Etimología
Durante el Imperio romano, el territorio de la actual Hungría formó parte de las provincias
de Panonia y Dacia. A fines del siglo IV, Roma perdió Panonia, ocupada desde entonces
por tribus germanas y eslavas, y por los «pastores romanorum», pastores que hablaban un
idioma derivado del latín vulgar. Odo de Deogilo, participante en la Segunda Cruzada
(1147), habla de las Pabula Iulii Caesaris (Los pastos de Julio César), mientras que
Ricardo escribió en su obra Ungaria Magna (1237) que Hungría era llamada antes «Pascua
Romanorum». El diácono Tomás de Spalato también escribió alrededor del año 1250 que
Hungría solía llamarse de ese modo, en su obra Historia Salonitana, in Monumenta
spectantia historiam Slavorum meridionalium, XXVI (Scriptores III), página 42. La planicie
central recibió a hunos, búlgaros (que finalmente se asentaron más al sur, en las actuales
Bulgaria y Macedonia del Norte) y ávaros: pueblos nómadas provenientes de las estepas del
norte del mar Negro. Los ávaros dominaron la cuenca del Danubio entre los siglos VII y
VIII, hasta ser sometidos por el Imperio de Carlomagno.
Los sucesores de Carlomagno organizaron una serie de ducados en la mitad oeste y norte de
la mayor cuenca, mientras que el Imperio bizantino y Bulgaria ejercieron cierta autoridad
sobre el sur y el este de la región. El Ducado de Croacia se independizó en el año 869 y
Moravia luchó tenazmente contra los carolingios, hasta la aparición de los magiares, pueblo
de origen fino-ugrio (emparentado con fineses, estonios, carelios, udmurtos, etc.). Estos
organizaron, al oeste del bajo Don, una federación de tribus (integradas por diversos clanes
y dirigidas por un jefe hereditario), llamada On-Ogur (Diez Flechas), que dio origen al
nombre húngaro, por lo que su reino se acabó conociendo como Hungaria, que
posteriormente derivó en «Hungría».