CARLOS ARTURO GUARÍN JURADO
Magistrado ponente
SL2517-2023
Radicación n.° 96508
Acta 30
Bogotá, D. C., once (11) de septiembre de dos mil
veintitrés (2023).
Decide la Sala el recurso de casación interpuesto por
JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES contra la sentencia
proferida por la Sala Laboral del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Bogotá, el veintiocho (28) de febrero de
dos mil veintidós (2022), en el proceso que el recurrente
le instauró a la ADMINISTRADORA COLOMBIANA DE
PENSIONES - COLPENSIONES, al que fueron llamados
como terceros excluyentes MARÍA CONCEPCIÓN MORA
DE RAMOS y ALFONSO RAMOS LADINO.
I. ANTECEDENTES
José Álvaro Rodríguez Yepes llamó a juicio a
Colpensiones para que fuera condenada a reconocerle la
pensión de sobrevivientes, en calidad de compañero
permanente del causante Ricardo Ramos Mora, a partir
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del 20 de noviembre de 2016, los intereses moratorios del
artículo 141 de la Ley 100 de 1993, la indexación, lo
probado y las costas.
Narró que convivió con Ricardo Ramos Mora desde
noviembre de 2009 hasta el 20 de noviembre de 2016,
fecha del deceso de este; que solicitó la prestación ante la
demandada el 3 de enero de 2017, la cual le fue negada
con el argumento que solo demostró esa convivencia
entre el 2014 y el 20 de noviembre de 2016; que recurrió
esa decisión pero fue confirmada; que en el acto
administrativo que desató los recursos, se le informó que,
María Concepción Mora de Ramos, madre del afiliado,
también había reclamado.
Añadió que, aunque el 15 de junio de 2017 pidió a
Colpensiones que se abstuviera de reconocer la pensión
de sobrevivientes, hasta que la justicia resolviera, la
entidad le otorgó el 100 % del derecho a la progenitora
del fallecido, mediante Resolución SUB50911 del 3 de
mayo de 2017, en la que, además, negó el pedimento del
señor Alfonso Ramos Ladino, padre de aquél, por
considerar que únicamente probó una dependencia
económica parcial y no total.
Señaló que, el 6 de enero de 2017 reclamó a
Colpensiones, como empleador del fallecido, el
reconocimiento de las acreencias laborales adeudadas,
pero esta suspendió la cancelación de las mismas hasta
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que se resolviera la controversia entre él y los padres del
ex trabajador.
Resaltó que los declarantes extra proceso dieron
cuenta de que la pareja de compañeros compartía techo,
lecho, mesa y cohabitaban en la Calle 128 A # 72-50 casa
44 Antigua Helvetia; que según el documento de la Clínica
La Colina, el responsable del causante era él; que también
existe certificación de EMI que indica que las atenciones
médicas se prestaban en el domicilio indicado.
Explicó que el causante le efectuó los aportes a
seguridad social hasta que él también se vinculó a
Colpensiones; que además le pagaba las cirugías
estéticas, le efectuaba recargas a su celular y le
cancelaba algunas cuotas del crédito hipotecario; que
eran beneficiarios recíprocos en el auxilio mutualista de
Cooptraiss; que convivieron durante más de 7 años y
asistían a eventos sociales; que como consecuencia del
deceso de su compañero, ha sufrido cuadros de
depresión, de lo que da cuenta la remisión a la EPS Cafam
(f. ° 3 a 31, cuaderno del juzgado).
Colpensiones se opuso a las pretensiones. Admitió la
fecha del perecimiento y dijo que los restantes hechos no
le constaban o no constituían tales. Propuso como
excepciones de mérito las de carencia de causa para
demandar, inexistencia del derecho y la obligación
reclamada, prescripción, buena fe, inexistencia de
intereses moratorios, compensación e innominada o
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genérica (f. ° 433 a 441, ib).
Mediante auto del 20 de septiembre de 2018,
proferido en la etapa de saneamiento del litigio, en la
audiencia del artículo 77 del CPTSS, se ordenó vincular a
la señora María Concepción Mora de Ramos y al señor
Alfonso Ramos Ladino, como padres del causante (f. °
455, ibidem).
Los vinculados se resistieron a los pedimentos.
Aceptaron la existencia de las declaraciones extra
proceso, que el demandante y aquél eran beneficiarios
recíprocos en el fondo mutual y que aquél adelantó la
reclamación administrativa. Indicaron que los restantes
debían probarse o no eran ciertos. No esgrimieron medios
exceptivos de mérito (f.° 465 a 4711, 503 a 5072 y 511 a
5213, ib).
II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA
El Juzgado Sexto Laboral del Circuito de Bogotá, el 24
de septiembre de 2021, absolvió a la demandada y
condenó en costas (Acta de f.° 595, en relación con el CD
de f.° 594, ib).
III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA
1
Contestación de Alfonso Ramos Ladino
2
Contestación de María Concepción Mora de Ramos
3
Subsanación conjunta de ambos escritos de réplica
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La Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Bogotá, el 28 de febrero de 2022, al desatar el
recurso de apelación del actor, confirmó la decisión inicial.
Dijo que, en observancia del principio de
consonancia del artículo 66A del CPTSS, determinaría si
José Álvaro Rodríguez Yepes acreditó los requisitos legales
para ser beneficiario de la pensión de sobrevivientes en
calidad de compañero permanente del causante.
Tuvo por indiscutido que i) Ricardo Ramos Mora
falleció el 20 de noviembre de 2016 (f. ° 34); ii) al
momento del deceso era afiliado de Colpensiones; iii) dejó
causado el derecho a la prestación, lo que no fue debatido
y, además, fue reconocido por la demandada en las
resoluciones emitidas en sede administrativa, incluso en
la SUB139557 del 28 de julio de 2017, donde le otorgó la
pensión en un 100 % a la madre del causante, en cuantía
inicial de $2.346.031.
Precisó que el asunto estaba gobernado por los
artículos 46 y 47 de la Ley 100 de 1993, modificados por
los preceptos 12 y 13 de la Ley 797 de 2003; que la Corte,
en sentencia CSJ SL1730-2020, recogió su criterio en
torno al tiempo mínimo de convivencia, determinando que
solo son exigibles los 5 años de cohabitación
inmediatamente anteriores al deceso, cuando el fallecido
era pensionado, no un afiliado; que dicha postura fue
reiterada en el proveído CSJ SL2820-2021.
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Memoró que se practicaron los testimonios de Fabio
Enrique Arévalo (amigo del demandante y el causante),
Jenny Paola Lancheros Rodríguez (sobrina del
demandante), Andrés Ramos (hermano del fallecido) y
Marisol Riaño Rubiano (cuñada del afiliado), así como los
interrogatorios de parte de los vinculados.
Puntualizó que al expediente se aportó: el certificado
de Cootraiss, (f. ° 326 a 327); un documento denominado
chat de WhatsApp del demandante, del 27 de noviembre
de 2016 (f. ° 417); fotografías (f. ° 418 a 426 y 522 a 5423
sic); declaraciones extra proceso de Fabio Enrique Arévalo
Pachón, Mauricio Leiva Gómez, Luis Javier Quintero Jaimes
y Jenny Paola Lancheros Rodríguez (f. ° 74, 76, 78 y 80);
historia clínica del actor (f. ° 82 a 84); certificación de
atención médica domiciliaria al accionante (f. ° 58);
planillas de pago de aportes a seguridad social a nombre
del promotor del juicio y extractos de la cuenta bancaria
del fallecido (f. ° 87 a 315), más Resolución SUB 2700 de
2017 (f. ° 40).
Razonó que del haz probatorio no emergía
demostrada una convivencia real y efectiva con el difunto,
porque, de un lado, las declaraciones fuera de juicio no
indicaron las circunstancias particulares de los
compañeros, todas fueron presentadas ante la misma
notaría, tenían el mismo formato y consignaban idénticos
hechos, lo que les restaba credibilidad; que el material
fotográfico no daba cuenta de quiénes eran las personas
que en él figuraban y únicamente mostraban dos hombres
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en «situaciones recreativas y de viaje», de donde no era
posible derivar una convivencia permanente o vida en
común.
Agregó que las fotografías aportadas por los padres
sí explicaban quiénes aparecían en las imágenes e
informaban sobre una «importante vida social del
causante con amigos de trabajo y universidad, así como
viajes y paseos familiares en diferentes anualidades, pero
en ninguna figura[ba] el demandante»; que con las
certificaciones emitidas por Cootraiss se constataba que
eran beneficiarios recíprocos, pero como amigos, lo que
no denotaba un vínculo como compañeros permanentes;
que el documento que se afirmaba era una conversación
de WhatsApp, no se aportó en captura de pantalla, de
manera que no se podía establecer si su contenido fue
editado o adulterado, restándole con ello valor
demostrativo.
Discernió que las planillas de pago de aportes a
seguridad social a nombre del demandante y los extractos
de cuenta bancaria del señor Ricardo Ramos Mora podrían
demostrar que éste pagó la seguridad social del primero
entre los años 2008 y 2012, pero no develaba que ambos
estuvieran conviviendo para el año 2016; que, si bien en
la Resolución SUB 2700 del 8 de marzo de 2017,
Colpensiones indicó que, según su investigación
administrativa, la pareja cohabitó entre el 2014 y el 20 de
noviembre de 2016 y, aunque presumía la legalidad de
dicho acto administrativo, esa conclusión no impedía que
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en el proceso judicial se acreditara una situación
diferente.
Destacó que, según el acta de audiencia del 3 de
septiembre de 2020, el Juzgado 31 de Familia de Bogotá,
declaró la existencia de unión marital de hecho entre el
30 de noviembre de 2009 y el 19 de noviembre de 2016;
que con la Ley 54 de 1990 se reglamentó ese tipo de
vínculo para efectos civiles, empero:
[…] esta declaración civil no tiene efectos en tratándose de la
procedencia de una pensión de sobrevivientes, pues en
materia de seguridad social, lo que se busca es la protección
de la familia y de la convivencia efectiva con fines de apoyo y
ayuda mutua, por lo que procede como en este caso, un
debate probatorio, con exclusión de lo que se haya decidido
en la jurisdicción de familia. En ese sentido se pronunció la
Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia en sentencias SL
1618 de 2018 y SL 4099 de 2017.
Advirtió contradicción en la testimonial, puesto que
mientras Fabio Enrique Arévalo Pachón y Jenny Paola
Lancheros Rodríguez aseguraron que les constaba la
convivencia del demandante y el causante hasta el
deceso de éste, Andrés Ramos y Marisol Riaño Rubiano
indicaron que conocían al actor, pero como compañero de
trabajo y amigo de su familiar, sin que les constara que
hubiesen tenido una relación sentimental, enfatizando
que el difunto siempre vivió en la casa de sus padres y no
tenía pareja; que fueron los dos últimos testigos quienes
se trasladaron a San Andrés Islas para auxiliar a Ricardo
Ramos Mora en el hospital y, luego de la muerte, hicieron
las diligencias ante la Fiscalía y Medicina Legal; que el
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accionante aceptó en su interrogatorio que no acudió por
falta de dinero y las dificultades climáticas.
Llamó la atención sobre el hecho que el fallecido no
hubiera adquirido bienes con el promotor de la acción;
que fuera el hermano de aquél quien lo acompañó en las
diferentes dificultades de salud y que fuera la familia del
causante, que no el demandante, la que entregó el
computador con información laboral al empleador y la que
recibió los objetos personales habidos en su oficina.
Acentúo que los dichos de Andrés Ramos y Marisol
Riaño gozaban de credibilidad, pues no fueron
contradictorios, sino que se mostraron espontáneos y
coincidentes al exponer circunstancias de modo, tiempo y
lugar de lo que conocieron directamente como
consecuencia de la cercana relación que los unió con el
causante; que al amparo de la libre formación del
convencimiento del artículo 61 del CPTSS, deducía que
[…] entre José Álvaro Rodríguez Yepes y Ricardo Ramos pudo
existir una relación sentimental donde compartieron eventos
y actividades, sin que ello entronice que a la fecha del
fallecimiento de Ricardo Ramos, los citados tuvieran una
relación de convivencia, en calidad de compañeros bajo el
mismo techo, con vocación de permanencia y con el ánimo de
apoyo y ayuda mutua, como lo exige la ley y la jurisprudencia
aplicable al caso, parámetros de valoración que aplican tanto
a personas del mismo sexo como a heterosexuales.
Complementó que la Corte Constitucional y esta
Corporación han reiterado que tanto las parejas
heterosexuales como las del mismo sexo, deben acreditar
iguales requisitos legales a fin de obtener las prestaciones
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a las que aspiran en calidad de beneficiarios (CC SU214-
2016 y CSJ SL5524-2016) (f. ° 607 a 617, cuaderno del
Tribunal).
IV. RECURSO DE CASACIÓN
Interpuesto por José Álvaro Rodríguez Yepes,
concedido por el Tribunal y admitido por la Corte, se
procede a resolver.
V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN
Pretende que se case la decisión impugnada, para
que en sede de instancia se revoque la inicial y se
condene al reconocimiento del 100 % de la pensión de
sobrevivientes y las demás pretensiones de la demanda
(cuaderno de la Corte, archivo «2023104553921», ib).
Con tal propósito, formula dos cargos, por la causal
primera de casación, que fueron replicados y se estudian
conjuntamente pues reprochan la trasgresión de similar
elenco normativo y persiguen idéntico fin.
VI. CARGO PRIMERO
Denuncia la sentencia por la vía indirecta, en la
modalidad de aplicación indebida del artículo 13 de la Ley
797 de 2003, que modificó los artículos 47 y 74 de la Ley
100 de 1993, así como de los preceptos 13, 15, 48 y 53 de
la Constitución Política.
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Asegura que, a pesar de la vía elegida, no
controvierte que: i) el causante falleció el 20 de
noviembre de 2016, conforme se señala en el registro civil
de defunción (f.° 34, cuaderno del juzgado); ii) éste se
encontraba afiliado a Colpensiones y dejó causado el
derecho a la pensión de sobrevivientes, según los Actos
Administrativos SUB 50911 de 3 de mayo de 2017 (folios
48 a 51), DIR 7162 de 2 de junio de 2017 (folios 53 a 56),
SUB 139557 de 28 de julio de 2017 (folios 60 a 69), última
en la que reconoció y ordenó el pago de la pensión de
sobrevivientes en cuantía de $2.346.031 a favor de María
Concepción Mora de Ramos en el 100 %; iii) la norma
aplicable era el artículo 47 de la Ley 100 de 1993
modificado por el 13 de la Ley 797 de 2003 y, iv) él nació
el 26 de marzo de 1972, contando con 44 años al
momento de la muerte del afiliado (f.° 35).
Endilga al Tribunal cometer los siguientes errores de
hecho:
1) No dar por demostrado, estándolo, que JOSÉ ÁLVARO
RODRÍGUEZ YEPES y RICARDO RAMOS MORA (q.e.p.d.), eran
compañeros permanentes desde el mes de noviembre de
2009 hasta el deceso de este.
2) No dar por demostrado, estándolo, que los testimonios
realizados por Declaraciones extrajuicio de Fabio Enrique
Arévalo Pachón (fl. 74), de Mauricio Leiva Gómez (fl. 76), de
Luis Javier Quintero Jaímes (fl. 78) y de Jenny Paola Lancheros
Rodríguez (fl. 80), coinciden en afirmar que JOSÉ ÁLVARO
RODRÍGUEZ YEPES y RICARDO RAMOS MORA (q.e.p.d.)
convivían en unión marital de hecho como cualquier pareja.
3) No dar por demostrado, estándolo, que los testimonios
realizados de Fabio Enrique Arévalo Pachón, Jenny Paola
Lancheros Rodríguez, coinciden en afirmar que JOSÉ ÁLVARO
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RODRÍGUEZ YEPES y RICARDO RAMOS MORA convivían en
unión marital de hecho como cualquier pareja.
4) No dar por demostrado, estándolo, que entre el señor JOSÉ
ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES y RICARDO RAMOS MORA
(q.e.p.d.), existía la ayuda mutua y la unión de familia.
Plantea que esto fue consecuencia de la errada
apreciación de los siguientes medios de prueba:
a) Certificado expedido por COOTRAISS.
b) Documento denominado chat de WhatsApp del
demandante con Andrés Ramos de 27 de noviembre de 2016.
c) Material fotográfico (fis. 418 a 426 y 522 a 5423).
d) Declaraciones extrajuicio de Fabio Enrique Arévalo Pachón
(fl. 74), de Mauricio Leiva Gómez (fl. 76), de Luis Javier
Quintero Jaimes (fl. 78) y de Jenny Paola Lancheros Rodríguez
(fl. 80).
e) Historia clínica de José Álvaro Rodríguez (fl. 82 a 84) donde
figura como acompañante Ricardo Ramos.
f) Certificación de atención médica domiciliaria al demandante
(fl. 85).
g) Planillas de pago de aportes a seguridad social a nombre
de José Álvaro Rodríguez Yepes.
h) Extractos de cuenta bancaria de Ricardo Ramos Mora
(fls.87 a 315).
i) Resolución SUB 2700 de 2017 emitida por Colpensiones.
j) Los testimonios de Fabio Enrique Arévalo Pachón, Jenny
Paola Lancheros Rodríguez y Andrés Ramos.
k) Interrogatorios de parte de Alfonso Ramos Ladino y María
Concepción Mora de Ramos.
l) Los testimonios de Marisol Riaño Rubiano y Andrés Ramos
Mora.
Memora que la disposición legal llamada a definir la
controversia es la vigente al momento del deceso de
quien causa la pensión de sobrevivientes (CSJ SL1090-
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2017, CSJ SL2147-2017 y CSJ 37692018), que en este
caso no es otra que el artículo 13 de la Ley 797 de 2003,
modificatorio de los artículos 47 y 74 de la Ley 100 de
1993, de donde «es potencial beneficiario del causante en
calidad de compañero permanente del afiliado […]».
Explica que de los certificados expedidos por
Cootraiss emergía que él, como asociado, designó a
Ricardo Ramos como beneficiario en condición de amigo
(f. ° 326) y que éste último estableció que el recurrente
también sería el suyo, en idéntica calidad (f. 327); que
ello, según las reglas de la experiencia, indica un lazo
real de familiaridad sin que implicara, como lo consideró
el Tribunal, que lo hacían como amigos sino como
verdaderos compañeros permanentes, pues «no es a un
amigo al que por las reglas de la experiencia se
determina a este tipo de actuaciones».
Apunta el documento denominado «chat de
WhatsApp» (f.° 417), relativo a una conversación suya con
Andrés Ramos el 27 de noviembre de 2016, no fue
analizado por el colegiado por considerar que no tenía
valor probatorio, pero este acreditaba la relación y
convivencia entre ambos; que el material fotográfico (f.°
418 a 426 y 522 a 5423 sic) demostraba el
acompañamiento de él a lo largo de los años en los
encuentros con amigos y algunos familiares, que implica
la convivencia alegada e ignorada por el juez de la
apelación; que todos los que rindieron las declaraciones
extra judiciales (f.° 74, 76, 78 y 80), manifestaron que
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conocieron la pareja durante más de 7 años, tiempo en el
que convivieron en unión marital de hecho y que la
cohabitación se extendió hasta el día de la muerte del
señor Ramos Mora; que, además, Colpensiones no solicitó
su ratificación, por lo que eran plena prueba de la
convivencia.
Agrega que su historia clínica (f. ° 82 a 84) dejaba
ver que Ricardo Ramos Mora lo acompañó en las
situaciones de dificultad «por menoscabo en la salud (…),
como suele suceder en las parejas heterosexuales»; que
ello también se demostró con la certificación de atención
médica domiciliaria (f. 85), pero el colegiado no extrajo
ninguna conclusión de dicha documental; que las planillas
de pago de aportes a seguridad social a nombre suyo y
los extractos de cuenta del difunto (f. ° 87 a 315),
acreditaba apoyo económico y acompañamiento
financiero entre los dos, contrario a lo que coligió el
juzgador plural, quien dijo que ello no era determinante
en este tipo de situaciones.
Recalca que en la Resolución SUB 2700 de 2017 (f. °
40), Colpensiones «confiesa la existencia de una
convivencia» entre la pareja, pero «no fue tenida en
cuenta por parte del Tribunal y la cercenó de tajo, sin
siquiera darle el análisis que debió darle»; que el acta de
audiencia del 3 de septiembre de 2020, celebrada por el
Juzgado Treinta y Uno de Familia de Bogotá (f. ° 571 y
572), en la que se declaró que entre José Álvaro Rodríguez
Yepes y Ricardo Ramos Mora existió una unión marital de
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hecho entre el 30 de noviembre de 2009 y el 19 de
noviembre de 2016, no fue valorada de forma adecuada,
pues de ella se infiere la convivencia alegada, decisión
que se fundó en las pruebas que dieron el convencimiento
del juez de la unión marital de hecho y de la cohabitación
suya con el afiliado.
Hace notar que, conforme a los testimonios de Fabio
Enrique Arévalo Pachón y Jenny Paola Lancheros
Rodríguez, entre el recurrente y el afiliado sí hubo una
convivencia,
[…] no obstante, los padres del causante son personas muy
católicas y no admitía[n] la relación que sostenía con el actor,
así como que el núcleo familiar del afiliado se oponía a sus
preferencias sexuales, conllevando con ello a discusiones y el
rechazo de la familia hacia José Álvaro Rodríguez Yepes.
Especifica que el primer declarante, amigo de la
pareja, afirmó conocer a Ricardo Ramos Mora desde el
año 2006; saber que tuvo un noviazgo con el impugnante
y que para el año 2009 empezaron a convivir, estando
pendientes uno del otro; constarle la relación de pareja,
pues los fines de semana la pasaba con ellos e incluso
salían de paseo; que en la casa vivían Ricardo y Álvaro y
los hermanos del primero iban de visita; que la relación
no se hizo pública en el trabajo, pero en el entorno de
amigos era conocida.
Recuenta que Jenny Paola Lancheros Rodríguez,
quien es sobrina suya, informó que conoció al causante en
el 2001; que sabía que eran compañeros permanentes y
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vivían en la «128 con Boyacá» en el conjunto «antigua
Helvetia»; que compartió con ellos muy seguido y los
consideraba como sus padres, tanto que, incluso, el
afiliado fue el padrino de bautizo de su hijo y siempre
estaban en contacto; que ellos se fueron a vivir como
pareja estable en el año 2009 y que, antes de esa fecha,
el impugnante vivía en casa de la testigo; que nunca se
separaron ni tuvieron relación con otras personas; que la
convivencia fue pública delante de los amigos y la familia
del censor, pero en el ámbito laboral y ante la sociedad
eran muy discretos.
Alude que la testigo dijo que él no llevó a cabo
ninguna diligencia de traslado del cuerpo desde San
Andrés, debido a dificultades climáticas que se
presentaban en la isla; que los trámites los hizo Andrés, el
hermano del fallecido; que los servicios funerarios los
asumió el seguro al que Ricardo estaba afiliado; que los
gastos de manutención los sufragaban en un 90 %
Ricardo y en un 10 % Álvaro, porque el primero tenía un
mejor salario; que en varias oportunidades estuvo de viaje
con la pareja, la cual acordó «comprar cosas por
separado».
Esgrime que el colegiado fundó su convicción en la
contradicción de unos testimonios; que las declaraciones
en las que basó su sentencia fueron desvirtuados por los
dichos de Fabio Enrique Arévalo Pachón, Jenny Paola
Lancheros Rodríguez y con los documentos antes
referidos, que evidenciaban la relación de unión entre los
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compañeros, su convivencia, acompañamiento y ayuda
mutua en lo económico y familiar; que las reglas de la
sana crítica se fundan en la lógica, la equidad, la justicia y
en los principios científicos del derecho, siendo normas
del correcto entendimiento, en las que intervienen las
pautas de la lógica, con las reglas de la experiencia del
juez, por lo que los falladores deben decidir con arreglo a
la sana crítica, en virtud de lo cual no es libre de razonar
discrecional o arbitrariamente.
Reflexiona que a pesar de la libre formación del
convencimiento del artículo 61 del CPTSS y aunque en la
sentencia CSJ SL, 29 may. 2012, rad. 42179, se orientó
que darles mayor credibilidad a unos medios de prueba
sobre otros, no constituye un error de hecho, lo cierto era
que «el Tribunal solo tuvo en cuenta las declaraciones de
(…) de Fabio Enrique Arévalo Pachón, Jenny Paola
Lancheros Rodríguez, sin tener en cuenta los demás».
Acentúa que, al tenor del artículo 13 de la CP, no
puede desconocerse que la población homosexual ha sido
víctima de prejuicios, marginalización y discriminación;
que el desconocimiento de los derechos constitucionales
fundamentales persiste para esa comunidad y las
autoridades competentes se muestran reacias a
garantizar el goce efectivo de los derechos; que su
situación y la del causante
[…] es la misma de muchas parejas homosexuales que tienen
derecho a acceder al reconocimiento y pago de la pensión de
sobrevivientes, pero por el hecho de no encontrarse en
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iguales condiciones a las parejas heterosexuales, se ven
impedidas y encuentran un obstáculo por pertenecer a un
grupo que va en contravía de principios religiosos y morales,
es por esta razón que parejas homosexuales, no se atreven a
reconocer su condición a la sociedad al momento de solicitar
prestaciones económicas, ya que estarían sometiéndose al
escarnio social, máxime la situación laboral del afiliado
atendiendo su cargo.
Sostiene que el juez del trabajo debe tener un
dinamismo distinto y mayor sensibilidad frente a la
realidad que lo rodea, como no ocurrió en la decisión
controvertida; que la dirección del proceso judicial, en el
marco del Estado Social de Derecho, implica que el juez
que «reclama el pueblo colombiano a través de su [CP] ha
sido encomendado con dos tareas imperiosas: (i) la
obtención del derecho sustancial y, (ii) la búsqueda de la
verdad. Estos dos mandatos, a su vez, constituyen el ideal
de la justicia material» (CC SU768-2014).
Refiere que el colegiado, en ejercicio de la facultad
prevista en el artículo 61 ibidem, estaba obligado a
dilucidar las discrepancias derivadas de esas dos pruebas
analizadas y auscultar cuál era la verdad real de la
situación puesta a su conocimiento, sobre todo por
tratarse de una relación de pareja homosexual, en
observancia de la CP, con el fin de efectivizar la fórmula
del Estado Social de Derecho y proteger los derechos de
personas históricamente discriminadas, así como de
salvaguardar la dignidad humana, el libre desarrollo de la
personalidad y la libertad sexual.
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Colige que los medios de convicción, analizados en
conjunto, dejaban ver que el causante y él convivieron
como compañeros permanentes más de cinco años hasta
la muerte de aquél, pues ilustraban el desarrollo de la
vida en común de la pareja, su cohabitación y expresiones
de amor expresadas en diferentes ámbitos, así como el
acompañamiento y apoyo económico que se brindaban, la
forma cómo se distribuían las cargas del hogar, incluso las
dificultades y el rechazo que tuvieron debido a que la
familia del causante no aceptaba su relación en razón de
su orientación sexual (f. ° 6 a 19, archivo ibidem).
VII. RÉPLICA
Colpensiones alega que al acudiente en casación le
correspondía demostrar los errores fácticos evidentes en
que incurrió el juez de la apelación, empero no acreditó
contradicción entre las prueba cuya valoración denuncia
y la realidad procesal; que los argumentos del censor se
asemejan más a un alegato de instancia, por lo que se
debe desestimar; que, en todo caso, de ningún medio de
convicción emergía que la cohabitación se hubiese
mantenido al menos por cinco años en «cualquier
tiempo», por lo que, aunque se casara el fallo, en sede de
instancia se llegaría a la misma conclusión.
Precisa que de las documentales alegadas no
deviene la convivencia exigida legalmente, menos aún de
la decisión del Juzgado Treinta y Uno de Familia de
Bogotá, pues al tenor de la sentencia CSJ SL1331-2021,
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Radicación n.° 96508
aunque tal determinación pueda dar cuenta de la
existencia conformación de una sociedad patrimonial de
hecho, no necesariamente es prueba de la convivencia;
que el juez del trabajo y la seguridad social no está atado
a una tarifa legal (CSJ SL525-2023) (f. ° 1 a 4, cuaderno
Recurso Extraordinario de Casación Memorial archivo
«2023112628855», cuaderno ib).
María Concepción Mora de Ramos y Alfonso Ramos
Ladino no realizan ninguna oposición puntual a los cargos,
sino que describen la forma en que la familia se enteró de
la muerte de Ricardo Ramos Mora en la Isla de San Andrés
y resaltan que el recurrente no tuvo conocimiento de las
circunstancias de modo, tiempo y lugar donde perdió la
vida el afiliado; que ni siquiera tramitó ante Colpensiones
el permiso por calamidad familiar y que en diferentes
documentos notariales manifestó que era soltero, sin
unión marital de hecho.
Agregan que el impugnante promovió tres procesos
ante los Jueces de Familia; que en el último se declaró
probada la excepción de prescripción de la sociedad
patrimonial; que aquél ha contado con recursos
suficientes para promover procesos en contra de su ex
empleador – ISS; que acorde con lo decantado por la Sala
de Casación Civil de la Corte, las relaciones afectivas que
se basan en la pernoctación por días o viajes, sin objetivos
de vida, no tienen vocación de permanencia (CSJ SC5324-
2019).
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Radicación n.° 96508
Reprochan que, a pesar de que los artículos 16 de la
Declaración de los Derechos Humanos, 6° de la
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del
Hombre y 42 de la Constitución Política, así como la
sentencia CC C-577-2011, han protegido las uniones de
parejas del mismo sexo y la familia formada por ellas, el
señor Rodríguez Yepes nunca hubiese manifestado si tuvo
interés en conformar un hogar con su descendiente, ni
aclarara:
[…] donde se conocieron, quien dio el primer paso, como se
dieron cuenta de la atracción que se estiman, quien fue la
primera persona que le pide que se inicie la relación, que
objeto (s) le fue dada a la persona para sellar el compromiso,
cual fue el lugar que se realizó, cuáles fueron las promesa que
dijeron mutuamente, no dice absolutamente nada o hace
aportes de evidencia como cartas, invitaciones, compromiso,
anillo de compromiso con relación de la conformación de la
familia, frente a esta posición quedó una gran duda de la
existencia de la relación.
Cuentan que el occiso era profesional en ingeniería
de sistemas, tenía los ingresos suficientes para sostener
una familia en forma holgada y laboró para el ICBF, el ISS
y Colpensiones, mientras que el acudiente en casación
«con varios estudios técnicos, (culinaria, administración) y
profesionalmente en Psicología», ha prestado sus
servicios en diferentes empresas y también en el ISS y
Colpensiones y su último IBC reportado fue de
$3.188.000; que éste tiene tres bienes inmuebles a su
nombre y en todas las escrituras públicas figura que es
soltero, sin compañero permanente.
Plantean que:
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Radicación n.° 96508
Después de formalizada la relación con el noviazgo, viene la
etapa del matrimonio, la conformación de un patrimonio y
tener una familia para procrear.
La sentencia C-577 de 2011 (…) reconoció expresamente y
sin ningún condicionamiento que las parejas del mismo sexo
al igual que las parejas heterosexuales eran una familia, ya
que la característica esencial de una familia no es le
heterosexualidad, la relación de consanguinidad, ni la
capacidad de reproducción, sino afecto el respeto y la
solidaridad que dan origen a un proyecto de vida en común,
esta caracterización se encuentra en las uniones formadas
por personas del mismo sexo, de la protección constitucional
al matrimonio.
Las parejas del mismo sexo tienen derecho a contraer
matrimonio civil; esta afirmación se deriva de la
interpretación de la Sentencia SU-214 de 2016 al declarar, por
un lado: “los matrimonios civiles celebrados entre parejas del
mismo sexo, gozan de plena validez jurídica.” Y por otro, al
establecer expresamente que la sentencia aplica a todas las
parejas el mismo sexo.
Puede acudir ante Juez o notario del todo el país.
Que hayan celebrado un contrato para la formalización y
solemnizar su vínculo sin la denominación ni los efectos
jurídicos de un matrimonio civil (Capitulaciones matrimonial,
Declaración extra juicio, Conciliación de sociedades maritales
de hecho, proceso ante la Jurisdicción Civil.) dentro de los
diferentes procesos y las diferentes etapas del Proceso
Laboral no aportó documentos, registro, declaración, nada el
Señor JÓSE ALVARO RODRÍGUEZ YEPES, que llevara al pleno
conocimiento y certeza que su fin, objetivo, proyecto de vida
era conformar una familia mediante el matrimonio.
Cuestionan que el señor Rodríguez Yepes no hiciera
ninguna alusión a «procurar una familia en forma natural,
mediante la indemnización (sic) asistida en el alquiler de
vientre; o la realización de una adopción plena o hijos de
crianza», a pesar que, medicamente, existen múltiples
opciones para ello y todas están protegidas por la
legislación colombiana, como por ejemplo, la Ley 1098 de
2006; que la Corte Constitucional ha decantado que «la
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Radicación n.° 96508
orientación sexual de una persona o su sexo, no son por sí
mismo indicadores de falta de idoneidad moral, física o
mental para hacer la adopción en centros públicos o
privados a nivel nacional»; que a pesar de que el
recurrente es psicólogo y tiene todos los conocimientos
sobre crianza y desarrollo, nunca planteó ante los jueces
de familia su intención de concretar una familia con el
afiliado.
Remarcan que, aunque en Colombia se puede
adquirir vivienda a través de subsidio y afectar como
patrimonio familiar tales inmuebles, no se advierte que la
supuesta pareja lo hubiese hecho; que el señor Ricardo
Ramos Mora contaba con un plan complementario de
salud en el que no figuraba nadie más como beneficiario o
asegurado.
Explican que su hijo fue sometido a una colostomía;
que este procedimiento se realiza por resección o lesión
intestinal; que las razones para llevar a cabo pueden ser:
infección abdominal, lesión en el colon y el recto, bloqueo
parcial o completo del intestino grueso, cáncer colorrectal
o heridas o fisuras en el perineo; que los riesgos de tal
procedimiento son: sangrado interno, daño a órganos
cercanos, aparición de hernias en el sitio de la incisión,
colapso de la colostomía, estrechez u obstrucción de la
abertura, tejidos cicatriciales, irritación de la piel y
abertura de la herida; que las recomendaciones después
de la intervención consisten en tomar líquidos y luego
alimentos suaves.
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Radicación n.° 96508
Recriminan que el contradictor no hubiera puesto en
conocimiento esa condición de salud del afiliado fallecido,
como tampoco «en qué lo afectó sexualmente, pero lo
más importante es que fue una cirugía abdominal y le
queda cicatrización en el CUERPO por qué no hace la
descripción de la misma»; que, en ningún escrito,
declaración o documentación, aquél explica cómo fue su
relación íntima sexual; que:
La importancia es que el Señor: RICARDO RAMOS MORA
(Q.E.P.D.) fue sometido a una colostomía, como consecuencia
de ello tenía cicatrización y por el procesamiento podía o
tenía dificultades para las relaciones sexuales.
Nunca se dice que ayudas tenían tanto médicas,
medicamento, auditiva, visuales no hay nada, si sus
relaciones fueron grupales donde, cuando, con quien, o solo
los dos hay una gran duda que solamente lo puede explicar el
actor del modo, tiempo y lugar donde sucedieron.
Por internet existen explicaciones, conferencias,
recomendaciones todo un vasto mundo de las relaciones
entre personas del mismo sexo, pero revisado los diferentes
procesos nunca encontré ninguna evidencia sobre el tema.
Llaman la atención respecto a que el acudiente en
casación, al momento de solicitar su calificación de
pérdida de capacidad laboral, el 26 de enero de 2009,
informó como municipio de residencia Zipaquirá y no
Bogotá; que las declaraciones extraproceso aportadas,
fueron rendidas ante la misma notaría y tienen el mismo
formato.
Con su escrito aportaron:
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Radicación n.° 96508
1- Copia del Certificado Civil de defunción indicativo serial
número 0829676 expedido por la registraduría de San Andrés-
Colombia donde está sentada la providencia de la Fiscalía
cincuenta (50) seccional de San Andrés Islas, correspondiente
al oficio 35-21-750-143 del 23 de mayo de 2017 del
fallecimiento del Señor: RICARDO RAMOS MORA. (Q.E.P.D.)
2- Acta de extracción de información de la Administradora
Colombiana de Pensiones COLPENSIONES al computador de
RICARDO RAMOS MORA. (Q.E.P.D.) de fecha seis (6) de
diciembre de dos mil dieciséis (2016).
3- Acta de entrega objeto personales del ingeniero RICARDO
RAMOS MORA (Q.E.P.D.)
4- COMUNICACIÓN DE FECHA CERO SIETE (07) DE ENERO DE
DOS MIL DIECIESTE (2017) FIRMADA POR EL Señor: JOSÉ
ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES dirigida a la Fiscalía de San
Andrés Islas.
5- Declaración extraproceso Decreto 1557 de 1989 realizado
en la notaría primera (1) de Zipaquirá. Cundinamarca
realizada por el Señor: JOSÉ ALVARO RODRÍGUEZ YEPES
contenida en los folios 45, 46, 47.
6- Comunicación de fecha veintitrés (23) de febrero de 2017
de la Fiscalía primera Seccional de San Andrés Islas al Señor
JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES.
7- Informe de la Policía de Tránsito de San Andrés Islas donde
le correspondió el número de radicación de noticia criminal
880016109528201680333.
8- Solicitud de copia de la histórica clínica en el hospital
departamental de San Andrés Islas por parte de Andrés
Ramos Mora.
9- Folios de trescientos diez y seis (316) hasta trecientos
veintitrés (323) de los reportes de semanas cotizadas en
pensión del Señor: JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES a
Administradora Colombiana de Pensiones COLPENSIONES.
Certificado de Libertad y Tradición número 176-133504 que
contiene la escritura Publica número 317 de fecha 2014 / 24 /
04 de la Notaria primera de Zipaquirá. Cundinamarca.
Certificado de Tradición Matricula Inmobiliaria número 176 –
117493 que contiene la escritura pública número 0119 del
30/04/2011 de la Notaria Segunda (2) de Zipaquirá
Cundinamarca.
10- Certificado de libertad y Tradición número 50C-1425532
que contiene los linderos generales y específicos del inmueble
local comercial 1-020 de la carrera 38 nro. 10 a 99.
11- Declaración juramentada de bienes y rentas conforme a la
Ley 190 de 1995 del señor: JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES.
12- Certificación de fecha 30 de octubre de 2017 de la
Gerencia Nacional de Afiliaciones NUEVA EPS S. A.
13- Solicitud de información a la Junta regional de Calificación
de Invalidez de Bogotá Distrito. Capital, con número de
radicación 20020660012 de la certificación de pérdida de
capacidad laboral del Señor: JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES
de fecha veinticuatro (24) de febrero de dos mil veinte (2020)
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25
Radicación n.° 96508
y la respuesta. Solicitud de procedimiento quirúrgicos en el
Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta del Señor: JOSE
ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES.
14- Fotografías: Primera: Del barril de roble de más de cien
años. Segunda: Mostrador de mueble donde usan maquinaria
pesada a escala y colección de automóviles. Tercero:
Fotografía del patio donde se observa escaparates donde se
tiene herramientas de varios niveles, el patio está cubierto
con una marquesina en vidrio (cuaderno Recursos
Extraordinarios Memorial archivo «2023053159746», ibídem).
VIII. CARGO SEGUNDO
Imputa a la decisión del Tribunal, el quebrantamiento
de la ley, por la vía directa, en el sub motivo de,
[…] aplicación indebida del artículo 12 y del artículo 13 de la
Ley 797, que modificó los artículos 46 y 47 de la Ley 100 de
1993, 176 del Código Civil y 230 de la Constitución Política de
Colombia, a consecuencia de los yerros manifiestos, por
interpretación errónea del inciso 3 del literal b) del artículo 13
de la Ley 797 de 2003, que modificó el artículo 47 de la Ley
100 de 1993.
Acota que la Corte ha orientado que cuando la Ley
100 de 1993 alude a la protección del grupo familiar del
afiliado o pensionado que fallece, también incluye a las
parejas del mismo sexo, quienes gozan de libertad
probatoria para demostrar la condición de compañero (a)
permanente, para lo cual se exige el mismo término de
convivencia que las heterosexuales, contando con aquella
amplitud para demostrar la cohabitación (CSJ SL5524-
2016); que Sala de Casación Civil ha asentado lo que
significa juzgar con perspectiva de género (CSJ STC2287-
2018) y que en decisión CSJ SL1939-2020 se indicó que el
concepto de familia (artículo 42 de la CP), ha variado al
tenor de las nuevas realidades y cambios culturales,
coligiendo que en el proveído CC C577-2011:
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Radicación n.° 96508
[…] se explicó ese dinamismo de la familia, a partir de las
distintas formas de conformación, ya que no sólo prevalece
aquella que se genera mediante el matrimonio, sino que tiene
igual importancia la que emerge de la simple voluntad de la
pareja, como es el caso de las uniones maritales de hecho, lo
mismo que de aquellas que tienen el mismo sexo, por cuenta,
se itera, del respecto al principio de pluralismo o porque,
partiendo de los hijos, se encuentran algunas surgidas
biológicamente, por adopción, por crianza y monoparentales,
cobijadas por los lineamientos de protección que establece el
artículo 42 superior.
Asevera que el colegiado «vulnera la interpretación
dada a las normas enunciadas con las interpretaciones
emitidas por las altas Cortes que enuncian la forma en
que debe analizarse este tipo de situaciones» al haber
considerado en su decisión que:
[…] no le asiste razón a la censora respecto a que la situación
de convivencia en tratándose de parejas del mismo sexo deba
analizarse en forma diferente, pues como ya lo ha señalado la
jurisprudencia laboral y constitucional, este aspecto debe ser
acreditado en condiciones de igualdad, luego para el caso de
las parejas del mismo sexo, el requisito de convivencia
también debe comportar la habitación permanente bajo el
mismo techo con la vocación de conformar una vida de
familia, de mutua ayuda y apoyo en los ámbitos materiales
como espirituales, aspectos que como ya se analizó, no se
acreditaron en el presente caso (f. ° 19 a 23, cuaderno
Recursos Extraordinarios Memorial archivo
«2023104553921», cuaderno ib).
IX. RÉPLICA
Colpensiones expone que, si bien es cierto esta clase
de casos requieren una flexibilidad en las exigencias de
los requisitos o documentos para acreditar la vida en
común como pareja, no por ello se encuentran exentos o
libres de demostrarlos, pues ello ubicaría a las del mismo
sexo en un alcance diferente al reglado en el artículo 13
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Radicación n.° 96508
de la Ley 797 de 2003, sin que haya lugar a debatir si se
acreditó o no la convivencia demandada en la norma, por
cuanto no corresponde a una discusión propia de la vía
directa.
Asienta que el fallador podrá, en todos los casos,
otorgar mayor valor probatorio a unas probanzas sobre
otras y no por esto se desconoce el enfoque de género o
se producen determinaciones discriminatorias, salvo que
efectivamente el colegiado -contra la evidencia y la
realidad- determine pasar por alto una convivencia que se
encuentra probada de manera indiscutible, lo cual no
ocurre en el asunto (f. ° 4 a 5, cuaderno Recursos
Extraordinarios Memorial archivo «2023112628855»,
cuaderno ib).
X. CONSIDERACIONES
El Tribunal, desde lo jurídico, argumentó que el
asunto estaba regido por los artículos 46 y 47 de la Ley
100 de 1993, modificados por los artículos 12 y 13 de la
Ley 797 de 2003; que, acorde con la jurisprudencia de la
Corte, los cinco años de convivencia inmediatamente
anteriores al deceso, solo se exigen cuando quien fallece
es un pensionado, que no un afiliado (CSJ SL1730-2020) y
que, al tenor de la jurisprudencia constitucional y del
trabajo, tanto las parejas heterosexuales, como las del
mismo sexo, deben acreditar idénticos requisitos legales
exigidos para ser beneficiarios de la pensión de
sobrevivientes (CC SU214-2016 y CSJ SL5524-2016).
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Radicación n.° 96508
Coligió que los medios de convicción mostraban que,
si bien entre el causante y el hoy recurrente pudo existir
una relación sentimental, ello no implicaba que para la
fecha de la muerte tuviera la connotación de convivencia
bajo el mismo techo, con vocación de permanencia y con
el ánimo de apoyo y ayuda mutua en los términos
exigidos por la jurisprudencia.
En contraposición, el acudiente en casación le
atribuye al colegiado la trasgresión de la ley sustancial
por ambas vías de la causal primera del recurso no
ordinario, indicando, en síntesis, que aquel i) no tuvo por
demostrado, estándolo, que él y el causante eran
compañeros permanentes y convivieron desde el año
2009, hasta la fecha de fallecimiento de este (cargo
inicial) y, ii) interpretó con error la ley sustancial al
considerar que las parejas del mismo sexo deben
acreditar el requisito legal de cohabitación en igualdad de
condiciones que las heterosexuales, yendo en contravía
del precedente constitucional y de la seguridad social
(segundo cargo).
Perfilado de la anterior manera el debate de
legalidad del segundo fallo ante la Corte, cumple resaltar
que en la providencia CSJ SL5524-2016, esta Corporación
orientó que cuando las reglas de la Ley 100 de 1993
protegen el grupo familiar del afiliado o pensionado que
fallece con la prestación de sobrevivientes, tanto en el
régimen de prima media como en el de ahorro individual
con solidaridad, comprende también a las parejas del
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Radicación n.° 96508
mismo sexo, quienes gozan de libertad probatoria para
demostrar la condición de compañero (a) permanente, así
como el término de convivencia para acceder al derecho
en los mismos términos establecidos para las
heterosexuales.
Libertad probatoria de la que también se desprende
que, en asuntos como el presente, no hay tarifa legal de
medios de convencimiento, para examinar el
requerimiento legal de cohabitación entre la pareja de
compañeros, como parece entenderlo el censor, al
reprochar que el colegiado no asumiera una postura
diferencial en este caso por tratarse de una unión
homosexual.
En efecto, en la sentencia referida, además se
reflexionó que:
1) Sería inadmisible introducir como criterio de
diferenciación para efectos de la prueba de la convivencia
que otorga la condición de compañero (a) permanente
para acceder a la pensión de sobrevivientes, que se trate
de parejas del mismo sexo, quienes estarían sometidas a
reglas distintas para demostrar la vida en común, lo cual
alteraría la igualdad de trato que merecen frente a las
parejas heterosexuales, sin que medie justificación
objetiva alguna e implicaría desconocer el contenido de la
seguridad social, como derecho fundamental irrenunciable
(artículo 48 de la CP).
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 96508
2) La Corte Constitucional en sentencia CC C-075-
2007 precisó que la diferencia de trato fundada en la
orientación sexual de una persona se presume
inconstitucional y se encuentra sometida a un «control
constitucional estricto» y que la categoría «orientación
sexual» es un «criterio sospechoso de diferenciación».
3) Entre los principios fundantes del Estado Social de
Derecho (artículo 1º ibidem), están el respeto a la
dignidad humana, la solidaridad entre las personas, la
igualdad de todas ellas ante la ley, pues «gozarán de los
mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna
discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional
o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica»,
contexto en el que se conmina perentoriamente al
Estado a promover «las condiciones para que la igualdad
sea real y efectiva y adoptara medidas en favor de grupos
discriminados o marginados» (artículo 13 ib).
4) La interpretación de la Corte, en aplicación de los
anteriores mandatos superiores, es que cuando el artículo
42 de la CP entroniza el derecho que tienen las personas a
constituir una familia, debe entenderse que dicha garantía
debe ser reconocida y amparada no sólo a las parejas
heterosexuales sino también a las del mismo sexo que
tengan «la voluntad responsable de conformarla»,
igualdad que también ha sido objeto de pronunciamiento
por la Sala de Casación Civil al adoctrinar que los efectos
retrospectivos de la Ley 54 de 1990 debían aplicarse de la
misma manera a ambas relaciones (CSJ SC17162-2015),
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31
Radicación n.° 96508
reglas que, de manera general, fueron reiteradas en el
proveído CSJ SL1939-2020 en el que se agregó:
5) Que no obstante la realidad, los cambios
culturales y las nuevas exigencias sociales, han hecho que
ese concepto permanezca en continuo dinamismo, por lo
que se ha convertido en una institución que ha llevado a
que los requerimientos de sus miembros, incluso, la forma
en que se crea, se proyecte con nuevos retos, no sólo
para el legislador en materia del desarrollo de los
principios establecidos por el constituyente primario, sino
para el juez, quien ha tenido que ir acomodando esas
expectativas para declarar derechos e ir materializando la
protección a la familia.
6) Que en la sentencia CC C577-2011 se explicó ese
dinamismo de la familia, a partir de las distintas formas
de conformación, ya que no sólo prevalece aquella que se
genera mediante el matrimonio, sino que tiene igual
importancia la que emerge de la simple voluntad de la
pareja, como es el caso de las uniones maritales de
hecho, lo mismo que de aquellas que tienen el mismo
sexo, por cuenta, se itera, del respecto al principio de
pluralismo o porque, partiendo de los hijos, se encuentran
algunas surgidas biológicamente, por adopción, por
crianza y monoparentales, cobijadas por los lineamientos
de protección que establece el artículo 42 superior.
7) Que, en ese contexto, sin importar cuál de las
formas ha sido escogida para fundar la familia, el
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Radicación n.° 96508
mandato constitucional es su protección integral, con el
fin de garantizar su existencia y pleno desarrollo.
Así mismo, sobre la obligación de los jueces de
analizar la situación con enfoque diferencial, que es un
tema sobre el cual también radica la inconformidad del
acudiente en casación, la Sala Civil de esta Corporación,
en la sentencia CSJ STC2287-2018, explicó que juzgar con
perspectiva de género significa:
[…] recibir la causa y analizar si en ella se vislumbran
situaciones de discriminación entre los sujetos del proceso o
asimetrías que obliguen a dilucidar la prueba y valorarla de
forma diferente a efectos de romper esa desigualdad,
aprendiendo a manejar las categorías sospechosas al
momento de repartir el concepto de carga probatoria, como
sería cuando se está frente a mujeres, ancianos, niños, grupos
LGBTI, grupos étnicos, afrocolombianos, discapacitados,
inmigrantes, o cualquier otro; es tener conciencia de que ante
situación diferencial por la especial posición de debilidad
manifiesta, el estándar probatorio no debe ser igual,
ameritando en muchos casos el ejercicio de la facultad-deber
del Juez para aplicar la ordenación de prueba de manera
oficiosa.
Además, en punto del requisito legal de convivencia,
cumple recordar que esta Corporación revaluó el criterio
según el cual la cohabitación mínima de 5 años para ser
beneficiario de la pensión de sobrevivientes, de cónyuge o
compañero permanente, era exigible con independencia
de si el causante era un afiliado o un pensionado, acorde
con lo dispuesto en el literal a) del artículo 13 de la Ley
797 de 2003.
En efecto, la Sala precisó que el razonamiento
expuesto en la sentencia CC SU149-2021 era válido para
el caso allí resuelto y que se mantendría la posición que
SCLAJPT-10 V.00
33
Radicación n.° 96508
fijó en la providencia CSJ SL1730-2020, pese a que, por
orden de tutela, fue reemplazada por la CSJ SL4318-2021.
Así, la tesis actual de esta Corporación sobre el
punto de debate, expuesta en la decisión CSJ SL5270-
2021, asienta que:
[…] luego de analizar minuciosa y detenidamente el citado
supuesto normativo, en armonía con los pronunciamientos
efectuados en sede de constitucionalidad referidos al mismo,
esta Corporación concluyó, sin dubitación alguna, que su
intelección adecuada, la que se acompasa con la Constitución
y el espíritu de la ley, así como con los fines y principios del
Sistema Integral de Seguridad Social, y en particular, del
Sistema Pensional, lleva a concluir que, en caso de muerte de
afiliado, no fue previsto por el legislador un requisito de
tiempo mínimo de convivencia, para que cónyuge o
compañero o compañera permanente, ostenten la condición
de beneficiario de la pensión de sobrevivientes, puesto que tal
requisito, solo fue instituido para el caso de muerte del
pensionado, por motivos que resultan constitucionalmente
válidos, como en más de una oportunidad lo analizó la Corte
Constitucional.
Y es que, el Sistema de Seguridad Social Integral propende
por la obtención de condiciones de vida dignas, mediante la
protección de las contingencias que afectan a las personas y
a la comunidad. En armonía con lo dispuesto en el art. 48 de
la Constitución Política, la seguridad social es un servicio
público obligatorio, que se presta en los términos y
condiciones previstas en la ley, con sujeción a los principios
de eficiencia, universalidad y solidaridad; de ella, hace parte
el Sistema General de Pensiones, instituido con la finalidad
específica de amparar de las contingencias derivadas de la
vejez, la invalidez y la muerte, por lo que, para definir el
contenido constitucional del derecho a la pensión de
sobrevivientes, la Corte Constitucional ha desarrollado una
serie de principios, condensados en la sentencia CC C-1035-
2008, así:
1. Principio de estabilidad económica y social para los
allegados del causante: Desde esta perspectiva, ha dicho la
Corte que “la sustitución pensional responde a la necesidad
de mantener para su beneficiario, al menos el mismo grado
de seguridad social y económica con que contaba en vida del
pensionado fallecido, que al desconocerse puede significar, en
no pocos casos, reducirlo a una evidente desprotección y
SCLAJPT-10 V.00
34
Radicación n.° 96508
posiblemente a la miseria”. Por ello la ley prevé que, en
aplicación de un determinado orden de prelación, las
personas más cercanas y que más dependían del causante y
compartían con él su vida, reciban una pensión para
satisfacer sus necesidades.
2. Principio de reciprocidad y solidaridad entre el causante y
sus allegados: En el mismo sentido, la Corte ha concluido que
la sustitución pensional busca impedir que sobrevenida la
muerte de uno de los miembros de la pareja, el otro se vea
obligado a soportar individualmente las cargas materiales y
espirituales, por lo cual “el factor determinante para
establecer qué persona tiene derecho a la sustitución
pensional en casos de conflicto entre el cónyuge supérstite y
la compañera o compañero permanente es el compromiso de
apoyo afectivo y de comprensión mutua existente entre la
pareja al momento de la muerte de uno de sus integrantes”
3. Principio material para la definición del beneficiario: En la
sentencia C-389 de 1996 esta Corporación concluyó que:
“(...) la legislación colombiana acoge un criterio material -esto
es la convivencia efectiva al momento de la muerte- como
elemento central para determinar quién es el beneficiario de
la sustitución pensional, por lo cual no resulta congruente con
esa institución que quien haya procreado uno o más hijos con
el pensionado pueda desplazar en el derecho a la sustitución
pensional a quien efectivamente convivía con el fallecido”
Providencia en la que también se precisó que la
Corte Constitucional, en el fallo CC C1094-2003, al
analizar la exequibilidad del literal a) del artículo 13 de la
Ley 797 de 2003, en lo referido al requisito de convivencia
de no menos de 5 años continuos con anterioridad a la
muerte del causante, señaló:
2.3. Requisitos y beneficiarios de la pensión de
sobrevivientes
Esta Corporación se ha pronunciado acerca de la finalidad y
legitimidad de los requisitos de índole temporal o personal
que señale el legislador para el reconocimiento de la pensión
de sobrevivientes. Según lo expuesto en la sentencia C-1176
de 2001, es razonable suponer que las exigencias
consignadas en los artículos demandados buscan la
protección de los intereses de los miembros del grupo
familiar del pensionado que fallece, ante la posible
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Radicación n.° 96508
reclamación ilegítima de la pensión por parte de
individuos que no tendrían derecho a recibirla con
justicia. Igualmente suponer que el señalamiento de
exigencias pretende favorecer económicamente a
matrimonios y uniones permanentes de hecho que han
demostrado un compromiso de vida real y con vocación
de permanencia; también se ampara el patrimonio del
pensionado, de eventuales maniobras fraudulentas
realizadas por personas que sólo persiguen un
beneficio económico con la sustitución pensional. Por
esto, dijo la Corte, con el establecimiento de tales
requisitos se busca desestimular la ejecución de
conductas que pudieran dirigirse a obtener ese
beneficio económico, de manera artificial e
injustificada.
La jurisprudencia constitucional ha resaltado también que el
artículo 48 de la Constitución otorga un amplio margen de
decisión al legislador para configurar el régimen de la
seguridad social.
En ejercicio de esta atribución y de acuerdo con las
disposiciones demandadas, las cuales guardan una estrecha
relación material entre sí, el legislador distingue entre
requisitos exigidos en relación con las condiciones de
causante al momento de su fallecimiento (art. 12) y calidades
de los beneficiarios de la pensión de sobrevivientes (art. 13).
[…]
2.5. Constitucionalidad del artículo 13 de la Ley 797
Los literales a) y b) del artículo 13 en referencia consagran las
condiciones para que el cónyuge o compañero o compañera
permanente supérstite sea beneficiario de la pensión de
sobrevivientes. De ellas, los accionantes impugnan tres
aspectos en particular: i) el requisito de convivencia con el
fallecido por no menos de 5 años continuos con anterioridad a
su muerte; ii) el reconocimiento en forma vitalicia o en forma
temporal del derecho a la pensión de sobrevivientes, en
consideración a la edad del cónyuge o compañero supérstite;
y iii) el reconocimiento en forma vitalicia o en forma temporal
del derecho a la pensión de sobrevivientes, en consideración
al hecho de haber tenido hijos o no con el causante.
Como se indicó, el legislador, de acuerdo con el ordenamiento
constitucional, dispone de una amplia libertad de
configuración frente a la pensión de sobrevivientes. Además,
según lo tiene establecido esta Corporación, el señalamiento
de exigencias de índole personal o temporal para que el
cónyuge o compañero permanente del causante tengan
acceso a la pensión de sobrevivientes “constituye una
garantía de legitimidad y justicia en el otorgamiento de dicha
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Radicación n.° 96508
prestación que favorece a los demás miembros del grupo
familiar”.
En relación con los cargos formulados, la Corte encuentra
que, en principio, la norma persigue una finalidad legítima al
fijar requisitos a los beneficiarios de la pensión de
sobrevivientes, lo cual no atenta contra los fines y principios
del sistema. En primer lugar, el régimen de convivencia
por 5 años sólo se fija para el caso de los pensionados
y, como ya se indicó, con este tipo de disposiciones lo
que se pretende es evitar las convivencias de última
hora con quien está a punto de fallecer y así acceder a
la pensión de sobrevivientes.
Además, según el desarrollo de la institución dado por el
Congreso de la República, la pensión de sobrevivientes es
asignada, en las condiciones que fija la ley, a diferentes
beneficiarios (hijos, padres y hermanos inválidos). Por ello, al
establecer este tipo de exigencias frente a la duración de la
convivencia, la norma protege a otros posibles beneficiarios
de la pensión de sobrevivientes, lo cual está circunscrito
dentro del ámbito de competencia del legislador al regular el
derecho a la seguridad social. (Subraya y negrilla fuera de
texto).
Reflexiones que para la Sala permanecen incólumes,
ante lo expuesto por la misma Corte Constitucional en la
sentencia CC C336-2014, en la que tangencialmente se
equiparó el requisito de convivencia mínima, en el caso de
afiliado y pensionado y acto seguido se citó la providencia
CC C1176-2001 y la CC C1094-2003, en cuanto al límite
temporal exigido a los beneficiarios del pensionado y su
legítimo fin; empero, el análisis de constitucionalidad
efectuado se encontraba dirigido en esa oportunidad, a
otros supuestos contenidos en la norma, esto es, el aparte
final del último inciso del literal b) del artículo 13 de la Ley
797 de 2003, por lo que no tiene la virtualidad de
modificar lo considerado en el fallo CC C1094-2003.
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Radicación n.° 96508
De ahí que de la redacción del literal a) del artículo
13 de la Ley 797 de 2003, que modificó el 47 de la Ley
100 de 1993, se advierte que la exigencia de un tiempo
mínimo de convivencia de 5 años allí contenida, se
encuentra relacionada únicamente al caso en que la
prestación se cause por muerte del pensionado, por lo
que una intelección distinta, comporta la variación de su
sentido y alcance, toda vez que no puede desconocerse
tal distinción, que fue expresamente prevista por el
legislador en la norma acusada, así:
Son beneficiarios de la pensión de sobrevivientes:
a) En forma vitalicia, el cónyuge o la compañera o compañero
permanente o supérstite, siempre y cuando dicho
beneficiario, a la fecha del fallecimiento del causante, tenga
30 o más años de edad. En caso de que la pensión de
sobrevivencia se cause por muerte del pensionado, el
cónyuge o la compañera o compañero permanente supérstite,
deberá acreditar que estuvo haciendo vida marital con el
causante hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no
menos de cinco (5) años continuos con anterioridad a su
muerte; (subraya y negrilla fuera de texto)
Adicionalmente, en la exposición de motivos de la
Ley 797 de 2003, cuando se procedió a la sustentación de
los preceptos del proyecto, en lo concerniente al artículo
17 «BENEFICIARIOS DE LA PENSIÓN DE SOBREVIVIENTES»,
se precisó que:
[…] Se regulan los beneficiarios de la pensión de
sobrevivientes estableciendo uniformidad entre los regímenes
de prima media y de ahorro individual con solidaridad.
Adicionalmente se establece que el cónyuge o
compañero permanente debe haber convivido con el
pensionado por lo menos cuatro años antes de
fallecimiento con el fin de evitar fraudes (subraya y
negrilla fuera de texto).
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Radicación n.° 96508
Además, en la ya citada CSJ SL5270-2021, la Sala
dijo:
Desde la expedición de la Ley 100 de 1993, ha sido clara la
intención del legislador al establecer una diferenciación entre
beneficiarios de la pensión de sobrevivientes por la muerte de
afiliados al sistema no pensionados, y la de pensionados,
esto es, la conocida como sustitución pensional, previendo
como requisito tan solo en este último caso, un tiempo
mínimo de convivencia, procurando con ello evitar conductas
fraudulentas, «convivencias de última hora con quien está a
punto de fallecer y así acceder a la pensión de
sobrevivientes», por la muerte de quien venía disfrutando de
una pensión.
La evidente y contundente distinción efectuada por el
legislador en el precepto que se analiza, comporta una
legítima finalidad, que perfectamente se acompasa con la
principal de la institución que regula, la protección del
núcleo familiar del asegurado o asegurada que fallece,
que puede verse afectado por la ausencia de la contribución
económica que aquel o aquella proporcionaba, bajo el
entendido de la ayuda y soporte mutuo que está presente en
la familia, que ya sea constituida por vínculos naturales o
jurídicos, que en todas sus modalidades se encuentra
constitucionalmente protegida, como núcleo esencial de la
sociedad (art. 42 CN).
En este punto resulta necesario precisar, que conforme al
análisis hasta aquí efectuado, de lo dispuesto en el literal a)
del art. 13 de la Ley 797 de 2003, para ser considerado
beneficiario de la pensión de sobrevivientes, en condición de
cónyuge o compañero o compañera permanente supérstite
del afiliado al sistema que fallece, no es exigible ningún
tiempo mínimo de convivencia, toda vez que con la simple
acreditación de la calidad exigida, cónyuge o compañero (a),
la conformación y pertenencia al núcleo familiar, con vocación
de permanencia, así como la convivencia vigente para el
momento de la muerte, se da cumplimiento al supuesto
previsto en el literal de la norma analizado, que da lugar al
reconocimiento de las prestaciones derivadas de la
contingencia, esto es, la pensión de sobrevivientes, o en su
caso, la indemnización sustitutiva de la misma o la devolución
de saldos, de acuerdo al régimen de que se trate, y el
cumplimiento de los requisitos para la causación de una u
otra prestación.
Lo anterior comporta también que, para efectos de la
aplicación de lo dispuesto en el literal a) del art. 13 de la Ley
797 de 2003, no hay lugar a efectuar ninguna distinción entre
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Radicación n.° 96508
beneficiarios del causante afiliado - no pensionado-, según la
forma en la que se constituya el núcleo familiar, si lo es por
vínculos jurídicos o naturales, en tanto el referido núcleo, es lo
que protege el Sistema General de Seguridad Social. Así lo
recordó la Corte Constitucional, en el análisis de
constitucionalidad efectuado al art. 163 de la Ley 100 de
1993, antes de ser modificado por el art. 218 de la Ley 1753
de 2015, en la sentencia CC C-521-2007, que en torno al
concepto de familia y su protección sin discriminación, en
consideraciones que se avienen al Sistema Pensional, advirtió
que:
[…] la exigencia de convivir durante un lapso superior a dos
años para lograr afiliar como beneficiario del Plan Obligatorio
de Salud al compañero (a) permanente, quebranta los
derechos a la igualdad, seguridad social, salud, vida, libre
desarrollo de la personalidad y protección integral de la
familia, por cuanto el constituyente consagró una protección
igual para las uniones familiares constituidas por vínculos
naturales o jurídicos, como también para las conformadas por
la decisión libre de contraer matrimonio o la voluntad
responsable de conformarlas.
Desde una perspectiva constitucional no existe una
justificación objetiva y razonable para otorgarle un trato
distinto al cónyuge a quien no se le impone la obligación de
cumplir un determinado período de convivencia con el
afiliado, mientras que el compañero (a) no puede ser afiliado
al POS si la unión permanente es inferior a dos años. Sobre
esta materia es pertinente recordar el texto del artículo 42 de
la Carta Política, según el cual:
[...]
4.10. La diferencia de trato entre el cónyuge del afiliado y el
compañero (a) permanente del afiliado a quien se impone la
obligación de convivir durante un período mínimo de dos años
para acceder a las mismas prestaciones, no está justificada
bajo parámetros objetivos y razonables, por cuanto se impone
a éste último la carga de permanecer durante dos años sin los
beneficios propios del Plan Obligatorio de Salud, brindándole
como explicación que se trata de un lapso efímero durante el
cual podría afiliarse como trabajador independiente al
régimen contributivo o al régimen subsidiado, o acceder a los
servicios en calidad de vinculado.
Similares consideraciones podrían hacerse respecto del
cónyuge a quien la norma ampara como beneficiario a partir
del matrimonio; sin embargo, la disposición, contrariando lo
dispuesto en el artículo 13 superior, ordena darle al
compañero (a) permanente un trato discriminatorio al
imponerle una carga desproporcionada, en cuanto a pesar de
estar conformando una familia lo obliga a permanecer
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Radicación n.° 96508
durante dos años por fuera del ámbito de cobertura señalado
en el artículo 163 de la ley 100 de 1993.
[...]
Mientras el artículo 2º. de la Ley 54 de 1990 regula el régimen
económico de las uniones maritales de hecho, el artículo 163
de la Ley 100 de 1993 se aplica a la cobertura familiar en el
Plan Obligatorio de Salud; es decir, una y otra disposición son
ontológicamente diferentes, la primera aplicable a las
consecuencias económicas derivadas de la unión marital de
hecho, al paso que la segunda está relacionada con la
protección integral de la familia en cuanto a la prestación del
servicio de seguridad social en salud se refiere, materia ésta
que vincula la protección eficaz de los derechos
fundamentales a la vida en condiciones en dignas y a no ser
discriminado en razón del origen familiar.
En cuanto a lo dispuesto en el art. 10 del Decreto 1889 de
1994, que prevé que se considera compañera o compañero
permanente para efectos de la pensión de sobrevivientes
causada por la muerte de un afiliado, la última persona que
haya hecho vida marital con aquel durante un lapso no
inferior a dos (2) años, al reglamentar parcialmente las
normas del Sistema General de Seguridad Social en
Pensiones, no podía ir más allá de lo dispuesto en la ley,
imponiendo requisitos que superen lo legalmente establecido,
como lo hizo; y, no está por demás indicar que dicha norma
fue subrogada por el artículo 2.2.8.2.3 del Decreto Único
Reglamentario 1833 de 2016, que remite al lapso de
convivencia previsto en los art. 47 y 74 de la Ley 100 de
1993, y normas que los modifiquen o adicionen, por lo que, se
considera que, para determinar quién ostenta la calidad de
compañero o compañera permanente de un afiliado, a efectos
de lo dispuesto en el literal a) del art. 13 de la Ley 797 de
2003, que modificó el art. 47 de la Ley 100 de 1993, debe
acudirse a la noción constitucional de familia, en la forma en
la que ha sido ampliamente analizada por la Corte
Constitucional, entre otras, en la providencia citada.
Así fue como la Sala fijó el verdadero alcance de la
disposición acusada, a la luz del precepto constitucional
de in dubio pro operario (favorabilidad), esto es, que el
tiempo de convivencia mínima de cinco (5) años, en el
supuesto previsto en el literal a) del artículo 13 de la Ley
797 de 2003, solo es exigible en caso de muerte del
pensionado, según lo analizado en la sentencia CSJ
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SL1730-2020, reiterada entre otras en las CSJ SL3843-
2020, CSJ SL3785-2020, CSJ SL4606-2020, CSJ SL489-2021,
CSJ SL362-2021, CSJ SL1905-2021 y CSJ SL2222-2021.
Eso sí, conviene advertir que, aunque aparentemente
la diferenciación implícita en la disposición analizada
resulta discriminatoria, a la luz de lo dispuesto en el
artículo 13 de la Constitución Política, ello no puede
entenderse así, por cuanto la igualdad solo puede
predicarse entre iguales, lo que hace necesario establecer
la diferencia de trato entre desiguales para salvaguardar
ese principio.
En este caso, el elemento diferenciador lo constituye
la condición en la que está el causante de la prestación,
porque, de un lado, se encuentra el afiliado que está
sufragando el seguro para cubrir los riesgos de invalidez,
vejez y muerte, que no tiene un derecho pensional
consolidado, pero se encuentra en construcción y, para
dejar causada la pensión de sobrevivientes, requiere el
cumplimiento de una densidad mínima de cotizaciones
prevista en la ley.
Mientras del otro está el pensionado, que con un
derecho consolidado, deja causada esta con el solo hecho
de la muerte, circunstancia en la que adquiere relevancia
la exigencia de un mínimo de tiempo de convivencia, se
itera, para evitar fraudes, proteger su núcleo familiar de
reclamaciones artificiosas y contener conductas dirigidas
a la obtención injustificada de beneficios económicos del
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Radicación n.° 96508
sistema, cuya sostenibilidad debe salvaguardarse de tales
actuaciones, precisamente, para que sea posible el
cumplimiento de los fines para los cuales fue previsto.
Por último, resulta necesario precisar que la
sentencia CSJ SL1730-2020, en la que se fijó inicialmente
el criterio en el que se insiste en esta nueva oportunidad,
fue dejada sin efectos mediante la providencia CC SU149-
2021, a la que se dio cumplimiento en la decisión CSJ
SL4318-2021, empero, en acatamiento de la carga de
transparencia, esta Sala especializada se aparta de lo
razonado en esta determinación, para lo cual acude la
exposición precisa y suficiente de los argumentos de índole
jurídica contenidos en el proveído CSJ SL5270-2021, a los
cuales ya se hizo alusión previamente.
Se hace la anterior remembranza doctrinaria y
jurisprudencial, para dejar asentado que emerge palmario
el desatino en que incurrió el juzgador plural, pues,
aunque plasmó lo que objetivamente contenía la
Resolución SUB2700 de 2017 (f. ° 37 a 41, cuaderno del
juzgado), lo cierto es que le dio un alcance equivocado al
desconocer que la propia Administradora Colombiana de
Pensiones – Colpensiones aceptó, conforme el resultado
de la investigación administrativa realizada por ella, que
para el momento de la muerte del afiliado, éste convivía
con el impugnante, lo que, según la línea de pensamiento
de la Corporación, que estaba definida para la época en
que se profirió la decisión, tanto que incluso fue
rememorada por el colegiado, otorgaba al señor José
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Radicación n.° 96508
Álvaro Rodríguez Yepes el estatus de beneficiario de la
prestación litigada, en calidad de compañero permanente
de aquel.
En ese escenario, en relación la buena fe y la lealtad
procesal, Colpensiones no podía desconocer judicialmente
que José Álvaro Rodríguez Yepes y Ricardo Ramos Mora
convivieron desde el «año 2014 hasta el 20 de noviembre
de 2016» y el Tribunal no podía soslayar que, según ha
orientado la jurisprudencia de esta Corporación, en
decisiones como la CSJ SL11647-2014, CSJ SL11546-2015
y CSJ SL3461-2018, en las que se rememoró la CSJ SL, del
3 feb de 2010, rad. 37387, la carga de acreditar la
convivencia exigida está en cabeza de quien reclama el
derecho, pero tal deber se tiene por cumplido cuando la
misma ha sido aceptada por la administradora de
pensiones encargada de asumir la prestación económica
correspondiente.
De ahí, que se tiene por demostrada la trasgresión
legal alegada respecto de la sentencia de segunda
instancia, por lo que se impone el quiebre de la misma
Sin costas dada la prosperidad del recurso.
XI. SENTENCIA DE INSTANCIA
La juez unipersonal negó las pretensiones de la
demanda indicando que, si bien el causante y el
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Radicación n.° 96508
demandante fueron «compañeros sentimentales», no se
estructuró una comunidad de vida estable, permanente,
de firme y mutua comprensión, apoyo espiritual y físico y
camino hacia un destino común, situación que excluía las
relaciones que, a pesar de ser prolongadas, no generan
las condiciones necesarias de una convivencia.
Al efecto, razonó que:
1) Las declaraciones extra proceso vertidas por Fabio
Enrique Arévalo Pachón, Mauricio Leiva, Luis Germán
Quiñones Jaimes y Jenny Paola Lancheros Rodríguez,
fueron en el mismo formato impreso y manifestaron, de
forma idéntica y sin variación, que les constaba la
cohabitación de la pareja, en unión marital de hecho,
durante más de siete años y hasta el deceso del afiliado;
así como que se proporcionaban mutuamente lo necesario
para la salud, vivienda, alimentación y vestido y que el
último domicilio de los compañeros fue la Calle 128 A #
72-50 casa 44, antigua Helvetia, Suba.
2) La constancia de atención médica al promotor de
la acción del 27 de diciembre de 2013 dejó consignado
que su estado civil era soltero y que el nombre del
responsable era Ricardo Ramos; que a pesar de ello no
podía determinar su lugar de residencia, pues las del 14
de agosto y 6 de septiembre de 2015; 28 de enero, 20 y
22 de febrero de 2016 consignaban como dirección la
antes mencionada, pero sin identificar la casa; mientras
que las del 28 de septiembre y 2 de noviembre de 2016
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Radicación n.° 96508
indicaron la carrera 7ª # 67-39 y la del 16 de diciembre
de ese año, la calle 87 # 48-00 (f. ° 82).
3) El certificado de auxilio mutualista (f. ° 326)
dejaba ver que el demandante designó como beneficiarios
suyos al causante (25 %), en calidad de amigo, su
hermana (50 %) y su progenitora (25 %); que en dicho
documento informó como dirección del primero la Avenida
26 # 17-66 torre 10 apartamento 137, esto es, la misma
de su hermana, quien tenía asignado un porcentaje mayor
que el del afiliado fallecido; que, por su parte, el señor
Ramos, estableció como causahabientes al actor y a su
señora madre, cada uno con en un 50 %, registrando
como dirección de ambos la calle 128 A # 72-50.
4) Las declaraciones de los codemandados María
Concepción Mora de Ramos y Alfonso Ramos Ladino
(padres del causante), así como los testimonios de Andrés
Ramos Mora (hermano) y Marisol Riaño Rubiano (esposa
del testigo), fueron uniformes al asegurar que el señor
José Álvaro Rodríguez Yepes no convivió en la casa
paterna del causante; que éste, durante 40 años y hasta
la muerte, habitó con sus progenitores; que todos los
bienes de su familiar fueron adquiridos exclusivamente
por él, registrando en los actos públicos que su estado
civil era soltero; que el demandante nunca participó en
reuniones familiares y solo tenía prendas de vestir en la
casa del afiliado, pues unas cuantas veces durmió allí,
puesto que, por motivos de estudio, llegaba a las 10 pm,
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Radicación n.° 96508
pero lo conocían como compañero de trabajo del señor
Ramos Mora.
5) Aunque el señor Rodríguez Yepes manifestó en su
interrogatorio de parte que desde el 2004 vivió con el
señor Ricardo Ramos Mora en el tercer piso del inmueble
ya mencionado y que, por motivos de salud, la señora
madre del último se instaló en la segunda planta; que la
relación fue discreta y reservada y por ello consignaba
que su relación era de amigos, pero ante la muerte de su
compañero enteró de tal vínculo al área de recursos
humanos de su empleador.
6) La señora Jenny Paola Lancheros Rodríguez
(sobrina del actor) dio cuenta de la convivencia de la
pareja; que por razón de la muerte del afiliado, su
familiar retiró sus pertenencias de la vivienda, que no
eran más que prendas de vestir; que cohabitaron desde el
año 2009; que en una ocasión vio a los padres del señor
Ricardo en la casa y en una oportunidad al hermano de
aquél; que la relación no fue pública ante los familiares
del difunto, pero sí se dio a conocer con los parientes del
accionante y el grupo de amigos de ambos; que Álvaro
aportaba el 10 % para los gastos del hogar y el causante
el 90 %.
7) El dicho de la declarante no ofrecía serios motivos
de credibilidad, pues era contrario a lo sostenido por los
familiares del occiso, quienes señalaron que la
convivencia no existió, lo que se confirmaba con la propia
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versión dada por ella, al indicar que los elementos que
retiró el actor de la casa del fallecido eran prendas de
vestir, que la relación no fue pública y ambos acordaron
comprar bienes por separado, lo que demuestra que no
existía propósito de vida en común en la pareja.
8) Si bien el declarante Fabio Arévalo informó sobre
la convivencia, pues en calidad de amigo de la pareja los
visitaba semanalmente e iba de viaje con ellos, al
contrastar su dicho con las fotografías y videos, emergía
que la relación no tuvo las connotaciones propias de
compañeros permanentes (min. 3:19 a 21:26, Cd de f.°
594 en relación con el acta de f. ° 595).
Inconforme con la decisión, demandante la recurrió
argumentando que:
i) la juez de primer grado no tuvo en cuenta que la
jurisprudencia de la Corte ha orientado que, en tratándose
de parejas del mismo sexo, debe analizarse cada caso de
manera particular en perspectiva de las circunstancias
sociales (CSJ SL1706-2022), por lo que no advirtió que la
comunidad de vida en un vínculo homosexual no es igual
a uno heterosexual y, en este asunto, eran los padres del
fallecido quienes no aceptaban su orientación sexual,
motivo obvio por el que no podían compartir como pareja
en eventos familiares y,
ii) el análisis probatorio fue parcializado en favor de
los padres del causante, pues no observó que tanto ellos,
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como los dos testigos escuchados a instancias de los
codemandados, se encontraban en la misma habitación al
momento de rendir sus declaraciones e, incluso, las
respuestas eran dadas por Andrés Ramos (hermano del
causante) o por el propio apoderado; que tampoco
evidenció la mala fe de los progenitores, pues en
compraventa realizada por el señor Alfonso Ramos
(padre) el 29 de diciembre de 2016, es decir, meses
después de la muerte del afiliado, le vendió la cuota parte
de éste a sus otros hijos y manifestó que aquél estaba
vivo y era soltero (min. 21:30 y siguientes, ib).
Acorde con el principio de consonancia del artículo
66 A del CPTSS, examinará la Sala si se equivocó la
juzgadora inicial al negar los pedimentos del gestor al
tener por no demostrada la condición de beneficiario del
señor José Álvaro Rodríguez Yepes, para lo cual, impera
recabar en que no ha sido objeto de discusión que la
prestación se dejó causada.
Así mismo, es relevante definir que, aunque en
primera instancia se tuvo como fecha del deceso el 20 de
noviembre de 2016, tal determinación es errada y no
puede pasar inadvertida la Corporación, dado que lo que
se observa es que el hecho fatal tuvo lugar el 19 de
noviembre de 2016, según el registro civil de función de f.
° 472, con el serial 08209676, que reemplazó el
numerado 0008209566 (f. ° 34), por lo que así se
asentará para los efectos de esta decisión.
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Radicación n.° 96508
Para desatar la alzada, son suficientes los
fundamentos doctrinales y jurisprudenciales expuestos en
casación, en la medida que, en perspectiva de la fecha en
que se profirió la decisión apelada (24 de septiembre de
2021), refulge diáfano que la juez inicial desconoció la
jurisprudencia de la Corte en la que asentó la línea de
pensamiento según la cual la convivencia por un lapso de
cinco años anteriores al deceso solo es exigible cuando el
fallecido es un pensionado, que no cuando es un afiliado,
siendo esta última la hipótesis que tuvo lugar en el
asunto de autos, en el que no se controvierte que el señor
Ricardo Ramos Mora perdió la vida sin pensionarse.
Dicha circunstancia, de contera, la llevó a
desconocer el contenido de la Resolución SUB2700 de
2017, en la que Colpensiones admitió que el resultado de
su investigación administrativa arrojó una cohabitación
como compañeros permanentes entre el actor y el
causante, entre «el año 2014 y el 20 de noviembre de
2016», por lo que estaba probada la calidad de
beneficiario del primero en debate, circunstancia que no
podía ser ignorada por la entidad de seguridad social y
tampoco por la juez, en vista que tal calidad deviene
directamente de la ley y de la interpretación que esta
Corporación ha impartido sobre la misma.
Además, le asiste razón al impugnante en sus
reparos, pues lo que surge de las consideraciones de la
decisión que ahora se estudia, es que la juzgadora, en la
búsqueda de la certeza respecto de la convivencia, que se
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Radicación n.° 96508
itera, ya estaba demostrada desde el trámite
administrativo, realizó un ejercicio de valoración
probatoria contrario a los principios de la lógica y la sana
crítica, alejado también de la perspectiva que debe
irradiar el estudio de casos como el presente.
Al respecto, recuérdese que los sentenciadores
gozan de la potestad legal de apreciar libremente la
prueba para formar su convencimiento, con base en el
principio de la sana crítica, acerca de los hechos
controvertidos con fundamento en aquellos medios
suasorios que más los induzcan a hallar la verdad real y
no la simplemente formal que aparezca en el proceso
(artículo 61 del CPTSS), la cual, en todo caso, debe
ejercerse sin dejar de lado los principios científicos
relativos a la crítica de la prueba, las circunstancias
relevantes del litigio y el examen de la conducta de las
partes durante su desarrollo (CSJ SL1616-2023, con
referencia a CSJ SL112-2021 y CSJ SL18578-2016).
Adicionalmente, frente a la valoración probatoria en
casos como el presente, huelga resaltar que la Corte ha
precisado que tal lectura implica la labor profunda y
activa de los operadores de justicia en pro de la
materialización de una dimensión diferencial en las
decisiones judiciales y la necesidad de «flexibilizar la
carga probatoria en casos de violencia o discriminación,
privilegiando los indicios sobre las pruebas directas,
cuando estas últimas resulten insuficientes» (CSJ SL2936-
2022).
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51
Radicación n.° 96508
Así, se ha reconocido que la perspectiva de género
integra la dimensión formal y material de implementar en
el proceso medidas tendientes al logro de una igualdad
real y efectiva, que garantice una especial protección a la
histórica discriminación, en este caso, de las parejas del
mismo sexo, imponiendo al juez identificar las situaciones
de poder y de desigualdad estructural de las partes en
litigio, no para actuar en forma parcializada, «ni de
conceder sin miramientos los reclamos de personas o
grupos vulnerables, sino de crear un escenario apropiado
para que la discriminación asociada al género no dificulte
o frustre la tutela judicial efectiva de los derechos» (CSJ
SC5039-2021).
Ahora, es dable aplicar la visión explicada a casos
como el presente, sin contrariar la postura jurisprudencial,
según la cual, las parejas heterosexuales y homosexuales
están sometidas a las mismas reglas probatorias a la hora
de acreditar la convivencia legalmente exigida para
hacerse beneficiario de la pensión de sobrevivientes,
habida consideración de que no existe justificación
objetiva alguna que autorice un trato discriminatorio entre
ambos grupos.
Así se afirma, porque, como en sede extraordinaria
se dijo, la guía dada por el enfoque de género no implica,
por sí misma, que se vaya a otorgar una ventaja
probatoria a aquellos grupos que históricamente han sido
discriminados, pues respecto de ellos y en punto de la
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Radicación n.° 96508
prestación por sobrevivientes, se seguirá exigiendo la
acreditación de los supuestos de hecho, atendiendo al
principio de libertad probatoria, habida cuenta que en
este tema específico «no ha previsto la ley solemnidad
alguna o prueba ad sustantiam actus» (CSJ SL5524-2016).
De esta manera, la «declaración de parte, la
confesión, el juramento, el testimonio de terceros, el
dictamen pericial, la inspección judicial, los documentos,
los indicios, los informes y cualesquiera otros medios que
sean útiles para la formación del convencimiento del juez»
(artículo 168 del CGP), seguirán siendo los medios de
prueba a través de los cuales corresponde acreditar la
convivencia, solo que, la asunción de tales elementos por
parte del juez, en casos como el que ocupa la atención de
la Sala, debe estar mediada por la observancia de las
particulares circunstancias sociales, culturales, religiosas,
laborales, familiares y personales que rodearon la relación
de pareja o convivencia preconizadas.
En esta perspectiva, lo primero que observa la Sala
es que, si bien la juez inicial estaba autorizada, en el
marco de su independencia, a darle mayor credibilidad a
un grupo de testigos sobre el otro (CSJ SL15966-2018 y
CSJ SL5458-2018), lo cierto es que en tal ejercicio no
observó las reglas probatorias discurridas, pues aunque la
señora Jenny Paola Lancheros Rodríguez 4 (sobrina del
demandante) y el señor Fabio Arévalo Pachón 5 (amigo de
la pareja) informaron las circunstancias de modo, tiempo
4
Min. 12:39 a 37:53, audio 2 del CD de f. ° 57.
5
Min. 38:30 y siguientes del audio 1 y 00:00 a 11:46 del audio 2 ib.
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53
Radicación n.° 96508
y lugar por las cuales les constaba directamente la
conveniencia del causante con el promotor de la acción,
no solo al momento de la muerte, sino desde por lo
menos el año 2009, la juzgadora manifestó que la primera
no era creíble, simplemente porque su versión era
contraria a la de la familia del afiliado, misma que,
durante todo el trámite negó la calidad de compañero del
señor Rodríguez Yepes y, respecto del segundo, se limitó
a rememorar su dicho para, a continuación, referir que
contrastado con las fotografías, lo que dejaba ver era que
la relación sentimental no tenía la connotación de una
comunidad de vida.
Razonamiento que se advierte insuficiente, pues no
esboza un motivo serio y atendible para haber desechado
tales versiones y dar total credibilidad a los padres,
hermano y cuñada del causante, quienes, dicho sea de
paso, adoptaron una actitud reprochable durante la
práctica de la prueba, que incluso fue advertida por la
mandataria judicial del actor en el momento oportuno,
pero que no fue tenida en cuenta por la juez, como era su
deber, a la hora de ponderar la credibilidad y
espontaneidad de sus versiones.
En efecto, es cierto, como lo afirma el impugnante,
que María Concepción Mora de Ramos6, Alfonso Ramos
Ladino7, Andrés Ramos Mora8 y Marisol Riaño Rubiano9
6
min. 13:31 a 23:00, CD a f. ° 594.
7
min. 4:13 a 13:10, ib.
8
min. 23:33 a 1:36:56. ibidem
9
min. 1:37:40 a 2:18:01
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54
Radicación n.° 96508
estuvieron juntos en la misma habitación mientras cada
uno era interrogado por la juez y los apoderados,
circunstancia que en sí misma desdice de la
espontaneidad de los dichos vertidos al proceso, los
cuales, resáltese, eran todos idénticos y en el decurso del
video se puede observar cómo buscan información y
aprobación a las respuestas dadas, mirando a las
personas que se encontraban a los lados o detrás de la
cámara, siendo evidente, además, el nerviosismo y
actitud hostil que asumió el hermano del fallecido
respecto de los cuestionamientos efectuados por la
apoderada del reclamante.
Dicha actitud procesal es contraria a la observada
frente a los testigos escuchados a instancias de la parte
actora, quienes se mostraron responsivos, serios,
espontáneos, sin animadversiones ni intenciones de
favorecer a uno u otro extremo de la litis y, contrario a lo
colegido por la juzgadora singular, sus dichos devienen
claves para desentrañar el rechazo que la relación de
convivencia entre el causante y el demandante generaba
en el núcleo familiar del causante, estado de cosas que
deja ver los motivos que llevaron a los familiares de éste a
negar la convivencia durante todo el trámite e, incluso,
permite saber que, en efecto, la pareja no compartía las
ocasiones especiales en casa del señor Ricardo, pero
porque sus progenitores no lo permitían.
De ahí, que se equivocó la juez al reprochar que los
compañeros no dieran a su convivencia una publicidad
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Radicación n.° 96508
igual a aquella que se espera respecto de las parejas
heterosexuales, pues con ello desconoció la realidad
social y familiar que los rodeaba, incluso la laboral, donde
el afiliado tenía una posición superior a la del
demandante, particularidades todas que implicaron que
solo mostraran y dieran a conocer su comunidad de vida
ante un grupo de amigos y compañeros de trabajo.
Tal ausencia de consideración del entorno específico
implicó que en la decisión confutada se inadvirtieran los
indicios que reforzaban la demostración de la convivencia
entre actor y afiliado, mismos que, se itera, son un medio
de prueba legalmente autorizado por el artículo 165 del
CGP, aplicable por autorización del artículo 145 del CPTSS.
Dichos indicios se concretaron, en el caso, en la
designación recíproca como beneficiarios del auxilio
mutualista (f. ° 326 a 327 y 545), la cual, si bien se
efectuó en calidad de amigos, también se hizo en
concurrencia con las progenitoras de los integrantes de la
pareja y la hermana del demandante, es decir, en dicha
designación solo tuvieron en cuenta a aquellos que
consideraban más cercanos e importantes en sus vidas,
pues las reglas de la experiencia enseñan que no se
incluye a un amigo cualquiera como causahabiente de un
beneficio económico al mismo nivel de la familia.
Además, en la atención médica de urgencia
registrada a f. ° 82, se consignó como persona
responsable del actor al señor Ricardo Ramos Mora,
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Radicación n.° 96508
manifestación desconocida por la juzgadora con
fundamento en que no en todas las atenciones médicas
domiciliarias brindadas por EMI (f. ° 85) se plasmó como
dirección de residencia la calle 128 A # 72- 50, a pesar de
que , de acuerdo con las reglas de la experiencia, es
conocido que el tipo servicio que presta la referida
empresa puede prestarse en cualquier lugar en el que se
encuentre el afiliado, sin que se exija que el sito sea su
lugar de residencia.
En igual sentido, se cuenta con certificaciones donde
consta que la pareja contrató la realización de obras
civiles de remodelación y construcción (f. ° 355 a 362);
recibos de caja en el que se evidencia que el causante
pagó la suma de $4.000.000 por procedimiento quirúrgico
realizado al actor (f. ° 328); remisión de éste, por parte de
la EPS Famisanar, el 25 de enero de 2017, a psicología por
«duelo» (f. ° entre 334 y 335) y consulta externa del 9 de
diciembre de 2016, donde se consignó que aquél refirió:
[…] yo solicité la cita porque yo gay y ya una relación con una
pareja que duramos 17 años y él falleció el 19 de noviembre
me dan momentos de depresión no quisiera trabajar y me da
mal genio, no lo he podido manejar […] pareja 46 años fallece
en accidente […]
[…] se hacen señalamientos iniciales se evidencia reacción
adaptativa duelo muerte pareja […] (f. ° 337 a 338)
En tal escenario, contrario a lo concluido por la juez
inicial, no solo estaba fehacientemente demostrada la
calidad de beneficiario de la pensión del accionante,
desde el trámite administrativo, sino que, además, la
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Radicación n.° 96508
misma se ratificó en el decurso del proceso judicial, pues
no solo la testimonial corroboró la cohabitación para la
época del deceso, sino que las documentales atrás
mencionadas, permitían colegir un proyecto de vida en
común y protección mutua de la pareja Rodríguez Ramos,
a través de diferentes acciones como designarse como
beneficiarios de auxilios, asistir al otro ante dificultades
médicas y cubrir los gastos, involucrarse en planes de
remodelación de las viviendas de las que cada uno era
propietario e incluso, la aflicción ante la pérdida del
compañero de vida.
Ahora por lo trascendental que resulta la gestión del
proceso, en estos asuntos, recuerda la Corte que de
conformidad con los artículos 29, 228, 229 y 230 de la CP
y 48 del CPTSS, el juez laboral y de seguridad social es el
director del proceso, lo que significa que, tiene la
obligación de «asumir» la gestión normativa, técnica y
procedimental del litigio para arribar a una sentencia
ajustada a la Constitución y a la ley, con una tramitación
formal y materialmente adecuada, que garantice siempre
la consecución de los derechos fundamentales y el
equilibrio entre las partes.
En ese contexto, el juez de la especialidad tiene dos
roles, a saber:
1. Gerente y administrador del proceso
encargado de rituar el trámite con apego a las formas de
cada juicio, de manera autónoma, imparcial, célere,
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Radicación n.° 96508
eficiente y gratuita, con el propósito de arribar a un
resultado que solucione el litigio.
2. Principal garante de la materialización de
los derechos de las partes, con especial énfasis en
la igualdad material, obligado, por ende, a tomar,
imponer y ejecutar las medidas necesarias (de hacer o no
hacer), que impidan que la desigualdad de la relación
sustantiva que juzga se traslade al procedimiento y/o a su
fallo.
Así el funcionario en esta especialidad requiere: i)
establecer que en los conflictos asignados a su
conocimiento existe una relación sustantiva desigual
subyacente; ii) lograr que esa diferencia no impacte o
permee las dinámicas procesales; iii) guiar el trámite de
tal manera que el juicio sea uno justo y equilibrado para
ambos contendientes y, por consiguiente, iv) tomar las
medidas negativas o positivas que permitan hacer
efectivo el derecho a la igualdad material en el proceso.
Lo último, pues, en perspectiva de ese derecho y el
de no discriminación inserto en los artículos 13 de la CP y
10 del CST; así como en el 7° de la Declaración Universal
de Derechos Humanos de 1948 y 26 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el juez
como director del proceso está obligado a
proscribir tratos diferenciados fundados en categorías
sospechosas como la raza, sexo, religión, etc (acciones
positivas) y, abstenerse de incurrir en uno de ellos
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Radicación n.° 96508
(acciones negativas), ya sea, por omisión, porque los
tolere o, por acción, debido a que, con la conducción del
trámite o las decisiones que tome, acentúe el agravio de
un acto injusto.
La falta de gestión o administración del trámite
jurisdiccional desde esos parámetros, se reitera,
impuestos por los Tratados Internacionales de Derechos
Humanos, La Constitución y la ley procesal especial, anula
o menoscaba el reconocimiento, goce o ejercicio de un
derecho que debe ser concedido en condiciones de
igualdad y, por tanto, genera escenarios en los que el
sujeto discriminado termina siendo revictimizado.
Aduce la Corporación lo anterior, para denotar que,
en los conflictos de seguridad social en los que se discute
la calidad de beneficiario del cónyuge o compañero
permanente, el juez ha de tener la sensibilidad suficiente
para advertir cuando en las relaciones de pareja o en las
familiares existen estereotipos de desigualdad o
discriminación.
Y, junto con ello, también debe contar con la
habilidad necesaria para elegir las herramientas
adecuadas que impidan que los tratos injustos, como, por
ejemplo, el uso de manifestaciones lingüísticas, verbales o
gestuales, tendientes a menoscabar, desvalorizar o
censurar a una persona, con relación a una categoría
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sospechosa como lo es la identidad de género, hagan
presencia en el estrado judicial.
En ese marco, se insiste, los jueces al evaluar la
convivencia de personas del mismo sexo, entre otras
cosas, están obligados a negar la procedencia de
preguntas íntimas o alegaciones que exhiban el sesgo o
estereotipo que se les plantea; llamar la atención o
sancionar a quienes incurran en esa conducta, con el
propósito de hacer sentir inferior a uno de los sujetos
procesales y/o a su mandatario judicial y, evitar que la
ritualidad de la audiencia se preste para empoderar en
esos actos a quien incurre en la conducta discriminatoria.
Luego, aunque la juez de primera instancia censuró
con acierto algunos de los interrogatorios, también debió,
en aras de evitar que el demandante reviviera el dolor
que le causó el repudio familiar y social de su relación con
el causante, extremar las medidas en la práctica de las
pruebas, para que su recaudo se lograra en un ambiente
de transparencia y total respeto de los derechos
fundamentales en el marco del artículo 48 del CPTSS y,
por tanto, tenía la obligación de conminar al hermano del
causante (testigo), para que se abstuviera de generar un
trato inadecuado, como lo hizo, a la apoderada del actor.
Acentúa la Sala que, efectivamente, en contextos
como los expuestos, el juez director del proceso como
garante del derecho a la igualdad, tampoco puede
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permitir, de la manera en que aconteció en el asunto, que
los abogados, las partes, los intervinientes y/o los
testigos, se refieran a la pareja con un lenguaje que
evidencie los sesgos de género a los que estuvo sometida,
porque ello daría lugar a crear un escenario institucional
en el que estos se perpetúen.
Por todas las razones expuestas, habrá de revocarse
la decisión proferida el 24 de septiembre de 2021, por el
Juzgado Sexto Laboral del Circuito de Bogotá, para en su
lugar, declarar que el señor José Álvaro Rodríguez Yepes
es beneficiario de la pensión de sobrevivientes, en calidad
de compañero permanente, causada con ocasión del
fallecimiento del afiliado Ricardo Ramos Mora.
La prerrogativa debe otorgársele de forma vitalicia,
pues para el 19 de noviembre de 2016, fecha de la
muerte, aquél contaba con 47 años, según la copia de la
cédula de ciudadanía visible a f. ° 32.
Ahora bien, en lo que respecta a la fecha a partir de
la cual debe gozar materialmente del derecho, es claro
que Colpensiones debe pagarle la prestación
retroactivamente desde el momento de su causación, esto
es, el 19 de noviembre de 2016, puesto que, entre esa
calenda y la presentación de la demanda (23 de octubre
de 2017), no transcurrió el término prescriptivo trienal
previsto en los artículos 488 del CST y 151 del CPTS, por
manera que ninguna mesada está incidida por dicha
institución extintiva.
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Radicación n.° 96508
Recuérdese que la Corte ha orientado que, dada la
imprescriptibilidad e irrenunciabilidad del derecho
pensional, la definición de este en sede administrativa en
favor de uno de los beneficiarios, con exclusión de
quienes no se hubieren presentado en esa oportunidad,
no genera para los últimas la pérdida del reconocimiento
pensional y pago desde su causación (CSJ SL226-2021).
En ese sentido, si se ampara el derecho que tienen
aquellos beneficiarios a percibir la mesada desde la
causación del mismo, aunque lo reclamen tardíamente la
cual, cuando incluso en sede administrativa ya se ha
otorgado a otros titulares, más aún debe salvaguardarse a
alguien que, como en este caso, se presentó a tiempo
ante la administradora pensional, en procura de la
prerrogativa económica de tal estirpe a que
legítimamente aspiraba.
En aras de la claridad, es preciso indicar que, dada la
afectación de la sostenibilidad financiera que puede
causar la aparición de beneficiarios adicionales con
posterioridad a ese momento inicial, se ha permitido,
atendiendo las particularidades de cada caso: i)
compensar las sumas de dinero con las mesadas que a
futuro reciban quienes fueron beneficiados en principio o,
ii) que las AFP inicien las acciones de recuperación de
esos rubros pagados sin justificación, muy a pesar de que
al principio los reclamantes lo hubieran hecho de buena fe
o creyendo que los hechos y el momento respaldaban su
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Radicación n.° 96508
solicitud (CSJ SL870-2018, CSJ SL5034-2021, SL540-2021,
CSJ SL226-2021, CSJ SL1964-2022).
No obstante, aunque Colpensiones propuso la
excepción de compensación, en este caso no es
procedente declararla en virtud a que la señora María
Concepción Mora de Ramos, quien ha recibido el 100 % de
la prestación hasta la fecha, no continuará percibiendo
emolumento alguno en virtud a la pérdida del derecho
que le ocasiona la existencia de un beneficiario con mejor
derecho que la excluye del goce del mismo, de donde
emerge que la administradora pensional queda facultada
acudir al segundo remedio indicado.
En lo que respecta a los intereses moratorios del
artículo 141 de la Ley 100 de 1993, la Corporación ha
precisado que aquellos deben ser impuestos con
independencia de la buena o mala fe en el
comportamiento en que haya incurrido el deudor, siempre
y cuando se demuestre el retardo injustificado en la
cancelación de la prestación pensional (CSJ SL7893-2015),
advirtiendo, además, que no en todos los casos es
imperativo condenar por ese concepto, estableciendo
algunas excepciones a dicho criterio, solo en eventos
puntuales como cuando:
1. La negativa de las entidades para reconocer las
prestaciones a su cargo, tiene respaldo en las normas que
en un comienzo regulaban la situación o su postura
proviene de la aplicación minuciosa de la ley sin los
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alcances o efectos que en un momento dado puedan darle
los jueces (CSJ SL704-2013).
2. Se otorga una prestación pensional en aplicación
de un cambio de criterio jurisprudencial (CSJ SL787-2013,
reiterada en la sentencia CSJ SL2941-2016).
3. Se inaplica el requisito de fidelidad al sistema (CSJ
SL10637-2014, reiterada en CSJ SL6326-2016, CSJ SL070-
2018).
4. La controversia se define bajo una interpretación
normativa, como sucede en la aplicación del principio de
la condición más beneficiosa (CSJ SL12018-2016).
5. Existe «algún conflicto entre potenciales
beneficiarios de la pensión, que solo puede ser dirimido
por la justicia ordinaria» (CSJ SL454-2021, reiterada, entre
otros, en los fallos CSJ 1476-2021 y CSJ SL2893-2021), con
la precisión de que, en esta última hipótesis, la
controversia entre el derecho pensional debe implicar una
disputa real y no supuesta ni eventual entre beneficiarios
excluyentes de la prestación (CSJ SL5654-2021).
Se denota lo precedente, porque en este asunto se
configuró el supuesto plasmado en el primer numeral,
pues para la época en que se surtió el trámite
administrativo (2017), según se constata con los actos de
f. ° 37 a 69, la línea de pensamiento vigente de la Corte
era que la convivencia a exigir, sin miramientos al estatus
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Radicación n.° 96508
que el fallecido tuviera ante el sistema, eran de cinco
años inmediatamente anteriores al deceso.
Por ello, no hay lugar a los intereses moratorios
solicitados, pero sí a la indexación sobre el retroactivo
pensional desde la causación de cada mesada hasta la
fecha efectiva de su pago, con sustento en la pérdida del
valor adquisitivo de las mismas, acorde a la formula
acogida y memorada por la Sala en el proveído CSJ
SL1511-2018, que, para tales efectos, estableció como
parámetros:
Fórmula:
VA= Vh * IPC Final
IPC inicial
De donde:
“VA = corresponde al valor de cada mesada pensional a
actualizar.
IPC Final = IPC mes en que se realice el pago.
IPC Inicial = IPC mes en que se causa la diferencia de la
respectiva mesada pensional.
De otro lado, habida consideración que al proceso no
se aportó la historia laboral completa del señor Ricardo
Ramos Mora, sino la perteneciente al accionante José
Álvaro Rodríguez Yepes (f. ° 316 a 323 y 446 a 451), la
Sala efectuó la liquidación de las mesadas y el retroactivo
basándose en la información consignada en la Resolución
SUB139557 del 28 de julio de 2017 (f. ° 60 a 69), esto es,
teniendo en cuenta 929 semanas cotizadas y un IBC de
$3.636.835 a 2016, lo cual arrojó las siguientes
cantidades:
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VALOR DEL I B C = $ 3.636.835
FECHA DE PENSIÓN = 19/ 11/ 2016
SEMANAS COTIZADAS = 929
PORCENTAJ E = 61,00%
VALOR PRIMERA MESADA = $ 2.218.469
FECHAS TOTAL
Nº DE VALOR PENSIÓN
MESADAS
INICIO FIN PAGOS SOBREVIVIENTES
ADEUDADAS
19/ 11/ 2016 31/ 12/ 2016 2,40 $ 2.218.469 $ 5.324.326
1/ 01/ 2017 31/ 12/ 2017 13 $ 2.346.031 $ 30.498.407
1/ 01/ 2018 31/ 12/ 2018 13 $ 2.441.984 $ 31.745.792
1/ 01/ 2019 31/ 12/ 2019 13 $ 2.519.639 $ 32.755.308
1/ 01/ 2020 31/ 12/ 2020 13 $ 2.615.385 $ 34.000.010
1/ 01/ 2021 31/ 12/ 2021 13 $ 2.657.493 $ 34.547.410
1/ 01/ 2022 31/ 12/ 2022 13 $ 2.806.844 $ 36.488.975
1/ 01/ 2023 31/ 08/ 2023 8 $ 3.175.102 $ 25.400.817
$ 230.761.047
Así mismo, se autoriza a Colpensiones para que, del
retroactivo a cancelar, descuente los porcentajes
correspondientes a los aportes al subsistema de
seguridad social en salud.
Costas en ambas instancias a cargo de Colpensiones
y de los señores María Concepción Mora de Ramos y
Alfonso Ramos Ladino, a favor del actor, conforme el
numeral 4° del artículo 365 del CGP, aplicable por
autorización del artículo 145 del CPTSS.
XII. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
CASA la sentencia proferida por la Sala Laboral del
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Radicación n.° 96508
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, el
veintiocho (28) de febrero de dos mil veintidós (2022) en
el proceso ordinario de seguridad social que instauró
JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES le instauró a la
ADMINISTRADORA COLOMBIANA DE PENSIONES -
COLPENSIONES, al que fueron llamados como terceros
excluyentes MARÍA CONCEPCIÓN MORA DE RAMOS y
ALFONSO RAMOS LADINO.
Sin costas en casación por lo dicho en considerativa.
En sede de instancia, RESUELVE:
PRIMERO: REVOCAR la sentencia del veinticuatro
(24) de septiembre de dos mil veintiuno (2021) proferida
el Juzgado Sexto Laboral del Circuito de Bogotá, para en
su lugar DECLARAR que el señor JOSÉ ÁLVARO
RODRÍGUEZ YEPES es beneficiario de la pensión de
sobrevivientes con ocasión del fallecimiento de su
compañero permanente RICARDO RAMOS MORA.
SEGUNDO: CONDENAR a la ADMINISTRADORA
COLOMBIANA DE PENSIONES – COLPENSIONES, a que
reconozca y pague la pensión de sobrevivientes al señor
JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES, en un 100 %, de
manera retroactiva a 19 de noviembre de 2016, con 13
mesadas anuales y con los incrementos de ley, con una
mesada inicial para dicha anualidad de $2.218.469, para
el 2017 de $2.346.031, para el 2018 de $2.441.984, para
el 2019 de $2.519.639, para el 2020 de $2.615.385, para
SCLAJPT-10 V.00
68
Radicación n.° 96508
el 2021 de $2.657.493, para el 2022 de $2.806.844 y para
el 2023 de $3.175.102.
TERCERO: CONDENAR a la ADMINISTRADORA
COLOMBIANA DE PENSIONES – COLPENSIONES a
pagarle al señor JOSÉ ÁLVARO RODRÍGUEZ YEPES el
retroactivo pensional que, calculado a 31 de agosto de
2023, asciende a $230.761.047, sin perjuicio del que se
siga causando hasta que lo incluya en nómina. Dicho
retroactivo deberá indexarlo al momento de la
satisfacción de la obligación, con observancia a la fórmula
indicada en la considerativa.
CUARTO: AUTORIZAR a la ADMINISTRADORA
COLOMBIANA DE PENSIONES – COLPENSIONES – que
descuente del retroactivo a pagar el porcentaje respectivo
por los aportes al subsistema de seguridad social en
salud.
QUINTO: AUTORIZAR a la ADMINISTRADORA
COLOMBIANA DE PENSIONES – COLPENSIONES – que
recobre las mesadas pensionales que reconoció a MARÍA
CONCEPCIÓN MORA DE RAMOS que causó a partir del
19 de noviembre de 2016 y hasta que la excluya de
nómina.
SEXTO: DECLARAR PROBADAS las excepciones de
buena fe e inexistencia de intereses moratorios,
propuestas por Colpensiones y no probadas las restantes.
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Radicación n.° 96508
SEPTIMO: COSTAS en ambas instancias a cargo de
las enjuiciadas y a favor del promotor de la acción.
Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el
expediente al Tribunal de origen.
SANTANDER RAFAEL BRITO CUADRADO
CECILIA MARGARITA DURÁN UJUETA
CARLOS ARTURO GUARÍN JURADO
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