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Gilgamesh

En el Poema de Gilgamesh, el héroe busca a Utnapishtim para descubrir el secreto de la inmortalidad tras temer su propia mortalidad. Utnapishtim relata cómo sobrevivió a un diluvio enviado por los dioses, describiendo la construcción de una gran nave y el sufrimiento de los dioses arrepentidos. Al final, Gilgamesh pierde la oportunidad de obtener la inmortalidad y regresa a Uruk, encontrando orgullo en sus murallas.

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Gilgamesh

En el Poema de Gilgamesh, el héroe busca a Utnapishtim para descubrir el secreto de la inmortalidad tras temer su propia mortalidad. Utnapishtim relata cómo sobrevivió a un diluvio enviado por los dioses, describiendo la construcción de una gran nave y el sufrimiento de los dioses arrepentidos. Al final, Gilgamesh pierde la oportunidad de obtener la inmortalidad y regresa a Uruk, encontrando orgullo en sus murallas.

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El Poema de Gilgamesh

Sandra Sanz
Francisco Navarro

En este fragmento del Poema, el héroe Gilgamesh, asustado ante la idea de su mortalidad
(Cuando muera, ¿no seré como Enkidu?), va en busca de Utnapishtim, el único hombre que
conoce el secreto de la inmortalidad. Gilgamesh, acostumbrado a batallar, imagina a
Utnapishtim como un monstruo, un enemigo, alguien que le revelará el secreto una vez haya
sido derrotado. Pero cuando llega, Utnapishtim no es ningún monstruo, sino un hombre como
él (Cuando te miro, tus rasgos no me son extraños) que está tranquilamente tumbado.
Gilgamesh le pregunta entonces como consiguió sumarse a los dioses, es decir, ser inmortal. Es
entonces cuando Utnapishtim toma la palabra y cuenta a Gilgamesh cómo sobrevivió al diluvio,
mito común a gran cantidad de culturas.

Este parece tener su origen en una inundación entre el Tigris y el Éufrates acaecida en el
neolítico, suceso que luego se magnificó. Además de ser parte de la tradición popular, sirvió a
los antiguos sumerios para dividir el calendario, de la misma forma que nosotros decimos antes
de Cristo o después, nos encontramos referencias a tiempos anteriores al diluvio y posteriores.
Comienza el relato contando como la asamblea de los dioses, en Suruppak (Hoy Fara) decide
enviar el diluvio sobre la tierra.

De momento no se nos revela el motivo, que aparecerá más adelante. Entre los dioses que
acuden son reseñables Anu/Marduk, padre de los dioses y creador del mundo, Enki/Ea, (aquí
calificado con el título Ninigiku, de significado incierto), benefactor de la humanidad, y Enlil,
dios irascible del clima. Ea, sin embargo, no está de acuerdo con exterminar a los humanos, de
manera que recurre a un subterfugio para no romper el juramento de no decírselo a ningún
mortal, dirigiendo sus palabras a la pared de la choza de cañas de Utnapishtim, de manera que
éste lo oiga, pero sin hablarle a él directamente. Le avisa del diluvio y le dice que tiene que
construir una gran nave (copiado luego en Gn 6:14) e introducir todos los animales en ella (Gn
6:19). Sin embargo, Utnapishtim no puede decírselo a los demás de la ciudad, por lo que les
engaña con juegos de palabras: les dice que los dioses derramarán sobre ellos peces (es sabido
que, en algunas zonas, la producirse tormentas marinas, llueven peces) y que les dará una lluvia
depanes (Kukku, en sumerio, significa tanto “pan” como “tinieblas”) y de trigo (Kibati,
significa tanto “trigo” como “desdichas”).

Después pasa a describir como era la embarcación y el proceso de su construcción. La


superficie de su puente es de un iku (3.600 m2) y su altura y su anchura (tiene forma de
cuadrado perfecto) es de 60-63 metros. Consumió 6 shar de betún (cada shar son 3.600 litros),
tres sharde asfalto, y seis de aceite. Utnapishtim dio de comer espléndidamente a sus obreros,
con bueyes y vino, mercancía muy cara en aquél tiempo y lugar, pues en Sumeria no hay viñas,
todo ha de ser de importación. Al séptimo día, el barco estuvo completo y cargado con todas
sus pertenecías, sus animales, sus familiares y los artesanos que habían trabajado en él, (en el
Génesis, Noé solo sube a su familia, no a los artesanos). Es el Shamash, dios del sol y la
justicia, quien le avisa de que el cuando empeore el tiempo, suba a su barco, ya terminado. A
continuación se decribe el diluvio, ocasionado por Adad (dios de las tormentas) y sus dos
heraldos Sullat (saqueo) y Hanis (sumisión). También aparece Erragal/Erra, dios del caos, los
desastres y la desorganización política. Los diques maestros que sostienen las aguas del cielo se
abren y toda la tierra se inunda. Hasta los mismos dioses, arrepentidos de lo que han hecho, han
de subir hacia el palacio en los cielos de Anu, y lloran humildemente apretados contra el muro.
Isthar, diosa del amor y la vida, grita y llora la catástrofe.
Al séptimo día, por fin la tormenta amaina. Al igual que en la Biblia, la nave de Utnapisthim
queda encallada en un monte cuando las aguas bajan, por espacio de siete días (simbólico, los
mismos siete días que ha tardado el diluvio en amainar). Toda la humanidad había vuelto a la
arcilla, al barro primigenio (de nuevo, similar idea en la Biblia). Sucede ahora la famosa escena
de la suelta de las aves, que la Biblia copiará. Sin embrago, aquí es un cuervo el que trae la
buena noticia, no una paloma. Finalmente se ofrece un sacrificio a los dioses y se libera a los
seres de la nave. La Diosa Istar se alegra de que hayan sobrevivido e invita a todos los dioses a
celebrarlo con aquel sacrificio, menos a Enlil, que había causado el diluvio y condenado a la
humanidad. Enlil monta en cólera al saber que había habido supervivientes. El resto de dioses
lo reprenden por su acción, pues necesitan de los sacrificios que les realizan los humanos para
comer. Enlil, arrepentido, concede la inmortalidad a Utnapishtim y a su mujer. Así finaliza el
relato de éste, y encomiendo a Gilgamesh que no duerma durante siete días y siete noches, pero
éste cae dormido al instante y la mujer de
Utnapishtim mide el tiempo que duerme observando el estado de las obleas que hace cada día.

Cuando despierta, lo manda de regreso a su ciudad, conducido por Urshanabi (el barquero del
río de los infiernos). La esposa de Utnapishtim lo insta a recompensar a Gilgamesh por su viaje,
y éste le revela la existencia de una planta en el fondo de los océanos que volvería a hacerlo
joven. Gilgamesh ata piedras a sus pies para caminar por el fondo del mar y así se hace con la
planta. Sin embargo, al pararse a beber agua de un pozo, una serpiente se come la planta y
muda su piel. Gilgamesh llora la pérdida y se lamenta de sus infructuosos esfuerzos.
Finalmente, vuelve a su ciudad, Uruk, y al contemplar sus murallas, se siente orgulloso de ella.

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