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La Verdadera Prosperidad en Dios

El documento aborda la enseñanza de la prosperidad en el contexto cristiano, advirtiendo que muchos maestros distorsionan la doctrina bíblica al asociar la prosperidad con riqueza material. Aunque Dios desea que sus hijos prosperen, la verdadera prosperidad va más allá de lo material y se centra en la relación espiritual con Él. La prosperidad eterna se experimentará plenamente en la presencia de Dios, mientras que en la vida terrenal, la verdadera riqueza se encuentra en la fe y la comunión con Cristo.
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La Verdadera Prosperidad en Dios

El documento aborda la enseñanza de la prosperidad en el contexto cristiano, advirtiendo que muchos maestros distorsionan la doctrina bíblica al asociar la prosperidad con riqueza material. Aunque Dios desea que sus hijos prosperen, la verdadera prosperidad va más allá de lo material y se centra en la relación espiritual con Él. La prosperidad eterna se experimentará plenamente en la presencia de Dios, mientras que en la vida terrenal, la verdadera riqueza se encuentra en la fe y la comunión con Cristo.
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LA PROSPERIDAD DE DIOS

La prosperidad es un tema popular que se ha mezclado con el


mensaje cristiano. Ya que suena tan prometedor, y hay versículos
bíblicos que parecen apoyar la prosperidad, muchos maestros
populares han sustituido la enseñanza de la prosperidad por las sanas
doctrinas del arrepentimiento, la cruz y la realidad del infierno. Es tan
fuerte nuestro deseo de ser prósperos que nos sentimos atraídos por
esta enseñanza al igual que lo haría una polilla al fuego. La promesa
de prosperidad, unida a la espiritualidad, ofrece esperanza, ayuda
financiera y una relación con Dios, todo al mismo tiempo. Los
predicadores de la prosperidad también nos dicen lo que queremos
creer. La idea de la predicación de la prosperidad o la enseñanza de la
Palabra de Fe es que, como Dios es bueno, quiere que Sus hijos
prosperen en salud, riqueza y felicidad. Y como Él es rico, puede
hacer que esto suceda. Puede resultar difícil separar los hechos
bíblicos de la ficción creada por el hombre. ¿Qué enseña realmente la
Biblia sobre la prosperidad?

Debemos empezar por reconocer que toda la creación pertenece a


Dios (Salmo 50:12). Él es el dueño de todo, y Él decide lo que hace
con ello (Isaías 45:9; Jeremías 18:6-10). También sabemos que Él es
bueno y desea darnos cosas buenas (1 Crónicas 16:34; Salmo 100:5).
El mayor regalo que Dios ya ha dado: Su propio Hijo, Jesús (2
Corintios 9:15; Juan 3:16-18). Cuando recibimos ese regalo y
aceptamos el gran honor de ser adoptados en la familia de Dios, el
Creador se convierte en nuestro Padre (Romanos 8:15). Él nos ama
como a Sus propios hijos amados. De la misma manera que un padre
terrenal desea que sus hijos prosperen en muchos aspectos, Dios
también lo hace. Así como a los padres terrenales les gusta dar a sus
hijos buenos regalos, a nuestro Padre celestial le gusta darnos buenos
regalos (Mateo 7:11). Como hijos suyos, esperamos que cuide de
nosotros (Filipenses 4:19).
Es verdad que Dios quiere que Sus hijos sean prósperos, pero ¿de
qué manera? El concepto popular de prosperidad va más allá de lo
que enseña la Biblia. Los maestros de la prosperidad se centran
principalmente en el aquí y ahora, buscando la riqueza como "prueba"
de la bendición de Dios. Añaden un par de versículos bíblicos fuera de
contexto a su propaganda y la denominan enseñanza bíblica. Sin
embargo, es posible que el deseo de Dios de que prosperemos no
incluya para nada la riqueza material. Primera Timoteo 6:9 advierte:
"Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en
muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en
destrucción y perdición". Hay diferentes clases de prosperidad, de las
cuales la prosperidad material o financiera es sólo una. Para Dios,
otros tipos de prosperidad pueden ser mucho más importantes.

Muchas veces, Dios no puede confiarnos la prosperidad material


porque haríamos de ella un ídolo. Jesús dijo: "¡Cuán difícilmente
entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!" (Lucas 18:24).
En poco tiempo, la riqueza se apodera de nosotros y nos promete una
seguridad que no puede cumplir. La prosperidad puede convertirse en
un sustituto del verdadero objetivo de buscar a Dios y Su justicia (ver
Mateo 6:33). Dios, como buen Padre, puede negarnos lo que pedimos
a gritos, prefiriendo darnos lo que realmente necesitamos. Él tiene en
mente nuestro beneficio eterno, no nuestra comodidad a corto plazo
(Lucas 12:33-34).

En las enseñanzas sobre la prosperidad también hay un error al incluir


la idea de que la cruz de Cristo resolvió todas nuestras dolencias
físicas y mentales. Si la expiación de Jesús provee la sanidad física y
la prosperidad ahora, entonces debemos esperar vivir una larga y
próspera vida libre de toda enfermedad, aflicción y dolencia. Sin
embargo, la expiación de Cristo no nos proporciona una prosperidad
física y terrenal, sino una prosperidad espiritual y celestial. Algunos de
los siervos más leales de Dios sufrieron dolencias físicas que no
fueron curadas milagrosamente (Filipenses 2:24-28; 1 Timoteo 5:23).
Además, muchos creyentes a lo largo de la historia fueron
encarcelados, torturados y finalmente asesinados. "Anduvieron de acá
para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres,
angustiados, maltratados;...errando por los desiertos, por los montes,
por las cuevas y por las cavernas de la tierra" (Hebreos 11:37-38). La
iglesia primitiva no sabía nada de la popular enseñanza de la
prosperidad de hoy en día. Puede que no fueran prósperos en
riquezas y tierras, pero prosperaban en generosidad, en amor y en
comunión con Cristo y entre ellos (1 Corintios 1:5; 2 Corintios 6:10;
9:11).

Lo que Dios quería para este mundo era la perfección (Génesis 1:31).
Lo creó perfecto, deseaba que disfrutáramos de vidas perfectas y de
una perfecta comunión con Él, y su intención era que la prosperidad
fuera una forma de vida. No obstante, el pecado corrompió ese plan
perfecto, y ahora la prosperidad, la salud y una existencia sin
problemas son imposibles para muchos y efímeros para el resto
(Romanos 5:12; Génesis 3). Dios ofrece prosperidad más allá de toda
explicación, pero puede que no llegue durante nuestra corta estadía
terrenal. Para muchos, la plena realización de la restauración de Dios
sólo se experimentará cuando dejemos este mundo y entremos en Su
presencia por la eternidad. Hebreos 11 enumera docenas de siervos
fieles del Señor que uno podría esperar que hayan vivido
prósperamente debido a su fidelidad. Sin embargo, los versículos 39 y
40 dicen esto: "Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio
mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna
cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados
aparte de nosotros". Cada hijo de Dios, comprado con la sangre de
Jesucristo, experimentará la prosperidad más allá de lo que podamos
imaginar por toda la eternidad (1 Corintios 2:9). Mientras tanto,
caminamos por fe.
Romanos 8:17-18 lo promete: "Y si hijos, también herederos;
herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son
comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de
manifestarse". Ser coherederos con Cristo significa que para siempre
disfrutaremos de todo lo que Dios posee. Ninguna prosperidad terrenal
puede compararse con eso.

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