Políticas editoriales
y políticas de lectura
José Luis de Diego*
* independien tes. Con la (Alfaguara, Aguilar y Taurus).
Doctor en Letras. compra de Emecé en 2000, el En 1991, el grupo colombiano
Profesor de Introducción a lagrupo español Planeta Norma compró la editorial Te
Literatura y Teoría Literaria controla el 20% del mercado; sis, y tres años después,
II, Facultad de Humanidadesya es propietario de las Kapelusz (Botto, 2006, 212-
y Ciencias de la Educación, ediciones de Seix-Barral, 213). Estos conglomerados
UNLP. Autor de ¿Quién de Ariel, Espasa-Calpe y otras. El que desembarcan en los 90
nosotros escribirá el segundo lugar en las ventas controlan cerca del 75% del
Facundo? Intelectuales y lo ocupa Sudamericana, pero mercado (CEP, 2005, 12).
escritores en Argentina ya ha dejado de ser la Si visitan la Feria del Libro, en
(1970-1986); La verdad empresa familiar de los López la Ciudad Autónoma de Bue
sospechosa. Ensayos de Llausás; en 1998 fue adquirida nos Aires, los verán, en el hall
literatura argentina y teoría por Random House central, con los más grandes
literaria; y Editores y Mondadori, que controla stands: el lema “del autor al
políticas editoriales en Lumen, Grijalbo y Plaza y lector” no es más que una
Argentina (1880-2000). Janés. El tercer grupo que expre sión de deseos; entre
En nuestro país, hoy no alcanza una fuerte presen cia uno y otro, las mediaciones
existen (casi) editoriales en los 90 es Prisa-Santillana capitalistas se multiplican.
38 I Anales de la educación común
contextos
El panorama de la producción editorial en la
Argentina tuvo, invariablemente, una
correlación con el escenario político
e ideológico de cada época. Un recorrido por
períodos clave del país servirá para entender
el estado de la cuestión hoy.
Hoy no existen (casi) editores. “Aunque los dos por no saber dónde meter los libros, los
riesgos corridos sean infi nitamente menos libreros se limitan a informar, mediante una
importantes para una gran editorial que para PC, si el libro está o no está. Cada vez más
una pequeña, las consideraciones inte resados en sondear el interés del
comerciales se imponen también, en lo público que en infl uir sobre él, ya no
sucesivo, a través de los técnicos fi encontramos al viejo librero que sumaba a
nancieros, los especialistas de marketing y su pequeño comercio el prestigio de su
los contadores” (Bourdieu, 1999, 245). El trayectoria y experticia. Vemos libros en
valor de cambio ha terminado por di luir el cadenas de música y en kioscos, en
capital simbólico que un libro conlleva: estaciones de servicio y en supermercados;
iguala, en tanto objetos de consumo, al libro casi con desidia, se arroja un libro en el carri
y a un par de zapatillas y se asimilan sus to, junto con el detergente y la mayonesa.
lógicas de producción y de comercialización. Hoy no existen (casi) catálogos. Los sitios en
Hoy no existen (casi) libreros. Asistimos al Internet que ostentan los grandes grupos se
fenómeno de “los demasiados libros” (Zaid, limitan a un buscador (por autor, por título):
1996): infi nidad de títulos en tiradas muy la idea de stock disponible para la venta ha
pequeñas. Se los ha llamado “albergues tran reemplazado al catálogo que enorgullecía a
sitorios de novedades” y “libros con fecha de las viejas editoriales.
vencimiento, como si fueran lácteos”. Agobia Pero esto no fue siempre así.
Educación y lenguajes I 39
La “época heroica” Argentina (1915-1925); Manuel Gálvez en la
A fi nales de la segunda década del siglo XX, Cooperativa Editorial Buenos Aires (1917-
se produce en la actividad editorial de 1925)–, serán reemplazados
nuestro país una mutación bien signifi progresivamente por editores extranjeros,
cativa. Si las principales colecciones inmigrantes humildes sin rela ción alguna
publicadas hasta en con la alta cultura, verdaderos advenedizos
tonces habían estado a cargo de escritores o en el mundo de los libros y, quizás por esa
intelectuales destacados –Roberto Payró en razón, menos atentos al prestigio de la
la Biblioteca de La Nación (1901-1920); tradición y más interesados por lo nuevo. Y
Ricardo Rojas en la Biblioteca Argentina con lo nuevo no me refi ero sólo a
(1915-1928); José Ingenieros en La Cultura tendencias fi losófi cas o literarias, sino,
sobre todo, a un nuevo mercado, a un 20 años la editorial Claridad, “tribuna de
público lector que se había expandido de un pensamiento iz quierdista”–, de Manuel
modo notable. Gleizer y Samuel Glus
berg –dos inmigrantes rusos, de familias
A los barrios más tradicionales –San Telmo, judías, que darán a conocer lo mejor de la
Barra cas, la Boca, San Cristóbal, Balvanera y literatura argentina de entonces, tanto a
el Norte– que a fi nes de siglo rodeaban el “Florida” como a “Boedo”–, serán quienes
Centro, se agrega una primera periferia, visible pongan al alcance de la mano de esos
hacia 1910: Almagro, Caballito, Flores, nuevos grupos sociales lo mejor de la
Belgrano, el Bajo Belgrano, Pa lermo o Villa cultura universal y de la literatura y el
Crespo. En la entreguerra crecieron pensamiento nacional en libros baratos, en
notoriamente Patricios, Pompeya, Mataderos, ediciones “popularísimas”.
Sol dati, Lugano, La Paternal, Versalles, Vélez
Sarsfi eld, Saavedra, Villa Devoto o Villa La “época de oro”
Urquiza (Gutiérrez y Romero, 1995, 70). La Guerra Civil Española (1936-1939) produ
ce un éxodo de editores hacia América.
En esos barrios se va generando una Entre 1937 y 1939, se fundan en Buenos
cultura emergente, popular y letrada, Aires cua tro editoriales que dominarán el
constituida por hijos de inmigrantes y las mercado nacional durante 40 años, todas
primeras oleadas de migrantes internos, con ligadas, en sus inicios, a inmigrantes
rasgos identitarios propios, que se españoles: Espa sa-Calpe Argentina,
desarrolla en los clubes, socieda Losada, Sudamericana y Emecé. Cuando
des de fomento, centros y comités y Gonzalo Losada aún traba jaba para
bibliotecas populares. Poco habituados a Espasa-Calpe, lanzó la Colección Austral;
las librerías del centro, adquieren libros y una vez que instaló su propio sello,
folletos mediante otros circuitos, ya que comenzó a editar la Biblioteca Contemporá
consideraban al libro y la cultura como un nea. Mi generación le debe buena parte de
elemento de prestigio, como una su formación a esas dos colecciones que, a
herramienta de integración y ascenso social. pre cios económicos, nos brindaban
A ese público apuntan los nuevos editores. amplísimos y jerarquizados catálogos. Para
Juan Torrendell –un mallorquí que funda en el año 1967, Austral había publicado 1.500
1916 la editorial Tor–, de Antonio Zamora – títulos; llegó a editar a un ritmo de entre 10 y
un español socialista que dirige a lo largo de 20 títulos
40 I Anales de la educación común
nuevos por mes en primeras ediciones de Morente; España en su historia (1948), de
12.000 ejemplares cada una y 15 Américo Castro; el Tratado de socio logía
reimpresiones mensuales de 6.000 (1947), de Francisco Ayala; las obras de
ejemplares. Su infl uencia fue duradera, no Saussure, Bally y Vossler, en magnífi cas
sólo en Argentina, sino tam bién en América y traducciones de Alonso, Raimundo Lida y
España. Todavía recordamos con nostalgia Elsa Tabering para la colección Filosofía y
algunos grandes títulos de Losada: la Teoría del Lenguaje. Sudamericana y Emecé
Gramática castellana, de Amado Alonso y tendrán un desarrollo más lento y verán su
Pedro Henríquez Ureña; las Lecciones auge en los años 60. De entre sus
preliminares de fi losofía, de Manuel García colecciones se puede destacar la célebre El
Séptimo Círculo (de Emecé), una colección 1947, sólo cinco años después, 24.280.500.
de novelas policiales que dirigieron Borges y Resultan lla mativos, además, los promedios
Bioy Casares desde 1945 y durante diez de tiraje por libro: en los últimos años del
años. Un empleado de la librería El Ateneo, período, alcanzó los 10.000 ejemplares, con
Salvador Rueda, también funda su propio un promedio para el total del período cercano
sello; gracias a él, conocimos al Ulises, de a los 7.000 ejemplares. Como se ve, estas
Jame Joyce –en la prestigiosa traducción de cifras hoy nos resultan inverosímiles.
José Salas Subirat–, y En bus
ca del tiempo perdido, de Marcel Proust, en la
traducción que había iniciado Pedro Salinas
para Calpe. Su catálogo se abre con
Manhattan Transfer, de John Dos Passos, e
incluye a D. H. Lawrence, Hermann Hesse,
Jean Paul Sartre, André Mau
rois y Henry Miller. Encaró, además, hacia
1953, un proyecto descomunal: la edición de
las Obras Completas de Sigmund Freud,
traducidas por Luis López-Ballesteros y de
Torres.
El total de ejemplares impresos en el inicio del
Vemos libros en cadenas de
período, del 36 al 40 fue de 34 millones; en el
fi n del período –del 51 al 55– ese número se
música y supermercados; casi
había multiplicado por cinco y el total de
ejemplares impresos ascendió a 169 millones.
con desidia, se arroja un libro
Más del 40 % de la producción se exportaba
y Argentina prove
en el carrito, junto con el
yó, en la década del 40, el 80 % de los libros
que importaba España. En 1942 se
detergente y la mayonesa.
exportaban 11.280.000 de volúmenes; en
Educación y lenguajes I 41
Los años 60 y los 70 argentino – según un conocido título del
Los 60: la década del boom del libro semanario Primera Plana–; del boom de la
novela latinoamericana; de las fabulosas Revistas y Afi nes. Ideó un sistema de venta
ventas de Editorial Sudameri cana; del por fascículos en los kioscos que, una vez
exitoso lanzamiento de Eudeba en el 58 y completados, se can
del Centro Editor de América Latina a fi nes jeaban por el tomo encuadernado. Entre
del 66. Eudeba se crea por iniciativa del tantas otras colecciones podemos recordar
entonces rector de la Universidad de a Capítulo Argentino, lanzada en 1967; cada
Buenos Aires (UBA), Risieri Frondizi, en semana apare cía un fascículo, acompañado
1958. El rector encargó el diseño de la por un libro, hasta completar la Historia de
empresa a un verdadero prócer de la la literatura argentina, en tres tomos, más
edición en América Latina, Arnaldo Orfi la Re 59 libritos que formaron la Biblioteca
ynal –quien estuvo a cargo del Fondo de Argentina Fundamental. La editorial tuvo,
Cultura Económica de México y años entonces, el mismo sello que caracterizó a
después fundaría la Editorial Siglo XXI–, y Eudeba: un ritmo de producción incesante,
su primer gerente fue Boris Spivacow. Lo un cuidado obsesivo en lograr el menor
primero que puede decirse de Eudeba es costo posible, la representación en sus
que fue atípica como editorial uni versitaria: colecciones de orientaciones ideológicas. A
por el dinamismo de sus colecciones medida que la industria editorial argentina
(llegaron a ser más de 30); por el vértigo de iniciaba su deca dencia por la pérdida de
sus publicaciones (amplias tiradas a muy mercados externos, encontraba en el
bajo costo), y, sobre todo, por su sistema de mercado interno y, en espe
distribución, los célebres kioscos de cial, en autores argentinos y
Eudeba, ubicados en los cen tros de las latinoamericanos, las vías de supervivencia
principales ciudades, en los ámbitos y de su momentánea recuperación. De las
universitarios y aun en las estaciones de causas de esa ampliación del mercado se
subte. En solo ocho años, Spivacow y su ha hablado mucho: la expansión de la clase
equipo habían creado la editorial media; la explosión matricular en las
universitaria más importante de América universidades; la aparición de semanarios
Latina, la que se transformó, con el tiempo, de proyección modernizadora; el
casi en una marca de época, ya que Eu surgimiento de una generación de autores
deba está presente en casi todas las latinoamericanos de inusual calidad que
evocaciones o las interpretaciones que supieron aunar en un único proyecto
leemos sobre los 60. Expulsado Spivacow modernización estética y radicalización
de la editorial por el golpe de Onganía, política. La Editorial Sudamericana marcó el
funda el 21 de septiembre de 1966 el Centro ritmo del acercamiento de autores y público;
Editor de América Latina. Mientras Eude ba los escritores “faro” argentinos de aquellos
comienza una declinación de la que aun hoy años, Cortázar, Sabato, Marechal, Puig,
no pudo recuperarse, el Centro lanza a fi nes formaban par te de su catálogo.
del 66 su primera colección, la Serie del Pero en el 75 todo parece desmoronarse.
Encuentro, 43 títulos de autores argentinos. La brusca devaluación de la moneda y la
Spivacow sabía que el talón de Aquiles de inestable y violenta situación política
las editoriales como la que acababa de desemboca en el golpe militar de marzo de
fundar era la distribución, por lo 1976. La historia posterior es tristemente
cual fi rma tempranamente un convenio con célebre: la clausura
la Cooperativa de Vendedores de Diarios,
42 I Anales de la educación común
de Siglo XXI el 2 de abril del 76; las presiones Bourdieu, “el editor es también un
y las clausuras que soportó el Centro Editor personaje doble, que debe saber conciliar
desde que en Bahía Blanca el general Acdel el arte y el dinero, el amor a la literatura y
Vi las afi rmó que era “claramente la búsqueda de benefi cio” (Bourdieu,
subversivo”; la irrupción de un destacamento 1999, 242). El iti
al mando del te niente primero Xifra en las ofi nerario trazado pone de manifi esto que la
cinas de Eudeba el 26 de febrero de 1977; la balanza se ha ido torciendo cada vez más
detención de Daniel Divinsky, director de hacia el lado del dinero y que la eventual
Ediciones de la Flor;* la desaparición de recuperación de la industria editorial tendrá
Carlos Pérez.* que ver, entre tantos otros factores, con
Quemas de libros, secuestros de ediciones, que aquel equilibrio se restablezca.
censura y autocensura, persecución,
detención y desaparición de autores y
editores. Mucho tiempo y confl ictos varios
llevará recomponer el campo intelectual
fracturado entre los autores que se quedaron
en el país y los que sufrieron el exilio. Las
editoriales, en tanto, solo procuraban sobre
vivir. Si la recuperación de la democracia en
1983 representó un auspicioso encuentro
entre los au
tores dispersos y silenciados con su público,
ese encuentro no signifi có, sin embargo, una
recupe ración del mercado ni de la industria
editorial.
Epílogo
Unas palabras fi nales sobre los 90. Como es
sabido, la gestión Menem pone en marcha
una
serie de transformaciones que suelen resu
mirse en la fórmula Reforma del Estado; de
entre ellas, resultan pertinentes el proceso
de privatizaciones, la paridad cambiaria y,
como consecuencia, la fuerte concentración
de capital monopólico. Matilde Sánchez
resumió así el impacto sobre la industria
editorial argentina: “[...] pasó de la hegemo
nía a la sucursal y del imperio a la colonia”
(Sánchez, 2000, 3). El resto forma parte del
diagnóstico trazado en el comienzo de
estas notas.
“Por el hecho de que el libro, objeto de
doble faz, económica y simbólica, es a la
vez mercancía y signifi cación”, afi rma
∗
A raíz de la publicación de Cinco dedos – libro infantil, escrito en Berlín Occidental, impreso
en la Argentina por Ediciones de la Flor y prohibido el 8 de febrero de 1977 por tener “fi
nalidad de adoctrinamiento […] propia del accionar subversivo”–, un decreto disponía
poco tiempo después el arresto del editor Daniel Divinsky, quien permaneció 127 días
detenido a disposición del Poder Ejecutivo. Se exilió en Caracas entre 1978 y 1983 [N. de
C.].
∗
Se refi ere a Carlos Pérez, editor, periodista, director del suplemento cultural del diario
Clarín, detenido-desaparecido el 8-05-76, víctima del terrorismo de Estado [N. de C.].
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Bibliografía
Botto, Malena, “La concentración y la polarización de la industria editorial”, en De
Diego, José Luis (dir.), Editores y políticas editoriales en Argentina. Buenos
Aires / México, Fondo de Cultura Económica, 2006.
Bourdieu, Pierre, “Una revolución conservadora en la edición”, en Intelectuales,
política y poder. Buenos Aires, Eudeba, 1999.
Centro de Estudios para la Producción (CEP), “La industria del libro en la
Argentina”, en www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/observatorio [sitio
consultado en enero de 2007].
Gutiérrez, Leandro H. y Romero, Luis A., Sectores populares, cultura y política.
Buenos Aires, Sudamericana, 1995.
Sánchez, Matilde, “La novela del libro argentino”, en Clarín. Zona. Buenos Aires,
23 de abril de 2000.
Zaid, Gabriel, Los demasiados libros. Barcelona, Anagrama, 1996.
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