar la Fe sin temor ante los respetos humanos y defenderla, si es necesario,
con la ofrenda de la vida.
Nuestra relación con Dios, nuestro Padre Necesitamos un amor más profundo por
Dios y obedecerlo como un Padre (Piedad) Necesitamos ayuda para discernir la
voluntad de Dios en todas las cosas (Conocimiento) Necesitamos la fuerza para
hacer la voluntad de Dios en todas las cosas (Fortaleza) Necesitamos ayuda para
tener hambre y sed de las cosas de Dios (Sabiduría) Necesitamos ayuda para
dirigir nuestra vida y acciones para la Gloria de Dios (Sabiduría) Nuestra relación
con Cristo y la Iglesia Necesitamos una conexión firme y duradera con el Cuerpo
de Cristo, la Iglesia. Necesitamos ayuda para conocer los misterios de nuestra fe
(Entendimiento.
TEMA 4.- Sacramentos al Servicio de la Comunidad: Matrimonio y Orden
Sacerdotal
SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
Naturaleza
La unión conyugal tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una
persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y
que necesita compañía. “No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una
compañera semejante a él.” (Gen. 2, 18). “Dios creó al hombre y a la mujer a
imagen de Dios, hombre y mujer los creó, y los bendijo diciéndoles: procread, y
multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla”.(Gen. 1, 27- 28). Desde el principio de
la creación, cuando Dios crea a la primera pareja, la unión entre ambos se
convierte en una institución natural, con un vínculo permanente y unidad total (Mt.
19,6).
Cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del Matrimonio, Dios, por
así decir, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios lineamientos y el
carácter indeleble de su amor. Un matrimonio es la imagen del amor de Dios con
nosotros, es muy bello. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas
del Padre, el Hijo y del Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en
unidad perfecta. Y es justamente éste el misterio del Matrimonio: Dios hace de los
dos esposos un sola existencia. Y la Biblia es fuerte dice “una sola carne”, ¡así
intima es la unión del hombre y de la mujer en el matrimonio! Y es justamente este
el misterio del matrimonio. Es el amor de Dios que se refleja en el matrimonio, en
la pareja que decide vivir juntos y por esto el hombre deja su casa, la casa de sus
padres, y va a vivir con su mujer y se une tan fuertemente a ella que se
transforman, dice la Biblia, en una sola carne. No son dos, es uno.
La estructura matrimonial facilita, por lo tanto, a los esposos el ser imagen de la
acción del amor de Dios a través de los sacramentos. Pero el amor de Dios se
derrama también por medio de la oración.
Oración que pueden realizar ayudándose de la predicación de los ministros,
siempre y cuando la reciban "no como palabra de hombre, sino cual es en verdad,
como Palabra de Dios" (1Ts 2,13). Los esposos, al acudir unidos a la predicación,
pueden con más facilidad, mediante el diálogo, hecho también oración, aplicar la
Palabra de Dios escuchada tanto a lo ordinario como a lo circunstancial de su vida
matrimonial.
Los esposos deben realizar también la oración personal y privada, para que, una
vez conocidas y asimiladas las virtudes de Cristo, traduzcan en obras, bajo la guía
de un prudente director, los frutos de su contemplación. Es en la oración donde el
Espíritu de Cristo ilumina a los esposos para amar al cónyuge y a los hijos como el
mismo Jesucristo los ama en las circunstancias concretas de edad y
temperamento.
SACERDOCIO
los sacerdotes, son simplemente embajadores del amor divino. Cada sacerdote
alberga en lo más íntimo de su ser una llamada, una invitación, un grito, que Dios
quiere ofrecer a cada ser humano.
El sacerdote tiene una vocación inmensamente grande y bella. Porque lo más
hermoso es anunciar la gran noticia, el mensaje de paz y de salvación. Por eso
sus pies son dichosos en los montes (cf. Is 52,7). Por eso sus pasos recorren
pueblos, aldeas y ciudades para anunciar que el Reino está cerca (cf. Mt 10,7).
En el corazón de Dios existe un anhelo profundo. El Padre desea ardientemente
que todo hombre y toda mujer participe de su amor, que todos lleguen a ser hijos e
hijas de su familia en el reino del amor que Él edifica aquí en la tierra, dentro de su
Iglesia.
Por ese motivo, el Padre envió a su Hijo único al mundo, para que por nosotros
muriera, y resucitara, y es también el motivo por el cual el Hijo los envía ahora
ustedes al mundo, para que continúen realizando su misión de amor.
Recuerden lo que Jesús les dijo hoy: “No son ustedes los que me han elegido, soy
yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto
permanezca”.
El sacerdocio de ustedes siempre será fructífero si permanecen arraigados en el
amor de Dios. “Porque el amor de Cristo nos apremia”, nos dice hoy San Pablo.
Amen a su pueblo como Jesús lo ama, con todo su corazón y con todas sus
fuerzas. Estén siempre dispuestos a entregar su vida por el rebaño que Él les ha
confiado.
Si ustedes hacen todo por amor a Cristo, entonces ¡nada de lo que hagan, será en
vano!
Y lo mismo se aplica a todos nosotros, los que formamos parte de la Iglesia. Todos
fuimos traídos a esta tierra para difundir el amor de Dios, donde quiera que nos
encontremos: en nuestro trabajo, en nuestros hogares, en la sociedad.
El sacerdote es ordenado in persona Christi, para ser la imagen viva de Jesús, y
está llamado a ser nuestro guía en los caminos del amor.
TEMA 5.- Sacramentos de Sanación: reconciliación y Penitencia, Unción de
los Enfermos
El Sacramento de la Reconciliación
El sacramento de la Reconciliación es un don maravilloso que el Señor Jesús nos
ha dado. En él encontramos su misericordia infinita. Pues, quien se confiesa no se
encuentra con un tribunal humano, sino con Jesús mismo que quiere nuestra
salvación y reconciliación.
El sacramento de la Reconciliación expresa la misericordia de Dios que, a través
de su Iglesia, no cesa de brindar todos los medios necesarios para que
alcancemos la vida eterna. Este sacramento realiza sacramentalmente nuestro
retorno a los brazos del Padre.
Durante su vida pública, Jesús no sólo perdonó los pecados, también manifestó el
efecto de este perdón: a los pecadores que son perdonados los vuelve a integrar
en la comunidad del pueblo de Dios, de donde el pecado los había alejado o
incluso excluido. Un signo manifiesto de ello es el hecho de que Jesús admite
a los pecadores a su mesa, más aún, Él mismo se sienta a su mesa, gesto
que expresa de manera conmovedora, la vez, el perdón de Dios y el retorno al
seno del pueblo de Dios”.
Solo Dios perdona los pecados. El sacerdote lo hace porque Dios se lo ha
confiado y es en nombre suyo que lo hace. Entonces, en realidad, al decirle los
pecados al sacerdote, se los estamos diciendo al propio Cristo. ¡Qué misterio! El
mismo Evangelio dice: “El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para
perdonar pecados” (Marcos 2,10) y ejerce este poder cuando dice: “Hijo mío, tus
pecados quedan perdonados” (Marcos 2,5). Esta es la misma autoridad de la que
gozan los sacerdotes al perdonar los pecados del pueblo.
«Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia
de Dios el perdón de la ofensa hecha a Él y al mismo tiempo se reconcilian con la
Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversión con la caridad,
con el ejemplo y las oraciones» (Lumen gentium, 11).
«Porque el pecado es una ofensa hecha o Dios, que rompe nuestra amistad con
él, la penitencia “tiene como término el amor y el abandono en el Señor”. El
pecador, por tanto, movido por la gracia del Dios misericordioso, se pone en
camino de conversión, retorna al Padre, que: «nos amó primero», y a Cristo, que
se entregó por nosotros, y al Espíritu Santo, que ha sido derramado copiosamente
en nosotros»
Unción de los enfermos
La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo y, en
algunas ocasiones, incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Sin
embargo, también puede hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en
su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha
frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él.
Los efectos del sacramento de la Unción de los enfermos
La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de
ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la
fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la
confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno,
especialmente contra la tentación de desaliento y de angustia ante la muerte. Esta
asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la
curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios.
Además, «si hubiera cometido pecados, le serán perdonados». (St 5,15).
Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse
más íntimamente a la Pasión de Cristo. El sufrimiento, secuela del pecado original,
recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.
Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la pasión y
muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios. Cuando celebra este
sacramento, la Iglesia, por la comunión de los santos, intercede por el bien del
enfermo. Y este, a su vez, por la gracia del sacramento, contribuye a la
santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia
sufre, ofreciéndose, por Cristo, a Dios Padre.
TEMA 6.- SANTÍSIMA TRINIDAD: COMUNIÓN Y AMOR
El misterio de la Santísima Trinidad nos dice que en Dios hay tres personas, el
Padre que es completamente Dios, el Hijo que se encarnó en Jesucristo y que es
Dios todopoderoso y el Espíritu Santo que hace visible esa relación de amor entre
el Padre y el Hijo que también es Dios todopoderoso. Estas tres personas son el
único y verdadero Dios. Es un misterio que podemos describir, pero que no
podemos acoger en nuestra cabeza y al que hemos llegado simplemente por
revelación de Dios. Jesucristo, cuando se encarna, hace visible su divinidad, Él
mismo es Dios y nos dice que hay un Padre con el que se relaciona y tiene una
relación filial que a nosotros nos hace heredar y nos hace hijos en el Hijo. La
relación que Él tiene con su Padre es la que nos tiene transferir a cada uno de
nosotros.
i Dios es trinidad de personas, comunión del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, entonces el principio creador y sustentador de toda
unidad en los grupos, en la sociedad y en las Iglesias tiene que ser la
comunión entre todos los participantes, es decir, la convergencia
amorosa y el consenso fraterno.
El Padre, el Hijo y el Espíritu siempre están juntos: crean juntos, salvan juntos y
juntos nos introducen en su comunión de vida y de amor. En la santísima Trinidad
no se realiza nada sin la comunión de las tres personas. En la piedad de muchos
fieles hay una desintegración de la vivencia del Dios trino. Algunos sólo se quedan
con el Padre, otros sólo con el Hijo y, finalmente, otros sólo con el Espíritu Santo.
De esta manera surgen desviaciones en nuestro encuentro con Dios que
perjudican a la propia comunidad.
Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en comunión recíproca. Coexisten
desde toda la eternidad; nadie es anterior ni posterior, ni superior ni inferior al otro.
Cada Persona envuelve a las otras, todas se Inter penetran mutuamente y moran
unas en otras. Es la realidad de la comunión trinitaria, tan infinita y profunda que
los divinos tres se unen y son por eso mismo un solo Dios. La unidad divina es
comunitaria, porque cada persona está en comunión con las otras dos.
¿Qué significa decir que Dios es comunión y por eso Trinidad? Sólo las personas
pueden estar en comunión. Implica que una esté en presencia de la otra, distinta
de la otra, pero abierta, en una reciprocidad radical. Para que haya verdadera
comunión, tiene que haber relaciones directas e inmediatas: ojo a ojo, rostro a
rostro, corazón a corazón. El resultado de la entrega mutua y de la comunión
recíproca es la comunidad. La comunidad resulta de relaciones personales, en las
que cada uno es aceptado como es, cada uno se abre al otro y da lo mejor de sí
mismo.
La Trinidad es comunidad y Buena Noticia. El hombre que busca a Dios, su
crecimiento, su liberación…, puede encontrar en la historia y en su historia
personal, su presencia como Padre/Madre que siempre está a su lado. Puede
sentirse hermano de Jesús y de los demás hombres, porque todos somos hijos.
Puede encontrar la felicidad, dejándose llevar por el Espíritu que es viento, que
nos hace saber que no está logrado todo y que hay que seguir luchando, por el
desarrollo de toda la humanidad y el nuestro propio.
Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en comunión recíproca. Coexisten
desde toda la eternidad; nadie es anterior ni posterior, ni superior ni inferior al otro.
Cada Persona envuelve a las otras, todas se interpenetran mutuamente y moran
unas en otras. Es la realidad de la comunión trinitaria, tan infinita y profunda que
los divinos tres se unen y son por eso mismo un solo Dios. La unidad divina es
comunitaria, porque cada persona está en comunión con las otras dos.
¿Qué significa decir que Dios es comunión y por eso Trinidad? Sólo las personas
pueden estar en comunión. Implica que una esté en presencia de la otra, distinta
de la otra, pero abierta, en una reciprocidad radical. Para que haya verdadera
comunión, tiene que haber relaciones directas e inmediatas: ojo a ojo, rostro a
rostro, corazón a corazón. El resultado de la entrega mutua y de la comunión
recíproca es la comunidad. La comunidad resulta de relaciones personales, en las
que cada uno es aceptado como es, cada uno se abre al otro y da lo mejor de sí
mismo.
¡ ENTONCES SEAMOS COMUNIDAD¡
TEMA 7.- SOMOS IGLESIA, SOMOS COMUNIDAD Y SOMOS UNA GRAN
FAMILIA
Por el Bautismo, quedamos unidos a Jesús para siempre y entramos a formar
parte de la Iglesia. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar, la Iglesia
nos transmite la fe recibida de los Apóstoles, expresada en el Credo. •También nos
enseña a seguir a Jesús por el camino de los Mandamientos, amando a Dios y a
los demás, y a orar, como Él.
Jesús vino para iniciar una nueva comunidad, la nueva familia de Dios (Mateo
12:46-50). Aunque la definición de la iglesia necesitaba de mayor explicación,
Jesús formó su nueva familia pidiéndoles que rompieran con lo viejo y que hicieran
un compromiso total por seguirle. Él [Jesús] utilizó la palabra “familia” como la
metáfora definitoria para describir a sus seguidores… la familia demandaba el
compromiso más alto de lealtad indivisible, de solidaridad relacional, y de sacrificio
personal que cualquier otra entidad social en el grupo-fuerte del mundo
mediterráneo de Jesús. Y las más grandes decisiones de vida se hacían en el
contexto de la familia.
La estrategia de Jesús del ministerio de casa en casa y el ambiente de la iglesia
primitiva en la casa, se combinaron para crear la atmósfera de donde emergió la
doctrina teológica de la familia de Dios. Los primeros discípulos simplemente
estaban siguiendo a su maestro al enfatizar sobre la nueva familia de Dios basada
en hogares.
Las metáforas “Dios el Padre,” “Jesús el Hijo,” “hijos de Dios,” “hermanos y
hermanas en Cristo,” junto con otros términos sobre la familia se convirtieron en
un medio para comunicar una nueva teología cristiana ¡ TODOS SOMOS UNO EN
CRISTO!
La imagen de la Iglesia como familia es antigua, y la idea de una familia como
“iglesia doméstica” ha resurgido en los últimos tiempos. Las parroquias son
comunidades de familias, reunidas bajo un párroco, un pastor, un “padre” de
familia, en comunión con el obispo, para dar culto a Dios y construir el Reino. La
familia es un lugar de pertenencia, un lugar privilegiado para experimentar el amor
y el crecimiento, un signo original del amor de Cristo por su Iglesia, que nos ha
dado Dios Padre. Es a la vez un elemento de construcción de la sociedad y un
medio fundamental por el que se nos introduce en una relación decisiva con Dios.
La familia existe para generar vida y profundizar el compañerismo entre los
creyentes en su camino hacia el destino común. La estabilidad familiar es
fundamental para el futuro. Esto es cierto no sólo para nuestras familias
individuales, sino también para nuestras familias parroquiales. Cada familia,
incluida la familia parroquial, tiene la misión de construir la Iglesia y acrecentar el
Reino de Dios en el mundo; de ser una comunidad de amor en la que las personas
experimentan un sentido de pertenencia; y, de ser un faro de luz y esperanza para
los demás.
TEMA 8.- LA IGLESIA COMO SACRAMENTO DE SALVACIÓN
La Iglesia es el sacramento por excelencia, lo que significa que es el signo y el
instrumento de la acción del Espíritu Santo en el mundo. De acuerdo con el
Concilio Vaticano II y citando a San Cipriano, la Iglesia es "el pueblo reunido en la
unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Esta visión de la Iglesia la
enraíza profundamente en el misterio de Dios Uno y Trino.
El Credo confiesa que se entra en la Iglesia por el bautismo "en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). Esto subraya que la Iglesia es el
medio visible del misterio salvador de Dios. En ella se manifiesta el misterio de la
salvación, hecho presente en el mundo a través de Jesucristo y actualizado en el
corazón de los fieles por el Espíritu Santo, como se menciona en las Epístolas de
Efesios (3,3-12) y Colosenses (1,26-27).
La Iglesia es consciente de que no es ella misma la fuente de luz para las
naciones, sino que es su Fundador divino quien irradia la luz sobre la humanidad.
Sin embargo, la Iglesia refleja esta luz divina, bañando a los hombres en la
claridad que sólo brota de Dios. San Pablo expresa esta realidad en su carta a los
Corintios: "Nosotros todos, con el rostro descubierto, reverberando como espejos
la gloria del Señor, nos vamos transformando en la misma imagen, de gloria en
gloria, conforme a como obra el Espíritu del Señor" (2 Co 3,18).
Como sacramento de salvación, la Iglesia se edifica y se nutre a través de los
sacramentos. Afirmar que la Iglesia es un sacramento implica que en ella se
realiza la salvación de manera visible y eficaz, de forma comunitaria e histórica. La
acción salvífica de Cristo, mediante el Espíritu Santo, está presente en la Iglesia
de manera especial en sus siete sacramentos. Estos sacramentos son el signo
visible y eficaz elegido por Dios para realizar su voluntad eterna de salvar a toda la
humanidad. Así, el Espíritu Santo y la Iglesia hacen presente en el mundo la
voluntad salvífica de Dios.
La Iglesia, unida vitalmente a Cristo, no existe para sí misma, sino para Cristo y,
por lo tanto, para los hombres. Debe continuar la misión de Cristo, quien vino para
salvar a la humanidad. No es tarea de los hombres ir hacia la Iglesia; es la Iglesia
la que debe ir hacia los hombres, siguiendo el ejemplo de Cristo. Esta es la nueva
perspectiva de la Iglesia abierta a la humanidad, que sigue la trayectoria de Cristo
como Siervo de Dios y servidor de los hombres.
Cristo, obediente a la voluntad del Padre, vive y actúa conforme a este plan de
salvación. La voluntad del Padre está en el centro de su existencia, y es el móvil
de su vida, su alimento, su inspiración, su misión y su gloria. Cristo, encarnado por
la voluntad del Padre, no vive para sí mismo, sino para cumplir la misión recibida.
La Iglesia, como sacramento de salvación, responde a esta llamada divina. Ser
Iglesia es una vocación, una invitación nacida de lo más íntimo del ser de Dios.
Este deseo divino de invitar a la humanidad a formar parte de la Iglesia surge de la
experiencia de Dios como Trinidad, reflejando la íntima relación y el amor de Dios
hacia toda la humanidad.
En conclusión, la Iglesia, como sacramento de salvación, actúa como un signo y
un instrumento de la acción divina en el mundo. A través de los sacramentos y la
misión cristiana, la Iglesia cumple su papel de reflejar y actualizar la voluntad
salvífica de Dios, ofreciendo su luz y claridad a toda la humanidad. La vocación de
ser Iglesia proviene del deseo profundo de Dios de conectar con la humanidad y
ofrecerle la salvación.
TEMA 9.- SOMOS UNA IGLESIA COMUNIDAD DE COMUNIDADES.
Recuperando el valor de lo comunitario
El Señor me ha permitido vivir durante años el servicio de párroco acompañando a
comunidades cristianas de diversas realidades: urbanas de grandes y pequeñas
ciudades, rurales de pequeños pueblos; algunas pobres y otras de sectores
económicos acomodados. ¿Qué han tenido en común estas parroquias? ¿Qué he
podido encontrar en ellas que me han cautivado? La respuesta es muy simple y
muy profunda: en todas he podido encontrar y vivir la experiencia comunitaria de
la Iglesia, en todas he podido vivir la dimensión de la Iglesia, Pueblo de Dios.
La parroquia está llamada a ser siempre expresión de la vida comunitaria, esa vida
querida por Jesús y expresada en comunión y misión: “Subió al monte y llamó a
los que él quiso. Cuando estuvieron junto a él, eligió de entre ellos a doce, para
que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 13-15).
El reconocimiento de la realidad comunitaria de la parroquia se ha retomado
después de siglos de ausencia y se ha hecho recurriendo al origen de las primeras
comunidades, volviendo a las raíces fundamentales de la Iglesia. Contemplando a
las pequeñas comunidades presentes en el testimonio que nos dan las Escrituras,
es como se logra el retorno a la experticia de la fe vivida.
¿Por qué debemos vivir en comunión con los demás?
La razón se encuentra en el origen de la Iglesia. El Hijo de Dios establece una
Iglesia de hermanos, de apóstoles, de hombres que viven en comunión, que
aprenden la fraternidad y los valores cristianos, para ser los futuros mensajeros
del Salvador del Mundo. Dice el documento de Aparecida:
Jesús al inicio de su ministerio elige a los doce para vivir en comunión con Él (cf.
Marcos 3, 14). Para favorecer la comunión y evaluar la misión, Jesús les pide:
“Vengan ustedes solos a un lugar deshabitado, para descansar un poco” (Marcos
6, 31-32).
En otras oportunidades se encontrará con ellos para explicarles el misterio del
Reino (cf. Marcos 4, 11. 33-34). De la misma manera se comporta con el grupo de
los setenta y dos discípulos (cf. Lucas 10, 17-20).
Al parecer, el encuentro a solas indica que Jesús quiere hablarles al corazón (cf.
Oseas 2, 14). Hoy también el encuentro de los discípulos con Jesús en la
intimidad es indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad
misionera.
¿Cuáles son los signos de una Iglesia comunidad de comunidades?
Los Hechos de los Apóstoles en la Sagrada Biblia nos permiten saber con
precisión cuál fue la comunidad – Iglesia, que Jesucristo fundó para la salvación
del mundo.
Una Iglesia que vive en comunidad, todos son hermanos, todos practican la
caridad y la misericordia. (cf. Hechos 2, 42-47). Todos los creyentes tienen un solo
corazón y una sola alma. (cf. Hechos 4, 32-37). Por el testimonio de vida y la
caridad, los discípulos se ganan la estima y nacen nuevos apóstoles. (cf. Hechos
5, 12-16).
La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres
concretos, conocidos de los cristianos y, para la mayoría, viviendo entre ellos
todavía. Estos “testigos de la Resurrección de Cristo”
¿Cómo se hace realidad, la vivencia de la Iglesia como comunidad?
La vivencia personal y comunitaria de las bienaventuranzas, la evangelización de
los pobres, el conocimiento y cumplimiento de la voluntad del Padre, el martirio por
la fe, el acceso de todos a los bienes de la creación, el perdón mutuo, sincero y
fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la pluralidad, y la lucha para no
sucumbir a la tentación y no ser esclavos del mal.