Wrecked
Wrecked
Créditos
Traductora:
Nelly Vanessa
Corrección:
Nanis
3
Diseño:
Bruja_Luna
Índice
Créditos _____________________3 15 _______________________ 193
Sinopsis _____________________5 16 _______________________ 205
Prólogo _____________________6 17 _______________________ 226
1 __________________________13 18 _______________________ 234
2 __________________________31 19 _______________________ 246
3 __________________________40 20 _______________________ 256
4 __________________________57 21 _______________________ 265
5 __________________________71 22 _______________________ 275
6 __________________________85 23 _______________________ 286
4
7 __________________________97 24 _______________________ 291
8 _________________________108 25 _______________________ 301
9 _________________________122 26 _______________________ 309
10 ________________________132 27 _______________________ 315
11 ________________________143 28 _______________________ 328
12 ________________________157 Epílogo ___________________ 336
13 ________________________170 J.B. Salsbury _______________ 345
14 ________________________185
Sinopsis
C
uando no puedes confiar en ti mismo, ¿cómo puedes pedirle a
alguien más que lo haga?
Han pasado meses desde que Aden Colt dejó el ejército y
aún los recuerdos lo persiguen. Cuando se mudó a un bote frente a la costa
de California, pensó que había encontrado el lugar perfecto para escapar de
la vida.
Entonces aparece Sawyer y pone patas arriba su sencilla vida.
Hermosa y sofisticada, parece fuera de lugar en este tranquilo pueblo
costero. Algo la empuja a experimentar todo lo que pueda, incluido Aden.
Pero por mucho que la deseé, comenzar una relación con Sawyer los pone a
5
ambos en riesgo.
Para Aden, el pasado no se queda ahí; aparece inesperadamente, sin
control, y no le importa a quién le destroce la vida.
Prólogo
ADEN
H
ace tres meses...
E
n la actualidad
30
2
SAWYER
—¿A
qué hora aterrizarás en San Carlos? —Mi
mamá me entrega mi bolso de aseo. Entre lo que
quedó de mi viejo baño y tras asaltar el armario
de Celia, pude rascarme lo suficiente por unos días fuera de la ciudad. Ese
extra de lo que sea ya debería ser mucho para ayudarme a superar lo que
espero sea un viaje corto. Pantalones cortos y holgadas camisetas sin
mangas no son lo más cómodo para usar, pero nada de este viaje será
agradable, y mucho menos sano.
Mis manos tiemblan mientras empujo un par de sandalias de Celia en
31
mi maleta y la cierro.
—A las cinco y media, y es San Diego, mamá.
Ella se frota las sienes.
—Oh está bien. —Nunca pudimos mantenernos al día con la situación
de vida de mi hermana. En algún momento, su dirección era un semi-
camión atravesando el país impulsado por un chico llamado Panda.
—¿Estás segura de que estás de acuerdo con esto? Sé cuánto odias
volar. Tu papá puede ir.
—Está bien. Quiero ir. —No le hará a mi mamá ningún bien decirle la
verdad, que realmente estoy asustada como la mierda. Hay una buena
posibilidad de que mi avión se caiga en alguna zona remota y nadie sepa
dónde esté así que todos tendremos que empezar a comernos a nuestros
muertos para sobrevivir. O si tengo suerte quede atorada en un tubo un
tubo de gérmenes junto a un chico que fue mordido por un mono y moriré
en un traje para materiales peligrosos tres días después. Si le puede pasar
a cualquiera, me pasará a mí. Es muy tarde ahora. Le hice una promesa a
mi hermana y asustada o no, tengo la intención de mantenerla.
—¿Estás segura? No es demasiado tarde para cambiar de opinión. —
Mi mamá detiene mis manos que aún no están satisfechas con el arreglo de
ropa.
Apaga los perturbadores pensamientos. Toma una respiración.
Controlo mis emociones.
La puerta abierta al otro lado del pasillo donde Celia está durmiendo
me llama la atención. Tengo que hacer esto por ella.
—Estoy segura. Además, no me iré mucho tiempo. —Cierro mi maleta
y la bajo de la cama al piso—. Un par de semanas a lo sumo. Empacaré,
ataré los cabos sueltos, y volveré.
Se muerde el labio.
—¿Qué pasa con tu trabajo?
—Usaré mi tiempo de vacaciones y de días para enfermedad. Dana me
llamará si algo necesita mi atención. —Pongo el bolso en mi hombro—.
Tengo mi computadora. 32
—¿Y Mark? ¿Qué pasa con tus cosas?
—Dana dijo que pondría todas mis cosas en cajas. Es principalmente
ropa y muebles pequeños. Los de la mudanza lo recogerán todo y lo
guardarán hasta que vuelva.
Me entrega la almohada para el cuello.
—Ponte suéter. Hace frío en la costa por la noche.
—Sí, mamá. —La abrazo—. Mejor me voy al aeropuerto o perderé mi
vuelo. Voy a despedirme de Celia.
Asiente y agarra mi maleta para llevarlo hasta mi papá, que lo más
probable es que me esté esperando junto a la puerta con las llaves en la
mano.
Entro de puntillas en la habitación de Celia y me siento en la cama
junto a ella. Parece que está durmiendo más y más. Mamá dijo que es el
medicamento que toma para los dolores de cabeza, y quiero llorar cada vez
que veo a mi hermana usualmente llena de energía, con toda su fuerza
agotada.
Paso mis dedos por la masa de cabello rubio rojizo que se desplegó
alrededor de su cara.
—Celia, me voy.
Ella gime y sus ojos se juntan como si mi voz estuviera enviando
oleadas de dolor por su sien. Me inclino y beso su frente.
—Te llamaré cuando llegue allí. —Su cara se relaja y murmura:
—Te quiero.
Me tomo un par de segundos más para verla dormir y luego bajo las
escaleras para encontrar a mi papá exactamente donde esperaba que
estuviera.
—¿Todo listo?
—Sí. —Me volteo para recoger mis maletas y terminar en otro abrazo
de parte de mi mamá—. Está bien, mamá. —Nadie está diciendo lo que todos
estamos pensando, que Celia se está rindiendo. Ha sido nuestra fortaleza y
si pierde la esperanza en que mejorará... bueno no puedo incluso ir allí, ni
siquiera hipotéticamente.
Me aprieta con fuerza. 33
—No tires nada, ¿de acuerdo? Sabes que Celia querrá ordenar sus
cosas una vez que estén aquí.
—No lo haré.
Se aleja y besa mi mejilla.
—Estaré en contacto. —Y con eso, me voy a ordenar la vida de mi
hermana.
Con la moneda en mi bolsillo.
—¿S
acaste ese dorado de los lechos de algas?
Levanto la vista después de filetear mi
captura en la mesa de pescado del muelle
para ver a Jenkins viéndome a través de su
ojo bueno, el otro empañado con cataratas.
—Si crees que compartiré mi lugar secreto contigo, viejo, perdiste la
maldita cabeza.
Gruñe con una risa ahogada. 40
—Mi mente se fue por más tiempo del que has estado vivo.
—Lo creo.
Es cierto, Jenkins tiene la edad suficiente para ser mi abuelo, pero al
vivir en un barco atracado en un pequeño puerto deportivo, no tengo
muchas opciones en lo que respecta a compañía, lo cual es lo mejor. Ya me
cuesta bastante estar rodeado de gente en general. Jenkins está tan molesto
con la población como yo y prefiere estar solo con su yo escarpado. Somos
una pareja hecha en un infierno antisocial.
—Mahi-mahi para cenar. —No es una pregunta. Pedo viejo
presuntuoso—. Traeré libaciones.
Es el trato que hemos tenido desde la primera vez que llegó cojeando a
mi barco quejándose de que mi música estaba demasiado alta. Le encanta
pescar, pero la artritis le ha atacado las manos y su falta de movimiento
físico lo ha debilitado, así que yo hago la pesca y él trae alcohol barato que
trato de no beber demasiado porque emborracharme con licor barato me
convierte en un estúpido.
Cuelgo las sobras de pescado del muelle a nuestro león marino
residente, Morfeo, que lo agarra, lo traga y ladra pidiendo más.
—Mierda codiciosa. —Le tiro más.
—Si sigues alimentándolos, nunca te dejarán en paz. —Jenkins deja
caer un puñado de entrañas en el agua para ser devoradas por un banco de
percas de surf.
—Me gusta Morfeo. Es apacible, solo perra cuando tiene hambre. —
Inclino mi cabeza y veo al anciano con aspecto de pirata—. Como alguien
más que conozco.
Me hace un gesto para que me aleje y cojea por el muelle hacia su
barco.
—Le enseñé todo lo que sabe y no me muestra ningún respeto.
—No traigas tu ron casero. ¡La última vez que bebí esa mierda tuve
alucinaciones durante una semana!
—Cobarde —gruñe y desaparece en la cabina de su velero llamado
Amelia Lynn en honor a su esposa, quien falleció un par de años antes de
que se mudara permanentemente al barco. Huyendo de los viejos recuerdos, 41
dice siempre.
Eso lo entiendo.
Limpio mi cuchillo de filete en mis vaqueros y lo envuelvo, luego agarro
las dos gruesas lonjas de carne y me dirijo a mi bote. El viejo Rampage de
cuarenta y un pies, que me da el espacio suficiente para dormir y comer. No
es nada lujoso, pertenecía a mi tío Cal antes de que me lo entregara como
agradecimiento por asumir la administración de su propiedad en Sunset
Cliffs.
Un lugar gratuito para quedarme, las tarifas de resguardo son
asequibles, gano un dinero decente vendiendo mi pesca en el mercado de
pescado, además del pequeño porcentaje que obtengo por administrar las
cabañas, es la vida perfecta para un tipo como yo.
Tranquilo.
Aislado.
Y el barco proporciona un escape fácil cuando lo necesito.
Saco una pequeña parrilla de carbón y enciendo las brasas, luego entro
para ver qué tengo en el refrigerador. Lo bueno de vender mi pesca en el
mercado de pescado es que también puedo comerciar. Ensalada de col
fresca, ensalada de papas, ensalada de pasta, casi cualquier cosa. Agarro
una cerveza fría y abro la tapa, luego enciendo la radio y salgo para ver la
puesta de sol.
Jenkins se tambalea por el muelle hacia mí, con una botella de ginebra
barata en las manos y un balanceo como si hubiera estado viviendo en el
agua tanto tiempo que tiene perpetuas piernas de mar.
Abro el pestillo de la puerta trasera para dejarlo subir a bordo, pero me
aparta, empujando y murmurando una serie de blasfemias.
Se dirige directamente al interior para servirse una bebida y yo me dejo
caer en un acolchado asiento de vinilo que está desgastado y rasgado en los
bordes.
Cuando regresa, se sienta en la popa y ambos vemos lo que queda del
sol. Un destello de ansiedad hace tictac detrás de mis costillas. El atardecer
es la calma antes de la tormenta, o al menos solía serlo. Ahí es donde ayuda
el alcohol. Amortigua la carrera en mi pulso y domestica mis pensamientos.
42
Cierro los ojos con los dedos, con la esperanza de hacer retroceder el
ataque que se avecina, y trago el resto de mi cerveza en grandes sorbos.
—¿Estás pensando en ellos? —Jenkins es la única persona que conoce
la mierda que pasa por mi cabeza en un carrete sin fin.
Los venenosos pensamientos se acumulan con el tiempo y si no los
escupo, eventualmente me matarán. Casi lo han hecho antes.
—No puedes hacer nada con esos chicos. Hicieron su elección.
Debería haber sido yo.
Gruño para hacerle saber que lo escucho, incluso si no estoy
totalmente de acuerdo.
—Voy a tomar otra cerveza. —Me empujo para ponerme de pie—.
¿Necesito alguna cosa?
Da un sorbo de ginebra a modo de respuesta.
Una vez dentro, apoyo mis manos en la encimera, respirando a través
de la molestia que siento por mi debilidad. Nunca sé qué provoca que los
pensamientos se transformen en pánico, cómo puedo pasar de ver la puesta
de sol a ver los mutilados cuerpos de mis hermanos y la creciente ansiedad
que me hace temblar las manos y doler el pecho.
Tres meses he estado fuera. Parece imposible, pero el terror y la
paranoia son cada vez más frecuentes.
Tomo otra cerveza fría, abro la tapa y bebo la mitad cuando la carcajada
de Jenkins se filtra por la puerta abierta.
—Colt, saca tu trasero aquí, tienes que ver esto.
Cruzo la habitación hacia la cubierta trasera esperando ver a Morfeo
sacando a escondidas peces del tanque de cebo. Jenkins señala hacia el
muelle y me congelo al verlo.
Una mujer.
Oigan, he visto mi parte justa, la mayoría en varias escenarios de
desnudez incluso, pero esta mujer en particular tiene mis labios tirando
hacia arriba a cada lado.
—¿Qué está haciendo?
Él se ríe y el sonido se convierte en tos.
—Está tratando atravesar la puerta para abrirla.
43
Hay una puerta cerrada en la parte superior del muelle para que solo
los residentes y los propietarios de botes puedan ingresar con un código.
Pero en el interior hay un botón que abre la cerradura al salir, y aunque la
cosa está a un buen metro de la puerta, no impide que esta mujer pase el
brazo por los postes metálicos hasta el hombro.
—Diez dólares a que entra.
—Estúpida apuesta, viejo, no hay forma de que lo consiga. —Le
estrecho la mano y vemos con diversión como se niega a darse por vencida—
. Se dislocará el hombro si no tiene cuidado.
Él jadea y ríe.
—Vaya, ahora tiene un palo.
—¿Qué diablos está haciendo con eso?
Esto es lo más entretenido que he tenido desde que Jenkins intentó
convertir a las gaviotas en aves mensajeras usando sardinas vivas como
golosinas.
¿Quién es esta dama y qué quiere tanto en este muelle que está
dispuesta a ser una idiota para conseguirlo?
Tal vez sea representante de una de las grandes empresas de yates.
Siempre contratan mujeres jóvenes y hermosas que no distinguen el trasero
de sus pechos cuando se trata de barcos, pero a los ricos les importa una
mierda. Comprarán cualquier cosa, desde una cara bonita a un cuerpo sexy
que los lama. Pero esta chica carece de la confianza de una corredora de
yates. Y ahora que miro con más atención... No, puede que lleve vestido,
pero el alto escote no muestra ni un gramo de escote y la falda casi le toca
las espinillas. ¿Quizás trabaja para el banco? Mi sonrisa cae. Joder, esto
podría tratarse sobre la propiedad de Cal.
Ahora realmente espero que no lo consiga.
—Aquí viene Macky. —Jenkins extiende su vieja mano arrugada y abre
sus nudosos dedos tanto como le permiten, que no es mucho—. Me debes
diez.
Me burlo cuando Macky, el pervertido, abre la puerta para la mujer
como si fuera un maldito portero de la mansión Playboy. Ella le dice algo y
no me pierdo cómo ve su culo cuando pasa por la puerta. En la parte inferior 44
de la inclinada tabla, ella dice algo que llama su atención.
Con la cadera apoyada en el borde del bote, miro con horror cómo él
asiente y me señala directamente. Mierda.
Sus labios se mueven y sonríe, luego ella se dirige hacia nosotros.
—Viene aquí, Colt. —Hay humor en la voz del anciano—. Vaya, sin
embargo, no es demasiado firme con esos zapatos. —Se ríe de nuevo, tose y
se ríe un poco más.
Me reiría de ella avanzando pesadamente por el muelle porque tiene
razón, ella está lejos de ser estable y parece completamente fuera de lugar,
pero la sangre en mis venas se está calentando con la entrante amenaza.
Sus ojos se entrecierran en la parte trasera de mi bote y el disgusto
arruga su nariz. Luego levanta la mirada hacia la bandera estadounidense
hecha jirones que ondea sobre mi cabeza.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, cariño?
Me fulmina con la mirada cuando la llamo por un apodo cariñoso, lo
que me hace sonreír.
—¿Nauti Nancy?
—¿No te gusta el nombre de mi barco?
—¿Por qué los barcos siempre llevan nombres de mujeres?
—Porque están dirigidos por hombres.
Ella jadea y Jenkins tose en su ginebra.
—¿Es el sobrino del señor Hurtado?
Me sobresalto ante la mención de mi tío, sabiendo que debe ser del
banco.
—Depende. ¿Quién diablos eres?
Ella se lame un par de labios perfectamente gordos y mira mi cuello,
pestañas oscuras y abundantes se extienden contra la piel pálida salpicada
de pecas.
—Soy... —Se aclara la garganta y levanta la barbilla—. Soy Celia
Forrester.
Celia Forrester.
Conozco ese nombre. 45
Todos mis músculos liberan su tensión.
—Vives en el número cuatro.
No lo hubiera pensado posible pero sus ojos se ensanchan aún más.
—Sí, número cuatro.
—Estás de vuelta en la ciudad.
—Sí. —Se aclara la garganta y sus ojos se posan en mi pecho—. Se
suponía que la llave estaba debajo de una olla…
—Le cambiaron las cerraduras después del robo.
Esos grandes orbes vuelven a mi cara.
—¿Robo?
—Sí, te dejé un mensaje al respecto, pero tu buzón de voz decía que
estabas volando en parapente en Nueva Zelanda.
Ella se muerde el grueso labio inferior y luego asiente.
—¿Puedes darme la... espera, me dejaste un mensaje?
—Eso es lo que dije. Mierda, mujer, esto no es ciencia espacial. —Me
río y tomo un trago de mi cerveza—. Eres Celia Forrester.
—Soy Celia.
¿Es jodidamente verdad?
—¿Tienes un problema con las drogas, pecas?
Ella se encoge.
—¡No! No tengo problemas con las drogas. ¿Como me llamaste?
—Jesús, ustedes dos —murmura Jenkins y sorbe su ginebra—. Incluso
yo sé quién eres, cariño. Cal tiene una foto de ustedes dos adentro.
Quiero patear a Jenkins por compartir ese dato. Debería haberle
enviado la foto a Cal junto con su viejo reloj y el sombrero de la suerte que
dejó, pero no quería deshacerme de él. No es solo porque la foto es de mi tío
sonriendo más grande de lo que nunca he visto con mis propios ojos, sino
también por la mujer de la foto. El viento agita todo su largo cabello, la
bronceada piel por el sol que resalta las pecas en su nariz y hombros, y el
tipo de sonrisa que me recuerda por qué peleé duro por este país. Para
proteger el tipo de despreocupada belleza de esa foto. 46
Pero viéndola ahora, nunca la habría reconocido como la mujer de la
foto. Atrás quedó esa relajada y alegre sonrisa. Seguro que todavía es guapa,
pero de una manera más tensa. Su cabello es mucho más corto, solo le toca
los hombros, pero igual de salvaje, y su lenguaje corporal parece... estreñido.
—Todo lo que necesito es una llave y estaré fuera de tu cabello.
—Bueno, vamos. —Muevo la cabeza para que suba a bordo.
Se acerca al bote y como si hubiera olvidado que está sobre el agua, su
cuerpo se bloquea y se balancea hacia atrás.
—Oh... —Estudia el espacio entre el muelle y la plataforma en la parte
trasera—. Cómo tú…
—Aquí. —Extiendo mi mano y la mira como si fuera un pez muerto.
Todavía hay algo de sangre y escamas debajo de mis uñas por limpiar el
dorado—. No voy a morderte.
Me da una mirada apagada.
—Quítate esos malditos zapatos. —Jenkins señala sus pies con su
bebida en la mano—. Si algo te mojará aquí, son los tacones altos.
Ella se quita los zapatos y las uñas de los pies están pintadas de un
tono tan claro que combina con el color de sus pálidos pies. Alcanza mi
mano y se siente tan pequeña en mi palma. La subo a bordo con más fuerza
de la que esperaba y se estrella contra mi pecho. Mueve la cabeza hacia
atrás para mirarme y me ataca con toda la fuerza de sus ojos verdes. Amplia,
un poco asustada y jodidamente hermosa. Sus carnosos labios se abren y
el viento le arroja el cabello en su cara.
No intento dar un paso atrás, la veo y espero su reacción, porque poner
nerviosa a esta chica es muy entretenido.
Como si pudiera leer mi mente, sus ojos se entrecierran y se mueve
fuera de mis brazos y arruga la nariz.
—¿Qué es ese olor?
—Eso, pecas, es el olor a tripa de pescado y a un duro día de trabajo.
Pellizca su nariz entre los dedos.
Asiento hacia la parrilla, tratando de no sonreír.
—¿Tienes hambre? Tenemos mucho.
—Oh, Dios, no. —Parece darse cuenta de que ha sido tan franca y se
47
quita la mano de la cara—. Quiero decir, gracias, pero estoy bien.
—¿Estás segura? —Jenkins sonríe ampliamente mostrando sus seis
dientes—. Aquí Colt asa un buen filete.
Ella frunce el ceño y se lleva la palma de la mano al estómago.
—Oh... sí, no, de verdad, no puedo.
—¿Por qué no? —Realmente no me importa, pero sigo sonriendo porque
me gusta verla pelear por una excusa.
—Yo... —Levanta la barbilla—. Soy vegetariana.
—¿En serio?
—Nadie puede vivir de plantas. —Jenkins recorre con su ojo claro el
cuerpo de Celia de arriba abajo—. Una mujer necesita proteínas para hacer
crecer a sus bebés.
—Tiene razón. —Apoyándome en el estabilizador, me encojo de
hombros—. No puedes hacer bebés sin comer algo de carne. —Le hago un
guiño.
Sus ojos se agrandan y un rubor se apodera de su piel.
—Si pudiera conseguir la llave, dejaré que ustedes dos regresen... a lo
que sea que estén haciendo.
—Haz lo que quieras. —Me dirijo a la cabina y el suave sonido de sus
pies pisando el suelo me sigue.
Así que esta es la inquilina favorita de mi tío Cal, Celia Forrester.
Es gracioso... no sé qué esperaba cuando finalmente conociera a la
mujer, pero sé que esta chica adorable no lo era.
SAWYER
¿Qué tiene California que hace volverse a los hombres más atractivos?
Esperaba que el sobrino de Cal fuera, no sé, menos consumidor. Este
chico ocupa espacio y eso tiene muy poco que ver con su tamaño. Su
arrogante sonrisa y su confiado comportamiento parecen absorber todo el 48
aire en la atmósfera.
Afortunadamente, es una especie de idiota, así que no es difícil apartar
los ojos de la forma en que su camiseta azul pálido abraza su ancho pecho.
Al igual que Brice, Aden es bronceado, pero de una forma menos pulida que
grita por los largos días al aire libre. Mi objetivo es mantener la mirada en
el suelo, pero como un imán mis ojos se dirigen hacia su abdomen hasta
una estrecha cintura y gruesos y musculosos muslos encerrados en
descoloridos, gastados vaqueros en algunas partes y salpicados con lo que
parece sangre. Me sacudo de una fantasía que me involucra a mí, esos
vaqueros, una botella de agua oxigenada y mi barra antimanchas. Muevo la
mirada para evitar ver, solo para descubrir que lleva chanclas de cuero
marrón e incluso sus pies son atractivos. Mi estómago está inquieto, dando
vueltas y tropezando sobre sí mismo. En lugar de una moneda de veinticinco
centavos para ayudarme a fingir a Celia, creo que una botella de Pepto
hubiera sido más útil.
Me arrojan una foto enmarcada a la cara y, como estoy mirando al
suelo, el movimiento me asusta. El marco no es nada elegante, como el que
obtendrías en una farmacia, y la foto es de dos personas. Es Celia. Está
sonriendo, su cabello ondea alrededor de esa contagiosa sonrisa, la felicidad
de una mujer chupando la médula de la vida. Está sentada con las piernas
cruzadas en la playa junto a un hombre con un sombrero de ala ancha y
largo cabello gris. Ese debe ser Calvin Hurtado. Hay un cubo entre ellos y
ambos tienen algo en sus manos. Rocas o...
—Ostras. —Aden asiente a la foto.
—Sé eso. —Uf, soy una horrible mentirosa. Internamente maldigo a mi
hermana por pedirme que haga esto.
Él sonríe, sexy y torcido, y enmarcado en un día de crecimiento de
barba. Es entonces cuando me doy cuenta de que ahora, estando tan cerca,
uno de sus dientes frontales está un poco torcido, lo que agrega algo juvenil
a su ya guapo rostro.
—Supongo que lo vegetariano es más una preferencia selectiva, ¿eh?
—Sí, bueno... los mariscos no cuentan. —Maldita sea, sueno como una
idiota. ¿Por qué dije que era vegetariana? Estúpido, Sawyer. Celia siempre
ha sido aventurera y eso incluye lo que come.
Este tipo es desconcertante. 49
—Si tú lo dices. —Sacude la cabeza y se vuelve. Dejo la foto y lo sigo
hasta la parte trasera de la pequeña cabina.
El espacio habitable dentro del barco es pequeño, estrecho como un
apartamento tipo estudio donde la cama grande, la sala de estar y la cocina
comparten el mismo espacio. No hay nada a modo de decoración, excepto
una bandera estadounidense que se extiende por una pared y está sujeta
con chinchetas. Una cama deshecha y un genérico sofá básico de dos plazas
a cuadros completan la decoración. Claramente, el sobrino de Cal no tiene
novia ni esposa, ya que el lugar apesta a soltería. Hay muy poco que apunte
a toques personales, algunas sucias gorras de béisbol, ropa en el piso y la
mesa de la cocina está cubierta con lo que parece ser una correspondencia,
tanto abierta como sellada. ¿Cómo puede soportar vivir en esta
desorganización?
—¿Ves algo que no te guste?
Mis mejillas se encienden y me acerco a la mesa mientras él busca en
un solo cajón.
—No es mi intención mirar; es solo que nunca había estado dentro de
un barco... Lo siento, no sé tu nombre.
—Aden. —Me ve con esos deslumbrantes ojos color chocolate—. La
mayoría de la gente me llama Colt
—¿Colt, como... en un caballo bebé?
Vuelve a buscar en el cajón.
—Sí, o Colt como mi apellido.
—Oh.
Las oscuras y gruesas cejas caen sobre esos ojos mientras busca en el
cajón que está lleno de un montón de cosas al azar: bolígrafos, clips,
pequeñas herramientas. Con solo verlo, mis palmas se mueren de ganas de
organizarlo. Hacer divisores que podría deslizar en ese cajón y tener un
espacio designado para todo. De esa manera, cuando necesite un clip o una
liga, estaría allí con sus amigos en su propio pequeño compartimento.
—Cal dijo que pagaste hasta diciembre. —Saca un juego de llaves, las
revisa y luego las arroja de nuevo.
¿Diciembre? Eso significa que Celia pagó el alquiler de un año por 50
adelantado. Hago una nota mental para preguntarle sobre eso más tarde.
—No me quedaré hasta diciembre. De hecho, supongo que ahora es un
momento tan bueno como cualquier otro. Estaré mud…
—¿Qué estás haciendo? —Su mirada se centra en mis manos.
Miro hacia abajo y me doy cuenta de que he comenzado a organizar el
correo en tres pilas separadas: una para los sobres sin abrir, otra para los
abiertos y otra para la basura.
—Estoy... —Organizando—. Nada. —Desacomodo las pilas y susurro—
: Lo siento.
Me mira durante unos segundos más, luego vuelve a su búsqueda.
—Aquí están. —Me lanza las llaves solo para que me golpeen en el
pecho y caigan sobre la mesa a la altura de mi vientre. Sus ojos se posan en
mi pecho—. Siento eso. Pensé que las atraparías...
—Está bien. —Las recojo de la mesa y cruzo los brazos sobre mis
pechos para que sus ojos vuelvan a mirarme a la cara.
Funciona y su mirada se desliza hacia la mía, no sin antes demorarse
un segundo demasiado en mis labios. Contengo un escalofrío.
—¿Para qué es esta gran llave?
—Para tu auto.
—¿Tengo un auto?
Él entrecierra los ojos.
—Quiero decir, por supuesto. Mi auto. Yo solo... Ha pasado tanto
tiempo desde que conduje mi auto, entonces... —Dios, ¿esta habitación se
está volviendo aún más pequeña? Busco desesperadamente un cambio de
tema—. ¿Mencionaste un robo?
—Sí, te dejé un mensaje.
—Bien, pero um... —Muerdo mi labio, luego me aclaro la garganta—.
¿Se presentó un informe policial?
Mi pregunta parece irritarlo a juzgar por la firmeza de su mandíbula.
—Por supuesto.
—¿Eso pasa allí a menudo? 51
Bebe el resto de su cerveza y eructa, pareciendo amar la forma en que
retrocedo cuando lo hace.
—Bueno, pecas, si estás preguntando si a la gente le roban mierda por
aquí, la respuesta sería sí, pero solo a idiotas que no recuerdan cerrar con
llave sus motos o dejar sus billeteras en el asiento delantero de su auto.
Palidezco ante su condescendiente tono.
—¿Estás insinuando que soy una... idiota?
Él se encoge de hombros y su mirada se endurece.
—No, tu puerta estaba cerrada. Entraron por la ventana.
—¿Los ladrones obtuvieron algo de valor?
—No que tuvieran encima.
—¿Las autoridades...
—¿Siempre hablas así?
Pongo una mano en mi cadera y aunque pelear con un chico sexy no
es algo que Celia haría, lo hago de todos modos.
—¿Qué hay de malo en mi forma de hablar?
—¿Cuántas preguntas más tienes en esa linda cabeza tuya?
Mi boca se cierra, mi mente se queda en blanco.
Me llamó bonita.
Soy la gemela que recibe cumplidos por el color de mis ojos o mis
puntajes en el SAT. Soy la dedicada, la que conseguiría un trabajo decente,
la empleada del mes, pero nunca he sido llamada bonita. Celia y yo somos
idénticas, pero ninguna de las dos tiene un aspecto espectacular. Nuestros
ojos son demasiado grandes, nuestros labios demasiado llenos. Pero Celia
tiene las habilidades en aplicación de maquillaje de nivel experto para
acentuar sus cotidianos rasgos y transformarlos para que sean dignos de
una bomba. ¿Yo? Aparte del corrector para cubrir mis pecas, soy una chica
de rubor y rímel. Cabello romo hasta los hombros porque es más fácil de
manejar, y mis mejores rasgos se pierden dentro de mi régimen de belleza
de bajo rendimiento.
Abro la boca para decir solo eso, pero luego recuerdo que cree que soy
Celia y vuelvo a cerrarla de golpe.
—Eso está mejor. —Lanza su cerveza vacía y se eleva unos buenos
52
treinta centímetros antes de aterrizar en la basura—. ¿Hay algo más en lo
que pueda ayudarte?
—No —le susurro.
—Bien, bueno, si no te importa, yo y mi apestoso trasero desorganizado
estamos listos para echar un poco de pescado a la parrilla y
emborracharnos.
¿Qué le pasa a este chico? ¿Quizás aparecer en su barco es una especie
de ofensa marítima?
Lo sigo y el sol ha desaparecido por completo y ha dejado una pizca de
estrellas en su lugar. Paso al hombre encorvado con el ojo raro y lo saludo
con el dedo rápidamente.
—Un placer conocerlo.
—Ten cuidado ahora. —Intenta levantarse y ayudarme a bajar del bote,
pero una severa mirada de Aden lo vuelve a sentar con un gruñido.
—Te acompañaré hasta la puerta. —Aden se baja del barco y se dirige
al muelle como si no hubiera algunos centímetros de agua que los separara.
Me ofrece su mano, lo cual es sorprendente después de nuestra acalorada
interacción en el interior.
La tomo y contengo la respiración mientras me alejo, asegurándome
esta vez evitar chocar con su gran cuerpo.
—Gracias, pero lo tengo desde aquí. —Vuelvo a ponerme los zapatos.
—Te acompaño a la puerta —gruñe, y de nuevo me pregunto cómo hago
enojar tan fácilmente a este tipo.
Lo sigo, tratando de no ver la forma en que los músculos de sus
hombros se agrupan bajo la fina tela de su camiseta, o la forma en que sus
bíceps estiran la manga. Presiona un botón en la puerta, que libera la
cerradura y la abre.
Después de caminar, le agradezco, pero permanece en su lugar.
—Ahora estoy bien. Tengo un Uber esperando.
No era necesario señalar el auto porque cuando veo hacia Aden lo está
mirando fijamente.
—¿Viniste en eso?
—Sí.
53
Parpadea y parece sacudirse algo.
—Cuídate, Celia.
Me estremezco cuando me llama por el nombre de mi hermana, luego
asiento y me escabullo antes de decir algo más que lo moleste. O peor aún,
derramar la verdad.
No soy Celia, y necesito empacar y tomar un avión a Phoenix antes de
que me equivoque más de lo que ya lo hice.
ADEN
—Te lo digo, la cosa tenía que pesar cerca de cuatrocientos cincuenta
kilos. ¡Mi línea se rompió con tanta fuerza que el retroceso arrojó mi pértiga
a doce metros! —La retumbante voz de Avery ahoga el filtro de rock clásico
de los altavoces de la máquina de discos.
—Tonterías —murmuro en mi vaso de whisky mientras el marinero a
mi derecha continúa con su historia de pescado.
Otros intervienen, haciendo de esta otra noche típica en la oficina.
Demasiados penes en una habitación hacen que se hable mucho de mierda.
El bar de buceo está justo en el puerto deportivo, por lo que no tengo
que preocuparme por que se agregue un DUI a mi ya creciente registro con
el SDPD. Miro las viejas fotos en blanco y negro detrás de la barra, imágenes
tomadas cuando los portugueses dominaban la industria de la pesca de
atún aquí hace más de cien años. Este bar fue construido como un lugar de
reunión para los hombres cuando llegaban al puerto. No ha cambiado nada.
Discutiría que el lugar huele peor ahora que en ese entonces, pero hace el
trabajo que se supone que debe hacer. Sin ventanas, sin adornos, solo una
pared de alcohol y un lugar para sentarse.
En los últimos meses me he convertido en un habitual y no importa
cuándo me presente, por la mañana, al mediodía o por la noche, mi asiento
que está contra la pared al final de la barra siempre está vacío y esperando
como un viejo amigo, que es exactamente lo que necesitaba esta noche.
—¡Colt, recuerdas cuando atrapé ese marlín! —Saliva sale de la boca 54
de Avery arrastrando las palabras—. Pregúntale a Colt, él estuvo allí.
No contesto porque todo es una mierda. Ese marlín pesaba cien kilos,
pero dejaré que el imbécil tenga su momento.
Me doy cuenta de que cuando estoy en este tipo de estado de ánimo es
mejor mantener la boca cerrada.
Después de acompañar a Celia hasta la puerta, sentí picazón, como si
cangrejos de arena se escondieran debajo de mi piel. La leve confrontación
con ella provocó un nerviosismo que no puedo evitar. Cuando regresé a mi
barco, aún podía percibir el persistente olor de su perfume o lo que fuera
que pudiera oler en su piel y, por alguna jodida razón, me inquietó. Ni cerca
de estar listos para llegar a las sábanas, Jenkins y yo decidimos pasar por
la Oficina por un poco de ayuda para dormir.
Nick, el barman y dueño, desliza otro vaso de líquido ámbar frente a mí
y asentí en agradecimiento.
—De ninguna manera atrapaste nada de cientos de kilos con ese cebo
de mierda. —Jenkins toma su bebida y Avery lo ve.
—¿Mierda de cebo? ¿De qué carajos estás hablando, viejo?
Van y vienen y la discusión se vuelve estática mientras el licor corre
por mis venas y adormece casi todo.
Sintiendo ojos sobre mí, miro al otro lado de la barra y me fijo en una
sonrisa familiar.
Sydney.
Levanto mi copa y ella lo toma como una invitación mientras deja su
bandeja en la barra y se dirige hacia mí.
Ojalá pudiera decir que su presencia hacía que mi pulso se acelerara
como solía hacerlo. Cuando la conocí, esperaba con ansias que su turno
terminara para poder llevarla de regreso a mi bote. Con el tiempo, perdí el
gusto por muchas cosas y, a pesar de lo divertido que ha sido ella, empiezo
a aburrirme con todo.
—Hola, Colt. —Se apoya contra la pared a mi lado.
Giro la cabeza, pero mis codos permanecen firmemente plantados en la
barra. 55
—Syd, ¿cómo te va?
Ella se encoge de hombros, sus ojos escanean la pequeña barra.
—Eh... ha sido una noche lenta. Creo que Nick me cortará pronto.
Sydney es una buena chica. Me enteré de que ha tenido una vida difícil
y, a los treinta años, es lo que llamo una camarera de carrera. Es hermosa,
cabello largo y oscuro que besa su espalda baja y ojos marrones en forma
de almendra que harían que cualquier hombre añorara el dormitorio.
Es la diversión perfecta y me avergüenza decir que la he usado para
eso más veces de las que me enorgullece admitir.
—¿En serio? —Me vuelvo más hacia ella, mis rodillas se abren y sus
ojos se posan en mi entrepierna. Sí, me lo imaginé.
La cosa es que, por mucho que haya utilizado a Sydney, ella también
me ha utilizado. Es un acuerdo tácito que tenemos que ha funcionado bien.
—¿Te apetece pasar el rato? —No hay expectativa, no hay expresión de
esperanza, siempre ha sido fácil entre nosotros, como preguntarle a alguien
si quiere ir a ver una película.
Aunque, no habrá película, ni nada encantador o necesidad de
seducción. Solo sexo. Cuando no le respondo de inmediato, continúa.
—Tal vez cuando me vaya podríamos tomar un par de tragos aquí y
luego regresar a tu bote.
—Hazlo rápido. —Asiento a mi bebida—. Pocos más de estos y no te
seré de mucha utilidad.
Sonríe y siento un cosquilleo entre mis piernas. Ah-ha, no totalmente
entumecido... todavía.
—Entonces, nada de bebidas. —Vuelve corriendo a su puesto al otro
lado de la barra y habla con Nick.
Jenkins murmura algo a mi lado.
—¿Tienes algo que decir? —Doy un buen trago de whisky de nuevo.
Me mira con su ojo bueno y luego niega.
—Eres un tonto, Colt.
Tomo el resto de mi bebida y saco uno de veinte de mi billetera.
—Dime algo que no sepa, imbécil. 56
Me levanto de mi taburete y me acerco a la puerta donde Sydney espera.
Poniendo mi brazo sobre su hombro, empujo la puerta y me inclino hacia
su oído.
—Eres demasiado buena para mí.
Su brazo envuelve mi espalda baja.
—Tú no estás tan mal, Colt.
Qué broma.
Si supiera.
4
SAWYER
E
s demasiado temprano para estar despierta.
Tumbada en el sofá de Celia mirando por la ventana, el
océano es apenas visible a través de una espesa capa de niebla
que se formó en algún momento en medio de la noche. Al
menos está saliendo el sol, lo que significa no más pelear con el sueño
mientras organizo mis listas de tareas pendientes en mi cabeza.
Después de subir al Uber en el puerto deportivo anoche, el chofer me
llevó a una tienda de comestibles cercana para recoger algunas cosas.
Estaba oscuro cuando volví a casa de Celia, y cuando abrí la puerta me
57
golpeó el hedor excesivamente dulce y acre de la comida podrida. El
interruptor de la luz no funcionaba, así que busqué a tientas en la cocina
usando la linterna de mi teléfono y encontré algunos cerillos y velas. El
momento perfecto también, porque poco después de encender la última vela,
mi teléfono se apagó. Sin electricidad, me las arreglé para limpiar el desastre
podrido en el refrigerador y tirarlo al basurero de la parte de atrás.
La habitación era aún más oscura y estaba cargada y caliente por estar
encerrada durante meses, así que arrastré mi cansado cuerpo a la sala de
estar. Abrir todas las ventanas ayudó a ventilar el estancado espacio, e
incluso con el rítmico estruendo de las olas que se filtraban a través de las
pantallas, no pude hacer más que quedarme dormida unas cuantas veces.
Pateo la manta de mis piernas y me empujo para sentarme, con la
espalda rígida por el delgado cojín del sofá con estructura de bambú. Me
estiro, me froto los ojos y parpadeo hasta que mi visión se aclara. Examino
mi entorno hasta que finalmente puedo ver la habitación a la luz.
Es un poco más del doble del tamaño del espacio habitable de Aden en
su bote, pero a diferencia del lugar de Aden, cada centímetro cuadrado de
la casa de Celia está cubierto de toques personales. Las paredes están
pintadas en un pálido coral y cualquier obra de arte que tiene es claramente
de la variedad hecha a mano, todas abstractas y coloridas. Hay un par de
altas estanterías para libros, una pequeña mesa con sillas que no combinan
con capacidad para solo dos y un puñado de artículos que parece que
recogió de sus viajes. Un palo de lluvia nativo americano, bongos y un jarrón
de aspecto moderno que debe tener poco más de un metro de alto. Es mucho
para el modesto espacio, lo que me hace sentir apretada y ansiosa. Necesito
organizarme.
Lo primero es lo primero, necesito garabatear mi lista de tareas
pendientes. Me duelen un poco las piernas cuando me pongo de pie y me
siento como una mujer de noventa años cuando camino a la cocina para
buscar algo sobre lo que escribir. Una pequeña libreta de papel en forma de
girasol está en la encimera y saco un bolígrafo de mi bolso.
Hacer listas siempre logra llevarme de vuelta al centro. Para
concentrarme en la tarea que tengo entre manos, las cosas que puedo
controlar.
La electricidad ocupa el primer lugar. Tal vez pueda conducir hasta la 58
ciudad y encontrar un electricista...
El movimiento del exterior me llama la atención. Entrecierro los ojos a
través de la niebla cada vez más tenue para ver a un hombre bien formado,
sin camisa y con la gorra al revés, que se aleja corriendo de las cabañas.
Supongo que puedo ver por qué este lugar atrajo a Celia; la vista no solo es
buena, es espectacular.
ADEN
El cielo está finalmente iluminado cuando llegué a Sunset Cliffs. No es
mi ruta habitual, pero es más larga que la pista de correr que tomo junto al
puerto deportivo.
Después de despertarme con el sonido de una pequeña ronda de fuego
todavía apareciendo en mi cabeza, necesitaba moverme y no podía alejarme
lo suficiente de la culpa. Ese dolor en la parte posterior de mi garganta y la
opresión en mi pecho no cedía.
Las suelas de mis zapatos para correr chillan a lo largo de la piedra
arenisca mientras NOFX explota en mis oídos. Me concentro en las palabras
y el ritmo constante de mis pasos, mis músculos cálidos y suaves y al borde
del agotamiento. El surfista o el corredor ocasional me llaman la atención y
me recuerdan que el clima más cálido del verano llenará las playas hoy.
Mejor me muevo como la mierda y me subo al barco y salgo al mar abierto.
Las multitudes me ponen jodidamente ansioso.
Una valla de tela metálica se cierne más adelante, e instintivamente
reduzco el paso sin darme cuenta de lo lejos que había corrido. No he estado
en ese lugar desde el día en que la ciudad colocó la barrera protectora, sin
querer que nunca me recordaran lo que sucedió allí o lo bajo que me había
hundido.
Le doy la espalda y miro al norte hacia la ciudad, el sol comienza a
brillar en las colinas de La Jolla y quema lo que queda de la capa marina.
La brisa del océano refresca mi sudorosa piel y apoyo las manos en las
caderas para recuperar el aliento.
¿Fue solo hace unos meses que me paré en esta misma posición en un
lugar muy diferente? Todavía puedo sentir el peso de mi IBA sobre mis
59
hombros y mi M4 en mis manos. Como si fuera una señal, un motor a
reacción ruge sobre mi cabeza, el primer vuelo que sale del aeropuerto de
San Diego. Subo mi música para ahogar el sonido, pero joder, es como si
pudiera sentir la vibración bajo mis pies.
Mis palmas sudan y mi pulso se acelera dentro de mis venas. No, es
demasiado pronto para esta mierda. Me libero del impulso de estudiar mi
entorno, de analizar a los surfistas de pie viendo las olas, o al hombre solo
que pasea a su perro.
Déjalo ir, Aden.
Corro de regreso a las cabañas, manteniendo mi concentración en el
océano como un recordatorio para mi cerebro y mi cuerpo de que ya no estoy
rodeado de montañas y pueblos que camuflan al enemigo. Que estoy tan
lejos de la guerra como posiblemente podría estar, y lo más importante, que
nadie quiere matarme.
Empujando mis músculos al extremo, espero golpear mi corazón con
fuerza para que el esfuerzo supere mis miedos. Funciona, y cuando la hilera
de ocho cabañas en la playa aparece a la vista, estoy jadeando por aire, pero
respiro mucho más fácilmente.
Tomo el camino de cemento que conduce al antiguo lugar de Cal y me
concentro en mi respiración para no desmayarme. Sintiendo una presencia
a mi izquierda, mis ojos se agrandan bruscamente. Celia está de pie en su
porche, con una mano en la barandilla, con esos mismos ojos expresivos
dirigidos hacia mí.
Saco mis auriculares y la estudio. Hay oscuros círculos debajo de sus
ojos y todo ese espeso cabello está amontonado en la parte superior de su
cabeza. Esas pecas que vi anoche se intensifican a la luz del día y mientras
nerviosamente busca a tientas la parte delantera de su camiseta gran
tamaño, baja el amplio escote lo suficiente como para ver que más de esas
pecas desaparecen entre su escote.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Hago un gesto hacia la casa de Cal con un movimiento de cabeza.
—Trabajo aquí
—No llevas camisa. 60
La comisura de mi boca se levanta.
—No, fui a correr. —Como si mi sudorosa piel empapada no lo hiciera
tan obvio—. ¿Estás bien?
Parpadea y la conmoción desaparece de su expresión.
—Sí.
Me acerco unos pasos, no convencido.
—¿Por qué te ves asustada?
Parpadea de nuevo y luego se relaja visiblemente, pero algo en la forma
en que lo hace parece forzado, como si alguien detrás de ella presionara sus
hombros hacia abajo desde sus orejas.
—No tengo electricidad. Probablemente no pagué la factura.
—No, la electricidad está incluida. —Esperaría que lo supiera—.
Podrían ser los fusibles. Lo comprobaré.
Doy la vuelta a la esquina de su casa hacia la parte de atrás, donde
está la caja de fusibles. El suave sonido de chancletas resuena detrás de mí,
y corre a mi lado.
Abro la oxidada tapa.
—Estas cajas son viejas y el maldito aire salado no les hace ningún
favor.
—¿Deberías reemplazarlas por otras nuevas? —Puedo sentir su calor a
mi lado y con las endorfinas llenando mi torrente sanguíneo, su cercanía
está haciéndole cosas perversas en mi cuerpo. No es que sea un pervertido,
solo que siempre soy consciente de lo que me rodea, de los riesgos laborales,
y algo me dice que la adorable Celia está sin sostén y posiblemente sin
bragas.
¡Vamos, Aden! No todo es maldito porno.
—Sí. Pero son caras y Cal se niega a subir el alquiler. —Palmeo los
circuitos rotos y asiento a su Volkswagen Thing naranja brillante que está
estacionado junto a los contenedores de basura y necesita
desesperadamente un lavado—. ¿Revisaste para ver si enciende?
—¿Qué? —Sigue mi línea de visión y sus labios se curvan en lo que
parece disgusto—. Ese es... mi auto.
61
—Cal solía ponerlo en marcha varias veces al mes, supongo. —Froto la
parte de atrás de mi cuello, sintiéndome como un cara de mierda. Me pidió
que hiciera lo mismo, pero nunca lo hice—. La batería podría estar agotada.
—Excelente. —Sus dedos golpean casi con impaciencia su muslo
desnudo y me atrae lo blanca que es su piel. No veo mucha piel pálida aquí
en la costa, nunca hubiera pensado incluso sentirme atraído por el color de
aspecto enfermizo, pero tengo una necesidad abrumadora de tocarla y ver
si se siente tan suave como parece.
Sus dedos forman un puño y me doy cuenta de que probablemente sea
porque los estoy viendo fijamente. Deslizo mi mirada de nuevo a sus ojos y,
efectivamente, están descansando incómodos sobre mí.
—Iré a buscar esos nuevos fusibles, te ayudaré.
Tal vez tome una ducha fría y compruebe la realidad mientras estoy en
ello.
SAWYER
Nunca he sido el tipo de mujer que se desmaya. Siempre lo he
encontrado mezquino y reservado para las mujeres que no piensan con sus
cabezas sino más bien con sus hormonas. Pero al estar cerca de un Aden
sudoroso y sin camiseta, no me sorprendería tener esos corazones de
dibujos animados palpitando en mis ojos. Y odio el sudor. Siempre me da
asco, pero dejen que Aden haga que incluso la transpiración sea sexy. Cada
vez que consigo la fuerza para actuar sin afectarme, me despide con esa
torcida sonrisa como si pudiera leer mis pensamientos y los encontrara
altamente calificados como x y totalmente factibles.
Esos hombros que parecen haber pasado una cantidad decente de
horas levantando hierro, bolas redondas de músculos que pulsan bajo la
piel más tersa. Y a juzgar por su bronceado, diría que Aden pasa gran parte
de su día al aire libre sin camiseta, ¿y por qué no? Demonios, la ciudad de
San Diego probablemente le paga al tipo para que camine topless como un 62
acto de buena voluntad.
Afortunadamente, no puede verme boquiabierta mientras se aleja, con
la espalda recta, con la barbilla en alto como un hombre con confianza,
acostumbrado a dominar cualquier espacio en el que se encuentre y a
hacerlo sin pedir disculpas. Lo que tiene sentido ahora que he visto su
tatuaje. Moviéndose de un omóplato al otro están las palabras Muerte antes
que Deshonra y en medio hay una daga atravesando un cráneo con una
boina de estilo militar. Entonces Aden está en el ejército. Eso explica mucho.
¿Todavía estará de servicio? ¿Quizás está en casa de permiso?
Me sobresalto cuando me doy cuenta de que todavía estoy de pie en el
mismo lugar junto a la caja de circuitos con la boca abierta en el lugar donde
Aden desapareció en la esquina. Deambulo de regreso dentro y tomo mi lista
y finjo que el redondo papel de mi lista lineal no me irrita más que nada. El
papel debe ser rectangular, quizás cuadrado, pero nunca un círculo.
Al forzar mi mente en las cosas que deben hacerse, porque los
pensamientos de Aden Colt no me llevarán a ninguna parte, repaso todo por
mi mente.
Empezando por arriba. Esbozo la palabra electricidad y mi estómago
da un vuelco ante la idea de tacharla una vez que Aden cambie los fusibles.
Añado la batería del auto a la lista y frunzo el ceño pensando en cómo
voy a devolver esa pieza de metal oxidado a Phoenix. Tal vez pueda dejarlo
aquí, eventualmente lo remolcarán, Celia nunca tiene que saberlo.
Anoche encontré la Sección Amarilla debajo del fregadero de Celia. Está
un poco dañada por el agua, pero logré encontrar un lugar en la ciudad que
venda cajas. No abren hasta las nueve, así que hasta entonces... Miro
alrededor de la habitación y por mucho que me encante cómo el caos de
todo esto encaja con la personalidad de mi hermana, la falta de uniformidad
me agita.
Suena un clic seguido del zumbido de poder. ¡Sí! Trazo una línea a
través de mi tarea número uno y recupero la energía al instante. La cabeza
de Aden pasa por la ventana mientras rodea el porche. Oh mierda, va a
entrar.
Me levanto de la mesa y me enderezo la camiseta justo a tiempo antes
de que asome la cabeza.
Lo saludo patéticamente.
63
Sus oscuros ojos me estudian y se entrecierran.
—¿Puedo entrar?
—Oh, um... —Miro a mi alrededor como si la desordenada habitación
me diera una razón para decir que no, pero no encuentro nada útil y me
resigno a lo inevitable—. Seguro.
Entra, sus cejas se elevan como si estuviera en una misión. Encuentra
una lámpara y la enciende, luego se pone de pie y apoya las manos en las
caderas de una manera que atrae mis ojos hacia ese punto donde los
músculos forman una V y una ligera capa de vello oscuro se asoma desde
sus pantalones cortos.
—Deberías revisar el dormitorio.
—Buena idea. —Salto y giro como si sus palabras enviaran una
descarga eléctrica a través de mi sistema nervioso central. Le doy la espalda
para que no vea el furioso rubor que tiñe mi cara. Con una piel tan pálida,
nunca pude ocultar mi vergüenza. Me apresuro a la habitación, hago clic en
las luces y regreso con la esperanza de que Aden esté afuera porque estar
en este pequeño espacio con él es asfixiante.
No tuve tanta suerte.
—Funcionan.
—¿Verificaste si se llevaron algo?
No lo sabría, así que solo asentí.
—Sí, todo está aquí.
—Hmm, eso es lo que pensé. —Se mueve hacia la estantería, su mirada
se fija en algo—. Estaba bastante seguro de que los alcancé antes de que
lograran agarrar algo.
Me quedo atascada viendo su espalda mientras estudia la estantería,
así que me toma un segundo registrar lo que dijo.
—Espera... ¿atrapaste a los tipos que irrumpieron?
Hace un gruñido afirmativo.
—No es gran cosa, escuché algo que no sonaba bien hacia las tres y
media de la mañana, vine a ver y vi a dos tipos hurgando allí.
—¿Pensé que vivías en el barco? 64
Sus ojos se deslizan hacia los míos, pero solo por un segundo, antes de
volver a estudiar una foto.
—Sí, pero solía quedarme aquí en el antiguo lugar de Cal.
Abro la boca para preguntarle por qué se mudó.
—¿Corriste con los toros en Pamplona?
—¡Ja! Sí, claro…
Toma una foto enmarcada del estante y la voltea para verme.
Me muerdo el labio recordando que no soy yo, soy Celia.
—Puedes apostar a que lo hice.
Su boca se tuerce ante mi respuesta y se vuelve hacia la estantería.
—Eh, no me parece que sea una tomadora de riesgos.
Mi barbilla se hunde en mi garganta.
—¿Cómo sabes lo que soy? No sabes nada sobre mí. —O tal vez necesito
esforzarme más para no ser yo.
—Safari africano. —Toma otra foto del estante—. ¿Es un león al que
estás acariciando? —Mira el marco.
—Eh, ajá... —Creo.
—¿Cómo te acercaste lo suficiente para acariciar a un león?
Gran pregunta.
—Tienen, como, un susurrador de leones. Consiguió que el león nos
dejara acariciarlo. —Por favor, no preguntes más.
—¿Es una especie de santuario de grandes felinos? —Todavía está
estudiando la foto.
¡Santuario, por supuesto!
—Mm-hm.
Tira de otra foto enmarcada.
—Desde África hasta... ¿Las Vegas?
—Me gusta viajar.
—¿Quién es el tipo?
—Un amigo. —Creo.
65
Entrecierra los ojos.
—Lo estás besando.
Me acerco a él y le arrebato la foto.
—Era un buen amigo. —La dejo de nuevo en el estante, luego gimo
cuando veo un puñado más. Esto fue un error, no puedo explicar todo esto.
Él extiende la mano por encima de mi hombro y baja otra.
—Estás con un chico diferente en casi todas estas fotos.
—Tengo muchos amigos hombres.
Frunce el ceño.
—Eh... —Estudia otra foto—. Amigos con beneficios.
Un destello de calor se enciende detrás de mis costillas y le arranco la
foto de la mano.
—¿Por qué no te preocupas de tus propios asuntos?
Da un paso atrás y levanta las manos en señal de rendición.
—Tranquila, pecas. Simplemente estaba haciendo una observación.
—Bueno... —Volteo algunas fotos boca abajo—. Tu observación es
incorrecta.
—No estoy juzgando. No hay nada malo con una mujer que use el sexo
para conseguir lo que quiere. —Se encoge de hombros y me golpea con esa
perezosa sonrisa que solo funciona para molestarme más.
—¿Crees que puedes entrar a esta casa, ver algunas fotos y pensar que
me conoces? ¿Que puedes lanzar tus observaciones como si fueras un pilar
de virtud?
No parece en absoluto desconcertado, e inclina la cabeza mirando con
interés mientras pierdo por completo mi mierda.
—¿Y qué sabes? Y si saliera con chicos que pudieran aceptarme en
estos viajes fabulosos, ¿eh? Eso no me convierte en una puta, me convierte
en una emprendedora. No es como si ambas partes no se estuvieran
divirtiendo. ¡Deja de verme de esa forma!
—No sé de qué estás hablando. 66
—Me estás observando como si fuera patética mientras insinúas que
Celia es una puta.
Sus cejas se levantan hasta su frente y me congelo al darme cuenta de
lo que hice.
Agarro la primera foto que veo y se la pongo en la cara.
—Esta chica, Celia, yo, está viviendo la vida al máximo.
Mira la foto y luego se ríe.
—Sí, lo hace. —Entrecierra los ojos—. ¿Son reales?
Le doy la vuelta a la foto y luego la pego contra mi pecho.
—Finge que no has visto eso. —Dios, Cece, ¿Stephen Tyler firmando
tus tetas?
Mi aliento entra y sale de mis pulmones mientras trato
desesperadamente de recuperar la compostura.
—Escucha... —Dejo la foto en el estante, boca abajo—. Me mudaré. Me
tomará una semana más o menos empacar y organizar la mudanza. Como
pagué hasta diciembre, necesitaré obtener un reembolso prorrateado por los
meses que no estaré aquí.
Él cruza los brazos a la altura del pecho y casi me distraigo con cómo
la posición acentúa sus bíceps.
—Temo que no puedes hacer eso.
—Por supuesto que puedo.
—No, firmaste un contrato de arrendamiento por un año. Si te vas
antes de que termine tu contrato de arrendamiento, tú pagarás.
—Estás bromeando.
—No lo hago.
—Eso no está bien.
Se encoge de hombros.
—¡Es inconstitucional! —Mi agudo chillido rebota en las paredes.
—Es contractual.
—Así que eso es todo, no me ayudarás.
—Estoy tratando de ayudarte, pero estás pidiendo algo que no puedo
67
hacer. Está fuera de mis manos, pecas.
Mis manos se aprietan incontrolablemente a mis costados y maldito
sea él y su creciente sonrisa.
—Esperaba más de un militar.
Todo el humor en su rostro se disuelve.
¡Te tengo!
—¿No es tu lema proteger y servir?
—No soy policía.
—No, no lo eres. Un policía tendría la integridad suficiente para
prorratear mi dinero.
—¿Te sientes mejor? —Es casual, pero no me pierdo el tic en su
mandíbula.
—Supongo que todo el asunto del respeto militar es un concepto
extraño para ti.
La chispa de luz en sus ojos muere y me mira con la cara en blanco,
completamente sin emociones.
Debería detenerme, pero Celia se está muriendo y qué clase de
hermana sería si me sentara aquí y lo dejara hablar como si fuera una puta
hambrienta de dinero.
—¡Supongo que no debería esperar mucho de alguien que mata gente
por dinero!
—A la mierda con esto. —Se da vuelta y pisa fuerte hacia la puerta,
cerrándola detrás con tanta fuerza que las paredes tiemblan.
Espero que gire a la izquierda en dirección a su cabaña, pero en su
lugar corre hacia la playa.
—Maldita sea. —Solté un suspiro, la ira en mi sangre se calmó con la
distancia cada vez mayor que puso entre nosotros.
La culpa me invade, pero la rechazo. Puede que haya atacado su
integridad, pero se lo merecía.
De acuerdo, no llamó a Celia exactamente puta, supongo que todo lo
que hizo fue señalar lo obvio. Pero nadie habla mierda de mi hermana. 68
Nadie. Ni siquiera los guapos militares que se desviven por recuperar la
electricidad.
Enchufo mi teléfono y una vez que está lo suficientemente cargado
como para encenderlo, marco el número de mi hermana mientras ignoro la
extraña pesadez en mi pecho.
—¿Entonces? —Responde de inmediato, pero parece cansada—. Dime
cuánto amas mi vida.
—Celia... esta fue una idea tan estúpida.
—Recibí tu mensaje anoche. Deja de sonar tan miserable y háblame.
Suspiro y me dejo caer en el sofá tan lejos como me lo permite el cable
de carga del teléfono.
—Creo que deberíamos haber hablado un poco más antes de que
aceptara hacer esto. ¿Por qué no me hablaste de Brice?
—¿Sigue ahí? —Ríe—. Hombre... pasamos momentos divertidos juntos.
—¡Me besó!
—Como para doblar los dedos del pie, ¿verdad? —¿Cómo puede sonar
tan emocionada cuando siento que me hizo pasar por una trituradora de
madera emocional?
—Ese no es el punto.
—Por supuesto que es el punto. Dime ahora mismo que no disfrutaste
ese beso.
Lo hice. Lo hice totalmente.
—Fue incómodo, Cece. ¡Ni siquiera conozco al chico!
—¿Y qué? ¿Nunca has besado a alguien que no conoces antes?
Ruedo mis labios entre mis dientes.
—Tu falta de respuesta me dice todo lo que necesito saber. —Exhala
un suspiro—. Por Dios, Sawyer, necesitabas esto más de lo que pensaba.
—Deberías habérmelo dicho.
—Si lo hubiera hecho, entrarías con demasiadas expectativas.
—¿Sabías que habían entrado en tu casa?
—No.
—El sobrino del señor Hurtado dirige el lugar ahora, dijo que te dejó
69
un mensaje.
—No los escucho. —Hay tristeza en su voz—. No quiero saber nada lo
que sucede fuera de mi habitación. Solo me recuerda lo que me estoy
perdiendo.
—Sí. —Supongo que puedo entender eso.
—Entonces debes tener sexo con Brice.
—¡Celia!
—Shhh... —Se ríe tranquilamente—. Nos delatarás.
—Tengo mucho que hacer, solo quería llamarte y decirte que te odio
por obligarme a hacer esto.
—Me amas. Y si tienes sexo con Brice, realmente me amarás.
—¡Oh por Dios!
¡Todavia se está riendo!
—Te prometo que cuando regreses a Phoenix y a tu vida de nueve a
cinco me agradecerás por haberte obligado a hacer esto.
—Quizás. —Hasta ahora he conocido a un hombre hermoso que me
besó hasta que mi cabeza dio vueltas, y a un hombre aún más guapo,
aunque más rudo, que logró excitarme tanto como me volvió loca—. ¿Cómo
te sientes?
—Fantástico. Tengo un montón de energía, incluso podría hacer
algunos recados con mamá hoy.
Sonrío para mí.
—Esas son buenas noticias.
—Muy bien, ve a empacar mis cosas ¿y Sawyer?
—Sí.
—No tengas miedo de divertirte un poco. Te lo has ganado.
—Te quiero.
—Sí, lo haces.
—Adiós.
¿Qué hago ahora? Una pequeña voz en el fondo de mi cabeza dice que
necesito encontrar a Aden y disculparme, aunque eso es lo último que quiero 70
hacer.
Hurgando en mi bolsillo, saco la moneda de veinticinco centavos que
Celia me dio y cierro los ojos.
—Cruz, me disculpo, Cara me pongo a hacer las maletas.
Lanzo la moneda y cuando la escucho aterrizar en el piso de madera
con un golpe, me agacho para conocer mi destino.
—Mierda. —Esto debería ser interesante.
5
ADEN
S
iempre me sorprende lo diferente que se siente el sol a la misma
temperatura en diferentes lugares. Cómo la misma bola de gas
en llamas puede sentirse como un soplete disparándose contra
mí cuando estoy boca abajo en la tierra viendo a través de la mirilla de mi
rifle, y en una manta caliente cuando estoy en el bote, encorvado sobre una
hielera sacando una cerveza fría.
Por supuesto, nadie intenta matarme cuando tomo una cerveza,
supongo que eso podría ser un factor contribuyente.
—¿A dónde vas, Colt? —La oxidada tos de Jenkins causada por una
71
vida de puros baratos se acerca.
A algún lugar muy lejos de aquí.
—A la Isla San Clemente.
Huele a humo rancio, cebo y podredumbre de la madera, como debería
hacerlo cualquier pescador veterano.
—Yellowtail está mordiendo.
Abro la tapa de mi cerveza y me sirvo ese primer trago refrescante que
alivia un poco la furia que quedó de mi encuentro con Celia esta mañana.
—¿Harás tu pedido de cena?
—Maldita sea, sí. —Se tambalea, medio encorvado por años de lanzar
peces—. Estaré en la Oficina.
Su inestable puerta en el muelle me recuerda cómo se veía Celia
navegando en las tablas con esos ridículos tacones.
¿Qué diablos ve Cal en esa mujer? Quiero decir, además de ser
atractiva, que definitivamente lo es, pero no de una manera obvia. Supongo
que mi tío, siendo un viejo sucio, pudo haber pasado por alto su tensa
actitud. ¿Dónde está la chica de la foto? No vi ni una pizca de la
despreocupada sonrisa que grita de una vida amada. Y realmente, ¿cómo
puede estar enojada conmigo por hacer preguntas sobre fotos que exhibe
con orgullo en su casa? No tiene ningún sentido.
Y su respuesta, atacando a los militares, a los hombres que se han
convertido para mí en una familia más que en mi propia sangre, los hombres
que murieron horriblemente defendiendo su libertad de ser una perra. Tiene
puto descaro.
Me llevo la cerveza a los labios y la mano me tiembla
incontrolablemente. Mierda. Aprieto la lata con tanta fuerza que se abolla y
escurro lo que queda de cerveza. Y aquí lo estaba haciendo tan bien.
Voy preparando el barco para un día en el mar, lejos de las personas
que solo logran quemarme los nervios con solo respirar. Hay algo tan
relajante en estar en el océano, tan lejos del desierto y los valles que
constantemente me persiguen. Cuando tengo un palo en mis manos, no
tiemblan, y mis pensamientos no se desvían hacia todo lo que hice mal y
todo lo que perdí. 72
Con la bodega de cebo llena de sardinas, reviso mi medidor de gasolina,
los postes y me subo al muelle para desatarlo. Es cuando estoy desatando
el lazo que oigo una voz que me hace vibrar la piel, ya sea con interés o con
irritación, no estoy seguro.
—¡Aden!
Mierda. ¿Cómo diablos pasó por la puerta? Tal vez si finjo que no la
veo, se vaya.
Lanzo las cuerdas de amarre al bote y me muevo al otro lado, pero me
intercepta. Persistente cosita.
—¿Qué quieres, Celia?
Abre esos gruesos labios, los cierra, los lame y joder, no puedo soportar
mucho más de eso. ¿Es malo que quiera chuparle la boca a una chica que
no puedo soportar? La esquivo y me muevo para desatar el otro lado del
bote. Me sigue los talones.
—Aden, por favor, yo...
Me pongo directo en su cara. Maldita sea, la forma en que se tropieza
consigo misma no es tan linda como una mierda.
—Tú qué.
Jadea y sus grandes ojos verdes se mueven de mi nariz a mi boca a mi
barbilla y maldigo en voz baja porque se siente como si me estuviera
acariciando con ellos.
—Lo siento.
—Muy bien. —Me deslizo alrededor de ella de nuevo y subo a bordo.
Sus brazos caen a los costados y me ve como si esperara que dijera
más, pero la verdad es que nunca he sido bueno en las relaciones, las
amistades, las relaciones sexuales, todos los barcos en los que
prácticamente fracaso. Barcos que conozco. Barcos en los que soy bueno.
Enciendo el motor.
—¡Espera, Aden! —Trepa por la popa y se agarra al costado.
¿Qué diablos está haciendo?
Lanza una pierna por encima de la barandilla; me lanzo hacia el borde
y la agarro para subir su agitado cuerpo a bordo.
—¿Estás jodidamente loca? ¡No puedes subirte a un bote cuando la
73
hélice está encendida!
Empuja su cabello hasta los hombros detrás de sus orejas, su rostro
pálido.
Mirándome, hay algo en sus ojos, una vulnerabilidad que llama a todas
las células masculinas de mi cuerpo a arreglar lo que sea que esté roto
dentro de ella, lo cual es una puta mierda. Ni siquiera conozco a esta chica.
Le suelto los hombros y vuelvo a la cabina para apagar la hélice, luego
giro hacia ella.
—Baja.
Sus cejas se juntan y mete la barbilla, algo que empiezo a notar hace a
menudo.
—¿Me echarás de tu barco?
—Voy a pescar, así que a menos que tengas ganas de jugar al marinero
todo el día, sí. Baja.
Rueda esos labios entre sus dientes y tengo que apartar la mirada para
sofocar el deseo de besar a esta detestable mujer. Se da la vuelta de repente
y se dirige a la popa, pero se congela con la mano en la puerta cerrada.
Luego saca algo de la cintura de su falda, algo pequeño. Ve hacia abajo a lo
que sea, sus hombros caen y se vuelve hacia mí.
—Me quedaré.
—¡¿Qué?! —¿Está loca?
Desafía todo lo que pensé que imaginé de ella y pisa fuerte a mi lado.
—Me quedaré.
—Creo que estás cometiendo un error.
Rueda una moneda de plata entre sus dedos antes de volver a meterla
en su cintura.
—Creo que probablemente tengas razón.
¡Maldita sea, esta mujer!
—Bien —Me doy la vuelta y abro el almacenamiento del piso para
agarrar un descolorido chaleco salvavidas naranja. Huele a moho, pero
funcionará. Se lo ofrezco—. Ponte esto. Lo usarás en todo momento. 74
La ligera brisa le lleva el aroma directamente y arruga la nariz.
—Tú, um... Quiero decir, ¿es posible conseguir uno más limpio?
Lo empujo hacia ella.
Usando sus dedos como tenazas, lo toma y desliza sus brazos por los
agujeros. Actuando como si fuera a contraer una enfermedad fatal al tocarlo,
busca a tientas las correas y los broches.
—Joder, esto tomará todo el maldito día. —Empujo sus manos fuera
del camino y abrocho las correas, apretándolas hasta que estoy satisfecho
de que no se desprenderá.
Luego le doy la espalda para encender el motor y salir de la rampa.
—Tengo dos reglas en mi barco —le grito para que pueda oírme—. Una,
los marineros ceban el anzuelo. Eso es todo.
No responde, pero mientras trato de alejar el barco del muelle, la
sorprendo deslizándose lentamente en un asiento.
—Dos, todos los marineros beben cerveza en mi barco.
Miro hacia abajo para ver sus brazos envolver su cintura mientras el
viento arroja su cabello alrededor de su cara. La pobre chica parece
miserable. Me sonrío a mí mismo.
En realidad, esto podría ser divertido.
Siempre me gustó una buena sesión de tortura.
SAWYER
Estoy en un bote. Un barco real se dirige hacia el medio del océano con
un hombre al que conozco desde hace doce horas y logré insultar. A pesar
de mi disculpa, apenas me ha visto a los ojos. Si la firmeza de su mandíbula
es una indicación, diría que todavía está enojado.
No tengo tiempo para concentrarme en eso. En este momento, lo único
de lo que puedo preocuparme es los dos posibles resultados que me trajo el
uso de la estúpida moneda de Celia: o voy a vomitar o moriré.
75
Cuanto más nos alejamos de tierra, más intenso se vuelve el oleaje del
océano, lanzando el barco con una agresividad cada vez mayor. Cada
músculo de mi cuerpo está doblado hasta el punto del dolor, mi cabello es
una enorme corona de nudos, y no importa cuántas veces trate de deslizarlo
hacia abajo, el viento logra jalarlo hacia arriba. Sin mencionar que no estaba
vestida en absoluto para un día en un bote, no es que sepa qué es apropiado
para eso, pero supongo que una falda larga, una camiseta sin mangas y
chanclas solo funcionan en los anuncios de Ralph Lauren.
De acuerdo, demándenme por querer lucir bien cuando me disculpé.
Me quedé viendo mis opciones de ropa durante una hora antes de finalmente
rebuscar en el armario de Celia por algo a medio camino entre la
conservadora sexy y la prostituta en toda regla. La falda es larga pero sexy
y está teñida en diferentes tonos de azul. La combiné con una camiseta sin
mangas azul marino con finos tirantes que acentúa las pequeñas curvas que
tengo. La desventaja del top es que mi pastosa piel se quemará aquí al sol.
Está bien; puedo superar una quemadura de sol, pero es difícil volver de la
muerte.
Intento calmar mis nervios con un plan para cada escenario posible. El
bote de Aden está equipado con refugio para un huracán, un salvavidas si
caigo al agua, un baño para orinar o vomitar, lo que ocurra primero. En el
momento justo, mi estómago se revuelve en protesta.
Me siento llena a pesar de que no he comido nada más que un panecillo
y una taza de café, y sin embargo, algo me dice que si tosiera lo suficiente
perdería todo lo que hay en mi estómago, incluido, posiblemente, el órgano
mismo.
Deja de ser tan cobarde, Sawyer. Celia haría esto, no hay ninguna razón
por la que no pueda hacerlo también.
La charla interna de ánimo continúa por un tiempo hasta que la tierra
se desvanece y no hay nada más que agua a trescientos sesenta y cinco
grados a nuestro alrededor. No sé cuánto tiempo hemos estado viajando,
pero el sonido del rugiente motor y el golpe de las olas contra el barco
comienzan a adormecerme para que acepte mi destino. Estoy atrapada en
un barco en el mar con nada más que un contagioso dispositivo de flotación
para protegerme. Si el océano no me mata, lo hará cualquier hongo rastrero
que viva en esta cosa alrededor de mi cuello. 76
Mis ojos escanean el agua que rodea la embarcación, buscando una
enorme aleta dorsal. El ominoso du-dum, du-dum, du-dum dudum se repite
una y otra vez en mi cabeza. Este barco me recuerda al de Quint. Mi pulso
se acelera. Moriré. Maldigo a Celia por poner esta maldita moneda en mi
mano. Esto fue un error, un gran error.
Respiro por la nariz y exhalo por la boca cuando el barco reduce la
velocidad y el motor se apaga. Las poderosas piernas de Aden aparecen a la
vista y muevo la cabeza hacia atrás para mirarlo.
Su cabello castaño claro tiene mechas más claras en algunos lugares
por el sol, y aunque no es lo suficientemente largo como para ser un desastre
por el viento, está en un ángulo alejado de su frente y de la marcada línea
de cejas.
Se sube las gafas de sol.
—Parece que vas a vomitar.
Escuchar la palabra llama la necesidad de hacer precisamente eso aún
más cerca de la superficie.
—Es una posibilidad.
Gruñe, luego se gira y agachándose en la panza del bote. Me levanto y
me balanceo con el balanceo de las olas, lo que no hace nada por mi
estómago. Me agarro a la barandilla y miro hacia el agua. Es azul oscuro y
tan profundo que no hay forma de que pueda ver a tiempo para reaccionar
si un tiburón salta y me tira hacia abajo, oh, Dios.
Me tambaleo hacia atrás al pensarlo y golpeo una sólida pared de
músculo. Las bandas de acero rodean mi cintura para estabilizarme y me
golpea el olor a jabón, bloqueador solar y cerveza.
—Siéntate. —Hace un gesto hacia un acolchado banco que corre a lo
largo del costado de la cubierta.
Empiezo a preguntar si estamos a salvo aquí, pero decido que eso no
es algo que Celia diría, así que asentí. Me guía hasta allí, luego me entrega
una pequeña pastilla blanca y una botella de agua.
—¿Qué es?
—Ayudará con el mareo por movimiento. 77
Intento no pensar demasiado en el hecho de que no hay forma de que
se haya lavado las manos antes de tocar la tableta.
—Oh gracias. —Miro la pastilla y me preparo para tirarla al fondo de
mi garganta, pero de nuevo... No conozco a este tipo. ¿Qué pasa si está
tratando de drogarme para poder empujarme fuera del barco y dejarme aquí
para que me ahogue? Todavía lo estoy viendo cuando de repente su nariz
aparece a centímetros de la mía. Apoyando su mano en la barandilla a mi
espalda, me mira con una fiereza que me hace acobardar.
—Independientemente de lo que creas que sabes sobre mi integridad,
Celia Forrester, nunca... jamás... lastimaría a una mujer, ¿entiendes?
Su cercanía combinada con su retumbante demanda me tiene
congelada bajo su mirada.
—Dime que lo entiendes. —Mis párpados se agitan.
Su expresión se vuelve triste.
—Cece...
Me sobresalto cuando me llama por el apodo de mi hermana.
—Cal te adora. Eres prácticamente de la familia. —Empuja un errante
cabello que se atascó entre mis labios y mi cara.
Me inclino hacia adelante, atraída por su tierno toque.
—Lamento las conclusiones que saqué al ver tus fotos. Y lamento haber
sido un idiota antes. Solo... —Dios, su voz es tan suave, tan vulnerable—.
Toma la píldora.
Su mando es firme y la sinceridad que escucho en su voz es imposible
de negar.
—Aquí es para nadar con mujeres de piernas arqueadas —murmuro, y
arrojo la pastilla a la parte posterior de mi garganta, luego la bajo con
suficiente agua para hacer el trabajo sin sobrellenar mi sensible estómago.
—¿Fue una cita de Tiburón?
Sonrío y tiro del cuello de mi infeccioso chaleco salvavidas. La verdad
es que, mientras Celia estaba viendo el mundo, yo estaba en casa
experimentando la versión de Hollywood.
—Sí.
Él ve mis labios hasta que me muevo incómoda. 78
—Correcto. —Empuja hacia arriba y pone un espacio muy necesario
entre nosotros—. Eso debería funcionar bastante rápido.
—Gracias.
Entrecierra los ojos hacia el océano y luego inclina la barbilla.
—¿Ves eso?
Agarrando firmemente la barandilla para asegurarme de no caer por la
borda, sigo su línea de visión para ver un grupo de pájaros zambulléndose
en el agua. ¿Están...? Me quedo sin aliento cuando veo que mi peor miedo
se materializa en la distancia.
—¡Tiburones! —Me agarro las tripas y me dejo caer de nuevo en mi
asiento, el pulso me late con fuerza en el cuello—. Oh, Dios ¡vamos a morir!
—Marsopas. —Se mueve a mi alrededor con todo el control y la
elegancia de un hombre que se siente cómodo negociando el inestable
equilibrio de un barco en mar abierto—. Y no matan gente.
Menos mal que nunca conoció a mi hermana porque sabría de
inmediato que no soy ella. Demonios, ella ya estaría nadando en círculos
alrededor del bote, probablemente desnuda, con una bolsa de pan viejo para
alimentar a los peces. Estaba segura de que su miedo no se la tragaría,
acurrucada en posición semi-fetal a punto de desmayarse.
—Las marsopas y los pájaros siguen los cardúmenes de sardinas. —
Agarra una caña de pescar y juega con la delgada línea—. Los aleta amarilla
está debajo de las sardinas.
Dejo escapar un largo suspiro de alivio.
—Sin tiburones. Muy bien. —Puedo hacer esto. ¿Qué haría Celia?—.
Entonces, ¿cómo los atrapamos?
—Eres marinera. No atraparás nada.
—Entonces... ¿qué haré?
Mi pregunta parece intrigarlo. Sonríe. Es leve, lento y envía mariposas
a través de mi vientre.
—Levántate.
Apoya la alta línea contra una sola silla sentada en medio de la parte
trasera del bote. Me paro y me tambaleo un poco con la inestabilidad de las
79
olas. Sus cálidas manos callosas agarran mis hombros para estabilizarme.
—¿Estás bien?
—Sí, eso creo. —No sé qué me está mareando más, el océano o su
proximidad.
Da un paso atrás y recorre mi cuerpo con la mirada de una manera
clínica y me sorprende sentirme decepcionada por su falta de interés por lo
que ve.
—Esto no servirá. —Se pone en cuclillas a mis pies y pone mis
pantorrillas sobre el algodón de mi falda.
Me estremezco. Mi mano se dispara para apoyarme contra su hombro.
Pasa esas manos grandes por la parte de atrás de mis piernas, llevando la
tela con ellas y deteniéndose detrás de mis rodillas que ahora prácticamente
chocan de nervios.
—¿Qué estás...?
Con un tirón en la tela, la amontona entre mis muslos y la ata en un
nudo, de adelante hacia atrás. Genial, ahora parece que estoy usando un
pañal caído.
—Mucho mejor.
De mala gana, dejo caer mi mano de su hombro para que pueda
ponerse de pie.
—No es que no aprecie el esfuerzo, pero una falda no es apropiada para
el trabajo de marinero. —Me mira fijamente por otro segundo, luego se
vuelve hacia la puerta que conduce a la cabina y agarra algo del interior.
Sacude para abrir un par de gafas de sol oscuras, clásicas Ray-Bans negras,
y las desliza sobre mi cara. Luego me pone una vieja gorra verde descolorida
en la cabeza. Huele a pescado muerto y tiene anillos de sudor rodeando la
base. Estoy tentada a tirarla y rociar mi cabello con desinfectante para
manos, pero ¿qué haría Celia?
Extiendo la mano y tiro de la gorra más abajo de mi frente, esperando
que no note que mis dedos tiemblan mientras el miedo a los piojos y a
enfermedades de la piel al azar revolotean por mi mente.
—Allí. Ahora estás lista. —Me guiña un ojo, luego tira de la línea del
cobertizo y me hace un gesto para que me una a él en la esquina trasera del
80
barco.
Lo sigo y abre una tapa, luego me indica que vea dentro. Me arrastro
hasta su lado y miro dentro del recipiente para ver que está lleno de agua y
de peces pequeños.
—Carnada.
Me trago una mordaza.
—Están vivos.
Se ríe.
—Estos grandes peces no son estúpidos. —Mete la mano y agarra una
sardina de aproximadamente la mitad del tamaño de su palma. Da vueltas
en su agarre, con la boca abierta—. Querrás engancharlo aquí, justo detrás
del ojo
—¿Qué? —Doy un paso atrás—. No haré eso.
—Por supuesto que lo harás. —Inclina la cabeza y me observa con una
mirada que desearía que fuera más intimidante que atractiva porque
realmente estoy tratando de ser dura aquí, pero cuando me ve así es
imposible—. Te subiste a mi bote, te di la oportunidad de bajarte y elegiste
quedarte. Nadie obtiene un paseo gratis. Estás aquí, trabajarás. —Sostiene
el pescado, desliza rápidamente el anzuelo en la cabeza de la cosa y sonríe—
. Allí. —Se dirige al lado opuesto del bote y con un poderoso movimiento de
su brazo lanza la línea hacia el grupo de marsopas. Deja caer el palo en un
tubo de metal sujeto a la barandilla trasera, luego agarra otro palo.
Me da un vuelco el estómago.
—Tu turno—. Me lo mete en las manos.
—Estás loco.
Sus ojos se entrecierran en mí de nuevo, pero esta vez está mirando
más profundo, buscando algo que me alegro no pueda ver detrás de las
oscuras sombras.
—Comes ostras crudas... corres con toros, pero no puedes cebar un
anzuelo.
Soy Celia.
Sé Celia.
—¡Dame ese! —Le quito la línea.
81
—Cuidado, ese gancho te atravesará la mano.
Reprimo una réplica sarcástica y floto sobre el pequeño estanque de
peces nadadores.
—Y qué, yo solo... —Esto es tan asqueroso—. ¿Tomo uno?
—Eso es correcto. Cuanto más rápido, mejor.
Me lamo los labios y siento sus ojos en mí, pero me concentro en las
criaturas de escamas viscosas que se interponen entre yo y mi objetivo. Me
imagino las instrucciones paso a paso escritas como una lista de tareas
pendientes.
Número uno, atrapa un pez.
Mi mano se sumerge en el tanque. Extraño.
—Maldita sea.
—Está bien, inténtalo de nuevo. Un poco más rápido.
Asiento y me concentro, luego me sumerjo de nuevo, más rápido. Mis
dedos envuelven un resbaladizo cuerpo, pero se suelta.
—¡Mierda!
Él empuja detrás de mí, el calor de su pecho y sus abdominales a través
de su delgada camiseta calienta la parte posterior de mi brazo.
—Así. —Su mano se zambulle y retrocede con un pez—. Rápido. —
Vuelve a dejar a la víctima dentro—. Inténtalo de nuevo.
Me levanto hasta el tanque. Mi pulso ruge, pero con algo diferente. Algo
que no estoy acostumbrada a sentir. Es inquietud, pero carece de la pizca
de miedo. Se siente como... emoción.
Mi mano se lanza al agua. Sale. Y...
—¡Lo hice! —Empujo mi puño en el aire y me giro hacia Aden—. ¡Tengo
uno!
Sus labios se estiran en una amplia y gran sonrisa y se ríe.
—¡Lo hiciste! Buen trabajo.
Me siento energizada al conquistar algo que temía que incluso la
posibilidad de que haya tiburones justo debajo de mis pies no puede borrar
la sonrisa de mi rostro. Marco mentalmente mi número uno. Pasando al 82
número dos.
—¿Ahora qué?
—Engánchalo. —Señala una mancha en la cabeza del pez—. Justo ahí.
Paso mis dientes a lo largo de mi labio inferior.
Hace un sonido extraño con la garganta.
—¿Qué?
Se aclara la garganta.
—¿Qué?
—Hiciste un ruido. ¿Hice algo mal?
Sus ojos se lanzan a mis labios, luego al gancho en mi mano.
—No, nada. Adelante.
Vuelvo a la segunda tarea de mi lista mental.
Engancho el pescado. Alineo la afilada punta con la parte superior
plateada de la cabeza de la criatura.
—Lo siento mucho —susurro. Con un chillido y una arcada, deslizo el
anzuelo, sorprendida de lo fácil que entra—. Lo hice.
—Como una profesional.
Una mancha roja en mi mano me llama la atención.
—¡Puaj! —Sacudo la mano como un perro mojado, apenas conteniendo
un pánico en toda regla.
Agarra mi muñeca en el aire y la aprieta contra su firme vientre.
—Sangre.
El pánico se filtra de mi cuerpo con cada golpe contra su ondulado
abdomen mientras limpia mi palma en su camiseta.
—Todo se fue. —Deja caer mi mano y agarra una línea, dejándome
luchar contra un ingobernable rubor—. Muy bien, marinero, es hora de
sacar un jodido pescado.
Demuestra cómo lanzar la línea, pero me dice que lanzar no es mi
trabajo y me indica un asiento.
—Toma la silla de combate. —Me ayuda a sentarme en un asiento que
está completamente equipado con reposabrazos acolchados, portavasos e
83
incluso un lugar para poner los pies—. Bien, ahora abre las piernas. —Casi
puede que haya algún tipo de oculta insinuación en su solicitud, pero
lamentablemente es todo negocios—. La línea descansa aquí entre tus
muslos. —Coloca el mango en un tubo de metal—. Hermoso.
Me muevo incómoda.
—Pensé que habías dicho que no podía pescar.
Se apoya contra el costado del bote, su mirada fija sobre el agua.
—No lo harás. Estás mirando esa línea por mí y si sientes un tirón,
tomaré la silla.
—¿No confías en que me dé cuenta?
—Estas no son truchas de lago, Celia. Estos peces pueden pesar cientos
de kilos. Esa silla está hecha para la lucha de horas que se necesita para
atraerlos. —Me mira fijamente y sacude la cabeza—. Algo falta, algo está
faltando. —Saca una lata de cerveza helada y la desliza en mi mano.
—Oh, no gracias. Realmente no me gusta la cerveza.
—Mi barco. Mis reglas. —Toma un trago de su lata y luego asiente hacia
la mía—. Bebe.
Hace calor. La cerveza está fría. Es algo que Celia haría. Muevo la
cabeza hacia atrás y tomo un trago. Eh... nada mal. ¿Por qué no me gusta
la cerveza?
El sol se siente muy bien en mis hombros y brazos desnudos. Tengo un
momento de ansiedad en el que pienso como Sawyer, pienso que no necesito
cáncer de piel, o algunas miles de pecas más que aparecerán y nunca
desaparecerán después de un día bajo el sol, voy con la opción menos
responsable y cierro los ojos mientras me sumerjo en los rayos.
Y maldita sea, pero tal vez Celia no estaba del todo equivocada. En
algunas situaciones, ser despreocupada no es tan malo.
84
6
ADEN
E
sta mujer es una contradicción andante.
Nada en ella cuadra.
Rostro y cuerpo hermosos, pero no tiene ni idea de cómo
usarlos.
Ha vivido la vida de una adicta a la adrenalina, pero se asusta con el
cebo vivo.
Incluso ahora, mirando sus suaves hombros mientras el sol los vuelve
de un tono rosado claro, me pregunto cuándo fue la última vez que esa 85
hermosa piel había vio el sol.
Estoy tomando mi tercera cerveza, el bote se balancea suavemente, con
una caña de pescar entre mis piernas y “A Pirate Looks at 40” de Jimmy
Buffett filtrándose a través de las bocinas y estoy pensando que no debería
estar pensando en la pequeña inquilina favorita de mi tío.
Aplasto mi lata de cerveza vacía y la tiro a la basura.
Celia se vuelve hacia mí, sorprendida por el repentino ruido.
—Creo que perdí el cebo.
Agarro una cerveza fría de la nevera.
—Adelante, veamos.
La enrolla, sus ojos en la línea y su boca fruncida en concentración.
—Sentí un tirón, pero luego nada, y eso fue hace mucho tiempo.
Saco su sedal del agua y, efectivamente, es un anzuelo vacío.
—Sí, estás pescando desnuda. —Le paso el anzuelo—. Ya sabes qué
hacer.
Observo con fascinación mientras gira la pierna para deslizarse de la
silla de combate y se mueve hacia el tanque de cebo. No pide ayuda y,
después de algunos intentos, agarra una sardina y la engancha.
—¡Lo hice! —Su brillante sonrisa es casi cegadora mientras sostiene el
anzuelo con cebo con orgullo.
—Buen trabajo.
—¡Soy una maestra!
Me encojo de hombros.
—Eh... tienes un gran maestro.
Me entrega la caña para que la lance.
—Admítelo, no pensaste que podría hacerlo.
—Tenía mis dudas. —Es demasiado verla directamente cuando se le
cayó toda la estupidez formal, así que mantengo los ojos en el agua—.
Probaste que estaba equivocado. 86
—Entonces... estás diciendo que soy la maestra.
—Bien. —Me acomodo en mi asiento—. Eres la maestra. ¿Te sientes
mejor?
—¡Soy la maestra! —lo grita fuerte y no se lo dice a nadie.
—Comediante. —Me muerdo el labio para no reír.
—¡Soy la maestra de los cebos!
—Dilo de nuevo, pecas. —No puedo dejar de reírme—. Un poco más
fuerte.
—¡Oh, Dios mío! —Está sonriendo tan grande y verlo hace que algo se
desenrolle en mi pecho. Es una extraña sensación. No la cuestiono, pero de
todos modos estoy agradecido.
—Oh vamos. No me digas que las chicas no lo hacen, sé que lo hacen.
Se lleva la cerveza a los labios y murmura:
—Tal vez las chicas con las que sales.
—Te lo daré. —Me alejo de su sonriente rostro porque verla me hace
sonreír y luego nos estamos sonriendo uno al otro, lo que me hace querer
besarla y no puedo besarla.
Se aclara la garganta.
—¿Dónde aprendiste a pescar?
—Crecí en el agua.
—¿Aquí en San Diego?
—Al norte de Santa Bárbara. Mis padres todavía viven en la misma casa
en la que nací, mi hermana vive a veinte minutos de allí. —Tomo un trago
de mi cerveza y me pregunto por qué estoy dándole información que no pidió.
—¿No querías estar cerca de tu familia?
Lo intenté. Pero estar cerca de mi familia solo sirvió como un
recordatorio de lo lejos que había caído. Las miradas de lástima solo me
llevaban a arrebatos y no podía soportar la forma en que me veían como si
fuera un extraño. Sabía que si me quedaba mataría la poca relación que nos
quedaba.
—Estoy a sólo cuatro horas en auto.
Observamos hacia el agua mientras la voz de Jack Johnson llena el
87
espacio entre nosotros hasta que la veo moverse por el rabillo del ojo. Está
presionando la piel rosa brillante de su hombro.
—Mierda... te estás quemando. —Me levanto de la silla y agarro una
botella de protector solar del interior de la cabina.
Presiona la punta de un delicado dedo contra su antebrazo.
—Supongo que lo hago. Se siente tan bien que me sobrepasé un poco.
Gruño y arrojo una generosa cantidad de loción en mis palmas, luego
empujo el grueso chaleco salvavidas a un lado para exponer la parte
superior de su hombro. Ella se pone rígida y aprovecho el hecho de que está
encerrada en la silla de combate.
—Lo tengo. —Paso mis manos por su piel y, diablos, realmente es tan
suave como parece. Cálida y como la seda debajo de mis palmas. Deslizando
mis pulgares debajo del chaleco, presiono los tensos músculos de sus
omóplatos. Terriblemente tensos para una mujer que pasa la mayor parte
de su vida viajando. Podría perderme en un momento como este, olvidar
quién es, lo que significa para mi tío y seducirla.
¡Saca la cabeza de sus pantalones!
Me apresuro a cubrir sus hombros completamente con protector solar,
luego voy hasta la parte superior de sus brazos.
Se tensa de nuevo.
—No tienes que hacer eso. Puedo ponerlo en mis brazos.
Estoy seguro de que puede, pero soy incapaz de quitarle las manos de
encima.
—Uno de nosotros necesita nuestras manos libres en caso de que algo
muerda. A menos que quieras intercambiar...
—No. Estoy bien.
Paso mis pulgares por el magro músculo de su antebrazo mientras
pasan los segundos y se relaja lentamente bajo mis manos. Su cuerpo cae
flácido hacia adelante mientras me muevo hacia sus hombros y masajeo allí.
Aléjate. Jodidamente ahora.
Tararea bajo con su garganta, una señal dulce y sensual para
continuar. Si ese es el ruido que hace cuando la tocan inocentemente, ¿qué 88
tipo de sonidos haría si la tocara con intenciones puramente sexuales? ¿A
quién estoy engañando? Mis pensamientos sobre Celia están lejos de ser
inocentes.
No vayas ahí, Colt. Culpo a la cerveza, al sol y a la tranquila soledad
del mar.
—¿A qué te dedicas? —Es lo primero que pienso cuando mis manos se
niegan a soltarla.
—Contadora. —Su columna se endereza como si estuviera conteniendo
la respiración—. Quiero decir... —Se desliza de debajo de mis manos—. Creo
que estoy bien ahora. Gracias.
Escondido en su espalda, me ajusto mis pantalones cortos antes de
moverme hacia mi silla. Puede que a mi pene no le importe la cortesía social,
pero a mí sí.
—Así que, entre tus excursiones por todo el mundo, eres un trituradora
de números. Supongo que pude ver eso. Vivir la vida en la ciudad tiene que
ser aburrido como el infierno. También necesitaría saltar en paracaídas los
fines de semana solo para recordarme a mí mismo que todavía estoy vivo.
—Mm-hm. —Me ve y no es la primera vez que me arrepiento de darle
las gafas de sol y desearía poder ver sus ojos—. ¿Y tú? ¿En qué rama del
ejército estabas?
Escucho clavos en una pizarra en la parte posterior de mi cerebro, pero
he aprendido a hablar sobre mi experiencia militar sin revelarlo todo.
—En el ejército.
—Eh... —Se vuelve para mirar hacia el océano—. Escucha, sé que lo
dije antes, pero... —Parece que intenta evitar verme—. Siento mucho lo que
dije esta mañana. Estoy segura de que fuiste un soldado muy honorable.
Si supiera.
—Tiendo a.… arremeter cuando me siento amenazada.
¿Y eso no me hace sentir como un idiota?
—¿Te sentiste amenazada por mí?
—No por ti, sino por lo que estabas insinuando. 89
Ahora soy quien evita sus ojos. Tiene razón, prácticamente la llamé
puta buscadora de oro en su cara.
—Lamento eso. Encuentro que suelo decir lo primero que me viene a la
mente sin pensarlo mucho.
—Está bien. —El barco se balancea constantemente—. En general,
tenías razón sobre lo que recogiste de esas fotos.
—Nah... No lo creo. —Porque nada en esta chica grita sanguijuela
hambrienta de dinero.
Se ríe, pero le falta humor.
—Es cierto. Ella... la chica de esas fotos tuvo mucho que crecer. —
Ahora hay tristeza en su voz.
—O tal vez tenía toda la vida resuelta. —He conocido a demasiados
hombres que perdieron la vida demasiado pronto. Quienes perdieron la
oportunidad de vivir según sus propias reglas y se alistaron y arriesgaron
todo para pelear por la libertad de los demás. No hay posibilidad de
oportunidades únicas en la vida debido a un momento crucial, a una
decisión en una fracción de segundo, y se les quitó la oportunidad de vivir.
—Porque la vida es hermosa y aterradora —susurra—. Y merecemos
sentirla hasta los huesos.
—Sí, quizás. —Estudio el horizonte, revisando detenidamente sus
palabras y siendo calmado por el suave oleaje del océano cuando el poste
entre sus rodillas se arquea, seguido de repente por el zumbido de la línea—
. ¡Pescaste algo!
—¿Qué debo hacer? —chilla y alcanza la caña con ambas manos.
Corro detrás de ella y agarro el carrete, bloqueándolo.
—¡Agárrate fuerte! Vamos a engañar a esta perra juntos, ¿entendido?
—Entiendo. —Le tiemblan las manos.
El delicado aroma de su piel mezclado con protector solar de coco asalta
mis sentidos. Me inclino para que mis labios casi toquen la concha de su
oreja.
—Respira profundo, Cece.
Traga aire, luego lo exhala y no puedo evitar la sonrisa de satisfacción
90
que tira de mis labios.
Toma casi una hora antes de que el pez se canse y pueda enrollarlo.
Mis músculos están blandos por el esfuerzo y mi camiseta está empapada
de sudor.
—¿Qué es?
Tirando del cansado pescado a un lado, agarro el sedal y miro por
encima de la barandilla.
—Es un aleta amarilla de treinta y seis kilos.
Se empuja a mi lado.
—¡De ninguna manera! ¿Capturaste eso? —La emoción en su voz es
contagiosa, hay algo de euforia en pescar peces grandes.
—Me pusiste el cebo, entonces... —Lo engancho por las branquias y lo
levanto y lo pongo en el bote. La sangre se derrama sobre la cubierta—.
Supongo que ambos lo hicimos.
Se tapa la boca con la mano.
—¿No lo vamos a devolver?
—Tirarlo de vuelta, ¿estás bromeando? Esta es la cena, pecas.
Su mandíbula se abre y esos labios se burlan de mí.
—¿Te apetece almorzar en el puente aéreo?
—¿En el qué?
Apunto arriba a mi lugar favorito en el barco.
Su mirada sigue mi línea de sitio.
—Seguro. ¿Qué hay de comer?
Me limpio el sudor de la frente y sonrío.
—Sushi.
SAWYER
¡Oh no, joder no!
Pensé que estaba bromeando. Debería haberlo sabido. Las intenciones 91
de Aden conmigo desde que estúpidamente abordé este barco han sido mi
tormento para su disfrute. Le encantaba verme retorcerme sobre el tanque
de cebo y cuando probé que no rehuiría de un desafío, sacó las armas
pesadas. Desde sus coquetas sonrisas hasta sus toques burlones, descubrió
mis debilidades y las está explotando para su propio entretenimiento.
¿Ahora esto? El pescado crudo probablemente todavía esté caliente de
luchar por su vida.
Y ahora estoy Dios sabe cuántos metros sobre el agua sentada en un
banco de dos plazas sostenido por oxidadas escaleras y mirando un trozo de
carne rosa brillante.
—Tienes que comerlo, es un rito de iniciación. —Ofrece la carne a mis
labios y rápidamente aparto la cara.
—Realmente no tengo hambre. —Como si la idea no fuera suficiente
para revolver mi estómago, verlo limpiar el pescado antes de seccionarlo fue
suficiente para que el almuerzo no me diera un gran apetito.
—Por supuesto que tienes. —Se lleva el trozo a la boca y le da un
mordisco, cerrando los ojos con un gemido mientras mastica.
Siento que una ráfaga de bilis me golpea la garganta, o tal vez sea
cerveza, de cualquier manera, es caliente y me quema.
—Eso es asqueroso.
—¿Me estás diciendo que no te gusta el sushi?
Mis ojos se abren. Sawyer diría que nunca ha comido sushi. Pero Celia
es una historia diferente. Se comió un grillo vivo en octavo grado por un
desafío. Ni siquiera se inmutó.
—Me gusta el sushi, pero no directamente de la... um... fuente.
—No hay nada más fresco que esto. —Da otro mordisco y no puedo
negar que su respuesta al comerlo le da cierto atractivo.
—Creo que necesito salsa de soja o esas cosas verdes. —¿Cómo se
llaman?
—Solo pruébalo.
—Realmente no quiero hacerlo.
—Oh vamos. —Sonríe de esa linda forma torcida que hace que mi
corazón se sumerja y se hunda—. Vive un poco. 92
Muerdo el interior de mi boca debatiendo el costo/beneficio de tomar
un bocado de este pescado recién salido del océano. Por un lado,
impresionaré a Aden. Eso en sí mismo vale la pena. Pero ¿y si vomito todo
en su bote? ¿Vale la pena humillarme por completo por la oportunidad de
impresionarlo? Gimo cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo,
exactamente lo que juré que no haría. Estoy haciendo una lista interna de
pros y contras. Cierro los ojos y endurezco mi determinación y mi columna.
No pienses, solo decide. Abro los ojos seguido de la boca.
—¿Sí? —Mira mis labios entreabiertos.
Asiento, esperando que se dé prisa antes de que cambie de opinión.
Levantando la carne de color rosa hacia adelante, la coloca entre mis
dientes. Es un pequeño bocado, así que cierro mis labios alrededor de sus
dedos esperando que se aleje... pero no lo hace. Por un momento estoy
suspendida en su mirada, totalmente atascada mientras sus calientes dedos
descansan entre mis labios. Esto debería darme asco; después de todo, lo vi
destripar este pescado con sus propias manos y para lavar toda la sangre,
simplemente las sumergió en el océano. Pero todos los pensamientos de
pescado crudo y el dedo de un extraño no hacen nada para evitar el calor
que florece en mi vientre. Mi lengua empuja la carne más profundamente en
mi boca, rozando la áspera yema de su dedo índice. Se muerde el labio, pero
finalmente deja caer la mano.
Observa con atención mientras mastico y trago.
—¿Como estuvo? —Su voz es baja y ronca.
Perdida en el acalorado momento, apenas lo probé.
—Bueno.
Su mano toma la parte de atrás de mi cabeza y me atrae hacia él,
deteniéndose justo antes de que nuestros labios se toquen.
—No puedo soportar más esto. —Su aliento entra y sale, estallando
contra mi boca con impaciencia—. Déjame. —Es una demanda, no una
pregunta.
Un beso. No necesito canalizar a Celia o lanzar una moneda... Sé lo que
quiero.
Me lamo los labios y cierro la pequeña distancia entre nosotros. 93
En el momento en que nuestras bocas se unen, un fuego como nunca
había sentido estalla a través de mí. Presiona contra mi cuello, inclinando
mi cabeza y probando mis labios abiertos con su lengua. Jadeo cuando el
calor de su boca invade la mía y lo aprovecha al máximo. Mis ojos se cierran
con un largo gemido mientras su atención atrae algo profundo dentro de mí.
Su otra mano se acerca para tomar mi mandíbula y el toque es tan inocente,
pero transmite una sensación de ser apreciada. Protegida. Como si fuera
algo valioso y frágil.
Bebe de mi boca mientras se toma el tiempo para prodigar sensaciones
a cada uno de mis labios. Alternando entre suaves tirones de sus dientes y
una suave succión como si mi boca fuera su patio de recreo favorito. Mis
caderas hormiguean, mis muslos tiemblan, y me duelen en lugares que
nunca pensé que podrían doler. Ralentiza el beso, y persigo sus labios, no
estoy lista para dejarlos. Se ríe, pero me complace, besándome tan profundo
que mi cuerpo parece licuarse. Esta vez, cuando se aparta y voy detrás de
él de nuevo, presiona su pulgar contra mi barbilla y da mordiscos en la
comisura de mi boca.
—Lo siento, Celia. No puedo.
Escucharlo llamarme por el nombre de mi hermana hace el trabajo de
una ducha fría. La realidad se derrumba a mi alrededor y la vergüenza por
lo que hice llena mi pecho. ¿Cómo pude perder todo el control tan
fácilmente?
Me deslizo lo más atrás que puedo en el banco del tamaño de un sillón
en el cielo para restablecer una distancia segura entre nosotros.
—Mierda. No hagas eso. —Pasa una áspera mano por su cabello y me
doy la vuelta para esconder mi cara que se calienta rápidamente.
—¿Hacer qué?
—No actúes como si te estuviera rechazando.
Eso llama mi atención y me atrevo a echar un vistazo solo para
encontrarlo viéndome con un aspecto tan cercano al arrepentimiento como
nunca lo he visto.
—Pero lo estás haciendo.
Detente ahora mismo, Sawyer. Corta esto aquí mismo. Lo que sea que
haya estado sintiendo desde que conocí a Aden no es más que la reacción
de ser Celia. Esta no soy yo, no se parece en nada a mí. No beso a hombres 94
que apenas conozco.
Su hermoso rostro se tuerce en una mueca.
—Supongo que parecería así, pero no lo es. —Se acerca a mí para que
nuestros muslos se toquen y cuando se inclina, agradezco que las gafas de
sol bloqueen el impacto que mis ojos seguramente darían—. Si fueras
cualquier otra mujer... —Exhala un suspiro—. Las cosas que te haría.
Todo mi cuerpo se calienta y resisto la tentación de arrancarme el
sombrero de la cabeza y usarlo como abanico.
—Pero no lo eres. Eres Celia Forrester.
Sus palabras apagan el furioso fuego en mi vientre.
—El tío Cal piensa muchísimo en ti. —Se ríe, pero apenas—. Estoy
bastante seguro de que desaprobaría que follara con su chica favorita.
Follara.
Correcto, porque somos casi desconocidos.
No, cree que soy Celia Forrester, lo que significa es que somos
literalmente extraños.
Prácticamente se me eriza la piel cuando me doy cuenta de lo cerca que
estuve de hacer algo de lo que seguramente me arrepentiría. Una aventura
de una noche con un hombre guapo que apenas conozco.
—Tienes razón. No soy del tipo que se acuesta...
Levanta una ceja acusadora, pero es más una suave burla que una
acusación.
—Está bien, tal vez alguna vez fui de ese tipo, pero ya no lo soy.
—¿No? —Se reajusta para dejar algo de espacio entre nosotros—. ¿Eres
una de esas vírgenes nacidas de nuevo?
—No exactamente, pero digamos que el sexo casual perdió su atractivo.
Me lanza una sonrisa juguetona y confusa.
—¿Es ese español el que estás hablando?
Me río y así volvemos a una conversación cómoda.
—No lo entenderías. 95
—Maldita sea, no lo haría. —Esa hermosa sonrisa torcida brilla bajo el
sol—. Será mejor que volvamos a pescar. Aquí. —Mete la mano en una
nevera pequeña que pensé que solo estaba llena de cerveza y me entrega un
sándwich envuelto—. ¿Asumo que ya no eres vegetariana?
Mis mejillas se calientan bajo su mirada.
—Parecería así.
Se ríe.
—Espero que te guste el rosbif.
Le quito el sándwich, sonriendo.
—¿Tuviste esto todo el tiempo?
—Por supuesto. —Se empuja para ponerse de pie—. El hombre no
puede vivir solo de pescado crudo. —Me ve de una manera que enciende mi
sangre de nuevo, como si pudiera vivir de mí si estuviera en el menú. Lo
cual dejó muy claro que no soy. Y estoy de acuerdo—. Pesca.
—Sí. —Es un acuerdo con una pizca de decepción, porque no me
mentiré. Deseo a Aden, de más formas de las que mi imaginación puede
figurar. ¿Y cuál es el daño realmente? La gente tiene aventuras veraniegas
todo el tiempo. En una semana más o menos me habré ido y nunca sabrá
quién soy realmente.
96
7
ADEN
E
l sol se está poniendo cuando llevamos el barco de regreso al
muelle. Es un viaje mayormente tranquilo, excepto por las veces
que señalo algo que creo que Celia podría encontrar interesante:
el faro en Point Loma, los barcos de la Marina atracados en la isla Coronado
y los grupos de leones marinos tomando el sol en boyas.
Las gaviotas vuelan sobre nuestras cabezas, con la mirada baja en
busca de restos de pescado que puedan recoger mientras graznan la canción
de bienvenida de cada marinero.
—¿Quién es Nancy?
97
Celia ya no lleva gafas de sol, pero la gorra sigue puesto, lo cual es
sorprendente con todo ese cabello rebelde que lucha por liberarse desde
debajo.
—Mi tía. La esposa del tío Cal, ¿nunca habló de ella?
—Por supuesto que lo hizo. —Ajusta las correas de su chaleco
salvavidas—. Solo... el barco lleva su nombre, ¿verdad?
—La tía Nancy es una buena chica católica. Odiaba el nombre de Nauti
Nancy. Siempre peleaban por eso.
Sus labios se mueven cálidamente hacia arriba.
—Puedo ver por qué.
—Me sorprende que Cal no te haya contado esa historia. —Me dirijo al
norte al puerto deportivo.
Baja la barbilla, pero solo un poco.
—Sí... tal vez lo hizo y simplemente no la recordaba.
Dirijo el barco lentamente a través de la ensenada.
—¿Te importaría tirar esos parachoques? —Les hago un gesto y salta
para jugar de marinera mientras vuelvo al embarcadero y apago el motor—
. Tírame la cuerda. —Salto por encima de la barandilla del muelle. Me lanza
una cuerda de amarre y la aseguro a la abrazadera antes de seguir con las
demás.
No voy a mentir, tener una marinera fue útil. Por lo general, es Jenkins
y realmente no puede hacer más que sentarse con una caña de pescar en
una mano y una bebida en la otra.
Cuando vuelvo a bordo, ella se mueve por la cubierta guardando cosas.
—No te preocupes por eso. Yo lo haré.
Me ignora y sigue limpiando todo con un trapo sucio.
—No, está bien.
Agarro su antebrazo y sus ojos se posan en los míos. Debe ser por el
contraste con sus mejillas besadas por el sol, pero sus ojos parecen aún
más verdes que esta mañana. 98
—Detente. Estás quemada por el sol, deberías ducharte y ponerte un
poco de aloe. Tengo esto.
Se gira para ver su hombro.
—Oh sí. Es una buena idea.
Contra mi propia voluntad, la suelto y me aparto para evitar empujarla
hacia mi pecho.
¿Y qué diablos es todo eso, de todos modos?
Un beso borracho que lleva al sexo y un incómodo adiós es lo que mejor
se me da. Pero lo que pasó hoy con Celia fue totalmente inesperado. Sabía
que ir por el beso era arriesgado, y esperaba que me alejara. Lo que nunca
esperé fue voracidad. Si fuera otra persona, la habría arrastrado hasta mi
cabina y la habría tomado en todas las superficies disponibles. Me tomó
todo mi entrenamiento militar, cada gramo de control aprendido y
estrategias de contrainterrogatorio despegarme de ella. Y aunque sé que fue
lo correcto, lo lamento desde entonces.
Se inclina y busca a tientas para desatarse la falda.
—Lo tengo. —Cualquier cosa para ponerte las manos encima. Me pongo
en cuclillas e, igual que antes, me siento tentado a levantarle la falda como
un adolescente cachondo esperando una inyección de bragas. Me pregunto
si son conservadoras de algodón blanco o si Celia tiene una diosa del sexo
interior y son de encaje rojo. Cualquiera de los dos sería una fantasía en
ciernes.
Me obligo a ser un caballero y desato la tela, mirándola caer para cubrir
lo poco de su piel que mostraba.
—Allí. —Me pongo de pie y su barbilla se inclina para verme a los ojos.
—Gracias. —Muestra una sonrisa tímida.
—Tengo que decir... que tus habilidades de marinera fueron
impresionantes. —Me recuesto contra la barandilla—. No pensé que lo
tuvieras en ti.
Se quita la gorra que le di, tirando todo ese cabello salvaje alrededor de
su cara y me la entrega.
La tomo y resisto la tentación de presionarlo contra mi nariz para ver
si huele a su champú. 99
Unos pocos latidos de silencio se extienden entre nosotros hasta que
deja escapar un largo suspiro y baja la barbilla.
—Bueno, bien... Mejor me voy.
Agarra su bolso del interior de la cabina y se pasa los dedos por el
cabello en un intento de alisarlo mientras se dirige a la parte trasera del
barco para desembarcar.
Un impulso de llamarla me empuja en el pecho, una urgencia por
mantenerla cerca.
“Usas a las mujeres como distracción, como un pasatiempo para llenar
tu mente para no tener que pensar en lo que pasó en el valle”.
Las palabras del psiquiatra dan vueltas por mi cabeza.
Celia es definitivamente una distracción. Puede que haya instigado el
beso y hay absolutamente un deseo de más, pero no la perseguiré como un
medio para escapar de mis problemas.
Y Cal no apreciaría que usara a su amiga como diversión para mi pene.
No, eso no es lo que es. De hecho, disfruté hoy. La vista era mucho mejor
con Celia alrededor, y nos reímos mucho, no parecía en absoluto incómoda
cuando la conversación murió y nos sentábamos por largos períodos de
silencio.
—¿Aden? —Está en el muelle mirándome—. Gracias por hoy. Fue
mucho más divertido de lo que hubiera sido empacar.
Eso es correcto. Se está mudando.
—Por nada.
Bueno, joder... el tiempo que voy a pasar con ella tendrá que pasar
antes de que se vaya a... ¿a dónde se mudará?
—¿Hay algún número en el que pueda localizarle, ya sabes, si tengo
alguna pregunta? —Se balancea adelante y atrás, moviendo su peso de un
pie al otro, y noto que está haciendo rodar una moneda de plata entre sus
dedos.
Salto sobre la barandilla y brinca cuando aterrizo a solo unos metros
de ella. Extiendo mi mano.
—Teléfono. 100
Asiente y saca el dispositivo de su bolso. Agrego mi celular, mi pecho
se siente caliente ante la idea de que lo use.
—Allí. —Se lo devuelvo y lo mete en su bolso.
—Genial, entonces... —Me mira con esos ojos y esos malditos labios—.
Supongo que te veré por ahí.
Tiempo limitado.
Cal me matará.
Ala mierda.
La engancho alrededor de la nuca y la atraigo hacia mí. Ella tropieza y
coloca ambas palmas contra mi pecho. Su toque se siente increíble.
—Quiero besarte de nuevo, ¿estás bien con eso?
—Pero pensé…
—Sólo un beso. —Es arriesgado, pero tengo que intentarlo, porque la
alternativa es nada y no creo poder soportar saber que Celia está en la
misma ciudad que yo y no puedo poner mis labios sobre los de ella.
Su respiración se entrecorta, y maldita sea, el sonido es una inyección
de pura lujuria.
—Sí.
—Bien. —Paso mi pulgar a lo largo de su mandíbula y mis ojos se
dirigen a su lengua mientras pasa su labio inferior. Gimo y cada parte de mí
quiere acercarse—. ¿Y mañana?
—¿Quieres besarme mañana? —Su pulso late a un ritmo rápido contra
mi palma.
—Si lo hiciera, ¿me dejarías? —Veo sus labios y me preparo para
chuparlos entre los míos cuando asiente.
¡Gracias joder!
Levantándose para acercar su boca, se ve obligada a ponerse de
puntillas y sonrío segundos antes de presionar mis labios contra los suyos.
Maldita sea, pero su boca es como caer sobre las almohadas más suaves
después de una vida descansando sobre concreto. Lamo mi camino dentro
y cierro los ojos cuando nuestras lenguas se deslizan juntas. Mi cuerpo late
por ella. Mis dedos se bifurcan en su cabello y es tan malditamente suave y 101
huele a fresas, que literalmente podría comerme viva a esta mujer.
Pero no lo haré.
Tengo la fuerza de voluntad de un experimentado soldado;
seguramente puedo resistir cada impulso de poseer a la mujer en mis
brazos.
Es solo un beso.
Incluso cuando mi defensa resuena en mi cabeza, también lo hace la
verdad.
Esto no es mantener mi distancia.
Miro como las luces traseras del Thing naranja de Celia doblan la
esquina del estacionamiento y desaparecen. Ese auto tiene que tener
cincuenta años, me sorprende que incluso haya arrancado. Mi mandíbula
se aprieta al pensar en ella conduciendo alrededor de una lata. Maldita sea,
Aden, no es tu problema.
Sacudiéndome de mi injustificada preocupación, contemplo la
posibilidad de ir a la Oficina a tomar una copa, pero sé que, si lo hago… Mi
mirada se mueve rápidamente por el rabillo del ojo. Un hombre con una
barba oscura y abundante y un abrigo pesado camina con la cabeza gacha.
Algo en él parece extraño, muy extraño y demasiado familiar.
Hay una bocanada de humo.
Pólvora.
Irreal. ¡Esto no es real!
Las alertas suenan en mi cabeza y veo al hijo de puta solo para que me
devuelva la mirada.
—¿Tienes un problema? —Mantengo mis ojos en los suyos.
Sacude la cabeza y acelera el paso.
—No.
—Un poco abrigado con una gabardina —le grito y se detiene y se me
queda viendo. Imbécil sospechoso. Mis pulsos corren por mis venas y me
muevo hacia él—. ¿Tienes algo que decir? 102
—¿Te conozco? —pregunta el chico, y podría jurar que capté un ligero
acento.
¡Cerdo americano!
—¿Qué dijiste? —Tomo la cintura de mis pantalones cortos solo para
darme cuenta de que no tengo mi arma.
Las explosiones iluminan el fondo de mis ojos y el fuego de mortero
golpea mis oídos.
—No dije nada —tartamudea.
—Estás un poco lejos de casa, sadiq. —A medida que me acerco, se
mete en el mercado de pescado.
—¿Qué diablos estás haciendo?
Me giro hacia la voz de mi espalda. Es Jenkins con las manos en alto y
los ojos entrecerrados.
—¡Mierda! ¡No puedes arrastrarte sobre mi espalda así, hombre! —
Aspiro una bocanada de aire caliente y salobre y trato como el infierno de
calmar mi acelerado pulso. Busco en mi mente las imágenes y los sonidos
de la guerra, pero lo que era tan real hace unos segundos se fue.
—Necesitas controlar esa mierda, Colt —murmura solo para mis oídos.
Lo empujo para dirigirme al santuario de mi bote.
—¿No crees que sé eso? —Salgo a la cubierta solo para escucharlo subir
a bordo justo detrás de mí. Pongo mis manos en mi cabello y luego las coloco
detrás de mi cuello. Respira... Respira—. Lo estoy intentando.
Saca una cerveza de la hielera que sobró de la pesca.
—Si quieres una oportunidad con una mujer como Celia... —Abre la
tapa y bebe un trago—. Tendrás que esforzarte más.
—¿Quién dice que quiero una oportunidad con ella?
—Te vi chupando su cara. —Encoge un huesudo hombro y se sienta—
. Supongo que quieres una oportunidad.
Exhalo profundamente y me dejo caer sobre el acolchado banco a lo
largo de la barandilla.
—Está mejorando. —No lo hace, pero estoy evitando más los factores
desencadenantes, como las multitudes, mi familia, la gente en general.
Todos logran enfurecerme sin siquiera intentarlo. 103
Me mudé a casa después de mi honorable baja y no duré una semana
bajo el techo de mis padres. No lo entienden. Joder, yo no lo entiendo.
Jenkins... sirvió en Vietnam. Lo entiende.
—No puedo seguir empujándolo hacia abajo, Colt ¿Esa mierda que
parece que no puedes sacudirte? Se pudrirá dentro de ti y matará todo lo
que tienes en la vida hasta que seas solo tú. Eso es lo peor, ¿sabes? Mata
todo... todo menos a ti. Tienes una opción, quieres vivir o quieres morir.
Escoges la muerte, es fácil. Vives.... —Toma otro trago de la lata de cerveza
helada—. Bueno, eso es peor que morir, así que de cualquier manera estás
jodido.
Tomo una cerveza y abro la tapa.
—¿Alguien te ha dicho alguna vez que das charlas de mierda, Jenks?
Sonríe, mostrando agujeros negros donde solían estar sus dientes.
—Escuché eso una o dos veces, sí. No cambia el hecho de que sabes
que tengo razón.
—Estoy trabajando en eso. VA quiere darme pastillas, pero no puedo
funcionar con ellas, no puedo pensar con claridad. Quieren que hable con
alguien, pero eso significa volver allí en mi cabeza, y esa mierda se siente
demasiado real.
—Te entiendo, no tienes que explicármelo. Es una perra. La diferencia
entre nosotros es que yo soy viejo y pasé mis años de gloria, tú los ves
directamente a los ojos. Todavía espero por ti. Pero no puedes seguir
peleando con cualquiera que te recuerde al enemigo. Si quieres una
oportunidad con una buena mujer, tendrás que esforzarte más.
—Nah... ella se irá en un par de semanas. Sólo nos estamos divirtiendo.
—Mmmm. —Ve hacia los muelles.
Le lanzo una mirada de soslayo, no del todo cómodo con su silencio.
—¿Qué?
—¿Hm? Nada. Parece que lo tienes todo resuelto, eso es todo.
—Sí. —Bebo un trago de mi cerveza—. Lo hago.
Puedo aguantar un par de semanas para pasar tiempo con la mujer
cuya foto he estado viendo desde que me mudé aquí. Entonces volveré a ser
104
miserable, jodido y solo.
SAWYER
Después de pescar todo el día con Aden, fui por cajas y al mercado local
por algo de comida para abastecer el refrigerador. No fue hasta que me metí
en la ducha que mis pensamientos retrocedieron a mi día.
Lo que se suponía que sería un viaje rápido al puerto deportivo para
pedir disculpas terminó en un día en el mar que incluyó sushi y besos.
Muchos besos.
El recuerdo de los poderosos labios de Aden moviéndose contra los míos
me obliga a tomar agua fría para templar mi quemada piel por el sol y mis
quemados pensamientos por la lujuria.
¿Qué quiso decir cuando dijo que quería besarme mañana? La idea de
volver a verlo, esa mirada en sus ojos segundos antes de que me besara me
tiene apoyando mi peso contra la pared de azulejos para mantenerme de
pie. ¿Es posible enamorarse de alguien tan rápido? Salí con Mark durante
seis meses y nunca me sentí así... inestable al pensar en su boca sobre la
mía.
Al salir de la ducha, me seco y cubro mi tierna piel con una cantidad
saludable de loción. Finalmente está oscuro y mis ojos están secos y
pesados, pero no puedo dormir hasta que hable con mi hermana.
Marco su número mientras me arrastro debajo de las mantas. Mi
celular prácticamente hormiguea contra mi palma sabiendo que el número
de Aden está ahí esperando ser usado. Incluso fingir ser mi intrépida gemela
no es suficiente para apretar los botones correctos. Llamarlo ahora parecería
demasiado ansioso. Tengo miedo de lo que diría si respondiera. Miedo de
que no responda. Aterrorizada, que volvió en sí en las pocas horas de
separación y me rechaza.
—Hola, estoy ocupada vacunando a los huérfanos en la India, así que
deja un mensaje.
Antes de abrir los labios para hacer eso, suena una llamada en mi otra
línea. El rostro de Celia y su gran sonrisa aparecen en la pantalla.
105
—Solo te estaba dejando un mensaje.
—Me estoy moviendo un poco más lento y mi teléfono solo me da dos
timbres antes de que el maldito buzón de voz conteste. Pero basta de eso,
dime cuánto te encanta ser yo.
Suena cansada. Veo el reloj que tiene forma de piña. Son poco más de
las ocho y media.
—¿Te desperté?
—Sawyer, podemos hablar sobre mis patrones de sueño cuando llegues
a casa. Dime acerca de tu día.
Me acurruco sobre mi costado y no puedo luchar contra la sonrisa que
me está partiendo la cara.
—Oh, Dios mío, Cece, nunca creerás lo que hice.
Se ríe en voz baja y puedo decir que probablemente esté acurrucada en
la misma posición.
—¿Cuál es su nombre?
—Aden Colt.
—Vaya... definitivamente es un nombre de chico atractivo.
Continúo explicándole todo, desde que lo insulté hasta mi intento de
disculparme, cómo el lanzamiento de la moneda me mantuvo en el bote y,
por supuesto, los besos.
—¡Ves! ¡Te dije que ser yo es increíble!
Ahora soy quien se ríe tontamente y no soy de risitas.
—Realmente lo es, pero también es aterrador. No sé cómo lo haces. —
Un largo suspiro sale de mis labios—. Realmente me gusta este chico, pero
cree que soy tú. ¿Entonces qué hago ahora?
—Una vez le dije a un chico con el que salía en Miami que era una
princesa sudafricana llamada Tina. Pasamos unos buenos cinco días juntos
y nunca supo la verdad. No hay daño, no hay falta.
—Tina no suena como un nombre sudafricano.
—Detalles.
—Entonces estás diciendo que debería... que debería...
—No te rompas una vena de la frente, Sawyer. Sí, creo que deberías
106
salir con él. Es totalmente natural tener una aventura veraniega rápida con
un chico atractivo en la playa.
Me muerdo el labio, sintiéndome conspiradora y me encanta.
—¿No debería al menos decirle la verdad? ¿Decirle quién soy?
—¿Dónde está la diversión en eso?
Me pregunto si debería enumerar todas las formas en que pasar tiempo
con Aden de cualquier forma sexual sería muy divertido. Dios, ¿qué me
pasa? ¡Esa no soy yo!
—Además, si se lo dices ahora, podrías hacerlo enojar. Eso lo arruinaría
todo. Y Sawyer...
—Sí.
—Realmente no quiero que nadie de allí sepa que me estoy muriendo.
Mi corazón se aprieta dolorosamente.
—No digas eso...
—Lo digo en serio. Si le dices que no eres yo, se preguntarán dónde
estoy y les dirás, y entonces todo mi plan se arruinará. —Unos cuantos
latidos de silencio se extienden entre nosotras—. ¿Por favor, Sawyer? Lo
prometiste.
—Sí, está bien. No debería tomarme mucho tiempo hacer lo que tengo
que hacer, saldré de aquí antes de que alguien se dé cuenta.
—Gracias. —Bosteza y desencadena un bostezo propio—. Suenas
agotada.
—Iba a decirte lo mismo. —Me acurruco más en la cama.
—Quiero actualizaciones diarias.
Otro bostezo sale de mi garganta.
—Lo sé, te llamaré todas las noches.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
Me quedo dormida poco después con el teléfono todavía en la mano y
visiones de Aden navegando por mi mente. 107
8
SAWYER
E
l sonido de un camión de basura en el callejón me saca del
sueño. Parpadeo para abrirme al sol que entra por la ventana y
me pica el antebrazo rojo brillante. Los eventos de ayer fluyen
de regreso y hacen que mis labios formen una amplia sonrisa.
Por mucho que pudiera acostarme bajo las sábanas reviviendo
obsesivamente el beso de Aden, mi lista de cosas por hacer se cuela y deja
a un lado todos los pensamientos sobre marineros sexys y aventuras
veraniegas.
Después de tres tazas de café para despertarme y otra generosa
108
aplicación de bloqueador en mi crujiente piel, comienzo a ordenar las cosas
de Celia. Asumí que el proceso no tomaría más de unas pocas horas, pero
sigo distrayéndome. Sea una caja de recuerdos que me envía al sofá para
ordenar y aprender un poco más sobre la vida de mi hermana, o una foto
que me hace doler tanto el pecho que tengo que salir a tomar un poco de
aire fresco..
Que es lo que estoy haciendo ahora.
La foto era de ella soplando velas de cumpleaños en lo que parecía un
restaurante súper elegante al otro lado del mundo. Si tenía alguna idea de
que ese cumpleaños sería uno de los últimos, aspiro el aire salado y me
concentro en las olas rompiendo, tratando de respirar profundamente.
Mis ojos escanean el horizonte, contemplando la vista. Las gaviotas que
se posan en los acantilados, algún otro tipo de pájaro con un pico largo, en
forma de aguja, que excava en la arena junto a la orilla del agua. Está el
grupo de surfistas más allá de las rompientes olas y el ocasional corredor
que pasa. El viento sopla en mi cara y considero salir a caminar para tratar
de aclarar mi mente, aunque estar sola con mis pensamientos no parece
facilitar nada de eso.
Calmo mi ansiedad sacando mi bloc de notas, este rectangular porque
el girasol me estaba volviendo loca, y reescribo mi lista.
Clasificar y dividir.
Separar objetos de valor.
Primero los artículos que se usan con poca frecuencia.
Etiquetar, etiquetar, etiquetar.
El golpe de una puerta mosquitera me hace girar para ver a una mujer
en su porche. Parece que está tratando de sacar una bolsa de basura desde
adentro, pero se ve que no puede manejarla con su andador.
—Buenos días. —Me acerco a ella y entrecierra los ojos en los míos a
través de gruesos vidrios de botellas de Coca-Cola. Abro la boca para
presentarme, pero decido que esperaré su reacción para ver si ya nos
conocemos, o, mejor dicho, ella y Celia ya se conocieron.
—Oh... Buenos días. —Está sin aliento y hay una ligera capa de sudor
en su labio superior—. Creo que mi basura se llenó demasiado, eso es todo. 109
—Está jugando al tira y afloja con la puerta mosquitera y la bolsa.
Me apresuro a ayudarla, liberando la bolsa desbordada y recogiendo
parte de la basura que se escapó.
—La tengo.
—Gracias. —Apoya su peso en el andador—. Esto no solía ser tan difícil.
—Sonríe y le devuelvo el sentimiento.
—Estoy feliz de sacar esto por usted.
—Oh no, no te pediría...
—No es gran cosa. En realidad.
—Gracias, um... Oh... Lo siento, no recuerdo si nos conocimos.
Perfecto.
—Soy Celia, vivo en el número cuatro.
—Bien, sé que te he visto por ahí. —Extiende una mano con los dedos
doblados por lo que supongo es artritis—. Señora Jones, pero puedes
llamarme Mary.
Le estrecho la mano suavemente, no queriendo lastimarla.
—Un placer conocerte, Mary. Correré hacia el contenedor de basura.
¿Hay alguna otra basura que necesites que lleve?
—No, pero gracias.
Abro la puerta mosquitera para ayudarla a volver a entrar. El olor a
basura podrida se vuelve abrumador y me pregunto cuánto tiempo ha
pasado desde que sacó su basura.
—¿Estás segura de que no hay nada más que pueda sacar por ti?
—No, no lo creo. —Le cierro la puerta mientras se adentra en la oscura
cabaña.
Sosteniendo la bolsa lo más lejos posible de mi cuerpo, corro hacia el
callejón y arrojo la apestosa masa al contenedor de basura. Luego, alejando
mis manos de mi cuerpo, me dirijo directamente hacia adentro para un largo
lavado de manos seguido de un desinfectante porque nunca puedes estar
demasiado segura. En mi prisa, prácticamente derribo a una niña pequeña.
—¡Oh mierda! Lo siento mucho. 110
No es una niña. Es una mujer bajita.
—Celia, volviste.
Muevo la cabeza hacia arriba ante el sonido de ella diciendo el nombre
de mi hermana y tengo un breve momento de mierda porque no tenía mi
máscara de Celia firmemente en su lugar. De pie a solo unos centímetros de
distancia con un anillo en la nariz y un corte de cabello rubio de duendecillo,
la menuda mujer sonríe e inmediatamente la reconozco por algunas de las
fotos de mi hermana.
—Parece que sí. —Con pantalones de yoga y una gran camiseta que
saqué del armario de Celia que dice “The Confession Bar, Nueva York, NY”
espero ser lo suficientemente convincente.
Me envuelve en un abrazo.
—Es genial verte.
La acaricio con torpeza.
—Es genial ser vista.
Echándose hacia atrás, sonríe ampliamente.
—Cómo estuvo tu viaje... —Frunce los labios—. ¿A dónde fuiste de
nuevo?
—Ah... —Mierda, ¿qué le dije a Brice? Me aclaro la garganta—. Un poco
en todas partes, y luego en Phoenix.
—¿Todo está bien? Te marchaste sin decir una palabra.
Miro más allá de su hombro, sus inquisitivos ojos parecen ver a través
de mí.
—Bien, sí. Estoy bien.
Inclina la cabeza.
—Pareces... diferente.
—¿Yo? —Dejo que mi cuerpo se convierta en gelatina—. Oh, psht, no.
Estoy bien, sólo... tengo resaca de estar fuera toda la noche, ya sabes cómo
es. —Me detengo sin nada más que agregar porque nunca me he quedado
despierta después de la medianoche a menos que haya sido para ver caer la
bola en víspera de Año Nuevo desde la seguridad de mi cama. 111
—Oh, sí, ¿a dónde fuiste? —Sus ojos brillan con interés y entusiasmo—
. Escuché que Blink 182 dio un espectáculo sorpresa en la Casbah.
¿Estuviste allí?
—Oh... no, fui... a una fiesta de fogatas y todo el mundo estaba
surfeando por la noche y había un exjugador de fútbol, así que todos
jugamos fútbol en la playa. Estaba oscuro, pero usaron los faros de sus
autos y esas cosas.
Sus ojos se entrecierran y trato de no moverme en mis sandalias.
—¿No es esa una película?
—¿Hm? —Oh, mierda.
—Point Break. La película, tú solo…
—¿Qué? No. Lame. —¡No puedo creer que realmente pensara que
podría hacer esto de fingir ser Celia! Pego una gran sonrisa—. ¿Como has
estado?
—Estoy bien, supongo. Ya me conoces, nunca un momento aburrido
en la vida de Zöe. Oye, todos han estado preguntando por ti en el bar. ¿Crees
que podrías pasar esta noche?
—¿Esta noche? —Muevo la barbilla al ver la palabra confession en mi
camisa y deseando poder hacer precisamente eso, confesar quién soy y
terminar con esta estúpida farsa. Vuelvo a pensar en las fotos que vi de esta
mujer y espero que me den alguna pista sobre el bar del que está hablando—
. Tal vez, depende de cuánto avance aquí.
Sus cejas perfectamente esculpidas caen sobre sus ojos azules como el
cristal y se inclina para mirar por la ventana de mi cabaña.
—¿Te mudarás?
—Sí, volveré a Phoenix.
Se muerde el labio inferior.
—Qué asesino. —La decepción dura poco y sonríe—. Razón de más
para que vayas al bar.
—Veré lo que puedo hacer.
—¡Excelente! —Se inclina y me envuelve en otro abrazo—. Te
mantendrás en contacto desde Phoenix, ¿verdad? ¿Quizás vengas de visita? 112
¡Oh! ¿Seguirás aquí el cuatro? OB es uno de los mejores lugares del mundo
para pasar las vacaciones.
—Sí, quizás. Ya veremos.
Se echa hacia atrás y sonríe.
—¡Bien! Entonces ¿te veré esta noche?
—Mmm. —Ruedo mis labios entre mis dientes para evitar dar una
respuesta definitiva.
No parece importarle y se aleja con un movimiento del dedo.
Necesitaré averiguar de qué bar está hablando. Le preguntaría a Brice,
pero después de ese beso que me dio la primera noche tengo miedo de volver
a toparme con él. Dios, he estado aquí dos días y medio y he besado a dos
tipos diferentes.
No besé a Mark hasta nuestra segunda cita.
De repente, sintiéndome desnuda y expuesta, me doy la vuelta y
regreso a la casa de Celia. Ay, Dios mío. ¡Soy una puta! Y, extrañamente, la
idea de volver a ver a Aden me acelera el pulso en las venas y me revuelve el
estómago. Es el hombre más masculino que he conocido. No tan bonito
como Brice, pero usa su masculina sensualidad con el tipo de confianza que
rara vez veo en los hombres.
Mis nervios se estremecen y se agitan.
Deja que Celia me convenza de vivir como ella, y déjame disfrutarlo. A
este paso, es posible que nunca quiera volver a ser yo misma.
ADEN
Me las arreglé para mantenerme alejado de las cabañas la mayor parte
del día. Al no tener una buena excusa para ir allí, paso mi tiempo en el barco
haciendo algunas reparaciones menores que había estado posponiendo
durante semanas. Guardé mi teléfono en mi bolsillo por si Celia llamaba. Y
cuando sonó hace menos de una hora, me obligué a no contestar al primer
timbre.
Fue cuando respondí a la temblorosa voz de la señora Jones desde la
113
cabaña seis que me sentí decepcionado y tuve una excusa para conducir
hasta los acantilados. Me di una ducha rápida y me puse mi camiseta más
limpia por si me encontraba con Celia. Contemplé lo que diría en el camino.
Si me encontraba con ella, ¿la invitaría a cenar? No he tenido una cita real
desde antes de enlistarme y eso fue a los dieciocho años, hace casi diez
cuando todavía pensaba principalmente con mi pene. A partir de entonces,
sabiendo que estaba casado con el ejército por tiempo indefinido, no quise
crear ningún vínculo duradero, por lo que mi vida de “citas” fue
principalmente del tipo de vuelo. Dentro y fuera, sin posibilidad de construir
ningún tipo de conexión más larga que la física.
Cuando llego a las cabañas, me estaciono en el lugar asignado por el
administrador de la propiedad y veo la Cosa de Celia estacionado junto a
ella. Algo que se parece mucho a emoción se agita en mis entrañas y me
detiene en seco. ¿Qué carajos? Ha pasado tanto tiempo desde que me sentí
emocionado por algo.
Empapándome de esta nueva extraña sensación, me dirijo a la cabaña
de la señora Jones, asegurándome de mantener la vista hacia adelante
cuando paso por la casa de Celia. Lo último que necesito es que me atrapen
mirando por su maldita ventana como una especie de acosador. Pero, aun
así, no puedo evitar preguntarme por qué no me ha llamado. Han pasado
casi veinticuatro horas desde que dejó el barco con la posibilidad de estar
en contacto, y en ese tiempo ha logrado convertirme en un desesperado
idiota que espera una segunda cita que nunca sucede.
—Oh, Aden... —La señora Jones debe verme desde su puerta abierta
mientras subo los escalones—. Lamento mucho molestarte, cariño.
—Nunca eres una molestia. —Empujo la puerta mosquitera y se cierra
de golpe detrás de mí.
—No sé si creo todo eso. —Su voz tiembla con la edad y sus ojos
desaparecen detrás de sus mejillas cuando sonríe.
Hago un gesto hacia su antiguo televisor.
—¿De qué se trata el programa? —La señora Jones siempre está
sentada frente a alguna película cursi de Hallmark.
—Ese hombre está enamorado de esa mujer que cree que es una
mesera, pero en realidad es una actriz extranjera muy famosa escondida. 114
Vaya, eso es estúpido.
—Suena interesante.
—Oh, lo es. —Coloca una frágil mano cubierta de venas moradas que
sobresalen hacia su pecho—. Ella se irá a su país y si no se lo dice pronto,
la perderá para siempre.
Finjo interés al ver cómo un guapo actor camina a través de la pantalla.
—Hm. —Pasan unos segundos y me alejo de la televisión antes de que
mis bolas se arruguen y caigan por la sobrecarga romántica infundida de
estrógenos—. ¿Es el fregadero de la cocina o del baño?
Ella lucha por levantarse, sus brazos temblando por el esfuerzo de
levantarse.
Pongo una mano en su hombro.
—Quédate quieta, solo dime qué lavabo es y me ocuparé de él.
Deja escapar un suspiro exhausto y me sonríe, acentuando los surcos
alrededor de sus labios, evidencia de la larga y feliz vida que ha vivido.
—Es el baño, cariño. Gracias.
Me dirijo a su baño y abro el agua, luego me dejo caer a las tuberías de
abajo para ver un lento goteo que sale de la tuerca deslizante. Saco una llave
inglesa de mi cinturón de herramientas y aprieto la tuerca. Vuelvo a abrir el
agua y miro si hay una fuga.
Nada.
Después de limpiar el charco debajo de su lavabo, me lavo las manos,
reviso la tubería una vez más y, satisfecho de que esté arreglada, salgo para
verla secándose los ojos con un pañuelo de papel.
—Ya está todo listo.
Ella solloza y se mueve bruscamente para agarrar algo de su mesita
auxiliar.
—Gracias, Aden. —Saca unos dólares de su billetera con dedos
nudosos.
—No. —Levanto mi mano.
—Pero… 115
—Solo estoy haciendo mi trabajo, señora Jones.
Parpadea confundida y luego vuelve a concentrarse en mí.
—Me pregunto si hoy es mi cumpleaños. —Se ríe suavemente—. Todo
el mundo está siendo muy amable conmigo.
—¿Es tu cumpleaños?
Sus mejillas se sonrojan y niega.
—No lo creo. Pero la dulce chica de la puerta de al lado me ayudó con
mi basura y luego tú te apresuraste a...
—¿Cuál chica?
Su mirada se dirige a la ventana y baja la barbilla hacia el lugar de
Celia.
—Ella. No puedo llegar al contenedor de basura tan fácilmente como
solía hacerlo.
¿Celia hizo eso? Siento que mis labios forman una amplia sonrisa y sigo
su mirada por la ventana justo cuando un destello de cabello rubio rojizo
me llama la atención. Mi pulso late detrás de mis costillas.
—Qué lindo... escucharlo, será mejor que me vaya. —Ya me estoy
moviendo hacia la puerta—. Disfruta el resto de tu noche. —Salgo por la
puerta principal y veo a Celia caminando hacia el borde del acantilado.
Está vestida con jeans que abrazan cada curva de su redondo trasero,
revelando todo lo que escondía debajo de su falda ayer. Un sedoso top negro
con solo hilos para sostenerlo llama la atención sobre sus pecosos hombros
bañados por el sol y su claro cabello.
Mis músculos se tensan cuando llega a la barandilla y apoya su peso
en ella como si acabara de correr algunos kilómetros y estuviera tratando
de recuperar el aliento. Me acerco por detrás, pero no queriendo asustarla
me detengo a una buena distancia.
—¿Estás bien, pecas?
Se da vuelta y es entonces cuando me doy cuenta de que está usando
maquillaje, no mucho, pero lo suficiente para cubrir la pizca de color en su
nariz y mejillas y acentuar sus ojos. Acaba de llegar a casa o se va. El
pensamiento me agita y me da curiosidad. Froto la parte de atrás de mi
116
cuello mientras inclino la cabeza y continúo mirándola.
Sus ojos se agrandan sobre mí y pone una sonrisa falsa.
—No sabía que estabas aquí.
La estudio de arriba a abajo y me aseguro de tomarme mi tiempo para
que pueda sentirme haciéndolo. Es solo cuando se mete las manos en los
bolsillos conscientemente que finalmente le hago la pregunta de la que me
muero por saber la respuesta.
—¿A dónde vas, Celia? —La amenaza en mi voz hace que mi propia piel
se estremezca y la forma en que su respiración tiembla antes de que sus
ojos se agranden me dice que mi pregunta tiene un efecto en ella.
—Yo... no lo sé.
Paso mis dientes a lo largo de mi labio inferior y levanto mis cejas ante
sus zapatos de tacón alto.
—¿Toda disfrazada y no sabes a dónde vas? —Maldita sea, es una cita.
Tendrá una maldita cita.
—No. Quiero decir... —Retiene los mechones de cabello que la brisa le
arroja a la cara—. Quizás.
—¿Vas a una cita, Cece?
—Por favor. —Su rostro se arruga—. No me llames así.
Me acerco.
—¿Por qué no? ¿Tenía mi lengua en tu boca ayer y ahora te ofende un
apodo? —Me acerco aún más hasta que nuestros dedos de los pies
prácticamente se tocan—. ¿Quién te acompañará esta noche?
Sus cejas se juntan.
—No saldré con nadie, simplemente no sé a dónde voy.
—Explica eso.
Se quita los sedosos mechones de cabello de la frente.
—Esta chica, Zöe, me pidió que pasara por un bar y yo... —Es difícil
concentrarse en lo que dice con los labios cubiertos con un brillo rosa que
los hace parecer el caramelo más dulce—. Es una larga historia.
Cruzo los brazos a la altura del pecho. No me debe una mierda, pero 117
soy un bastardo egoísta y quiero saber por qué ir a un bar la pone tan
nerviosa.
—Tengo tiempo.
—Zöe me pidió que la encontrara en un bar, pero no sé de qué bar está
hablando y podría preguntarle a Brice, pero me temo que pensará que puede
venir conmigo y, para ser honesta contigo, preferiría no ir con Brice, o
preferiría no ir, pero le dije que lo haría y que, si no lo hago, entonces...
luego...
—Shh... Vas a hiperventilar. —Estoy medio bromeando, pero la forma
en que sus manos están juntas a los costados me hace pensar que podría
no estar lejos de la verdad.
Ella exhala un largo suspiro y sacude los brazos.
—Lo sé.
—¿Siempre estás tan nerviosa?
—¿Siempre sientes que es importante señalar mis defectos?
—¿Por qué te importa si señalo tus defectos?
—¿Por qué te importa a dónde voy?
—Creo que podríamos seguir así durante horas.
Una pequeña sonrisa golpea sus labios.
—Probablemente tengas razón.
—El bar del que está hablando probablemente sea el de Lenny. Ella
trabaja allí.
—Oh... —Se muerde el labio inferior y un celoso impulso de arrancar
ese labio de sus dientes y tirar de él entre los míos me tira—. ¿Sabes dónde
está?
Lo sé, pero si se lo digo se irá, y con ese aspecto prefiero que se quede
en casa, preferiblemente conmigo.
—Quiero decir, ¿quieres, te gustaría, si no estás ocupado, puedes venir
conmigo?
—No creo que sea una buena idea. —Lenny, el propietario, nunca me
dijo oficialmente que no volvería a ser bienvenido en su bar, pero la mirada
que me dio esa noche en que me arrestaron fuera de su lugar, unos diez 118
segundos después de que me despidiera, dejó bastante claro que nunca
quería ver mi cara de nuevo. No es que lo culpe.
—¿Por qué no es una buena idea?
Me encojo de hombros y trato de actuar de manera casual.
—Cuando me mudé aquí por primera vez, Zöe me consiguió un trabajo
allí los fines de semana.
Sus ojos se entrecierran.
—¿Tú y Zöe, chicos...?
—No. —De acuerdo, casi pasó una vez, pero estaba demasiado
borracho para hacer que esa noche fuera divertida para alguno de los dos.
No es que Celia necesite saberlo.
—¿Entonces qué pasó? ¿Por qué no trabajas allí ahora?
—Nada que contar, simplemente no funcionó. —Mentira, mentira,
mentira.
—Oh, bueno, entonces no veo por qué no puedes venir conmigo.
—Pecas...
—¿Por favoooooor....? —Hincha ese gordo labio inferior y mi sangre
aúlla en mis venas para arrastrarla de regreso a mi bote al estilo de las
cavernas.
Me acerco a ella de modo que casi nos tocamos.
—Bésame e iré. —Sí, lo dije y lo dije en serio. Me enfrentaría a Lenny y
a todas sus tonterías si eso significa que me meto en esos labios.
Su mandíbula se abre, y para nada de mala manera.
—No puedes hablar en serio.
—Lo digo en serio. —Paso mis manos por su cabello en su nuca y mi
pulgar a lo largo de su mandíbula—. Pensé en ti todo el día.
—¿Lo hiciste? —susurra, y su aliento pasa como un fantasma por mis
labios en una broma brutal.
—Mmm. —La acerco hasta que me alcanza empujándose con los dedos
de los pies—. Vendrás el resto del camino, yo iré al lugar de Lenny. —Soy
un idiota mentiroso, iría de todos modos solo por tener la oportunidad de 119
pasar un tiempo con esta mujer que se las arregla para joderme la cabeza
por completo.
Ella se lame los labios y estoy entusiasmado con la anticipación de
saborear su lengua de nuevo. En lo que se siente como una cámara lenta,
presiona el beso más suave con la boca cerrada en mis labios. Agarro su
cadera y tiro de su cuerpo contra el mío, sus pechos se amoldan a mi pecho,
y estando de puntillas, tropieza conmigo, dándome su peso.
Jodidamente perfecta.
Mis brazos la sostienen con fuerza mientras inclino la cabeza y la
engatuso para que abra su boca. Ella tararea bajo en su garganta mientras
me deja entrar, el dulce sabor de sus labios y la suave fricción de su brillo
me hacen gruñir en respuesta. ¿Cuándo fue la última vez que me excitó algo
tan benigno? Tal vez sea porque estoy sobrio. El alcohol lo embota todo y si
esto es lo que se siente al estar sobrio, joder, me lo he estado perdiendo.
Se relaja en mi agarre y el simple acto me hace sentir algo que no he
sentido en mucho tiempo. Fuerte. Poderoso. Como si no hubiera nada que
no pudiera conquistar, y no lo había tenido desde el día en que dirigí a mi
batallón en la última misión de nuestro despliegue. La última operación
antes de que todos volviéramos a casa.
Pero solo la mitad de nosotros lo logramos.
Un destello de luces de disparos se enciende detrás de mis párpados
cerrados y retrocedo, rompiendo nuestra conexión.
Ella está sin aliento, sus ojos todavía están cerrados, no se ve afectada
por mi breve ataque de pánico. Parpadea lentamente hacia mí.
—¿Besas a todas las mujeres así?
Mis labios se contraen.
—Solo conozco una forma de besar. —Pero de alguna manera besarla
se siente diferente. Mejor de una manera que no puedo identificar.
—¿Entonces irás conmigo?
—Sí. Incluso te llevaré a cenar primero.
—¿Una cita? —Su sonrisa es tan grande que se extiende por su perfecto
rostro.
—Una cita. 120
—Solo agarraré mi bolso. —Da un paso atrás y tropieza con un trozo
de planta.
Pongo mi brazo alrededor de su cintura esperando que nuestro beso
fuera la causa de su falta de equilibrio.
—Iré contigo. —A juzgar por su rubor, creo que podría serlo.
La guío a su lugar y una vez dentro mi estómago se endurece. El espacio
habitable principal está lleno de cajas y montones de sus cosas, un
recordatorio de que se mudará pronto.
—Está en la recámara. Vuelvo enseguida. —Está más firme en sus pies
cuando va a buscar su bolso. Dejo mi cinturón de herramientas y me muevo
por la habitación.
Pilas de libros, toneladas de figuritas de chatarra que supongo son de
todos los confines del mundo, se amontonan junto con el papel de empaque.
No parece que haya estado trabajando en nada de esto durante mucho
tiempo, ya que todas las cajas aún están vacías.
—Estoy lista. —Sonríe con una nueva capa de brillo de labios que no
puedo esperar a usar en todo mi cuello.
¡Abajo, chico! Habrá mucho tiempo para besarnos más tarde.
—Yo conduciré.
Mientras caminamos hacia mi Blazer, lucho contra el impulso de poner
su mano en la mía, porque en serio, ¿de qué diablos va todo esto? No soy
del tipo que se toma de la mano, pero con Celia parece que no puedo
acercarla lo suficiente cuando estamos juntos.
121
9
SAWYER
E
staba al borde de un ataque de ansiedad cuando terminé de
prepararme para salir esta noche. Lancé esa estúpida moneda
como le prometí a mi hermana y, por supuesto, determinó que
iría al bar esta noche. Después de sacar toda la ropa que traje a San Diego
en busca de la ropa adecuada, sucumbí a hurgar en el armario de Cece.
Vaqueros ajustados, una camiseta holgada y aún increíblemente
favorecedora, y dejé mi cabello ondulado como Cece usaba el suyo. Me sentí
bastante bien cuando me apliqué el maquillaje más pesado de lo que suelo
usar, pero no fue hasta que me paré frente a ese espejo que lo vi.
122
No era Sawyer quien me devolvía la mirada. Era mi hermana.
Era Celia.
La ropa, el cabello, todo era mi hermana, pero eso no era lo que hacía
que la imagen ante mí fuera tan surrealista; después de todo, esas cosas
son superficiales. Era el brillo en mis mejillas que ni siquiera el maquillaje
más caro podía proporcionar, la chispa en mis ojos que estaba ansiosa por
hacer algo irresponsable. Era mi postura, la confianza en el doblez de mi
rodilla y la fuerza en mis hombros lo que hablaba de una mujer que no se
atascaba constantemente por preocuparse por cada pequeño detalle de la
vida.
Lo que vi en el espejo fue a una chica que, aunque solo fuera por ese
breve segundo, había cedido a lo que podría ser en lugar de tener sus manos
envueltas en manipular su futuro en lo que debe ser.
Y tan pronto como lo reconocí, lo ahuyenté.
De repente, la habitación era demasiado pequeña, la ropa me cortaba
la circulación, sentía las piernas entumecidas y salí corriendo en busca de
aire...
Solo para encontrarme con él.
Aden.
La forma en que me ve hace que mi pulso se vuelva lento y desesperado.
Con él, no soy Celia o Sawyer, soy un híbrido que parece encontrar lo
suficientemente interesante para estar cerca, para besar, para tener una
cita.
Cuando abre la puerta del lado del pasajero de su camioneta, muestra
una arrogante sonrisa que me hace pensar que puede leer mis
pensamientos. Que sabe el efecto que tiene en mí. Y que le gusta.
Pero cuando le devuelvo la sonrisa, pasa algo. Su sonrisa cae y se aleja
brevemente de su juego mientras la maravilla baila detrás de sus ojos.
Un momento de tensión se acumula entre nosotros hasta que se aclara
la garganta.
—Cinturón de seguridad. —Agacha la barbilla y se pasa la mano por
mi cabello antes de encerrarme.
Me abrocho el cinturón de seguridad y lo hago a ciegas mientras lo veo 123
correr alrededor del capó con toda la gracia y la agilidad de un
experimentado atleta.
Se sube al interior y el motor cobra vida con un rugido.
—¿Te gusta la comida italiana?
—Sí.
Gira el volante y nos lleva hacia la ciudad.
—Conozco un lugar. Es un agujero en la pared, pero tienen el mejor
rigatoni horneado que he probado.
—Suena bien. —Lucho por tener algo de qué hablar mientras gira el
dial de su radio hacia alguna estación de rock alternativo. No hay
reproductor de CD, solo una vieja grabadora. Aunque la cosa debe ser
vintage, su interior está limpio y bien cuidado—. Esta es una gran
camioneta.
—Gracias, era de Cal. Es vieja, pero me gusta poder abrir el capó y
arreglar la mierda si se descompone. No hay computadoras en estos viejos
Chevys.
No sé nada de autos, así que simplemente asiento y agarro el bolso en
mi regazo para ocultar mi nerviosismo.
Hace un giro brusco a la derecha y algo plateado se desliza debajo de
mi asiento para asentarse en mi zapato. Me agacho y recojo un juego de
placas de identificación. Tintinean cuando las acerco para inspeccionar el
nombre.
COLT
ADEN, R
A304823
O POS.
CHRISTIAN
—¿Sigues en el ejército?
Sus ojos se mueven entre las placas en mi mano y el camino por
delante.
—No. —Se inclina, abre la guantera, toma las placas y las arroja.
—¿Estuviste en el Medio Oriente durante mucho tiempo? 124
Mueve la mandíbula hacia adelante y hacia atrás durante unos
segundos y luego asiente.
—En cuatro despliegues, el más largo fue de quince meses.
—¿Quince meses? —Eso es una locura—. Pensé que solo iban unos
meses a la vez. —Más de un año en un país devastado por la guerra parece
un infierno—. Debes haber tenido un trabajo bastante importante.
Sus cejas caen hacia abajo y frena con tanta fuerza que si no estuviera
usando el cinturón de seguridad me habría golpeado la cabeza con el
tablero. Se vuelve y sonríe, pero parece forzado.
—Estamos aquí.
Miro por el parabrisas y veo un letrero que dice Ristorante italiano de
Rizzario pintado en un edificio de ladrillo rojo. Es pintoresco y tiene una
sensación romántica, lo que hace que mi estómago se revuelva.
Él salta de la camioneta y rodea el capó, pero la forma en que lleva su
cuerpo es diferente. Hombros rígidos y movimientos más lentos y
controlados. Abre mi puerta, evitando mis ojos, pero me da una mano para
ayudarme a deslizarme lo más grácilmente posible fuera de mi asiento.
Para mi decepción, me suelta la mano y camina delante de mí hacia el
restaurante. Extraño porque parecía ralentizar el paso a propósito para
caminar uno al lado del otro cuando dejamos las cabañas.
Después de una solicitud rápida de una mesa en el patio, nos conducen
a una pequeña área al aire libre que está protegida por enredaderas de
glicinias y luces centelleantes. Aden saca mi silla y, a pesar del giro de 180
grados en su estado de ánimo, sonrío ante el caballeroso gesto.
—¿Qué? —Se sienta frente a mí, su mirada fija en la mía.
—Nunca me habían sacado la silla.
—¿No? —Arqueó una ceja—. Ninguno de tus novios trotamundos te
sacó una silla, ¿eh? —Sacude la servilleta y la coloca sobre un muslo—.
Todo el dinero. Sin clase. —Se encoge, pero solo un poco.
Intento no leer demasiado o dejar que su opinión sobre la vida amorosa
de mi hermana me enoje; después de todo, probablemente tenga razón.
Recojo mi menú y finjo estar viendo las opciones cuando realmente 125
estoy tratando de averiguar dónde me equivoqué. Solo ha estado así conmigo
dos veces, y en ambas ocasiones fue cuando mencioné a los militares.
—¿Puedo traerles algo para beber? —Una femenina voz suena desde
nuestra mesa y antes de que pueda abrir la boca para pedir un té helado,
Aden ladra una orden de dos whiskies.
Curvo mis labios entre mis dientes y espero a que se vaya antes de
mirarlo fijamente.
—No bebo whisky.
Se echa hacia atrás y se lleva las manos a los muslos.
—¿Por qué no estoy sorprendido?
Mantengo mis ojos fijos en los suyos y espero que vea hacia otro lado
primero, pero inclina la cabeza y mantiene su mirada fija en la mía.
Me inclino.
—Lo siento.
Parpadea.
—No lo sabía —susurro—. Ahora lo hago, y no volverá a suceder.
—¿De qué estás hablando?
—De tu carrera militar.
Se sacude como si le hubiera pegado un puñetazo en el estómago y sus
hombros se tensan.
—Es un tema con el que no te sientes cómodo, lo veo ahora. No sabía
eso antes, así que por favor deja de castigarme. Cometí un error, me
disculpo, así que puedes dejar de observarme como si fuera el enemigo aquí.
Su boca se abre para decir algo, pero la camarera viene con nuestras
bebidas. Las pone sobre la mesa y se da vuelta para irse.
—Espera —le espeta a la pobre chica—. Me gustaría pedir algo más.
Visualizo a Celia en el asiento en lugar de a mí e imagino cómo
respondería.
La camarera me mira y en lugar de pedir un té helado, tomo el whisky
y asiento.
—Esto está bien. Gracias.
Él entrecierra los ojos.
126
—¿En serio?
Tomo un sorbo y lucho contra el encogimiento que se arrastra por la
parte posterior de mi cuello mientras el ardiente alcohol se desliza por mi
garganta.
—Delicioso.
Una insinuación de sonrisa curva sus labios y bebe un sorbo de su
propia bebida mirándome como si fuera un extraño espectáculo secundario
que está disfrutando.
Mantenemos la conversación relativamente impersonal a partir de ese
momento. Le pregunto sobre la pesca y parece contento de hablar sobre
diferentes peces, precios de mercado e historia de San Diego.
Resulta que el whisky no es tan malo y el rigatoni horneado era tan
bueno como prometió. No es hasta que la camarera pregunta si nos gustaría
el postre que recuerdo por qué estamos aquí y empiezo a ponerme nerviosa
por ir a Lenny’s.
Lo más probable es que haya muchas personas que conozcan a mi
hermana y me pregunten cosas y hablen de situaciones de las que no sé
nada. Por suerte, Aden estará conmigo. Me imagino, que con dos whiskies y
casi estoy arrastrando las palabras, cualquiera que se dé cuenta de mi falta
de memoria se lo atribuirá a que estoy borracha.
Intento pagar la mitad de la cuenta, pero Aden me ve de una manera
que dice:
—No te atrevas a sacar tu billetera.
Como no he tenido muchas citas románticas de verdad, no estoy
familiarizada con el protocolo, pero le permito que pague. Parece más
cómodo, y cuando salimos a su auto y me engancha por la cintura,
prácticamente me derrito en sus brazos.
—Vaya, ¿estás borracha, pecas? —Se ríe en mi oído, haciendo que se
me ponga la piel de gallina en el brazo.
—Te dije que no bebo whisky. —Intento alejarme de él, pero su
poderoso brazo me mantiene cerca.
—Por lo que vi, diría que lo bebes bien. —Hay humor en su voz mientras
me aleja del estacionamiento hacia la acera. 127
—¿A dónde vamos?
—A Lenny's. Está en la siguiente cuadra. —Me ve—. ¿Cómo no sabes
dónde está Lenny's?
Finjo observar escaparates en las boutiques de la playa para que no
pueda ver mi cara mientras lucho por una respuesta creíble.
—Sí, quiero decir, ¿por qué no vamos al auto?
—Pensé que sería mejor para ti dejar un poco de ese licor.
—Mmm... probablemente eso sea inteligente.
Es una caminata corta y me cuesta mantener un pie delante del otro
con la forma en que su pulgar traza círculos en mi cadera.
El letrero de neón de Lenny’s se ve más adelante. Está en una esquina
y la música reggae se filtra desde las retráctiles ventanas a lo largo de las
dos que dan a la calle.
Es lo que consideraría el típico chiringuito, pero con un toque moderno.
Igual que antes, Aden se pone tenso y pierde su buen humor en el
momento en que entramos por la puerta. Me lleva a una mesa alta en la
esquina junto a una ventana abierta, pero sus ojos están fijos en un hombre
mayor que está preparando bebidas detrás de la barra.
Ese debe ser Lenny.
—¿Estás bien?
—Sí.
Está mintiendo.
—No tenemos que quedarnos.
Finalmente, aparta los ojos del hombre en la barra, pero no me ve.
Ahora su mirada está cambiando de persona a persona, de un lado de la
habitación al siguiente, y luego empuja mi lado de modo que su espalda esté
contra la pared y algo en la nueva posición parece hacer que se relaje un
poco.
—¿Quieres que vaya a traernos bebidas?
Me ve enarcando una ceja, pero no sonríe. 128
—¿Estás segura de que necesitas una?
Sí, el gruñón Aden volvió.
Y de repente anhelo estar de vuelta en casa de Celia envuelta en una
acogedora manta con un buen libro.
—¡Celia! —Zöe viene detrás de mí y me envuelve en un abrazo—.
Viniste.
Sus ojos se posan en mis manos vacías.
—Necesitas un trago.
—Oh... de hecho, creo que estoy bien.
Las cejas de la chica se juntan y me estudia por un momento antes de
estallar en carcajadas.
—Bueno, te traeré un trago. —Ve a Aden y lo mira de nevo—. Hola,
Aden.
—Zöe. —Ni siquiera la mira, sus ojos siguen escaneando
constantemente como si buscara una amenaza.
—¿Lenny sabe que estás aquí?
—No lo sé, pero iré a saludar para asegurarme de que lo haga. —Sonríe
con malicia y susurra en mi oído—: Regreso enseguida. —Seguido de un
apretón rápido antes de moverse entre la multitud hacia la barra.
Zöe lo ve alejarse, luego se vuelve hacia mí con enormes ojos de platillo.
—¿Tú y Aden?
—No, er, yo no...
—¡No puedo creer que estés chocando feos con Aden Colt!
—Asqueroso, no estoy chocando... feos.
—Seguro que no lo haces. El chico es atractivo como el infierno y no
tendrás sexo con él. Esa es la maldita cosa más divertida que he escuchado,
Celia.
—Te juro que no estamos haciendo nada.
Apoya las manos en las caderas.
—¿Quién eres? 129
Si no fuera por el respaldo de mi taburete, me habría caído de
inmediato. Ve a través de mí. ¡Sin mierda, Sawyer! Sin bebida, negar una
relación sin sentido, sentarme con las piernas cruzadas, ni siquiera estoy
tratando de actuar como Celia.
Me rindo al persistente tirón de licor en mi sangre y permito que me
convierta en un fideo.
—Está bien, bien, me tienes. Estamos saliendo.
—¿Cómo en una cita? —Se desliza más cerca—. ¿Tú y Aden Colt están
saliendo? —Su expresión indicaría que todavía no soy una Celia
convincente.
—Saliendo —digo, usando comillas en el aire—. Sabes a lo que me
refiero, como en ligar.
El silencio se extiende entre nosotras y busca mis ojos antes de
finalmente asentir.
—Lo sabía.
—Es sólo temporal, ya sabes, algo para pasar el tiempo hasta que me
mude. —Me duele el estómago por la facilidad con que las palabras salen de
mis labios. El sexo casual no es algo que haya apoyado o de lo que haya sido
parte, pero Celia lo ha dominado.
Me estudia por un momento, luego asiente.
—Lo que digas. —Se encoge de hombros—. Sólo sé cuidadosa.
Mis oídos se animan.
—¿Por qué dices eso?
Sigo su mirada que está en Aden hablando con quien supongo es Lenny
detrás de la barra, ninguno de los dos luce tan emocionado de ver al otro.
—Tiene un poco de reputación. —Se acerca un taburete a mí y se
sienta—. Brice y sus amigos lo llaman sargento Psicosis.
—¿Por qué?
—El tipo no es estable. —Sus ojos se ensanchan—. Pero a quién le
importa, es sexy.
—¿Qué hace que todos piensen que es un psicópata? —Recuerdo sus 130
repentinos cambios de humor, cómo pasa de ser un coqueto a estar enojado,
se irrita fácilmente y parece tener muy poco control de sus impulsos. ¿Y si
es un psicópata? Mi corazón late sordamente en mi pecho gracias al alcohol
que bombea por mis venas.
—Solía ser gorila aquí. Escuché que lo despidieron porque atacó a un
taxista. —Los ojos de Zöe están muy abiertos—. Totalmente sin provocación.
Me cuesta creer eso. Aden es un tipo duro, pero atacar a alguien sin
ningún motivo no tiene sentido. A menos que esté loco.
—No hace mucho tuvo un accidente en los acantilados. —Sus cejas de
forma fina están altas en su frente—. Dijo que se resbaló mientras corría,
pero se rumorea que saltó.
Me vuelvo para verlo, su camiseta granate abraza sus gruesos bíceps
bronceados y su fuerte mandíbula es tensa mientras escucha lo que sea que
ese tipo Lenny está diciendo. Parece tan capaz que no puedo imaginarlo
tomando el camino del cobarde y tratando de suicidarse. También lo vi
balancearse sobre un pie mientras se inclinaba sobre el borde de su bote
para subir un pez y no puedo verlo resbalar accidentalmente con algo.
—Estoy segura de que te dijo que mandó al hospital a los tipos que
irrumpieron en tu casa.
Parpadeo, apenas registrando sus palabras.
—Espera... ¿hizo qué?
—Solía vivir en la cabaña de Cal. Atrapó a los tipos que irrumpieron en
tu casa y les dio una paliza. Después de eso, se mudó al barco de Cal.
Me tapo la boca, sacudo la cabeza y las palabras no se forman.
—Había dos, tipos de tamaño decente, pero Aden los hizo sangrar a los
dos.
—Vaya... —Sabía que era un tipo duro, exmilitar, pero no sabía que era
violento. Mi vientre retumba y amenaza con derramarse.
Ella se mueve hacia atrás asintiendo.
—Aden es hermoso, pero hay algo extraño en él.
Veo hacia atrás para encontrarlo mirándome. Cuando nuestros ojos se
encuentran, la comisura de su boca se levanta en una torcida sonrisa que
envía aleteo por todo mi cuerpo. 131
Sawyer nunca le daría a un hombre con ese tipo de historia violenta un
segundo de su tiempo.
Deja que Celia se enamore de un tipo que no es más que problemas.
10
ADEN
—E
ntonces ¿estamos bien? —Tiro dinero en efectivo en
la barra por las dos bebidas que Lenny acaba de
prepararme.
Él toma el dinero y asiente.
—Mientras seas un cliente que pague y no empieces a cagar en mi bar,
estaremos bien.
Intento ignorar su condescendiente tono y me muevo por la habitación,
dando vueltas entre personas y mesas. El estrecho espacio tiene a la 132
paranoia arañando mis nervios. Mi mirada está fija en Celia e imaginarme
quitándole la ropa para ver qué tan lejos van esas pecas me distrae de los
delirios.
—Aquí.
Celia me quita la bebida y la huele.
—¿Qué es?
—Ginger ale.
Parece aliviada y toma un largo trago de su popote.
—Vaya, ginger ale. —Las palabras de Zöe destilan sarcasmo—. Ustedes
van a lo grande esta noche, ¿eh? Será mejor que no conduzcas.
Doy un trago y frunzo el ceño ante la azucarada dulzura. Han pasado
años desde que tomé un refresco sin ron ni whisky, y la ausencia es un
extraño cambio. Tengo un número limitado de días con Celia y si esta cita
me lleva a donde espero, no hay forma de que me emborrache por eso.
—No te veo con una bebida.
Zöe salta de su taburete.
—¡Excelente punto! Vuelvo enseguida.
Celia está revolviendo su refresco con el popote y se dirige al taburete
recién desocupado.
—Toma asiento.
—Nah. Estoy bien. —Me recuesto contra la pared de ladrillos y la
dureza me da un poco de tranquilidad. Afortunadamente, el whisky de la
cena todavía corre por mis venas, lo que me quita el dolor de estar en una
habitación con tanta gente. Pero aun así, no puedo darles la espalda. No si
quiero mantener mi promesa a Lenny de no crear problemas.
Ella se mueve incómoda en su asiento y juguetea con el popote. Me
concentro en su lenguaje corporal; una mano frota arriba y abajo su muslo
obsesivamente, la barbilla hundida en su pecho, evitando el contacto visual.
—Oye.
Me ve y sus ojos se mueven rápidamente.
—¿Qué pasa? —pregunto.
—¿Qué te hace pensar que está pasando algo? 133
Dejo mi bebida y me acerco, asegurándome de mantener sus violentos
ojos verdes con los míos.
—No respondes una pregunta con otra pregunta. No te sientes cómoda
aquí. ¿Por qué?
Sus ojos se agrandan y luego parpadea.
—Creo... digamos que volví aquí como una persona diferente y... —
Toma un sorbo de su bebida—. No quiero encontrarme con gente que solía
conocer.
—Entonces, ¿por qué vinimos?
Niega y murmura:
—Es una estupidez.
Tomo su barbilla y devuelvo sus ojos a los míos.
—Dime.
Busca en mis ojos, supongo que trata de averiguar cuáles son sus
posibilidades de que la deje escapar. Levanto una ceja, endureciendo mi
mirada. Suspira y endereza una pierna para buscar en su bolsillo y sacar
una moneda. Dándole la vuelta en su mano, me la muestra.
—Debido a esto.
Le quito la moneda y la estudio. No tiene nada de especial, parece una
moneda normal de 25 centavos de todos los días.
—No lo entiendo.
—Tiendo a pensar demasiado las cosas, así que cuando me veo obligada
a tomar una decisión, tiro la moneda.
—¿No me digas?
Sonríe, pero es tímida, casi avergonzada.
—Te dije que era una estupidez.
—¿Qué pasa si aterriza en algo que no quieres?
—¡Hola, Celia!
Sus ojos brillan con pánico antes de volverse hacia la voz de una mujer
que se abre paso a empujones entre la multitud hacia nosotros. No es hasta
que emerge de la multitud que la reconozco. 134
Lanza sus brazos alrededor de mi cita.
—¡Zöe me dijo que habías vuelto!
Los ojos de Celia se posan en los míos en una silenciosa súplica de
rescate mientras palmea torpemente la espalda de su invitada no deseada.
—Sí, volví.
—¡No ha sido lo mismo aquí sin ti! —Se aparta y me ve como si acabara
de darse cuenta de que estoy aquí—. Aden, oye... ¿Lenny sabe que estás
aquí?
—Polly. —Aprieto los dientes—. Lo hace.
Se deja caer en el taburete más cercano a Celia.
—¿Entonces? ¿Dónde estuviste esta vez? ¿En Bali? ¿En Portugal? ¿En
España?
Celia se mueve en su asiento, la incomodidad de la que habló antes se
muestra claramente en su lenguaje corporal. Se aclara la garganta y bebe
un sorbo de refresco.
—En Phoenix.
Polly arruga la nariz.
—Phoenix. ¿Como en Arizona?
—Mm-hmm. —Celia tiene el popote en la boca tragando su bebida y
muy pronto se acabará y no tendrá excusa para evitar hablar.
—¿Por qué Phoenix? Suena... aburrido.
—Cosas de familia.
—¿Oh sí? ¿Como qué? ¿Todo bien?
El burbujeante sorbo que indica el final de su bebida suena justo antes
de que deje el vaso vacío.
—Por supuesto.
—¿Estuviste allí para ver a tu hermana?
La barbilla de Celia se mueve hacia Polly.
—¿Por qué piensas eso?
Polly frunce el ceño.
—Sé que te preocupas por ella.
135
—¿Lo hago? —Su voz es casi un susurro y me pregunto si realmente
habló o me lo imaginé.
—Oh, no lo sé, solo por lo que dijiste sobre que no tiene vida y tiene esa
cosa en la que tiene miedo de dejar su casa y esas cosas... cómo se llama...
—Frunce los labios.
—Agorafobia. —El rostro de Celia se ve más pálido de lo habitual.
Pongo mi mano en su hombro y lo aprieto, con la esperanza de indicarle
que tal vez es hora de irse. Claramente, cualquier mierda con la que esté
lidiando acerca de ver a viejas amigas es más seria de lo que pensaba.
—¡Sí! —Polly sonríe—. ¿Fue por eso que fuiste? —Sus ojos se
ensanchan—. ¿Tu hermana finalmente se quebró y se encerró en su casa
como habías predicho?
Los ojos de Celia se posan en los míos y el terror que veo destellar en
esas profundidades esmeralda desencadena algo en mi pecho que me hace
ayudarla a levantarse del taburete.
—Vamos, es hora de irnos.
—Espera, Aden... —Polly también se pone de pie—. Acaban de llegar.
—Lo siento. —Celia tropieza para atravesar el grupo de taburetes—.
Tenemos planes para, eh...
Envuelvo mi brazo alrededor de su cintura, sorprendido de lo rápido
que se inclina hacia mí en busca de apoyo.
—Llegaremos tarde a nuestra película.
— ¿Película...? —murmura Polly.
—Sí, nos pondremos al día más tarde. —Celia no ve a la mujer, pero
me permite sacarla del bar.
—¡Está bien, llámame! —nos grita Polly a la espalda mientras pasamos
entre la multitud.
Una vez que estamos afuera, la llevo por la acera hacia la playa,
permitiendo que el silencio entre nosotros se prolongue hasta que llegamos
a un banco que apenas llega a la arena. Le indico que se siente y cae como
un peso muerto, con los ojos fijos en el negro horizonte, la única luz
procedente de la luna y de una parpadeante farola. 136
Demasiado ansioso para sentarme y tratando de ignorar la injustificada
paranoia, camino con los puños apoyados en las caderas.
—Comienza a hablar.
Ella parpadea, como si mi voz la llamara desde donde estuviera.
—¿Disculpa?
Me detengo justo enfrente de ella.
—Tu cara se volvió fantasmal allá atrás. Quiero saber por qué.
—No es nada. —Su mirada regresa al horizonte y quiero sacudirla para
que me vea.
—Estás mintiendo. —Odio lo fácil que puede mentirme—. Respóndeme.
Sus ojos se fijan en los míos.
—Deja de ladrarme órdenes.
—De donde vengo, el lenguaje corporal de alguien podría significar la
diferencia entre la vida y la muerte. Una jodida mirada furtiva podría
significar que tienes cuatro segundos antes de que alguien atado con C4
explote en tu cara. En el segundo en que Polly empezó a hablarte, fue como
si quisieras saltar de tu piel.
—No me gusta hablar de eso y no puedes obligarme. Solo porque estás
acostumbrado a mandar a los hombres en el campo de batalla o de donde
sea que vengas. No soy uno de tus hombres.
Paso mis manos sobre mi cabeza deseando que mi cabello fuera más
largo para poder sacarlo de mi maldito cuero cabelludo. Esta mujer es
exasperante. ¿Qué diablos está escondiendo y por qué diablos estoy tan
desesperado por descubrirlo?
—Me gustaría irme a casa ahora —susurra.
—Celia...
Se encoge y cierra los ojos.
—Por favor, Aden... Ya no quiero hacer esto.
La veo fijamente, su habitual columna rígida encorvada, sus manos en
su regazo. Lo que sea que la esté lastimando es más grave que simplemente
regresar de las vacaciones como una persona diferente. Sé lo que es llevar
una mierda adentro que no es apta para el consumo público y comprendo 137
lo que se siente cuando la gente pide información que no puedes darle.
Sé lo que se siente tener algo viviendo dentro que corroe tu cordura. Lo
llaman trauma, una experiencia profundamente angustiosa, pero Dios... es
mucho más. Está vivo y respira, come y rara vez duerme, es un monstruo
que exige atención y nunca se rinde. Entiendo el dolor de una manera que
se siente incurable, y no importa cuántas veces la gente se ofrezca a
escucharlo, a tomar un poco de la carga, la idea de que alguien alguna vez
entienda realmente el dolor es ridícula.
—Está bien. —Extiendo una mano y la toma para que pueda ayudarla
a levantarse.
Caminamos en silencio de regreso a la camioneta y, aunque no se está
comunicando con palabras, está emitiendo algunas serias vibraciones de
retroceso.
No puedo esperar que lo comparta conmigo.
Pero tal vez podamos ayudarnos mutuamente a olvidar. Aunque solo
sea por un rato.
SAWYER
¿Agorafóbica?
¡Que montón de porquería!
¿Por qué Celia compartiría esas cosas sobre mí? El hecho de que no
tuviera la vida social que tenía y me pasara los fines de semana en casa
viendo películas no significa que sea un maldito caso mental. Seguro que
hubo un momento en el que no salía a menudo, pero Celia estaba al otro
lado del mundo mientras yo sufría. Y finalmente lo superé, gracias a la
terapia.
Estoy tan harta de sentir que solo porque no soy tan libre y sin
complicaciones como Celia hay algo mal en mí.
¡¿Tu hermana finalmente se rompió y se encerró en su casa como lo
habías predicho?!.
No habíamos hablado mucho antes de que regresara a casa y, sin
138
embargo, está haciendo predicciones sobre mi vida. Froto el centro de mi
pecho con la esperanza de hacer retroceder el peso de la traición.
¡Esto es lo que piensa de mí, y estoy renunciando a mi tiempo de
vacaciones, a mi orgullo, a mi maldita identidad para ayudarla! Y le estoy
mintiendo a alguien por quien estoy empezando a interesarme, todo por mi
hermana que habló de mí como si fuera un monstruo de Howard Hughes.
¡No, no haré esto! No lo haré. No es justo para mí y no es justo para
Aden.
Se lo diré. Esta noche. Se lo confesaré y le diré quién soy en realidad.
Merece saberlo. Esta farsa ha durado bastante, y por qué pensé que
sería capaz de lograrlo, vivir salvajemente y sin cargas incluso por un corto
período de tiempo fue una broma.
Esto es lo más agobiada que alguna vez me sentí, y empujarme contra
todos mis miedos, sofocar todos mis instintos es agotador. No tengo ganas
de mentir. Solo han pasado unos días y la culpa es sofocante.
Y Aden... ha sido tan bueno conmigo. Seguro que está de mal humor,
pero eso no me ha molestado mucho. Le he estado mintiendo rotundamente
en la cara desde el día en que nos conocimos, y algo me dice que no es el
tipo de persona que perdona ese tipo de cosas fácilmente.
Lleva su camioneta a las cabañas y, pensando que me iba a dejar, me
sorprende cuando apaga el motor.
—No tienes que acompañarme...
Se vuelve hacia mí, la intensidad de sus ojos me silencia de inmediato.
—Creo que podemos ayudarnos mutuamente.
—¿Qué significa eso? —Mi voz suena entrecortada incluso a mis
propios oídos y no puedo controlar el rápido ascenso y descenso de mi
pecho.
—Esa cosa... sea lo que sea que creas que no voy a entender... Sé lo
que se siente.
—¿Cómo puedes…?
—Yo también lo tengo. 139
Para cualquier otra persona, lo que dijo sonaría ridículo, pero para mí
es como si estuviera leyendo mi alma y entendiera las palabras.
—¿Lo haces?
No hay forma de que un hombre como Aden pueda entender lo que es
luchar entre quién eres y quién estás tratando de ser. Que cada día que paso
como Celia solo me frustra más por ser Sawyer. Pero no puedo cambiar
quién soy, no importa cuánto lo quiera. La culpa y el odio a mí misma son
paralizantes y estoy tan perdida en quién soy y en quién desearía poder ser
que en algún lugar del camino, perdí el rumbo.
Su mirada se vuelve torturada y suplicante.
—Deja que te ayude.
—¿Cómo? —Me obligo a respirar, sintiéndome mareada por la forma en
que me ve, como si fuera la llave de algo que está desesperado por abrir.
Estoy congelada, enredada y consumida por su penetrante presencia.
Se inclina y como si estuviéramos magnetizados, reflejo su movimiento. Su
mano toma mi mandíbula tan suavemente, sus dedos recorren mi cabello y
me presiono en su palma, encajando en su mano como si estuviera hecha
para estar allí.
—Conozco la pelea —susurra, su mirada fija en la mía en un
inquebrantable vínculo—. Puedo ayudarte a dejarlo ir. —Desliza la moneda
que le di antes en mi palma—. Si me dejas.
Quiero eso, quiero liberar todo el vaivén, levantar las manos y sucumbir
a todos los deseos que he logrado reprimir.
No tengo que lanzar una moneda al aire para saber que quiero
perderme en el toque de Aden sin pensar en las consecuencias. Eso es lo
que deseo.
Pero hay algo que necesito hacer, necesita saber la verdad. Merece…
—No lo hagas. Sea lo que sea lo que esté pensando, detente. —Nuestra
respiración se mezcla mientras la forma en que nuestros ojos están
entrelazados me roba el pensamiento coherente. Muestra una pequeña
sonrisa antes de besarme.
Mis ojos se cierran cuando el calor de su boca invade la mía. Estoy
atrapada en el poder de sus labios mientras me atraen. Consumida, 140
dominada, todas las razones por las que debería alejarme se disuelven con
cada deslizamiento de su lengua. Mis pensamientos se agitan y se hunden,
sin dejar nada más que mi deseo de más. Cada mordisco de sus dientes y
cada roce de su calloso pulgar contra mi sensible piel es como un bálsamo
calmante para mis hiperactivos pensamientos.
Entrelazo mis brazos alrededor de su cuello y gime en mi boca mientras
me arrastro más cerca. Mi pierna se atasca en la palanca de cambios y se
ríe bajo y profundo, la vibración zumba contra mis labios.
Usa ambas manos en mi cabello para separar mi boca de la suya y
estoy jadeando, patéticamente, y odiando el espacio entre nosotros.
—¿Qué?
—Estás ansiosa. —Se lame el labio inferior como si saboreara el sabor
de mi boca en la suya—. No me esperaba eso. —Su torcida sonrisa hace que
mi vientre se mueva.
Probablemente debería sentirme avergonzada, pero encendió algo en mí
que se niega a pasar a un segundo plano frente a cualquier otra cosa.
—Tú empezaste.
—Lo hice.
Empujo con fuerza contra su agarre para volver a poner mis labios en
los suyos, donde le susurro:
—Entonces termina.
Gime y sus caderas se flexionan hacia mí.
—Aquí no.
Beso un sendero por su mandíbula disfrutando del mordisco de su
incipiente barba contra mi piel.
—Joder, mataría cualquier cosa que se interponga entre esa boca y yo.
—Levanta la barbilla, dirigiendo mi atención al centro de su garganta—. Te
sientes demasiado bien. —Sus dedos agarran mi cabeza, presionándome
más abajo—. Sigue.
Tiro del cuello de su camisa. Sus pectorales se contraen con cada roce
de mis labios.
Saco mi lengua para lamer su clavícula y mis ojos se cierran con el
picante y salado sabor de su piel. Lo lamo de nuevo, luego pongo la firme 141
carne en mi boca con la esperanza de dejar una marca.
—Suficiente. —Abre la manija de la puerta y se desliza hacia afuera tan
rápido que casi caigo hacia adelante detrás de él. Su mano me impide
plantar cara y prácticamente me levanta de la camioneta y me pone de pie—
. Dentro. Ahora.
—Te gusta darme órdenes.
—Joder, sí, lo hago. —Patea la puerta cerrándola detrás de mí, luego
me presiona contra él. Entierra su rostro en mi cuello y pellizca la sensible
piel—. Y te gusta recibir mis órdenes.
Parpadeo hacia las estrellas mientras me salpica el cuello con besos.
Hay algo bueno en confiar en alguien lo suficiente como para saber que
puedo hacer lo que me dice y que se ocupará de mí. Entonces no hay listas,
ni pensamientos excesivos, sino más bien una liberación total de poder. La
idea es embriagadora.
—Sí.
—Puedo decirlo. —Más besos suben por mi mandíbula—. En el barco,
en el bar y ahora... te relajas cuando tomo el control.
¿Lo hago?
—¿Lo hago?
—Mm-hmm. —Me lame el lóbulo de la oreja-—. Es jodidamente
hermoso.
Estoy sin aliento en sus brazos.
—¿Tu casa o la mía?
—La m-mía.
Me agarra de la mano y así me tira por el camino pavimentado hacia la
cabaña de Celia.
142
11
ADEN
T
ropezando junto a la puerta de la casa de Celia, le digo a mi
cuerpo que se calme, pero mis manos no reciben el mensaje. No
quiero asustarla tocándola como un adolescente. Esto no es un
lío borracho en el que ambos corremos hacia la línea de meta. Quiero ir
despacio, hacerla sentir deseada. Es lo que necesita una chica como Celia y
puedo darle lo que necesita.
Quiero borrar la angustia que reconozco en sus ojos. Esa mirada es
una que veo en el espejo todos los días, y aunque puede que no esté feliz de
ser mi distracción, estoy jodidamente ansioso por ser la suya.
143
Deja caer sus llaves sobre la mesa de café y el sonido sirve como una
gran luz verde. Me abalanzo.
Chilla cuando entierro mis manos en su cabello y me sumerjo en un
beso que me acelera el pulso en los oídos. Su boca es cálida y dulce y el
susurro del perfume de su piel es un buffet para mis sentidos.
Caminando hacia atrás, la guío a través de un laberinto de cajas y
montones de cosas que hay que empacar hasta que llegamos a la puerta de
su dormitorio. No puedo apartar mis labios de los de ella, así que abro un
ojo y veo la cama. Presionando su espalda hacia abajo, agarra mis bíceps
mientras la bajo al colchón. La sigo hacia abajo, asegurándome de sostener
mi peso para evitar aplastarla.
—¿Dónde está la luz? —susurro entre respiraciones—. Quiero verte.
Hace un gesto hacia la mesita de noche y, acercándome a ella, hago
clic en la lámpara. Está oscuro, pero es suficiente para que cuando la vea
se ruborice. En realidad, se sonroja. La última chica con la que estuve que
se sonrojó fue mi novia del instituto. Paso mi pulgar por su mejilla.
—¿Por qué es esto?
Niega y se voltea, su piel se vuelve más brillante, y joder si su modestia
no es un maldito afrodisíaco.
—No estoy acostumbrada a sentirme así.
—¿Avergonzada?
—No. —Su cabeza se vuelve hacia mí y me ve a los ojos—. Fuera de
control.
Muerdo sus labios, necesitando sentirlos.
—¿Cuándo fue la última vez que te sentiste fuera de control?
Su respiración se acelera cuando beso su barbilla hasta su cuello.
—E-en el barco. Pescando.
Parpadeo y retrocedo, estudiándola.
—¿Y antes de eso?
Otro furioso rubor.
—Hace tanto tiempo que no lo recuerdo.
144
No puedo evitar la lenta sonrisa que se extiende por mi rostro porque
se siente jodidamente fantástico ser la única persona que la hizo sentir
salvaje.
—Y solo estoy comenzando.
Sus músculos se tensan y no me pierdo el destello de pánico en sus
ojos.
—No tenemos que hacer nada para lo que no estés preparada. Me
contentaré con besarte toda la noche si eso es lo que quieres. —Le aparto el
cabello de la cara y le beso la punta de la nariz—. ¿Cuándo fue la última vez
que tuviste sexo?
Su nariz se arruga y se aleja de mí solo para que mueva suavemente
su rostro hacia el mío.
—No te pongas tímida ahora, pecas.
—Viví con mi ex unos días antes de llegar a San Diego.
Intento contener mi sorpresa, pero esa no era la respuesta que
esperaba.
—Tuvimos muchos problemas antes de romper, así que el sexo no era
algo...
Presiono mi pulgar contra sus labios.
—Esto no es una terapia de pareja, no necesito los detalles. Solo un
número. —Vuelvo a su boca, pero paso la yema de mi pulgar por su grueso
labio inferior y resisto el impulso de morderlo como castigo por entregarse a
un idiota que no apreció lo que tenía.
—Un mes.
—¿Qué diablos le pasa a ese tipo? ¿Te tiene bajo su techo, durmiendo
en su cama, y no te toca durante un mes?
—No era del tipo...
Cubro sus labios con los míos y finalmente hundo mis dientes en su
regordete labio. Gime y sus uñas muerden mi piel.
—No hables más de ese idiota.
—Muy bien. —Exhala con fuerza y todo su cuerpo se convierte en
145
gelatina debajo de mí.
—Te deseo, pero lo tomaremos a tu ritmo. —Me inclino y la beso hasta
que se retuerce debajo de mí. Sus manos se deslizan por mi costado, sus
uñas se arrastran a lo largo de mis costillas y mis caderas se mueven hacia
adelante por propia voluntad.
Rompo el beso lo suficiente para pasarme la camisa por la cabeza. Su
mirada se desliza sobre mi pecho, mi abdomen y se ensancha ante el bulto
detrás de mis pantalones. El hambre se enciende en sus ojos y una lenta
sonrisa se encrespa en mis labios. Algo me dice que su ritmo será más rápido
de lo que pensaba.
Somos una maraña de brazos y piernas, lenguas y dientes, y antes de
que me dé cuenta de lo que está pasando, se desliza la camiseta sin mangas
por la cabeza. Sigo sus pecas hasta sus pechos, donde desaparecen detrás
de la tela negra de su sostén sin tirantes. Aprieto mis manos para evitar
ayudarla mientras estira la mano detrás de la espalda y desabrocha el
sostén antes de dejarlo caer sobre la cama.
Oh, Dios, esas hermosas motas de color están por todas partes y planeo
probar todas y cada una jodidamente.
Acerco sus labios a los míos y absorbo la sensación de sus pechos
desnudos presionados contra mí. Mi corazón martilla contra mis costillas y
tengo un breve momento de inseguridad preguntándome si puede sentir lo
afectado que estoy por su toque.
Incluso si nos estamos usando uno al otro como distracción, qué dulce
jodida distracción es esta.
Agarro su trasero, apretándome contra ella y deseando tanto sentirla
completamente desnuda y libre para mí. Su cuerpo es suave y rudo en todos
los lugares correctos y toda mi sangre corre entre mis piernas hasta que
estoy dolorosamente excitado.
Rueda sus caderas contra mí, el movimiento es tan erótico que me
marea. Un suave gemido vibra desde su garganta.
—¿Estás bien, nena? —susurro contra sus labios.
—No.
¿Qué? Me aparto para ver su rostro solo para encontrar sus párpados 146
pesados y su boca curvada en una seductora sonrisa.
—Quiero más.
Las palabras más dulces que he escuchado.
SAWYER
No puedo creer lo audaz que estoy siendo. Pero no puedo evitar sentir
que Aden nos está frenando.
No es que no aprecie que piense que necesito tomarme las cosas con
calma, lo hago. Y esta es sin duda la sesión de besos más caliente que he
tenido y probablemente, me atrevería a adivinar, en la historia del mundo,
pero está empezando a parecer la peor broma del mundo.
Mi piel está prácticamente vibrando, me duele el cuerpo y mis piernas
se abren solo para acercarlo más a mí.
Me agacho y lo froto sobre sus vaqueros y gimo cuando siento lo mucho
que también me desea. Abro los botones de su bragueta y debe tomar eso
como una abierta invitación a hacer lo mismo con la mía. Mis vaqueros son
ajustados, pero se las arregla para deslizar su gran mano entre mis piernas
justo cuando lo agarro por encima de sus bóxers.
Nuestra respiración se mezcla mientras jadeamos al unísono cuando
nos acariciamos.
—No soy el tipo de hombre que ruega —sisea entre dientes cuando lo
agarro con más fuerza—. Pero te lo ruego, por favor, déjame penetrarte.
Su boca sucia me tiene apretando sus dedos.
—Aden...
—Puedo sentir que lo deseas tanto como yo, pecas. Dime que estoy
equivocado.
—No puedo.
Con un gruñido, nos voltea para sostenerse sobre mí. Empujando hasta
sus rodillas, pierdo su mano, pero lo mantengo agarrado. Sus abdominales
se contraen con cada golpe de mi puño mientras me ve complacerlo.
Mark y yo siempre hacíamos el amor en la oscuridad bajo las sábanas.
147
Después de lavarnos la cara y cepillarnos los dientes, y después de las
noticias de la noche. Era como un reloj. A salvo. Previsible. Todo lo que
pensé que necesitaba. Nunca he estado con alguien como Aden, alguien tan
abiertamente sexual y abierto acerca de querer ver todo lo que sucede entre
nosotros. Es la cosa más excitante que he experimentado.
—Te gusta ver.
Sus ojos se deslizan desde la V de su bragueta abierta, suben por mi
torso desnudo, bailan entre mis pechos menos que impresionantes, por mis
labios, luego me ve a los ojos.
—Me gusta ver contigo.
—¿Por qué?
Se muerde el labio inferior mientras juega con mis pezones.
—Mmm... Porque no quiero olvidar nunca un solo detalle. Ni siquiera
me gusta cerrar los ojos cuando te beso.
—Eres dulce.
—No lo soy. —Se inclina sobre mí y me golpea los pechos con la lengua,
haciéndome arquear fuera de la cama—. Eres dulce. Tan jodidamente dulce.
Se aparta de mí para pararse al final de la cama. Con un poco de ayuda
mía, se las arregla para quitarme los vaqueros hasta que estoy
completamente desnuda y expuesta. Sus ojos me devoran mientras hurga
en su bolsillo trasero y saca un condón. Deja sus vaqueros y se los quita,
luego me entrega el paquete de aluminio.
—Quiero verte enrollarlo. Agradable y lento.
Me pongo de rodillas y hago exactamente lo que me pidió, pensando
que nunca había encontrado los condones sexys en lo más mínimo, pero de
alguna manera Aden hace que la colocación de la protección se sienta como
un juego previo.
La habitación está en silencio excepto por el sonido de nuestras
ansiosas respiraciones y el ocasional gemido mientras deslizo el condón
sobre él. Al estar así de cerca, empiezo a preguntarme a qué sabría allí y
anhelo lo salado...
Me empujan hacia la cama y me sigue.
148
—Lamiendo esos labios mientras miras mi pene hará imposible que
vaya lento.
—No quiero ir lento.
Se echa hacia atrás y ahora es su turno de sonreír de una manera
diabólica que tiene a todas mis entrañas apretadas.
—Eres una constante sorpresa, ¿lo sabías?
—Sí. —¡Porque maldita sea, me estoy sorprendiendo a mí misma!
Con esa sola palabra empuja entre mis piernas y me penetra con el
cariño y consideración de un tierno amante.
—¿Estás bien? —Me besa suavemente y apoya su frente contra la mía.
Asiento frenéticamente.
—¿Tú lo estás?
Se ríe y comienza a moverse, acelerando el paso con cada profunda
embestida.
—Mejor que nunca.
Nuestros cuerpos se mueven al unísono, como si estuvieran diseñados
para trabajar juntos por el simple hecho de brindarle al otro un
inconmensurable placer. Lo que creo que será rudo y animal termina siendo
sensual. Me adora con caricias y palabras susurradas mientras nos
movemos juntos en un ritmo perfecto. Como un chamán sexual, logra
despertar no solo mi cuerpo, sino también mi mente y mi alma. Electrificada
por la sensación, agarra mi cabello con fuerza desde las raíces, despertando
cada nervio.
—Eres tan bella.
—Aden... Yo no... No puedo aguantar…
—Shhh... —Lame la apertura de mis labios—. No esperes. Déjate ir.
Muerdo mi labio para quedarme callada mientras mi espalda se arquea
fuera de la cama. Mis uñas se clavan en los hombros de Aden mientras lo
que se siente como mil estrellas explotan debajo de mi piel. Él cae hacia
adelante y gime en mi cuello. Su cuerpo aplasta el mío con un delicioso peso
que me mantiene conectada a tierra mientras las réplicas de mi liberación
amenazan con enviarme a navegar.
149
Después de unos minutos de lo que parece una sincronizada
respiración, se empuja hacia arriba, me da un beso en la punta de la nariz
y se levanta para ir al baño.
Me quedo viendo el abanico de bambú que gira sobre la cama,
siguiendo un aspa con el ojo y esperando que al hacerlo consiga desenredar
mis pensamientos.
Me acabo de acostar con un virtual extraño.
Alguien con quien no tengo una relación seria.
Alguien de quien no sé nada.
¿Por qué me siento tan bien? Mi corazón todavía está acelerado, los
músculos de mis muslos hormiguean por el esfuerzo, y esta estúpida sonrisa
en mi rostro no desaparecerá sin importar cuántas veces trate de forzarla.
—Te ves feliz. —Su voz suena solo unos segundos antes de que la cama
se hunda y el calor de su cuerpo golpee el mío mientras me reúne a su lado.
—Feliz es quedarse corto. —Mi sonrisa se ensancha y me alegro de que
mi mejilla esté presionada contra el pecho de Aden para que no pueda verla.
—Escuché eso. —Bosteza y apaga la luz.
Mi pulso se acelera. ¿Pasará la noche aquí? Asumí que se vestiría,
agarraría su teléfono y daría una excusa para tener que irse como he visto
en las películas después de una aventura de una noche. Lo que no esperaba
era que me abrazara, pasara sus dedos por mi cabello y... ¿se durmiera?
Me pregunto con qué frecuencia hace este tipo de cosas. Tan guapo
como es, supongo que lo hace a menudo. Pensar en eso es otro brutal
recordatorio de que no sé nada sobre este tipo. Mi desnudo cuerpo está
presionado contra el suyo y, por lo que sé, podría tener una maldita novia.
Muerdo mi labio mientras la inquietud se filtra en mi pecho, alejando
mi buen humor. Seguramente si tuviera novia lo sabría. ¿Correcto? ¿Y si
tiene esposa? ¿Hijos? ¿Y si es un delincuente? ¿Qué sé realmente de este
tipo? ¿Qué estúpida se puede…?
—El hecho de que seas capaz de pensar tanto que puedo sentirlo me
dice que no hice mi trabajo. —Hay humor en su voz, pero todavía dejo de
respirar con la esperanza de ocultar que tiene razón.
—¿Tu trabajo?
150
Traza patrones en mi cadera.
—Para que dejaras de pensar en las cosas.
—Definitivamente me quitaste la cabeza de las cosas. —Estoy bastante
segura de que tuve una experiencia extracorporal en algún momento—.
Ahora estoy pensando en otras cosas.
—¿Cómo en qué?
Trago y levanto lo que me queda de coraje, luego elevo mi barbilla para
mirarlo.
—Nunca me había acostado con un extraño.
Frunce el ceño, luciendo casi ofendido, y recuerdo lo terrible que soy
con la conversación de almohada después del orgasmo.
—Soy un extraño, ¿verdad?
—No sé mucho sobre ti y tengo mi cuerpo desnudo envuelto alrededor
del tuyo.
Se aclara la garganta y mira el ventilador de techo. Estoy a punto de
decirle que es una pérdida de tiempo, que la maldita cosa no tiene
respuestas, cuando empieza a hablar.
—Nací en Santa Bárbara. Jugaba fútbol, era bastante decente en eso,
conseguí una beca para jugar en el estado de Washington, pero mi papá era
del Ejército, mi abuelo era del Ejército, todos mis tíos también, así que dejé
el fútbol y me alisté una semana después de graduarme de la secundaria.
¿Renunciar a la universidad por la guerra?
—¿Por qué?... Quiero decir, ¿no peleaste con tu papá por eso?
—No quería pelear contra eso. Quería ir. Me educaron para creer que
lo más honorable que podía hacer un hombre era servir a su país.
—Pero ¿qué hay de tu educación?
—Recibí educación en el Ejército. Lo que aprendí en el ejército fue más
valioso que cualquier cosa que aprendiera en la universidad. Me gustaba el
fútbol, pero no había ninguna garantía de que fuera profesional. Sabiendo
que nuestro país necesitaba hombres, que estábamos luchando para
proteger a personas inocentes, para garantizar la libertad, el fútbol palidecía
en comparación con todo eso. 151
Supongo que lo entiendo.
—Mencionaste que tienes una hermana, ¿son unidos los dos?
—Ya no. —Se aclara la garganta—. Está casada, tiene dos hijos.
—Estoy segura de que les encantará tenerte de vuelta.
Su cuerpo se pone rígido a mi lado.
—Yo, eh... No los veo mucho.
—¿Por qué?
—Regresé y todos me veían como si no me conocieran. Querían
respuestas que no les di y cuanto más presionaban, más me apagaba.
—¿Por qué no respondías a sus preguntas? —No estoy cien por ciento
segura de lo que estamos hablando, pero me temo que estamos rompiendo
el tema de su vida militar y le prometí que me alejaría de ella.
Está callado por unos segundos.
—Me niego a sangrar por las personas que amo.
Miro ciegamente la pared frente a mí, muy familiarizada con lo difícil
que es para la familia ver a un ser querido luchando con algo y no poder
ayudarlo a superarlo.
—Tú ¿qué tal? Esta noche, Polly mencionó que tenías una hermana. —
Está tratando de cambiar el tema de él a mí; es lo que haría en sus zapatos.
Pero no puedo contarle sobre Celia, sobre lo herida que estoy porque
compartiera mis secretos más feos con gente que apenas conocía.
—La tengo.
—¿Qué le pasa?
—¡Nada!
Levanta las cejas.
—Quiero decir... —Froto mi frente—. No es tan mala como Polly la hace
parecer. No es agorafóbica.
Ruedo hacia mi espalda y empuja su codo hacia arriba mirándome. El
silencio se extiende entre nosotros hasta que se vuelve sofocante.
—Cree que pudo haber matado a nuestra abuela cuando éramos niñas.
—¿Cómo mata una niña a su abuela? 152
—Enfermó de gripe. Las complicaciones de eso causaron su muerte y
supongo que desde entonces se pusieron raras... las cosas.
—¿Cosas cómo...?
—Se volvió mucho más consciente de los gérmenes, eso es todo. Más
de lo que consideraban normal. Después de la secundaria, se disparó un
poco, pero ahora está mejor. —Toco el borde de mi uña—. Está mayormente
mejor ahora.
—¿Son cercanas?
Cierro los ojos y contengo la oleada de emoción que se acumula en mi
pecho.
—¿Celia?
Me estremezco en su agarre al oírlo llamarme por el nombre de mi
hermana.
Me aprieta más cerca, probablemente interpretando mi reacción como
algo diferente.
—Está bien. Suficiente de esta mierda, ¿estás preparada para una
pequeña aventura?
Sí, por favor. Suficiente. Esperen, ¿dijo aventura?
Lo veo y debe sentir la pregunta en mi mirada.
Salta de la cama desnudo y se dirige al baño. Me apoyo sobre mis codos
para admirar la vista de su muy firme trasero y frunzo el ceño cuando
regresa con una toalla envuelta alrededor de su cintura y otra en su mano.
Me la lanza.
—Vamos, levántate y envuélvete con eso.
Me siento y la sábana cae alrededor de mis caderas, así que me cubro
con la toalla y me deslizo hasta el borde de la cama.
—¿Por qué?
—Tengo una idea. —Extiende su mano y la tomo.
Apenas tengo la cosa asegurada y metida a mi alrededor cuando me
arrastra a través de la cabaña hasta la puerta principal.
—Vaya. —Hundo mis talones en la peluda alfombra—. No saldré así.
—¿Por qué no? Está oscuro, nadie sabrá que no tienes traje de baño
debajo. Además... —Abre la puerta y me guía—. No hay nadie cerca de todos
153
modos.
Me muevo hacia atrás y realmente empujo mis talones contra el suelo,
pero no tiene sentido, es demasiado fuerte, y si peleo más duro, podría
perder mi toalla.
—Aden—siseo con dientes apretados—. ¿A dónde vamos?
No me responde con palabras, pero pronto llegamos al último escalón
de la escalera que baja por los acantilados hasta una pequeña playa.
Mi mente se revuelve mientras tropiezo detrás de él por las escaleras.
Desnuda.
Toallas.
Playa.
No espera que nade, ¿verdad? El pánico estalla con toda su fuerza y
realmente pongo el freno esta vez al agacharme para sentar el trasero en el
frío escalón de concreto. Si espera que me meta en el agua, tendrá que
levantarme y cargarme.
Se da vuelta, estudia mi posición sentada, luego se encoge de hombros
antes de inclinarse y poner su hombro en mi estómago. Me toma del escalón
y me levanta.
—¡Aden, no, bájame!
—Deja de gritar o alguien llamará a la policía.
Baja los pocos escalones restantes y el frío aire del océano golpea mi
trasero desnudo, haciendo que todo mi cuerpo brille con el calor de un rubor
al rojo vivo.
—¡Bien! ¡Necesitaremos que la policía saque lo que quede de nuestros
cuerpos desnudos del océano después de que un tiburón nos mate!
Grito cuando se detiene bruscamente y me deja de pie. El movimiento
toma mi toalla y me apresuro a cubrir mi cuerpo cuando Aden detiene mis
manos.
—No.
—¿Estás loco? —escupo con dientes apretados. 154
La comisura de sus labios dibuja esa torcida sonrisa que me está
empezando a gustar más de lo que debería.
—¿Te asustaría si lo estuviera?
Lo veo profundamente a los ojos, sin saber cómo responder a su
pregunta. Su locura me asusta, no se puede negar. Pero también me hace
sentir más viva que nunca.
—Un poquito.
Me recompensa con un beso lento y suave y justo cuando inclino la
cabeza para conseguir más, se aparta y me deja haciendo pucheros.
—Suelta la toalla.
—Tú primero.
Da un paso atrás y deja caer la toalla. Cada cresta de sus músculos
refleja la luz de la luna, lo que hace que parezca como si estuviera cortado
en piedra.
—Tu turno.
Su voz me aleja de sus impresionantes muslos y niego.
—No puedo... No sé... ¡Mierda!
—¿Qué sucede? —Esta vez no hay burla en su voz, solo pura
preocupación.
—No soy una gran nadadora y he visto demasiadas películas de
tiburones para sentirme cómoda en el océano, y mucho menos por la noche.
Me atrae hacia su pecho, levanta mi barbilla para poder mirarme a los
ojos.
—¿Crees que alguna vez dejaría que te pasara algo?
—No creo que tengas ningún poder sobre si algo me lastima o no.
Se estremece como si mis palabras le hubieran dado un golpe físico.
—Ay.
—¿Sabes cómo la mayoría de la gente piensa que nunca les pasarían
cosas? Soy la otra chica. —Estoy divagando, mis nervios hacen que mis
labios se muevan más rápido de lo que mi cerebro puede seguir—. Soy el
tipo de chica a la que siempre le pasan estas cosas. Si hay peligro ahí fuera,
me encontrará, confía en eso. 155
—Eso viene de la misma chica que corrió con toros y acarició a un
maldito león como si fuera un gatito.
Oh, mierda.
Una ola de calor me invade desde la parte superior de mi cráneo hasta
la parte posterior de mis piernas al darme cuenta de lo que he hecho. Lo
olvidé.
—Yo... —Cierro la boca, mis emociones luchan por encontrar una
excusa justificable.
—Estarás bien, ahora profundiza en busca de esa chica aventurera que
sé que vive dentro de ti. —Me guiña un ojo y aparta mis manos de la toalla
para soltarla de mi cuerpo y la arroja a un lado. En un intento por
esconderme de todos y cada uno, me abrazo a él, presionando sus músculos
y esperando desaparecer. Me envuelve en sus brazos y por un momento nos
quedamos abrazados.
—Mira, ¿no es tan agradable? ¿No preferirías quedarte aquí así?
Acaricia mi oreja. —Buen intento.
Tomando mi mano, me lleva por la playa hasta la orilla del agua. Las
frías olas golpean nuestros pies y me hacen retroceder lo más lejos que
puedo mientras sigo sosteniendo su mano. Me ve como para medir mi miedo,
pero recordando quién soy, quién se supone que debo ser, simplemente le
devuelvo la sonrisa.
—Hace frío. —Mi voz tiembla de ansiedad, pero no puedo negar las
mariposas de anticipación que pululan en mi pecho ante la idea de
arriesgarme, probar algo nuevo y salir viva del otro lado. Sería una gran
victoria contra el miedo que me encadena. Le permito que me guíe hacia las
rompientes olas hasta que estamos al nivel de los muslos.
—¿Estás bien?
—No puedo creer que esté haciendo esto. —La última palabra termina
con un agudo chillido que me sorprende incluso a mí.
Se ríe y me lleva más lejos hacia las olas. Algo roza mi pierna y salto y
me aferro a él. Me sostiene cerca y tararea en su garganta mientras sus
manos toman mi trasero.
—¿Asustada? 156
Lo veo y me pierdo en la calidez de su mirada.
—No. Me siento segura contigo.
—¿Sí? —Sus labios se abren y su aliento baila a través de mis labios—
. Así que ya no soy un extraño.
—No. —Paso mis manos por la parte de atrás de su cuello hasta su
cabello y las deslizo contra su duro cuerpo—. Me haces sentir como si
pudiera hacer cualquier cosa.
Sus cejas caen y su mandíbula hace tictac.
—Y tú me haces olvidar.
—Olvidar, qué…
Sus labios devoran los míos y todas mis preocupaciones se desvanecen
hasta que todo lo que queda es Aden.
12
ADEN
F
ue la mejor noche de descanso que había tenido en mucho
tiempo. Por lo general, no puedo dormir con los recuerdos que
me persiguen. Tal vez fue el agotador baño con Celia, o la intensa
sesión de besos cubiertos de arena que siguió, o tal vez fue tener su cálida
espalda presionada contra mi frente, mi brazo colgando sobre ella y
descansando entre sus pechos, lo que sea que haya tenido hizo que el sueño
tirara de mí más rápido de lo que normalmente hace.
No soñé mucho porque tenía tanto miedo de tener un terror nocturno
y asustar a Celia que seguía despertando. Pero incluso con esas
157
interrupciones, dormí mejor que en mucho tiempo.
El sol brilla a través de sus cortinas teñidas e ilumina el pequeño
dormitorio, haciendo que parezca un viaje con ácido. Pienso en despertar a
Celia con las manos y la boca entre sus piernas, pero a juzgar por la forma
no tan femenina en la que ronca, creo que le vendría bien dormir un poco
más. Después de ver la parte de atrás de su cabeza y respirar el aroma de
agua salada que queda en su cabello, mi estómago retumba y me obliga a
levantarme para buscar el desayuno.
Me pongo los vaqueros de anoche y me escabullo a la cocina,
asegurándome de no despertar a Celia. Abro la nevera y apoyo un brazo en
la parte superior para inclinarme y examinar mis opciones.
Hay una jarra llena de jugo verde que parece agua de un pantano, una
barra de pan germinado, lo que sea que eso signifique, y.… saco un paquete
y lo miro.
—Sustituto de huevo de tofu. —No hay nada comestible aquí.
Se oye un golpe en el dormitorio segundos antes de que Celia salga
corriendo a la cocina en un borrón de sábanas y cabello rubio. Se desliza
sobre la dura madera, casi se cae, y me ve con los ojos muy hinchados y los
labios inflamados.
Sonrío con orgullo sabiendo que soy responsable de su aspecto
despeinado y sexy.
—Buenos días.
Sus ojos se posan en mí y se quita un mechón de ondulado cabello de
la cara.
—Todavía estás aquí.
Cierro la puerta del refrigerador y me acerco a ella, completamente
consciente de sus ojos mientras miran con avidez mi torso desnudo.
—Así es. Iba a prepararnos el desayuno, pero de ninguna manera
comeré tofu o cualquier otro alimento para abrazar árboles que tengas allí.
Se lame los labios y un destello de irritación burbujea en mi pecho por
la facilidad con que puede distraerme haciendo algo tan simple.
—¿Ibas a prepararme el desayuno?
—Iba, pero... —Inclino la cabeza y estudio sus nudillos mientras
sostienen su sábana con un agarre mortal—. Si prefieres que me vaya,
158
también puedo hacerlo.
El dolor cruza sus rasgos.
—¿Te quieres marchar?
Me detengo y respiro profundamente. No soy bueno en esta mierda,
esta mierda de la mañana siguiente, pero realmente no quiero estropear las
cosas con Celia. Es más sensible que la mayoría de las chicas que usaría
como distracción, y está claro que ahora también es más que una
distracción para mí. Si lo fuera, le habría susurrado bonitas palabras al oído
y la habría dejado saciada y durmiendo poco después de su último orgasmo.
No, es más, y necesito elegir sabiamente mis próximas palabras.
Por mucho que quiera extender la mano y tirar de ella hacia mi pecho,
no lo hago. Pongo mis manos debajo de mis brazos y sostengo sus ojos.
—Quiero más tiempo contigo.
Sus ojos se mueven desde donde estaban bailando a través de mis
pectorales y aterrizan en mis labios.
—¿Espera? ¿Por qué?
—Quiero más tiempo contigo porque, bueno... eres la chica más
entretenida que he conocido en mucho tiempo.
Una pequeña sonrisa curva sus labios.
—¿En serio?
—Sí. —Asiento a todas las cajas que ensucian el pequeño espacio que
nos rodea—. Sé que te mudarás, sé que tienes cosas que hacer, pero antes
de irte, por el tiempo que estés en San Diego, quiero pasar ese tiempo
contigo.
Pestañas largas y gruesas revolotean sobre hermosos ojos y asiente.
—Me gustaría eso.
—Ven aquí.
Ni siquiera parece contemplar desobedecer, y sus pies la acercan. Sus
dedos ya no están apretados con fuerza a la sábana y cae un poco para
revelar la suave hinchazón de su pecho. La engancho alrededor del cuello y
la atraigo hacia mí. Besando su cabeza y respirando el suave olor del mar 159
en su piel, me relajo aún más con ella en mis brazos.
—¿Alguien te ha dicho alguna vez que estas pecas son realmente sexys?
—Deslizo la punta de mi dedo por el hueco de su clavícula.
—Nunca.
Luchando contra la molestia de que ningún hombre con el que estuvo
haya apreciado su piel increíblemente hermosa, le dejo un beso en el
hombro.
—Me moría por saber hasta dónde llegaban.
Suspira mientras bailo con mis labios por su cuello hasta su oreja.
—Ahora lo sé, bajan hasta el final. —Mis manos agarran su trasero y
estoy ansioso por arrastrarla de regreso a la cama cuando cae pesadamente
contra mí—. ¿Tienes hambre, pecas?
—Un poquito. —Se echa hacia atrás y sonríe—. Sin embargo, debería
tomar una ducha rápida. Tengo arena en lugares donde no debería.
Levanto una ceja.
—Sabes, resulta que tengo una amplia formación en remoción de
arena. Entrenamiento en el ejército.
—¿Está bien?
—Mm-hm. —Entierro mi nariz en su cuello y tomo su aroma
profundamente en mis pulmones, permitiendo que me inunde.
—Creo que me vendría bien un poco de ayuda, pero primero... —Se
echa hacia atrás y muestra una sonrisa burlona—. Tendrás que atraparme.
Sale corriendo y la agarro justo cuando llega a la puerta del baño.
Quitando la sábana de su cuerpo, la presiono contra la pared y me arrodillo
a sus pies.
—Es posible que desees aferrarte a algo.
SAWYER
—Sí, papá, las cosas van bien. —Giro en un círculo lento, contando
todas las cajas. Todas las cajas vacías.
He estado aquí tres días y he completado unas tres horas de trabajo, si
acaso.
Todo por culpa de Aden.
Cuando salí esta mañana para verlo encorvado en el refrigerador, sin
camisa, con toda esa suave piel haciéndome señas para que la tocara, tuve
que poner los nudillos blancos en mi sábana para mantenerla alrededor de
mi cuerpo cuando todos mis instintos exigieron que lo llevara a la cama.
¿Y luego dijo que quiere pasar tiempo conmigo? Nunca había recibido
una oferta tan tentadora en toda mi vida. Casi pierdo mi sábana en ese
mismo momento. ¿Qué me está pasando? Nunca consideraría dejar de lado
mis responsabilidades por... sexo. Eso es gratificación en su forma más
básica. Tuve un momento en el que mis inseguridades estallaron, pero
cuando me besó tan dulcemente como si fuera delicada y no quisiera que
me derrumbara, mi corazón hizo precisamente eso. Se destrozó, pero no de
mala manera. Era más como sacudirse un duro exterior. Me sentí expuesta
y protegida en el mismo momento, lo que habría confundido a Sawyer, pero
Celia simplemente seguiría con eso y nunca miraría hacia atrás.
Así que lo hice. 164
Me duché lo más rápido que pude, me puse unos pantalones holgados
y una ajustada camiseta sin mangas que dejaba ver una pequeña franja de
mi estómago. Es arriesgado, pero Aden dijo que amaba mi piel. Las pecas
siempre fueron algo que me hizo sentir cohibida en el pasado, pero con él se
sienten como una superpotencia. Y al mostrarlas espero que le sirva como
un suave recordatorio de lo que hicimos.
Nunca entendí lo que querían decir en las películas cuando decían que
el sexo era “trascendental” pero oh, Dios, lo entiendo ahora. El solo pensarlo
me calienta la piel y mi cuerpo anhela revivirlo una y otra vez.
—Sawyer... ¿me has oído?
Me sobresalto ante el sonido de la voz de mi padre y aparto los ojos de
la vista del océano.
—Lo siento, me distraje. ¿Qué dijiste?
—¿Te distrajiste? ¿Estás bien?
—Sí, papá, estoy bien. Estaba mirando las olas y... —Esto no es algo
que Sawyer hubiera hecho. Nunca me distraería con algo tan ridículo como
la vista. Entonces miento. Algo en lo que aparentemente me estoy volviendo
bastante buena—. No he estado durmiendo bien, así que tal vez eso sea
todo.
—Estoy seguro de que lo es. Tómate tu tiempo, ¿de acuerdo? No te
mates para volver aquí. Y por favor, Sawyer, llámame si me necesitas.
—Gracias, papá. Lo haré.
Nos despedimos y me dejo caer en el sofá de Celia odiando la culpa.
Una cosa es honrar los deseos de mi hermana, pero dejé de lado mis
responsabilidades por completo. Tengo unos cinco minutos hasta que Aden
esté aquí, así que revisaré mi correo electrónico y veré si las cosas en el
trabajo van bien en mi ausencia, con la esperanza de que alivie la
autodirigida decepción.
Tengo dos correos electrónicos de Dana. Necesita mi firma en un
documento, pero no tengo impresora ni escáner. Agrego la búsqueda de una
oficina de FedEx a mi lista de responsabilidades para expandir la
productividad del día y hacerme sentir mejor en el proceso, cuando un golpe
en la puerta es seguido por un clic en la manija y Aden entra.
165
Su alto cuerpo ocupa el marco de la puerta y trato de no mirar lo sexy
que se ve con pantalones cortos y una simple camiseta marrón.
Sonrío, pero rápidamente frunzo el ceño con la intensa forma en que
me mira.
—Aden, ¿todo está bien?
Se acerca a mí, me quita el teléfono de la mano y me pone de pie para
presionar un beso tan lento y sensual en mis labios que pierdo la capacidad
de sostenerme por mí misma. Afortunadamente, él me agarra.
—Mejor ahora.
—Vaya. —Parpadeo—. ¿Por qué fue eso?
Sonríe, pero es apretado.
—Háblame de ti y de Brice.
Maldita sea.
Por mucho que lo intento, no puedo obligarme a mirarlo a los ojos.
—No hay mucho que contar.
—Parece pensar que ustedes dos son una cosa, ¿eso es cierto?
No tengo idea, Aden. ¡Quizás deberías preguntarle a mi hermana!
—¿Una cosa? —Niego—. No.
—¿Terminaste con él?
—Mm-hm.
—¿Y el ex de Arizona?
Dios, sueno como ¡ho!
—Oh, eh.
Presiona un beso en mi frente y resisto el impulso de dejar caer mis
brazos para refrescar mis sudorosas axilas. No sé qué hizo Aden por los
militares, pero debe haber sido algo relacionado con los interrogatorios
porque es fantástico en eso.
Todavía me estoy recuperando de su interrogatorio cuando me devuelve
el teléfono.
—¿Interrumpí algo? 166
—¿Eh? —Sigo su línea de visión y el coherente pensamiento vuelve a
estar en línea—. Sí, er... no, quiero decir, estaba respondiendo algunos
correos electrónicos mientras esperaba.
—¿Todo bien? —Me suelta y lo extraño al instante.
—Sí, aunque no sabrías si hay una oficina de FedEx cerca, ¿verdad?
Necesito encontrar una impresora y un escáner...
—Hay ambos en casa de Cal. Te dejaré entrar después del desayuno y
podrás trabajar allí todo el tiempo que necesites.
—¿En serio? —Estoy sonriendo con tanta fuerza que me duele.
Se ríe y niega.
—No me mires así, pecas.
Mi sonrisa se expande.
—¿Por qué no?
—Porque. Arruinarás mi reputación de ser un idiota duro. —Si no me
equivoco, juraría que sus mejillas se tornaron de un leve tono rosa cuando
agacha la cabeza y se vuelve hacia la puerta.
—No quisiéramos eso.
—Vamos, me muero de hambre.
—Sí, señor. —Saludo su espalda y felizmente lo sigo por la puerta.
¿Idiota duro?
¿Sargento Psicosis?
Es posible que me esté mostrando lados que rara vez le muestra a
alguien más.
—¡Esto es genial! —Estoy sentada lo más alto posible para ver por
encima de la barandilla del muelle desde la oxidada silla en el patio de la
cafetería. Empecé a sudar frío mientras caminaba por la estructura de
tablones de madera con olas rompiendo bajo mis pies, pero con el brazo de
Aden a mi alrededor me fundí en su seguridad—. Nunca había comido en
un muelle. Nunca había estado en un muelle.
Justo cuando las palabras salen de mi boca, miro para ver las oscuras
167
cejas de Aden levantadas.
—Con todos los viajes que has hecho, ¿cómo nunca has estado en un
muelle?
Excelente pregunta.
¡Maldita sea!
—No sé. —Bebo un sorbo de jugo de naranja y espero como el infierno
que abandone el tema.
Está recostado en su asiento, con un tobillo apoyado en su poderoso
muslo y los brazos apoyados en los reposabrazos. Es el epítome de la
masculinidad y con el sol quemando su piel, el aroma de las especias y el
cedro penetran en el aire del océano.
—De todos los lugares en los que has estado, ¿cuál fue tu favorito?
¿Dónde estaba el lugar favorito de Celia para visitar? No tengo ni puta
idea.
—Probablemente en casa.
—¿En Phoenix?
—Sí. Yo, eh... extraño a mi familia.
—¿Hablas mucho con tu hermana?
Rasgo los bordes de mi servilleta de papel.
—Oh, eh. —Sé que está preguntando por Sawyer, siendo Celia, pero
respondo honestamente—. Tan pronto como cumplió los dieciocho, se fue
de casa y nuestros caminos solo se cruzaban ocasionalmente en Navidad si
pasaba por la ciudad. Nunca sabíamos realmente dónde estaba en algún
momento, y eso hizo que permanecer cercanas fuera difícil.
Hasta que enfermó.
Es curioso cómo se necesita algo como la enfermedad y la muerte para
volver a unir a las personas, y para entonces... es demasiado tarde.
—Dijiste que realmente no hablabas con tu familia ya, ¿eso incluye a
tu hermana? —Internamente me doy una palmadita en la espalda por
desviar la conversación de mí como lo hizo la otra noche.
Sus dedos tamborilean contra la silla.
—Sí, con casi todos. 168
—Apuesto a que te extrañan.
Se encoge.
—No sé nada de eso.
—¿Por qué? Sé que esto probablemente no te sorprenderá, pero
personalmente creo que eres una persona bastante decente.
Me estudia durante unos segundos, luego se inclina como para evitar
que alguien escuche lo que está a punto de decir.
—No creen que sea... seguro... ya no.
—¿Por qué pensarían eso?
—Porque les dije que no lo era.
Niego con la esperanza de que la acción haga que todo lo que está
tratando de decirme encaje en su lugar y tenga sentido.
—Puedo estar con ellos por limitados períodos de tiempo, pero a mi
hermana le preocupa que esté con sus hijos... —Frunce los labios—. Joder,
realmente no tengo ganas de hablar de eso.
Instintivamente extiendo la mano y tomo su mano.
—¿Estás seguro? Soy buena oyente.
Gira su mano para sostener la mía, entrelazando nuestros dedos.
—Sé que lo eres, pero estaría bien si dejáramos de hablar de esta
mierda profunda y pasáramos a algo un poco más ligero, como por ejemplo...
—Lleva mi mano a sus labios y besa mis nudillos—. ¿Pasarás esta noche
conmigo en el barco?
Mi estómago se da vuelta sobre sí mismo.
—¿Dormir en un barco?
Arruga su rostro de la manera más adorable.
—No puedo prometer que dormirás, pero te prometo absolutamente que
será una noche que nunca olvidarás.
Asiento antes de que mis labios puedan siquiera formar la palabra.
—Sí.
Porque muy pronto estaré fuera de su vida y volveré a ser Sawyer, el 169
tipo de chica que nunca volvería la cabeza de un chico como Aden, y podré
seguir viviendo en mi protegida caja fuerte sabiendo lo que es vivir de
verdad.
Es decir, si sobrevivo.
13
ADEN
—P
erdona el desorden. —Aparto una pila de papeles para
despejar un lugar para el portátil de Celia en el viejo
escritorio de Cal. La oxidada silla cruje cuando la saco
y le indico que se siente.
Tiene la computadora apretada contra el pecho, asiente y se deja caer
lentamente en el asiento.
—¿Cuándo fue la última vez que te quedaste aquí?
Paso una mano por mi cuero cabelludo. 170
—Ha pasado un tiempo. Sé que parece fuera de control, pero juro que
hay un método lógico para toda esta locura.
Sus ojos escanean lo que debe ser cerca de un mes de correo sin abrir.
—¿Ese método lógico incluye realmente abrir el correo? —Toma un
sobre, deja su computadora portátil antes de agarrar otro y otro—. Aden,
estos parecen importantes.
Froto la parte de atrás de mi cuello sintiéndome un poco culpable y
muy estúpido. La cosa es que Cal viene cada dos meses para encargarse de
todos... esos, sean los que sean.
—Sí, el banco ha estado en Cal sobre esta propiedad. Mi trabajo es
mantenerlos alejados, no involucrarme y dejar que Cal cuide de eso. No es
de mi incumbencia. Solo estoy aquí para arreglar la mierda que se
descomponga y cobrar el alquiler.
—Oh, eh. —No parece estar escuchando lo que estoy diciendo mientras
crea cuatro pequeñas pilas frente a ella, clasificando el correo y colocando
cada sobre en una pila diferente.
Saco una pila de revistas de Sport Fishing de la polvorienta máquina
negra.
—Aquí está la impresora. —Levanto la parte superior para exponer el
cristal de escaneo—. Aquí es donde... —Ni siquiera está viendo en mi
dirección—. Celia. —Sus hombros se tiran hacia atrás y su columna se pone
rígida antes de mirarme—. ¿Estás escuchando?
Mira la impresora y asiente.
—Lo resolveré. —Vuelve a su organización.
—Tienes trabajo que hacer y esto no es eso.
—No me importa. —Está prácticamente radiante mientras organiza
cada pieza de correo con practicada facilidad. La expresión de su rostro me
recuerda a la mía cuando abro un nuevo señuelo para jugar.
—Puedo ver eso, pero, aun así. —Por la forma en que mi tío habló de
Celia, sé que confía en ella, así que no lo pienso dos veces antes de que
revise su correo y lo clasifique por él.
—Aden... —Arroja otro sobre en una pila—. ¿No tienes algo que hacer,
como arreglar mierda y cobrar el alquiler, sabes? Como dijiste. 171
Tengo la sensación de que está tratando de deshacerse de mí para
poder satisfacer su extraña necesidad de organizar. Sin embargo, tiene
razón. Debería ir a pescar. Necesito el dinero y me gustaría conseguir algo
para cenar esta noche.
—No te dejaré sola en este lugar. No confío en que lo dejes en la basura.
Una pequeña sonrisa mueve sus labios, pero no se detiene con el
apilamiento.
—Probablemente tengas razón, pero lo intentaré.
—Oye.
Ahora veo sus ojos, muy abiertos y tan verdes como la hierba fresca.
—Lo digo en serio. Insistiría en que dejaras de hacer lo que estás
haciendo, pero te ves tan jodidamente feliz haciéndolo que no tengo el
corazón para hacerte parar. Primero haz tu trabajo, ¿de acuerdo?
—Lo haré.
Agarro su barbilla y me inclino para llevar su boca a la mía. Sabe a
almíbar y a jugo de naranja. Queriendo consumirla, muerdo su labio
superior lleno.
—¿Nos vemos en el barco esta noche al atardecer?
—Muy bien.
—Trae tu apetito contigo.
—Sí... —Su voz es entrecortada y muy sexy.
Abro su computadora portátil y la señalo.
—Hablo en serio, Cece. Tu trabajo primero.
Sus hombros se desinflan y sus ojos se posan en mi estómago. Mierda,
estoy jodiendo esto. Necesito alejarme antes de que cambie de opinión.
—Nos vemos esta noche. —Dejo un beso más en su cabeza y obligo a
mis pies a moverse, dejándola sola en el lugar de Cal.
Me deslizo en mi camioneta y enciendo el motor, emocionado por salir
al océano y tener cierta distancia entre la chica y yo que rápidamente está
consumiendo todos mis pensamientos conscientes.
172
La pesca tuvo más éxito de lo que pensaba. Estuve fuera solo una hora
antes de que mis líneas comenzaran a tirar. Uno tras otro, los peces
mordían. Eran más de las cinco cuando me detuve en el muelle. El tiempo
suficiente para llevar el pescado al mercado, y me complació ver que
necesitaban desesperadamente halibut y atún blanco, así que gané una
buena cantidad de dinero de inmediato. Tuve el tiempo suficiente para
limpiar la sangre de la parte trasera del barco y ducharme para estar listo
para cuando Celia venga.
Estoy limpiando los mostradores y comprobando que el vino blanco que
compré en el mercado esté lo suficientemente frío cuando escucho un golpe
en la terraza trasera. Sonriendo, me doy la vuelta... luego frunzo el ceño
cuando veo a Jenkins sonriendo con su sonrisa rota de dientes perdidos.
Mierda. Está aquí para cenar. Demasiado para mi noche de cita con
Celia.
—¿Tienes hambre, viejo? —Saco una cerveza de la nevera y me doy
cuenta de que Jenkins no tiene una botella en la mano, así que agarro una
también y me encuentro con él en la parte de atrás.
—Puedes apostar. —Toma la cerveza ofrecida y bebe aproximadamente
la mitad de un trago—. ¿Qué comeremos esta noche?
—Halibut. —Me dejo caer en el acolchado banco y noto que el sol se
está hundiendo por debajo de la línea de barcos en el puerto deportivo—.
Tendremos compañía esta noche.
—Pensé eso. —Toma otro trago largo.
—¿Cómo?
—Te hemos echado de menos en la Oficina. —Sus ojos se lanzan hacia
mí y no hace falta ser un genio para darse cuenta de que está notando que
no me estoy quedando con Sydney.
Miro hacia el estacionamiento, reprimiendo un destello de culpa.
—Estuve ocupado.
—Ocupado... Correcto. Celia es preciosa. Serías estúpido si no
persiguieras su trasero.
—Debes haber estado con ella antes, ¿qué sabes sobre ella?
173
—No puedo decir que sé algo. Escuché a Cal hablar de Celia, pero ella
nunca bajó al bote. Nunca hablé con ella hasta esta última vez. —Me ve con
sus ojos nublados—. Una mejor pregunta es, ¿qué sabes de ella?
Me encojo de hombros y noto que mis ojos se desvían continuamente
hacia la puerta del muelle, ansiosos por volver a verla.
—Es inteligente, divertida de una manera extraña. Pasamos un buen
rato juntos. Se irá en un par de semanas, así que decidimos pasar el rato
hasta que se vaya.
Asiente pensativo y mira al horizonte.
—No te quedes callado ahora, Jenks. Siempre tienes una mierda que
decir sobre todo.
—Me parece interesante que no tengas amigos y, por el momento, sé
que no sales, pero conoces a esta chica desde hace unos días y es tu amiga
y tu cita.
Excelente punto, también siento curiosidad por esa mierda. Desde que
me liberaron del ejército, la mayoría de la gente me molesta muchísimo. Las
mujeres se quejan de la cancelación de sus programas favoritos o del hecho
de que tuvieron que sentarse en el tráfico durante treinta minutos de camino
al trabajo. Los hombres se quejan de que no tienen suficiente sexo o de que
la batería de su último teléfono inteligente se está agotando a la mitad del
partido de béisbol que estaban viendo.
Las mezquinas quejas de personas que nunca han vivido durante
quince meses en una choza de mierda con un par de docenas de hombres,
durmiendo con sus M4 en el pecho porque en cualquier momento el enemigo
podría abrir fuego en sus traseros. El estadounidense promedio se sienta en
su acolchado sofá con una cerveza en la mano, una comida casera caliente
en el horno y quejándose en su pantalla plana de sesenta pulgadas sobre
cuánto apesta el gobierno, sobre cómo el país se está yendo al infierno en
un saco de escroto mientras mis hombres y yo estamos allí saltando frente
a las balas para proteger a los inocentes, luchando contra los terroristas que
han devastado no solo a los estadounidenses sino a personas de todo el
mundo.
No saben lo que es tener que cavar en la tierra para encontrar todas las
partes del cuerpo de un hermano que dio su vida para salvar la de ellos. 174
Recogiendo dedos y dedos de los pies y medias piernas, combinándolos para
enviarlos de regreso a sus esposas e hijos en una jodida caja. La gente se
queja de que sus hijos vayan a las escuelas adecuadas, mientras que allí los
padres entierran a sus hijos sin cabeza. Así que sí, tal vez soy un poco
intolerante.
—Mierda. —Agarro mi botella ahora vacía contra mi pecho sintiendo
esa familiar estática que me llevará a la ansiedad, que terminará en
paranoia. Esa es la mierda que me jode. Perfecto para una cita nocturna—.
No sé lo que estoy haciendo.
Jenkins asiente. Puedo ver que lleva lo que sucedió en Nam tan claro
como si estuviera mirando mi propio reflejo.
—Es solo una mujer.
Sí, solo una mujer. No es una amenaza para mí. No sabe lo jodido que
estoy y, hasta donde sé, parece disfrutar estar conmigo. No leas demasiado
en esto, Aden.
De repente, ansioso, me levanto y enciendo el carbón en la parrilla,
tratando de mantenerme ocupado; es lo mejor que puedo hacer para evitar
que mis pensamientos lleven mi cuerpo de regreso a Irak.
Al sudor.
Al pulso acelerado.
A las alucinaciones.
Apuñalando carbones, mi mirada se dirige de nuevo a la puerta y esta
vez no se encuentran con la decepción.
—Está aquí. —Me muevo hacia el muelle y salto del barco, escuchando
la entrecortada risa de Jenkins mientras me dirijo a la puerta.
Lleva unos pantalones cortos y una sudadera, el cabello recogido de la
cara con una de esas cintas para la cabeza. Casual y perfecta. Tengo un
abrumador impulso de llevarla directamente a la cama y abrazarla. ¡Qué
carajos, Colt! ¡Recupérate!
—Lo hiciste. —Presiono el botón del panel para abrir la cerradura y
abro la puerta para ella.
—Dijiste que en la puesta de sol. —Sonríe y me voy.
La atraigo hacia mí y me derrito alrededor de su pequeño cuerpo, me
gusta la forma en que sus brazos se envuelven alrededor de mi cintura 175
mientras se ajusta a mi pecho. Estoy agradecido de ver que tiene un bolso
colgado del hombro. Me preocupaba que pudiera cambiar de opinión acerca
de pasar la noche.
Le quito la bolsa y la suelto lo suficiente para rodearla con el brazo y
llevarla por el muelle hasta el barco.
—Llegas justo a tiempo.
Inclina la cabeza y me mira.
—¿Tuviste un día de pesca exitoso?
—Lo hice. Comeremos halibut. —Beso la parte superior de su cabeza y
su cabello huele a maldito cielo—. No te preocupes, es halibut vegetariano.
Se ríe.
—Y te lo dije, como carne.
—Hay un sucio chiste ahí en algún lugar, pero me mantendré alejado
de él.
Ella golpea mi pecho.
—Oh, Dios mío, eres repugnante.
—Soy un hombre, pecas. Dices “como carne” y mi cabeza se dirige a la
mejor traducción posible. No me culpes, culpa a mi ADN.
Me siento a horcajadas en el barco y el muelle y le doy una mano,
asegurándome de que suba a bordo sin problemas. Lucha un poco, pero
esta vez parece mucho más segura.
—Jenkins, te acuerdas de Celia.
—Lo hago, me pondría de pie para saludar, pero mis rodillas me están
matando hoy, cariño.
Ella sonríe cálidamente al anciano.
—No hay necesidad. Solo iré a ti. —Se inclina y envuelve al pirata en
un abrazo.
Su mano se cierne sobre su trasero y me mira con las cejas levantadas.
—Ojalá no hubiera desperdiciado todas esas erecciones en mi juventud.
—Jenks. —Hombre viejo y sucio. 176
—Oh vaya. —Celia le da una palmada con el puño cerrado y se aleja—
. Gracias... ¿creo?
—No le hagas caso. —Miro al hijo de puta mientras tose y se ríe de su
propia broma—. Toma asiento. ¿Te gusta el vino blanco?
—Claro, suena bien.
Con una mirada más de advertencia a Jenkins para que se porte bien,
me dirijo hacia atrás y tiro su bolso en mi cama, luego le sirvo una copa de
vino mientras agarro para Jenkins y yo otra cerveza. Moviéndome a través
de la cabina de regreso a la cubierta, mi mirada se engancha en la bolsa
púrpura en mi cama. Es surrealista pensar que habrá una mujer en mi
cama toda la noche, no solo durante el tiempo que sea necesario para
venirse. Esta no es una conexión de una borrachera. De hecho, se siente
como si estuviéramos construyendo algo aquí.
Sea lo que sea, terminará en amistad. ¿Y por qué diablos me molesta
eso?
Sin querer arruinar la noche pensando demasiado, salgo y me golpea
el sonido gutural de la risa de Celia. Le entrego la copa de vino.
—¿Qué me perdí?
—Nada. —Jenkins sonríe ante su cerveza fresca.
Levanto una ceja hacia Celia, quien ahora está soltando una carcajada.
—¿Jenkins me contó una historia de que te despertaste en un extraño
barco frente a la costa de México rodeado por un grupo de hombres
semidesnudos?
Inclino la cabeza y veo al bastardo bocazas abajo.
—¿Lo hizo?
Él sonríe, mostrando sus tres dientes delanteros.
—Puedo haberlo hecho.
—¿Es verdad?
Maldito idiota.
—Es cierto.
Celia se mueve hacia atrás sonriendo.
—Oh, tengo que escuchar eso.
177
Niego, queriendo disparar a mi vecino anciano al mar abierto.
—Llevé el bote hasta Ensenada, bebí demasiado en el bar, volví a mi
bote para dormir, pero no me di cuenta de que estaba en el maldito bote
equivocado.
—Estaba en el yate Weenie Yankin Yacht .
Celia se echa a reír y Jenkins la sigue.
—No, no era ese. Fue una despedida de soltero o alguna mierda. El bote
debe haberse desatado porque cuando desperté estábamos a unos cien
metros de tierra. Podía ver el muelle, así que salté y nadé de regreso para
encontrar mi bote.
—¿Nadaste?
—Sí, y lo peor es que tenía una resaca como el infierno.
Su sonrisa cae y sus pálidas cejas se juntan.
—Eso es peligroso.
—Eh... viví.
—Pero los tiburones...
—Estuve en una juerga de dos días. Estoy bastante seguro de que el
olor a alcohol que salía de mi cuerpo repelía a cualquier ser vivo en un radio
de cinco metros.
Jenkins se ríe.
—Excepto a los pitos yankees.
—Ríete, viejo. Tal vez deberíamos contarle sobre la vez que una
prostituta travesti te robó setecientos dólares la última vez que estuvimos
juntos en México, ¿eh? Hablando de pitos yankees, esa chica tenía las
manos en todos tus bolsillos.
—Oye, no me quejo. El mejor trabajo manual que he tenido.
Ahora todos nos reímos.
—Valió la pena cada dólar que tomó.
SAWYER 178
—Estaría feliz de llevarte de regreso a tu bote, ¿si te parece bien? —
Estoy ayudando a Jenkins a bajar del barco de Aden después de una
increíble cena y de una conversación aún mejor.
Apoya su frágil cuerpo contra mí, su mano alrededor de mi espalda y
descansa curiosamente cerca de mi trasero.
—Oh, sí, me vendría bien un poco de ayuda, cariño.
Aden hace un sonido de disgusto y niega, pero está sonriendo.
—¿Cuál es el tuyo?
Huele a cerveza rancia, sudor y pescado muerto. Cada olor por
separado me revolvería el estómago, pero cuando se combinaran, si el olor
tuviera una cara, sería el del capitán Jack Sparrow. Cojeando a mi lado, me
pregunto si lo está haciendo para mi beneficio o porque sus rodillas lo
molestan. Un fuerte golpe suena detrás de mí y no tengo que ver para saber
que Aden nos está siguiendo.
—Aquí mismo. —Señala un viejo velero con pintura descascarada y un
ancla oxidada—. Me vendría bien tu ayuda para irme a la cama, quitarme
los pantalones y...
—Dibuja la línea allí, viejo. —Hay humor en la voz de Aden.
—Bien. —Se inclina hacia mi oído—. Tenía que intentarlo. —Su
jadeante risa me hace reír y Aden gime.
Se aparta de mí y sube a su bote sin la menor lucha y es entonces
cuando estoy segura de que me engañaron.
El brazo de Aden pasa por encima de mi hombro y me derrito en su
costado.
—¡Buenas noches, viejo borracho!
—Sí... a ti también, afortunado hijo de puta —murmura Jenkins,
haciendo reír a Aden.
—Siento eso. —Me hace girar para regresar a su bote.
—Es bastante divertido. No puedo creer que haya navegado por México.
Hace lo que hizo antes, se sienta a horcajadas en el espacio de agua
entre el muelle y su bote para ayudarme a subir a bordo. 179
—Sí, ha estado por aquí por un tiempo.
Agarro algunas botellas de cerveza vacías y platos de papel y los arrojo
a la basura.
—Parecen cercanos.
Él enjuaga mi copa vacío y saca una botella de agua de la nevera,
dándomela.
—Es probablemente mi único amigo.
Tomo la botella ofrecida y ladeo una cadera.
—¿Tu único amigo?
Sus manos se deslizan alrededor de mi cintura y sus ojos brillan, el
marrón parece pasar de sólido a fundido.
—¿Eres mi amiga?
Jadeo mientras agarra mi trasero.
—Me gustaría pensar que sí. —Mi voz tiembla y mira fijamente mi boca.
—Eres más.
—¿Lo soy? —Las dos palabras susurradas caen de mis labios
entreabiertos.
Se inclina, encorvando su alto cuerpo para acercar su boca a la mía.
—Mucho más. —Lloviendo besos a lo largo de mi mandíbula, mis
rodillas se tambalean con la fuerza que se necesita para permanecer de pie.
Deslizo mis manos por sus brazos, sobre los músculos de sus hombros,
y las bloqueo detrás de su cuello.
—No puedo explicar nada de esto.
—Ni siquiera lo intentes. —Acaricia mi garganta—. Vamos con eso. —
Dobla las rodillas y de un solo golpe me acuna en sus brazos.
En un par de largos pasos me acuesta en la cama y desliza una endeble
puerta de acordeón que se cierra detrás de él.
—Las paredes del barco son mucho más delgadas que las de tu cabaña.
—Está mostrando una media sonrisa mientras se quita la camisa por la
cabeza.
—¿Te preocupa que despierte a los vecinos? —Me quito los zapatos y la
sudadera, así que me quedo sentada con nada más que un sujetador blanco 180
liso y pantalones cortos.
Se arrastra sobre mí, obligándome a acostarme de espaldas, luego
desliza su rodilla entre mis muslos y los separa.
—Cuento con eso.
ADEN
Se dice que hay dos clases de mujeres.
Del tipo con el que tienes sexo.
Y del tipo con el que te casas.
Estoy demasiado familiarizado con el primer tipo. Acostumbrado al tipo
de sexo apresurado por el objetivo que satisfacer esas necesidades básicas
y ayudar a redirigir mis pensamientos hacia algo más placentero.
Pero esto... Mierda. Definitivamente esto no es eso.
Quiero pasar días en el cuerpo de Celia. Quiero ralentizar las cosas y
sentir cada toque, cada roce de las yemas de sus dedos, el deslizamiento de
su lengua, todo. Incluso dejé de beber hace horas para recuperar la
sobriedad por esto y esa mierda está tan lejos de mi norma que casi da
miedo.
¿Y cómo diablos puede ponerme de rodillas con un sujetador de
algodón blanco y pantalones cortos? No tengo ni idea, pero en el segundo en
que se quitó la sudadera, casi caigo en ese momento.
—¿Por qué me estás viendo? —Parpadeo y me encuentro con esos ojos
verdes, pero están nublados por la inseguridad—. Probablemente debería
haber traído algo más sexy.
—¿Me estás tomando el pelo? —Le tomo la cara y me aseguro de que
esté encerrada allí, incapaz de apartar la mirada—. Eres tan atractiva que
no puedo dejar de verte.
Nuestros labios se juntan en un beso que siento por mi columna. Tiene
que haber alguna explicación de por qué todo con Celia es mucho más...
intenso. ¿Quizás es porque sé que se irá? La idea de que no podré tenerla
cuando la deseé, que si se quedara sería para siempre, me hace desearla
más.
181
Sea lo que sea, me gusta. Mucho.
Igual que anoche, nos desnudamos y nos tomamos un tiempo para
aprender del cuerpo del otro. Pasa sus labios por mi pecho, su lengua por
mi cuello, y estoy indefenso en sus manos. Al probar cada parte de ella,
descubro que no hay una mancha en ella que no sea dulce. Prácticamente
ronronea cuando lamo sus pechos y cada vez que me alcanza, tengo que
mantenerla alejada para mantener el ritmo pausado.
Cuando finalmente saco el condón, no tengo la fuerza de voluntad para
verla ponérmelo sin explotar. El deseo de estar dentro de ella es demasiado
fuerte.
Yace quieta, sus piernas abiertas para mí como una invitación, y me
muerdo el labio mientras caigo en la base de sus muslos.
—Te estás conteniendo.
Joder, sí, lo hago.
—Quiero tomarme mi tiempo, pero... Maldita sea, pecas, me está
matando.
Sus uñas me raspan los costados, sobre mis hombros y a través de mi
cabello lo suficientemente fuerte como para dejar marcas. El aguijón es toda
la motivación que necesito. Doblo mis caderas, deslizándome
profundamente hacia adentro, y me trago su suspiro de aprobación.
—¿Mejor, nena?
Arquea la espalda tomándome más profundo.
—Mucho mejor. Ahora... muévete.
La llevo a la cama, contra la pared, en el suelo, y finalmente, cuando
no puedo soportar un segundo más de tortura, los dos terminamos juntos
en un bulto de piel pegajosa, jadeante y palpitando.
—¿Te lastimé?
Está aplastada debajo de mí en el suelo, sus brazos y piernas me
rodean y me retienen dentro de ella.
—Para nada.
Me río en su garganta y respiro su aroma, que cambió a algo más
picante y sexual. 182
—¿Quieres dejarme ir para que no te aplaste?
—No. —Se convulsiona a mi alrededor—. Me gustas un poco donde
estás.
—Mmm... —Empujo dentro de ella un par de veces más, suave y
lentamente, alejándome para poder tirar este condón a la basura y llevar a
esta mujer que merece que le hagan el amor en una cama con lujosas
sábanas y plumas de ganso en lugar de estar en el piso de un viejo barco—
. Déjame al menos meterte en la cama.
Suspira.
—Bien.
Empujo y levanto su inerte cuerpo y lo meto en la cama, cubriéndola
con una fina sábana.
—Vuelvo enseguida.
Me muevo rápidamente, ansioso por volver con ella, pero cuando lo
hago la encuentro sentada y acurrucada alrededor de algo en su mano.
—Oye. —Cruzo al otro lado de la cama y con su cabello cayendo hacia
adelante no puedo distinguir su expresión—. Qué... —Miro el objeto en su
mano.
Un pendiente.
Un pendiente de Sydney.
¡Mierda!
—Celia...
—Lo siento, no estaba fisgoneando. Me levanté para tomar mis bragas
y lo pisé...
—No te disculpes. No hiciste nada malo. —Destiendo la cama junto a
ella sintiéndome como el idiota más grande del mundo.
Sus grandes ojos verdes se acercan a los míos y me obligo a verlos
directamente a pesar de que el dolor que veo allí me atraviesa el pecho.
—Hubo esta chica...
—Oh Dios. —Deja caer su barbilla para esconder su rostro detrás de
su cabello.
—Por favor, escúchame. No la he tocado ni hablado con ella desde que 183
tú y yo empezamos a salir.
—Pero…
—Escúchame. —Engancho su barbilla y muevo su cara hacia arriba—
. Yo... —¡Mierda! Esto es terriblemente incómodo, pero no quiero perderla—
. He estado soltero durante mucho tiempo y, mierda, eres la primera chica
que puedo recordar con quien quisiera pasar tiempo. No solo un rollo rápido,
sino también para pasar el rato. —Las palabras siguen saliendo antes de
que pueda detenerlas—. Lo dijiste tú misma, no soy un pilar de virtud, pero
puedo decir que, desde nuestro primer beso, nunca he pensado en otras
mujeres, y mucho menos en tocar a una, porque todo lo que puedo pensar
es en ti.
Ella se lame los labios y luego me pasa el pendiente. La pieza de metal
prácticamente me quema la palma de la mano, así que la arrojo al otro lado
de la habitación hacia la cocina.
—Es genial, Aden. Lo entiendo. —Muestra una temblorosa sonrisa.
—Sabes cómo es, ¿verdad? Quiero decir, no te casaste con ninguno de
los hombres con los que te vi en esas fotos, así que entiendes el concepto de
sexo casual.
Parece desinflarse por mis palabras, pero asiente.
—Sí, supongo que podrías decir eso.
—Ven aquí. —La acerco a mi pecho y cae en mis brazos—. Te lo
prometo, pecas, eres la única mujer en mi vida ahora.
Pone su mano sobre mi estómago y me abraza con más fuerza mientras
paso mis dedos por su cabello.
—Me crees, ¿verdad? —Sueno tan jodidamente patético, pero necesito
saber que lo hace.
—Lo hago. —Bosteza y por mucho que me duela dejarla dormir
pensando que todavía podría sentirse un poco insegura sobre lo que sea que
haya entre nosotros, beso su cabeza y susurro:
—Duérmete.
Tan pronto como su respiración se estabiliza, me deslizo debajo de ella,
agarro el pendiente y lo arrojo a la bahía sintiéndome como un idiota. Cierro
el bote y luego me siento en el borde de la cama para verla dormir durante
unos minutos hasta que me siento como un idiota espeluznante y me 184
acurruco detrás de ella. Ella refunfuña un poco y le beso la cabeza y paso
los dedos por los suaves planos de su vientre.
—Shh... está bien.
Un sentido de propósito se instala dentro de mí. Algo que me dice que
estoy justo donde debo estar y que estoy haciendo exactamente lo que fui
llamado a hacer. Es una sensación que solo he tenido antes cuando estuve
en el extranjero durante el despliegue. Y ciertamente nunca lo he sentido
simplemente abrazando a una mujer.
Dios, Celia me jodió la cabeza. Cierro los ojos y empiezo a dejarme
llevar, pensando solo en ella mientras el sueño me hunde.
Cuando me despierto, se ha ido.
14
SAWYER
H
e estado sentada en el porche de Celia viendo cómo el sol
ilumina lentamente el Océano Pacífico, tratando de decidir si
es demasiado pronto para llamar.
Después de encontrar ese pendiente en el barco de Aden y de que me
arrojaran a la cara la historia sexual de Celia, tomé el camino de las
cobardes y fingí quedarme dormida. Fue infantil, pero no podía soportar la
idea de que Aden se acostara con una mujer justo donde acabábamos de
hacer el amor. En algún momento temprano en la mañana finalmente me
quedé dormida solo para despertarme con los sonidos de los barcos de pesca
185
preparándose para un día en el mar. Odiaba salir a hurtadillas de la cama
de Aden, pero estaba desesperada por hablar con mi hermana.
Dos tazas de café más tarde, reviso mi teléfono. Son casi las siete de la
mañana y es muy probable que esté despierta.
Marqué su número, esperando por completo otro ridículo mensaje de
voz.
—Sawyer, hola...
Suena somnolienta y, por lo general, me siento como una mierda por
despertarla, pero necesito hablar con ella.
—¿Cómo estás? —Las palabras salen en una ráfaga de aire, ya que las
había estado reteniendo toda la mañana.
Se oye un crujido de fondo y se aclara la garganta.
—Si me preguntas cómo logro ser increíble, es solo un regalo.
—Cece —susurro, solo para asegurarme de que nadie escuche—. Lo
digo en serio.
—Puedo ver eso. Siempre hablas en serio, Sawyer, ese es tu problema.
¿Qué pasó?
Le cuento la historia de Aden, cómo me acosté con él y me estaba
quedando en su barco, y luego sobre el pendiente.
—Estoy tratando de ser como tú, pero necesito ayuda aquí. ¿Cómo
compartes algo tan íntimo como el sexo con alguien sin que crezcan
sentimientos por esa persona? Encontrar ese pendiente me hizo sentir
horrible. Y no solo se sintió como ser otra muesca en el poste de la cama,
me sentí decepcionada de él.
—Estás juzgando al chico cuando no sabes nada sobre el tipo de
relación que tenía con esa mujer.
—No estoy juzgando...
—Estás haciendo exactamente lo mismo que hizo cuando vio esas fotos
en mi casa. Estás sacando conclusiones que pueden ser precisas o no. —
Suspira—. Sawyer, esa es una de las razones por las que tanto necesitabas
esto. Rompiste con un chico por meterse las camisetas en la ropa interior.
—¡No lo hice! —Mark no hizo eso, gracias a Dios, porque eso es 186
simplemente extraño.
—Todo el mundo tiene defectos. Y sé que esto puede ser una sorpresa,
pero tú no eres exactamente perfecta.
Mi pulso palpita en mi cuello y recuerdo lo que Polly me dijo en el bar
la otra noche.
—Oh, sí, y gracias por recordármelo. Escuché de una mujer que nunca
había visto en mi vida que soy una especie de monstruo agorafóbico. Gracias
por eso. Es bueno saber cómo me ves.
Me encontré con el silencio y el dolor de esa noche combinado con el
conocimiento de que Aden estaba teniendo sexo con otra chica en su cama
pocos días antes de que todo se derrumbara sobre mí.
—De eso se trata esto de todos modos, ¿no? ¿Estás tratando de arreglar
todo lo que crees que está mal en mí antes de dejarme para siempre? —Mis
ojos se llenan de lágrimas—. ¿Bien adivina qué? Tal vez no quiero ser el tipo
de chica que se prostituye solo para perseguir un buen orgasmo. Quizás me
gusta la idea de poder compartir algo especial con un hombre, uno que me
valore lo suficiente como para mantenerme cerca por más tiempo del
necesario, ¿eh? Tal vez deberías dedicar un tiempo a ser yo, ver cómo es
tener un trabajo real y tener citas como una persona normal. —Estoy
prácticamente histérica ahora, las lágrimas corren por mi rostro y mis
músculos se contraen con adrenalina.
—¿Te sientes mejor?
No, no me siento mejor. Me siento como un pedazo de mierda gigante.
Estoy fuera de control y lo odio.
—Lo siento, tengo que irme.
—¿No quieres que responda la pregunta por la que llamaste?
Cuando no respondo, continúa.
—¿Cómo lo hago? Es fácil no apegarse cuando no pones estas ridículas
expectativas en las personas.
—¿Ridículas? Así que la monogamia es una expectativa ridícula, ¿es
eso lo que estás diciendo?
—Todo lo que digo es que no todo debe tener un significado o
consecuencias duraderas. Algunas personas tienen relaciones sexuales 187
porque es divertido o porque están aburridas y cuando se acaba siguen
adelante.
—No soy así. No puedo separar el sexo de los sentimientos.
—Creo que puedes hacerlo, pero no con Aden.
—¿Qué significa eso?
—No pareciste tener problemas para seguir adelante después de Mark.
Aturdida, me dejo caer y me quedo mirando inmóvil el mar.
Ella se aclara la garganta.
—Quizás tú y yo no somos tan diferentes después de todo.
—¿Qué hago ahora? —Las palabras salen de mis labios, pero suenan
como si vinieran de otra persona. ¿Es posible que mis sentimientos por
Aden, un hombre al que apenas conozco, sean más fuertes que los que sentí
por un hombre con el que viví durante meses?
—Yo digo que sigas adelante. —Se oye el crujir de las sábanas—.
Diviértete tanto como puedas con el tiempo que te queda.
Si esto es “divertido” ¿por qué duele?
—Mejor me voy. Te quiero.
La línea se interrumpe.
Me levanto de mi asiento y regreso a la cabaña, mis pensamientos
reflexionan sobre las palabras de Celia. Incapaz de darle sentido a algo de
eso, me mantengo ocupada enjuagando mi taza de café y vuelvo a empacar.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero estoy cubriendo la última
chuchería de una estantería con plástico de burbujas cuando suena un
golpe en la puerta.
Mi corazón da un vuelco, pensando que podría ser Aden y temiendo lo
que le diría, pero el sombreado contorno a través de las cortinas demuestra
que mi visitante es demasiado pequeño para ser él.
—¡Adelante!
Zoë entra saltando por la puerta con unos pantalones capris de
spandex y un sostén deportivo, su piel reluciente por el sudor. ¿Alguien en
esta ciudad usa camiseta cuando sale a correr?
—Hola, ¿qué estás haciendo? 188
Mis ojos se mueven de un lado a otro pensando que tal vez Zoë no es
la concha más brillante de la playa. Creo que es bastante obvio.
—Empacando.
—¡Bien! —Se deja caer en un taburete—. Entonces, ¿qué les pasó a
ustedes la otra noche? Polly dijo que Aden se puso raro y te sacó de Lenny's.
Sus cejas se levantan en lo alto de su frente.
—¿Qué? No, eso no es lo que pasó. —Sigo pegando con cinta adhesiva
el plástico de burbujas, manteniendo la mirada baja—. Llegábamos tarde a
ver una película.
—Oh, sí, ¿qué película viste?
¡Mierda!
Me encojo de hombros, preguntándome qué haría o diría Celia en esta
situación. Mi mente está completamente en blanco, no puedo pensar en una
sola película que sea de pareja, así que hago lo que estoy empezando a hacer
mejor. Miento.
—Ni idea. Estábamos demasiado ocupados besándonos, todo lo que vi
fueron los créditos finales.
—¡Pequeña zorra! —La forma en que lo dice es como si me estuviera
haciendo un cumplido y me recuerda lo diferente que soy de Celia en
realidad—. Entonces, ¿dónde está el sargento Psycho ahora?
—No es sicótico. —Freno mi impulso de defenderlo y sonrío, pero todo
son dientes—. Probablemente pescando.
No tengo ni idea de dónde está. Estoy segura de que se sorprendió
cuando se despertó y vio que me había ido, sé que lo habría estado si los
papeles se hubieran invertido, pero, de nuevo, está acostumbrado al sexo
casual... tal vez mi partida antes de que salga el sol ni siquiera se registre
en su radar.
—¿Necesitas alguna ayuda? —Zoë escanea la habitación, sus ojos se
posan en la taza de café. Salta de su taburete y se sirve una taza, luego se
dirige a tumbarse en el sofá junto a mí—. Puedo hacerte compañía mientras
empacas.
—Claro, suena bien. —Grito internamente y me pongo mi mejor
máscara de Celia.
189
Este será un día largo.
ADEN
—Que me condenen, Colt. Golpeaste la veta madre. —Paul, quien hace
las compras para el mercado de pescado, mira con desprecio la recompensa
de mi día—. Yellowtail, barracuda, halibut, hay más de cuatrocientos kilos
de pescado aquí.
Sí, bueno, eso es lo que pasa cuando pescas durante doce horas
seguidas.
—¿Estás interesado? —Mi pregunta es corta, pero estoy jodidamente
exhausto y nervioso como una mierda.
—Déjame agarrar la chequera. —Paul desaparece en una de las oficinas
y regresa con un par de hombres a quienes instruye para tomar cada tipo
de pescado y reportar los números.
Me deslizo por la pared y hasta mi trasero, sosteniendo mi cabeza entre
mis manos. Ha estado palpitando como un hijo de puta durante las últimas
horas. Me gustaría decir que es por sol, pero la abrumadora necesidad de
beberme una botella de whisky me dice que probablemente sea por mi
modesto día de bebida.
No es que no quisiera que me jodieran, y Dios sabe que tenía muchas
cosas en la cabeza que me hubiera gustado adormecer, pero hoy era una
máquina. Me dirigí a mi lugar secreto y estaba sacando un pescado uno tras
otro, apenas teniendo tiempo de tirarme unas cervezas y mucho menos de
comer.
O de pensar en Celia.
Era lo que quería, trabajar demasiado mi cuerpo para no concentrarme
en mis pensamientos. Estar en el mar significaba que no podía ceder a mis
impulsos de llamarla, de preguntarle por qué diablos se había escapado de
mí.
Y de preguntarme por qué me importaba.
El sonido de un cheque al ser arrancado de su block lleva a mis ojos a 190
Paul. Me entrega mi pago que es un poco más de tres mil dólares. Nada mal.
Sonreiría y me daría una palmadita en la espalda si no estuviera tan
enojado por joder todo con Celia anoche.
Voy y vengo entre querer patearme el trasero por no ver ese maldito
pendiente antes y querer sacudirla por ser tan sensible al respecto. Tenía
que esperar que hubiera estado con otras mujeres antes que ella, sé que
había estado con Brice y no estoy aquí haciendo pucheros por eso.
Empujándome hacia arriba, mis músculos protestan mientras regreso
al muelle para ducharme y, con suerte, caer en un sueño sin sueños. La
música sale de la oficina cuando paso y, por suerte, Syd se dirige al trabajo
desde el estacionamiento.
—Aden, hola.
Con los ojos puestos en el suelo, considero simplemente ignorarla, pero
no soy tan idiota. Me detengo y la veo a los ojos.
—Syd, ¿qué pasa?
—Eh... la misma mierda. —Su cabello está suelto, sedosas ondas
oscuras caen sobre sus hombros, y mirarlas solo me hace desear a Celia.
Syd inclina la cabeza para estudiarme—. ¿Acabas de llegar de pescar?
Gruño y asiento.
—¿Por qué no vienes a tomar una copa?
Se me hace la boca agua ante la perspectiva de emborracharme, algo
que nunca me había molestado, pero que ahora me hace sentir como una
exuberante.
—No esta noche.
Frunce el ceño.
—No has estado por aquí últimamente.
—Solo he estado ocupado.
—Ah, bien... quizás más tarde.
Niego.
—No lo creo, Syd.
Frunce los labios y asiente, luego estudia el suelo entre sus pies.
—Es genial, lo entiendo. Mejor me voy. Llegaré tarde.
191
No digo una palabra me quedo ahí en mi propia jodida mierda, mientras
se escabulle a través de la puerta.
Aquí asumí que nos habíamos conectado para satisfacer una
necesidad, pero parece que los sentimientos de Sydney son más profundos.
¿Por qué nunca consideré eso?
Soy un idiota egoísta.
Mis músculos se sienten tensos y, aunque estoy cansado, hay una
energía reprimida que se acumula peligrosamente detrás de mis costillas,
llamándome a mis confiables habilidades de afrontamiento.
Quiero beber y pelearme y luego tener sexo hasta desmayarme.
La sonrisa de Celia destella detrás de mis ojos y tecleo el código de la
puerta con más fuerza de la necesaria.
No puedo creer que me haya dejado boquiabierto.
Me dirijo directamente a mi bote cuando paso a un grupo de chicos
apiñados hablando.
—... y les dispararon con un RPG.
Me congelo a mitad de paso.
—¿Dijeron cuántos murieron?
Mi pulso se ralentiza hasta convertirse en un golpe sordo.
—Nadie sobrevivió...
—¿Qué pasó? —El ladrido de mi pregunta envía todas las miradas
hacia mí.
Tienen el rostro sombrío, pero Rick, cuyo bote está atracado a dos
muelles del mío, es el que responde.
—El helicóptero de transporte estadounidense fue derribado sobre
Siria.
—¿Transporte...? —Eso significa que el hijo de puta estaba cargado
hasta la empuñadura con tropas estadounidenses—. ¿Cuenta de muertes?
—Están diciendo treinta y siete, pero aún no hay confirmación oficial.
Colt, ¿a dónde vas?
Subo a mi bote y me dirijo directamente al bar. Agarro una nueva
botella de whisky y me la llevo a la ducha. Golpeando el agua fría, tomo
192
trago tras trago de alcohol por mi garganta, sin sentir el ardor sino el dulce
alivio.
Los hombres están muriendo y yo estoy atrapado aquí sin hacer nada
al respecto.
Sin valor.
Borracho.
Una maldita vergüenza para el uniforme que ya no puedo usar.
15
SAWYER
M
e quedé sin cosas que hacer.
Empaqué hasta que no tuve más cajas, tomé una larga
ducha caliente, incluso me sequé el cabello con secador y
me puso un poco de maquillaje ligero con la esperanza de
que Aden apareciera inesperadamente, pero son casi las siete de la noche y
no escuché nada.
Decir que me arrepiento de haberme escapado de su cama a altas horas
de la madrugada es quedarse corto. Al menos debería haberle dicho que me
iba y que prometía llamarlo más tarde. Porque no lo hice, ahora todo se
193
siente raro.
Me pregunto si estará sentado en su bote mirando su teléfono
esperando que lo llame.
Justo como había estado esperando.
Como si un hombre como Aden alguna vez suspirara por una mujer
como yo. ¿Cuánto tiempo esperaría antes de invitar a una nueva mujer a su
cama?
“Algunas personas tienen sexo porque es divertido o porque están
aburridas y cuando se acaba siguen adelante”.
¿Podría ser esa chica? ¿Del tipo que toma lo que quiere cuando lo
quiere? Un destello plateado en la mesa de café me llama la atención.
La moneda.
La agarro y la paso entre mis dedos.
Es lo que haría Celia.
Cara, lo llamo.
Cerrando los ojos, lanzo la moneda y la escucho caer al suelo.
Agachándome por ella, entrecierro los ojos y.… cruz. Eh. Me dejo caer en el
sofá y, aunque esperaba sentir un poco de alivio al dejar esta decisión en
manos del destino, el resultado me decepciona.
Lanzo la moneda de nuevo. Cruz, lo llamo.
Me inclino sobre la moneda después de que golpea el suelo y.… cara.
—Tienes que estar bromeando.
Caminando de un lado a otro en la habitación, mirando la moneda en
el suelo, me muerdo el labio:
—Mejor tres de cinco.
Cierro los ojos y lanzo la moneda una vez más. Echo un vistazo con un
ojo:
—No lo llames.
Veo al otro lado de la habitación a mi teléfono.
—Al diablo.
Sin dejar de caminar, presiono su nombre en mis contactos y pongo el 194
teléfono contra mi oreja antes de que pueda cambiar de opinión.
Suena y con cada uno mi pulso late más fuerte detrás de mis costillas.
—Teléfono de Colt.
Mis pies se quedan quietos.
—¿Jenkins? Soy Celia.
—Sé eso, es por eso que respondí el teléfono.
—Bien, um... ¿está Aden por allí?
—Él... está y no está.
Abro la boca para responder, pero luego la cierro, sin saber
exactamente qué decir.
—¿Vendrás? —pregunta casi como si llegara tarde a una llegada
esperada.
—Yo... ¿debería hacerlo?
—Sí.
—Um... entonces, Aden está ahí contigo, ¿correcto?
—Está aquí.
—Está bien, estoy en camino.
Extraño.
Agarro mis llaves y mi bolso y, después de un corto viaje de cinco
minutos hasta el puerto deportivo, Jenkins me saluda, está sentado en el
banco junto al estacionamiento mirando el agua. Cuando me ve acercarme,
se pone de pie y el movimiento parece doloroso, aunque su rostro no lo
registra.
—No tenías que encontrarte conmigo aquí, Jenkins.
Se mueve sobre sus pies y el puñado de canas que todavía tiene en la
parte superior de su cabeza sopla con la suave brisa de la costa.
—Vine para dejarte entrar. —Se vuelve rígido hacia él y ambos nos
movemos en esa dirección—. Y advertirte.
Mi estómago se revuelve un poco ante la seriedad en su voz.
—Las tres velas de Colt están al viento.
—¿Está bien?
195
Encoge un huesudo hombro.
—No lo sé. No te habría invitado, pero parece molesto. Parece que eres
capaz de calmarlo.
Sargento Psycho.
—Molesto. ¿Será violento?
—No, no, nada de eso. —Mete un código en el teclado y empujo la
puerta sin llave para abrirla—. Colt es un complejo hijo de puta.
Miro su bote mientras caminamos por el muelle. Se necesita cierta
moderación para seguir el ritmo de Jenkins cuando una parte de mí quiere
correr para ver si Aden está bien.
—No estoy segura de lo que crees que puedo hacer. Apenas nos
conocemos.
—Gracioso. Eso es lo que él dijo.
Me vuelvo para ver al anciano justo cuando llegamos a la parte trasera
del Nauti Nancy. Está oscuro excepto por una tenue luz que apenas se nota
desde el exterior.
—Buena suerte. —Jenkins continúa por el muelle hacia su bote.
—vaya, espera. ¿No vendrás conmigo?
—Nah... lo tienes.
No puedo creer que me dejara sola con un exsargento del ejército
borracho y molesto que puede o no estar furioso conmigo. No es que Jenkins
sea de mucha ayuda si Aden realmente es el sargento Psicosis.
El gran paso en el barco es más fácil de lo que solía ser y cuando llego
a la puerta trasera de la cabina abierta grito.
—¿Hola?
Sin respuesta.
Entro y mis ojos se dirigen de inmediato al corpulento hombre en el
sofá, con las rodillas abiertas, los brazos apoyados en los cojines del
respaldo y una botella de licor casi vacía colgando de su mano. Su cabeza
se inclina hacia un lado, sus perezosos ojos fijos en mí.
—Aden, ¿qué pasó?
La comisura de su boca se levanta hacia un lado.
196
—Dímelo tú, pecas. —Está arrastrando las palabras, y tan a menudo
como lo he visto beber, nunca lo he oído hablar así.
Asiento hacia la botella que tiene en la mano.
—¿Es una fiesta para uno?
Balancea su brazo hacia mí.
—Siempre hay espacio para uno más.
Le quito la botella, la coloco sobre la encimera y veo una bolsa de café
junto a la cafetera. Aden permanece callado mientras pongo una jarra en
marcha, pero no me pierdo que sus ojos siguen cada movimiento que hago.
Rezo por un brebaje rápido, y me acerco a él, luego me siento en el sofá lo
suficientemente cerca para que nuestras rodillas se toquen.
—No debería haberme escapado esta mañana.
Sus ojos son como flechas y parece casi conmocionado.
—¿Eso fue apenas esta mañana?
—Lo fue. No podía dormir, estaba pensando... todo, y luego me fui a
casa y pensé en ti todo el día deseando haberme quedado.
La comisura de su boca se levanta de una manera casi infantil.
—Me arruinaste, ¿lo sabías?
—Es esa la razón de... quiero decir, no llamaste.
Su sonrisa cae y se inclina hacia él.
—Tú tampoco.
—Quería hacerlo, pensé que te enojarías.
Toma mi mandíbula y el calor de su palma hace que se me ponga la
piel de gallina.
—Lo estaba, pero todo se fue cuando entraste aquí. Te miro y olvido.
—¿Qué olvidas?
Se inclina y roza sus labios tan suavemente contra los míos.
—Todo.
Sostengo su mano contra mi mejilla y cierro los ojos.
197
—Aden, ¿por qué estás tan borracho?
Acaricia mi cuello, besando un camino desde mi clavícula hasta mi
oreja.
—Shh... solo quiero que lo hagas desaparecer. —El whisky de su aliento
es abrumador.
Me aparto y miro nublados sus ojos.
—No me acostaré contigo si hay una posibilidad de que no lo recuerdes.
—De ninguna manera no lo recordaré. —Apoya su frente contra la mía
y susurra—: Estás marcada dentro de mí.
Vaya... debe estar más borracho de lo que pensaba. Le doy unas
palmaditas en la mano y retrocedo un poco.
—¿Te gustaría acompañarme en una taza de café?... o con siete.
Arruga adorablemente su rostro.
—¿Entonces me dejarás besarte?
—Sí, entonces te dejaré besarme.
—Trato.
ADEN
Han pasado horas desde que apareció Celia y entre las tazas de café y
los vasos llenos de agua finalmente estoy empezando a sentirme algo sobrio.
—Tortilla, queso extra. —Coloca un plato frente a mí con humeantes
huevos y una tostada con mantequilla—. Come, te hará sentir mejor.
Como si no me sintiera lo suficientemente patético, ahora me está
mimando. Le diría que no tiene por qué hacerlo, pero me temo que si lo hago
no encuentre ninguna otra razón para quedarse.
—Esto se ve increíble. No sabía que pudieras cocinar huevos de verdad.
Apoya las manos en las caderas y niega.
—Solo come... sabelotodo.
Me meto un bocado en la boca y gimo.
—Esto es genial. —¿Cuánto tiempo ha pasado desde que comí? 198
—Entonces termina tu historia, la de LaRoy. —Con las dos manos
envueltas alrededor de su taza de café me mira fijamente.
Con el alcohol aflojando mis labios, he estado soltando viejas historias
de guerra, nada demasiado gráfico, solo cosas que sucedieron entre los
hombres con los que serví y yo durante lo que parece ser la mejor parte de
mi vida.
—Bien, entonces los otros chicos y yo teníamos al soldado Schmitt en
la bolsa para cadáveres. Estaba tan quieto, ya sabes, todavía me sorprende
que lo haya logrado. —Sonrío para mí pensando en lo difícil que fue para él
no reírse y gastar la broma—. Yo y tres de mis muchachos teníamos guantes
de goma, lo hicimos parecer como si estuviéramos de luto, con las gorras
bajadas, sacudiendo la cabeza. Le pedí a LaRoy que viniera a ayudarnos a
identificar el cuerpo, que era alguien de nuestro campamento base. —Me río
ante el recuerdo—. Probablemente parezca una mierda, pero la muerte era
una parte tan normal de nuestro día a día... —Me desvanezco mientras
considero toda la muerte con la que lidiamos y cuán insensibles nos
volvimos a ella. Parpadeo y me detengo dando otro bocado antes de
continuar—. LaRoy se arrodilló, abrió la cremallera de la bolsa y todos
estábamos jodidamente actuando como si estuviéramos irrumpiendo,
sorbiendo, tan pronto como la bajó a la cintura de Schmitt, el cabrón saltó
y asustó a LaRoy. Se echó hacia atrás con tanta fuerza que se partió la
cabeza con una piedra y se la abrió.
—¡Eso es horrible! —Celia se ríe, pero sí, tiene razón, estuvo jodido,
pero también divertido como el infierno.
—Nunca le dejamos vivir esa mierda. —Me meto otro bocado en la boca.
—Apuesto a que nunca te perdonará. ¿Todavía hablas con LaRoy?
Mi tenedor chirría contra mi plato y el dolor tan familiar estalla en mi
pecho.
—No. No regresó.
Ella deja su taza sobre la mesa.
—Lo siento, no debería haber...
—Oye. —Agarro su mano y la llevo a mis labios, besando el interior de
su muñeca—. Está bien. Gracias por venir esta noche. 199
—Por supuesto. —Parece hundirse un poco y luego quita su mano de
la mía para sacarla y comenzar a enjuagar los platos en el fregadero.
Me acerco a ella y me levanto detrás, descansando mi barbilla en su
hombro y rodeando su cintura con mis brazos.
—Quédate conmigo.
—Aden, yo...
—Por favor. Te extrañé esta mañana. Te he estado extrañando todo el
día. Ese pendiente...
Se vuelve hacia mí, pero me quedo pegado a ella.
—No tienes que dar explicaciones. Es solo que, esta cosa entre
nosotros, está sucediendo tan rápido y no es justo exigirte, pero... —Su
barbilla se eleva como si estuviera forzando una fuerza que no siente—. No
quiero acostarme con nadie más mientras estemos juntos, y me gustaría
saber que tú tampoco lo harás.
—Ya te lo dije, desde nuestro primer beso, eres solo tú.
Exhala como aliviada y sonríe.
—Bien. —Sus cejas se juntan—. Aden, ¿por qué te emborrachaste tanto
esta noche? ¿Fue por mi culpa?
Ahora doy un paso atrás, dejando espacio entre nosotros porque no
quiero que sepa que soy un desastre que no merece respirar el mismo aire
que ella.
—Nah... fue un error de juicio. No volverá a suceder.
Su expresión dice que no parece convencida y no puedo soportar ver
las preguntas en sus ojos. Apagué la luz en la pared, sumergiéndonos en la
oscuridad.
Agarrándola por las caderas, la hago girar, la levanto para que se siente
en la encimera y me pongo entre sus rodillas.
—Ahora... sobre ese beso que prometiste. —Deslizo mis dedos en su
cabello y tiro de su labio inferior con los dientes. El terroso aroma del café
en su aliento se arremolina a mi alrededor y me quita la tensión del día.
Su respiración se acelera y se desliza hasta el borde de la encimera,
presionando el calor entre sus piernas contra mí. Agarro su muslo y gimo
por la fricción contra mi pene endurecido. 200
—Un trato es un trato.
Nuestras bocas se amoldan y nos besamos como adolescentes en la
cocina. En un frenesí de manos, lenguas y dientes, la llevo a mi cama y me
sumerjo profundamente en su cuerpo, perdiéndome de nuevo en el hechizo
que lanza sobre mí.
SAWYER
Mis ojos se abren rápidamente. Está oscuro. Mi pulso se acelera
mientras trato de ubicarme.
Estoy en el barco de Aden; un punzante dolor me atraviesa el muslo.
Me estiro. Hay un grito de angustia, pero no es mío.
Froto mi pierna y pateo la otra para alejarme de… El calor me corta el
omóplato.
Grito e intento salir corriendo de la cama. Poderosas manos me agarran
con tanta fuerza que gimo.
—¡Déjame ir! —Le doy una patada y me suelta con tanta fuerza que me
arrojan de la cama. Mi espalda choca con la pared.
Otro gutural gemido proviene de la cama y todo vuelve rápidamente.
—¿Aden? —¿Qué está haciendo?
Se agita violentamente y retrocedo para evitar quedar atrapada en él.
Las lágrimas me queman los ojos mientras murmura algo incoherente
y entierra los puños en la cama.
—¡Detente!
—... los mataste... tú... —otro grito de agonía—... están muertos... —
Empuja y golpea el colchón.
Las lágrimas caen, corren por mis mejillas mientras veo al gran y
poderoso hombre que he llegado a conocer disolverse de un salvaje animal
a un quebrantado y frágil hombre.
Está de rodillas, con el cuerpo encorvado y los puños clavados en la
cama. Su tatuaje brilla a la tenue luz de la luna con la piel empapada de
201
sudor. La subida y bajada de sus hombros se ralentiza.
Me acerco a él con cautela. Mi mano tiembla cuando me estiro y la
pongo en su espalda.
Se mueve tan rápido que cuando mi espalda golpea la cama no sé cómo
llegué allí, excepto por el fuego que arde en los ojos que perforan los míos.
Su agarre en mis brazos es tan fuerte que grito de dolor.
—Estás lastimándome.
Gruñe.
—Confié en ti. Tú jodido... —se atraganta con un sollozo—… los
mataste.
—Aden, no. Soy yo. Sawyer... Quiero decir. ¡Mierda!—. Despierta. —Me
tropiezo con mis palabras y parpadea. Su agarre se afloja—. Despierta, estás
soñando. Ay, Aden... por favor. —Las lágrimas caen más rápido ahora—.
Estás lastimándome.
Observo conmocionada mientras sus ojos van de desenfocados a claros,
su mandíbula de dura como una roca a floja. Se empuja lejos de mí y se
arrastra hasta el final de la cama, sus ojos recorren el pequeño espacio.
Me levanto y pongo un pie en el suelo, sin saber si quiero correr o
quedarme. ¿Qué diablos acaba de pasar?
—¿Adén...?
—Estás… —Su voz se quiebra—. ¿Estás bien?
Estoy adolorida y asustada, pero no estoy herida.
—Estabas soñando.
Se pasa las manos por la cabeza y se balancea hacia adelante y hacia
atrás.
—Mierda. Lo siento mucho. Lo siento mucho.
Me arrastro hacia él y alcanzo su gran cuerpo, empujándome sobre mis
rodillas para abrazarlo. Espero que se aleje, que me empuje, pero en cambio
se aferra a mí como si fuera un salvavidas en un huracán. Entierra su nariz
contra mi cuello y la humedad de su sudor y lágrimas enfría mi piel.
—No me dejes. 202
Mi corazón late frenéticamente y las náuseas se acumulan en mi
estómago, pero se está desmoronando en mis brazos y no hay forma de que
pueda alejarme de él de esta manera.
—No lo haré.
—Quiero olvidar. —Sus labios van desde el lóbulo de mi oreja hasta mi
clavícula y me estremezco en su implacable agarre—. Hazme olvidar.
—¿Cómo?
Me acuesta sobre las sábanas empapadas de sudor como si estuviera
hecha de la porcelana más frágil.
—Déjame entrar. —Se arrastra entre mis piernas y presiona su
desnudo pecho contra el mío.
—Tu corazón, es... —Es atronador detrás de sus costillas—. Aden... —
Paso mis manos arriba y abajo por su espalda en movimientos calmantes—
. Respira.
Toma una respiración profunda pero temblorosa.
—Te necesito. —Un sonido parecido a un animal le sube por la garganta
cuando abro las piernas y flexiono las caderas.
Tengo muchas preguntas, pero este no es el momento. Por ahora, me
necesita. Este poderoso soldado me necesita para salvarlo de las pesadillas
en su cabeza.
—Me tienes.
Sostiene su peso para alcanzarme y agarrar un condón de la mesita de
noche. Rasgándolo con los dientes, lo enrolla y entra en mí lentamente.
Entonces me da su peso, y nos quedamos allí acostados conectados
hasta que su pulso se ralentiza y me besa como un hombre desesperado por
una especie de curación que solo yo puedo proporcionarle.
Y luego, comienza a moverse.
Empujando hacia arriba, tira de mis manos por encima de mi cabeza,
presionándolas contra la almohada. Las sostiene allí, elevándose por encima
de mí, y cuando por lo general mantenía su mirada completamente enfocada
en la mía, ahora sus ojos están cerrados. Sus cejas juntas como si tuviera
dolor y gruñe con cada enérgico empuje. 203
Su mandíbula se tensa y el sonido de su crujir de dientes se mezcla con
su jadeante respiración. Mi corazón late mientras lo veo luchar con su
propia mente, como si estuviera expulsando los pensamientos negativos con
cada empujón dentro de mi cuerpo.
Las lágrimas brotan de mis ojos cuando encuentro imposible apartar
la mirada de la angustia que lleva tan claramente en su rostro.
Doblo mis manos, queriendo liberarlas de su inquebrantable agarre.
—Aden... —Es como si hubiera una pared entre nosotros cuando se
niega a reconocer mi voz, y mi pecho se detiene al pensarlo—. Por favor,
déjame tocarte. —Doy otro tirón de mis manos solo para que las apriete con
más fuerza.
—No merezco tu consuelo. —Sus caderas se mueven hacia adelante—.
No merezco que me pongas las manos encima.
Su movimiento se vuelve descoordinado y lloriquea mientras lucha por
purgar los recuerdos.
La náusea se revuelve en mis entrañas junto con un placer que he
llegado a asociar con Aden. Esto no debería sentirse bien, esto no es para
mí y, sin embargo, soy impotente contra el gemido que sale de mis labios.
Se queda quieto y me ve, su expresión se suaviza. Es entonces cuando
me doy cuenta de que mis mejillas están llenas de lágrimas.
Libera mis manos y presiona su pecho contra el mío, enterrando su
rostro en mi cuello, se mueve con golpes más deliberados.
—Lo siento nena. —Baña mi garganta en húmedos besos—. Está bien.
Por favor, no llores.
Envuelvo mis brazos alrededor de él y lo sostengo, esperando que se
mantenga conmigo, que no se pierda de nuevo en la oscuridad que logré
ayudar a ahuyentar.
204
16
ADEN
L
a cagué.
Al ver salir el sol desde la parte trasera del barco, repasé lo
que pasó un millón de veces en mi cabeza y una cosa está clara.
Cualquier oportunidad que tuviera con Celia, la arruiné
anoche.
Después de asustarla hasta la mierda, desinteresadamente me dejó
entrar en ella, me permitió hacer exactamente lo que los terapeutas dicen
que nunca debería hacer. 205
La utilicé como una distracción, un cálido cuerpo para ayudar a borrar
las imágenes de todos los muertos que acechan la parte posterior de mis
párpados.
No había tenido un terror nocturno tan terrible en mucho tiempo. No
sé qué lo provocó. El helicóptero derribado por el que me obsesioné ayer fue
lo más lejano de mi mente cuando finalmente me quedé dormido anoche.
Quizás ese era el problema, que me permití relajarme más de lo debido.
Quién sabe, pero eso no cambia el hecho de que me desperté dándole una
paliza a mi cama con Celia debajo de mí.
Aprieto los puños. Fui estúpido al pensar que podría estar con ella,
aunque fuera unos días sin que supiera lo jodido que estoy. Naufragado sin
posibilidad de reparación. No apto para la vida civil.
Mi piel se estremece cuando escucho sus pies caminar a través de la
cabina del barco, sabiendo que tendré que enfrentar lo que pasó, arrastrar
lo feo a la luz. Sus pasos se acercan hasta que está afuera y prácticamente
puedo sentir su respiración contra mi hombro. Joder, pero ni siquiera puedo
mirarla, estoy tan malditamente avergonzado.
—Buenos días —susurra.
Me lamo los labios y, por mucho que quisiera evitarla, no puedo. Merece
saber lo que pasó anoche. La miro y está usando pantalones cortos y la
camiseta sin mangas que se puso después de que la usé egoístamente
anoche. Otra cosa que odiaba, tener que verla cubrirse el cuerpo antes de
meterse en la cama conmigo, poniendo una barrera entre nosotros. No es
que no me lo mereciera.
—Hola.
Sus cejas están bajas como si estuviera preocupada. Se gira para
acercar una silla y la vista de su espalda me hace apretar los dientes con
tanta fuerza que veo jodidas estrellas.
—Oh, mierda, Celia. —Incapaz de soportar la evidencia de lo que había
hecho, me alejo—. Mierda.
—¿Qué? —Hay preocupación en su voz.
—Tu espalda. —Escupo las palabras a la bahía, evitando el moretón
púrpura que estropea su omóplato. 206
—No lo hagas, escucha, tengo la piel clara. Me lastimo con mucha
facilidad. No fue tan malo yo…
Me levanto tan rápido que se tambalea hacia atrás.
—No pongas excusas.
Traga y me ve con los ojos muy abiertos como platos.
—Estabas soñando.
—No importa, Dios mío, mira tu... —Inclino la cabeza cuando algo en
su brazo me llama la atención—. ¿Ese fui yo también? —Asiento hacia su
brazo, luego veo otra marca en sus otros bíceps—. Te golpeé hasta la mierda.
Niega y se acerca, pero levanto una mano y retrocedo.
—No, no lo hiciste.
—¿Y ahí? —Señalo la decoloración de su muslo.
—Aden, solo dime lo que pasó, ¿de acuerdo? Sé que nunca me
lastimarías.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Mírate!
No ve, pero tampoco dice una palabra. Probablemente no sea necesario
mirar, ya que estoy seguro de que puede sentir el daño.
—Lo siento mucho. No deberías haber estado aquí para eso.
—¿Haber estado aquí para qué? ¿Una pesadilla? ¿Cómo pudiste haber
sabido que eso sucedería? —Viene hacia mí de nuevo, pero esta vez no tengo
el autocontrol para detenerla. Quiero caer en sus brazos y no volver a tomar
aire, absorbiendo la dulce medicación de su toque.
Miro a mi alrededor para ver a algunas personas en los muelles
observándonos un poco demasiado de cerca.
—Vayamos adentro.
Parece sorprendida por mi pedido, obviamente inconsciente de la
asfixiante amenaza que se cierne sobre nosotros. Nadie lo ve nunca. Sé que
es producto de mi imaginación, pero no puedo evitar sentir la necesidad de
estar en guardia todo el puto tiempo.
Entro y me sigue. Le indico que se siente en el sofá. Se agacha sin
apartar los ojos de los míos mientras me ruegan que les explique. Me apoyo
en la pequeña isla de la cocina y cruzo los brazos sobre el pecho como si 207
pudiera mantener la compostura cuando estoy tan cerca de perder el poco
control que me queda.
Su lenguaje corporal está lejos de ser relajado, y podría tener algo que
ver con el hecho de que no puedo dejar de ver las oscuras marcas que le
puse en el cuerpo.
—¿Qué sucede?
Me lamo los labios y me aclaro la garganta, luchando por sacar esas
primeras palabras de mi boca.
—Mi trabajo en las Fuerzas Especiales era entrenar a soldados iraquíes
y kurdos para proteger a su país contra el ISIL.
—Sigue.
No me había dado cuenta de que había dejado de hablar mientras mi
cabeza se echaba hacia atrás, lanzándome al pasado.
—No puedo darte todo, no puedo... —Hablar al respecto—. No me gusta
volver allí.
—Entiendo —susurra.
—Confié en la persona equivocada y por eso envié a mis hombres al
suelo.
Hace una mueca de lo que estoy seguro es disgusto, la razón por la que
lo sé es porque estoy igual de disgustado conmigo mismo.
—Oh, Aden...
—Tenían esposas, hijos, uno de ellos estaba comprometido para
casarse un mes después de que terminara nuestro despliegue. —Niego
mientras el peso de todo eso vuelve a colgar pesadamente en mi cuello. No
puedo hacer esto, no ahora, no con ella. Me odiará si lo sabe. ¡Me odio a mí
mismo!
—Sueñas con ellos.
—No. —Se necesita toda la fuerza que tengo para verla—. Sueño con
matar a la rata que me traicionó.
Su mandíbula cae suelta sobre sus bisagras.
—Sueño con aplastarle el cráneo con mis propias manos. —Mis puños
se aprietan cuando la adrenalina reaviva mi odio—. Ese corrupto hijo de
puta se escapó y enterré a mis hombres porque mintió y no vi a través de 208
su mierda.
—Aden…
—¡Mi trabajo era proteger a mis hombres! —Golpeo mi puño en mi
pecho—. ¡Mío! Y les fallé. ¡Las viudas y los huérfanos de padre están ahí
fuera gracias a mí!
Su rostro pierde color.
Me froto los ojos con ambas manos y trato de enfriar mi temperamento.
—Me mintió y daría todo lo que tengo para hacerle pagar.
Su garganta se balancea con un pesado trago.
—Engáñame una vez. Nunca más seré engañado. —Parpadeo en un
intento de despejar la niebla de furia de mi visión. Ralentizo mi respiración,
calmo mi trasero porque claramente estoy asustando a Celia—. Lo siento,
no pretendo asustarte.
Sacude la cabeza y estudia el suelo, incapaz de mirarme.
—Es... no, está bien, solo... eso tuvo que ser horrible para ti.
Una vez que mi pulso se ralentiza a un ritmo razonable, me acerco a
ella y me pongo en cuclillas a sus pies. Sus ojos se posan en los míos, pero
son cautelosos. Tentativos.
—No espero que estés de acuerdo con esto. Esperaba mantener mis
cosas tranquilas durante el tiempo que estuviéramos pasando el rato, pero
lo viste por ti misma, no tengo control sobre eso.
—Te llaman sargento Psicosis. —Inmediatamente se tapa la boca como
si no quisiera decir eso en voz alta.
Mis labios se levantan a los lados por su propia cuenta.
—Probablemente tengan razón.
—A los tipos que irrumpieron en la cabaña, les diste una paliza.
No es una pregunta, claramente ha estado hablando con otros sobre
mí.
—Lo hice. —Me encojo de hombros—. No puedo decir que me
arrepienta. 209
Se frota el cuello.
—¿Y el taxista?
Maldito infierno. Mi mandíbula se tensa y vuelvo a levantarme para
estar de pie y cruzar al lado opuesto de la pequeña cabina.
—Aden…
—¿Qué quieres que te diga?
—La verdad.
Me doy la vuelta.
—Me llamó sadiq.
Su expresión se tuerce en confusión.
—Significa amigo en árabe.
—¿Entonces lo atacaste?
—Sí. —Quería la puta verdad, bueno, ahí está.
—No entiendo.
—No, supongo que no lo haces. Solo había estado de regreso en suelo
estadounidense durante un mes y ese hijo de puta estaba hablando en árabe
sin pensar que pudiera entender. Ya estaba al límite, el bar abarrotado y los
borrachos, pero cuando esa palabra salió de sus labios dirigida a mí fue un
portal al pasado. Sentí todo: el miedo, la derrota, la puta vergüenza. Todo
me golpeó de una vez y estaba lejos de estar preparado.
Dios, soy un desastre.
Ella se lame los temblorosos labios.
—Esta fue una mala idea. —He ahuyentado a todos los que me
importan, mis propios padres me ven como si fuera un extraño; ¿por qué
pensé que podría mantener cualquier tipo de relación con una mujer,
especialmente con una tan dulce y poco afectada como Celia?—.
Probablemente deberías irte.
—No me alejes. —Sus pies descalzos se apoyan en el suelo que suena
hueco y me doy la vuelta, odiando la sensación de que alguien se acerque a
mi espalda. Parece sorprendida y se queda quieta por un segundo,
mirándome, posiblemente midiendo si soy lo suficientemente seguro para
acercarme. Mierda, hice un número con esta chica sin siquiera intentarlo.
210
Sintiéndome como un idiota total y deseando poder expresar cuánto lo
siento, hago lo único que puedo pensar y abro los brazos.
No duda y se apresura hacia ellos, agarrándome con fuerza por la
cintura.
—Lo siento mucho.
—Sé que lo sientes, y lamento mucho lo que pasaste. Pero Aden... No
quiero irme.
Dejo un beso en la parte superior de su cabeza, inhalando el dulce
aroma de su cabello.
—¿No?
Niega, su mejilla se presiona más profundamente en mi pecho.
—Dios, mira tu piel, cariño. —La aprieto más contra mí, pero soy
consciente de sus moretones—. ¿Cómo puedes soportar que te toque de
nuevo?
—Estabas durmiendo, no lo hiciste a propósito. En el tiempo que hemos
estado pasando el rato, nunca tuve miedo de que me lastimaras. Quizás...
—Me observa—. Si te hace sentir mejor, tal vez no quedemos a dormir.
No me entusiasma la idea de no tenerla en mis brazos por la noche,
pero tiene razón. Está más segura en la cabaña.
—Si eso es lo que se necesita. —Su cuerpo presiona el mío, sus manos
extendidas contra mi espalda baja mientras se aferra a mí, todo se siente
demasiado bien, demasiado seguro e imposible de soltar. Y por primera vez
me pregunto cómo me despediré cuando regrese a Phoenix, cómo podré
pasar un día sin la promesa de verla al final—. Sabes, a este paso, es posible
que nunca te deje ir.
Su respiración se acelera y me estremezco, pensando que, si mis
terrores nocturnos no la asustan, mi brutal honestidad podría hacerlo.
—Hagamos algo divertido hoy.
Le aparto el cabello rubio rojizo de la frente.
—Tengo que pescar hoy, pecas.
Se derrite de nuevo en mí.
—Podría ir contigo. Me han dicho que soy buena marinera y maestra 211
cebadora.
Apretándola más fuerte, me río y entierro mi nariz en su cabello. Cierro
los ojos, agradecido como el infierno de que después de que sabe todo
todavía está dispuesta a pasar tiempo conmigo.
—¿Estás segura?
—Mm-hm.
No estoy cien por ciento seguro de qué demonios estamos haciendo o
hacia dónde va esto, pero soy lo suficientemente codicioso como para no
rechazar cualquier parte de ella que me esté ofreciendo.
—¿Trajiste traje de baño?
SAWYER
—¿Estás loco? ¡No voy a meterme en esa cosa!
Aden está sonriendo de esa manera estúpidamente sexy, sus oscuros
Ray-Ban cubren esos ojos marrón chocolate que sé que bailan con humor.
—Oh, vamos, bebé grande. —Golpea el descolorido plástico amarillo—.
Es sólido. Nada podrá lastimarte aquí.
Mis ojos se desvían de él al grupo de pequeñas islas detrás mientras
nos balanceamos y nos movemos con el oleaje de la marea. Aden las llamó
las Islas Coronado y explicó que estamos a unos doce kilómetros de la costa
de Baja. Son majestuosas por la forma en que se encuentran en el océano,
las olas rompen contra sus escarpadas costas y los leones marinos toman
el sol en las rocas, pero eso fue antes de que me pidiera que me bajara de la
seguridad del bote de Aden. ¡Ahora parecen los enormes dientes de un
monstruo marino que me invita a que me coman viva!
—Jenkins, apóyame aquí. —Me aparto y me escondo detrás del anciano
que está recostado con un cigarro entre los dientes. Se invitó a sí mismo a
acompañarlo, y aunque me di cuenta de que Aden estaba decepcionado de
que no estaríamos solos en el barco, después de lo que sucedió anoche creo
que sintió que me sentiría más segura con un acompañante—. Un tiburón
podría atravesar eso... ese... ¿qué es? 212
—Es un kayak, princesa. —Jenkins se ríe, pero suena más a tos—.
Deja de ser u coño y lleva tu trasero allí.
—¿Coño? —No creo que me hayan llamado así en toda mi vida. Los
hombros de Aden brincan en una risa silenciosa.
—Me escuchaste. —Levanta la barbilla—. Quiero tomar una siesta y no
puedo hacerlo contigo aquí graznando.
—Pediste algo divertido. —Aden levanta un remo—. Ahora ven, pecas,
métete en el puto kayak.
Mi estómago se revuelve y se aprieta con el sonido de él llamándome
pecas, pero los nervios hacen que mis rodillas prácticamente se junten. Dije
que quería hacer algo divertido, algo que nos ayudara a olvidar, que era
redirigir la conversación, un intento de borrar la batalla que se libraba en
sus ojos mientras hablaba de su pasado militar. Y sí, también fue una forma
de alejarme de la enfermedad que sentí cuando me contó su traición. Cómo
lo habían engañado.
Era una forma de cambiar de tema, de aliviar mi propia culpa por
mentirle. Casi se lo confieso. Mi boca estaba formando las palabras cuando
me di cuenta...
Que nunca debe averiguarlo.
Jamás.
Si lo hiciera, se sentiría engañado, manipulado.
No sería diferente de la serpiente que lo engañó.
Fue en ese momento que decidí que mantendría mi secreto. Cuando se
acabe mi tiempo aquí, volveré a Phoenix y nunca volveré a hablar con Aden.
Es un fastidio porque hay una pequeña parte de mí que se pregunta
qué pasaría si nos mantuviéramos en contacto, cuánto tiempo durarían las
cosas entre nosotros si fuera Sawyer, pero después de escuchar cómo le
mintieron, quedó claro que nunca podría haber sea algo más entre nosotros.
Todo lo que tenemos es ahora. Y el tiempo que sea necesario para
empacar el lugar de Celia, que en este punto no debería tomar mucho más
tiempo. La promesa que le hice a mi hermana es ahora también una
promesa que me hice a mí misma.
Por ahora... seré Celia.
Mirando fijamente el vasto océano abierto, no puedo creer que en 213
realidad esté considerando poner nada entre Tiburón y yo más que una vieja
pieza de descolorido plástico.
—¡Mujer! —Jenkins lanza una mano arrugada hacia Aden—. ¡Sal ahí
fuera!
—¡No estoy lista! Yo... Aden, ¿qué estás haciendo? —Miro con horror
mientras se acerca lentamente hacia mí.
—Querías una aventura. —Sus largas zancadas son calculadas porque
con cada una que retrocedo, contraataca con una de las suyas hasta que
me arrincona—. Te la daré. —Sus ojos se posan en mi pecho que sube y baja
demasiado rápido. A pesar de que insistió en que me pusiera una camiseta
sobre uno de los bikinis de Celia, es del tipo desgastada, ceñida con el cuello
en V y cubre poco más que los moretones en la parte superior de los brazos
y la espalda.
—Tengo miedo.
Se acerca.
—No lo tengas.
—No sé cómo no tener miedo.
Su gran mano cubre mi cadera.
—Moriría antes de dejar que algo te afecte.
Parpadeo hacia él, sorprendida por sus palabras.
—No digas eso.
—Lo digo en serio. —Se inclina y su aliento es caliente contra mi
cuello—. Morir para proteger la vida de una hermosa mujer es una forma
honorable de hacerlo.
Presiono mi frente contra su hombro, ocultando el rosa que sé que está
corriendo por mis mejillas y susurro:
—Crees que soy hermosa.
Su otra mano agarra mi cadera.
—Sabes que lo hago.
Ahora estoy prácticamente jadeando y, aunque no puedo ver nada
alrededor del gran cuerpo de Aden, sé que Jenkins no está a más de unos
metros de distancia. 214
—Bien... —Trago, tratando de recuperar mi ingenio—. ¿Cuáles son las
posibilidades de que tengas que sacrificar tu vida por la mía?
Sonríe contra mi piel.
—¿Quieres una calculada evaluación de riesgos?
—Por favor... —Mi respiración es tan fuerte que debería sentirme
avergonzada—. Sí, por favor.
Encoge un gran y bronceado hombro.
—Menos del uno por ciento.
—¿Menos de qué?
Se acerca, rozando su duro pecho contra el mío.
—A pesar de lo que pasó anoche...
—Aden…
—Estás a salvo conmigo. —Presiona sus labios contra mi sien—. Lo
siento. —Su voz se quiebra, pero rápidamente se aclara la garganta.
—Sé que lo haces.
Asiente y retrocede, devolviéndome un poco de oxígeno.
—Entonces... ¿vienes? —Esa maldita sonrisa torcida parpadea,
convirtiéndome en un súbdito con mi cerebro lavado.
—Sí.
Agarra mi mano y me lleva a la parte trasera del bote, donde lanza el
kayak al agua. Se desliza fácilmente en el asiento trasero del bote de dos
asientos y luego me tiende la mano.
—Agradable y fácil, haré todo lo posible para mantenerlo nivelado.
Mis labios se fruncen mientras me concentraba en estabilizarme en la
cosa que se balanceaba como un plátano, y con él prestándome su fuerza,
me las arreglé para dejar caer mi trasero en el asiento delantero.
—Venga, pecas.
—¡Lo hice!
Se ríe.
—Ves, eso no estuvo tan mal, ¿eh? 215
Realmente no lo fue, pero ahora que estoy flotando sobre Dios sabe
cuántas cosas que podrían matarme, mi victoria es de corta duración.
—¡Jenks, no vayas a ningún lado! —grita Aden mientras mete un lado
del remo en el agua, impulsándonos hacia las islas.
El hombre refunfuña algo en respuesta que no puedo distinguir por el
chapoteo del agua a mi alrededor y el rugido de mi pulso en mis oídos.
—¿Dónde está mi remo? —Busco en el pequeño espacio, pero no hay
nada.
—Relájate. Déjamelo a mí. —Sus poderosos golpes nos empujan a
través de la oscura agua y me esfuerzo por hacer lo que dijo. Practico la
respiración profunda, exhalando por la boca, concentrándome en la tierra
que tengo delante en lugar de contemplar la salvaje vida que habita abajo.
El viento sopla mi cabello alrededor de mi cara y el sol calienta mi piel.
Esta vez, Aden insistió en que me untara SPF 50, para que mientras el calor
toque mi piel no me queme. Me imagino cómo debe verse detrás de mí, los
músculos de su espalda y hombros contrayéndose con cada empujón en el
agua, una fina capa de sudor que hace que su desnudo torso brille a la luz.
Incapaz de resistirme a echar un vistazo, me doy la vuelta y el pequeño bote
se balancea hacia un lado, haciendo que el agua se derrame alrededor de
mi trasero.
—¡Gah! ¡Eso está frío!
Se ríe.
—Ojos hacia adelante, pervertida.
Jadeo y mi cara se enciende.
—¿Pervertida? Solo estaba tratando de ver qué tan lejos del barco
habíamos llegado.
—Seguro que sí.
Abro la boca para defenderme, pero me imagino que ya me comprendió,
así que renunciaré mientras esté por delante.
Tarda más de lo que pensé, a juzgar por la distancia desde el bote de
Aden a las islas, pero finalmente frena su remado en una pequeña ensenada
donde los acantilados protegen el agua del viento para hacerla quieta y
vidriosa.
216
—¿Estás bien? —Lo escucho torpemente con algo detrás de mí, pero no
me atrevo a mirar ahora que sé que nos hará perder el equilibrio y
mantendré mis ojos en las rocas.
—Aden, esto es asombroso. —Muevo la cabeza hacia atrás para ver las
cimas de las rocas que se elevan sobre nosotros.
—Se llama Lobster Shack Cove. Fondearemos aquí.
Hay un chapoteo a mi derecha y una cuerda que cuelga del costado del
kayak.
—¿Ancla? —Hay unos buenos veinte metros entre nosotros y una
pequeña franja de playa—. ¿Nos bajamos?
Me pasa algo por encima del hombro.
—Ponte esto.
—¿Un visor? —Me doy la vuelta, esta vez con más cuidado para evitar
balancear el diminuto bote.
Se está poniendo un visor sobre la cabeza, usándola como una diadema
con el snorkel colgando.
—Sí. Aquí. —Me quita el visor y lo desliza sobre mi cabello, poniéndolo
sobre mis ojos y haciendo algunos ajustes en la correa—. Pon esto en tu
boca. —Dirige el tubo hacia mis labios con una sonrisa diabólica en su
rostro.
—¿Quién es el pervertido ahora? —murmuro mientras pone la maldita
cosa en mi boca, sellando mi destino.
Tendré que meterme en el agua.
Mirando por encima del borde del kayak puedo ver el fondo del océano.
Hay algunos peces, pero nada grande y con dientes esperándome en el
fondo.
—¿Recuerdas lo que dije sobre mantenerte a salvo? —Se tapa los ojos
con el visor y luego me agarra la mano.
Incapaz de hablar con el tubo en la boca, asiento y aprieto su mano.
—Si dejas ir el miedo, es posible que te diviertas. —Lleva mis nudillos
a sus labios y luego me suelta y se lanza del kayak. 217
El abrupto movimiento mece el bote y grito a través del tubo de snorkel
y trato de estabilizarlo. Aden aparece a solo unos metros de distancia.
—Vamos, pecas.
Sí, puedo hacer esto. Intento deslizar un pie en el agua, pero mi peso
inclina el kayak.
—¡Solo salta!
—¡Cállate! —Es lo que digo, pero lo que sale es un lío desordenado de
galimatías a través del filtro del tubo.
Me pongo en cuclillas y miro por encima del borde. Puedes hacer esto,
Sawyer. Celia lo haría. Se empujaría por el costado de este bote y se reiría
histéricamente cuando saliera jadeando por aire.
Pero estas son cosas que nunca podré hacer con mi hermana, y por
mucho que quiera creer que se recuperará, las probabilidades están
injustamente en su contra. Daría cualquier cosa por estar donde estoy, por
estar al borde de algo increíble y todo lo que tengo que hacer es disfrutar y
dejar ir mi miedo.
Con renovadas fuerzas, me empujo para ponerme de pie. Lo hago con
tanta fuerza que lanza el kayak debajo de mí. Me tambaleo hacia atrás y
aterrizo con el trasero primero y sin gracia en el agua.
Pateo y vomito el mar de mi boca cuando dos fuertes brazos me rodean.
—Esa es una forma de hacerlo. —Me quita el cabello de la parte
delantera del visor y se mete el tubo en la boca, expulsando toda el agua
que entró en él—. Aquí. —Me lo ofrece y lo tomo, asegurándome de que
puedo respirar antes de asentir. Se mete la parte de atrás en la boca y me
hace señas para que lo siga.
Todo mi cuerpo se rebela contra esto, mis músculos protestan por el
movimiento, pero si no agacho la cabeza y lo sigo, estaré atrapada aquí
flotando en el agua en medio del océano. Mi corazón se acelera detrás de
mis costillas, respiro profundamente y sumerjo mi cara.
Mis ojos tardan un segundo en adaptarse a lo que veo. El fondo del
océano es todo roca con grietas y huecos repletos de seres vivos. Coral,
algas, pequeños peces de colores... no es nada como pensaba. No es un vasto
218
bosque de profundos barrancos y cuevas escondidas donde todo tipo de qué
sabe Dios puede vivir. Esto no es como lo he visto en ningún documental de
canal de naturaleza.
Si los lugares del océano tuvieran niveles, como la escuela, este sería
preescolar para bucear con esnórquel. Mi pecho se calienta cuando creo que
Aden eligió traerme aquí porque sabía que estaría nerviosa. Esa noche,
cuando nadamos en los acantilados, hice que mis puntos de vista sobre el
mar azul profundo fueran bastante claros. Quizás por eso me trajo aquí.
Me encuentro con él en un lugar donde señala un banco de pequeños
peces plateados. Me agarra de la mano y juntos pateamos por la tranquila
cala. Señala cosas a medida que nos topamos con ellas, todas fascinantes,
y rápidamente me pierdo en este mundo submarino. Es silencioso excepto
por el patear de nuestros pies, y con el sol calentando nuestras espaldas y
su mano calentando mi corazón, una satisfacción se apodera de mí. No me
concentro en las listas, en todas las razones por las que pasar una cantidad
de tiempo con alguien a quien nunca volveré a ver es una completa pérdida.
Todas mis preocupaciones y miedos desaparecen hasta que todo lo que
queda es Aden y la vista que tengo ante mí.
Señala un grupo de langostas, un gran pez plateado con cola amarilla
como el que pescamos juntos. Estoy feliz de seguir el recorrido, asintiendo
y descubriendo algunos de mis propios hallazgos, que incluyen una medusa
que casi me asustó. Aden me calmó y seguimos flotando, viendo como
pasaba a nuestro lado.
Me levanta el pulgar y asoma la cabeza por encima del agua y lo sigo.
—¿Qué opinas?
No me arriesgo a perder mi snorkel y simplemente grito a través del
tubo:
—Esto es increíble.
Me acerca y me da un beso en la mandíbula.
—Sabía que te gustaría. —Volviendo a poner su esnórquel, me arrastra
con él y exploramos algunos arrecifes.
Estoy felizmente pateando cuando siento que deja de nadar a mi lado.
Busco debajo de él, esperando verlo señalar la razón por la que se detuvo, 219
un pez o tal vez una tortuga marina.
No es así. La tensión llena el espacio entre nosotros y estoy a punto de
sacar mi cabeza del agua y preguntar qué está pasando cuando empuja su
dedo hacia abajo para señalar un oscuro punto directamente debajo de
nosotros. Dejo caer la cabeza y... ¡mierda!
Dejando atrás todo mi orgullo y mi fuerza, grito.
Fuerte y muy claro, grito a través de mi tubo hasta que estoy tosiendo
y me veo obligada a escupirlo.
—¡Tiburón! —Veo el kayak a lo lejos y nado. Sin snorkel y mi visor
empañado con el miedo que emanaba de mi cuerpo, me lo arranco. No tengo
ni idea de si Aden está detrás de mí, pateo y lanzo los brazos hacia adelante,
Michael Phelps avanzando a través del agua.
Escucho que Aden me llama por mi nombre, pero estoy indefensa ante
el terror que me lleva a un lugar seguro. Podría estar siendo destrozada por
el depredador ápice, y tendré que explicarle a su familia que no fui lo
suficientemente valiente para salvarlo, pero bueno.
Corriendo contra la muerte, me lanzo al plátano amarillo, levanto una
pierna y un punzante dolor me desgarra la parte interna del muslo.
Grito de nuevo. Me han mordido y moriré en este estúpido kayak de
mierda. Al meterme en la embarcación, respiro con dificultad. Mi corazón
martilla detrás de mis costillas. Me voy a desmayar. Agarro mi muslo. Miro
mis piernas.
Sin sangre.
Pero ¿pensé...?
Entonces escucho su risa.
¡Se está riendo de mí!
—Pasarías el curso SERE en un santiamén con esa evasión y escape.
Todavía se ríe.
Todavía estoy tratando de respirar.
—Yo... casi muero. —Dios, mi corazón se siente como si fuera a salir
de mi pecho.
Se sube al kayak con facilidad, y grito cuando la cosa se balancea un 220
poco porque de repente el viejo y descolorido plástico se siente como una
placa de acero que se interpone entre yo y una muerte segura.
—Era solo un tiburón leopardo.
—La palabra clave es tiburón.
—Tenía sesenta centímetros de largo, Cece. Apenas una amenaza.
—Tiburón. Dientes. —Todavía estoy tratando de respirar—. Amenaza.
—Correcto. —Hay humor en su voz—. Deberías haber visto lo
amenazante que era cuando te lanzaste hacia el kayak como un elefante
ahogándose. Asustaste a los pobres peces.
—¿Lo hice?
—¿Crees que le tenías más miedo que él de ti? Gritaste como un
demonio salido del infierno y te arrastraste hasta el bote. —Realmente se
está riendo ahora—. Creo que limpiaste todo el fondo del océano.
—Para tu información... —Todavía estoy recuperando el aliento—. Me
lastimé el muslo.
Sus grandes manos cálidas toman mi muslo, sus dedos me tientan
entre mis piernas mientras sus pulgares frotan círculos sobre el dolorido
músculo.
—Es posible que lo hayas tensado lanzando esta pierna en el kayak.
Es un poco sensible, pero no está tan mal, y la forma en que sus ojos
bailan arriba y abajo de mi pierna desnuda es suficiente para hacerme
olvidar.
—¿Alguna vez pensaste en renunciar a tu trabajo para convertirte en
jinete de trucos en el rodeo?
La risa burbujea en mi pecho. Suena un poco maníaca en mis propios
oídos, pero creo que el alivio de sobrevivir a una experiencia cercana a la
muerte le hace eso a una persona.
—¿Estás bien ahora?
—Sí.
Me da una palmada en la pierna, luego levanta el ancla y me enderezo
desde la posición de víctima herida.
—Te debo un visor y un tubo.
—No, tengo muchos. Además, me gusta el hecho de que dejes tu huella
221
aquí. Cada vez que vengo a pescar con arpón y pase junto a tu visor
abandonado y buceé allí, recordaré a la chica que se escapó.
Mi columna se pone rígida. La chica que se escapó. Sé lo que quiere
decir, lejos del tiburón. ¿O quiere decir algo más? Supongo que no importa.
Nunca lo sabré realmente.
ADEN
Maldita sea, no me he reído tanto en mucho tiempo. Casi no pude
regresar al kayak persiguiendo a Celia mientras golpeaba la superficie del
agua. Salté de un B-12 al océano y fue una brisa en comparación con tratar
de perseguir a Celia mientras me reía a carcajadas.
Mis músculos se calientan y se relajan con el esfuerzo de remar. Es
como si todos esos años en el ejército, entrenando constantemente,
manteniéndome en la mejor condición física, le dieran a mi cuerpo una
muestra de la buena vida y ahora que no lo estoy usando en su máximo
potencial a diario, suplica por un buen ejercicio.
Y joder, pero me siento bien. Realmente bien.
Cuando estamos juntos así, me vuelvo a sentir como un héroe, como
un soldado con una misión. Mirando su espalda a través de la fina tela de
su camisa, puedo distinguir el broche de la parte superior de su bikini que
se desabrochó un poco probablemente debido a su frenética lucha por
sobrevivir. Un movimiento rápido de mis dedos y la parte superior caería de
sus pechos perfectos. Si Jenkins, ese bastardo bloquea penes, no se abriera
paso en mi bote a la fuerza, desnudaría a Celia en el momento en que
volviéramos a poner un pie en cubierta.
Está en silencio, pero me doy cuenta de que está más relajada y
contenta de lo que estaba cuando la traje aquí. Estoy seguro de que la caída
de adrenalina combinada con el sol y toda la natación la está cansando. Lo
que no daría por tenerla acurrucada a mi lado, durmiendo plácidamente
mientras el oleaje del océano nos mece para dormir.
Pero dormir juntos está fuera de discusión ahora.
—¡Anciano! —Manejo el kayak hasta la parte trasera y lo estabilizo lo
222
mejor que puedo—. Adelante, sal.
Ella se levanta con piernas temblorosas y soy el pervertido que me
acusa de ser porque miro su trasero todo el tiempo que levanta su apretado
cuerpecito en el bote. Mi pene le responde de inmediato, así que me obligo
a pensar en Jenkins esperando allí, ese brumoso ojo que seguramente me
estará viendo mientras fuma su cigarro y bebe toda mi maldita cerveza.
Afortunadamente, esos pensamientos hacen el trabajo y frenan la
hinchazón en mi corto...
—¡Aden! —El frenético grito de Celia de mi nombre me pone en alerta
máxima.
Salgo del kayak, lo ato al bote y corro hacia la cabina donde Celia está
arrodillada en el suelo junto a Jenkins. Su rostro está pálido... demasiado
pálido.
—Mierda. —Me arrodillo y compruebo el pulso—. Jenks, hombre,
despierta. Está respirando, pero es superficial.
—Oh Dios, ¿está bien? —Su voz tiembla con algo más grande que el
miedo.
La despido con la mano.
—Siéntate aquí. Llamaré por radio a la Guardia Costera y nos pondré
en movimiento.
Sus cejas se juntan y las lágrimas brillan sobre sus ojos, pero asiente
y coloca la mano de Jenks en su regazo.
—Bien.
—Mantente abajo. Esto podría complicarse. — Corro hacia la cabina y
enciendo la hélice mientras agarro la radio—. Guardacostas, este es el Nauti
Nancy frente a las islas Coronado. —Doy la vuelta al molinete del ancla y
despego antes de que esté completamente levantado—. Tenemos a un
hombre inconsciente, posible ataque al corazón. Está respirando, pero no
se ve bien. llegando al sur de Islandia Marina. Necesitamos una ambulancia.
Cambio.
Miro hacia atrás para ver el kayak flotando en la distancia, habiéndose
aflojado debido a mi rápido despegue.
—¡Celia! ¡Háblame! 223
—¡Todavía está fuera! Está... respirando, ¡pero no se despierta!
—Está bien, nena, ¡sigue hablando con él! ¡Que escuche tu voz! —El
rugido del motor y las olas me dificulta escuchar lo que dice, pero el dulce
murmullo de su voz es constante durante el tiempo que nos lleva llegar a la
bahía de San Diego.
Haciendo caso omiso de las boyas de no estela, corro hacia el puerto
deportivo, recogiendo una pequeña lancha patrullera del puerto que
enciende sus luces para que reduzca la velocidad. Qué mal. Puede darme
una multa una vez que finalmente regrese y Jenkins se dirija al hospital.
Me veo obligado a finalmente reducir la velocidad, pero aun así patino
como un esquiador cuesta abajo hacia el muelle más cercano, apago el
motor y lo ato. Saludando a los paramédicos que se están empujando a
través de la puerta, entro y veo que Celia puso una almohada debajo de su
cabeza y todavía sostiene su mano entre las suyas. Las lágrimas corren por
sus mejillas mientras me mira.
—Va a estar bien, ¿verdad, Aden?
—Sí. —Vuelvo a comprobar su pulso. Apenas está ahí—. Estará bien.
El pisoteo de pies entra en la cabina mientras los paramédicos suben
al barco.
—Ve a vestirte.
Parece aturdida por mi despedida, pero pase lo que pase a
continuación, no quiero que lo atestigüe. He visto a hombres luchar por sus
vidas en el campo de batalla mientras un médico hace todo lo posible para
salvarlo. No necesita llevar esas imágenes consigo por el resto de su vida.
Además, la cabina del barco solo es lo suficientemente grande para un
puñado de personas. Necesitarán todo el espacio que puedan conseguir.
—¿Puedes decirnos qué pasó? —pregunta un paramédico mientras se
agacha para revisar los signos vitales de Jenkins.
Me enfrento a Celia y se sobresalta ante lo que ve en mi expresión.
—Vete.
Rápidamente se lanza al baño y una vez que está a salvo adentro, les
explico a los paramédicos cómo encontramos a Jenkins.
—No tengo idea de cuánto tiempo estuvo fuera.
Hacen preguntas mientras trabajan para atarlo a una camilla.
224
—Lo llevaremos a Scripps. Si pudiera informar a su familia.
Familia. Hasta donde sé, ya no habla con sus hijos. Tendré que llamar
a Cal y ver si sabe a quién contactar.
—Lo haré.
Se lo llevan y agarro mi teléfono para hacer una llamada rápida por dos
taxis antes de regresar al baño a buscar a Celia.
Llamo una vez.
—Está bien, lo llevarán al hospital.
El clic y luego el deslizamiento de la puerta corrediza y se asoma. Se
quitó la camiseta mojada y está de pie en nada más que su bikini. Mis ojos
se concentran en los moretones de la parte superior de sus brazos, me
encojo y dejo caer mi mirada al suelo.
—Dejaré el barco aquí y me dirigiré al hospital.
—Iré contigo.
—No. —Le pongo un par de billetes de veinte dólares en la mano—. Hay
un taxi en camino. Llamaré si hay alguna noticia. —No espero a que
responda porque no hice una pregunta. Jenkins podría estar respirando su
último aliento y lo que no necesito es a una mujer que me mantenga alejado
de él.
—¿Estás seguro de que no quieres compañía? —Su tímida voz viene de
mi espalda y aprieto los puños para evitar agarrarla y sacudirla.
—Si lo hiciera, te lo pediría.
—Oh... —Su voz es tan suave que el dolor es audible—. Muy bien.
Agarro algo de ropa y salgo pisando fuerte hacia el baño para
enjuagarme el agua salada y vestirme. Cuando termino, salgo y encuentro
que Celia se fue. Todas sus cosas se fueron como si solo la hubiera
imaginado aquí.
Finjo que no me importa; después de todo, hizo lo que le pedí.
Irrumpiendo en la cocina, mis ojos se enganchan en un pequeño trozo de
papel con letra de chica.
Aden, 225
Lamento lo de Jenkins. Llámame si me necesitas.
Estaré aquí. Esperando. xx
Mi puño se cierra alrededor del papel para hacer una bola y tirarlo a la
basura, pero al final lo meto en mi bolsillo, me encuentro con mi taxi y me
dirijo al hospital.
Las distracciones son buenas cuando te están sacando de donde no
quieres estar, no tan buenas cuando te están sacando de donde más
necesitas estar.
17
SAWYER
H
an pasado más de veinticuatro horas desde que los
paramédicos sacaron a Jenkins del barco de Aden. A medida
que el sol se hunde en el Océano Pacífico, también lo hace un
poco de esperanza de que alguna vez volveré a tener noticias de Aden.
Pensé que seguro llamaría anoche. Que se disculparía por ser tan frío.
Que le echaría la culpa a su preocupación por Jenkins y luego seguiría con
una actualización para decirme que al anciano le estaba yendo mejor. Que
había sufrido algún problema médico benigno y que se recuperaría por
completo.
226
He esperado esa llamada. Nunca llegó.
La buena noticia es que trabajé mucho en casa de Celia. Envolví y
empaqué artículos frágiles y llevé una caja al Goodwill local. Todavía me
sorprende lo poco que se aferró a su pasado. No pude encontrar una sola
foto de alguien en nuestra familia, ni siquiera un recuerdo como el premio
al primer lugar que ganó en el concurso de comer pasteles cuando teníamos
doce años. Todos en la ciudad estaban asombrados de que alguien tan
pequeño pudiera comer tanto. Fue un momento culminante para Celia.
Estaba orgullosa de verlo todo desde la banca.
Claramente, nuestros recuerdos significaron más para mí que para ella.
Envuelvo mis hombros con la manta de estilo mexicano.
Siendo realistas, tengo unos días más para empacar y luego habré
terminado.
Todo lo que Aden tiene que hacer es ignorarme por ese poco tiempo y
antes de que se dé cuenta, desapareceré de su vida para siempre.
Una puerta de una de las cabañas se cierra de golpe y llama mi
atención. Me doy la vuelta y palidezco cuando veo que Brice se dirige hacia
mí. Haciendo todo lo posible por sonreír a través del dolor en mi pecho, me
las arreglo para deslizar mi máscara de Celia en su lugar.
El hecho de que cada vez sea más fácil debería preocuparme más de lo
que lo hace.
—Hola, te vi parada aquí sola y pensé en venir a hacerte compañía. —
Su sonrisa es un poco temblorosa y parece carecer de la confianza que tenía
la primera noche que nos conocimos.
—Sí, estoy absorbiendo las últimas puestas de sol antes de regresar. —
Estoy un poco sorprendida de que mantenga unos buenos centímetros de
espacio entre nosotros, tal vez la Sawyer interior se está mostrando más de
lo que pensaba y ha decidido que Celia no es su tipo.
Él mira hacia adelante a las olas, luego me ve por el rabillo del ojo.
—Tú y el sargento Psycho, ¿eh?
Muevo mi mirada hacia la suya.
—No es ningún secreto. Lo vi salir de tu casa temprano en la mañana. 227
—Oh... —Vuelvo a observar el océano, tratando desesperadamente de
averiguar cómo respondería Celia en esta situación. No hace falta ser un
genio para ver que a Brice no le importa mi... er.... Celia está con Aden,
entonces, ¿qué significa eso?
—Es genial, quiero decir, no es genial, pero lo entiendo. Lo que
teníamos no era exclusivo. —Olfatea, no como si estuviera triste, sino más
como si estuviera tratando de actuar con menos afectación de la que
siente—. Sólo ten cuidado, ¿de acuerdo?
—No sé a qué te refieres. Aden y yo estamos pasando el rato. —Quiero
reprimir las palabras tan pronto como dejan mi boca. ¿Pasando el tiempo?
Lo que tenemos es mucho más que eso, o al menos, lo es para mí.
Se encoge de hombros, sin parecer completamente convencido, pero
vuelve a estudiar el océano mientras el silencio se extiende entre nosotros.
Después de un par de minutos, exhala.
—Si estás aquí el 4, todos estaremos en el Breakers Bar celebrando.
Trae a Aden y tal vez me deje invitarte a una bebida de despedida. —Sus
cejas se levantan de una manera juvenil, creo que Celia se habría
enamorado instantáneamente.
—Me gustaría, gracias.
Se inclina y me tenso, temiendo que borre todos los recuerdos de Aden
con uno de sus besos que revuelven el cerebro, pero en su lugar presiona
un suave beso en mi mejilla.
—Te veré por ahí.
—Sí, nos vemos.
Se mete las manos en los bolsillos y se aleja y me duele un poco el
corazón por lo que Celia perdió. Quizás Brice algún día hubiera sido mi
cuñado. Él y mi hermana realmente tendrían los bebés más lindos. Me
ahoga la tristeza ante la idea de que Cece pierda la oportunidad de ser
madre, esposa, abuela; la vida es tan jodidamente injusta.
Con miedo de empezar a llorar, me doy la vuelta para regresar a la
cabaña de Celia cuando veo a la señora Jones viendo la casa del tío de Aden.
Por una fracción de segundo, entro en pánico al pensar que esté
mirando hacia allá porque Aden está allí, pero después de un vistazo rápido 228
veo que el lugar todavía está oscuro y se ve tan abandonado como antes.
—¿Todo bien?
Ella ve la cabaña de Cal y le tiemblan los brazos por el esfuerzo.
—Oh, sí, hola, he estado tratando de llamar a Aden, hay algo mal con
mi televisor.
—No lo he visto.
Frunce el ceño, las arrugas alrededor de su boca se intensifican.
—Oh querida. No responde a mis llamadas.
Intento ignorar el hundimiento en mi pecho por la razón por la que
Aden no contestaría su teléfono y cruzaría los pocos metros que separan
nuestros escalones de entrada.
—¿Quizás pueda ayudar?
Su cabello blanco está rizado a la perfección alrededor de su rostro,
pero cuando se vuelve para mirar la cabaña de nuevo, veo que detrás es
completamente plano, probablemente el resultado de estar sentada en una
silla de respaldo alto. Su mano está doblada alrededor de la barandilla, su
delgada piel muestra venas azules que sobresalen mientras sostiene su peso
lo mejor que puede.
—No quiero ser una molestia.
—No es una molestia en absoluto. —De hecho, me vendría bien algo
que hacer. Cualquier cosa que me quite la mente de preocuparme por
Jenkins y obsesionarme con el rechazo de Aden.
Ella sonríe y se esfuerza por darse la vuelta, así que salto y coloco mi
brazo debajo del suyo para apoyarla.
—Gracias. —Empujo la puerta con mi mano libre y guío a la mujer
hacia el habitable espacio de la pequeña cabaña. No se ve diferente a las
demás, excepto por la decoración que habla de una larga vida vivida en la
pequeña casa.
—No sé qué pasó, simplemente dejó de funcionar. —Me da una
palmadita en la mano y la suelto para que se siente en una gran silla que
está a unos centímetros de un viejo televisor.
—Estoy segura de que es algo que podré descifrar. —La pantalla de su
televisor tiene barras verdes, rojas y azules. Tomo el control remoto de la 229
bandeja de comida al lado de su silla.
Gruñe mientras se acomoda en el gastado y hundido asiento. Sus ojos
casi desaparecen bajo su piel parecida al papel.
—¿Cómo va todo allí?
¿Aparte del hecho de que estoy viviendo la vida de mi hermana y
arruinándolo todo al enamorarme de un chico que no sabe quién soy
realmente?
—Bastante bien.
—No es mi intención entrometerme. —Me despide—. Ocúpate de tus
propios asuntos, Mary.
—Todo está bien. No me importa. —Trato de no mirar, pero puedo oler
el hedor dulce y enfermizo de la comida podrida de su desordenada cocina—
. ¿Mary? —Me arrodillo para verla a los ojos—. Estoy tratando de matar algo
de tiempo y estaría feliz de limpiar un poco por aquí si estás de acuerdo con
eso.
Sus ojos azules brillan como si mi oferta la estuviera poniendo
emocional, pero también hay un indicio de vergüenza allí.
—Eso no es necesario. Tienes cosas más importantes que hacer que
ordenar lo que queda de una anciana.
—Realmente no. Lo que sí tengo es un gran sentido de la organización
y la limpieza es mi droga preferida. —Me vuelvo hacia la televisión y hago
clic en los canales manualmente, obteniendo nieve y estática en todos—. Me
estarías haciendo un gran favor.
—Eso es dulce, pero tú... ¡Oh! ¡La arreglaste! —Agarra el mando a
distancia y pulsa los botones con un huesudo dedo.
—Creo que debes haber cambiado accidentalmente el canal de la
televisión en lugar del decodificador. —Me levanto y le doy una palmada en
el hombro—. Yo lo hago todo el tiempo.
Me muevo a su cocina, notando que en realidad no me dio permiso para
ordenar, pero seguiré adelante y comenzaré y veré qué tan lejos llego antes
de que me diga que pare. Resulta que Mary tiene un miembro de la familia
que viene una vez a la semana con las compras y claramente no se ha dado
cuenta de lo mal que está porque hay un montón de comida para preparar
230
cualquier cosa, desde lasaña hasta tacos, pero la única prueba de que es
incluso comida, es un bote de basura lleno de cajas de comida congeladas.
Después de terminar los platos, desinfectar la encimera y el fregadero
y fregar el piso, vemos las noticias de la noche y un episodio de Dick Van
Dyke en algún canal de retroceso clásico. Mary parece haber olvidado que
estoy aquí mientras se queda dormida frente al televisor. Preparo lasaña y,
mientras se cocina, me siento en una silla plegable de metal y veo Leave It
to Beaver al son de Mary roncando.
Reviso mi teléfono obsesivamente en busca de llamadas perdidas, pero
fuera de algunos mensajes de texto de mi asistente en casa, no hay nada.
Cuando suena el timbre de que la lasaña está lista, la saco y me dirijo a la
casa de Celia por un pequeño Tupperware para poder dividir el plato en
porciones individuales y meterlas en el refrigerador. Son poco más de las
ocho cuando me quedo sin cosas para ocuparme con Mary. Pongo una
rebanada de lasaña en su mesa junto con un vaso de agua fresca y la
despierto suavemente.
Parpadea y después de un momento sus ojos se enfocan en mí.
—Celia, lo siento mucho. ¿Me perdí el final de Dick Van Dyke?
Sonrío ante la preocupación que escucho en su voz.
—Lo hiciste, pero no fue una sorpresa que en realidad no estuvieran
casados, así que decidieron casarse esa noche, pero no pudieron porque no
tenían niñera.
—Oh querida... —Se ríe—. Estoy segura de que la volverán a pasar. —
Ve la comida—. ¿Cocinaste?
—Espero que esté bien. Dejé el resto en tu nevera. Deberías tener
suficiente para algunas cenas más y algunos almuerzos.
—Huele delicioso. —Su temblorosa mano agarra el tenedor para
sumergirlo—. ¿No quieres unirte a mí?
—No puedo. Se hace tarde y tengo que terminar con mi hermana... —
Me aclaro la garganta—. Tengo algunas cosas que terminar en casa.
Da un pequeño mordisco y exhala por la nariz.
—Esto es bueno.
—Me alegro de que te guste. —Cruzo hacia la puerta—. Gracias por
ayudarme a matar el tiempo. 231
—Gracias, cariño. —Ni siquiera me ve, pero sigue llenándose el tenedor
de lasaña—. Qué delicia.
—Si necesitas algo, estaré justo al lado, Mary.
Salgo a la noche y, como no hay una nube en el cielo, la luna dibuja un
camino de luz sobre el océano tan sólido que casi parece que se puede
caminar sobre él.
Mientras subo las escaleras hacia la casa de Celia, mi teléfono suena
en mi bolsillo. Mi corazón da un salto en mi pecho cuando veo que es de mi
mamá. No Aden.
—Hola, mamá.
—Qué pasó, suenas ¿exhausta?
Me dejo caer en la cama y exhalo un largo suspiro.
—Nada. Estoy a punto de terminar aquí. Creo que podré llegar a casa
en los próximos días siempre que los encargados de la mudanza puedan
recoger estas cosas.
—Ni un día demasiado pronto.
Entrecierro los ojos ante el extraño tono de la voz de mi madre.
—¿Qué quieres decir?
Exhala un suspiro de una manera que me hace pensar que está
tratando de elegir sus palabras sabiamente. Mi pulso se acelera
instantáneamente.
—La visión de Celia está empeorando. No lo sé, solo estoy preocupada.
—Hablé con ella el otro día. Dijo que estaba bien, que se sentía mejor
de lo que se había sentido en meses. —Deja que mi mamá reaccione
exageradamente y vea cosas que no existen.
—Monta un espectáculo para ti…
—Mamá. —Me siento—. Celia no finge con cualquiera, y menos
conmigo. Está bien.
—Sawyer…
—¿Puedo hablar con ella? —Demostrará que mi mamá está equivocada,
y una vez que le diga que mamá se está volviendo loca, dirá algo que nos
hará reír a todos y tranquilizará a mamá. 232
—Está durmiendo.
—Oh, bueno, la llamaré mañana y la revisaré, pero estoy segura de que
estás exagerando esto. Dijiste que los medicamentos la cansaban, y
probablemente está muy aburrida de estar metida en la cama todo el día. —
Hay un latido en mi cuello que coincide con el latido de mi corazón—. ¿Has
pensado en sacarla de la casa? Tal vez si todos dejaran de tratarla como si
ya estuviera muerta, empezaría a sentir que tiene más por vivir. —Estoy
prácticamente furiosa ahora, la combinación de la preocupación por
Jenkins, el rechazo de Aden, el sobreprotector cariño de mi madre, y no
poder escuchar la voz de Cece para ver si está bien me hace querer golpear
algo. Y no soy una persona violenta.
Nunca.
—Sawyer, acaba pronto y vuelve a casa, ¿de acuerdo?
Agarro el teléfono con tanta fuerza que temo que se rompa.
—Ese es el plan.
Nos despedimos y me quedo allí unos minutos preguntándome qué
diablos acaba de pasar. Estoy girando fuera de control y parece que no
puedo encontrar una cabeza nivelada.
Quiero hablar con Aden. Pasó por tanto, experimentó pérdidas, sabría
exactamente qué decir para ayudarme a lidiar con esto, si tan solo pudiera
decirle la verdad y apoyarme en su fuerza. Pero sé que si supiera la verdad
me odiaría.
Aun así, estar cerca de él sería suficiente. Me hace olvidar todo lo que
no soy y todo lo que pretendo ser. Con él soy alguien diferente, no Celia o
Sawyer, sino simplemente... yo.
Nunca había extrañado tanto a un hombre.
¿Por qué no llama simplemente?
Lanzo el teléfono a la desvencijada mesita de noche seguido del sonido
de algo pequeño golpeando el piso de madera. Empujo el codo hacia arriba
y allí mismo, mirándome como un presagio de mi hermana, está esa maldita
moneda.
Cara.
Lo llamo. 233
—No puedo llamarlo —le susurro a nadie—. Pareceré desesperado.
Lo estás.
¡No lo estoy!
Por él, ¡ciertamente lo estás!
Me siento y veo la moneda. Muerdo mi labio y agarro mi teléfono. Si lo
llamo, podría simplemente ignorarlo. Incluso Mary mencionó que no
contesta su teléfono.
Podría aparecer en el puerto deportivo. Jenkins también era mi amigo.
No me parecería extraño ver cómo sigue para ver si está bien.
Deslizo la moneda y con una profunda respiración la tiro al aire.
Golpea el suelo con un fuerte golpe detrás de mí mientras salgo por la
puerta para enfrentar a Aden.
18
SAWYER
E
l puerto deportivo está a oscuras salvo por algunas luces que
brillan en el muelle y un puñado de barcos que son ocupados e
iluminados por sus habitantes. La puerta está cerrada, como
siempre, pero eso no me impide agarrar el frío acero y entrecerrar los ojos
para ver si puedo captar el movimiento del Nauti Nancy. Una suave luz en
la parte de atrás está encendida, pero aparte de eso, las ventanas están
oscuras. Dirijo mis ojos al velero de Jenkins y está completamente negro sin
señales de vida. Rezo para que eso no sea una indicación de su dueño, y
espero que esté en el hospital recuperándose. 234
El no saber su estado es lo que me está volviendo loca. ¿Cómo pudo
Aden no decirme cómo está? Fui quien lo encontró desmayado por el amor
de Dios. Cuanto más enojada me pongo, más fuerte es mi agarre en la
puerta. ¡Merezco saber qué está pasando! Y que se joda por pensar que me
iría cuando terminara conmigo.
Me aparto de mi espionaje y me dejo caer en un banco que está envuelto
en sombras para esperar a que alguien abra la puerta. Irrumpiré y exigiré
respuestas si eso es lo que tengo que hacer.
Me tiemblan los músculos y, aunque esta noche hace más frío que las
últimas noches, no creo que sea por el frío. Jenkins podría estar muerto.
¡Sus últimas horas en esta tierra podría haberlas pasado en mis brazos y
Aden ni siquiera me dio la cortesía de una llamada telefónica!
El tiempo pasa y a medida que baja la temperatura aumenta el calor
de mi ira. Cruzo los brazos sobre mi pecho, mi pie golpea frenéticamente el
cemento. Cada vez que pasa alguien que coincide con la descripción de
Aden, lo fulmino con la mirada hasta que me palpitan las sienes, enviando
incluso a los hombres más varoniles al otro lado de la acera. Parejas de la
mano, gente paseando a sus perros, algún que otro corredor, todos pasan y
todavía nada de Aden.
Es más de la una de la mañana, mi trasero está entumecido por estar
sentada y estoy contemplando la posibilidad de que no se presente esta
noche. ¿Dónde más podría estar? Aparto los pensamientos sobre él con otra
mujer cuando se abre la puerta de un bar cercano. La música se derrama
junto a un hombre y una mujer. Habla rápido, pero estoy demasiado lejos
para escuchar exactamente lo que dice. ¿La pelea de un amante borracho?
Escondida en la oscuridad, la veo suplicarle al hombre por algo y cuando
finalmente se rinde, ella se agacha bajo su brazo y se dirigen hacia mí.
A medida que se acercan, hay algo familiar en el hombre, la manera en
que sostiene sus hombros y su forma de andar que endurece mi columna.
Entonces lo escucho murmurar. Es profunda y oscura, una voz que he
llegado a conocer demasiado bien.
—Te dije que estoy bien, Syd. —Libera a la chica y ella parece
decepcionada—. Lo tomaré desde aquí.
—Colt, espera.
235
Él se queda quieto y deja caer la barbilla.
—Si necesitas hablar...
—No. —Niega y estoy inmóvil viendo todo esto desarrollarse ante mí y
esperando por Dios que no termine viendo algo que no puedo dejar de ver—
. Ya te lo dije…
—Lo sé. Solo... estoy aquí si me necesitas. —La mujer, Syd, se vuelve y
desaparece de nuevo en el bar.
Él asiente y pasa a mi lado mientras tropieza hacia la puerta.
Pero verlo le da vida a todos mis nervios.
Los sentimientos explotan detrás de mis costillas: ira, dolor, simpatía,
así como algo más profundo que desearía entender.
Teclea un código y su gran cuerpo se balancea como su barco en mar
abierto. Me quedo en silencio, conteniendo la respiración y lista para atrapar
la puerta una vez que la atraviese.
Se congela.
Sus hombros se cuadran. Espina dorsal recta.
Es como si cada vaso de alcohol que hubiera ingerido se hubiera
disuelto instantáneamente. No mueve un músculo y yo tampoco.
—Sé que estás ahí.
Mis ojos miran a nuestro alrededor, tratando de averiguar si me está
hablando o no o es un borracho producto de su imaginación.
—Te puedo oler.
Me calienta cuando sus palabras ruedan por mi piel como una dulce
seducción. Dios, ¿qué me pasa?
Deja caer la barbilla contra su pecho.
—¿Por qué estás aquí, Celia? —Todavía no se vuelve para mirarme, así
que me acerco lentamente—. ¡Detente!
Mis pies se detienen.
—Aden...
—Vete. No te quiero aquí.
Sus palabras atraviesan mi pecho.
Lo que está diciendo puede ser cierto, pero no puedo superar el impulso 236
de consolarlo. Me muevo con la mano levantada para calmarlo con un toque.
Gira sobre mí más rápido de lo que creo posible para alguien en su
estado.
—Nunca vengas a mí por detrás, ¿entiendes? Especialmente cuando
esté borracho. —Está gruñendo, está tan enojado.
—Muy bien, lo siento.
Con la cara bajo la luz, parece que no se ha afeitado ni duchado desde
ayer. Sus ojos están enmascarados bajo la sombra de su fuerte frente, así
que no puedo decir cómo se siente al verme. Con una ligera inclinación de
cabeza, siento sus ojos recorrer todo mi cuerpo y envuelvo mis brazos
alrededor de mi cintura.
—¿Cuánto tiempo has estado aquí?
—No mucho. —Mentira.
—Es la mitad de la puta noche, Celia. —Pasa una mano frustrada por
su cabello—. ¿Qué quieres?
Me lamo los labios, los nervios me pinchan la piel, pero me acerco un
paso o dos hasta que mueve la cabeza para que me detenga.
—Nunca llamaste.
Su mirada se enreda con la mía y ahora puedo ver la guerra que se
libra detrás de sus ojos.
—Me dijiste que llamarías. Estaba preocupada por Jenkins y me
preguntaba si…
—Él está muerto.
Jadeo y retrocedo un paso. Muerto.
—No... ¿cuándo?
—De camino al hospital. No pudieron revivirlo. Tuvo una embolia
masiva.
Mi mandíbula está tan apretada que duele.
—¿Por qué no me lo dijiste?
No responde, solo ve con una expresión en blanco que lo hace parecer
inhumano. 237
—¡Murió y no me lo dijiste! ¿Por qué? —Mi voz se quiebra con la fuerza
de mi rabia y tristeza que perdí a.… bueno, a un amigo.
—Vete a casa, Celia. —Se vuelve para cruzar la puerta.
Presa del pánico, agarro su bíceps.
Gira, agarrándome del antebrazo.
—Qué jodidamente dije sobre eso, ¿eh? No quiero lastimarte... —Nunca
más tácito pero comunicado a través del pesar que brilla en sus ojos.
Mi pecho sube y baja cada vez más rápido. Mi cabeza se ilumina con el
agarre que Aden tiene sobre mí junto con su aliento a whisky caliente jadea
contra mi cuello y la noticia de que la última hora de Jenkins en esta tierra
la pasó en mis manos.
—Si no hubiera... —Me ahogo con la emoción mientras burbujea en mi
pecho—. Me hizo subir a ese kayak.
—¿Crees que no lo sé? —Me acerca lo suficiente para llamar toda mi
atención. Como si aún no lo captara—. ¿Crees que no me culpo?
Dejo escapar un grito y debe pensar que es por su agarre sobre mí
porque me suelta y pone distancia entre nosotros. Mis rodillas no logran
sostenerme y me dejo caer, acunando mi cabeza entre mis manos. Dios,
¿qué me está pasando? ¿Por qué se siente como si mi pecho se partiera en
dos? Las lágrimas me queman los ojos y la garganta se me aprieta de
emoción. Simplemente no sé por qué. Mi lado lógico trata de convencerme
de que Jenkins era viejo, que había vivido su vida, que este tipo de muerte
se cuela cuando menos se espera y ninguna intervención médica podría
haberlo salvado.
Pero nada de eso ayuda.
Porque no es tanto la muerte de Jenkins lo que duele.
Es la idea de que Aden está sufriendo y ha levantado una especie de
muro impenetrable entre nosotros.
No he sido más que un juguete que puede dejar de lado sin preocuparse
cuando se volvió en mucho más para mí.
—No se suponía que esto sucediera. —Las murmuradas palabras salen
de mis labios. No se suponía que debía encariñarme. No se suponía que
debía acercarme lo suficiente para lastimarme. 238
ADEN
Ésa es exactamente la razón por la que no le dije a Celia que Jenkins
murió.
Para cuando llegué al hospital, ya era demasiado tarde para siquiera
despedirme. Esperé mientras bombeaban su pecho, le dieron suficientes
voltios de electricidad para iluminar toda la ciudad, pero nunca respondió.
Así que hice lo que mejor hago.
Bebí hasta que el dolor desapareció.
Luego regresé a mi bote y me desmayé solo para despertarme lo
suficientemente sobrio como para regresar a mi embarcadero en el puerto
deportivo y dirigirme al bar para continuar donde lo dejé.
La idea de llamar a Celia pasó por mi cabeza una o dos veces, pero
cuando lo hizo lo atribuí a que estaba demasiado sobrio y tomé tres tragos
para ahogar la razón. Funcionó también. Hasta que llegué a casa a
trompicones y la encontré esperándome con esos grandes y persuasivos ojos
y esos malditos labios que incluso el hombre más cuerdo vendería su alma
con gusto, mientras yo lo perdí.
Y ahora está de rodillas mirándome como si tuviera el poder de arreglar
esto. Como si fuera el héroe que ha estado esperando en lugar del cobarde
que perfeccionó el arte de esconderse en el fondo de una botella.
—Mierda. —Extiendo mi mano para ayudarla a levantarse. Esta mujer
no merece sentir el suelo duro y frío debajo de su perfecta piel, y mucho
menos sentarse aquí en la oscuridad sola esperando a un idiota como yo—.
Vamos. Te acompañaré hasta tu auto.
Toma mi mano y una vez que su cálida palma golpea la mía, no puedo
evitar tirar de ella y aplastarla contra mi pecho. Sus brazos rodean mi
cintura y su cuerpo se sacude con un silencioso sollozo mientras se apoya
en mí en busca de consuelo.
—No soy un buen tipo. —Me mata decirlo, pero necesita saberlo.
—Perdiste a un amigo, Aden. —Sus puños agarran la parte de atrás de 239
mi camiseta y su respiración patina a lo largo de mi piel—. Estás sufriendo.
No me excluyas.
Me aparto sabiendo que si la mantengo cerca por un segundo más la
llevaré a mi bote y suplicaré que me deje perderme en su cuerpo.
—No deberías haber venido aquí.
Los suaves montículos de sus pechos presionan mi caja torácica y siseo
mientras la sangre ruge por mis venas.
—Traté de mantenerme alejada.
—Debería dejarte ir. —Mis dedos se clavan en la suave carne de sus
caderas en contra de las palabras que brotan de mis labios.
—O tal vez deberías esperar.
Coloco mis manos en su cabello y acerco sus labios a los míos. En el
momento en que se tocan, sé que no la acompañaré hacia su auto. Ninguna
fuerza de voluntad o entrenada obediencia por militares pueden hacer que
la libere.
Me estoy ahogando en ella.
En su toque, en su efecto, en la forma en que me mira como si viera
más allá de la oscuridad de mi alma al hombre que estaba destinado a ser.
El honorable hombre que era antes. Dios, cómo quiero volver a ser ese
hombre.
Cuando aparto mi boca de la de ella, introduzco el código de cinco
dígitos y agarro su mano, llevándola a través de la puerta y por el muelle
hasta el barco.
No habla ni intenta escapar, pero sucumbe a mi control mientras la
ayudo a subir a bordo y la conduzco a través de la puerta trasera. Sostengo
sus caderas por detrás y la conduzco a mi cama, las sábanas enrolladas por
una noche de inquieto sueño. Sus muslos golpean el colchón y deslizo mis
manos por sus costados, subiendo su camiseta. Levanta los brazos para que
pueda tirar de ella y tirarla al suelo. La luz de la luna proyecta su pálida piel
en un brillo etéreo que la hace parecer de otro mundo, un ángel enviado solo
para mí.
Beso un camino desde su hombro hasta el lóbulo de su oreja,
derritiéndome contra el reconfortante calor de su piel.
—Si quieres irte en cualquier momento, no te detendré.
240
—Me quedaré. Mientras me tengas.
Gimo cuando sus palabras atraviesan la neblina de la borrachera.
—Siempre —le susurro, y engancho mis pulgares en la cintura de sus
pantalones cortos para empujarlos al suelo—. Duele. —La debilidad en mi
voz es humillante, pero no puedo evitarla. Estar cerca de Celia es
incapacitante de la mejor manera.
Acariciando su cuello, mueve la cabeza para permitirme acceso
completo a la aterciopelada piel de su garganta.
—Lo sé.
Después de cubrir cada centímetro con caricias de mis labios, me
muevo al otro lado. Se le pone la piel de gallina y se debilita en mi agarre.
Necesitando sentirla contra mí, me quito la camiseta antes de envolver
un antebrazo alrededor de su pecho y presionar su espalda contra mi frente.
—Te sientes muy bien. —Con una mano en su cabello, tiro de su cabeza
hacia un lado para volver a su cuello, jugando con sus pechos hasta que se
arquea y frota su redondo trasero contra mí. Cada golpe es como presionar
un nuevo botón que la ilumina aún más.
¿Quién necesita alcohol cuando tengo a esta receptiva mujer
retorciéndose de deseo en mis brazos?
Presiono entre sus omóplatos, inclinándola sobre mi cama. Siguiéndola
hacia abajo, estiro sus brazos sobre su cabeza.
—Quédate así. No te muevas.
Suspira mientras beso un camino por su espalda, su piel como la seda
más dulce en mis labios. Me muevo a su lado y muerdo el cremoso montículo
de su pecho que está presionado a la cama. Arquea la espalda, su trasero
me molesta hasta que estoy dolorosamente duro. Todo lo que se necesitaría
es un deslizamiento de sus bragas para estar enterrado profundamente,
pero quiero explorar cada centímetro de su cuerpo y llevarla al borde hasta
que me ruegue que lo termine. Quiero ser el hombre que cree que soy, fuerte
y heroico, y de ella.
Con un frustrado gruñido flexiono mis caderas contra su trasero en
una petición no tan sutil para que se quede quieta. Gime y hace puños en
las sábanas mientras me muevo a su otro lado, mordisqueando y lamiendo
241
hasta que me sumerjo en los guturales sonidos de su deseo.
—¿Deseas esto? —Otra flexión de mis caderas y ella está empujando
hacia mí.
Hermosa.
—Nunca sentí nada como esto... Aden, esto... —Suspira cuando giro
mis caderas contra ella—. Duele.
—Mmm... —tarareo contra su piel y beso su espalda baja antes de
deslizar sus bragas hasta sus rodillas. Mi aliento se detiene en mi garganta
al verla frente a mí y paso mi lengua por la parte posterior de sus muslos
hasta que sus piernas casi ceden—. Quiero tomarme mi tiempo.
—Por favor, no lo hagas. —Se balancea hacia mí—. No puedo soportar
más.
—Shhh... —La cubro con adorables deslizamientos de mis labios y
lengua, asegurándome de detenerme en los puntos que la vuelven loca.
Recuerdo que un día me dije que besaría cada peca y tenía la intención de
hacerlo.
Fantaseé con deleitarme con ella durante horas y eso es exactamente
lo que hago hasta que no puedo tomarme un segundo más sin estar dentro
de ella.
Busco en un cajón al costado de mi cama, saco un condón y lo enrollo
rápidamente. Luego empujo sus bragas hasta sus tobillos.
—Guárdalas aquí. —Ella asiente y la muevo sobre su espalda antes de
empujar mi camino a través del hueco en sus restringidas piernas. Sus
muslos acunan mis caderas y jadea al sentir mi erección descansando entre
nosotros. Sus piernas me rodean como la manta más cálida y con sus
tobillos cerrados detrás de mis rodillas estamos fusionados—. Quiero
sentirte envuelta a mi alrededor todo el tiempo.
Sus manos se cierran detrás de mi cuello y me lleva a sus labios y me
besa suavemente una, dos veces, luego desliza su lengua a lo largo de la mía
en una tentativa caricia. Me aparto lo más que puedo con sus tobillos
encadenados, y mientras deslizo mi lengua en su boca, me abro paso dentro
de su cuerpo. 242
Ella aparta su boca de la mía para gemir de placer justo cuando un
largo siseo se escapa de mis labios.
—Eres tan dulce, pecas. Cada parte de ti, tan jodidamente dulce.
Sus uñas se clavan en mi espalda y empujo hacia adelante en
respuesta. Su cuello se arquea y se abre lo suficiente para que entierre mi
rostro mientras me balanceo dentro y fuera de ella con un ritmo lento y
deliberado. Encantado por cada sonido que hace, me inclino sobre un codo
para ver cómo su cuerpo se retuerce y rueda con cada golpe.
Hambriento de más, me estiro detrás de su rodilla con un brazo y en
su espalda con el otro, girándonos para que esté arriba, sus tobillos todavía
bloqueados detrás de mis piernas. Lado mis rodillas, ella empuja hacia
arriba y…
—Joder, me vas a destrozar.
Se muerde el labio y con su cuerpo sobre el mío, aprieta sus caderas
contra mí. Deslizo mis manos hacia arriba para tomar sus pechos y
juguetear con ellos hasta que echa la cabeza hacia atrás con un jadeo sin
aliento. Su ritmo se acelera.
—Sí, nena. No te detengas. —No lo hace—. Preciosa. —Mis dientes
rechinan juntos para reprimir mi inminente orgasmo.
—Aden. —Su voz se entrecorta en un suspiro rápido y sé que está cerca.
—Aquí mismo. —Agarro sus caderas y la sostengo mientras ruedo al
ritmo de ella, y eso es todo.
Sus dedos se clavan en mis pectorales y grita mi nombre.
—Maldita sea, joder —escupí a través de mis dientes mientras un
orgasmo más grande e intenso de lo que jamás había sentido se desgarra a
través de mí. Se me doblan los dedos de los pies, se me contraen los muslos
y los rayos de placer se disparan por mi columna. Mi cabeza se ilumina y
sigo moviéndome con ella mientras cada toque parece extender el éxtasis.
Se deja caer encima de mí, dándome todo su peso, y la envuelvo en mis
brazos y trato de sacar mi cabeza de las nubes y volver a un terreno estable.
—E-eso nunca me había pasado antes.
Paso mis dedos de arriba a abajo por su espalda, su piel pegajosa por 243
el esfuerzo y su dulce aroma tranquiliza mi alma.
—También fue nuevo para mí.
Un largo y prolongado suspiro sale de sus labios y se mueve para liberar
sus tobillos de sus bragas antes de empujarse fuera de mí y caer a mi lado.
Tiro el condón a la basura, luego la atraigo hacia mí, pensando que han
pasado años desde que me sentí así, tan total y completamente satisfecho.
No solo sexualmente, sino hasta los huesos. Ella domestica al monstruo por
dentro.
Traza un patrón en mi abdomen.
—¿Aden?
—Hm.
—Esa mujer, la que estaba contigo...
Cierro los ojos.
—¿Era la dueña del pendiente?
—Sí.
Su diminuto cuerpo parece hacerse aún más pequeño a mi lado. Le doy
la vuelta y me coloco entre sus muslos, inmovilizando sus caderas con las
mías. Tomando su rostro entre mis manos, igualo mis ojos con los de ella.
—Una cosa que nunca haré es mentirte, pecas.
Su mirada cae a mi barbilla.
—Mírame.
De mala gana, lo hace.
—Sydney es mesera en la Oficina. Sí, era su pendiente y sí, en el
pasado, ella y yo nos enganchamos, pero ni siquiera me he entretenido con
la idea de Syd desde ti.
—Pero esta noche, ella...
—Conocía a Jenkins, diablos, todos en ese bar lo conocían. Todos
estábamos sufriendo, ella mencionó la idea de volver al barco, pero le dije
que no. —Dejo un beso en la punta de su nariz—. Le hablé de ti, joder... No
podía callarme sobre ti. 244
Su expresión se vuelve amarga.
—No heriste sus sentimientos, ¿verdad?
La comisura de mi boca se tensa.
—No conozco a muchas mujeres a las que realmente les preocupen los
sentimientos de otra mujer.
Se encoge de hombros.
—Bien... eso es porque hasta ahora, nunca me conociste.
Gimo y entierro mi nariz en su cuello.
—Joder, eres otra cosa.
—Gracias por no enviarme a casa.
Con miedo de estar aplastándola, me dejo caer de espaldas y la jalo a
mi lado.
—Perdón por ser un idiota.
—Estabas borracho y afligido.
—Todavía lo estoy.
Levanta la cabeza hacia arriba para mirarme.
—¿Qué? ¿Borracho o afligido?
Busco mis sentimientos por una fracción de segundo, sin querer
mentir.
—Tal vez un poco de ambos.
Acurrucándose contra mí, besa mi pecho.
—Comprensible. ¿Tienes ganas de hablar de ello?
¿Sexo luego platicar?
Nunca he confiado a una mujer con la que me he acostado.
Pero todo en esto es diferente.
Todo en Celia es diferente.
Qué significa todo eso, no tengo ni puta idea.
245
19
SAWYER
N
os quedamos desnudos y juntos durante el día siguiente.
Esperé a que me dijera que debía irme, esperaba que en
cualquier momento me recordara que juramos que no
pasaríamos la noche juntos. Nunca lo hizo. En cambio, me
abrazó más fuerte que nunca sin ni siquiera el susurro de un terror
nocturno. Supongo que podría ser porque raras veces dormíamos durante
un sustancial período de tiempo.
Entre dormirnos para descansar comimos y nos duchamos, pero todo
nos llevaba de regreso a la cama. Revisé mi teléfono para asegurarme de que
246
mi familia no estaba tratando de comunicarse conmigo y Aden echaba un
vistazo al suyo de vez en cuando, pero ignoramos todo lo demás.
En esas gloriosas horas nos enfocamos en nada más que uno en el otro.
Hubo momentos tranquilos en los que hablábamos de Jenkins. Aden
me contaba historias que me hacían reír lo suficiente como para hacerme
llorar, y me contó que el anciano tenía una fracturada relación con su
familia. No había hablado con sus hijos en mucho tiempo y no esperaba que
lo extrañaran una vez que falleciera.
Cuando nuestra conversación llegaba a ser demasiado, Aden se
quedaba en silencio y hacía todo lo posible para distraerlo, lo cual siempre
era fácil ya que vestíamos poca o nada de ropa.
Tuve momentos en la oscuridad de la noche en los que su respiración
se equilibraba y pensé en contarle sobre Celia, pero perdía los nervios al
saber que la verdad estallaría la delicada burbuja que habíamos creado.
Estoy aquí porque Aden me necesita, pero actuar como una especie de
ungüento para su dolor es un arma de doble filo porque cada segundo que
paso con él es uno más con el que me enamoro más profundamente.
He hecho mis listas mentales. Todas las razones por las que no
funcionamos, la obvia es que ni siquiera sabe quién soy en realidad. Está la
geografía, vivimos en dos estados diferentes. Nunca esperaría que
abandonara el barco y su pesca para estar conmigo. Pero cuando empiezo a
convencerme de levantarme y alejarme, me sonríe o me toca de una manera
que borra todo pensamiento racional.
Puede que no lo necesite.
Puede que sea la peor persona posible para mí.
Pero lo deseo de una manera que ni siquiera puedo empezar a
comprender.
Y va mucho más allá de lo que puede hacer con mi cuerpo, lo que hace
que todo lo que está fuera de nosotros parezca insignificante. Es la forma en
que me hace sentir como si fuera la única mujer en el mundo. Responde a
cada palabra que digo, a cada sonido que se escapa descaradamente de mis
labios, como si le estuviera diciendo un secreto que estuviera desesperado
por descubrir. Cuando estamos juntos es como si fuera el aire y él suplicara
247
por su siguiente aliento.
He tocado la segunda cuerda a mi hermana gemela toda mi vida. Ella
era la divertida, la talentosa, la popular, la artística, la inteligente y la sexy.
Yo era normal, torpe, genial y, aunque obtuve notas decentes, ahí es donde
terminaban mis credenciales.
Pero Aden borra todo eso. Para él soy todo lo que no soy y mucho más.
Especialmente ahora, en estos momentos, cuando me ve, sus grandes
manos enmarcan mi rostro mientras se mueve dentro de mí, sus cejas caen
en concentración como si le estuviera hablando en un idioma especial que
solo él puede entender. Todo lo que oye hace que se le mueva la comisura
de la boca.
Envuelvo mis piernas alrededor de sus caderas y lo beso tan
profundamente que gime y… ¿ladra?
—¿Qué fue eso? —La preocupación en mi voz se disuelve con mi falta
de aliento.
Deja caer su frente sobre mi hombro.
—Ignóralo.
Otro ladrido, luego otro seguido de un golpe en la parte trasera del bote.
—¿Suena como una foca?
Él suspira larga y duramente, luego se echa hacia atrás para mirarme.
—Es Morfeo.
Mis ojos se agrandan.
—¿Qué es Morfeo?
Deja un beso en la punta de mi nariz.
—Te lo mostraré, pero volveremos a esto después. —Se aparta de mí
justo cuando otro ladrido sale de la parte trasera del barco—. ¡Ya te escuché!
¡Cállate ahora!
Me apresuro a ponerme una de las camisetas de Aden y me lanza unos
bóxers que tengo que enrollar varias veces para evitar que se me caigan por
las piernas. Se pone un traje de baño y, con un poco de maniobra y esfuerzo,
se lo ata sobre la erección. Me doy unas palmaditas en las acaloradas
mejillas, esperando que se apaguen y que el efecto de ver a Aden excitado 248
después de un día de sexo desaparezca. Pasamos por la pequeña cabina y
salimos a la parte trasera del barco.
—Es un poco temprano para una llamada de atención, hombre.
Miro alrededor de la gran espalda de Aden para ver un león marino gris
oscuro del tamaño de un pequeño sofá encaramado en la popa trasera.
—Oh, Dios mío, Aden... es enorme —le susurro para no asustar al
animal. Tiene que pesar doscientos ochenta kilos y sus dientes son tan
largos como mis dedos.
—Un enorme dolor en el trasero. —Abre la caja de cebo vivo y se estira
para agarrar un puñado de sardinas, luego se las lanza al animal—. Allí.
¿Contento?
Morfeo se los traga enteros y ladra por más, lo que hace que Aden suelte
una risita.
—Esto no es SeaWorld. —Le lanza algunos más—. Y estás siendo
grosero. —Aden asiente hacia mí—. ¿No ves que tengo compañía?
Es casi como si el león marino lo entendiera porque sus grandes ojos
negros me siguen.
—Aquí. —Aden me entrega una sardina viva y la sostengo con fuerza
para evitar que se me resbale de los dedos—. Tírala al aire. Él la atrapará.
Lo hago y, efectivamente, la atrapa sobre la marcha. —Vaya, qué bien.
—El último. —Aden me lo entrega y hago lo mismo, observando lo
rápido que se mueve el animal para atrapar el pez—. ¡Ahora vete!
Morfeo gruñe y ladra una vez más antes de arrastrar su gran cuerpo
por el muelle donde se detiene en el bote de Jenkins. Ladra.
—Oh no... Aden. —El animal ladra una y otra vez y siento cada uno
como un golpe en el pecho—. Eso es tan triste.
Él se gira para regresar al interior de la cabina y me encuentro con él
en la cocina, donde se está lavando las manos.
—Lo superará. —Se seca las manos con una toalla y se aparta para que
pueda lavar las mías—. Con el tiempo, todos lo harán.
Inclino mi cabeza para mirarlo. Su mandíbula es dura y su mirada está
dirigida hacia la bahía. 249
—¿Incluyéndote?
—Sí. —Entrecierra los ojos por la pequeña ventana—. Jenkins no era
un hombre joven, él... —Aden se aclara la garganta—. Hay peores formas de
hacerlo.
—Estoy segura de que los hay. —Me muevo hacia un taburete frente a
él sintiendo su necesidad de espacio.
—Gracias por estar aquí.
La seriedad de su voz llama mis ojos a los suyos. No aparta la mirada
y veo cómo el genuino aprecio se refleja en mí.
Sus labios se tensan con una pequeña sonrisa que hace que mi vientre
se agite.
—Si no salimos y estamos en público, terminaré tomándote como rehén
en mi cama.
Mi estómago da un vuelco ante la promesa detrás de sus palabras.
—¿Qué sugieres?
—Vayamos a llevar el barco a través de la bahía para desayunar.
—Todo lo que tengo es lo que tenía anoche. Ni siquiera tengo un cepillo
para el cabello. —Tiré de la camiseta que estoy usando tímidamente.
Él viene alrededor del mostrador y gira mi taburete antes de empujar
su grueso muslo entre mis rodillas y tomar mi rostro. Sus oscuros ojos
trazan la línea de mi mandíbula, mis ojos, luego se deslizan hacia mis labios.
—Mejillas enrojecidas, ojos siempre brillantes, pero ahora brillan más,
labios gruesos de color rosa oscuro por haber sido chupados y mordidos,
pecas... Nunca he visto a una mujer llevar el look del día después tan bien
como tú. —Se lame el labio inferior y estoy prácticamente jadeando—. De
hecho, mirándote ahora... —Desliza su mano por mi muslo hasta mi trasero
y levanta mi pierna para que me vea obligada a apoyarme contra la barra—
. Cambié de opinión acerca de irnos.
—Pensé que dijiste... —me retuerzo en mi asiento mientras besa mi
cuello mientras se frota entre mis piernas—. que iríamos a lo público.
—Sí, tenemos que hacerlo público rápido.
250
—Me vestiré. —Me duelen los muslos de sujetar su cintura mientras
tira de entre sus piernas, brindándome una sonrisa que casi me derriba del
asiento.
—Buena idea.
Da un paso atrás y cuando me muevo me da una palmada en el trasero
y gime.
Entonces, tal vez no tenga a mano el guardarropa de una fashionista,
pero la forma en que Aden me ve con su camiseta y sus bóxers me hace
sentir como si estuviera usando ropa de diseñador. Me quedo con la
camiseta de Aden, me encanta cómo huele a su colonia, pero me pongo los
pantalones cortos. Uso el cepillo de dientes de Aden, me lavo la cara y me
recojo el cabello en una cola de caballo. El motor del barco cobra vida
cuando salgo del baño y decido hacer rápidamente la cama de Aden antes
de unirme a él al timón.
—¡Aden!
El sonido de una desconocida voz que llama a Aden me atrae hacia la
ventana.
Aden mueve la cabeza hacia el muelle con un sorprendido.
—¡De ninguna manera! —Un hombre de cabello blanco sube a bordo y
le da un fuerte abrazo a Aden. No puedo ver su cara con el gran cuerpo de
Aden bloqueando la vista—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Salgo, no quiero ser grosera, y espero a que me presenten. Aden debe
sentirme cerca porque se vuelve hacia mí justo cuando el hombre dice:
—Después de que me contaste sobre Jenkins, vine enseguida. Estoy
aquí para presentar mis respetos. —El hombre se sobresalta cuando me ve
y entrecierra los ojos.
Aden se pasa la mano por el cabello.
—Joder, hombre... No recuerdo haber llamado. Siento eso.
Mi estómago se desploma cuando me doy cuenta de quién es este tipo.
—Estabas bastante jodido. Pensé que tal vez te habías ahogado
accidentalmente.
—Nah... estoy bien.
La sangre sale de mi cara.
251
El cielo gira.
Cavo mis pies en la cubierta para evitar caerme.
—Tío Cal, ¿te acuerdas de Celia?
Esto está ocurriendo. Esto realmente está sucediendo.
Hacerme pasar por Celia ante todos los demás parecía bastante fácil,
pero a juzgar por la forma en que Cal me mira a través de estrechas rendijas,
dudo que el tío de Aden sea tan fácil de engañar.
—Sí, me acuerdo de Celia. —No hace ningún movimiento para
acercarse, para darme un abrazo o incluso para estrechar mi mano, sino
que se queda allí espesando el aire entre nosotros hasta que me ahogo.
Toso para aclararme la garganta.
—Es bueno verte de nuevo.
Sus ojos se apartan de los míos para estudiarme con la camiseta de
Aden. Sus labios se curvan con disgusto.
—Cal. No la veas así. —Aden pasa un brazo por encima de mi hombro,
acercándome—. Lo que sea que creas que es esto... —Hay una sonrisa en
su voz, pero no puedo verla porque mis ojos están pegados al suelo mientras
mis mejillas se encienden—. Probablemente tengas razón.
—Jesús, Aden —se queja Cal entre dientes.
—Aquí todos somos adultos. —Besa un lado de mi cabeza y me suelta
para bajar a la hielera—. ¿Quieres una cerveza?
Cuando veo hacia arriba y Cal sigue mirándome, entro y busco un
asiento lo más lejos posible de los hombres, por temor a que una mirada
más cercana me delate.
—Seguro. —Cal me sigue y se sienta en un taburete, apoyando los
codos en la pequeña encimera de la isla—. Entonces, ¿has estado
aguantando?
Aden abre la tapa de la botella y la coloca para su tío mientras reviso
todas las salidas disponibles y me apresuro a buscar una excusa para irme.
—Mejor ahora, gracias a Celia.
Muevo mis ojos hacia los suyos para encontrarme con ambos hombres 252
mirándome directamente. Mis manos se anudan en el dobladillo de la
camiseta y hago todo lo posible por lograr una convincente sonrisa.
—¿Está bien? —El escrutinio de Cal continúa y un destello de tristeza
cruza su expresión.
—No tengo ni idea de cuánto tiempo habría pasado antes de que
finalmente recuperara la sobriedad —murmura Aden, y sostiene una botella
de agua, acentuando su punto—. Cece me ayudó a arreglar mis cosas.
—Cece. Interesante. —Sus palabras quedan amortiguadas en la botella
marrón mientras bebe.
—Simplemente sucedió tan rápido, ya sabes, Jenkins. —Aden está
hablando en voz baja—. Me recordó a antes. Aquí un segundo. Murió al
siguiente.
—Comprensible.
Observo mientras los dos hombres hablan usando frases cortas que no
entiendo del todo, pero deduzco que están hablando de los persistentes
efectos del tiempo que Aden sirvió en el ejército. Me hago parte de la
decoración, presionando la espalda contra el asiento, esperando mezclarme
con las paredes, volverme invisible hasta que se presente la oportunidad de
irme.
—¿El banco se te ha estado metiendo en el trasero?
—Los evito cuando puedo, pero sí. No serán ignorados para siempre,
Cal.
El tío de Aden se mueve hacia atrás y tamborilea los dedos sobre la
encimera.
—Puede que tenga que vender el lugar. Lo odio, pero esos impuestos
atrasados me están matando.
—Celia echó un vistazo a los libros. Señaló algunas áreas que
podríamos cortar, me dijo cuánto tendríamos que pagar mensualmente.
Tenía sentido. Nunca me dijiste que era contadora.
—¿No? —Los ojos de Cal se deslizan hacia los míos y la dureza que veo
allí confirma mi peor miedo.
Lo sabe. 253
Mis piernas se mueven más rápido que mis pensamientos y antes de
que me dé cuenta, me levanto y me dirijo hacia el dormitorio.
Hay un murmullo detrás de mí seguido por el golpe de pesados pasos
y el deslizamiento de la endeble puerta. Agarrando mis cosas, me doy la
vuelta y choco con el pecho de Aden.
Me agarra por mis bíceps.
—Hola, ¿qué pasa?
—Yo... —No puedo mirarlo, así que entretengo mis ojos buscando algo
que me haya faltado—. Olvidé que le prometí a la señora Jones verla hoy.
—Estoy seguro de que entenderá si no lo haces.
Suavemente me aparto de su agarre, le doy la espalda y me quito la
camiseta para ponerme el sostén. Me muevo rápido porque estar desnuda
frente a Aden se siente mal ahora.
—Le hice una promesa. No puedo romperla.
Con manos temblorosas, me revuelvo con las correas cuando sus
cálidas manos se deslizan por mis costados solo para agarrar el elástico y
abrochar los cierres por mí.
—Eres una buena persona, Celia.
El aire de mis pulmones sale rápidamente de una sola vez mientras sus
palabras aumentan mi culpa. Me muerdo la lengua para evitar decir que
estoy lejos de ser una buena persona. Soy el peor tipo de persona. Soy una
mentirosa y una farsante y él realmente no me conoce en absoluto.
Me ayuda con mi camiseta y cuando me doy la vuelta se interpone en
mi camino para que no pueda escapar. Tiene los brazos cruzados sobre el
pecho y me ve con una emoción que nunca le había visto. Una suave sonrisa,
casi perezosa, sus profundos ojos marrones comunicando una calidez que
realmente puedo sentir expandiéndose en mi pecho.
—No quiero que te vayas.
Me lamo los labios, esperando ser capaz de pronunciar palabras porque
la forma en que su alma parece estar bebiendo de la mía me hace sentir
débil y necesitada.
—Hice una promesa... 254
—Eso no es lo que quise decir. —Da un paso adelante, pero sus brazos
permanecen separados y no me toca.
Esto es bueno, porque un toque enviaría la verdad fuera de mis labios
y mi cuerpo sobre mis rodillas para suplicar su perdón.
—Quiero salir contigo.
—¿Por qué? —susurro, y luego inmediatamente me arrepiento de
haberle dado voz a mis más íntimas dudas.
Su sonrisa se ensancha, pero solo un poco.
—Porque me gustas.
—Me mudaré de regreso a Phoenix.
—Te pediré que no lo hagas.
Dios mío, ¿qué? Quiere que me quede, no. Es Celia de quien se ha
enamorado.
“Me engañas una vez. Nunca volverás a hacerlo”.
Sus palabras de la otra noche inundan mi mente.
Oh, Aden, si supieras, nunca me volverías a mirar así.
—Tengo que irme. —Lo empujo y no hace ningún intento por
detenerme.
—Piénsalo, Cece.
El apodo envía mis hombros a mis orejas. Sin respuesta, abro la puerta,
agarro mi bolso del sofá y con un saludo a Cal salgo corriendo del bote de
Aden, sabiendo una cosa con casi absoluta certeza.
Cal le dirá a Aden quién soy realmente y la verdad lo aplastará.
255
20
ADEN
—¿T
odo bien?
Cuando finalmente puedo apartar los
ojos de la espalda de Celia que se retira
después de asegurarme de que se bajó bien
del barco, me doy la vuelta para encontrarme con Cal viendo hacia el muelle
también.
—Sí, olvidó que tenía que estar en un lugar. —Incluso yo sé que está
mintiendo sobre eso. Algo la asustó, simplemente no puedo por mi vida
averiguar qué fue.
256
—¿Cuánto tiempo han estado saliendo?
—Poco más de una semana. Puedo ver por qué hablabas tanto de ella.
Es... —Visiones de su sonrisa, su risa, su cuerpo moviéndose sobre el mío,
todo inunda mi visión. Dejo escapar un fuerte suspiro—. Es alucinante.
Él frunce el ceño.
—Mm-hm. Celia era algo especial. —Hay tristeza en su voz que llama
mi atención.
—¿Estás insinuando que ahora que se acostó conmigo ya no es
especial, Cal? —Mi pulso comienza a latir en mis venas.
Mi tío nunca ha sido del tipo que juzga a alguien, pero ama a Celia y
sabe que estoy jodido. Puedo ver por qué estaría decepcionado, diablos,
incluso sé que Cece es demasiado buena para mí. Pero soy su maldita carne
y sangre.
—La conoces desde hace una semana.
—Es más que una amiga para tener sexo, si eso es lo que estás
insinuando.
—Aden, piénsalo. —Apoya los codos en la encimera—. Solo estás
reemplazando una adicción por otra.
—Eso es una mierda, Cal.
—Lo dijiste tú mismo, ella te limpió, te quitó la cabeza de perder a
Jenks.
—Sí, pero... —Aprieto las manos, mi boca se hace agua por una cerveza,
pero reprimo el impulso—. Eso no significa que la esté usando para el sexo.
—¿En serio? —Se encoge de hombros y se inclina sobre sus antebrazos.
Desafiante—. Dime lo que sabes sobre ella.
—Es inteligente, compasiva, paciente y, aunque le tiene miedo a casi
todo, superará sus miedos conmigo.
Su ceño se profundiza.
—Hablo en serio, Cal. Esta mujer, cuando le muestro algo nuevo y la
ayudo a superar lo que le da miedo, la forma en que se ilumina... Cuando
cobra vida así, me siento útil de nuevo. 257
—¿Te importa o simplemente te gusta cómo te hace sentir?
—Me importa por la forma en que me hace sentir.
—¿Y crees que es justo para ella?
—No lo sé. —Sintiéndome acorralado por su cuestionamiento, mi pulso
golpea detrás de mis costillas—. Hemos estado juntos durante una semana,
¿cómo diablos debería saberlo?
—Mira... —Se frota los ojos—. He estado conduciendo toda la mañana.
Me iré a mi casa y me acostaré antes de empezar a lidiar con todas estas
tonterías del banco. —Se pone de pie y arroja su cerveza a la basura.
—Me limpiaré y nos encontraremos allí en unas horas.
Sonríe, pero nuevamente la expresión comunica más tristeza que
cualquier otra cosa.
—Suena bien.
Pasa por la puerta trasera y me quedo viendo a la nada, todo el tiempo
mi mente está dando vueltas con las palabras de Cal.
Le pedí que considerara quedarse porque me encanta cómo me siento
cuando estamos juntos. Pero ¿qué tengo que ofrecerle a una mujer como
Celia? En una semana he logrado desatar todos mis demonios sobre ella. Y
todavía... sigue volviendo. Estoy siendo egoísta y cuando llegue el momento
debería dejarla ir.
El problema es que no creo que pueda hacerlo.
SAWYER
He progresado más en guardar las cosas de Celia en las últimas dos
horas que en todo el tiempo que he estado en San Diego. Con la amenaza
de que Cal le dijera a Aden quién soy realmente, nunca había tenido tanta
prisa por hacer esto y regresar a Phoenix y lejos de Aden Colt.
Me duele el pecho ante la idea de no tenerlo en mi vida, lo cual es
ridículo. No soy una chica enamorada con exageradas ideas sobre la vida y
las relaciones. Si mis veinticuatro años me han enseñado algo es que la
mierda sucede con frecuencia y que tengo una diana en la espalda. 258
Se acabó el tiempo, Sawyer.
Sal limpia y confiesa, o lárgate lo antes posible.
Dios, ¿en qué estaba pensando?
Aprieto los dientes al recordar las promesas que le hice a mi hermana.
Ese maldito trimestre, arriesgarme, pero todo lo que he logrado es crear una
red de mentiras de la que no puedo salir sin herir a alguien que me importa
profundamente.
Después de mover todas las cajas al frente de la cabaña, saco las
pequeñas páginas amarillas y marco el número de la compañía de envíos
que es responsable de devolver todas las cosas de Celia a mis padres.
—Crosscountry Express, ¿en qué puedo ayudarlo?
—Hola, soy... —Miro a mi alrededor para asegurarme de que nadie está
parado fuera de las ventanas abiertas—. Sawyer Forrester. ¿Hice los arreglos
para que enviaran algunas cajas de regreso a Phoenix?
—Sí, lo veo aquí. Recogida en Ocean Beach. ¿Lo tenemos para el 5?
—Sí, pero ya están listas. ¿Hay alguna forma de que puedan pasar
antes?
—Ohh, no se podrá. Mañana es cuatro.
—¿Entonces?
Resopla en mi oído.
—Cerraremos por el feriado.
Me froto la frente, sintiéndome completamente densa.
—Cuatro de julio, cierto. Lo siento. No estaba pensando.
—Si hubiera llamado ayer, podría haber hecho que los muchachos
recogieran las cajas hoy, pero están reservados para la tarde. Lo siento.
—Entiendo. Nos quedaremos con el cinco entonces.
—Será mejor de esa forma. Nadie en su sano juicio se iría
voluntariamente de la ciudad antes del 4 de julio.
—No lo sé —digo distraídamente mientras trato de averiguar cómo
podré evitar a Aden por otro día.
—Los fuegos artificiales se disparan en el muelle y todo el mundo rema 259
en tablas de surf para verlos. Es increíble.
—¿En el océano? ¿Por la noche?
Ríe.
—Eres graciosa.
Sí, y está loca si piensa que me sentaría en una tabla de surf con los
pies colgando como un aperitivo de lombriz de tierra en las oscuras aguas
por la noche.
—Tendré todo listo el día cinco, entonces.
—Seguro. Llegaremos temprano.
Presiono FIN y tiro mi teléfono en el sofá. Mirando alrededor de la
habitación no hay nada más que cajas, desnudas paredes y estériles
muebles. Y estaré estancada por dos días más.
No hay forma de que pueda evitar a Aden durante tanto tiempo.
Muerdo mi labio, mis palmas sudan y mi pulso se acelera. Un hotel. Iré
a un hotel.
Un golpe en la puerta casi me envía a través del techo mientras mis
nervios parecen estallar y desaparecer bajo mi piel.
No quiero ver a nadie. No soporto abrir la puerta para ver las preguntas
en los ojos de Aden, o peor aún, la ira de la traición.
—Sé que estás ahí.
Mi estómago amenaza con palpitar ante el sonido de la severa voz de
Cal mientras me llama. Si tan solo pudiera convertirme en líquido y
derretirme del sofá y caer al suelo...
Otro golpe.
¡Mierda!
—Tengo una llave. No me obligues a usarla.
Mis hombros se desploman y me levanto del sofá. Esto ocurrirá. Bien
podría acabar de una vez. Se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso
en cómo algo que empezó tan inocente está a punto de estallar en mi cara.
No hay forma de que pueda alejarme de esto sin una metralla emocional.
Destrabo y abro la puerta solo para encontrarme con su mirada de
regaño. 260
—Hola.
No aparta sus fríos ojos de los oscuros míos.
—¿Te importa si entro?
Doy un paso atrás, trayendo la puerta conmigo, escondiéndome detrás
de ella como si la madera pudiera protegerme de su castigo.
Pasos firmes lo llevan dentro y fuera del estrecho espacio, sus ojos
escudriñan las cajas y las paredes. No es un hombre pequeño e incluso con
una camisa estampada hawaiana, pantalones cortos y chanclas es
intimidante. No parece enojado, su lenguaje corporal no emite tanto
irritación como dolor.
No dije nada. Simplemente no hay nada que decir. Debe pensar lo peor
de mí y no importa de cuántas maneras le dé la vuelta a la historia en mi
cabeza, todo lleva a la misma conclusión. Le mentí y engañé a alguien a
quien ama.
—¿Ella no lo logró?
Mis ojos se lanzan a los suyos.
—Soy... ¿qué?
—Tu hermana. Celia. Ella está... —Traga y el nudo en su garganta se
mueve—. Muerta.
—No, no lo está. —Muerta. No me atrevo a decir la palabra.
Inclina la cabeza y me estudia.
—Entonces... —Gira un brazo, señalando las cajas—. ¿Por qué estás
aquí empacando sus cosas?
Paso mis dedos por mis labios y me pregunto qué tan honesta debería
ser. Cal y Celia eran cercanos y ella me aseguró que nadie sabía que estaba
enferma.
—¿Lo sabes?
Me mira y la severa expresión de su mandíbula me recuerda a Aden.
—Confió en mí poco antes de irse. Me hizo prometer que no diría una
palabra.
Le indico que se siente y luego, vacilante, me muevo al extremo opuesto
del sofá para sentarme en el borde.
261
—Ella me dijo que nadie lo sabía. Me pidió que recogiera sus cosas y...
—Mientras alineo mi excusa en mi cabeza, suena ridícula, pero es la verdad,
así que la comparto—: Que fingiera que soy ella.
—¿Y cómo te está funcionando? —No hay humor en su voz, sino más
bien una reprimenda paternal que me hace acurrucar.
Sabía que era una mala idea, ¡pero no podía decirle que no a mi
hermana enferma!
—Está funcionando bien, nadie parece saber que no soy ella.
—Incluido Aden.
—Sí. —La vergüenza me empapa de arrepentimiento—. Incluido él.
Asiente y se inclina hacia adelante para apoyar los codos en las rodillas.
—Tienes que decírselo.
—No puedo. Me odiará.
Me mira.
—Le importas.
—No era mi intención que eso sucediera...
—Qué mal. Lo hizo, y merece saber quién eres en realidad, Sawyer.
Me sobresalta el uso que hace de mi nombre.
—¿Te habló de mí?
Él se ríe y asiente.
—Habló de ti algunas veces.
Mi pecho se expande con una calidez que rápidamente se enfría cuando
considero lo que le dijo sobre mí. ¿Cree que estoy loca? ¿Algún tipo de
ermitaña como lo hizo la chica del bar?
—Si le digo, se sentirá engañado. No puedo hacer eso. Pero puedo irme
y nunca tendrá que saber quién soy en realidad.
—¿De verdad crees que funcionará? ¿Que te irás y que te dejará ir?
Me encojo de hombros.
—Sí. Lo hago. Puede que me extrañe por uno o dos días, pero alguna
dispuesta mujer ocupará mi lugar. —Mi estómago se retuerce cuando mis 262
palabras provocan una náusea que no puedo combatir.
—O.… le dices quién eres en realidad, explícale...
—La verdad no es una opción ahora. Me contó un poco sobre sus
pesadillas, sobre cómo alguien en quien confiaba lo decepcionó. Si supiera
que le mentí sobre quién soy, solo lo lastimaría.
—Mierda... —Toma su cabeza en sus manos, frotando círculos en sus
sienes—. Eso es cierto.
—Me permití salirme del camino con Aden y eso fue un error. Todo lo
que estoy aquí para hacer es empacar las cosas de mi hermana, echarle un
vistazo a su mundo y luego irme de aquí con todos pensando que está
viviendo su vida al máximo. Que morirá como una feliz anciana en lugar de
que le roben la vida. —Las lágrimas brotan de mis ojos—. Me pidió un favor,
no pude decir que no.
Su severa expresión se suaviza con simpatía.
—Esta no fue su idea más brillante.
—Cuénteme sobre eso. —Busco en mi cerebro por enésima vez tratando
de encontrar una salida a esto que no incluya lastimar a Aden y no
encuentro nada.
—Creo que sería inofensivo si tus sentimientos por mi sobrino no
estuvieran involucrados, pero lo están y no puedo sentarme mientras juegas
con él.
—No estoy jugando con él. Yo... —Me importa—. No sé qué hacer.
—Termina lo que viniste a hacer. —Se empuja para ponerse de pie y
me ve fijamente. El peso de su juicio me tiene estudiando el suelo—.
Después vete y te prometo, por más jodido que sea esto, que guardaré tu
secreto. Haré eso por Celia y por Aden.
—Cal…
—Pero nunca podrás volver aquí, ¿entiendes? Una vez que te vayas,
harás un corte limpio y dejarás que Aden siga adelante con su vida.
Sus palabras me apuñalan en el corazón.
—Prométemelo, Sawyer.
—Está bien, desapareceré.
—Y cuando lo de Celia... su condición... finalmente se la lleve... —Se
263
aclara la garganta y veo hacia arriba para encontrar una emoción brillando
en sus ojos—. Le avisaré a Aden y ese será el final de ustedes dos.
Asiento, incapaz de formar palabras porque todo lo que dice me
atraviesa el pecho, pero sé que tiene razón. Aden lamentará su pérdida y
será como si nada de esto hubiera sucedido. Continuará con su vida
pensando que no fui más que una aventura de verano que terminó antes de
comenzar.
Una lágrima se desliza por mi mejilla.
—Lamento que tenga que ser así, pero creo que tienes razón, su mente
puede ser demasiado frágil para manejar la verdad y esta es la única forma
en que puede ser.
—De cualquier manera, lo perderé para siempre.
Su mirada se dirige hacia el océano, las grises nubes comienzan a
formarse en el horizonte.
—Disfruta el resto de tu estadía.
—Cal, espera. —Me paro y me acerco a él, enjugándome las lágrimas—
. ¿Cómo supiste que no era Celia?
Sonríe con tristeza.
—Vi el miedo en tus ojos en el segundo que entré en ese bote. ¿Tu
hermana? Nunca le ha tenido miedo a nada. Ni siquiera a la muerte.
Y con eso, se fue.
Me quedo clavada en mi lugar mientras una a una las lágrimas se
deslizan por mis mejillas.
Tiene razón. Soy una patética sustituta de Celia. Lo que sea que Aden
sienta por mí no se debe en realidad a quien soy, sino a quien cree que soy.
Alguien que nada desnuda en el océano por la noche y se zambulle en un
kayak para nadar con tiburones, la persona que me estoy esforzando por
ser. Si pudiera ser realmente yo misma, él perdería el interés en un latido.
Celia y Aden hacen una pareja fantástica, están cortados con la misma
tela Technicolor.
Sawyer y Aden no tienen ningún sentido. Él se frustraba con mis
obsesiones y yo me irritaba por su indiferencia hacia casi todo. 264
Cualquier futuro que pudiera trazarnos en mi cabeza no es más que
una fantasía y una farsa que nunca podría mantener.
Me seco las lágrimas y enderezo los hombros mientras digiero las
palabras de Cal.
Solo me quedan un par de días con Aden, así que los tomaré y haré que
cada segundo cuente.
21
ADEN
L
os minutos que no estoy con Celia pasan a un ritmo irritante. Me
abstengo de dejar todas mis responsabilidades y no romper el
límite de velocidad para llegar a las cabañas. Incluso consideré
no tomar una ducha, lo cual es un desastre.
¿Cuándo diablos se las arregló esta mujer para meterse debajo de mi
piel? Me olvido de quién soy cuando estamos juntos, y por más jodido que
esté, me siento mejor de lo que me he sentido en mucho tiempo. Ni siquiera
puedo pensar en ella sin sonreír. Tal vez al pasar tanto tiempo juntos, mi
cuerpo se acostumbró a tenerla al alcance de la mano. O tal vez fue la
265
incómoda forma en que se fue, ahuyentada por la mirada de desaprobación
de Cal. Sea lo que sea, estar sin ella me deja nervioso e incómodo. He pasado
horas en una zanja viendo por la mira de mi rifle y eso no fue tan
enloquecedor como la distancia entre nosotros.
Por eso estoy arrastrando el trasero a través de la cabina del barco,
agarrando mis llaves y gafas de sol para llegar a las cabañas y verla. Solo
cuando salto de la parte trasera del barco al muelle percibo el movimiento
del velero de Jenkins. Mi buen humor se disuelve instantáneamente. El viejo
solo se ha ido cuatro días y los buitres ya descendieron. No en mi turno.
Con pasos ligeros me arrastro hasta el barco y me las arreglo para
deslizarme a bordo sin que nadie me note. Hay un arrastrar de pies dentro
de la cabina.
Me paro en la puerta y me preparo.
—Deja lo que tengas y sal con las manos en alto, imbécil. —Mis
músculos saltan y se preparan para una pelea.
Un esbelto cuerpo sale de las sombras. Una mujer con los ojos muy
abiertos.
Intento relajar mi postura para evitar asustarla más de lo que ya hice.
—¿Quién eres tú?
—Soy Becky Muller, la hija de Billy.
—Oh, mierda. —Doy un paso atrás—. Lo siento, no lo sabía.
—¿Quién eres tú?
Extiendo mi mano.
—Aden Colt. Era amigo de tu padre.
—Debes ser el hombre con el que el hospital dijo que estaba. —Asiento
y me da la mano—. Encantada de conocerte.
—Siento lo de tu papá. Si te hace sentir mejor, hablaba de ti todo el
tiempo.
Deja escapar un suspiro y frunce el ceño.
—Ojalá pudiera decir que eso ayuda, pero no he hablado con mi papá
en más de diez años. Mi hermano dijo que debería dejar ir todas estas cosas,
pero tenía que venir. 266
Sabía que su relación con sus hijos era tensa. Era un marinero
arruinado con problemas con la bebida, mal genio y un montón de
arrepentimientos, y después de perder al amor de su vida, dejó de intentarlo.
No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que sus historias sobre sus
hijos eran siempre las de su infancia.
—¿Necesitas ayuda? —Asiento hacia una pequeña caja que tiene
algunas de sus cosas dentro. Un reloj, una vieja foto de su esposa y un par
de discos.
Toma la caja y la aprieta contra su estómago.
—No, lo tengo. —Se vuelve para estudiar la humilde vivienda del
hombre que la amaba pero que no tuvo las pelotas para arreglar su mierda
y se perdió la mitad de su vida—. Realmente... no sé qué hacer con su barco.
¿Podrías ayudarme a venderlo?
¿Vender su barco? Esto significaba más para él que cualquier otra cosa,
lo que podría ser la razón por la que parece que Becky morderá. El
resentimiento tiene sentido, pero maldita sea, es jodidamente triste.
—Seguro.
—Oh, y sus cenizas. No tenía testamento, pero creo que le gustaría
estar esparcido por su lugar de pesca favorito. No sé dónde está, y tengo que
volver con mi familia en Denver.
—Me haré cargo.
Ella sonríe con tristeza.
—Gracias.
—Por favor, déjame tomar eso. —Tomo la caja de sus brazos.
—No tienes...
—Lo sé, pero tu papá me hubiera dado mierda por no ser un caballero
con su pequeña.
Frunce el ceño y vuelve a entrar para agarrar algunas cosas más. Su
gorra de los Padres, su antiguo telescopio marítimo de cobre y su caja de
aparejos que está descolorida y cubierta por casi cincuenta años de tierra,
mugre y sangre de pescado.
Cuando finalmente está lista para partir, la caja está casi llena de
267
cosas. Mirándola, todo lo que puedo pensar es que la vida es demasiado
corta para vivir con este tipo de arrepentimientos.
Me entrega la caña de pescar de Jenkins.
—Aquí, le iba a dar esto a mi hijo, pero no puedo volar con ella. Creo
que deberías tenerla.
—No, no puedo aceptar eso. —Agarro la caña y miro la rota
empuñadura y el oxidado carrete—. Era su favorita. Tu hijo debería tenerla.
—Es demasiado problema.
—Te la enviaré. Realmente, no es gran cosa. Jenkins me perseguiría
para siempre si supiera que estoy usando su caña de la suerte.
Sonríe, pero es temblorosa.
—Gracias.
Aproximadamente una hora después, estoy cargando la parte trasera
de un auto de alquiler con dos pequeñas cajas de cosas de Jenkins. Eso es
todo. Todo lo tendrá que transmitir a aquellos que nunca tuvieron la
oportunidad de saber qué tipo de hombre era. Dos cajas. Y por mucho que
los elementos que contienen arrojen luz sobre las cosas sutiles sobre
Jenkins, nunca contarán historias de su amor por su esposa, su amor por
el país y los demonios que le impidieron ser el tipo de padre y abuelo, que
sé que podría haber sido.
Como los hijos de los hombres que enterré.
Mirando a sus esposas junto a la tumba, sosteniendo una bandera
doblada contra su pecho mientras sus hijos e hijas se aferraban a ellas. Tan
jóvenes, y nunca sabrán la clase de hombres que eran sus padres. Que
sacrificaron sus vidas por alguien tan indigno, alguien que está en el camino
correcto para cometer los mismos errores que Jenkins.
Alejé a mi familia. Me alejé del mundo.
Me escondo en mi bote como lo hizo Jenks.
A este paso, moriré solo como él también.
El sonido de la puerta del auto de Becky me saca de mis pensamientos.
Me entrega una tarjeta de presentación con su nombre.
—Llamaré a la morgue y haré que se comuniquen contigo cuando sus
268
cenizas estén listas. —Sus ojos revelan una pizca de tristeza, la verdad de
que está luchando más con la muerte de su padre de lo que deja ver—. Si
pudieras enviarme un mensaje de texto con tu número.
—Seguro. —Saco mi teléfono y presiono el ícono de texto cuando noto
que tengo un nuevo texto de Celia.
Estoy empacando y te extraño.
Mi pulso se acelera y rápidamente le envío un mensaje de texto a Becky.
Su teléfono suena.
—Gracias.
Asiento y doy un paso atrás.
—Te diré lo que digan los intermediarios sobre la venta de su barco.
—Soy consciente de eso.
Después de unos segundos de silencio, asiente, se sube a su auto y me
giro hacia mi camioneta. La vida puede cambiar tan rápido y de manera tan
abrupta que nunca tienes la oportunidad de verlo hasta que termina.
Dejé que se pusieran demasiados soles en mis sentimientos por Celia
sin decirle lo que significa para mí, cómo calma la guerra en mi alma y
silencia los gritos.
Puedo decir que no se atreve a apresurarse a hacer algo.
Pero vivo con bastante arrepentimiento.
De lo último que quiero es arrepentirme de no haberlo intentado nunca.
SAWYER
Ha pasado casi una hora desde que le envié a Aden el mensaje de texto
sobre extrañarlo y como no me ha respondido, estoy cuestionando la lógica
detrás de enviar un mensaje tan honesto. Debería haber lanzado algún tipo
de broma sexual allí para aligerar la seriedad, ¿tal vez? Mi peor temor es que
esté viendo su teléfono preguntándose cómo responder de manera
adecuada.
269
Todo este asunto entre nosotros pasó de ser casual a algo mucho más
rápido. Muy rápido.
Las estadísticas han demostrado que las mejores relaciones se
desarrollan a partir de grandes amistades. Esa paciencia para conocernos
es más duradera. ¿Significa eso que esta urgencia e intensidad que estoy
sintiendo no es más que lujuria fuera de lugar?
Mark y yo fuimos amigos primero. Nos tomamos las cosas con calma.
Y nunca sentí ni una fracción de lo que siento cuando estoy con Aden,
diablos, ni siquiera tengo que estar cerca de él para sentir la atracción hacia
él.
¿Qué significa todo esto?
Marco el número de teléfono de mi hermana por lo que parece ser la
centésima vez hoy y después de dos timbres, va al buzón de voz:
—... buceo en un volcán en Hawái y hace demasiado calor para...
Presiono FIN y marco el celular de mi mamá.
—Hola, Sawyer. —Suena cansada.
—Mamá, he estado probando el celular de Cece todo el día, pero va
directamente al buzón de voz.
Mi mamá suspira.
—¿Todo está bien?
—Sí, lo siento. Teníamos una cita con el médico. —Se oye el sonido de
una puerta cerrándose de fondo e imagino a mi madre escondida en algún
lugar para que nadie la escuche—. Es su visión. El tumor está creciendo
rápidamente; solo puede ver sombras.
Trago y lucho contra las ganas de llorar; después de todo, no es algo
que no supiera que llegaría en algún nivel, pero pensar que ya no puede ver
hace que todo sea tan... verdadero.
—Qué... —Me aclaro la garganta—. ¿Qué significa eso?
—Significa que la presión sobre su tronco cerebral está aumentando.
No pueden decirnos cuánto tiempo tiene porque no se sabe a qué podría
afectar la presión. 270
—¿Tiene dolor?
—No, cariño, ha perdido un poco de su valor, pero eso es todo. —Olfatea
seguido por el sonido de algo que se frota contra el teléfono, como si se
estuviera pasando un pañuelo de papel en las mejillas—. ¿Cuándo estarás
en casa?
—La mudanza llega pasado mañana, a primera hora. Mi vuelo sale a
las siete de la mañana. —Me duele todo lo que hay detrás de mis costillas.
—Está bien, eso estará bien.
—¿Puedo hablar con ella?
—Seguro. Permíteme. —Hay más ruido de fondo y se abren y cierran
puertas—. Cece, cariño, Sawyer está al teléfono.
Más sonidos apagados como el crujir de sábanas.
—Mamá, ¿podrías traerme un vaso de agua? ¿Hola?
—Hola, Cece.
—Finalmente un poco de privacidad. Mamá ha estado rondando.
Me río por la irritación en su voz.
—Mamá me habló de tu visión.
—No está tan mal. Todavía puedo ver la televisión. ¿Y tú? ¿Ya
arruinaste mi reputación allí?
Reprimo las ganas de llorar por la descarada distracción de mi hermana
y me deslizo en el sofá.
—Todavía no. Oh, conocí a Cal.
Silencio, y luego:
—Oh, mierda.
—Le dijiste que estabas enferma. Supo que no eras tú.
—Eh, es un tipo genial, sabía que seguiría el juego. Si te lo hubiera
dicho, Cal sabía que nunca habrías aceptado ir.
Seguir el juego, claro, pero esto ya no es un juego. Muerdo mi labio
inferior y lucho contra las ganas de llorar. De nuevo.
—Sawyer, ¿qué sucede?
—Creo, quiero decir, no lo sé porque nunca sentí nada como esto, pero 271
creo que estoy enamorada de Aden.
No hay ni una pizca de sonido por el otro extremo.
Ni siquiera respira.
—Celia, ¿te perdí?
—¿Que acabas de decir?
—Me enamoré de Aden, pero cree que soy tú y...
—Dile la verdad, Sawyer, dile que fue idea mía y…
—No puedo.
—¿Por qué no?
Miro el océano pensando que no hace mucho tiempo estaba
aterrorizada por el enorme mar y ahora lo extrañaré todos los días.
—Le mintieron sobre algo, no ha confiado totalmente en mí, pero algo
me dice que este tipo de engaño sería imperdonable.
—Pero ¿cómo lo sabes a menos que lo intentes?
—Cal me hizo prometer que nunca se lo diría. Conoce a Aden mejor que
yo. —Y aunque hay algo de verdad en esas palabras, tienen un sabor amargo
en mi boca.
—Díselo, Sawyer. Dile que es culpa mía, que te incité a hacerlo. Si
escucha las razones por las que lo hiciste, lo entenderá. Y si no lo hace,
entonces no debe sentir lo mismo y será mejor que lo sepas ahora.
—Hay más.
—¿Qué?
—Jenkins murió.
—¿Qué? ¿Cómo?
Le cuento cómo estábamos en el barco y todo lo que pasó después,
asegurándome de pasar por alto el maratón sexual.
—Aden ha pasado por tanto que no puedo ser la causa de más dolor.
Además, no soy quien le importa de todos modos. Eres tú.
—Sawyer…
—Es cierto. Si me conociera... no le gustaría la verdadera yo.
—Mierda, lo siento. Pensé que sería divertido para ti, que te soltarías 272
un poco y lo vivirías. Dejar que encontraras algunas tonterías emocionales
con las que lidiar.
Eso me hace reír.
—¿En serio?
—Entonces, ¿qué harás?
—Disfrutaré de mis últimos días aquí y luego volveré a casa y al mundo
real.
—De nuevo a aburrida, ¿eh?
—Tú lo llamas aburrida, yo lo llamo predecible. —Aunque volver a casa
solo significaría caminar de un corazón roto a otro.
—Haz lo que necesites, ¿pero Sawyer?
—¿Hm?
—Recuerda cómo se siente esto, ¿de acuerdo? No olvides lo que es
enamorarse de alguien y nunca te conformes con nada menos que este
sentimiento.
No creo que sea posible volver a sentirse así por nadie.
—No lo haré.
—Bien.
—Ahora, no más cambios de tema, cuéntame sobre la cita con tu
médico.
Continúa diciéndome que todos los médicos están locos, que intentan
asustarla para que muera cuando se siente bien. Sonrío ante su capacidad
para hacer caso omiso de las advertencias y mantengo la esperanza de que
luchará contra la muerte mientras su cuerpo se lo permita.
Al diablo con la pena de muerte, si alguien puede ser la excepción, sería
ella.
Capto movimiento desde fuera de la ventana.
—Oh, Dios mío, Cece —susurro—. Él está aquí.
—¡Mierda! Está bien, ve. Diviértete. ¡Dile quién eres!
Sus pesados pies golpean los escalones.
—¡Me tengo que ir! 273
Ella se ríe mucho.
—Haz que use condón.
Apreté FIN con el irracional miedo de que Aden pudiera escucharla
desde el otro lado de la puerta, justo cuando se abre sin que llame.
Me pongo de pie de un salto temiendo que esté enojado porque de
alguna manera descubrió la verdad, pero cuando veo la mirada en sus ojos,
sé que es una emoción diferente la que lo está impulsando.
Me toma de la cabeza a los pies y doy un paso atrás ante la primitiva
hambre que brilla en sus ojos.
—¿A dónde vas?
En el pequeño espacio no hay nada detrás de mí más que el dormitorio.
Debe leer mis pensamientos y una lenta sonrisa tira de sus labios.
Cierra la puerta y se acerca a mí.
—Recibí tu mensaje de texto.
—No respondiste.
—¿Me extrañaste?
—Sí. —La palabra cae en un suspiro.
—¿Cuánto? —Está junto a mí ahora, su caliente aliento contra mis
labios.
Muevo la cabeza hacia atrás para encontrarme con sus ojos y cuando
estamos así no hay Celia, somos solo él y yo y cada cosa que nos hacemos
sentir zumba entre nosotros.
—Más de lo que debería.
Su mano pasa por mi cabello y me inclino hacia su toque. Nunca ha
habido un hombre que haya comunicado tanta estabilidad y seguridad con
una sola caricia como lo hace Aden.
—No estamos en público.
—Lo sé. —Y también lo sabe mi cuerpo, ya que reacciona
instantáneamente a la promesa en sus palabras.
—Quiero que te envuelvas a mi alrededor. —Se inclina y presiona el
beso más suave contra mis labios—. Quiero sentir tu acelerado corazón
contra mi pecho y saber que es por mí. —Muerde mi labio inferior—. 274
Escucharte gemir mi nombre ahuyenta todo, pecas. —Me hace retroceder
un paso—. No existe nada más que tú.
Una vez que estamos en el dormitorio, me aparto y me ve quitarme la
ropa. Sus ojos se amplían cuando mi sostén cae al suelo seguido de mis
bragas.
—No quiero olvidarte.
Se quita la camiseta por la cabeza, su ancho y musculoso pecho se
muestra y se tensa con anticipación.
—Me aseguraré de que nunca lo hagas. —Se baja los pantalones cortos
y el cierre hasta que el calor de su desnuda piel se presiona contra la mía—
. Marcaré tu maldita alma.
Me obligo a estar presente, a no pensar en tener que despedirme y, lo
que es más importante, a no pensar en cosas que no puedo cambiar. Por
ahora, tengo a este poderoso, cariñoso y merecedor hombre en mis brazos,
y ahí es donde elijo quedarme.
Sus labios tocan mi oreja y susurra:
—De la forma en que marcaste la mía.
22
ADEN
M
e desperté a la mañana siguiente con los suaves sonidos de
Celia respirando contra mi pecho.
No con el pánico de disparos.
Ni con las visiones de sangre y muerte.
Solo con la calidez de la mujer que ha logrado traer una apariencia de
paz a mi vida como ninguna otra cosa.
Sin beber alcohol.
Sin pastillas.
275
Ni terapia.
Incluso ahora, con su cabello enredado y extendido sobre mi brazo, su
pierna sobre la mía, su cuerpo desnudo funciona como un ancla en un mar
de locura. Me pregunto si eso es todo esto, porque como señaló Cal, no sé
mucho sobre ella, excepto que sé cómo le gusta que la toquen, qué es lo que
hace que su respiración se entrecorte y que su cuerpo se estremezca.
Memoricé los hipnóticos sonidos que hace cuando le prodigo cada inmersión
y destello de su cuerpo.
Tengo que reconocer que es el sexo lo que me hace sentir cosas que no
estoy acostumbrado a sentir. Es como si estuviera cayendo, pero sé que el
aterrizaje será el más suave que jamás haya tenido. Algo cambió, y no
importa cuánto lo intente, no puedo señalar exactamente qué es. Todo lo
que sé es que alguien con quien quiero pasar mis días no está bajo mi
control. El pensamiento es tan aterrador como reconfortante porque junto
con el miedo está la emoción de que nunca había tenido estos sentimientos
por nadie.
Por eso no debería pensar. Debería simplemente actuar. Rodar con ello
y ver a dónde van las cosas. Si Celia siente siquiera una fracción de lo que
siento por ella, considerará quedarse en San Diego, o al menos intentarlo a
larga distancia. No es ideal, pero es mejor que nada.
Tan pronto como las palabras pasan por mi cabeza, mi atención se
mueve a las apiladas cajas alrededor de su habitación. Claramente está
decidida a mudarse a casa.
Tengo veinticuatro horas para convencerla de que se quede.
Y si lo hace, si se queda por mí, cuando todos estos cálidos
sentimientos efusivos desaparezcan, ¿dónde nos dejará eso?
Gimo y me froto los ojos. ¡Deja de pensar demasiado en esta mierda!
Sus piernas se mueven, frotándome con la suave piel de la parte interna
de su muslo. Reprimo un zumbido de placer.
—¿Estás despierta?
Sonríe y palmea la longitud entre mis piernas mientras se acerca.
—No, pero tú sí. 276
—Puedes sentir eso, ¿eh?
Se ríe y el sonido es gutural y lujurioso. ¿Qué nos pasa? Si no
tuviéramos trabajos que hacer, los dos nos quedaríamos en cama y
probablemente moriríamos de desnutrición.
Hablando de eso...
—Nos saltamos la cena anoche. Ya que todo está empacado, asumo que
no tienes comida en la casa.
—Tengo una poca, pero probablemente nada que te guste. Estoy
hambrienta.
—Está bien, déjame darte de comer.
—Mmmm... —Acaricia mi cuello y se mueve para que su cuerpo esté
medio encima del mío.
Agarro sus caderas para abrazarla a mí.
—Me matarás, mujer.
—Continúa. —Sus labios rozan la sensible piel debajo de mi oreja—.
Dime más sobre que me alimentarás.
—Yo, ah... qué... —Mis palabras se desvanecen en un gemido cuando
se sienta a horcajadas sobre mis caderas—. Comida. Sexo. Y pensé que
podríamos... oh mi... —Me muerdo el labio mientras besa mi estómago y se
cierne sobre mi erección. Me mira con esos ojos grandes y esos jodidos labios
gordos y estoy perdido.
—¿Pensaste que podíamos qué? —Su lengua sale, lamiendo hasta que
mis caderas se levantan de la cama.
—En la ciudad. En la ciudad... su... — Aprieto las sábanas para evitar
agarrar su cabello y empujarme por su garganta—. Cuatro de Julio.
Apoya su codo en mi cuádriceps y parpadeo para verla sonreír.
—¿Quieres pasar el cuatro conmigo?
Asiento frenéticamente.
—Sí. Tanto, sí. —Ahora vuelve a poner tus labios sobre mí—. Suena
divertido.
Mi estómago se hace un nudo de anticipación cuando se acomoda entre 277
mis piernas.
Y después de que se alimenta de mí, me alimento de ella.
Luego la llevo a desayunar.
SAWYER
No puedo señalar cuándo sucedió, pero en algún momento entre la
cabaña y el bar, Aden se cerró. Probablemente ni siquiera cree que me di
cuenta, y no pienso que señalárselo le haga algún bien, pero ha estado
viendo a todas partes menos a mí desde que llegamos aquí. Llené la
incomodidad con ociosas charlas sobre cosas que sé que no está
escuchando, esperando que lo ayuden a relajarse. En el poco tiempo que
nos conocemos, he encontrado algunas cosas que parecen tranquilizarlo.
Sexo. Pesca. Y quitar cualquier atención de él.
Así que estoy balbuceando sobre mí misma hasta que algo que digo
llama su atención. Finalmente.
—Siempre lo he sentido, no lo sé, creo que la mejor manera de
describirlo sería condenada. —Sus labios se contraen con una sonrisa
contenida, y Dios, la vista es un alivio tal que el nudo se afloja en mi pecho—
. ¡No es gracioso!
Se obliga a fruncir el ceño.
—No me estoy riendo. Sigue.
Doy un sorbo a mi margarita y me doy cuenta de una mirada de reojo 279
que él está viendo y esperando mis siguientes palabras. Me vuelvo para
mirarlo de frente.
—Comenzó cuando tenía ocho años.
Sus ojos se amplían y otra sombra de sonrisa comienza a tirar de sus
labios.
—¿Cómo se maldice a una niña de ocho años?
—No me crees.
Traga su cerveza y le pide otra a la camarera.
—Es difícil de creer. Explícate.
—Tuve una semana en la que todos los días sucedía algo malo. ¡Deja
de reírte!
—¿Malo, tu perro se comió a tu Barbie?
—No, malo como si me metiera en problemas en la escuela por patear
a un maestro, y antes de que te vayas pensando lo peor de mí fue un
accidente.
—Te creo.
Apartando mi servilleta revivo la semana en que mi vida parecía ir mal.
—Entonces me enfermé y... —Maté a mi abuela—. Digamos que las
cosas se fueron cuesta abajo a partir de ahí.
—Nada de lo que has dicho hasta ahora me haría creer que estás
maldita, pecas.
—Bueno, se pone peor.
Traga un saludable trago de cerveza y suelta los labios con un pop.
—Continúa, tengo que saberlo.
—Cuando tenía diez años tuve una gran discusión con mi mejor amiga,
Amy Noelle. Le dijo a este chico en la escuela que me gustaba cuando me
prometió que no le diría una palabra a nadie. De todos modos, el chico
terminó contándole a toda la escuela y se burlaron de mí durante dos meses
seguidos hasta que llegó el verano. Estaba tan humillada. Le dije a Amy que
la odiaba y que deseaba que se mudara a Corea.
—¿Por qué a Corea?
Me encojo de hombros. 280
—No lo sé, tal vez porque en ese momento parecía el lugar más lejano
que había. De todos modos, dos días después de que le deseara eso, me dijo
que su papá había conseguido un ascenso en el trabajo y que se mudaría a
Florida. Aún hasta el día de hoy no he sabido nada de ella.
Su expresión se transforma en un ceño escéptico.
—Todo fue mi culpa.
—Algo me dice que hay más.
—A las doce provoqué un accidente de auto afuera de mi casa, a los
quince años hice retroceder el auto sobre nuestro perro, a los quince y medio
hice muffins para mi clase y todos tuvieron una intoxicación alimentaria, a
los dieciséis me suspendieron por un poema que escribí sobre el suicidio
que en realidad era la letra de una canción escrita por alguna banda de
metal. Pensé que era profundo y estimulante. ¿Quieres que continúe o
entiendes la idea?
Su mandíbula cuelga abierta y lo tomo como mi señal para continuar.
—A los diecisiete le rompí el brazo a mi maestra de educación física, a
los diecinueve le di dinero a un vagabundo de mi vecindario que lo usó para
comprar drogas y tuvo una sobredosis, a los veinte…
—Espera, ¿tienes algo para casi todos los años de tu vida desde que
tenías ocho?
—Eventualmente me di cuenta de que algo andaba mal conmigo,
entonces... —Me encerré en mi habitación durante más de un año—. La
universidad me mantuvo dentro—. Clases en línea—. Estaba relativamente
segura si evitaba a la gente. —Me muerdo el labio, temiendo haber expuesto
demasiado a Sawyer para ser Celia.
—¿Y cuántos años tienes ahora?
—Veinticuatro.
—Te das cuenta de que eso es ridículo, ¿verdad? Espera. —Su
mandíbula se endurece—. Las fotos.
—Las qué... —Oh Dios.
¡La cagué!
—Tienes tanto miedo de estropear algo, pero corres riesgos que la
mayoría de la gente no haría, ¿cómo? 281
Mi mente se apresura a encontrar una respuesta. Si no sabes qué hacer,
lanza la moneda. Las palabras de mi hermana llegan y solté:
—La moneda.
Su boca permanece tensa, pero sus hombros se relajan un poco.
—Así que lanzas la moneda para ayudarte a tomar decisiones que te
dan miedo.
Supongo que eso se acerca suficiente a la verdad.
—Una vez que me lo quitan de las manos... —Ni siquiera puedo verlo
mientras estoy acostada. No sé lo que pasó. Me olvidé por completo de
fingir—. El destino se hace cargo.
—Y permitiste que esos accidentes anormales dictaran qué es seguro y
qué no.
—No lo permití, Aden. Simplemente sucedió.
—¿Y ahora qué? ¿Todavía te sientes maldecida?
Hace un par de semanas habría dicho que sí, ¿pero después de esta
última semana?
—No tanto, no.
—Bien. —Se mueve hacia atrás con un bufido—. Porque es una forma
horrible de vivir.
—Yo solo... siento que tengo las manos manchadas de sangre.
Dirige su mirada hacia la mía, y brillan con irritación.
—No mataste a nadie, Celia. Está bien, tal vez al perro, pero no sabes
lo que es matar hasta que lo haces a propósito con la intención de hacerlo.
Me sobresalto por la forma en que me gritan sus palabras y recuerdo
que tiene una historia de muerte y violencia de la que sé muy poco. Sus ojos
volvieron a ser fríos y cautelosos y quiero patearme por perderlo de nuevo
tan fácilmente.
—Tienes razón, yo solo estoy... —Tratando de recuperarte.
Las cosas entre nosotros son tan fáciles cuando estamos solos, pero en
cualquier otro lugar todo con Aden se vuelve complicado.
Vuelve a escanear nuestro entorno y la derrota me golpea el pecho.
—Iré al baño de mujeres.
282
Asiente y tiene que retroceder para que pueda empujar mi asiento hacia
atrás, ya que me tenía clavada entre una pared, la mesa y él.
Antes de alejarme, toco suavemente su antebrazo. Se sobresalta y sus
ojos se posan en los míos y de inmediato se suavizan en disculpa.
—Lo siento. Debería haberlo sabido. No quise molestarte.
Sonríe tímidamente y toma mi mano para llevársela a los labios
cuando... ¡pop!
Su gran cuerpo choca contra el mío. Estoy aplastada entre él y la
implacable pared de bloques a mi espalda. Me asfixia. Mis pulmones jadean
por aire.
Le doy unas palmaditas en la espalda baja.
—Aden, me estás aplastando.
Sus músculos están tensos y temblorosos.
—¿Qué diablos fue eso?
—Fue un fuego artificial.
Lentamente se aleja, sus ojos lucen salvajes y desenfocados y... ¡pop!
Otro fuego. Sus hombros se tensan, pero logra contener su respuesta.
Me acerco y tomo su mandíbula solo para que se aleje de mi toque.
—Tenemos que irnos.
—Está bien.
Sus ojos escanean el bar y sigo su mirada, esperando ver cualquier
amenaza que vea. Personas vestidas con diversos arreglos de rojo, blanco y
azul, riendo, bebiendo y celebrando inofensivamente.
—¿Aden?
Su rostro está pálido y el músculo de su mandíbula tenso. Arroja un
fajo de billetes sobre la mesa y me engancha por los hombros.
—Podemos ver los fuegos artificiales desde las cabañas. —Me guía
rudamente entre la multitud—. La vista, podemos ver el muelle y habrá
más... —Mira a un grupo de hombres que tropiezan frente a nosotros,
bloqueando la salida—. Quítense del camino. 283
Se vuelven hacia nosotros y Aden me empuja a sus espaldas.
—Tienes algún problema, imbécil —dice el más grande del grupo
mientras sus amigos se ríen.
Aden se acerca y tiene al menos ocho centímetros sobre el chico. No sé
qué ve el tipo en sus ojos, pero retrocede, sacudiendo la cabeza.
—Maldita sea, relájate.
Se mueven y Aden me agarra del brazo y me lleva a la puerta, baja los
escalones y directamente a su camioneta.
—Estás bien…
—Por supuesto. —Abre la puerta, sin verme, y luego la cierra en el
segundo en que mis pies están a salvo adentro.
Otro pop y Aden se estremece mientras corre alrededor del capó.
¿Qué diablos está pasando?
Es un viaje corto y silencioso de regreso a las cabañas y, aparte de la
obsesiva forma en que sus salvajes ojos miran los espejos retrovisores,
parece haberse calmado. Pone la camioneta en estacionar y dudo en decir
algo, por temor a que eso desencadene su ira.
—Lo siento. —Mira a ciegas por el parabrisas delantero—. Son las
multitudes. —Se vuelve hacia mí y en la oscuridad sus ojos se ven negros—
. Me recuerdan una época en la que todo el mundo era una amenaza.
Asiento lentamente.
—Está bien, lo entiendo.
—Ya es bastante malo cuando estoy solo, pero contigo es... —Exhala
un suspiro y la acción parece relajar sus músculos un poco más—. Peor. Si
alguien te lastima... —Sacude la cabeza como si el pensamiento fuera
demasiado deplorable para imaginarlo y todo mi cuerpo se calienta.
—¿Puedo tocarte? —Antes, mi toque parecía disgustarlo y quiero
asegurarme de no cruzar alguna zona invisible.
Toma mi mano y la presiona contra su pecho. El rápido latido de su
pulso se siente como alas de colibrí contra mi palma.
—Oh, Dios mío, Aden... tu corazón está acelerado.
Se ríe sin humor. 284
—Lo sé
¿Qué le sucedió?
—¿Quieres hablar acerca de ello?
Deja caer mi mano y me mira directamente a los ojos.
—No.
Me inclino sobre la consola central y no me aparta, así que presiono
mis labios contra los suyos. Al principio son firmes e inflexibles, pero
después de unos suaves golpes de mi lengua, me engancha alrededor de la
nuca y devora mi boca. El beso es desesperado, enojado, y muerde mi labio
inferior con una impaciencia que he llegado a esperar de Aden cuando
necesita que lo ayude a olvidar.
Jadeo mientras tomo aire.
—Vayamos adentro.
Sonríe y vuelve una pizca de mi Aden.
—Adelante, me reuniré contigo allí en unos minutos. —Con un largo y
persistente beso húmedo, salto de la camioneta y me dirijo a la cabaña de
Celia con el peso del plomo de un boleto de avión de regreso a Phoenix
pesando en mi bolso y en mis pensamientos.
285
23
SAWYER
E
stoy de vuelta en la cabaña esperando a Aden. Fui al baño,
revisé mi cabello y maquillaje, y cambié mis ajustados vaqueros
por unos pantalones holgados con cordón. No son las cosas más
sexys en mi maleta, pero noto que cuando las ato sueltas y las dejo colgar
en mis caderas acentúan mi trasero, una parte de mi cuerpo que Aden
parece agradecer.
Cuando termino de retocarme, me sorprende ver que todavía no está
aquí. Salgo corriendo para asegurarme de que no me engañó y termino
volviendo al bote. Me doy cuenta de que su camioneta todavía está allí, así
286
que me dejo caer en la cubierta asumiendo que está en casa de Cal
alcanzando a su tío.
Ahora que el sol se puso por completo, el océano no es más que un
interminable charco de tinieblas de oscuridad. Pero en la distancia hay un
mar de puntos brillantes, y tal como dijo la chica de la compañía de
mudanzas, cientos de personas atravesaron el muelle remando con lo que
deben ser miles de barras luminosas.
—Hola. —La palabra de Aden se corta mientras se sienta a mi lado con
una botella de whisky en la mano.
Aparte de las pocas cervezas que tomó esta noche, no he visto a Aden
tocar licor en días.
Miro la botella, luego a él.
—¿Todo bien con Cal?
Agarra mi mano y la pone en su regazo.
—¿Cal? Sí, está bien. Es realmente bueno.
Aprieto para ver sus ojos y están un poco salvajes de nuevo como antes,
pero cuando me observa por unos segundos parece calmarse. Los golpes de
la música vienen de diferentes direcciones, fiestas en casas vecinas, y hay
un grupo de personas alrededor de la casa de Brice con vasos rojos en la
mano, todos viendo cómo el enjambre de resplandecientes surfistas crece
cada vez más.
—¿Quieres entrar?
Se inclina y me da un apresurado beso en la mejilla.
—No. Quiero que veas el espectáculo.
—¡Celia! —Zoë viene saltando hacia nosotros con pantalones cortos y
un top de bikini rojo, blanco y azul—. Nos estábamos preparando para
remar. —Sus ojos se posan en Aden, quien se puso rígido a mi lado—. Hola,
Aden.
La ignora, lo que inmediatamente me parece de mala educación, pero
cuando me vuelvo hacia él es como si ni siquiera la viera.
—Oh, ya sabes, no soy una nadadora muy fuerte, así que
simplemente...
El sonido de la risa de Zoë me interrumpe. 287
—¿No eres una buena nadadora? —Ladea una cadera—. Remaste más
que Brice cuando fuimos a surfear a Bird Rock.
Aden se vuelve lentamente hacia mí, sus ojos se transforman en
rendijas de duda.
—Sí, bueno... —Aprieto su mano, pero mantengo mis ojos en ella—.
Eso fue hace mucho tiempo; además, quiero estar seca.
Quiero quedarme seca. Qué excusa tan tonta.
—Está bien, pero te lo estás perdiendo. —Se vuelve y ve a algunas
personas alrededor de la casa de Brice con sus tablas de surf caminando
hacia la playa—. ¡Casi es hora! —Sale corriendo y grita por encima del
hombro—: ¡Disfruta del espectáculo!
Me duelen los músculos de la tensión y espero que Aden se lance a
preguntar sobre mi navegación, pero después de que pasan unos minutos,
parece más interesado en vaciar esa botella que en cualquier otra cosa.
Por mucho que quiera hablar, tengo la clara sensación de que no está
interesado en compartir. Así que permanezco en silencio, esperando que mi
presencia sea suficiente para calmar cualquier batalla que se libre dentro
de él.
Continúa bebiendo en rápida sucesión. Mi rodilla rebota con la energía
que se necesita para evitar arrebatarle la botella y exigir respuestas. Mi
teléfono vibra en mi bolsillo. Con mi mano libre lo saco y veo que es de mi
mamá.
Son casi las nueve de la noche.
Presiono ACEPTAR y pongo el teléfono contra mi oreja.
—¿Mamá?
—Sawyer. —Suena sin aliento.
La mano de Aden aprieta la mía y sonrío de manera tranquilizadora.
—Mamá, espera. —Presiono el teléfono contra mi pecho—. Tomaré esto
adentro.
Asiente y sus ojos vuelven a escudriñar el horizonte.
Una vez en la seguridad de la cabaña, volví a ponerme el teléfono en la
oreja. 288
—Mamá, ¿qué está pasando?
—Cariño, es Cece.
Me congelo a mitad de paso.
—¿Qué pasó?
—Ella no podía respirar, nosotros... Cariño, teníamos que conseguir
ayuda. Está en Good Sam.
—Estaré en casa mañana a primera hora. ¿Llegaré demasiado tarde?
—Mi voz se quiebra cuando la realidad de lo que me está diciendo oprime
mi garganta.
—No, los médicos nos aseguraron que tenemos algo de tiempo, pero
Sawyer, no tenemos mucho.
—No, mamá. —Mis ojos se llenan de lágrimas.
—Lo sé, cariño.
Reprimo mis lágrimas y me concentro en mi última conversación con
Celia, aferrándome a la salud que escuché en su voz.
—¿Cómo está manejando todo esto? ¿Se encuentra bien?
—No ha perdido su valor. Cuando salí para llamarte, estaba apartando
a todos los médicos e incluso llamó a uno de ellos... tarado. —Sonrío y
escucho el primer estallido de fuegos artificiales desde afuera—. Tu padre
estaba mortificado.
—Dime la verdad, mamá. ¿Qué te dice tu instinto?
Unos cuantos latidos de cargado silencio surgen entre nosotras.
—Es hora, nena. Mi instinto me lo dice... —Su voz se quiebra—. Es la
hora.
—Iré directamente al hospital.
—Muy bien.
—Dile que la quiero.
—Lo haré.
Presiono FIN y me dejo caer en el sofá. Lo que se supone que es el
espectáculo de fuegos artificiales más grande de California se dispara justo
afuera de mi ventana, pero ni siquiera puedo soportar mirar con la certeza
289
de que mi hermana nunca volverá a ver otros fuegos artificiales.
Y hay algo en eso que me hace enderezar la columna. Sacudir el dolor
de mis huesos, dejar vida, energía y gratitud en su lugar mientras el espíritu
de mi hermana me llena de aprecio.
Esta puede ser la última vez en mi vida que me sienta realmente viva.
Celia no querría que la desperdiciara.
—¡Aden, tal vez deberíamos remar! —Me levanto y fuerzo mis pies hacia
la puerta cuando escucho el enojado rugido de una voz masculina.
—Retírate, Cal, o te meteré una puta bala en la cabeza.
ADEN
Me encontraron.
Sabía que lo harían.
He sentido sus ojos. Siempre espiando.
El océano nunca ha sido seguro. Ha sido su manera de llegar a mí.
Nadie está seguro.
Las explosiones de mortero se repiten cuando las bombas entrantes
golpean demasiado cerca. Cerca de todo lo que me importa.
Cerca de ella. Demasiado cerca de ella.
Apunto mi pistola a la cara del enemigo.
Sus manos están levantadas.
—Me retiro. No estoy aquí para lastimarte.
Me tiembla la mano, pero soy un buen tirador. Temblando o no, le
volaré los sesos de una bala.
—¿Yo? ¡Crees que me importa un carajo!
—Aden, escúchame. Estás en San Diego...
—¡Retrocede, maldito mentiroso! —Algo me roza la espalda.
No veo la amenaza. No puedo moverme lo suficientemente rápido.
Con el arma en alto, me doy la vuelta. El cañón de mi arma se clavó en
290
la cara de...
—¡Aden, no!
—¿Aden? —Sus aterrorizados ojos son grandes y tan... tan verdes... ¿y
están llorando?
—No, no. —Bajo mi arma—. No llores. No dejaré que nadie te lastime.
—Me vuelvo hacia el hombre de los escalones, mi tío, pero ahora, mi
enemigo.
Otro mortero explota.
—¡Abajo!
Me agacho y retrocedo hasta que ella se ve obligada a entrar, donde
cierro la puerta y hago guardia.
—Moriré antes de permitir que alguien me la quite.
24
SAWYER
¡T
iene una pistola!
¿Cómo consiguió un arma?
Aden está presionado contra la pared, sus ojos se
dirigen a la ventana donde los fuegos artificiales estallan sobre el océano.
Cada golpe y estallido logran enrollarlo más fuerte, más cerca de romperse.
—¿Qué estás haciendo?
—Shh. ¡Tranquilízate!
—Adén...
291
Su mirada permanece fija en la ventana.
—Me estás asustando.
Parpadea y lentamente sus ojos encuentran los míos. Jadeo ante la
tortura, la guerra que veo de rabia detrás de su mirada.
—No dejaré que te afecten. Tienes mi palabra.
Muevo mi mirada de él a la ventana y viceversa.
—¿Quién? Aden, no hay nadie ahí.
Él exhala un suspiro y parece calmarse una fracción antes de que otra
ronda de fuegos artificiales estalle en una serie de explosiones.
Se aparta de la pared y me agarra por los bíceps, arrastrándome al
dormitorio.
—Quédate abajo. —Me empuja hacia la cama.
Hay un movimiento por el rabillo del ojo y veo como Cal entra
sigilosamente por la puerta. Se lleva un dedo a los labios y agarro la mano
de Aden antes de que se dé la vuelta.
—Espera.
Sus cejas caen sobre sus ojos mientras me ve. El Aden que he llegado
a conocer se fue y ha sido reemplazado por un soldado en una lucha por su
vida.
—No me dejes sola aquí. —Es todo lo que puedo pensar para evitar que
atrape a Cal y le dispare accidentalmente.
Aden escudriña mi rostro frenéticamente. Sus labios están pálidos y
hay gotas de sudor en su piel. Cualquier cosa que esté sucediendo dentro
de su cabeza, su cuerpo responde como si fuera real. Tiene un momento de
claridad y la expresión de agonía atraviesa su rostro.
—Celia.
Ese nombre lleva tanto dolor. No tiene idea, pero lo que no daría por
escuchar mi nombre en sus labios. El nombre de mi hermana siempre será
el muro que nos divida.
—Lo siento mucho. —Se coloca entre mis rodillas y me engancha
alrededor del cuello para tirar de mí hacia su estómago, con el arma 292
colgando a su costado.
—¿Qué está pasando, Aden? —Me inclino para ver a Cal moverse a
través de la puerta del dormitorio.
El cuerpo de Aden se bloquea y los músculos de sus abdominales se
tensan.
Se da la vuelta, empujándome detrás de él mientras levanta su arma.
Sucede tan rápido y lo siguiente que sé es que Cal está en el suelo y Aden
está de pie junto a él con el arma apuntando al pecho de su tío.
Salto de la cama y me envuelvo alrededor de Aden por detrás.
—¡Detente!
—Hijo... —La voz de Cal tiembla—. Baja el arma. No estoy aquí para
lastimarte.
—Aden, escúchalo. —Trato de tirar de él hacia atrás, pero me da un
poderoso empujón en el hombro.
Cal levanta una mano.
—Retrocede, Sawyer.
Mis ojos se encuentran con los suyos y se encoge cuando se da cuenta
de lo que hizo.
Afortunadamente, Aden parece demasiado absorto en su cabeza para
darse cuenta.
Los fuegos artificiales continúan explotando en una serie de ráfagas
que suenan demasiado cerca.
Mi corazón late en mi pecho.
—Sólo quiero que se detenga. —La voz de Aden se quiebra—. ¡Los
gritos, la sangre, nunca se va!
Cal se empuja lentamente hacia arriba, sin apartar los ojos de Aden.
—Lo sé, hijo. Lo sé.
—¡No lo sabes! —Da un paso atrás, liberando a Cal de su postura
autoritaria—. ¡No puedo escapar de eso! —Se lleva la pistola a la cabeza y
se golpea la sien con el cañón—. ¡Está aquí, nunca desaparece, está aquí!
¡Quiero morir!
Un gemido se desliza de mis labios.
Se da la vuelta y me mira como si me viera por primera vez.
293
—Excepto cuando estoy contigo...
Atrapada en sus ojos, doy un paso adelante.
—Puedo ayudarte a olvidar.
Sus ojos brillan de hambre mientras su salvaje mirada recorre mi rostro
hasta aterrizar como siempre hace en mis labios.
—Estás asustada.
—Sí.
Veo a Cal ponerse de pie detrás de Aden y sacar un frasco de pastillas
de su bolsillo.
—Aden.
El severo sonido de su nombre bloquea su progreso hacia mí y baja la
barbilla.
—No te voy a dejar solo con Celia con un arma.
—Nunca la lastimaría. Yo... —El fuerte soldado que tengo ante mí mira
su mano y parpadea al ver el arma. Asiente una vez, hace clic en algo a un
lado y la tiende para que Cal lo tome.
Cal saca un par de píldoras y las coloca en la vacía palma de Aden,
luego murmura algo cerca de su oído.
Aden asiente y toma las pastillas, tragándolas sin agua.
Cal me mira a los ojos.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Estás segura?
Los fuegos artificiales se detuvieron y eso parece relajarlo un poco.
—¿Qué le diste?
—Receta de VA para suavizarlo. —Mira a Aden y luego a mí—. ¿Quieres
que me quede?
Estudio a Aden, quien ahora parece un niño destrozado.
—No, estaré bien.
—¿Estás segura?
294
Aden se encoge.
—Soy seguro.
Sabes dónde estoy si me necesitas es el tácito mensaje que veo en sus
ojos.
Con eso, se vuelve y me deja a solas con el hombre que me apuntó con
una pistola a la cara.
Y no puedo soportar abandonarlo cuando más me necesita.
ADEN
No es real.
Nada de eso.
Joder si mi cabeza lo sabe.
Pensé que podría manejar los fuegos artificiales, que, si me quedaba en
tierra, estando con Celia, no olvidaría dónde estaba. Que mi mente no
tendría el poder de llevarme allí.
Me equivoqué.
Y podría haber lastimado a la única persona que alguna vez pudo
calmar la tormenta en mi mente.
—¿Puedo tocarte? —Su suave voz llama a mis ojos y tiende sus manos
hacia mí.
Corro hacia ella y envuelvo mis brazos alrededor de su cintura
asegurándome de no apretar demasiado fuerte a pesar de que todo lo que
quiero hacer es aplastarla con mi disculpa.
—Lo siento mucho, pecas. Lo siento mucho.
—Yo también. —Hay lágrimas en su voz—. No tenía idea de que fuera
tan malo.
—Es malo. Es muy malo. Pero contigo... —Me aparto y atrapo sus
temblorosos labios con los míos. Sabe a lágrimas y a decepción. Me duele el
pecho por arreglar lo que me rompí—. Nunca me he sentido mejor, más
completo, que cuando estoy contigo. Pensé que me habías curado. 295
Da un paso atrás y se deja caer en la cama, llevándome con ella. Me
acurruco a su lado y tiro mi pierna sobre sus muslos mientras pasa una
mano por mi cabello.
—Cuéntame.
—No puedo hablar de eso. Lo siento, solo... no puedo.
—¿Esto es lo peor? —El metódico roce de sus uñas contra mi cuero
cabelludo hace que me relaje aún más en su agarre.
—No.
Suspira con fuerza y me aprieta con más fuerza.
—¿Me lo dirías?
—Me mudé aquí pensando que alejarme de las personas que amo
evitaría que vieran en lo que me he convertido. No puedo manejar mi ira, la
paranoia. Nunca se detiene.
—Dijiste... ¿quieres morir?
—Es cierto. Ojalá hubiera muerto con mis hermanos. Como debería
haber sido.
Mi voz es lenta y mis párpados se vuelven pesados.
—No puedes morir. —Sus brazos se cierran con fuerza alrededor de mí
como si pudiera mantenerme aquí, mantenerme estable, por pura fuerza de
voluntad.
—No, no creo que pueda. —Estoy tan jodidamente cansado. Reprimo
las ganas de dormir, de escabullirme y de los brazos de Celia—. Lo intenté.
Fallé.
—¿Es lo que pasó en los acantilados? ¿Saltaste?
—Mm-hm. Las olas me salvaron. Los hermanos me salvaron. No puedo
morir por mucho que quiera hacerlo.
—Me alegro de que no hayas muerto, Aden.
—Mmm. —Mi cuerpo se siente ingrávido y la oscuridad se acerca.
—Conocerte es lo mejor que me ha pasado. —Quiero calmar la tristeza
que escucho en su voz y asegurarle que borraré los horribles recuerdos que
le di—. Te extrañaré.
—Te extrañaré también... —Ya no puedo luchar contra eso y el sueño 296
me hunde.
Desde lo más profundo de la inconsciencia sueño con el sonido de sus
lágrimas y susurro:
—Te amo.
SAWYER
Me despierto de un sueño profundo y encuentro a Cal de pie al borde
de mi cama.
—Espero que esté bien, entré. No quería despertarte, pero —susurra.
Asiente hacia Aden quien está durmiendo en mis brazos—. Quería ver cómo
estaba.
—Está bien. —Me deslizo por debajo de él y me escabullo de la cama
hacia la sala de estar. Cal me sigue y cierro silenciosamente la puerta del
dormitorio—. ¿Tienes un segundo?
Gruñe y se inclina contra una pila de cajas mientras me dejo caer en el
sofá, metiendo las piernas debajo de mí.
—Tienes que decirme qué le pasó, Cal.
No necesita que se lo explique, la mirada en sus ojos me dice que sabe
lo que le estoy pidiendo.
—Esa no es mi historia para contar...
—Por favor. Aden dice que no puede decírmelo, no es que no quiera que
sepa, pero es como si no se atreviera a revivirlo.
Su mandíbula es dura e inflexible.
—Me iré en seis horas, Cal. Nunca volveré a ver a Aden, pero tengo que
saber qué lo hizo así. Dice que está “destrozado”. Solo quiero entender por
qué.
Resopla, se gira para comprobar la puerta cerrada del dormitorio y
luego se deja caer en el sofá junto a mí. Pasa una mano por su rostro,
luciendo tan cansado como me siento.
—Aden era el comandante de su batallón. Él tomaba las decisiones, sus
hombres estaban obligados a seguirlo. Y era bueno. Yo diría que fue el mejor. 297
Esto no me sorprende. Aden tiene esa cosa de líder nato en marcha. Me
resulta casi imposible no escuchar cuando me ladra órdenes y no soy un
soldado entrenado.
—En su último despliegue, su equipo de Fuerzas Especiales estaba allí
para entrenar a los soldados iraquíes locales para que se defendieran.
Tuvieron mucho éxito y cuando se les dio la oportunidad de infiltrarse en
un complejo donde se escondían miembros de ISIS, Aden estaba ansioso por
respaldar a los hombres recién entrenados.
—¿Dijo que confió en las personas equivocadas? ¿Qué significa eso?
Cal asiente.
—Uno de los soldados iraquíes bajo su entrenamiento había hecho
enojar a algunos de los hombres de Aden. Les preocupaba que estuviera
jugando en ambos lados. Puedes imaginar lo peligroso que podría ser, si
había un soplón en el equipo de Aden que estuviera filtrando información al
enemigo, bueno…
No tiene que terminar la oración. Solo puedo imaginar lo que eso
significaría para Aden y su equipo.
—Aden sintió que sus muchachos estaban siendo injustos. Le confió a
este hombre su vida y la vida de sus hombres.
Oh no...
Sueño con aplastarle el cráneo con mis propias manos.
Un escalofrío se desliza por mi columna.
—Estaba equivocado.
Cal vuelve sus ojos fríos y duros hacia los míos.
—Estaba equivocado.
Me quedo mirando al suelo tratando de imaginar lo difícil que debe
haber sido para Aden, saber que sus soldados confiaron en él, tenían fe en
que los conduciría a la batalla con solo los mejores hombres a sus espaldas,
solo para darse cuenta de que...
—Fueron emboscados. El enemigo conocía cada uno de sus pasos y
atacó antes de que pudieran hacer un movimiento. Cuando llegaron, fueron
tras Aden. Sus hombres, los mismos que le advirtieron del soplón, se
298
arrojaron ellos mismos frente al fuego enemigo para salvar a su
comandante. Aden perdió a todos menos a dos de sus soldados
estadounidenses y murieron para que él pudiera vivir.
—Ay Dios mío. —Sus hombres lo sabían mejor y murieron para
protegerlo de todos modos—. No puedo imaginar la culpa... —Incluso
escucharlo como un tercero me ahoga de vergüenza.
—Aden llegó a casa y no era el mismo. Estaba muerto por dentro. No
pudo conseguir un trabajo, se sintió inútil. La culpa lo devoraba tanto que
no se atrevía a hacer nada más que beber. Atacó a sus padres, a su
hermana, le rogaron que se tratara y lo intentó, pero esos demonios son tan
profundos. Sabía que, si no alejaba a Aden de su familia, destruiría su amor
por él y no le quedaría nada.
—¿Así que lo invitaste aquí?
Se vuelve hacia mí e inclina la cabeza.
—Lo único que evita que un animal salvaje destruya todo lo que le rodea
es mantenerlo ocupado, darle un trabajo. Dejé a Aden a cargo de mi bote,
pensé que si estaba pescando no podría enojar a nadie. Trató de vivir en mi
cabaña aquí, pero después de golpear a los chicos que irrumpieron en este
lugar, supo que necesitaba más distancia de la gente.
—Se está aislando.
Hace un ruido de acuerdo.
—Es lo único que lo mantiene cuerdo. Lo único que evita que lastime a
la gente.
Entrelazo mis dedos en mi regazo.
—Me dijo esta noche que intentó suicidarse.
—Sí, supongo que la bebida no estaba funcionando, así que lo intentó,
odio decirlo, pero supongo que no fue la primera vez.
Me inclino hacia adelante y con la cabeza entre las manos trato de
detener el torbellino mientras mis pensamientos se salen de control.
—No sabía qué tan profundo estaba contigo, pero después de esta
noche... —Mira al suelo—. Es imperativo que no descubra quién eres,
Sawyer.
299
—Lo sé.
—No creo que tu intención fuera engañarlo, pero si se entera de que le
has estado mintiendo todo este tiempo, fingiendo ser alguien que no eres,
podría romperlo por completo.
Silenciosas lágrimas caen de mis ojos. No las limpio porque quiero
sentir el dolor de mentirle a un hombre que no merece tanta deshonestidad
y traición.
—Ojalá hubiera sido diferente, chica. Nunca he visto a Aden
enamorarse de una mujer como se enamoró de ti. Es una pena ver que algo
que podría haber sido genial nunca suceda.
Inspiro un aire fortalecedor y me enfrento a Cal sabiendo que lo que
estoy a punto de decir lo matará, pero necesito el descanso para estar limpia.
—Creo que sería mejor si llevamos a Aden a tu casa. Los de la mudanza
llegarán temprano y me iré al aeropuerto al amanecer.
Entrecierra los ojos.
—¿No le dirás adiós?
—Si lo hago, nunca podré irme.
La comprensión inunda sus rasgos y se empuja a ponerse de pie.
—Correcto. Me lo llevaré.
No sigo a Cal de regreso al dormitorio, sino que abro la puerta principal
y espero a que Cal salga tambaleándose de la habitación con un Aden medio
dormido apoyado contra él.
Miro mis pies cuando Cal pasa a mi lado, atraviesa la puerta y con
cuidado bajo las escaleras. Caminando rápidamente me coloco frente a él
para poder abrir la puerta principal de la cabaña de Cal mientras avanza
pesadamente, respirando con dificultad, hacia el sofá para dejar a su
sobrino allí.
Con un gruñido y un gemido, Aden se deja caer de espaldas y los suaves
sonidos de sus ronquidos llenan el espacio. Resisto la tentación de
acercarme a él, de presionar mis labios contra los suyos por última vez,
incluso si no lo recuerda, porque se necesitará una fuerza hercúlea evitar
que caiga sobre él y me aferre a él por mi vida.
300
—¿Me harías un favor? —Cal está de pie en el umbral de la puerta, con
expresión sombría—. Dale a Celia un abrazo de mi parte. Dile que mi vida
es mejor habiéndola conocido.
—Lo haré.
Salgo de la cabaña y me giro hacia la de Celia.
—Sawyer.
Me detengo y me doy la vuelta.
—Sí.
—Llámame cuando ella... cuando Celia... —Sus labios se curvan entre
sus dientes.
Asiento y me dirijo hacia atrás para prepararme e irme. Tan pronto
como lleguen los de la mudanza, quiero estar en el primer taxi al aeropuerto
para estar con mi hermana.
Solo espero que Aden pueda perdonarme.
25
ADEN
E
stoy temblando.
Pero no estoy en un sueño, en realidad estoy temblando.
Mis párpados se sienten como si estuvieran hechos de
cemento y abrirlos requiere un gran esfuerzo. Mi cabeza está empañada y
cuando finalmente puedo concentrarme, veo a mi tío mirándome.
—Despierta. —Me da una bofetada en la cara un par de veces,
haciéndome gemir.
Los latidos en mi cabeza no cesan y mi cuerpo es pesado cuando me 301
levanto... Esperen.
—¿Por qué estoy en tu sofá? —Entrecierro los ojos contra el sol que
entra a raudales por la ventana—. ¿Qué hora es?
—Casi mediodía. —Agarra una taza de la mesa y me la da—. Café.
Debería ayudar a eliminar lo último de las píldoras.
Tomo la taza y los recuerdos de anoche me invaden. Cierro los ojos y
niego mientras la vergüenza se deshace de los persistentes efectos de las
drogas.
—¿Cómo llegué aquí? —Lo último que recuerdo es que estaba envuelto
en los brazos de Celia.
Celia.
¿Alguna vez me perdonará por lo que hice?
—Te moví aquí temprano esta mañana.
Lo miro, entrecerrando los ojos.
—¿Caminé?
—Con algo de ayuda, sí.
Me empujo para ponerme de pie y dejo el café.
—Necesito hablar con Celia. Rogarle perdón, jurar que lo haré mejor y
esperar que comprenda.
Cuando alcanzo la puerta, la voz de Cal me detiene.
—Ella se fue, hijo.
Me doy la vuelta para ver a mi tío, jurando que es una especie de broma.
—¿Se fue?
Él se mete las manos en los bolsillos y asiente.
Pero... no, no así. No sin despedirse. Había planeado rogarle que
considerara quedarse al menos unos días más. No pudo haberse ido.
Abro la puerta y bajo a trompicones los escalones y salgo al aire fresco
del océano, agradecido por el rápido golpe del sol que me despierta un poco
más. No llamo, sino que abro la puerta y encuentro... nada.
Todas las cajas se fueron.
Corro hacia el dormitorio y, como si lo de anoche fuera solo un sueño, 302
lo encuentro vacío. No hay cama. Nada.
La encimera de la cocina también está desprovista de cualquier cosa
que pudiera revelar que alguien vivió aquí solo un puñado de horas atrás.
Lo único que aún perdura es el dulce aroma de su piel que flota en el aire.
Me aferro a eso para mantenerme cuerdo porque sé que fue real y que los
últimos diez días no fueron una alucinación.
Escucho los pasos de Cal cruzar el umbral y, de espaldas a él, le
pregunto:
—¿Me dejó algo? —¿Una nota? Un adiós ¿Cualquier cosa?
—No.
Suspiro profundamente y asiento.
—Correcto. —Porque soy un puto chiflado. Arruinado
irreparablemente. Y tan indigno de ella que ni siquiera es jodidamente
divertido. Podría decirle estas cosas mil veces y nunca me creería, pero
anoche lo probé—. Iré a pescar. —Paso junto a Cal, agradecido de sentir mis
llaves en mi bolsillo. Cuanto antes salga al mar, antes podré deshacerme de
este repugnante sentimiento que me está dando vueltas en el estómago.
—Aden, iré contigo...
—Necesito estar solo. —Me congelo y miro a Cal de pie en el último
escalón del porche de Celia—. Siento mucho lo de anoche. Gracias por... —
Me trago mi orgullo y el nudo que se me forma en la garganta—. Haber
intervenido.
Él asiente y veo la preocupación destellar en sus ojos.
—No hagas nada estúpido, ¿me oyes?
Me doy la vuelta, me marcho y me dirijo directo hacia el barco.
Lo que realmente quiere decir es que no me mate.
No entiende que lo he intentado, pero esta jodida vida no me abandona.
SAWYER
Caminar por el frío pasillo del hospital me provoca escalofríos mientras
arrastro mi maleta con ruedas a la habitación de mi hermana. Mis sandalias 303
golpean el linóleo al ritmo de mi corazón.
Era casi imposible alejarse de las cabañas esta mañana sin ver a Aden
por última vez. Todas las luces en la casa de Cal estaban apagadas y
esperaba que Aden estuviera durmiendo bien y soñando con algo más que
la guerra. Esperaba que estuviera soñando conmigo.
—¡Sawyer! —El sonido de la voz de mi madre proviene de una pequeña
sala de espera fuera de un grupo de habitaciones de hospital.
Solté mi bolso justo a tiempo para que chocara con mis brazos.
—Gracias a Dios que estás aquí. —Retrocede y puedo ver que estos
últimos días le pasaron factura. Los oscuros círculos alrededor de sus ojos
y el cabello revuelto muestran signos de poco sueño y mucha preocupación.
—¿Dónde está papá?
—Está con Cece. —Toma mi mano y agarro mi bolso mientras me lleva
de regreso a una habitación.
Las luces están apagadas, pero las luces del pasillo brillan suficiente
como para que pueda verla allí. Las máquinas emiten un suave pitido y la
inestable subida y bajada de su pecho también me tiene luchando por
respirar por completo.
Mi papá se asoma desde su posición junto a su cama y, aunque sonríe,
es sombrío.
—¿Como está? —Me acerco a ella y tiene puesta una máscara de
oxígeno y cables que salen de su pecho.
—No bien, cariño —susurra mi mamá.
Asiento, esperando el calor de las lágrimas o la punzada de dolor, pero
no siento nada. Entumecida. Como si nada de esto fuera real.
—¿Puede oírnos?
Mi papá asiente y cede su asiento, indicándome que me siente con ella.
—Viene y se va. Cuando está aquí es breve, pero parece entender.
Me dejo caer en el asiento y miro a mi hermana, incapaz de apartar los
ojos de ella por un segundo por miedo a perderme un tic que me dé una
pista de que todavía está con nosotros.
—Increíble... —susurra mi mamá. 304
—Es extraordinario —retumba mi padre.
Los miro.
—¿Qué?
Mi mamá está debajo del brazo de mi papá y aunque estamos rodeando
a mi hermana en lo que podrían ser sus últimos momentos de vida, ambos
me sonríen suavemente.
—Te pareces mucho a Celia en este momento.
—Siempre he podido distinguirlas a las dos, desde que eran bebés, pero
ahora mismo... —A mi mamá le tiemblan los labios—. Si no lo supiera mejor,
pensaría que eras ella.
—Gracias. —No sé por qué, pero se siente como el mejor cumplido que
he recibido.
Durante las siguientes horas me siento en silencio con mi hermana.
Mis padres se dirigen a casa para tomar una ducha y comer algo, y comparto
con Celia sobre mi tiempo en San Diego. Le hablo de Brice y Zoë, de mi roce
con un tiburón y de las amables palabras que Cal tuvo para ella. Pero, sobre
todo, hablo de Aden. Su sonrisa, sus bromas, cómo podía ser desagradable
y cuánto lo extrañaré. Espero que revivir los recuerdos me ponga triste, pero
mientras hablo me encuentro sonriendo mientras la calidez llena mi pecho.
Los médicos y especialistas vienen a revisar sus signos vitales y con
sombrías expresiones explican que es sólo cuestión de tiempo. La palabra
“hospicio” sale a reducir y, como no puedo comprender lo que significa,
simplemente asiento.
Mis padres vuelven y me dicen que vaya a comer, pero caminando por
la cafetería del hospital, la comida carece de atractivo. Y es entonces cuando
mis pensamientos se dirigen a Aden.
Revisé mi teléfono y, a pesar de que no ha intentado comunicarse
conmigo, lucho contra las ganas de llamarlo. Pero no puedo, porque
terminar con esto solo dolerá peor al final. Me decido por un vaso de jugo de
naranja y me dejo caer sobre una mesa con mi teléfono en la mano. Al entrar
en mis contactos, presiono la información de Aden y mi dedo se mueve sobre
el botón.
—Hazlo —me digo—. Entonces se terminará.
305
Cierro los ojos y toco el botón que me ayudará a salir de Aden. No tanto
por mi propio bien, sino por el de él.
Número bloqueado.
Borrar contacto.
Una ola de tristeza me golpea. Daría cualquier cosa por tenerlo de
vuelta. Por llamarlo y contarle todo lo que siento. Él me consolaría. Me
llamaría pecas.
O Cece.
¿Cómo puedo estar tan enamorada de alguien que ni siquiera sabe
quién soy?
Mi teléfono vibra en mi mano y me sobresalto y espero que por alguna
milagrosa casualidad estuviera pensando en mí y decidiera llamar.
Mis esperanzas se derrumban cuando veo a mi mamá en mi
identificador de llamadas.
—Mamá, ¿está todo bien?
—Está despierta. Apúrate.
Corro desde la cafetería a los ascensores, agradecida de ver las puertas
deslizarse y abriéndose justo cuando patino hasta detenerme.
Apresurándome, apreté el botón del tercer piso y abro la rendija de la puerta
antes de que esté completamente abierta. Jadeando, entro corriendo a la
habitación y el movimiento hace que mi hermana se vuelva hacia mí. Sus
ojos no son tan brillantes como solían ser y se deslizan de un lado a otro
como si estuviera buscando para encontrarme. Cruzo hacia la cama y su
mirada se posa en mis hombros.
—Sawyer —dice débilmente. La máscara de oxígeno está en su cuello,
así que cuando sonríe puedo ver la extensión completa de sus labios.
—Hola. —Me acerco a la cama y me dejo caer junto a su cadera,
poniendo su mano en la mía.
—Estás de vuelta. —Toma una entrecortada respiración.
—Les daremos algo de privacidad a las dos. —Mi papá lleva a mi mamá
a la puerta y la cierra, pero los veo parados afuera a través de la ventana.
306
—¿Cómo te sientes?
—Apesta estar en el hospital... —Duda, tratando de recuperar el
aliento—. Pero no tengo dolor ni nada.
—Bien. —Me acerco y jalo la máscara de oxígeno hacia arriba para
cubrirle la nariz y la boca.
Respira hondo y me doy cuenta de que mi madre tenía razón. Celia
trata de actuar con dureza a mi alrededor, pero ha estado mucho más
enferma de lo que me dejaba ver.
Pasan unos embarazos segundos entre nosotras.
—¿Estás bronceada?
Realmente no puede verme. El dolor amenaza con ponerme de rodillas,
pero lo rechazo.
—Lo estoy. Resulta que ser tú requiere más exposición al sol de lo que
estoy acostumbrada.
Su sonrisa cae.
—Extrañaré eso.
Me arde la nariz y se me hincha la garganta, pero me niego a llorar.
—Sé que lo harás.
—¿Seguiste mi consejo?... ¿Le dijiste a Aden quién eras?
Niego, incapaz de pronunciar las palabras.
Debe tomar mi silencio como un no y frunce el ceño.
—Oh, Sawyer...
—Está bien. Fue una aventura de verano, estoy feliz de que haya
terminado para poder estar en casa y pasar tiempo contigo.
Sus labios tiemblan.
—No tengo... No me queda mucho tiempo.
—Por supuesto que sí.
—Suenas triste. —Me aprieta la mano, pero es débil.
—Lo estoy. —Las lágrimas me queman los ojos—. No estoy lista.
—Lo sé, pero yo sí. —Acaricia la cama a su lado y me acurruco a su
lado. Gira su cuerpo lo mejor que puede para que podamos mirarnos y
307
juntar nuestras manos entre nosotras, como siempre hacemos cuando
estamos juntas en la cama. Sus ojos buscan mi rostro y se posan en mi
barbilla—. Dime, dime que tienes... una muestra de lo que es no... quedar
atrapada en tu cabeza. Dime... —Toma algunas respiraciones profundas o
lo intenta—. Te encantó y vivirás el resto de tu vida... tomando cada
oportunidad incluso si... no tiene sentido.
—Lo hice. Lo haré.
Sus ojos se cierran y abren tan lentamente.
—Bien. Eso es todo... Siempre quise eso para ti.
—Cal quería que te dijera hola y que te diera un abrazo.
—¿Alguien… más lo sabe?
—No.
—Todavía tienes... ¿la moneda?
—Está en mi bolsa.
Toma una temblorosa respiración.
—Prométeme... que la usarás.
—Lo prometo, Cece. —Aspiro las lágrimas—. Pero también tienes que
hacerme una promesa. Aguanta un poco más. Lucha por más tiempo.
Prométemelo.
Sonríe.
—Está bien, por ti... lo haré.
—¿E
stás seguro de que puedo confiar en ti con esto?
—Mi tío me está mirando. Lo he visto tan a
menudo en estos últimos, por mucho que haya
pasado, que casi está perdiendo fuerza. Casi.
Es la mirada que dice: “No jodas esto” y “¿Es realmente lo que quieres?”.
Es una prueba y un desafío y estoy seguro de que está destinado a hacerme
sentir algo que me empujará a la acción, pero tendría que importarme una
mierda y, bueno... no lo hace.
No he tenido noticias de Celia desde la noche en que me abrazó y calmó
309
mis embravecidos mares. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero se siente
como una vida desde que me sentí vivo.
Cal ha sido un dolor constante en mi trasero al negarse a irse y
haciéndose cargo de todas mis tareas en las cabañas cuando no pude salir
de un bar el tiempo suficiente para hacerlo.
Pero ha aguantado mis tonterías, me ha dado un propósito y no ha
intervenido demasiado cuando he viajado por el carril de la autodestrucción.
Le debo el esfuerzo.
—Por supuesto. —No lo culpo por desconfiar de dejar esto en mis
manos. Al día siguiente de que ella se fuera, donó su auto y yo me perdí. Me
desmayé durante todo un día. Después de eso, le hice prometer que
mantendría vacío el antiguo lugar de Celia hasta que estuviera listo para
dejarlo ir. Si fuera mi decisión, diría que lo incendiáramos y pusiéramos un
maldito cementerio en su lugar, pero no lo es, así que a la mierda. La vida
sigue, supongo.
Mete algunas de sus cosas en una bolsa de lona y estoy agradecido de
que haya quitado su atención de mí para que no pueda ver la batalla que se
está gestando en mi mente.
—Su nombre es Kate Algo-campo. Vendrá en su pausa para el
almuerzo, así que no tendrá mucho tiempo.
—Abriré el lugar y estaré esperando. Será rápido. —Tendrá que serlo.
Porque no he puesto un pie en el lugar de Celia desde la mañana siguiente
en que le apunté con una pistola a la cabeza.
El solo pensamiento me hace querer golpearme en el pecho para alejar
el dolor. Hablando de mostrar mi trasero. No pudo alejarse de mí lo
suficientemente rápido.
Cal balancea su bolsa sobre su hombro y agarra sus llaves.
—Está bien. Quiero salir a la carretera antes de que el tráfico empeore.
Intentaré volver antes de las vacaciones.
Gruño y asiento.
Primero Jenkins.
Luego Celia.
Ahora Cal.
310
Siempre pensé que estar solo era lo que quería, pero la idea de estar
realmente solo es jodidamente deprimente.
Me aprieta el hombro y luego me empuja hacia la puerta de su cabaña.
—La llave del número cuatro está en el escritorio.
La puerta mosquitera se cierra detrás de él y veo la llave de bronce
recordando la forma en que los dedos de Celia se cerraron alrededor de ella
la primera vez que se la di. Dios, ¿eso fue hace solo un mes? Se siente como
una vida diferente.
Hay una botella de Jack Daniels debajo del asiento de mi auto y por
mucho que mi garganta anhele el calor del alcohol que me quitará el aguijón
de mis pensamientos, no puedo presentarme en la casa de Celia, la número
cuatro, con un zumbido y el olor a licor en mi aliento. Tampoco puedo poner
un pie en esa cabaña con una audiencia.
Un recorrido rápido debería ayudarme a insensibilizarme al lugar.
Tomo la llave y salgo de la cabaña de Cal al brillante sol. Un día tan
perfecto para pescar, me duele el estómago con la pérdida de Jenkins.
Nunca pensé que extrañaría a ese viejo cascarrabias dándome mierda por
nada.
Cuando mis pies tocan el porche, juraría que podía oler el perfume de
Celia en la brisa. Avergonzándome internamente por ser un idiota, alejo mi
mente de mis emociones y abro la puerta.
A primera vista, el espacio no se ve diferente a cualquiera de las otras
cabañas, pero cuando mis ojos recorren la habitación, puedo verla en todas
partes. En el sofá con las piernas dobladas debajo de ella, en la cocina
clasificando su ridícula comida, junto a la estantería defendiéndose en esas
fotos que insinuaban lo peor.
Cuando entré por la puerta supuse que olería a ella. Pero lo único que
impregna mis sentidos es el olor demasiado acre del pulimento para madera
y del Clorox.
Como un glotón del castigo, dejo que mis pies me lleven de regreso al
dormitorio. Miro el lugar donde solía estar su cama y pensar en eso me trae
todos los recuerdos de lo que hicimos en esa cama. La habitación parece
encogerse un poco y abro la ventana para tomar aire fresco. De pie con mi
espalda contra ella soy golpeado con todo lo que pasó la noche antes de que 311
se fuera y la vergüenza y la humillación son asfixiantes.
Le debo una disculpa.
Eso es lo mínimo que se merece. Eso y una explicación.
Pero si la llamara, ¿querría saber de mí?
¿Debería darle más tiempo? Una tabla suelta cruje bajo mi pie.
Suponiendo que tengo tiempo para agarrar mi pistola de clavos y arreglarla
antes de que llegue la posible inquilina, me inclino y agarro la tabla suelta
para ver cuánto trabajo implicará repararla solo para ver que la pieza se
desprende completa y fácilmente.
Debajo de la madera hay un espacio vacío, de aproximadamente el
tamaño de una canasta de ropa sucia. Y en ese espacio hay una caja de
zapatos.
La saco del agujero. Huele un poco a moho por estar guardada debajo
de las tablas del piso, pero parece intacta por ningún tipo de daño por agua.
Saliendo de la parte superior, miro adentro para ver lo que parece una
especie de caja de recuerdos. Recuerdos, diarios y cartas, tanto abiertos
como sin abrir, ensucian el pequeño espacio. Hay un trofeo genérico, una
cinta azul y...
—¿Hola?
Dirijo mi mirada hacia la puerta abierta y veo a una mujer que mira
con cautela el interior.
—Sí, pasa.
Volviendo a poner la tapa, la deslizo hacia un lado de la habitación y
estoy colocando la tabla del suelo de nuevo cuando la mujer que supongo
es Kate entra en la habitación.
—Tú debes ser Kate. —Le ofrezco mi mano.
Me sonríe, sus brillantes ojos azules centellean y sus mejillas se tornan
del más leve tono rosado.
—Sí, y tú debes ser Aden.
—Un placer conocerte. —Le estrecho la mano y cuando no quita los
ojos de mí, redirijo su atención a la habitación—. No es mucho, pero... —
Algunos de mis mejores recuerdos se crearon aquí—. No se puede superar
la ubicación. 312
Finalmente estudia la habitación y se acerca a la ventana para mirar lo
que sé que es una franja de vista al mar que, si coloca la cama
correctamente, se puede ver desde la comodidad de las almohadas. Su pie
golpea la tabla suelta del suelo, haciéndola rechinar.
—Arreglaré la tabla suelta hoy.
Sus altos tacones hacen clic contra la madera mientras entra a la
cocina y luego sale a la sala de estar.
—¿Y eres el administrador de la propiedad del lugar?
La sigo y me apoyo contra la pared.
—Lo soy.
Se vuelve y hace que su largo cabello oscuro caiga en cascada sobre su
hombro y sonríe de una manera tan abiertamente coqueta que casi pongo
los ojos en blanco.
Créeme, mujer, no quieres nada de esto. Estoy jodido sin remedio.
—¿Entonces? ¿Qué opinas?
Pasa el dedo por la encimera con largas uñas cuidadas.
—La tomo.
Se acerca una tormenta. He visto cómo se acumulan las nubes durante
la última hora mientras estoy sentado anclado en algún lugar de la costa de
México. Con una botella de tequila en una mano y un sobre en la otra, me
siento conectado con el turbulento cielo ya que coincide con el sentimiento
en mi alma.
Encontrar esa caja en el piso de Celia fue como abrir un universo
paralelo. Todo lo que pensé que sabía... no lo hacía.
Al principio, su contenido parecía no ser más que una trampa para
viejos recuerdos. Talones de boletos de concierto, viejas y descoloridas fotos
de una Celia más joven, boletas de calificaciones de la escuela y una foto de
una pareja mayor, su mamá y su papá, supongo.
Había cartas escritas a mano para Celia firmadas “Amor, mamá y papá”
que hablaban de que la extrañaban y preguntaban por todas sus aventuras. 313
Y tarjetas, tantas tarjetas para casi todas las festividades, todas de sus
padres y de alguien llamado Sawyer, que debe ser su hermana.
Pero esas no fueron las cosas que más me sorprendieron. Esos no
fueron los elementos que me enviaron señalando mi bote hacia el mar
abierto.
Quién diría que una caja podría hacer que mi mundo, que ya se está
desmoronando, se disuelva por completo.
Fue la pila de cartas de diferentes instituciones médicas, todas
envueltas en una goma elástica.
Celia estaba enferma.
Lo había estado durante mucho tiempo.
Según varios neurólogos, le habían diagnosticado un tumor cerebral
que tiene una esperanza de vida de dieciocho meses. Investigué un poco solo
para descubrir que la ubicación del tumor afectaría aspectos como su
equilibrio, vista, respiración y, en retrospectiva, no puedo decir que presté
suficiente atención para notar algo de eso.
¿Por qué no me lo dijo?
Allí estaba yo teniendo ataques de mi pasado y todo el tiempo ella
estaba lidiando con una enfermedad que amenazaba su vida.
Cáncer terminal.
Inclino la botella hacia mis labios y disfruto de la quemadura del
alcohol mientras se desliza por mi garganta. Celia, cariño... qué secretos
guardabas.
Como soy un glotón del castigo, abro la carta con la fecha más reciente
y la leo de nuevo.
—E
l archivo de Monroe está en tu escritorio —dice Dana
cuando paso junto a ella y entro a mi oficina.
Agarro el archivo y me dejo caer en una mullida
silla. Siempre había pensado que era para decoración y no imaginaba
trabajar en él a riesgo de que fuera poco profesional, pero eso fue antes de
Aden. La yo post-Aden dice que se joda. Me quito los tacones y meto los pies
debajo de mí y abro la carpeta.
Han pasado meses desde que enterramos a mi hermana y, aunque no
creo que nada vuelva a sentirse “normal” mi vida volvió a la normalidad.
315
Dicen que mantenerse ocupada ayuda con el duelo. No puedo decir que esté
de acuerdo, pero tiene que ser mejor que sentarse en casa mirando la pared.
Dana asoma la cabeza por la puerta.
—¿El administrador de la propiedad de Paseo llamó y quería saber si
estabas lista para dar el depósito de seguridad?
Me muerdo el labio. He estado viviendo con mis padres y por mucho
que sé que les dolerá que me vaya, creo que es hora de que todos sigamos
adelante. Dios sabe que estoy lista para mi propio espacio.
—Claro, adelante y dáselo.
Dana sonríe tristemente, pero asiente.
—Muy bien. Ah, y Mark está subiendo.
—Bien. —Vuelvo a mi archivo y fuerzo los pensamientos de Aden de mi
mente ya que todo, incluso la idea de alquilar un apartamento nuevo, me
hace pensar en él.
Su nombre por sí solo me hace extrañarlo con una fiereza de la que no
creía que fuera capaz. Esperaba que con el tiempo su recuerdo se
desvaneciera en nostálgicos pensamientos en lugar de intensificarse, pero
no tuve tanta suerte. Solo espero que esté bien, que haya logrado rechazar
lo que lo tortura en lugar de terminar solo y enojado.
Se merece mucho más.
Mis ojos se desvían hacia la foto en mi mesa de café. Celia y yo en una
reunión navideña unos años antes de su muerte. Tiene un piercing en la
nariz y lleva una diadema alrededor de la frente, como si saliera de Haight-
Ashbury, mientras le muestro una sonrisa con los labios cerrados, luciendo
sofocada en mi jersey de cuello alto. Su cabello cae alrededor de su rostro y
el mío está recogido en un extremo moño. Si no fuera por nuestros estilos
totalmente opuestos, nadie sabría la diferencia entre nosotras.
A menudo me he preguntado si ella y Aden habrían sido la pareja
perfecta. Si nunca se hubiera enfermado y regresado a casa, se habrían
conocido y terminado juntos, casados, con bebés. Dios, ¿cómo podría
sentarme y mirar sin enamorarme de mi propio cuñado?
No podría haberlo hecho. Lo hubiera amado.
316
Lo amo.
—¿Toc, toc? —La voz de Mark llama a mis ojos hacia él mientras
atraviesa la puerta y se deja caer en la silla frente a mí.
—Hola. —Cierro la carpeta en mis manos, genuinamente feliz de verlo.
Después de la muerte de Celia, ha sido un gran amigo. Sé que espera
más, pero no puedo entregarle mi corazón a nadie mientras esté con Aden.
Inclina la cabeza.
—¿Cómo estás?
—Bien. —Arrugo la frente—. ¿Por qué?
Una tímida sonrisa tira de sus labios.
—Solo estoy comprobando cómo estás, ya sabes, con la fecha y todo.
—Sí... —Es el dieciocho—. No puedo creer que se haya ido durante dos
meses.
—¿Cómo están tus padres?
Me encojo de hombros.
—Un poco mejor cada día.
—Bien. —Se desliza hasta el final de su asiento y pone sus ojos en mí
y no veo nada más que simpatía allí—. Si alguna vez necesitas algo, estoy
aquí para ti, Sawyer.
Me acerco y agarro su mano, apretándola en la mía.
—Sé que lo estás y te lo agradezco, pero estoy bien.
Su mirada se mueve de mi cabello a mi barbilla, luego de nuevo a mis
ojos.
—Eres diferente.
—¿Lo soy? —Me muevo hacia atrás para poner algo de distancia entre
nosotros. Por mucho que aprecio la atención de Mark, no quiero engañarlo.
—Desde que volviste de tu descanso eres más... —Se encoge de
hombros y exhala un largo suspiro—. No sé.
—Bien... —Le sonrío—. Gracias. Lo tomaré como un cumplido. —Su
expresión se vuelve seria, y por muy guapo que es, no me prende fuego como
lo hace cierta persona. 317
—Bien. —Sus mejillas se sonrojan un poco y se pone de pie para irse,
pero se da vuelta antes de cruzar la puerta—. Escucha, ¿quieres comer algo
después del trabajo?
—Oh, um…
—Como amigos. Lo juro, no es un asunto gracioso.
Amigos.
Parece que finalmente tengo algunos, gracias a Celia.
Mis labios se dibujan en una sonrisa.
—Me muero por sushi.
—¿Sushi? —Parece confundido, pero asiente—. Está bien, ¿volveré
para recogerte alrededor de las seis?
Mis ojos se posan en la foto de Cece y yo.
—En realidad, primero quería pasar por el cementerio y dejar algunas
flores.
—Puedo ir contigo. —Hay esperanza en su expresión.
—Eso es dulce, pero... necesito hacer esto sola. ¿Por qué no vas a
buscarnos una mesa en Stingray y estaré allí alrededor de las seis y media?
—Seguro. —Sonríe y realmente lo hace parecer sincero, luego atraviesa
la puerta para dejarme sola con mis pensamientos.
Eventualmente tendré que seguir adelante.
El problema es... que no sé si pueda.
ADEN
CELIA MARIE FORRESTER
QUERIDA HIJA Y HERMANA.
QUE TUS AVENTURAS CONTINÚEN HASTA LA ETERNIDAD.
318
Me quedo mirando la lápida esperando una claridad que nunca llega.
Ella se fue.
Según la fecha grabada en la piedra, murió dos semanas después de
su partida.
Debe haber sido por eso que nunca más me contactó. Sabía que tenía
solo una cantidad limitada de tiempo y era su último hurra. Pero parecía
tan sana, y ver la prueba con mis propios ojos no hace que sea más fácil de
aceptar.
El viento sopla, pero a pesar de que se siente como un soplete de aire
a cien grados, refresca mi pegajosa piel por el sudor.
Es difícil rastrear mis pasos hasta lo que me trajo aquí. Estaba viendo
entre botellas vacías de alcohol y una llena en mi mano y me di cuenta.
Beber hasta morir no resolvería ni una puta cosa. No devolvería a Celia a mi
barco, no la pondría de nuevo en mis brazos, no haría que sus labios
volvieran a los míos cuando todo lo que había soñado era besarla por última
vez.
O incluso más, solo para decirle que la amo.
La amo.
Me rendí e intenté llamar, incluso enviarle mensajes de texto, pero todo
fue un callejón sin salida. Saqué su antiguo contrato de alquiler y marqué
el número allí, pero había sido desconectado.
Desesperado por perseguirla, me conecté a Internet, busqué en Google
su nombre y fue entonces cuando vi el obituario.
Celia está muerta.
Perdí la oportunidad de decirle lo mucho que significa para mí.
Tuve que venir aquí, para mostrarme a mí mismo que realmente se
había ido, y para admitir en voz alta, aunque solo fuera ante su lápida, que
la amaba.
Me agacho y coloco un ramo de violetas en la base de su lápida, mi
mente da vueltas con todo lo que debería haberle dicho.
He asistido a entierros de más personas de las que puedo contar y
siempre me sentí engañado. La vida tomada demasiado pronto se volvió un
tema constante, pero la única mujer que amaba, la única mujer con la que 319
podría haber pasado el resto de mi vida se fue y nunca pude despedirme.
—Aw, pecas... —Reprimo el dolor que me araña la garganta al pensar
en su hermosa piel a dos metros debajo de mí en un oscuro ataúd. Con el
corazón apesadumbrado, me dejo caer sobre mi trasero y miro la hierba
fresca—. Debería habértelo dicho antes, pero soy un cobarde. Te amo. Lo sé,
suena loco, pero lo hago. Ojalá hubiera sabido lo enferma que estabas,
hubiera podido decírtelo... —Dejo caer la cabeza hacia adelante sintiendo la
oleada de emoción a la que estoy tan acostumbrado a poder ahogar con el
licor. No he tocado una gota en semanas, obligándome a sentir por primera
vez en mucho tiempo—. Debería haber estado ahí para ti.
Me siento en el silencioso cementerio y no escucho nada más que el
viento a través de los árboles y los autos que pasan por la cercana calle. Es
en esa quietud que siento movimiento en mi espalda.
La paranoia me pincha los nervios y giro la cabeza para ver
(ligeramente), mientras la sangre se drena de mi cara.
—¿Celia? —Me pongo de pie de un salto tan rápido que chilla de
sorpresa. Mi boca se abre y se cierra, pero no salen palabras porque, maldita
sea, pero Celia, la mujer de la que me enamoré, la mujer en cuya tumba me
encuentro actualmente, me está viendo con ojos tan abiertos que juraría
que está tan sorprendida de verme como yo de verla, lo cual es decir algo ya
que se supone que está muerta.
—Estás aquí. —Dos palabras dichas tan suavemente como si fueran
susurradas a la brisa.
—Yo no... —Mis ojos patinan entre ella y la lápida—. ¿Qué es esto?
Sus ojos se lanzan al ramo de flores y juraría que la comisura de su
boca se inclina un poco hacia arriba.
—Violetas.
Trago y doy un paso más cerca, medio pensando que desaparecerá en
el aire.
—Eran sus favoritas.
Se lame los labios, esos perfectos labios gruesos, y froto el centro de mi
pecho mientras algo trabaja ferozmente detrás de mis costillas.
Con los ojos cerrados, se acerca y extiende la mano. 320
—Debes ser Aden.
—Sí. Y... —Parpadeo y lucho contra el desmayo en mi cabeza—. Tú eres
Celia.
—No. —Su sonrisa cae. —Soy su hermana, Sawyer.
—Sawyer. —Por supuesto. Su hermana, pero son idénticas. No tenía
idea de que la hermana de Celia era su gemela—. Tú... vaya.
Me meto las manos en los bolsillos para no acercarme a ella y estudiar
a la hermosa mujer que tengo delante. Vestida con pantalones que abrazan
cada curva de sus piernas, camisa blanca abotonada planchada a la
perfección, su ropa una completa contradicción con su cabello que le cae
alrededor de la cara y baila con el viento.
—Te pareces a ella.
—Éramos gemelas idénticas.
Miro la lápida con la esperanza de cortar la conexión que siento con la
extraña frente a mí.
—Nunca me dijo que tenía una gemela.
—Lo sé.
Mi mirada se lanza a la de ella solo para encontrar que sus ojos están
firmemente fijos en la lápida.
—¿Como sabes eso?
Cuadra los hombros y me ve con toda la seguridad de una mujer que
no se deja intimidar.
—Porque nunca te lo dije, Aden.
—¿Lo siento? —Es como si sus palabras me quitaran el aire de los
pulmones—. Cuándo…
—Te mentí. —Da un paso más cerca y estoy demasiado congelado para
retroceder, porque lo que está diciendo no puede ser verdad—. Mi nombre
es Sawyer Forrester. Fui a San Diego para empacar la casa de mi hermana
gemela Celia y... —Hace una pausa—. Fingí ser ella.
Doy un paso atrás, mi estómago se encrespa con repulsión. ¿Podría ser
que me mintió todo este tiempo haciéndome creer que es alguien que no es?
¿Quién hace eso? 321
—¿Eres... Celia?
Asiente.
—Soy Celia para ti. Pero no, soy Sawyer.
Es Celia, mi Celia. Y es una maldita mentirosa.
—Cómo... ¿por qué harías eso?
Su rostro se pone serio.
—Porque me pidió que lo hiciera, y cuando amas a alguien y tiene un
último deseo, haces lo que sea necesario para hacerlo realidad, incluso si te
rompe el corazón en el proceso.
Miro al cielo y trato de encontrarle sentido a lo que estoy escuchando.
—No te creo. La mujer que conocí nunca haría algo así, la mujer que
amaba era leal y...
—¿Amabas?
Por un momento desearía poder retirar las palabras, pero luego me doy
cuenta de que sí, esto es lo que quería, decirle a Celia que la amo, así que
asentí.
—Sí. La amo. Pero no eres ella.
Avanza.
—Aden, soy yo...
—Pruébalo.
Sus grandes ojos verdes se fijan en los míos.
—Bebes demasiado.
—No hace falta ser un genio para darse cuenta de eso…
—Tienes pesadillas.
Me congelo.
Da un paso más cerca.
—Comes pescado crudo directamente de la línea. A un león marino le
pusiste el nombre de Morfeo. —Otro paso más cerca—. No te gustan las
multitudes— susurra.
Abro la boca para defenderme, pero me interrumpe.
—Te culpas por la muerte de tus hombres que murieron para que
322
pudieras vivir. Intentas ocultar el hecho de que estás sufriendo.
Cierra los últimos centímetros entre nosotros y me golpea. Su olor. El
dulce olor de su cabello se mezcla con el aroma natural de su piel con el que
había soñado desde la última vez que la abracé.
—Cece...
—Sawyer. —Sus ojos están llenos de lágrimas.
Le tomo la mandíbula y veo cómo una lágrima recorre su mejilla.
—Eres tú.
—Sí.
—¿Estás viva?
—Lo estoy.
Antes de que apenas pueda pensarlo, mis labios encuentran los suyos
y sus manos se envuelven alrededor de mi cuello y se deslizan por mi cabello.
Muerdo su boca y cuando se abre, deslizo mi lengua contra la suya. Su dulce
sabor combinado con su cuerpo presionado contra el mío es toda la
confirmación que necesito.
Es ella.
La mujer de la que me enamoré.
Dios, pero tenerla de vuelta en mis brazos, es como si nunca se hubiera
ido. Todo en ella se siente como volver a casa.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Nuestras frentes juntas, nos respiramos
mutuamente.
—Al principio no pensé que no era gran cosa, pero luego me contaste
sobre tu pasado y después de eso... —Cierra los ojos—. Sabía que decírtelo
te lastimaría, y no me atrevía a hacer eso.
—Así que te fuiste pensando que te olvidaría y seguiría adelante.
—Sí. Entonces siempre sería la chica con la que te divertiste un verano.
Coloco un mechón de su brillante cabello detrás de su oreja.
—Solo hay un problema con eso, pecas.
Me ve parpadeando.
—Nunca te podría olvidar. 323
Sus labios tiemblan de emoción, así que la beso hasta que la siento
caer flácida en mis brazos.
Mirando hacia atrás, debería haberlo sabido, si hubiera prestado más
atención a las diferencias entre cómo actuaba y esas fotos de ella... y la foto
de ella y Cal. Creo que en algún nivel sabía que algo no cuadraba, pero no
quería aceptarlo.
—¿Cal lo supo?
—Inmediatamente. —Se encoge de hombros y sus ojos se mueven para
mirar a la nada por encima de mi hombro—. Cuando se trata de Celia, soy
una pésima sustituta.
Doy un paso atrás y veo hacia la tumba de la mujer que pensé que
amaba.
—Ojalá hubiera tenido la oportunidad de conocerla.
—En cierto sentido... —Me observa—. Lo hiciste.
—Si estabas fingiendo ser Celia, entonces... —Quiero abrazarla,
obligarla a ser la mujer que llegué a conocer, pero si quiero una oportunidad
real con Sawyer, tendré que enamorarme de alguien de quien conozco muy
poco—. ¿Quién eres?
—Sawyer Elizabeth Forrester. —Su columna se pone rígida como si
estuviera esperando mi rechazo.
—Dime más.
—Le tengo miedo a casi todo, incluido el océano. Maté a mi abuela
pegándole la gripe y desde entonces muchas cosas me han salido mal. —
Sus ojos se llenan de lágrimas—. Pero en los últimos meses he
experimentado la mejor sensación posible del mundo junto con la peor
absoluta. Fingí ser mi hermana gemela Celia para que pudiera morir
sabiendo que a los ojos de sus amigos seguía viviendo, pero al hacerlo me
enamoré de un hombre que sacó a relucir un lado de mí que no sabía que
existía. Me ayudó a enfrentar lo que me asustaba, me llevó al borde de mi
zona de confort y me enseñó que la vida real solo ocurre cuando atravieso
mis miedos. Pero tiene una mala historia respecto a las mentiras y no había
forma de que pudiera romperlo con la verdad, así que lo dejé, inscribiéndome
para una vida de arrepentimiento, y lo haría de nuevo si tuviera que hacerlo
porque en esas dos semanas nunca me había sentido más viva. 324
Mis pensamientos luchan por entender lo que está diciendo. Una
sacudida de esperanza se expande dentro de mí y me quedo quieto a la
expectativa.
—Me cambiaste, Aden. Lo veo ahora, el objetivo de todo esto. Fue el
último regalo de Celia para mí. Y gracias a ti pudo entregármelo de una
manera que ha alterado para siempre
quién soy.
Estoy hipnotizado por lo que me está contando. Que podía verme como
una persona que podía mejorarla cuando todo este tiempo he estado
convencido de que solo me estaba ayudando. ¿Cómo es posible que me vea
como una especie de héroe después de todo lo que hice? ¿De lo que le hice
pasar? Y Dios, pero hasta hace cinco minutos estaba muerta y ahora está
parada frente a mí confesándome su corazón y haciéndome creer que hay
un futuro para nosotros.
—Puedo cebar un anzuelo. Nadar en el océano por la noche. Besarme
con un extraño.
Contengo un gruñido.
—Pero más que eso, no tengo miedo de enamorarme. No tengo miedo
de que me lastimen porque tú y Celia me enseñaron que dos semanas de
amor valen una vida de dolor.
—No.
Se sacude en mi agarre.
—¿No?
Paso los dedos por su cabello y me encanta cómo su respiración se
entrecorta cuando acerco sus labios.
—No. No una vida de dolor. Porque soy un hombre que ha sentido lo
que es ser amado por una mujer hermosamente leal, una que sacrificaría
su propia felicidad para concederle un deseo a su moribunda hermana. Soy
un hombre que sabe lo que es ser egoísta y perder a la única persona que
trajo paz a mi vida. Una cosa que no soy, Sawyer Forrester...
Gime ante el hecho de que la llamé por su nombre.
—Es un hombre estúpido. Pensé que la mujer que amaba estaba 325
muerta, pero está aquí, parada frente a mí, en mis manos, cálida y
respirando, y no hay forma en el infierno de que la deje alejarse de nuevo.
¿Comprendes?
—Entonces... estás diciendo…
—Estoy diciendo... que te amo. Estoy diciendo que no quiero
despertarme otra mañana sin ti a mi lado. Estoy diciendo que estoy
dispuesto a renunciar a lo que sea que necesite para poder estar contigo.
—Pero Celia...
—Es solo un nombre. Eres la mujer de la que me enamoré, en la que
he estado pensando cada segundo de cada día desde la última vez que me
quedé dormido en tus brazos.
—¿Me amas? ¿Incluso ahora, después de que te mentí?
—Más de lo que podría decir. —Presiono un beso en sus labios.
—Pero... cuando me conozcas, a la verdadero yo, no a la que finge ser
otra persona, es posible que no te guste lo que veas.
—¿Estás dispuesta a nadar conmigo por la noche? ¿Ir a bucear
conmigo a alguna isla remota? Más importante aún, ¿terminaste de besarte
con extraños?
—Sí, sí y... —Se muerde el labio y estoy a punto de darle un castigador
beso por su retraso—. Absolutamente.
—¿Qué dices, Sawyer?
Se mete la mano en el bolsillo y saca una moneda de plata. La suelto y
ella da un paso atrás. Como en cámara lenta, voltea la moneda, pero
mientras gira en el aire, sus ojos se posan en los míos y se precipita a mis
brazos.
Nos besamos con toda la pasión de dos personas que se perdieron para
siempre solo para reencontrarse. Después de que pasan largos minutos y
nos tiramos de la ropa, me aparto y susurro:
—No esperaste a que cayera.
—Eso es porque cuando la volteé ya sabía cuál sería mi respuesta.
—Pecas... —Mis manos acarician sus delicadas mejillas—. Sawyer.
Sus párpados se cierran mientras parece bañarse con el sonido de su
nombre. 326
—No tienes idea de cuánto tiempo he querido escucharte llamarme así.
—Lo diré todos los días por el resto de nuestras vidas si me aceptas.
Me mira parpadeando.
—¿En serio?
—Nada te alejará de mí de nuevo.
—Realmente... —Ve su reloj y esos gruesos labios se curvan tan
adorablemente que me enamoro más profundamente al instante—. Ahora
mismo, tengo que irme.
Beso su cuello, empapándome de su toque y aroma que tanto he echado
de menos.
—¿A dónde?
—Cenaré con un amigo. —Su respiración se acelera con cada roce de
mis labios.
—¿Sí? ¿Y quién es ese amigo?
—Su nombre es Mark.
Mis labios se congelan en su cuello y retrocedo.
—Mark.
—Sí.
—¿Un hombre?
Sus manos acarician mis mejillas y maldita sea, pero su toque me
conmueve hasta el fondo del alma. Haría cualquier cosa que me pidiera, le
concedería lo que quisiera.
—Es un hombre, sí.
—¿Alguna posibilidad de que estés dispuesta a cancelarle a Mark?
—No. —Me besa—. Pero... si no has comido, ¿qué te parece ir a comer
sushi?
La jalo a mi lado.
—No sabía que te gustaba el sushi.
Caminamos hasta el estacionamiento.
—Un hermoso chico me lo presentó hace un tiempo. 327
—¿Oh sí? —Me detengo y la vuelvo hacia mí—. ¿Y quién es este tipo?
Su expresión se vuelve seria.
—Estaba enamorado de mi hermana, pero le convencí de que soy una
buena segunda opción.
Ahora soy quien se pone serio.
—Nunca serás una segunda opción para mí, Sawyer. —El nombre se
siente tan natural como si lo hubiera dicho un millón de veces, como si lo
hubiera gemido, como si lo hubiera susurrado—. Eres mi pecas. Mi amor, y
ahora... mi vida.
28
SAWYER
—B
ien... eso fue solo un poco incómodo. —Saco las
llaves de mi bolso justo cuando el brazo de Aden
cubre mis hombros.
—No sé de qué estás hablando. Pensé que era genial.
Dejo de caminar y miro su hermoso rostro mientras trata de contener
su sonrisa. Dios, todavía no puedo creer que esté aquí.
—Aden.
Sonríe. 328
—Lo digo en serio.
—¡Le dijiste a Mark que eras de las Fuerzas Especiales y luego le
preguntaste qué tan rápido podía correr!
Me acerca y me guía hasta el estacionamiento.
—Parecía un velocista. Solo estaba conversando.
—Insinuaste que llevabas un arma.
—No, le pregunté si sabía que en el estado de Arizona es legal ocultar
su transporte sin un permiso.
—Entonces le hablaste de tu arma.
Se encoge de hombros.
—Sí. Pero eso fue solo después de que me dijo que ustedes dos vivían
juntos. Recuerdo lo que me dijiste sobre el exnovio, así que...
Me estremezco.
—Nunca lo amé.
—Lo sé. —Me mira y me guiña un ojo de una manera que me dobla los
dedos de los pies.
No puedo estar enojada con Aden. Fue un perfecto caballero esta noche,
incluso pagó la cuenta cuando llegó, pero no pude evitar notar cómo todos
sus intentos de conversación hicieron que el rostro de Mark perdiera color.
Me detengo en mi auto, inquieta por lo que sucederá a continuación.
Sobre hacia dónde iremos desde aquí. Parece leer mi incertidumbre y, si no
me equivoco, diría que también la siente.
Se mete las manos en los bolsillos y se apoya en mi auto y, por
millonésima vez en las últimas dos horas, me doy cuenta de que está aquí.
Aden está aquí. En mi vida. Y ya no tengo que fingir ser alguien que no soy.
La inseguridad se precipita a la superficie.
—Soy aburrida.
Sus ojos se mueven bruscamente hacia los míos.
—No. No lo eres.
—Conduzco un Volvo.
Desliza su mirada de mí a mi auto y luego de regreso. 329
—Es un auto seguro.
—Mark es seguro.
Sacude la cabeza y apoya la barbilla en el pecho.
—Y yo no lo soy.
—No, Aden, eso no es lo que quise decir, solo... —Estoy arruinando
esto—. Estoy en un territorio desconocido. No sé a dónde iremos desde aquí.
Vivo en Phoenix, tengo un trabajo, acabo de pagar un anticipo y firmé un
contrato de arrendamiento de un apartamento, es decir, nada sobre
nosotros tiene sentido.
Inclina la cabeza para mirarme a los ojos.
—Nada sobre nosotros tiene sentido excepto lo que siento cuando estoy
contigo.
Una risa retumba en su pecho y me atrae hacia él, abriendo las piernas
para acercarme. Le rodeo el cuello con los brazos y me acaricia la oreja.
—Te dije que no me alejaré de nosotros, y lo dije en serio.
—¿Pero, cómo? ¿Cómo haremos que esto funcione cuando vivimos tan
lejos? —Me aparto y lo veo a los ojos, buscando la respuesta—. ¿A dónde
iremos desde aquí?
—Lo primero que haremos es regresar a mi hotel para poder hacerte el
amor hasta que te desmayes en mis brazos.
Un escalofrío en todo el cuerpo se apodera de él y esa sexy y perezosa
sonrisa se dibuja en sus labios.
—Me iré de regreso a San Diego mañana, tendré algunas reuniones con
inversionistas y luego...
—¿Inversionistas? ¿Para qué?
—Estoy comenzando una empresa de pesca comercial, tengo un par de
botes alineados, algunos hombres quieren entrar. Parece que no fuiste la
única persona que cambió con el regalo de Celia.
—¡Eso es maravilloso! —Lo rodeo con los brazos y sigue mi ejemplo
envolviendo con fuerza los suyos alrededor de mi cintura—. Estoy tan 330
orgullosa de ti.
—Después de recuperar la sobriedad y tirar todo el alcohol, parece que
comencé a pensar más claramente, quiero que mi vida represente algo más
que ser un borracho. Si desperdicio mi vida sería como escupir en la cara a
todos los que murieron para que pudiera vivir.
Las lágrimas brotan de mis ojos ante su audaz honestidad. Nunca ha
sido tan sincero sobre lo que pasó. Me trago mis emociones, negándome a
permitir que la tristeza me robe la alegría de este momento.
—Entonces, ¿cuál es tu plan?
Levanta una ceja, pero no afloja su fuerte agarre.
—Ahh, entonces esto debe ser una cosa de Sawyer, ¿eh?
Cohibida, lucho por encontrar una forma de dar marcha atrás, de alejar
a Sawyer y sacar a la luz a la chica amante de la diversión de la que se
enamoró.
—No, no, yo eh... Yo…
Sus labios presionan los míos en un beso con la boca cerrada tan tierno
que parece incluso más erótico que los besos más hambrientos que hemos
compartido.
—Te amo, Sawyer.
Esas cuatro palabras me dejan sin aliento.
—Y podría necesitar a alguien que me ayude con un plan. Alguien
organizado, bueno con los números, alguien que me ayude a manejar el lado
comercial para poder manejar los barcos.
—¿Me estás ofreciendo trabajo?
Pasa su mano por mi cabello, tomando mi nuca.
—Te estoy ofreciendo más que un trabajo, pecas. Te ofrezco mi vida.
—Pero…
—Lo resolveremos.
—Yo no…
—Un día a la vez.
Me dejo caer en su cuerpo y libero todas las preocupaciones y qué
pasaría si, cediendo a la confianza de Aden. 331
—Tomaré eso como un sí.
Asiento, una extraña risa burbujea desde mi pecho.
—Suena como un plan.
ADEN
Caminando de la mano de Sawyer por el vestíbulo del hotel y hasta el
ascensor parece que no ha pasado el tiempo entre nosotros. Esos meses de
vivir en una niebla borracha y luego pensar que estaba muerta se disolvieron
en nada más que lo que parece ser un guijarro en nuestro camino, algo fácil
de pasar por alto y dejar atrás.
—Este es un buen hotel. —Me mira, esos ojos verdes y labios grandes
que pensé que nunca vería, incitándome a participar—. La casa de mis
padres está a solo un par de kilómetros de aquí.
Lo sé. Encontré una lista de Tom y Darlene Forrester después de leer
sus nombres en el obituario, por eso elegí este hotel. Había planeado pasar
por allí para darles la caja que había encontrado en su cabaña y
presentarme y ver si podía obtener información sobre las últimas semanas
de Celia.
Estaba desesperado por saber si pensó en mí.
Si le importé tan profundamente como a mí.
—Eso me recuerda. —La guío al ascensor, molesto cuando dos
personas nos siguen porque eso significa que no podré aprovechar la
privacidad—. Tengo algo para ti en mi habitación.
Se vuelve hacia mí con los ojos muy abiertos y una sonrisa.
Le devuelvo la sonrisa.
—Sawyer... así que eres tú eres la pequeña pervertida.
—¡Oye, lo dijiste!
Las mujeres que están en el ascensor con nosotros hacen un débil
intento por ocultar su risa.
Cruzo los brazos a la altura del pecho y veo a Sawyer retorcerse por la 332
incomodidad, sus mejillas enrojecidas. Joder, ¿es posible que Sawyer sea
incluso más hermosa de lo que era como Celia?
—No es eso. —Me encojo de hombros—. Pero después de mostrarte lo
que es, también quiero darte eso.
Las chicas explotan en carcajadas y Sawyer se cubre las enrojecidas
mejillas.
La puerta se abre en el tercer piso y agarro la mano de mi chica.
—Buenas noches, señoritas.
Responden al unísono y Sawyer niega.
—Eres tan malo.
—Tú empezaste. —Llego a mi puerta y deslizo la tarjeta llave, abriendo
la puerta e indicándola que entre—. Realmente tengo algo para ti.
Enciendo la lámpara de la mesa y se sienta en el sofá mientras voy al
dormitorio y saco la caja de mi bolsa de lona. Cuando vuelvo a entrar,
estudia la caja con ojos escépticos. La coloco en la mesa frente a ella, luego
me siento cerca.
—¿Qué es?
—Era de Celia.
Fija sus ojos en los míos.
—La encontré debajo de una tabla del piso en la cabaña.
Alargando la mano, desliza la caja en su regazo.
—Así es como supe que estaba enferma.
Quita la tapa y sus dedos tiemblan mientras busca en la caja de
zapatos.
Observo atentamente cómo cada elemento provoca una emoción
diferente en su rostro. Algunas cosas la hacen sonreír, otras la hacen fruncir
el ceño, y cuando hojea las innumerables cartas y tarjetas, tiene una mirada
perdida en sus ojos que se siente tan jodidamente familiar, la mirada de
pérdida. De ser robada.
Pasan minutos en silencio mientras revisa las preciadas posesiones de
su hermana, sacándolas y dejándolas a un lado, hasta llegar a la carta. La
que había leído innumerables veces. 333
Se hunde en el sofá y veo que sus ojos devoran cada línea. Cuando
termina, lo aprieta contra su pecho.
Me mira.
—Gracias.
—No me agradezcas. No hice nada excepto traer algo que dejaste atrás.
—Es mucho más. —Dobla la carta y la vuelve a colocar en la caja—.
Pensé que nos había olvidado, ¿sabes? Al empacar su casa, no había nada
sobre nosotros tirado por ahí. Sin fotos, sin recuerdos. Supuse que preferiría
olvidar su pasado, que realmente no valía la pena aferrarse a nosotros.
Hago un gesto hacia la caja.
—Me parece... que los mantuvo a todos a salvo, en un lugar donde los
recuerdos de su amor nunca se perderían o mancharían con su vida.
Vuelve a colocar la tapa en la caja y se voltea completamente hacia mí.
—Eres un hombre maravilloso, Aden Colt.
Tiro de sus caderas y la llevo a sentarse a horcajadas sobre mí en el
sofá, luego la veo.
—No lo soy, pero gracias a ti... estoy llegando ahí.
Se inclina y me besa, su lengua se desliza contra la mía en un ritmo
sensual. El hambre que se quedó descuidada desde que se fue se enciende
con una furiosa demanda. Sus caderas se rozan contra las mías, el calor
entre sus piernas me provoca hasta que estoy deseando desnudarla.
Sentir su piel contra la mía, su pulso latiendo detrás de su pecho, toda
evidencia de que está viva. Empujándome del sofá hasta las rodillas, coloco
su trasero sobre la mesa de café.
La subida y bajada de su pecho, los hinchados labios entreabiertos
para acomodar su rápida respiración, todo funciona para despertar aún más
mi cuerpo y mi mente.
—Pensé que nunca te volvería a tener. —Desabrocho su blusa, rozando
mis nudillos contra la hinchazón de sus pechos envueltos en encaje
blanco—. Pero aquí estás. —Deslizo mi mano por la suavidad de su vientre
para abrir el botón de sus pantalones—. Seré el mejor tipo de hombre para
ti, Sawyer.
Suspira al oír su nombre. Sumergiendo mis dedos en sus bragas inclina
334
las caderas para darme un mejor acceso.
—Lo que sea necesario.
Levanta las caderas y la ayudo a quitarse la ropa, luego se quita la
blusa para que no quede nada más que su sujetador, sus piernas se abren
de par en par conmigo de rodillas entre ellas. Hay algo tan sucio en su
posición, tan vulnerable, expuesto y confiado.
Dolorosamente duro, me agacho y me libero de los confines de mis
vaqueros. Me ve y se desliza hasta el borde de la mesa, sus ojos fijos en los
míos.
—¿Has estado con alguien desde mí?
Hago una mueca de dolor, pero no por la razón que pensaría. Mi
debilidad está escrita en todo mi rostro.
—No podía pensar en otra mujer que no fueras tú, y mucho menos
tocar a una.
Se desliza sobre mi regazo y siseo cuando su desnudez presiona la mía.
—Estoy tomando la píldora. —Mueve sus caderas contra mí—. Y quiero
sentirte, Aden.
Con un gemido, entierro mi nariz en su cuello, inspirándola.
Ella se empuja hacia arriba y me toma lentamente en su cuerpo. Mis
dedos muerden la carne de su trasero y ronronea en mi oído.
—Sawyer, cariño... —Estoy hipnotizado por la forma en que mueve sus
caderas en ondas—. Estoy jodidamente destrozado sin ti.
Acercando mis labios a los de ella, susurra:
—Siento haberte mentido.
Por un momento me pregunto si debería haberme molestado más
porque fingiera ser alguien que no es, pero la forma en que sus ojos
parpadean con disculpa, y habiendo sentido la angustia de perderla una
vez, acaricio sus mejillas.
—No.
—Tengo miedo, Aden. —Se derrite a mi alrededor, apoyándose en mí en
busca de fuerza y contacto, pero se siente tan bien que la necesiten.
—Todo estará bien, lo prometo. —Beso a lo largo de su mandíbula hasta
335
su oreja, y sabiendo instintivamente que puedo aplastar sus preocupaciones
en unas pocas simples palabras, las susurro contra su piel—. Siempre has
sido tú, pecas. Siempre.
Epílogo
SAWYER
S
iete años después...
ADEN
—¿Cuál será el mío, papá? —Con las diminutas piernas de C.J.
colocadas sobre mis hombros y sus manos agarrándose con fuerza a mi
cabello, todo está bien en el mundo. El sonido de la voz de mi esposa, ligero
y despreocupado mientras se ríe con sus padres, envía un calor a través de
mi cuerpo que es indescriptible.
Es mejor que cualquier droga.
—Tienes cinco años, nena. Revisaremos esta conversación dentro de
veinte años, ¿de acuerdo?
—Pero... ¡dijiste que también podría ser capitán de pesca y necesitamos
tener un plan! —Un plan. Es seguro decir que la pequeña Celia Jane terminó
siendo la combinación perfecta de mí y su hermosa madre.
—Te diré que. —Meto el código en el teclado para llevarnos al puerto
deportivo que ahora tiene ocho barcos de mi propiedad. Seis estrictamente
para la pesca y dos para uso personal. Pasamos por el viejo barco de Jenks,
el Amelia Lynn, ahora actualizado con nuevo hardware, velas y pintura y
miro hacia arriba, con la esperanza de que pueda verme ahora, rezando para
que sepa cuánto lo quiero por él y cómo su memoria fue una gran influencia
cuando llegó el momento de arreglar mis cosas—. Te conseguiré un pequeño
velero y empezaremos por ahí. ¿Trato?
—¡Trato!
—Colt, ¿tienes un segundo? —Ryan, un exinfante de marina que
contraté hace tres años, corre hacia mí con un portapapeles en la mano.
339
—Claro, amigo.
—¡Ryan! ¡Tendré un velero y navegaré en barco y alrededor de Messico
como lo hizo Jenks!
Él la ve, asegurándose de exagerar demasiado su sorpresa.
—¿Oh sí? ¿Te irás ahora?
Ella se ríe.
—No, tal vez mañana.
Le quito el portapapeles, asegurándome de mantener una mano
envuelta con fuerza alrededor de la pierna de la otra mitad de mi vida.
—Solo necesito que le des un vistazo a esos números y firmes en la
parte inferior.
—Yo puedo hacerlo. —Sawyer se coloca a mi lado y le entrego el
portapapeles—. Tú tiene las manos ocupadas.
Me inclino y beso a mi esposa en la mandíbula, un poco de su cabello
largo y sedoso me sopla en la cara.
—Gracias, pecas.
Levantando la barbilla hacia Ryan, subo a mi barco, el Second Chance.
Cuando la empresa tuvo su año de mayor recaudación, decidí que era
hora de una actualización y compré lo último y lo mejor en yates. No es
enorme, solo tiene dos dormitorios, pero tiene todas las comodidades,
incluida una cocina gourmet a pleno funcionamiento y un gran baño con
bañera.
Se ha convertido en nuestro hogar lejos del hogar y Sawyer no sabe que
hice los arreglos para que sus padres se llevaran a C.J. a la casa más tarde
para poder tener a mi esposa para mí solo esta noche.
Suavemente tomo a mi hija de mis hombros, soplando una frambuesa
en su estómago antes de ponerla de pie.
—Ve a ponerte el chaleco salvavidas.
—¡Papito!
—No discutas con tu papá, cariño —dice Darlene mientras coloca
algunos artículos en el refrigerador—. Ve y póntelo. 340
—Bien. —Sale pisando fuerte y la veo hasta que estoy seguro de que
está a salvo con su chaleco salvavidas.
—Se parece mucho a ella, sabes. —Darlene niega con una mirada
melancólica en sus ojos.
—Entonces, mi esposa era una píldora cuando era joven.
Su expresión se suaviza.
—No a Sawyer. A Celia.
Miro mientras Sawyer toma a nuestra hija en brazos y la sostiene en
su cadera mientras señala algo en el horizonte.
—Las amo mucho. No puedo imaginar cómo sería perder a alguna de
las dos. —Me vuelvo hacia ella, viendo la pérdida de su hija todavía tan
fresca en sus llorosos ojos—. No puedo imaginar lo que debiste haber
pasado.
Ella sonríe con tristeza.
—Nunca tendrás que hacerlo.
La acerco para darle un abrazo rápido.
—Ahora... ¿qué tal una cerveza de raíz? Estamos sujetos a las órdenes
de la capitana C.J. Colt.
—Me encantaría una… —La música sale de su bolsillo seguida de las
palabras de Akon cantando “I Just Had Sex”.
—¿Qué en el...? —Se apresura a llegar a su celular, pero se queda
atascado en la tela de su sudadera a medida que avanza la canción—. ¡¿Qué
está diciendo sobre su pene?! —Su rostro está rojo brillante cuando
finalmente libera el dispositivo y empuja algo para detenerlo—. Dios mío. —
Le dispara dagas a mi esposa, quien se ríe histéricamente en la terraza de
afuera—. ¡Sawyer Colt, lo vas a conseguir! —Presiona el teléfono contra su
oreja—. Kathy, lo siento, ¿estás ahí, cariño?
Me eché a reír cuando me di cuenta de quién estaba en la otra línea,
ganándome el ceño fruncido de Darlene.
—Tu hijo y tu nuera me están volviendo loca.
Me inclino hacia el teléfono. 341
—¡Hola, mamá!
Darlene asiente.
—Tu mamá dice hola y que dejes de atormentarme.
—Sí, señora. —Saco cervezas de raíz y abro las tapas, y le doy una a mi
suegra.
—Por supuesto, hay mucho espacio para ti, Paul y los niños.
¿Stephanie vendrá? ¡Excelente! Estamos tan emocionados de que puedan
venir mientras estamos aquí.
Bebo un sorbo de mi refresco mientras Sawyer entra, luciendo como
Morfeo después de que ataca el tanque de cebo cuando no estoy mirando.
Se presiona contra mi costado.
—Eso fue una mierda divertida, pecas. —Beso un lado de su cabeza.
Me sonríe.
—¿Cuándo aprenderá a no dejar su celular desatendido?
Hago un gesto hacia la mujer responsable de la vida de mi hermosa
esposa.
—Está hablando con mi mamá sobre mañana. Todo el equipo vendrá,
mi hermana, los niños, estaba pensando que tal vez deberíamos llevarlos a
todos al zoológico.
Sacando la cerveza de raíz de mi mano le da un trago.
—Creo que es una gran idea.
Escaneo mi entorno, C.J. está en la terraza con el papá de Sawyer, mi
suegra ría con mi mamá y la mujer más increíble del mundo está en mis
brazos, y no puedo imaginarme que la vida sea más dulce.
FIN
J.B.
Salsbury