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Géneros Literarios

El documento presenta tres relatos distintos: el primero narra la experiencia de una niña que enfrenta la presión social mientras juega y lidia con sus emociones; el segundo es un poema de Baudelaire que aboga por la embriaguez como medio para escapar del peso del tiempo; y el tercero analiza la urbanidad de Tokio, destacando su silenciosa convivencia a pesar de su gran población, gracias a la baja dependencia de automóviles. Además, se menciona la posible vuelta de Laura Sarabia al Gobierno colombiano tras un escándalo político, mientras enfrenta un interrogatorio en la Fiscalía. Cada sección aborda temas de identidad, percepción social y la búsqueda de un entorno más saludable y equilibrado.
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Géneros Literarios

El documento presenta tres relatos distintos: el primero narra la experiencia de una niña que enfrenta la presión social mientras juega y lidia con sus emociones; el segundo es un poema de Baudelaire que aboga por la embriaguez como medio para escapar del peso del tiempo; y el tercero analiza la urbanidad de Tokio, destacando su silenciosa convivencia a pesar de su gran población, gracias a la baja dependencia de automóviles. Además, se menciona la posible vuelta de Laura Sarabia al Gobierno colombiano tras un escándalo político, mientras enfrenta un interrogatorio en la Fiscalía. Cada sección aborda temas de identidad, percepción social y la búsqueda de un entorno más saludable y equilibrado.
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LOS JUEGOS – LILIANA HEKER

A VECES ME da una risa. Porque ellos no se pueden imaginar las cosas y entonces tratan de
explicar todo: se ve que no pueden vivir sin explicar. Cada tanto yo pienso que les tendría
que contar la verdad, ya estoy lista, parece que voy a empezar, pero entonces ellos dicen:
¿Por qué no jugás con la muñeca?, ¿es que ya no te gusta jugar más? Y a mí claro que me
gusta. Y cómo jugamos, si ellos supieran. Ayer nos perdimos en el bosque, uno que está
cerca de la casa en que a veces se nos da por vivir, yo tenía unas trenzas largas y negras, iba
descalza porque se me habían perdido los zapatos y estaba muerta de miedo. Pero en
secreto sabía que después íbamos a encontrar una casita con labradores y con chicos llenos
de aventuras y con panes calientes y olorosos. Y quería tener más miedo así después me
sentía más aliviada.
Pero no pude llorar en brazos de la mujer ni reírme con los hijos ni llenarme la boca
con pan dorado porque vino mi mamá y me dijo: “¿Por qué estás siempre sin hacer nada?”
Entonces yo saqué la muñeca de la caja y me puse a darle la mamadera.
Y mamá me dijo: “¿Viste cómo te podés entretener cuando querés?”
A la tarde me llevó a la casa de Silvia para que juegue con ella y no esté tan sola. A
Silvia le gusta jugar a las visitas: dice las cosas que dicen los mayores cuando van de visita;
las señoras grandes la miran, se ríen y dicen qué pícara. A Silvia le gusta ser grande para
decir todas esas cosas en serio y me dijo que yo era una tonta porque nunca me había
pintado los labios y que mi vestido era viejo y feo y que su papá le va a comprar una
bicicleta porque es más rico que el mío. Y a mí me subió una cosa grande y rara que se me
quedó en la garganta y empecé a llorar fuerte como cuando me aprieto un dedo en la puerta.
Entonces mamá me llevó a casa y me dijo que yo era una llorona y que no sabía jugar como
las demás nenas y que tengo que contestarle a Silvia cuando me hace rabiar porque si no
todos se van a reír de mí. Y yo me puse a llorar más fuerte y ya no pude parar.
Pero a la noche, cuando estaba en la cama le contesté a Silvia: le dije todas las cosas
que se me habían apretado en la garganta y que por eso no lo pude decir antes. Me hubieran
oído entonces. Le dije que si no me pintaba los labios no era porque le tuviera miedo a
nadie, era que no me gustaba porque es pegajoso y tiene feo olor. Y que yo tenía vestidos
mil veces más lindos que ése y me los ponía todos juntos si quería porque yo puedo hacer
lo que me da la gana y nadie me va a decir nada pero a mí que me importaba ponérmelos:
total para ir a su casa. Y que a mí me van a comprar un caballo que corra más rápido que un
tren cuando cumpla siete años. Entonces ella me quiso decir algo pero yo no la dejé y que
le dije que además la tonta era ella que todavía leía nada más que cuentos de hadas mientras
que yo ya leí un montón de libros largos y de muchas páginas. Ella se moría de rabia pero
yo le dije que era una estúpida porque decía que los chicos son unos brutos que no saben
jugar y eso era mentira porque juegan mucho mejor que nosotras y si a ella no le gustaba
era porque era de manteca. Silvia quiso tirarme del pelo pero entonces yo la agarré y le
pegué tan fuerte que se tuvo que escapar corriendo. Y se puso a llorar. Lloraba tan fuerte
que al final vinieron todas las señoras grandes a ver. Todas. Y se enteraron de que yo le
había pegado a Silvia porque había sido mala conmigo. Y mamá me dijo: “No hay que
pegar a las nenas: es muy feo”. Y Silvia seguía llora que te llora.
Y todo pasó tan en serio que cuando terminó yo estaba llorando en la cama. Pero no
lloraba porque estaba triste. Lloraba como si yo fuera Silvia y me diese mucha rabia que
una chica a la que creía tonta me hubiera hecho pasar tanta vergüenza delante de todo el
mundo.
Embriagaos – Charles Baudelaire

Hay que estar siempre ebrio. Todo se reduce a eso; es la única cuestión. Para no sentir el
horrible peso del Tiempo, que os destroza los hombros doblegándoos hacia el suelo, debéis
embriagaros sin cesar.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como os plazca. Pero embriagaos.

Y si alguna vez os despertáis en la escalinata de un palacio, tumbados sobre la verde hierba


de una cuneta o en la lóbrega soledad de vuestro cuarto, menguada o disipada ya la
embriaguez, preguntadle al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que
huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, canta o habla, preguntad qué hora es; y el
viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj os contestarán: “¡Es hora de embriagarse!” Para
no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; ¡embriagaos sin cesar! De vino,
de poesía o de virtud, como os plazca.

Nos falta silencio y nos sobran carros – Tomás Molina

Una urbe de 14 millones de habitantes debería ser ruidosa en extremo. No es posible,


pensaría uno, que tantas personas en un solo lugar sean capaces de vidas silenciosas y
tranquilas. Estamos acostumbrados a asociar la idea de ciudad con enormes cantidades de
ruido, pero hay un ejemplo maravilloso que prueba lo falsa que es esa conexión: Tokio
tiene ese número de habitantes y es silenciosa.

¿Cómo es eso posible?

Algunas partes de Tokio sufren el bullicio común a todas las aglomeraciones de personas.
Pero el uso del carro es allí tan bajo y limitado que buena parte de los barrios son poco
ruidosos. Uno puede caminar por la mitad de la calle sin mayores problemas, pues los
automóviles no monopolizan el espacio público. El 35 % de las calles de la ciudad, de
hecho, ni siquiera son lo suficientemente anchas para que un carro ande por ellas. Y el 86 %
no lo son para que un carro frene sin detener el tráfico. Por esa misma razón, el 95 % de las
calles no son aptas para parquear en ellas.

Aquí muchos gritarían subdesarrollo al escuchar esas cifras. Estamos convencidos de que
las autopistas y los carros son un sinónimo de prosperidad y progreso. Los tokiotas tienen
grandes avenidas, como en cualquier ciudad avanzada, pero la suya no los hace depender de
los carros. De hecho, la vasta mayoría de ellos (30 millones, contando el área
metropolitana) usan el tren todos los días. El feliz resultado es que los carros no
monopolizan las calles, la vida y los sonidos de Tokio.

Es fácil decir que el triunfo urbanístico de Tokio se debe a una cultura superior. La realidad
es más simple: los japoneses implementaron unas reglas básicas que podemos replicar en
otras partes. Muchos edificios se construyen en Tokio sin parqueaderos. Comprar un carro
implica pagar impuestos altísimos y su uso no está subsidiado. Además, el Estado japonés
se volcó a construir trenes, aunque sin ser muy rico: los japoneses ya sentían orgullo de su
sistema de trenes en la década de 1960, cuando su PIB per cápita era de apenas US$800 (el
nuestro es de US$6.100).

Algunos creen que una ciudad no es tal a menos que un gruñido constante y agresivo emane
de sus calles. Pero uno puede combinar las grandes ventajas de la vida citadina —los
servicios variados, los altos salarios, la facilidad para conseguir de todo, la acumulación de
saberes y técnicas, etc.— con el silencio. ¿Para qué? ¿Acaso el ruido no nos brinda la
satisfacción de sentirnos vagamente acompañados?

El silencio, en cambio, nos permite introducirnos al hacer nada, al ocio auténtico; nos
permite resistirnos al violento exceso de los estímulos actuales.

Por medio del silencio podemos negar la frenética sucesión de estímulos cortos en la que
vivimos (TikTok, Twitter, etc.).

El silencio es posibilidad de abrirnos a la permanencia.

Podemos morar en nuestras ciudades sin enormes máquinas de metal ocupando casi todo el
espacio público físico y sonoro.

Entre más metros y trenes se construyan, más difícil debería ser el tener carro y usarlo, es
decir, más silencio urbano debería haber.

Una vida mejor es posible, pero nos falta silencio y nos sobran carros.

Laura Sarabia podría regresar al Gobierno, pero antes atenderá diligencia en Fiscalía
– Redacción Política

Mucho se ha dicho sobre el regreso de Laura Sarabia, exjefa de Gabinete, a la Casa de


Nariño. Y es que luego de que fuera aparatada de sus funciones por el presidente Gustavo
Petro, se le ha visto en un par de ocasiones en los pasillos de la Presidencia.

Sarabia salió del Gobierno en medio de un escandalo político por el supuesto uso irregular
del polígrafo en la Casa de Nariño, así como tras ser relacionada en unos audios
publicados del exembajador Armando Benedetti, en los que habló del supuesto ingreso
irregular de dinero a la campaña presidencial de Gustavo Petro.

Este diario ya había adelantado que la exjefa de Gabinete podría volver a sus funciones,
pues, según fuentes consultadas, Sarabia estuvo en la sede del Gobierno visitando a algunos
funcionarios y al presidente Gustavo Petro. Al tiempo, acudió a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos para alegar que fue víctima de violencia
política en el escándalo en el que se vio envuelta.
En ese contexto, la exjefa de Gabinete confirmó este martes a través de un comunicado que
sí podría regresar a la Casa de Nariño y que era una posibilidad que estaba estudiando,
pero que “cuando se conoció la opción de retomar, la Fiscalía comunicó la novedad
procesal de oír mi versión”.

Laura Sarabia fue citada a interrogatorio por la Fiscalía, en donde deberá presentarse con su
abogado defensor, con el objetivo de que aclare la denuncia en su contra por el uso
irregular del polígrafo.

“Mi defensa ha pedido que podamos primero conocer el contenido de la denuncia, para
responder de manera debida, en una diligencia voluntaria que fue provocada por nosotros
mismos para poder dar mi versión de los hechos. Tendrá lugar el 5 de septiembre de 2023″,
aseguró Sarabia.

También dijo que atenderá las “diligencias necesarias para explicar la licitud de mis actos
y defender la inocencia de mi conducta (...) No temo a la búsqueda de la verdad en una
recta administración de Justicia que respete mis derechos y garantías procesales”.

Sobre su visita a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos aseguró que fue para
abordar el tema de violencia política contra la mujer, “de interés personal por experiencia
propia y de interés en la agenda nacional y regional sobre equidad de género”.

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