La monarquía regresó en 1814, pero sin los privilegios anteriores.
Una nueva revolución
estalló en 1830 contra lo que los liberales consideraron un intento del rey por restaurar el
Antiguo Régimen, y el resultado fue la monarquía de julio (1830-1848), un gobierno
monárquico de corte más liberal. Este gobierno, cada vez más autoritario, fue derrocado en
1848 por una tercera revolución, que dio paso a una breve segunda república y sirvió de
ejemplo en varios países de Europa. En 1852 el presidente Luis Napoléon Bonaparte
estableció el segundo imperio francés. Durante el siglo XIX Francia se industrializó y
siguió una política imperialista. El segundo imperio fue derrotado en 1870 por Prusia, una
nación alemana en ascenso y rival de Francia. Ese año se inició nuevamente un sistema
republicano. La tercera república, parlamentaria, laica y de libertades, se arraigó en la
sociedad, al mismo tiempo que conquistaba un vasto territorio colonial en África y Asia
que rivalizaba con el Reino Unido y sobre todo con Alemania. Francia pactó con el Reino
Unido la Entente Cordiale, que más tarde se convertiría en la Triple Entente con la
adhesión de Rusia. Francia y sus aliados combatieron contra Alemania y los Imperios
centrales durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Gran parte de la guerra se libró
en el norte de Francia, que a pesar de resultar vencedora sufrió serios daños económicos y
más de 1,5 millones de muertes.
En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Francia fue invadida por la Alemania Nazi. La
mitad norte del país fue ocupada por tropas alemanas, mientras que la mitad sur fue
gobernada por el régimen colaboracionista de Vichy. En el imperio colonial el general
Charles De Gaulle inició el movimiento Francia Libre, que encabezó la resistencia contra la
ocupación y el fascismo. El norte de Francia sirvió de sitio de desembarco de numerosos
ejércitos aliados durante la ofensiva contra Alemania. Francia, en estado crítico por la
devastación, fue liberada en agosto de 1944.