Senado de la Nación
Secretaria Parlamentaria
Dirección General de Publicaciones
(S-1881/10)
PROYECTO DE RESOLUCIÓN
El Senado de la Nación
RESUELVE
Manifestar su reconocimiento a la Asociación Abuelas de Plaza de
Mayo por la inquebrantable tarea realizada en la búsqueda,
localización e identificación de (Milagros) CASTELLI TROTTA – nacida
en cautiverio -, que diera como resultado la recuperación del nieto
desaparecido N° 91.
Abuelas de Plaza de Mayo, constituidas como Asociación en 1977 con
el objetivo originario de la búsqueda de sus nietos desaparecidos y
apropiados durante la última dictadura militar, han contribuido
significativamente en instalar en la sociedad argentina, la conciencia
del Derecho a la Identidad y su consecuente obligación de
garantizarlo.
Mario. J. Colazo. -
FUNDAMENTOS
Sr. Presidente:
”(Milagros) CASTELLI TROTTA. Nacida entre abril y mayo de 1977,
durante el cautiverio de su madre. BNDG: 25 de julio de 2008.
Madre: María Teresa TROTTA. Padre: Roberto CASTELLI.
María Teresa nació el 14 de julio de 1950 en la provincia de Buenos
Aires. Sus amigos la llamaban "Tere", "Teresita" o "La Petisa". Roberto
nació en la ciudad de Buenos Aires el 28 de diciembre de 1946. Sus
amistades lo llamaban "Beto" o "Cabezón". En 1974 nació su primera
hija, Verónica. Ambos militaban en la columna oeste de la
organización Montoneros. Sus compañeros la llamaban "Ana" y a él
"Daniel". Fueron secuestrados en distintos operativos el 28 de febrero
de 1977, Roberto en Merlo, María Teresa se presume que cerca de
San Antonio de Padua. La joven estaba embarazada de seis meses y
medio. La pareja fue vista por sobrevivientes en el CCD "Sheraton" y
en "El Vesubio". Según testimonios obtenidos, la joven fue llevada al
sector de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo donde
dio a luz una niña a fines de abril, principios de mayo de 1977. A partir
de ese momento, los familiares junto a las Abuelas comenzaron la
búsqueda y en 1983 presentaron la denuncia ante la justicia.
El 25 de julio de 2008, los resultados de los análisis inmunogenéticos
realizados en el BNDG confirmaron que una joven dada en adopción a
través del Movimiento Familiar Cristiano, era la hija menor de Beto y
Teresa. Este es el segundo caso resuelto por la justicia y las Abuelas,
en el que se confirma que el movimiento cristiano entregaba
irregularmente niños en adopción durante la última dictadura militar,
sin investigar el paradero de su familia. De este modo, luego de
veintinueve años, la joven pudo conocer su verdadero origen y
reencontrarse con su familia.
Sus padres permanecen desaparecidos. (Sic)” Asociación Abuelas de
Plaza de Mayo (http://www.abuelas.org.ar)
Desde 1977, las Abuelas de Plaza de Mayo no han claudicado un sólo
instante en la búsqueda tanto de sus nietos como de las formas y
procedimientos para optimizar la posibilidad de identificarlos.
En estos 33 años de lucha, han recuperado su identidad 101 nietos, la
mayoría de ellos en los últimos años. En un principio, para las Abuelas
todo resultaba difícil. Debían superar una gran cantidad de obstáculos,
desde el miedo y la indiferencia hasta la imposibilidad científica de
identificar a sus nietos.
Con los escasos datos con que contaban en esos años, las Abuelas
iniciaron sin embargo, un proceso ininterrumpido y ascendente en la
búsqueda de la verdad. Comenzaron recorriendo, preguntando e
investigando artesanalmente; pegando fotos de sus nietos
desaparecidos en las paredes de los barrios; atendiendo comentarios
tales como que una pareja de militares que no podía tener hijos,
aparecía con un bebé, y estudiaban el caso. Siguiendo pistas muchas
veces encontraron a sus posibles nietos, sin embargo en esos tiempos
no había forma certera de probar la filiación.
Una mañana de 1979, Estela Barnes de Carlotto, leyendo en su casa
de La Plata un artículo sobre un hombre que negaba su paternidad era
sometido a un examen de sangre comparativo con su presunto hijo, se
encontró con el eslabón faltante. “Leí ‘sangre’ y ahí me iluminé.
¿Servirá la sangre de los abuelos?, me pregunté”, recuerda Carlotto.
Es así que Abuelas se centra en este nuevo rumbo. Plantean esta
posibilidad a médicos amigos, pero las respuestas no resultaron
alentadoras. Entre 1981 y 1982 recorren Inglaterra, Francia, Italia,
España, Suecia, entre otros países, en busca de una solución.
En noviembre de 1982, en ocasión de asistir a la Asamblea Anual de
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en
Washington, las Abuelas de Plaza de Mayo consiguen una entrevista,
por intermedio del genetista argentino Víctor Penchaszadeh, con el
prestigioso hematólogo Fred Allen, Director del Blood Center, quien,
impactado con la tragedia de las Abuelas, promete estudiar el caso.
Se reúnen también, con los especialistas del Programa de Ciencia y
Derechos Humanos de la Asociación Americana para el Avance de las
Ciencias (Aaas), y con Mary-Claire King, quien trabajaba en California
estudiando la variación genética a nivel poblacional. Todos se
pusieron a trabajar para encontrar una respuesta que permitiera hallar
la “abuelidad” de los nietos secuestrados.
El tema fue incluido en el Simposio Anual de la Aaas. Durante el
simposio, los principales genetistas del mundo debatieron una
posibilidad concreta para acceder a los lazos de parentesco a través
de distintos tipos de marcadores genéticos: los antígenos de
histocompatibilidad (HLA), que son moléculas proteicas producidas por
el ADN. Sin bien se estaba lejos de analizar el ADN, resultaba ahora
posible establecer parentesco por las proteínas que éste produce.
Una vez restaurada la democracia en nuestro país, quedó claro para
las Abuelas que necesitaban de técnicas científicas que pudieran
identificar fehacientemente a sus nietos secuestrados. De esa forma
se conectaron con científicos de distintos países que las han ayudado
a través de su historia. Ya existían en el país algunos centros que
realizaban estudios de filiación. Uno de esos centros era el Servicio de
Inmunología del Hospital Durand, que había sido habilitado por el
Centro Único Coordinador de Ablación e Implantes (CUCAI) como
centro tipificador para estudios de histocompatibilidad (HLA).
Apenas comenzada la etapa democrática, el gobierno de Raúl Alfonsín
creó la CONADEP (Comisión Nacional sobre Desaparición de
Personas, que ya entonces registró la apropiación de 145 niños), e
invitó a un grupo de científicos extranjeros al país, con el objeto de
estudiar la posibilidad de abrir un laboratorio en Argentina. Entre ellos
se encontraban Mary-Claire King y Clyde Snow.
La búsqueda del laboratorio dio por resultado la utilización del Servicio
de Inmunología del Hospital Durand, que contaba con todos los
avances tecnológicos necesarios para realizar los exámenes de
histocompatibilidad, y con personal capacitado.
A pedido de Abuelas de Plaza de Mayo, en el año 1987 se promulga la
Ley Nacional 23.511, reglamentada 24 de mayo de 1989, que crea el
Banco Nacional de Datos Genéticos (B.N.D.G) cuyo principal objetivo
es obtener y almacenar información genética que facilite la
determinación y esclarecimiento de conflictos relativos a la filiación,
que funcionaría en el Hospital Durand.
Desde el año 1984 se comenzaron a realizar las primeras pericias
para determinar la abuelidad y poder identificar a los menores
secuestrados por el terrorismo de Estado. Con anterioridad a la
vigencia de esta ley, la justicia ya había reconocido el valor probatorio
de los antígenos de histocompatibilidad (HLA) como prueba
autosuficiente para determinar la paternidad.
También en materia Penal se venía reconociendo el valor probatorio
de las pruebas hemogenéticas efectuadas en el Hospital Durán, lugar
donde funciona actualmente el Banco Nacional de Datos Genéticos.
La sanción de esta ley le otorga todo el valor legal a esta pericia.
Desde un punto biológico, la identidad se define como una secuencia
particular de ADN. Ésta determina una estructura definida en sí misma
y determina, también, las reacciones biológicas producto de su
expresión.
La principal característica de la identidad biológica es que es estable e
invariable en el tiempo.
Hasta 1970 inclusive, muchos científicos creían que con las técnicas
existentes (grupos sanguíneos, proteínas del plasma y antígenos
eritrocitarios) se podía excluir la paternidad de un hombre sobre
determinado niño, pero nunca se podría probar una paternidad con un
alto grado de certeza. Cuando se empezó a utilizar la técnica de HLA
(antígenos de histocompatibilidad) quedó en evidencia que era posible
probar un determinado vínculo biológico.
Actualmente, utilizando el HLA junto al polimorfismo del ADN, se
puede llegar a probabilidades de 1 contra 1000 millones de que un
hombre comparta al azar un determinado patrón genético con otra
persona sin que exista un vínculo biológico. En otras palabras, sólo
existirían en todo el mundo 6 personas que tuvieran ese patrón
genético por azar.
Los seres humanos poseemos individualidad biológica, lo cual permite
diferenciar a una persona de otra. La individualidad biológica está
determinada por el complemento genético de los progenitores y en un
sentido mucho más amplio por el de los ancestros.
Todas las células con núcleo del organismo poseen una copia de
ADN, por lo que puede usarse para extraerlo: pelo, saliva, semen y
generalmente células blancas de la sangre.
Como se dijo anteriormente, el ADN es lo que nos hace químicamente
únicos. Con excepción de los gemelos univitelinos, no existen dos
personas iguales a nivel de la estructura química del ADN.
Simultáneamente, Abuelas solicitan en julio de 1992, la creación de
una Comisión Técnica especializada, la cual se crea en noviembre de
1992 por disposición Nº 1328/92 de la entonces Subsecretaría de
Derechos Humanos y Sociales del Ministerio del Interior, Comisión
destinada a impulsar la búsqueda de niños desaparecidos y con
identidad conocida, y de niños nacidos de madres en cautiverio, y
cumplimentar así el compromiso asumido por el Estado Nacional a
partir de la ratificación de la Convención de los Derechos del Niño. Se
inaugura así una novedosa forma de trabajo conjunto entre una ONG
y el Estado argentino.
Posteriormente, la resolución 1392/98 del Ministerio del Interior crea la
Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), con las
mismas funciones y conservando la conformación de la comisión
precedente
El artículo 5º de dicha resolución autoriza a la Comisión a requerir
colaboración y asesoramiento del Banco Nacional de Datos Genéticos
y solicitar a dicho Banco la realización de pericias genéticas.
Sus objetivos son la búsqueda y localización de los niños
desaparecidos durante la última dictadura militar en la Argentina y,
simultáneamente, velar por el cumplimiento de los artículos 7, 8 y 11
de la Convención Internacional por los Derechos del Niño, sancionada
con Fuerza de Ley - Ley N° 23.849 -, por el Senado y la Cámara de
Diputados de la Nación.
Estos objetivos de origen se vieron rápidamente superados ante las
denuncias sobre robo, tráfico de menores, despojo a madres en
situaciones límites y adultos con su identidad vulnerada. El objetivo
inicial se amplió por ser el único ámbito del Estado Nacional
especializado y dedicado a la temática de garantizar el Derecho a la
Identidad.
Asegurar el cumplimiento de los artículos 7 y 8 de la Convención
Internacional por los Derechos del Niño (llamados los “artículos
argentinos”) puso en evidencia una forma de sometimiento de nuestra
niñez en la que los hijos de desaparecidos y los hijos de madres en
estado de indefensión social, generalmente menores de edad,
comparten mecanismos de despojo en común en los que se arrebata
la identidad, tratando al niño como un objeto.
En septiembre del año 2001 se sanciona la Ley 25.457, por la que el
Parlamento refuerza la jerarquía de la Comisión Nacional por el
Derecho a la Identidad del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
Las presentaciones ante la Justicia que llevó adelante Abuelas de
Plaza de Mayo y, en otros casos, familiares reclamantes, fueron
acompañadas por los resultados obtenidos a partir del estudio del
funcionamiento de los centros clandestinos de detención, de la
metodología utilizada en el traslado de detenidos y la búsqueda de
elementos que corroborasen el destino de los niños.
En el ámbito del Derecho, tanto en fueros nacionales como
internacionales se refleja nítidamente la dimensión cualitativa que en
lo doctrinario y jurisprudencial adquirió esta temática.
En el orden nacional, las reformas al Código Civil a partir de 1985 y de
la Constitución Nacional en 1994, con la incorporación del Art. 75 inc.
22 (jerarquía constitucional de los Tratados internacionales de
Derechos Humanos) a la misma, y la sanción de la ley 23.511 de
creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, dan buena muestra
de ello.
Dicho logro significó:
a) El principio de aplicación de una orientación doctrinaria del Derecho
que insta a considerar al menor como un sujeto de derecho en sí
mismo y no como un objeto del derecho de los adultos y la aplicación
por primera vez de la Convención Internacional sobre los Derechos del
Niño.
b) Una orientación del Derecho de Familia dirigida a afianzar el
derecho a la identidad como un derecho natural y, en consecuencia,
de orden público.
c) Una orientación del Derecho a priorizar las convenciones
internacionales adecuando la normativa interna a las mismas.
Las adopciones de los menores víctimas del terrorismo de Estado son
nulas de nulidad absoluta porque fueron hechas en fraude a la ley.
Para determinar la identidad de un menor se debe, en primer término,
investigar penalmente la infracción. (Infracción a los arts. 139 inc.20-
146-292 y 293 del Código Penal).
Al iniciar una causa penal, un alto porcentaje de los familiares
biológicos se encuentran ante la negativa a la prueba pericial de
extracción de muestra sanguínea del menor supuesta víctima de los
delitos de supresión de estado civil (sustracción, retención y
ocultamiento de un menor y falsificación de documentos públicos), por
parte de quienes aparecen como sus padres biológicos o adoptivos.
Victimarios por ser autores de los delitos contra el menor, son el objeto
procesal de la investigación penal.
Como medida probatoria y prueba pericial, la utilización del análisis
compulsivo registra antecedentes en la legislación penal comparada.
El secuestro y el ocultamiento de la identidad de un niño constituyen
un delito en la mayoría de los códigos penales de los países europeos
y existe obligación de investigar.
En nuestro país, la Corte Suprema de Justicia de la Nación estableció
que deben analizarse compulsivamente. Es desde el Derecho Penal
que se investigan los Delitos de Lesa Humanidad y esta medida
procesal debe hacerse, ya que el derecho a la identidad es de orden
público: el Estado está obligado por las convenciones internacionales
suscriptas a preservar ese derecho, colocándose en situación de ser
sancionado internacionalmente si no cumple con lo pactado. La Corte
Penal Internacional define el "crimen de lesa humanidad" en el Art. 7
del Estatuto de Roma. Engloba actos cometidos como parte de un
ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con
conocimiento: asesinato; exterminio; esclavitud; deportación o traslado
forzoso de población; encarcelación u otra privación grave de la
libertad física en violación de normas fundamentales de derecho
internacional; tortura; violación, esclavitud sexual, prostitución forzada,
embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de
gravedad comparable; persecución de un grupo o colectividad con
identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, etc.;
desaparición forzada de personas; crimen de apartheid y otros actos
inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes
sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud
mental o física.
La Constitución Nacional protege el derecho a la privacidad siempre
que no estén afectados el orden público y los derechos de terceros.
Es claro entonces que debe prevalecer el derecho a la identidad
porque en estos casos está afectado el orden público: los derechos de
terceros (los familiares que hace más de veinte años que buscan a los
niños).
Los derechos de los parientes biológicos prevalecen sobre las
prerrogativas de privacidad de los posibles nietos, ya que, al menos,
merecen saber si su ardua y dolorosa búsqueda terminó o no.
En el ámbito del Derecho Civil no hay prescripción porque las acciones
de Estado de familia (sustracción y ocultamiento de un menor;
falsificación de documento público), son imprescriptibles.
En el ámbito del Derecho Penal, por tratarse de delitos continuados o
permanentes, tampoco hay prescripción, dado que el delito cesa sólo
cuando el menor recupera su identidad.
La calificación legal de los delitos cometidos son delitos de lesa
humanidad porque fueron cometidos al amparo del terrorismo de
Estado.
Las normas que regulan los crímenes de lesa humanidad están
comprendidas dentro de lo que la Cámara entiende como derecho de
gentes (jus cogens).
Considera a estas normas como imperativas del derecho internacional
general que, “tal como lo reconoce el artículo 53 de la Convención de
Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969, no pueden ser
modificadas por tratados o leyes nacionales”.
En 2009, Abuelas y la CIDH firman junto con la presidenta Cristina
Fernández, un acuerdo amistoso en que la Presidenta se compromete
a presentar ante el Congreso Nacional tres proyectos de ley
permitiendo la renovación del BNDG; la obligatoriedad judicial del
examen de ADN; y la creación de una fuerza policial que se encargue
específicamente de los allanamientos. En diciembre de 2009 estas
leyes fueron sancionadas por el Congreso.
Gracias al trabajo del Banco Nacional de Datos Genéticos, decenas de
nietos apropiados pudieron recuperar su identidad. Como fruto de esa
lucha, las Abuelas llevan hoy recuperadas la identidad de 101 niños,
hoy jóvenes, de los 500 que calculan que fueron secuestrados por el
terrorismo de Estado y que aún falta encontrar. La lucha de Abuelas
permitió un importante avance en la genética mundial.
La enorme implicancia social, filosófica, psicológica y biológica de la
identidad, hacen de ella un tema de máxima importancia en la
sociedad moderna.
En la construcción objetiva y subjetiva de la identidad, el
reconocimiento de los otros, dentro de las leyes que rigen a todos y a
las cuales está sometido cada uno, resulta fundamental. Todas las
culturas y sociedades han encontrado la manera de dar cuenta de ese
proceso mediante marcas que expresan el reconocimiento de la
pertenencia así como de la exclusión de los sujetos a una red vincular
y, al mismo tiempo, de su particularidad y excepcionalidad dentro de la
misma. Estas marcas sociales son el fundamento de la dimensión
jurídica de la identidad.
La entrada en vigencia del nuevo paradigma de protección integral que
introduce la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), supone
un cambio profundo y radical en la manera de concebir la infancia,
confiriendo a la niñez un nuevo estatus: el de sujeto pleno de
derechos.
Este cambio de paradigma rige en nuestro país desde el año 1994, en
el que los tratados internacionales incorporados al ordenamiento
jurídico argentino adquieren jerarquía constitucional. A esto se le suma
actualmente, la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de
Niños, Niñas y Adolescentes, sancionada el 28 de septiembre de
2005. En concordancia con la CDN, esta ley reconoce el Derecho a la
Identidad en los artículos 11, 12 y 13, reconociendo en este último
específicamente el Derecho a la Documentación, es decir, a obtener
los documentos públicos que acrediten su identidad.
El hecho de no estar identificado, inscripto o documentado no sólo
vulnera el Derecho a la Identidad sino que genera las condiciones
propicias para delitos tales como el tráfico de niños, la explotación
sexual comercial y la apropiación ilegal.
“La identidad representa un conjunto de rasgos propios de un individuo
y la conciencia que tiene una persona de ser ella misma y distinta al
resto; identificarse es reconocerse en esencia, compuesta por
elementos que nos preceden y lo que construimos a lo largo de
nuestra vida, en virtud de ello se protegen derechos inherentes a la
persona desde el momento de su concepción y en relación a los lazos
de familia y nacionalidad (art. 7, 8 y 11 ley 23849 Convención
Internacional por los Derechos del Niño); asumir este compromiso y
velar por su cumplimiento forma parte de nuestras obligaciones civiles
y morales en ejercicio de nuestros derechos",
El valor de la verdad: El derecho a la filiación ha sufrido un acelerado
desarrollo en nuestro país durante los últimos años, principalmente a
la luz de la internacionalización de los derechos humanos, como
consecuencia de la incorporación y de la operatividad que se ha dado
a determinados Tratados Internacionales en nuestra Constitución
nacional (CN), a partir de la reforma de 1994 (conforme al artículo 75,
inc.22, de la CN).
El Derecho a la Verdad forma parte de los denominados derechos
implícitos que nuestra Constitución Nacional reconoce en el artículo
33.
En materia filiatoria, el ejercicio de la libertad de la intimidad se traduce
en la negativa a someterse a las pruebas biológicas.
La tendencia, cada vez más consolidada en nuestra jurisprudencia
actual, es que la mera negativa del demandado de someterse a la
realización de la prueba biológica, como prueba única, adquiere un
valor tal como para hacer lugar a la demanda de filiación, y así
castigar la conducta del renuente.
¿Por qué se castiga al renuente que se niega a someterse a las
pruebas para defender el derecho a la identidad dejando en un pie
más bajo el derecho a la intimidad, y se castiga de igual modo a un
padre que quiere defender su verdad biológica y la de su hijo?
No se puede perdonar el haber caído en el olvido de que “… el Estado
tiene el deber de agotar las seguridades de la investigación de los
hechos que se controvierten en la litis, y que no basta invocar el
sentido de la solidaridad social… No hay ningún motivo para sacrificar
tan valioso y preciso elemento de reconstrucción de la verdad”. “La
prueba biológica es el único medio que asegura un integral acceso del
actor a su derecho a la identidad… No es eficaz la Justicia que tolera
la neutralización de pruebas certeras, y destruye de este modo la
protección jurisdiccional”.
Hay derechos y prerrogativas esenciales del hombre; entre ellas, debe
incluirse el derecho de toda persona a conocer su identidad de origen.
Poder conocer su propia génesis, su procedencia, es aspiración
connatural del ser humano que, incluyendo lo biológico, lo trasciende.
Tender a encontrar raíces que den razón del presente a la luz del
pasado que permita reencontrar una historia única e irrepetible es
movimiento que, particularmente, interesa en las etapas de la vida en
que la personalidad se consolida y se estructura. Sólo podrá construir
su personalidad basada en los elementos a los que pudo tener
acceso; carecerá de una parte fundamental en la vida de todo ser
humano: su origen.
El develamiento de la verdad constituye la primera acción netamente
reparadora en la recuperación de la identidad.
Sr. Presidente, por todo lo expuesto, solicito a mis pares la aprobación
del presente Proyecto de Resolución.
Mario J. Colazo.-