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SECTAS

El fenómeno de las sectas ha crecido significativamente en los últimos años, impulsado por factores como la crisis de religiones tradicionales y la influencia de los medios de comunicación. Se definen como grupos que siguen una doctrina particular y pueden clasificarse en diversas categorías según su origen y peligrosidad, destacando las sectas destructivas que causan daños psicológicos y sociales. La legislación ha comenzado a abordar el problema, reconociendo que estas organizaciones a menudo operan bajo la fachada de la libertad religiosa, comprometiendo los derechos civiles de sus miembros.

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SECTAS

El fenómeno de las sectas ha crecido significativamente en los últimos años, impulsado por factores como la crisis de religiones tradicionales y la influencia de los medios de comunicación. Se definen como grupos que siguen una doctrina particular y pueden clasificarse en diversas categorías según su origen y peligrosidad, destacando las sectas destructivas que causan daños psicológicos y sociales. La legislación ha comenzado a abordar el problema, reconociendo que estas organizaciones a menudo operan bajo la fachada de la libertad religiosa, comprometiendo los derechos civiles de sus miembros.

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El fenómeno de las sectas es tan amplio como complejo, y en estos tiempos de

cambio de milenio está, siguiendo el tópico, "de rabiosa actualidad": basta


recordar el dramático episodio protagonizado en Uganda el pasado mes de
marzo por la secta "Restauración de los Diez Mandamientos", en el que
resultaron muertas centenares de personas en lo que parecía un suicidio
colectivo que luego se tornó en asesinato en masa o exterminio.
Numéricamente, hoy en día el fenómeno es mucho mayor que en ningún otro
momento de la historia, proliferación que puede deberse a diferentes motivos,
entre los que se encuentran la influencia psicosocial de los medios de
comunicación (como la prensa diaria, el movimiento editorial en torno a las
sectas o las películas predictoras del fin del mundo), la crisis de las religiones
tradicionales y el ya citado cambio de milenio, sin que los sucesos dramáticos y
espeluznantes protagonizados por algunos grupos sectarios que han sido
portadas de todos los diarios parezca desanimar esta expansión. Al respecto,
junto al de Uganda también podríamos recordar otros sucesos dramáticos
recientes, como el suicidio con cianuro de los 914 seguidores de "El Templo del
Pueblo", en Guyana en 1978; los sucesos de 1993, en los que murieron 87
miembros (entre ellos 18 niños) de la secta davidiana "Waco" liderada por
David Koresh; el suicidio colectivo de 53 personas, en 1994, pertenecientes a la
secta "Templo del Sol" (Suiza y Canadá); el atentado de "La Verdad Suprema"
en Japón, que mató en 1995 a 12 personas con gas sarín; también en ese
mismo año, pero en Francia, el suicidio ritual y colectivo de 16 miembros (entre
ellos 3 niños) de la secta "Orden del Templo Solar"; y, para terminar, el suicidio
colectivo en 1997 de 39 personas, miembros de la secta "Heavens-Gate", en el
rancho de Santa Fe de San Diego de California. Por consiguiente, ¿cuál es la
realidad del fenómeno sectario?

DEFINICIÓN DE SECTA

Etimológicamente suele atribuirse al término "secta" un étimo latino con doble


procedencia: por un lado el verbo latino sequor-sequi, secutus/secuta,
significando seguir, seguido/a, que reflejaría el seguimiento de los adeptos al
fundador o líder de la secta; por otro la posible derivación seco-secare,
sectus/secta, que alude a la separación de un grupo, al desgajamiento de una
rama de un árbol o religión e ideología ya existente y más numerosa (Altarejos
y cols., 1999). En español, esta segunda acepción parece ser el verdadero
étimo de secta. La Real Academia Española de la Lengua (en su diccionario de
1970) da dos acepciones muy relacionadas de lo que en castellano significa
secta: la primera como "doctrina particular enseñada por un maestro que la
halló o explicó, y seguida y defendida por otros", y la segunda sería una "falsa
religión enseñada por un maestro famoso".
Un estudioso de este campo (Rodríguez, 1990), las define como "grupo de
personas aglutinadas por el hecho de seguir una determinada doctrina y / o
líder y que, con frecuencia, se ha escindido previamente de algún grupo
doctrinal mayor, respecto al cual, generalmente, se encuentran críticos". Pilar
Salarrullana, otra experta, apunta hacia una definición sociológica como "grupo
convencional de gentes que participan de las mismas experiencias,
aportándoles diferentes factores: de seguridad y certeza, afectivo y rigorismo
doctrinal, disciplinar y moral" (Salarrullana, 1990). Por fin, el especialista
Manuel Guerra y Cols (1999) las define como "clave existencial, teórica y
práctica, de los que pertenecen a un grupo autónomo, no cristiano,
fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un
cambio maravilloso, ya colectivo -de la humanidad-, ya individual o del hombre
en una especie de super-hombre".

La palabra "secta" parece ir cargada de un cierto tono peyorativo o


descalificador. A ninguna le gusta ser identificada como tal, aunque lo sean,
por lo que han tratado de introducir otras denominaciones más neutras y
descomprometidas como "nuevos movimientos religiosos", "nueva
religiosidad", "movimientos religiosos alternativos", o "nuevos cultos". Estos
Nuevos Movimientos Religiosos Alternativos (N.M.R.A.) se caracterizan por ser
recién nacidos, tener un éxito expansivo debido a la configuración del medio
social como una sociedad de información, por su sincretismo religioso en el
cuerpo doctrinal y normativo, por constituir una alternativa a la religiosidad y
sociedad establecidas, por un proselitismo fuerte, por afirmar la falsedad de la
religión existente y por pretender un cambio radical. En ellos estarían incluidos
las antiguas sectas desgajadas de las grandes religiones, las sectas surgidas a
raíz del Gran Despertar angloamericano del XVIII y XIX, así como, el Nuevo
Despertar del siglo XX o "New Age" (Bosch, 1981).

TIPOLOGÍAS

Hablemos de sectas o de nuevos movimientos religiosos, para realizar una


clasificación tipológica de estos grupos se puede atender a diferentes criterios.
Para G. Ferrari (1991) los criterios son los de la matriz religiosa o teológico-
doctrinal subyacente, complementado con la atención al origen histórico:
hebrea, cristiana ("Davidianos", "Supremo Orden Universal de la Santísima
Trinidad"), islámica ("Nizaríes"), oriental ("Meditación Trascendental"),
religiones tradicionales o tribales ("Iglesia del Señor"), sectas de características
unificacionistas ("Moon: Iglesia de la Unificación del Cristianismo Mundial"), de
características traumáticas-terapéuticas de desarrollo de potencialidades ("La
Comunidad", "Agora", "Movimientos del Potencial Humano"), sectas esotéricas
("Neognosis: Iglesia Gnóstica Albigense Española") y sectas satánicas ("La
Pirámide de Seth", "Comunidad del Espíritu de la Gran Águila", "Juicio Nera").
B. Wilson ((1970) atiende a la doctrina de salvación como criterio,
clasificándolas en ocho tipos: conversionistas ("Bautistas Del Séptimo Día"),
revolucionistas ("Niños de Dios", "Testigos de Jehová"), introversinistas ("Iglesia
Cristiana Palamariana", "Hermanos en Cristo"), manipulacionistas ("Alfa
Omega", "CEIS", "Iglesia de la Cienciología", "Raschimura"), taumatúrgicas
("Daniel del Vechio", "Sociedad Teosófica"), reformistas ("Agora", "Edelweiss",
"Moon", "Ananda Marga"), utópicos ("Arco Iris", "Hare Krishna") y mixtos
("Mormones").

Aprovechando la taxonomía de los autores anteriores para precisar la


orientación de los N.M.R.A., Sánchez Nogales (1995) añade la ubicación
cronológica. Así atenderíamos a la antigüedad ("Metodismo", "Testigos de
Jehová"), a la época medieval/moderna ("Filadelfianos", "Hermanos
Hutterianos"), al "Gran Despertar" del primer tercio del siglo XX ("Rosacruz
Amorc", "Sociedad Religiosa de Amigos") y al "Nuevo Despertar" producido
desde los años 50 y 60 ("Niños de Dios", "Asociación de Yoga Sanatana
Dharma").

Atendiendo a los grados de peligrosidad y de menor a mayor, nos


encontraríamos con la siguiente clasificación: a) aquellas que no dañan a sus
adeptos ni económica ni físicamente, como por ejemplo "LA IGLESIA DE
JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS" (MORMONES); b) las que
ocasionan daños económicos o tratamientos médicos específicos en sus
adeptos, como los "TESTIGOS DE JEHOVÁ"; c) aquellas sectas que a las
características anteriores añaden la violencia física o limitan el pleno desarrollo
de la personalidad, como los "NIÑOS DE DIOS" (Tello, 1979; ver el voto
particular del Magistrado Vicente Gimeno en la Sentencia 260/1994 de la Sala
Primera del Tribunal Constitucional, publicada en el Boletín Oficial del Estado de
08-11-94); y d) aquellas que además de lo anterior abarcarían el extremo
máximo de la violencia, como "LA VERDAD SUPREMA" ("AUM SHINRYKYO"),
secta responsable del atentado en el metro de Tokio el 20 de marzo de 1995,
donde perdieron la vida 12 personas y fueron heridas 5.500, utilizando el gas
neurotóxico sarín (un producto veinte veces más tóxico que el cianuro), hechos
por los que fueron detenidos el líder de la secta y 100 adeptos.

SECTAS DESTRUCTIVAS (S. D.)

Al margen de criterios meramente tipológicos, hay un grupo de sectas que


resultan socialmente inquietantes y potencialmente delictivas, que son objeto
de una atención especial por parte de los especialistas. Son las denominados
SECTAS DESTRUCTIVAS (S. D.), lesivas desde el punto de vista psicológico,
social y jurídico. Pepe Rodríguez (en Planes, 1994) considera S.D. a aquella que
a) en su dinámica de captación y o adoctrinamiento utiliza técnicas de
persuasión que propician la desestructuración de la personalidad del adepto o
la dañan severamente, b) ocasiona la destrucción total o grave de los lazos
afectivos y de comunicación efectiva del sectario con su entorno social habitual
y consigo mismo, y c) lleva a destruir, a conculcar, derechos jurídicos
inalienables en un Estado de Derecho. Si entendemos por S.D. todo
movimiento totalitario con una estructura jerarquizada (grupo cultural,
religioso, científico,...) en el que se presta absoluta devoción a una persona,
doctrina o idea, en el que se utilizan técnicas de manipulación, persuasión y
control, cuyos objetivos son el poder y / o el dinero, y que origina en los
adeptos una dependencia del grupo en detrimento de su entorno familiar y
social, para identificarlas habrá que fijarse cuando se analice la dinámica de un
grupo en los siguientes aspectos: en manos de quién reside el poder, grado de
respeto del líder hacia sus adeptos, si su estructura respeta la libertad
individual y vida familiar, en el origen, la utilización y el control de las finanzas,
y, por último, en las técnicas de captación de los adeptos.

En España se han implantando dos grupos que los especialistas califican de


destructivos. En primer lugar la Iglesia de la Cienciología ("Church of
Scientology"), creada en Estados Unidos y conocida en España desde 1977
registrada como sociedad civil con el nombre de "Asociación Civil Dianética".
Su objetivo es "despertar" al Planeta Tierra, de acuerdo a unas técnicas
mentales de su fundador, liberando a sus habitantes de un lavado de cerebro
ocurrido hace 76 millones de años por el dirigente de un gobierno galáctico. Es
un grupo de estructura piramidal con sede en Los Ángeles (California) y
dividido en dos grandes bloques "DIANÉTICA" y "CENTROS NARCONON". El
primero de ellos tiene sede en grandes capitales (Madrid, Barcelona, Valencia,
Bilbao,...). El segundo, con centros en Madrid, Sevilla, y Bilbao, entre otros, se
encarga de las clínicas de desintoxicación de drogadictos. La captación se
realiza a través de la propaganda o el abordamiento en la vía pública con el
ofrecimiento de unos cursos, en principio de costo asequible, que aumenta de
forma considerable posteriormente iniciándose un ciclo de endeudamiento que
lleva al individuo a trabajar para el grupo como opción para pagar sus deudas.
Por este sistema y a través de los centros de desintoxicación se nutre
económicamente. Ligadas a ella se encuentran "NUEVA ERA" y la "FUNDACIÓN
CAMINO DE LA FELICIDAD", la primera especializada en publicaciones y
publicidad (videos, películas, libros, etc.) y la segunda ligada a Narconon,
coordinando la celebración de actos públicos. Ha sido sometida a investigación
policial tanto en España como en Estados Unidos donde sufrió un gran revés
policial-judicial a finales de los 80.
En segundo lugar la secta "CEIS" (Centro Esotérico de Investigaciones), cuyo
fundador e ideólogo, el catalán Vicente Lapiedra Cerda, es conocido por las
denuncias presentadas contra él por abusar de niños de los que era su
maestro. Tras un período de silencio reaparece de nuevo en Barcelona como
experto en ocultismo y esoterismo ofreciéndose para enseñar artes como
hipnosis, autosugestión y ayuda psicológica, cosa que utiliza para la captación
de adeptos inicialmente, creando en ellos una dependencia psico-patológica,
utilizando también la atracción física de tipo homosexual y la coerción para
forzar su pertenencia al grupo. Con ello se va logrando una desvinculación
afectiva de su familia y amigos, la cesión de los bienes del captado y, de forma
específica, la formación obligada de parejas, la promiscuidad sexual, la
natalidad y asignación de paternidad internamente, etc. Estructurada de forma
piramidal, sus guías, que alcanzan diversos grados de espiritualidad (medida
ésta por su fanatismo), tutelan y dirigen las comunas en las que viven los
discípulos de base cuya integración se ha venido produciendo gradualmente.

MARCO LEGAL

El motivo por el que las sectas han causado mayor o menor alarma social se
basa fundamentalmente, no tanto en sus actividades, la mayoría de ellas de
aspecto legal o pseudolegal, sino en los efectos que producen tanto en la
sociedad como en los individuos. Entre las iniciativas legales formuladas para
prevenir y combatir estos efectos, y como punto inicial de todos las demás, hay
que señalar la Resolución del Parlamento Europeo de 2 de abril de 1984, en la
que se da una definición de las sectas destructivas como "nuevas formas que
operan bajo la cobertura de la libertad religiosa, que atenta a los derechos
civiles y a los derechos humanos, comprometiendo la situación social de las
personas afectadas". Cuando España entró a formar parte de las Comunidades
Europeas no sólo se adhirió a dicha Resolución sino que, el 25 de mayo de
1988, creó una Comisión en el seno del Congreso de los Diputados ante una
moción presentada por la Diputada Nacional Pilar Salarrullana, que elevó sus
conclusiones al Pleno en 1989 (Diario de Sesiones del Congreso de los
Diputados nº 173, de 2 de marzo de 1989). En una de las comparecencias se
puso de manifiesto que la verdadera y única finalidad de estos grupos era el
lucro económico, que lo obtenían incumpliendo las normas fiscales, dándose la
circunstancia de que algunos de éstos se inscribían como sociedades sin ánimo
de lucro y que, además de las exenciones fiscales correspondientes a dicho
tipo societario, obtenían subvenciones oficiales.

Pero el problema del fenómeno sectario destructivo, como bien quedó de


manifiesto en dicha Comisión Parlamentaria, es "la transgresión práctica del
ordenamiento jurídico existente", por lo que algunas de sus propuestas estaban
orientadas en este sentido. Entre ellas se pueden remarcar: a) "incrementar,
hasta donde la ley lo permita, el control de legalidad y la vigilancia de la
aplicación fraudulenta de los Estatutos de las entidades que soliciten su
inscripción en los registros públicos en calidad de entidades religiosas,
culturales, rehabilitadoras-terapéuticas y análogas"; b) realizar "inspecciones
fiscales y laborales sobre las entidades que, por sus Estatutos o por su notoria
actividad pública, presenten indicios de un movimiento económico..."; c)
"promover la información policial especializada en relación con la prevención y
denuncia de las actividades sectarias de carácter delictivo" y d) "controlar y
exigir, hasta donde lo permitan las leyes, el cumplimiento de los deberes de
inscripción registral, higiénicos y de escolarización en condiciones legales de
los menores que viven en comunidades cerradas al entorno social y a la
convivencia general".

Pero estas recomendaciones se tienen que llevar a la práctica dentro del marco
legal existente y hasta donde las leyes lo permitan. Todo el derecho positivo
reglado en la mayoría de los estados de régimen democrático tienen como
base y fundamento disposiciones internacionales reguladoras de la materia de
que se trate, en este caso la defensa y protección de derechos fundamentales.
Por ello hay que hacer referencia a la Declaración Universal de los Derechos
Humanos de 10 de diciembre de 1948, de la Asamblea General de la ONU y de
conformidad con la cual, a tenor de lo establecido en el Artículo (Art.) 10.2 de
nuestra Constitución Española (CE), han de "interpretarse" las normas
contenidas en ésta; el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos
Humanos y de las Libertades Fundamentales de 4 de noviembre de 1950; la
Declaración de los Derechos del Niño de 1959; el Pacto Internacional de los
Derechos Civiles y Políticos de 16 de diciembre de 1966 y el Pacto Internacional
de Derechos Económicos y Culturales de 16 de diciembre de 1966. Con
referencia a nuestro derecho positivo nacional es la CE la que, en sus Arts. 16 y
22, y en atención a las declaraciones de derechos anteriormente citados, da
pie a la extensión del movimiento sectario, ya que "garantiza la libertad
ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin mas
limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del
orden público protegido por la ley".

Si bien las sectas como organizaciones o los que las componen de forma
individual pueden cometer cualquier tipo de infracción legal y contra cualquier
parte del ordenamiento jurídico, existen determinados tipos delictivos que son
más comunes: a) delitos contra la libertad (detenciones ilegales, amenazas,
coacciones, etc., tipificados en los artículos 163 a 172 del Código Penal actual -
Ley Orgánica 10/95, de 23 de noviembre, del Código Penal, en adelante CP-), b)
delitos de lesiones (tipificados en los arts. 147 a 156 CP), c) torturas y otros
delitos contra la integridad moral (ats. 173 a 177 CP), d) delitos contra la
libertad sexual (arts. 178 a 190 CP), e) delitos contra las relaciones familiares
(arts. 217 a 233 CP), f) defraudaciones (248 a 254 CP), g) delitos societarios
(arts. 290 a 297 CP), y h) delitos contra la hacienda pública (arts. 305 a 310
CP).

Respecto a la intervención policial y judicial sobre las sectas, está claro que en
muchos países (como en el nuestro) no cabe perseguir a las personas por su
ideología, pero lo que sí es preceptivo de una forma universal es la
investigación de conductas delictivas, como las citadas en el párrafo anterior.
Hay que reconocer que llevar a cabo esas investigaciones de manera
sistemática y efectiva es complicado, dado el número de grupos sectarios, su
organización totalmente cerrada a los extraños, su movilidad, la diversidad de
organizaciones que les sirven de cobertura, la "arquitectura" económica del
complicado entramado de que disponen, y la dificultad de la prueba, por citar
algunos aspectos que las dificultan gravemente, incluso aún teniendo un
amplio conocimiento sobre su dinámica, siendo, por excelencia, la
investigación sobre los temas de contenido fiscal y laboral los que más
resultados positivos pueden aportar.

Afortunadamente, desde el punto de vista policial se puede decir que en


España las sectas plantean muy pocos problemas, por lo que hay que distinguir
claramente la DESTRUCTIVIDAD psicológica y / o social de estos grupos de su
CRIMINALIDAD. No es éste el momento de profundizar en este debate, pero sí
el de animar a que se haga en el futuro, atendiendo a que en unos casos se ha
llegado a condenar judicialmente a algunos de los componentes de una secta
(ver, por ejemplo, la Sentencia 1532/1993, de 21-06-92, de la Sala de lo Penal
del Tribunal Supremo, sobre la secta "Edelweiss"), mientras que en otros,
sectas como "CEIS" y "Niños de Dios", que han sido calificadas de destructivas
por los especialistas, después de haber sido sometidos algunos de sus
miembros a investigaciones policiales y procesos penales en nuestro país han
obtenido sentencias judiciales absolutorias (sobre "CEIS", ver las sentencias de
23-03-93 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo sobre el Recurso de
Casación nº 4406/1990, la Sentencia nº 41/1997 de 10-03-97 de la Sala
Segunda del Tribunal Constitucional, y la Sentencia de 14-10-99 del Tribunal
Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la Demanda nº
37680/1997. Sobre "Niños de Dios" ver la Sentencia 260/1994 de la Sala
Primera del Tribunal Constitucional, ya citada, y la Sentencia 1669/1994 de 30-
10-94 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo).

SECTAS y PSICOLOGÍA

La psicología, como ciencia que estudia la conducta, tiene mucho que decir en
el tema de las sectas, principalmente porque hay que tener en cuenta que a)
en los grupos sectarios suelen ingresar personas psicológicamente vulnerables
o predispuestas, b) que en algunos de estos grupos se suelen emplear técnicas
de persuasión coercitiva para captar, adoctrinar y retener a los adeptos, c) que
como consecuencia de esas técnicas se propicia la desestructuración de la
personalidad previa de los sujetos, la aparición de trastornos psicológicos, y la
destrucción de los lazos afectivos y de comunicación efectiva de las personas
consigo mismo y con sus entornos sociales habituales, y d) que es necesaria
una intervención psicológica profesional para ayudar a que los exadeptos
consigan una rehabilitación psicosocial satisfactoria.

¿Cómo o por qué se llega a pertenecer a una secta? Aunque en psicología nos
gusta hablar del "caso único" para indicar que no hay dos personas iguales, lo
que en el tema de las sectas querría decir que cada adepto ha llegado a
ingresar en su grupo sectario llevado por una historia personal propia y
diferente de la de los demás, sí que se pueden encontrar algunos elementos
comunes a la mayoría de las trayectorias de estas personas, sin que por ello
sea necesario que todos los adeptos cumplan con todos estos criterios, ni en el
mismo grado. Entre los múltiples factores no excluyentes entre sí que,
actuando de forma combinada, pueden predisponer o propiciar el ingreso en
una dinámica sectaria hay que considerar:

a) Que los contenidos y formas del mensaje del grupo sectario estén en
sintonía con los esquemas mentales, necesidades, intereses y valores
existenciales del sujeto. Desde este punto de vista serán más "captables" los
sujetos insatisfechos con las opciones religioso-espirituales disponibles en su
entorno que busquen solución a sus inquietudes existenciales, los atraídos por
experimentar nuevos estados de conciencia o de trance, y los que tiendan a
procesar mentalmente la información de una forma más mágica que racional.

b) Proximidad del "reclutador". Aumentará la probabilidad de la captación si la


persona de contacto con el grupo sectario es significativa para el sujeto a
captar y merecedora de su confianza, en virtud de variables como su
ascendencia (educativa, profesional o personal), respetabilidad o grado de
parentesco o de amistad, por ejemplo.

c) Que el sujeto atraviese una situación de crisis en el momento de la


captación, entendiendo por situación de crisis cualquier acontecimiento
problemático y / o doloroso experimentado por el sujeto de manera puntual o
continuada que lleve a los límites su capacidad de afrontamiento y de
resolución de problemas, o que incluso las supere. En este tipo de estados el
sujeto puede experimentar niveles elevados de "malestar subjetivo" (en forma
de ansiedad, angustia, trastornos psicofisiológicos, desorientación,
culpabilidad,...) que necesita ser aliviado, cosa que se consigue, entre otros
muchos modos, cediendo el control de uno mismo a la disciplina de un grupo.

d) Juventud. Cuando el sujeto está todavía en las fases evolutivas de


construcción, definición o estabilización de su identidad personal frente a la de
sus educadores o iguales, se es más receptivo a todo tipo de alternativas de
conducta, y especialmente a aquellas opciones que faciliten una distintividad
clara y rápida.

e) Relacionada estrechamente con lo anterior, si el sujeto procede de un


sistema familiar desestructurado o disfuncional (malos tratos, autoritarismo,
sobreprotección, carencias afectivas, comunicación interpersonal coercitiva,
carencia de apoyo,...) aumentará la probabilidad de encontrar en otro grupo de
personas (sectario o no) la satisfacción de la necesidad humana de afiliación o
pertenencia.

f) También en relación con los dos puntos anteriores, una pobre educación u
orientación durante el desarrollo del sujeto como persona puede conducir a
desadaptaciones de tipo social, de tal modo que, de adulto, se sienta
amenazado por el ritmo social, desarraigado, carente de valores sólidos,
insatisfecho con la vida que lleva, desilusionado, y, en fin, carente de interés o
sobrepasado por las ofertas socioculturales, con lo cual se puede entender o
explicar fácilmente el ingreso en una secta como forma de conseguir cierta
"estabilidad social", al encontrar en el grupo una microsociedad perfectamente
regulada y estucturada que "ordenará" la vida del sujeto mientras no se
cuestione sus normas.

g) Ignorancia de las maniobras "manipuladoras" de las sectas. Naturalmente,


quien no esté prevenido ante las técnicas y tácticas de captación,
adoctrinamiento o conversión y retención de las sectas puede ser "engañando"
o "programado" con mayor facilidad que otros con una postura más crítica ante
esos contenidos y formas.

h) Condición física y psicológica del sujeto. Podrían considerarse facilitadores


de la captación sectaria todos aquellos factores propios de la constitución del
sujeto que de una u otra forma limiten sus capacidades de autocontrol e
independencia, ya sean discapacidades físicas, enfermedades crónicas, o
trastornos de personalidad u otras psicopatologías.
En suma, al igual que otros sistemas de creencias mayoritarios (como las
grandes religiones, por ejemplo), los sistemas de pensamiento y de conducta
sectarios están diseñados para atender a necesidades humanas perentorias:
felicidad, bienestar, estabilidad emocional, pertenencia, afiliación, sentido
existencial, comunicación interpersonal, ... Por eso existen las sectas y cuentan
con adeptos, porque tienen una clara funcionalidad. Para poder calificar al
grupo sectario como destructivo o beneficioso para el desarrollo del individuo y
de la sociedad habrá que fijarse, como ya se ha comentado, en la congruencia
entre los fines explícitos o publicitados que se supone que persigue el colectivo
y los implícitos de sus líderes o de quienes ostenten el poder de la
organización, en el grado de realidad / racionalidad de esos fines generales y
en la legalidad de las conductas diarias que se proponen para conseguirlos,
aspectos que los individuos con mermas en sus capacidades intelectuales
quizá no puedan analizar con la necesaria claridad.

Como en otras cuestiones de la vida, en el tema del alivio del malestar humano
hay personas que aprenden a aprovecharse de los momentos de debilidad de
sus semejantes para conseguir grandes beneficios propios (lucro, poder,
percepción de control, sexo,...) a costa del trabajo gratuito de los otros o a
cambio de muy poco. Para ello han perfeccionado sistemas de engaño, puesto
que por las buenas nadie consiente ser explotado. En el caso del sectarismo
destructivo en general, se observa que las organizaciones cuentan con técnicas
para seleccionar a los individuos más frágiles. Para ello despliegan a modo de
anzuelo coberturas (tipo consultas psicológicas, actividades esotéricas,
movimientos asociacionistas, charlas sobre temas espirituales, cursillos de
crecimiento personal, ...) enfocadas hacia colectivos que estén buscando algo
que sintonice con el mensaje público del grupo sectario particular. Bajo la
presentación de un mundo que al sujeto le parece idílico cuando lo compara
con el mundo del que proviene, se engaña al sujeto ocultándole los verdaderos
objetivos de la cúpula de la organización a través del manejo selectivo de la
información, se utiliza la presión del grupo y los datos personales que el sujeto
haya facilitado para generarle necesidades "a medida" y se apuntan las
soluciones perfectas a esas necesidades, con lo que aumenta el atractivo del
grupo y se van demoliendo posibles desconfianzas iniciales.

Una vez filtrados, seducidos o captados los individuos más sensibles al


mensaje, algunas sectas aplican técnicas de persuasión coercitiva ("lavado de
cerebro") para adoctrinar / convertir a los adeptos, lo que pasa por destruir al
menos en parte su personalidad anterior y por sustituir los elementos que
conforman el estilo de vida. Esto se consigue aislando (por ejemplo limitando el
acceso a fuentes de información externas a las del grupo, prohibiendo ciertas
lecturas bajo el argumento de que son dañinas, restringiendo o eliminando las
relaciones con personas que puedan cuestionar la nueva vida del adepto, ...),
controlando las conductas (limitando la libertad de movimientos, reteniendo
documentación identificativa, obligando a dar cuenta puntualmente de los
actos, programando con detalle las rutinas diarias, desalentando actividades
ajenas a las del grupo, ...), propiciando la identidad con el grupo y la
despersonalización (a través de la uniformidad en el vestir, en la expresión, en
la educación de los niños, la jerarquización estricta, temas tabú, culto al líder y
a la confesión, administración de refuerzos y castigos intermitentes o
aleatorios, supresión de la propiedad o su entrega al grupo,...), y manipulando
las condiciones fisiológicas (sueño, alimentación, conductas sexuales, ejercicios
respiratorios, conductas monótonas ritualizadas que provocan fatiga, ejercicios
respiratorios que modifican los estados de conciencia, ...).

Para mantener el engaño y así retener al adepto al servicio de la organización


se ha de continuar con el empleo de las técnicas persuasivas. Con ello los
cambios conductuales de los sectarios se vuelven en poco tiempo muy
evidentes, y la familia y los amigos de los adeptos detectan la existencia del
problema enseguida. Habrá familias que no se preocupen por ello, pero otras
más estructuradas o funcionales acusarán esta nueva situación y sufrirán con
el alejamiento del adepto y la toma de conciencia del engaño en que la
persona querida está cayendo. El papel de estas familias o amigos es
fundamental si se desea combatir la influencia de la secta en el adepto, puesto
que en ellos reside la responsabilidad de influir sobre el sujeto para que pueda
cuestionarse el modo de vida sectario. Pero esta misión no es nada fácil. Para
ello tendrán que aprender con ayuda externa y profesional tanto a mantener el
contacto con el sujeto como a plantearle dudas de una manera eficaz, de tal
forma que se consiga poco a poco que el adepto hable cada vez más con ellos
o con algún especialista. En este aprendizaje la familia quizá tenga que
cuestionarse su propia dinámica, identificando y corrigiendo estilos de
comunicación disfuncionales que puedan haber contribuido al alejamiento del
adepto. Tras un tiempo de incertidumbre, en el que no conviene desesperar, se
conseguirá que el adepto se vaya dando cuenta del engaño, momentos en los
que la familia y los terapeutas tienen que seguir prestándole apoyo hasta que
logre su rehabilitación psicosocial, puesto que mientras estuvo "encadenado" a
la secta no sólo perdió capacidades sociales y laborales, sino que con mucha
seguridad generó trastornos o alteraciones psicológicas (problemas de
memoria, de atención, deterioros en el pensamiento racional, en la
emocionalidad, en la toma de decisiones, desidentificación con el pasado
biográfico, trastornos de la alimentación, sexuales,...).

En España trabaja desde hace veinte años un colectivo denominado


"Asesoramiento e Información Sobre Sectas" (AIS), de ámbito estatal, carácter
privado, sin ánimo de lucro y calificado de Utilidad Pública por el Ministerio del
Interior. Ha formado a profesionales en la salud que pueden ayudar y asesorar
a las familias de las personas captadas por sectas destructivas, y se dedica a la
recopilación y difusión de material informativo sobre la problemática sectaria a
nivel nacional e internacional. Muchas de las ideas contenidas en este apartado
del artículo se han inspirado en los documentos que AIS difunde en Internet a
través de sus páginas web (http://personal.redestb.es/ais/docs.html), en las
que también aparecen más de un centenar de interesantes referencias
bibliográficas, por lo que quien quiera profundizar en el conocimiento del
fenómeno sectario podrá encontrar guías interesantes a través de las
informaciones facilitadas por esta asociación, tal y como nos ha ocurrido a los
autores del presente trabajo.

Concepto legal de secta

No se dispone de un concepto legal de secta. Para contar con una


aproximación, el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico la describe
como:

“Grupo religioso habitualmente caracterizado por la existencia de un líder


carismático, mesiánico y dogmático, una estructura teocrática vertical y
totalitaria y la exigencia a sus miembros de un desprendimiento material
absoluto”.

Hay quienes, además, consideran que para hablar de sectas es necesario que
se trate de grupos minoritarios.

La gran amccplitud de grupos que profesan una concreta religión o creencia


inocuos para la sociedad ha llevado a que se instaure el concepto diferencial
de “secta destructiva”, pues son las que tienen relevancia en el orden penal.

Se acuñó una definición de secta destructiva en el Congreso de Wingspread


(Wisconsin - USA, 1985) que actualmente es utilizada por los Tribunales
españoles: “movimiento totalitario, presentado bajo la forma de asociación o
grupo religioso, cultural o de otro tipo, que exige una absoluta devoción o
dedicación a sus miembros, a alguna persona o idea, empleando técnicas de
manipulación, persuasión y control destinados a conseguir los objetivos del
líder, provocando en sus adeptos una total dependencia del grupo, en
detrimento de su entorno familiar y social”.

Es este concepto de secta destructiva en el que se enfoca el presente artículo,


pues es la utilización de técnicas persuasivas, coactivas o violentas, el
elemento determinante de la naturaleza delictiva del grupo religioso en
cuestión. Se explica a continuación.
¿Qué son los íncubos y los súcubos?
La versión mítica más difundida es que los súcubos atacan a sus víctimas para
absorber la sangre o energía vital del hombre y así alimentarse, a diferencia de
los íncubos, que atacan sexualmente a su víctima y suelen aparecer cuando
está a punto de perder su virginidad, de acuerdo con la cultura popular
occidental.
Organización criminal y grupo criminal: conceptos

El Código Penal incorpora en sus artículos 570 bis y 570 ter in fine las
definiciones de estas dos figuras delictivas.

Organización criminal

Es la agrupación de más de dos personas con una estructura organizada y


estable cuyo fin es la comisión de uno o más delitos. Quienes intervienen en
ésta ocupan roles definidos mediante un sistema de reparto de tareas
ejecutivas. Esto significa que la complejidad organizativa implica diversidad de
jerarquías y funciones.

Cuando se refiere a organización criminal, responde también a otra


característica que es la perdurabilidad. Estas agrupaciones poseen un carácter
estable que persiste en el tiempo. Es decir, están conformadas para actuar por
un plazo indefinido. No se trata entonces de una agrupación transitoria, sino
que existe entre los integrantes un acuerdo duradero.

El objetivo de cometer uno o varios delitos responde a un fin superior y no,


únicamente a las voluntades individuales. Así se refuerza en diferentes
sentencias que indican la existencia de una empresa criminal. Es decir, que el
plan del delito trasciende a cada uno de los participantes.

Grupo criminal

Es la unión de dos o más personas con una estructura más elemental que tiene
el objetivo de delinquir. El grupo criminal no posee las características
distintivas de la organización, pero revisten una peligrosidad para el orden
jurídico.

Se trata de una categoría paralela que se incorporó al Código Penal para


complementar el delito de pertenencia a organización criminal. El objetivo es
atender a hechos delictivos que no cumplían con los requisitos básicos de una
organización criminal.

¿Qué es la Filosofía del Derecho?

El término de Filosofía del Derecho data de poco más de siglo y medio y


aparece por primera vez en 1821 con Líneas fundamentales de Filosofía del
Derecho o Derecho Natural (Grundlinien der Philosophie derRects oder
Naturrechts und Saatswissenschaft im Grundirisse) de Jorge Guillermo Federico
Hegel1. Esto no quiere decir que este saber jurídico no existiese con
anterioridad a dicha fecha; pero sí que adoptaba una diferente denominación o
nomenclatura.

El origen de la Filosofía del Derecho en cuanto reflexión que se ocupa de temas


jurídicos podemos situarlo en el siglo V a.d.C. en la Grecia antigua donde se
inició el giro antropológico y, por consiguiente, jurídico de la especulación
filosófica2; pero si hablamos en sentido estricto de una disciplina autónoma,
independiente con una temática y metodología propia, entonces es preciso
esperar más de veinte siglos para verla aparecer. La expresión Filosofía del
Derecho es una expresión nueva para un objeto de estudio muy antiguo que
inserto en una concepción amplia y omniabarcante de filosofía política y moral
tal vez no había tenido oportunidad, antes del siglo XIX, de conquistar un
espacio delimitado propio más específico y concreto.

Para Aristóteles la nomenclatura correcta para denominar este saber específico


y peculiar sería Filosofía política, la cual estaba incluida dentro de la Ética en su
concepción más amplia3. La denominación Filosofía del Derecho entraba
dentro del ámbito o conjunto más amplio de conocimiento como era la Filosofía
política y, más en concreto, la Ética.

La reminiscencia del ethos, así como el ideal de un orden jurídico y una vida
política sustentados sobre la moral nos ha conducido a una estricta integración
de los tres ámbitos normativos de la conducta práctica. Así pues, esta postura
defiende una integración absoluta donde: "la moral posee un significado
omnicomprensivo abarcador de las demás normatividades".4 En el mundo
griego, la triada moral, política y derecho se encontraban indisolublemente
unidas, el sentimiento de pertenencia a la polis y el respecto absoluto a sus
leyes marcaban la pauta a seguir. Sócrates fue un testimonio vivo y coherente
de este pensamiento ético-jurídico, un planteamiento que le llevó a optar y
morir por Atenas, pues pensaba que las leyes pueden ser criticables pero, ante
todo, deben ser veneradas como factor de cohesión e integración social de la
polis.

En su conocida obra la República, Platón sostenía que las leyes serían


innecesarias una vez implantado el Estado justo, pues la justicia se impondría
por sí misma, como un mandato de la recta razón encarnada en el rey-filósofo.
Sin embargo, este pensamiento de la República cede a otro más realista y
pragmático de las Leyes. En este último diálogo Platón asignaba una función
social y cívica a las leyes, las cuales define como una reflexión de la razón
común. Esto quiere decir que la ley tiene una función claramente educativa,
pedagógica y ordenadora práctica.

"La legislación y el establecimiento de un orden político -escribe Platón- son los


medios más perfectos de que puede valerse el mundo para lograr la virtud"5

Aristóteles entendía la virtud política (tecné politiké) como conquista de la vida


buena y justa, como continuación y prolongación de la ética, de este modo,
moral y derecho estaban indisolublemente unidas y vinculadas recíprocamente.
El hombre depende de la ciudad para la realización de su propia naturaleza,
pues no es autosuficíente. El ciudadano es aquel que tiene derecho en
participar en las funciones deliberativas de la ciudad, o sea, quien participa en
la vida pública. Aquel que tiene derecho a participar en las funciones
organizativas del Estado (funciones deliberativas y judiciales) del Estado. La
comunidad política es una comunidad de ciudadanos libres orientada a la
finalidad de vivir bien, es decir, vivir conforme a la virtud. "Ciudadano es el que
participa del gobernar y ser gobernado; en cada régimen es distinto, pero en el
mejor es el que puede y elige obedecer y mandar con miras a una vida
conforme a la virtud."6

La filosofía jurídica sigue cumpliendo un función normativa de enorme


relevancia e importancia metodológica, ontológica y axiológica. Nos
encontramos, así pues, ante una disciplina normativa que pretende justificar
reflexiva y críticamente el ordenamiento jurídico y político. Ya Cicerón plantea
en su famoso tratado De legibus que el verdadero conocimiento del derecho
debe extraerse del "corazón mismo de la filosofía". "Así sacamos la conclusión
de que la naturaleza formó al ser humano para que participe y posea el
Derecho... Quienes recibieron la razón de la naturaleza recibieron la recta
razón, es decir, la ley, que no es otra cosa sino la recta razón que prohibe y
ordena. Y si recibieron la ley, recibieron además al Derecho"7

Esta integración absoluta entre filosofía, política y derecho se prolongó


históricamente hasta que el cristianismo irrumpió y se extendió por el Imperio
romano a través de figuras intelectuales como Agustín de Hipona, y muy
posteriormente, en la Edad Media con Santo Tomás de Aquino. Esta tesis ha
encontrado eco en el iusnaturalismo neotomista, así como en otras doctrinas
iusnaturalistas ontológicas de la cultura contemporánea.

La reflexión filosófica sobre el derecho ha sido, durante todos esos siglos, una
especulación en torno al Derecho natural, entendido este como un Derecho
justo, de modo que hasta comienzos del siglo XIX, la filosofía jurídica o Teoría
del Derecho sostuvo la concepción según la cual el derecho estaba constituido
por el derecho natural y derecho positivo. En aquella época, se entendía por
derecho natural, sobre todo, aquel derecho proporcionado por la razón
filosófica triunfante en la Ilustración y, por ello, fue llamado derecho racional.

La modernidad jurídica con un proceso paulatino de racionalización y


secularización fue consolidando la diferenciación entre las normas de eran
impuestas por los gobernantes y la regulación tradicional (de carácter
predominantemente religioso-moral). Hasta ya avanzada la Modernidad, la
distinción teórica entre Derecho y Moral, no sólo se consolidó, sino que fue
explícitamente formalizada dentro de los siglos XVII y XVIII, gracias al esfuerzo
teórico que, tras la huella de Puffendorf, desarrollaron Tomasio y Kant. El paso
del siglo XVIII al XIX produjo un cambio de nomenclatura sustancial: se
sustituyó la expresión "Derecho natural" por la de "Filosofía del Derecho"8.

"Hasta que aparece la filosofía del Derecho a comienzos del último siglo, la
reflexión filosófica sobre el Derecho había sido metafísica y ontología jurídica,
es decir, lo que tradicionalmente venía llamándose "Derecho natural". Desde
que, en la crisis de la polis ateniense, los sofistas contraponen las leyes
creadas por los hombres otras leyes no escritas, de validez intemporal y
revestidas de sanción inmanente, la especulación jurídica se mueve en una
línea uniforme hasta finales del siglo XVIII."9

El proceso codificador es producto de la nueva racionalidad utópica ilustrada y


se desarrolla a lo largo de todo el siglo XVIII. La codificación es un fenómeno
típico del siglo XVIII, aunque la referencia inevitable de este proceso se
encuentra en 1804 con la entrada en vigor del Códe Civil. La codificación
francesa es una aspiración revolucionaria. La Constitución de 1791 estableció
la exigencia de un código único para todo el territorio nacional. La
Codificación10 fue un fenómeno paradójico, por una parte, se rechaza el viejo
derecho natural racionalista; pero no hace sino precipitarlo hacia la forma legal
de los códigos (elaborados, por otra parte, a imagen y semejanza de la
sistemática racionalista). La búsqueda del sistema completo, el "cuerpo de
leyes perfectas", facilita la realización del postulado formalista relativo a la
sumisión del intérprete a la letra de la ley.

La Escuela histórica del Derecho - fundada por Gustav Hugo (1844) y Savigny
(1861) siguiendo los criterios de Montesquieu (1755) trajo un importante
cambio de jerarquía en beneficio del derecho positivo y aquel derecho adquirió
el rango de validez como antaño tuvo el derecho natural.

La filosofía del Derecho ha surgido en el pensamiento moderno como sustituto


de la inris naturalis scientia, la laicización del pensamiento jurídico, la
separación de los conceptos de Derecho y moral durante el racionalismo, la
ontologización del Derecho positivo llevada a cabo por la Escuela histórica y el
positivismo posteriormente. Toda la filosofía del Derecho desde su comienzo
hasta el principio del siglo XIX ha sido, por tanto, Derecho Natural. Sin
embargo, conviene precisar que el término derecho natural es una acepción
demasiado amplia y ambigua, conformada a lo largo de la historia por
diferentes sentidos y significaciones. El derecho natural en la antigüedad
giraba en torno a la oposición naturaleza y norma (pyisis y nomos, thesis y
physis), es decir la oposición entre la ley, la convención, la institución por una
parte, y la naturaleza, de otra. El jusnaturalismo medieval se preocupaba de la
distinción entre derecho divino y humano, el iusnaturalismo racionalista
moderno, de la oposición entre coacción jurídica y derechos naturales
individuales articulada en torno a la figura hipotética de contrato social.

Dentro del iusnaturalismo trascendente de los pensadores cristianos tenemos


que destacar a San Agustín de Hipona, San Isidoro de Sevilla, Santo Tomás de
Aquino. Los conceptos centrales para este iusnaturalismo escolástico-medieval
son la visión tripartita de la ley: lex aeterna, lex naturalis, lex divina donde sólo
el derecho natural es considerado como auténtico derecho. Para el Obispo de
Hipona, "Lex naturalis es la transcripción de la ley eterna en el alma humana,
en la razón y en el corazón del hombre. Representa el principio subjetivo de
justicia, el hábito que de ésta tiene el alma.."11.
La Escuela española del Derecho natural del siglo XVI a través de Francisco
Vitoria y Francisco Suárez como máximos exponentes constituye una
continuación de esta reflexión filosófica-jurídica a la que actualmente estamos
regresando. La famosas Relecciones desde la cátedra de la Universidad de
Salamanca significaron una recuperación y rejuvenecimiento de los estudios
escolásticos. Con estos autores nos situamos ante la reflexión de cómo la
validez o eficacia de la norma (legalidad) está vinculada ineludiblemente a la
legitimación o su justicia (legitimidad), por tanto, de la ley resultan dos
virtudes, una directiva y otra coactiva. El Derecho como prescripción normativa
de conductas o relaciones humanas, por un lado, y por otro el Derecho como
prescripción imperativa.

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