0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas6 páginas

Adoración Con San José

El documento es una reflexión sobre la adoración a Dios a través de San José, quien enseña a confiar en la voluntad divina y a vivir en humildad y fidelidad. Se destaca la importancia de la Eucaristía y la figura de San José como modelo de amor y devoción hacia Jesús. Se invita a los fieles a seguir su ejemplo en la vida cotidiana, buscando siempre la presencia de Dios y la santidad en sus acciones.

Cargado por

MireyaCombes
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas6 páginas

Adoración Con San José

El documento es una reflexión sobre la adoración a Dios a través de San José, quien enseña a confiar en la voluntad divina y a vivir en humildad y fidelidad. Se destaca la importancia de la Eucaristía y la figura de San José como modelo de amor y devoción hacia Jesús. Se invita a los fieles a seguir su ejemplo en la vida cotidiana, buscando siempre la presencia de Dios y la santidad en sus acciones.

Cargado por

MireyaCombes
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ADORACIÓN CON SAN JOSÉ :

Mirándote Señor, miramos también a José, ¿Quien como José nos enseña a
contemplarte y adorarte? Queremos en este momento escuchar tu Palabra que nos
sana y renueva, háblanos al corazón.

José nos enseña Señor a no inquietarnos, frente a la propuesta que recibe del Padre, No
se inquieta, Cree en Dios y Cree en ti. ser como José, tu conoces mi historia, sabes mis
tiempos, vez lo mas profundo de mi ser, quisiera hoy en esta cuaresma presentarte
señor aquellas durezas que deseo purificar y limar contigo.

Señor tu conoces nuestros corazones, toma en este momento sus historias y haz que
todos experimentemos hoy tu Gran Amor y Misericordia.

José que, nos invita hoy a mirar a su hijo adoptivo Jesús, Quien como El nos enseña el
segundo lugar para que Cristo Reine por entero.

¡Glorioso San José, enséñame a amar más la Eucaristía,


muéstrame como amar más a Jesús, conviértete en mi guía para
vivir siempre como lo hiciste tu en plena disposición a la
voluntad de Dios! ¡Enséñame siempre a atender la misión que
Dios me tiene encomendada de manera humilde, callada y
discreta pero con absoluta fidelidad! ¡Hazme amar la Eucaristía
en los buenos y los malos momentos, a adorar a este Cristo
presente en el Santísimo Sacramento del Altar como tu lo
adoraste desde el primer momento con un amor desbordante en
la cuna de Belén! ¡Ayúdame a estar constantemente atento a
Dios, predispuesto a percibir las señales de su presencia en mi
vida, a estar receptivo a sus planes aunque tantas veces no los
comprenda, a escuchar su voz que me transmite el Espíritu
Santo y a dejarme guiar por Su voluntad! ¡Adorando al
Santísimo Sacramento del Altar, querido san José, ayúdame a
ver todos los acontecimientos de mi vida de manera realista,
para como tu aprender a tomar decisiones sabias, sencillas,
valientes, adaptadas a la verdad! ¡Y especialmente hoy quiero
pedirte por todos los sacerdotes que cada día en la Misa
levantan con sus manos consagradas la Santa Hostia para que
igual que tu cogiste a Jesús con delicadeza sean fieles custodios
de Jesús, que cuando lo tomen para guardarlo en el sagrario,
para llevarlo en procesión, para levantar la Custodia y
bendecirnos, para distribuir la comunión a los fieles, cuando
impartan la bendición, cuando impongan las manos, cuando
sean fieles a su ministerio sacerdotal y verdaderos testimonios
de la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento!

Venerar la Eucaristía
uniéndola a la figura
de San José
7 NOVIEMBRE, 2021 / DEJA UN COMENTARIO

Primer domingo del mes de noviembre y he despertado con el


anhelo profundo de venerar la Santa Eucaristía uniéndola a la
figura de san José, al que tanta veneración tengo.

Esta mañana cuando acuda a la iglesia a participar en la


Eucaristía imaginaré que entro en la sencilla y humilde casa de
Nazaret, donde san José era el custodio y el cabeza de familia.
Le pediré con sencillez que me presente a Jesús, a quien junto a
María alojaba entre aquellas cuatro paredes formándole,
amándole, enseñándole, cuidándole como Verbo hecho carne.
Es lo mismo que ocurre cuando participas en la Santa Misa. Ahí
esta presente san José, acompañando junto al altar a quien es el
Verbo hecho pan.

Que san José, siempre tan solícito a mis peticiones, me enseñe a


hablarle, a ser intercesor ante su gracia, a ser receptor de mis
anhelos, a ayudarme a recibirlo con más amor y devoción. Y una
vez recibida la Hostia en mi interior salir del templo para ir a mi
pequeño mundo familiar, social y profesional para ser transmisor
de paz, de amor, de entrega, de generosidad y convertirme
como él en un custodio que creer un entorno donde Cristo se
digne a vivir porque en él reine la armonía y la paz. En esto San
José fue un maestro. Él hizo lo posible para abrir su corazón y
dar lo mejor de sí a María y a Jesús. Puso todo su empeño y su
cuidado para todo al servicio de la humanidad de Cristo, nuestro
Salvador.
La Eucaristía es la continuación y la extensión de la Encarnación
de Jesús. La responsabilidad de San José, padre de Jesús,
prosigue con el paso de los tiempos hasta la consumación de los
siglos y nos invita a quién a Él invocamos que el pan vivo de la
Eucaristía, la Palabra viva hecha carne sea un anhelo para
recibirla cada día y adorar a Jesucristo en el Santísimo
Sacramento del altar un estimulo para una más profunda vida
interior.

San José, hombre sencillo, honrado y humilde adoró a Jesús


como ningún santo lo había adorado jamás. Como María, nadie
pudo amar más a Jesús como José y María lo amaban. No ha
existido nunca un amor temporal mayor, excepto el que venía
del corazón amoroso de la Virgen, que pudiera manifestar un
amor tan grande por Jesús. Este es mi anhelo a imitar. Amor
profundamente a Jesús en el sí de mi vida.

Y cuando vea al sacerdote elevar la Hostia al cielo para


presentarme el sacrificio del altar ofreceré su santidad
recordando que San José era sacerdote del Niño Jesús, no para
sacrificarlo ni para ofrecerlo, sino para custodiarlo, para guiarlo
con respeto y adorarlo.

La vida de San José no fue sencilla. Desde su sí a Dios le


sufrimiento le acompañó a lo largo de su existencia porque no
hay que olvidar que a los pies de aquel humilde pesebre se
encuentra la Cruz porque el corazón del Niño Dios es un crucifijo
viviente. Desde el momento en que José aceptó a María como
esposa hasta el día de su último respiro para ir a la casa del
Padre en que su cuerpo cansado en los brazos de Cristo para
quedarse permanentemente dormido su vida fue acompañada
de un sufrimiento permanente. Pero esta es la vida del cristiano,
una vida que sin embargo es plena por la gracia de la Eucaristía.
Hoy quiero hacer vivo mi amor por el Pan de Vida de la mano de
san José, quien modeló con sus enseñanzas el corazón de su
Hijo.
¡Querido San José, esposo de María, padre de Jesús, quiero como
tu aprender a caminar en confianza y como mucha fe hacia el
encuentro de tu Hijo, a aprender a adorarle, a postrarme ante la
Eucaristía asombrado, gozoso, alegre y estremecido por el
misterio que allí sucede! ¡Quiero hacer como tu, amado san
José, saber escuchar en todo momento los planes de Dios en mi
vida y cumplirlos! ¡Tu que eres el padre peregrino que custodia
a Jesús, enséñame a amarlo más, a ayúdame a que en el
silencio de la oración contemplarlo con devoción, ayúdame a
acrecentar mi amor por Él! ¡San José, tu que eres el padre
eucarístico de Jesús, enséñame a acogerlo con devoción en mi
corazón! ¡Otórgame tu fe para contemplar con esperanza a
Jesús presente en las especies de pan y vino y como tu, cuando
dijiste que sí a Dios para aceptar con alegría y esperanza tu
misión paternal sin comprenderlo todo, ayúdame a ser capaz de
abandonar postrado ante el Santísimo Sacramento del Altar la
comodidad de mis certezas humanas para aceptar siempre la
voluntad Dios que en tantas ocasiones se aleja de mis planes
humanos para que pueda emprender el camino hacia la
salvación! ¡Dame un poco de tu fe, San José, para abrirme a la
contemplación y amar a Jesús tan frágil y humilde en su cuerpo
eucarístico! ¡Te pido san José, por todos los sacerdotes del
mundo, por su santidad, para que que aprendan de ti a llevar a
Cristo en una completa actitud reverente, para que sean otro
Cristo, pastores santos del rebaño de Dios, para que guíen a los
fieles y nos ayuden a crecer en sabiduría, estatura y gracia! ¡Te
pido por ellos, San José, para que cada sacerdote vea en tu
persona un modelo de fidelidad vocacional, y que sean como tu
amado San José custodios del cuerpo de Cristo y de la Iglesia!
¡San José, tu eres patrono de la Iglesia universal, ayúdale a que
sea santa, ayúdame a dar ejemplo para quienes estén alejada
de ellos la amen, y sientan el amor de Cristo! ¡El amor de Jesús
ti, San José, es el máximo reflejo de la paternidad de Dios,
enséñame cada día a dirigir mi oración al Padre lo aprendió
Jesús de ti, que fuiste su padre en la tierra, y quien le iniciaste
en la fe y en las costumbres de la oración! ¡Concédeme la
gracia, San José, de ser luz y sal y se capaz de servir dentro de
la Iglesia, tener la capacidad de orar en el silencio para escuchar
en mi corazón la voz de Dios y salir en misión en cumplimiento
de su voluntad!

**********************************************************

¡Querido san José, quiero poner mi vocación cristiana en tus


manos, quiero poner mi mundanalidad a tus pies para que me
ayudes a caminar en este periodo cuaresmal según la
perspectiva de Dios como hiciste tu siempre! ¡San José, tu fuiste
la sombra silenciosa y viva de Dios para acompañar a Cristo,
aceptaste pasar oculto por esta vida para dar realce a Jesús y a
la maternidad de María, enséñame a purificar mi alma y mi
corazón, a colocarlos en la perspectiva de Dios, a poner mi
vocación según su voluntad, a hacer de mi vida una
peregrinación constante que no se desvíe del camino marcado
por el Padre! ¡Como tu, glorioso san José, ayúdame a dar a los
míos lo mejor de mi mismo, hacer de mi familia un lugar donde
esté siempre Dios en el centro, a vivir en la modestia, a ser fiel a
mis deberes como padre, a transitar por la vida adorando a
Cristo y a María como tu pudiste hacer cada día, a trabajar de
manera honrada y santificada! ¡San José glorioso, deseo que me
acompañes en este tiempo cuaresmal para que guíes mi
corazón hacia una espiritualidad abierta, consciente de mis
fallos y de lo que me aparta de Dios, a abrir mi corazón para
corregir aquello que debe ser cambiado, para vivir las virtudes
cristianas con coherencia! ¡Comienza la Cuaresma, san José, y
quiero vivirla a tu lado, para que te conviertas en mi modelo, en
el ejemplo a seguir, para que aparte de mi lado los placeres
mundanos, la tibieza, el egoísmo, la soberbia, las comodidades,
la pereza para hacer las cosas y llenar mi vida de la misma
esperanza y alegría que reinaron en tu vida sencilla!

También podría gustarte