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Guillermo Moron. Vida Plural: Lsbelia Sequera Tamayo

El documento es un homenaje al Dr. Guillermo Morón, destacado intelectual y autor venezolano, quien ha contribuido significativamente a la literatura y la historia de Venezuela. Se resalta su trayectoria académica, su compromiso con la educación y su participación en la vida política y social del país. La autora reflexiona sobre la amistad que compartió con Morón y su impacto en la cultura nacional, destacando su obra literaria y su papel en la formación de la identidad venezolana.
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Guillermo Moron. Vida Plural: Lsbelia Sequera Tamayo

El documento es un homenaje al Dr. Guillermo Morón, destacado intelectual y autor venezolano, quien ha contribuido significativamente a la literatura y la historia de Venezuela. Se resalta su trayectoria académica, su compromiso con la educación y su participación en la vida política y social del país. La autora reflexiona sobre la amistad que compartió con Morón y su impacto en la cultura nacional, destacando su obra literaria y su papel en la formación de la identidad venezolana.
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GUILLERMO MORON.

VIDA PLURAL
Por lsBELIA SEQUERA TAMAYO*

Todos tenemos dentro de nosotros un país extraño que muy poco conocemos,
un país pleno de múltiples soledades donde impera el silencio definitivo. Por ello
es imposible prever la respuesta concreta y cierta a todas las situaciones. Cuando
tuve noticias de haber sido seleccionada para pronunciar el discurso de Orden en
el Homenaje que las Academias Nacionales harían al Dr. Guillermo Morón por
haberle sido otorgado el Premio Nacional de Literatura 1990, comencé a viajar
en la intimidad de mi ser, en la intimidad de ese mundo desconocido al cual me
he referido. Tomé de la mano a Guillermo invitándole a chapalear en las turbias
aguas de nuestro río, a visitar nuestros bosques y montañas. En la oscuridad de
la sangre caminamos por nuestra plaza de ciudad ardiente y también caminamos
entre palmeras nutridas de aguas profundas. Sentimos, así, cómo en un mediodía
de provincia nuestra amistad renació de nuestro propio musgo, de nuestras propias
arenas.
Viaje intemporal hacia el mundo de los espejos, medible sólo en unidades de
afecto. Regreso del pic:sado hacia un presente de claros horizontes que avivan
nuestras fuerzas. Jardín de sueños iluminado. La amistad nos habita.
Creí, por un instante, así lo pensé, que esto había ocurrido en el momento
que tuve tan grata y honrosa noticia. Luego comprendí que ello ocurrió desde
que entre nosotros se estableció el directo y para mí fecundo contacto humano,
desde mucho más allá de este tiempo. Sentí, entonces, que Guillermo resume
todo un esfuerzo de amistad, todo un camino que hemos transitado juntos en el
quehacer intelectual y en el académico. Sentí materializar un sueño que, por la
humana presencia de Guillermo y de todos ustedes, amigos aquí de frente, ya no
es sueño.
Es sólo. presentar a Guillermo Morón, lo cual para mí es, además de un
honor, un placer. Digo esto último por cuanto se trata de una persona muy impor-
tante en la jerarquía de mis afectos, pues, como sucedió en el sueño, nuestra
amistad se formó en la adolescencia, la época más pura y desinteresada en la vida
del hombre. Y digo lo primero, por cuanto se trata de presentar a un personaje

* Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Sillón N~ 8.


32 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA IilSTORIA

que, a mi entender, ha jugado y juega un papel preponderante en la cultura de


nuestro país.
De un país en formación, de un país que no ha alcanzado aún pleno desarro-
llo, de un país que aparece como joven, como lo es el nuestro, donde la realiza-
ción de la íntima vocación personal está sometida a muchas contingencias. El
propio impulso, la misma dinámica del desarrollo impone a todos, en particular a
las individualidades dirigentes, la obligación de aunar a las actividades que exige
el ejercicio de la vocación personal la atención de otros menesteres de carácter
más colectivo íntimamente vinculados a la dinámica del propio proceso de desarro-
llo. Cubrir esa doble finalidad; ser fiel, intrínsecamente fiel a la personal voca-
ción, y ser al mismo tiempo intrínsecamente fiel a los requerimientos que exige
un armonioso desarrollo social de profundo contenido humano, no es siempre
fácil. Porque en el mejor de los casos, cuando la vocación va acompañada al
talento, no siempre éstos, vocación y talento, están unidos a un sereno juicio sobre
los valores esenciales al ser humano y la responsabilidad que se tiene frente a la
sociedad y el momento histórico que ésta vive.
Las anteriores consideraciones, y otras tantas de estimable valor que aquí no
menciono, me salen al paso en la oportunidad del Homenaje que hacen las Acade-
mias a esa individualidad de gran vocación creacional y de gran proyección huma-
nista que tiene Venezuela.
Guillermo Morón es, antes que todo, un intelectual. Un intelectual de sereno
juicio y de firme vocación histórica y literaria. En la investigación histórica su
nombre está ligado a los más importantes historiadores que ha producido nuestro
país, a los grandes maestros Baralt, Gil Fortoul, Arcila Parías. Su obra es tan
numerosa como densa, además de estar traducida a varios idiomas. Quizás como
una de las más representativas podría señalarse su Historia de Venezuela en cinco
grandes volúmenes. También debe destacarse la Historia General de América,
bajo su dirección, de la cual ya han sido publicados varios volúmenes.
Con El gallo de las espuelas de oro, novela publicada en 1986, clava firme su
nombre en el campo de la creación literaria, de la narrativa en este caso. También
desde hace mucho tiempo su nombre se destaca en el cuento, en el ensayo, en
el artículo. Es la actividad creacional de este ilustre venezolano permanente· y de
indiscutible calidad. La obra escrita de Guillermo Morón nos permite afirmar
que, en este terreno, el hombre ha cumplido con su íntima y profunda vocación
creacional.
Pero Venezuela ha reclamado de Guillermo Morón atender otras obligacio-
nes. En un país apenas en vía de desarrollo como el nuestro, en algunos aspectos
todavía atado a sus años pastoriles, con una economía deformada por el uso irra-
cional e irresponsable de los ingresos provenientes de la explotación petrolera y
con sus valores morales resquebrajados, había y hay tareas muy urgentes y apre-
miantes para el ser humano que la de sólo cumplir con su propia vocación
creacional.
Guillermo Morón no ha eludido estas responsabilidades impuestas por las
particulares características de nuestra evolución histórica. Ha sido maestro de
GUILLERMO MORON. VIDA PLURAL 33

juventudes en escuelas de Carora, en los liceos de Barquisimeto y en las Universi-


dades de Caracas. Sus artículos en la prensa son permanente cátedra de divulga-
ción cultural. Y sus treinta años en la Academia Nacional de la Historia demues-
tran hasta dónde, respondiendo a un elevado concepto de responsabilidad social,
ha insistido e insiste permanentemente en la investigación y divulgación de todo
cuanto de noble y valioso registra la historia del hombre.
No se ha limitado a eso, sin embargo, la actividad social de este insigne vene-
zolano. El establecimiento de un sistema de libertades públicas en nuestro país
permite y reclama la injerencia directa de sus ciudadanos en la vida política. La
contienda pública se hace obligatoria y en ella participa con verdadera pasión en
la creación de un movimiento dirigido a defender y consolidar la clase media
emergente. También participa como Diputado al Congreso Nacional. Desde aque-
llos tiempos hasta el presente, cara a cara a los principales problemas sociales que
nos afectan, con frecuencia enjuicia los fundamentales de nuestra vida pública, a
través de los diversos medios de comunicación.
Considero además muy importante destacar algunos aspectos que, creo, han
sido decisivos en la vida y formación de Guillermo Morón. Su origen en las
entrañas calenturientas de Carora, pues de esa naturaleza hirviente se alimentó.
Allí hinca sus raíces, de allí deviene, de alH se nutre. De alH donde el calor
agobia, refrescado excepcionalmente con los vientos que a veces, como diría
Darfo, vienen como aires suaves de pausados giros, y que raras veces transportan
agua para enriquecer la tierra.
También su origen humano de las entrañas de Mamá Chayo, quien desde la
atmósfera cristalina continúa en permanente vigilia de la conducta y el saber de
su hijo-disclpulo. Su cercanía a Chfo Zubillaga, cuya cultura trascendía las pare-
des, las calles, las plazas, los colegios y las iglesias caroreñas. Y el Diario de
Carora que le abrió sus puertas y ventanas de papel.
Luego en Barquisimeto, para el Dr. Carlos Felice Cardot fue Guillermo como
un hijo, mucho más que un secretario privado. Pienso que fue mucho lo que
aprendió en la biblioteca de su tutor y con el ejemplo de su digna vida.
Y fue en esa hermosa ciudad donde nos conocimos y donde desde el primer
momento nació la amistad que se ha mantenido nítida en el tiempo. En el Liceo
"Lisandro Alvarado" caminábamos por los cuatro corredores que encerraban
frondosos árboles en su patio central, Rafael José Grazut, Manuel Delgado
Rovatti, Ramón Escovar Salom, José Rafael Mendoza, Pedro Segnini La Cruz,
Guillermo Morón y yo. Al mediodía nos deteníamos ante el silbido del pájaro
cuando lo devolvía su garganta al calentarse con el sol. Abrazábamos con sus alas
la tibieza del día y viajábamos en la alegría del vivir. Allí aprendimos a volar.
Caminamos también por los Cerritos Blancos, de manos de la espina y en
las bridas del viento, nutriéndonos de ese suelo árido y rico hasta convertirnos en
árboles. Amistad plural ésta inmersa en el sonido transparente y redondo del
silencio y en la lealtad de sangre adolescente. La más pura de las amistades, com-
parable sólo a la del cielo con el mar y el viento. Luego, cada quien aprendió a
conducir el timón de su barco con mano firme y segura y a est¡u atento a la
34 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

aguja de la rosa de los vientos. Aun cuando continuábamos con bases comunes
al haber escogido carreras humanísticas y al tratar de escribir siempre. Cerró así
el portón de ancha hoja, de provincia detenida en blanca pared, en rosado realen-
go, en leyenda adolescente. ¡Aldabón silente!
Yo, por lo menos, siempre quise escribir en redondo, desde que sentí la
forma, convirtiendo a la línea en curva que se encuentra a sí misma, en círculo
de palabras vacío cuando no envuelve la esencia. Es el escribir, el no escribir.
Guillermo esperó en el silencio de su propia sangre. El ser escapa a su piel para
entregarse a la palabra escrita en respiración de vida y en salino asombro. Prime~
ro fueron pequeños papeles, luego fueron creciendo y dejaron de ser papeles para
convertirse en artículos periodísticos, en artículos de revistas, en ensayos profun-
dos, en cuentos, en novelas. Productos en buena parte de ese trascender fronteras
que desde niño se impuso, como aconseja Descartes al referirse a la importancia
del viajar en la formación del individuo. Así el Morón caroreño, el barquisime-
tano, el caraqueño, atraviesa el océano. España, Alemania, Francia. La gran Euro-
pa nos devuelve un Morón más denso, más enriquecido, con alas más crecidas.
Cuando ingresa como Individuo de Número ( 1960) en la Academia Nacional de
la Historia su discurso "Para una historia de la Moral Política eri. Venezuela" es
según Ramón Escavar Salom "Un tema singular cargado de sustanciales reflexio-
nes. . . trabajo semejante requiere formación intelectual e histórica sólidamente
respaldada por un temperamento analítico y gustador de claridades". Más adelante
agrega Escavar: "Si yo tuviera que definir con un solo rasgo su personalidad
diría simplemente que tiene autenticidad. Escogió resueltamente su destino de
intelectual y lo está construyendo con vigor y con fuerza. No es .un hombre de
posición de los que basan su prestigio o su influencia sobre una instantánea cir-
cunstancia que los favorezca. E& un hombre de destino que ha aceptado con auda-
cia el oficio de pensar. En Venezuela tener personalidad es un atributo difícil de
defender y es seguramente una dura circunstancia vital".*
Se trata, entonces, de un personaje que reúne dentro de sí un conocimiento
profundo de la historia en el más amplio espectro de su complejidad. Que ha
logrado a través del estudio, la investigación y la meditación una capacidad de
síntesis que le permite entender el hecho histórico en toda su magnitud, desde
sus orígenes en el momento que se gesta, y a través de su desarrollo. Mas, desde
hace algún tiempo, ha trascendido lo histórico. Por los caminos de la imaginación
descubre y crea, llega a la esencia del hecho literario y lo sintetiza en su contexto
histórico. Se ubica en la realidad mientras la imaginación vuela. Es un juez graveº
mente exigente, no hace concesiones de ninguna clase, define relaciones insospe-
chadas, tiene un pensamiento inteligente, ordenado y equilibrado. Pero en los
momentos cumbres, en la toma de decisiones difíciles, controversiales, la intuición
como duende se le aparece y enfrenta en abierta lucha a su orden interior. ¡Llueve
estrellas!
En la definición y estructuración de movimientos que sólo pueden ser capt~-
dos por quien reúna las condiciones anteriormente señaladas es especial. Sabe

* Cita tomada del libro de Vinicio Romero Martínez titulado Guillermo Morón en persona,
pp. 132-133.
GUILLERMO MORON. VIDA PLURAL 35

seleccionar las promesas y los especialistas en el campo de la historia. Su obra


histórica es conocida por todos. También buena parte de su obra literaria hasta
el punto de haber merecido el Premio Nacional de Literatura 1990.
Toda esta vasta obra de Morón en el campo histórico y en el literario se
sustenta en la comprensión que tiene del humanismo, como el asiento más sólido y
limpio, aunque lo más delicado, de las sociedades, comprende que en nuestro
país el proceso de integración y de identidad nacional, que arranca casi junto con
el siglo, sólo comienza a cobrar perfil definido a partir de los años posteriores a
la segunda guerra mundial. En ese momento el avance técnico creado por el
hombre alcanza plenitud, convirtiéndose en factor predominante de la vida social
contemporánea. Y ese mismo desarrollo técnico, si en verdad ha permitido pensar
a algunos que es el único y cierto camino que se abre ante la humanidad, ha
impuesto también al humanismo alzar su voz afirmando que junto al dominio
material está el del espíritu; que no vale vivir si junto a la conquista de ese domi-
nio material no se alcanza también el de aquellos otros que, en campos distintos
al de la técnica, dignifiquen la vida del ser humano. Día a día, ante el inusitado
desarrollo técnico, la presencia del humanismo en la vida del hombre cobra cada
vez mayor importancia. Y si ello ocurre en sociedades que han alcanzado extraor-
dinario grado de civilización y desarrollo, con igual o mayor énfasis debe ocurrir
en aquéllas como la nuestra, donde el inicio de un desarrollo técnico y la presencia
de exagerada y fácil riqueza pueden conducirnos por caminos distintos a los que
permiten la afirmación del hombre dentro de los más nobles principios de volun-
tad creadora y solidaridad humana.
Y ello es lo que ha comprendido desde siempre Guillermo Morón, que defen-
der el humanismo en nuestro país, defenderlo en nuestro continente, es defender
la vida de quienes, sin negar el valor del avance tecnicista, intentan construir su
vida sobre valores espirituales de indiscutible esencia humanista. De ahí que se
haya dedicado a la historia y a la literatura.
En este último campo, el de la literatura, quizás es en la década de los
cincuenta donde podría ubicarse su punto de arranque en la narrativa con el vigor
que luego la caracterizaría. Quizás, también, y sin proponérselo, porque los hechos
creativos son así: salen solos, trasciende los límites de la cotidianidad, de la
historia familiar y pueblerina, de sus tradiciones y costumbres. Aun cuando una
década antes era el cuento su espacio creacional. En los periódicos de la capital
El Nacional, El Heraldo, Fantoches y en El Impulso de Barquisimeto. Y desde
muy joven, en plena adolescencia, publicaba cuentos en el Diario de Carora.
Mas su obra La palabra acero es, según Manuel Bermúdez,* su gran punto
de arranque para la ficción. Sobre el alzamiento del zambo Andresote, que abarca
una etapa de nuestra Venezuela siempre explotada, Morón le construye un espacio
literario a este héroe popular a quien resucitará años más tarde en sus obras de
ficción junto con los otros grandes venezolanos de acero, Miranda, Bolívar, Zamora,
y los dos Cecilio "de la pluma y el tintero". También destaca Bermúdez que para
entender la obra de Morón hay que distinguir entre los lenguajes de la oralidad y

* BERMÚDEZ, MANuEL. "Un escritor de acero toledano". Papel Literario, p. 4 El Nacional,


23-09-90.
36 BOLETIN DE LA ACADEUIA NACIONAL DE LA HISTORIA

la escritura. Afirmación esta que sustenta en el pensamiento de Walter J. Ong,


quien señala que "mediante la comparación de las culturas orales y las caligráficas
que coexisten en un espacio dado de tiempo se pueden establecer diferencias
socio-económicas, jurídicas y étnicas, así como también la mentalidad de las
mismas". Por lo cual, continúa Bermúdez, del "manejo semántico y sintáctico de
la oralidad y la escritura; y el dominio de los códigos y la lógica del relato le van
dando a Morón la oportunidad de dar el gran salto de la historia a la ficción".
De ahí que es a partir de la década de los ochenta cuando Morón le entra con
fuerza a la creación literaria: El gallo de las espuelas de oro (1986), a la fábula
Ciertos animales criollos ( 1985 ) y a su más reciente novela Los hechos de Zacarías
( 1990) . Comparto con Bermúdez el criterio de que Morón en sus dos novelas
continúa recreando las vidas de Don Chío y de Andresote, muertos ambos en el
tiempo donde no se muere y, además, agrega su propia vida al navegar en el río
que atraviesa esas tumbas. Y siempre será así, con ellos y con otros, eso creo yo,
pues Guillenno jamás podrás separarte de la historia aunque lo hayas confesado
públicamente: que la abandonas para siempre para dedicarte sólo a la literatura.
No le temas, ahora, a la historia, Guillermo. Ella está dentro de uno, dirigiéndo-
nos, pero uno está dentro de ella construyéndola.
En El gallo de las espuelas de oro se expresa nítidamente cuánta mutilación
sufre el pequeño venezolano. ¿Cuánto es lo que nos queda al final de la partida,
a quienes devenimos de la Venezuela polvorienta? Yo no tengo respuesta para esa
pregunta, pero Guillermo no se detiene, avanza, llama a los brutos bruto, a los
falsos falso, a los hipócritas hipócrita. Desde luego que eso tiene un precio: se le
repudia, se le castiga, pero él no se detiene. Todo es imaginación, aunque los
nombres correspondan a personas que aún viven o a sus familiares. Sus amigos
verdaderos le dicen: ¡adelante!, nada de eso existe, sólo es ficción.
Una de las características más importantes de esta obra, y también de la
siguiente novela, es el uso del lenguaje, que corresponde, según Manuel Bermúdez*,
no sólo a "lo que los especialistas llaman un perfil sociolingüístico, sino también
a la intención literaria del autor que convierte al personaje central del relato en
fuente y pozo de toda la información que contiene el texto narrativo. Esta técnica,
de nobles antecedentes en la novela picaresca, se nutre de micro-dialectos trujilla-
nos y caroreños superpuestos y de la intuición poética del autor que va impregnan-
do lo que hay de crudo, satírico y grotesco en el relato".
Creo que uno de los aspectos más importantes en la narrativa de Morón es
el manejo de los tiempos con gran seguridad y fluidez, el presente, pasado y futuro
se alternan sin distingo& como cuando se unen varios cursos de agua en uno solo.
Madeja de hilos de pensamiento a lo cual agrega Morón la transposición de su
propia persona en el personaje de Francisco, quien "ya no tiene papá porque se le
murió el otro día, cuando yo era chiquito se murió mi papá, y como usted no
está en casa, mamá, pues yo salgo en carrera cuando termino la segunda taza de
maíz que es el amarillo, cojo mis libros y me voy para la escuela, la bendición
mamá y yo oigo su voz como si usted estuviera en el corredor Dios te bendiga

* BERMÚDEZ MANUEL. "Diseño inicial de la obra de Morón (El gallo de las espuelas de oro)".
Inédito.
GUILLERMO MORON. VIDA PLURAL 37

mijito, pero sé que usted no está, y Francisco corre por la mitad de la calle ...
camino de la escuela".
Las primeras expresiones sexuales las perfuma Francisco con la mano de la
maestra Teresa Molero cuando le acompaña a atravesar la calle y a caminar el
zaguán. Francisco guarda su mano "cuidadosamente para olerla disimuladamente
en el pupitre, la saca con cuidado, mira a la maestra como si le fuera a poner
atención a las primeras palabras del día. . . y se pone el hueco de la palma frente
a la .nariz y le entra ese desmayito y la vuelve a guardar para que no se le
ensucie ... ". O cuando en otra oportunidad al referirse a Egidio Marquina y su
caballo habla de éste como no hay otro "para salir de noche, con luna o sin luna,
que ya se conoce el condenado todas las trochas para las casas donde esperan
ellas al caballo que las busca para su amo y caballero".
Revela Morón, además de profundo y extenso conocimiento histórico, ser
conocedor de la geografía regional con centro en Carora. Maneja apropiadamente
las referencias al clima, a los suelos, a las aguas en donde se encuentra "barro
que no se cría en el río sino en las lejanas laderas de montañas desconocidas". Se
refiere también adecuadamente a la flora y a la fauna y en verdad se siente como
en ésta incluye al ser humano rico que se aprovecha del pobre. Como su gran
maestro Don Chía Zubillaga, maestro en la vida, maestro en distinguir el bien del
mal, el hombre bueno del hombre malo, la sociedad justa de la injusta. Maestro
en la verdad.
La imaginación con la que teje la trama Guillermo Morón es fresca como
agua de acequia, dibuja a Francisca Morello como "una muchacha de veinte años,
delgada, delgada, como si se fuera a encaramar por el arcoiris que sale todos los
días por el lado del cementerio". Y al Gallo de las Espuelas de Oro y de la Cresta
de Oro como "un gallo muy fino, siempre derechito, limpio. . . tiene su casa
tejida por rayos de sol en lo más recóndito del monte, es una casa que se mueve,
para que nadie la encuentre, el gallo vive solo, tiene la particularidad de que
nunca duerme, ni de noche ni de día, pero no le hace falta el sueño, siempre está
fresco y descansado".
Y así, con la presencia de Andresote, digo de Zacarías, termina Morón
El gallo de las espuelas de oro y comienza, quizás de inmediato, pues la distan-
cia en las ediciones no permite comprobarlo, Los hechos de Zacarías. Desde
fines del siglo pasado y comienzos de éste por intermedio de ese su personaje
central, Zacarías, pasa por nuestra historia a través del más natural de los cursos,
el de un hombre de campo que en su sencillez abarca todos los aconteceres, desde
los del amor hasta los de la guerra, envueltos en algunos casos en la nitidez de
la fábula. "Dicen que mi general Montilla es un tigre, que se mueve como un
tigre, que escucha como un tigre, que al entrar en la guerra se convierte en un
tigre de Bengala y mata con los dientes, con las garras, con el fiero grito de la
bestia. . . que no quede ni uno solo vivo, pues yo también me cambio de simple
Zacarías en lo que sea menester, por ejemplo en tragavenado, en paloma torcaza
y cuando estoy triste me hago un arrendajo y cuando tengo hambre soy un gato".
El ambiente en el cual se desarrollan los acontecimientos como raro y viejo
río forma meandros, los abandona, sigue su curso y desemboca más alto que el
38 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

mar, tiene que parir nuevo curso. Es como un "Guaitó no trujillano pero sí lo es".
No es trujillano porque pertenece al Estado Lara pero para llegar hasta allá es
mejor por el Páramo de Jabón y el Páramo de Cendé para llegar a ese "nido más
alto que el de los arrendajos, culebras en el camino, las patas del gran macho del
General Rafael Montilla y las patas descalzas de Zacarías caminan a ciegas por el
camino de la montaña. Aquí en Guaitó nuestros machetes son la empalizada de la
libertad". Así, es también Morón reiterativo en su escritura a modo de fuerza y
también soñador de libertad en su mensaje.
En algunos casos la imaginación de Guillermo, al modo de García Márquez,
se resuelve en personajes como don Arístides Cañizales, cuyos "brazos bajaban
hasta los tobillos, porque cuando el caballero cogía mamones en la plaza Bolívar
de Cuicas sólo estiraba las manos hacia las ramas más altas, no sólo sin necesidad
de encaramarse en el árbol, pero ni siquiera empinarse. . . en la pensión donde
vivía le tenían un cuarto especial construido por varas altas y una cama que iba
de pared a pared".
Penetra Morón en el mundo interior de sus personajes elevándolos por enci-
ma del tiempo. En la oportunidad en que Don Morón y Zacarías pensaron tener
una guerra particular la maestra de escuela que "espera sin sonrisa y sin esperan-
za ... sin dormir y sin miedo" dijo, "sin mandar, usted no va a matar a nadie
porque hace mucho tiempo que todos estamos muertos. Don Morón y Zacarías se
quitaron las espuelas, se sentaron en las sillas de la cocina, se miraron ancianos y
dijeron a una voz los dos peones y amigos 'sí, señora' ". También más adelante
cuando Zacarías realiza una especie de inventario de las mujeres que han pasado
por su vida, porque intuye que al final de todo ser humano la pregunta esencial
¿cuánto has amado? lo transporta cual personaje de Chagal a mirar desde arriba
al pueblo de Arenales. "Iba muy bien enjorquetado, montado en chuco, agarrado
a las alas de San Rafael, Voló sobre Arenales hasta el amanecer". Para luego
reaparecer y salvar al pueblo del hambre y la muerte.
Morón le da vida a la miseria, alegría a la tristeza, risa al llanto. Creo que
Guillermo Morón dará mucho que hablar con su narrativa, mucho más allá de los
grandes reconocimientos que se le han hecho pues es ahora cuando se va a dedicar
exclusivamente a la literatura. Creo que debe ser observado con mucha atención
y estudiársele muy seriamente.
Guillermo vive con tal intensidad su vida que, como el Gallo de las Espuelas
de Oro, nunca duerme. Por el día porque hay sol "y por la noche no duerme
porque su casa está hecha con rayos de sol".

Muchas Gracias.

Caracas, miércoles 10 µe abril de 1991.


Don Valentín Abecia Baldivieso con el Segundo Vicedirector de la Academia Na-
cional de la Historia, Coronel Tomás Pérez Tenreiro
(Foto: Joaquín Torres)

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