Congreso Libro Digital Vol1
Congreso Libro Digital Vol1
Axel Kicillof
Gobernador
Verónica Magario
Vicegobernadora
Estela Díaz
Ministra de las Mujeres, Políticas de
Género y Diversidad Sexual
Flavia Delmas
Subsecretaria de Políticas Contra las
Violencias por Razones de Género
Adriana Vicente
Directora provincial de Investigación,
Planificación y Gestión de Políticas
Públicas Contra las Violencias por
Razones de Género
Leticia Locio
Directora provincial de Abordaje
Soraya Polonara
Integral de las Violencias por Razones
Directora Provincial de Comunicación
de Género
Carla Pérez Gab
Silvina Perugino
Directora de Comunicación y Diseño
Directora provincial de Situaciones de
(Diseño de tapa)
Alto Riesgo y Casos Críticos
Carolina Ricaldoni
Carolina Arribi
Directora del Equipo Editorial y Diseño
Directora provincial de Políticas de
de Interiores
Fortalecimiento para la Salida de la
Violencias por Razones de Género Romina Lettieri y Pablo Strucchi
Correcciones
Emilia De Marziani, Noelia Gómez,
Clara Maidana, Camila Salva y Celeste Maratea, Cecilia Aranda
Mercedes Yurec y Luciano Andújar
Equipo técnico-profesional Maquetación y Diseño de Interiores
VOLUMEN 1
Índice
07 Palabras de apertura, Estela Díaz.
PANELES
26 “Violencias y resistencias en el mundo actual” panel magistral a cargo
de Pilar Calveiro y Ana Cacopardo.
MESAS TEMÁTICAS
121 Mesa 1.1 - Metodologías de abordaje de las violencias por razones de
género. Prólogos por Sonia Sánchez.
124 Punto Violeta como política pública de prevención de las violencias por
razones de género y promoción de derechos en los territorios y sus
redes comunitarias
Qué momento… No saben lo lindo que es ver desde acá este teatro col-
mado, que siempre es un faro en la cultura y que hoy nos recibe en la
apertura de este II Congreso de Políticas Públicas contra las Violencias
por Razones de Género. Tal como decía Flavia1, es obligatorio agradecer
–porque las construcciones son siempre colectivas y hay mucha tarea
visible e invisible que posibilita este Congreso– a todo el equipo de la
Subsecretaría de Políticas contra las Violencias por Razones de Géne-
ro, que encabezó la organización, pero también a todos los equipos del
Ministerio: a la Unidad de Gabinete, a la Subsecretaría Técnica, Adminis-
trativa y Legal, a la Dirección Provincial de Comunicación, a la Dirección
Regional Quinta; gracias siempre, son inmensas. También, y en especial,
quiero reconocer y agradecer a las más de 200 ponencias que se hicieron
1 N. de la E.: Flavia Delmas, subsecretaria de Políticas contra las Violencias por Razones
Género.
7
para este Congreso, que generosamente van a poner en debate, junto a
nosotras y a nosotros, sus experiencias de intervención y reflexión. No se-
ría posible el proceso de construcción de la política pública que estamos
llevando adelante sin ese compromiso.
Estamos a un año del I Congreso y de la presentación del libro de
aquel Congreso2. Luego de este II Congreso, estaremos gestando un se-
gundo libro. El Congreso anterior fue enorme, duró cuatro días y fue reali-
zado, sobre todo, de manera virtual, debido a que estábamos todavía con
los fuertes coletazos de la pandemia. El año 2021 fue el más duro de ese
periodo. Este es de una presencialidad plena y, para nosotras, ha sido el
año de gestión más desafiante, con la consolidación de iniciativas y el
presupuesto para garantizarlas. Un camino sostenido de crecimiento de
las políticas en contra de las violencias por razones de género.
Recién el gobernador Axel Kicillof mencionaba el Sistema Integral de
Políticas Públicas en Contra de las Violencias por Razones de Género,
no solo porque ha sido un decreto firmado por él, sino porque ha sido
el cambio de paradigma de abordaje de las violencias que impulsamos
desde el inicio de la gestión. Empezamos con 9 componentes, él mencio-
naba algunos: la Mesa Intersectorial, las Mesas Locales, la Red Integral
de Hogares, la Red de Acompañantes. Hoy este Sistema ya tiene 17 com-
ponentes, que son políticas, programas, recursos económicos, personas
especialmente preparadas para intervenir y abordar las problemáticas de
las violencias por razones de género; en definitiva, como señala esta con-
vocatoria: un Estado presente.
Agradezco a la recientemente asumida ministra de las Mujeres, Gé-
neros y Diversidad de la Nación, Ayelén Mazzina, por acompañarnos y
comprometerse con la articulación interjurisdiccional de las políticas. Eso
2 N. de la E.: Libro del Primer Congreso “Estado presente. Políticas públicas contra las violen-
cias por razones de género”. Enlace disponible en: [Link]
gestor/uploads/CONGRESO%20ESTADO%20PRESENTE%[Link]
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necesitamos: no solo la integralidad del abordaje, sino que, como nación,
provincia, municipio, articulemos las políticas que llevamos adelante para
ser más eficaces y potenciar los recursos. No nos sobra nada. Por lo tan-
to, debemos hacer que todos los recursos que tenemos lleguen con la
mayor articulación, sabiduría y creatividad, porque la problemática de las
violencias por razones de género es gigantesca. Las desigualdades son
estructurales en nuestra sociedad y, obviamente, la violencia es un fenó-
meno que manifiesta estas desigualdades.
Están aquí presentes la mayoría de las áreas de género de los muni-
cipios, y esto es fundamental. El eje rector de las intervenciones que lle-
vamos adelante tiene que ver con la territorialidad. No es posible pensar
que estamos interviniendo como corresponde si no lo hacemos en cada
lugar. Hay que hacerlo en los 135 municipios, en las más de 2 mil locali-
dades, con más de 17 millones de habitantes. Una diversidad geográfica
y humana inmensa, que es la riqueza de esta provincia, pero que también
es parte de la dificultad y complejidad a la hora de gestionar políticas pú-
blicas. Quiero destacar:
• La Mesa Intersectorial Provincial, que es rectora de las políticas y está
compuesta por los organismos públicos tanto del Ejecutivo, como del
Poder Judicial.
• Las Mesas Locales Intersectoriales, que son, para nosotras, los disposi-
tivos claves de la articulación de las políticas en el territorio provincial.
• Las Mesas Mi Pueblo, que son mesas en zonas rurales y localidades
más pequeñas, que requieren otras articulaciones y modos de abordaje.
• El Registro Único de Casos de Violencia, que es una ley del año 2014
que no se implementaba. Es algo muy complejo que difiere del regis-
tro de femicidios que se construye desde lo penal. Registrar los casos
es complejo porque, además de ser enorme la cantidad, se interviene
desde instituciones muy distintas: educativas, de salud, de la Policía,
del Poder Judicial, y cada una tiene objetos de intervención distintos.
Trabajamos casi dos años en el diseño de este registro. Lo presenta-
mos en los 135 municipios. Hoy casi 80 se han adherido, y en más de
9
30 ya está en funcionamiento. Nuestro objetivo es lograr en dos años su
implementación en todos los ámbitos de atención.
• Desde la Mesa Interministerial de Casos Críticos, junto con Justicia y
Seguridad, con el Poder Judicial, hemos construido el Formulario Único
de Denuncias, que se presentará en el transcurso de este Congreso, y
que significa un avance enorme en la intervención, especialmente para
reducir los niveles de fragmentación y mejorar la ponderación del riesgo.
• El programa Comunidades sin Violencias, que en más de 110 munici-
pios fortaleció y creó equipos de intervención interdisciplinarios, dis-
positivos para varones, y que tiene, además, toda una línea de salida
laboral como forma de construcción de la autonomía económica para
la salida de las violencias. También apunta a fortalecer las casas abier-
tas y los hogares, en una red que crece y se articula cambiando el enfo-
que de espacio cerrado por un ámbito abierto en el camino de la salida
de las violencias, promoviendo recursos económicos y asistencia técni-
ca profesional a disposición en toda la provincia.
• El programa Yendo, que trabaja la prevención de la violencia en las re-
laciones de juventud. Hay una cantidad elevada de femicidios que se
producen a edades tempranas. Nosotras evaluamos una sociedad que
ha cambiado significativamente sus modos de relacionarse, de construc-
ción de las parejas, pero que también sigue reproduciendo los modos
machistas, patriarcales, de vinculación.
• El programa Mariposas, que apela a la memoria colectiva como repara-
ción y política de prevención. Lo desarrollamos junto con los familiares
de víctimas de femicidios. Como aprendimos con los organismos de
DDHH, la memoria es fundamental para construir el presente y el futu-
ro. El programa permite que cada familiar elija un sitio para señalizar
en una escena pública esa presencia de quienes no están físicamente,
pero que nos guían para construir el camino de erradicación de la vio-
lencia de género. Hoy están acompañándonos muchos familiares de
víctimas de femicidio, a los que les agradecemos porque siempre nos
traen el recuerdo, la obligación de seguir haciendo más.
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Quiero hacer un recordatorio y un reconocimiento especial a nuestra
querida Hebe de Bonafini, que no está físicamente, pero que siempre nos
acompaña en las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Seguirá alum-
brando nuestros caminos.
• El programa Mar para Todas (¡van a las sierras también!), que con ese
nombre nos permite pensar en la fuerza de las olas que se llevan la vio-
lencia y el dolor y que nos traen un futuro renovado de esperanza. Es un
programa que propone la intervención contra las violencias de género
en el plano del disfrute. Recuerdo siempre el primer contingente que
acompañamos en Chapadmalal. Un grupo de mujeres nos decía: “Gra-
cias, gracias”, y yo les respondí: “No nos agradezcan, ustedes merecen
tener vacaciones y el Estado se las está garantizando”. Al ratito estaban
sacándose una foto juntas y decían: “¡Lo merecemos, lo merecemos!”.
Ya era canto colectivo ese derecho.
Podría seguir enumerando políticas de prevención, asistencia, atención,
también las que hacen otros ministerios y organismos. Pero no se agota
ahí, también trabajamos en políticas de promoción para la igualdad, que
incluyen las interseccionalidades, entre ellas:
• ESI con Amigues, para trabajar no solo desde la escuela, sino también
desde los ámbitos comunitarios y sociales.
• La diversidad corporal, y especialmente la gordofobia como un factor
extendido de la discriminación que afecta nuestra calidad de vida en
todas las etapas de nuestro desarrollo.
• Oficios sin Prejuicio y el sello Construir Igualdad, para abordar el tema
laboral de las mujeres, para orientar a la reducción de brechas de dis-
criminación en temas de acceso, permanencia, cuidados y autonomía
económica.
• El desarrollo de la primera Copa Igualdad de Fútbol Femenino, que pro-
mueve y acompaña el desarrollo del deporte femenino, que sigue en-
contrando niveles elevadísimos de dificultades y desigualdad de acceso.
• Políticas culturales como Ellas no fueron contadas (ya vamos por el ter-
cer concurso de relatos), Ellas no fueron pintadas, Proyectando Feminis-
11
mos, el Premio en el festival de cine. En especial, sobre Ellas no fueron
contadas quiero compartir la experiencia que tuvimos aquí en Mar del
Plata. “Nancy, capitana” fue uno de los relatos ganadores. Cuenta la his-
toria de una mujer capitana de un barco pesquero, que fue víctima de
violencia. Presentamos el libro en un astillero junto con otra mujer, que
es la dueña del astillero, y luego hicimos una actividad con una mujer
pilota de avión. De esto se trata también hacer política en clave de gé-
nero: trabajar para que realidades excepcionales se conviertan en posi-
bilidades para todas.
Enfrentar la división sexual del trabajo como un factor que segrega y
recorta el acceso a la autonomía económica es una política fundamental.
Si bien no es de intervención directa frente a las violencias de género,
contribuye a la disminución de las brechas de desigualdad y, por lo tanto,
a enfrentar otras formas de violencias, como la económica y patrimonial.
Construir este Ministerio, como señalaba el gobernador, no es un com-
promiso abstracto, sino un compromiso político concreto que tiene al Mi-
nisterio como organismo rector, con el principal desafío de construir la
perspectiva de género de manera transversal al conjunto de las políticas y
la institucionalidad estatal. Necesitamos compartir toda esta información
porque es mucho lo que se hace y cuesta a veces que se conozca.
Por último, quiero hacer una referencia al contexto político. Estamos
viendo crecer los discursos y actos de odio. Según un estudio de Comuni-
car Igualdad, un 67 % de las activistas feministas argentinas recibió ame-
nazas contra su integridad física y sexual, y contra su vida. El extremo de
esa espiral de violencia fue el intento de asesinato, que denominamos
magnifemicidio político, contra la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fer-
nández de Kirchner, al que repudiamos y esperamos que este Congreso
en su conjunto repudie con fuerzas. Si la tocan a Cristina, nos tocan a
todas, porque es contra todas y contra la democracia.
Es violencia política que viene creciendo y que tiene como enemigo
principal al feminismo. Lo dicen todo el tiempo. Pueden hablar de libera-
lismo (“¡Viva la libertad económica!”), pero nunca se olvidan de atacar y
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ensañarse con el feminismo, con las políticas de género y con la diversi-
dad sexual, acá y en el mundo. No son tan creativos y creativas acá, esto
es un fenómeno global que tiene recursos para que se reproduzca y que,
además, tiene características fascistas. Les dicen “neofascistas”. Yo, de
neo no les veo nada, pero de fascistas un montón. Y su objetivo es claro:
promover un orden de desigualdad.
Estamos frente a un desafío civilizatorio: hay una pulsión de deshu-
manización, de descarte de las personas, y las mujeres, los feminismos,
somos la barrera que con creatividad, movilización, resistencia, entrama-
dos en red y comunidad, enfrenta esa deshumanización. Nosotras cons-
truimos desde el amor y la empatía: lo que le pasa al otro, me pasa a mí
también y nos importa.
Está en nuestra memoria histórica: lo aprendimos de las Madres y
las Abuelas. Ellas marcaron este presente, con una clara politización en
femenino de nuestra sociedad. También, aquí, en la República Argentina,
hay una fortaleza que nuestro enemigo neofascista, neoconservador, en-
tiende, muchas veces, más que compañeros de nuestro propio campo.
Hay que mirar a quiénes apuntan los discursos de odio. Ya lo vivimos con
el “Viva el cáncer” contra Evita. Lo vemos hoy con la estigmatización y los
ataques contra Cristina, con el gatillo en la cabeza. Son parte del intento
conservador antifeminista, antipopular, que quiere una sociedad que per-
petúe las desigualdades. Y nosotras respondemos desde la construcción
de más Estado, más políticas, más organización. Queremos una sociedad
sin violencia de género, una sociedad con amor e igualdad.
Esperamos un gran II Congreso de Políticas Públicas en Contra de las
Violencias por Razones de Género, porque lo necesitamos. Necesitamos
sus reflexiones, sus críticas, sus aportes que nos alimentan, nos ayudan.
Vamos a seguir empecinadamente por este camino en el 2023.
Estela Díaz
Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual.
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Palabras de apertura
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un barco desafiando la tormenta. “Construíamos el barco en medio de la
tormenta”, decía la Ministra. Y era tal cual, porque tuvimos que hacerlo
en medio de la pandemia y sin presupuesto. Sin embargo, pudimos salir
adelante, seguir, trabajar, crear política pública, porque eso fue lo que nos
pidió el Gobernador, que llegáramos a toda la provincia de Buenos Aires,
y así lo hicimos.
El primer congreso fue a mitad de la pandemia. Solamente pudimos
hacer la apertura presencial, como algunas de ustedes recordarán, en la
ciudad de La Plata. Todo lo demás fue planificado y organizado de mane-
ra virtual, y hoy vamos a presentar el libro de ese congreso.
Qué importante que es tener este espacio de encuentro y reflexión,
no solo sobre la política pública, sino también sobre las múltiples expe-
riencias que llevamos adelante a través de todas las organizaciones fe-
ministas, sociales, políticas, gremiales. La experiencia tiene que generar
conocimiento. Nos debemos este momento de encuentro y de reflexión
para poder construir más y mejores políticas públicas lejos de los cantos
de sirena que dicen que nuestras políticas tienen que ser desterradas.
Aquí estamos para reconocerlas, valorarlas, mirarlas con visión crítica,
realizar aportes, intercambios que nos permitan crecer teniendo en cuen-
ta los desafíos pendientes.
Mientras hay quienes quieren eliminarnos porque les resultamos pe-
ligrosas, nosotras decimos aquí que sostenemos la necesidad de más
Estado presente y más políticas públicas activas.
Estamos en un mundo cada vez más desigual y, en ese mundo des-
igual, nosotras, nosotros, nosotres somos luchadoras por la igualdad. Lu-
chamos para erradicar la violencia por razones de género y para eso es
necesario crear redes, fortalecerlas y llegar a cada uno de los puntos de la
provincia. Nos acompaña nuestra ministra nacional Ayelén Mazzina, por
eso también voy a decir que tenemos que llegar a cada uno de los puntos
de este país, a todos lados.
Sencillamente, y para culminar, porque queremos escuchar a nuestras
ministras, recordamos que en esta ciudad (y tomo las palabras de Marta
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Montero) no hay cuestiones casuales, no estamos por casualidad acá. No
elegimos al azar a Mar del Plata como sede y tampoco elegimos esta fe-
cha por casualidad. Como todos los 25 de noviembre nosotras decimos:
“¡Presentes!”, y luchamos por la memoria de las que no están, por la vida
de nuestras mujeres y diversidades.
Estamos en Mar del Plata porque necesitamos que haya justicia de
una vez por todas. Que se reconozca que hubo un femicidio, que lo de
Lucía Pérez fue un femicidio, y que la justicia actúe en consecuencia. En
febrero estaremos otra vez aquí, acompañando a Marta Montero y Gui-
llermo Pérez en busca de la verdad.
Sabemos que hay compañeras que, durante muchos años, han es-
tado construyendo en absoluta soledad y me refiero, y quiero también
homenajear así al CAMM, el Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada. Más
de 30 años en esta ciudad acompañando a mujeres víctimas de violencia.
Cuando el Estado neoliberal se retiraba, ellas, como otras valientes y deci-
didas compañeras, ponían el cuerpo y la profesionalidad para resistir. En
medio de la oscuridad, han sido un faro, ¡gracias, compañeras, por tanto!
Esta problemática tan extendida, tan dolorosa, puedo compararla con
la inundación. Como el agua de una inundación que, cuando llega, no nos
damos cuenta de su alcance y empieza a cubrirlo todo. Así es la violen-
cia, arrasadora, silenciosa a base de miedo y abarcadora porque rompe,
estalla todo y una vez que sucede ya nada es lo mismo, queda grabada
de manera letal. Por eso son tan importantes los actos de memoria. Hace
poquitos días, en la ciudad de La Plata, con nuestra ministra Estela Díaz
y con el programa Mariposas, por primera vez, después de 30 años, po-
níamos de pie los nombres de Gladys Mc Donald, Elena Arreche, Cecilia
y Adriana Barreda. Tenemos que rescatarlas del olvido porque nuestra
comunidad necesita construir el Nunca Más y eso es posible con el reco-
nocimiento de todas ellas, con memoria, con verdad y con justicia.
Como dice Ana María Fernández, esta es una máquina que no puede
detenerse, que no para nunca porque atacamos el núcleo del patriarcado,
la violencia coercitiva que lo sostiene. Las 24 horas, los 365 días del año.
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Por eso, todo el respeto a las trabajadoras de la línea 144, las trabajadoras
de Casos Críticos, las trabajadoras de las casas abiertas y los hogares de
protección, a todas las compañeras que día a día le ponen el cuerpo y la
garra, porque somos soñadoras de una sociedad diferente. Soñamos con
erradicar la violencia y para eso no puede haber un minuto de descanso.
Gracias, compañeras, por estar acá. Gracias por el esfuerzo de haber lle-
gado hasta Mar del Plata.
17
Introducción
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Mar del Plata. Contamos con la grata presencia de más de mil asistentes
de diferentes localidades de la provincia de Buenos Aires, Neuquén, Santa
Fe, La Pampa, San Luis, Entre Ríos, entre otras. Representantes de los
gobiernos municipales, de las áreas de género, de organizaciones femi-
nistas, sociales, investigadoras, investigadores, referentes del ámbito le-
gislativo, judicial, ejecutivo, sindical, de las mesas locales intersectoriales,
observatorios y organismos públicos del ámbito local y nacional.
En el presente libro, que consta de dos volúmenes, encontrarán la pre-
sentación de los paneles centrales desarrollados durante el Congreso,
una reseña referida al primer encuentro con familiares de las víctimas de
femicidios, travesticidios, transfemicidios y crímenes de odio, así como
también los trabajos que fueron presentados en las mesas temáticas y
seleccionados para esta publicación.
Respecto a los paneles, encontrarán en primer lugar el panel magistral
denominado “Violencias y resistencias en el mundo actual”, a cargo de
Pilar Calveiro, doctora en Ciencias Políticas, profesora e investigadora de
la Universidad Nacional Autónoma de México, en diálogo con Ana Caco-
pardo, periodista, productora y directora de cine documental. En la con-
versación se hizo referencia a la realidad política y económica actual, a la
crisis institucional y a las embestidas contra la democracia por parte de
las derechas, destacando que no se trata de un fenómeno local, sino de
alcance global. Plantearon la relevancia de los movimientos sociales y de
los feminismos en su potencial emancipatorio y la necesidad de atender
las propuestas de nuevas agendas.
En segundo lugar, la doctora Dora Barrancos, junto con la doctora Ana
María Fernández y Flavia Delmas, subsecretaria de Políticas contra las
Violencias por Razones de Género de nuestro Ministerio, tuvieron a su
cargo la presentación del libro que recupera las ponencias presentadas
en el primer congreso, que realizamos entre el 22 y 25 de Noviembre de
2020. Las participantes destacaron la importancia de la publicación en
tanto “memoria” del primer congreso y como desafío para un Estado que
da cuenta de la voluntad política para instalar lógicas novedosas en la
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implementación de las políticas públicas. La moderación de este panel
estuvo a cargo de la periodista Mariana Carbajal.
Un tercer panel, denominado “El consentimiento en la era del capita-
lismo salvaje”, contó con la presencia de la doctora Débora Tajer y del psi-
coanalista Enrique Stola, la moderación estuvo a cargo de Leticia Locio,
directora provincial de Abordaje Integral de las Violencias por Razones de
Género de nuestro Ministerio. El panel giró en torno al desarrollo de los
vínculos interpersonales, tomando como contexto las lógicas de produc-
ción capitalistas.
Por último, en el panel “Límites a la violencia política: desafíos de la
democracia”, participaron la diputada de la Nación por la provincia de
Buenos Aires, María Rosa Martínez; la senadora de la provincia de Bue-
nos Aires, María Reigada; la diputada de la provincia de Buenos Aires, Lu-
cía Iañez y la auxiliar letrada del Tribunal del Trabajo n.° 5 de San Martín,
Cristina Montserrat Hendrickse. La moderación del panel estuvo a cargo
de Silvina Perugino, directora provincial de Situaciones de Alto Riesgo y
Casos Críticos de nuestro Ministerio. Las participantes del panel se refi-
rieron a la violencia política, reflexionaron sobre su incidencia en el ámbito
legislativo y en las diferentes esferas de nuestra vida cotidiana, así como
también las tensiones entre la libertad de expresión y los discursos de
odio en los medios de comunicación. Un punto específico planteado por
las panelistas se refirió al intento de magnifemicidio hacia la vicepresi-
denta Cristina Fernández de Kirchner.
El resto de los paneles que se llevaron a cabo durante las jornadas
del Congreso, si bien no forman parte de esta publicación, están disponi-
bles en la página web del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y
Diversidad Sexual4.
Entre otras actividades realizadas y que son parte del presente libro,
20
nos interesa destacar dos instancias efectuadas en el marco del progra-
ma Mariposas, impulsado por la Subsecretaría de Políticas contra las Vio-
lencias por Razones de Género. En primer lugar, la realización del Primer
encuentro provincial de familiares de víctimas de femicidios, travesticidios,
transfemicidios y crímenes de odio, enmarcado en una serie de activida-
des que estamos realizando junto a las y los familiares. Los ejes traba-
jados durante el encuentro-taller, coordinado por Agostina Balastegui y
Manuela Pita, fueron el acceso a la justicia, el tratamiento mediático de
los crímenes, la memoria y las estrategias para la prevención de las violen-
cias por razones de género. Estuvieron presentes Gustavo Melmann, papá
de Natalia Melmann; Marta Montero y Guillermo Pérez, mamá y papá de
Lucía Pérez; Marta Ramallo, mamá de Johana Ramallo; Freddy Garnica y
Giovanna Lujan, papá y mamá de Mónica Garnica; Facundo Ortiz, papá de
Luna Ortiz; Mónica Ferreyra, mamá de Araceli Fulles; María de los Ángeles
Zárate, mamá de Eliana Mendilaharzu; Manuel Iglesias, hermano de Laura
Iglesias; Esperanza Valdiviezo, mamá de Yésica Paredes; Lorena Rivero,
hermana de Laura Rivero; Florencia Cabrera, mamá de Claudia Salgan; Ca-
rola Labrador, mamá de Candela Sol Rodríguez; Susana Cancellier, mamá
de Nadia Ferraresi; Claudia Sánchez, mamá de Camila Tarocco; Patricia
Godoy, mamá de Marisol Gunther. En esta publicación encontrarán una
breve reseña referida al trabajo realizado durante el encuentro. Por otra
parte, destacamos también la puesta de la muestra “Atravesadxs: familia-
res de víctimas de feminicidios, travesticidios y transfemicidios”, a cargo
de la fotógrafa Eleonora Ghioldi.
Respecto a la realización de las mesas temáticas, organizadas en tor-
no a la posibilidad de compartir experiencias, reflexiones y debates en el
abordaje integral de las violencias por razones de género, se organiza-
ron 10 ejes: 1. Metodologías de abordaje de las violencias por razones
de género; 2. Producción de conocimiento y estadística en violencia por
razones de género; 3. Estrategias jurídico-legales/litigio feminista; 4. Vio-
lencia mediática y discursos de odio; 5. Memoria, testimonios y políticas
reparatorias; 6. Diversidad sexual; 7. Licencias y protocolos de violencia
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por razones de género; 8. Interseccionalidad: opresiones y racialidad; 9.
Estrategias de cuidado y políticas de cuidado, dirigidas a quienes abordan
situaciones de violencia por razones de género; 10. Estado y políticas pú-
blicas con enfoque de género: aportes desde la investigación.
Dado el volumen de ponencias recibidas, varias de las mesas se des-
doblaron para brindarle a las, les y los expositores la posibilidad de pre-
sentar sus trabajos durante las dos jornadas.
En la presente edición encontrarán la presentación de cada una de las
mesas y la selección de trabajos publicados, que dan cuenta de la relevan-
cia de la problemática de las violencias por razones de género y los aspec-
tos o dimensiones que se pueden identificar a la hora de formular, planificar
y gestionar las políticas públicas en torno a la prevención y el abordaje de
las violencias por razones de género.
En síntesis, a partir de los 10 ejes temáticos propuestos, se implemen-
taron 22 espacios cuya coordinación estuvo a cargo de referentes de or-
ganismos provinciales que conforman la Mesa Intersectorial liderada por
nuestro Ministerio junto a directoras, directores, asesoras y trabajadoras
del Ministerio. Se presentaron 213 ponencias a cargo de autoridades de
las áreas de género municipales, investigadoras, investigadores, referen-
tes institucionales, territoriales, de organizaciones sociales y feministas,
entre otras.
Destacamos un capítulo específico que recupera la publicación de
los trabajos elaborados y presentados por trabajadoras y trabajadores de
nuestro Ministerio, que dan cuenta de sus experiencias profesionales y
de implementación de las políticas públicas en materia de violencia por
razones de género.
Este Congreso es un acto político y, como tal, esencial para el desarrollo
de las políticas públicas que requieren de un Estado presente, que trabaja
por la igualdad en todas sus dimensiones y, por competencia específica, en
materia de violencia por razones de género.
Por último, agradecemos a todas, todes y todos por participar y ser
parte de este Congreso, en tanto instancia de encuentro, de intercambio
22
de saberes y experiencias, de reflexión sobre nuestras prácticas, sobre
las normativas que nos asisten y con un norte específico que nos permi-
ta, además de intervenir frente a las violencias por razones de género de
manera asertiva, trabajar en pos de la prevención y el derecho a una vida
libre de violencias.
Las/les/los invitamos a recorrer las páginas de los volúmenes que in-
tegran la presente publicación.
Adriana Vicente
Directora Provincial de Investigación, Planificación y Gestión de
Políticas Públicas contra las Violencias por Razones de Género
23
PANELES
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PANEL
“Violencias y resistencias
en el mundo actual”
Panelistas: Ana Cacopardo5 y Pilar Calveiro6
26
gustaría iniciar con una pregunta fundante: ¿por qué te interesa, por qué
es relevante hablar de las resistencias?
Pilar Calveiro (PC): La pregunta sobre las resistencias es una cuestión
que me ha interesado de manera particular desde hace años. Mi vínculo
con la política no comenzó desde la academia sino desde la militancia. Fue
a partir de los logros pero sobre todo de las grandes dificultades, golpes,
derrotas de las militancias de los años 70 –no solo en Argentina, sino a nivel
del continente–, que me surgió la necesidad de pensar y problematizar qué
nos había pasado, qué seguía pasando y cómo continuar. Por lo tanto, mi
posicionamiento político nunca ha sido afín a las hegemonías vigentes ni
tampoco neutral. Siempre me interesó la articulación entre la acción y la re-
flexión, pensadas desde las resistencias, desde un lugar opuesto y diferente
al de las hegemonías; es decir, pensar y hacer política para cuestionar esas
hegemonías y buscar formas más justas y más abiertas de la política. Por
eso, se podría decir que la cuestión de las resistencias ha tenido un eje en
mi trayectoria personal. Creo que algo parecido sucede con vos, ¿no, Ana?
AC: En mi caso, siempre que reflexionamos sobre el sentido políti-
co de nuestro trabajo periodístico y documental en la televisión pública,
me gusta decir que necesitamos narrativas de las resistencias. Los me-
dios de comunicación hegemónicos nos ofrecen narrativas del miedo o
de la resignación. Pero hay otro mundo posible. Y está entre nosotros.
Hay experiencias políticas territoriales formidables que ponen en juego
otras formas de la política o articulaciones novedosas de las que pode-
mos aprender. Creo que en el campo de la comunicación hay que hacer
lo que sugiere Boaventura de Sousa Santos para las ciencias sociales:
hacer teoría de la retaguardia. Tenemos que mirar lo que hacen los movi-
mientos sociales para conceptualizar prácticas políticas emancipatorias
que abren nuevos horizontes de futuro. Prácticas políticas que desafían
la noción del mercado como ordenador de la vida y alimentan la espe-
ranza. Pero no se trata de una esperanza tonta ni ingenua, sino que echa
raíz en las experiencias territoriales de resistencia que se despliegan en
nuestro continente. Ese mapa de las resistencias es el que trabaja Pilar
27
en su último libro Resistir al neoliberalismo. Comunidades y autonomías.
Me gustaría entonces centrarme en la primera parte de ese trabajo, donde
se propone un análisis de las transformaciones del poder en esta fase de
la globalización neoliberal y se apela a la noción de gubernamentalidad,
acuñada por Michel Foucault en los años 70. ¿Qué ilumina esta noción?
PC: Foucault plantea el concepto de gubernamentalidad desde los años
70. Esta categoría es particularmente interesante en el contexto actual, en
el que se han producido cambios muy importantes en las formas de or-
ganización del poder, en especial a partir de las últimas décadas del siglo
pasado y la caída del mundo bipolar. Se abre a partir de entonces algo que
ya se venía desarrollando desde antes: lo que hoy llamamos globalización
neoliberal. Esta globalización, por un lado, mantiene y profundiza algunos
rasgos que estaban presentes en el capitalismo, como la dimensión patriar-
cal, que continúa y recrudece con violencias tan radicales como el femicidio
y el feminicidio. La colonialidad y el racismo toman otras modalidades pero
también se sostienen; el racismo, por ejemplo, ya no se sustenta en argu-
mentos de tipo biológico pero persiste apoyándose en la diferencia social
y cultural que, finalmente, se remite a diferentes grupos étnicos y “raciales”,
jerarquizados por el color de la piel. Hay una discriminación y jerarquización
de las distintas poblaciones que coloca en el ápice a los varones blancos
y occidentales, quienes concentran las diez mayores fortunas del planeta
(Oxfam, 2021). Este solo dato pone en evidencia la exclusión en términos
de género y en términos de racialización de amplios grupos sociales. De
manera que el orden patriarcal y colonial racista se mantienen y se profun-
dizan en la globalización neoliberal.
Pero junto a estas continuidades encontramos también algunos ras-
gos nuevos. Estos no son homogéneos, ya que la globalización tiene dis-
tintas características según las regiones y los países –ya sea si estos son
“centrales” o “periféricos”, por ejemplo–. Por ello, es fundamental tratar de
ver qué características adopta en nuestra propia realidad, pero también
es importante reconocer ciertos rasgos comunes del proceso. Entre ellos
señalaría, en primer lugar, el intento de establecer una hegemonía de carác-
28
ter global, supranacional, que no está apegada a la idea de Estado Nación.
También, como se mencionó en la apertura del Congreso, la concentración
brutal de la riqueza, que Oxfam viene reportando desde hace años, por
la cual 1 % de la población posee más riqueza que el resto del planeta, y
que se ha agudizado con la pandemia. Tales niveles de concentración de
la riqueza son posibles por diferentes prácticas de apropiación por despo-
sesión de las riquezas públicas, colectivas y comunitarias que llevan, a su
vez, al desplazamiento de importantes sectores de la población.
Todo esto va de la mano de un rasgo central: la subordinación de lo
social y lo político a la lógica económica. Predomina el principio de ren-
dimiento y acumulación de los grandes corporativos y de sus formas de
organización, que se imponen en los espacios público y privado, contro-
lando tanto la producción de bienes y servicios, como la de signos y de
subjetividades –a través de los medios de comunicación– que son, todos
ellos, parte constitutiva de la organización del poder en el neoliberalismo.
Asimismo, se aprecia la articulación de grandes corporativos criminales,
que también son de carácter global, y que operan en distintos lugares del
planeta. Las grandes corporaciones, legales e ilegales, penetran en los
distintos campos de la sociedad, incluido el Estado, tratando de subordi-
nar lo social y político a sus intereses. Ello da lugar a la multiplicación y
profundización de violencias públicas y privadas. De manera que el apa-
rato del Estado se va debilitando y fragmentando, se va erosionando, tanto
por la injerencia de las grandes instancias supranacionales (organismos
internacionales pero también corporativos) que condicionan sus decisio-
nes, como por la intervención de grupos de poder locales, con diferentes
niveles de autonomía, que también lo restringen. Las redes criminales
supranacionales operan dentro del territorio, generalmente a nivel local,
penetrando si no a la totalidad del Estado, por lo menos a fragmentos del
mismo, debilitando y dificultando la administración estatal.
Todo esto da lugar a la multiplicación y profundización de violencias
que son públicas, privadas y público-privadas, en el sentido de que arti-
culan en algunos lugares violencias del Estado con violencias privadas,
29
como cuando las redes criminales resultan protegidas, permitidas, o tole-
radas por instancias estatales.
Todo este entramado constituye lo que llamamos gubernamentali-
dad. Debemos considerarlo para hablar de la organización del poder en
la actualidad, en un escenario muy complejo, que sobrepasa las prácticas
del Gobierno y el Estado, y en el que este ya no ostenta el poder o la cen-
tralidad que tenía en otro momento.
AC: La noción de gubernamentalidad no está hablando únicamente
del Estado y del Gobierno sino de un mapa, de un entramado mucho más
amplio…
PC: En efecto, cuando hablamos de gubernamentalidad estamos ha-
blando de instituciones, pero también de prácticas, de tecnologías, de
procedimientos orientados al control de las poblaciones, de los recursos
y de la conducta de las personas mediante dispositivos de seguridad y la
construcción de discursos de “verdad”. Si restringimos nuestro análisis al
papel del Estado, o del Estado y el Gobierno, vemos solo una pequeña par-
te del mapa. En realidad, la red de poder que hoy tenemos que considerar
debe abarcar por lo menos todos estos elementos, dentro de los cuales el
Estado es una de sus partes, significativa pero condicionada.
Me parece que esta consideración tiene importancia incluso para cues-
tionar los discursos que están implementando en este momento ciertas de-
rechas en contra de “los políticos”. Han levantado una prédica en favor de la
“sociedad civil” y la empresa –de la que son representantes– impugnando
principalmente al Estado y al Gobierno por su “ineficiencia” y “corrupción”.
Se dirigen contra ellos, pero en realidad desconocen –o más bien ocultan–
que el componente corporativo legal e ilegal al que ellos representan es
parte sustantiva de la gubernamentalidad neoliberal, de sus violencias, de
su corrupción y de la penetración y debilitamiento del Estado.
Allí está el núcleo del poder de esta gubernamentalidad, que las de-
rechas omiten cuando se lanzan contra el Estado o contra el Gobierno,
instancias que tienen margen de acción política, pero acotado por todos
estos factores externos e internos. En ese sentido, me parece interesante
30
hablar de gubernamentalidad porque permite ampliar el marco del análi-
sis más allá del Gobierno y el Estado. Sin todos esos otros actores no po-
demos entender las redes de poder de las sociedades contemporáneas,
ya que estaríamos eludiendo una cuestión central: el peso del poder cor-
porativo –legal e ilegal– dentro de la gubernamentalidad neoliberal.
AC: Parte de ese poder corporativo está contenido en un concepto que
nos trae el politólogo Jairo Estrada cuando habla de “capitalismo crimi-
nal”, pensando cómo se ha producido esta colusión del Estado con frac-
ciones de corporaciones legales o ilegales. México es un caso ejemplar.
PC: La noción de “capitalismo criminal” que formula Jairo Estrada es
clave, ya que muestra cómo, en la gubernamentalidad neoliberal, la crimi-
nalidad de las grandes redes corporativas no es una disfunción sino algo
inherente al modelo, propio de él, que no está ocurriendo en un lugar en
particular, sino a nivel planetario. Si miramos todos los tráficos ilegales,
de armas, de sustancias, de personas –ya sea para explotación laboral o
sexual– vemos que estas prácticas permean en todo el mundo, de distin-
tas maneras. Van de las “periferias” a los “centros” o a la inversa, como
ocurre con el tráfico de armas, pero alcanzan a todos los lugares del pla-
neta. Y esto es así porque hay una articulación de las redes de poder po-
líticas y económicas con las grandes corporaciones ilegales, tanto por su
funcionalidad como de manera operativa. En el caso de los Estados, dado
que estos se fragmentan, la penetración no ocurre en la totalidad del apa-
rato, como si este fuera un dispositivo vertical y homogéneo. Las redes
criminales se vinculan con fracciones del mismo y, al hacerlo, aprovechan
y profundizan dicha fragmentación. Por lo tanto, para entender cómo ope-
ran, es importante observar con qué fracciones del Estado están articula-
das, en qué niveles –si local, regional, nacional– y de qué maneras.
Una de las prácticas de estas redes criminales, muchas veces protegidas
por instancias gubernamentales, es la desaparición de personas, con distin-
tos fines. En efecto, desaparecen personas en las redes del narcotráfico, en
las de trata y también activistas y defensores de derechos que incomodan
sus actividades ilegales. Un caso paradigmático de desaparición de personas
31
en ese contexto es el de Ayotzinapa, por la asociación de redes criminales y
estatales, es decir, legales e ilegales. Vos has hecho un trabajo muy impor-
tante al respecto y sería interesante que nos compartas un poco al respecto.
AC: Ayotzinapa es un ejemplo paradigmático. La estrategia del poder
fue atribuirle al narcotráfico los crímenes y desdibujar las responsabili-
dades estatales en las desapariciones. Nuestro trabajo sobre el caso
Ayotzinapa, del año 2015, buscó en primer lugar conceptualizar lo suce-
dido con los estudiantes como un crimen de Estado. Y también poner en
foco cuáles eran las lógicas que operaban detrás de estas violencias. No
nos olvidemos que los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayot-
zinapa resistían la reforma educativa privatizadora de Peña Nieto. Eran
una piedra en el zapato en la trama de negocios e intereses del poder
político local y las economías ilegales. Pero me gustaría volver a la no-
ción de “desaparición forzada”. Como ustedes saben, Pilar es autora de
un libro emblemático para quienes procurábamos entender el terrorismo
de Estado y las dictaduras en el Cono Sur. Me estoy refiriendo a Poder y
desaparición. Allí hay una búsqueda por comprender cómo operaban los
aparatos estatales genocidas en los años 70. Pero hoy estamos situa-
dos en otro momento histórico. El trabajo de Pilar nos propone observar
las transformaciones del poder y de las violencias. Y en este marco nos
invita a repensar la noción de desaparición forzada. A detenernos en las
características y lógicas que tiene actualmente la desaparición forzada
en nuestro continente. ¿Qué ha cambiado?
PC: En los 70, lo que vivimos aquí a nivel nacional fue la desaparición
forzada producida desde el aparato estatal y dirigida contra grupos de di-
sidentes políticos, en especial armados. Esa modalidad de la desaparición
se correspondió con la gubernamentalidad entonces vigente, de una dic-
tadura burocrático-militar. Actualmente, al cambiar la gubernamentalidad,
cambian sus violencias y, dentro de ellas, las formas de desaparición de
personas. En los países en que esta es una práctica sistemática, como en
México, ocurre por la articulación de fragmentos del Estado con grupos cri-
minales y afecta a grupos sociales mucho más amplios que en los años 70.
32
AC: Es el caso de Ayotzinapa.
PC: Claro. La desaparición de personas puede orientarse a eliminar re-
sistencias incómodas pero, sobre todo, hoy en día, se dirige a la apropia-
ción y explotación más cruda de grupos poblacionales que pueden ser de
utilidad para estas redes criminales. No podemos pensar de otra manera
el tráfico de migrantes y de personas para su explotación laboral o sexual,
desapareciéndolas primero para convertirlas en meras mercancías útiles
para estas redes. Desposeídas de todo derecho, explotadas hasta su ex-
tinción o eliminación. Es la modalidad más frecuente de desaparición en
el mundo neoliberal. Sin embargo, el caso Ayotzinapa es muy doloroso
y especialmente significativo porque, teniendo todos los rasgos de las
actuales desapariciones, conecta objetivos políticos y criminales con la
intervención de agentes estatales, no estatales y criminales.
AC: Cuando visitamos Tixtla, el pueblo donde se encuentra ubicada la
Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, asistimos y grabamos el primer acto
de graduación de maestros rurales tras los crímenes y las desaparicio-
nes. Fue un acto muy emocionante encabezado por un grupo de destaca-
dos intelectuales mexicanos. Esa secuencia del documental nos permitió
dar respuesta a una primera pregunta, básica para nosotros: quiénes eran
estos jóvenes. Sus trayectorias. Sus identidades indígenas. Su activismo.
Entonces vamos situando estas violencias e interrogando sus lógicas y
modalidades. Esto nos lleva a las disidencias políticas y naturalmente al
estado de Guerrero, al que podríamos nombrar como narcoestado. Y aquí
me interesaría, Pilar, centrarnos en el debilitamiento de los Estados. En
una soberanía socavada “por arriba y por abajo”. Cuando recorrimos la
ruta que hicieron los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa rumbo a
Iguala observamos cómo el control territorial está centralmente en ma-
nos de las organizaciones del crimen organizado en asociación con las
policías locales y estatales.
PC: Efectivamente, en algunas regiones de Guerrero se ha visto, más
que una ausencia del Estado, esta articulación entre autoridades políticas
y grupos criminales. En el caso de Ayotzinapa, el presidente municipal
33
de Iguala, José Luis Abarca –actualmente preso–, tenía vínculos con las
redes criminales locales. De acuerdo con las investigaciones del Grupo
Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI), también
estuvieron vinculados con la desaparición de los normalistas el batallón
militar de esa región, y las policías municipal y federal…
AC: Por eso hablamos de desaparición forzada. La narrativa imperante
era la que trató de imponer el Estado mexicano: “Fue el crimen organizado”.
PC: Claro. En contraposición, las movilizaciones por Ayotzinapa le-
vantaron la consigna: “Fue el Estado”. En este fragmento que acabás de
presentar, también podemos visibilizar de manera muy obvia algo que
mencionábamos al principio, que los grupos “matables” son grupos con
determinada identidad étnica y social. Es evidente que se trata de una
población de jóvenes, pobres y con un fuerte componente indígena. No
es casual. Representan esa nuda vida que puede matarse manteniendo la
impunidad. Este me parece un rasgo importante.
AC: Los padres de estos jóvenes son campesinos que tienen dos op-
ciones: o abandonan sus territorios y migran o se convierten en mano de
obra de los grupos criminales. Los maestros de Ayotzinapa van a enseñar
a las comunidades rurales indígenas de la montaña. Son hijos de esos
campesinos que vuelven y dan una disputa por otro horizonte posible. A
veces nos parece que estas realidades están muy alejadas de las nues-
tras, pero esa disputa -en particular después de la pandemia- es la que hoy
están dando las organizaciones sociales en villas y barrios populares de
nuestro país, donde la narcoeconomía termina convirtiéndose en el único
horizonte de futuro para les jóvenes. Cuando la organización La Poderosa
tomó la palabra en la última conferencia de CLACSO, en México, fue para
decirles a los intelectuales de América Latina: “No están hablando de esto”.
PC. La falta de opciones que mencionás remite a varias cuestiones.
Por un lado, a las dificultades que tienen en este momento las distintas
propuestas de gobierno, alternativas al neoliberalismo; sus limitaciones y
los condicionamientos a los que están sujetos para modificar las condi-
ciones económicas y sociales del conjunto de la sociedad. Creo que esta-
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mos frente a esto en toda América Latina, y en el mundo. Enfrentamos un
cuestionamiento de las instituciones en general, desde el Estado hasta la
familia, pasando por el sistema político. Todo eso está en mutación y está
siendo colocado bajo fuego desde distintos lugares, tanto desde las dere-
chas como desde las izquierdas. Entramos en un terreno que puede ser
pantanoso y en el que hay que movernos con cuidado. El “techo” de nues-
tras instituciones para generar transformaciones sociales y políticas es
aprovechado desde las derechas para disparar contra el aparato estatal,
desacreditarlo, y así debilitar aún más su libertad de acción y su posible
intervención en beneficio de los sectores más desprotegidos. La derecha
ataca al Estado y al sistema de partidos porque quiere manos más libres
para proceder en términos económicos y acelerar la penetración de lo
corporativo, en todas sus variantes. Las limitaciones del sistema político
y el embate de estos sectores intentando restringirlo aún más redundan
en que las redes criminales puedan ofrecer a los jóvenes más de lo que
les ofrece el sistema institucional.
Frente a esto, vemos del otro lado resistencias importantes que se asien-
tan en la potencia de lo social, de lo común y, muy especialmente, de lo
comunitario. Por eso, las experiencias a las que te referías me parecen fun-
damentales, porque tienen que ver con formas de organización social comu-
nitaria. Hoy es necesario visibilizar las limitaciones de lo institucional-estatal
y explorar las posibilidades de construcción desde lo social y lo comunitario,
para evitar la disolución y el debilitamiento del vínculo social, que es lo que
buscan las derechas más recalcitrantes, así como las redes criminales. Para
ambas, toda organización social o política, en un sentido fuerte, representa
la amenaza de poner un freno o una contención a sus ganancias, que de-
sean ilimitadas. Eso –y no una mayor o mejor democracia– es lo que está
detrás cuando critican y tratan de lesionar al sistema político y al Estado.
AC: Te escucho y pienso en una suerte de crisis de legitimidad o insa-
tisfacción democrática que atraviesa este momento histórico. Vivimos
en un contexto de extraordinaria concentración de la riqueza y aumento
de las brechas sociales y económicas. ¿Creés que la incapacidad de las
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democracias de cumplir con sus promesas de igualdad y participación
es uno de los caldos de cultivo del crecimiento de derechas autoritarias?
PC: Absolutamente. Creo que hay una limitación de la instituciona-
lidad democrática, que tiene que ver con esta fuerte penetración de lo
corporativo en los distintos ámbitos de la vida social y política; la limita y
la restringe. Por eso hay que buscar más allá, para ampliarla y definitiva-
mente reformularla.
AC: ¿A qué te referís con lo corporativo?
PC: Hablo de las grandes corporaciones económicas que condicionan
al Estado con los chantajes de inversión/desinversión y otros mecanis-
mos de subordinación, pero también del condicionamiento que se ejerce
desde las instancias globales, como el FMI, limitando la capacidad de de-
cisión política de los gobiernos, con la amenaza de sanciones y de una
virtual marginación del sistema económico internacional si no se avienen
a sus lineamientos.
Cuando me refiero a las limitaciones de lo institucional, no quiero decir
que los gobiernos populares no hayan logrado transformaciones relevan-
tes. Las distintas propuestas en América Latina que han intentado salir del
modelo neoliberal han sido exitosas en muchos sentidos. Es el caso de
Argentina, de Brasil, de México con el gobierno actual, y de otros. En casi
todos los casos se redujo la terrible polarización del ingreso; no desapare-
ció, pero se redujo. Hubo formas de redistribución del ingreso importantes
que no se pueden desconocer, así como transformaciones sociales y polí-
ticas. Justamente por eso han sufrido el ataque del que han sido y siguen
siendo objeto, porque difieren y se oponen a la globalización neoliberal de
distintas maneras y en distintos grados. Sin embargo, resultan insuficien-
tes, entre otras cosas, por los condicionamientos antes mencionados.
Me parece que es fundamental pensar en la capacidad de construc-
ción política de manera autónoma, alternativa al Estado, no necesaria-
mente contrapuesta con él, pero sí alternativa. Desde distintas instancias
como lo barrial, los feminismos, lo comunitario, y muy especialmente lo
comunitario indígena, se han hecho aportaciones centrales.
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Todas las formas de lucha son necesarias y todas pueden articularse
desde sus respectivos lugares. Es válida y necesaria la lucha desde lo
institucional, conociendo sus limitaciones, para ampliar la propia demo-
cracia. También es importante la lucha desde las organizaciones sociales
que, en algunos casos, articulan con lo institucional y, en otros, no. Y es
útil que lo hagan y modifiquen las políticas públicas mientras resguardan
su propia autodeterminación.
Finalmente, hay otras luchas que son autónomas, que ocurren y cre-
cen en los márgenes del Estado y tienen otros principios y cosmovisio-
nes; es el caso de las comunidades autónomas. Su interlocutor principal
no es el Estado ni su foco las demandas; simplemente construyen otras
realidades, sin pedir ni esperar permiso. Estas experiencias están proli-
ferando en toda América Latina, y creo que hay que prestarles particular
atención; dirigir la mirada hacia estas luchas con una matriz diferente.
AC: Si pensamos en prácticas políticas que se articulan en torno a lo co-
munitario, me gustaría traer aquí la experiencia del movimiento campesino
indígena y su resistencia al agronegocio, el desmonte y los desalojos de
comunidades y pequeños productores. En Santiago del Estero el nacimien-
to del MOCASE a fines de los 90 expresa un fenómeno de resistencia a una
dinámica global: la expansión de la frontera agraria. El avance del cultivo
de la soja comenzó a arrasar el monte nativo y comenzaron también los
desalojos y desplazamientos forzados de comunidades enteras. En ese
marco la acción política del MOCASE expresa una enorme creatividad po-
lítica. Pronto entendieron que tenían que visibilizarse y marchar a los gran-
des centros urbanos. Y como el entramado político-judicial del juarismo en
Santiago del Estero les cerraba las vías de reclamo institucional, apelaron
a la acción directa: las comunidades se organizaban y paraban las topa-
doras cuando se venían los desalojos. La otra dimensión que me parece
relevante y pueden encontrar en el capítulo de la serie Historias debidas
que grabé con Deolinda Carrizo, es la de la memoria larga y las identidades
indígenas. Los campesinos y campesinas no se nombraban indígenas y a
través de un proceso de reflexión que fueron haciendo en el marco de la
37
organización, se reconocieron en ese linaje. Ahí aparecía la memoria de las
luchas por el territorio. La memoria larga de la violencia colonial.
PC: De nuevo, en lo que relatás y nos mostrás, aparece la racialización.
Vemos gente mestiza o indígena resistiendo. Pero también nos remite a un
área que vos has trabajado muchísimo: el papel de las mujeres, de los fe-
minismos y la interseccionalidad, ¿por qué no nos hablás un poco de eso?
AC: El enfoque interseccional abrió un campo muy fértil para com-
prender cómo se articulan distintas dimensiones de la opresión: género,
raza, clase. Y otras dimensiones que suman vulnerabilidad: desde la edad
hasta la condición de migrante. Siguiendo con el ejemplo de las mujeres
campesinas, ellas pudieron comprender y nombrar la violencia sexual que
padecían. Los dueños de la tierra violentaban cuerpos y territorios. Pense-
mos que las mujeres campesinas no se reconocían ni nombraban como
feministas. Las feministas eran blancas y urbanas. No eran un espejo en
el que pudieran reconocerse. Pero la participación en los Encuentros de
Mujeres y su propio rol en la organización y la resistencia a los desalojos
les fueron abriendo otra dimensión para comprender las violencias y des-
igualdades que las atravesaban. Pusieron en valor su lugar como mujeres
productoras, pudieron dar una disputa en su propia organización en torno
a la paridad de la representación y, como decíamos antes, politizaron las
violencias. Pudieron nombrar los femicidios y los abusos sexuales na-
turalizados. Hoy las mujeres del MOCASE se reconocen y se nombran
feministas populares, campesinas y comunitarias. Hay que historizar es-
tos procesos de identificación política para ver cómo fueron emergiendo
nuevas categorías identitarias. Y aquí me gustaría subrayar esta mirada
sobre las identidades. Una mirada performativa: las identidades se van
moldeando en la misma acción política. Así sucedió con el reconocimien-
to de la presencia ancestral en el monte. Nombrarse vilelas los fortaleció
en las luchas del presente porque legitimó su reclamo en un contexto de
disputa territorial y puso en valor las lógicas de organización comunitaria.
En este camino hay mucho de imaginación y de creatividad política. Ese
es el foco de nuestro trabajo audiovisual. Siempre digo que hay que cons-
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truir narrativas de las resistencias. Y en esas narrativas, ese enfoque in-
terseccional, situado e historizado, configura nuestra mirada porque nos
permite comprender la singularidad de cada territorio. Y desde esa com-
prensión hay que observar cómo se articulan luchas emancipatorias. Por
ejemplo, luchas que antes eran refractarias –como las luchas indígenas
y las luchas feministas– comenzaron a articularse. Esta es la gran poten-
cia de los feminismos en nuestro país y América Latina. Su articulación
con las organizaciones y movimientos sociales. De los feminismos con
el activismo villero, con el movimiento histórico de Derechos Humanos,
con el activismo socioambiental. En este sentido los feminismos han en-
sanchado los horizontes emancipatorios. Y si los pensamos en clave de
resistencias a los modelos neoliberales, también han jugado un rol prota-
gónico. Recordemos: en Argentina, el primer paro a Macri fue feminista. Y
una última dimensión que me gustaría compartir, también vinculada a la
creatividad política, es recrear el lenguaje. Dejar de nombrar con el lengua-
je de los vencedores de la historia. La noción de soberanía alimentaria. La
noción de economía popular, que viene a iluminar otras formas de cons-
truir relaciones sociales en la producción, en el cuidado de la vida. Pero
me gustaría volver al texto de Pilar, Resistir al neoliberalismo. Allí hablás
de las políticas del miedo. El miedo como control. Y decís también que al
miedo se lo rebasa colectivamente.
PC: El tema del miedo es fundamental en esta gubernamentalidad. La
multiplicación de las violencias de distinto tipo genera también una mul-
tiplicación de las amenazas y de los miedos. Por una parte, la exclusión
a nivel económico genera el miedo de quedar fuera de todo; por otra, las
violencias represivas del Estado se profundizan en aras de la “seguridad”,
amenazada por las violencias criminales que proliferan como producto
del propio modelo neoliberal. Todo ello genera miedos variados y super-
puestos que los medios de comunicación alimentan sin cesar.
También hay otras amenazas, como las sanitarias y las aparentemen-
te “naturales”, todas vinculadas con las formas de producción y acumu-
lación de esta sociedad que, a su vez, producen más miedos, utilizados
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por la gubernamentalidad neoliberal como forma de control poblacional.
De manera que se selecciona los miedos, se exalta unos para disimular
otros y se los focaliza principalmente hacia esos “otros” que vimos en
los videos de Ana: los pobres, los migrantes, los “de color”. Así, esta gu-
bernamentalidad señala principalmente a los jóvenes y pobres como un
otro como peligroso, amenazante, al que es preciso controlar. Ese otro se
construye social y racialmente para desplegar políticas inmunitarias, es
decir, políticas que propician la distancia social como mecanismo de pro-
tección del otro “peligroso” e “infeccioso”. Esto tiene la intencionalidad de
incrementar las políticas securitarias del Estado, desde luego, pero, sobre
todo, tiene la intencionalidad de romper el vínculo social.
Ahora bien, el miedo no es irreversible; del miedo se sale con otros.
Mientras el aislamiento multiplica el miedo, la compañía lo aplaca. La aso-
ciación con otros, la pertenencia a un colectivo ayudan a entender, prime-
ro, qué está pasando y de dónde vienen los miedos, y después, a hacerles
frente, a plantarles cara. Eso ocurre en todos los colectivos en general, y
se observa de manera muy marcada en las experiencias comunitarias e
indígenas de América Latina.
Muchas veces se piensa que, por tratarse de poblaciones pequeñas,
que no son mayoritarias, con experiencias locales, no podrían aportar a los
problemas actuales, de orden global. Creo que eso es falso. Se piensa tam-
bién que el mundo indígena es un universo arcaico y, por lo mismo, incapaz
de contribuir a las soluciones de esta modernidad tardía, lo cual también
es falso. Los pueblos originarios han constituido sociedades que provie-
nen de una cosmovisión diferente a la de la modernidad occidental, que
es justamente la que ha provocado la crisis en la que estamos inmersos.
Las comunidades piensan desde otra cosmovisión que, sin embargo, no
desconoce la que proviene de la modernidad colonial, en la que han estado
inmersas de manera permanente, en constante articulación, negociación
y conflicto, y han desarrollado la capacidad de moverse en/entre ambos
mundos. Replican y renuevan sus tradiciones, sus formas de organización
social, política y jurídica, a la vez que integran muchísimos elementos de
40
matriz occidental. Se mueven con habilidad entre códigos diferentes por-
que su propia historia los ha obligado a ello. De esta manera han mostrado,
en diferentes experiencias, una considerable eficiencia para enfrentar las
violencias actuales practicando otras formas de la política y de lo jurídico.
Sus prácticas políticas son principalmente asamblearias; operan de
maneras más horizontales, por relevamiento y rotación de funciones, y
evitan los liderazgos unipersonales. También ensayan otras formas de la
seguridad, principalmente defensivas y no punitivistas. Articulan distintos
modelos jurídicos, practicando de facto la pluralidad jurídica. Por eso hay
que mirar ahí, para aprender y reconocer todo un universo de prácticas
alternativas a nuestras formas de hacer política, capaces de ampliar y
oxigenar nuestras alicaídas democracias.
AC: Estamos conmemorando 40 años de la restauración democrática
en Argentina. Hablamos antes de la insatisfacción democrática y estamos
pensando en las democracias liberales, herederas de la modernidad occi-
dental. Pero hay otras experiencias democráticas. Lo que estás viendo, Pi-
lar, en las experiencias que trabajaste en tu último libro en México, son otras
formas de la democracia. Democracias alterpartidarias y asamblearias.
PC: Exactamente. Y son esas las que más atacan y más temen las
nuevas derechas, que tienen dificultad con las democracias en general
pero, sobre todo, con las participativas.
AC: Otra noción que sobrevoló toda la conversación es la de territorio...
PC: Las comunidades llevan adelante una lucha por el territorio que
tiene que ver con la defensa de las vidas, en plural, y por lo tanto de la vida
misma, en sus dimensiones biológica, natural, humana, social, cultural.
Defender el territorio es defender todas esas dimensiones de la vida, lu-
cha que está en el centro de la política actual. Estamos frente a un gran
combate por la vida. Mientras que la gubernamentalidad neoliberal tiende
a pensar en el control y la selección de las vidas -cuáles merecen vivir y
cuáles no- abandonando a su suerte a grandes grupos poblacionales, en
estas comunidades encontramos, en la defensa del territorio, la defensa
de la diversidad y multiplicidad de la vida. Al proteger sus bosques, sus
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ríos, sus tierras, los pueblos indígenas están protegiendo su comunidad,
su cultura, su lengua, su vida, pero también la nuestra, si consideramos la
unidad incuestionable de la vida. En ese sentido, se colocan en un centro,
un núcleo de la política actual. Y frente a lo devastador y mortífero del
neoliberalismo, que tiende al abandono creciente de grandes masas de
la población, siembran la esperanza. Esos núcleos de protección de la
vida son también núcleos de protección de la esperanza, que no dejan de
multiplicarse. Está llena Nuestramérica de estos focos de defensa minús-
culos pero proliferantes, virósicos y tal vez letales para el neoliberalismo.
AC: Sin embargo las narrativas dominantes sitúan lo comunitario indí-
gena como algo primitivo o arcaico, que quedó atrás.
PC: Claro, y sus experiencias muestran justamente lo contrario. Se ve,
sí, una recuperación de identidades y prácticas que quedaron muchas ve-
ces soterradas. Pero desde esta recuperación y su renovación se obser-
va una respuesta eficiente a los problemas actuales, contemporáneos, a
nuestros problemas. Por eso lo comunitario no es algo arcaico, sino que
dialoga con los desafíos más urgentes del presente, como la despose-
sión, la narcopolítica, la devastación ambiental. Por lo tanto, nosotros te-
nemos que ser capaces de dialogar con estas otras formas de abordarlos
para imaginar y crear nuevos escenarios y opciones.
AC: Esa recuperación de la memoria antigua como horizonte de futuro
la vemos claramente en las dirigencias de los distintos pueblos indígenas
en el continente. Es un proceso interesantísimo. Hay una generación de
jóvenes que tienen entre 20 y 30 años que están haciendo un proceso
de recuperación de sus identidades indígenas. En el caso del pueblo ma-
puche, la recuperación, por ejemplo, de su lengua. Una lengua que sus
padres dejaron de hablar para protegerlos de la humillación y exclusión
que ellos padecieron.
PC: Nosotros tenemos que poder mirar y aprender de estos procesos,
porque el racismo no existe solamente por fuera de nosotros. Nos atra-
viesa porque atraviesa nuestras sociedades y, a veces, nos impide ver y
valorar este tipo de experiencias.
42
AC: En esas experiencias y volviendo al foco de la articulación de lu-
chas, lo que vemos es cómo se entreteje la lucha territorial con la antipa-
triarcal. En el caso mapuche, pocas mujeres son autoridad política en sus
comunidades. Hay pocas lonkos. El diálogo con los feminismos las ha
potenciado en su lucha antipatriarcal. Ha sido un diálogo con tensiones
pero muy productivo. Las compañeras indígenas han colocado el espejo
de la colonialidad e interpelado a los feminismos urbanos y blancos. En
América Latina tenemos el faro de las feministas comunitarias de Gua-
temala. Activistas y teóricas como Lorena Cabnal y sus reflexiones en
torno a violencias, cuerpos y territorios. O el feminismo comunitario en
Bolivia. O el rol de los feminismos en las revueltas de Chile y Colombia.
Las feministas somos hijas rebeldes de la modernidad, pero hijas de la
modernidad al fin. Entonces, aquí me gusta retomar la categoría ch’ixi de
Silvia Rivera Cusicanqui para pensar cómo en las luchas emancipatorias
se entretejen herramientas, nociones y prácticas herederas de la moderni-
dad occidental con las que vienen de las cosmogonías ancestrales.
PC: Claro. Y sobre todo esta idea de que tejen con distintos hilos, pro-
venientes de cosmogonías diferentes, pero manteniendo la posibilidad
de distinguir unos de otros, de mantener su especificidad respectiva. Eso
se visibiliza muy claramente en las experiencias comunitarias de México,
y en el papel que asumen algunas mujeres, recuperando el rebozo pero
siendo también comandantas o miembros de la autoridad política o jurídi-
ca. No es generalizado, pero es un proceso que avanza en esa dirección.
Creo que podemos aprender mucho de lo comunitario en torno a, jus-
tamente, su capacidad de articular distintas cosmovisiones, de dialogar
con formas diferentes de pensar y de actuar en lo social, lo político, lo
jurídico. Tenemos que aprender a hacer eso. Cuando ellos articulan sus
formas jurídicas, de usos y costumbres, con las prácticas de derechos
humanos, lo que hacen es una interlegalidad, un acoplamiento del dere-
cho indígena con algunos elementos del derecho occidental, como los
derechos humanos y, al hacerlo, nos impulsan a realizar estas prácticas
de reconocimiento, respeto y articulación entre diversidades.
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AC: Llegamos al final. Y nos despedimos con la potencia de la lucha y
la esperanza. Hace unos días, en una conversación, Boaventura de Sousa
Santos citaba una reflexión de Spinoza en torno a cómo en las socieda-
des se articulan más o menos armoniosamente el miedo y la esperanza.
Decía Boaventura que el problema es que vivimos en un minuto histórico
donde hay más miedo que esperanza.
PC: Probablemente haya más miedo que esperanza pero yo diría que,
en cuanto se abre una ventana, la esperanza es siempre más fuerte que el
miedo. Y por eso, la esperanza se abre cuando dirigimos nuestra mirada
justo allí, a las resistencias. El poder nos insta constantemente a mirar
hacia su centro, hacia su zona de poder, hacia su capacidad punitiva, y
eso atemoriza. Pero si volteamos la vista hacia las múltiples, enormes,
creativas resistencias, encontramos la potencia de lo social, de la gente, y
eso levanta nuestra esperanza y ahuyenta el miedo.
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PANEL
7 Psicoanalista feminista.
8 Socióloga e historiadora feminista.
9 Periodista
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bado. Se usó en el momento, se compartieron experiencias, se generó
esa información valiosa y, después, es difícil volver a encontrarla. Así que
me parece destacable este esfuerzo que hace el Ministerio de las Muje-
res, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Ai-
res en disponer de ese material, de las ponencias, que tienen que ver con
buenas prácticas, la importancia de la interseccionalidad, de los litigios
estratégicos, las estadísticas, el trabajo territorial, las políticas públicas
implementadas. Al mismo tiempo, la posibilidad de disponer del material
de forma digital, al alcance de un click para descargarlo, permite demo-
cratizar el acceso al conocimiento. Y por el otro lado, también tenemos la
posibilidad del ejemplar en papel para quienes nos gusta marcarlo, sub-
rayarlo. Aunque una lo pueda hacer también a través de la computadora,
sabemos que no es lo mismo: doblar las páginas, escribirlas con lápiz al
costado, volver a leer. Así que me parece que este libro trae eso. La posi-
bilidad de rescatar estas experiencias para pensar qué se está haciendo
en el marco de esta jornada, y lo que falta.
Compartir lo hecho, las políticas que resultan eficaces, lo que funciona
y lo que sabemos que todavía nos genera muchas preguntas y muchos
interrogantes. Así que, de esta forma, le doy la palabra primero a Flavia
Delmas para que nos cuente el proceso de cómo se gestó esta publica-
ción. Muchas gracias.
Flavia Delmas (FD): Gracias a vos, Mariana, enorme comunicadora femi-
nista. Bueno, tenemos la alegría de presentar este libro que, como ustedes
pueden ver en este congreso, es un trabajo colectivo enorme. Acá no sola-
mente se publicaron, se rescataron, todos aquellos trabajos presentados en
el anterior congreso que eran publicables desde ya, sino que, también, tuvo
lecturas de varias de nosotras para poder corregirlo. Cada capítulo, ya lo van
a poder ver, tiene una introducción. Hay compañeras que son parte de la
gestión, que tomaron la responsabilidad de introducir cada capítulo. Tam-
bién está el discurso de Estela Díaz del anterior congreso y del gobernador
Axel Kicillof. Y ahí también hay una cuestión que decía Mariana, del desafío
del tiempo. De ver después, a un año, qué pasó con eso que hablamos en
46
ese momento. Y cómo continuamos la política pública.
Algunas cuestiones de este libro y también del congreso anterior, para
ver de qué manera nos organizábamos buscando la manera más práctica:
pensamos en que las mesas de ponencias fueran por tipos y modalidades
de violencias. Y saben que ocurrió algo curioso primero, y lo van a poder
leer en violencia doméstica: la mayoría de las ponencias son sobre meto-
dología de trabajo, no específicamente sobre violencia doméstica. Y eso
nos dio la pauta de que, esta vez, teníamos que armar una mesa que sea
de ponencias sobre metodologías y se llenó de trabajos, tuvimos que sub-
dividirla. El primero es sobvre litigio feminista, y hoy tenemos otra mesa de
ponencia sobre litigio feminista. También nos dio una pauta.
Y otra cuestión que sucedió con las ponencias del anterior congreso
fue que no se presentaban trabajos sobre violencia política y, casi sobre el
cierre, hubo tres trabajos. De las 168 ponencias, hubo solo tres trabajos de
violencia política. Eso es llamativo. Podemos preguntarnos por qué. Que
no haya circuitos puede ser una respuesta; que se activan mecanismos de
poder y disciplinamientos muy fuertes, y que ello lleva al silenciamiento, es
otra opción posible. Creo que, si lo vemos con el diario de hoy, la película es
otra. Estamos ante otra situación, sobre todo luego del intento de magnife-
micidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
También es un libro que yo disfruté leerlo, porque creo que da la pauta
que en el territorio de la provincia hay en desarrollo una enorme multi-
plicidad de prácticas. Este libro es un reflejo de la práctica, y tomarnos
el tiempo para escribir nuestra práctica es central. Estamos elaborando
pensamientos situados, se trata de eso, y también es una fotografía de un
momento. Aparece la pandemia en este libro; aparece dicha de distintas
maneras, la pandemia. Da cuenta de los servicios que se crearon por es-
tar en pandemia: el 0800 de La Matanza, la línea Hablemos, la mención al
WhatsApp como una forma de comunicación importantísima en ese mo-
mento, que luego perduraron. También aparecen mencionadas, en varias
de las ponencias, dos políticas centrales: la Ley de Educación Sexual In-
tegral y la Ley Micaela. Como diría Ana María, se trata de las insistencias.
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Son dos políticas que insisten.
Se mencionan en varias ponencias la necesidad del acceso a la justi-
cia; sobre todo en violencia obstétrica se habla de las leyes existentes y,
sin embargo, se mencionan las grandes dificultades para el acceso a las
mismas y, también, dan algunas rutas de cómo acceder. Y ahí, algunas
ideas importantes, puertos en clave de género, casas para partos, peritos
y peritas intérpretes bilingües. Las compañeras que presentan ponencias
nos dan ideas fundamentales, importantísimas para la política pública, y hay
otra gran riqueza de este libro, que es la multiplicidad, lo múltiple. Pensaba
en la figura del caleidoscopio. Hay ponencias que escriben desde una orga-
nización gremial al Patronato de Liberados, a la línea 144, a personas que
vienen de distintos ámbitos y eso creo que es la gran riqueza. También po-
demos ver cómo las iniciativas para luchar contra las violencias por razones
de género están presentes en todos los ámbitos donde transitamos. Esto
es fundamental. Nos habla de una gran potencia, nos habla de una gran
posibilidad y estará en nuestras manos tomar todo esto y transformarlo;
por un lado, aquello que está, fortalecerlo, continuarlo, dejarlo mucho más
consolidado institucionalmente, aún más de lo que ya está arraigado. Y acá
hago mención de esto porque las mesas locales son del 2008, las quisieron
desinstalar no sé cuántas veces, sin embargo, las compañeras comprendie-
ron que era una política fundamental y las sostuvieron en el tiempo, y eso
nos permitió, como Ministerio, volver sobre las mesas locales, fortalecerlas,
retrabajarlas y hacer nuevas propuestas. Entonces creo que parte de la polí-
tica pública pasa por ahí, no solamente por dejarla en un decreto, en una ley,
en una resolución, sino que ustedes (señala al público) se las apropien, que
las tomen como propias, que las lleven a los territorios y que se haga carne.
Eso es lo que va a dar continuidad a este proceso (aplausos).
MC: Muchas gracias, Flavia. Ahora le voy a dar la palabra a Ana María
Fernández y, además, destacar que hace poquitos días recibió un premio
muy lindo de la Secretaría de Derechos Humanos por su trayectoria y su
trabajo en derechos humanos, que Estela Díaz se lo entregó, así que un
fuerte aplauso por ese reconocimiento.
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Ana María Fernández (AMF): Muchas gracias por invitarme a este pa-
nel. Desde el 2020, año en que fui convocada por Flavia Delmas, asesoro
en algunos programas de políticas públicas de la Ministeria (una vez más
comprobamos la función performativa del lenguaje…).
Ha sido muy grato que me convocaran y debo decir que el compartir
con los equipos sus logros y sus dificultades, ha resultado toda una expe-
riencia de la que aprendo día a día.
Ver el modo en que trabajan los equipos, el modo en que las compañe-
ras que están en áreas de conducción, conducen, el modo en que se van
creando los espacios donde es posible la invención colectiva, el modo en
que las compañeras que llevan adelante las políticas en terreno las van
implementando en el día a día. Poder estar allí es todo un privilegio.
Para quienes como yo venimos de la academia, es ver en acción ideas,
criterios, que pensamos desde hace mucho tiempo. Pero también –y tal
vez esto sea lo más importante– es ver en acción cuestiones que no
habíamos pensado y estas acciones colectivas me guían a nuevos pen-
samientos y afectaciones, a nuevos modos de enfocar los problemas, a
nuevos modos de conceptualizar.
Y creo que este libro da cuenta de muchas de estas cuestiones por lo
que invito a su lectura. Es muy interesante ver a través de muchos de sus
capítulos cómo la máquina de la Ministeria se fue poniendo en movimiento.
El libro también da cuenta de cómo hubo que rediseñar a velocidad –
como señalaban Flavia y Mariana– en el atravesamiento de la pandemia.
La actividad siguió, la maquina no se detuvo y hubo que diseñar y habilitar
nuevos espacios, reprogramar con modalidades a distancia, evaluar las nue-
vas dificultades, etc. Inventar a velocidad y con la mayor eficiencia posible.
Hay varias cuestiones que me gustaría subrayar muy sucintamente
respecto a qué significa la producción de este libro y de tantos otros, que
espero puedan hacerse en adelante.
Una primera cuestión, como iban señalando las compañeras, es sin
duda el caudal de producción de conocimiento que ha aportado “Estado
Presente: Políticas Públicas contra las Violencias por Razones de Género”.
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Lo vuelve de imprescindible lectura, no solo a quienes están en la temáti-
ca de las violencias por razones de género, sino también para quienes se
interesan en pensar las especificidades que es necesario que reúnan las
acciones que puedan hacer realidad la idea de Estado Presente. El libro da
muy buenos elementos que permiten inferir –cualquiera sea la temática y
junto a la voluntad política– cuestiones de distinto tenor. Incluso aquellas
que implican transformaciones epistemológicas e innovaciones metodo-
lógicas, muy necesarias para poder dejar atrás ese Estado-que-deja-caer.
Flavia decía “pensamiento situado”. El pensar en situación implica en
este caso dar cuenta de las prácticas. En el entendimiento de que las
prácticas son teoría en acto, se trata de implementar e indagar prácticas
a medida que se va implementando.
Este es un tipo de accionar que se realiza habitualmente en experien-
cias en interseccionalidad. Por tanto, reúne historias de espacios y expe-
riencias muy disímiles que trae la gente que trabaja en políticas públicas.
Gente que viene de la academia, de la vida sindical, de la vida barrial, de
las organizaciones sociales, de las militancias feministas, etc. De allí la
importancia de poner en amplia conversación estas tareas de implemen-
tar e indagar las prácticas.
La mayor parte de los capítulos del libro, no solo dan cuenta de las prác-
ticas que se llevan adelante, de las cosas que están bien, de lo que piensan
que tiene que mejorar, etc., sino que, como podrán comprobar, en él nunca
falta el espacio para conceptualizar esas prácticas. Y este aporte es enor-
me. Es una herramienta imprescindible en la construcción de conocimien-
to que permite sortear tanto la enciclopedia libresca como el pragmatismo
chato. En esa línea creo que no es ninguna casualidad que, por ejemplo, el
libro retome antiguas y nuevas cuestiones de las epistemologías feministas.
Son cuestiones que hacen de este libro una herramienta de gran calidad.
Otra cuestión que me interesa subrayar es que se toma aquí el desafío
de mostrar la puesta en marcha de un Estado Presente. Cuestión muy
complicada, sin duda, que ha dado lugar a muy variados debates, que ne-
cesita ir a contracorriente de un sentido común que descree de la acción
50
estatal. También en la historia del feminismo ha dado lugar a mucha dis-
cusión. En algunas de sus corrientes suele hablarse de feminismo estatal.
Así, quisiera subrayar que aquello que este libro va mostrando es que
para pasar de un Estado-que-deja-caer a un Estado Presente, es decir,
inclusivo, es imprescindible, desde ya, una fuerte voluntad política. Im-
prescindible pero no suficiente. Hay que sostenerla en el día a día desde
innovaciones de todo tipo. Más allá de la vocación política por la inclusión,
por la transformación –por el rescate de los nadies, como decía Pino So-
lanas– para poner y mantener en movimiento políticas que hagan carne,
que hagan práctica cotidiana de esa presencia, sobre todo en las pobla-
ciones más vulnerabilizadas, el Estado Presente tiene el enorme desa-
fío –para ser tan eficaz como nuestras realidades reclaman– de inventar
nuevas lógicas estatales. Enorme desafío, ya que tiene que abrirse cami-
no en medio de las lógicas estatales más clásicas que, generalmente, no
han sido diseñadas para incluir, para alojar, para cuidar, para empoderar.
En el andar del día a día de la implementación de sus políticas públicas
y sus programas vamos viendo cómo se van configurando nuevas lógi-
cas estatales, produciendo pensamiento colectivo, inteligencia colectiva,
innovación, alrededor de todo esto.
En tal sentido, desde las experiencias de la Ministeria, encontramos
mucho que aportar al histórico debate feminismo-Estado. Estas nuevas
lógicas estatales, para ser eficaces al abordar esos “cuerpos que impor-
tan”, al tiempo que asisten en lo inmediato, tienen que ser muy eficaces en
el cuidar, amparar, crear confianza y, fundamentalmente, restituir dignida-
des arrasadas. Hoy podemos afirmar que ninguna política pública puede
ser absorbida, hecha propia, por poblaciones vulnerabilizadas, si al mismo
tiempo no producen instancias de restitución de dignidad. Tal vez sea este
el primer paso de ese largo y difícil camino de las afirmaciones de sí y la
reapropiación de los derechos robados. Esta es a mi criterio la dimensión
ético-política de aquello que hoy se nomina como los cuidados… y así pode-
mos diferenciar estas políticas de cuidados de las actividades domésticas
históricamente delegadas en las mujeres.
51
Estas políticas del Estado Presente, que van rearmando nuevas lógi-
cas, en sus acciones cotidianas van poniendo de manifiesto una y otra
vez que implementar una política pública no es lo mismo que aplicarla.
Aquí es donde creo que está uno de los mayores inventos de la Ministeria
y sus conducciones.
En ese sentido vamos viendo cómo el Estado Presente, aún con todo
lo que falta, inventa día a día. Producto de inteligencias colectivas que po-
nen en movimiento múltiples máquinas de acción y pequeñas maquinitas
locales estatales, territoriales, académicas, barriales, que van armando
una urdimbre muy particular, que acciona sin cesar los entretejidos de ida
y vuelta. Creo que de eso se trata una política pública contra las violencias
por razones de género.
Se trata también de encontrar los modos –que no son nada fáciles de
articular– de las rutinas administrativas que exigen estabilidad, precisión,
anticipación, planificación y transparencia, con las múltiples invenciones
que han puesto en acción los diseños, siempre perfectibles, de las políti-
cas públicas que este nuevo Ministerio ya ha puesto en movimiento y las
que seguirá implementando.
Una producción intelectual como la que hoy estamos presentando es de
una gran importancia a muy distintos niveles. En primerísimo lugar, la difu-
sión y el compartir la diversidad de políticas públicas en acción que, día a día,
hacen posible que tantas mujeres y diversidades sexuales puedan construir
o reconstruir vidas. Se trata de difundir lo que se hace, lo más posible. Esto
es de importancia tanto en lo político como en lo científico-profesional. Es-
cribir y difundir tiene –en tanto se trata de congresos, libros y demás publica-
ciones y formas de difusión– la característica de formar parte activa en las
luchas políticas por la construcción de nuevos conocimientos, pero también
de ir configurando nuevos sentidos comunes en relación a los géneros y
sus violencias. Y también en cualquier otro tema que abordemos, claro está.
A su vez, el escribir, el publicar, no solo permite producir nuevo cono-
cimiento y forma parte de la construcción de nuevos sentidos comunes,
también potencia los equipos y configura modalidades restitutivas en las
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trabajadoras y las conducciones frente al contacto cotidiano con la cruel-
dad y el horror de las violencias.
En tal sentido, el encuentro en congresos y ateneos no solo es com-
partir esos nuevos conocimientos, se trata de crear las mejores condicio-
nes de alegrías políticas que resistan las adversidades que atravesamos.
Justamente, es en el-entre-los-cuerpos donde se pueden ir armando nue-
vos y renovados circuitos de alegría política.
En su último mensaje, Hebe nos dijo: “No me lloren, reúnanse a bailar
en la plaza en mi nombre”. Que este Congreso haga posible la alegría po-
lítica del hacer-pensar, transformar-colectivo. Que intercambiar nuestras
ideas estos dos días, como también juntarnos a compartir un vinito, sea
nuestro modo de bailar en su nombre. Siempre. Bailar en su nombre.
(Aplausos)
MC: Muchas gracias, Ana. Un placer escucharte. Y sí, nos llevamos la
promesa de celebrar, ¿no? También frente a un tema tan duro como es
este que nos convoca. También eso del vinito y la celebración y la alegría
del encuentro.
Y ahora, vamos a escuchar a nuestra Dora, que tiene acá su club de fans.
Dora Barrancos (DB): Bueno… Qué hermoso conjunto que se aprecia
desde acá. Es maravilloso, ¿no es cierto?
Yo, de manera muy atrevida, voy a preguntar que levanten la mano, si
hay autoras de este texto presentes.
(Aplausos)
Bueno, gracias. Gracias a este querido Ministerio, a su gente, a sus
agentes por todo lo que han hecho con esta vocación de transformar.
Efectivamente, como ha dicho Ana María, es una extraordinaria circuns-
tancia la creatividad, como si se hubieran puesto de acuerdo para cumplir
ese mandato del gran maestro que tuvo Don Simón Bolívar, que se llama-
ba Simón Rodríguez, quien tiene una notable frase que dice: “o inventa-
mos o erramos”. Entonces, la invención…
Estoy conmovida en el mismo sentido de mis compañeras, porque
es notable que este texto haya despertado la idea de que, efectivamente,
53
acá hay una colección colectiva de pensamientos, pero de pensamientos
que están entramados en circunstancias. ¿Cómo decirlo de manera que
no sea grosera? Circunstancias empíricas que, efectivamente, significan
desafíos concretos para el pensamiento. No pude contar cuántos final-
mente son los textos. Quiero también decirles que, como nos llegó la pri-
mera versión en un formato digital, para la gente de mi edad fue un poco
difícil hacer toda la lectura. Había que pararse, respirar un poco, volver y
demás. Ahora, por suerte, lo tenemos acá, en “cuerpo físico”. Entonces,
Flavia nos espoileó todo, porque nos contó de qué se trataba, pero lo que
quiero decirles –y es que lo primero que me llama la atención de la se-
lección hecha–, es que se trata de una selección que no está amparada
por un texto introductorio, por un texto que le da conexión a lo que va a
venir. La segunda cosa, yo creo que ahora se amplía por lo que acaba de
decir Flavia, es el enorme repertorio, desde luego, de violencias, pero que
no está privado, en principio, de aquellas que son canónicas y de algunas
perspectivas de sujetos que debemos canonizar de otro modo, como las
aventuras masculinas.
Hay aquí, como decía Flavia, una posibilidad de una descripción den-
sa de algunos procesos muy conocidos, pero que tiene la connotación
inmediata de su posibilidad de mutar en políticas. Esto es lo importante,
porque podemos hacer trazados utópicos muy entrañados en teorías y
teorías y podemos diseñar, inclusive, mundos futuros como los que que-
remos, pero efectivamente les faltaría el tránsito conectivo, pragmático
que da cuenta también del contexto de posibilidades. Desde luego, que-
remos que no pueda haber atascos. El contexto de posibilidad, en todo
caso, es un propio desafío porque, si no tuviéramos contextos de imposi-
bilidad, no arriesgaríamos tremendas sacudidas y desafíos como los que
lleva adelante el Ministerio.
Hoy, escuchando a Estela, hay una apreciación que no puede dejar de
pasarse por alto, ¡qué atrevimiento han tenido! Qué atrevimiento con tanta
política, qué atrevimiento con tanto estado situacional, qué atrevimiento
por llegar efectivamente a los carozos, y me refiero a los carozos que son
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las zonas situadas. Siempre hemos pensado que la violencia, obviamente
esta que ahora nos ocupa, es una violencia primordial, la protoviolencia
humana, porque es la que ha establecido la protodesigualdad, es la des-
igualdad propiciada por el patriarcado, luego acompañada por todas las
otras desigualdades. Sabemos cuáles son los tipos de nexos, relaciones y
demás vinculantes que tenemos, pero lo que no me quiero perder (y decir-
les que hay algo que sabemos perfectamente) es qué política decidida a
quebrantar los nodos brutales, que parece que no tienen solución de con-
tinuidad hasta que no extirpemos el patriarcado, por lo menos deben ser
situadas. Son políticas de los lugares, son políticas que tienen que verse
in situ. Hay dos aspectos, uno es el aspecto simbólico general, una podría
decir que inclusive todo el plexo legal tiene una constitutividad de orden
simbólico, aunque, obviamente, el orden legal si no se interpela no es dere-
cho, pero lo que quiero decir es que esa argamasa obra como una circuns-
tancia simbólica general, ahora, para erradicar, para trabajar… Por lo menos
para trabajar las fuentes sustantivas de esas violencias, y dar cuenta de lo
que pasa a cada ser humano, mujeres, disidencias y demás, no hay otra
cuestión que ir al lugar concreto de la vida. No hay otra vía. Si por un lado
tenemos ordenamientos simbólicos, muy mediados, desde ya, con lo que
serían, obviamente, las propias políticas. El enunciado de una política es un
atajo que va directamente a operar sobre nuestra condición de existencia,
pero el problema es cómo llegamos al lugar más diminuto. Allí donde efec-
tivamente hay una operación brutal, hay una operación sistemática, una
operación de manifestación patriarcal. Esta es la cuestión que me parece
la más bizarra, la más creativa que ha tenido el Ministerio, empeñarse en la
sostenibilidad de las mesas y otros motivos concordantes de dispositivos
que conocemos a través de lo que sí sabemos que hace el Ministerio, pero
sobre todo hoy que Estela nos hizo una síntesis de esa cuestión. Pero hay
algo que no fue mencionado, y es la línea telefónica para las masculini-
dades, la línea Hablemos. ¿Saben qué me sorprendió? Que no habíamos
hablado de Hablemos, impresionante. Entonces vuelvo a los textos, obvia-
mente, algunos tienen mayor expresividad que otros. Algunos, además,
55
como ha dicho Flavia, tienen una iniciativa notable y ello dio ejemplos que,
efectivamente, me llamaron la atención, y es que estemos lejos todavía de
una aplicación sistemática de esos dispositivos que han sido imaginadas
por alguna autora; no quiero hacer injusticias, por eso no voy a señalar un
texto en particular olvidando otro. Hay aquí un repertorio de posibilidades
ciertas que emanan del libro. Ahora, ¿cómo llamarlo? Este es un manual en
donde hay una conversación, como dice Ana, con lo conceptual, pero no
tiene pretensión teorética, tiene pretensión actuante, de incisión, de trans-
formar. Por supuesto que la teoría también transforma. Y quiero decirles
que casi no me acordaba de que fui partícipe necesaria del primer congre-
so, junto con Ana María y otra gente impresionante.
Hay una memoria a la que vamos a ponerle, seguramente, nombre, y
Ana seguramente nos va a ayudar. Tenemos como una memoria “desme-
moriada”, rara, en relación con el Covid, a los acontecimientos covídicos,
porque tienen una impresionante condición de evaporación. Me llama
tantísimo la atención, porque hemos sufrido covídicamente. Pero es im-
presionante la capacidad de evanescencia. Esa perspectiva de atempora-
lidad es interesante, quiere decir que somos, finalmente, resilientes.
Quiero augurar un segundo gran texto devenido de la circunstancia
de este Segundo Congreso. Creo también que este es un texto que tiene
que ser difundido, y cuando digo difundido, no digo solo en el perímetro
nacional; me refiero, también, a un girarse a por lo menos a la región la-
tinoamericana. ¿Y saben por qué? Porque estamos en un momento cru-
cial. En algunos lugares se van a producir cambios positivos, y en otros,
esperemos que no tengamos cambios de retroceso. Creo que aquí hay
una vertiente poderosa de incentivos para la actuación. Muchas autoras,
muchos autores, tal vez ni hayan tenido idea de lo que significa esa pul-
sión de conjunto, porque la otra cuestión es lo colectivo, porque un texto
solo no hace verano, pero cuando hay una conjunción de textos hay una
propulsión impresionante. Hay una potenciación.
Entonces, yo auguro que el texto circule. Desde luego no hay tanta plata
como para hacer físicamente el texto, pero se puede encontrar a través de la
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vía digital... Hablando de eso, también me pareció muy loable que se hubiera
incorporado la cuestión de las violencias digitales, y es muy importante ha-
berlo llamado de ese modo porque es mucho más amplio el repertorio digi-
tal que el que puede caber en la semiología de la violencia comunicacional.
Para terminar esta parte, decirles que, primero, me emociona mucho
estar acá, franqueada por esta gente querida y, en fin, ser parte del Se-
gundo Congreso. También estoy segura de que, por ahí, a este lo vamos
a rememorar más en el sentido de estar en copresencia. Finalmente, la
condición humana es de copresencia, pero la plataforma virtual no ha
sido tan hostil. Yo tenía todos los preconceptos del mundo, pues no hay
nada como la copresencia. Por eso, esta copresencia que hoy tenemos
va a ser muy fructífera en el sentido del debate que ya está habiendo y,
luego, esa migración es fundamental al constituirse un texto que camina,
un texto que abre los ojos, un texto que también, y esto es lo más impor-
tante, lo puede leer cualquiera de nuestras congéneres, que pueda leerlo
cualquiera de las personas afectadas en violencias por su condición se-
xo-genérica, lo pueden leer hasta los varones. Muchísimas gracias.
(Aplausos)
MC: ¿Tenemos un ratito más? ¿Sí? ¿Nos dejan? ¿Media hora más? Sí.
La idea era poder hacerles algunas preguntas, ya que las tengo acá,
no me las voy a perder.
Pensaba sobre todo en la trayectoria de Ana María y en el trabajo des-
de la mirada grupal, y me parece que es interesante para muchas, que no
la han escuchado, que nos puedas reflejar esta idea de lo fundamental
que significa el trabajo en grupo para aquellas mujeres que han atravesa-
do situaciones de violencia por razones de género.
AMF: El espacio colectivo es fundamental tanto para quienes traba-
jamos en violencia como para las mujeres y diversidades en situación
de violencias de género. Si el trabajo no es en equipo, sino aisladas in-
dividualmente, no hay cómo aguantar los efectos de las crueldades que
es necesario abordar. Ese equipo, ese grupo, entre más transdisciplinario
sea, mucho mejor.
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El problema es que estamos en la Argentina y aquí tenemos un núme-
ro de psicólogos y psicólogas que creo es único en el mundo. La “cultura
psi” ha ido naturalizando que si una mujer está atravesando ese problema,
lo mejor que se puede hacer es derivarla a una psicoterapia. Hasta hace
muy poco se ha pensado que las violencias de género debían ser aborda-
das por los dispositivos de salud, generalmente en el sector hospitalario
de psicopatología. No tengo duda de que una psicoterapia le va a venir
muy bien a cualquier mujer que ha tenido que atravesar una situación de
violencia por razones de género. Fundamentalmente, para no repetir ese
tipo de elecciones, para poder pensar qué le atrae de personas que luego
comprueba que presentan características abusadoras, etc. También, muy
frecuentemente, dados los estados alterados que presenta, puede estar
muy bien indicada una medicación psicofarmacológica.
Pero si está en riesgo –particularmente en mediano o alto riesgo–,
desde un dispositivo psicoterapéutico o solo con este recurso difícilmen-
te salga del riesgo de ser asesinada.
En nuestro medio se ha naturalizado que el tratamiento psicoterapéu-
tico, individual, es el único o el mejor modo de abordaje. Cuando se piensa
que el único o mejor abordaje es psicológico, estamos a unos milímetros
de pensar que las causas también lo son. Si se psicologiza, tendremos
particulares dificultades ya que estaremos despolitizando los dispositi-
vos de abordaje, con su consiguiente revictimización. Desde mi perspec-
tiva las violencias de género son violencias políticas. Las guía el ansia de
dominio y control de un género sobre otro, previamente desigualado. Si
psicologizamos, despolitizamos el dispositivo de abordaje.
¿Por qué suponemos que el mejor y más rápido abordaje tendría que
ser una psicoterapia que además trabaja generalmente en dispositivos del
uno por uno? Sin duda en la caja de herramientas que toda política pública
diseñe no solo debe establecer, en función de las escalas de riesgo, las
diversas modalidades de abordaje, sino también, y muy particularmente,
a qué altura de un proceso son más adecuadas unas herramientas que
otras. Lo que estoy diciendo es que a la hora de armar una caja de herra-
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mientas es necesario establecer prioridades, y en función de ello plantear
los dispositivos más adecuados para cada etapa.
En tal sentido, dentro de los primeros movimientos para implementar
prefiero priorizar un tipo de dispositivo como los grupos de ayuda mutua,
también llamados grupos de pares. Pueden estar co-coordinados por una
mujer par, es decir, una mujer sobreviviente de las violencias por razones
de género, y una profesional formada en grupos.
La presencia en la coordinación y, por ende, en el equipo, de mujeres
sobrevivientes es muy importante. Ellas tienen un saber o capital exis-
tencial acumulado, que no viene de afuera sino de una situación existen-
cial límite, muy similar, de la que pudo salir. Esto establece con la mujer
en riesgo una proximidad que posiblemente creará confianza. Empatía.
No se sentirá juzgada en sus recaídas, ni tan torpe en sus confusiones
o inhabilidades cotidianas. La compañera sobreviviente que cocoordina
seguramente no hará ningún mal gesto. Ella volvió mil veces, sabe cómo
es, sabe cómo son las tenazas que aprisionan el cuerpo, el erotismo, la
lucidez. Sabe de la confusión que inhabilita, del miedo que paraliza.
También en ese dispositivo colectivo estarán las otras mujeres y di-
versidades que están en dificultades similares. Está con otras, en un en-
tre-otras. Ella viene de un estado de aislamiento, mecanismo privilegiado
implementado por el abusador para producir su vulnerabilización. Por
tanto, el dispositivo grupal crea allí primeros y básicos movimientos de
restitución de la confianza, y en ese camino se abre la posibilidad de la
restitución del lazo social brutalmente destruido por el posible femicida.
Otra de las cuestiones para tener en cuenta, frente al aislamiento del
que viene, es que, si el grupo funciona en el barrio, en la sociedad de fo-
mento, en alguna dependencia estatal cercana y sus compañeras tam-
bién pertenecen a la misma zona, rápidamente se instala una dimensión
colectiva tanto del problema como de los posibles recursos “comunita-
rios” para ampararla. Alguien le conseguirá un colchón, otra le traerá al-
gún juguete, le pasará el horario en que va un/a buen pediatra a la salita,
o la invitará a tomar mate, etc., etc. También serán de gran ayuda para
59
mostrarle una y otra vez que ella merece utilizar tales o cuales programas
que el Estado implementa o las mejores rutas para gestionarlo.
En ese estar entre-otras lentamente va reconstruyendo confianza. Lo
colectivo tiene allí en-el-entre-algunas, en el entre-otras, que ningún dis-
positivo individual puede brindar. Por supuesto, después de que salga del
alto riesgo estará seguramente muy bien indicado un dispositivo indivi-
dual donde pueda ampliar las tantas preguntas que tendrá que hacerse.
Salida del alto riesgo será tiempo de facilitar que pueda ampliar al máxi-
mo posible la interrogación de sí que necesitará hacerse.
Una última cuestión que quisiera señalar respecto a los beneficios de
implementar espacios colectivos. Aquí me refiero a la importancia de que,
cuando los equipos trabajan en violencias, puedan también implemen-
tar espacios de disposición de grupo donde el equipo pueda compartir,
pensar, reflexionar problemas que se presenten. No solo las cuestiones
emocionales que la tarea afecta, sino también un pensar sobre el hacer
cotidiano, que amplía la reflexión colectiva y mantiene la potencia de in-
vención del equipo.
Aquí yo rescataría una vieja tradición de los feminismos, de fines del
siglo xix, principios del siglo xx, que son los modos de organización hori-
zontal, porque ahí es donde se produce la mayor capacidad de invención.
Ahora bien, en un lugar como el Estado, hay que combinar espacios de ho-
rizontalidad y de pensamiento colectivo con espacios donde se mantiene
un orden jerárquico y de aplicación de disposiciones. Vemos en el día a día
que esos espacios colectivos, también restitutivos, en ese estar-pensar-en-
tre-otres mantiene, como decía, la potencia de la invención colectiva y esa
alegría política que nos permite resistir la adversidad. Muchas gracias.
MC: Ana, clarísimo. Preguntarle a Flavia: muchas veces escuchamos
de ciertos sectores conservadores de la derecha, frente a un femicidio,
o a otras circunstancias, esta idea que se enarbola de “¿para qué está el
Ministerio de las Mujeres?”. Es muy típico. Se instrumentaliza la proble-
mática de la violencia de género, que sabemos que es compleja y por eso
demanda respuestas integrales, para acicatear el avance en una agenda
60
feminista. Y quería preguntarle a Flavia, o que nos contaras de tu expe-
riencia de hacer política pública. ¿Qué es estar ahí?, me salen metáforas
bélicas… pero es un frente de batalla cotidiano y frente a circunstancias,
a veces, muy atroces. Hay que estar ahí, acompañando y dando la cara.
Entonces por ahí es un momento de acercar y contar esta experiencia de
la cotidianidad de la política pública.
FD: Qué preguntas. ¿Qué es hacer política pública? Hacer política pú-
blica es tener un espacio de creatividad enorme, y ahí yo rescato esto que
decía Dora, ser creativas. Nosotras primero tenemos que poder distinguir
los problemas que hay en nuestra sociedad, las violaciones de los dere-
chos humanos de las mujeres, de las lesbianas, travestis, trans y pregun-
tarnos: “¿Cómo hacemos?”. Porque el objetivo es siempre que vivamos
mejor, ¿y cómo hacemos, entonces? Hay una primera cuestión que hay
que tener clara, acá no hay magia, lo dijo Cristina y es así. Creo que no
había pasado un mes y nos decían: “¿Cómo no terminaron con los femi-
cidios?”. Y con Estela Díaz, nuestra ministra, decimos qué loco, porque
nadie le pregunta al Ministerio de Trabajo: “¿Cómo no terminaste con la
desocupación?”. Entonces, bueno, “si no terminaste con la desocupación,
¿para qué estás?”. No le preguntan al Ministerio de Seguridad: “¿Cómo no
terminaste con los delitos? ¿Entonces para qué estás?”. Pero a nosotras sí
nos hacen esa pregunta, y nos hacen esa pregunta que constantemente
vuelve, y yo creo que nosotras tenemos que estar muy fortalecidas, con el
mismo convencimiento que tuvimos cuando pedíamos estos ministerios,
de saber que un ministerio es una herramienta fundamental, porque no-
sotras peleamos por la igualdad y necesitamos la institucionalidad. La ne-
cesitamos, somos más del 50 por ciento de la población, por lo tanto tiene
que haber políticas públicas que reparen. Acá lo dijo Dora, escribir repara,
la política pública también repara, sobre todo, cuando es una política pú-
blica que da cuenta y advierte las necesidades, y que puede responder a
las mismas. Yo voy a traer un programa al que amo profundamente y es
el Mar para todas. Lo voy a traer porque es un programa que una dice “no
inventaste nada nuevo”.
61
Evita decía que hay que ir de vacaciones. Hizo esos edificios hermosos
para que cantidad de niños, niñas, jóvenes, mujeres, hombres, personas
adultas pudieran disfrutar del mar y de la sierra. Disfrutar de momentos
de ocio. Y un día, Estela nos reúne a su gabinete y dice: “Bueno, pensemos
las políticas para el verano”. Quedaban todavía varios meses por delante
para el verano, y ahí nos pusimos a rumiar. Y digo, hay que ir de vacacio-
nes. ¿Qué hacés en el verano? Y, te vas de vacaciones, ¿y cómo hacemos
para irnos de vacaciones? Porque, bueno, siempre estamos con la frazada
corta, y ahí empezamos a pensar en esto. Que las compañeras de los mu-
nicipios trabajando con grupo en pos de la salida de la violencia, la grupa-
lidad, lo que trae Ana María. Y que si trabajábamos previamente con esos
grupos y decíamos: “Vamos a fortalecer a esos grupos”. Esto que decía
Estela hoy a la mañana, el merecimiento. Te mereces ir de vacaciones. No
sos la culpable de nada. No tenés que estar todo el tiempo mascando el
dolor, podés irte de vacaciones y disfrutar. Disfrutar de la playa, disfrutar
caminar, ver la sierra, conocer, salir, y ahí, en ese encuentro de una semana,
se producen cosas maravillosas. Cuando vemos eso, yo digo: “Acá está,
acá llegamos, estamos ante una instancia de restitución de derechos y
reparación”... El otro día nos mandaban una foto de los mensajes que, en
los alfajores, unas compañeras que estaban en el último día de vacaciones
les dejaban a las que venían ahí. También se produce algo de la comunica-
ción, continuidad, el saber que no estamos solas, de romper los aislamien-
tos, de saber que hay otras que están recorriendo ese camino también, y
de fortalecernos entre nosotras, más de mil compañeras fueron al mar y a
la sierra este año. Entonces, ¿qué es la política pública? La política pública
tiene que transformar nuestras vidas, sin lugar a dudas, y la política pública
no es hacer y dejar. Es hacer y estar presentes, seguir, continuar y afianzar
todo lo que estamos haciendo, que es un montón, y tenemos que ir por
más, porque todavía nos falta mucho y lo sabemos.
MC: Qué lindo escucharte, Flavia. La verdad que me emociona. Y so-
bre todo, quienes seguimos todo lo que hace esta Ministeria con la con-
ducción de Estela, sabemos que hay un montón de compañeras en cada
62
uno de los programas, de ese organigrama, trabajando por hacer una vida
más linda, que es un poco lo que los feminismos vienen a plantear, no
solo para las mujeres, para las disidencias, para la sociedad, y creo que
es ese el mensaje superador. Y en esto pensaba para Dora: es una gran
capacitadora. Has estado frente a jueces, juezas, también en clubes de
fútbol, un poco con esta idea de la Ley Micaela, que es esta herramienta
que un poco viene a sacudir el avispero. No es que transforme las cabe-
zas, pero va dejando esa semillita que, antes, ni siquiera se podían plantar.
Después veremos a largo plazo. Pero parece que para el largo plazo falta
un montón y entonces nos encontramos, todavía, fallos misóginos, con
comentarios misóginos en la cotidianidad. Pensando con la conciencia
de que somos parte de una revolución, porque que estas temáticas estén
instaladas en la agenda pública nos da una mirada muy alentadora. Pero,
por el otro lado, nos chocamos la cabeza cuando hay otras realidades
que vemos. Entonces, Dora, desde la experiencia, esa de trajinar distintos
escenarios. Esos escenarios que tienen que ver con la magistratura, con
profesionales que están como operadores en la justicia, pero también en
esa cercanía que da un club de fútbol, por ejemplo. ¿Cuál es tu mirada?
¿Dónde estamos o hacia dónde vamos? Esa transformación necesaria de
la norma social. Uno sabe que es para la prevención de los femicidios, la
expresión más extrema de la violencia por razones de género. Hay mu-
chos componentes que están en juego, y hablamos siempre de la trans-
formación cultural, de la importancia de la ESI, de la Educación Sexual
Integral, de esa reacción conservadora que está todo el tiempo, “con mis
hijos no te metas”. Pero ¿cuál es tu sensación térmica?
DB: Omitiste algo (a Mariana), y es que el Presidente de la República
también tuvo que capacitarse con Elizabeth y conmigo. Por favor, ¡no lo
omitan en el currículo! Y puedo hacer otra alusión a algunas estructuras
de alta magnitud, menos los ministros de la Corte que están en una po-
sición sublevada. Bueno, con Ana, además, nos tocó la empresa común
de la capacitación a los altos cuadros del Ministerio de Salud. Soy una
optimista irreverente, ustedes ya lo saben, a mí no me vengan con pesi-
63
mismos preventivos, no quiero saber de esa conducta porque es abdicar,
renunciar a la acción, consentir en que no se puede hacer nada. Si esta-
mos trancadas por el pesimismo, estamos fritas. Entonces, lo que quiero
decir es que pudimos ir más allá, porque ahí recordaste lindo, Mariana,
que hubo algunas entidades que se manifestaron adherentes a la causa
de la Ley Micaela, grandes entidades sindicales –y no quiero nombrarlas
porque no quiero hacer injusticias– porque son bien reconocidas, y tam-
bién clubes de fútbol, y fueron experiencias muy hermosas. La verdad
que, como experiencia, fue algo feérico. Es cierto que una tiene la im-
presión de que cala hondo y tal vez no sea así, no me puedo arrogar una
instancia tan transformadora, pero les quiero decir algo, sí me ha ocurrido
que, en el trabajo con algunas magistradas y magistrados especialmente,
algunos se convencieron y se convirtieron. Y, por supuesto, me han envia-
do y me envían sus fallos y resoluciones con perspectiva de género. No
voy a dar nombres porque voy a ser injusta, eso me da mucha emoción.
Me refiero también a algunos magistrados que tienen alta competencia
por la magnitud, digamos, de sus “diócesis”. Y me emociona muchísimo
recibir una resolución que sale de lo canónico patriarcal, que se desen-
cuadra, sobre todo porque ustedes saben que el Poder Judicial es lo más
crítico que tenemos; de las tres instancias fundamentales del Estado, es
la que está más en rémora. Acá seguramente hay gente que ha padecido
sus humillaciones y la no-justicia de sus intervenciones. Por otra parte,
no puedo omitir que hay una parte del Poder Judicial que está sublevada
frente al Estado de derecho. Pero tengamos confianza, puede ser que po-
damos transformar también la parte amotinada de ese poder del Estado.
Cada oportunidad de capacitación, según la Ley Micaela, implica, an-
tes que nada, un estado de mucha empatía. Cada vez que nos enfrenta-
mos con este tipo de desafíos, hay que pensar que hasta el logro más
pequeño que pueda devenir, aunque sea para conformar lo políticamente
correcto, ya es un paso. Todo el mundo tiene que permanecer en una
instancia de capacitación, pues creo que tenemos que hacer que la Ley
Micaela no tenga solución de continuidad en el aspecto central de la ca-
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pacitación. No es posible apenas un lapso formativo, porque hay que
actualizar, hay que remover los escombros, hay que aproximarse a las
transformaciones socioculturales y también jurídicas. Además, porque
cambian las directivas y los directivos, cambian las plantas de personal.
Entonces no puede haber una temporalidad cerrada para la formación en
la perspectiva de género.
Pero, bueno, he tenido la enorme satisfacción de capacitar a directivas
y a directivos, a planteles de dos grandes clubes, en actos que para mí
han sido muy bonitos. Desde luego ayuda muchísimo la platea de las con-
géneres y de las disidencias. Las plateas disidentes, como se imaginan,
significan un apoyo vibrante, que he percibido en todas las experiencias
con los públicos que he debido capacitar. Entonces también ha habido
derivas interesantes. Hoy en día casi que todo el Estado argentino está
obligado a tener protocolos de actuación para la violencia. No está fé-
rreamente escrita como ley, pero es una tematización inexorable. Cuando
hay ingreso de la Ley Micaela, los dispositivos que inmediatamente tien-
den a ser corolarios de los procesos formativos resultan la producción de
protocolos. También me han tocado las universidades. Yo tuve que dar
la capacitación para todo el rectorado, el CIN nos pidió la capacitación
en un momento determinado. A veces tenemos la impresión de que un
determinado grupo humano es granito puro, y no hay caso, tenemos pre-
conceptos en relación a determinadas corporaciones, estructuras institu-
cionales, ma non è così. Aunque a ustedes les parezca mentira, a veces he
visto zócalos mucho más duros en los compañeros universitarios porque
¡ah, ya lo saben todo! Entonces, atención, no es tal como pensamos. Te-
nemos una mala asociación de que este espíritu es mucho más tacaño
para la aventura transformadora que aquel otro. No es así.
La gran estrategia que siempre he empleado, hasta cansar segura-
mente, porque la sobreuso, es el origen del patriarcado. Bueno, la segun-
da vez que me invitan invento otras cosas, pero para mí da un resultado
enorme la narración de cómo surge el patriarcado. Me lo ha dicho mu-
cha gente, y hasta he recibido escritos bellos que me decían: “Hoy salí
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transformado”. No es una revelación celestial, es historiográfica, pero eso
nos ha dado mucho resultado. Hay ciertas técnicas que sabemos que,
para determinados grupos, dan más resultados. Si vamos a trabajar con
el Poder Judicial, es bueno tener a mano los cuentos judiciales, los fallos
regresivos y también los anclados en los nuevos derechos. Como fuere,
quiero decirles que, para mí, los ciclos formativos demandados por la Ley
Micaela están entre las mejores experiencias de mi vida de señora vieja
(Aplausos).
MC: Voy a hacer la última… A ver, para que quienes están aquí acom-
pañándonos se vayan con algún consejo, ¿qué les pasa a ustedes cuando
la realidad golpea? Y sobre todo cuando se trabaja con esta agenda, con
urgencia. ¿Qué es lo que te lleva, Flavia, a decir que vale la pena?
FD: Hubo una compañera que estuvo haciendo un acompañamiento,
cuerpo a cuerpo, en un femicidio. Estaba muy triste, muy angustiada, y
creo que si hay algo que es importante, y esto salió en el panel anterior,
es que nos vayamos acompañándonos entre nosotras. Creo que eso es
fundamental. Y creo que, además, cada logro que tenemos, cada avance
que tenemos, cada vez que un grupo de compañeras llega a tener, por
ejemplo, un proyecto productivo y empiezan a aprender a coser y a vender
lo que cosen, y se van acompañando entre ellas para que los chicos vayan
a la escuela y para que no les falte nada, y el día que necesiten algo, que
haya otra que esté ahí; yo creo que eso es lo que vale, es lo que cuenta
y es lo que necesitamos porque este trabajo es duro. Sin lugar a dudas
que es un trabajo duro, pero no somos víctimas, y eso decía Estela en el
Congreso del año pasado. Lo dijo: nos quieren como víctimas y nosotras
no somos víctimas, y me parece que eso es lo importante, saber muy bien
que no vamos a estar cristalizadas en ese lugar, y que vamos a contar
unas con las otras. Fundamental la fuerza, la potencia colectiva.
MC: Ana, ¿qué te ha inspirado a seguir con este tema durante tanto tiempo?
AMF: No sé decirte, pero sé que no lo puedo dejar. Muchas veces me pre-
guntan cosas parecidas y tengo malas respuestas, porque…
MC: Tenés que aprenderte una. (Risas)
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AMF: No, no podría. Es en el andar. Hay un andar que siempre lleva una
enorme convicción. No explícita, claro está. Tal vez por eso cuesta poner-
lo en palabras. Una profunda convicción de que es con-otres, desde-otres.
Y, sin duda, cierta mala tolerancia a lo injusto…
En lo personal, desde muy niña voy por la vida haciendo esto que
hago. Es un andar, como decía, y no podría hacerlo de otra manera. Ha
tenido sus costos, por su puesto, pero me gusta lo que hago. Disfruto aún
en las tareas más arduas.
Desde el 2015 para acá, el consultorio se llena de muchachas, o muje-
res muy grandes también, que vienen a hablar de cuestiones… que cuen-
tan por primera vez abusos incestuosos. En todos los años de consultorio
–alrededor de 50– debo haber escuchado estos relatos muy de vez en
cuando. A partir del 2015, esta temática es una de las consultas más
frecuentes. Entonces, aún el ámbito del consultorio, lugar de privilegios si
los hay, se vuelve un lugar durísimo. Casi tan duro como fue poder poner
la escucha a sobrevivientes de la ESMA, que además buscaban analistas
que les dieran ciertas garantías, no solo de confidencialidad. Miraban con
mucha agudeza si ibas a ser alguien con el posicionamiento necesario
que te sostuviera para poder poner la “escucha” a cuestiones muy muy
límites, muy difíciles de sostener y estar ahí.
Entonces, a mi edad ya es hora de balances. Tengo 78 años, miro ha-
cia atrás y digo: la verdad ¡estuvo bueno! (Aplausos).
MC: Y, Dora, para cerrar, te invito a dejarnos un mensaje esperanzador
en este contexto tan duro donde se ven ahí las derechas, acechando, que-
riendo taclear la democracia con mucha virulencia y sin pudores.
DB: Bueno, el problema es que la asechanza es planetaria. Entonces,
es probable que planetariamente nos demos cuenta. O sea, ese mal glo-
bal, porque en todas partes ha resurgido, dicho de mala manera –a veces
digo incorrecta–, las fórmulas neoliberales no son neoliberales, son fas-
cistas. Si tienen algo de neo es una reinvención de alguna fórmula fas-
cista, sepámoslo. Entonces, neoliberal es de una grandeza desmesurada
para dar cuenta de algo tan doloroso y tan trágico. En todas partes este
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incendio está tomando a mucha gente de manera casi imprevista, porque
yo creo que todas, todos y todes estaremos de acuerdo en que las som-
bras que tenemos en nuestras subjetividades, son el miedo, la incertidum-
bre y la inseguridad. Miedo, incertidumbre e inseguridad siempre están
asociadas a una suerte de petición de refugio a esas voces proféticas que
enuncian algo así como la contrautopía, porque estamos hartas, hartos
de escuchar la vigorosa manifestación cínica de la libertad, la libertad de
oprimir a otros y otras. Creo que estamos frente a una suerte de diástole y
sístole en el mundo, pero efectivamente vamos recuperando el terreno de
la auténtica libertad humana. Obviamente hay que hacer mucho, necesi-
tamos mucha comunidad, necesitamos más comunidad que nunca. Ne-
cesitamos amucharnos más. Necesitamos contagiarnos del sentimiento
de que, si hay algo seguro, está en la seguridad de la cooperación de las
y los otros. Esa es la seguridad que necesitamos más allá de los avata-
res momentáneos que podamos tener, sobre todo en nuestro país, en el
que ha habido una catástrofe tras otra de calamidades. Entonces, eso
no quiere decir que justifiquemos todo, pero lo que quiero decir es que
salgamos de los conos penumbrosos. Sobre todo nos preocupa la gente
joven, la gente joven que de repente escucha algunos cantitos de sirenas,
que vaya a saber en qué circunstancia existencial los percibe como real-
mente disrruptores. Yo creo que hay una alimentación enorme en una
parte de la población que, lamentablemente, padece del síntoma de cos-
to de oportunidad para que ingresen estas posturas, por los miedos, por
las desigualdades, por las incertidumbres, por las inseguridades. Cuando
digo inseguridades, no me refiero solo al miedo de que nos roben, sino a
las inseguridades existenciales, a no saber lo que va a pasar mañana. Esa
inquietación que hace que rápidamente aparezca el manto profético que
dice: “Acá está la salvación”.
Bueno, ustedes saben que también hay una cierta eficacia de núcleos
que tienen que ver con una confesionalidad completamente promete-
dora. Justamente, en materia de inseguridad, yo creo que como nunca
tenemos que ser comunidad y, sobre todo, yo apuesto al feminismo. El
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feminismo es un cauce para esa comunidad, sobre todo porque hay femi-
nismos de todos los colores que se pueden poner donde quieran, y no hay
tranquera que esté cerrada: no me gusta este grupo, me voy con este otro.
Ana y yo nos correspondemos a la misma generación… aunque yo soy
más vieja que ella, así que voy a coquetear más todavía. Y entonces les
quiero decir que está muy lejana aquella forma de gueto que teníamos. El
feminismo del feministrómetro, eso se terminó, felizmente, y hay feminis-
mos de todos los colores, como ustedes quieran tenerlos. Nos debemos
una gesta de amuchamiento, de comunidad, de no encontrarnos solas y
sin documentos en medio de la noche. Mejor dicho, ¡desnudas y sin do-
cumento en medio de un río caudaloso! Tenemos que encontrar el cauce
de la sororidad y de la solidaridad. Tenemos que vernos una vez más en
el espejo mutuo y ese es el sentido fundamental de la acción humana. Es
acción de colectivos, si no, no hubiéramos llegado a este estatuto de la
especie que somos. Por empeñosas y gigantes que sean las ideas que
tengamos, miren, eso hace absolutamente poco… Puede hacer un tramo
pequeño de lo que necesitamos. Es agencia colectiva, resistencia colecti-
va, cabildeo colectivo, pensar inclusive lo que requerimos. No tener miedo
a pensar cuáles son las cuestiones que, efectivamente, nos alarman y
cómo podemos sortearlas. En fin, yo apuesto a la acción colectiva y no
pasarán las hienas.
MC: Con este cierre. Brevísima síntesis, acuerparnos, amucharnos
con políticas feministas para hacer las vidas más felices. Y claro que vale
la pena. Muchas gracias. (Aplausos).
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PANEL
“El consentimiento en la
era del capitalismo salvaje”
Panelistas: Débora Tajer10 y Enrique Stola11
Moderadora: Leticia Locio12
Leticia Locio (LL): Buenas tardes a todos, a todas y a todes. Una alegría
compartir este panel y también un orgullo moderarlo.
Hay una enorme expectativa con este panel, que tiene un nombre muy
potente: “El consentimiento en la era del capitalismo salvaje”. Ha estado
apareciendo a lo largo del Congreso y, de forma reiterada, el contexto actual
en el marco en el que tenemos que pensar las violencias, conceptualizarlas
y también pensar las estrategias y herramientas de abordaje. En ese con-
texto que se va caracterizando por el recrudecimiento de los discursos de
odio, aparece también cómo desde los feminismos podemos construir una
barrera de contención frente a estos discursos que propician la vulneración
de derechos, que propician que enormes mayorías, y en particular las muje-
res y las personas LGTBI+, sigan siendo discriminades y violentades.
En ese sentido, al calor de lo que venimos debatiendo y reflexionando
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en el marco de este Congreso, el panel de hoy seguramente nos va a apor-
tar muchos elementos para seguir problematizando estas cuestiones.
Nos acompañan Débora Tajer, doctora en psicología, sanitarista y
psicoanalista feminista. Es profesora a cargo de las cátedras de Salud
Pública y Salud Mental II, y de Introducción a los Estudios de Género de
la Facultad de Psicología de la UBA. Y Enrique Stola, feminista, psiquia-
tra, especialista en Psicología clínica, especialista en Metodología de la
Investigación Científica, magíster en Psiconeuroendocrinología, psicodra-
matista, experto en violencia de género, agresiones sexuales contra las
infancias y masculinidades, y miembro de la Asociación de Psiquiatras
Argentinos. Le voy a dar entonces la palabra a Débora, te escuchamos…
Débora Tajer (DT): Buenos días a todes, a todas, a todos. Para mí es un
gusto estar acá, quiero agradecer la invitación de la Ministra (sic) y, bueno,
compartir con Enrique y Leticia este panel es un placer.
Yo les voy a contar una experiencia de un dispositivo de trabajo con
adolescencias escolarizadas, que armamos en 2018 y que luego repli-
camos. Y a partir de eso voy a hablar del consentimiento. A partir de la
experiencia situada vamos a conceptualizar algunas cuestiones.
No sé si ustedes se acuerdan, pero en 2018 hubo una “epidemia” de “es-
cuelas en llamas”, escuelas en donde había denuncias de las pibas por si-
tuaciones de abusos, y escraches a los pibes. Esto era muy fuerte. Y en ese
momento, en ese momento en un colegio que depende de la Universidad
en la cual yo trabajo, se estaba muy mal, con mucho malestar institucional,
era muy difícil ir a ese colegio, los pibes y las pibas se querían ir –de un cole-
gio del que nadie se quiere ir por lo general–. Y como nadie sabía qué hacer,
llamaron a los psicólogos y psicólogas, como suele ocurrir muchas veces.
Habían tratado de hacer muchas cosas que habían significado echar
más leña al fuego; en vez de resolver algo, habían empeorado la situa-
ción. Y tiene que ver con algo que trató ayer [en el marco del Congreso] mi
maestra Ana María Fernández, que habló de que psicologizar es despoli-
tizar. Bueno, esto era algo de lo que estaban haciendo. Los equipos psi-
cológicos estaban despolitizando lo que en realidad estaba pasando ahí,
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que es el malestar actual en la relaciones entre los géneros y situaciones
de violencia de género en la adolescencia. Y lo estaban tratando como un
tema individual de “algunos casos” de pibes abusadores y pibas abusadas.
El pedido a nuestro equipo era identificar si las pibas estaban real-
mente siendo abusadas, y si los pibes eran realmente abusadores. Esa
era la demanda. Y la respuesta que le dimos era que no íbamos a hacer
eso, sino que íbamos a trabajar con todo el colegio. Porque pensábamos
que ese malestar de esas personas en realidad era la punta del iceberg
de una situación más compleja. En ese momento yo la describía como el
malestar que tenía que ver con el impacto en las femineidades de la ola
verde, del Ni Una Menos, del feminismo de masas, del feminismo popular,
y el ingreso de las adolescencias, fundamentalmente de muchos centros
de estudiantes que habían empezado a concurrir a los Encuentros Na-
cionales de Mujeres. ¿Y por qué esto es importante? Porque las pibas les
empezaron a poner nombre a malestares que ocurrían hacía muchísimo
tiempo, incluso muchas de las generaciones que estamos acá. Malesta-
res callados, el “de eso no se habla”, se soporta, en todo caso se abando-
na la escuela, pero nadie hace nada con esos malestares de las pibas. Y
¡oh, casualidad!, ¿cuándo nos llaman? Cuando el malestar estaba en los
pibes. Nos llaman cuando hay varones escrachados. ¿Por qué? Porque
nos llamaron cuando “los que importan” empezaron a sentir malestar.
Cuando se democratizaron las incomodidades. Cuando la empezaron a
pasar mal los que importan. No sé si les suena a algo…
Entonces, la propuesta que hicimos fue: “Vamos a trabajar con toda
la comunidad educativa, y vamos a hablar con la gente, vamos a hacer
talleres y empezamos a trabajar con los pibes y las pibas”. Hicimos una
propuesta para el colegio de tres turnos, una propuesta de segregarlos
por género autopercibido, y no les gustó nada porque nos acusaron de
binaries, entonces yo les contesté que el problema por el cual nos con-
sultaban era “rebinarie”, porque no nos consultaban por problemas con la
población trans del colegio, sino que hablaban de víctimas y victimarios,
que, según nuestra visión, es el peor nombre para varones y mujeres. En-
72
tonces, empezamos a trabajar primero con les pibes, con las pibas y con
los pibes, y después armamos un dispositivo con docentes y autoridades,
otro con familias, y como en el primero vinieron pocas familias porque no
confiaban, luego con el boca a boca hicimos otro encuentro.
Entonces, cuando empezamos a trabajar, trabajamos con varios temas.
El dispositivo era de talleres de cuatro horas, primero una plenaria, para poner
en común conceptos. Hablamos de feminidades y masculinidades, de vio-
lencia de género, de la masculinidad hegemónica, de los costos de la mascu-
linidad hegemónica para sí y para les demás, de la deconstrucción, “¿Qué es
la deconstrucción? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de decons-
trucción?”. Y también empezó a aparecer la palabra consentimiento: “¿Qué
es el consentimiento? ¿De qué se trata?”. Y pudimos conceptualizar que el
consentimiento es una manera de preguntar si la otra persona quiere lo mis-
mo que yo. Y si me dice que no, no insistir. Y además empezamos a construir
en conjunto la idea de que el consentimiento no tiene que ser por formulario
triple, como los consentimientos médicos (aun cuando la idea sale de ahí).
Después expuse en mi conferencia TED que el consentimiento puede
ser juguetón, puede ser a la manera de cada quien, de hecho, por ejem-
plo, los pibes y las pibas nos contaron que tenían una frase, que era “¿da
para darse?”, que era por WhatsApp o de alguna manera lo decían previa-
mente. ¿Por qué? Porque trajimos conceptos, pero fuimos recogiendo de
elles otros conceptos; porque parte de lo que encontramos es que esta
población definida como problemática en realidad era una población que
necesitaba intervención del mundo adulto para ayudarles, que habían he-
cho escraches porque había impunidad, porque nadie había hecho nada,
y porque era lo único que se les ocurría hacer para defenderse. Pero ade-
más era lo único que había llamado la atención, porque en realidad tenían
otras creatividades, el consentimiento, por ejemplo, “las mujeres empode-
radas”, “los varones en deconstrucción”, “las patrullas en las fiestas” (para
que, si había alguien que estaba fumada o bebida, hubiera otra persona
que le preguntara: “¿Estás bien? ¿Te podemos ayudar?”), es decir que en-
contramos no solamente “barderos y barderas” y “gente incontrolable”,
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sino que habíamos encontrado una población que se había gestionado de
la manera en la que pudieron, formas de autodefensa y algunas formas
de gestión de la violencia bastante interesantes.
Una de las cuestiones que pudimos trabajar es la idea de que no es
lo mismo la violencia de género en la adolescencia que en la adultez. No
es lo mismo los pibes teniendo situaciones abusivas siendo adolescen-
tes que siendo adultos. No se trataba solamente de hacer un protocolo
pediátrico, como nos pedían las autoridades, sino de poder intervenir en
un momento en donde el género está en construcción y promover otros
imaginarios de género posibles que no sean abusivos desde las mascu-
linidades y desde las femineidades que se pueda decir que no. Porque
parte de lo que pudimos identificar es que algunas pibas que no habían
podido decir que no, dos años después significaban la situación como
una situación abusiva –porque le habían puesto nombre– pero no habían
podido decir que no porque habían interiorizado las matrices patriarcales
al interior de su subjetividad. Entonces había mucho para trabajar desde
el campo de la subjetividad, no despolitizando sino politizando, pero tra-
bajando en el campo de la subjetividad sobre los imaginarios para poder
construir conjuntamente otros imaginarios.
Y esto fue interesante porque las pibas empoderadas nos decían: “Yo
ya sé todo lo que me venís a decir”, “todos los conceptos que vos me de-
cís yo ya los re sé”; entonces les respondíamos: “Bárbaro, pero probable-
mente otras compañeras no saben lo mismo que vos, y estaría bueno que
compartamos en un espacio, y que hablemos entre todas en ese caso, o
entre todos en otro caso, y podamos colaborar para que otras personas
que saben menos que vos puedan tener alguna manera de acceder a esa
información. Y además, si vos la explicás, a lo mejor deja de ser un saber
no apropiado para poder ser algo que se pueda utilizar como herramienta
y también se la puedas dar a la otra persona”.
Y trabajando estos temas también apareció el género del colegio, y
empezaron a aparecer situaciones abusivas del mundo adulto sobre las
adolescencias. Y cuando trabajamos con docentes empezaron a apare-
74
cer abusos en el claustro docente. Y cuando trabajamos con las familias,
pensando ingenuamente que todo el mundo iba a estar a favor, aparecie-
ron los pañuelos celestes diciendo que hacíamos “ideología de género”.
Lo cual nos impactó bastante porque era algo que no esperábamos. Por
suerte no insistieron mucho pero, bueno, colocaron posición.
Entonces, ¿qué aprendimos? Aprendimos que las pibas no estaban
dispuestas a llevar el escrache hasta las últimas consecuencias. Que les
importaba el dolor que les causaba a algunos pibes que habían tenido que
cambiar de turno, o habían tenido que cambiar de comisión, o se habían
tenido que ir del colegio. No querían eso. Solamente querían que los pibes
no hagan más este tipo de cuestiones. Y habían hecho lo que se les ocu-
rrió hacer, solamente porque no habían encontrado otra manera de que
no lo hagan más. Y esto fue muy interesante.
Otro aprendizaje fue en el grupo de varones. Me comentó Cristina, una
compañera abogada, que iba a hablar de la libertad de expresión versus los
discursos de odio, y entre los pibes también apareció esto. Un pibe, que era
muy liberal y muy a favor de la libertad de expresión, utilizaba la libertad de
expresión para decir cualquier barbaridad, sin ningún problema, y dañando.
Y otro pibe le dijo: “Yo no voy a hacer lo mismo que vos. No te voy a tratar de
la misma manera en la que vos tratás a les demás. Yo te voy a tratar bien y
te voy a explicar”. Y pudimos trabajar entre todes que la libertad de expresión
es un bien, pero el respeto a las otras personas también es otro bien y otro
valor, que pueden entrar en contradicción, es decir, los derechos pueden ten-
sionarse. La libertad de expresión es un derecho; el derecho a que te traten
bien y tener una vida libre de violencias es otro derecho y muchas veces co-
lisionan. Entonces, esto que forma parte de lo jurídico fue una herramienta
de intervención en el campo de la subjetividad para poder desarmar estos
núcleos de oposición y de estereotipia de este tipo de cuestiones.
¿Qué resultados obtuvimos? Unos resultados muy buenos. No dejó
de haber violencia, pero sí bajó el nivel de malestar. ¿Por qué? Porque se
pudo hablar, se pudo trabajar en conjunto. Parte de lo que trabajamos fue
la posibilidad de diagnosticar en conjunto la problemática y hacer pro-
75
puestas en cada uno de los grupos. Les contaba que la primera parte del
dispositivo fue una plenaria, después se pasó a grupos chicos, y después
los resultados de los grupos chicos se pasó a una plenaria propositiva. En
un principio, de la misma manera en que nos interpelaron desde el binaris-
mo, nos interpelaron desde: “Vos me tenés que traer las soluciones, yo no
te tengo por qué decir cómo resolver”, y lo que les dijimos fue que nadie
sabía mejor que ellos y ellas de qué se trataban los problemas y cuáles
podrían ser las soluciones. Y ahí me metieron a trabajar, se comprometie-
ron, y realmente trajeron soluciones excelentes. Tanto para poder hacer
ellos y ellas, como para proponer a la institución.
Por lo tanto, para ir cerrando, lo que les quiero compartir: les quiero decir
que fue un dispositivo muy interesante, participativo, en el cual aprendimos
mucho, dimos mucho, pudimos entender la dimensión de las herramientas
autogestivas, entre las cuales está el consentimiento, que es el nombre de
esta mesa. Y también el consentimiento como una herramienta ética en
tiempos neoliberales, que es lo que está proponiendo también esta mesa
discutir. ¿Por qué? Antes de entrar a esta mesa estuvimos charlando con el
iluminador de la sala y estuvimos compartiendo estos temas. Y nos decía
qué le pasa a él como varón al escuchar este tipo de cuestiones, y si a las
mujeres “no se nos fue la mano” con algunas cuestiones. Entonces, parte
de lo que le planteamos es que hay una necesidad de una nueva ética entre
los géneros, y las mujeres ahora pudimos empezar a tener más poder que
antes, lo que no quiere decir que tengamos poder y que seamos iguales,
porque además las mujeres no somos todas iguales. Está la interseccio-
nalidad. Pero algunas hemos conseguido algo más de poder. Entonces,
empezamos a tener los mismos dilemas que han tenido históricamente
otras personas que han tenido poder. Y otras personas cuya voz era más
importante que la voz que teníamos antes. Cuando yo era chica, cuando un
tío te manoseaba, o alguien en el colectivo te ponía una mano o te apoyaba,
tu voz no valía. Te decían: “Callate nena, a mí me pasó lo mismo, vamos a
tener problemas con la familia, o vamos a tener problemas en el colecti-
vo”. La voz de las pibas no importaba, aun cuando tuvieras una experiencia
76
traumática a muy temprana edad. Todas las mujeres de mi generación, al
menos, por más feministas que seamos hoy, tenemos alguna experiencia
de abuso. Todas. No hay ninguna que no haya pasado por una experiencia
de abuso. Y algunas de estas experiencias hemos tardado años en decirlas
porque no había alojamiento de ellas. En este momento muchos varones
sienten que nuestra voz es más importante que la de ellos. Que nuestra
palabra es más importante que la de ellos. Y ahí tenemos un problema
porque primero conseguimos una voz que es escuchada, pero por el otro
lado podemos estar consiguiendo toda una generación de resentidos en
relación con estos malestares, precisamente por la democratización de
las incomodidades. Entonces, en este sentido herramientas éticas como
el consentimiento para todo tipo de situaciones, y poder dar cuenta de qué
hacemos cuando tenemos poder, cuando lo conseguimos, es parte de los
nuevos pactos que tenemos que armar en estos momentos de relaciones
neoliberales. ¿Y por qué lo digo? Porque toda la marea verde y toda la ola
nuestra del feminismo de la cuarta ola coexiste con el neoliberalismo. No
es que somos parte del neoliberalismo. Estamos en un momento de bar-
barización general de los vínculos humanos. Y podemos, lamentablemen-
te, “comernos al caníbal”, que no es lo que queremos hacer porque no es
nuestra propuesta. Entonces tenemos que crear herramientas para poder
instaurar una nueva ética, entre las que el consentimiento es una de ellas.
Enrique Stola (ES): ¡Muy bueno, Débora!
Buenas tardes a todas, todes y todos, encantado de estar acá.
Pensar sobre este tema y con ese título fuerte que pusieron no me
resultó fácil. Así que hay una pequeña parte que necesariamente tuve que
escribir porque sabía que no lo iba a poder decir “de una” y rápidamente
porque vengo muy cansado, y hay otra parte que la voy a decir en función
de dos temas que quiero tocar, que tienen que ver con el consentimiento,
temas no saldados por los feminismos, como son la prostitución y el al-
quiler de vientres o gestación subrogada.
¿Cómo podemos hablar de una sociedad? Lo que uno siempre
encuentra son relaciones entre individuos, dispersas, particulares, pero no
77
encontramos una relación general. Para hablar de una relación individual
hay que hacer una abstracción, porque la relación entre A y B supone un
conjunto mucho más amplio de relaciones que es lo que hace comprensible
y da sentido a esa relación que encontramos entre A y B. Y ese conjunto de
relaciones anteriores y simultáneas ponen en cuestión lo social, que es lo
que da una entidad identificable, pensable, que da sentido a las relaciones in-
dividuales, a esas formas concretas, y hacen comprensible a una sociedad.
Fue Marx quien, en El Capital, dijo que en las sociedades donde impera
el modo capitalista de producción la riqueza aparece como un enorme ar-
senal de mercancías, y la mercancía como su forma individual. Un filósofo
francés que murió en el 90, Alfred Sohn-Rethel, tomando las estructuras
de Marx propuso el concepto de síntesis social, y lo definió como el con-
junto de relaciones que hacen comprensibles todas las relaciones de una
sociedad, es decir, aquello que las determina, a partir de lo cual se anudan
y toman su sentido. Se hacen comprensibles a partir de una abstracción,
que es la mercancía. Conclusión: la mercancía es la síntesis social en el ca-
pitalismo. Esa es su diferencia específica y no es así en otras sociedades.
En la medida en que el capitalismo fue desarrollándose y expresándo-
se políticamente, en la Revolución inglesa, en la Revolución francesa, se
llega a aceptar en la colonial modernidad que no solo la mercancía es la
determinación económica, sino que la forma de la mercancía es la forma,
tendencialmente, de todas las relaciones sociales. Es decir que hay relacio-
nes sociales que tardan en entrar en la lógica de la mercancía, pero todo
muestra que se tiende a que todas las relaciones entren en esa dimensión.
Antonio Negri dijo, cuando se produjo la ruptura y caída de los países so-
cialistas, que se había roto el pacto de los sindicatos y los empresarios y se
había comenzado a mercantilizar todos los espacios y todos los cuerpos.
Observemos esta etapa del capitalismo financiero y el paradigma civi-
lizatorio que es el neoliberalismo, cómo va avanzando y mercantilizando
absolutamente todo. En Argentina tenemos a un delirante facho como
Milei como ejemplo, con las propuestas que sostiene.
Se puede entender el surgimiento del contractualismo en la lógica políti-
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ca en relación con la lógica de la mercancía. El contrato fue una experiencia
material muy concreta, ubicable en el mercantilismo que posibilitó generar la
idea política del contractualismo, o sea del contrato social para cuidar el cuer-
po social renunciando a ciertas libertades, y esto fue aceptado en la colonial
modernidad. Los conceptos que surgen de la Revolución francesa, libertad,
fraternidad e igualdad, se traducen en: libertad para los hombres para comprar
y para vender, igualdad real entre hombres propietarios, igualdad abstracta
para todos ante la ley. Muchas veces al decir esto se enoja gente del Poder
Judicial, pero es una realidad que conocemos y que las mujeres conocen muy
bien, y que los mapuches conocen muy bien, y que las indígenas conocen
muy bien, esto de que todos somos iguales ante la ley es una formalidad pero,
si tenemos en cuenta a las determinaciones reales, es un muy efectivo verso.
Las categorías formales nos muestran entonces que dos personas li-
bres deciden en condiciones igualitarias y consensuadamente, comprar y
vender determinada mercancía, o sea que hay libertad, igualdad y consenti-
miento. En el imaginario social ambas personas son libres. Si la libertad su-
pone una libertad para todos, igualitaria, libertad e igualdad son dos caras
de la misma moneda, y en términos formales esa moneda es para todes.
Pero pensemos en una persona pobre que tiene la necesidad de comer y lo
único que puede hacer es vender su fuerza de trabajo. Vende su fuerza de
trabajo obligatoriamente. Desde lo formal es libre para vender o no vender
su fuerza de trabajo. Desde la determinación real, si no vende su fuerza
de trabajo no come. En cambio, el rico tiene la posibilidad de comprar esa
fuerza de trabajo o no, o invierte su dinero en la bolsa y obtiene intereses.
Entonces aquí lo formal, el que una persona tenga libertad para tomar ese
trabajo y la otra para emplearla, está ocultando determinaciones reales.
Entonces, cuando hablamos de consentimiento, estamos hablando de un
determinado consenso respecto a un contrato. Si decimos que la igualdad
y la libertad son en cierto modo libertad e igualdad contractuales, la forma
de esa libertad e igualdad es la de la mercancía y la del contrato mercantil.
Paso al tema de prostitución y alquiler de vientres.
Estamos en una etapa en donde todos ustedes tienen celulares y tienen
79
aplicaciones por las cuales pueden establecer citas sexuales para “coger
gratis” (sic), para tener relaciones sexuales gratis. A la vez, estamos en un
momento histórico en donde el capital que circula y que se relaciona con
el capitalismo financiero, el que tiene que ver con la trata de personas con
fines de explotación sexual, con las mujeres y las personas trans-travestis
explotadas sexualmente, está, en cuanto a su magnitud, en tercer lugar lue-
go de tráfico de armas y narcotráfico. Y ese capital se hace de aportes muy
pequeños y aportes grandes. Aportes muy pequeños: 10 dólares por “una
mamada” (sic) si sos una mujer negra, 15 dólares si sos marrón, 20 dólares
si sos blanca, 100 dólares por un completo… en algunos lugares 2000, 3000
dólares, y de acuerdo al sector social se va a ir pagando diferentes precios.
Pero todo eso hace una gran masa de dinero, de capital circulando.
Por otro lado, pensemos en lo que era ser varón en la década del 60. El
hombre que garantizaba la manutención de sí y de la familia en otra etapa
del capitalismo, “sentaba cabeza”, se casaba, tenía hijos, garantizaba su
formación, estudio y luego, cuando él moría y la viuda “revivía”, decía sobre
el marido que él era “muy recto”, lo que significaba desde autoritario a muy
violento. Algunas decían: “El alcohol le hacía mal” (no reconocían que era
alcohólico), y agregaban: “Pero nunca nos hizo faltar nada”. Listo, eso es lo
que definía un buen macho, lo que era un hombre. Con todos los cambios
que se han producido en lo económico, el neoliberalismo, la precarización
de la vida, etc., eso ya se acabó. Solamente si se pertenece a la clase do-
minante y a las clases medias-altas, que no reconocen nunca su violencia
clasista, de género, racista, etc., esa pertenencia es lo que permite a un va-
rón mantener solo un hogar. En todas las demás clases sociales, quienes
conforman un hogar tienen que trabajar fuera de él para poder subsistir.
Estamos en un momento en donde un sueldo o dos sueldos por ahí no
alcanzan para vivir, y eso está sucediendo en todo el mundo.
Ahora veamos una habitación: dentro de ella hay una mujer cis o una
persona trans-travesti. Un espacio, como dice Beatriz Gimeno, en donde
el feminismo no ha entrado.
Entra un tipo, paga y dice: “Solo vengo a hablar”. Y habla de lo mal que
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se siente con su esposa, con sus hijos, que esto y que lo otro, y dedica su
tiempo a hablar. Impone ser escuchado. Se apropia del tiempo de esa mu-
jer. Esto suele ser romantizado por muchos colegas que hablan de nuevas
masculinidades, la soledad del varón, lo mal que se siente ese varón si le
llaman prostituyente, etc. Pensemos ahora en otro tipo, entra y dice: “Quiero
tal cosa...”, termina y sale. Entra el tercer tipo, quiere una práctica concreta,
además la reputea y le pega. Sale. Hay un común denominador en todos
ellos, todos salen de esa habitación sintiéndose machos. Esta es una de
las funciones que tiene la prostitución, salen simbólicamente validados. No
me meto aquí ni con el abolicionismo ni el reglamentarismo. Reitero: todos
salen sintiéndose machos. Pero además hay otra cuestión de igual impor-
tancia para tener en cuenta: a ninguno de ellos le importó un carajo (sic)
cuál era la situación de la mujer. Si estaba en situación de trata, de esclavi-
tud, si estaba supuestamente ejerciendo “libremente” su trabajo sexual. No
les importó. No les importa, porque lo importante es sentirse macho. Las
tres escenas están ocultas en una cuestión formal: yo vengo a comprar, ella
tiene algo para vender, es mayor de edad, somos dos personas libres. Aquí
hay consentimiento formal. Y si nos quedamos con las categorías formales
no vamos a ver las determinaciones reales, no vamos a ver la realidad que
hay detrás de ellas ni los niveles de asimetrías existentes.
El otro tema que quiero señalar es alquiler de vientres. Reitero: alquiler
de vientres. Sé que algunas compañeras y gran parte de los hombres lo
romantizan y están queriendo proponer una ley para reglamentarlo en la
Argentina. Ese alquiler es explotación de clase y explotación racial. Son
las parejas heterosexuales, blancas, y las parejas gay de buen nivel eco-
nómico las que llevan adelante esa práctica. Parejas gay que Shangay
Lily, militante feminista drag queen de España que murió en el 2016, de-
nunció como gay-capitalismo: esa parte del movimiento gay, insertado
en la dinámica capitalista, que utilizó toda la ayuda que los feminismos
les dieron para lograr sus derechos, y que a partir de que los obtuvieron
pasaron a formar parte, junto con los machos heterosexuales, de la explo-
tación de los cuerpos de las mujeres cis, trans y travestis.
81
Ahí se da lo mismo que en la prostitución: relatos románticos sobre el
alquiler de vientres, explotación de mujeres pobres, en general de mujeres
negras y marrones, de mujeres de los países del este, de nuestra América
o asiáticas. Hay un contrato y, en el medio, participando de las ganancias,
abogados, psiquiatras, psicólogos, etc. Las categorías formales aparecen
nuevamente: alguien que decide libremente, que da su consentimiento y
firma ese contrato, y del otro lado alguien que alquila/compra el uso de un
cuerpo y su producto. ¿La mercancía? El niño o la niña que es el produc-
to que circula. Producto que circula mercantilizándose de tal forma que,
en su último libro, Silvia Federici informa que el gobierno de [Link]. ha
denunciado cerca de 22.000 abandonos, dado que los privados pueden
negociar entre sí y hacer la transferencia del “producto”.
Usé mi tiempo, me detengo acá.
(LL): Bueno, muchas gracias, han sido muy respetuoses del tiempo.
Así que, si quieren… Débora… por ahí, hacer algún comentario.
(DT): Bueno, a mí me parece muy interesante lo que plantea Enrique –
siempre me parece muy interesante Enrique, hoy también–. Pero yo plan-
tearía que… me parece que hay que diferenciar: hay consentimientos y
consentimientos. Me parece que vos planteás los consentimientos en el
capitalismo desigualado, donde hay una supuesta libertad de compra y ven-
ta, digamos, y donde hay una mercantilización de la vida, por eso lo trajiste
a Milei, porque Milei está proponiendo que se pueden vender órganos, se
pueden vender niños, porque es un liberalismo brutal. Pero me parece que la
palabra consentimiento tiene múltiples sentidos, uno de los sentidos es este:
los contratos entre supuestamente iguales, la libertad de la modernidad ca-
pitalista que esconde la desigualación de género, de etnia, de clase, etc. Que
vos lo planteás muy bien, que es el tema de la mercantilización de muchas
de las interacciones sociales basadas en la desigualdad. Y la suposición de
que si hay dos personas adultas, están en igualdad de posición. Bueno, a
esto el feminismo lo ha criticado, el marxismo lo ha criticado previamente y
el feminismo ha hecho lo suyo con respecto a las relaciones de género.
Pero de todos modos, el consentimiento también es apropiado por
82
los feminismos y por los movimientos de la diversidad y por los feminis-
mos adolescentes, fundamentalmente, para darle otro sentido, que tiene
que ver con poder dirimir, de alguna manera, relaciones que se van cons-
truyendo un poco más en paridad. Y ahí me parece que adquiere otro
sentido. Es decir, es la misma palabra pero no tiene el mismo sentido en
todas las situaciones. Y probablemente yo me estaba refiriendo más a las
herramientas entre adolescencias que se dan cuenta de la desigualación
de género, pero donde hay algunas igualaciones, digamos, de clase o de
diferentes cuestiones en la escolaridad, y también en un proceso de em-
poderamiento del colectivo de mujeres, donde hay más posibilidades de
plantearles a sus pares varones de la misma edad: “Esto sí, esto no”.
Entonces, me parece interesante poder ir trabajando en las dos líneas
de sentido, ¿no?, donde está el consentimiento que encubre la explota-
ción. Yo acá anotaba no solamente la prostitución y [el alquiler de] los
vientres… la donación de óvulos también, y también las adopciones: son
biología de los sectores trabajadores pauperizados hacia los sectores de
mayor poder adquisitivo. Y además, con la cuestión del corrimiento del
mito “mujer = madre biológica”, también hay mujeres de sectores domi-
nantes que están empezando a comprar vientres en alquiler, y no necesa-
riamente porque no pueden reproducirse, sino porque no quieren exponer
sus cuerpos a los riesgos que tiene toda maternidad biológica.
Entonces me parece que está bueno decir las cosas como son, las co-
sas con nombre y apellido, donde hay expropiación de unos sectores hacia
otros sectores. Donde en este momento salvaje hay una mercantilización
de casi todo y donde ahí hay que tensionar lo mercantil de los derechos,
porque ahí están los derechos discutiendo lo que no se debe mercantili-
zar, o cuáles son los límites para ciertos tipos de prácticas, que vos [di-
rigiéndose a Enrique Stola] lo decís muy bien, ¿no? Se puede ser LGTBI+
pero se puede ser del sector dominante, se puede ser feminista de derecha
también. Aunque a ustedes les parezca que no, hay un feminismo de clase
dominante también. “Feministas somos todas”, podríamos decir. Pero tam-
bién hay que diferenciarlo de estos otros usos que tienen que ver con nue-
83
vas palabras que están apareciendo para poder expresar nuevas prácticas
éticas en situaciones de ganancia de mayores grados de paridad.
(ES): Sí, totalmente de acuerdo con Débora. Y para abonar en ese sentido,
la ley que se discute en España, “sí es sí”, basada en un fuerte análisis del
consentimiento, pasa a ser una estocada fuertísima contra el poder judicial
machista, contra toda esa estructura del Opus Dei, producto de 40 años de
dictadura de la Iglesia católica más la dictadura franquista, los que sostenían
que si la mujer no había dicho “no” y no se había defendido, entonces no era
violación. Si no se escuchó el no, o no se resistió y no había heridas, no era vio-
lación. Y ahora el tema del consentimiento implica que además diga “sí, quiero
tener relaciones”, y ahí la palabra consentimiento cobra una tremenda fuerza.
(LL): Bien, bueno, los recorridos han sido interesantes, esta especifici-
dad de los múltiples sentidos de la palabra consentimiento, y me quedaba
pensando en el nombre del panel… en la construcción de una nueva ética,
y cómo eso es un desafío que nos interpela a todos, a todas y a todes.
En este contexto de un capitalismo que ya no tiene que ceder para ganar,
sino que ahora es ganar y ganar y ganar. Y cómo eso se puede contrapo-
ner a estas construcciones de herramientas éticas que tienen que ver con
el consentimiento y el respeto de les otres en el panorama de desigualda-
des reales e igualdades formales que fueron planteando.
Les queremos agradecer porque ha sido muy interesante, nos vamos
pensando y repensando, y creo que han puesto sobre la mesa los temas
que a los feminismos nos interpelan profundamente. Lejos de ser cues-
tiones saldadas, son para debatir y para continuar discutiendo porque,
como decía Débora, dentro de los feminismos también hay feminismos
de derecha, y la cooptación de los discursos feministas y de la diversidad
por el mismo sistema capitalista que termina convirtiendo estos discur-
sos, que podían ser desde una mirada transformadora, emancipatoria, en
facilitadores para la reproducción de las desigualdades.
Así que, bueno, agradecerles enormemente. Me parece que nos va-
mos con varias cuestiones para reflexionar y para pensar, así que un gran
aplauso para ustedes.
84
PANEL
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lamentablemente, acerca de la violencia política. Pienso en el bombardeo
a Plaza de Mayo, en los golpes de Estado, en la última dictadura cívico-mi-
litar. Muchas compañeras que fueron detenidas-desaparecidas fueron
quienes comenzaron a pensar y poner en palabras esa violencia especí-
fica que se cometió contra ellas en el marco de la dictadura. Hoy estos
discursos fascistas se están reactualizando. Si bien hubo un hecho, que
ya se ha mencionado en el Congreso, como fue la tentativa de femimag-
nicidio contra nuestra vicepresidenta de la Nación Cristina Fernández de
Kirchner, tenemos antecedentes. En el marco de este Congreso, realizado
también en homenaje a Hebe de Bonafini, me acordaba de cuando inten-
taron detenerla el 4 de agosto de 2016 y que el pueblo salió a defenderla.
Eso también configura una suerte de violencia política enlazada con el
lawfare, esta guerra judicial que también, en muchos casos, es patriarcal.
Este es el desafío que tenemos, sobre esto trata este panel, y sobre los de-
safíos que ostentamos quienes militamos, en nuestros propios ámbitos.
Para mí es un honor y un placer darle la palabra a María Reigada.
María Reigada (MR): Muchísimas gracias, fue un honor para mí recibir
la invitación a participar en este panel del congreso que realiza este Mi-
nisterio, que es la expresión de las luchas feministas populares. En esta
fecha, 25 de Noviembre contra las violencias de género18, justamente
recordamos y no olvidamos el asesinato de las hermanas Mirabal du-
rante la dictadura de Trujillo. Aquellas hermanas venían de visitar a sus
compañeros presos por violencia política y fueron asesinadas. Cuando
hablamos de violencia de género, esta nace desde la violencia política, de
excluir durante siglos a las mujeres de la vida y de la participación políti-
ca. Se ha negado esa posibilidad y esto derivó en otras expresiones de la
violencia de género.
En el contexto en el que estamos, recordar la muerte de las hermanas
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Mirabal, que venían de exigir la libertad de sus parejas, me recuerda a
nuestras Madres de Plaza de Mayo, que enfrentaron al peor enemigo que
tuvimos en nuestro país. En el momento de mayor apogeo del terrorismo
de Estado, las Madres se encontraron y empezaron a pelear, a luchar, a
exigir, a darse cuenta de lo que realmente estaba pasando, y que se ex-
presó en ese abrazo solidario que se convirtió en las rondas. Estas rondas
que continúan, a pesar de que mataron a Azucena Villaflor, a pesar de que
murió Hebe de Bonafini después de haber entregado muchísimos años
de lucha. Nos han demostrado hasta qué punto llegó la valentía de esas
mujeres que se expresaron ante esa violencia política tan cruenta que
estábamos viviendo.
Recordamos también, por supuesto, la prisión de Milagro Sala, que
no hemos podido aún revertir y, por supuesto, esa expresión de violencia
que fue el intento de asesinato de nuestra querida vicepresidenta Cristina
Fernández de Kirchner.
Estas cuestiones de la violencia política son las más difíciles de enfren-
tar, pero sabemos que tenemos que resistirlas a través de todo lo que va-
mos construyendo las mujeres, las diversidades, que seguimos peleando
por el mundo al que aspiramos, y que hoy nos parece que se nos va alejan-
do de las manos por este recrudecimiento de la política del odio. No son los
discursos, es la política del odio, de la discriminación, de resguardar para
las elites los privilegios que generan tanta injusticia en nuestro pueblo.
Estas violencias se expresan y atacan la participación política de las
mujeres. Tenemos legislaciones que, como muchas veces decimos, nos
marcan una agenda para seguir peleando. Si bien hemos logrado la paridad
de género en las listas electorales, todavía estamos dando pasos importan-
tes en las listas sindicales. Venimos de una pelea, de un congreso que no
pudieron manejar desde la conducción de la CTA, donde las mujeres nos
plantamos y dijimos: “Acá también queremos paridad de género”. Entonces,
empieza esa discusión sobre cómo se van a cubrir los cargos, porque en
realidad la mayoría de quienes conducen los sindicatos son varones, salvo
alguna excepción. De eso se trata, de revertir cientos de años donde las
87
mujeres fuimos excluidas de la vida y de la participación política en todo de-
recho. A veces se nos mira como si estuviésemos queriendo ejercer un pri-
vilegio que no nos corresponde, por ejemplo, cuando discutimos las listas
en las que queremos estar y discutimos también quiénes van a integrar esa
paridad. Eso es ejercer el derecho a la política, poder decidir quiénes van a
conformar las listas para poder lograr la paridad de género en los lugares
donde se debate la política –por lo menos los lugares formales– porque
existen otros donde todavía nos cuesta muchísimo más estar.
Creo que tenemos que seguir avanzando como militantes, las feminis-
tas del campo nacional y popular. Todavía tenemos que continuar cons-
truyendo mucho más derecho en la participación política. A nosotras se
nos valora por lo estético, por cómo nos vestimos. Yo no sabía qué eran
las carteras Louis Vuitton hasta que la derecha empezó a criticar por eso
a Cristina Fernández de Kirchner; me encantaría saber de dónde son esos
zapatos de Macri. Jamás lo sabremos porque eso no se cuestiona.
A nosotras nos siguen valorando por lo estético, desde lo positivo o
desde lo negativo. Es raro que se nos valore por nuestra inteligencia, va-
lentía, coherencia, por no bajar los brazos. Por eso que nos mostraron las
Madres y que nos siguen demostrando. Esa es la potencialidad de mili-
tancia que tenemos las mujeres, que hemos podido demostrar, pero que
en la vida política no se reconoce.
Además de hacer cumplir las leyes para evitar la violencia política, solo
existe un camino y es el de la participación política en todos los ámbitos en
los que estamos. No es la exigencia de la paridad, es la exigencia del reco-
nocimiento de nuestra participación. Estamos dando una pelea en el campo
sindical, tanto en la CGT como en la CTA, para que la paridad pueda ser reco-
nocida. Pero para eso tenemos que disputar ser delegadas y a la vez lograr
ser incorporadas en los puestos de trabajo que están visiblemente marcados
para el mundo masculino. En esto creo que también hay un gran trabajo des-
de el Ministerio de las Mujeres para poder lograr esta inclusión de las muje-
res en ese otro mundo laboral, que nos da la posibilidad de ser dirigentes en
la UOM, en SMATA, en aquellos gremios que tienen mucha más posibilidad
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de pelear la plusvalía cuando pelean la paritaria. De eso también se trata, de
cómo las mujeres participamos en la distribución de la riqueza. Para eso te-
nemos que tener la posibilidad de estar en los lugares de representación sin-
dical y de representación de las organizaciones sociales.
Durante la pandemia, las mujeres participaron en los merenderos en-
tregando alimentos, ocuparon lugares en los vacunatorios. Sin embargo,
si observamos el panorama actual, podemos reconocer que ser dirigentas
de las organizaciones sociales es incluso más difícil que ser dirigentas en
los sindicatos. Es una pelea que tenemos que encarar para lograr que en
cada espacio de la política, nuestras compañeras puedan ser referentas.
Necesitamos asumir que la lucha contra la violencia política consiste jus-
tamente en ejercer la acción política. Es una condición ineludible para integrar
lugares en el poder ejecutivo para los cuales estamos preparadas. Tenemos
que seguir encontrando las formas para garantizar la paridad de género.
Es muy importante hacer lo que estamos haciendo acá, debatir, inter-
cambiar opiniones, compartir experiencias, porque el feminismo va cre-
ciendo en la medida en que nosotras seguimos participando. En nuestro
país, así como las Madres generaron esa referencia en la lucha por la defen-
sa de los derechos humanos, nuestro feminismo también ha generado una
referencia internacional. La marea verde hoy nos convoca a la participación
política para que nunca más estemos excluidas de las informaciones que
se necesitan para poder debatir y decidir, para que nunca más se nos valore
por nuestra estética, para que nunca más se nos excluya de los lugares. Re-
cién comentábamos con Lucía que dentro de los bloques y en las cámaras
legislativas de la provincia de Buenos Aires, que es quizá donde más hemos
podido representarnos, todavía la paridad no existe, y las presidencias y las
vicepresidencias siguen siendo ocupadas por varones. Al momento de dar
la palabra tuvimos que dar una fuerte discusión. Si logramos la paridad en
las listas, queremos la paridad también al momento de hablar en el recinto.
Denunciar a un opositor cuando realiza violencia de género nos da un
reconocimiento suficiente para ser vistas de manera positiva por nuestros
compañeros y compañeras, pero cuando tenemos que denunciar a algún
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compañero nuestro, enfrentamos una tremenda contradicción porque que-
remos evitar que nuestra organización política sea blanco de un escándalo.
Ese dilema nos atraviesa, más aún en este momento en que necesitamos
fortalecernos para volver a ganar –y además de volver a ganar con Cristina,
con una mujer– y poder así implementar esas políticas que fueron las que
deseábamos en el momento en que pudimos lograr el triunfo en 2019. Te-
nemos que trabajar protocolos internos porque sabemos que todas y todes
quienes estamos acá hemos sufrido violencia en algún momento, en algún
lugar –familiar, político, sindical, en el mundo público–. Para desarmar esas
prácticas es imprescindible nuestra participación, ocupando cada vez más
lugares de definición, decisión y ejecución de las políticas públicas.
Moderadora: Le damos la palabra a Lucía Iañez.
Lucia Iañez (LI): Hola a todos, todas, todes, por lo que veo casi todas
mujeres, como en la mayoría de los espacios en que nos encontramos a
debatir parte de los derechos que nos asisten y los derechos que todavía
no tenemos. Sabemos que son nuestros, así que vamos por ellos, y la
verdad que es un honor poder participar hoy de este espacio, le agradezco
mucho a Estela, con quien trabajamos un montón, a Flavia, a Silvina, a to-
dos los equipos. La veo a Sonia, a Ariel, a Vicente, a Noe que me recibió, a
todo el equipo del Ministerio o de la Ministeria, como les gusta más decir
a las compañeras de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual que
sigue siendo para nosotras, para nosotres, una novedad, pero sobre todo
un orgullo que puedan existir, en el marco de la provincia de Buenos Aires
y en la República Argentina, estos espacios institucionales creados re-
cientemente. Son realmente faros de nuestra región y faros en el mundo,
porque a los argentinos y a las argentinas nos cuesta autodeterminarnos
como importantes en términos regionales, valorizarnos en términos cul-
turales, y sin embargo en estos temas somos realmente faros.
Hoy es un día difícil para nosotras y nosotres quienes somos platen-
ses. Lamentablemente encontraron muerta a Eliana, así que en el Día
Internacional contra las Violencias de Género tenemos nuevamente un
femicidio y tenemos una víctima. Una compañera que no va a volver a su
90
casa, con lo cual realmente no es un día fácil en términos de la expectati-
va que teníamos de poder encontrar a Eliana y de lo que viene pasando ya
sistemáticamente, no solo en nuestro país sino en el mundo, y que cada
vez le ponemos mayor visibilidad, cada vez podemos nombrarlo más, po-
demos hablarlo más, y también ponerla en la agenda de lo cotidiano.
El hecho de que hayamos dejado de decirle a los femicidios “crímenes
pasionales”, aun cuando nos encontremos con gente mayor, y nos dicen:
“Bueno, esto es un crimen pasional”, y yo digo: «¿Pero que están diciendo?”,
tiene que ver con años de muchísimas modificaciones para nosotros y para
nosotras. Han sido cambios que nos han modificado la vida en términos
estructurales, han sido cambios que nos han modificado la manera de exis-
tir, que nos han modificado la manera de pensar y, por sobre todo, que he-
mos logrado hacer de este pedacito del mundo, un mundo mucho más libre
para los pibes y las pibas que vienen detrás de nosotros, y realmente para
mí es un orgullo increíble. Y esto tiene que ver con Cristina Fernández de
Kirchner y con los últimos cuatro años de sus ocho años de gobierno, con
la ampliación más grande de derechos de la historia, para las mujeres y las
diversidades y para todos los grupos que sufren en nuestro país.
Hoy pensaba un poco de qué hablar sobre violencia política, porque
la verdad que es un concepto que para las que hace poco que estamos
en la función pública más vinculada a la función electiva, son conceptos
novedosos, son conceptos que a veces una tiene que ir y buscar y repa-
sar. Y una tiene que preguntarse: ¿yo soy víctima de violencia política? Me
hicieron una entrevista el otro día unas chicas de la facultad que estudian
Psicología Social y me decían: “¿Vos viviste alguna situación de violencia
política?”, y yo por dentro decía “y, sí”. Después trato de repasar: ¿cuáles
son las cuestiones que nos vinculan a las violencias políticas?, ¿cuáles
son las cuestiones que nos pasan a las legisladoras?
Y como a medida que hablamos con las legisladoras, no solo de nues-
tro bloque, sino de los otros bloques, vemos la misma situación, vemos
algo que creo que le pasa a todas las que hacemos política, y en eso me
puse a pensar: ¿en dónde residen los privilegios de los varones?
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A veces me parece que somos un poco inocentes en pensar que los
varones van a renunciar abiertamente a sus privilegios, me resulta un poco
inocente, en realidad, decir que los varones van a renunciar a sus privilegios.
Compañeras, compañeres, eso no va a pasar, no van a renunciar a sus privi-
legios los varones, porque no existen casi en la historia grupos que hayan re-
nunciado a sus privilegios, y porque en mayor medida los varones no son tan
conscientes de sus privilegios. Y a veces me cuesta discutirlo con mi familia,
con mis amigos, con mis compañeros, que se entienda desde el lugar en el
que hablamos, que puedan entender mínimamente lo que nos ha tocado vivir
como mujeres durante toda nuestra vida, y más aún con las diversidades.
Mi hermana le decía a un compañero el otro día: “¿Vos no tenés idea lo
que es caminar a las 5 de la mañana y tener miedo que te pase algo yendo
a tu trabajo?”. Y ese compañero tomó una cierta consciencia, de decir:
“Che, no, esto a mí nunca me pasó, sí pude tener miedo de que me roben
el celular, pero nunca tuve miedo de que me ultrajen, que me agarren,
que me secuestren, que me violen, que de alguna manera abusen de mi
persona”. Y me parece que en eso de pensar cómo se construye el poder
y cómo se logra equilibrar los privilegios. Al poder, o te lo dan como en un
sistema monárquico, estructural, el poder que venía de dios y se lo daban
a los hijos de los reyes; o al poder se lo toma, como el sistema napoleóni-
co o las dictaduras, que tomaron el poder sin ningún tipo de legitimidad; o
el poder se construye desde la legitimidad.
Y creo, compañeras y compañeres, que nosotres hemos logrado un
punto en la historia de nuestro país, pero sobre todo en la historia de la
humanidad, en este siglo, en este momento histórico, que tiene que ver
con que logramos construir legitimidad sobre lo que nos corresponde, y
obvio que todavía nos falta, que nos va a seguir faltando, pero sin embar-
go, hemos logrado tomar conciencia sobre cosas que nos pasan y esto
también tiene que ver con la violencia política.
Recién María decía que en nuestra Cámara no hay ninguna secretaria
mujer, todos los secretarios son varones, todos los presidentes de blo-
ques, salvo un unibloque que tiene a una mujer, que por supuesto es pre-
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sidenta de su bloque. En el Senado tenemos a una mujer muy importante
que es Teresa García. La verdad es que estamos ante una situación de
desigualdad y nos cuesta en ese posicionamiento que las personas que
toman las decisiones puedan ser las compañeras. Esto nos pasa en la
macro, aun cuando en la Argentina, la persona más importante de la polí-
tica argentina es una mujer y es la jefa de nuestro movimiento político, es
nuestra compañera, nuestra conductora Cristina Fernández de Kirchner.
Las mesas de decisiones políticas en general están colmadas de varones,
y en eso empiezo a pensar un poco más en lo que tiene que ver con nues-
tras tareas. Pienso más desde el lugar que a uno le ha tocado ocupar, que
hemos trabajado muchos temas, en general con el acceso a la justicia y
con asistir víctimas y ahí también pasa lo mismo, ¿no?
¿Quiénes dirigen los ministerios? ¿Quiénes dirigen el Poder Ejecutivo?
Lo mismo que en el Legislativo, en cualquier gobierno, generalmente diri-
gen los varones.
¿Quiénes asisten? ¿Quiénes son las que principalmente están en el
territorio? Las mujeres.
Cuando hay equipos interdisciplinarios de acompañamiento, ¿son va-
rones o son mujeres? Mujeres.
Cuando hay equipos para asistir niñeces, ¿son varones o mujeres?
Mujeres.
Cuando hay equipos para asistir personas con discapacidad, ¿quiénes
son?, ¿varones o mujeres? Mujeres.
¿Más maestras o más maestros? Mujeres.
La realidad es que eso se está derivando, pero eso siempre ocurrió.
Hay más directoras de línea mujeres que varones, pero hay muchos más
subsecretarios que subsecretarias y más ministros que ministras. Enton-
ces esto nos pone ante una disyuntiva de discutir ciertas cuestiones. Hay
algo que está pasando, que decía María recién, que en el reparto de cargos
estamos desequilibrados, pero que por sobre todo se crean muchos estig-
mas sobre nosotras. No sé si pasa en la Cámara de Senadores ni en Dipu-
tados de la Nación, pero yo veo en la Cámara de Diputados de la Provincia
93
y en muchos lugares que las mujeres somos combativas y somos bravas.
“Lucía es brava”, dicen, me autodetermino como tal y con orgullo. Nunca
escuchás decir “este varón es muy bravo”, en general dicen “son pillos”.
Cuando hablamos de los lugares, muchos te dicen: “Los lugares hay
que ocuparlos por capacidad, no por cupo” pero, compañeros, ¿ustedes
saben lo que nosotras tuvimos que demostrar para estar en los lugares
en los que estamos?, ¿la cantidad de veces más que demostramos las
compañeras por sobre los compañeros, las mujeres por sobre los varo-
nes? Me parece que esos son puntos en los que nosotras nos podemos
anclar para discutir (más allá de la violencia política, sino en el debate
sobre la construcción política), cuál es el punto de partida sobre el que
estamos construyendo lo que se viene en la Argentina y en la política.
¿Contra quién tenemos que pelear? ¿Contra qué tenemos que pelear?
Voy a nombrar algunos ítems sobre los que, para mí, tenemos que pelear.
Yo me acuerdo cuando era chica, que salió Titanic, que la vimos todos
50 veces en esa época, y pensaba; cuando decían: “Las mujeres y los
niños a los barcos”, le decía a mi familia: “¿Por qué las mujeres van a los
barcos primero?”. No, nunca estuvo en mi naturaleza inicial y creo que es
parte de la desigualdad, cuando uno es más chico realmente no hay un
grado de conciencia sobre la desigualdad, y aun así pensar que somos
iguales las mujeres y los varones. Claro, pero después cuando vas viendo
cómo se construyen culturalmente las sociedades, vamos encontrando
que te tiran para abajo, la vulnerabilidad te va llevando, cómo el sistema
patriarcal te va empujando hacia abajo. No es que te empuja hacia arriba,
te empuja hacia abajo, y creo que ese es el punto, es sacarnos las pesas,
es desanclarnos. Nosotras no queremos que nos empujen para arriba,
nosotras queremos que nos saquen las anclas que tenemos puestas, so-
lamente porque una cultura lo determinó, compañeras, eso es la igualdad.
Es caminar desde el mismo lugar, es no pensar que la meritocracia existe,
porque partimos de diferentes lugares y eso es poder pensar la igualdad.
Entonces, pensaba: ¿contra qué tenemos que pelear? Tenemos que
pelear contra el individualismo, creo que lo que nos ha pasado a nosotros
94
y a nosotras, especialmente a aquellos y aquellas que hemos pasado por
las universidades públicas, y mucho más aún por las privadas, que la ma-
yoría de las universidades han sido pensadas desde un lineamiento liberal
e individualista, y nuestras profesiones están pensadas como pequeñas
cajitas. Yo, abogada, me dedico a lo legal, no tengo que hacer una escucha;
vos, psicóloga, escuchás, la trabajadora social hace otra cosa, el sociólogo
hace otra cosa. Eso no es verdad, eso es imposible, lo digo siempre. Cuan-
do me recibí de abogada no venían al estudio y me decían: “Hola, ¿qué tal?
Tengo una sucesión, tomá, te la dejo y me voy”. No es así, te cuentan todos
los problemas que tienen con su familia, con los hermanos, los hijos, vas
encontrando cosas, decís: “Acá hay una situación de violencia, y acá tenés
que hacer algo, y acá no sé qué”. Nunca está individualizado, las personas
somos sujetos, pero no sujetos individuales, somos sujetos en el marco de
un contexto, de una cultura, de una sociedad. Entonces tenemos que dejar
de tener nuestra vida pensada en pequeñas cajitas.
Esto pasa mucho en el Poder Judicial, vos vas y te dicen: “Esto está en la
Asesoría Pericial”. “Bueno, ¿pero llamaste?” “No, esto no es Asesoría Pericial, ni
idea, no me ocupo de eso”. “Pero es tu caso, ¿llamaste?” “No, no sé, me manda-
rá un informe… vemos, qué sé yo, y esto está en el equipo técnico…”, y entonces
te pasás pimponeando y vas de acá para allá. ¿Y eso por qué es? Porque no
hemos logrado salir del individualismo, no hemos logrado todavía entender.
Acá lo veo a Néstor Artiñano (decano de la Facultad de Psicología de
la UNLP) que tiene en su facultad la única cátedra que trabaja la inter-
disciplina en toda la Universidad de La Plata, junto con la de Psicología
Social, para poder pensar realmente cómo se puede asistir cuando hay
vulnerabilidades, cómo se pueden resolver los conflictos sociales. Si no
es pensándolos desde la integralidad, es imposible desde la individuali-
dad. No vamos a resolver nada, tal vez nos dará cierta paz, digo yo, tal vez
hay gente que dice: “Bueno, yo ya firmé este escrito, listo”, y se va tranquilo
a la casa. Yo no tengo esa personalidad, me voy rosqueando reenojada
a mi casa, eso no se resolvió. Entonces, me resulta que es algo contra lo
que tenemos que luchar.
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Otra cosa contra la que creo que tenemos que luchar es contra la des-
regulación, ¿y en esto qué quiero decir? Muchos y muchas, y yo también
lo pienso, decimos: “Che, las leyes solas no sirven para nada, así que no
se ilusionen, vamos a sacar una ley pero si no activamos después social-
mente, no logramos avanzar nada”. Sí, lo pienso, pero mucho más pienso
que cuando estamos en el territorio y cuando nos toca asistir y cuando
hay una compañera que sostiene, una promotora de salud, de derechos,
de acceso a la justicia, de género, de cualquier tipo de situación, en el
territorio, y no hay norma ni método para determinar lo que tenemos que
hacer, estamos solas. Y eso es aún mucho peor, y creo que hay un afán
de convencimiento de a momentos de que “la construcción de métodos
no es tan importante”. No concuerdo.
Creo que tenemos que pelear contra eso, creo que tenemos que hacer
ateneos de casos, como están haciendo con este congreso, encontrar-
nos, charlar de los problemas que ocurren en los diferentes lugares de
nuestra provincia tan grande, con 135 municipios, con 135 realidades ab-
solutamente distintas, con pueblitos que van desde 400 habitantes hasta
ciudades de dos millones. Es imposible pensar que todas pueden tener
la misma solución, pero los problemas existen en todos los lugares y no
tenemos que estar solas ni soles al momento de pensarlo.
Por supuesto que tenemos que pelear contra la falta de justicia, eso es
un problema central. Esto lo vemos todos los días, la falta de justicia rom-
pe el pacto democrático. No existe democracia si no hay justicia, porque
¿quién garantiza, entonces, los derechos? Es la última ratio de los dere-
chos, y si no logro que se me cumplan, necesito un espacio. Y está pensa-
do para eso, para la garantía de los derechos, contra la desjerarquización
de los espacios territoriales, contra eso también tenemos que luchar.
Tenemos que lograr darle jerarquía, algo de lo que habla Estela, lo que
ha trabajado mucho este Ministerio, darle jerarquía a los trabajadores y
las trabajadoras de los territorios, aquellos que le ponen el cuerpo, el co-
razón, el alma, al trabajo permanente con aquellos y aquellas que tienen
problemas todos los días, y que son quienes acompañan, quienes asisten,
96
quienes permanentemente logran soluciones a problemas que a veces no
tienen mucha solución.
Para terminar, creo que el elemento más fuerte de la violencia política
es el lawfare y lo voy a decir muy cortito. Creo que todas, todos y todes, los
compañeros y las compañeras del peronismo, lo conocemos. No es algo
tan nuevo, pero sí es algo que se ha masificado en el último tiempo, ha
pasado regionalmente y ha desarmado nuestro sueño de la Patria Gran-
de. No sé si lo destruyó y ahora lo estamos reconstruyendo con Lula pre-
sidente, con Boric, estamos en Colombia, vamos a acompañar para que
Ecuador pueda volver a tener un gobierno nacional y popular, estamos
con Castillo en Perú. [El lawfare] logró desarmarnos, y acá, otra discusión:
vayamos nuevamente por la ley de medios. Sabíamos que era una discu-
sión que iba a ser muy difícil, nos costó muchísimo, nos costó un fallo de
la Corte, tuvimos que ir a pelear mil veces. Bueno, compañeros, compa-
ñeras, podía darse que cuando viniera la derecha la saque, vayamos de
nuevo por esa lucha. La ley de medios es una garantía de que todas las
voces tengan espacio en nuestra democracia y tenemos que ir por ella.
Y, por último, para no extenderme mucho más, decirles que a mí me
gusta Casciari, y venía escuchando el otro día un cuento de él, que no me
gusta porque en realidad es una manera de decirle cosas malas hacién-
dose el bueno, que se llama “Messi es un perro”. Capaz que lo conocen,
es un cuento en el que en una parte Casciari dice que cuando él entra al
Camp Nou –porque él vivía en Barcelona, ahora vive acá en la Argentina–,
se dice a sí mismo: “Gordo, fijate qué privilegiado que sos, que sos faná-
tico de un deporte y podés ver al mejor jugador del mundo a 15 minutos
de tu casa”, y yo me siento una privilegiada, me siento una privilegiada
de que me toque este tiempo histórico, este tiempo histórico donde el
mundo está cambiando estructuralmente, donde pudimos vivir el mundo
analógico y el mundo digital, que pudimos dar vuelta un cassette. Éramos
chiquitos y chiquitas y dábamos vuelta los cassettes con un lápiz, hasta
hoy, que reproducimos lo que queremos en el momento inmediato y pro-
ducimos contenido permanentemente. De vivir 40 años de democracia,
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de ser la primera generación de estos últimos siglos que vive 40 años
seguidos de democracia, compañeros y compañeras.
Y eso es muchísimo para nuestra Argentina, y eso tiene que ver con la
lucha de tantos y tantas compañeros y compañeras que dieron su vida por
este país y que además siguen construyendo una línea para vivir en demo-
cracia, de conocer y escuchar en vivo y en directo a las Madres y Abuelas
de Plaza de Mayo, que todos los días rogamos para que puedan estar más
tiempo acá con nosotras, porque son todas muy grandes y perdimos a
Hebe en estos días. Pero pudimos verla, pudimos escucharla y podemos
acompañar la lucha de las mujeres. Para mí las Madres y las Abuelas fue-
ron las políticas más importantes de nuestro país –junto a Cristina Fernán-
dez de Kirchner–, sin duda en toda la historia del siglo veinte.
De vivir la segunda etapa de derechos más maravillosa de nuestro
país, que son los doce años de Néstor y Cristina, que fueron increíbles y
que me tocó vivirlos como joven, como adolescente, de vivir el “yo te creo”
y poder acompañar con cada uno de ustedes y cada una de ustedes a
aquellos, aquellas, aquelles que dicen que algo les pasó y que hay alguien
al lado diciéndole: “Yo te creo y te acompaño”. Eso es nuevo en este país,
en este mundo y eso es maravilloso.
Y por último, poder vivir junto a ustedes, a mis compañeras, a mis com-
pañeros, a mis compañeres, que todos los días aprendo algo, que todos los
días me formo un poco más, me deconstruyo y puedo realmente pensar
que podemos ser mejores, vivir mejores y dejarles a los pibes, las pibas y
les pibis que vienen atrás, un mundo donde van a ser más libres, donde van
a poder vivir felices y donde van a poder vivir en paz, que es el derecho que
debieran tener cada uno de los niños, niñas y niñes de nuestro país.
Nada más. Gracias compañeros, compañeras, compañeres.
Moderadora: Le paso la palabra a la compañera Cristina Monserrat
Hendrickse.
Cristina Montserrat Hendrickse (CMH): Buenos días a todas, a todos y,
bueno, voy a tratar de abordar el tema de los límites a la violencia política.
Silvina refirió algunos hechos históricos de violencia política: el bombardeo
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de la Plaza de Mayo, el golpe de Estado del 76, los desaparecidos, hasta
llegar al reciente hecho de la tentativa de femicidio, de magnicidio contra
Cristina Fernández de Kirchner. Y siempre que ocurrieron estos hechos,
que se efectivizó y se concretó en hechos la violencia política, previamen-
te se generaron climas. Recordemos aquel discurso de Salvador Allende,
ese discurso famoso, póstumo, del 11 de septiembre de 1973, en el que
dijo que la reacción había creado clima. Esa creación de clima, vinculada
a los discursos de odio, es el paso previo y necesario para poder llegar a
la violencia política, para poder plasmarla en hechos. Entonces, también
tenemos que ver qué limitaciones hay, y qué limitaciones deberíamos crear,
para tratar de reducir o controlar los efectos de esos discursos de odio. Los
discursos de odio generalmente se amparan en un derecho importantísimo
para la democracia que es la libertad de expresión, el derecho de toda per-
sona a expresar sus ideas libremente. Esto está reconocido en la Conven-
ción Americana de Derechos Humanos, que en el año 94 fue incorporada
a nuestra Constitución. Para quienes no están en el tema jurídico, el dere-
cho es como una pirámide. No todas las leyes son caciques, sino que hay
unas que mandan y otras que obedecen. Y en la cúspide de esa pirámide,
arriba de todo, está la Constitución y están los tratados internacionales de
derechos humanos incorporados, entre ellos, la Convención Americana de
Derechos Humanos, que regula la libertad de expresión, la reconoce como
derecho humano y establece la prohibición de censura previa. No se puede
hacer callar a alguien antes de que hable. Y también establece que solo hay
responsabilidad ulterior. Respondes después de que dijiste lo que dijiste. Si
un discurso de odio afecta la honra y la dignidad de una persona, respondés
después. Sin embargo, la misma Convención establece limitaciones a esa
censura. En el inciso 5 del artículo 13, dice que estará prohibida por la ley
toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio que consti-
tuyan incitaciones a la violencia, o cualquier otra acción ilegal similar contra
cualquier persona o grupo de personas por ningún motivo, inclusive los de
raza, color, religión, idioma u origen nacional. No nombra la palabra ideolo-
gía, pero dice “por ningún motivo”, o sea que se podría prohibir la propagan-
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da que incita al odio. Esta propaganda que incita el odio la vemos todos los
días, recién hablaba la compañera de la estética, de cómo nos estigmatizan
por la estética. Y bueno, hemos visto a Etchecopar burlarse de cuando asu-
mió como ministra Batakis; se burlaban y naturalizamos esos chistes. Los
tomamos como algo natural, la estigmatización del adversario convertido
en enemigo y, después, desnaturalizada su humanidad. Deshumanizado, y
al ya no ser humano, bueno, todo está permitido. Se lo puede exterminar, se
lo puede matar. Era la lógica de la dictadura, que los adversarios no tenían
ningún derecho. Ahora en nuestra legislación está la Ley 23592, de Actos
Discriminatorios, que pone en cabeza de la persona que sea discriminada
la posibilidad de exigir el cese de la discriminación y una indemnización.
Una indemnización para reparar el daño moral que le causó esa discrimina-
ción. Lamentablemente, frente a los medios, no hay ningún precedente de
una demanda contra un medio por actos discriminatorios. Sí ha habido de-
mandas por lesiones a la honra y la dignidad de la persona, y en esto el Po-
der Judicial ha sido muy laxo y muy flexible haciendo prevalecer la libertad
de expresión por sobre la honra y la dignidad. Y lo vemos en el caso reciente
de la Cámara Civil de la Capital –no recuerdo qué sala fue– que confirmó
el rechazo de la demanda que Cristina Fernández de Kirchner dirigió contra
Eduardo Feinmann por tratarla de “chorra” (“se la llevaron toda”). Bueno, ya
conocemos todos, todas, las estigmatizaciones que construyó el discurso
de odio, entonces, bueno, quizá también deberíamos encarar ya, no desde
el punto de vista individual de la lesión de la honra y de la dignidad de la
persona damnificada, sino desde el punto de vista de la discriminación, de
la discriminación a la o pinión política, de la discriminación a un partido po-
lítico o a una expresión política, que hoy son materia común en los medios.
El “kuka”, “cabeza de termo”, el “choriplanero”, “no sirven para nada”, “seguro
que vivís del Estado” y todo lo que pueden leer todos los días, y si tienen
la fuerza y el valor de entrar en las redes y discutir con gente de derecha,
seguramente van a recibir todo ese tipo de escupidas.
Esto es lo que da la ley antidiscriminatoria, y establece también la
pena, en el art. 2°, que eleva en un tercio el mínimo y en la mitad el máxi-
100
mo de todo delito que sea cometido por odio racial, religioso o nacionali-
dad, pero no incluye el odio político. O sea que, como es materia penal que
tiene prohibida la analogía, no puedo copiar e integrar el delito tomándole
prestado a otra norma y queda excluido. No existe un delito en este país
que pene el odio ideológico; sí pueden incluirse otras categorías en los re-
clamos civiles. Hay un fallo de la Corte del año 2021, el caso Caminos, en
el que incluye la discriminación por género en un juicio laboral donde una
maestra de un colegio confesional había sido despedida, en la provincia
de Córdoba, porque había aparecido en los medios mostrando que había
iniciado una relación de pareja con un exalumno del colegio donde traba-
jaba. No era la “buena mujer”, no era la “buena docente”, y fue despedida.
Inició el juicio por despido discriminatorio. Lo perdió en primera instancia,
en la Cámara y en el Superior Tribunal de Córdoba. Pero lo pudo dar vuelta
en la Corte, porque la Corte entendía que las categorías para discriminar
que describe el art. 1° de la ley antidiscriminatoria eran ejemplificativas y
no taxativas. Pero esto que sí sirve para el derecho civil, no nos sirve para
el derecho penal. No tenemos ningún delito que pene por odio ideológico
o por pertenencia ideológica. También el art. 3° de la ley antidiscrimina-
toria tiene un tipo penal pero no incluye la violencia por razones políticas.
En el Código Penal, el art. 80 fue modificado en el año 2012, cuando se
incorporaron las agravantes de lo que llamamos el femicidio, que es el
homicidio por razones de género, que en lugar de aplicar una pena de 8 a
25 años, la incrementa a prisión perpetua y también incluye el homicidio
por odio, pero es por odio a una raza, a una religión, a la identidad de gé-
nero o a la orientación sexual. No está incluida en el tipo penal la violencia
política, el odio por violencia política. Tampoco el art. 50 del Código Penal
da lugar a computar la reincidencia de la pena cumplida por delitos po-
líticos. Sabag Montiel, si es condenado y se califica como delito político
a su atentado, a su tentativa del magnicidio o de femicidio, no va a ser
computado a los fines de la reincidencia, que tiene efectos. Cuando vos
tenés muchas reincidencias, ya te ponen otro tipo de este castigo. Entre
el agravamiento del homicidio está también el agravante con pena de pri-
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sión perpetua al que cometiera homicidio contra policías o miembros de
las fuerzas de seguridad, estando ellos en funciones o en razón de ser
policías. Si lo mato porque es el “pata de lana”, no; si lo mato para robarle,
no, pero si lo mato por policía o porque está en funciones de policía, tengo
la pena de prisión perpetua. Y fíjense qué cosa, ¿no?, cuando se hizo eso
estarían matando muchos policías, pero no estaban intentando matar
vicepresidentas. O sea que es un desafío para el Congreso que toda la
línea sucesoria de la institución democrática, presidente, vicepresidenta
–que esté toda la línea de sucesión– también tenga al menos el mismo
agravante que existe para las fuerzas de seguridad, salvo que tengamos
un resabio de la dictadura y que creamos que la vida de un policía, por su
función pública, vale más que la vida de una vicepresidenta.
En el Código Civil y Comercial también está la posibilidad de demandar
a quien ofende; esto, vinculado a la honra y a la dignidad, no a la discrimina-
ción, no al odio. Y sí hay un caso de censura, pero no contra un medio, sino
un caso de la Corte Suprema en su composición del año 2009 –no la de
ahora–, donde confirma una sentencia de la Cámara Electoral que rechazó
la personería a un partido político, que era el partido político Nuevo Triunfo,
dirigido por Biondini. No sé si lo recordarán, pero más o menos dice que la
Argentina se obligó a respetar y efectivizar los derechos humanos, el dere-
cho a la no discriminación; entonces, no puede validar a un partido político
que dice que va a desbaratar la red homosexual que contamina la Argentina
y que trata de subhumanos a un montón de categorías y de colectivos vul-
nerables, y que usaba simbología muy similar a la del Tercer Reich, a la del
nacionalsocialismo; bueno, por eso este partido no fue habilitado. Después
Biondini se maquilló, cumplió con los recaudos y le habilitaron otro, Bandera
Vecinal –creo que es algo así–, pero no puede usar la esvástica, ni hacer el
saludo nazi, ni hacer de Micky Vainilla cuando hace sus actos políticos.
¿Qué nos queda pendiente? Ya más o menos sugerí el tema de pena-
lizar la violencia política y cuando el crimen se comete por odio político
o por odio a la ideología. Ahora que está de moda la ultraderecha antico-
munista –hasta Larreta es comunista para esta gente, la ministra Acuña,
102
todos son comunistas menos ellos–, lo peor de todo es que todo esto se
difunde en los medios, y nosotros, “con la nuestra” (como le gusta decir
a la derecha), financiamos eso con la pauta oficial, la de Nación, la de las
provincias y la de los municipios. Hacemos publicidad en esos medios en
la franja horaria en que están esos programas, el de Canosa, el de Etche-
copar, por nombrar algunos, si no vamos por la radio, y ni hablar por las
redes. Entonces, estamos pagando nuestra propia discriminación.
Por ejemplo, América 24 fue el segundo en pauta oficial en el año
2021, con 690 millones de pesos, y en A24 tenemos a estos dos que nom-
bré, Viviana Canosa (bueno, por suerte ya no la tenemos más) y a Baby
Etchecopar y Feinmann. Esto, así lo googlean: pauta oficial 2021. Hay una
nota de La Nación, [el periodista] publica que está enojado porque no está
entre los primeros, primero está el grupo Clarín, aunque les sorprenda;
segundo, América 24, y esto porque, bueno, hay tres fallos de la Corte,
en distintas composiciones, en distintas épocas; el primero, del año 97,
que es “Emisiones platenses contra la municipalidad de La Plata”, donde
se había excluido de la pauta publicitaria a todas las publicaciones de
propiedad de las empresas demandantes. El caso llega hasta la Corte,
que dijo que retirar la pauta oficial en forma discrecional es arbitrario sin
ninguna justificación, es un modo de censura indirecta, y se estaría vio-
lando la libertad de expresión. Esto lo repite la Corte en la composición
del año 2002, en el caso de Editorial Río Negro S. A., provincia de Neuquén,
a la que le habían quitado la pauta. Creo que era Sobisch el gobernador
en esa época; le quitó la pauta editorial al diario Río Negro porque escri-
bía notas que no le gustaban a Sobisch. Después, Editorial Perfil contra el
Estado Nacional, del año 2011, también ratifica esta doctrina de la Corte
de que no se puede quitar la pauta en forma arbitraria y hago eje en esto,
“en forma arbitraria”. Si yo, que me obligué como Estado ante la comuni-
dad internacional y ante la comunidad interamericana a no discriminar, a
respetar el derecho a la no discriminación y a tomar medidas de derecho
interno para efectivizar ese derecho a la no discriminación, no sería ar-
bitrario que suspendiera, redujera o eliminara directamente la pauta ofi-
103
cial, en forma objetiva y con una ley previa, como marca el art. 35 de la
Convención Americana, que tiene que haber una ley. Si hay una ley que
establece en forma objetiva las justificaciones para quitar la pauta, ya no
serían aplicables estos fallos de Editorial Perfil, de Editorial Río Negro y de
Editorial Platense, y dejaríamos de financiar los discursos de odio… Que se
la paguen ellos, ¿no? El que quiera un odiador que se lo pague.
Bueno, esto es más o menos lo que nos quedaría pendiente, como
límite, no poquitas cosas… pavaditas… sino modificar el Código Penal e ir
contra los medios. Lo van a sentir como un ataque dictatorial. Y claro, va-
mos a tener a todos en contra, pero vale la pena intentarlo y hacer eje en
las cuestiones objetivas de definir bien el discurso de odio y cuándo esto
sería causal para quitar la pauta, porque no siempre está el mismo gobier-
no, y si algún día cambia la situación, esas leyes, sin pauta objetiva, pue-
den ser usadas en contra de eventuales opositores. Bueno, redondeando,
lo que quedaría pendiente es incluir en el Código Penal, como agravante
por razones de odio, el odio político, el odio ideológico, la discriminación
ideológica; el tema de la pauta, de regular la pauta, que estas son cues-
tiones para los poderes legislativos; bueno, el nacional en materia penal.
En materia de pauta, para los poderes legislativos de Nación, Provincia,
Ciudad Autónoma Buenos Aires y municipios. Y algo pendiente para el
Ejecutivo: inteligencia criminal. No nos pueden sorprender “los copitos”.
Bueno, las dejo picando para que tomen notas las legisladoras presentes,
las no presentes y le den forma, y bueno, ojalá se pueda avanzar.
Muchas gracias.
Moderadora: Bueno, ya para culminar el panel de violencia política te-
nemos la palabra de María Rosa Martínez.
María Rosa Martínez: Muchas gracias. Buenas tardes a todos, a todas,
a todes. Muchas gracias por esta invitación y, la verdad, con muchas ganas
también de felicitarlas y felicitarles. A Estela en primer lugar, y también a Fla-
via, a Silvina, a Luciana, que anda por ahí, a todas, a ese equipo maravilloso.
La verdad que yo en la mañana estuve un ratito escuchando a las uni-
versidades hablando de redes, de resoluciones, de autonomía académica,
104
de formación y de feminismo. Me hubiera gustado compartir más, pero
la verdad que creo que un congreso de estas características es una enor-
me oportunidad para poner en común miradas, desafíos y acción. Yo soy
peronista, así que a mí me gusta la realidad efectiva que le debemos a
Perón. Este panel me gusta porque también habla de violencia política, de
violencia de género y de democracia.
Cristina, hace muy poquito, en La Plata, decía que a partir del primero
de septiembre hubo un paso en falso, un paso trascendente en términos
de ruptura democrática. Vivirlo de manera personal y, además, para el pue-
blo argentino, vivirlo con ella en particular como protagonista de un hecho
tan aberrante de violencia política. Al otro día o en ese momento no que-
ríamos ni pensar qué hubiera sido si se hubiera hecho realidad el magnici-
dio, el magnifemicidio. Pero también la tenemos a Milagro presa, a quien
Morales, de una manera casi burda y reiterada, le abre causas que no se
cierran y no se condenan, que no se definen. Y cuando se definen, aparece
otra, y hemos tenido, a lo largo de este periodo, sobre todo de este periodo
posneoliberalismo salvaje, muchas expresiones antidemocráticas.
La verdad que el panel ha dicho muchas cosas en las que yo estaba
pensando, sobre todo, vinculado a la construcción de esta otredad, de ese
otro como cosa. Yo me acuerdo y tengo presente, cuando pienso en estas
cosas, las paredes pintadas con “viva el cáncer”, con Evita, y también pienso
en nosotras, las militantes de los 70. Tuvo que pasar mucho tiempo para
que nos autopercibiéramos y que reconociéramos que la violencia y la tor-
tura habían tenido un ensañamiento particular con nosotras; la violencia se-
xual y el hecho de sostener la vida de las compañeras hasta que dieran vida
y después matarlas, esa era una cosa que pudimos verbalizar y pensarla.
Hubo mucha investigación en torno a eso. Me acuerdo de María Sonderé-
guer y de Violeta Correa recibiendo los testimonios. Fue muy aberrante y
muy doloroso, porque ahí también sentimos que los dictadores habían he-
cho de nosotros cajas sin vida. Empezamos a darnos cuenta de cuánto de
ese ensañamiento era particularmente de género, además de ser político.
Yo creo que cuando hablamos de violencia política y de democracia me pa-
105
rece que también es la asociación de patriarcado, neoliberalismo y capitalismo.
Lucía decía que lo colectivo y lo individual están en juego en esta diná-
mica. Por supuesto que particularmente el capitalismo, para autoabaste-
cerse, ha necesitado de trabajos no remunerados, trabajos que significan
reproducción y cuidado de la vida, en los cuales las mujeres hemos sido
instaladas, cristalizadas en esa función. Aunque hemos salido de nues-
tras casas, y me gusta cuando Dora Barrancos dice “de las casas a las
plazas”. No todas nombramos a las Madres y a las Abuelas que, como
decía Hebe, se sienten paridas por sus hijos. O sea, ese dolor profundo,
lo que hizo fue obligar a una salida desde las tripas, desde lo que más se
siente, que es la vida de aquel a quien una le ha dado vida.
Entonces creo que la asociación es bien directa, todo el tiempo, ¿por
qué el capitalismo nos necesita inferiorizadas? Porque necesita una fuer-
za de trabajo que no para y que no se paga y que en estos últimos tiempos
las estadísticas, el INDEC, con el estudio del tiempo, el uso del tiempo de
las mujeres, siempre da bastante más a las mujeres en esas tareas que
a los varones. Tareas que no solamente no son remuneradas en la casa
sino que tampoco son remuneradas a la hora del trabajo en la comunidad,
donde también padecemos violencia política.
Yo me acuerdo que después de la dictadura, en el barrio donde yo vivía,
las mujeres nos organizamos porque había más pobres, había mucha más
pobreza que antes de la dictadura y la verdad que queríamos que los pibes
nuestros tuvieran un espacio físico donde jugar, donde hacer apoyo escolar.
Nosotras organizamos una colonia sin Estado, porque apenas terminó la
dictadura todavía no existía mucho el Estado, y nosotras trabajamos para
recuperar las instituciones barriales, la sociedad de fomento. Trabajamos
para que la escuela fuera una escuela, no de chapas con tres horas, sino
una escuela con las horas que correspondían, después trabajamos para
armar una guardería comunitaria. Siempre esos lugares los conducían los
varones. La sociedad de fomento, que éramos 25 o 30 mujeres trabajando,
la conducía un varón, y la conducía un varón que venía poco porque estaba
ocupado, porque él sí trabajaba. La escuela, la cooperadora de la escuela,
106
también la conducía un varón, que era muy laborioso, sabía de albañilería,
pero las que íbamos todos los días a hacerle la merienda a los pibes, acom-
pañando a la familia, que padecía violencia de género y a esa mujer había
que ponerla de pie, empoderarla y laburar con ella, y hacíamos grupos y nos
organizábamos, no eran los albañiles. Eso también era violencia política,
una violencia política chiquitita que es difícil de percibir.
Yo digo que uno encuentra, se hace feminista viviendo, y por suerte a
las jóvenes y los jóvenes les vamos transmitiendo algunas cosas, y hay
algunas alertas mayores como “ahora que sí nos ven”. María hablaba de
sindicalismo y yo pensaba en la foto del Cordobazo, que conocimos to-
das hasta Tosco y Raymundo Ongaro, pero las mujeres que estaban en
los costados nunca salían en la foto. Las descubrimos hace poquito y es-
taban en la primera fila, en el centro de la marcha, pero no salían en la foto.
Eran particularmente invisibles. La compañera decía esa cuestión del re-
chazo a lo bravo de las mujeres, a las mujeres bravas. Si bien la revolución
del peronismo la hizo el pueblo y lo hizo a Perón aquel 17 de octubre, sino
no hubiera habido peronismo, a quien se la veía como con mucha más
crítica era a ella, porque se reunía con los sindicalistas, porque le decía a
Perón lo que tenía que hacer, lo manejaba a Perón; y además porque era
ese nexo, casi invisible, entre la realidad cotidiana de nuestro pueblo y las
decisiones políticas. Yo siempre digo, y hay una compañera que se llama
Julia Rosenberg que dice lo mismo y es historiadora, así que ella sí tiene
data, que Eva no es que no fue vicepresidenta porque estaba enferma,
Quijano se murió a los tres meses de ser vicepresidente y nadie pensó
que Quijano estaba enfermo. Eva no fue vicepresidenta porque era impo-
sible aceptar eso para esos militares, era imposible para la gorilada que
creía que era una prostituta puesta en la casa de un general, que había
usurpado un pedazo del lugar que les correspondía a las mujeres de la
élite porteña, no a ella, que era bastarda.
Entonces, yo coincido totalmente con lo que decías, que primero se
construye el odio, después se construye esa otredad cosificada y des-
pués se la violenta hasta el máximo que se pueda. Pero esto empieza des-
107
de abajo, desde lo cotidiano, desde lo diario. Con Eva se fue construyendo
eso. Y en esa rebeldía maravillosa de ella, diciéndoles a las señoras de la
beneficencia que ella no estaba para eso en esta historia y echándolas del
lugar habitual. Por eso digo que las mujeres, cuando hablamos de demo-
cracia y de violencia, tenemos también que volver a hablar de revolución,
porque lo que necesitamos es eso.
No va a ser sencillo, no va a ser algo, como decía Lucía, que nos cedan,
porque hay una maquinaria que es muy superior a la que cotidianamente
podemos manejar. Insisto con el tema económico. Somos baratas y ga-
rantizamos casi gratis la vida, reproducción y reproducción de la fuerza de
trabajo, porque criamos los hijos que van a ser aquellos que laburen a la
par nuestra y a la par. Nos hemos ido liberando y hemos ido conquistando
algunos derechos, pero tenemos triples trabajos.
Entonces, me parece que nosotras tenemos el gran desafío de discutir
los poderes, el poder que se ejerce violentamente hacia nosotras, esta
persecución casi obsesiva de la justicia. Lucía decía lawfare, yo digo gue-
rra judicial, porque me resulta más sencillo. Es guerra judicial y mediática
sistemáticamente horadando la conciencia, porque termina entrando en
la visión de nuestro pueblo, la composición de quién es ella (enfática),
para terminar de exterminarla, y no hay con qué pararlos.
Las leyes sirven, yo anoté algunas que me tiraste. Tenemos que traba-
jar en la Cámara de Diputados de la Nación. Hay una difícil composición
de fuerzas, pero siempre hay que llevarse, hay que tirar la pelota, porque
si es por relación de fuerzas, el pueblo nunca la tuvo. Nunca tuvimos una
relación de fuerza favorable a las transformaciones que queremos hacer.
Cuando pensé en esta charla, encontré en una un relato de ella de una
cena que tuvo con Néstor y con Magnetto, cuando Néstor era presidente.
Magneto fue el principal opositor a la candidatura de Cristina. Decía que no
lo iban a tolerar. Cristina sutilmente –nunca fue sutil–, le preguntó a Mag-
netto cuál era el porcentaje que tenía dentro del diario de la empresa, del
multimedio, y él le dijo con bastante mala cara que tenía un porcentaje me-
nor a la familia. Pero a Ernestina le decía “la directora”, no tenía nombre, y
108
a los hijos les decía “la familia”. Había llegado a una conclusión accionaria
por la cual todos tenían el mismo poder a la hora de tomar las decisiones.
Él, Arata y Pagliaro, creo que se llama el otro, que habían sido en principio
empleados, habían entrado por la política, habían entrado vía Frigerio, el
desarrollismo, y se habían convertido en casi dueños. La verdad que la
figura esa de la directora y la disminución hacia quien tenía algún poder, se
transmitía cada vez que decía alguna otra cosa. Cuando se fue Magnetto,
Néstor le dijo: “Sos picante, Cristina, sos picante, hacerle esa pregunta a
este hombre que se siente tan superpoderoso”. Al tiempo Magnetto sacó
un artículo, que era todo verso, en el que decía que en una discusión entre
Cristina y Néstor había terminado con Néstor golpeándola con un diario
en la cabeza. Fíjense, psicólogos compañeros, un diario en la cabeza. Eran
las ideas y era el poder de lo mediático. Las dos cosas juntas. Era para
que Freud se hiciera una panzada. Después dijeron que en otra pelea con
Máximo le había tirado una torta en el medio del pecho que le había man-
chado toda la ropa. Era realmente para tomar como estudio de caso qué
le pasaba a este hombre con esta mujer. Le pasaban muchas cosas, las
mismas cosas que hoy les pasan a estos jueces, a estos fiscales, a este
poder que empoderó mucho más estos cuatro años de la derecha. Porque
no es lo mismo venir en un espacio de resistencia y construcción política
de derechos, como nos pasó en los 12 años, de a poquito cimentando.
Néstor decía: “Siempre estamos saliendo del infierno, pero estamos en el
purgatorio”. Él nunca hacía demasiadas exclamaciones de los logros por-
que era plenamente consciente de lo difícil que era. Yo digo que era bas-
tante feminista a pesar de ser varón, porque, bueno, él peleó por la Ley de
Identidad de Género más que ninguno, cuando nadie le creía en la Cámara
que se iba a poder votar y cuando sentían los otros compañeros que era
una causa medio pequeña. No hay causas pequeñas. Cada causa tiene su
lugar en este camino de la revolución de las cosas.
Lucía decía: “Me ha tocado vivir en este tránsito de cambio de época”.
A mí me ha tocado vivir en una época en la que nos decían “juventud ma-
ravillosa” y en la que militar no era una cosa demasiado arriesgada, era
109
casi una voluntad necesaria. Después me tocó otra, mucho más difícil.
Pero yo creo que en este cambio de época, lo que necesariamente tene-
mos que hacer muchas veces cuando nos ponemos a mirar el camino,
es pensar que las viejas, las Abuelas y las Madres sin ninguna duda son
faro, sin ninguna duda. Porque encontraron el camino y tardaron 40 años.
Lo que no podemos pensar nosotros es que cuando uno tarda en esa
construcción (40 años), la ganó. La tiene que seguir acumulando, porque
cuando el macrismo quiso avanzar sobre el 2 x 1, las Abuelas no solo se
pararon, sino que dijeron: “Ese 2 x 1 no va a existir”, porque ya había una
acumulación de poder y el pañuelo lo llevamos todos.
Entonces, yo creo que en ese atreverse desde los feminismos nos te-
nemos que atrever, no sé si solo a hacer leyes, también a discutir fuer-
temente la justicia. La justicia es un hueso duro de roer. No se puede
gobernar con tanta contradicción entre el poder Legislativo, el Judicial y
sin gobernar desde el Ejecutivo. Es muy difícil, casi imposible.
Hoy la justicia volvió a hacer un fallo en el que la trata a Cristina de hacer
artimañas porque vuelve a votar en la Cámara de Senadores, quién va a ser
el que reemplace, el que ingrese al Consejo de la Magistratura. Un Consejo de
la Magistratura amañado en el cual el presidente la Corte, que tiene que elegir
y juzgar los jueces, es también el presidente del Consejo de la Magistratura
con una ley que estaba vetada, o sea, que ellos mismos habían dado de baja.
Nosotros estamos frente una situación en la que si no enfocamos
nuestra tarea para garantizar la democracia en este poder Judicial que
ya condenó a Cristina, que ya la condenó, la condenó mediáticamente. Es
más, son tan agrandados los fiscales, que llegaron a decir que no van a
contestar ninguna prueba y eso ya demuestra de por sí que ellos tienen
razón. Yo la verdad creo que se están pasando.
Tengo que terminar y me encantaría escuchar. Yo le decía a Silvina que
no hay tiempo para preguntas ni para intercambios, que es lo mejor de todo
esto, no que uno hable. Pero me parece que tenemos que pensar seriamen-
te en no naturalizar ninguna de las categorías de las cuestiones que están
pasando, ni la guerra judicial, ni la ofensiva mediática, ni la cosificación.
110
La otra vez conté en una reunión que durante la dictadura nosotros pri-
mero éramos jóvenes solidarios, los mejores del barrio, después pasamos
a ser subversivos y después pasamos a ser terroristas irrecuperables. Y
ahí, ¿qué valían nuestras vidas? nada, si éramos eso. Nosotros y nosotras,
los peronistas, si hablamos de política, somos grasas, mugrientos, plane-
ros, locas, kukas. Locas eran las Madres también. Son categorías que se
crean. No podemos controlar la pauta en esta etapa, todavía, pero nos lo
tenemos que proponer.
Te digo más, hay un decreto de necesidad y urgencia por el cual no se
cumple la ley de medios, y hay que derogar ese decreto, es fácil, es cortito.
Hay que saber, compañeras, que si salimos del infierno y pasamos por el
purgatorio y tuvimos un breve cielo entre el 2003 y el 2015, lo podemos
recuperar, pero no nos quedemos tranquilas. Lo podemos recuperar, pero
hace falta militancia, claridad, objetivo, estrategia, táctica, aquellas cate-
gorías que parecen de otra época pero son valiosísimas. Ahora que nos
empoderarnos y las mujeres vamos a discutir la economía, no nos quere-
mos quedar con un trabajo que nos pesa, nos agobia, nos cansa y encima
no nos pagan. Es amor, yo siento todo el tiempo que es amor, pero no está
remunerado y el trabajo se paga.
Gracias.
Silvina Perugino: Sí, la verdad que es un panel para seguir hablando y
debatiendo, pero estamos ya en el cierre. Gracias, compañeras, me que-
dan resonando algunas palabras: participación, organización, revolución,
se habló de revolución acá y pensaba, para resumir, que ante esta vio-
lencia política, esta violencia de la que hoy también se habló, que tiene a
una de las grandes enemigas, que somos nosotras, somos las feministas,
entonces a esta violencia política ponerle organización, más y más orga-
nización feminista, que ese va a ser el camino.
Un gran aplauso para las compañeras y vamos al cierre.
111
“Programa Mariposas”
La importancia de la construcción de
memoria como política de reparación
simbólica
Autora: Manuela Pita.19
112
asentar espacios destinados a sostener una memoria activa que apunte a
la reparación, entendiendo que las violencias letales por razones de géne-
ro implican una violación a los derechos humanos, cuyo daño se extiende
a familiares, allegades y a la comunidad en su conjunto.
Desde sus primeras acciones en el año 2021 a esta parte, el programa
Mariposas ha construido una propuesta metodológica para el desarrollo
de sus líneas de acción, que entiende a la escucha activa y al testimo-
nio de familiares como aporte fundamental para la construcción y con-
solidación de esta política pública, a la vez que se constituye en un acto
reparatorio en tanto reconoce las trayectorias de lucha y estrategias de
esos familiares y allegadas/os para mantener viva la memoria de quienes
fueron sus hijas, hermanas, madres, amigas.
En ese sentido, este congreso fue sede de dos acciones propuestas
por el marco de este Programa, a saber:
I. Primer Encuentro Provincial de Familiares de Víctimas de Femicidios;
II. Exposición de la Muestra “Atravesadxs: familiares de víctimas de femi-
nicidios, travesticidios y transfemicidios”.
113
mamá de Araceli Fulles; María de los Ángeles Zárate y Adolfo Elías Zarate,
mamá y abuelo de Eliana Mendilaharzu; Manuel Iglesias, hermano de Lau-
ra Iglesias; Esperanza Valdiviezo, mamá de Yesica Paredes; Lorena Rive-
ro, hermana de Laura Rivero; Florencia Cabrera, mamá de Claudia Salgan;
Carola Labrador y Alfredo Omar Rodríguez, mamá y papá de Candela Sol
Rodríguez; Susana Cancellier, mamá de Nadia Ferraresi; Claudia Sánchez,
mamá de Camila Tarocco; Patricia Godoy, mamá de Marisol Gunther; Ma-
ría Rosa Garrido, hermana de Karen Bustamante; Mirtha Claudia Garnica,
mamá de Karen López; Ana Soto, mamá de Analía Aros.
El encuentro tuvo como propósito generar un espacio para la articula-
ción de las experiencias y trayectorias de los y las familiares; y construir
propuestas y líneas de acción de cara al año 2023 que puedan enmarcarse
en la prevención y concientización de las violencias por razones de género.
Cabe mencionar que para llegar a esta instancia se realizó el jueves 3
de noviembre de 2022 un preencuentro virtual con las y los familiares. En
el mismo se presentó el programa del Congreso y se trabajó de manera
conjunta para identificar los principales emergentes que luego constituye-
ron los ejes temáticos abordados en el encuentro presencial.
En ese sentido, los ejes trabajados, como resultado del encuentro previo,
se materializaron en el taller realizado en el marco del Congreso, en torno a:
Acceso a la justicia
Esta fue la principal temática abordada durante el encuentro. Se propu-
so, a partir de las propias trayectorias y experiencias de lucha, identificar
los nodos institucionales críticos que dificultan u obstaculizan el acceso
a la justicia. Se señaló principalmente la falta de perspectiva de género
por parte del Poder Judicial, en particular de fiscalías, y el problema del
acceso a la información, la falta de asesoramiento y de acompañamiento
tanto jurídico como psicológico.
A partir de este diagnóstico situacional surge como propuesta la ne-
cesidad de que el Estado garantice patrocinios jurídicos gratuitos con
perspectiva de género. Asimismo, se hizo referencia a algunos fallos em-
114
blemáticos, se expusieron situaciones concretas y se plantearon, de ma-
nera incipiente, las estrategias para acompañarse en red, dando cuenta
de la importancia del rol de las y los familiares en la construcción de redes
y recursos para el acompañamiento de otras situaciones.
115
realizadas con la mayoría de las y los familiares presentes, y la articula-
ción de esas acciones en el marco del programa Yendo21. A partir de allí
se intercambiaron líneas propositivas de estrategias y herramientas para
la prevención de las violencias por razones de género, considerando el
testimonio como herramienta de transformación social y el rol de las y los
jóvenes en la prevención de las violencias por razones de género.
Exposición de la muestra “ATRAVESADXS, familiares de víctimas de
feminicidio, travesticidio y transfemicidio22
21 El programa Yendo (Nro. Res. 696/22) de la Subsecretaría de Políticas contra las Violencias
por Razones de Género, tiene por finalidad prevenir las violencias por razones de género en las
juventudes. Para ampliar: [Link]
22 Por Eleonora Ghioldi. La autora es fotógrafa y artista visual. Desde las metodologías de la
investigación social incorpora testimonios escritos, audios, videos, instalaciones, y desde el trabajo
de campo al teórico, sus proyectos abordan las problemáticas entre lo privado y lo público, con
una mirada de género. Su obra ha sido exhibida en Argentina, México, España y Estados Unidos
116
ATRAVESADXS es un proyecto de investigación fotográfica que pone
la mirada en los testimonios de familiares de víctimas de feminicidio, tra-
vesticidio y transfemicidio en la Argentina. Estas familias nos enseñan
que no se trata de experiencias individuales sino colectivas y que a través
de la organización política, logran continuar su lucha por el reclamo de
justicia, por parte de estas mujeres y también de sus hijos, que muchas
de ellas dejan atrás. Con más de noventa testimonios, ATRAVESADXS de-
muestra que lamentablemente la violencia no termina en el feminicidio,
sino que continúa en muchas otras formas, desde la violencia mediática
que revictimiza y culpabiliza a las víctimas y también a sus familias, has-
ta la violencia sufrida en el sistema judicial, que no acompaña de forma
apropiada el proceso de solicitud de justicia luego de que se produce el
feminicidio, creando un vacío estatal difícil de sortear.
El proyecto indaga en tres ejes fundamentales: las estructuras de
poder que facilitan que estas violencias persistan, la naturalización de la
cultura de la violación y el mecanismo de poder que se genera desde al-
gunas masculinidades que no aceptan la autonomía de nuestros cuerpos.
Pensar que el problema de la violencia de género solo les compete a las
mujeres es un error fundamental en el camino imprescindible a un cam-
bio profundo que resulta imperativo en nuestra sociedad.
Nuestro país tiene una fuerte historia en lo que refiere a los derechos
humanos y su vínculo con la memoria. La lucha colectiva que permitió
acceder a la justicia dejó una marca cultural y un aprendizaje cuyo legado
tomamos hoy como modelo para tratar la emergencia social que consti-
tuyen los feminicidios, travesticidios y transfemicidios.
Estos tienen un impacto devastador en las familias y personas allega-
das a las víctimas, que hace eco en la comunidad y los distintos ámbitos
donde las mujeres y disidencias asesinadas se desarrollaban. Como ocu-
rrió en el pasado, nombrar, recordar y reparar son acciones indispensa-
bles tanto para honrar las vidas perdidas como para generar la conciencia
y las políticas necesarias para detener las muertes y demás formas de
violencia de género.
117
En ese sentido, el proyecto ATRAVESADXS comparte con el programa
Mariposas objetivos y herramientas de trabajo. Ambos buscan generar
una memoria colectiva a través del arte y las intervenciones en espa-
cios públicos y privados, visibilizando hechos de violencia de género y
sus consecuencias en el entorno de las víctimas, así como también las
dificultades y luchas de sus entornos para lograr un acceso digno a nues-
tros derechos, poniendo en evidencia una violación actual y permanente
a nuestros derechos a una vida digna sin violencias. No hay reparación
posible sin justicia.
#niunamenos
#vivasnosqueremos
#memoriaverdadyjusticia
Reflexiones finales
En el marco del Congreso, nos propusimos llevar a cabo acciones que
den cuenta de la impronta que propone el programa Mariposas. Es por
ello que ambas propuestas (la muestra y el encuentro) ubican en un lugar
de protagonismo a las y los familiares de víctimas de femicidio, ya que
han sido ellos y ellas quienes han orientado el horizonte de esta política.
Asimismo, el programa Mariposas se presenta como una política de
referencia que busca alojar a las y los familiares y allegadas/os, dando un
marco institucional que promueva y genere las condiciones necesarias
para la articulación y organización en las comunidades donde las violen-
cias letales ocurren, poniendo a disposición una serie de herramientas
que trabajen la sensibilización y concientización a partir de la reconstruc-
ción de la memoria colectiva.
En conclusión, el desafío es construir una política pública que se arti-
cule con la comunidad y las instituciones, dando cuenta de la importan-
cia de un Estado presente, con el objetivo de sensibilizar y concientizar
sobre la problemática a fin de lograr el compromiso de la sociedad toda
en la búsqueda de memoria, verdad y justicia y en la construcción de un
118
“Nunca más femicidios, travesticidios y transfemicidios”.
Imágenes:
119
MESAS
TEMÁTICAS
120
MESA 1.1
121
–en el que, entre otras líneas de trabajo se destinan recursos del estado
provincial a los municipios–, se logró fortalecer a los equipos técnicos espe-
cializados. El impacto territorial de ambas decisiones político-institucionales
se vio reflejado en el nivel de concurrencia tanto de organizaciones como de
instituciones, que participaron activamente del Congreso.
De la rica experiencia vertida en las jornadas, se han seleccionado al-
gunos trabajos que dan cuenta de la diversidad de estrategias de aborda-
je de las violencias por razones de género desplegadas en los distintos
territorios de la provincia de Buenos Aires.
Es así que en la ponencia “Experiencias de articulación con organiza-
ciones civiles territoriales que abordan las violencias de género”, de Lore-
na Alderete, Estela Yolanda Álvarez y Sandra Aranda, de la Subsecretaría
de Sensibilización y Prevención de las Violencias del Municipio de More-
no, las autoras dan cuenta de la importancia de lo territorial en el diseño
de la política pública de los Puntos Violeta, rescatando las experiencias
comunitarias previas y tomando en cuenta los saberes propios de las
organizaciones, desde una perspectiva del feminismo popular, y con la
impronta de la descentralización de la gestión pública.
Asimismo fue presentada la experiencia del Organismo Provincial de
Integración Social y Urbana –OPISU– en el trabajo “Promotoras comuni-
tarias en género y diversidades en barrios populares” de Julieta Esquibel,
María José Herrero, Kevin Lynch y Juan Pablo Molina, en el que se detalla
el proyecto llevado a cabo en el barrio 17 de Noviembre, de la localidad de
Lomas de Zamora, de gran articulación con organizaciones de la socie-
dad civil, a través de promotoras comunitarias, fortaleciendo así las redes
territoriales entre las instituciones estatales en todos sus niveles, y las
organizaciones barriales.
En el trabajo “La importancia de las y los acompañantes en violen-
cias por razones de género: trayectorias, experiencias locales y regiona-
les”, presentado por Laura Carrera, Florencia López Ruiz, Nora Marchese,
Laura Martínez y Adriana Vargas, de la Secretaría de Mujeres y Diversi-
dades del Municipio de Quilmes, se detalla el programa Multiplicadoras
122
Territoriales de Género –MTG–, en el que no solo se parte desde la expe-
riencia de las organizaciones, sino que se las potencia con procesos de
formación; cuentan en la actualidad con cuatro cohortes de compañeras
de organizaciones que han participado, combinando la virtualidad y la
presencialidad en este proceso, contemplando las temáticas de interés
que fueron presentadas por las y les participantes, entregándose material
formativo y organizando talleres con temas diversos.
El marco del Congreso provincial permitió compartir estas y muchas
otras experiencias de gran riqueza. Continúa siendo uno de los desafíos
más importantes al momento de diseñar y desplegar las políticas públi-
cas en materia de género, considerar las experiencias de cada uno de
los territorios, fortaleciendo las redes comunitarias que podrán sostener
esas políticas, redes que constituyen herramientas fundamentales en la
visibilización y el acompañamiento situado, avanzando hacia un paradig-
ma de autonomía y protagonismo en el camino hacia una vida libre de
violencias.
123
MESA 1.1 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
124
mujeres y diversidades. Una política pública de vanguardia, pionera en
la provincia de Buenos Aires, la cual recupera la experiencia territorial y
comunitaria de las compañeras con base en el feminismo popular de los
barrios, desde la pedagogía de la educación popular para llevarla adelante
en el distrito.
Promueven la construcción de una vida digna y libre de violencias; es-
tán pensados y creados como espacios dentro de los territorios para la
escucha, orientación y derivación de aquellas mujeres de nuestros barrios
que se encuentran en estado de vulneración, transitando diferentes tipos
de violencias.
125
En febrero de 2022, la Subsecretaría tenía funcionando un total de 20
Puntos Violetas, distribuidos en las siete zonas programáticas del distrito.
Desafío que tiende a facilitar el acceso de las atenciones descentralizadas
para la salida de las violencias, duplicando en el territorio los Puntos Vio-
letas existentes. Para ello se reforzó el equipo de trabajo a cargo de este
programa, sumando a la coordinación del mismo, cocoordinadores distri-
buidos por zonas: Moreno Norte, Moreno Sur, Cuartel V, a fin de lograr un
seguimiento minucioso del funcionamiento e impacto de los puntos en
cada barrio. Como función principal, estas cocoordinaciones articulan en-
tre los diferentes puntos de la zona y acompañan permanentemente a las
promotoras que se desempeñan en ellos.
Actualmente hemos superado ampliamente nuestro objetivo inicial de
comienzo de año, llegando a un total de 64 Puntos Violetas los cuales se
encuentran desarrollando actividades en el territorio.
1.777 promotoras territoriales Micaela García, 530 activas.
126
permanente, convirtiéndolo en un lugar donde las mujeres y disidencias
se sientan acompañadas y contenidas, incorporando herramientas para
promover su autonomía y fortalecer su autoestima.
El presente informe sistematiza el trabajo de los Puntos Violetas, las
derivaciones realizadas y las características de las situaciones atendidas.
3% 2%
5%
6% Cuartes V 46%
M. Norte 25%
Trujuy 13%
13% 46% M. Sur 6%
Álvarez - La Reja 5%
Paso del Rey 3%
25% M. Centro 2%
127
Existencia de denuncias
Existencia de ingresos
10%
21% Sí 69%
Sin información 21%
No 10%
69%
128
Indicadores de riesgo
2%
4%
129
27
Conclusión
Con la creación del programa Puntos Violeta y el programa de Promotoras
Micaela García, el distrito logró impulsar una política pública con perspec-
tiva de género que no solo facilita el acceso a la atención y asesoramien-
to para la salida de las violencias por razones de género, sino que, a su
vez, trabaja con aquellas mujeres que pertenecen al programa Potenciar
acompañando los propios procesos, empoderándolas y fortaleciéndolas.
El aumento de los dispositivos de escucha propició las atenciones y
seguimiento de las situaciones de aquellas mujeres y diversidades que se
encuentran transitando esta problemática. Además, las capacitaciones,
al tener algunas convocatorias abiertas, funcionaron como estrategias de
promoción de los dispositivos territoriales y la desnaturalización de las
prácticas patriarcales ancladas en la vida cotidiana. En comparación con
130
el 2020 y el contexto de pandemia, podemos decir que el programa de
Puntos Violeta fue una herramienta fundamental para la disminución de
situaciones, con gran convocatoria de la población para la participación
en los mismos.
131
Bibliografía
132
MESA 1.1 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Promotoras Comunitarias
en Género y Diversidades
en barrios populares bonaerenses
Autoras y autores: Julieta Esquibel28, María José Herrero29, Kevin Lynch30,
Juan Pablo Molina31
Introducción
El presente trabajo desarrolla la ejecución del programa de Políticas
Transversales de Género, implementado desde el Organismo Provincial
de Integración Social y Urbana (OPISU) en la provincia de Buenos Aires,
buscando abordar las problemáticas vinculadas a los géneros y diversida-
des tanto al interior del mismo como en los procesos de intervención en
las villas, asentamientos y complejos habitacionales bonaerenses donde
se implementan los programas y proyectos.
En un primer momento, se describirán brevemente los objetivos ge-
nerales de la política, como así también su estructura de funcionamiento,
para luego centrarnos en profundizar la experiencia de implementación
del proyecto Promotoras Comunitarias en Género y Diversidades, desa-
133
rrollado en el barrio 17 de Noviembre del partido de Lomas de Zamora en
el marco de dicho Programa, vinculado al acompañamiento y prevención
de las violencias por motivo de género.
Desarrollo
El programa de políticas transversales de género en el marco de
OPISU
OPISU, como autoridad de aplicación de la Ley 14449 de Acceso Justo al
Hábitat, trabaja en los procesos de reurbanización de barrios populares,
asentamientos y núcleos habitacionales transitorios. Además de las políti-
cas de integración urbana tendientes a garantizar el acceso a los servicios
básicos, el Organismo tiene entre sus funciones colaborar, por medio de la
coordinación con las instituciones competentes, con la aplicación de polí-
ticas que tengan por objeto favorecer el desarrollo humano, económico y
urbano de manera integral con la finalidad de mejorar sustancialmente el
acceso a la salud, la educación, la justicia, la regularización dominial y la
seguridad en los barrios populares de la provincia de Buenos Aires32.
Particularmente, entre sus acciones el Organismo impulsa el progra-
ma de Políticas Transversales de Género, aprobado en el año 2022 por
la Resolución 41 de la Dirección Ejecutiva, que tiene por objetivo inter-
venir en las problemáticas vinculadas a las desigualdades y violencias
por motivos de género33, 6 con incidencia al interior del OPISU y en los
barrios populares donde se desarrollan los programas y proyectos del Or-
ganismo. El fundamento del Programa parte de entender el acceso justo
al hábitat desde una perspectiva de interseccionalidad, visibilizando las
diferentes desigualdades materiales y simbólicas que operan sobre las
mujeres y las diversidades que habitan en barrios populares en el efectivo
134
acceso al derecho a la ciudad y la vivienda digna, haciendo necesaria la
transversalización de la perspectiva de género y la interculturalidad en las
políticas de integración social y urbana para reducir las mismas.
Para su implementación, el Programa se estructura en torno a tres
ejes cuyo común denominador es considerar al género “como la organiza-
ción social de la diferencia sexual y como una herramienta analítica rela-
cional que da cuenta del carácter histórico de todo sistema social y, por lo
tanto, de las relaciones que lo ordenan”, en términos de Joan Scott (1986).
El primer eje del Programa se vincula con la transversalización de la
perspectiva de género en los planes integrales y programas del Organis-
mo, teniendo como población objetivo a las personas que forman parte
de la planificación y ejecución de las políticas de integración social y ur-
bana. “Pensar la política desde la dimensión de género implica pensar
el impacto de las mismas sobre las mujeres y las personas LGTBI+, de
manera que no solo no reproduzcan desigualdades sino que también pro-
muevan cambios reales que habiten nuevas formas de reconocimiento”
(Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual: 2021).
Este enfoque busca formar y transformar a los agentes del Estado para
diseñar e implementar políticas públicas que contemplen las desigualda-
des entre los géneros.
El segundo eje del Programa se propone realizar capacitaciones y
jornadas de sensibilización en temáticas de género y diversidades con
las organizaciones productivas y comunitarias que implementan los pro-
yectos en los barrios populares. En ese sentido se trabaja en seis ejes
principales en articulación con el Ministerio de las Mujeres, Políticas de
Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, orientados a
Cooperativismo Inclusivo; Género y Deportes; Estrategias Comunitarias
para el Abordaje y Salida de las Violencias; Derechos Sexuales y/o Repro-
ductivos; Masculinidades para la Igualdad, y Educación Sexual Integral.
El tercer eje busca brindar herramientas de acompañamiento ante si-
tuaciones de violencia por razones de género a trabajadorxs del Organis-
mo, personas incorporadas en las cooperativas y, en general, a quienes
135
habitan los barrios populares, que soliciten orientación ante estas situa-
ciones. Para el abordaje de estas situaciones, también se trabaja en arti-
culación con el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad
Sexual y las áreas de género de los gobiernos locales.
Tomando en consideración los últimos dos puntos expuestos, y te-
niendo en cuenta el eje temático que nos convoca, nos interesa destacar
las experiencias de articulación con organizaciones de la sociedad civil
a través del Proyecto de Promotoras comunitarias en Género y Diversi-
dades, realizado como primera experiencia en el barrio 17 de Noviembre
con la Organización Mujeres del Sur por la Igualdad y la Equidad34 en el
municipio de Lomas de Zamora de la provincia de Buenos Aires, donde el
Organismo lleva adelante un plan de integración social y urbana.
34 Asociación Civil constituida en el año 2009, que tiene como base territorial barrios de Lomas
de Zamora y de algunos otros distritos aledaños. Los ejes de trabajo de la organización son
la capacitación desde una perspectiva de géneros, la participación popular, la articulación de
programas estatales con el territorio y la organización barrial.
136
do de las estrategias comunitarias de prevención y abordaje vinculadas a
problemáticas de género y diversidades en el barrio, permitió reconocer y
vincularse con aquellos actores territoriales que trabajan en relación a esas
estrategias (fortaleciendo una red junto a instituciones estatales y organi-
zaciones comunitarias) y propició la generación de recursos técnicos para
el abordaje de las violencias por motivos de género. Entre esos recursos
se destaca un protocolo de actuación y una planilla de relevamiento para
el abordaje de violencias por motivos de género, ambos realizados por el
equipo de promotoras y consensuado con el área local de género.
137
sobre todo, pueden construir redes comunitarias de cuidado y de escucha
desde una perspectiva de género.
En segundo lugar, se impulsó la incorporación de recursos materiales
(herramientas) y técnicos (capacitaciones) para la consolidación de espa-
cios de trabajo cooperativo relacionados a textil y panificados, según las
demandas específicas y capacidades de cada organización. Consideran-
do que las organizaciones que participan en el proyecto realizan otras ac-
tividades comunitarias y productivas, se busca fortalecer los mismos ya
que se trata de herramientas concretas para la autonomía de las mujeres
y diversidades. También, al igual que la huerta, son espacios que invitan al
encuentro y a la construcción y consolidación de lazos sociales.
35 Estas acciones se llevan adelante a través del programa de Mejoras de Espacios Comuni-
tarios Productivos, impulsado desde la Dirección Provincial de Integración Social, OPISU9 La
organización comunitaria del barrio 17 de Noviembre tiene una gran base de colectividades
latinoamericanas. Entre la población extranjera que representa un 38,3 % del total, se destaca
la población nacida en Bolivia (17.7 %), Paraguay (14,5 %), Perú (5,8 %), y otros países -Uruguay,
Chile, España, Ecuador, Brasil, Cuba, Estados Unidos- (0,3 %), según datos del INDEC (2010) y
RENABAP (2020).
138
vinculado a consolidar el trabajo con comunidades migrantes9, incluyendo
acciones adecuadas para el abordaje y prevención de las violencias y el
acceso a derechos considerando las diversas costumbres, culturas y tradi-
ciones del barrio 17 de Noviembre. De esta forma se incorpora un foco en
la población migrante, incluyéndose una (1) coordinación técnica y dos (2)
promotoras que permitan garantizar las acciones mencionadas anterior-
mente, fomentando la valorización de las tareas que llevan adelante.
Reflexiones finales
A la hora de pensar las posibles experiencias que se dan en el marco del
programa Políticas Transversales de Género de OPISU para compartir en
una mesa que aborda las metodologías de abordaje de las violencias por
razones de género, consideramos que la experiencia de implementación
del Proyecto de Promotoras Comunitarias en Género del barrio 17 de No-
viembre reúne los matices más interesantes para ser analizados y pues-
tos en común. Esta consideración se fundamenta en tres aspectos: la
activa participación de la comunidad del barrio en el proyecto, la articula-
ción interinstitucional e interjurisdiccional que se da entre las organizacio-
nes comunitarias y los distintos niveles del Estado Municipal, Provincial y
Nacional, y la jerarquización de las figuras de las acompañantes.
La activa participación de la comunidad en el proyecto se ve claramen-
te reflejada en la red entre las organizaciones comunitarias que él mismo
ha permitido fortalecer. Las compañeras de Mujeres del Sur, Un paso al fu-
turo, capilla Ceferino Namuncurá, Cooperativa Textil “Mujeres en Acción”,
Wawa Wasi Caritas Alegres, Merendero San Cayetano y Junta Vecinal
“Todo Corazón” no solo se han capacitado como equipo y han realizado
jornadas de sensibilización en perspectiva de género para la comunidad,
sino que también han impulsado la convocatoria para participar con veci-
nes de manera conjunta en fechas y eventos significativos para las muje-
res y diversidades del barrio. En ese sentido han planificado y ejecutado
139
jornadas barriales en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabaja-
dora, el Primer Encuentro de Géneros y Diversidades en el barrio realizado
el 30 de octubre del año 2021, y posteriormente el Segundo Encuentro en
el año 2022, ampliando la participación de mujeres referentes de otros
barrios populares bonaerenses (C. Gardel y Pte. Sarmiento, Morón; Villa
Itatí Quilmes;Villa Porá, Lanús; Biocca y San José, San Vicente), donde se
pusieron en común estrategias colectivas de prevención y abordaje de las
violencias por motivos de género, como así también temáticas vinculadas
al hábitat y el género, mujeres y migraciones, economía popular, cuidado
y ambientalismo comunitario. Paralelamente se han realizado jornadas
de sensibilización en el marco del Día Internacional de la Eliminación de
las Violencias por Razones de Género, o así también el acompañamiento
como grupo de promotoras a instancias de reclamos por justicia como en
el caso del femicidio de Vanesa Caro, entre otras acciones.
La articulación interjurisdiccional permite hacer efectivos territorial-
mente dos ejes que el programa de Políticas Transversales del OPISU
contempla. Tanto el proceso de capacitación, certificación de saberes y
profesionalización de las promotoras como la conformación de los proto-
colos de actuación y recurseros, no hubiesen sido posibles sin el acompa-
ñamiento del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Nación,
el Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la
Provincia de Buenos Aires y la Secretaría de Mujeres, Género y Diversidad
del Municipio de Lomas de Zamora. También es importante resaltar la
presencia de la Subsecretaría de Educación Popular del Municipio en las
capacitaciones para los trabajos de huerta, panificados y textiles. Desta-
camos, en otras palabras, que no habría posibilidad de consolidar con-
sejerías en las organizaciones comunitarias implicadas en el proyecto si
no estuvieran las capacidades de las promotoras para reconocer y saber
cómo realizar los acompañamientos y la respuesta de los dispositivos
municipales para derivar las situaciones de violencia.
A su vez, los honorarios a las promotoras que participan del proyecto,
junto a la oferta de capacitaciones que tienden a la profesionalización y
140
certificación de las mismas, permite jerarquizar y hacer rentable su traba-
jo como acompañantes ante situaciones de violencias por motivos de gé-
nero: teniendo en cuenta que las mujeres e identidades feminizadas han
realizado históricamente un trabajo de cuidado al interior de los hogares y
comunitario, sobre todo en los barrios populares, garantizar el pago de un
ingreso es un claro avance en el reconocimiento económico y simbólico
por parte del Estado en la tarea que ellas llevan adelante.
En este sentido nos resulta menester resaltar el rol de las referencias
comunitarias en los procesos de integración social y urbana, que me-
diante la generación e implementación de herramientas de prevención
y abordaje de las violencias por razones de género permiten trabajar en
procesos más igualitarios y justos para las comunidades que habitan en
los barrios populares bonaerenses.
A modo de reflexiones finales, celebramos y creemos necesario sos-
tener estas instancias de socialización de implementación de políticas
públicas que permitan dar cuenta y aprender de la heterogeneidad de
herramientas para abordar las violencias por motivos de género con las
que venimos trabajando diferentes áreas del Estado y la sociedad civil.
Nuestra experiencia nos muestra que cuando pensamos en cómo abor-
dar las violencias por razones de género es importante desde la política
pública acompañar a los proyectos que impulsan la profesionalización
de las acompañantes y la construcción de redes barriales. Trabajar con
las propias vecinas del barrio permite no solo reconocer el trabajo que ya
realizaban en el cuidado comunitario, sino también fortalecer el conoci-
miento de la comunidad sobre las herramientas disponibles por parte del
Estado y delimitar estrategias más específicas que recuperen la singulari-
dad territorial del abordaje de las violencias por motivos de género.
La implementación de la perspectiva de género en el Estado es un
camino que requiere del compromiso de todes les agentes estatales. Pro-
mover una cultura institucional que apunte a crear espacios que impul-
sen la igualdad y la equidad es una responsabilidad individual y colectiva.
Considerando que el Estado tiene una deuda histórica con las mujeres
141
y personas LGTBI+, la experiencia que compartimos a lo largo de estas
páginas apunta a seguir trabajando para darle más alcance a más ba-
rrios populares de la provincia de Buenos Aires, en pos de construir una
sociedad más justa con acciones tendientes a erradicar las violencias
por motivos de género, contemplando las trayectorias comunitarias y
en comprensión de la interseccionalidad que implica el habitar las villas,
asentamientos y núcleos habitacionales bonaerenses.
142
Bibliografía
143
MESA 1.1 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Multiplicadoras territoriales de
género en Quilmes: experiencia
de formación colectiva y
fortalecimiento de redes
Autoras: Laura Daiana Carrera36, Florencia Macarena López Ruiz37,
Nora Soledad Marchese38, Laura Mariel Martínez39, Adria Vargas40
Introducción
36 daianacarrera39@[Link]
37 lopeezflorenciaa94@[Link]
38 norasoledadmarchese26385@[Link]
39 laummartinez9@[Link]
40 [Link]@[Link]
144
sentó en enero de 2020 el programa de Multiplicadoras Territoriales de
Género (MTG), declarado de interés municipal por el decreto 0279/21, el
cual fue pensado y llevado adelante por la Dirección de Instituto de Pre-
vención en Violencia de Género. En el marco de la Ordenanza 12976/1841,
se da comienzo al proyecto de capacitación y formación de las MTG inte-
resadas dentro del territorio municipal. El objetivo general del Programa
es brindar las herramientas teórico-prácticas para abordar situaciones de
violencia por motivos de género y conformar grupos de mujeres y diversi-
dades de la comunidad destinado a la promoción, planificación de estra-
tegias y acciones para el fomento de la igualdad de género.
El Programa busca reconocer el trabajo territorial que muchas mu-
jeres y diversidades realizan en los barrios de Quilmes y brindar más y
mejores herramientas para fortalecerlo, destacando la necesidad de ar-
ticulación entre el Estado municipal, organizaciones y promotoras terri-
toriales, para la pronta detección de situaciones de violencia por motivos
de género y consolidar las redes comunitarias y locales. Por otro lado, el
trabajo territorial segmentado permite identificar situaciones y realidades
particulares, y puede así construir estrategias diferenciadas para afrontar
la problemática de manera integral.
Comprendiendo que la construcción de una red de contención y
acompañamiento es elemento fundamental, la Secretaría de Mujeres y
Diversidades busca consolidar el nexo con les vecines de cada uno de los
barrios de Quilmes. Las MTG cuentan con medios para generar la articu-
lación necesaria, como así también para acompañar, asesorar y contener
a mujeres y diversidades que se encuentran atravesando situaciones de
violencia por razones de género.
145
Desarrollo
Desde el inicio del Programa se han llevado adelante cuatro cohortes en
total. Fueron 93 las MTG que culminaron con el proceso de formación,
pasando por dieciséis encuentros con propuestas diferentes. Estuvieron
divididos en ocho talleres teóricos y ocho prácticos; todos de duración de
dos horas, dos veces por semana. Una vez finalizada la cursada, se las
invitó a participar de encuentros mensuales con la Secretaría de Mujeres
y Diversidades, con el objetivo de seguir reforzando nuestras redes y coor-
dinar abordajes y actividades en conjunto.
El contexto de pandemia y las medidas de aislamiento preventivo ante
el COVID-19 nos presentaron el desafío de adaptar el programa a la vir-
tualidad. Así, las primeras tres cohortes de MTG transitaron el recorrido
a través de la plataforma Zoom. La cuarta cohorte, debido a la flexibiliza-
ción de las medidas de cuidados, se pudo realizar de manera presencial
en la Casa de las Culturas del Municipio de Quilmes.
El Programa comenzó destinado a compañeras de organizaciones so-
ciales y territoriales de Quilmes. Luego, en la tercera cohorte, se ampliaron
las inscripciones hacia la comunidad en general. La cuarta cohorte se tra-
bajó en articulación con el programa Potenciándonos del equipo de Asis-
tencia y Fortalecimiento Integral de la Secretaría de Mujeres y Diversidades.
Además del desarrollo de cada temática por parte del equipo de la Di-
rección de Instituto de Prevención de las Violencias por Motivos de Género,
contamos con la presencia de invitades de diferentes áreas del Municipio
de Quilmes para que pudieran contar acerca de las políticas públicas que
desarrollan y cómo estas se relacionan con la perspectiva de géneros.
Los contenidos desarrollados en los encuentros teórico-prácticos son:
• Construcción social de géneros: sistema binario de géneros, reproduc-
ción de estereotipos, roles y atributos socialmente impuestos según la
genitalidad. División sexual del trabajo. Trabajo doméstico y de cuidado
no remunerado.
• Violencias por motivos de género: Ley 26485, de Protección integral
para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en
146
los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. Desarro-
llo de tipos y modalidades de violencia. Herramientas para la asistencia
(escucha activa y distancia óptima). Se cuenta con la participación del
equipo de la Dirección General de Asistencia y Fortalecimiento Integral
y Equipo de Observatorio, ambos pertenecientes a la Secretaría de Mu-
jeres y Diversidades de Quilmes.
• El Rol de Multiplicadoras Territoriales de Géneros: contención, acom-
pañamiento y orientación a las personas en situación de violencia por
razones de género. Acceso a la justicia y presentación de la ruta de
denuncia local. Redes comunitarias y acciones de Incidencia. Mapeo
colectivo y confección de una guía de recursos con perspectiva de gé-
nero. Se cuenta con la participación del Equipo de la Dirección General
de Planificación Territorial de la Secretaría de Mujeres y Diversidades
de Quilmes.
• Acceso a la salud. Derechos sexuales reproductivos y no reproductivos:
presentación de las leyes vigentes de salud con perspectiva de géne-
ro (nacionales, provinciales y locales). Identificación de vulneración de
derechos. Se cuenta con la participación del Equipo de la Dirección de
Gestión Territorial, y equipo de Salud Comunitaria, ambos pertenecien-
tes a la Secretaría de Salud de Quilmes.
• Diversidades sexuales e identidades de género: derechos conquistados
por el colectivo LGBTINB+ (nacionales, provinciales y locales). Mas-
culinidad hegemónica como factor de riesgo. Se cuenta con la parti-
cipación de la Dirección de Diversidades de la Secretaría de Mujeres y
Diversidades.
• Infancias Libres: centrado en información sobre la Ley 26150, de Edu-
cación Sexual Integral, sus bases, ejes y fundamentos. Espacio para ha-
blar sobre el adultocentrismo y el cambio de paradigma respecto de las
leyes nacionales y locales vigentes sobre los derechos de niños, niñas,
niñes y adolescentes. Contando con la participación del equipo de la
Subsecretaría de Niñez y Adolescencia de Quilmes.
Se ha brindado material con diferentes recursos en cada uno de los
147
encuentros teóricos y se ha promovido la participación activa por me-
dio de un espacio de reflexión e intercambio didáctico acerca de lo rea-
lizado en los encuentros previos, con el fin de lograr un trabajo sólido y
en profundidad. Esto permitió ahondar sobre la construcción que traía
cada una de las participantes, por lo que no fue un trabajo lineal sino una
oportunidad de revisar las propias experiencias a partir del análisis de la
estructura social. En el espacio práctico, el equipo de formación acompa-
ñaba con diferentes dinámicas en relación al encuentro teórico anterior,
propiciando una mayor participación, pudiendo trabajar desde una pers-
pectiva transversal e integral con el fin de poder trasladar a futuro dichas
herramientas en el territorio.
Como parte de la formación en el Programa, se les ha propuesto a
cada cohorte tres actividades, en cuya realización contarían con el equipo
de formación y con devoluciones personales y grupales. La primera fue
una invitación a mencionar experiencias previas respecto de efemérides
con perspectiva de género (este punto se desarrollará más adelante); para
la segunda, les propusimos realizar un Mapeo Territorial donde pudie-
ran ubicar distintas instituciones y organizaciones con las que pudieran
contar (centros de atención primaria de salud, centros integrales comu-
nitarios, comedores, comisarías, etcétera), teniendo en cuenta la proble-
mática que fueran a abordar en el marco de la promoción de derechos y
asistencia a mujeres y diversidades en situación de violencia por motivos
de género. Para la realización del Mapeo, recomendamos elaborar para-
lelamente un Recursero donde pudieran ir unificando toda la información.
La tercera y última actividad constó del armado de una Planificación de
un encuentro de formación sobre alguna temática en particular, a partir
de la información que fueron obteniendo en el Programa, incentivando
una mirada crítica para poder establecer el nombre del proyecto, sus pro-
pósitos, los objetivos (generales y específicos), la metodología para im-
plementar, como así también la preselección y selección de materiales y
evaluación de recursos.
148
Multiplicadoras Potenciándonos
La Secretaría de Mujeres y Diversidades del Municipio de Quilmes lanzó
el programa Potenciándonos. El mismo se basa en el acompañamiento
de Mujeres y Diversidades que van a comenzar a realizar la contrapresta-
ción del programa Nacional “Potenciar Trabajo”. En este sentido, se pre-
sentaron tres líneas de acción en formato de encuentros de formación:
Capacitación en Oficios: Herrería, Electricidad y Bloquería, programa Gé-
neros - Ambiente y Multiplicadoras Territoriales de Géneros. Es así que se
conjugan ambos programas, pudiendo iniciar con la cohorte que llama-
mos “Multiplicadoras Potenciándonos”. Para esta instancia, se ha tenido
en cuenta la relación previa de las inscriptas con la Secretaría, ya que se
dio en el marco de asesoramiento y seguimiento de situaciones de violen-
cia por motivos de género. Esto ha hecho que se reflexione acerca de la
planificación llevada adelante hasta el momento, junto con las dinámicas
y actividades para realizar, duplicando a su vez los encuentros en compa-
ración con las cohortes anteriores, siendo dieciséis en total, divididos en
dos tramos de ocho.
Una vez terminado el trayecto de formación, cada Multiplicadora comen-
zó su contraprestación de la mano del programa Generando Lazos recorrien-
do puerta a puerta los diferentes barrios de Quilmes, realizando difusión y
escuchando las diferentes problemáticas de Mujeres y Diversidades, con el
fin de articular con las áreas que sean necesarias para llevar soluciones.
Encuentros Mensuales
Una vez finalizada la cursada, las MTG comenzaron a formar parte de los
encuentros mensuales presenciales en la Secretaría. Estos tienen como
objetivo principal generar un espacio para pensar diferentes acciones en
conjunto. A continuación mencionaremos algunas:
149
no decidió declarar el 28 de septiembre como el Día por la Despenalización
y Legalización del Aborto, tomando en cuenta que las complicaciones por
el aborto inseguro y clandestino constituyen la primera causa de mortali-
dad de las mujeres en muchos de los países de la región. En este marco,
se realizó en conjunto con las MTG un encuentro abierto de visibilización
en la Plaza Hipólito Yrigoyen de la Estación de Quilmes (una de las más
concurridas del Distrito). El mismo contó con una carpa donde se brinda-
ron diversos talleres como “Herramientas básicas en el abordaje de las
Violencias por Motivos de Género” y “Vínculos Saludables”, a cargo del
Instituto de Prevención de las Violencias, y Radio Abierta Informativa, a
cargo de las MTG, donde también se brindó el espacio para que pudieran
contar las actividades que realizan en el territorio. Durante la jornada se
repartió material informativo alusivo y folletería de la Secretaría, mientras
se invitaba a las personas que pasaban por el lugar a participar de la acti-
vidad. Por último, se compartieron pañuelos verdes y al cerrar la actividad
se realizó un “pañuelazo” entre todes les participantes.
150
Proyecto “Ni Una Menos en el Barrio”
Este proyecto contó con diferentes intervenciones durante el mes de junio
de 2022. Se realizaron cuatro encuentros abiertos a la comunidad (uno
por semana) donde se desarrollaron actividades basadas en la Ley n.º
26.485. Se contextualizó acerca de la historia del movimiento Ni una Me-
nos, las conquistas en materia de derechos y el camino que nos falta re-
correr. Se detallaron tipos y modalidades de violencias, modos asertivos
de acompañamiento y herramientas básicas de abordaje. Las charlas se
abrieron a distintos temas que surgieron de las propias vecinas. Al finali-
zar se entregaron cuadernillos y folletería informativa.
• Encuentro 1: jueves 9 en el Barrio Monte-Matadero (Quilmes Este), lu-
gar: Capilla Itatí.
• Encuentro 2: jueves 16 en el Barrio Los Eucaliptus (S. F. Solano), lugar:
Sociedad de Fomento y Cultura Los Eucaliptus.
• Encuentro 3: jueves 23 En el barrio la Matera (Quilmes Oeste), lugar:
espacio del Movimiento La Dignidad.
• Encuentro 4: jueves 30 Actividad central de cierre, Plaza Hipólito Irigo-
yen, Estación de trenes de Quilmes.
En el cuarto encuentro, se armaron las Carpas “Ni Una Menos”. Allí
tuvo lugar una muestra fotográfica realizada por el equipo de Comuni-
cación de la Secretaría, con el fin de compartir el trabajo en los barrios.
También se replicaron los talleres brindados anteriormente y se sumó un
taller con la temática de acoso callejero. También se llevó a cabo una
radio abierta para la concientización y sensibilización sobre la efeméride.
Las MTG, además de participar en la organización y el funcionamiento de
toda la jornada, promovieron el armado de una red tejida con lana, a partir
de la cual se invitaba a dejar mensajes alusivos. Durante toda la actividad,
se hizo la entrega de folletería y la promoción del Centro de Atención a
Mujeres y Diversidades de Quilmes (CAMD), el cual brinda asistencia y
acompañamiento los 365 días del año, las 24 horas.
Como actividad de cierre se realizó la presentación del cuadernillo Re-
latos Feministas, una recopilación de las voces de las MTG, quienes han
151
volcado en palabras escritas sensaciones, sentimientos, experiencias en
torno a fechas conmemorativas de nuestra agenda feminista. El cuader-
nillo surge a partir de la actividad n.º 1 del Programa. Las invitaba a pen-
sar(se) partiendo de su propio recorrido personal, qué las llevó a anotarse
en el Programa y qué significado tenía para ellas la efeméride que atrave-
só temporalmente a cada cohorte: primera cohorte, 25 de Noviembre, Día
Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Folleto
de la Secretaría de Mujeres, géneros y diversidades. Segunda cohorte, 8
de Marzo, Día internacional de la Mujer Trabajadora. Tercera cohorte, 3 de
junio, “Ni Una Menos”.
Al encontrarnos con sus relatos, supimos que no podían quedar solo
en respuesta de una actividad. Pensamos que sus palabras podrían ser
impulso para otras, por lo que se presentó el proyecto de dicho cuaderni-
llo con el fin de compartir sus experiencias y abrir la invitación a encon-
trarnos en ellas42.
Conclusión
El contexto de pandemia ha complejizado las desigualdades históricas
que vivimos las mujeres, identidades femeninas y feminizadas, como la
dificultad de acceso al trabajo formal, la realización de las tareas domés-
ticas y de cuidado no remunerado de manera exclusiva, y la agudización
de las violencias por motivos de género en el ámbito privado.
En esta coyuntura, los primeros encuentros vía Zoom han sido fun-
damentales para tejer y fortalecer redes comunitarias, permitiéndonos
compartir información y herramientas para el abordaje ante situacio-
nes de violencia por motivos de género. La presencialidad nos ha dado
la oportunidad de reforzar dichas redes reencontrándonos al calor de la
152
lucha feminista para continuar con la identificación de distintas formas
de discriminación y prejuicios que forman parte de nuestra cultura, de
manera que podamos establecer diferentes estrategias de intervención
que impulsen la igualdad de oportunidades.
El programa Multiplicadoras Territoriales de Género, además de pro-
poner jerarquizar el trabajo que históricamente realizan las mujeres en
los barrios, invita a pensar el diseño de las políticas públicas con enfoque
de género a partir de la constante comunicación con las diferentes or-
ganizaciones sociales e instituciones, recepcionando las demandas para
diseñar actividades específicas de forma situada.
Poder transmitir esta experiencia nos permite reconocer el fortaleci-
miento de la red de Multiplicadoras durante y después de las capacitacio-
nes, y lo importante que resultan las intervenciones en el territorio para
la prevención y la visibilización de las violencias por motivos de género.
153
MESA 1.2
154
desde instituciones pertenecientes al ámbito de la salud pública o en arti-
culación con las mismas.
La modalidad de abordaje descripta da cuenta de las fortalezas y debi-
lidades en la intervención, lo logrado y lo que queda pendiente, e ilumina la
importancia de los efectores de salud en la detección de la problemática
como parte de la red territorial.
El Sistema de Salud en numerosas situaciones se constituye como
el primer mojón de esa larga ruta que recorren las mujeres y personas
LGTBI+ en su proceso de salida de las violencias. Por tal motivo, resulta
imprescindible establecer acuerdos interinstitucionales e intersectoriales
que sostengan la red de trabajo evitando la sobreintervención que con-
lleva siempre la revictimización de las personas en situación de violencia
por razones de género (PSVG). A su vez, dichas redes contribuyen a la
visibilización de las múltiples dimensiones de la problemática.
Se consideró relevante que cada territorio cuente con equipos interdis-
ciplinarios especializados en género, derechos humanos y violencia. Se
señaló la importancia de entender la salida de las violencias como proce-
sos singulares donde el protagonismo lo tendrá siempre quien atraviesa
la situación, de allí que resulta imprescindible el análisis interseccional,
que en estos casos puede devenir factor de riesgo. Construir respuestas
integrales evita un análisis reduccionista atendiendo a lo particular y si-
tuado en el abordaje.
Desde el marco de los dispositivos (individuales y/o grupales) de aten-
ción, la escucha de mujeres y personas del colectivo LGTBI+ permite inferir
que el sufrimiento psíquico que relatan no se debe a una psicopatología
previa, sino a los efectos traumáticos en el campo de la subjetividad debido
a largos procesos vitales de vulneración constante de derechos. Los efec-
tos de las violencias sostenidos en el tiempo impactan en la salud física y
psíquica de las personas.
La escucha empática de quien interviene repara, sostiene y habilita a
transformar la vivencia en experiencia para así poder nominar, desnatura-
lizar la violencia padecida. Para lograr un abordaje situado y en red serán
155
imprescindibles los acuerdos transversales a nivel territorial en el marco
de las Mesas Locales Intersectoriales. En dicho espacio se realizará un
diagnóstico participativo que permitirá delinear las políticas públicas en
materia de violencias por razones de género en cada territorio.
Las mesas locales describen la ruta crítica que transitan las PSVG a
la vez que relevan los recursos existentes a nivel municipal y provincial.
Organizar las acciones será prioritario para ser más eficaces.
Los trabajos que a continuación podrán leer recuperan, entre otras,
las ideas antes señaladas. Ponen en valor lo alcanzado, lo realizado, pero
también brindan una mirada crítica que invita a superarnos. Su lectura les
permitirá reconocer la metodología impulsada desde el Estado provincial
(Sistema Integrado de Políticas Públicas) resignificándola en clave local. El
diálogo, pensar con otros/as, intercambiar experiencias es y será siempre
lo que nos permita enriquecer nuestra “caja de herramientas” para cons-
truir respuestas colectivas, creativas y situadas ante la realidad cambiante.
156
MESA 1.2 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
¿Quiénes somos?
La Mesa Intersectorial de Mujeres, Género y Diversidad de Tres Arroyos
está conformada por representantes de instituciones, grupos y agrupa-
ciones que nos juntamos mensualmente para pensar y trabajar colecti-
vamente.
Personas de diversas ideologías políticas, de amplias trayectorias,
de largos recorridos personales, laborales y profesionales, de profundas
convicciones, con intereses y pasiones movilizantes, con huellas en el
cuerpo propio y en el cuerpo de les otres, con rebeldía por la injusticia,
con afán de lucha contra la violencia, con deseos de una sociedad mejor
en Tres Arroyos, nos unimos convencides de que el camino es colectivo:
se requiere articular acciones, pensar propuestas, aportar a las políticas
públicas, sensibilizar, comunicar, difundir para generar cambios culturales
157
en una matriz patriarcal profundamente arraigada en la sociedad actual,
y que genera profundas desigualdades, coarta proyectos, sueños y viven-
cias, deja secuelas irreparables y se lleva vidas.
Estas convicciones nos llevaron a trabajar desde el día uno con fun-
cionarios policiales y judiciales, organizaciones civiles y funcionarios del
Ejecutivo y del Legislativo municipal, equipos de trabajo de ámbitos del
gobierno provincial y nacional, profesionales, trabajadores, artistas, re-
presentantes de los medios de comunicación y militantes políticos, para
buscar mecanismos de trabajo ágiles y dinámicos, con base en el acce-
so a derechos y con perspectiva de género.
De la convocatoria inicial participaron funcionarios municipales (de
las áreas de Desarrollo Social, Salud y Cultura), de la Comisaría de la Mu-
jer, del Poder Judicial (inicialmente el Juzgado de Familia, luego la Fiscalía
de Género), concejales, profesionales de los equipos de trabajo del mu-
nicipio, de áreas provinciales (incluyendo Educación) y nacionales, y de
asociaciones civiles, representantes de medios de comunicación. Luego
se sumaron agrupaciones políticas y sociales.
Actualmente la Mesa Intersectorial de Mujeres, Género y Diversidad
está conformada por Gremios
integrantes de diver- Residencia de Trabajo
(SUTEBA, UPCN)
Dirección de mujeres,
Colectivo LGBTQ+
género y diversidad
Grupo
Concejalas y concejales construyendo
del HCD MESA
INTERSECTORIAL Centro de preferencia
del MDSN
Particulares
Frente de mujeres
Ejercito de
e igualdad de género
salvación
La Campora
Miembros de área
de salud mental Funcionarios
municipales
SLPPDN
Representante de
45 Gráfico ANSES local Comisaría de la mujer
y la familia
de producción propia.
158
Origen de la Mesa
El día 5 de Mayo del año 2016 se sanciona la Ordenanza 6868 que da
origen a la Mesa Intersectorial de Mujeres, que establece en su artículo 1°:
Nuestro armado no nace del seno del gobierno local, sino como un es-
pacio diferenciado que recogía los entramados locales que nos convocaban
cada 8 de Marzo y cada 25 de Noviembre. Como en cualquier lugar de nuestra
región, y desde hace muchos años, personas con inquietudes, profesionales
y militantes, mujeres y organizaciones nos enfrentábamos a diferentes situa-
ciones de violencia. Nos juntábamos para elaborar estrategias, generar abor-
dajes, acompañar a las víctimas y para visibilizar la lucha contra la violencia.
La ordenanza toma el espíritu convocante de esas personas y su his-
toria de compromiso. Se plantea entonces institucionalizar las redes para
aunar esfuerzos y fortalecer la lucha colectiva.
No fue el Ejecutivo quien convoca sino que la propia Mesa es la con-
vocante, a través de sus propios integrantes y de los medios de comuni-
cación, para invitar a formar parte de ella.
Si se sigue el recorrido, la Ordenanza 6868 establece algunas funcio-
nes que debe tener la Mesa, pero no de una manera taxativa y excluyen-
te sino como una forma de lograr trabajo autónomo e independiente de
cualquier organismo, poder o partido político. Se genera un espacio de
escucha, reflexión, análisis y debate, y en su seno nacen las intervencio-
nes y proyectos a corto y mediano plazo.
159
Así, menciona que entre las funciones de la Mesa, esta debe:
Temáticas abordadas
Ruta crítica
Inicialmente fueron los aspectos de la ruta crítica lo que nos convocaba
para mejorar el acceso de las mujeres víctimas de violencia a una aten-
ción segura y eficiente tanto en el sector salud, como en el sector policial
y en la justicia. Las primeras reuniones eran un espacio de “catarsis” en la
que quienes asistíamos volcábamos nuestro pesar en la labor diaria so-
bre la mesa e intentábamos acercar nuestras experiencias para así cons-
truir una red accesible a todes.
Luego de varias reuniones mensuales pensando y reflexionando sobre
la labor que nos sorprendía en nuestra diaria, nos pusimos en campaña y
convocamos a nuestra Mesa a profesionales de la salud, funcionarios del
160
Poder Judicial y a integrantes de la Comisaría local para poder conversar
y acordar las intervenciones que se llevan a cabo en los casos de violen-
cia por razones de género.
Así fue como poco a poco, discusiones de por medio, se logró acordar
los pasos de la Ruta Crítica, el cumplimiento de los Protocolos de actua-
ción vigentes a nivel provincial y nacional, y la modalidad de intervención
con las personas en situación de violencia, garantizando el acceso al de-
recho de una atención eficiente y que no revictimice. A las reuniones con
este propósito se sumó la articulación constante entre los efectores inter-
vinientes a través de grupos de chats y en forma telefónica.
Luego se fueron trabajando los entramados a nivel territorial con los
distintos actores presentes, equipos de profesionales y agrupaciones po-
líticas, y se generaron dispositivos que refuerzan la accesibilidad en el
proceso de la ruta crítica.
Se mantiene actualizado el recursero local cada año, construyendo y
re-construyendo el listado; el cual es de circulación pública y gratuita para
acceso de todes.
Diversidad sexual
La temática de la diversidad sexual fue cobrando fuerza en la Mesa desde
sus primeros tiempos y se consolidó con la incorporación de representan-
tes de la Marcha del Orgullo a las reuniones mensuales. En el año 2020 se
sanciona la Ordenanza municipal 7344, de cupo laboral travesti trans, en
el sector público municipal, votada por unanimidad por todas las fuerzas
políticas que componen el Concejo Deliberante.
Desde la Mesa se acompañó la lucha por su efectiva implementación; se
logró la apertura de un Registro y la designación del primer cupo trans, Juana,
quien integra la Mesa Intersectorial representando a la Comunidad LGTBI+.
En el año 2020 la Ordenanza 7396 modifica el nombre de la Mesa,
incorporando la temática de Diversidad Sexual, y pasa a llamarse Mesa
Intersectorial de Mujeres, Género y Diversidad Sexual.
161
Avances institucionales impulsados desde la mesa
En nuestra lucha acompañamos y apoyamos incansablemente la creación
de la Fiscalía especializada en Género (2019) local, como un paso judicial
importante para que cada persona pueda sentirse “mirada” desde una pers-
pectiva de género, apostando a que las intervenciones y las resoluciones lle-
vadas a cabo en las instituciones judiciales sean acordes a esta perspectiva.
Hasta dicha creación los obstáculos que la Mesa planteaba en sus
inicios eran por esas intervenciones sin perspectiva de género, revictimi-
zante y angustiante para quien atravesaba dichos procesos, convirtiendo
el acceso a la justicia en una experiencia traumatizante para la persona
en situación de violencia. La participación de funcionarias judiciales en
las reuniones de la Mesa, junto con funcionarias del ejecutivo Municipal, y
el pedido colectivo de la creación de la Fiscalía mediante notas fueron un
empuje fundamental para este logro.
Otro momento clave fue la creación de la Dirección de Mujeres, Géne-
ro y Diversidad de la Municipalidad de Tres Arroyos, área que había sido
reclamada muchas veces por la Mesa. Ya desde el año 2016 funcionaba
en Tres Arroyos La Casa de la Mujer “Guillermina Cirone”, hogar de pro-
tección integral de puertas abiertas dependiente de la Secretaría de De-
sarrollo Social del municipio. La coordinadora y las integrantes del equipo
de profesionales formaban parte de la Mesa y durante mucho tiempo las
reuniones de la Mesa se realizaban en sus instalaciones.
Era un reclamo de nuestra Mesa jerarquizar el espacio y que contara
con presupuesto propio. Se planteó en las reuniones y se mandaron notas
al Intendente y al Honorable Concejo Deliberante. Finalmente, en abril de
2021, el Poder Ejecutivo municipal pone en funciones esta Dirección de
mujeres, género y diversidad, en sintonía con la puesta en marcha de los
Ministerios de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad a nivel provincial
y nacional. El equipo de profesionales de dicha Dirección y su directora
forman parte de esta Mesa.
Ante la creación de la Dirección desde la Mesa comenzamos a plan-
tear cuál debía ser la relación entre ambos espacios y qué rol debía
162
desempeñar la Mesa, dado que hasta ese momento era la Mesa quien
llevaba adelante las acciones sobre prevención de violencia de género,
planificaba y evaluaba, se informaba sobre programas vigentes, reali-
zaba capacitaciones, etc. La existencia de un área del ejecutivo munici-
pal especializado en esta temática y con personal profesional y técnico
capacitado y rentado nos obligaba a repensarnos para no superponer
esfuerzos, optimizar recursos y fortalecer el diseño y ejecución de polí-
ticas públicas para la prevención de la violencia por razones de género
en nuestro distrito.
A partir del debate y la reflexión, en el año 2021 empezamos a con-
cebir la Mesa Intersectorial como un órgano consultor que desempeñe
funciones de consejería y de asesoría con la Dirección, en coherencia
con lo que menciona la Ordenanza 6868, generando un espacio de inter-
cambio, de pensamiento crítico, de planificación en conjunto y de eva-
luación de prácticas para el cumplimiento de objetivos.
En definitiva, la Dirección municipal de Mujeres, Género y Diversidad
cuenta con la posibilidad de diálogo, encuentro y construcción colectiva
con un espacio plural, diverso y participativo como para generar una me-
todología de trabajo de la gestión municipal innovadora desde diversas
concepciones. En ese camino nos encontramos.
163
integral y los recursos locales que existen para la atención. Participa-
ron miembros del Servicio de Medicina Preventiva del Centro Municipal
de Salud, las residentes del Consultorio Amigable y la Consejería Inte-
gral de Salud Sexual y Reproductiva. Además, se sumó a la propuesta
la agrupación Docentes por la ESI en el Nivel Superior, con una charla
sobre bosquejos de una práctica en construcción.
La jornada “Tres Arroyos contra la trata”, en la que se llevó a cabo el
taller “Hablemos de trata de personas”, a cargo del Ministerio de Mujeres,
Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires,
coordinado por Sonia Sánchez, la directora de Seguimiento de Casos Crí-
ticos y Alto Riesgo. Se contó con la presencia, además, de María Julia
Moreyra y Agustina Hrichina, del equipo de la Dirección, Silvia Zaballa,
coordinadora de la Región Sexta y Evangelina Castro, delegada de la Sex-
ta Sección del Comité Nacional contra la Trata de Personas.
La jornada sobre Derechos, coordinada por el programa Tramando
Derechos, de la Dirección de Sensibilización y Promoción de Derechos del
Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la pro-
vincia, a cargo de Lourdes González. De la misma participaron Agustina
Garzo y Susana López que hablaron sobre salud sexual y reproductiva y
sobre derecho de familia y acceso a la justicia.
Otras actividades:
• Visita a localidades del partido de Tres Arroyos para actividades de pro-
moción y prevención.
• Participación en actividades para el 8M, 3J y 25N en plazas y en la vía
pública: marchas, lectura de discursos, confección de mural.
• Participación en capacitaciones de Ley Micaela.
• Participación en la Marcha del Orgullo.
• Reuniones con autoridades de salud del municipio de Tres Arroyos para
la implementación efectiva de protocolos para la atención de mujeres
en situación de violencia.
164
• Reunión con dispositivo local “Grupo de varones que ejercen violencia”,
dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social.
165
prensa y las actividades que desarrollamos desde la Mesa. Se destaca
que la coordinación no es una figura solitaria, todo lo contrario, trabaja a
la par con sus integrantes y consulta cada actividad que se realiza.
Los integrantes de la Mesa respetan la figura de tal manera que, cuan-
do se llevan a cabo las elecciones, lo hacen con conciencia de la respon-
sabilidad y la gran labor que llevan a cabo.
La gran cantidad de participantes nos motivó a formar comisiones de
trabajo, facilitando que efectúen diversas actividades: capacitación, comu-
nicación, Ruta crítica, Observatorio de género, mapeo, diversidad sexual.
Desafíos
• Propiciar la participación activa y fomentar la incorporación de nuevos
integrantes a la Mesa, a fin de garantizar la diversidad de miradas y el
pluralismo de opiniones. Es un desafío permanente ya que la convoca-
toria tal vez cae en los integrantes “de siempre” sin permitirnos avanzar,
a veces, en las situaciones que precisan más actores. Por ejemplo, los
efectores de salud y del Poder Judicial hoy son un faltante en nuestras
reuniones, pero siempre están siendo convocados.
• Fortalecer el rol como órgano consultor diverso, plural y democrático
para el Ejecutivo municipal y para el Concejo Deliberante en la definición
y en la ejecución de políticas públicas en materia de género y diversidad.
• Monitorear, observar, atender y acompañar el efectivo cumplimiento de las
temáticas que impactan a nivel nacional como la ley de Interrupción Volun-
taria del Embarazo, la ley Diana Sacayán, Ley Nacional de Educación Sexual
Integral (ESI) y la Ley Micaela en los y las agentes del estado Municipal.
• Fijar ejes de trabajo así como la organización de las comisiones de tra-
bajo a principio de año es fundamental para poder organizar cada mes
lo que se va abordar y de esa manera cada tema tiene su espacio en
la reunión, y la actividad planeada, de ser posible, se llevaría a cabo de
manera prolija y organizada.
166
Reflexión final
Entendemos que la experiencia de la Mesa Intersectorial de Mujeres, Gé-
nero y Diversidad de Tres Arroyos puede servir para otras Mesas Locales,
porque hay realidades que se asemejan, sobre todo en el interior de nues-
tra provincia de Buenos Aires.
Iniciar el camino en la construcción de un espacio autónomo y auto-
gestivo, democrático, participativo, plural y diverso para pensar, generar,
acompañar y supervisar políticas públicas locales orientadas a prevenir
la violencia por razones de género es POSIBLE aún en contextos con so-
ciedades conservadoras que tienen francas dificultades para visualizar
ciertas problemáticas y para incluir a las diversidades, con gestiones
municipales poco flexibles para incorporar nuevas temáticas y para asu-
mirse como garantes de derechos y responsables de políticas públicas
inclusivas.
En este camino es esencial buscar mecanismos que garanticen la ins-
titucionalización del espacio para que no quede todo en simples intencio-
nes, los avances han sido muchos, pero queda mucho por hacer para una
sociedad más justa e igualitaria para las mujeres y las diversidades.
167
Bibliografía
168
MESA 1.2 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
En el presente trabajo exponemos las reflexiones surgidas desde el dis-
positivo de atención a las violencias por razones de género del Centro de
Atención Primaria de la Salud (CAPS) N.º 3, “Eva Perón”. El CAPS se en-
cuentra ubicado en la localidad de San Andrés del partido de General San
Martín, dependiente de la Secretaría de Salud del Municipio mencionado.
Si bien sus áreas programáticas son los barrios de Villa Concepción y La
Rana, el área de influencia se extiende a otros barrios del partido y locali-
dades cercanas.
El dispositivo se denomina consultorio interdisciplinario, las responsa-
bles del mismo somos profesionales de Trabajo Social y Psicología, y de
manera eventual participan otras disciplinas, por ejemplo, Medicina Ge-
neral. La propuesta es trabajar desde un enfoque integral y concibiendo a
las violencias como un problema de salud pública y derechos humanos.
La atención es semanal, en el horario de la mañana.
46 Lic. en Psicología (UBA). CAPS n.° 3 “Eva Perón”, San Martín. paulamonsalvo@[Link]
47 Lic. en Trabajo Social (UBA). CAPS n.° 3 “Eva Perón”, San Martín. jimena_villafane@yahoo.
[Link]
169
Las mujeres48 que se acercan al espacio lo realizan de diversas for-
mas: por medio de la articulación con el equipo de salud del CAPS o con
instituciones municipales o barriales, así como también consultas de las
propias mujeres o de su red socio familiar. Por lo general hay disponibili-
dad de turnos sin demora y en ocasiones se atiende a demanda.
Las modalidades de violencia que se presentan con más frecuencia
son la doméstica y la institucional, y los tipos más recurrentes son el psi-
cológico, el físico y el económico. Que sean abordadas desde atención
primaria permite un acompañamiento transversal, donde se evidencia la
“ruta crítica” por la que transitan las mujeres en las instituciones que de-
ben protegerlas desde el ámbito judicial, de salud, de género, desarrollo
social, entre otros.
Desarrollo
El mencionado consultorio se conformó en el año 2018 para el aborda-
je de problemáticas complejas. A lo largo de estos años, las situaciones
de violencias por razones de género han cobrado protagonismo frente a
otras. Esto nos permite reafirmar, por un lado, que las violencias son un
problema de salud y, por otro, la importancia de la existencia de un dispo-
sitivo que las aborde desde un centro de salud de atención primaria. Des-
de el espacio nos posicionamos desde la salud integral, entendida esta
como un proceso dinámico donde le sujete es concebide como sujete so-
cial y colective, necesariamente active en la construcción y modificación
de su realidad; teniendo en cuenta a la integralidad como un eje de pensa-
miento y acción clave que desafía la atención biologicista, fragmentada
y aislada; con perspectiva de género, buscando identificar las diferencias
48 La población que concurre al espacio por situaciones de violencia por razones de género,
hasta el momento, son mujeres cis, lo cual no implica que el mismo sea privativo a este grupo/
colectivo.
170
sociales y culturales experimentadas por mujeres, varones y otras identi-
dades, el impacto que tienen en su relación con la salud y reconociendo
“las relaciones de poder existentes entre los géneros, en general favora-
bles a los varones como grupo social y discriminatorias y opresivas para
las mujeres y otras identidades” (Ministerio de Salud Provincia de Bs. As.,
2021). Y perspectiva de derechos, orientada a
171
como problema social y de salud, los tipos y modalidades existentes, los
derechos de las mujeres y la legislación vigente, mitos y estereotipos de gé-
nero, ciclo de la violencia, situaciones de riesgo, características del hombre
violento, evaluar recursos internos y potencialidades (Tilli, 2021).
Asimismo, en las entrevistas iniciales con las mujeres, existen acuer-
dos dentro del equipo que guían las mismas: evitar las esperas prolon-
gadas y las interrupciones, así como los encuentros rápidos; que sean
llevadas a cabo en un contexto empático y cálido y en un entorno de cer-
canía y confidencialidad (Tilli, 2021); y desde un abordaje interdisciplina-
rio, con perspectiva interseccional, de género y derechos humanos. Como
profesionales debemos mantener una actitud activa, interesada, no emitir
juicios de valor ni victimizarla, evaluar el riesgo y el daño, resaltar la im-
portancia de pedir ayuda, conocer el estado emocional de la usuaria, ex-
plicar el proceso y enunciar sus dificultades, ofrecer recursos y organizar
medidas de protección y seguridad. También es importante recabar datos
personales, de su red socio familiar, situación legal y/o antecedentes de
denuncias, indagar características del incidente y del agresor y por último,
si se siente segura o si está en riesgo, a fin de definir estrategia de egreso
(Tilli, 2021).
El abordaje es individual, con frecuencia semanal o quincenal, se-
gún lo acordado entre el equipo y la mujer. Dada la complejidad de las
situaciones y sus múltiples determinaciones, la participación puede ser
fluctuante, algunas mujeres concurren de manera sostenida por un lap-
so de tiempo estipulado; otras asisten a 2 o 3 entrevistas y discontinúan
el espacio, retomando luego en unos meses. Ante las alternancias en la
participación debimos trabajar, como equipo, en evitar la exclusión por
ausencia a los turnos o por llegadas tarde, entendiendo que el disposi-
tivo funciona como un espacio de contención y que el abordaje de es-
tas situaciones implica avances y retrocesos que debemos comprender
y acompañar. En este sentido, evaluamos que la existencia de espacios
de atención grupales y de prevención comunitaria colaborarían a trabajar
esta problemática a nivel territorial.
172
En cuanto a las articulaciones interinstitucionales, trabajamos de ma-
nera recurrente con la Secretaría de Mujeres, Géneros e Infancias muni-
cipal, quien cuenta con Espacio Mujeres, donde realizan atención integral
a situaciones de violencia de género y promoción de la igualdad de de-
rechos y oportunidades. Si bien muchas mujeres acceden a concurrir a
este dispositivo, hay otras que optan por no hacerlo, según refieren, dada
la lejanía y lo que implica el traslado, y eligen el centro de salud como
lugar propicio donde relatar sus situaciones de violencia. De esta manera
se observa que esta percepción de lejanía no es solo física sino también
simbólica. Es así que el centro de salud se constituye como un lugar de
referencia y cuidado para ellas, en tanto la mayoría de las usuarias que
concurren al consultorio interdisciplinario han asistido a los diferentes
dispositivos de atención con que cuenta el mismo, dando a conocer de
esta manera sus trayectorias de vida. En estas situaciones, se sostiene
el espacio y, de ser necesaria la articulación con Espacio Mujeres, se va
trabajando con la usuaria la importancia de acceder a él, de derribar las
barreras y obstáculos que se presenten, así como ir evaluando opciones
para hacer posible la asistencia, como por ejemplo buscar referentes de
su red socio-afectiva que puedan prestar acompañamiento. En paralelo,
desde el equipo se plantea la situación expuesta por la mujer al organis-
mo mencionado con el objetivo de informar sobre ella y evaluar posibles
estrategias de intervención. Por lo general la comunicación con Espacio
Mujeres es fluida, en contraposición con los Juzgados de Familia y las
Comisarías de la Mujer, donde se torna infructuosa, y en ninguna de las
dos instituciones, excepto con algunas profesionales, se genera un tra-
bajo articulado y en conjunto. Pareciera que aquellas que lo propician, lo
hacen desde su marco ético-político personal pero no como parte de una
normativa institucional. Es así que, previo a la articulación con alguna de
las instituciones mencionadas, se trabaja con las mujeres sobre la im-
portancia de concurrir a estos organismos como nexo para garantizar el
acceso a sus derechos y conocer los obstáculos que podrían suscitarse,
para luego evaluar la estrategia adecuada a su situación. También, de ser
173
posible, desde el equipo establecemos contacto con el organismo que in-
tervendrá, a fin de realizar una derivación “cuidada”. Dicho contacto puede
ser realizado de manera telefónica, presencial o por medio de un informe
escrito remitido vía mail, y se propone mantener comunicación por los ca-
nales mencionados para el seguimiento conjunto de la situación y evitar
que la intervención tenga un abordaje fragmentado.
A lo largo de estos años de trabajo, hemos advertido que es funda-
mental la formación y capacitación de los equipos, a fin de trabajar desde
una perspectiva de género y derechos humanos e incorporar nuevos en-
foques metodológicos y actualizaciones teóricas que nos permitan revi-
sar y enriquecer nuestras prácticas. Si bien a través de los movimientos
feministas y de disidencias, de unos años a esta parte, se ha instalado la
problemática de la violencia de género en el ámbito de la salud, aún queda
camino por recorrer.
Otra cuestión relevante es la importancia de incorporar al grupo fa-
miliar en el abordaje integral de las situaciones, en particular si hay ni-
ñes y, por otro lado, propiciar espacios para el abordaje de varones que
ejercen violencia.
En este sentido, acordamos con Bonino (2007) en que es preciso
adoptar un enfoque integral de la violencia de género donde no se excluya
al varón. Bonino (2001) plantea que el problema de la violencia “masculi-
na” (como él opta denominar, en contraposición a violencia doméstica o
familiar) es un problema de la cultura patriarcal y de los varones, no de
las mujeres como suele denominarse. Afirma que existen normas cultu-
rales que propician y toleran la violencia. Lo caracteriza como un proble-
ma complejo, multideterminado y que es un mecanismo de control hacia
la mujer históricamente legitimado por los varones. Es interesante que
plantee que el modelo masculino tradicional, machista, de autosuficien-
cia, supuesta superioridad y violencia como estrategia de resolución de
conflictos, no solo afecta a las mujeres sino también es dañino para los
varones. El autor enfatiza en que la asociación entre masculinidad, agresi-
vidad y violencia no es algo dado naturalmente, sino que es un aprendizaje
174
y, como tal, hay estrategias para desaprenderlo y modificar las conductas
agresivas. Sin embargo, se visualiza que los recursos estatales dispues-
tos para esta problemática son insuficientes o inexistentes según el te-
rritorio donde nos encontremos. Se observa también la falta de equipos
especializados y/o personal suficiente para abordar a dicha población.
En San Martín existe el programa para Varones que ejercen violencias,
que es un dispositivo grupal de frecuencia semanal coordinado por un
psicólogo y que depende de la Secretaría de Mujeres, Géneros e Infancias.
Desde los espacios de salud nos parece interesante poder incorporar en
las consultas con los varones pesquisas de situaciones o de ejercicio de
violencias. Consideramos que para transversalizar la perspectiva de gé-
nero en salud es necesario incorporar a los varones como colectivo, para
pensar sus problemas específicos en el proceso salud-enfermedad-aten-
ción-cuidado, como también para valorar el modo en que sus conductas
pueden ocasionar daños en la salud de las mujeres y niñes (Tajer, 2012).
En situaciones de niñes cuyas madres padecen violencia de género,
es difícil arribar a un criterio común y trabajar de manera conjunta entre el
Servicio Local de Protección y Promoción de Derechos y Espacio Mujeres.
Entendemos que el maltrato infantil no es una forma aislada de violencia
sino que se encuentra (aunque no de manera excluyente) vinculada a la
violencia de género dentro del hogar. Es así que consideramos a la “vio-
lencia de género como una forma más de maltrato infantil” (Soria Salas,
2011), que conlleva consecuencias en les niñes, por lo que es fundamen-
tal que las áreas que intervienen en dichas situaciones comiencen a cons-
truir puentes para un abordaje en conjunto.
Por último, es importante mencionar la repercusión que poseen las
situaciones de violencia dentro del equipo. En este sentido señalamos la
necesidad e importancia de trabajar en duplas, idealmente interdisciplina-
rias, debido a que enriquece la mirada de la situación, permite un abordaje
y acompañamiento integral para la persona que consulta como para el
equipo, y posibilita la distribución de tareas.
Para poder sobrellevar el impacto que ocasionan algunas situaciones,
175
es necesario compartirlas con otres y pensar junto a elles estrategias
de intervención y cuidado. Estos se pueden dar por medio de espacios
de co-visión o de otros dispositivos dispuestos para la reflexión. Dentro
del CAPS los días miércoles sostenemos un espacio de encuentro del
equipo denominado “Sistematización de personas en estado de vulnera-
bilidad” (SIPEV), que tiene como objetivo plantear situaciones complejas
y, mediante la discusión de las mismas, pensar estrategias posibles de
intervención como también articulaciones intra o extrainstitucionales. A
su vez, es una posibilidad para compartir entre compañeres experien-
cias y sentires frente a las intervenciones realizadas, así como evaluar
abordajes y decisiones llevadas a cabo, con la posibilidad de repensar re-
pensarlas. Consideramos que implementar y/o fortalecer estrategias de
autocuidado tanto a nivel individual como dentro del equipo y con la red
profesional más amplia, constituyen factores protectores que disminuyen
la posibilidad de sufrir burnout (Canet Benavent, García Cuenca, 2006).
Reflexiones finales
El actual sistema de promoción y protección de derechos no está ofre-
ciendo respuestas integrales a las problemáticas complejas que atra-
viesan las mujeres que padecen violencias por razones de género y su
entorno. Por lo general, se observa que cada institución trabaja de ma-
nera fragmentada, se encuentran sobrecargadas de situaciones, existe
una gran rotación de personal por las condiciones de trabajo (bajos suel-
dos, burnout, inexistencia de recursos). En el abordaje de situaciones de
violencias se observa escaso ejercicio de la corresponsabilidad social y
construcción de redes con la participación de todos los actores de la so-
ciedad civil en el ámbito municipal (Gonnet García, 2014).
Consideramos que para abordar este complejo problema social y de
salud debe existir un sistema integrado que incluya a todos los organis-
mos con un marco teórico claro y una guía de acción que contemple la
protección y el tratamiento tanto de las “víctimas” como de los “agresores”.
176
Que exista un monitoreo real de la implementación de la legislación vi-
gente y que haya consejos consultivos u otra modalidad de reunión y/o
co-visión por zona, que permita el encuentro de los diferentes actores in-
volucrados, discusión de las modalidades de intervención, planteo de di-
ficultades y obstáculos, así como posibilidad de propuestas superadoras.
La respuesta de las instituciones para combatir las violencias no puede
circunscribirse a indicar tratamiento psicológico, a fin de tener una visión
más acabada de estas situaciones complejas. Debemos repensar qué lu-
gar ocupan las condiciones materiales de existencia y el sufrimiento pro-
ducto de las situaciones de violencia, como parte de las intervenciones.
Es menester gestar espacios profesionales en los cuales sintamos
pertenencia, contención, acompañamiento, que circule la palabra de ma-
nera saludable y donde haya tiempo destinado a la supervisión y capaci-
tación (Cuadro, 2020).
Para ello es necesario implicarnos, responsabilizarnos, no conformar-
nos y “exigir lo que el derecho exige y nuestra ética nos reclama” (Volno-
vich, s/d), y que nuestra angustia, bronca, impotencia se transformen en
acciones vinculadas a la lucha por los derechos de las personas con las
que trabajamos así como por nuestros derechos laborales.
177
Bibliografía
178
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en el sistema sanitario de la Provincia de Buenos Aires. (2021). Minis-
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cia es revictimizada. Recuperado en: [Link]
ment/430312365/ASI-articulo-volnovich
179
MESA 1.2 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
180
Introducción
El presente trabajo tiene por objeto compartir la experiencia inédita de arti-
culación e integración del área de salud, particularmente el servicio de Urolo-
gía de la Maternidad Estela de Carlotto (MEC)56 y el programa de Atención a
las Masculinidades de Moreno (de aquí en adelante PAMM), de la Secretaría
de Mujeres, Géneros y Diversidades, situada en el Municipio de Moreno.
Este Programa implementa un dispositivo grupal psico-socio-edu-
cativo para varones que ejercen violencia de género en sus relaciones
interpersonales, que comenzó en el año 2016 con la creación de la Di-
rección de Políticas de Género en el partido de Moreno y su pasaje a
programa municipal en el mes de abril del año 2022.
Nuestro abordaje se da en el marco de la Ley Nacional 26485, de Pro-
tección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las
mujeres en los ámbitos que desarrollen sus relaciones interpersonales,
cuyo capítulo III, artículo 10.-, inc. 7, es aquel que propicia «la creación de
programas reeducativos para varones que ejercen violencia».
El objetivo es realizar un abordaje transdisciplinar que fomente la in-
terpelación, reflexión y responsabilización de esas conductas de abuso
de poder socialmente aprehendidas, teniendo en cuenta que son estas
las mismas que oprimen, coartan la libertad y la igualdad de derechos. Es
por ello que el posicionamiento de abordaje del PAMM es desde la aten-
ción a las masculinidades por y para las mujeres, diversidades y niñeces.
Dentro de las actividades de Promoción y Prevención del PAMM, y
luego de conocer la experiencia de la Maternidad en el área de Urología,
se acuerda con la dirección de la misma la posibilidad de realizar una
intervención en la primer consulta (grupal) previa a la práctica de la Vase-
ctomía (sin bisturí) a partir del mes de mayo del 2022 hasta la actualidad.
56 MEC, la maternidad, depende del sistema de salud provincial, pero su creación e imple-
mentación tiene un profundo arraigo e identidad local, ya que se promueve allí la atención
respetando la Ley de Parto humanizado (n° 25929 ) como una continuidad de la experiencia de
“parto natural” de la clínica de Rolo Freyre.
181
La población que participa en dicha intervención conjunta tiene con-
currencia de varones cis, trans, adultos y jóvenes. Estos últimos compar-
tieron sus deseos de no paternar, lo que en algunos asistentes ciertas
expresiones de sorpresa e incomodidad. Situaciones como estas u otras
tantas que se presentan en el intercambio de los grupos de la Maternidad
son las que nos permiten repensar las ideas o creencias impuestas so-
cialmente sobre la paternidad, el rol del varón en las vínculos, los distintos
tipos de familia y la practicas de abuso de poder.
Dentro del rango etario, la población que mayoritariamente se acerca
tiene entre 18 y 60 años aproximadamente, y en general asiste desde di-
ferentes partes de la región del AMBA y otros lugares del país.
182
vasectomías sin bisturí, práctica que se lleva a cabo en dicha institución y
también extendiendo el alcance de la misma como formación profesional
integral a otras instituciones de la Provincia de Buenos Aires.
En concordancia con lo antes mencionado, el equipo del PAMM está
compuesto por mujeres, que coherentemente con estos movimientos,
se proponen incidir en políticas públicas comunitarias con perspectiva
de género, promoviendo la importancia de acompañar esta visión trans-
formadora.
Previo a la implementación de esta experiencia, se trabajó desde el
PAMM (con el consentimiento de las autoridades de la Maternidad “Estela
de Carlotto”) sobre la historia clínica, realizando sugerencias respecto de
algunas preguntas y compromisos que asume el beneficiario de la prác-
tica. Se sugirió, con el fin de completar el proceso, sumar una instancia
grupal para el momento del espermaconteo, pero no fue posible que se
llevara a cabo ya que era inviable teniendo en cuenta el proceso que impli-
ca su realización.
También se propuso la modificación en el eje de accesibilidad al servi-
cio, el cual refiere a cómo llegaron a solicitar esta intervención, el motivo
por el cual se acercaron, si tienen hijes o no, cuántos en caso de respon-
der afirmativo y si recomendarían a otros varones esta práctica57.
A partir de que la MEC recepciona estas sugerencias, pudimos obser-
var una gran apertura y disposición para problematizar prácticas y/o mo-
delos de atención vetustos, flexibilidad frente a otras formas de abordaje
y disposición a la innovación como política institucional.
Salud y masculinidad
Consideramos de suma importancia tener un apartado en este artículo
que hable sobre el cuidado de la salud y la masculinidad, teniendo en
57 En cuanto a este último ítem, se pudo registrar que, en su mayoría, los varones llegan a la
maternidad por sugerencia de otro varón que ya se realizó la vasectomía.
183
cuenta la experiencia de las intervenciones, no solo en la MEC, sino mis-
mo en los dispositivos grupales que son parte del Programa.
Bonino, M (2008) refiere que:
Los varones están socializados para ser activos, tener el control, estar a la
defensiva, ser fuertes, aguantar el dolor de la lucha por la vida, valerse por
sí mismos, usar el cuerpo como herramienta, no pedir ayuda y salir ade-
lante pese a todo, preocuparse por el hacer y no por el sentir con déficit
de empatía, pensar a las mujeres como personas a disposición. Por ello
no sorprende que frente al malestar físico o psíquico generen respuestas
que podemos llamar disfuncionales en todos los pasos del abordaje de
esos malestares. Algunas de ellas están directamente relacionadas con
la necesidad de tener bajo control algo que en una enfermedad se vuelve
incontrolable: el cuerpo.
184
La intervención grupal
La instancia grupal en la MEC se lleva a cabo de manera sistemática una
vez por semana, momento en el cual se convoca a los varones que so-
licitan información al respecto de este método de cuidado. Allí, dos in-
tegrantes del equipo del PAMM se hacen presentes y, organizando a la
población en subgrupos, realizan dos preguntas que consultan si conver-
san entre varones acerca de los métodos de cuidado en la sexualidad
y si es un mito que llegan a esta intervención como última instancia, lo
que propicia el intercambio entre los participantes, y se busca la reflexión
acerca de estos temas.
Se tiene en cuenta que es un grupo de personas que no se conocen,
lo cual puede dificultar la tarea; por esto, las coordinadoras se dividen y
se integran en los mismos para impulsar el intercambio, luego se abre
un debate general. Más allá de eso, se observa que los consultantes
están predispuestos a participar, desarrollan un escrito de manera con-
junta para poder llegar a una conclusión en común y, en algunos casos,
expresar impactos sobre lo conversado en ese breve tiempo. Incluso
han demandado que este tipo propuesta se desarrolle en otros ámbitos,
como espacios educativos y recreativos. Se pudo registrar que durante
el último bimestre los debates y las devoluciones se extendieron más
tiempo de lo esperado y sorprendentemente demandando continuar,
expresando, inclusive, en algunos momentos, sus sentimientos y sensa-
ciones con la grupalidad.
Si bien es breve el tiempo de la dinámica grupal (los primeros en-
cuentros eran de 10 minutos, y promediando los 2 meses de interven-
ción se amplió a media hora), el equipo desarrolla la intervención en
pos de indagar acerca de los mitos, privilegios y abuso de poder de la
masculinidad hegemónica y su relación con los métodos de cuidado
sexual y reproductivos.
Por otro lado, durante esta instancia con aquellos que asisten a la
charla sobre vasectomía, desde el PAMM, se brinda información so-
bre las actividades que se realizan en nuestros dispositivos grupales,
185
considerando esta instancia como una inédita oportunidad para que
los asistentes puedan continuar profundizando y problematizando sus
prácticas patriarcales.
Respecto del médico especialista, mostró su acompañamiento desde
el inicio brindando parte del espacio para poder realizar la actividad, tam-
bién habilitó a las coordinadoras a continuar en la charla informativa, e in-
cluso facilitó su contacto telefónico para articular cuestiones operativas.
También debemos mencionar que en varias ocasiones se visualizó la
incomodidad que genera la presencia de la equipa en los pacientes; tal
es así que ellos mismos han expresado: “Nos engañaron, esperábamos
al doctor” (sic), “es raro verlas” (sic). Sin embargo, con el correr de los
encuentros el grado de interacción médico- asistentes-equipo técnico de
masculinidades se fue acrecentando y afianzando, compartiendo el pro-
ceso de la práctica y cómo esta se fue modificando.
Antes de nuestra participación, la misma charla se daba en forma rei-
terada de manera individual; luego comenzaron de manera grupal, ya que
en general había las mismas dudas e incertidumbres sobre la práctica
médica. Con la incorporación del PAMM se incluyeron encuadres y me-
todología de trabajo interdisciplinarios. También se observó la incorpo-
ración y registro de todos los trabajadores de la MEC, cada vez que las
coordinadoras llegaban a la maternidad se generaba un intercambio aus-
picioso y ello facilitó la organización funcional para dicha tarea. Incluso,
en el mes de agosto del año 2022, el programa fue invitado a participar
de un ateneo virtual que se realizó en la Maternidad, incorporando al pro-
grama como parte del esquema de trabajo e intercambio con los demás
sectores de la institución.
En cuanto a las grupalidades, en general se han mostrado predis-
puestos a realizar la actividad planteada. De todos modos, habitualmen-
te se presenta algún varón que toma el rol de portavoz expresando la
incomodidad que genera encontrarse con la equipa cuando solo espe-
ran que el médico dé la charla y posteriormente los turnos. Asimismo, se
puede relevar que han podido debatir y reflexionar entre ellos sobre las
186
preguntas otorgadas y la necesidad de continuidad en relación a esos
temas en otros ámbitos. Cabe destacar que cada semana el grupo se
conforma por personas diferentes, quienes son citados por el área de
administración de la maternidad para realizar la consulta de pre-inter-
vención (vasectomía) solo para esta instancia de manera grupal; luego,
el procedimiento y la evaluación son individuales. Se planteó la posibili-
dad de realizar una segunda instancia grupal pasados los 90 días, cuan-
do se realiza el espermaconteo, pero dicha propuesta no podría llevarse
a cabo dada la cantidad que asiste en esa segunda instancia, que por
lo general no es la misma que al momento de otorgar los turnos. Es por
ello que por el momento se realiza una única vez.
Al cierre de cada encuentro las integrantes del equipo del PAMM que
coordinan la actividad entregan folletería a los participantes invitándolos
a que puedan evacuar dudas y consultas a través de los distintos cana-
les de comunicación. Asimismo se les informa brevemente cuál es la ta-
rea desarrollada en el programa municipal y cuáles son los horarios de
atención. Teniendo en cuenta que a partir de la propuesta realizada se
problematizan acciones naturalizadas de la masculinidad, arraigadas por
los sistemas de creencias y crianzas, es que les aclaramos que nuestro
espacio es abierto y pueden acercarse ante cualquier inquietud. Debido
a esto, se generó la demanda, solicitando la atención del Programa, lo
cual para nuestra tarea da muestra de la importancia de realizar acciones
preventivas en función del área de intervención en el marco de la salud
comunitaria, así como la necesidad de articular y ensamblar una perspec-
tiva integral en el ámbito de la salud.
Por todo lo mencionado hasta el momento, nos parece importante
habitar, rupturar espacios tradicionalmente masculinos y hegemónicos
para problematizar estas estructuras que conforman el sistema patriarcal
en busca de la igualdad de género. Si bien trabajamos con prácticas y ac-
ciones naturalizadas, entendemos que problematizando las masculinida-
des hegemónicas se puede lograr una nueva manera de vincularse, más
respetuosa y libre, así como también impartir en las futuras generaciones
187
nuevos sistemas de creencias y crianzas donde prime la igualdad, equi-
dad de género y una masculinidad más libre sin violencia.
Conclusiones
Luego de 20 semanas de participación sistemática, donde dispusimos
de unos minutos durante la orientación grupal realizada por el médico
especialista (los cuales se fueron extendiendo), se pudo registrar que el
promedio de asistencia semanal era de 20 participantes, con un 98 por
ciento de varones y un 2 por ciento de mujeres.
Asimismo, se pudo relevar que un 80 por ciento de los varones dicen
no conversar sobre la sexualidad con otros varones, y el 90 por ciento de
los participantes refiere que no es un mito que llegan a esta intervención
como última instancia. De nuestra pequeña muestra, el 11 por ciento no
tiene hijos, el 60 por ciento manifestó un sentimiento de alegría al estar
participando de este proceso, reconocieron sentir miedo solo un 8 por
ciento y nervios o ansiedad un 32 por ciento. Todos estos datos son reco-
lectados por una ficha que es entregada al inicio de cada encuentro.
Como resultado de nuestra participación podemos mencionar la mo-
dificación de la historia clínica, la demanda de espacios para continuar
pensando y conversando sobre estos temas; incluso, en el último encuen-
tro un señor se reconoció violento, pero a la fecha no se contactó con el
programa. En otro caso, un asistente que no expresó nada en los encuen-
tros, si se comunicó, solicitó información y ya tiene un turno programado
para la entrevista de admisión.
Consideramos un desafío utilizar el espacio donde se brinda la in-
formación general acerca del método anticonceptivo para interpelar los
mitos de la masculinidad hegemónica y presentar otras maneras de po-
sicionarse; la deconstrucción en este aspecto (sexualidad de las mascu-
linidades), la necesidad de socializar una temática antes tabú, pensando
en la relaciones vinculares afectivas sanas, respetuosas y libres, son
nuestra meta.
188
Continuar acompañando y observando los procesos de reflexión gru-
pal en el campo de la salud y otros; se refuerza la necesidad que hay en
las políticas públicas de este enfoque integral y con perspectiva de género
desplegado de manera territorial.
Es para este equipo muy importante agradecer especialmente al direc-
tor Lalo Fernández y al médico especialista Juan Pablo Fresco, quienes
nos acompañan en este proyecto y que, con tanto respeto, nos permiten
desarrollar nuestro trabajo.
La importancia de pensar y abordar las masculinidades libres iguali-
tarias es una tarea compleja, desafiante, que compromete a las políticas
públicas a transitar caminos nuevos, inhóspitos, con la esperanza de que
las herramientas proporcionadas estimulen nuevas perspectivas en clave
de la igualdad de género y respeto de los derechos humanos.
189
Bibliografía
190
MESA 1.2 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
58 Maru Fernández, trabajadora del programa Acercar Derechos del Ministerio de Mujeres,
Géneros y Diversidad de la Nación y coordinadora de la Clínica Jurídica de Derechos Humanos y
Discapacidad de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional de La Plata.
Mail de contacto: euge1720@[Link]
59 Leticia Otero, becaria doctoral UNLP, integrante de GECSI - GRUPO de Estudio de la Comple-
jidad en la Sociedad de la Información, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad
Nacional de La Plata. Mail de contacto: leticiaotero20@[Link]
191
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer -en adelante, CEDAW-, la Ley 26657, de Salud Mental, y
la Ley 26485, de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar
la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus
relaciones interpersonales.
A lo largo del trabajo, desarrollaremos los principios rectores de la Ley
de Salud Mental que se ponen en juego en la situación concreta: el prin-
cipio de intersectorialidad, interministerial, consentimiento informado, ca-
pacidad jurídica, abordaje integral, participación comunitaria, la internación
como medida excepcional y lo más breve posible, y la no discriminación.
Resulta importante aclarar que no es objetivo de este trabajo analizar
si Andrea60 es una persona con discapacidad psicosocial o no. Nos de-
tendremos a analizar y visibilizar las violencias específicas que ejerció el
Estado ante una persona con un diagnóstico de salud mental.
Desarrollo
Descripción de la situación
Andrea se acerca al programa Acercar Derechos del Ministerio de Muje-
res Géneros y Diversidad de la Nación por una situación de violencia por
motivos de género. Este programa realiza una articulación con la Clínica
Jurídica de Derechos Humanos y Discapacidad por su situación laboral.
Andrea es una cismujer de 41 años, nacida en la ciudad de La Plata,
docente de lengua y literatura, madre de dos hijes. Relata que su progeni-
tor ejerció violencia hacia ella durante toda su vida.
Andrea estuvo en pareja durante diez años con el progenitor de sus
hijes, quien ejerció y ejerce violencia por motivos de género. En el año
192
2013, cambian su centro de vida de La Plata a Río Negro, lugar en el que
Andrea no contaba con redes afectivas ni comunitarias. Al poco tiempo
de llegada, se separan y continúan compartiendo la misma vivienda junto
con sus hijes. Es en el año 2015, en el marco de amenazas de muerte,
altísima violencia física, psicológica y simbólica, que Andrea debe dejar
su hogar en pos de resguardar su vida y decide mudarse a la ciudad de La
Plata, donde se encuentra su familia de origen.
Andrea comienza a trabajar como docente en escuelas públicas de
la ciudad de La Plata. La misma relata que estaba pasando por una si-
tuación de estrés y ansiedad porque se estaba judicializando en otra
provincia, de la que tuvo que escapar por la situación de riesgo alto, el
cuidado personal de sus hijes. En ese contexto, en un día laboral frente
al aula, se desmaya y su progenitor le hace una denuncia en Dirección
de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires.
Andrea fue institucionalizada en una clínica de salud mental privada du-
rante tres meses. Comenta que no tuvo acceso a su diagnóstico ni a su his-
toria clínica, y no hubo un consentimiento informado en esa internación. Ella
lo visibiliza como una situación de violencia más por parte de su progenitor.
Posteriormente, le llega una citación para realizarle una evaluación a
través de la junta evaluadora de la Dirección de Salud Ocupacional de la
Subsecretaría de Gestión y Empleo Público de la Provincia de Buenos Ai-
res. La misma es realizada sin explicarle por qué fue citada. Además, se
le negó el acceso al resultado. En el año 2017, Andrea fue a tomar horas y
en ese momento se entera de que estaba dada de baja por “incapacidad
laboral en grado invalidante, de carácter total y permanente”.
193
la sociedad impone para lograr la plena inclusión y participación de todes
en todos los planos de la vida. Con esto se quiere decir que las causas
que originan la discapacidad son sociales, las soluciones no se deberán
buscar en la persona individualmente sino en la sociedad en su conjunto
(Palacios, 2008).
En el año 2010, se sancionó la Ley 26657 de Salud Mental y su decreto
reglamentario, que adopta el modelo social de la discapacidad psicosocial
y un enfoque de derechos humanos. Desde esta perspectiva, las personas
con discapacidad psicosocial son sujetes de derecho. La ley apunta a la
reparación, promoción y restitución de los derechos de las personas con
discapacidad psicosocial.
La CDPD reconoce que las cismujeres y LGTBI+ con discapacidad
pueden ser objeto de formas múltiples e intersectoriales de discrimina-
ción por motivos de género y de discapacidad. Los abordajes requieren
de una perspectiva interseccional. La interseccionalidad es un concepto
que muestra cómo las categorías sexo/género, clase social, raza, edad,
discapacidad, interactúan y se superponen en realidades sociales de la
vida de las mujeres, configurando las relaciones de poder (Davis, 2005).
La interseccionalidad surge como una herramienta teórica para entender
y responder a las maneras en que las encrucijadas identitarias contribu-
yen a crear experiencias únicas de opresión y privilegio (AWID, 2004). En
la situación relatada, hay una violencia específica atravesada por un con-
junto de factores a partir de la interseccionalidad de opresiones dadas por
el género, la clase y la discapacidad psicosocial.
La Organización Mundial de la Salud define la salud como un estado
de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia
de afecciones o enfermedades. La Ley de Salud Mental incorpora este
concepto de salud integral, definiendo a la salud mental como un pro-
ceso determinado por componentes históricos, sociales, económicos,
culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento
implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción
de los derechos humanos y sociales de toda persona. Hacemos hincapié
194
en esto debido a que los efectos de las violencias por motivos de género
sostenidos en el tiempo impactan fuertemente en la subjetividad, y son
un factor de riesgo para la salud.
Desde el paradigma de derechos humanos, consagrado en nuestro
ordenamiento normativo, se parte del principio de la capacidad de la per-
sona y del ejercicio de esa capacidad jurídica. Esto implica que el Estado
debe garantizar los medios necesarios para que la persona pueda desa-
rrollar una vida digna y en comunidad. Como indica María Graciela Igle-
sias (2016), “cualquier persona con discapacidad puede, con autonomía,
independencia y libertad, ejercer su capacidad jurídica en relación con to-
dos los aspectos de la vida, lo que implica el reconocimiento de la plena
garantía de la accesibilidad de todas sus dimensiones” (Iglesias, 2016).
La CEDAW y los principios de Yogyakarta establecen la capacidad jurídica
de las cismujeres y LGTBI+ en igualdad de condiciones que el resto de
las personas, admitiendo así que el reconocimiento de la capacidad ju-
rídica es esencial para el igual reconocimiento como persona ante la ley.
Es importante destacar que, quienes fueron considerados “incapaces” a
lo largo de la historia, son las personas perseguidas por los sistemas de
dominación: cismujeres y LGTBI+, niñes, personas con discapacidad, per-
sonas en situación de pobreza.
La Ley de Salud Mental reconoce derechos que son fundamenta-
les para un abordaje en clave de derechos humanos. Uno de ellos es el
derecho al consentimiento informado, instrumento que refleja la volun-
tariedad de la persona. En este sentido, les usuaries tienen derecho al
acceso a su histórica clínica y recibir la información de forma asequible
y en lenguaje claro. En un modelo asilar/tutelar, que regía previo a la
sanción de la Ley de Salud Mental y la modificación del Código Civil
y Comercial, la institución decidía sobre la persona, dando lugar a vio-
laciones sistemáticas a los derechos humanos. Sin embargo, Andrea
no pudo expresar su consentimiento para la internación y le negaron el
acceso a su historia clínica.
La conquista de la Ley de Salud Mental implicó un cambio en los
195
criterios de intervención y abordaje de salud mental: un pasaje de la peli-
grosidad al riesgo. El concepto de peligrosidad es considerado como un
atributo de la persona mientras que el riesgo es situacional. Asimismo, la
ley recepta el principio de no discriminación para evitar prácticas discrimi-
natorias que han sido utilizadas como diagnóstico, dejando en claro que
el diagnostico no puede basarse en el género, status social, raza, cultura,
religión (Stolkiner, 2015). A partir de la situación de Andrea, se puede ob-
servar cómo el riesgo también puede ser definido desde la discriminación.
Conforme la Ley de Salud Mental, la internación se utiliza como me-
dida restrictiva y residual, esto implica que solo puede llevarse a cabo
una internación cuando implique mayores beneficios que el resto de las
intervenciones que pudieran realizarse en los entornos comunitarios, será
lo más breve posible y se mantendrá contacto con sus lazos afectivos. En
Argentina, la ley anterior a la Ley de Salud Mental y el viejo Código Civil
y Comercial le daban al juez la potestad para ordenar la privación de la
libertad de personas con padecimiento subjetivo (Rey, 2015). A pesar de
ello, la medida de internación de Andrea se tomó como primera instancia.
El abordaje de la salud mental debe ser intersectorial y comunitario, de-
bido a que es una temática que supera las incumbencias del sector salud;
requiere un trabajo interministerial y la intervención coordinada de todos
los sectores de la sociedad. El enfoque comunitario implica la participación
de las comunidades en la elaboración y diseño de políticas públicas. Con-
forme el Decreto 603/2013 de reglamentación de la Ley 26657, las políticas
de abordaje intersectorial deben incluir programas que garanticen a las per-
sonas con discapacidad psicosocial la accesibilidad al trabajo, educación,
cultura, arte, deporte, vivienda y todo aquello que sea necesario para el de-
sarrollo de una vida en comunidad. En la situación planteada, hubo una
falta de articulación entre la Dirección General de Escuelas de la Provincia
de Buenos Aires, la Dirección de Salud Ocupacional de la Subsecretaría de
Gestión y Empleo Público de la Provincia de Buenos Aires y los efectores de
salud. Resulta de importancia resaltar que el despido de Andrea se da en el
gobierno conducido por María Eugenia Vidal, en un contexto de despidos
196
generales y recortes en materia de salud, discapacidad y políticas sociales.
El neoliberalismo requiere de la fragmentación de los lazos sociales e insti-
tucionales para operar (Carballeda, 2013).
Del presente desarrollo podemos concluir que el Estado continúa con
prácticas del modelo médico/rehabilitador, institucionalizando a Andrea sin
su consentimiento y dejándola sin trabajo por un diagnóstico de salud men-
tal. Esto da cuenta de que los modelos no son estancos, sino que coexisten
y están en disputa permanente. No alcanza con la desinstitucionalización
de la salud mental para erradicar las violencias contra las personas con dis-
capacidad psicosocial. Es necesario comprender el origen histórico y social
del estigma de la “locura”, cómo la atención en materia de salud mental se
desarrolló con un aislamiento de la salud en general y de las prácticas co-
munitarias que, como señala Alicia Stolkiner (2015):
Conclusión
La adopción del modelo social implica modificar nuestras prácticas y nos
interpela a preguntarnos cuáles son las estructuras y relaciones de poder
que operan, sostienen y legitiman las barreras construidas. Los obstá-
culos que enfrentan las cismujeres y LGTBI+ con discapacidad psicoso-
cial en el ejercicio de sus derechos son la consecuencia de una sociedad
197
hetero-cis-patriarcal, capacitista, capitalista, colonialista y adultocentrista.
En la situación de Andrea, vemos la falta de transversalización de
perspectiva en salud mental, género y derechos humanos en las estruc-
turas del Estado y la falta de articulación entre las diferentes áreas del
Estado y la comunidad. Es decir, no se intervino desde una perspectiva
interseccional e intersectorial. El abordaje segmentado de la situación de
Andrea implicó que la cuestión laboral se trabajara sin tener en cuenta
la violencia por motivos de género, omitiendo el carácter integral de la
salud y los fuertes impactos de las violencias en la salud mental de las
personas. A su vez, un diagnóstico de salud mental operó para restringir
derechos agravando otras esferas de la vida de la persona, concretamen-
te, las violencias por motivos de género y la revinculación con sus hijes.
Para concluir, compartimos un fragmento del libro de Butler Vida pre-
caria: El poder del duelo y la violencia, en el que la autora plantea:
198
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cional de Salud Mental. Disponible en: [Link]
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cion-de-La-Ley-Nacional-de-Salud-Mental-doc#
Stolkiner A. (2015). “Salud mental: avances y contradicciones de su inte-
gración a la salud comunitaria”. Capítulo del libro Qué hacer en sa-
lud-Fundamentos políticos para la soberanía sanitaria. Ed. Colihue
2015, págs. 57 a 70.
200
MESA 1.3
201
e interinstitucional: implicando a áreas de educación, salud, trabajo, etc.
El artículo de Blanco, Godoy Fava, Paola, Sisto y Villalba desarrolla una
línea similar, dando cuenta del funcionamiento del Consejo de Mujeres,
Géneros, Diversidad y Derechos Humanos del Municipio de Ituzaingó, el
cual trabaja conjuntamente con la Secretaría de Políticas de Género y el
Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos de Niñeces y
Adolescencias. Desde allí, su trabajo pone énfasis en el hacer colectivo y
cotidiano de los equipos técnicos de atención, dispositivos grupales mu-
nicipales, dispositivos electrónicos duales, mesas locales intersectoriales
y la matriz de riesgo como herramientas fundamentales para ordenar las
diferentes instancias de trabajo, en las intervenciones referidas a las si-
tuaciones de violencia por razones de género.
De igual manera, el artículo de la Dirección de Políticas de Género de
Necochea desarrolla su labor otorgando un énfasis especial a la impor-
tancia de la matriz de riesgo como herramienta para establecer el nivel
de riesgo, como también la del Registro Único de Casos por Violencia de
Género (RUCVG) para la sistematización de intervenciones, producción
de estadísticas, seguimiento y análisis de las políticas desarrolladas. En
este sentido, el trabajo da cuenta de la implementación de las políticas
públicas provinciales, del Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y
Diversidad Sexual de la PBA, a nivel local.
El trabajo de Barraza y Flores recupera la experiencia del Área de Políti-
cas de Género del Municipio de Moreno, respecto a los tiempos que tienen
los abordajes y la caracterización de los perfiles de las personas en situa-
ción de violencia por razones de género. Reflexionan en torno a distintas
instancias y estrategias de intervención. En este sentido, Fittipaldi también
presenta una producción en torno a los tiempos del trabajo terapéutico, res-
catando la palabra como instrumento necesario y de alto poder simbólico
para salir del dolor, ‘darse cuenta’ y poder construir nuevos sentidos.
Finalmente, los trabajos de Conte y Dip y de Biré respectivamente,
abordan la potencialidad de las mesas locales intersectoriales, fundamen-
tales para el ejercicio realmente integral de los abordajes de violencias
202
por razones de género. Las autoras ponen énfasis en la relevancia de las
mesas constituidas por representantes de distintos organismos, referen-
tes y efectores a nivel local. Concretamente, el trabajo de Biré desde Gua-
leguaychú, Entre Ríos, aporta una experiencia desde otra provincia que
también busca respuestas transversales e intersectoriales.
Todos estos trabajos, entonces, no solo conforman una caja de herra-
mientas de experiencias de desarrollo de políticas públicas situadas, sino
que también cuentan con la enorme voluntad de sus autoras, quienes su
labor cotidiana en espacios de gestión municipal les ha permitido reflexio-
nar, conceptualizar y elaborar estos artículos. El vigor de su participación
hizo que el presente eje temático resulte el más destacado del Congreso
respecto a la afluencia de trabajos, contando con la presencia de refe-
rentas de muchos municipios. Esperamos también que su instancia de
exposición, desarrollo y fundamentación haya constituido un hacer colec-
tivo que habilitó espacios de construcción y de intercambio entre todes
les presentes. Sin dudas, su producción colectiva hace a la invención de
más inteligencia colectiva y se constituye, a su vez, como líneas de fuga
(Deleuze y Guattari, 1994), potenciando, así, al campo de los estudios de
género en materia de políticas públicas para el abordaje de las violencias
por razones de género.
203
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
204
Desarrollo
Analizamos las acciones de la MLI como prácticas concretas en el ejerci-
cio de la ciudadanía (Jelin, 2020). Las mesas son espacios políticos donde
participan distintos actores institucionales, comunitarios y territoriales para
trabajar sobre la temática de violencia de género, es decir, son propues-
tas en el marco de un dispositivo armado, sostenido y coordinado desde
la Dirección de Género y Diversidades. Es un lugar donde se articulan los
distintos actores territoriales. En el contexto de pandemia los encuentros
se realizaban virtualmente una vez al mes y en la actualidad se realizan de
manera presencial con la misma frecuencia. La Mesa no se reduce solo a
los encuentros, sino que puede actuar en función de los objetivos que se
planteen. Es un espacio que se va construyendo en el ejercicio del poder
local, intentando trabajar con las violencias de género, pero en un senti-
do articulado y en corresponsabilidad. Se va diseñando un dispositivo en
donde todos puedan plasmar sus ideas, lo que piensan, lo que proponen,
y, además, trabajar articuladamente, efectores del Estado y organizaciones
comunitarias que son fundamentales dentro del territorio. Cada una con
sus demandas, pero pensando desde la lógica del trabajo transversal y
construyendo internamente los mecanismos de funcionamiento.
Este dispositivo se fue transformando e institucionalizando hasta
concretar la modalidad que se implementa en la actualidad. La Mesa fue
modificando su forma de funcionamiento dado que en un primer mo-
mento se trabajó en comisiones que fueron definidas por las demandas
territoriales: trabajo, salud, ESI, masculinidades, construcción de datos,
y cada comisión se reunía en otros momentos de la mesa para avan-
zar en la temática y luego traía esa información al encuentro general
para socializarlo. Cada comisión exponía sus avances y las limitaciones
con las que se habían encontrado. Esto sucedía en el contexto de la
pandemia. En cada una se fue avanzando en visualizar las demandas
del territorio, aunque todavía estaba en proceso la construcción de la
corresponsabilidad. En un determinado momento del proceso de rea-
lización virtual de los encuentros, las relaciones se fueron tensionando
205
por las demandas personales de algunas de las integrantes, lo que nos
obligó a hacer una pausa para repensar la dinámica de la MLI. Luego, al
retomar los encuentros en presencialidad, logramos transformar positi-
vamente esa situación.
Fue ya en 2022 que iniciamos la modalidad presencial y en el primer
encuentro asistieron más organizaciones que efectores. La fecha y sede de
cada reunión se pauta sobre el final de cada MLI de manera consensuada
con todas las personas que asistieron al encuentro, intercalando reuniones
por la mañana y por la tarde mes por medio. Si bien pautamos y acordamos
esta modalidad de funcionamiento, por fuera de la mesa algunas organi-
zaciones difundieron que esto no se realizaba de esta manera, lo que nos
llevó a revalidar una vez más esta dinámica de funcionamiento a fin de
garantizar la participación de todes les interesades en hacerlo. Además,
para garantizar el alcance del dispositivo, llevamos a cabo las reuniones de
manera itinerante en las diversas localidades de nuestro territorio.
En una primera instancia se realizaban las desgrabaciones de los en-
cuentros y luego se enviaban a modo de acta de la reunión. Actualmente
se sistematiza un punteo de los temas tratados a fin de agilizar la lectura
del acta, que se envía con la invitación al encuentro siguiente a fin de que
quienes asistan puedan darle continuidad a lo trabajado.
Por otra parte, el 30 de mayo junto con esta Ministeria de las Muje-
res, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos
Aires, en la localidad de Diego Gaynor comenzamos a hacer realidad el
programa MIPueblo, Mesas Intersectoriales de Pueblos, que se propone
garantizar el abordaje integral de las violencias por razones de género en
los territorios rurales, costeros e isleños, a través del fortalecimiento de
las redes institucionales y de organizaciones sociales presentes en las
localidades bonaerenses de menor densidad poblacional. Para nosotras
significó el punto de partida de un trabajo que nos desvela desde que
iniciamos la gestión de la Dirección de Género y Diversidades de Exal-
tación. ¿Cómo hacemos para llegar con las herramientas que tenemos
para la prevención de las violencias por razones de género a cada rincón
206
de nuestro territorio? Así arrancamos, con la participación de organizacio-
nes, vecinas, integrantes de las diferentes áreas de gestión y el respaldo
de un ministerio que avanza, amplía derechos y los garantiza, en la con-
formación de una comisión para el abordaje específico de la elaboración
de dos herramientas imprescindibles como son la ruta crítica y el recur-
sero para nuestras zonas rurales, que están en proceso partiendo de la
construcción de un diagnóstico participativo y situado.
Como parte del proceso de institucionalización del dispositivo Mesa
Local Intersectorial para el abordaje de la violencia de género en Exalta-
ción de la Cruz, en la sesión del martes 26 de julio de 2022, el HCD sancio-
nó la Ordenanza municipal 2883/22, con el objetivo de “lograr un trabajo
articulado entre las diferentes instancias institucionales que la integran
con el objeto de analizar, diseñar, planear, evaluar e implementar acciones
específicas y diseño de políticas públicas en relación al abordaje y la pre-
vención de las violencias por razones de género”.
En esta última etapa propusimos trabajar los encuentros a partir de
ejes temáticos, sin desestimar los emergentes que sea necesario tratar,
pero como para ordenar la asistencia de los diferentes efectores garanti-
zando su presencia en aquellos encuentros en los que se aborde su temá-
tica específica. Se resolvió implementar esta modalidad, dado que otras
áreas comenzaron a trabajar también en mesas y se sobrecargaba la de-
manda de tiempos en reuniones que muchas veces no tenían relevancia
para algunos de ellos. En la primera mesa realizada bajo esta modalidad
decidimos colectivamente trabajar con la temática de seguridad, mien-
tras que en el próximo encuentro que se concretará la próxima semana
abordaremos el tema educación.
Por otra parte, en esta etapa propusimos que cada organización asu-
miera la corresponsabilidad de socializar lo realizado en torno a las vio-
lencias por razones de género a lo largo del mes anterior, de modo tal que
se comprometieran todes les participantes para que el encuentro no fuera
solo un informe de gestión de esta dirección municipal, y progresivamen-
te esto se fue instalando como práctica habitual.
207
En el análisis de los lazos entre el Estado y los colectivos femeninos en
el espacio de la Mesa Local Intersectorial para el Abordaje de la Violencia
de Género (MLI) visualizamos por momentos a través de los reclamos de
las mujeres la persistencia de la mirada del Estado como enemigo. Tam-
bién identifican al Estado como el responsable de resolver las situaciones
sin necesidad de que las organizaciones se involucren. Estas organiza-
ciones se posicionan en una mirada del Estado como dador, para deman-
darle soluciones en una concepción del poder pensado como atributo,
en la medida en que –como se comprendía antes de la modernidad– el
poder era algo que se poseía; desde esa lógica es difícil poder pensar a la
intervención estatal a través de políticas públicas como herramienta de
transformación social. Recuperando las ideas de Yuval-Davis, N. (1996),
reconocemos la importancia de la relación entre el Estado y los feminis-
mos en la que los vínculos son múltiples y el poder se ejerce en todos los
ámbitos y direcciones (de modo rizomático).
Podemos analizar el ejercicio de la ciudadanía en la MLI por razones de
género en el ejercicio de los reclamos de las organizaciones que se rela-
cionan con demandas territoriales, entre los que encontramos: la difusión
sobre el IVE, el trabajo con la temática de las masculinidades, el circuito de la
denuncia para las personas que transitan situaciones de violencia, la imple-
mentación de la ESI, la construcción de datos y la problemática de empleo:
trabajo desde dos miradas posibles desde la capacitación hasta la genera-
ción de propuestas laborales o proyectos referidos a la temática. En este
sentido, un primer análisis sería marcar que los ejes de las temáticas plan-
teadas recuperan las experiencias en el territorio y ponen la mirada sobre los
problemas locales. Pensamos en cómo las organizaciones sociales, comu-
nitarias y las mujeres recuperan sus experiencias cotidianas y las transmiten
en un espacio político para la construcción de un proyecto que se expresa en
lo público (Astelarra, 2002). De esta forma se integra la dimensión de género
a la política recuperando las reivindicaciones de las demandas territoriales.
Entendemos el ejercicio de la ciudadanía en la MLI a partir de cómo
los actores despliegan sus distintas posiciones en la estructura de la
208
sociedad, siendo mujeres, referentes territoriales, trabajadoras, etc. Y
desde estas múltiples subordinaciones reclaman respuestas y plantean
ejes que creen fundamentales para trabajar en este espacio. Todo esto no
está libre de tensiones, sino que más bien las pone de manifiesto. Durante
las intervenciones, si bien por momentos los reclamos eran atravesados
por la perspectiva de género y desde una lógica transversal, horizontal y
para el abordaje corresponsable, por ejemplo, en el eje de lo laboral, se
marcaba la importancia de generar puestos de trabajo en la órbita mu-
nicipal y no solo en desarrollar capacitaciones. Pero en el momento de
diseñar la manera de intervenir, las propuestas de los feminismos era es-
perar pasivamente respuestas desde el Estado. Si bien es fundamental
dar cuenta de las relaciones asimétricas en las que están asentados los
mecanismos del ejercicio del poder, también es cierto que la concepción
de este deja sin sentido el ejercicio de la ciudadanía y la posibilidad de
construcción de soluciones viables.
No obstante, se visualiza la potencialidad de los movimientos femi-
nistas para incorporar los nuevos temas en las agendas institucionales.
En el espacio de la MLI se observa la continua actualización de la agenda
sobre demandas de mujeres y diversidades, a veces con más nivel de
representatividad que otras. Siguiendo con el ejemplo, pusieron la dimen-
sión de la problemática de la salida de las violencias en el tema del trabajo
genuino y corriendo la variable de las capacitaciones. Recuperamos la
idea de retomar la dimensión de lo personal de las mujeres presente en la
búsqueda laboral condicionada por las tareas de cuidado, para implicarlo
en el espacio de lo público, por la necesidad de trabajo genuino cuando
esas tareas de cuidado las alejan de la inserción laboral en las situaciones
de violencia de género. (Astelarra, 2002).
Otro aspecto relevante de las prácticas de los feminismos en el espacio
de las MLI sobre violencia de género se vincula con el nivel de represen-
tatividad de los movimientos. Una de las condiciones para participar en
las mesas se relaciona con la relevancia de la representatividad que im-
plica la posibilidad de reflejar, recuperar y gestionar los deseos, palabras e
209
intereses de las mujeres del territorio. Por momentos las participaciones
reflejan más los intereses personales que colectivos, dado que interpelan
espacios laborales para situaciones individuales. Y Mouffe (C. 1993) nos
hace pensar en una concepción que tome en cuenta cómo actuar para ser
miembro de una comunidad política democrática, una ciudadanía más ac-
tiva que haga hincapié de la participación política y en la noción del bien
común antes que los intereses individuales. Estos aspectos de ciudadanía
más activa son los que en algunos casos puntuales (más vinculados a las
organizaciones ligadas directamente a agrupaciones de izquierda partida-
ria) se desdibujan en la participación de los feminismos en Exaltación.
La construcción de la ciudadanía se realiza en un proceso que no siem-
pre significa avances, pueden darse retrocesos y que tienen como base dis-
putas de poder. (Bareiro, 2021). En un primer momento en el ejercicio del
poder las organizaciones feministas reclamaban demandas para pedirle al
Estado y no ejercer su participación política desde la práctica de la construc-
ción con otros. Luego esta actitud se fue transformando y tensionando per-
manentemente. Y ahí visualizamos la idea del ejercicio del poder no como
asistencial sino desde la lógica de la construcción colectiva. La Mesa va
cambiando en su proceso de construcción: al principio, mucho más abstrac-
to, intentando pensar qué temáticas, y ahora ya articulando con comisiones
y pensando cómo trabajar desde lo concreto. De esta manera la Mesa se fue
transformando en un proceso de avances y retrocesos, evidenciando cierta
fragilidad de los mecanismos frente a las situaciones coyunturales.
Conclusión
A partir del análisis de las esferas de lo privado y lo público en relación
con la ciudadanía y el ejercicio del poder en las MLI podemos concluir en
la importancia de la recuperación de la experiencia y los saberes de las
mujeres en el ámbito privado, territorial y comunitario como fundantes
en las prácticas de transformación de las violencias locales. De esta for-
ma pensamos que la dicotomía de lo masculino y femenino se diluye de
210
manera tal que se van creando puentes con las diversas experiencias de
lo comunitario. Dichas experiencias forman parte de la construcción de
los espacios políticos y son necesariamente las dimensiones que van a
marcar las diferencias, no solo cuantitativa sino cualitativamente respec-
to a lo que se busque transformar de la realidad, para pensar en un mundo
más justo, igualitario, inclusivo y democrático. En los lazos entre el Estado
y los colectivos de mujeres y diversidades visualizamos las tensiones en
la concepción del Estado. En ese marco, destacamos la importancia de
sostener estos espacios de participación política local, que implican el
doble ejercicio de la ciudadanía, como derecho y a la vez como respon-
sabilidad. El actual proceso de construcción de la MLI implica por un lado
la posibilidad de visibilizar las distintas temáticas y problemas sobre vio-
lencia de género que se plasman en lo local y, por otro lado, la posibilidad
de articulación entre el Estado y la sociedad para la transformación de
la realidad. En relación con la MLI y los sentidos en disputa, las prime-
ras acciones de las organizaciones fueron de reclamo frente al Estado,
pero en el proceso de construcción de la Mesa, encuentro a encuentro,
las demandas pudieron elaborarse en otras instancias relacionadas con
prácticas de construcción más colectivas.
211
Bibliografía
212
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
En esta oportunidad y en relación al tema propuesto para la mesa de in-
tercambio, hemos decidido compartir con ustedes, a partir de un recor-
te clínico, algunas ideas sobre el abordaje de las violencias por razones
de género. Somos una dupla de psicólogas que trabajamos en el ámbito
municipal, en la ciudad de Cañuelas, en diferentes instituciones, y nos re-
lacionamos con la problemática desde diferentes grupos poblacionales
afectados por la misma.
Este trabajo busca visibilizar un modo de abordaje que contemple tan-
to el espacio social grupal como el terapéutico individual, como se desa-
rrolla en el caso que presentaremos a continuación:
Claudia se acerca al servicio de Salud Mental del Hospital, solicita inter-
vención por su hijo de 10 años que tiene crisis de angustia y se golpea la
cabeza contra la pared.
64 cabrerapaula0701@[Link]
65 laurasoubelet1@[Link]
213
Claudia tiene 32 años, un hijo de 6 meses, Santi, y Nico, de 10 años. En
la primera entrevista con la psicóloga, sin niños, Claudia refiere que actual-
mente vive con su nueva pareja, de 35 años. Que se separó del padre de
Nico luego de sucesivas infidelidades y varios episodios de violencias.
Claudia conoce al papá de Santi y se viene a vivir a la localidad de Ca-
ñuelas, mientras que Nico, que en ese momento tenía 6 años, se queda vivir
en La Matanza con el abuelo materno. Desde la pandemia Nico se viene a
vivir a con ella, y como consecuencia de un padecer físico del abuelo, Nico
se queda a vivir definitivamente con la mamá.
“No sé qué le pasa, de repente llora, grita, se encierra en su habitación,
y cuando entro lo veo golpeándose la cabeza contra la pared. Yo me enojo
que no me escucha, y yo, doctora, le debo decir la verdad, a veces le pego
también, para ver si así se tranquiliza; si no, una ducha de agua fría. Yo sé
que no está bien, pero a usted le tengo que decir la verdad”.
Al indagar respecto a la cotidianeidad de la nueva relación de pareja,
Claudia refiere: “Al principio estaba todo bien… tenemos nuestros días, pero
bueno, ahora hablamos y él me prometió que no iba a volver a pasar”, la
señora describe situaciones de violencia física y psicológica, a veces de-
lante de los niños: “Me agarró del cuello, siempre lo hacía en el dormitorio,
nosotros hablamos siempre ahí, siempre de noche. Pero el otro día estaba
Nico y vio todo”.
Se indaga respecto a qué estatuto tienen para ella estas diferentes vio-
lencias en la nueva relación, y dice que “no me puedo separar, Santi tiene 6
meses y ama con locura al padre”, “Mire, doctora, le digo la verdad, no tengo
trabajo, ¿a dónde me voy a ir? La mamá de él me dijo que lo mejor que puedo
hacer es irme, pero ¿a dónde? ¿De qué vivo? ¿Cómo mantengo a dos niños?”.
Como el motivo de consulta tiene que ver con su hijo, se le orienta a
Claudia como condición de tratamiento para el hijo, que ella pueda comen-
zar con los grupos de mujeres como estrategia terapéutica para sus hijos y
para poder fortalecerla a ella.
214
Desarrollo
Este trabajo tiene como objetivo aportar una nueva mirada sobre las me-
todologías de abordaje de las violencias por razones de género.
Partiendo de la base de que un vínculo es conceptualizado por Pi-
chón-Riviere66 como la forma en que una persona se relaciona con las
demás, estableciendo una estructura relacional entre ambos comunican-
tes que va a ser única entre ellos dos. A partir de esta definición podemos
plantear cómo se relaciona la persona víctima con el victimario. Entre am-
bos se construirá un modo relacional único, particular y subjetivante, que
generará impacto en quienes los rodean.
En el devenir de los constructos sociales el victimario es quien se con-
sidera impenetrable, ejerciendo su poder del modo tal como lo conoce-
mos, ejerciendo alguna/s forma/s de violencia.
La víctima también es parte de un sistema social patriarcal y recorre
un camino hasta que puede darse cuenta, y a partir de allí, pensar, revisar,
modificar su mirada sobre la situación que atraviesa y, posteriormente,
también realizar una revisión sobre su historia, en un ámbito terapéutico.
Como el motivo de consulta tiene que ver con su hijo, se le orienta a Clau-
dia, como condición de tratamiento para el hijo, que ella pueda comenzar
con los Grupos de mujeres como estrategia terapéutica para sus hijos y
para poder fortalecerla a ella.
66 Pichón Riviere, E. (1980). Teoría del vínculo. Selección y revisión de Fernando Taragano.
Buenos Aires: Nueva.
215
Este camino que recorre la persona hasta lograr darse cuenta se da en
un contexto de trabajo en red en el que la víctima es partícipe de un ámbito
donde en algún punto se vio interpelada, permitiendo ser alojada por esa
red que la acompaña. En la localidad donde trabajamos contamos con
estos recursos: Red de Mujeres en Máximo Paz, Fundación Pibes Ruta
3, Envión, Secretaría de la Mujer, Servicio Local de Niñez, instituciones
educativas, Comisaría de la mujer y la familia, CPA, Hospital Municipal.
Las mismas instituciones, trabajando interdisciplinariamente, intentan
acercarse a las víctimas, proponiéndoles que participen de diferentes es-
pacios, en los cuales dan soporte a la vida social y acompañan el proceso
de detección y de reconocimiento de la patología del vínculo. Es desde
estos espacios que las víctimas pueden repensar sus vivencias, echar luz
dándoles entidad de violencia, propiciando ese darse cuenta, ya que esta
elaboración implica acciones por parte de la víctima para comenzar a
desarmar rasgos constitutivos de esa relación o vínculo violento. Consi-
deramos que este primer abordaje puede darse de múltiples maneras ya
sea de modo individual, grupal, frecuente o más distanciadamente. Toda
aquella actividad en red que propicie la desnaturalización de un vínculo
de pareja que se consideraba sano, o solo se daba por sentado que era
así y no se visualizaba la posibilidad de cambio, es favorecedora. Estas
acciones tenderán a generar la autonomía de la víctima, contemplando
lo económico, lo social, y la contención necesaria, teniendo en cuenta el
ciclo de la violencia, donde es esperable que a la víctima se le dificulte
cortar lazos de manera determinante y definitiva. Como Claudia relata:
“Mire, doctora, le digo la verdad, no tengo trabajo, ¿a dónde me voy a ir? La
mamá de él me dijo que lo mejor que puedo hacer es irme, ¿pero a dónde?
¿De qué vivo? ¿Cómo mantengo a dos niños?”, visibilizando que uno de
los mayores obstáculos que enfrenta una mujer víctima de violencia ma-
chista es la reorganización económica, dado que es quien la mayoría de
las veces queda a cargo del cuidado de los niños.
Como planteamos al principio de la exposición, un vínculo se cons-
truye con un mínimo de dos integrantes. En cualquier separación la
216
trama vincular deja de ser a partir de que un miembro de la pareja decide
de manera unilateral y autónoma romper con éste vínculo. Si tenemos
en cuenta que el motivo de la disolución del vínculo es por razones de
violencia, tan arraigadamente naturalizada en nuestra sociedad, se re-
salta la importancia del acompañamiento a las víctimas antes, durante
y después de realizar la denuncia o de la salida del hogar. En nuestra
localidad contamos con espacios físicos: Casa abierta, dispositivos de
resguardo, refugio y dispositivos de alto riesgo, que dan lugar a las vícti-
mas durante este período.
Acompañamiento/tratamiento individual
“Santi tiene 6 meses y ama con locura al padre”
De forma simultánea, en una segunda parte del modo de abordaje resal-
tamos la importancia de realizar un acompañamiento/tratamiento psico-
lógico especializado y de carácter individual con las víctimas. Planteamos
que el objetivo del mismo es tomar la iniciativa de este darse cuenta, acti-
vamente, y desarmar los modelos de identificación previos que fueron es-
tructurando la subjetividad de esa persona, durante años tal vez, y que han
dejado profundas huellas, que implican desandarlas de una manera activa
e implicada. Este camino es sobre todo complejo porque implica una des-
estructuración de los modelos de identificación establecidos, dejando un
vacío constitutivo que nos convoca a ofrecer modelos de identificación
saludables posibles para poder reestructurarlos. A decir de Silvia Bleich-
mar67: “El proceso de reelaboración no podrá darse sin múltiples interven-
ciones que tiendan al reordenamiento psíquico”. La frase que Claudia refiere
proveniente de su hijo, evidencia la dificultad para hacer propias esas pala-
bras, para registrar sus emociones y elaborar esta idea de “locura de amor”.
Dentro de los aspectos que implican el tratamiento psicológico de este
217
tipo de consultantes, proponemos entonces abordar desde la complejidad
teniendo en cuenta la historización, buscando que la víctima asuma un rol
activo en este proceso, y que pueda revisar las conductas y decisiones que
la han llevado a este punto crítico. Se trata de desarmar este “amar con
locura” para poder construir un amor sano relacionado con el amor propio
y el autocuidado, para luego poder cuidar de los demás, entendiendo así las
demandas y necesidades específicas, propias y de sus hijos.
A decir de Freud68: “Podemos decir que el analizado no recuerda en
general nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa”. Es esperable
encontrarnos con que las víctimas consultantes actúen durante el perío-
do de tratamiento, generando inasistencias e irritabilidad contratransfe-
rencialmente. Manifiestan así que el círculo de violencia no es exclusivo
de la relación de pareja, sino que se repite en otros vínculos, y que en el
ámbito terapéutico nuestro mayor objetivo es ofrecer una posibilidad de
interrumpir el mismo y generar un proceso de construcción de nuevos
modelos de identificación para la víctima y su entorno.
Tal como lo planteamos al comienzo, este vínculo enfermo fue dejan-
do huellas también en sus espectadores, los niños convivientes:
68 Freud, S. (1914). Obras Completas, Tomo XII, “Recordar, repetir, reelaborar” (Nuevos consejos
sobre la técnica del psicoanálisis, II) P. 152, Ed. Amorrortu.
218
Es así que resaltamos la importancia del tratamiento terapéutico indi-
vidual de la víctima, remarcando su característica de prevención, teniendo
en cuenta a las generaciones futuras que podrán ser acompañadas en
su desarrollo por adultos sanos que se ocupen de las diferentes formas
de violencia, reconociéndolas y rechazándolas. Y ofreciendo consciente-
mente modelos de identificación saludables a los mismos, como sería,
por ejemplo, que Claudia no le pegue a Santi cuando tiene una crisis, sino
que adopte conductas de contención, como podría ser un abrazo.
Enfatizamos en que el abordaje preventivo y terapéutico solo es posi-
ble cuando las organizaciones trabajan en red con un objetivo en común.
Conclusión
Podemos concluir entonces que es necesario abordar este complejo
proceso trabajando en red desde el comienzo. Todos los actores son im-
portantes y pueden ofrecer su aporte a éste darse cuenta proceso que
elaborarán las víctimas. Resaltamos la importancia de que este soporte
continúe durante el período de tratamiento terapéutico sosteniendo las
posibles recaídas, esperables en el devenir de este proceso de empodera-
miento y autonomía progresiva.
Consideramos necesaria la continuidad en el abordaje de Políticas Pú-
blicas que contemplen las necesidades específicas de esta problemática,
pensándolas fundamentalmente como herramienta de prevención en ni-
ños, niñas y adolescentes de nuestro territorio.
219
Bibliografía
220
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
La intervención municipal
interdisciplinaria en situaciones
de violencia por razones de género:
un modelo para armar
Autoras: Silvia Fernanda Barraza69, Sabrina Giselle Flores70
Introducción
Pasaron seis años desde que comenzamos a trabajar juntas en la loca-
lidad de Trujui, partido de Moreno. En ese momento pertenecíamos a la
Dirección de la Mujer, que luego se convirtió en la Dirección de Políticas
de Género y algunos años después se transformó en la Secretaría de las
Mujeres, Géneros y Diversidad del Municipio de Moreno. Si bien estas mo-
dificaciones tuvieron que ver con los cambios que se fueron produciendo
en nuestra sociedad –en relación a cómo fue instalándose en la agenda
pública el tema de la violencia por razones de género y la necesidad de
que los equipos municipales se abocaran a la tarea específica de acom-
pañar a las mujeres y disidencias que atravesaran esta problemática–,
esto no hubiera sido posible sin el desafío asumido en el ámbito local. La
actual gestión municipal fue posicionando en la estructura nuevos espa-
cios institucionales que permitieron un crecimiento del equipo de trabajo
221
en pos de más y mejor atención a la comunidad.
Desde nuestra Secretaría consideramos a la violencia por razones de
género una problemática compleja que requiere de un abordaje social que
atienda la historia y la intersectorialidad. Pero ¿cómo se lleva a cabo este
abordaje en lo cotidiano desde un equipo municipal?
El trabajo interdisciplinario
En 2016 se planteaba que los equipos de cada localidad del municipio de
Moreno se conformaran como “díadas interdisciplinarias”, considerando
los distintos recorridos, formaciones y experiencias comunitarias con los
que contaba el equipo de trabajo. Así comenzamos nuestro recorrido en
conjunto en Trujui, Silvia, trabajadora social, y Sabrina, psicóloga. Desde
el principio no solo entrevistábamos juntas a todas las personas que asis-
tían a nuestro espacio de atención, sino que también nos tomábamos el
tiempo de conversar y reflexionar sobre lo escuchado en cada entrevista.
Esto nos permitía ir realizando un análisis de la situación e ir pensando
líneas de intervención. Asimismo, nos permitía aportar distintos elemen-
tos desde la disciplina de cada una: la subjetividad individual y el vínculo
con la comunidad; los factores psicológicos y los factores sociales; la si-
tuación actual pero también la historicidad de los vínculos. Esto fue ge-
nerando una retroalimentación en nosotras como equipo, a partir de que
se iba dando un intercambio de saberes que se suelen poner en juego al
momento de la entrevista, así como también una discusión cuando había
distintos puntos de vista.
Consideramos que este trabajo interdisciplinario permite que el abor-
daje de la violencia por razones de género cuente con una visión más
integral. En nuestro caso, nos ha permitido crear un trabajo más artesanal
en conjunto con las mismas personas a las que atendemos y, a la vez,
más creativo a la hora de proponer nuevas estrategias. Si bien nuestro
trabajo ha sufrido modificaciones durante la pandemia, generando que
resultara difícil mantener entrevistas presenciales en conjunto, siempre
se continuó el trabajo en equipo.
222
Intervención en una situación
A continuación se utilizarán nombres ficticios para resguardar la privaci-
dad de las personas involucradas en esta intervención.
La situación de Laura llegó a nuestra Secretaría en el mes de junio
del año 2021 a través de un oficio del Juzgado de Familia que solicitaba
nuestra intervención. Debido a la modalidad de trabajo en pandemia, la
primera comunicación fue telefónica. En ese momento la señora refirió
que había mantenido una relación de 11 años con Oscar, con quien tuvo
una hija, Milagros, de 5 años. Durante la relación el señor había ejercido
en distintas oportunidades violencia física, psicológica y verbal, pero Lau-
ra nunca lo pudo denunciar. Al momento de la entrevista mantenían una
relación de pareja, aunque viviendo en casas separadas, hasta el momen-
to en que él la agredió físicamente y ella tuvo que ser auxiliada por los
vecinos. Laura realizó la denuncia correspondiente y solicitó medidas de
protección solo para ella, ya que manifestaba que él no era violento con
la niña. En ese momento se le brindó asesoramiento legal y se le activó el
botón antipánico, aplicación a la que podía recurrir en situación de riesgo.
A continuación se acordó con ella una entrevista presencial, a la cual no
concurrió. Tampoco se pudo establecer un nuevo contacto telefónico.
Algunas semanas después se logró una comunicación telefónica, en
la que ella relató que ya contaba con las medidas cautelares otorgadas
por el Juzgado de Familia, que le habían brindado cierta tranquilidad. Sin
embargo, el señor la seguía contactando porque continuaba viendo a la
hija, con la intermediación de familiares en dichas visitas. Laura se en-
contraba muy angustiada porque él le había mandado mensajes propo-
niéndole encontrarse en un hotel. Esto le hizo acordar a sus relaciones
de pareja anteriores, en las cuales también había sufrido situaciones de
violencia. Asimismo, se culpabilizaba por haber sostenido tanto tiempo el
vínculo con esta persona y temía que él la manipulara nuevamente para
retomar la relación, como ya lo había hecho en ocasiones anteriores.
En ese momento se trabajó con ella el modus operandi de los agreso-
res y la manipulación que suelen ejercer sobre sus parejas. También se
223
conversó sobre el ciclo de la violencia y se intentó fortalecerla en cuanto
a su decisión de separarse, entendiendo que es parte del proceso tener,
por momentos, contradicciones. Se acordó nuevamente una entrevista
presencial a la cual tampoco concurrió. Luego de reiterados intentos de
comunicación telefónica, no se pudo establecer un nuevo contacto.
Meses después, Laura concurrió de forma espontánea a la Secretaría
relatando que Oscar había respetado la medida cautelar durante los seis
meses establecidos y, según lo referido, esto se debía al temor que él te-
nía frente a la Justicia. Debido a dificultades con el alquiler de la vivienda
en la que estaba, al finalizar la medida Oscar y Laura acordaron que ella y
su hija se mudaran a una habitación en el fondo del lote donde él vivía con
su madre. A partir de esta mudanza, él comenzó a hostigarla, a controlar
sus movimientos y a agredirla de forma psicológica y verbal. También le
hacía comentarios a su hija que denigraban a Laura o le decía que ya no
estaban juntos porque su madre no quería. Ella se encontraba angustia-
da por esta situación y tampoco podía mudarse porque no contaba con
los recursos económicos suficientes. Realizaba tareas de costura para
las cuales utilizaba una máquina de coser perteneciente a una vecina.
Debido a su solicitud de tratamiento psicológico, se la asesoró para que
concurriera a los servicios de atención municipales y se le solicitó la docu-
mentación correspondiente para inscribirla en un programa de asistencia
económica. Tres días después concurrió nuevamente a la Secretaría y
solicitó que se guardara la denuncia que había realizado contra Oscar por
temor a que él la encontrara.
Durante el mes de marzo estuvo demandante hacia el equipo solici-
tando llamados reiterados en los que relataba agresiones por parte de
Oscar. Sin embargo, ante las orientaciones y propuestas para repensar
su situación, respondía con negativas constantes, en una actitud poco
flexible a la hora de armar una nueva estrategia. Refería no contar con
amistades ni familiares que pudieran acompañarla en este momento y
tampoco quería retirarse de la vivienda que ocupaba tan cercana a Os-
car porque él cuidaba de la niña cuando ella salía a entregar sus trabajos
224
de costura. El equipo había articulado con la Dirección de Salud Mental
para la atención psicológica y con la Secretaría de Desarrollo Social para
la asistencia con recursos, pero Laura no concurrió a ninguno de los
turnos acordados con estos espacios. Seguía manifestándose angus-
tiada por la situación que atravesaba y requería de nuestra escucha de
forma reiterada, por más que por momentos se ponía en una postura
muy defensiva ante nuestras sugerencias para reflexionar sobre algu-
nas decisiones. El equipo insistía en tener en conjunto una entrevista
presencial con ella, por lo tanto, se la citó en reiteradas oportunidades
pero nunca asistió. En este punto de la intervención decidimos repen-
sar nuestra estrategia de acompañamiento y comenzamos a realizar
intervenciones telefónicas cada una por su lado, intentando contener
a Laura y abordando desde cada especialidad las distintas cuestiones
que la afectaban. Sabrina mantuvo el apoyo respecto a la angustia que
ella manifestaba y a las dificultades que se le presentaban a la hora de
tomar la decisión de separarse definitivamente, mientras que Silvia se
ocupó de acompañarla en la búsqueda de recursos y de trabajar sus
potencialidades en pos de fomentar su autonomía.
Luego de varios meses de trabajo en conjunto, Laura fue produciendo
algunos cambios. En primer lugar socializó su situación con una vecina,
quien le ofreció cuidar de una vivienda, y allí pudo instalarse junto con su
hija. A Oscar lo bloqueó en su teléfono y no volvió a tener novedades de él.
Posteriormente habló con su padre, quien la ayudó para alquilar y mudar-
se a otra localidad del municipio, además de que solventó gastos de un
curso para que ella aprendiera sublimación de prendas textiles. Por otra
parte, ingresó a un programa de asistencia económica que le permitió
afrontar gastos relacionados con la mudanza y con un nuevo emprendi-
miento laboral.
225
Reflexiones finales
Laura fue transitando por distintos momentos a lo largo de esta interven-
ción, los cuales tuvieron que ver con el reconocimiento de la violencia, que
no supone un camino lineal sino altibajos y contradicciones. Como refiere
Inés Sotelo (2015): “Hace falta para que la angustia se convierta en un
síntoma tratable, un tiempo. Y ese tiempo no es fácil de producir porque
no se reduce a ninguna pauta cronológica de un protocolo, evaluable a
partir de unidades contables. Es un tiempo subjetivo” (p. 12). Asimismo,
atravesar este proceso le permitió a Laura reconocer sus propias poten-
cialidades, que hasta ese momento le permanecían veladas.
Por otra parte, hubo momentos durante la intervención en los que nos
resultó difícil acompañar a Laura, dado que ella presentaba de forma rei-
terada los problemas que estaba atravesando pero se le dificultaba ensa-
yar nuevas posibilidades. Nora Aquin (2015) define a la intervención como
un escenario incierto, un espacio bisagra entre interpretación y acción en
el que los sujetos son interventores y no intervenidos, protagonistas de
su historia, reconociéndolos como producto pero también como produc-
tores de la sociedad. La intervención ante situaciones de violencia por
razones de género no puede desconocer esta dimensión, ya que la proble-
mática abordada desde una perspectiva de derechos humanos cuestiona
un orden dado y propone nuevas formas que no serán impuestas, sino
creadas y sostenidas por sus protagonistas.
Acompañar a Laura en la problematización de su situación particu-
lar, sus avances y retrocesos, nos movilizó y nos produjo interrogantes
e inquietudes propias del camino sinuoso que supone la intervención
en una situación compleja. Consideramos que es el intercambio y
la reflexión en conjunto lo que nos sostuvo en este acompañamien-
to y nos permitió pensar y repensar nuevas estrategias de abordaje.
Asimismo, este trabajo es posible con un anclaje institucional que lo
promueva. La intervención sobre una situación puede relatarse como
hecho clínico pero también pretende reflejar que las políticas públicas
son hechos políticos y actúan directamente sobre la situación singular,
226
aunque se repiensa constantemente la apuesta en cada una de las
intervenciones realizadas.
En la Secretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidad del Municipio
de Moreno se realizan acciones concretas que van instalando formas de
hacer, rompiendo con lo establecido e interpelando a todos los sectores
que intervienen en las situaciones de violencia por razones de género y
que es necesario que reconozcan los cambios que se fueron sucediendo
en nuestra sociedad, con el objetivo de que se ejerza el pleno ejercicio
de nuestros derechos. Todo esto va transformando a las personas que
asistimos y también a nosotras mismas, quienes apostamos siempre a
una sociedad más justa.
227
Bibliografía
228
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
El accionar de la Dirección de DDHH, Políticas de Género y Diversidad de
la Municipalidad de Alberti se sustenta en la convicción profunda de que
el abordaje de las violencias por razones de género requiere de la trans-
formación de las estructuras sobre las que estas se cimientan y para eso
se vuelve imprescindible no solo la decisión política y corresponsabilidad,
sino, además, una micropolítica amorosa.
Desarrollo
Relato de la experiencia
El Área de Género de Alberti fue creada en el mes de mayo del año 2019,
antes de la creación del Ministerio de las Mujeres. En el momento de su
puesta en funcionamiento se inicia un proceso de diagnóstico a través
de diferentes mecanismos (entrevistas, acompañamiento a personas
denunciantes, reactivación de la mesa local), y el resultado inicial es el
común sentimiento de soledad de quienes atravesaban violencia, la falta
229
de respuesta ante denuncias y la necesidad de dar pruebas concretas de
que la violencia sucedía. Asimismo se observaron una serie de acciones
u órdenes de organismos intervinientes casi sin conexión, esto es, abor-
dajes aislados y decisiones fragmentadas.
La pregunta que surge como clave en el contexto descripto es ¿qué
puede aportar el Área para los abordajes de la violencia? ¿Cómo ingresar
en una lógica instalada y hacer foco en construir sostén, en alojar aquello
que permeaba la red existente?
Teniendo en cuenta la situación indicada, se inicia un camino guiado
por dos cuestiones fundamentales:
Por un lado, la necesaria jerarquización del Área, entendiendo con esto
fortalecerla en recursos y presupuesto, y darle el lugar central y transver-
sal que requiere.
Por otro lado, dos aspectos que merecen diferenciación:
1. Línea a largo plazo. Desde la convicción profunda de que las violencias
por cuestiones de género no son cuestiones aisladas o del ámbito pri-
vado es que se define, desde el primer momento, abordar la cuestión
transversalizando la perspectiva de género dentro del Estado, y con
acciones de visibilización y prevención comunitaria, más allá de los
abordajes de cada caso.
2. Línea a corto plazo: en el abordaje de casos que irrumpen, se visibilizó con
claridad la urgencia de formar equipos: en principio, la consolidación de
lazos entre quienes formaban parte del Área de Género; por otro, con las
diferentes instituciones que conforman la red de abordajes territoriales.
En ambos casos el fortalecimiento de la confianza, el sostén y la se-
guridad de que “se hablaba de lo mismo” fue el inicio para generar pos-
teriores acuerdos, delimitación de injerencias, responsabilidad en las
intervenciones que correspondiesen.
Y aquí se introduce el concepto que consideramos clave en la estrate-
gia de abordaje de la violencia: tanto para quienes conforman los espacios
institucionales como para quienes recurren a ellos, es fundamental que
se trate de equipos entramados por el amor y que tengan como objetivo
230
el mismo horizonte. Que se configure una red de sostén y empuje hacia
el interior del equipo y hacia afuera del mismo como factor diferencial
e innegociable en el abordaje. Las micropolíticas del amor remiten a un
universo desconocido, poco definible en protocolos o estatutos por lo que
difícilmente pueden ser cuantificables.
Los lineamientos que poseen, por ejemplo, Comisaría de la Mujer, Ór-
ganos Judiciales, Servicio Local, permiten a dichos organismos el des-
pliegue de acciones basadas en prerrogativas legales y que se traducen
en funciones concretas: toma de denuncia, dictado de medidas de pro-
tección, citación a audiencias, medidas de abrigo… En ese contexto, el
sostén, acompañamiento, asesoramiento que realizan las Áreas Género
dibuja un escenario más amplio y difuso, pero que permite dotar a esos
protocolos de una red que ampara, escucha, cuida, sostiene y mira aten-
tamente. Que construye esos lazos intrainstitucionales y personales.
Todo ello puede verse plasmado desde el plano ideológico o filosófico
en decisiones políticas concretas en territorio, potenciadas claramente por
la creación del Ministerio de Mujeres. Esto marcó un hito en la historia del
país que también impactó positivamente en lo local. La posibilidad de adherir
a programas nacionales y provinciales que tenían por objetivo la jerarquiza-
ción de las Áreas Género, así como la asistencia a personas que atraviesan
violencia (Acompañar, Potenciar, Fondo de Emergencia), permitieronó trans-
formar la oficina en una Dirección y ampliar el equipo, fortaleciendo los cami-
nos trazados. A su vez, se diseñaron, en forma constante a lo largo de estos
años en forma constante, políticas públicas orientadas a achicar brechas y
enfrentar las desigualdades. Entre ellas pueden mencionarse la adhesión a
la Ley Micaela con capacitaciones permanentes a funcionarixs y empleadxs
municipales, la sanción de ordenanzas como las licencias por violencia de
género para empleadas municipales, de la ampliación de la licencia por pa-
ternidad, de cupo para jefas de hogares monomarentales en la asignación de
viviendas sociales; la creación de una beca de estudio municipal que prioriza
a mujeres que hayan atravesado violencia, convenio con Servicoop (coope-
rativa de servicios) para la inclusión de mujeres trabajadoras en trabajos de
231
construcción, la participación en la decisión de creación de un jardín mater-
nal, la puesta en marcha de la mesa de trabajo Mil Días y su implementación
local; todo ello fundamentado y sostenido por encuestas locales diseñadas
por la Dirección en las que se obtuvieron datos sobre la situación de las mu-
jeres de la localidad.
Conclusiones
¿Qué implica, entonces, una metodología de abordaje de las violencias?
Es clave tener presente las dimensiones macro y micro para pensar la
política transformadora y llevarla a territorio como abordajes concretos,
lo que también nos permitirá esperar y comprender las resistencias (ins-
titucionales y personales) que pueden generarse cuando se proponen ló-
gicas de vinculación que cuestionan la reproducción de un sistema que
otorga privilegios a unos pocos.
Si la decisión política es realmente la de abordar la violencia de género, es
necesario apuntar a las desigualdades en las que se basa, lo que genera puja
y resistencia. No solo en el “caso a caso” sino “desde” lugares de decisión.
En este sentido, las experiencias de abordajes de las violencias por ra-
zones de género en la ciudad de Alberti se sustentan en dicha lógica dual:
decir que lo personal es político no es un eslogan, tiene que incomodar
posiciones, cuestionar la forma en que se establecen o no los lazos. Por
eso, no perder de vista el contexto en el que ocurren esos vínculos resulta
fundamental para la reproducción (o no) del modo de producción en el
que se enmarcan y viceversa.
Es en este punto donde se considera fundamental poner la atención en
la micropolítica amorosa. Es allí donde pueden romperse las moléculas que
darán forma al tejido. Y, a su vez, las modificaciones en el tejido (macro)
habilitarán transformaciones profundas que posibilitarán el surgimiento de
nuevas moléculas: tejer una trama que contraponga y construya a su paso.
La política amorosa no implica romantizar la política sino fundirnos en una
red de sostén que nos fortalezca para resistir y transformar, para dar batalla.
232
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
233
Desarrollo
La práctica como agente de salud mental se desarrolla en el Centro de
Atención Primaria de Salud (CAPS) Santa Rita, situado al suroeste de la
ciudad de Mar del Plata.
Como instituciones aledañas se encuentran la sociedad de fomento, el
centro de contención Galé, el centro juvenil, escuelas y comedores, entre
otras, y su área programática abarca unos cuantos kilómetros de superficie.
En cuanto a las demandas por razones de violencia de género, no
siempre se definen por esa razón, sino que después de mucho recorrido y
relato construido toma forma algo que en principio no se había presenta-
do como tal. Problemáticas que marcan los otros, que se precipitan nom-
bradas por otros, pero que no representan algo propio de esa persona,
más bien son vivenciadas como algo ajeno.
Situando elementos que nos ayuden a entender esta idea, podemos
en principio darnos el tiempo de la escucha. La persona muchas veces no
sabe por qué se acerca, tal vez no refiera motivo de consulta, excepto que
le dijeron, de la escuela o de la salita, “que vaya”.
Pueden presentarse derivaciones de las escuelas por problemas de
conducta, por ejemplo, en adolescentes con impulsividades; con el avance
de tratamiento, resultan ser situaciones de violencia por razones de género,
pero en el origen de las entrevistas no había horizontes de tal problemática.
Recuerdo el caso de una mujer que presentaba severas dificultades en
el habla. En apariencia su dificultad parecía ligarse con la presunción de
labio leporino, pero la causa de dicha dificultad era la violencia ejercida por
su expareja. Esta mujer pudo decir lo que no podía decir. Desde el dolor real
en su boca y desde el dolor como representación psíquica de no sentirse
entendida. Intervenciones quirúrgicas mediante, está intentando recuperar
algo de su habla, heridas que no cesan, heridas que perdieron palabras.
En este ejemplo se advierte algo de lo que en principio se logró signi-
ficar como horror; con la narrativa “salieron” palabras que hacían discurso
y, como tal, definían las palabras ausentes, las perdidas. Así se logra nom-
brar el dolor en el cuerpo.
234
Esta manera de entrar al horror, al silencio de la persona, es el ruido, el
bullicio, que se traducen en palabras de otros que mandan, derivan, “atur-
den”, confunden o entran en un marco punitivo del padecimiento.
Es desde un marco de disponibilidad y tiempo de la escucha que la
persona permite, que ciertas significaciones comienzan a enlazarse, y
puede habilitarse algo que la persona no puede nombrar aún, ya que en
ocasiones “ha perdido” la palabra para hacerlo.
En un intento de conceptualizar la insistencia de estos aspectos en las
prácticas cotidianas en salud mental, nos permite reflexionar acerca del
título de este escrito. Es que nos hemos encontrado con un tiempo en el
que la persona descubre un decir desde aquellos elementos –palabras–
que no tenía, que no encontraba para (com)partir su padecimiento.
A propósito de lo planteado, por ejemplo, en un primer tiempo de las
consultas se nombra el no poder poner límites a sus hijes, la ausencia
de otro (padre, pareja, amigues) que acompañe la función de crianza o
la sintomatología que expresan los niñes, que difiere según la edad en
irritabilidad, intolerancia entre pares o, en el caso de los adolescentes, im-
pulsiones o crisis severas de angustia con síntomas conversivos como
desmayos, movimientos involuntarios, hasta lesiones autoinfligidas74.
En un segundo tiempo se comienza a reflexionar sobre lo posible del
espacio de lo propio, de lo íntimo. Por ejemplo, las amigas que no están,
los estudios que no se terminaron, los lazos fragmentados, las piezas in-
conclusas de la identidad. Allí hay algo de lo subjetivo que se advierte
como perdido.
Eso perdido representa el horror del acontecimiento, que se traduce
como un momento de perplejidad en el sujeto.
Hallamos así las situaciones de violencia de género desde la dimen-
sión del horror. ¿Cómo adviene en un contexto preparado para ocultarlo
235
en su origen?, ¿cómo se deduce la configuración de tal dimensión?; dado
que no es explícito, ¿supone lo indecible?
Este es un punto complejo, pero en tanto decirlo en este con-texto es
un comienzo de abordaje, de pregunta a la temática. Por esto se intenta-
rá desarrollar conceptualmente algunos de los conceptos que se vienen
planteando:
3. El horror es intrínseco al sujeto, y se encuentra por fuera de la palabra.
No obstante, cuando se hace voz, se hace decir, algo de eso inefable
que irrumpe intenta volverse dolor en tanto que es el cuerpo que no-
mina, que pulsa por armar letras, que constituye un discurso pensado
como lazo social y como narrativa que deviene propio.
La persona intenta sujetarse a aquello que registra perdido. Lo propio
se conforma como lo perdido, y la pérdida instala algo de lo que estaba
y no está, y que es posible buscarlo. Por ejemplo, en relatos donde se
sitúan escenas de cosas cotidianas que no se percibían como propias
y que cuando se relatan evocan a la vez escenas que no están, por
ejemplo, comenzar con controles médicos, cuidados preventivos en
los que el CAPS se vuelve cotidiano, no como búsqueda de enferme-
dad sino como nominación de la dolencia.
4. La narrativa como efecto lo constituye este camino por recorrer; relato
de la memoria en el devenir histórico de un sujeto que está afectado.
5. El tiempo, que no existe como tal para la persona (nunca se tiene tiem-
po, ni para hablar, ni para esperar, ni para nada), parecería transfor-
marse más bien en contratiempos. Algo así como una resistencia de
posibilitar lo distinto, precipitándose al cuidado. Es que la perplejidad
del horror no solo avasalla la palabra, también lo hace con el tiempo.
Así, entonces el horror se materializa en tales efectos.
Julia Kristeva (1988) da una vuelta más en este asunto. Lo abyecto
viene a decir algo de lo aún no inscripto, de lo imposible. “Regulada la
necesidad de atravesar la abyección cuyo dolor es el aspecto íntimo, y el
horror el rostro público” (1988: 185).
Del objeto, lo abyecto no tiene más que una cualidad, la de oponerse al
236
yo. Pero si el objeto, al oponerse, me equilibra en la trama frágil de un deseo
experimentado que, de hecho, me homologa indefinidamente, infinitamen-
te a él por el contrario, lo abyecto, objeto caído, es radicalmente un excluido.
El concepto de abyección propuesto por Julia Kristeva ha sido utiliza-
do frecuentemente para reflexionar en torno a las producciones artísticas,
sobre todo aquellas donde aparecen sustancias corporales consideradas
como representantes de la suciedad que introduce un desorden. Sin em-
bargo, la propuesta de Kristeva puede extrapolarse a otras manifestacio-
nes, artísticas o no, donde la presencia de lo impuro –como estrategia
binaria de identidad utilizada para representar lo inferior o incivilizado–
puede ser transferido y proyectado sobre determinados grupos sociales.
¿Por qué introducir esta idea de lo abyecto?
Porque nos presenta una dimensión de lo excluido de sí mismo; dimen-
sión de lo imposible que antecede a la pérdida y se aloja como lo pulveri-
zante del sujeto. Como lo que ex–pulsa, en tanto dominio de la pulsión.
Si seguimos la idea de lo abyecto como lo que se antepone al Yo, qui-
zá nos lleve a un sendero de investigar frases como “nunca me vi”, “me
siento una mierda”, “ver por otro”, donde lo que opera no es el Yo, sino lo
caído del Yo, lo perdido. De esto siguen varios encuentros, escenas, que
fracasan en el intento de acompañar, esos lugares de soledad y de ensi-
mismamiento perplejo.
Claro es que ese ensimismamiento no siempre es desde el silencio
o no hablar los síntomas; en algunos casos, manifestaciones físicas, do-
lores crónicos o declaraciones de cuerpos afectados revelan el ensimis-
mamiento de lo abyecto, de la violencia en la dimisión de lo indecible que
bordea la posibilidad de un síntoma o de una sublimación.
Todo intento de lazo fracasa y la idea de lo colectivo se hace en este
instante impensable, abyecto.
El abordaje de estas situaciones (en riesgo de volverse abyectas), donde el
lazo fracasa, nos interpela a resignificar intervenciones y formas conceptua-
les de repensar la temática. Para tal cuestión aportará A. Kauffman:
237
En una época en que inquiere y se discute sobre los límites de lo humano,
aquellas experiencias abismales no pueden sino producir la mayor inquie-
tud, y el máximo compromiso político y cultural (…)-Sucede que el debate
sobre el horror implica también un debate sobre la cultura. (2012: 109)
Conclusión provisoria
Al plantear la idea de la palabra perdida se articula la dimensión del horror
con la violencia por razones de género. Posibilitar el decir lo que se tuvo
y fue arrancado o se perdió; decir atravesado por el horror de lo abyecto.
El trabajo terapéutico será por tanto no solo recomponer un lengua-
je-cuerpo fragmentado en el horror, en la mirada de lo perplejo, sino también
un decir desde la voz, que converja en dolor, fuente de un enlace discursivo
que nombre, constituyendo la narrativa como garante del lazo social.
238
Se tratará de reunir un tiempo donde la problemática se pueda definir
en torno a razones que den lugar al equívoco y a la ambivalencia en torno
a palabras encontradas, historizadas.
Me detengo en este punto: ¿cómo se logra establecer una problemáti-
ca donde el lenguaje que la estructura se pierde, desaparece?
Lo que tenemos es que el horror lo toma. Al tomarlo lo circunscribe
en lo imposible y le otorga un lugar como tal. Esa imposibilidad habilitará
hallar lo posible en tanto perdido. La tarea entonces será intentar fundar
desde aquello perdido, traducido en dolor y palabra no hallada. Resto que
introduce la dimensión del sujeto, de lo propio, de la narrativa deseante.
La narrativa compondrá los vértices del lenguaje por la violencia, des-
de lo caído, desde lo extraño y familiar a la vez, desde lo perdido. Efecto
de reparación del lazo social.
Y si esto acaso no se lograse, intentemos que hablen las paredes des-
de el arte y nos despierten los sentidos.
En la entrada del espacio donde trabajo, en la puerta que abre y cierra
tanto como la incertidumbre, el vértigo, el no saber, se inscriben distintas
letras de poetas. Cito la actual, que nos acompaña con sus y en sus prin-
cipios, Gabriela Mistral (1972: 21):
239
Bibliografía
240
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
En el año 2010, el Municipio de Ituzaingó creó el entonces Consejo Mu-
jeres de Ituzaingó por la Igualdad de Género con el propósito de generar
políticas públicas que propiciaran un espacio de visibilización y sensibili-
zación en relación con las situaciones de violencia por motivos de género,
así como también de atención, seguimiento y acompañamiento integral
de las mujeres, con el fin de restituir derechos vulnerados y construir un
municipio más igualitario.
75 [Link]@[Link]
76 blanco_alejandra@[Link]
77 jorgelina_paola@[Link]
78 eliana_sisto_92@[Link]
79 licvillalbamariajose@[Link] Integrantes de la Secretaría Consejo de Mujeres, Géneros,
Diversidad y DDHH del Municipio de Ituzaingó.
241
Desde el año 2012, ya como Secretaría, se impulsan políticas pú-
blicas que tienen como objetivo promover la igualdad de géneros y el
acceso a todos los derechos, la promoción y protección de derechos de
niños, niñas y adolescentes, la asistencia integral de las personas que
atraviesan situaciones de violencia por motivos de género y la atención
de los varones con conductas violentas, la visibilización en el espacio
público de estos temas, la erradicación de la violencia hacia las muje-
res y las diversidades, así como también la plena vigencia de los dere-
chos humanos.
Desde un abordaje integral, de carácter asistencial, pero fundamental-
mente promocional y de prevención, transdisciplinario, interinstitucional,
intersectorial y territorial, la Secretaría está conformada por el Consejo de
Mujeres, Géneros, Diversidad y Derechos Humanos (integrado por el área
de Promoción de Derechos y Prevención de las violencias, la Dirección de
Derechos Humanos, el Refugio “Busco mi Destino”) y el Servicio Local de
Promoción y Protección de Derechos de NNyA.
242
por vía judicial, por organismos gubernamentales o no gubernamentales,
o por otras áreas del municipio.
En muchas de las situaciones abordadas, se interviene de manera
conjunta con el Servicio Local de Promoción y Protección de Derechos de
Niñxs y Adolescentes.
Desde la Secretaría, se trabaja con los siguientes programas, tanto de
Nación como Provincia:
• Programa Generar. Busca fortalecer la institucionalidad de género y diver-
sidad en todos los niveles y organismos del gobierno, especialmente en los
municipios. Hemos presentado el proyecto “Vínculos libres de violencias
de Género”, que posibilitó la conformación de los Dispositivos grupales.
• Programa Comunidades sin Violencias, que permitió fortalecer el tra-
bajo del equipo técnico y, en la misma línea, el trabajo territorial que se
viene llevando a cabo en las sedes descentralizadas.
• Fondo Especial de Emergencia en violencias por razones de género.
• Programa Acompañar, de apoyo económico por el lapso de 6 meses.
• Programa de Dispositivos Electrónicos Duales (tobillera).
• Plan de Protección Social Travesti Trans, que incluye una tarjeta alimen-
taria por un monto mensual.
• Programa Mar para Todas, que tiene por objetivo garantizar el derecho
al tiempo libre y al descanso a mujeres y personas del colectivo LGTBI+,
que se encuentran acompañadas en el proceso de salida de las violen-
cias por razones de género.
El Equipo de Atención responde a la demanda de diches consultan-
tes con un abordaje tanto de manera individual como de manera grupal;
cuenta actualmente con dispositivos grupales dirigidos a mujeres que
atraviesan situaciones de violencia por motivos de género, uno destinado
a varones con comportamientos violentos, y recientemente, un dispositi-
vo de ayuda mutua que aborda la especificidad de la población LGTBI+.
Por otro lado, desde el año 2011, se llevan a cabo periódicamente en-
cuentros mensuales de articulación a través de la Mesa Local Intersecto-
rial con miembros del poder judicial, integrantes de organismos estatales
243
y no gubernamentales, y de distintas áreas del Municipio. La Mesa Local
nació con la necesidad de abordar la temática de género de manera inte-
gral. En los encuentros se trabaja sobre los casos concretos de violencia
en el distrito, y desde el Consejo de Mujeres, Géneros, Diversidad y DDHH
coordinamos el desarrollo de las reuniones y recepcionamos las deman-
das de las distintas organizaciones de la comunidad.
Hace más de diez años que la Mesa Local trabaja para facilitar, forta-
lecer y generar dispositivos de intervención evitando la revictimización de
las personas consultantes. Se realizan acuerdos que permiten abordar de
manera integral las situaciones, estableciendo una red para el acompa-
ñamiento. Además, promueve la articulación e intercambio de todas las
organizaciones que atienden la problemática de violencia por motivos de
género en el distrito.
244
ansiolíticos; si se encuentra atravesando un cuadro de depresión; abor-
tos por violencia; lesiones físicas permanentes o duraderas, entre otros.
Aquí se hace un apartado respecto a si estos padecimientos tienen o no
diagnósticos médicos, lo que permitirá al equipo acompañar o sugerir los
respectivos tratamientos.
Otro de los indicadores para tener en cuenta son las condiciones de vida
de la persona, es decir, los ingresos: si tiene ingresos propios, si depende
económicamente del agresor, si la vivienda que habita tiene medidas de
seguridad. Y este indicador nos lleva indiscutiblemente a otro indicador
de personas a cargo; ya sea hijes, adultes mayores.
Se indaga acerca de la red vincular y aislamiento, comprendiendo esta
como la principal estrategia contra el aislamiento de la persona en situa-
ción de violencia. Aquí la familia, amigues, organizaciones territoriales
juegan un rol fundamental de detección, contención, seguimiento y arti-
culación con las instituciones estatales que abordamos las situaciones
de violencia por motivos de género.
Por último, el sometimiento subjetivo es la percepción del riesgo al cual
se encuentra expuesta la persona. Muchas veces, por la cronicidad de la
humillación, amenazas, miedos y traumas.
En el transcurso de la entrevista es posible profundizar sobre ello ge-
nerando herramientas que le permitan a la persona en cuestión recono-
cerse como víctima de violencia de género y lograr un registro sobre el
grado de vulnerabilidad y riesgo atravesado. En ocasiones, también, se
requiere más de una entrevista para dicha profundización.
Ahora bien, en relación a la dimensión datos del hecho, tomamos en
cuenta el documento mencionado ut supra. Aquí nos encontramos con
los tipos y modalidades de las violencias; y por otra parte, los factores re-
lacionados con el hecho. Respecto de la primera, se recoge a través de la
entrevista y –en los casos que hubiera– la denuncia, si la persona que
padece o padeció situaciones de VDG ha sufrido violencia física, violen-
cia psicológica, violencia sexual, violencia simbólica, violencia econó-
mica patrimonial, violencia ambiental. En más de una oportunidad nos
245
enfrentamos al desafío de desarmar y armar los relatos e historias de vida
en función de comenzar un proceso subjetivo y de reparación respecto a
la persona en situación de VDG.
Ahora bien, analizando la segunda subdimensión, factores relaciona-
dos con el hecho, al momento de realizar la evaluación de riesgo se va-
lora si hubo intento de femicidio, transfemicidios y travesticidios, intento
de femicidio vinculado o femicidio vinculado. Este último comprende los
atentados contra la vida de niñes, adolescentes, mujeres trans, travesti,
varón cis o trans a fin de causarle sufrimiento a la persona en situación
de VDG. En otras ocasiones se hace referencia al homicidio o intento de
homicidio vinculado por interposición de línea de fuego; cuando niñes,
adolescentes, mujer trans, travesti, varón cis o trans se interpusieron para
evitar una agresión en un contexto de VDG.
Por último, la dimensión de factores relacionados con la persona que
ejerce la agresión. Aquí se contextualiza si la persona agresora tiene re-
conocimiento social, es funcionario público y/o con poder económico;
si tiene armas, uso y/o conocimiento, entre otras. Asimismo, se conoce
si la persona agresora tiene antecedentes judiciales y/o violación de las
medidas de restricción. Es importante contextualizar dichos factores al
momento de realizar la evaluación del riesgo y poder analizar cuidadosa-
mente si la persona en situación de VDG minimiza o no puede profundizar
–aún– por miedo, temor a la persona agresora.
Desde el Equipo de Atención se realiza una primera entrevista de ma-
nera conjunta, con dos profesionales de distintas disciplinas, lo que per-
mite una escucha activa, contenedora, empática.
En este marco, “la mirada y la escucha sobresalen como un valor
propio de las prácticas, como una serie de procedimientos para conocer,
para hacer, pero básicamente para palpitar los problemas sociales, desde
el padecimiento, su construcción y su interpretación” (Carballeda, 2013:
91). Luego de evaluar las dimensiones e indicadores descriptos anterior-
mente, se asesora, se brinda contención y se acuerdan estrategias entre
el Equipo Técnico y la persona en situación de violencia.
246
Retomando el concepto de sometimiento subjetivo, en ocasiones,
recurrimos a ofrecer un espacio de fortalecimiento individual en el que
convocamos a la persona en cuestión, a fin de profundizar sobre las si-
tuaciones que atraviesa y las posibles salidas de la violencia. Teniendo
en cuenta que les sujetes son atravesades por las instituciones, de las
cuales también son actores, se realizan abordajes conjuntos con el Servi-
cio Local de Promoción y Protección de Derechos de Niños, Niñas y Ado-
lescentes de Ituzaingó –en caso de que hubiere niñes y/o adolescentes
expuestos a situaciones que amenacen o vulneren sus derechos–. Tam-
bién, con los Centros de Atención Primaria u Hospitales Interzonales en
casos en los que prime la urgencia en la atención médica y garantizar la
misma; con los Juzgados de Familia, en las situaciones en que se requie-
ra de inmediato la implementación de una medida cautelar en resguardo
de la persona es situación de VDG; con la Comisaría de la Mujer y la Fa-
milia de Ituzaingó, en situaciones en las que por alguna razón la persona
necesitara una atención o acompañamiento particular por su condición o
arrasamiento por la situación. También se articula con las unidades bá-
sicas, instituciones educativas, cooperativas, organizaciones de la socie-
dad civil y movimientos políticos a los cuales pertenezca la persona en
situación de violencia.
247
En otras situaciones se evalúa la pertinencia del ingreso a un refugio o
un hogar, en pos del resguardo y posterior abordaje integral de los efecto-
res intervinientes para generar herramientas que le permitan a la persona
en situación de VDG elaborar las situaciones padecidas, y trabajar en su
fortalecimiento subjetivo y social.
248
Quienes asisten al dispositivo se presentan principalmente mediante
oficio judicial, derivación de otros organismos o demanda espontánea.
Se realizan entrevistas de admisión a fin de evaluar la pertinencia de
la inclusión al Dispositivo Grupal, teniendo en cuenta las condiciones de
agrupabilidad y los requisitos del Programa.
En dichas entrevistas se evalúan los perfiles de aquellos varones que
asisten (cíclico, psicopático, hipercontrolado, mixto), también se tiene en
cuenta el reconocimiento que el mismo presenta de la violencia ejercida,
siendo esto un primer paso para comenzar a trabajar con el sujeto en
modificar las conductas violentas.
Además, como parte del proceso de admisión, se realizan entrevistas
de “monitoreo” con las personas denunciantes o con quienes actualmen-
te son pareja del varón a fin de contar con una evaluación integral del
perfil y de la situación.
En el espacio grupal se proponen dinámicas que propician la partici-
pación de los asistentes apuntando a la reflexión, la problematización y la
adquisición de herramientas, a fin de contar con alternativas al ejercicio de
la violencia para resolver los conflictos o gestionar sus propias emociones.
Se considera necesaria la participación sostenida en el espacio y el
cumplimiento de las normas establecidas en relación al encuadre.
Se realizan articulaciones con los juzgados intervinientes, informando
sobre la participación del varón en general, o, en caso de que sea necesa-
rio, se informa también el riesgo que se observa a partir de dicha partici-
pación, con atención en la protección de las personas que son víctimas
de sus conductas violentas.
249
Reproductiva y No reproductiva, y el ingreso al programa de Protección Tra-
vesti-trans.
Por otro lado, se dará inicio a un dispositivo dirigido a acompañar a
familiares del colectivo LGTBI+ en pos de fortalecer sus redes sociales y
afectivas.
Conclusiones
A partir del recorrido de la práctica y de los modelos teóricos existentes
para el abordaje de los diferentes tipos de violencias, consideramos a la
violencia como un fenómeno complejo y multicausal. Conocer la com-
plejidad y la multiplicidad de factores y de situaciones asociadas nos ha
aproximado al conocimiento más preciso posible de las condiciones que
subyacen en las prácticas violentas y que se presentan en los distintos
niveles de la esfera social.
A partir de este conocimiento entendemos como posible el desarrollo
de intervenciones dirigidas a prevenir y atender las diferentes formas de
violencia. El desafío que nos convoca como organismo público reside en
transformar estas situaciones para construir condiciones de protección
para todas las personas, al visibilizar, desnaturalizar y erradicar las con-
ductas violentas.
La atención de las situaciones de violencia por motivos de género es
abordada desde este Consejo, entendiéndose necesariamente como in-
tegral, intersectorial, interinstitucional, territorial y enriquecida asimismo
mediante intervenciones transdisciplinarias. Se interviene de manera
conjunta con los equipos de promoción y prevención de los derechos de
niñas, niños y adolescentes, y articulando con todos los efectores territo-
riales involucrados para cada situación.
Para su abordaje se piensan estrategias que suponen la implemen-
tación de los programas convenidos, se articulan con otras áreas del
Municipio, y se ofrecen espacios de fortalecimiento individual y/o colecti-
vos-dispositivos grupales.
250
Por otro lado, en relación con las buenas prácticas, el equipo técnico
cuenta con un espacio de supervisión y de capacitación constantes en
pos de revisar sus intervenciones, garantizando de esta manera el cuida-
do de les profesionales que intervienen en el abordaje de las situaciones;
su objetivo es, también, generar un abordaje respetuoso que evite la revic-
timización y sobreintervención de las personas víctimas de violencia por
motivos de género.
251
Bibliografía
Carballeda, A. (2013). La intervención en lo social como proceso. Una apro-
ximación metodológica. Buenos Aires: Espacio.
Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, Buenos
Aires. Documento Conceptual de Matriz de Riesgo 2021 del Minis-
terio de Las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual.
Rita Segato (2003) Las estructuras elementales de la violencia. Buenos
Aires: Prometeo.
Retem (2019). Intervenciones en Violencia Masculina. Buenos Aires: Dunken.
252
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
253
promuevan un cambio de paradigma en el abordaje estatal de las violencias:
de uno concentrado en la atención de la emergencia individual a otro que con-
temple las perspectivas de la integralidad, la interseccionalidad y la diversidad.
Desarrollo
Nuestro país cuenta con una legislación avanzada con relación a las des-
igualdades por razones de géneros, en consonancia con los preceptos
de la Convención de Belem do Pará (1994), la Ley 26485/2009, de Pro-
tección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las
mujeres, implica un enorme avance en materia de prevención, asistencia
y abordaje de las violencias por razones de géneros.
En sus Arts. 5° y 6°, dicha ley plantea la definición sobre el concepto
de violencia contra las mujeres, tipos y modalidades, y establece que para
poder abordar las violencias es necesario buscar estrategias que pongan
en contexto y habiliten el análisis conjunto e intersectorial de las violencias.
El concepto de intersectorialidad según define la FLACSO (año 2015),
es la “intervención coordinada de instituciones representativas de más de
un sector social, en acciones destinadas, total o parcialmente, a tratar los
problemas vinculados con la salud, el bienestar y la calidad de vida”.
En nuestra provincia de Entre Ríos, se expresa en la Ley 10956/2022,
de Régimen de prevención, asistencia y protección de violencias por razo-
nes de género, en su art. 64.-, que modifica el art. 3° de la Ley Provincial
10496/2017, que crea el [Link].V. (Consejo de Prevención y diseño de
Políticas Públicas contra las Violencias), y estable que “funcionará como
una mesa intersectorial, órgano honorario, con especialidad en la materia,
conformada por: representantes de cada uno de los Ministerios; represen-
tantes de cada una de las Cámaras del Poder Legislativo provincial; repre-
sentantes del Poder Judicial; representantes del Ministerio Público de la
Defensa; representantes del Ministerio Público Fiscal; representantes por
las entidades sindicales o gremiales del empleo público; representantes
de cada Universidad; representantes por cada Colegio de Profesionales
254
afines y representantes por cada organización no gubernamental dedica-
da a la temática, quienes revistarán la calidad de consejeros y consejeras.
Estos consejeros y consejeras desarrollarán sus tareas ad-honorem” (Ley
10956/2022- Régimen de Prevención, Asistencia y Protección de Violen-
cias por Razones de Géneros, 23 de marzo 2022).
En Gualeguaychú se convocó a la Mesa Interinstitucional para el abor-
daje de las Violencias por Razones de Género en el año 2020. Este espacio
reúne a organismos gubernamentales y organizaciones de la comunidad
que intervienen en el cuidado integral de mujeres y LGTBI+ que atraviesan
violencias por razones de género. Comenzó a gestarse en el contexto de
la pandemia por COVID-19 y luego del femicidio de Fátima Acevedo en la
ciudad de Paraná, el cual estuvo signado por la insuficiencia del Estado
para dar una respuesta integral de protección a pesar de las alarmas que
se suscitaban por parte de la víctima.
Objetivos
Como uno de los primeros puntos a tratar en la mesa, surge la necesidad
de construir un marco teórico-conceptual, partiendo de una concepción
de género en sentido amplio, que permitirá analizar la concepción de iden-
tidad de género para incluir a otros grupos como la comunidad LGTBI+.
Es de gran importancia que el marco teórico sea compartido para uni-
ficar criterios de acción frente al abordaje de los casos, tomando la pers-
pectiva de género de manera transversal. Esto permitirá definir criterios
de intervención conjunta.
• Revisar y poner en común con qué herramientas contamos para la pro-
tección integral de mujeres en situación de violencia de género. A partir
de esto, delinear puntos de acción en lo que falta.
• Crear líneas de acción en relación a las estrategias de abordaje de los
casos de violencia de género.
• Generar políticas públicas territoriales en materia de abordaje, asisten-
cia y prevención de la violencia de género.
255
• Elaborar una estrategia comunicacional con el fin de sensibilizar sobre la
temática, como también permitir el acceso a los servicios de la localidad.
• Confeccionar conjuntamente protocolos de registros y protocolos de actua-
ción a los fines de unificar criterios de actuación frente a la problemática.
• Elaborar conjuntamente estadísticas que nos permitan tener datos con-
cretos respecto a las denuncias.
Actores Intervinientes
El gobierno municipal es el responsable de realizar la convocatoria a las
mesas de trabajo. En dicha Mesa participan: Secretaría de Gobierno, Se-
cretaría de Desarrollo Social, Ambiente y Salud, Dirección de Derechos
Humanos, Área de Género y Diversidad Sexual, Área de Acceso a la Justi-
cia, Dirección de Salud Comunitaria y Área de Niñez.
Organismos no municipales
Juzgados de familia y penal de niños y adolescentes, Juzgado de Ga-
rantías, Ministerio Público Fiscal, Ministerio Público de la Defensa, Policía
de la Provincia, Hospital Centenario (Servicio de Salud Mental y Servicio
Social) COPNAF (Consejo Provincial Niñez, Adolescencia y Familia). PAMI,
Dispositivo “La Esquina”, SEDRONAR. Coordinadora de la casa de cuida-
dos integrales para mujeres en contextos de violencias por razones de
géneros: Alas Desatadas. Representación de una organización social que
aborde la temática en el territorio.
256
debilidades en el abordaje integral desde la corresponsabilidad.
En el segundo encuentro de la Mesa, el Área de Género y Diversidad
Sexual presentó el Protocolo de la Casa de Protección Integral Alas Des-
atadas. Asimismo, se socializó el encuadre provincial de la casa, que
es parte de la Red de Hogares Provinciales. El equipo interdisciplinario,
compuesto por una trabajadora social, una psicóloga y una abogada, en
conjunto con la coordinadora, presentó un resumen del protocolo con li-
neamientos de trabajo interinstitucionales.
Otro punto que se evidenció es la imperiosa necesidad de articulación
con el Servicio de Salud Mental del Hospital Centenario que depende de
la administración pública provincial, siendo parte de la red de efectores
de salud públicos que brindan servicios en nuestra ciudad junto con los
CAPS/CIC que dependen de la Municipalidad.
Una necesidad de la mayoría de las instituciones es la generación de un
espacio donde trabajar con los varones que ejercen violencia por razones de
género. En tanto se comparte la iniciativa de la Municipalidad de trabajar un
programa sobre “Nuevas Masculinidades” desde lo comunitario en materia
de prevención, no así con casos judicializados, queda pendiente la confor-
mación de un dispositivo que dé respuestas concretas en este sentido.
La demanda que se presentó es la necesidad de una guardia policial
las 24 horas en el Dispositivo Alas Desatadas, pedido que fue presentado
en dos oportunidades a la Ministra de Justicia de la provincia. En el año
2022 pudo concretarse.
En el tercer encuentro, el Ministerio Público Fiscal presentó su accio-
nar desarrollando una acabada exposición donde se explayó sobre sus
competencias e intervenciones, las cuales surgen de la distinta norma-
tiva que regula su funcionamiento institucional. Asimismo, se brindaron
distintas estadísticas construidas desde el MPF a nivel local sobre las
denuncias recibidas y las investigaciones llevadas adelante.
En la cuarta Mesa, se presentó desde la Secretaria de Desarrollo So-
cial, Ambiente y Salud una estadística que refleja una aproximación cuan-
titativa de los casos de violencias por razones de género en el año, tipos
257
de violencias denunciadas, ingresos a Alas Desatadas, todo en el contex-
to de la pandemia de COVID-19. Se reforzó el compromiso de trabajar a
partir del año siguiente la perspectiva de diversidad desde la correspon-
sabilidad en todas las instituciones.
258
• Cantidad de ingresos desde el inicio de la pandemia y aislamiento obli-
gatorio en la Argentina: 13
• Total de personas alojadas de enero a septiembre: 45. 19 mujeres y 26
niños y niñas.
En el año 2021
Se continuó avanzando en el plano de la corresponsabilidad para el abor-
daje integral de la problemática. Los integrantes plantearon sus preocu-
paciones respecto de:
• acompañamiento posterior a la denuncia y el contexto socioeconómico
de las denunciantes;
• dificultades que se presentan con botón anti-pánico, ya que se requiere
de un dispositivo con app específica e internet (dispositivo creado por
la policía);
• las causales del bajo o nulo número de denuncias de violencia por parte
de personas trans;
• la interlocución entre instituciones y la necesidad de mejorar la primera es-
cucha (aquella que se produce al momento de recepción de la denuncia).
A lo largo de los encuentros también se destacaron las políticas públi-
cas llevadas adelante por el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de
la Nación, que permiten acceder a distintos programas tales como Acom-
pañar y Potenciar Trabajo, que brindan asistencia económica a mujeres y
personas LGTBI+ víctimas de violencia de género.
Uno de los objetivos de esta mesa de trabajo es evaluar si las respues-
tas que se dan desde las distintas instituciones y organismos son opor-
tunas, diligentes y eficaces para proteger a las víctimas que denuncian
violencia, y profundizar un plan de trabajo para continuar garantizando y
reforzando el servicio brindado a esas personas. Paralelamente, se pro-
puso para el año 2022 continuar trabajando en conjunto y como mesa de
trabajo constituida, elevar a Provincia demandas referidas a capacitacio-
nes y mayor accesibilidad al botón anti-pánico.
259
En el año 2022
Con la presencia de la Dirección Nacional de Protección a Víctimas de
Violencias por Razones de Género del Ministerio de Mujeres, Géneros y
Diversidad presentamos un informe estadístico con datos que evidencian
el incremento de denuncias.
Situación Habitacional
Los datos marcan una fuerte desventaja de las mujeres para el acceso y
ejercicio del derecho a la vivienda adecuada, relacionada principalmente
con las desventajas o limitaciones para el acceso a la educación y al tra-
bajo formal. DATOS: solo el 26 % de las mujeres que ingresaron al hogar
poseen vivienda propia.
Nivel Educativo
La educación es un importante vehículo para eliminar la discriminación
de las mujeres desde temprana edad. El nivel de instrucción influye radi-
calmente en las oportunidades que tendrá la persona en el acceso a un
260
trabajo remunerado y estable. DATOS: De las mujeres alojadas durante el
año 2022, solo el 10 % alcanzaba el nivel de instrucción superior, en tanto
el mayor porcentaje, de 31 % , cursó hasta la primaria, seguido de un 25 %
que cursó hasta nivel secundario.
Edad
La edad es un factor que debe ser tenido en cuenta cuando hablamos
de desigualdad de género, ya que por lo general son las mujeres más
jóvenes y las adultas mayores las que encuentran más barreras y difi-
cultades de acceso a la educación y al empleo formal, y dichas barreras
dejan expuestas a las mujeres. Datos: los casos de mujeres que tienen
entre 30 y 39 años de edad son los que están más representados (44 %).
Desde el año 2018 hasta la actualidad, solo se ha alojado una adulta
mayor de 80 años de edad.
Nacionalidad
La discriminación de género en las leyes de nacionalidad es un factor de
desigualdad que afecta a las mujeres, y que muchas veces genera obstá-
culos para acceder a la educación, la atención médica, el empleo, la unidad
familiar, la libertad de movimiento, los derechos de herencia y propiedad.
DATOS: de todas las mujeres que han pasado por Alas Desatadas, el 3 %
son inmigrantes, oriundas de Uruguay (2), Bolivia (1) y Colombia (1).
Situación Económica
La distribución de las tareas domésticas y de cuidado recaen exclusiva-
mente sobre las mujeres, esto es un factor de desigualdad que se puede
apreciar en los múltiples costos encubiertos de esta pesada carga: menos
oportunidades de educación y empleo, como así también menos tiempo
libre. DATOS: solo el 9 % de las mujeres que ingresaron al dispositivo posee
un empleo remunerado. La mayor parte de sus ingresos provienen de la
Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar. Respecto a los ingre-
sos en el año 2022, el 82 % de las mujeres se encontraban desempleadas.
261
Programa Acompañar
En pos de fortalecer la independencia económica de las mujeres que
ingresan al dispositivo de cuidado Alas Desatadas, durante el año 2022
se han realizado 14 inscripciones al programa Acompañar, el cual tie-
ne como objetivo brindar un apoyo económico equivalente al Salario
Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) por 6 meses consecutivos a mujeres y
personas del colectivo LGTBI+ que se encuentran en situación de vio-
lencia de género.
Conclusión
La conformación de la Mesa para el Abordaje Integral de las Violencias
por Razones de Género es un camino que necesariamente hay que reco-
rrer y sostener con el compromiso de cada una de las instituciones que
262
la conforman, plantear objetivos en conjunto en el marco de una agenda
para seguir construyendo que permita avanzar y garantizar el cuidado y
la protección integral de mujeres, niños, niñas y adolescentes en contexto
de violencias por razones de género.
Es importante mencionar que el trabajo, llevado adelante desde la co-
rresponsabilidad, es un camino necesario de recorrer y de sostener con
el compromiso de cada uno de las instituciones que intervienen en la pro-
blemática. No alcanza, a los fines de prevenir, sancionar y erradicar la vio-
lencia machista, con la intervención aislada del Poder Judicial, sino que
deben ser abordadas diferentes circunstancias de la vida de una persona
que sufre violencia de manera transversal e interseccional. Se trata de
una problemática compleja que requiere un trabajo sistemático, compro-
metido y estratégico. Sensibilización, capacitación, relevamiento estadís-
tico y atención integral a mujeres reclaman la articulación de organismos
públicos, agentes del Poder Judicial, municipios y organizaciones de la
sociedad civil en todo el territorio.
263
Bibliografía
264
MESA 1.3 · Metodologías de abordaje de las violencias por razones de género
Introducción
El presente trabajo surge de la necesidad de historizar el recorrido que
implicó el diseño y la actualización de un instrumento de registro de las
situaciones de violencia por razones de género, que pudiera servirnos
como instrumento para la evaluación del riesgo que revestía cada situa-
ción atendida por esta Dirección de Políticas de Género de la Municipali-
dad de Necochea89, en adelante (DPG).
Esta DPG fue creada como área específica del trabajo en el aborda-
je de las situaciones de violencia por razones de género en el año 2016.
Inicialmente estuvo compuesta por un equipo interdisciplinario integrado
265
por diferentes profesionales (una trabajadora social, psicóloga y abogada);
luego se incorporó un equipo de talleristas, con el objeto de brindar talleres
de prevención en ámbitos educativos. Actualmente se cuenta con una du-
pla de profesionales (psicóloga y trabajadora social) que trabajan exclusi-
vamente en la evaluación del programa Acompañar, desarrollando talleres
semanales, dirigidos principalmente a aquellas PSVG que se encuentren
incorporadas al mismo; y otra dupla de profesionales antropólogos que se
abocan a las capacitaciones dentro de la Municipalidad de Necochea en el
marco de la Ley Micaela. Vale destacar, a su vez, que, con la creación del
Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, a nivel nacional y provin-
cial, se incorpora en la Dirección un profesional psicólogo para abordar la
temática de las nuevas masculinidades y, en conjunto con el Patronato de
Liberados Local, coordina grupos de PEV; como así también se amplía el
equipo técnico, llegando a estar conformado en la actualidad por tres psi-
cólogas, dos trabajadoras sociales y dos abogadas, todo ello, en el marco
del Programa de Prevención y Atención de la Violencia por razones de
Género, creado por Decreto 2688/16 con el objetivo de: “Contribuir a erra-
dicar las desigualdades estructurales de género que producen discrimina-
ción y violencia, como así también en la atención de los efectos mediatos,
inmediatos y crónicos de las violencias por razones de género”90.
Particularmente, el Equipo Técnico de esta DPG, al tomar conocimiento
de una situación de VPRG, realiza un primer contacto con la PSVG y el pos-
terior seguimiento. Acompañando de manera personalizada, estableciendo
una relación de proximidad basada en la confianza. Conjuntamente, se brin-
da información necesaria acerca de las distintas instituciones u organismos
intervinientes en la temática, y todos aquellos aspectos de los procedimien-
tos administrativos y legales correspondientes a su situación. Para dicha
tarea se realizan encuentros de diagnóstico de las situaciones y de diseño
de la estrategia de abordaje más adecuada en cada caso y en función de
266
las necesidades reconocidas por cada mujer consultante. De acuerdo a lo
evaluado, se brinda asistencia psicológica individual, incorporación a gru-
pos de reflexión de mujeres, se recepcionan consultas legales y se realiza
el acompañamiento del área social para la inscripción en programas socia-
les y gestión de recursos. También se realizan las necesarias articulaciones
intra e interinstitucionales, según lo requiera cada situación abordada en
función de garantizar el acceso a la justicia, educación, salud integral, etc.
Es así que, con la complejidad que el trabajo cotidiano requiere, es ne-
cesario realizar valoraciones de riesgo al momento de leer las denuncias,
estableciendo un régimen de prioridades para las situaciones de alto y al-
tísimo riesgo, ampliando la atención directa en la medida que sea posible,
partiendo de la demanda desde lo más urgente hacia lo menos urgente.
En el presente trabajo se intentará dar cuenta del recorrido que implicó
el diseño y la actualización del instrumento de registro de las SVPRG que
pudiera servir para la evaluación del riesgo que revestía cada situación aten-
dida por esta Dirección, y por tanto de los efectos de la utilización de dichos
ejes como guía para el trabajo cotidiano intra e interinstitucional, a partir de
la valoración de la noción de riesgo y su modificación a través del tiempo.
267
no dicho, estos son los elementos del dispositivo. El dispositivo es la red
que se establece entre estos elementos… Con el término de dispositivo
entiendo una especie por así decir de formación que en un determinado
momento histórico tuvo como función esencial responder a una urgen-
cia. El dispositivo tiene entonces una función esencialmente estratégica
(G. Agamben 2016: 7-8).91
268
específicos en determinados periodos de tiempo. El método consiste en
predecir la violencia en dos sentidos: relativo, es decir comparando un in-
dividuo con un grupo de referencia basado en normas, y absoluto, es decir
realizando una estimación probabilística de violencia futura. Este enfo-
que, si bien cuenta con mayor confiabilidad y validez estadística, es criti-
cado por carecer de una evaluación profesional en la definición del riesgo
de cada caso. Por último, el juicio profesional estructurado intenta cerrar
la brecha entre los dos enfoques anteriores. En este caso, el profesional
realiza la evaluación de acuerdo con pautas definidas que se enmarcan
en conocimientos teóricos y empíricos (M. Clur 2022:6).
En lo respectivo al concepto de evaluación:
269
Este primer instrumento elaborado se encontraba organizado a par-
tir de cuatro ejes en los que se nombraban datos de identificación de la
persona en SVPRG y de la persona que ejerció violencia, caracterización
sociodemográfica y económica, evaluación de riesgo, derivación intra e
interinstitucional.
El mencionado instrumento fue modificado en dos oportunidades a lo
largo de estos años, realizando incorporaciones y mejoras a fin de optimizar
la evaluación de riesgo ante una situación de violencia por razones de género.
Dicha herramienta ha sido utilizada como guía en entrevistas presen-
ciales y/o telefónicas con las PSVG, para luego repensar esta primera
aproximación en la evaluación de riesgo, a través de la escucha activa de
la situación por todas las integrantes del equipo en las reuniones técnicas
de frecuencia semanal. Aquí encontramos de fundamental importancia el
aporte de las compañeras no intervinientes en la situación, entendiendo
que la distancia permite siempre un análisis más objetivo de la situación,
sin la implicación de quienes realizaron la escucha de la PSVG.
Partiendo de la utilización de este instrumento, se ha podido articular en
el trabajo conjunto con la Comisaría de la Mujer y la Familia sobre la impor-
tancia de que queden plasmados en la denuncia determinados datos que
se constituyen como imprescindibles para evaluar el riesgo. Mencionando,
por ejemplo, los tipos de violencias por razones de género denunciados por
la persona y, en particular, describiendo las acciones desplegadas por la
persona que la ejerció, dentro de las violencias denunciadas.
Como interpelación al uso de esta planilla podemos situar que, al ser
un instrumento de uso interno, en ocasiones se complejiza establecer un
lenguaje común en el diálogo con otras instituciones, dificultando el dise-
ño apropiado de las intervenciones conjuntas a llevar a cabo.
Durante el período 2020/21, en contexto del ASPO, se comenzó a im-
plementar en nuestros informes de intervención, respecto de la PSVG, la
evaluación del riesgo para ser presentada a solicitud de organismos judi-
ciales especializados (juzgados de familia y/o UFI n.° 10 especializada) o
bien, ante la gravedad de los episodios relatados por la PSVG, este equipo
270
evalúa si se requieren otras acciones por parte de los organismos judicia-
les intervinientes.
Una vez reglamentada la matriz de riesgo realizada por el Ministerio
de las Mujeres se trabajó, primeramente, al interior de la DPG y dentro del
equipo técnico, ya que supuso un cambio en la organización de la infor-
mación, atento a que la Matriz de Riesgo contempla tres grandes dimen-
siones de análisis: la primera referida a la PSVG (mujeres y LGTBI+), la
segunda, persona que ejerce la agresión (PEA) y tercera, datos del hecho.
Cabe decir que:
271
El poder establecer un lenguaje común de la valoración del riesgo es
de suma importancia y, sobre todo, toma cuerpo en las situaciones de
urgencia que se constituyen como una intervención de guardia, en las
que trabajamos conjuntamente con instituciones como la Comisaría de
la Mujer y la Familia y la UFI n.° 10.
Las situaciones de alto riesgo para las mujeres y LGTBI+ son aquellas
en las que, por sus condiciones vinculares, se encuentran expuestas a
diversas manifestaciones de las VMG que ponen en riesgo su integridad
física y psicológica, y su autonomía económica y social. Las condiciones
socioeconómicas de la persona en situación de VMG suelen ser uno de
los principales agravantes, que aumentan el nivel de riesgo96.
Para concluir
Teniendo presente que una vida libre de violencias es un derecho humano
de las mujeres, reconocido por las leyes nacionales y provinciales, siendo
responsabilidad del Estado en sus diferentes niveles, son imprescindi-
bles las políticas públicas con perspectiva de género; como así también
el cumplimiento de la “debida diligencia reforzada”, surgida de la Con-
vención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer, “Convención de Belém do Pará”, sin dejar de mencionar la
importancia que reviste en estas situaciones la corresponsabilidad insti-
tucional para acompañar la salida de las violencias.
96 Manual Clínico .Atención integral a la salud ante situaciones de violencia por motivos de
género. OPS. OMS y Ministerio de salud Argentina. 2022
272
Bibliografía
273
Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Sa-
lud y Ministerio de Salud de la Argentina. (2022). Manual Clínico.
Atención integral a la salud ante situaciones de violencia por motivos
de género.
274
MESA 2
Producción de conocimiento
y estadística en violencia por
razones de género
Julieta Evangelina Cano
Dra. en Cs. Sociales. Asesora de la Subsecretaría en Políticas contra
las Violencias por Razones de Género
Sigrid Heim
Mg. en Diseño, Gestión y Análisis de Encuestas. Directora de Estadística
y Registro Único de Casos de Violencia de Género (RUC)
275
registros y las experiencias en el abordaje de situaciones de violencia por
razones de género, lo que permite, desde la perspectiva de este Minis-
terio, ahondar en la temática, problematizar el sentido común, discutir y
evidenciar los desafíos sobre los cuales los procesos de producción de
conocimiento están atravesados. Muchas veces la experiencia evidencia-
da, situada y cuestionada es el puntapié necesario para iniciar los proce-
sos de reflexión que requieren toda transformación.
La Mesa, como espacio de encuentro, logró presentar y entrelazar los
trabajos que cada expositora y expositor vienen llevando a cabo desde
sus lugares de procedencia, profundizando en los métodos de recolec-
ción de datos y los respectivos procesos análiticos en torno a estos mé-
todos utilizados.
En ese sentido, en el trabajo “Primera encuesta sobre violencia por
razones de género en el espacio público en Luján” se describe cómo, en
el marco de una campaña municipal contra la violencia en el espacio pú-
blico, se implementó una encuesta sobre la población que fue respondida
en casi un 90 % por mujeres, donde se pone de manifiesto la prevalencia
del acoso callejero contra las mujeres y LGTBI+. Hay dos datos que se
deben resaltar: en principio, que en el 99 % de los casos, los agresores
fueron varones, lo que interpela en términos de construcción de la mas-
culinidad; y por otro lado, que entre las víctimas de acoso callejero “un
77 % tenía entre 5 y 15 años la primera vez que atravesó una situación de
[violencia en el espacio público], evidenciándose que se trata de una vio-
lencia que comienza a vivirse durante la niñez y adolescencia”. Además
se relevan cuáles son los espacios públicos que resultan escenarios más
habituales de estas prácticas (la calle, medios de transporte, boliches),
las consecuencias que trae aparejadas este tipo de violencia (cruzarse
de vereda, buscar compañía para transitar determinados lugares, pensar
en qué ropa ponerse para intentar evitar el acoso), como también los sen-
timientos que genera ser víctima de este tipo de violencia: asco, miedo
y enojo (entre otros). Este tipo de violencia fue, durante mucho tiempo,
naturalizada y conceptualizada como “piropos”, pero sabemos que el
276
acoso callejero tiene como objetivo y consecuencia controlar el tránsito y
permanencia en el espacio público, y se trata de una manifestación de la
violencia patriarcal. Los datos permiten conocer la incidencia de este tipo
de violencias en los cuerpos, subjetividades y prácticas cotidianas de las
personas que la sufren, como también un diseño más apropiado de las
políticas públicas tendientes a erradicarlas.
Respecto del trabajo “Masculinidades y violencias. Las políticas públi-
cas implementadas para su abordaje desde el análisis de dos casos: el
Municipio de Lanús y el Municipio de Lomas de Zamora (2015-2020)”, en
el mismo se analizan las políticas públicas implementadas hacia varones
que han ejercido violencia contra las mujeres, a partir de entrevistas a
informantes clave de distintas instituciones en el territorio. Entiendo que
es vital abordar la deconstrucción de masculinidades hegemónicas para
erradicar las violencias contra las mujeres y LGTBI+. Las políticas para
abordar esta problemática se nutren de equipos formados en perspecti-
va de género que implementan estrategias de tipo psico-socio-educativo,
pero se destaca la falta de presupuesto para áreas que trabajan con mas-
culinidades violentas a nivel municipal: “la mayoría de las instituciones no
tiene presupuesto asignado, algunas lo hacen en forma voluntaria o con
presupuestos no asignados directamente a esta política”. Teniendo esto
presente, la Línea 1 del programa Comunidades sin Violencias de nuestro
Ministerio, constituye financiamiento para el fortalecimiento de los dispo-
sitivos municipales de atención de las violencias por razones de género,
en la cual se incluye la atención a varones.
Uno de los emergentes más significativos, que en la actualidad se tra-
duce en un desafío para la gestión pública, es la evidencia de “articula-
ciones débiles o inexistentes entre los distintos niveles jurisdiccionales
(nacional, provincial, municipal) y con otras instancias como organizacio-
nes de la sociedad civil, universidades. A la vez, las relaciones dentro del
mismo ámbito municipal son escasas”, poniendo el foco especialmente
en la actuación del poder judicial. Consideramos que las conclusiones a
las que llega el trabajo presentado son el necesario puntapié para seguir
277
pensando en cómo profundizar la transformación que requiere el objetivo
de garantizar una vida libre de violencias.
En la misma línea, el trabajo “Dispositivo individual psico-socioeduca-
tivo para el abordaje de masculinidades violentas en la localidad de Aya-
cucho” describe un dispositivo municipal que tiene como objetivo invitar
a las masculinidades a repensar sus privilegios “y los diferentes tipos
de violencias que envuelven sus prácticas”, dispositivo que es diseñado
como una medida reparatoria para las mujeres y disidencias en situación
de violencias por razones de género.
En el trabajo “Análisis de la violencia digital y sus afectaciones des-
de la experiencia del Protocolo de Género de la UNMdP”, se analiza la
incidencia de la violencia digital por razones de género en su modalidad
telemática con el objetivo de visibilizar las afectaciones en la integralidad
de la salud por parte de quienes sufren la violencia. En el estudio, el 75
% de los casos corresponden a situaciones de violencia entre integran-
tes de la comunidad universitaria, en donde el 46 % de los casos se han
desplegado mediante la modalidad telemática (es decir, a través de me-
dios de telecomunicaciones informáticos). La asimetría en las relaciones
de poder se evidencia cuando se expresa que “quienes mayormente son
expuestas a situaciones de violencia son estudiantes, siendo sometidas
generalmente a los tipos de violencias psicológico, sexual y digital, que se
conjugan con abusos de autoridad por su posicionamiento institucional
(por ser estudiantes o por estar iniciándose en su carrera académica y/o
de investigación)”. En el trabajo se detallan las consecuencias que tiene
para las personas ser víctimas de la violencia digital, y se pone en eviden-
cia la necesidad de contemplar legislativamente este tipo y modalidad de
violencia, actualmente ausente de la letra de la Ley 26485, pero presente
en el proyecto de ley integral que se enviará a la legislatura provincial este
año por parte del poder ejecutivo.
Respecto de la producción de datos sobre violencias que se suceden
en el entorno universitario, contamos también con el trabajo “Sistematizar
experiencias para evaluar resultados: producción de estadísticas a partir
278
de la implementación del Protocolo de Intervención Institucional ante de-
nuncias por situaciones de violencia sexista en el ámbito de la UNCuyo”,
en donde se exponen distintas experiencias en torno a la sistematización
y producción de estadísticas que buscaron monitorear y evaluar el funcio-
namiento de la herramienta Protocolo y los resultados obtenidos, activi-
dad que contó con financiamiento específico de la Secretaría de Políticas
Universitarias. Se destaca la reflexión acerca de cómo
279
violencia de género. El RUC viene a dar respuesta a una deuda pendien-
te en nuestra provincia: documentos internacionales, de público conoci-
miento, como la a Convención para la Eliminación de Todas las Formas
de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW, 1979), complementada por
su Protocolo Facultativo (1999), y la Convención para la Prevención, Erra-
dicación y Sanción de la Violencia contra la Mujer (Convención Belém
do Pará, 1994), instan a los Estados a diseñar las estrategias necesarias
para poner fin a las violencias por razones de género. Asimismo, estas
estrategias deben contemplar la producción y difusión de información es-
tadística como resultado de la atención estatal en prevención, atención,
reparación y acompañamiento, para impulsar y desarrollar las políticas
necesarias para la prevención, sanción y erradicación de las violencias.
Como conclusión, se observa que incorporar a la discusión determi-
nadas categorías feministas que evidencien el trabajo y los desafíos exis-
tentes en la producción de conocimiento resulta imprescindible. De esta
manera, logramos transformar datos e información en argumentos aca-
bados para dar los debates que se nos plantean en relación a fomentar y
enriquecer la teorización de las políticas públicas de los abordajes de las
violencias por razones de género bonaerenses.
280
MESA 2· Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Introducción
¿Desde dónde escribimos?
En los últimos años, las universidades del país vienen trazando un recorrido
histórico en la generación de políticas de género, conformes a la normativa
vigente en materia de derechos humanos y traccionadas por los movimien-
tos sociales en lucha. Entre estas, el desarrollo e implementación de medi-
das y herramientas para la prevención, sanción y erradicación de la violencia
281
contra las mujeres y personas LGTBI+ ha sido un hito fundamental.
En la Universidad Nacional de Cuyo (en adelante UNCuyo), la Conseje-
ría en sexualidades, identidad de género y situaciones de violencia patriar-
cal de la Secretaría de Bienestar Universitario (en adelante Consejería)
surge y se inserta en este fenómeno social, político e institucional más
extenso, de ampliación de los márgenes culturales y normativos en las
universidades. Su creación en 2015 se dio al compás y paralelamente al
surgimiento de políticas universitarias similares en otros puntos del país
y tuvo como condición de posibilidad el sostenido accionar de feministas
–activistas, militantes, docentes, investigadoras y estudiantes– dentro y
fuera de la universidad, que logró instalar la violencia patriarcal y las dis-
criminaciones como un problema al cual la institución debía responder.
Conformada por un equipo interdisciplinario98 de profesionales especia-
lizadas en género, sexualidades y derechos humanos, es la primera (y
única al momento de escritura de este artículo) política de género de la
UNCuyo orientada a la intervención y acompañamiento de personas de la
comunidad universitaria en materia de sexualidades, identidad de género
y situaciones de violencia patriarcal.
El 2017, por medio de la Resolución 683/17 y tras un arduo trabajo de
incidencia por parte de gestoras, trabajadoras y estudiantes, el Consejo
Superior aprobó el “Protocolo de Intervención Institucional ante denuncias
por situaciones de violencia sexista en el ámbito de la UNCuyo”, que tiene
como órgano de aplicación a la Consejería. Este protocolo busca prevenir,
sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y el colectivo LGTBI+
en todas sus manifestaciones en el ámbito de la universidad. Comprende
la atención de denuncias por violencias y/o discriminaciones sexo-gené-
ricas, la investigación administrativa y la sanción de las mismas; articula
98 Coordinadora Mgter. Esp. Psicóloga Aleyda Yanes; Abogada Marina Giachini; Trabajadora
Social Esp. Lic. Valeria Fabroni; Psicóloga Esp. Lic. Isabel Videla, Trabajadora Social Lic. Gilda
Hernaldo y Lic. Sociología Paulina Serú. serupaulina.n@[Link]
282
asesoramiento, acompañamiento, medidas de protección, no repetición y
reparación. En este marco, la Consejería tiene la función de receptar con-
sultas y denuncias, realizar un primer abordaje, confeccionar un informe
de recomendaciones y elevar el expediente administrativo. El hacer insti-
tucional ha provocado que el espacio sea además el principal referente en
cuanto al tema, asumiendo las tareas de seguir los expedientes, articular
y gestionar para el cumplimiento de las medidas, difundir la herramienta,
capacitar y sensibilizar.
Esta ponencia ha sido pensada al calor de ese trabajo cotidiano. En
los años recorridos desde su creación y con mayor énfasis a partir de la
sanción del Protocolo, hemos podido observar una apertura hacia la poli-
tización e incorporación de nuevas demandas en las agendas institucio-
nales. No obstante, hemos alertado también la existencia de tensiones y
obstáculos fuertemente arraigados en las tramas institucionales, propios
de las lógicas burocráticas y heterocispatriarcales que persisten en las
instituciones de educación superior.
En los siguientes párrafos expondremos experiencias trazadas en tor-
no a procesos colectivos de sistematización y producción de estadísticas
que buscaron monitorear y evaluar el funcionamiento de la herramienta
Protocolo y los resultados hasta el momento obtenidos. Compartimos
estas reflexiones como invitación a seguir produciendo conocimiento
imbricado en la praxis de intervenir los ámbitos universitarios en pos de
erradicar las violencias patriarcales.
Desarrollo
¿Qué nos propusimos?
Hace unos años emergió en el equipo la necesidad de generar evidencia
que diera cuenta de la magnitud y características del trabajo que realizá-
bamos; de comprender el punto en el que nos encontrábamos luego de
dos años de funcionamiento del Protocolo y cuatro años de creación de
la Consejería; y comenzar a generar datos para emprender un proceso de
283
evaluación de resultados. Cada una de estas necesidades se encontraba
ligada a algún punto de tensión identificado a partir de nuestra práctica
dentro de la universidad. En cuanto al primer punto, la tensión consistía en
que el trabajo complejo y confidencial de acompañar procesos subjetivos
de empoderamiento y denuncia, hacían que nuestra tarea, la mayor de las
veces, se tornara inconmensurable, invisible y silenciosa ante las lógicas
de rendimiento y productividad que predominan en los entornos institu-
cionales. En relación al segundo punto, observamos que no estábamos
contemplando acciones de seguimiento y monitoreo del propio trabajo
ni de los resultados parciales que íbamos logrando. En tercer lugar, la au-
sencia de registros estandarizados, sistemáticos y completos sobre la
implementación de la herramienta Protocolo, imposibilitaba avanzar en la
evaluación de la misma.
Ante estas necesidades, en el año 2019 diseñamos y pusimos en mar-
cha un Plan de Sistematización Cuantitativa para la producción de esta-
dísticas descriptivas sobre el trabajo de la Consejería y el funcionamiento
del Protocolo. La producción de estadísticas propias fue una estrategia
de visibilización de las desigualdades y violencias que existen dentro de la
universidad, así como también de valorización del área en tanto permitió
cuantificar y comunicar la magnitud y complejidad del trabajo realizado.
Pero, además, fue una oportunidad para revisar el rumbo de estas políti-
cas y reorientar los esfuerzos.
La teoría de género acerca de la implementación de las políticas pú-
blicas señala la centralidad de los procesos de seguimiento y evaluación,
no como control, sino como aprendizaje, como una manera de saber si
a través de los planes, programas y proyectos estamos contribuyendo o
no a la igualdad y a la emancipación. Las acciones de sistematización
y generación de evidencias son condición de posibilidad para empren-
der procesos de monitoreo y evaluación. Cuando no han sido incluidas
en la planificación de una política, seguramente nos encontremos ante
la falta de recursos –tiempos, personas, insumos– para asumir dichas
funciones. En nuestro caso, encarar estas tareas fue posible por el apoyo
284
recibido de la Secretaría de Políticas Universitarias mediante una línea
de financiamiento impulsada por la Red Interuniversitaria por la Igualdad
de Género (RUGE), destinada a fortalecer los espacios de género en las
universidades nacionales.
¿Cómo lo realizamos?
Inicialmente, emprendimos la etapa de planificar la sistematización.
Esto implicó construir colectiva e interdisciplinariamente la decisión de
qué registrar, para qué y cómo registrarlo. Evaluamos la factibilidad de
llevar a cabo esta tarea, realizando un diagnóstico de las fuentes de in-
formación disponibles, la exhaustividad de los registros y las disposicio-
nes del equipo para sostenerla en el tiempo. Con todo esto, diseñamos
las nuevas herramientas de sistematización y carga. El resultado fue un
sistema de registro estructurado que nos permitió estandarizar la infor-
mación acerca de los casos atendidos, las estrategias instrumentadas
y las respuestas institucionales obtenidas durante los acompañamien-
tos. Para recuperar información de años previos, recurrimos a fichas,
informes y expedientes. Para abordar las múltiples dimensiones de la
información que queríamos producir, elaboramos indicadores agrupa-
dos en tres categorías: aquellos que dan cuenta de las características
de las situaciones que llegan99; indicadores de desempeño o proceso100;
e indicadores de resultados101.
Producir datos desde una perspectiva feminista implica la construc-
ción de indicadores sensibles a las experiencias de las mujeres y personas
285
LGTBI+ que puedan captar y representar las desigualdades de poder y
que sirvan para generar evidencia estratégica en la promoción de la igual-
dad y la justicia social. Para lograr esto, los indicadores fueron diseñados
a partir de los marcos normativos y teóricos que sustentan la perspectiva
de género y derechos humanos desde la cual trabajamos, adaptándose
a las particularidades del ámbito universitario en el que intervenimos. Es
importante destacar que este ha sido un proceso dinámico y flexible, en el
que hemos ido redefiniendo, ajustando y corrigiendo a partir de la práctica
de sistematizar y elaborar datos y al ritmo cambiante de los procesos de
la vida universitaria.
286
• Prevalencia de modalidades de la violencia: 39 % situaciones de vio-
lencia102 institucional, 33 % de violencia laboral, 24 % ocurrieron en un
ámbito pedagógico y en el 4 %, violencia política.
• En el 57 % de los casos se detectó la presencia de factores de riesgo
que incluyen no solo riesgo físico, sino también riesgo para la salud
mental y académica/laboral, como el abandono de la carrera o perjui-
cios en el trabajo.
En síntesis, en estas situaciones de violencia se entrelazan dife-
rentes estructuras de desigualdad: género, edad, cargos y diferentes
jerarquías institucionales, laborales y académicas. De este modo, las
desigualdades por motivos de género interseccionan con otros siste-
mas de relaciones propios del entramado universitario que también im-
plican jerarquías y asimetrías de poder entre las personas, brindando
una complejidad extra a la posibilidad de identificación, enunciación,
denuncia y abordaje de las mismas.
Continúa siendo un desafío concientizar acerca de que el Protocolo
también protege a las personas LGTBI+ ante discriminaciones y violencia.
Si bien hemos recibido una pequeña proporción de consultas por parte de
personas de este colectivo, advertimos que aún existe una mirada acota-
da y “mujeril” sobre la violencia de género entre los sentidos con los que
operan los mecanismos institucionales.
En relación a los indicadores de proceso, hemos observado transfor-
maciones en las formas en que las personas acceden al área, con un
crecimiento sostenido en la proporción de usuarias/es que llegan por
derivaciones institucionales. Esto indica una mejora en los mecanismos
de alerta y derivación existentes en el ámbito universitario. Asimismo, a
287
partir del abordaje se han ampliado las articulaciones dentro y fuera de
la universidad, tejiendo nuevas redes, promoviendo formas alternativas al
circuito administrativo sancionatorio, interpelando y comprometiendo a
distintas áreas institucionales en las estrategias de resolución.
En cuanto a los tiempos y funcionamiento del circuito de Protocolo,
podemos destacar que, en general, se han tomado en mayor proporción
y con mayor rapidez las medidas protectorias. En contraposición, el pro-
ceso para la efectivización de las medidas reparatorias en la mayoría
de los casos se ha desgranado o postergado. Si bien los tiempos de
resolución se han agilizado en estos años, siguen siendo demasiado
largos para la idoneidad de los tratamientos desde una perspectiva de
género. La investigación sumarial es la etapa que más demora tiene, lo
que implica que, cuando llegue su resolución, corra el riesgo de ya no
resultar oportuna al proceso subjetivo de quien denuncia. Esto se debe
principalmente a que los marcos del derecho administrativo que regulan
estos procedimientos no han incorporado nuevos paradigmas como la
perspectiva de género.
Cabe señalar que la incidencia del “sin dato” en la estadística producida
sobre este aspecto dificulta el análisis y la construcción de conclusiones.
Hemos encontrado serias dificultades para reconstruir la información so-
bre el estado del procedimiento una vez elevado el expediente. Esto se
debe, en gran medida, a que el Protocolo actual no señala la obligación de
notificar a la Consejería (ni a la persona denunciante) sobre el estado de la
causa. Entendemos que esto es un factor que debilita las capacidades del
área para realizar un monitoreo y evaluar el accionar de otros agentes en
el circuito institucional. Según las teorías consultadas, esta debilidad se
debe a la escasa posición jerárquica que suelen ocupar los organismos
de género, lo cual determina su acceso a los recursos y su autoridad en
la trama institucional.
Frente a estos obstáculos y en pos de profundizar el conocimiento
sobre los resultados del Protocolo, hemos impulsado recientemente la
construcción de indicadores cualitativos para reflejar la voz y experiencia
288
de las denunciantes. El objetivo ha sido promover un proceso participa-
tivo de evaluación del Protocolo y las acciones conexas implementadas
por la UNCuyo entre el año 2017 y el 2021. Entendemos que recuperar y
valorizar las apreciaciones que tienen quienes han transitado en primera
persona el devenir de la política implementada, es central para evaluar
integralmente sus resultados e impactos.
Los indicadores construidos indagan percepciones y experiencias en
torno a:
1. La efectividad de la herramienta: el cese de la violencia, revictimiza-
ciones y consecuencias negativas a partir de la denuncia; factores
protectores que intervinieron aminorando o reparando las revictimi-
zaciones.
2. La pertinencia del acompañamiento y la contención en el ámbito uni-
versitario: de la consejería y de otros agentes.
3. La calidad de la investigación administrativa: acceso a la información
durante el proceso; protagonismo de quien denuncia; tiempos de re-
solución.
4. Lo reparador en el proceso: exploratorio, factores que hayan contribui-
do a la reparación.
Hasta el momento, hemos podido realizar una primera ronda de con-
sultas, de las que obtuvimos algunos resultados iniciales que corroboran
intuiciones que traíamos a partir de los procesos de acompañamiento. En
términos generales, cabe mencionar como principal desafío el promover
el protagonismo de quien denuncia, fortaleciendo las acciones orientadas
hacia los aspectos reparadores en el proceso. Como claves prioritarias
para el mejoramiento de la herramienta, cabe señalar el acceso a la infor-
mación en todas las etapas del proceso, la celeridad en los tiempos de
resolución buscando que sean pertinentes al proceso subjetivo de quien
denuncia, y el trabajo transversal de sensibilización para que el entorno
universitario sea un ambiente de contención y alojamiento.
289
A modo de conclusión
Sara Ahmed dice que vivir una vida feminista es construir conocimiento,
lo cual no es aplicar principios teóricos feministas a la vida cotidiana, sino
hacerlo desde casa, sea cual sea la casa. El feminismo construye conoci-
mientos a través de la praxis cotidiana por transformar las instituciones –
ya sea una mesa familiar, un ambiente laboral, un corpus teórico, un grupo
de amigos o una universidad–. El conocimiento que construimos desde la
Consejería es un conocimiento encarnado en la intervención y los acom-
pañamientos por transformar el ámbito universitario. Rescatamos en ello
la propia experiencia, considerándola tan valiosa y compleja como las que
se producen en otros entornos y bajo otros modelos de saber.
En nuestro caso, sistematizar ha sido un proceso espiralado, que ha
ido profundizando y complejizando la indagación y, en ocasiones, discon-
tinuo, por la adversidad que implica la falta de recursos –materiales y
simbólicos– para sostener la tarea. La falta de jerarquía y de acceso a la
información mina las posibilidades de reconocer en qué punto estamos y
de trazar hojas de ruta que señalan hacia dónde queremos ir.
La experiencia aquí narrada nos ayudó a clarificar intuiciones que ve-
níamos trayendo, encontrarlas reflejadas en la regularidad numérica nos
dio seguridad para avanzar en propuestas que modifiquen y mejoren la
herramienta. Concluimos que tenemos buenos avances en el plano de lo
normativo y medianamente buenos en el tejido de redes para hacer andar
estas normas. El principal desafío es achicar la brecha entre las capaci-
dades formales de la universidad para responder y la forma en la que real-
mente está respondiendo. Es fundamental continuar transversalizando la
perspectiva de género.
Por último, hay que destacar el valor de evaluar resultados en diálogo
de saberes con las personas que le ponen el cuerpo a la herramienta.
Habilitar espacios participativos ha sido esclarecedor. No solo con otres
operadores/as/es del circuito sino, también, con quienes han transitado
situaciones de violencia y confiaron en las herramientas institucionales
para su resolución.
290
Bibliografía
291
MESA 2· Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Resumen
En el presente trabajo se analiza la incidencia de la violencia digital por
razones de género en su modalidad telemática con el objetivo de visibilizar
las afectaciones en la integralidad de la salud por parte de quienes sufren
la violencia. Así como la necesidad de incorporarla en un marco regulatorio
específico como la Ley 26485 que determine la acción dañosa. La meto-
dología es de corte cuali-cuantitativo de alcance exploratorio y descriptivo.
Los datos fueron extraídos del Informe de Gestión de Protocolo de Actua-
ción ante casos de Violencia de Género correspondiente al período marzo
103 Cerri, Lorena Vanesa: Lic. en Psicología. Integrante del Equipo Técnico del Protocolo Actu-
ación para casos de Violencia de Género de la UNMdP cerrilorena2021@[Link]
104 Leiva, Gabriela Adriana: Lic. en Trabajo Social. Integrante del Equipo Técnico del Protocolo
Actuación para casos de Violencia de Género de la UNMdP. gabyleiva76@[Link]
105 Pomphile, Julieta: abogada, integrante del Equipo Técnico del Protocolo Actuación para
casos de Violencia de Género de la UNMdP. [Link]@[Link]
106 Rovira, Silvia Noemí: Lic. en Psicología, coordinadora Técnica del Protocolo Actuación para
casos de Violencia de Género de la UNMdP. snrovira@[Link]
107 Salinas, Alba Graciela: abogada, Coordinadora General del Protocolo Actuación para casos
de Violencia de Género de la UNMdP. albasalinas252@[Link]
292
2021-febrero 2022 sobre una muestra de 43 casos, 120 personas consul-
tantes y 50 personas denunciadas correspondiente al ámbito de la Univer-
sidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Las técnicas de recolección de
datos consistieron en entrevistas realizadas a las personas consultantes y
planilla de registro de datos, donde se procedió a volcar información siste-
matizada de cada caso particular. Los resultados dan cuenta de la pobla-
ción vulnerada y las sintomatologías que las personas expuestas a este
tipo de violencia manifiestan en las dimensiones de la salud mental, física
y social-vincular, y la necesidad de su regulación y de acciones preventivas.
Introducción
En el presente trabajo abordaremos la incidencia de la violencia digital por
razones de género en su modalidad telemática en el ámbito de la Universi-
dad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), con el objetivo de dar cuenta de
cuáles son los efectos en la integralidad de la salud. Así como plantear-
nos la necesidad de integrarla en un marco regulatorio que determine con
su especificidad la acción dañosa.
Se compartirán los resultados estadísticos del Informe de Gestión108
del Protocolo de Actuación por Violencia de Género (PAVG) en el ámbito
de la UNMdP, producto de la labor realizada en el período comprendido
marzo 2021-febrero 2022.
En virtud de que la forma virtual ha sido la manera en la que se ha
llevado adelante el año curricular 2021 a causa del contexto de pandemia
por el Covid-19 y las medidas de ASPO y DISPO109, las consultas que co-
menzamos a tener en el dispositivo ponían en evidencia que la modalidad
108 Salinas, A. y otras (2022) Informe de Gestión Protocolo Género UNMdP 2021. Disponible en
[Link]
cion-en-caso-de-violencia-de-genero-en-la-universidad
109 ASPO: Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio.
DISPO: Distanciamiento, social preventivo y obligatorio.
293
de teletrabajo y cursada virtual generaba la reinvención y propagación de
la violencia de género en los entornos digitales, manteniendo las mismas
lógicas patriarcales que en el plano físico e inclusive retroalimentándose.
Si bien no se encuentra regulada aún en su especificidad, en tanto
que la Ley 26485 no contempla el tipo de violencia digital y la modalidad
telemática –tal como hemos señalado en nuestro Informe de Gestión–,
al encontrarse esta modalidad de violencia en proceso de ser incluida en
el Congreso de la Nación y sin que resulte contraria a las normativas in-
ternacionales que rigen la materia, consideramos la necesidad de incluirla
como una categoría de análisis de las situaciones de las que hemos to-
mado conocimiento, en especial porque muchas de estas estaban clara-
mente identificadas con los conceptos que se describen en el proyecto de
modificación de dicha ley.
Marco normativo
La Ley 26485, de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar
la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus
relaciones interpersonales, define a la violencia de género como “toda
conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en
el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual
de poder, afecte la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica,
sexual, económica o patrimonial, como así también la seguridad personal
de mujeres y colectivo de la diversidad sexual”.
En el proyecto de modificación de la ley mencionada, se sugiere incor-
porar al artículo 4°, la distinción entre el espacio “analógico/físico o vir-
tual/ciberespacio”. Se incorporaría como inciso 6 al art. 5°, la definición de
violencia digital y como inciso g) del art. 6° qué se entiende por violencia
294
telemática110. En el caso de la UNMdP, la OCS Nº 1555/20 que regula el
PAVG, se enmarca conforme lo establecido en la Ley 26485, así como en
otras normativas que protegen los derechos de las mujeres, niñeces y el
colectivo de la diversidad111.
Pertenencia institucional
El PAVG en el ámbito de la UNMdP, se implementó en agosto de 2017 con-
forme a la Ordenanza de Consejo Superior (OCS) 2380/17. Dicha norma
fue modificada por la OCS 1555/20 producto de la experiencia recabada
a dos años de su funcionamiento.
Los objetivos del dispositivo contemplan:
5. Brindar asesoramiento y acompañamiento a las personas afectadas.
110 Proyecto de Ley ingresado en octubre de 2021 en la Cámara de Diputados de la Nación n.°
4157-D-2021. Artículo 5°: Modifíquese el art. 4° de la Ley n.° 26.485, el cual quedará redactado
de la siguiente manera:
Artículo 4º — Definición. Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, por acción
u omisión, basada en razones de género, que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito
público como en el privado, en el espacio analógico/físico o virtual/ciberespacio, basada en
una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica,
sexual, económica o patrimonial, participación política, como así también su seguridad personal.
Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes.
Violencia Digital: “La que afecta la dignidad digital de las mujeres al lesionar alguno o varios de
sus bienes y/o derechos digitales, como la reputación, la libertad, la existencia, el domicilio, la
privacidad y la inclusión digitales, o afectar su acceso y/o apropiación y uso de las Tecnologías
de la Información y la Comunicación así como su desenvolvimiento y permanencia en el
ciberespacio. Será así considerada también en los casos en que se atente contra la seguridad
informática de los equipos, dispositivos, plataformas, aplicaciones y todo recurso tecno-digital
utilizado por las mujeres para su desenvolvimiento personal, laboral, profesional, comercial y de
esparcimiento, y con claros fines de control sobre su persona, así como en los casos en que la
identidad digital se vea directamente vulnerada por el ejercicio de violencia contra las mujeres,
en cualquiera de sus formas, en los términos del art. 4 de la presente ley”.
Violencia Telemática: “La ejercida con la asistencia o a través del uso de las Tecnologías de
la Información y la Comunicación (TIC), vulnerando derechos de las usuarias pero no exclusiv-
amente los digitales sino todo otro derecho tutelado por la normativa vigente que puede ser
incluso previo a la Era Digital, valiéndose de recursos tecnológicos conectados”.
111 Ley 26743, 26061 y las normas internacionales que rigen la materia. (Convención para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, Convención para eliminar todas
las formas de discriminación hacia la mujer, Convención sobre los derechos del niño, etc.).
295
6. Generar y analizar estadísticas sobre las situaciones de violencia y
discriminación a los fines de poder efectuar acciones de sensibiliza-
ción y prevención.
7. Promover una sociedad libre de violencia y discriminación por razones
de género.
Su ámbito de aplicación contempla el emplazamiento físico de la
UNMDP y dependencias en virtud de actividades académicas, gremiales,
políticas, sociales, incluyendo aquellas “relaciones interpersonales entre
integrantes de la comunidad que afecten la vida universitaria” y “las comu-
nicaciones o contactos establecidos a través de cualquier medio tecno-
lógico, que afecten a una persona o un colectivo”. La población atendida
comprende a autoridades, personal universitario, docentes, estudiantes,
graduades y terceres vinculades con la UNMdP.
Metodología
Los datos para la realización del presente trabajo fueron obtenidos del In-
forme de Gestión correspondiente al período marzo 2021-febrero 2022112,
del cual hemos extraído los datos relevantes. El estudio es de corte cua-
li-cuantitativo de alcance exploratorio y descriptivo. Las técnicas de re-
colección de datos consistieron en entrevistas realizadas a las personas
consultantes y planilla de registro de datos donde se procedió a volcar
información sistematizada de cada caso particular.
112 [Link].
296
Indicadores de análisis
La muestra correspondió a: Nro. de Casos113: 43. Nro. de personas con-
sultantes/denunciantes: 120. Nro. de personas denunciadas: 50. Dentro
de las variables consideradas en el informe de gestión, para el presente
artículo hemos estimado las siguientes:
• Tipos de Casos114: Internos - Mixtos - Externos.
• Género: Denunciantes/Denunciados: Mujer - Varón - No Binarie.
• Franja Etaria: Denunciantes/Denunciados: Menor de edad; 18-19; 20-29;
30-39; 40-49; 50-59; 60-69; Sin Especificar.
• Rol institucional: Denunciantes/Denunciados: Estudiantes; Docentes;
No Docentes; Gestión; Co-Gobierno; Externos a la UNMdP; Investiga-
dorxs; Graduados; Sin Especificar.
• Tipo de Violencia: Física, Psicológica, Sexual, Económica y Patrimonial,
Simbólica, Política, Digital, Sin Especificar.
• Modalidad de Violencia: Doméstica, Institucional, Laboral, Pública-Políti-
ca, Telemática, Ámbito Educativo.
Sistematización de la Información
Presentamos los datos de las variables relevantes para el análisis en tér-
minos porcentuales del presente trabajo. En el Informe de Gestión (Op.
Cit, 2022) observamos que el 75 % de los casos denunciados son de tipo
113 El término “caso” alude a una “situación de violencia o discriminación por la cual la/las
persona/s acude/n al Protocolo (…) se incluyen tanto las consultas, asesoramientos, acom-
pañamientos e intervenciones como los pedidos de sanciones disciplinarias.
Se incluye como “caso” a aquellos que hayan sido denunciados por más de una persona y/o que
hayan sindicado a una o varias personas como autoras de esa agresión, siempre que se trate de
la misma situación”. (PAVG UNMdP Informe de gestión 2021-2022).
114 Los ‘tipos de’ pueden ser: internos, situación de violencia entre integrantes de la comunidad
universitaria, sean dentro del ámbito universitario y/o en otro ámbito siempre que afecte a la
vida universitaria; mixtos, cuando alguna de las personas involucradas es ajena a la UNMdP,
pero la situación afecta a la vida universitaria; externos, cuando las personas involucradas en la
situación de violencia por motivos de género no pertenecen a la comunidad universitaria. Son
asesoradas y se realiza articulación con la/las institución/es correspondientes.
297
interno, donde las personas involucradas (quienes ejercen la violencia y
quienes la padecen) pertenecen a la comunidad de la UNMdP.
Respecto al género, los datos dan cuenta de cómo se invierte en tér-
minos porcentuales la relación denunciante/denunciado, mientras que el
92 % de las afectadas son mujeres, el 90 % de los denunciados son varo-
nes, incluso cuando en términos cuantitativos (por las denuncias colecti-
vas) sean más las personas denunciantes que las denunciadas.
Del 92 % de esas mujeres que han denunciado situaciones de violen-
cia, el 79 % remite a estudiantes (mayores y menores de edad), 5,5 % a
docentes y 6,5 % a no docentes, vislumbrando que la problemática se
hace extensiva en edades, roles y funciones, transversalizando los diver-
sos sectores institucionales, siendo mayoritariamente las estudiantes
mujeres quienes se ven más afectadas por situaciones de violencia.
En relación a las personas denunciadas, el mayor porcentaje se centra
en estudiantes varones (32 %) y docentes (28 %). Así, constituyen más del
50 % de los indicados que han ejercido violencia de género.
Respecto a la distribución etaria, en les denunciantes se focaliza en la
franja 20-29 (49 %) y 30-39 (18 %). En tanto en denunciados, se focaliza
entre los 50-59 (22 %) y 40-49 (16 %), siguiéndole la franja de 30-39 años
(10 %). Otro dato relevante, por lo cual lo contabilizamos como una franja
etaria diferenciada, refiere al alto índice de estudiantes menores de edad
denunciantes (8,5 %) y denunciados (17 %).
Respecto a tipo y modalidad, se ilustra en el Gráfico 1 que la violencia
psicológica (30 %) es la que más se ha denunciado, conjuntamente con
la violencia simbólica (20 %). Desagregando la información respecto de
las violencias en los casos en los que intervenimos, podemos mencionar
que aquellas violencias que han sido mayormente combinadas han sido
la psicológica con la física (14 %) y con agresiones de violencia sexual (11
%), también se expusieron situaciones de violencia simbólica. Respecto al
tipo de violencia digital (14 %) observamos su alta incidencia en compara-
ción con los otros tipos consignados.
298
Gráfico 1 - Tipos de violencia
115
116
299
Análisis de la información
Considerando los datos expuestos, se observa que el 75 % de los casos
son internos. Es un dato que consideramos en sí mismo como un alerta,
dado que el lugar privilegiado en que se ejerce la violencia de género es en
la institución universitaria o por existir una pertenencia a la misma desde
ambas partes. En correlación con lo expuesto, el 46 % de los casos han te-
nido la modalidad telemática, es decir que se han llevado a cabo a través
de medios de telecomunicaciones informáticos.
Al respecto debemos mencionar que los tipos de violencia psicológica
y simbólica están en la base de los otros tipos considerados, son gene-
ralmente naturalizadas por las propias personas que la padecen y tam-
bién por su propio entorno, y aquí es donde observamos un alto índice de
violencia digital (14 %) sufrido por las personas denunciantes en paridad
con la violencia física (14 %). Si bien la primera es aún más invisibilizada
e intangible, no por ello es menos grave, describiremos sus afectaciones
y secuelas más adelante.
El 92 % de denunciantes son mujeres y sus edades se focalizan
mayormente entre los 20 y los 39 años. Analizando la posición insti-
tucional, el género y los tipos de violencia, quienes mayormente son
expuestas a situaciones de violencia son estudiantes, son sometidas
generalmente a tipos de violencias psicológico, sexual y digital que se
conjugan con abusos de autoridad por su posicionamiento institucio-
nal (por ser estudiantes o por estar iniciándose en su carrera académi-
ca y/o de investigación). Otro dato relevante es que un 8 % de varones
han acudido al Protocolo por ser testigos en situaciones de violencia de
género; en estos casos han consultado, han apoyado el reclamo de sus
compañeras de trabajo/estudios o han sido víctimas en forma directa
o indirecta de violencias machistas por no responder a los cánones
heteronormativos instaurados.
En relación con la franja etaria de los denunciados, observamos que
guarda relación con las asimetrías de poder que se presentan en los ca-
sos de violencias por motivos de género. El 90 % son varones, cuya edad
300
se centra entre los 40 y 60 años, siguiéndole la franja de 30 a 39 años,
coincidente con cargos docentes y/o estudiantes que también ejercen
cargos docentes o se encuentran en años superiores respecto a las per-
sonas víctimas de violencia, y se valen de la relación de asimetría de po-
der para ejercer la violencia por motivos de género.
Otro indicador de relevancia es el porcentaje de mujeres estudiantes
menores de edad (del colegio secundario universitario) que han denun-
ciado ser víctimas de violencia de género de tipo psicológico, sexual
y digital por parte de sus pares varones, quienes han sido sindicados
como autores de estas violencias. Esto constituye un alerta para inter-
venir rápida y preventivamente respecto a esta franja adolescente en
pos de que modifiquen y cesen sus actitudes, para impedir futuros epi-
sodios de esta naturaleza.
En cuanto a las modalidades, incluimos en este análisis a la “violencia
telemática” (en trámite parlamentario) y otra categoría denominada “ám-
bito educativo”, que hemos utilizado en forma residual para aquellos ca-
sos que no encuadran dentro de las mencionadas anteriormente y se han
dado entre integrantes de la comunidad universitaria en función de sus
relaciones allí establecidas y el mismo ámbito académico-laboral. Consi-
derando los casos de tipo interno con estas dos modalidades (46 %), ob-
servamos en los datos obtenidos la alta incidencia de la violencia digital
y de la modalidad telemática en el ámbito de la institución universitaria.
301
corporal tales como úlceras nerviosas, problemas estomacales, dificul-
tades respiratorias, eczemas por estrés, entre otras, ocasionando daños
psicológicos de graves consecuencias en el ámbito de la vida privada o en
la propia subjetividad de la persona violentada, debido al desborde emo-
cional que tal situación le conlleva. A su vez, en relación a lo social-vincular,
las personas van renunciando a sus espacios de pertenencia, ausentán-
dose paulatinamente: solicitan licencia psiquiátrica, dejan de cursar, de
participar en espacios de la vida universitaria, entre otros.
Las consecuencias en la salud de las personas que padecen este
tipo de violencia se condicen con las secuelas de otros tipos de violen-
cia mencionados y no se dan de modo aislado, sino que se combinan
con violencias psicológica, física y/o sexual. Por lo que su invisibilización
les va generado graves padecimientos, pero sin ser conscientes del por
qué, y se sostienen en el tiempo. Tanto la persona como la institución
asumen que se trata de un problema individual, recayendo en la persona
que es víctima la responsabilidad de las consecuencias. Estas situacio-
nes podrían verse agravadas en caso de adolescentes (dato que hemos
señalado como un alerta), en tanto las consecuencias de desestabiliza-
ción podrían ser de mayores riesgos por encontrarse aún en proceso de
estructuración psíquica.
La violencia digital constituye una tipología más en las formas de
ejercer violencia por razones de género, vulnerando derechos a través de
redes sociales, servicios de mensajería y todo tipo de medio social digi-
tal/virtual en el que se comparta información. ¿Qué consecuencias traen
aparejadas estas acciones? Generan una exposición no deseada, hosti-
gamiento, acoso, injurias, difamación, amenazas, intimidación, difusión
de imágenes íntimas sin consentimiento, deshonra y/o humillación por
parte de alguien que, si bien puede ser conocido, suele hacerlo desde el
anonimato, de cuentas sin identificar, lo que genera mayores dificultades
al momento de ponerle freno a la situación. Es así como quien hostiga lo
hace desde las sombras y quien padece la violencia queda expuesto en su
intimidad y a expensas de un otro “anónimo”.
302
Reflexiones finales
Conforme lo expuesto, consideramos en primer lugar la importancia de
contar con protocolos de actuación para casos de violencia de género y
discriminación en las universidades, a fin de poder intervenir en las situa-
ciones que se dan entre les integrantes de la comunidad universitaria y así
bregar por el cese de las violencias, ya sea a raíz de la implementación de
medidas de protección, reparación, psicoeducativas y/o sancionatorias
hacia las personas agresoras, como también para visibilizar las violencias
y que ello nos conduzca a lograr que no se repitan y reforzar la importan-
cia de la capacitación, sensibilización y transversalización de la perspecti-
va de género al conjunto de la comunidad universitaria.
Por otra parte, retomando la pregunta eje y el propósito del presente
trabajo, la información obtenida respecto del tipo violencia digital y mo-
dalidad telemática dejó al descubierto que la violencia en entornos digi-
tales viene in crescendo, que pasaba inadvertida y se naturalizaba, que
toma múltiples formas que se renuevan y reinventan constantemente,
y que reproduce las mismas lógicas machistas que se dan en el plano
físico, razón por la cual la intervención de la misma también era es-
casa e inexistente. Esto genera gravísimas consecuencias en la salud
integral de quien la padece. En la muestra analizada, mujeres adultas
y adolescentes se ven particularmente más afectadas por estas con-
ductas, con graves secuelas en sus vidas cotidianas y su trayectoria
académica y laboral.
También abogamos acerca de la importancia de trabajar sobre las
violencias “sutiles” e “invisibles”, que suelen considerarse “menos gravo-
sas” y, sin embargo, no solo generan severos daños en quien las padece,
sino que además, para lograr prevenir y erradicar las formas explícitas de
violencia, necesariamente hay que trabajar en desnaturalizarlas y com-
batirlas asumiendo una responsabilidad institucional. De ahí la necesi-
dad de su reglamentación.
303
Bibliografía
304
MESA 2· Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Introducción
En el mes de noviembre del año 2020, el Sr. Intendente municipal, Dr. Fe-
derico Achával, dio un paso fundamental al tomar la decisión política de
crear la Secretaría de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual
de Pilar, con el objetivo de trabajar en la prevención a fin de erradicar las
violencias por motivos de género y para asistir integralmente a aquellas
mujeres que las padecen.
En este recorrido, desde la Subsecretaría de Políticas contra las Vio-
lencias por Razones de Género, que se encuentra bajo la órbita de la Se-
cretaría antes mencionada, fue pensada e implementada una plataforma
desarrollada por el área de innovación municipal, con el propósito de lle-
var un Registro Único de Casos (RUC) como orientador de prácticas y
reflexiones teóricas; asimismo, que sirviera para visibilizar, contextualizar
y caracterizar las problemáticas de violencias por razones de género por
medio de informes y estudios para pensar y fomentar políticas públicas.
117 lheredia@[Link]
118 csosa@[Link]
119 emolina@[Link]
305
Desarrollo
¿Dónde nos ubicamos? Experiencia en la implementación del
Registro Único de Casos en el Municipio del Pilar
Una línea directriz marca desde su origen a la Secretaría de las Mujeres,
Políticas de Género y Diversidad Sexual del Municipio del Pilar como una
política pública que se implementa en el territorio en forma descentraliza-
da, abandonando los lugares cómodos de un centralismo que habilita a
pulverizar sujetes: llegar, no a través de prácticas asistenciales, sino en un
reconocimiento pleno de derechos, en una escucha activa que dé lugar a
prácticas de empoderamiento.
En este sentido, citando a Paula Trichler, podemos decir que “abrir un
campo implica un desafío, solo queda ajustar las herramientas teóricas y
dejarse interpelar en una praxis. (…) Hacer teoría sin acción es soñar des-
pierto, pero la acción sin teoría amenaza con producir una pesadilla120”.
Cuando se habla de escucha activa no se hace referencia a una uni-
direccionalidad sino a la reciprocidad. Lo que se escucha, a su vez, debe
dar lugar a replanteos desde un posicionamiento evaluativo, crítico y
reflexivo incluso de las propias prácticas, es decir, dejarse interpelar.
En esta línea, se asienta la modificación en la nominación de la “asis-
tencia”, que abreva en asimetrías de poder, por la de “Abordaje Integral de
las Violencia por Razones de Género”. Integral no solo refiere a ámbitos
predeterminados, sino a reconocimiento de saberes tanto en abordades
como en abordantes. El abordaje se coconstruye en este ida y vuelta.
Así es como desde nuestra secretaría pensamos en realizar un regis-
tro por medio de una plataforma municipal, el RUC, creada para el registro
de los casos de la Subsecretaría de Políticas contra las Violencias por
Razones de Género. Dicha plataforma es una herramienta que utilizamos
desde la creación de nuestra institución, en la que las profesionales que
120 Paula Trichler, Conferencia de Durban de 2001, extraído de Ana Luisa Ligouri, Ciencias
Sociales, [Link]
306
atienden de forma descentralizada en diferentes barrios del municipio de
Pilar pueden dejar registro de cada situación atendida, disponen de un
triage con valoraciones de riesgos, datos de la víctima, pueden incorporar
informes, medidas cautelares y toda la información referida a la persona
entrevistada. A su vez, en la plataforma se llevan cargados más de 8000
casos, ya que se han realizado cargas anteriores a la creación de la secre-
taría, cuando el Área de Género se encontraba unificada al Área de Niñez.
Reflexiones finales
Hora de desafíos: ¿Cómo abrir caminos al territorio desde una
práctica centralizada muy arraigada?
Aquí nos encontramos en el RUC una posibilidad muy potente de incor-
porar a todes les integrantes de los equipos de abordaje en una mirada, a la
vez, ordenadora de prácticas y al servicio de socializar las experiencias. El
RUC transforma una subjetividad profesional construida como propiedad
privada en una subjetividad colectiva que, a la vez, enriquece y permite
pensarse como parte de una construcción, que si bien ya no le pertenece
en exclusividad, le abre el camino a diálogos enriquecedores. Para ello,
se hace imperioso que esa “mirada a la vez” se establezca con el instru-
mento, se construya a partir de la posibilidad fáctica de recuperar datos y
socializarlos, como una mirada a la vez evaluativa, crítica y reflexiva.
Conclusión
El RUC no debe ser solamente un instrumento de recopilación de datos
para la elaboración de estadísticas, que igualmente reconocemos como
un objetivo inapelable para la incidencia en el diseño de políticas públi-
cas, sino también como un instrumento que dé cohesión teórica, y que
esté puesto al servicio de ser interpelado por las prácticas que, a su vez,
corroan ese corpus que siempre amenaza con convertirse en dogma.
Por ello, debe ser siempre un instrumento puesto en revisión y abierto a
307
modificaciones. Para dar cuenta de estos caminos, se presenta el instru-
mento y las primeras evaluaciones a un año de su implementación.
Bibliografía
308
MESA 2· Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Introducción
En el presente trabajo nos proponemos visibilizar y comunicar la labor que
se lleva adelante desde el equipo interdisciplinario del Espacio de Géneros
y Diversidad de la Municipalidad de Ayacucho en el abordaje de la masculi-
nidad hegemónica, entendiendo que la misma encuentra su génesis en los
procesos de sociabilidad que terminan por producir, instaurar y reproducir
relaciones de asimetría de poder. Tales procesos llevan a una diferencia-
ción entre “lo masculino” y “lo femenino” como un tipo de subjetividad.
Esta separación se sostiene en la continuidad, a lo largo de la historia,
de ciertos valores, ritos, ideas, creencias, etc., cristalizados en institucio-
nes que se conforman como herramientas de transmisión de una visión
binaria del mundo. De esta manera, ofrecen determinados enunciados
309
y mandatos identificatorios que apuntan a la construcción de una sub-
jetividad que sigue un modelo de masculinidad distinto al de feminidad.
En términos de Tajer (2017), los procesos de singularización se llevan
a cabo en un contexto histórico-social caracterizado como patriarcal.
Mediante el “baño de lenguaje”, a los varones se les inculcó que son un
colectivo con mayores prerrogativas que las mujeres en general, lo que
produce un “campo acotado del semejante”, en el que no entra la mujer,
limitando la posibilidad del varón de empatizar con ella.
Al conformarse los procesos de crianza, atravesados por estos pre-
ceptos de socialización, el hombre pierde de vista el carácter humano de
la mujer, haciéndola objeto de sus prácticas violentas. Sucede que esta
violencia responde a mecanismos implícitos, es así que, como sostiene
Bourdieu: “El privilegio masculino no deja de ser una trampa y encuentra
su contrapartida en la atención y contención permanentes, a veces lle-
vadas al absurdo, que imponen en cada hombre el deber de afirmar en
cualquier circunstancia su virilidad” (1998:60).
Tal virilidad se encuentra asociada a uno de los mandatos, el de procrea-
dor, que en conjunto con el de proveedor, protector y autosuficiente, dan
sustento a la masculinidad hegemónica y envuelven procesos de lo que
Bourdieu denomina violencias simbólicas: “(...) la virilidad es un concepto emi-
nentemente relacional construido ante y para los restantes hombres y contra
la feminidad, en una especie de miedo de lo femenino y, en primer lugar, en
sí mismo.” (1998: 62). Esta separación entre lo masculino y lo femenino es
siempre tácita y en ello radica su éxito como mecanismo de dominación.
Según lo mencionado, la conformación de una masculinidad hegemó-
nica encuentra su fundamento en un esquema de oposición y no-femini-
dad, que se sostiene no solo con los valores y normas internalizadas, sino
también con la construcción de una homosociabilidad que, en términos
de Benítez y Palacios (2018) es la preferencia de actividades que facilitan
los vínculos afectivos y no sexuales entre varones. Estos funcionan tam-
bién como espacios de regulación, vigilancia y moderación para que nada
“femenino” sea filtrado y, si así fuera, de castigo.
310
Este modelo promueve diferentes tipos de violencias, por lo que desde
el Espacio de Géneros y Diversidad, en el marco del delineamiento de ac-
ciones para la atención integral, consideramos indispensable la existencia
de un dispositivo que invite a que las masculinidades puedan repensar su
posición de privilegio y los diferentes tipos de violencias que envuelven
sus prácticas. Que nos permita ir en dirección contraria a la naturalización
de estas categorías binarias contrapuestas de mujer-varón, y que en ese
cuestionamiento de las categorías también pueda incorporarse la con-
cepción de la diversidad. Finalmente, desarrollar un pensamiento crítico
es ir a contracorriente de lo tácito, explicitar el lugar de privilegio del varón
y reconfigurar su posición respecto de mujeres y disidencias.
311
las personas en situación de violencia por razones de género (Dirección de
Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género; p. 5).
Objetivos específicos
• Apuntar al desarrollo de un cambio en el sistema de valores patriarcales
en pos de lograr la responsabilidad subjetiva.
• Construir propuestas vinculares libres de violencia.
• Promover la problematización y desnaturalización de roles y funciones
en los ámbitos vinculares.
• Apuntar al cese de la persecución y hostigamiento hacia los vínculos en
los cuales ejercen o han ejercido violencia por razones de género.
• Velar el cumplimiento de las obligaciones judiciales y familiares.
• Reducir el índice de reincidencia de los agresores denunciados que par-
ticipen en el dispositivo.
Metodología
El dispositivo será un espacio individual, con frecuencia quincenal, obliga-
torio e interdisciplinario. Cada encuentro tendrá una duración de no más de
sesenta minutos.
El tiempo de durabilidad del dispositivo para cada situación será, ex-
ceptuando quienes poseen dispositivos electrónicos duales, de tres me-
ses. En cuanto a la cantidad de situaciones, además de ser evaluadas por
el riesgo, estará contemplada su admisión de acuerdo a la capacidad de
atención del equipo.
312
Al finalizar el tiempo del dispositivo se realizará un informe acerca de
los alcances del mismo respecto de los objetivos y será elevado a quien
corresponda.
Evaluación de riesgo
Para la admisión al dispositivo se adoptará la noción de riesgo altísimo,
alto y medio de las situaciones de violencia por razones de género del
Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad de la Provincia
de Buenos Aires:
• Riesgo Medio: implica cierto estadio de las violencias moderadas que
requiere intervención, acompañamiento y seguimiento. Pueden encon-
trarse o no en situación de vulnerabilidad socioeconómica.
• Riesgo Alto: requiere intervención inmediata debido al riesgo de vida,
teniendo en cuenta la situación de vulnerabilidad socioeconómica.
• Riesgo Altísimo: implica riesgo de vida inminente por ser víctima de
violencias extremas, requiere intervención urgente teniendo en cuenta
la situación de vulnerabilidad socioeconómica.
Reflexiones finales
El dispositivo se enmarca en una estrategia de reducción de daños y ries-
gos. Entendemos que la problemática de violencia por razones de género
tiene su anclaje histórico, cultural y económico. Desde el momento en
que el patriarcado se institucionaliza y encuentra su funcionalidad en los
procesos de sostenimiento de un determinado orden, emerge del mismo
una visión del mundo que ejerce coerción y permea en la vida cotidiana de
las personas a través de los procesos de socialización.
Encontrar una solución a esta problemática implicaría cambiar por
completo el sistema de sociabilidad tradicional que apunta al sosteni-
miento de una visión dual del mundo, que equipara los procesos sociales
a los naturales y forma subjetividades a partir de esta aprehensión. Es por
esto que el abordaje de la misma no solo descansa en la elaboración de
313
políticas públicas que brinden atención y acompañamiento a las perso-
nas que han transitado por tales situaciones, sino también en la construc-
ción de políticas públicas que tengan como fin último generar vínculos
alternativos a lo normativo, y que entienda y atienda la conformación de
diferentes masculinidades a los fines de construir, de manera conjunta,
integral y situada los procesos de prevención, acción y salidas de las si-
tuaciones de violencia por razones de género.
Reconocemos que estos dispositivos hoy son fundamentales para
poder pensar en respuestas integrales. Debemos abarcar no solo la aten-
ción de la persona que sufre la violencia; si bien es fundamental el trabajo
con su subjetividad y empoderamiento, también se vuelve una necesidad
trabajar con la persona que ejerce la violencia. No podemos perder de
vista que hablamos de situaciones de violencia por razones de género. En
tanto y en cuanto no abordemos ambas caras de la misma moneda, este
problema seguirá a medio tratar. Debemos, por medio de estos espacios,
hacer el intento de que se produzca una aprehensión simbólica de los
privilegios que la heteronorma aporta al varón hegemónico. Que el hom-
bre pueda identificar, cuestionar y repensar su posición como agente
social. Producir un movimiento contrahegemónico no es cosa fácil. Sin
embargo, consideramos que debemos aceptar el desafío y emprender el
camino de la deconstrucción. Al fin y al cabo, sin un abordaje integral del
vínculo entre dominante y dominado, no se puede pensar en una reduc-
ción de esta brecha que pone a hombres, mujeres y disidencias en una
relación de asimetría.
314
Bibliografía
315
MESA 2 · Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Introducción
316
caracterizado por la aplicación de políticas de corte neoliberal con sus
consecuencias a nivel social, económico y subjetivo, que han impactado
en forma desigual en hombres y mujeres, propiciando un aumento en las
situaciones de vulnerabilidad y precarización, como así también un incre-
mento del autoritarismo que, en el caso de las mujeres, las han expuesto
a mayores niveles de violencia.
Los objetivos que guiaron el proceso fueron:
• Analizar la existencia de políticas públicas para el abordaje de varones
violentos y su articulación con las políticas implementadas hacia mu-
jeres en situación de violencia en los municipios de Lanús y Lomas de
Zamora en el período 2015-2020.
• Evaluar la existencia de articulación a nivel nacional, provincial y municipal.
• Analizar las articulaciones con las estrategias implementadas hacia
mujeres en situación de violencia.
• Indagar si los mecanismos de participación responden a criterios indivi-
duales y voluntarios o a criterios de política pública.
• Examinar si existen evaluaciones de impacto de las políticas aplicadas.
• Constatar la disponibilidad de recursos y equipos profesionales forma-
dos en perspectiva de género para su desarrollo.
Les sujetes de esta investigación, si bien han sido instituciones públi-
cas y privadas, fueron les referentes institucionales de las organizaciones
seleccionadas les que fueron entrevistades. Su rol de informantes clave
es lo que permitió acercarse a través de sus discursos a entender qué tipo
de acciones y políticas se estaban desarrollando.
El diseño de investigación del estudio es de carácter descriptivo y ex-
ploratorio. El universo de análisis lo constituyeron instituciones que están
desarrollando algún tipo de política/acción con relación a los varones con
conductas violentas, ya que es una problemática que todavía no parece
estar afianzada como una política pública de carácter central.
La muestra fue intencionada y se construyó, no en base a representativi-
dad de tipo estadística, sino de significación y singularidad. Por otra parte, las
unidades de análisis, al ser reducidas, se ajustaron a un enfoque de este tipo.
317
La modalidad de acceso a las redes de informantes se fue construyen-
do, en muchos casos, a través del método de bola de nieve que implicó ir
llegando a distintes referentes por contacto de otres.
Los criterios de inclusión en la muestra fueron: 1) instituciones/orga-
nizaciones con base territorial en los Municipios de Lanús y Lomas de
Zamora en particular y de nivel provincial/nacional; 2) desarrollo de accio-
nes/políticas con relación a varones con conductas violentas.
Las instituciones seleccionadas fueron, a nivel provincial: la Dirección
de Masculinidades para la Igualdad, el programa Desaprender, Línea Ha-
blemos, Patronato de Liberados con sede en Lanús, la Dirección de Lucha
contra las Violencias de Género, dependiente del Ministerio de Justicia. A
nivel federal, el programa del Servicio Penitenciario. A nivel municipal: en
Lomas de Zamora, el Conversatorio para varones con conductas violentas
y la Dirección de Género para el fortalecimiento y autonomía para la salida
de las violencias. En Lanús, la Coordinación de Género. También se entre-
vistó a les referentes de las Universidades de Lanús del programa por la
Igualdad de Género y de Lomas de Zamora, donde trabaja el Grupo Con-
trol, como así también se incluyó a la Asociación Mutual Buenos Ayres.
La técnica utilizada fue una entrevista semiestructurada con una guía
que incluyó los ejes centrales que se consideraron pertinentes para rele-
var información y que permitieron evaluar con qué perspectiva las políti-
cas para hombres violentos están funcionando.
A lo largo del análisis realizado de las entrevistas a les distintes re-
ferentes institucionales, se pudo dar respuesta a los interrogantes con
que se inició el estudio y, a la vez, fueron surgiendo inquietudes y algunas
reflexiones en torno a la temática abordada.
Esta violencia se basa en modelos de comportamiento aprendidos
e incorporados en el proceso de socialización. En este sentido, Bourdieu
(2007) entiende los habitus como las maneras de pensar, sentir y obrar que
son internalizadas por los sujetos a través de su socialización en donde
las estructuras sociales externas –los campos– se hacen cuerpo en los
individuos. Estos habitus, que se expresan en prácticas sociales, llevan a
318
que los sujetos en general no pongan en cuestión lo que entienden como lo
esperable y deseable, y descarten todo aquello que se les presenta como
contrario a ello y, si bien es muy difícil poder modificarlos, no es imposible,
ya que entre las formas de hacerlo se encuentran los procesos reflexivos de
carácter subjetivo que son llamados auto socioanálisis (Gutiérrez, 1994).
De este modo, se torna imprescindible visualizar el rol del Estado como
un actor central en esta problemática, porque es a través del mismo que
se implementan las políticas de género, entendiendo que nunca existe
neutralidad cuando se realiza una planificación ni tampoco cuando se eli-
gen los mecanismos a ser utilizados o cuando hay ausencia de políticas.
Las políticas públicas (nacionales y locales) son las que dan argumen-
to y sentido a la planificación. La planificación es un instrumento de la
política, es el brazo operativo de aquella, de modo que cuando la planifi-
cación es ciega al género, es porque la política que le da origen también lo
es. Por esta razón es que la transversalización de la perspectiva de género
es una estrategia de suma importancia para conseguir la igualdad de los
géneros, que no se basa en integrar la temática como un agregado “políti-
camente correcto”, sino que debe identificar áreas estratégicas de acción
para promover la igualdad de género.
El trabajo con hombres ha supuesto retos y ha generado cuestionamien-
tos del movimiento feminista que desea un cambio en los hombres con la
condición de que esto no suponga una merma en lo que las mujeres han
conseguido con tanta dificultad. Pero también ha sido un proceso activa-
mente apoyado por sectores del feminismo, instituciones gubernamentales
y de la sociedad civil que trabajan con mujeres y que encuentran los compor-
tamientos masculinos como factor limitante para avanzar (de Keijzer, 2004).
En la construcción de políticas públicas de género desde la Conferen-
cia Mundial de Población de El Cairo en 1994 se plantea la necesidad de
abordar a los hombres, primero para avanzar hacia la salud y los dere-
chos sexuales y reproductivos de las mujeres y, luego, en la prevención y
atención de la violencia ejercida hacia ellas (de Keijzer, 2016).
Por esto mismo surge la necesidad de indagar en las características
319
de las políticas utilizadas para el abordaje de los hombres que ejercen
violencia contra las mujeres, ya que desatender esa población favorece la
perpetuación de la violencia.
Desarrollo
Con base en los ejes centrales que estructuraron las entrevistas, se obtu-
vieron los siguientes resultados:
320
mujeres en situación de violencia y, en algunos casos, también en disposi-
tivos para varones pero no todos con la misma intensidad ni experiencia.
Gran parte de ellos ha sido capacitado por RETEM126. Por otra parte, la
conformación es heterogénea, ya que algunos son interdisciplinarios con-
formados por profesionales de distintas disciplinas, mientras que otros
solo cuentan con abogades o psicólogas, lo que implica abordajes diferen-
tes. Tampoco se visualiza como objetivo una capacitación continua.
2. Acciones implementadas
La mayoría de las instituciones seleccionadas han orientado centralmen-
te sus acciones hacia la creación de dispositivos para varones con con-
ductas violentas, aunque la mirada para el abordaje de la problemática no
es homogénea. Se encuentran aquellas con una mirada más punitivista,
como es el caso del Grupo Control dependiente de la Universidad de Lo-
mas de Zamora, y otras, como la Dirección de Promoción de Masculini-
dades de la Provincia, que se plantea que la estrategia no punitiva actúa
como una política de protección, reparatoria en términos comunitarios.
Un tema que aparece en forma recurrente en las entrevistas es la resis-
tencia que genera en muchos sectores el trabajar con varones, ya que no
se logra verlo como parte de las medidas de protección.
2.1. Características de los dispositivos
Casi todos los dispositivos se caracterizan por implementar estra-
tegias de tipo psico-socio-educativo, aunque el Grupo Control solo es
socioeducativo, porque no tiene en su plantel psicólogues y, en el caso
de la Línea Hablemos, por el contrario, solo son psicólogas las que com-
ponen el equipo profesional. Algunos son de carácter abierto, ya que los
concurrentes entran y salen sin mantenerse en el mismo grupo en forma
constante, y otros son de carácter cerrado, como el Conversatorio para
hombres con conductas violentas de Lomas de Zamora, que trabaja con
321
derivaciones de Juzgados o los del Patronato de Liberados.
El formato mayoritario consiste en una o más entrevistas de admisión,
para luego establecer una serie de encuentros que también van a variar
en su cantidad dependiendo de cada dispositivo, oscilando entre seis en-
cuentros y otros que tienen una duración de un año, con la posibilidad de
que aquellos que demuestren interés puedan permanecer un año más. La
relación anterior y posterior con los juzgados, en caso de derivaciones ju-
diciales, no presenta un único formato, ya que en algunas situaciones solo
existe un informe sin ningún tipo de seguimiento posterior, lo que sucede
en la mayor parte de los casos y, en otros, hay un trabajo más articulado.
3. Articulaciones institucionales
Se evidencian articulaciones débiles o inexistentes entre los distintos ni-
veles jurisdiccionales (nacional, provincial, municipal) y con otras instan-
cias como organizaciones de la sociedad civil y universidades. A la vez,
las relaciones dentro del mismo ámbito municipal son escasas. Si bien
desde el gobierno provincial se está encarando una política de abordaje
integral, la desarticulación todavía es muy grande. Aunque se encuentran
articulaciones con la Justicia, que es la principal fuente de derivación de
estos hombres, se carece de criterios homogéneos en cuanto al posterior
seguimiento, a posibles evaluaciones y a una comunicación fluida entre
los funcionarios de las distintas instancias involucradas.
Por otra parte, es casi nula la articulación con los dispositivos imple-
mentados para mujeres en situación de violencia y/o con las parejas de
los participantes de los dispositivos para varones. Tanto la sistematiza-
ción como la evaluación de las políticas llevadas a cabo no existe por falta
de presupuesto y de personal que pueda abocarse a la tarea.
4. Metas
Las metas más significativas son las que apuntan a que se genere un
abordaje integral como política pública que perdure en el tiempo y que
no responda a iniciativas puntuales y voluntaristas. La idea es que las
322
estrategias implementadas se orienten a una institucionalización de esta
problemática, con un presupuesto asignado y con una fuerte articulación
entre las diversas áreas involucradas.
Conclusiones
A lo largo del análisis realizado de las entrevistas a les distintes referentes
institucionales se ha podido ir dando respuesta a los interrogantes con
que se inició el estudio y, a la vez, fueron surgiendo inquietudes y algunas
reflexiones en torno a la temática abordada.
En relación con la temática de las políticas de abordaje a varones con
conductas violentas, si bien a nivel legislativo la Ley 26.485, de Protección
integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres
en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales en su
art. 10.- plantea la reeducación de los varones violentos, aún hoy una gran
franja del movimiento feminista cuestiona hacer foco en ellos. Es así que
todavía no puede visualizarse una política consolidada a nivel nacional,
provincial y municipal.
Entonces, si bien existen políticas públicas para el abordaje de varo-
nes violentos, estas conforman un universo sumamente heterogéneo y
complejo. Los enfoques, objetivos, resultados esperados y duración que
plantean son muy diversos, lo que expresa una política fragmentada que
se manifiesta en acciones donde todavía la articulación es muy débil.
Al evaluar lo desarrollado a nivel de la Provincia de Buenos Aires y
de los Municipios de Lanús y Lomas de Zamora, si bien se evidencian
situaciones disímiles, hay puntos que coinciden. En este sentido, aunque
la mayoría de las acciones desarrolladas se plantean a largo plazo, faltan
articulaciones que sostengan estas decisiones para un abordaje integral,
como es el caso de los dispositivos que trabajan con el seguimiento y
acompañamiento de las mujeres en situación de violencia y los que lo
hacen con los varones denunciados. No se evidencia un trabajo conjun-
to salvo en situaciones puntuales, lo que confirma que las articulaciones
323
con las políticas implementadas hacia mujeres en situación de violencia
son débiles o inexistentes.
Asimismo, no existen evaluaciones de impacto, ni seguimiento, ni sis-
tematización de la información y es prácticamente nula la evaluación de
riesgos. En muy pocos casos se encuentra algún tipo de sistematización
como parte de las acciones desarrolladas.
Uno de los problemas comunes a estos programas es no contar con
un presupuesto asignado, ya que en general comparten el asignado a la
dependencia a la que pertenecen. Esto impide tener equipos profesiona-
les que solo estén abocados a las políticas desarrolladas, ya que en mu-
chos casos trabajan en distintas áreas provinciales o municipales en las
que no hay recursos para contratar personal propio.
Otra cuestión común es la falta de una clara identificación de resul-
tados concretos y medibles. Esto impide que la justicia –principal deri-
vadora– fije expectativas razonables sobre lo que estas intervenciones
pueden lograr y que se establezcan los necesarios sistemas –internos y
externos– de seguimiento y evaluación de estos dispositivos. A esto se
suma que realizar estas evaluaciones es algo extremadamente complejo
en todo el mundo, no solo en nuestro país, y sus resultados no son con-
cluyentes (Casal, 2021).
Esto conlleva la necesidad de un cambio en el rol de la Justicia, es
decir, plantearse políticas judiciales de coordinación, ya que en general
derivan los casos sin conocer demasiado cómo funcionan los programas
y reciben un informe de presencialidad al finalizar. Una política integral
presupone que la Justicia se involucre con el funcionamiento de los dis-
positivos, ya que afecta de forma directa su tarea, y porque todos los dis-
positivos, ya sean abiertos o cerrados, trabajan con el Poder Judicial.
El análisis con perspectiva de interseccionalidad muestra que quienes
participan en estos dispositivos, si lo relacionamos según clase social,
son los varones pobres. Esto evidencia que si bien las conductas violen-
tas atraviesan a todos los hombres más allá de su pertenencia de clase,
los mecanismos implementados para su abordaje no son homogéneos.
324
Esto deriva en que muchos varones abandonan los tratamientos debido
a que se les complica compatibilizar su asistencia con el trabajo, y que la
Justicia replica los criterios discriminatorios existentes en la sociedad.
A modo de reflexión final debemos señalar que las fuertes resisten-
cias que sigue generando en parte de la sociedad el abordaje de la pro-
blemática de la violencia de género como una expresión del patriarcado, y
los intentos de naturalización de estereotipos de género que son en gran
parte la base de la violencia machista, a través de socializaciones de gé-
nero patriarcales, se reflejan en que muchas políticas públicas esconden
ese inconsciente androcéntrico del que nos habla Bourdieu (1998).
Por eso es fundamental que la Educación Sexual Integral se constitu-
ya en una herramienta imprescindible en la formación de niños, niñas y
adolescentes así como de todo el personal docente, y que su aplicación
sea de orden público en todo el territorio nacional en pos de incidir en la
modificación de este imaginario androcéntrico.
Del mismo modo, como ya fue señalado, la precariedad de las políti-
cas públicas orientadas al cumplimiento de la normativa vigente muestra
que muchas de ellas, si bien anhelan el cambio de los patrones de con-
ducta violenta, no logran plasmarlo debido a la duración de los programas
y la falta de evaluación de sus resultados.
Sin lugar a dudas, una política pública debe plantearse un abordaje
integral y la indispensable instalación como agenda de Estado. En esta
agenda, si bien la violencia doméstica asociada a vínculos con parejas,
exparejas o novios es la más informada, no debe opacar los otros tipos
de violencia que ejercen los varones como expresión de su situación de
dominación y que, muchas veces, quedan veladas ante el impacto que el
aumento de los femicidios provoca.
Avanzar en el sinuoso camino de desandar una mirada estereotipada
del mundo es imperioso, como así también lograr que las acciones de los
distintos actores sociales confluyan para potenciar una política pública
eficaz, duradera y con presupuesto que permita llevar adelante progra-
mas y actividades articulados con objetivos comunes.
325
Bibliografía
326
MESA 2 · Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Introducción
Como parte de las acciones de prevención de las violencias y promoción
de derechos de la Dirección de Géneros y Diversidad de Luján (DGYDL),
durante el mes de enero de 2022 se realizó una campaña con el objeti-
vo de sensibilizar a la población sobre la violencia en el espacio público
como una problemática social que produce y reproduce la desigualdad
entre los géneros. En este marco, se lanzó una encuesta, con el objetivo
de construir datos locales y visibilizar la problemática. En el presente tra-
bajo presentamos los resultados más significativos de la misma.
127 Lic. y Prof. de Sociología (UBA), trabajadora del Área de Prevención de las Violencias
y Promoción de Derechos de la Dirección de Géneros y Diversidad del Municipio de Luján.
malenanoguer@[Link]
128 Prof. Enseñanza Primaria, estudios en Antropología Social, trabajadora del Área de Pre-
vención de las Violencias y Promoción de Derechos de la Dirección de Géneros y Diversidad del
Municipio de Luján. monacolau@[Link]
129 Prof. en Antropología Social (UBA), coordinadora del Área de Prevención de las Violencias
y Promoción de Derechos de la Dirección de Géneros y Diversidad del Municipio de Luján. erra-
[Link]@[Link]
327
Desarrollo
Metodología
Se elaboró un cuestionario de doce preguntas, en su mayoría cerradas,
utilizando un formulario de Google Forms. El mismo se difundió durante
el mes de enero de 2022 a través de las redes sociales de la Dirección
de Géneros y Diversidad del Municipio de Luján, sus trabajadoras y al-
gunos medios de comunicación locales. En este sentido, puede tener un
sesgo en sus respuestas relacionado a los vínculos ya construidos con
instituciones, organizaciones y personas interesadas por la temática. Sin
embargo, puede haber colaborado en la reducción del mismo la difusión
de la encuesta en una intervención callejera realizada por la DGYDL en la
Plaza central del Municipio.
Si bien la violencia en el espacio público es una modalidad de la vio-
lencia contra las mujeres establecida en la Ley 26485, se tomó la decisión
de realizar la encuesta a todas las personas que quisieran participar, sin
importar su identidad de género, con la hipótesis de que los resultados
permitirían visibilizar las desigualdades de género en que se sostiene y
reproduce esta modalidad de la violencia.
Se recibieron 478 respuestas, que representan un 0,4 % de la pobla-
ción total estimada en Luján (120.000).
Pertinencia institucional
A partir de la denuncia de varias adolescentes de haber vivido situaciones
de acoso en el transporte público en Luján en el año 2018 y las moviliza-
ciones y reclamos por parte del movimiento de mujeres de abordar desde
las políticas públicas esta problemática, desde el Municipio de Luján se
sancionó la Ordenanza 7132/18. Esta crea el programa de Perspectiva de
Género en la Formación Profesional de Conductores de Autotransporte
Público y Privado de Pasajeros y establece la obligatoriedad de realizar
una capacitación cada dos años en perspectiva de género y diversidad
para obtener el registro de conducir profesional (categoría D). El órgano
de ejecución de las mismas es la DGYDL, para lo que se desarrolló una op-
328
ción autoasistida y una presencial (la más demandada) que se sostiene
dos veces a la semana. En este sentido, los resultados de la encuesta se
constituyen en un valioso insumo para las capacitaciones.
A su vez, en el año 2021 la DGYD de Luján creó el Área de Prevención de
las Violencias y Promoción de Derechos. Una de sus líneas de trabajo es
el Calendario Feminista y Disidente (Expediente N.° 4069-006031/2020)
que se propone la visibilización y concientización en fechas relevantes
para la ampliación de derechos y prevención de las violencias por razones
de género. Para ello, se realizan diferentes intervenciones públicas, even-
tos, campañas gráficas y audiovisuales, charlas de intercambio cultural,
experiencial y profesional, encuentros y foros de debate, según se consi-
dere acorde a la temática que se pretende abordar. Es en este marco que
se organizó la campaña contra el acoso callejero en enero de 2022, que
incluyó la realización de la encuesta.
Objetivos
• Construir datos locales sobre la violencia en el espacio público en pos
de dimensionar y visibilizar la problemática.
• Sensibilizar a la población sobre la violencia en el espacio público como
una modalidad de la violencia contra las mujeres y personas LGTBI+ y
una problemática social que produce y reproduce la desigualdad entre
los géneros.
Análisis
De las 478 personas que respondieron la encuesta, 425 fueron mujeres,
43 varones, 7 personas no binarias, 1 trans femenina y 2 refirieron otra
identidad de género a las presentadas.
329
Identidad de Género de las personas encuestadas.
N: 478 absolutos y porcentuales
9% Mujeres 89%
Hombres 9%
2%
89% No binaries 2%
Trans femenina 0%
Otras 0%
4%
12%
13 a 20 34%
34% 21 a 30 24%
31 a 40 25%
25% 41 a 50 12%
51 a 60 4%
24% Más de 61 1%
330
La mayoría de las personas que respondieron la encuesta tenía entre
13 y 40 años (82 %).
Para el análisis, se han agrupado en una primera instancia las res-
puestas de las personas LGTBI+ y, más adelante, se las ha reagrupado
con las mujeres en una nueva categoría: mujeres y LGTBI+.
Ante la pregunta acerca de si alguna vez sufrieron violencia en el espacio
público (VEP), más conocida como acoso callejero, el 72 % de los varones
encuestados declaró no haberlo sufrido, mientras que casi el 95 % de las
mujeres y el 90 % de las personas LGTBI+ declararon que sí la han sufrido.
23%
72%
93% 90%
Sí No NS/NC
A aquellas personas que declararon haber sufrido VEP alguna vez, les
preguntamos si lo sufrían en la actualidad. El 70 % de los varones contes-
taron que no o que no saben. Contrariamente, respondieron que sí el 70 %
de las mujeres y personas LGTBI+.
De estos datos, se puede inferir que la VEP es una problemática que
afecta de forma aislada a los varones, mientras que afecta mayoritaria-
mente y de forma sistemática a mujeres y personas LGTBI+.
331
¿Sufrís actualmente violencia en el espacio público?
N: 478 porcentuales
Hombres Mujeres y LGBTIQ+
10% 6%
24%
30%
60% 70%
Sí No NS/NC
Hombres 98%
Mujeres 1%
Trans masculino 1%
98%
332
Para analizar en mayor profundidad la problemática, se seleccionaron
las respuestas de aquellas 409 mujeres y personas LGTBI+ que sufrieron
alguna vez VEP. Los datos que se presentan a continuación refieren a di-
cha selección. En relación con la frecuencia con que viven situaciones de
violencia en el espacio público, cabe resaltar que casi un 70 % de elles las
vive al menos una vez a la semana o al mes.
11%
333
¿Qué edad tenías la primera vez que sufriste VEP?
N: 409 porcentuales
1%
1% 14%
2%
Entre 5 y 10: 14%
Entre 11 y 15: 63%
Entre 16 y 20: 19%
19% 63% Entre 21 y 25: 2%
Entre 26 y 30: 1%
Más de 31: 1%
334
¿Cuál de las siguientes formas de VEP sufriste alguna vez?
N: 409 porcentuales
335
Vivir situaciones de violencia en el espacio público implica múltiples
consecuencias en la vida cotidiana y genera diversos sentimientos, prin-
cipalmente de malestar.
Gráfico 10. Fuente: Dirección de Géneros y Diversidad, Municipio de Luján. Primera encuesta
sobre violencia por razones de género en el espacio público en Luján. 2021
Gráfico 11. Fuente: Dirección de Géneros y Diversidad, Municipio de Luján. Primera encuesta
sobre violencia por razones de género en el espacio público en Luján. 2021
336
Por último, en relación a la reacción de las mujeres y disidencias frente
a la VEP, casi un 70 % la ignora y apenas un 4 % hace una denuncia. Sin
embargo, también se observa una reacción activa frente a dichas situa-
ciones que incluye el responder, buscar ayuda, hacer la denuncia y otros
(que incluyen mandar ubicación en tiempo real a personas cercanas, mi-
rar con cara de enojo/asco, etc.).
Gráfico 12. Fuente: Dirección de Géneros y Diversidad, Municipio de Luján. Primera encuesta
sobre violencia por razones de género en el espacio público en Luján. 2021
Conclusiones
La presente encuesta permite clarificar y visibilizar de forma cuantitativa
diversos aspectos de la violencia en el espacio público en el Municipio
de Luján. Es posible afirmar que, en línea con las estadísticas de otras
jurisdicciones del país130, en el Municipio de Luján la violencia en el es-
pacio público la viven cotidiana y sistemáticamente las mujeres y per-
sonas LGTBI+ desde la niñez y la adolescencia. Sus consecuencias se
130 MuMala (2016). Paremos el acoso callejero. Encuesta sobre acoso callejero en CABA.
Disponible en:
[Link]
ta-Abr.-[Link] Dirección General de la Mujer del GCABA (2018). Acoso Callejero. Disponible en:
[Link]
337
relacionan con la restricción de la libertad de este grupo para transitar
el espacio público (ya que tienen que pensar por dónde caminar, a qué
hora, qué ropa ponerse, entre otras) y el padecimiento y malestar (miedo,
asco, enojo, vergüenza, entre otras). Ignorar estas situaciones es una for-
ma de reaccionar muy frecuente, pero también se evidencian otro tipo de
acciones que implican un rol activo para intervenir frente dicha violencia.
La violencia en el espacio público es una problemática social que expresa,
produce y reproduce la desigualdad entre los géneros. Erradicarla, enton-
ces, requiere transversalizar la perspectiva de género en todas las políti-
cas públicas y el compromiso de todas las personas, porque vivir una vida
sin violencias es un derecho humano.
Bibliografía
338
MESA 2 · Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
Introducción
131 [Link]@[Link]
132 marinacapitini@[Link]
133 karyfur44@[Link]
134 [Link]@[Link]
135 pmendia09@[Link]
136 Mail institucional: [Link]@[Link]
339
de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Presidencia del Senado de la Pro-
vincia de Buenos Aires durante todo 2021 y 2022 en diferentes secciones
electorales.
En la ponencia presentada en la primera edición del Congreso de Vio-
lencias de Género organizado por el Ministerio de las Mujeres, Políticas de
Género y Diversidad Sexual, que denominamos “Violencia política: de la
ley Evita hasta los obstáculos de la ley de paridad”, mostramos la dispari-
dad que existe en el acceso de las mujeres a los diferentes cargos en los
tres poderes del Estado, y que, además, la representación de las mujeres
aumenta en la medida en que miramos en los cargos inferiores, a pesar
de que generalmente en los partidos políticos la afiliación femenina es
superior a la masculina.
Además de la dificultad del acceso a los cargos, existen distintos obs-
táculos en la ley de paridad que origina, entre otras cosas, la dificultad en
los reemplazos en el poder legislativo. Para poder analizar estos casos,
realizamos un relevamiento de conflictos de paridad por reemplazos; allí
nos encontramos con la imposibilidad de conocer la totalidad de los mis-
mos. Sin embargo, pudimos reconocer que se fueron incrementando año
a año y que un gran porcentaje llega a judicializarse.
Por consiguiente, la formulación por parte del Estado de informes y
estadísticas sobre las violencias resulta fundamental para la concreción
de políticas públicas eficientes que contemplen las particularidades lo-
cales, provinciales y nacionales. Pero también la producción de conoci-
miento es indisociable del acceso de los derechos civiles de las mujeres y
personas LGTBI+. En este sentido, en la búsqueda de casos nos encontra-
mos con escasos datos cuantitativos y herramientas de sistematización
provenientes de instituciones y organismos del gobierno que den cuenta
de esta problemática.
Asimismo, otras áreas del Estado han comenzado a desarrollar moni-
toreo sobre el cumplimiento de la ley de paridad y a visibilizar la violencia
política. Por ejemplo, podemos mencionar la experiencia del Ministerio
del Interior de la Nación que publicó en el año 2022 el Informe sobre Pari-
340
dad. Relevamiento de Concejos Deliberantes137 y el informe realizado por
la Dirección General de Igualdad Observatorio de Género y Equidad Parla-
mentaria de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, titulado Vio-
lencia política por motivos de género en las Elecciones 2021. Monitoreo en
redes sociales138 publicado en junio del 2022. Sin embargo, la producción
de información respecto a la violencia política sigue siendo un desafío.
Además, existen organizaciones no gubernamentales, nacionales e
internacionales que cumplen tareas de monitoreo, producen estadísticas
y elaboran informes. Organizaciones específicas que abordan el incum-
plimiento de la ley de paridad en Argentina y organizaciones que en sus
líneas de investigación incorporan la temática de género y estudios sobre
la democratización de los derechos civiles y políticos.
En América Latina, existen experiencias legislativas y normativas espe-
cíficas que dan cuenta de la realidad en el acceso a los derechos políticos y
en un reconocimiento a la lucha de las mujeres como Ley n.º 243 de Bolivia,
la Ley n.º 14192 de Brasil139, la Ley 31155 de Perú, que previene y sanciona
el acoso contra las mujeres en la vida política140. En nuestro país, como en
Ecuador, México, Uruguay, Panamá y Paraguay se ha incorporado la violen-
cia política en el articulado de una ley general contra las violencias.
En este sentido, nos proponemos elaborar mecanismos que permitan
un primer acercamiento para conocer cuál es la situación de la violencia
política y de la participación de mujeres en el debate público en el ámbito
de la Provincia de Buenos Aires.
341
Desarrollo
La producción de información concreta a partir del análisis de datos so-
bre situaciones de violencia por razones de género, particularmente de
violencia política, obliga a organismos estatales, universidades, sindica-
tos, ámbitos legislativos a dimensionar el interrogante sobre cuál es el
diagnóstico de esta problemática en la provincia de Buenos Aires. Princi-
palmente los medios de comunicación locales y regionales ponen en evi-
dencia casos y discursos que se presentan como aislados entre sí, pero
que son sistémicos, es decir que forman parte de un entramado del ejer-
cicio del poder que deviene en desigualdades e inequidades de género.
Sin embargo, esta modalidad de la violencia no es un fenómeno sen-
cillo de medir porque confluyen en su ejercicio varios factores ambienta-
les y situacionales que hacen que los casos todavía no cobren visibilidad
pública: la falta de mecanismos de asistencia institucional a este tipo de
situaciones, la complejidad del entramado político al momento de denun-
ciar este tipo de casos, la comprensión de que los agresores son per-
sonas públicas que ejercen poder en sus comunidades, la dificultad de
intervención en los espacios de participación política (partidos, organiza-
ciones políticas, sindicatos, medios de comunicación, etc.). Las mujeres
expuestas a este tipo de violencias se encuentran en una enorme des-
igualdad respecto de las personas que ejercen esa violencia.
La visibilización de situaciones de discriminación y violencia política
a través de la formulación de informes, estadísticas y análisis fehacien-
tes permite generar políticas públicas pertinentes, respuestas legislativas
que establezcan derechos y obligaciones, y que sobre todo se construyan
relaciones de respeto entre las personas, partidos políticos y las institu-
ciones democráticas.
La violencia política hacia mujeres y personas LGTBI+ se presenta de
varias formas, en los distintos ámbitos y espacios donde ejercen funcio-
nes o cumplen tareas. Van desde la interrupción en el uso de la palabra
en las legislaturas, la exclusión en la toma de decisiones importantes,
discursos de odio o descalificativos, hechos de mayor gravedad como
342
las amenazas, la violencia física, los femicidios, la persecución por parte
de grupos antiderechos por cuestiones ideológicas, hasta, por ejemplo, el
intento de magnicidio a la vicepresidenta del país, la compañera Cristina
Fernández de Kirchner.
El reconocimiento de la misma se instituye a través de la modificación
en la Ley 26485141 donde se establece:
343
En el art. 7° especifica que los Estados parte tomarán todas las medi-
das apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la vida
política y pública del país y, en particular, garantizarán a las mujeres, en
igualdad de condiciones con los hombres, el derecho a: A) Votar en todas
las elecciones y referéndums públicos y ser elegibles para todos los orga-
nismos cuyos miembros sean objeto de elecciones públicas; B) participar
en la formulación de las políticas gubernamentales y en la ejecución de
estas y ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones públicas en
todos los planos gubernamentales; C) participar en organizaciones y en
asociaciones no gubernamentales que se ocupen de la vida pública y po-
lítica del país142.
En Argentina existen escasas experiencias de monitoreo y segui-
miento de situaciones de violencia política, por lo tanto, también son
insuficientes los datos cuantitativos y cualitativos sobre el tema. Como
mencionamos en la introducción, áreas del gobierno comenzaron a reali-
zar informes que dan cuenta de esta problemática. Sin embargo, los es-
tudios e informes que existen provienen en su mayoría de organizaciones
no gubernamentales.
El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad
y el Crecimiento (CIPPEC) produce conocimiento y recomendaciones
para la elaboración de políticas públicas. Particularmente, en las últimas
elecciones legislativas del año 2021, publicó un artículo donde se refleja
el incremento de mujeres en la Cámara de Diputados y Senadores de la
Nación pero aun así todavía no se logra la paridad143.
La experiencia de Ojo Paritario, un espacio multipartidario y multisec-
torial, con una mirada plural y transversal, tiene como objetivo monitorear y
344
promocionar la paridad en todos los ámbitos del Estado. Realiza informes a
partir del debate legislativo por la ley de paridad de género y, posteriormen-
te, durante su implementación, visibilizando los obstáculos y problemas de
representatividad de las mujeres en sus espacios políticos y en sus distri-
tos, lo que genera, por ejemplo, que no puedan encabezar listas144.
La ONU Mujeres, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) e IDEA Internacional implementan por segunda vez en Argentina
la iniciativa regional “ATENEA-Mecanismo para acelerar la participación
política de las mujeres”. Esta segunda edición del Índice de Paridad Po-
lítica en Argentina se ha desarrollado con el apoyo del Ministerio del In-
terior y del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación.
La relevancia de esta investigación fue la elaboración de indicadores que
permiten la creación de una herramienta estandarizada y la comparación
entre diferentes países145.
El Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), que se formó
en el año 2003 con el objetivo de mejorar el acceso a la justicia, cola-
borar en el diseño de políticas públicas, elaborar informes y constituirse
como un espacio de asesoramiento. En los últimos años se encuentran
trabajando en la participación de las mujeres en espacios de poder en
Argentina y particularmente sobre paridad en el ámbito legislativo, Poder
Ejecutivo y Judicial146.
345
hacia las mujeres, un hecho que se convertiría en un hito para Latinoamé-
rica. Dicho proyecto es presentado por la Asociación de Concejalas de Bo-
livia (ACOBOL), quienes desde el año 2000 venían denunciando casos de
hostigamiento y violencia con el único objetivo de producir su renuncia147.
El asesinato de la Concejala Juana Quispe del Municipio de Ancoraimes
aceleró el proceso de aprobación, garantizando una acción positiva para
la participación política de las mujeres. Después de muchos años de lu-
cha de las mujeres bolivianas la ley fue reglamentada en el año 2016.
Dicha norma protege a todas las candidatas, electas, designadas o en el
ejercicio de la función política pública y tiene como uno de sus principales
valores la interculturalidad. El articulado de dicha norma hace un recorri-
do de la ruta que la mujer puede seguir para realizar la denuncia tanto en
el ámbito administrativo como penal.
La violencia política y el acoso político se agregaron como delitos
penales en el Código Penal en el apartado de delitos contra la función
pública. En el art. 9° de la norma plantea la nulidad de actos realizados
por mujeres candidatas electas, designadas o en ejercicio de la función
político-pública, cuando se originen en hechos de acoso o violencia po-
lítica debidamente probados y que cuenten con resolución definitiva de
instancias competentes y jurisdiccionales.
En el año 2021 la Defensoría del Pueblo del Estado Plurinacional de
Bolivia presenta una investigación sobre los alcances que tuvo la ley. En-
tre los objetivos de la investigación estaba evidenciar el cumplimiento de
la ley, verificar y analizar si los gobiernos departamentales y municipales
generaron la institucionalidad necesaria para sancionar los actos de vio-
lencia política148. Este informe recaba datos desde el momento que es
promulgada la ley hasta el año 2019. El total de casos registrados ante el
147 [Link]
148 [Link]
to-de-la-ley-n%C2%[Link]
346
TSE (Tribunal Superior Electoral) son 262, de los cuales 124 corresponden
a denuncias por AVP (acoso y violencia política) y 138 a renuncias, de las
cuales 35 serían por AVP y 103 por renuncias personales.
Denuncias por
0 1 10 92 21 124
AVP
Renuncias por
0 1 4 18 12 35
AVP
Renuncias
2 10 13 37 41 103
Personales
De las 124 denuncias por AVP, 116 fueron realizadas por concejalas,
6 por asambleístas departamentales, uno no declara y uno por autoridad
NPIOC (naciones y pueblos indígenas y originarios campesinos). En el cua-
dro se ve cómo en el año 2018 suben exponencialmente las denuncias,
se cree que debido a que las concejalas cumplen con la mitad de su man-
dato y, por tanto, son amenazadas y perseguidas para que abandonen la
banca. De los 9 OED (Órganos Ejecutivos Departamentales), 8 incorporaron
disposiciones y reglamentos internos conformes a la ley 243 en el ámbito
del GAD (gobierno autónomo departamental), mientras que en los órganos
legislativos departamentales de 9, 6 incorporaron reglamentación y 3 no.
En el ámbito municipal de los 91 GAMs (Gobiernos Autónomos Mu-
nicipales), se evidenció que 54 OEM (Órgano ejecutivo municipal) tienen
normativa pero no acorde a la ley 243, 18 tienen normativa acorde a la Ley
243 y 19 no respondieron.
Si bien falta mucho se puede observar que, a partir de la implementa-
ción de la Ley 243, la democracia del Estado Plurinacional de Bolivia pudo
incorporar mayor cantidad de mujeres a espacios de decisión política.
347
Mapa bonaerense de la violencia política
El desafío de conocer y visibilizar la violencia política en la Provincia de
Buenos Aires propone un acercamiento al funcionamiento de los Conce-
jos Deliberantes Municipales, su composición y a la participación activa de
hombres, mujeres y personas LGTBI+. Para lograr los objetivos, el equipo de
la coordinación propone como técnica de recolección de datos la realización
de una encuesta destinada a concejalas mujeres y personas LGTBI+, que se
instrumentará de manera digital y anónima para preservar las identidades.
Es fundamental plantear que la dificultad para medir y evidenciar las
situaciones de violencia política, cuando estas no son expresamente vi-
sibles, se encuentra principalmente en el lugar de poder que ocupa quien
ejerce la violencia, es decir, dentro de la organización o institución don-
de se desempeñan las funciones. En relación con esto, la inexistencia de
ámbitos específicos e institucionales para su tratamiento, donde no fue-
ron creadas áreas específicas o no se implementaron normativamente
protocolos de intervención, por ejemplo. A su vez, está el temor de las
víctimas a sufrir represalias y que eso afecte su carrera política cuando
no encuentran el apoyo y respaldo necesarios en sus territorios con sus
compañeros/as y equipos de trabajo. Por último, la relación o vínculo que
mantiene con quien ejerce la violencia y que, en muchas circunstancias,
se minimiza la situación.
Partimos de los siguientes interrogantes:
• Identificar situaciones de violencia política vividas por mujeres y perso-
nas LGTBI+ que participan en partidos políticos, organizaciones políti-
cas y sindicatos, teniendo en cuenta los tipos de violencias tipificados
en la Ley 26485.
• Identificar los ámbitos donde se produce violencia política (laboral: mu-
nicipio, concejo deliberante, espacio de militancia, medios de comuni-
cación, etc.).
• Frecuencia con que se da la violencia política y quiénes la ejercen.
• Cuál es el recorrido que realizan las mujeres y grupos LGTBI+ después
de haber sufrido violencia de género.
348
• Corroborar si existe protocolo contra las violencias en los ámbitos don-
de se produce la misma y si se pone en práctica.
• Constituir variables e indicadores que sirvan como modelo para que se
utilicen en organismos estatales.
Al momento de esbozar una herramienta metodológica que nos propi-
cie un acercamiento, nos preguntamos sobre le sujete que recibe la violen-
cia política, considerando como género posible mujer, mujer trans, varón
trans, persona LGTBI+, no binaries y otros géneros que no estén especifica-
dos. En este sentido, es importante remarcar la particularidad de personas
trans y travestis que en los últimos años han alcanzados mayores lugares
de participación política, pero que, sin embargo, sufren inequidades socia-
les estructurales, como es el acceso a la educación y a la salud.
Asimismo, planteamos como variable la figura de quien la ejerce, cuál
es el proceso de quienes llevan a cabo las violencias, nos interesa indagar
particularmente sobre si existe una correspondencia entre las identida-
des de género y quien ejerce esa violencia. Determinando que las rela-
ciones asimétricas de poder en el ámbito político son la principal causa
de esta y que sirven para legitimar y sostener sistemas de dominación
machista y patriarcal.
La participación de las mujeres y personas LGTBI+ en los ámbitos
públicos de administración del Estado en sus tres poderes (judicial, eje-
cutivo y legislativo) trae por consiguiente espacios particulares donde se
produce la violencia; es decir, esta puede presentarse en el ámbito laboral
(Concejo Deliberante, Poder Ejecutivo, cámaras legislativas, etc.), a través
de medios de comunicación (diarios, radios, televisión), en redes sociales
(Facebook, Twitter, Instagram) o en ámbitos de militancia en organizacio-
nes políticas o sindicales.
Hoy en día, las redes sociales y los medios de comunicación constitu-
yen espacios propicios para el debate público-político que, a su vez, repro-
ducen mandatos patriarcales y de violencia. Los grupos antiderechos han
encontrado en la comunicación digital mecanismos donde amenazar, in-
timidar, perseguir a militantes feministas, referentas y lideresas políticas.
349
En el monitoreo de redes sociales realizado por la Dirección General
de Igualdad Observatorio de Género y Equidad Parlamentaria de la HCDN
realizado en el marco de las Elecciones 2021, arrojó que de los datos re-
levados, un 68 % corresponde a descrédito o persecución con base en
estereotipos de género; 20 %, divulgación de imágenes o mensajes que
revelen información íntima, mientras que un 6 % eran mensajes de hosti-
gamiento; 3 %, acoso; un 2,5 %, imágenes o mensajes que dañen los ele-
mentos de campaña electoral, y 3,5 % eran mensajes de acoso sexual149.
La formulación de este trabajo permitirá obtener un diagnóstico situa-
cional, conocer en profundidad el cumplimiento de las leyes relacionadas
a la violencia de género y, en particular, la violencia política. Asimismo,
pretende producir conocimiento cualitativo sobre la ruta crítica en situa-
ciones de discriminación y exclusión política que den cuenta de cuáles
son los obstáculos y dificultades que presentan las mujeres y personas
LGTBI+ en el ejercicio pleno de los derechos políticos y civiles.
Conclusiones
En primera instancia, hay que señalar que es fundamental e imprescin-
dible la producción de datos sistematizados con perspectiva de género
para alcanzar la igualdad. Los Estados deben monitorear, analizar y pro-
ducir conocimiento como herramienta necesaria en el planeamiento e im-
plementación de políticas públicas.
Es importante que esa producción de estadísticas y registros de datos
puedan contener y visibilizar la diversidad de géneros, es decir que no
se limite solo al binomio hombre/mujer. Que la “paridad” de género en el
ámbito político pueda avanzar hacia una justa representación donde se
350
incluya a todes. En nuestras recorridas territoriales solamente pudimos
identificar une concejale no binarie, perteneciente al Municipio de La Ma-
drid, en la sexta sección electoral.
Asimismo, consideramos de suma importancia la aplicación de meca-
nismos específicos para la escucha, la atención y el seguimiento de situa-
ciones de violencias por razones de género en el ámbito de la participación
política. La ausencia de caminos comunes conlleva una gran dificultad de
registro de este tipo de casos y provoca que muchas de las situaciones
permanezcan silenciadas y con recorridos muy disímiles en cada caso. No
se puede medir lo que no se institucionaliza de alguna manera.
Que la información que se genere desde organismos estatales sea de
acceso público, el derecho a la información de toda la sociedad permitirá
un mayor fortalecimiento de las instituciones. El desafío del Estado, de las
organizaciones sociales feministas y de las organizaciones no guberna-
mentales es el de construir entre todos y todas una democracia participa-
tiva, paritaria, justa y libre de violencias por razones de género.
351
Bibliografía
352
Informe sobre el Cumplimiento de la Ley Nº 243 Contra el acoso y vio-
lencia política hacia las mujeres. [Link]
uploads/files/informe-defensorial-cumplimiento-de-la-ley-n%C2%-
[Link]
Ley 14192 de Brasil contra la Violencia Política. [Link]
org/wp-content/uploads/2021/08/LEI-No-14.192-DE-4-DE-AGOS-
[Link]
Ley 31155 de Perú contra la Violencia Política. ://[Link]/sites/de-
fault/files/2021_ley31.155_per.pdf
Ojo paritario. (2021). Las trampas de la paridad. [Link]
las-trampas-de-la-paridad/
353
MESA 2 · Producción de conocimiento y estadística en violencia por razones de género
354
Introducción
El objetivo que nos convoca a escribir este texto se inscribe en una preo-
cupación más extendida acerca de las prácticas feministas de producción
de conocimiento en las universidades. Como profesoras e investigadoras
somos parte de una trama en la cual podemos observar las ambigüeda-
des y los problemas que plantea la integración de una agenda feminista
crítica, tanto a nivel de las instituciones como de las prácticas educativas.
Puntualmente, en estas páginas volvemos sobre la lectura de los resul-
tados de la “Encuesta sobre violencias de género en la Facultad de Ciencias
Sociales”153 con un doble propósito. En primer lugar, brindar algunas pre-
cisiones metodológicas acerca del proceso de realización de la encuesta.
Esperamos de ese modo, producir una reflexión acerca de las caracterís-
ticas de los datos, su contexto de producción, sus alcances y sus límites.
Como feministas hemos aprendido varias cuestiones que se reflejan
a la hora de hacer un trabajo de este tipo: reconocemos que existe una
tensión entre una cierta libertad que otorga responder anónimamente y el
valor de la palabra encarnada, en ese sentido, la decisión, que explicamos
más abajo, de preservar el anonimato no es ingenua; la hipotetización
de situaciones que buscó poner en palabras cuestiones muchas veces
invisibles y que consideramos necesaria en esta etapa; el reconocimiento
de múltiples formas de la violencias pero también de los modos en que
las personas las resisten, denuncian y elaboran estrategias personales y
colectivas para atravesarlas.
En segundo lugar, presentar nuevamente algunos resultados de la En-
cuesta con el objetivo de releerlos poniendo el foco fundamentalmente en
355
las demandas que estos exponen. Nos reconocemos en la enseñanza fe-
minista que nos dice que “lo personal es político”, por lo tanto, considera-
mos que las ansiedades, miedos, vergüenzas y desánimos que expresan
las respuestas a la Encuesta son cuestiones a atender colectivamente y
no problemas individuales. El análisis de estos resultados nos pone en
evidencia que lidiar con esta problemática dentro de las instituciones es
un asunto que necesariamente genera tensiones. También demandas
que llegan desde todas las personas que son parte de la Facultad, pre-
guntas –e incluso desconfianza– sobre la multiplicación de normas que
indican qué se debe hacer y qué no, exigencias de reparación innegocia-
bles, respuestas inadecuadas.
Creemos que hay que “leer muchas veces” estos resultados porque
darnos el espacio para diseñar mecanismos que nos permitan dimensio-
nar adecuadamente los daños, generar instancias de reparación y cons-
truir espacios más democráticos no son tareas que se lleven adelante de
una sola vez sino procesos.
Contexto de producción
Las universidades públicas de Argentina han atravesado en los últimos
años un proceso de transformación impulsado en gran medida por mi-
radas críticas donde los movimientos feministas pusieron en cuestión la
supuesta objetividad de sus producciones y denunciaron diversas formas
de violencia de género y que alcanza a las trayectorias de quienes traba-
jan en ellas como docentes y personal administrativo, o que estudian allí.
Miradas críticas acompañadas de propuestas de transformación en todos
los niveles de estas instituciones y que han dado lugar a propuestas de
medidas reparatorias de diverso tipo (Bacci y Oberti, 2022). Las demandas
van desde propuestas de renovación curricular e integración de una pers-
pectiva de género en las materias troncales de las carreras de grado, trans-
versalización de contenidos y/o enfoques hasta la creación de espacios y
prácticas inclusivas y libres de violencia que interrumpan diversos ejes de
356
discriminación y violencia en las relaciones interpersonales, promoción del
acceso a la representación política de mujeres y de personas con identida-
des sexuales no binarias en los espacios de poder, transformación de las
prácticas pedagógicas. En paralelo, académicas feministas han analizado
los alcances y las limitaciones de las políticas institucionales y sus víncu-
los con políticas públicas que exceden el espacio concreto de la Educación
Superior mostrando las dificultades para avanzar con estas estrategias
más allá de los compromisos y los acuerdos institucionales.154
En el caso de Argentina, desde 2014, la agenda de las violencias por
motivos de género se instaló con una fuerza inédita en las Universidades
Nacionales donde se desarrollaron instrumentos específicos para interve-
nir sobre ellas. Se redactaron protocolos, se crearon espacios institucio-
nales y redes de intercambio interuniversitarias, campañas, estrategias
de difusión y mecanismos para recibir denuncias. En un trabajo donde
revisan la agenda feminista actual en las instituciones universitarias, Ana
Laura Martín y Florencia Rovetto (2021) sintetizan los principales debates
en torno a esta temática. Tomando como punto de partida su propia ex-
periencia, recorren las diferentes acciones y estrategias en las Institucio-
nes de Educación Superior que se llevaron adelante por lo menos desde
el año 1990, para centrarse luego en los desarrollos de los últimos años
donde destacan la creación de la Red Interuniversitaria por la Igualdad
de Género y contra las Violencias, creada en 2015 (más adelante deno-
minada RUGE o Red de Género). La Red de Género, señalan, constituye
un modo de articulación que fortalece las acciones que se multiplican en
todo el país, produciendo lo que denominan un “nueva etapa de una histo-
ria extensa” (Martín y Rovetto, 2021: 54).
154 En América Latina este camino de búsqueda de alternativas y transformaciones de las rel-
aciones de género ha dado lugar a un corpus extenso de trabajos que analizan sus alcances en
cada realidad nacional. Sería imposible dar cuenta de esa bibliografía en este texto, sin embargo
conviene subrayar tanto su importancia como su diversidad. Algunas menciones relevantes se
pueden consultar en Bacci y Oberti, (ob. cit.)
357
Como parte de ese proceso, el 80 % de Universidades Nacionales ha
creado protocolos para el abordaje de situaciones de violencia y discrimi-
nación por razones de género y ha consolidado espacios de formación,
investigación y gestión. Sin embargo, es necesario subrayar que la exis-
tencia de los protocolos ha sido producto del crecimiento de los movi-
mientos feministas que impulsaron su creación junto con otras políticas,
tanto en el ámbito universitario como en todos los otros espacios de la
vida social. Son parte de un conjunto más amplio de iniciativas valiosas
que reconocen la desigualdad y las violencias y proponen posibles meca-
nismos para combatirlas. En ese sentido, si bien tienen efectos democra-
tizadores, no se trata de una cuestión dada sino de un punto de partida
para un trabajo cotidiano todavía pendiente.
El Protocolo de la Universidad de Buenos Aires155 propuso tres líneas de
acción: la atención de consultas y denuncias, la realización de campañas
de difusión y sensibilización, y la producción de datos sobre situaciones
de violencia de género en la Universidad. Siguiendo esos lineamientos,
cuatro facultades (Filosofía y Letras, Ciencias Exactas y Naturales, Arqui-
tectura, Diseño y Urbanismo y Ciencias Sociales) realizaron, entre 2017 y
2019, encuestas con el objetivo de conocer la magnitud y características
de la violencia de género en sus unidades académicas (Azparren, Oberti
y Spataro: 2021).
Como señalamos al comienzo, el objetivo de este trabajo consiste en
analizar una parte de los resultados de la encuesta realizada en la Facul-
358
tad de Ciencias Sociales (2018)156. Si bien en un artículo anterior (Gómez
Rojas, Oberti y Ramos Margarido, 2021) ya presentamos algunas de las
conclusiones a las que arribamos, en esta ocasión volvemos a leer di-
chos resultados poniendo el foco en las “demandas” que detectamos en
la lectura de estos datos. Siguiendo los trabajos de Sara Ahmed (2022),
creemos que en la demanda se conjugan varios elementos diferentes: la
exigencia de que las instituciones “hagan algo” para poner freno a la vio-
lencia y la discriminación”, reclamos acerca del modo en que se escucha
(o no) a quienes han atravesado estas situaciones, formas de reparación
y de reconocimiento.
La Encuesta
El relevamiento de información se realizó a través de una encuesta, como
señalamos, enmarcada en el ámbito de aplicación del “Protocolo de ac-
ción institucional para la prevención e intervención ante situaciones de
violencia o discriminación de género u orientación sexual”. El objetivo
principal era poder contar con información que nos permitiera la visibili-
zación de situaciones hasta ese momento no relevadas en la Facultad de
Ciencias Sociales. En este sentido, marca un hito y una línea de partida
por el modo en el que se realizó, por las características de los enunciados
de la investigación y por el alcance y amplitud que tuvo el trabajo de cam-
po y su posterior análisis.
La encuesta se realizó entre junio y octubre de 2018 y se aplicó a tra-
vés de un formulario que se encontraba alojado en el sistema de inscrip-
156 En 2021, a través de una iniciativa conjunta entre la Subsecretaría de Políticas de Género,
la Dirección de Publicaciones de la Subsecretaría de Gestión de la Facultad de Ciencias Sociales
de la UBA y los equipos que desarrollaron la encuesta de cada una de las facultades, se pre-
sentaron los resultados de dichas encuestas, con el objetivo de construir memoria institucional
sobre lo realizado, compartir los hallazgos encontrados y reflexionar sobre los desafíos de cara
a las tareas pendientes sobre la agenda de las violencias en las universidades (Azparren, Oberti
y Spataro, 2021).
359
ción y de tramitación de la Facultad: SIU Guaraní. Este sistema es de uso
obligatorio para estudiantes, por lo que permitiría un alcance mayor en
términos de la cantidad de respuestas esperadas. Cabe señalar que el vo-
lumen de encuestas completas fue de una amplitud considerable: la res-
pondieron 2922 estudiantes. El diseño no fue pensado como una muestra
representativa sino dirigida, por lo que no puede extrapolarse este resul-
tado al total de la población de estudiantes de la Facultad, sin embargo,
la distribución de casos hace que tenga la suficiente heterogeneidad para
mostrar escenarios de respondientes de las cinco carreras.
El instrumento utilizado y la plataforma (SIU) condicionaron también
la población que fue objeto de análisis. En efecto, queda pendiente poder
establecer un estudio con docentes, así como con personal no docente
de la Facultad.
Los resultados obtenidos deben tomarse como línea de base para futu-
ros relevamientos, para poder comparar y establecer si hubo cambios signi-
ficativos en las declaraciones acerca de las situaciones de violencia sufridas.
El relevamiento indaga por 15 situaciones en total. Estas situaciones
describían distintos actos de violencia de género, acoso sexual o discri-
minación de género u orientación sexual en el ámbito universitario. En
cada caso, se le preguntó a las y los estudiantes si se encontraron en esa
situación y luego las características de la misma. El esquema es similar:
pregunta por quién realizó esos actos de violencia, el género de la persona
que los realizó, la relación de la persona respondiente con quien la agredió
y el lugar físico de los acontecimientos.
Al finalizar las respuestas sobre las posibles situaciones de violencia
en el ámbito de la Facultad, se les preguntaba sobre la posibilidad de de-
nuncia, si la realizó o no y ante quién o quiénes. Además se indagó sobre
el conocimiento del Protocolo de actuación contra situaciones de Violen-
cia de género y finalizaba con la caracterización sociodemográfica de las
personas respondientes: edad, género, orientación sexual, carrera, nivel
educativo de su familia directa, y una pregunta abierta en la que expusie-
ran todo aquello que necesitaran expresar y que no estuviera contenido
360
en las situaciones anteriores así como sugerencias sobre la encuesta.
El instrumento era un cuestionario autoadministrado, que no reque-
ría de ningún anexo o instructivo para completarlo, podía llevar entre 10
minutos en adelante dependiendo de la cantidad de situaciones vividas.
El diseño permitía que las situaciones respondidas positivamente fueran
abriendo las preguntas subsiguientes sobre las características que rodea-
ron el acontecimiento.
La encuesta fue planteada de modo anónimo, ya que no guardaba los
datos personales de quienes respondían. El método utilizado para tal fin,
que además colaborara en la visibilización del relevamiento, fue colocar un
vínculo emergente en el SIU que permitiera un enlace externo a la encuesta.
Algunos resultados
La mayoría de estudiantes que respondió la encuesta se identificó con el
género “mujer” (69,1 %) y casi un tercio como “varones”. Las otras identi-
dades elegidas (varón trans, mujer trans, otras identidades) tuvieron una
representatividad menor cercana al 1 %
29,9% Varón
Mujer
Varón trans
69,1% Otra identidad
No sabe / No contesta
361
La orientación sexual se indaga ya que muchas veces las situacio-
nes de violencia se producen además en múltiples planos. La orientación
permite pensar en términos de interseccionalidad y observar si existen
discriminaciones cruzadas y situaciones que muchas veces se agudizan
de acuerdo a las características de quien las sufre. Si bien la mayoría (86,4
%) se declara heterosexual, también las diversas orientaciones están pre-
sentes, siendo la bisexual la primera minoría (6,5 %).
1,3% 1,3%
2,3%
0,4%
1,6%
6,5%
Homosexual
86,4% Lesbiana
Otra orientación
No sabe / No contesta
Bisexual
Gay
Heterosexual
362
Distribución según orientación edad
38%
27,4%
Varones Mujeres
363
datorios por las redes sociales (13.9 %). La mayoría de las personas que
declararon haber vivido estas situaciones son en general mujeres, aunque
en el caso de la situación 7 (Cartas, imágenes y violencia digital) y situa-
ción 2 (Uso del lenguaje sexista…) también los varones responden en una
proporción considerable.
0 20 40 60 80 100
Respecto del género de la persona que realizó los actos, la gran ma-
yoría señaló que eran varones aunque la proporción de esta apertura de
los datos por género indica que depende de la situación que estemos ob-
364
servando. De las situaciones elegidas con mayor frecuencia, los varones
aparecen como quienes realizaron estos actos de violencia y/o discrimi-
nación por encima del 80 % llegando en algunas situaciones a representar
el 92 % de las respuestas.
10
11
13
14
15
n
n
n
n
n
n
ió
n
n
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ió
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
ac
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
tu
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Si
Respecto del rol que tenían las personas que cometieron estos he-
chos, es contundente la respuesta mayoritaria señalando a las y los do-
centes (64,2 %), seguido por estudiantes (52,1 %).
365
Rol de la persona que realizó estos actos
70% 64,2%
60%
52,1%
50%
40%
30%
20%
10,0% 8,4% 5,2%
10%
2,3% 2,2% 0,6%
0%
Docente No Docente
Otrx estudiante Autoridad del centro de Estudiantes
Representante de agrupaciones Autoridades de la Facultad
estudiantiles Representante de organizaciones
No sabe / No contesta gremiales
366
Relación con la persona que realizó estos actos
4,2%
1,8%
367
En un artículo de 2021, hemos analizado esas respuestas señalando
sus alcances y límites si las pensamos como fuente de información acer-
ca de situaciones concretas (Gómez Rojas, Oberti y Ramos Margarido,
2021). En este apartado, intentaremos profundizar en aquel análisis men-
cionando algunas respuestas a modo de ejemplo.
Poco más de cien respuestas mencionan, de diferentes modos, la ex-
periencia de haber sufrido, o haber sido testigos, de algunas de las situa-
ciones mencionadas. Comentarios sexistas o con tono de menosprecio
por parte de compañeros de carrera y de docentes varones; exigencias
diferenciadas y sobrecarga de tareas al interior de las cátedras o en la
realización de trabajos prácticos; acoso sexual y comentarios acerca del
aspecto y la vestimenta por parte de profesores (algunos incluyen los
nombres de los docentes), maltrato y falta de apoyo de parte de funcio-
narios y autoridades, prácticas que son parte de la vida cotidiana en la
Facultad. Citamos una respuesta a modo de ejemplo:
368
puede ser que hayan ocurrido hace tiempo atrás o en la actualidad. Mu-
chos de esos comentarios se completan con observaciones de dos tipos
diferentes. En primero lugar, referencias a las consecuencias y los efec-
tos que tuvieron y tienen estas experiencias para quienes las sufrieron.
Mencionamos algunos a modo de ejemplo: “Tenía miedo de no aprobar
la materia”; “a no poder seguir una carrera académica” [por el peso de la
influencia de los profesores], “por esta razón ella casi deja la materia”. En
segundo lugar, sugerencias acerca de cómo se debería tratar esta proble-
mática (capacitación en género a docentes, implementación de políticas
de género de manera transversal, veedores en las instancias de evalua-
ción, expulsión de las personas denunciadas, promoción de la igualdad
en cátedras, textos y publicaciones de mujeres, son algunos ejemplos).
Por otra parte, llama la atención una serie de respuestas que no se
relacionan con el tema en cuestión. Algunos de los tópicos que se repi-
ten son: menciones a profesores que se desempeñan incorrectamente
en sus funciones; abuso de poder en el aula y en las mesas de examen;
discriminación etaria en las becas o en el trato por parte de profesores
que no toman en cuenta a lxs estudiantes de mayor edad; otras formas
de abuso de autoridad que no están relacionados con el género; actitu-
des peyorativas o discriminación por cuestiones ideológicas, políticas y
religiosas; diferentes formas de discriminación por el desempeño acadé-
mico. También algunas referencias a situaciones que no se corresponden
con relaciones en el ámbito de la Facultad: violencias en la vida cotidiana
y de pareja, falta de apoyo a las estudiantes que son madres.
Como señalamos al comienzo de este artículo, traemos nuevamen-
te los hallazgos de la Encuesta, incluidos los resultados de la pregunta
abierta, porque creemos que estos exponen un estado de situación ten-
sa. Mientras más de la mitad de las mujeres (55 %) y un poco más de un
cuarto de los varones declararon haber sufrido al menos una situación
de violencia o discriminación, existe una percepción cada vez mayor de
incomodidad ante prácticas que en este momento son ostensiblemente
visibles. Esto genera una demanda que en ocasiones se ha considerado
369
inespecífica, que excede las posibilidades de respuesta de parte del siste-
ma educativo, pero que es necesario atender.
Estas demandas persistentes motivan la relectura que estamos rea-
lizando en esta presentación. Muchas de las respuestas, más allá de al-
gunas ocurrencias puntuales que desacreditan el trabajo realizado (“Me
parece muy estúpida esta encuesta”), reflejan una actitud reflexiva y abier-
ta donde exponen las emociones que nos atraviesan al habitar este es-
pacio. Como señala Sara Ahmed en su trabajo referido al activismo de la
queja frente a la violencia institucional, quejarse demanda una gran ener-
gía y es muy probable que una queja formal y/o pública deje expuesta y a
la intemperie a la persona que se queja (Ahmed, 2022). En ese sentido, el
anonimato de la Encuesta brinda un espacio para contar historias que de
otro modo no se contarían y constituyen un recordatorio de que algo que
no debería suceder está sucediendo.
¿Qué significado adquiere para una estudiante un grito de un
profesor o un comentario sexista? ¿Qué consecuencias trae para su vida
universitaria? En palabras de una o un estudiante:
370
por las que preguntamos en la Encuesta en concreto, pero también las
reacciones y los efectos diferenciados en cada persona. ¿Es posible dar
una respuesta general para estas situaciones?
371
breves respuestas no se puede considerar una demanda, pero sí pode-
mos pensar cada ocurrencia como una expresión de la determinación de
no quedarse en silencio. A la vez, para quienes las leemos constituyen
una advertencia.
Producir datos acerca de lo que sucede en el ámbito educativo en re-
lación a la violencia y la discriminación es una tarea desestabilizadora
que nos involucra como parte de la comunidad y nos transforma a la vez
en sujeto y objeto de conocimiento. Pero creemos, como señalamos al
comienzo, que el reconocimiento de las violencias y de los modos en que
las personas las resisten, denuncian y elaboran estrategias personales y
colectivas para atravesarlas son un punto de partida necesario para cual-
quier transformación que pretendamos. El principal desafío que se nos
presenta es cómo producir esos datos y qué hacer con ellos para no re-
producir lógicas patriarcales.
372
Bibliografía
373
MESA 3
Estrategias jurídico-legales/litigio
feminista
Julieta Evangelina Cano
Dra. en Cs. Sociales. Asesora de la Subsecretaría en Políticas
Contra las Violencias por Razones de Género
374
Algunas cuestiones quedaron resonando, por ejemplo, cuando se de-
nuncia que los agresores “usan al sistema judicial para seguir violentando
a las mujeres y LGTBI+”, lo que constituye una realidad cotidiana y do-
lorosa, tanto como tener que pensar en un “proceso de salida del Poder
Judicial”. Estas ideas nos impulsan a seguir pensando y trabajando para
que el tránsito por el Poder Judicial no se convierta en una trampa para
las personas que atraviesan situaciones de violencias.
Respecto de las violencias contra les profesionales que asesoran y
representan a las personas víctimas de las violencias, un par de afirma-
ciones resultaron igual de problemáticas: “las pibas jóvenes no quieren li-
tigar” porque el costo es alto y el reconocimiento es escaso, pero también
porque se exponen a sufrir más violencias; “los abogados de los agreso-
res se apropian de nuestras herramientas”, lo que puede pensarse como
una mutación de las violencias. Esto último es el fundamento clave que
nos convoca al encuentro: como las dinámicas cambian y es necesario
co-construir estrategias de abordaje y respuestas, no solo integrales sino
también reparadoras, necesitamos de estos espacios para seguir pen-
sando juntas instrumentos que nos lleven a la reforma judicial transfemi-
nista que tanto anhelamos.
En esta sección encontrarán tres trabajos seleccionados para su pu-
blicación. El primero, titulado “Acceso a justicia y falso síndrome de alie-
nación parental”, aborda una problemática cada vez más preocupante: las
estrategias judiciales de los agresores sexuales de niños, niñas y adoles-
centes que, apelando a un falso síndrome sin sustento científico, contra-
rio a nuestro marco normativo y construido sobre estereotipos de género,
direccionan la violencia jurisdiccional contra las madres o mujeres cuida-
doras que intentan proteger a NNA, porque parten de creer lo que ellos
y ellas cuentan. La aplicación del falso SAP se constituye entonces en
violencia institucional por razones de género. En el trabajo se afirma con
contundencia que:
375
(…) la aplicación del SAP tacha inexorablemente de falsa toda denuncia,
acalla a la madre y también al NNA, afectando no solo la construcción e
investigación del caso, sino también la selección de las normas que se
aplicarán, la valoración de las pruebas, la interpretación de los hechos y,
por último, la resolución que finalmente se adopte.
376
dificultades que existen para visibilizar este tipo de violencia primero, y
luego, para obtener una respuesta judicial adecuada, exponiendo las sin-
gularidades del Departamento Judicial de Mar del Plata a través del aná-
lisis de casos.
Como se puede observar, los trabajos seleccionados constituyen
aportes clave para seguir co-pensando estrategias jurídico-legales que
permitan acompañar y asesorar en situaciones de violencias por razones
de género, como también problematizar los alcances del litigio feminista
y los desafíos de cara a la mutación de las violencias y las resistencias
institucionales.
377
MESA 3 · Estrategias jurídico-legales/litigio feminista
Introducción
159 Abogada. DEA en Derecho Penal y Suficiencia Investigadora US, doctoranda US Univer-
sidad de Sevilla, Jueza del Tribunal en lo Criminal nro. 1 de Necochea. Coautora en Género y
Derecho Penal, Directores Javier E. De La Fuente y Genoveva I. Cardinali, Rubinzal Culzoni (2021)
maryg27@[Link]
160 Abogada. Magíster en Relaciones Internacionales (UNLP), Especialista en Derecho de
Familia (UCALP). Prosecretaria de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires.
Profesora de grado y posgrado. Autora de artículos de la temática. cportillo1972@[Link]
378
tes ámbitos del saber. Nos abocaremos en este trabajo a indagar acerca
de las estrategias ensayadas para contrarrestarlas desde el ejercicio de
la abogacía y la judicatura con perspectiva de infancias y de género y con
mirada interseccional.
Desarrollo
Violencias sexuales contra NNA
Según datos oficiales divulgados por el Gobierno de la Provincia de Bue-
nos Aires (2019):
… tanto los niños como las niñas corren el riesgo de sufrir todas las for-
mas de violencia, pero la violencia suele tener un componente de género.
Por ejemplo, las niñas pueden sufrir más violencia sexual en el hogar que
los niños, mientras que es más probable que estos sufran la violencia
en el sistema de justicia penal (véase también el párr. 47 a i) y c v), 72 b)
sobre las dimensiones de género de la violencia) (2011: 9).
379
de cada 13 hombres adultos declararon haber sufrido abusos sexuales en
su infancia, aclarando además que la mayoría de los agresores son varones
heterosexuales161. Por su parte, según los datos aportados por el programa
Las víctimas contra las violencias, sobre una muestra efectuada en 2016162,
en cuanto al lugar donde suceden las agresiones sexuales, el 53 % de los
casos ocurre en el hogar de la víctima; el 18 % en la vivienda del agresor y el
10 % en la casa de un familiar. En cuanto a los agresores son familiares en
un 75 %, entre los cuales el 40 % es el padre y el 16 % el padre afín. En rela-
ción con género de los agresores, el 89 % es masculino, el 7 % es femenino
y en un 4 % se desconoce. Respecto de la edad de las víctimas: 47 % tienen
entre 6 y 12; 28 %, entre 0 y 5 y 25 %, entre 13 y 17 años de edad.
Los organismos internacionales han puesto su atención en este espe-
cial tipo de violencia dictando o impulsando el dictado de normas163, proto-
161 Para más información, ver en UNICEF (2019). Un análisis de los datos del programa Las
Víctimas Contra las Violencias 2018-2019”. [Link]
Datos%20%22Las%20v%C3%ADctimas%20contra%20las%20violencias%22%[Link]
162 Disponible en [Link]
163 El andamiaje normativo aplicable es variado, tanto en lo que hace a la prevención como al
abordaje en su faz protectorio y punitivo. Desde la Convención sobre los Derechos del Niño, en
su arts. 19 y 34,, el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo
a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía, la Con-
vención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW),
la Recomendación General nro. 19 del Comité CEDAW, del año 1992 -que incluyó la violencia
contra la mujer como una forma de discriminación que impide gravemente el goce de derechos
y libertades-, su actualización la nro. 35, de 2017; la Convención Interamericana para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém do Pará); la Convención de los Dere-
chos de las Personas con Discapacidad, en su art. 16, las Leyes nacionales 24417 de Protección
contra la Violencia Familiar; 25673, programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Respons-
able; 26061 de Protección Integral de los Derechos de las NNA; la 26150 que crea el programa
Nacional de Educación Sexual Integral; la 26485 de Protección integral para prevenir, sancionar
y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones inter-
personales, los Arts. 119, 120 125, 126, 127, 128, 129, 130 y 131 del CP con las modificaciones
introducidas por las Leyes 27.206 y 27.455. Por su parte, en el ámbito de esta provincia las
leyes 12569 de Protección contra la Violencia Familiar, 12807 de Prevención del Abuso Sexual
contra Niños, 13298 de Promoción y Protección Integral de los Derechos de los Niños, 14744 de
Educación Sexual Integral.
380
colos y políticas públicas que la aborden, reconociendo que esta provoca
consecuencias a corto, mediano y largo plazo en distintas áreas, tanto en
lo afectivo, lo emocional, lo físico, en el desarrollo cognitivo, en el rendi-
miento académico y en el mismo proyecto de vida de cada una de las víc-
timas. Sin embargo, el número de casos judicializados va en aumento164,
lo que necesariamente nos impone su abordaje asumiendo que las violen-
cias sexuales contra NNA son el resultado del adultocentrismo y también
del privilegio del poder masculino, del patriarcado y del androcentrismo
que deja en claro las asimetrías de poder existentes entre víctima y agre-
sor. Es por ello que necesariamente el abordaje judicial de estos delitos
debe hacerse con perspectiva de infancia –de raigambre constitucional
desde el año 1994 producto de la jerarquía otorgada a la Convención sobre
los Derechos del Niño por el art. 75.-, inc. 22 de la Constitución Nacional–,
reconociendo así las particularidades que conlleva el delito para la etapa
de desarrollo en que cada víctima se encuentre, sus implicancias, la forma
de llevar adelante su escucha165 y cómo brindarle información, así como
también los diversos momentos o situaciones por las que puede atravesar
un NNA víctima de un delito sexual166. Ahora bien, a esta perspectiva de
164 Si bien supera el objetivo de este trabajo, es necesario preguntarnos si lo que aumentó es
la cantidad de casos o la cantidad de agresiones visibilizadas y denunciadas.
165 Esta singularidad se plasma en la “Guía de buenas prácticas para el abordaje de niños/
as adolescentes víctimas o testigos de abuso sexual y otros delitos”, del Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia (UNICEF) Y la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), del año 2013; y
en Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires (mayo 5, 2022). Resolución 819
de 2022. Por la cual se aprueba la “Guía para escuchar Niños, Niñas y Adolescentes en el Proce-
so Judicial. Prácticas Aconsejables”. [Link] .
166 Estos son: secreto, indefensión, atrapamiento, acomodación, revelación y retractación
(Brisighelli, 2021, p.139).
381
infancia debe sumarse la perspectiva de géneros167, en tanto –tal como
surge de las estadísticas expuestas–, el abuso sexual infantil y las violen-
cias sexuales como una de las formas de maltrato a la infancia afectan,
primordialmente, a las niñas y a las adolescentes. Pensar y abordar estas
situaciones desde ambas miradas determina un cambio en el modo en
que se ponderará y analizará la problemática, el derecho al que se aludi-
rá, la forma en que se escuchará y se valorará esa escucha, el modo en
que se argumentará y resolverá, resignificando las practicas desde una
institucionalidad acorde a las obligaciones asumidas que indican y hacen
factible que a través de un fallo judicial pueda hacerse justicia en el caso
en particular y, a la par, buscar cambios estructurales que vayan más allá
del caso, haciendo incluso prevención en sus cuatro niveles.
(Falso) SAP
El abordaje judicial de las violencias sexuales ha sido un ámbito especial-
mente impregnado de mitos y estereotipos168, algunos observados en re-
lación a todos los delitos contra la integridad sexual y otros, en particular,
en torno a los que tienen por víctimas a NNA. Entre ellos, los que afirman
que no hay daño, o que este no es tan significativo, cuando la víctima
tiene experiencia sexual; los que sostienen que existe una escala de “gra-
382
vedad” según haya o no penetración o ponen el acento en la cantidad de
episodios; otros que afirman que las niñas son seductoras y provocan a
los adultos, o incluso que hay consentimiento para que los actos sexuales
sucedan; los que dicen que si la víctima muestra afecto por el agresor
no hubo abuso, llegando así al mito que hoy abordaremos, que consta
de presumir que si hay o hubo conflicto entre los padres o madres, la
denuncia acompañada por esta última es producto de un síndrome al que
nombra como “de alienación parental” (en adelante SAP).
El SAP o síndrome de alienación parental es presentado en el año 1985
por un psiquiatra estadounidense llamado Richard Gardner169 como un
trastorno infantil vinculado a NNA cuyos progenitores están atravesando
un proceso de separación o divorcio conflictivo, o sus secuelas, y en el que
uno de ellos –según afirma, en el 80 % al 90 % de los casos la madre–, al
que llama “alienante”, influye sistemáticamente sobre el NNA con miras a
que rechace relacionarse con el otro progenitor –el “alienado”– e incluso
llegue a denunciarlo por situaciones de maltrato o abuso sexual. A este
supuesto síndrome le sucedieron otras formas y denominaciones, y se
relacionó con los denominados de Medea y el de la Madre Maliciosa de
Jacons, Wallerstein y Turkat. Se refieren así actitudes obstruccionistas del
vínculo socioafectivo que impiden o dificultan el derecho de comunicación
por medio de supuestas maniobras que provocan la “programación” o el
“lavado de cerebro” del NNA. Se pueden enumerar así: desde la obstruc-
ción material del contacto físico; la desvalorización y el insulto constante al
otro progenitor; la ridiculización de los sentimientos del NNA hacia ese pro-
genitor; el fomento o premio de conductas despectivas hacía aquel; men-
tirle con el objeto de provocar conflictos, miedos o temores y la exigencia
de lealtades, hasta llegar a la “implantación” de ideas que involucrarían al
169 Para él, “las actividades sexuales entre adultos y niños son parte del repertorio natural y
normal de la actividad sexual humana” (Gardner, 1985), agregando que el abuso sexual no es en
sí mismo traumático ya que lo que lo hace traumático es la actitud social asumida ante ello.
383
progenitor como el autor de delitos contra la integridad sexual o situacio-
nes de maltrato. Según Gardner, el tratamiento adecuado para estos ca-
sos consiste en aumentar el contacto con el progenitor alienado o, incluso,
impedir el contacto del NNA con el alienante, poniéndolo al cuidado de
aquel. Este supuesto síndrome, definido en ocasiones como una “patolo-
gía judicial” (De Souza y Ortiz, 2013) ha dado lugar a nuevas y renovadas
disputas doctrinarias, con voces que incluso justifican su invocación (Me-
dina, 2013; Mizrahi, 2017; Cagliero, 2013). Sin embargo, lo cierto es que la
Organización Mundial de la Salud, la Asociación Psiquiátrica Americana, la
Asociación Médica Americana y la Asociación de Psicología Americana no
han reconocido al SAP como un síndrome (Asociación Española de Neu-
ropsiquiatría, 2008: Escudero, Aguilar y de la Cruz, 2008; Berlinerblau, 2016;
Guillem y Manigrasso, 2014; Chiapparrone, 2015; y Zazzali, 2017). Por su
parte, en el ámbito local se han expedido en contra de su existencia e invo-
cación la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infanto-Juvenil,
la Federación de Psicólogos de la República Argentina, las Cámaras de
Diputados y Senadores de la Nación Argentina, mientras que en el ámbi-
to de la Provincia de Buenos Aires han actuado de igual modo el Colegio
de Psicólogos y la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de
La Plata; esta última en 2014 dijo que el SAP es “una falsa gnoseología
que se ha expuesto para desmantelar los relatos de niños y niñas abusa-
dos sexualmente y cuyos argumentos dan lugar a la impunidad porque se
desestima la palabra de la víctima”, agregando luego que “la Ley de Ejer-
cicio Profesional señala que no se pueden aplicar categorías que no sean
consideradas científicas” (parr.2). En línea con lo expuesto encontramos la
Recomendación General n.° 2 de la Defensora de los Derechos de los De-
rechos de NNA de junio de 2020, atinente a las denuncias de abuso sexual
contra NNA o revinculaciones forzadas, donde se rechaza categóricamen-
te el falso SAP, agregando –con cita de Juan Carlos Volnovich– que “su
utilización representa un ejercicio de mala praxis, que tiene consecuencias
graves en el desarrollo psíquico de los menores afectados y constituye
una grave afectación de sus Derechos Humanos” (p.8).
384
En ese orden de ideas, el SAP es una construcción patriarcal producto
de pruebas anecdóticas recogidas en consulta privada, que carece de evi-
dencia científica y de secuencias lógicas válidas170. Sin embargo, este es
invocado como parte de las estrategias de la defensa en procesos pena-
les donde se abordan violencias sexuales171 y también en otros que traten
diferentes tipos de violencias en el fuero de Familia, ya sea en causas de
violencia familiar, responsabilidad parental y/o cuidado personal. Conforme
lo dicho, la aplicación del falso SAP constituye un supuesto de violencia
de género institucional (Portillo, 2021), lo que explicaremos a continuación.
170 En esa línea se expidió la SCBA en el fallo dictado el 22 de junio de 2016, en la causa C
118.503 donde, paradójicamente, se pretendió aplicar el falso síndrome en contra de un progen-
itor varón.
171 El abuso sexual infantil abarca supuestos de utilización de une niñe para la estimulación
sexual de su agresor o la gratificación de un observador, pudiendo o no haber contacto sexual.
Es un delito sancionado penalmente que -según el caso- puede ser tipificado como abuso
sexual simple, gravemente ultrajante, agravado por acceso carnal o por aprovechamiento de la
inmadurez sexual.
172 El 8 de mayo fue declarado por la Ley 26811 el Día Nacional contra la Violencia Institucion-
al, marcando así un hito político de transcendencia.
385
señalar patrones estructurales de violación a los Derechos Humanos en
tiempos de democracia.
Comenzaron así a visibilizarse prácticas sistemáticas y diseños insti-
tucionales que victimizan o revictimizan a personas que están llamadas
a proteger, dando por resultado –por acción u omisión– violaciones a las
obligaciones internacionales e internas asumidas. En ese orden de ideas,
se puso atención en diferentes agencias del Estado más allá de las que
monopolizan su poder punitivo o abordan las situaciones de encierro, y
se observaron otras formas de violencias, por lo que –en ese marco– la
institucional fue incluida como una de las modalidades de la violencia de
género173, dotando así de sentido a través del derecho –como discurso
social- a determinadas conductas que la ley visibilizó y deslegitimó como
prácticas institucionales. En ese contexto, la Ley 26.485 de Protección
integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las muje-
res en los ámbitos que desarrollen sus relaciones interpersonales, en sus
Arts. 4° y 6°, determina como violencia institucional:
173 La violencia en razón del género adquiere formas múltiples, interrelacionadas y recurrentes,
y es producto de la organización social que denominamos patriarcado, en tanto hace a una rel-
ación de poder y de desigualdad, constituyendo así una forma de discriminación que puede ser
directa o indirecta, la última configurada por el efecto o resultado obtenido al tratar de manera
idéntica a personas con características diferentes en base a una norma, disposición o programa
aparentemente neutro. La violencia de género impide el goce y ejercicio de los derechos y liber-
tades y, en tanto es una violación a los derechos humanos, involucra a toda la sociedad como
estructura, trascendiendo la esfera privada y el “caso” individual. Es un tipo de violencia dirigida
contra las mujeres y las niñas por el sólo hecho de serlo o que las afecta en forma desproporcio-
nada, ello sin perjuicio del sexo asignado al nacer, incluyendo a todas las personas de identidad
o expresión de género femenina (ver Ley 26.713 y Corte IDH OC 24/17).
386
Y también:
387
Cusack (2014) habla de estereotipación judicial como la práctica de la
judicatura que conlleva adscribir a una persona atributos específicos, ca-
racterísticas o roles en razón de su pertenencia a un grupo, perpetuando los
estereotipos. La aplicación del SAP constituye un supuesto de estereotipia
judicial contra madres e hijos/as, en tanto la presunción de que el NNA mien-
te y que lo hace a causa de la influencia de su madre para perjudicar/castigar
al padre, conduce a un proceso parcial sostenido en nociones preconcebi-
das basadas en estereotipos de mujer “mentirosa”, “maliciosa”, “despecha-
da”, quitándole la palabra a la víctima de la violencia sexual y a las madres
–principales cuidadoras–, perpetuando los estereotipos a través del valor
real y simbólico de pronunciamientos judiciales que refuerzan las asimetrías
históricas, constituyéndose en una forma patriarcal de disciplinarlas.
Surge de los trabajos de campo realizados que la gran mayoría de las
víctimas son niñas y, en gran parte de los casos, los agresores son los va-
rones de su misma familia, entre estos los padres. En tal contexto las argu-
mentaciones que pretenden sostener el falso SAP carecen de respaldo en
las estadísticas y no resisten un análisis estructural. Por lo demás, siendo
los agresores en su gran mayoría varones de la familia y particularmente
cuidadores principales y siendo conscientes de lo difícil que puede ser el
develamiento, es entendible y altamente probable que cuando el NNA cuen-
te lo sucedido o muestre indicadores –físicos o psicológicos– sea la ma-
dre quien esté allí para escuchar176, para proteger o para observar y luego
indagar y denunciar. Son estas tareas básicas que impone el rol de cuidado
y, claro está que al advertir o sospechar la posibilidad del acaecimiento de
un acto de tales características está obligada a efectuar las denuncias per-
388
tinentes (Giberti, 2016)177, haciendo incluso las veces de acompañante en
los términos que prevén los protocolos vigentes, aclarando además que su
rol y accionar variará notablemente según la edad de la víctima y grado de
madurez. Conforme lo expuesto, quienes invocan el SAP parten de los este-
reotipos178, mitos y prejuicios que se impone desterrar. Los estereotipos tie-
nen efectos perjudiciales cuando niegan un derecho o beneficio, imponen
una carga o marginan y vulneran a una persona179, formando así parte de
las violencias silenciosas que organizan los significantes en la vida social,
por lo que se torna dificultosa su percepción.
La aplicación del SAP tacha inexorablemente de falsa toda denuncia,
acalla a la madre y también al NNA, afectando no solo la construcción e
investigación del caso, sino también la selección de las normas que se
aplicarán, la valoración de las pruebas, la interpretación de los hechos y,
por último, la resolución que finalmente se adopte.
177 Eva Giberti (2016) sostiene que “el tema central gira alrededor de la figura materna en los
abusos sexuales, ya sea para localizarla como cómplice de los hechos o víctima de ellos, con
tendencia a culpabilizarla por no estar lo suficientemente alerta para descubrir las señales que
podría su hijo” (p.263).
178 Estereotipo proviene de los vocablos griegos stereo y typo que significan, respectivamente,
sólido y molde. Se utilizó en principio para describir el mecanismo de la imprenta, adaptándose lu-
ego a las ciencias sociales. En tal contexto, tal como lo explican Cook y Cusack, ayudan a entender
y simplificar los atributos, características y roles individuales, caracterizando y categorizando a las
personas con base en diferentes criterios tales como su género, edad, idioma, religión, orientación
sexual y origen racial o étnico. Un estereotipo es entonces una idea o imagen preconcebida, con-
struida y aceptada socialmente. Acerca de su definición ver Corte IDH González y Otras – Campo
Algodonero vs. México, del año 2009, párr. 401 y Atala Riffo y Niñas vs. Chile, del 2012, párr. 125.
179 Ver al respecto el Informe periódico de la Argentina CEDAW/C/ARG/CO/7 donde el Comité
expresó su preocupación por la persistencia de estereotipos discriminatorios. Ver también Cook,
R. y Cusack, S. (2009), “Estereotipos de Género. Perspectivas Legales Transnacionales”, Universi-
ty Of Pennsylvania Press.
389
con al menos tres de los cuatro estereotipos o falsas creencias que sostienen
la cultura de la violación; se trata de una serie de estereotipos sexuales que, a
la par de establecer una representación monolítica de la “violación real”, tien-
den a naturalizar este tipo de agresiones hacia las mujeres, adolescentes y
niñas y responsabilizarlas por los daños sufridos (Di Corleto, 2022).
Para la cultura patriarcal solo hay violación entre extraños; cuando la
víctima presenta lesiones de ataque y su victimario de defensa; cuando es
una niña o madre “buena” y lo denuncian en forma inmediata, de lo con-
trario mienten. Con esta cuarta idea, se arguye que una forma de evaluar
la veracidad de la denuncia es atender al tiempo transcurrido entre la co-
misión del hecho y la presentación de la víctima ante la justicia, así como
también su temperamento al momento de hacerlo.
La base estadística de la jueza Giménez, 56 casos en los que le tocó
juzgar abusos sexuales desde fines de agosto de 2009 hasta la actuali-
dad, da cuenta, en relación con el resultado de esos juicios180, que en el
94,64 % de ellos recayó veredicto condenatorio, en el 3,57 % recayó vere-
dicto absolutorio, en 1,78 % recayó veredicto mixto: veredicto condenato-
rio por 3 hechos y absolutorio por 1 hecho.
Los jueces y las juezas, como cualquier persona, no son inmunes a los
estereotipos y están obligados/as a capacitarse conforme lo establece
la ley Micaela a igual que las/los fiscales, defensa pública, asesores de
personas menores de edad y con discapacidades.
También los jurados pueden ser susceptibles de trasladar al procedi-
miento tales prejuicios e ideas y ser influenciados por ellos al valorar la
credibilidad de la víctima y la culpabilidad del acusado.
A los prejuicios e ideas preconcebidas y estereotipadas propias del
sistema patriarcal que existen en el imaginario social en torno a esta cla-
se de violencia se suman las dificultades técnicas –exacerbadas cuando
hablamos de NNA y personas con discapacidad–, pues cuando las vulne-
390
rabilidades son tan pronunciadas no solo facilitan el delito, sino que luego
se trasladan al caso procesal, convirtiéndose en vulnerabilidad de la prue-
ba y vulnerabilidad del proceso, haciendo más difícil la reconstrucción de
los hechos, que además en los casos de violencia sexual de por sí llevan
ínsito una serie de dificultades técnicas propias que hacen difícil su juzga-
miento. Es común que existan escasas pruebas directas sobre lo sucedi-
do, que el acusado afirme su inocencia y que la discusión se circunscriba
a la palabra de una persona contra otra, muchas veces incluso la victima
tiene dificultades para expresarse, dificultades de distinta índole.
No es posible concebir un derecho penal moderno sin contemplar los
derechos de las víctimas, y frente a este tipo de violencias en particular,
la valoración probatoria debe efectuarse con especial cautela, otorgando
singular relevancia al testimonio del NNA. Su declaración no puede ser
soslayada o descalificada, dado que ello constituiría una forma de violen-
cia institucional contraria a los parámetros internacionales.
Ante tal panorama, los/as jueces/zas venimos construyendo, refinando,
renovando herramientas (conceptuales, de análisis y argumentativas) con
la ayuda de las ciencias sociales (psicología, antropología, trabajo social,
sociología, etc.) para poder atender adecuadamente, valorar los testimo-
nios de estas víctimas, las formas en que estas personas vulnerables pue-
den poner en palabras las violencias padecidas, y para poder abordar estos
testimonios de manera eficaz y respetuosa, no solo de sus derechos sino
también de los derechos del acusado. Así, también, para poder corrobo-
rar esos testimonios mediante elementos autónomos e independientes, la
casuística nos impone prestar atención al contexto en el que se animan a
contarlo: develamiento informal; también a su proceso más allá de los di-
chos que contiene, y a la recreación de la ruta crítica que esas víctimas han
tenido que vivenciar hasta llegar al juicio, las consecuencias de este tipo de
hechos y el estado emocional y gestual cada vez que les tocó relatar sus
padecimientos pueden brindarnos información de calidad respecto de las
notas/características que en principio debe reunir el testimonio: credibili-
dad objetiva y subjetiva, y persistencia en la incriminación.
391
La casuística181 que conforma la matriz de análisis en la que venimos
trabajando es muy rica, y puede contribuir a aportar herramientas para
acortar la brecha entre los derechos en papel de estas personas tan vul-
nerables y la realidad.
Conclusiones
Los prejuicios y los estereotipos de género afectan la objetividad de los y
las magistradas y de aquellas personas que componen el sistema de jus-
ticia, impregnando la totalidad de las etapas y acciones del proceso, hasta
finalmente dar por resultado sentencias discriminatorias y que vuelven a
violentar a las víctimas. Como se ha descripto, algunos de estos estereoti-
pos recaen directamente sobre la víctima y otros, como los que sostienen
el falso SAP, recaen en las personas que acompañan y protegen material
y emocionalmente a quienes resultaron agredidas sexualmente.
Cuando los mecanismos institucionales fallan por aplicación de estos
estereotipos y prejuicios discriminatorios y no se logra una reparación ade-
cuada e integral garante del derecho humano al acceso a la justicia y a la
verdad, no solo se violan los derechos de las personas implicadas en el caso,
en tanto a la dimensión material se le suma la simbólica, y el efecto negativo
se expande así al resto de la sociedad, reeditando e incluso profundizando la
problemática social existente en torno a las violencias por razones de género.
392
El derecho es práctica con contenido teórico. Es una práctica donde
la discrecionalidad se torna relevante y toma forma de argumentos, que
deben asumir y ponderar la diversidad que presentan los conflictos y las
personas que se ven implicadas en ellos –y parten de una escucha sin-
cera, atenta y desprejuiciada– para desde allí dar una solución ajustada
que, con prudencia, razonable y debidamente fundada, dirima ese conflic-
to, alejada de estereotipos y prejuicios discriminatorios. Para lograrlo es
esencial visibilizar, reconocer la existencia de este problema y propiciar
un cambio sostenido y progresivo que comience por problematizar estos
aspectos, lo no jurídico, lo no técnico que se cuela en las decisiones judi-
ciales, así como también en las leyes y en las ciencias jurídicas.
393
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397
MESA 3 · Estrategias jurídico-legales/litigio feminista
Introducción
398
nes de género por parte de la administración de justicia; en ese sentido en
los últimos años propuso enfáticamente una “reforma judicial feminista”.
Existen, así, situaciones en la provincia de Buenos Aires que han ad-
quirido relevancia en la agenda pública a partir de convertirse en deman-
das concretas del feminismo, como por ejemplo los casos de Marcela
Mendoza, en 2017, y Lucia Pérez, en 2018, entre otras. En este sentido, en-
tendemos que parte del activismo del feminismo jurídico debe centrarse
no solo en el análisis de las sentencias desde una perspectiva feminista,
sino además en avanzar en la reescritura de las mismas (Cano, 2017)
como praxis feminista concreta.
Desarrollo
En cuanto a pensar los parámetros a través de los cuales puede impul-
sarse un análisis crítico feminista del discurso jurídico emanado por las
sentencias, creemos indispensables las conceptualizaciones que a conti-
nuación desarrollamos:
Trabajamos las sentencias como un tipo de discurso particular (el ju-
rídico) dentro del discurso general estatal. Para ello nos resulta pertinente
retomar a Michel Foucault, quien nos alienta a comprender que los dis-
cursos –en este caso particular, los jurídicos– no solo se presentan como
un reflejo de las relaciones de poder sino que, inclusive, forman parte del
entramado que genera, legitima y reproduce esas relaciones. A partir de
aquí, nos proponemos el desafío de entrelazar la dimensión de los discur-
sos jurídicos con las relaciones de poder y las relaciones de género.
Necesariamente incorporamos la categoría de colonialidad (Garzón
López; 2018), que permite observar en las resoluciones judiciales su en-
tramado discursivo y su relación con la dimensión de género, y también
con la dimensión de raza. Garzón López diferencia las categorías de colo-
nialismo y colonialidad, centrándose en la colonialidad jurídica en el mar-
co del Proyecto de la Modernidad / Colonialidad / Decolonialidad, es decir,
desde una mirada contrahegemónica latinoamericana.
399
Para analizar la categoría de colonialidad jurídica, Garzón López propo-
ne utilizar el sustrato de la epistemología crítica del pensamiento decolo-
nial, con la referencia del derecho de los pueblos originarios como elemento
cuestionador de la modernidad jurídica y sus prácticas hegemónicas. Espe-
cíficamente, el autor retoma el concepto de colonialidad y la subdimensión
de colonialidad del poder propuesto por Aníbal Quijano y otros integrantes
de la academia latinoamericana a partir de la década de 1990. En este sen-
tido, la colonialidad supone un “patrón de dominación/explotación/control
entre colonizadores y colonizados” organizado sobre el eje raza/etnia y
atraviesa diferentes dimensiones de la vida social, entre ellos, poder, traba-
jo, conocimiento y género (Garzón López; 2018: 208). El autor resalta que la
colonialidad, a diferencia de la categoría de colonialismo, implica la imposi-
ción de un imaginario cultural y epistemológico europeo hacia los sujetos
colonizados, visibilizando así la “estructura lógica” del dominio cultural.
La subdimensión de la colonialidad del poder nos interesa también
dado que se organiza como un entramado, una red de múltiples redes,
niveles y lógicas distintas, y queda definida por “una heterarquía de múlti-
ples relaciones” (Garzón López; 2018: 209).
Con objeto de ampliar nuestros esquemas de reflexión, abordamos
la construcción de sentido promovida por las sentencias judiciales, con
la especial incidencia que sustentan las sentencias penales, recordando
que “las sentencias se presentan como la razón de verdad en la búsque-
da de la verdad instrumental y no en la búsqueda de verdad como valor”
(Foucault; 2001). Es a partir de ello que nos proponemos situarnos, res-
pecto de las sentencias, desde la perspectiva del análisis crítico del dis-
curso según Teun Van Dijk (2009).
Para Van Dijk, el análisis crítico del discurso (ACD) es una “investiga-
ción analítica sobre el discurso que estudia el modo en que el abuso de
poder social, el dominio y la desigualdad son practicados, reproducidos,
y ocasionalmente combatidos, por los textos y el habla en el contexto so-
cial y político” (...), una disciplina que “espera contribuir de manera efectiva
a la resistencia contra la desigualdad social” (Van Dijk; 2009: 149).
400
En cuanto a la tarea de quienes se dedican a la investigación crítica del
discurso, Van Dijk aclara que muy seguido se encontrarán del lado de los
distintos grupos dominados socialmente, con quienes sentirán fuertes la-
zos de solidaridad y así lo declaran. El ACD es un tipo de investigación que
busca brindar poder a aquellos grupos que carecen de él con el objetivo
de “ampliar el marco de la justicia y de la igualdad sociales” (2009: 151).
En este sentido, la perspectiva del análisis crítico del discurso está
orientada hacia la visibilización, descripción y explicación de la incidencia
del discurso en la vida cotidiana, una acción epistemológica asociada a
la noción de poder diferencial característica de la modernidad, propuesta
por Giddens (2008) y las relaciones de poder que legitima y reproduce.
Giddens indica que bajo las condiciones de la modernidad ningún co-
nocimiento es conocimiento en el antiguo sentido, que igualaba el “saber”
con tener certeza. Esto se da debido a que las fundamentaciones preexis-
tentes de la epistemología han probado no ser infalibles. Además, el autor
señala que el concepto de “poder diferencial” es clave para comprender
la modernidad y los discursos institucionales modernos. El poder diferen-
cial implica que “la apropiación del conocimiento no se da en forma ho-
mogénea sino que frecuentemente es aprovechable diferencialmente por
quienes están en posiciones de poder, que pueden colocarlo al servicio de
intereses parciales” (Giddens; 2008: 51).
Para enmarcar los trabajos de reescritura resulta imprescindible repa-
sar algunas recomendaciones del Feminist Judgment Project (Crawford,
Stanchi y Berger; 2018; Hunter McGlynn y Rackley, 2010). El Proyecto de
Reescritura de Sentencias en Clave Feminista, retomado por Julieta Cano
(2017) nos convoca a poner especial atención a: 1) la presencia de es-
tereotipos de género; 2) la existencia de una historización de los hechos
en causas que involucren a las mujeres; 3) la visibilización del contexto
de opresión. Consideramos que resulta indispensable repensar los argu-
mentos y fundamentos de las sentencias con base en dichos parámetros.
Por último, resulta pertinente enmarcar la idea de reescritura desde un
análisis de índole interpretativo de la realidad (Denzin y Lincoln; 1994)
401
desde el cual la actividad del sujeto observador/investigador/cognoscen-
te se constituye en una actividad situada, que ubica quien observa en el
mundo convirtiendo a este último en una serie de representaciones. En
este sentido, lejos de despojarnos de definiciones políticas y reflexiones
epistemológicas (Vasilachis de Gialdino; 2003) las retomaremos para vol-
ver aún más contundente nuestro posicionamiento metodológico.
En función de lo expuesto, nuestro objetivo general tiene que ver con
justificar y promover la reescritura de las sentencias en clave feminista
incorporando una metodología apropiada a tal fin; en tanto que los ob-
jetivos particulares se orientan hacia el análisis crítico de las sentencias
judiciales incorporando categorías como colonialidad, poder, discurso,
perspectiva de género, representaciones sociales y vida cotidiana.
Finalmente, nos interesa resaltar que, desde los marcos teórico-meto-
dológicos expuestos, nos proponemos avanzar en los ensayos de líneas
de acción que permitan reflexionar/ampliar/modificar/ proponer más y
mejores políticas públicas incorporando los alcances del Poder Judicial,
orientadas en la acción movimientista feminista a fin de generar antece-
dentes de práctica jurídica en clave de género (Ríos Everardo; 2010).
Antecedentes
Debemos retomar aquí aquellos antecedentes que dieron lugar a la idea
de promover la reescritura de sentencias; esto fue a partir de conocer
la experiencia de un grupo de profesionales y académicas canadienses,
quienes observaron con preocupación el avance de la jurisprudencia de
aquel país en la materia. En ese contexto, deciden poner en marcha la re-
escritura de decisiones del Tribunal Superior de Canadá, específicamente
sobre la cláusula de igualdad de la norma fundamental allí vigente.
En el año 2007 el Proyecto de Reescritura de Sentencias Feministas
del Reino Unido tuvo una aproximación más amplia y emitió una invitación
general a las académicas del derecho feministas para que escribieran
sentencias feministas alternativas en cualquier rama del derecho inglés
(Hunter; 2019). Quienes fueron parte de aquella convocatoria eligieron un
402
conjunto de sentencias que deseaban reescribir y seleccionaron casos
en los cuales observaban problemáticas en materia de género a resolver.
Desde la reflexión y el pensamiento crítico, se propusieron redactar
sentencias alternativas como si hubieran formado parte del órgano de-
cisor al momento de dictar sentencia, poniendo en práctica la teoría fe-
minista y aplicándola al hecho concreto. El objetivo fue demostrar que,
incluso al momento de la sentencia original, el caso se podría haber razo-
nado y resuelto de manera diferente (Hunter; 2019) si se contaba con la
debida perspectiva de género.
Este tipo de metodología feminista resulta un gran aporte para proble-
matizar y cuestionar el derecho, y en este caso particular, a las sentencias
como portadoras de sentido.
Avances
Motivadas por nuestras dudas e inquietudes decidimos establecer líneas de
análisis para avanzar en pos de la reescritura de sentencias. Para ello hemos
recurrido a categorías conceptuales que nos permitieran correr los márge-
nes de la reflexión y acercarnos a la posibilidad de construir conocimiento.
Sobre la base de la lectura preliminar de sentencias como la de Lucía
Pérez (Mar del Plata; 2018) y Marcela Mendoza (La Plata; 2017) pudimos
observar la ausencia de perspectiva de género. En las distintas etapas reco-
rridas del proceso judicial, en cada caso, encontramos el abandono de ins-
tancias como la historización de los hechos, la escucha de la voz de quien
se enuncia como víctima o la valoración de la prueba en relación al contex-
to de violencias por razones de género en el que el mismo se desarrolló.
En el propio devenir del proceso de investigación ocurrió algo impor-
tante: a medida que fuimos recabando datos o información sobre estas
situaciones y que ampliamos nuestro universo conceptual en pos del
análisis, nuestros objetivos se transformaban. Al momento de transitar y
avanzar de aquello que dimos en llamar momento uno (lectura/análisis)
hacia el momento dos (reescritura), iba emergiendo –hacia el interior de
nuestro equipo– la inquietud por construir algún tipo de indicador que sir-
403
viera de soporte conceptual y técnico, y que facilitara la tarea de analizar
concretamente la existencia o no de perspectiva de género en la sentencia
seleccionada. Así fue que definimos revisar nuestro objeto, definiendo un
momento previo a la reescritura, aunque posterior al análisis, al que defini-
mos como armado de la matriz de análisis de sentencias, entendida como
una herramienta contenedora de los parámetros a partir de los cuales
podemos visualizar si una sentencia recoge la perspectiva de género, y a
la cual ubicamos como modelo-guía planteando cuestiones de mínima a
tener en cuenta a la hora de analizar, redactar y reescribir una sentencia.
Como equipo de trabajo reconocemos que habitamos dentro de un
sistema de dominación de tipo capitalista-patriarcal, –en tanto estructura
social e histórica de dominio institucionalizado– del que las instituciones
del poder judicial no escapan. Y que por tanto, es preciso revisar, cues-
tionar y eventualmente reconstruir, con objeto de alterar la producción y
reproducción de determinadas relaciones de poder.
Para favorecer estas instancias de posibilidad, encontramos la cons-
trucción y/o ampliación de la matriz de análisis de sentencias con objeto
de favorecer el análisis crítico del discurso que subyace en la administra-
ción de justicia y que en tanto discurso construye y reconstruye sentido e
imaginario social; todo lo cual se traduce en un impacto subjetivante de
la vida cotidiana de todos y todas las personas que vivimos en sociedad.
Por ello hacemos énfasis en la opción/posibilidad de construir elemen-
tos, herramientas, técnicas que nos permitan, no solo al conjunto de pro-
fesionales intervinientes en la materia sino a la sociedad toda, disputar
esos sentidos. Una herramienta/técnica, pero que pueda ser utilizada en
ámbitos comunitarios y que permita revisar y supervisar sentencias en
términos generales a efectos de asegurar no solo el acceso y accesibili-
dad a la administración de justicia, sino también el cumplimiento de los
compromisos asumidos en materia de derechos humanos por el estado
argentino.
404
Reflexiones finales
El acceso a la justicia es una de las cuentas pendientes para las mujeres
y LGTBI+ en lo que respecta a situaciones de violencia por razones de
género. Reconocer los derechos de las mujeres como derechos humanos
llevó a la aprobación de normativa internacional específica en la materia.
Si bien la agencia penal rara vez podrá dirimir situaciones que no se re-
suelven en el ámbito de la comunidad, lo cierto es que en lo que respecta
a delitos atravesados por la cuestión de género, los órganos decisorios se
encuentran alejados de la aplicación de las leyes nacionales e internacio-
nales de reconocimiento de derechos. Es más, continúan perpetrando las
relaciones de poder asimétricas entre los géneros.
Incorporar la perspectiva de género en las fundamentaciones y ar-
gumentaciones de las sentencias judiciales resulta fundamental para
asegurar el cumplimiento de los compromisos asumidos por el estado
argentino y, especialmente, para garantizar el derecho a vivir una vida libre
de violencias. Las sentencias judiciales son creadoras y portadoras de
sentidos, resignifican y deben hacer lugar a las historias de quienes han
sido víctimas. Por ello resulta necesario afirmar que la (re)escritura de
sentencias en clave de género colabora en visibilizar prácticas discrimina-
torias por motivos de género y es compatible con el accionar judicial en el
camino de búsqueda de justicia.
La perspectiva de género entendida como principio rector y su incor-
poración en las decisiones judiciales trae como resultado la resignifica-
ción de las historias y relatos de las mujeres y disidencias, entendiendo
que la resolución de un caso en sede judicial no es única, sino múltiple
(Cano; 2017). Garantizar la igualdad de género en dichas decisiones in-
dudablemente dependerá de que la visión de género se enmarque en la
normativa específica existente, en clave de derechos humanos, a la cual
nuestro país se ha obligado a cumplir jerarquizando tratados a nivel inter-
nacional y regional en la materia.
Queda el desafío de avanzar aún más allá, delineando los principios
rectores necesarios para la construcción de una matriz de análisis de sen-
405
tencias, como lo hemos desarrollado en el presente artículo de manera
preliminar, con el fin de visibilizar prácticas discriminatorias y coadyuvar
en el reconocimiento de derechos.
406
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408
MESA 3 · Estrategias jurídico-legales/litigio feminista
Introducción
186 Licenciada en Psicología. Integrante del programa Acercar Derechos, Región interior, que
pertenece al Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. vaninacalvo@[Link]
187 Abogada y profesora en Ciencias de la Educación. Integrante del programa Acercar Dere-
chos, Región interior, que pertenece al Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad.
[Link]@[Link]
188 Licenciada en Trabajo Social. Integrante del programa Acercar Derechos, Región interior,
que pertenece al Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad. [Link]@[Link]
409
allanar el camino sobre un terreno hostil, patriarcal y elitista como lo es el
ámbito del Poder Judicial y del Ministerio Público.
Entendemos que el derecho y la justicia no solo no son ajenos al sis-
tema patriarcal, sino que actúan como legitimadores del androcentrismo
social y cultural. Evaluamos que aquí es donde se produce una encruci-
jada, ya que, si bien las relaciones de poder han sido reproducidas por
la justicia, dependemos de ella para garantizar el respeto a los derechos
humanos. En nuestro caso, mujeres cis y personas del colectivo LGTBI+.
Y que, dentro de la violencia por motivos de género, la violencia eco-
nómica fue y sigue siendo invisibilizada, no solo por las mismas personas
que la transitan sino por los diferentes organismos estatales, que suelen
intervenir desde los sesgos e ideas estereotipadas de qué les correspon-
de a las mujeres y a los hombres.
El presente escrito se propone el análisis de diferentes situaciones de
violencia económica, en donde es posible vislumbrar el impedimento de
acceso a la justicia, así como también la falta de perspectiva de género
en las estrategias desplegadas para hacer frente a dichas situaciones.
Asimismo, encontramos que es imperiosa una aproximación a la cons-
trucción de información que nos permita pensar las intervenciones que
realizamos en materia de acompañamiento y asesoramiento a personas
en situación de violencia por motivos de género, especialmente cuando
es económica y/o patrimonial.
Desarrollo
¿Cuándo, de qué forma, y en qué medida el patriarcado se infiltra
en las decisiones del derecho y la justicia?
Las intervenciones en materia de violencia por motivos de género se van
actualizando de manera constante debido a que las realidades van cam-
biando o que se hacen visibles desigualdades que antes no eran percibi-
das. La ley de protección integral a las mujeres (26485) sancionada en el
año 2009 describe en sus Arts. 5° y 6° los tipos y modalidades de violen-
410
cia respectivamente. Respecto de estos, hay algunos que son más au-
toevidentes para la toma de decisión estatal y otros que lo son en menos
medida. Observamos que, por ejemplo, cuando la violencia por motivos
de género se presenta en el ámbito doméstico y es de tipo física, las res-
puestas institucionales apuntan –con absoluta celeridad y eficiencia– a
garantizar el derecho a la integridad física de la persona expuesta a esa
violencia. Lo hacen a través de las medidas de protección impuestas, ta-
les como restricción de acercamiento, cese de hostigamiento, custodia
policial, botón antipánico, entre otras. Sin embargo, estas mismas ins-
tituciones no responden de ese modo cuando ocurre en el ámbito do-
méstico pero la violencia por motivos de género es de tipo económica
y/o patrimonial, ni aún con participación de niños, niñas, o adolescentes
en la situación de violencia. No es usual que se tomen medidas de cuota
de alimentos provisorias, sino que se solicita que se inicien las acciones
de fondo en un expediente separado del de Protección sobre la violencia
familiar, cuando bien podrían ya tomar la medida y que luego, efectiva-
mente, el expediente de alimentos tome su curso.
A la hora de reflexionar sobre esta disparidad, creemos necesario reto-
mar aquella mención inicial acerca del atravesamiento ideológico de las
instituciones y de la fuerte impregnación del patriarcado en sus lógicas
de funcionamiento: las tareas de cuidado son patrimonio exclusivo y res-
ponsabilidad absoluta de las figuras que ejercen roles maternales. Y por
ello se les demanda que sean garantes de la satisfacción de las necesida-
des alimentarias, educativas y sanitarias de sus hijes.
Con respecto a la responsabilidad de crianza, las figuras parentales
pueden –o no– asumir esa obligación como propia, quedando su deci-
sión sujeta a su motivación, voluntad, o disposición emocional. Esta po-
sibilidad de aceptar o rechazar las obligaciones parentales, cumplirlas o
no cumplirlas, encuentra eco y respaldo en las instituciones, las que se
convierten en aliadas de la violencia.
En esta mirada del derecho y la justicia, subyacen preceptos básicos
del sistema patriarcal: la mujer, subsumida al mundo doméstico y priva-
411
do, cuya principal fuente de realización personal debe reducirse al rol de
la crianza; y el varón, cuya masculinidad es ratificada en el ejercicio de
la libertad, el despliegue en la vida pública y la patrimonialidad del poder
económico familiar.
Según los datos brindados por el Ministerio de las Mujeres, Políticas
de Género y Diversidad Sexual, en su informe 2022, “Incumplimiento de la
Obligación Alimentaria”, el 66.5 % de las mujeres encuestadas no recibe
obligación alimentaria o solo la percibe eventualmente. Y en las situacio-
nes en las que el progenitor cumple con la obligación alimentaria, el dine-
ro aportado es escaso e insuficiente para cubrir las necesidades de les
hijes en común.
Aquí es posible identificar que el pedido de alimentos a los progenito-
res aparece como última instancia frente a las dificultades económicas
de sostenimiento del hogar, más que como cumplimiento de la obligación
parental de estos.
Las tareas de cuidado en la rutina cotidiana (garantizar alimentación,
tareas y reuniones escolares, controles médicos, compra de vestimenta,
etc.) recaen bajo la responsabilidad de las mujeres, sean estas las proge-
nitoras, las abuelas (generalmente maternas) o las hijas mayores.
Los progenitores tienen la posibilidad de manifestar “no poder” hacer-
se cargo del cuidado, ya que este está garantizado en primera instancia
por la madre y su red de contención primaria. El asunto es que no pueden
garantizar un régimen de comunicación más igualitario pero tampoco
pueden cumplir con la obligación de la cuota de alimentos. Y todo ello
recae en la figura materna. Nos preguntamos siempre: ¿cómo es que los
varones incumplidores pueden alegar que no les alcanza, siendo que ni
siquiera pasan tiempo extendido con sus hijes? Si las mujeres no solo
deben, sino que pueden hacer ambas.
El incumplimiento de la obligación alimentaria constituye una situa-
ción de violencia por motivos de género, entendiendo que esta situación
produce pérdida de autonomía y muchas veces el control del dinero se
transforma en herramientas de dominio, manipulación y extorsión. Esta
412
violencia de tipo económica es la menos visibilizada por las personas que
atraviesan situaciones de violencia. Ya que también se supone que les
hijes son responsabilidad exclusiva de la madre. Entonces, en ese sentido,
el primer camino a desandar es poder visibilizar y explicarle a la persona
que la cuota no es para ella, como muchos agresores les hacen creer, y
que no debe sentir miedo o culpa de solicitarla. Nuestro objetivo es que
empiecen a pensar la cuota de alimentos como una obligación como pro-
genitor/a y como un derecho que tienen las infancias y adolescencias.
Asimismo, buscamos que entiendan la desventajas de no contar con di-
cho monto y la importancia de reconocer todo el trabajo no remunerado
que constituyen las tareas de cuidado diario, y más aún si son asumidas
exclusivamente por una persona.
Ahora bien, una vez que se logra que esa violencia se haga visible, te-
nemos otra gran dificultad que son las condiciones objetivas que dificul-
tan el acceso a la justicia, haciendo del trámite de la cuota de alimentos
una verdadera misión imposible.
Podemos mencionar que el principal obstáculo que dificulta el acceso
de justicia para determinar el cobro de la obligación de cuota alimentaria es
la falta de información, en cuanto al desconocimiento del marco normativo
en la materia y su posterior acceso a contar con patrocinio jurídico gratuito.
Aquí se hace visible la interseccionalidad de opresiones, ya que la ubi-
cación social y económica de cada persona va a estar influenciada en el
acceso o no a derechos.
Mencionando nuevamente el informe “Incumplimiento de la Obliga-
ción Alimentaria”, es posible vislumbrar que el 65 % de las encuestadas
responde que desconoce centros de atención, asesorías familiares o cen-
tros de acceso a la justicia donde ser asesoradas.
413
Mar del Plata, en donde las personas siguen siendo revictimizadas y no ob-
tienen respuestas adecuadas, esto es, que garanticen su real acceso a la jus-
ticia. Asimismo, las respuestas desde lo judicial no tienen en cuenta, muchas
veces, la protección de la persona que atraviesa situaciones de violencia.
Para poder contar con patrocinio jurídico gratuito, en varias ocasiones
las personas son expulsadas de una institución a otra. Desde las Defenso-
rías civiles las mandan al Consultorio gratuito del Colegio de Abogados/
as y viceversa, desgastando los recursos y el tiempo de quien acude y
arrojándola a desertar el trámite de la cuota de alimentos.
Existen muchas situaciones donde se toman las decisiones sin tener
en cuenta la perspectiva de género que obliga a que, en cualquier tipo de
causa, se tenga en cuenta la diferencia de poder y se puedan eliminar los
estereotipos basados en el género, así como también proteger a quien
denuncie situaciones de violencia.
En una situación en particular, que llamaremos “A” para evitar exponer a
las personas, el Poder Judicial, a través de un Juzgado de Familia, deja sin
efecto una medida de restricción de acercamiento para que se lleve a cabo
una revinculación del progenitor con su hijo. Consideramos que se puede
garantizar el cumplimiento de los derechos de las infancias e incluso del
padre, sin dejar de proteger a la mujer. Más aun habiendo otras maneras de
llevarlo a cabo, como por ejemplo que lo lleve una persona externa.
Cuando se le consulta a quien tomó la decisión de remover la medida,
la respuesta que otorga es que la revinculación era en un espacio abierto
(shopping) con cámaras. Como si estar en un espacio público garantizara,
per se, que la persona en situación de violencia no tenga miedos subjetivos
y no se encuentre expuesta. Claramente no se toma en cuenta el estado
en que se encuentra quien atraviesa situaciones de violencia y se siente
vulnerable y débil frente a una figura que la violenta, incluso si hay cámaras.
En esta situación en la que se ventilaban cuestiones de cuidado y cuota,
tuvimos acceso a un informe de la trabajadora social donde destacaba con
harto énfasis que el padre pasaba la cuota de alimentos (de cinco mil pesos
semanales). Como si cumplir con una obligación fuera algo a destacar. No
414
obstante, no se destacaba en ningún lado que la madre pasaba la totalidad
de su tiempo y aun así se las ingeniaba para que a su hijo no le faltaran
alimentos, ni ropa, ni juguetes de esparcimiento, entre otras.
Lo mismo sucedió en otra situación, a la que llamaremos “B”, en la cual,
existiendo una restricción de acercamiento vigente, la Defensoría Civil citó
a la mujer y a la persona agresora en el mismo lugar y hora para llevar a
cabo un acuerdo extrajudicial de alimentos. La respuesta que se nos otor-
ga cuando reclamamos el incumplimiento por el mismo Ministerio Público
es que a la audiencia iban a acudir policías y eso garantiza que la mujer
no tenga miedo. Reiteramos que el miedo es subjetivo y que es el mismo
organismo estatal quien incumple una orden emanada por el poder judicial.
Por último, una práctica recurrente que se llevó a cabo en varias si-
tuaciones acompañadas es que los acuerdos que realiza la Defensoría
Civil, en los que se arriba a un acuerdo sobre cuota de alimentos, no son
homologados de manera posterior. Y ello hace que la mujer no tenga una
protección adecuada, ya que ni siquiera puede reclamarlo ante el juzgado
de familia, porque no hay expediente. La respuesta que se nos otorgó, por
teléfono, a un reclamo de esta índole fue que si se homologaran todos los
acuerdos de alimentos, colapsaría el poder judicial.
En una situación específica, que llamaremos “C”, la mujer llega a un
acuerdo de alimentos con la Defensoría, que al mes comienza a ser in-
cumplido por el alimentante. Debido a que no puede plantear incumpli-
miento porque no se encuentra homologado es que acude a la Defensoría
nuevamente. De aquí la mandan al Colegio de Abogadas/os y éste último
la vuelve a devolver con la Defensoría.
A nivel general, las problemáticas con las que más nos encontramos son:
• Existe ausencia de criterios uniformes y regulados para el acceso y pa-
trocinio gratuito.
• La oferta no es suficiente para garantizar acceso a la justicia.
• Enfoque adversarial entre progenitores/as, en vez del interés superior
del niño.
• Ausencia de perspectiva de género.
415
• Segmentación y demoras en los procesos.
• Obligación tarifada y actualización: el 56 % de las encuestadas refieren
que no existen mecanismos de actualización.
• Ausencia de homologación de los acuerdos de alimentos realizados por
la Defensoría.
• Obstáculos para la ejecución de la obligación alimentaria: informalidad
laboral o económica, imposibilidad de notificación o demoras en la no-
tificación.
Consideraciones finales
Mientras que en la mayoría de los acuerdos se pautan días, horarios y
cuota económica para los progenitores, las madres son las que continúan
comprometiendo la totalidad de su tiempo, cuidado y dinero en la satis-
facción de las necesidades de sus hijes, siendo que sus salarios son infe-
riores a los de los varones.
Consideramos que, para brindar una respuesta adecuada, es necesa-
ria la articulación entre todos/as los/as agentes estatales en un sentido
de corresponsabilidad en el diseño e implementación de una estrategia
integral de acompañamiento. Ello con el objetivo de lograr una interven-
ción eficaz respecto de las responsabilidades de cada organismo, garan-
tizando el respeto por los derechos humanos de todas las personas.
Si bien la temática vinculada a las desigualdades de género es univer-
sal, es oportuno aclarar que el acompañamiento integral de las mismas
demandan un tipo de labor “artesanal”, ya que cada situación es diferente
y requiere de respuestas específicas para cada una de sus particularida-
des. A la hora de implementar las decisiones que devienen del análisis
de las particularidades de cada situación, en este punto, es donde nos
encontramos con verdaderos obstáculos: la irrupción de respuestas ins-
titucionales –muchas veces inconexas, incoherentes, inoportunas– que
promueven un deficiente funcionamiento institucional, aproximándose a
estrategias que hacen inefectivos ciertos derechos.
416
Bibliografía
417
MESA 4
Violencia mediática
y discursos de odio
Mercedes Yurec
Lic. en Comunicación Social. Integrante de la Dirección Provincial de Investigación,
Planificación y Gestión de Políticas Públicas contras las Violencias por Razones de Género
418
Finalmente, Delgado recupera una línea trabajada en el congreso ante-
rior (2021) y publicada en su respectiva compilación (2022): el atentar dis-
cursivamente contra los Ministerios de las Mujeres, Políticas de Género y
Diversidad, entendiéndolo también como un caso de violencia mediática
en el que se pone en tela de juicio el financiar políticas de género y gestión
menstrual con fondos públicos. Allí, la autora pretende construir subjeti-
vidad en torno a los marcos de legitimidad que tenemos los organismos
que trabajamos las políticas de género desde un análisis discursivo. Su
importancia y vigencia también recae en la cita de antecedentes que in-
corporan la Compilación del I Congreso “Estado Presente: Políticas Públi-
cas contra las Violencias por razones de Género”, como una producción
de artículos de un alto nivel.
De este modo es que podemos pensar en la construcción de discursivi-
dades que habilitan a los discursos de odio para masificarlos, convirtiéndo-
los en violencia mediática en torno a temas políticos y de género: poniendo
en cuestionamiento si es grave o no un intento de magnicidio femicida, pre-
guntándose sobre la necesidad de organismos que trabajen las políticas de
género y la permisividad sobre los medios que promulgan estos mensajes
violentos que no hacen más que atentar (desde espacios simbólicos de
construcción de mensajes) contra todas las mujeres y diversidades. En-
tendemos que allí recae la gran importancia de este eje temático: construir
nuevos marcos de sentido y legitimidad ante los cuestionamientos antife-
ministas y en contra del avance de las políticas de género.
419
MESA 4 · Violencia mediática y discursos de odio
Introducción
En esta exposición se pretende analizar el atentado contra la vicepresi-
denta Cristina Fernández de Kirchner, en el que podría considerarse el
hecho de violencia política más grave desde el retorno de la democracia
en la Argentina. Es que, como dijo la mandataria, “la gran construcción
democrática que se había inaugurado con el fin de la dictadura militar, se
quebró por primera vez el primero de septiembre [de 2022]”. Según ella,
ese acuerdo democrático tácito y también expreso, consistía en que nin-
gún argentino ponía en peligro su vida por opinar, por militar, por pensar
diferente. A nadie se le deseaba la muerte por pensar diferente, ni siquiera
a aquellos que habían hecho de la muerte un instrumento político.
Desde esta perspectiva, se entendería al intento de magnicidio como la
420
culminación de un proceso de transformación de los discursos de odio en
actos concretos y, al mismo tiempo, el atentado representaría un acto de
violencia de género per se, con un sentido aleccionador dirigido hacia las
mujeres que hacen política. Ante este escenario, se proponen algunas líneas
de acción para salir de la encrucijada que presenta el clima político y social.
Con el afán de elaborar una teoría explicativa, este suceso podría en-
tenderse como parte de un proceso de radicalización, en el que se distin-
guen ciertos elementos característicos: 1) una base social descontenta,
identificada con el fascismo; 2) los medios masivos de comunicación y
las redes sociales como propagadores, y 3) un sector del arco político
que actúa de manera irresponsable. Todo esto contribuiría a generar un
ambiente propicio para el desarrollo de expresiones concretas de odio,
que traspasan el ámbito del discurso y se convierten en hechos tangibles
como el atentado que se estudia.
Análisis
En el mes de mayo de 2022, el grupo Revolución Federal empezó a operar,
encabezado por Jonathan Morel. Se hicieron conocidos por los escraches
a diputados y senadores del Frente de Todos y del Frente de Izquierda, así
como a ministros del gabinete nacional; pero también por ir con guilloti-
nas a las protestas contra el gobierno.
Entonces, la aparición de este grupo coincidió con el primer elemento
identificado: una base social descontenta identificada con el fascismo.
En un posteo que hizo Leonardo Sosa, otro referente de la organización,
señaló que se trataba de una agrupación que “hace activismo en la calle”
y que “es un grupo de reacción, le damos voz a quienes no se sienten
representados”. La agrupación, que tendría alrededor de 60 integrantes,
convocaba a través de las redes sociales argumentando que buscaban
“gente que esté harta de este sistema, que labura hace mucho, de cual-
quier edad, hay jóvenes, jubilados, gente de 30, 40 años, todas las ideolo-
gías, hay libertarios, macristas, incluso peronistas. Pero a todos nos une
421
el repudio contra el kirchnerismo”190. Uno de sus referentes alegaba: “Yo
no estoy hablando de respeto, no tenemos vergüenza de decir que no
vamos con traje y propuestas. Vamos al cruce directo. Yo no digo que
queremos respeto ni amor y paz”.
No es novedad que existe desde hace un tiempo un resurgimiento de
lo que se ha denominado la “derecha neofascista”, una tendencia que pa-
rece ir en ascenso y se expande a lo largo y ancho del planeta. Algunas
teorías califican a estas expresiones como reaccionarias, ya que surgirían
como respuesta a la proliferación de ideas progresistas: la quinta ola fe-
minista como fenómeno mundial operaría como desencadenante de una
reacción conservadora. Estos grupos sostendrían que los feminismos y
otros movimientos “de izquierda”, como los antirracistas, se presentan
como una amenaza a sus condiciones de vida y como tales merecen ser
anulados. En este escenario, las redes sociales y los medios operarían
como un caldo de cultivo propicio para el surgimiento de organizaciones
que, con intereses afines, buscan recuperar aquella posición dominante
que les habría sido injustamente arrebatada.
Luego aparece el segundo elemento, el rol de los medios masivos de
comunicación como amplificadores y cómplices de esos discursos, sin
caer en el facilismo de responsabilizarlos por los actos de sus públicos:
numerosas autoras y autores han demostrado que primero pensamos y
luego consumimos medios que refuerzan nuestras ideas. Sin embargo,
no puede negarse la influencia que ejercen estos medios a través de re-
des sociales y otros canales más tradicionales como la televisión o la
190 Citado en la nota “Atentado contra Cristina Kirchner: cómo opera Revolución Federal” del
21/10/2022, disponible en : [Link]
mo-opera-revolucion-federal-el-vi
422
prensa impresa. Como sostiene la investigadora Natalia Aruguete191:
191 Doctora con mención en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Nacional de
Quilmes (UNQ). Magíster en Sociología Económica (IDAES-UNSAM). Investigadora del CONICET y
becaria desde 2004. Ha realizado una estancia de investigación en la Universidad de Salamanca, Es-
paña (2006). Es profesora de la UNQ. Su línea de investigación se centra en el estudio de las agendas
política, mediática y pública, desde las teorías de la Agenda setting, el Framing y el Indexing.
192 Este artículo forma parte del libro digital “Argentina en Internet”. Disponible en [Link]
[Link]/el-fantasma-de-las-fake-news/
423
elemento que se sumaría a los grupos descontentos y los medios pro-
pagadores es un sector del arco político que actúa de manera, cuanto
menos, irresponsable. Como sostiene el investigador Daniel Feierstein193,
a partir de la desaparición de Santiago Maldonado el primero de agosto
de 2017, se dio inicio a una nueva etapa del escenario político donde el
partido mayoritario de la actual oposición (pero que en ese momento era
oficialismo), la Alianza Cambiemos, rompió el que hasta ahora se venía
sosteniendo como pacto de convivencia. Esto es, repudiar las muertes
por motivos políticos, independientemente de las filiaciones partidarias.
De allí a esta parte, han surgido en varias oportunidades discursos ne-
gacionistas y relativistas. En aquel momento, luego de que apareciera el
cuerpo del joven anarquista, quien fuera la Ministra de Seguridad y es ac-
tualmente la Presidenta del PRO, sostuvo que Santiago Maldonado “se
ahogó”, a pesar de las numerosas pruebas que darían cuenta de la res-
ponsabilidad de la Gendarmería Nacional en dicho resultado. Más ade-
lante, en octubre de 2020 la diputada provincial mendocina del PRO Hebe
Casado aprovechó la difusión de la cifra de 30.000 víctimas fatales de la
epidemia de coronavirus para hacer declaraciones negacionistas respec-
to del número de desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar
“Son 30.000, no como los otros 30.000”. A esto se suma Nelly Morales,
intendenta macrista que en marzo de 2022 negó los 30.000 desapareci-
dos y el terrorismo de Estado. Luego siguió la mismísima Patricia Bullrich,
que reclamó una “memoria real” de lo sucedido. En Santa Fe y Córdoba
replicaron la dinámica el senador de la UCR Lisandro Enrico y el diputado
nacional del PRO Gabriel Chumpitaz. Por su parte, militantes del PRO van-
dalizaron la estación de subte Rodolfo Walsh y legisladores porteños que
responden a Javier Milei y Ricardo López Murphy se negaron a acompa-
ñar el repudio al terrorismo de Estado.
193 Sociólogo e investigador argentino, especialista en el estudio de las prácticas sociales geno-
cidas. Presidió la International Association of Genocide Scholars durante el período 2013-2015
424
Cronología de una impunidad anunciada
A medida que transcurrió el tiempo posterior al atentado, la configuración
de estos elementos fue variable. En los 60 días posteriores al aconteci-
miento, sucedieron hechos que hacen parecer al tercer elemento, cuanto
menos, inocente: todo indicaría que se trata no de un “caldo de cultivo”
sino ya de una receta donde cada ingrediente fue específicamente pen-
sado. Como sostiene la periodista Ivana Muzzolón (2022)194, existe un
avance de las posiciones de una derecha que está dispuesta a achicar las
distancias entre sus discursos de odio y las acciones de aniquilamiento
llegando al punto de intentar un magnicidio.
A continuación, se relatan los acontecimientos más relevantes en tor-
no del suceso, que permitirían hablar no ya de irresponsabilidad sino lo
contrario: Responsabilidad o, en el mejor de los casos, complicidad.
18 de agosto. Brenda Uliarte participa de una marcha impulsada por
Revolución Federal a la Casa Rosada. Esa noche arrojaron antorchas en-
cendidas y bombas molotov a la sede de gobierno.
19 de agosto. Dos semanas antes del ataque a Cristina, el diputado
Gerardo Milman, que actúa como vicepresidente del PRO en la Cámara
de Diputados, presenta un extraño proyecto en el que decía textualmente
“no vaya a ser que algún vanguardista iluminado pretenda favorecer el
clima de violencia que se está armando, con un falso ataque a la figura de
Cristina, para victimizarla”.
23 de agosto. Horas después del alegato del fiscal Diego Luciani en la
causa Vialidad, Uliarte y Sabag Montiel reclaman violentamente en la puerta
de la vivienda de la Vicepresidenta. Además hacen inteligencia en la zona.
28 de agosto. La abogada de Sosa y Guerra, posteriormente deteni-
dos en la causa, alquila una habitación a Ximena Tejanos Pinto, la famosa
vecina de la Vicepresidenta, cuya casa también visitaron Guerra y Sosa.
425
1 de septiembre. Atentado. En ese momento fue detenido por el per-
sonal policial Fernando Sabag Montiel.
4 de septiembre. La Policía Federal detuvo a Brenda Uliarte, la novia
de Sabag Montiel.
14 de septiembre. Carrizo es detenido luego de que en su celular se
encontraran conversaciones anteriores al ataque fallido en las que ya ha-
blaba sobre la idea de matar a la Vicepresidenta y otras posteriores, vin-
culadas con la voluntad de ocultar material probatorio; incluso hablaba de
una pistola que él supuestamente les había dado a los agresores y que no
se utilizó para el ataque.
20 de octubre. Los miembros de Revolución Federal Jonathan Morel,
Leonardo Sosa, Gastón Guerra y Sabrina Basile son detenidos por incitación
a la violencia e instigación a cometer delitos, luego de que saliera a la luz que
Morel, una socia y una expareja habían recibido por lo menos 8,7 millones
de pesos de dos fideicomisos de la empresa Caputo Hermanos (la investi-
gación es diferente a la de la causa que investiga el intento de magnicidio).
22 de octubre. Jonathan Morel admitió ante la justicia que recibió 13
millones del Grupo Caputo por unos muebles que no fabricó. Resulta du-
doso que alguien que se puso una carpintería en Boulogne en 2021 fuera
contratado por una empresa de la envergadura de Caputo Hermanos, jus-
to ligada a la familia del exministro, y para una obra en Neuquén, a más de
1000 kilómetros de distancia.
23 de octubre. Punto de inflexión: un testigo clave –empleado de un di-
putado del Frente de Todos, Marcos Cleri–, declaró bajo juramento que Mil-
man, vicepresidente del bloque PRO en Diputados, ya sabía el 30 de agosto
que dos días más tarde se iba a cometer el atentado contra Cristina Kirchner.
26 de octubre. Recién un mes después Capuchetti llamó a testimoniar
a las dos mujeres referidas, quienes primero negaron la reunión y luego de
ver las cámaras admitieron haber estado allí. Una de las mujeres, Gómez
Mónaco, fue la directora de la Escuela de Inteligencia Criminal durante el
gobierno de Mauricio Macri.
4 de noviembre. Las y los detenidos son liberados.
426
10 de noviembre. CFK anuncia que recusará a la jueza federal María
Eugenia Capuchetti por paralizar y boicotear la investigación. Además, in-
volucra a Milman como partícipe por supuestamente haber mencionado
que alguien la mataría, y remarca que no fue llamado a declarar a pesar
de las pruebas en su contra.
17 de noviembre. Primera aparición pública masiva de CFK después del
atentado, en un acto multitudinario en el Estadio Único de La Plata. Al hablar,
hizo referencia al proyecto presentado por el diputado macrista Milman:
Anunciaba, casi como una suerte de adivino, que un loco podía atentar
contra mi vida. A mí me impresionó mucho la última frase: ‘Sin Cristina,
hay peronismo. Y sin peronismo, sigue habiendo Argentina’. En esa frase
estaba condensado el objetivo de siempre: suprimir al peronismo.
427
este contexto, el intento de femicidio se leería como un mensaje aleccio-
nador dirigido a todas las mujeres que hacen política.
En aquel discurso, Cristina Kirchner también habló en general de la
violencia machista y del rol del poder judicial en la perpetuación de esta:
Ni que hablar en todo lo que es violencia, ni que hablar en todo lo que por
ahí vemos, mujeres que 20 veces van al Poder Judicial, a la Justicia, no les
hacen nada y después aparecen muertas y nadie se hace cargo de nada.
En una sociedad democrática ¿Cómo puede que haya gente que decide
sobre la libertad y el patrimonio de los argentinos y sus cargos sean eter-
nos? ¿Qué tiene esto de democrático y de contemporáneo? Nada. Rémo-
ras y dispositivos de control de la voluntad popular.
428
esa sería la línea de investigación que va a seguir la causa195.
Conclusión
Cuando habló en el Estadio Único de La Plata, la Vicepresidenta terminó
su exposición diciendo que:
429
armar” que supo entonarse durante 10 días en la vigilia previa y posterior
al atentado, no es más que una reversión del clásico “Si tocan a una, nos
tocan a todas”.
430
Enlaces de referencia
[Link]
denta-cronologia-de-un-ataque-a-corta-distancia/
[Link]
tadio-lleno-el-discurso-completo/
[Link]
go-armando-maradona-de-la-plata/
[Link]
ner-las-claves-de-la-complicidad-ju
[Link]
denta-macrista-nego-los-30-000-
[Link]
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fa-comunal-cordobesa-nego-el-terrorismo-de-estado
[Link]
nista-impulsan-un-proyecto-par
[Link]
tal-de-ninos-platense-los-40000-euros-por-el-juicio-al-corriere-de-
[Link]
[Link]
[Link]
[Link]
431
MESA 4 · Violencia mediática y discursos de odio
Introducción
El rol de la mujer en los medios de comunicación ha evolucionado de la
mano de la masificación de los movimientos feministas, partiendo desde
el cuestionamiento de comportamientos machistas y la reproducción de
los mismos, la disparidad en el acceso a puestos de trabajo y la reformula-
ción de los contenidos. Sin embargo, pese a la sanción de la Ley Nacional
27499, Ley Micaela, en el año 2018, la Ley 27635 de Equidad de género en
los medios de comunicación, y la Ley de Servicios de Comunicación Audio-
visual, aún son muchas las dificultades que atraviesan las mujeres, tanto
al momento de ejercer la profesión como de ser las protagonistas de los
mensajes o incluso partícipes de diferentes situaciones mediáticas.
Lo mencionado anteriormente es considerado un avance en materia
de legislación; no obstante, aún en los diferentes medios se continúa de
432
forma persistente con la emisión de mensajes violentos, que reproducen
odio y construyen opinión pública y miradas sobre determinados hechos
socioculturales sin perspectiva de género. A su vez, comunican ideas pro-
pias como verdades absolutas, generan subjetividades discriminatorias y
en la mayoría de los casos lo hacen sin reparo ni sanción alguna.
En términos de políticas públicas, la capacitación obligatoria en mate-
ria de género en los medios de comunicación de gestión privada es aún
algo que no sucede. Por ende, la comunicación no presenta reformula-
ción en los contenidos ni cuestiona los mandatos patriarcales, sino que
por el contrario, todavía en un gran porcentaje contribuye a la desigualdad
y la discriminación. Ante esto surge la demanda de generar áreas de pre-
vención, contención, y protocolos de abordaje, lo que significa un gran
avance en el reconocimiento de los derechos de la mujer.
Frente a esto es que emerge la necesidad de una política pública
comprendida para desarrollarse en la totalidad de los medios de comuni-
cación, tanto públicos como privados. El mismo constaría de diferentes
etapas, que abarcan desde la prevención con capacitaciones, encuentros
y talleres, siguiendo con la implementación de un protocolo de abordaje
de violencia mediática y emisión de mensajes de odio (si se emitiera al-
gún mensaje discriminatorio o violento en los medios). Así como también
la construcción de espacios de género en dichos medios de comunica-
ción, y una tercera instancia que contemple un “resarcimiento”, que no sea
solo económico sino también simbólico, por parte del/la comunicador/a,
la producción o medio donde se emitió el mensaje.
Desarrollo
Los medios de comunicación representan y construyen relatos y opinio-
nes de una gran masividad en cuanto a las problemáticas y sentidos de
nuestra sociedad, que va más allá de la mera transmisión de información.
Asimismo, en la actualidad ostentan ese poder en un mundo cada vez
más globalizado, donde el mercado comunicacional funciona de forma
433
monopólica, a pesar del crecimiento y llegada de las nuevas tecnologías.
Si estas últimas se ven reflejadas a través de Internet y la masividad de las
redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp), los interrogan-
tes deben señalar qué sociedad deseamos construir y por qué los medios
son tan importantes en dicha construcción. ¿Qué lugar tienen las muje-
res y disidencias en los medios?, ¿qué imagen se transmite de ellas/es?,
¿cómo se representan las relaciones de género?, ¿qué estereotipos son
los que se reproducen continuamente?
Ante esas preguntas, en paralelo existe la necesidad de pensar políti-
cas públicas. Larrue (2000, 20) define como política pública a “una serie
de actividades, decisiones o medidas coherentes, por lo menos en su in-
tención, y tomadas principalmente por actores del sistema político-admi-
nistrativo de un país con la finalidad de resolver un problema colectivo”. La
problemática de la desigualdad y violencia por razones de género es una
problemática transversal, por ende, abarca diversos ámbitos.
¿Y qué son esos discursos de odio a los cuales hacemos referencia?
Según la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y su Laboratorio
de estudios sobre Democracia y Autoritarismo, estos son:
434
Es por ello que si bien existen políticas regulatorias –Ley Micaela: ca-
pacitación en género y violencia contra las mujeres (Ley 27499) y Ley de
Equidad de Géneros en Servicios de Comunicación (Ley 27635)– se de-
ben pensar y promover políticas sustantivas y procedimentales que seña-
len el accionar obligatorio en diversos estamentos estatales y privados,
no solo en materia de prevención, sino también en cuanto al abordaje
de la violencia mediática, la representación de mujeres y diversidad en
dichos espacios, la necesidad de construir en los medios áreas propias
donde las mujeres y disidencias puedan organizarse, construir redes.
Por lo anteriormente desarrollado es que se piensa y presenta un pro-
yecto que implica el desarrollo de una nueva política pública. Es decir,
se desarrolla una propuesta deductiva en la cual se reflexiona, analiza y
actúa llegando a las particularidades de los discursos en los medios de
comunicación, y se plantea la posibilidad de líneas de acción para reflexio-
nar y limitar los discursos de odio en los medios sobre la base de concep-
tos generales de la violencia de género y mediática, construcciones de
estereotipos, discriminación, etc.
Al mismo tiempo se trata de un proyecto propositivo ya que se desarrolla
y fundamenta en una necesidad, una falta de legislación o de espacios de
análisis con respecto a la violencia y los mensajes de odio que son genera-
dores de la Opinión Pública. La propuesta está anclada dentro de los medios
de comunicación tanto públicos como privados y es así que se intenta po-
der superar el continuo desarrollo de odio y enfrentamientos en la sociedad
producto de construcciones generadas por la emisión de estos mensajes.
Al tratarse de una construcción paulatina y que merece suma atención
en diferentes momentos y escalas de los medios es que se plantea que se
desarrolle en tres etapas:
1. Prevención: la perspectiva de género de forma transversal en los dis-
tintos ámbitos que habitamos debe atenderse desde la prevención y
capacitación. Aplicar la implementación del punto F del art. 10.- de la
Ley 27635, Equidad de la representación de los géneros en los servi-
cios de comunicación de la República Argentina.
435
2. Áreas de género en los medios de comunicación: los casos de dis-
tintos tipos de violencia que padecen las comunicadoras en sus es-
pacios laborales aún no contemplan un abordaje criterioso, es decir,
cada medio aborda el caso a su parecer, lo que conlleva muchas veces
un lugar de desamparo y falta de contención para quien padece vio-
lencia. Por lo mismo, proponemos la creación de áreas de género en
los distintos medios, sea de carácter privado como estatal. La nece-
sidad de construir estos espacios está vinculado directamente con el
desarrollo de protocolos de abordaje ante situaciones de violencia, así
como también de una mirada profesional para llevar a cabo estos pro-
cesos, y sobre todo la prioridad de reconocer, contener y elaborar posi-
bles acompañamientos según las mujeres o disidencias lo requieran.
3. Respuesta Estatal frente a la emisión de un Mensaje de Odio: efectivi-
zados los procesos de prevención y creación de espacios de géneros
en los medios de comunicación, se debe prever un mecanismo que
evite en la mayor de sus posibilidades la expresión de violencia me-
diática, mensajes de odio y/o divulgación y caracterización de hechos,
situaciones, noticias sin perspectiva de género por parte de les comu-
nicadores. No obstante, ante eso, si dicha situación llegará a producir-
se, se debe contemplar la posibilidad de una sanción a quien accione
de forma violenta y discriminatoria por motivos de género.
• Las recepciones de las denuncias se deben gestionar ante el INADI,
las mismas pueden ser categorizadas según la causa y el ámbito de
discriminación. Los motivos pueden ser por el género, orientación se-
xual e identidad de género, y los ámbitos pueden responder a radio y
televisión (Chader S; Pedraza. V; 2016; Violencia de género y políticas
públicas de comunicación; P 53).
Si bien el INADI199 no puede ser un órgano aplicador de sanciones di-
436
rectamente, su función contempla poder expedir, sugerir, fundamentar y
opinar sobre estas denuncias frente a las autoridades competentes, gene-
ralmente se da en una instancia judicial. También puede crear instancias
de conciliación y mediación frente a las partes involucradas. Asimismo,
contiene un área de prevención y promoción de derechos que se aborda
desde la interinstitucionalidad en proyectos y trabajos de índole regional,
provincial y municipal.
La mayoría de las denuncias que recibe la institución no solo refieren
a la estereotipación y sexualización de las mujeres, o a la discriminación
que señala sus conductas como de “locas” o “histéricas”. La violencia me-
diática también puede observarse en el abordaje de femicidios.
Las consecuencias de dicha emisión no solo deben apelar a montos
económicos para los medios que divulguen y fomenten dichas violencias,
sino que desde lo comunicacional se debe desarrollar una sanción de ca-
rácter simbólico a manera de subsanar o reparar dicho daño. Como an-
tecedente, en el año 2018 el periodista Baby Etchecopar fue sancionado
mediante la justicia por emitir dichos machistas en su programa habitual
de radio. Para reparar dicha situación de violencia de género, la justicia le
propuso ceder diez minutos de su programa para realizar una columna
de género; según el fiscal esto ayudaría a que el comunicador pudiera
escuchar y transmitir en su programa otras voces que incitaran a la de-
construcción de estereotipos.
Proponemos este proyecto en pos de comprender que, aunque existan
las regularizaciones dictadas en los tratados constitucionales de índole
internacional como nacional, que demuestran el abordaje y tratamiento
hacia las violencias ejercidas por razones de género, no es suficiente para
poder extinguir el porcentaje de desigualdad y violencia en los medios
437
de comunicación. Los últimos datos presentados por FOPEA200 (Foro de
Periodismo Argentino), recolectados entre diciembre de 2020 y diciembre
de 2021, señalan que la situación del periodismo en la Argentina presenta
altos índices de desigualdad en materia de género. El dato más relevante
indica que de los 13.597 periodistas detectados en la investigación, solo
el 13 % son mujeres. El informe, asimismo, expresa que solo el 14,4 % de
los medios encuestados exhiben a mujeres en puestos jerárquicos. De la
misma forma encontramos cada vez más mensajes estereotipados que
promueven de manera directa o indirecta consecuencias contra las mu-
jeres (injurias, discriminación, humillación, construcciones de patrones
socioculturales machistas, etc.).
Conclusiones
Comprendemos que es necesario desarrollar estrategias que nos per-
mitan disminuir los mensajes de violencia de género, de odio, así como
también las construcciones de subjetividades discriminatorias promocio-
nadas desde los medios de comunicación.
Les comunicadores son responsables de los mensajes que emiten,
sus voces son escuchadas por miles de personas y sus dichos no pueden
(o no deberían) de ser constructores de odio sin ningún reparo.
Creemos que las políticas públicas deben ser implementadas en to-
dos los ámbitos del estado, pero también en los medios privados, ya que
por su poder económico y mediático son quienes construyen masividad
en la audiencia, y por ende su influencia para la construcción de la Opinión
Pública Nacional.
Que se respete a toda la diversidad ciudadana dentro de los medios
200 FOPEA- Es el Foro de Periodismo Argentino. Nació en el año 2002 como un espacio de
reflexión, diálogo y promoción de la calidad del periodismo. Está creado por un grupo de profe-
sionales de medios de comunicación y docentes.
438
de comunicación no debería de ser un desafío político, pero hoy y con los
aconteceres a la vista, la implementación de una política pública de cali-
dad podría cambiar el rumbo de la violencia en los medios. Podría ser una
nueva herramienta que dé pie a un nuevo enfoque mediático en donde
la igualdad, la libertad, el respeto y el amor sean los protagonistas de los
mensajes del mañana. Y de la mano de ellos, la sociedad recibe mensajes
de construcción o discursos de diferentes perspectivas pero desde el res-
peto y la responsabilidad de comunicadores y generadores de la opinión
pública nacional, provincial o local.
Necesitamos medios con perspectiva de género que problematicen
los diferentes discursos que se emiten. Que cuestionen de manera cons-
tante la emisión de estereotipos y esclarezcan las situaciones de des-
igualdad entre hombres y mujeres en los medios de comunicación. Cada
comunicador/a es responsable de lo que manifiesta y es consciente del
poder de los medios. Los discursos de odio solo generan sociedades vio-
lentas, polarizadas y sin consenso, es por ello que este escrito destaca
todo lo contrario: respeto e igualdad en los medios de comunicación, que
también requieren de legislación, abordaje institucional interdisciplinario
y decisiones políticas al respecto.
439
Bibliografía
441
MESA 4 · Violencia mediática y discursos de odio
Introducción
En este trabajo pretendemos analizar la violencia simbólica que ejerce
desde los medios (en este caso, desde Infobae) la conductora Viviana
Canosa con su retórica permanente de descalificación a los movimientos
feministas que reclaman determinados derechos, históricamente avasa-
llados, cruzados por su abominable discurso político. El texto en cuestión
es un artículo de Canosa publicado por Infobae el 17 de diciembre de
2020, donde manifiesta su indignación por la fotografía que denuncia en
la bajada: “Menstruación regulada por el Estado. ¿Día libre pagado por el
Estado porque me duelen los ovarios? Cien funcionarias vestidas de rojo
para debatir sobre la justicia menstrual. Y me indigné”.
Este tema fue trabajado en el Primer Congreso Contra las Violencias
por Razones de Género de la Provincia de Buenos Aires, en la mesa de
Violencia Mediática por Ornella Barone Zelloco, con el título: “Se viene el
201 Susana Delgado, Lic. En Letras (UNNE) Dra. en Historia (UNMdP) CEHIS-INHUS-UN-
MdP-AAIHMEG susadelgado@[Link]
442
Ministerio de la menstruación: desmontando falsas noticias”202 (2022:
192-200). En él, la autora se propone deconstruir las capas del discurso
que ponen de relieve, desde la retórica de los medios, las manifestaciones
heteropatriarcales. Así, el odio se disfraza de comicidad para desvalorizar
los derechos conquistados por los feminismos. La superficialidad con la
que se trata el tema navega sobre la utilización de los dineros públicos
(“de la tuya”) para gastos superfluos en asuntos privados.
Por su parte, en la revista Límbica, en 2021, las investigadoras Kohan y
Rohatsch mencionan la nota de Canosa como disparador para hablar con
seriedad de la justicia menstrual. Inscriben los argumentos de la periodista
en la narrativa cultural apoyada en el discurso médico y difundida por el
mercado “que caracteriza al ciclo menstrual como un evento desagradable
que debería ser ocultado, minimizado e ignorado lo más posible” (Kohan,
Rohatsch, 2021: 36). Sin embargo, con el surgimiento de la concepción
moderna y biomédica del ciclo menstrual, se habla de justicia menstrual,
lo que supone hablar de salud pública y del derecho a la salud. Esto implica
pasar de un cuerpo-objeto, divisible en pedacitos, a un cuerpo-sujeto que
posee autoconocimiento y emociones, en el que la identidad, la dimensión
afectiva y lo subjetivo se incluyan en los procesos de salud.
Ambas perspectivas nos resultan interesantes para aportar en este
caso otros aspectos, desde la revisión de la violencia simbólica por un
lado y el impacto emocional que provoca en les espectadores/lectores,
por otro. A través del entrecruzamiento teórico entre los estudios de géne-
ro por un lado y el giro afectivo por el otro, pretendemos reconocer cómo
las emociones forman parte de un circuito generado socialmente que se
distribuye a partir de una economía afectiva. Ambos campos reproducen
determinadas características que se reiteran. El odio y la falta de empatía
202 Ver: Estado Presente: Políticas Públicas contra las violencias por razones de género. (2022)
Compilación del Primer Congreso del Ministerio de las Mujer, Políticas de Género y Diversidad
Sexual.
443
con el sufrimiento ajeno se conectan proporcionalmente con un enfren-
tamiento de carácter político-partidario que refuerza una construcción de
sentido antiderechos en distintos niveles de análisis. Este enfrentamiento
tiene su correlato discursivo desde otros medios, lo que evidencia la exis-
tencia de comunidades emotivas que disputan, desde el sentido común,
por un lado, y desde la militancia feminista, por otro, recorridos de ac-
ción-reacción en permanente transformación y dinamismo.
Violencia simbólica
El concepto violencia simbólica es utilizado por Pierre Bourdieu en su libro
La dominación masculina (2000:53) donde la define como una “violencia
amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejer-
ce esencialmente a través de caminos puramente simbólicos de la comu-
nicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento,
del reconocimiento o, en último término, del sentimiento”. También Rita
Segato (2003) señala que la violencia simbólica es difícilmente codifica-
ble y es más efectiva cuanto más sutil; no se manifiesta físicamente, sin
embargo, es la que sostiene y da sentido a la estructura jerárquica de la
sociedad. La denomina violencia moral y se caracteriza por su disemina-
ción masiva, su arraigo social y falta de definición.
En este sentido, la Ley 26485 salda esta deuda al tipificarla claramente
como una de los cinco tipos de violencia definidos como de fuerte inci-
dencia a la hora de la perpetuación del patriarcado. La misma describe
la violencia simbólica como un tipo de violencia en la que “a través de
patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y
reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones
sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”. La
violencia mediática es una de las modalidades en que se manifiesta la
violencia simbólica y es definida por la ley como:
444
recta o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes,
injurie, difame, o discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad
de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes
y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigual-
dad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la
desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.
“Miré la foto y las vi a todas vestidas con su prenda roja. ¿Qué es lo que es-
tán pidiendo estas mujeres?, me pregunté. ¿Un Ministerio porque mens-
truamos? A ver, hay 20 minas que me están diciendo “pagame el tampón
cuando me indispongo”. Si estas 20 minas en vez de estar pidiendo por
el Ministerio de la Menstruación estuvieran pidiendo por la educación, me
pongo el vestido rojo y las voy a acompañar, pero pedimos cosas que no
conducen a nada. Imposible no enojarme”.203
203 Canosa, Viviana (2020) Se viene el Ministerio de la Menstruación, obvio con nuestros
impuestos en Infobae: [Link]
rio-de-la-menstruacion-obvio-con-nuestros-impuestos/
445
Fuente:[Link]
truacion-obvio-con-nuestros-impuestos/
Fuente:
[Link]
se-viene-el-ministerio-de-la-menstruacion-ob-
vio-con-nuestros-impuestos/204
446
La violencia mediática es acá otra vez violencia simbólica, de la que nos
hablan tanto Bourdieu como Segato. La menstruación, como el aborto y
la maternidad, son aspectos reservados para el mundo privado. Restarle
importancia, situarla en las tinieblas de la oscuridad, desconocer las rea-
lidades que las cruzan, estigmatiza, descalifica y ridiculiza las identidades
menstruantes. En ese mundo la subjetividad se enlaza en una fuerte inte-
racción, a través de las emociones, que hace que la menstruación sea vivi-
da como algo desagradable, que debe ocultarse para vivir “esos días” como
cualquier otro. Lo que provoca una afectación de las emociones entre las
personas menstruantes, por un lado, y el discurso mediático, por otro.
447
rico-metodológica que permite reconocer grupos sociales, en los cuales
las personas se adhieren a las mismas normas de expresión emocional y
valoran –o desvirtúan– emociones iguales o relacionadas. Este concepto
nos resulta necesario para pensar en la superposición de múltiples capas
de significados culturales influidos por la comunicación, las fuerzas eco-
nómicas, las intervenciones políticas y los marcos religiosos, que carac-
terizan a distintos grupos ideológico sociales.
La comunicación, de acuerdo con Ramonet (1986), es una mercancía.
Como tal se somete a las reglas del mercado, las que tienen que ver con
la oferta y la demanda y no con reglas derivadas de criterios cívicos o
éticos; pero también se presenta como una práctica social, por ejemplo,
en las redes sociales, donde se mueve en la intersección de todos los
demás componentes y motoriza el combustible de sus seguidores, que
es la indignación, el odio, la ira hacia los otros grupos que integran otras
comunidades emocionales. Para Luis Brunschtein, por ejemplo, los gru-
pos de derecha mediática utilizan como herramienta estratégica el odio,
en contraposición a lo que motiva a los movimientos populares, que es el
entusiasmo.205
La violencia mediática de Canosa tiene un público y un medio de co-
municación que la sostiene, y de ninguna manera está exenta de una eco-
nomía afectiva que se retroalimenta. El pacto de lectura/visionado entre
la periodista y su público se nutre de la afectividad en común que las
relaciona. Esta economía afectiva es funcional a la virulencia reaccionaria
de la derecha. La afectividad incluye los datos falsos y los replica con
indignación buscando el consenso que naturaliza la farsa.
De allí que entendamos que les lectores/espectadores de Viviana Ca-
nosa se asienten en la omnipotencia de la conductora y asuman que la
205 Luis Bruschtein hace esta contraposición en la nota con motivo del atentado a Cristina.
Ver: Bruschtein, Luis, La trama de mentiras alrededor del intento de asesinato de Cristina Kirch-
ner, en Página 12, 22/10/2022 ([Link]
448
periodista desnuda las acciones conspirativas, lo que les aporta cierto
aire de superioridad por su supuesta emancipación política. La comple-
jidad de la emocionalidad en juego adquiere una confusión social e his-
tórica característica. Entendemos que lo emocional –tal cual lo propone
Ahmed– escapa a determinadas interiorizaciones psicológicas de los su-
jetos para “convertirlas en procesos insertos en una amplia red de actores
humanos y no humanos” (Ahmed, 2015: 13) Los apoyos de la comunidad
emocional canosiana se observan en las redes cuando sus seguidoras se
expresan con el lema “Todas somos Canosa”.
449
Entendemos la empatía como un acercamiento a otre, como la emo-
ción que permite la comprensión a partir de la conciliación de posturas,
de permitirnos ser en el otre y por sobre todo crecer de manera colectiva,
dialógica y en apertura.
La empatía depende de la identificación. Lynn Hunt parafrasea a Be-
nedict Anderson y sostiene que la “empatía imaginada” –producida por
la novela epistolar que analiza– es la que generaliza el sentimiento com-
partido al que se refería Diderot: si yo soy como los demás y los demás
son como yo, los demás merecen tantos derechos como yo. Autonomía,
igualdad, universalidad, resume en su libro La invención de los derechos
humanos (2010), donde describe los diversos procesos de reconocimien-
to de derechos y pone especial atención en los propios de las mujeres.
Conclusión
Emociones en lucha
Odio desde Canosa, empatía desde Iglesias, ambas emociones plena-
mente imbricadas en proyectos sociales antagónicos nos muestran que
nada se corresponde con la naturaleza de las cosas ni con las subjetivida-
des individuales, sino que responde a claros intereses de clase y de géne-
ro, donde para el hetoropatriarcado la menstruación debe seguir siendo
oscura y vergonzante, o para los feminismos, pasar a integrar la lista de
derechos que reclaman las personas menstruantes.
Lo que siguió a esta tensión discursiva mediática fue que el 6 de agos-
to de 2022 Viviana Canosa renunció a su programa Viviana con vos de
A24 en varios tuits.
En ellos plantea que ha tenido diferencias con el canal en cuanto a las
nociones de libertad de expresión y a la de violencia. Para cerrar: “No so-
mos ingenuos. Sabemos que la comunicación amplifica e influye pero no
confundimos el problema con el síntoma”. Evidentemente la conductora
significaba, para el canal, en ese momento histórico, más problemas que
450
caja, teniendo en cuenta la violencia ejercida desde la comunicación, que
según sus mismas palabras “amplifica e influye”, y conforma una comuni-
dad emotiva con determinadas características, agregamos nosotres.
La politización antagónica de los medios, donde se juegan los debates
por la comunicación, evidencia que la lucha por la hegemonía no es solo por
modelos económicos sino también por modelos de discursividad y visibili-
dad social de cuestiones de género a través de la economía de los afectos.
Frente al odio mediático hacia los feminismos y las diversidades, se
triplican las miradas que lo cuestionan a través de sólidos argumentos, lo
que se traduce en prácticas políticas de resistencia.
El observatorio de violencia y la propuesta de trabajo en red que pro-
pone la ley nos allanan el camino. Las prácticas políticas de resistencia
están cruzadas por los afectos: la capacidad de afectar y ser afectados.
Materia en las que las feministas ponemos el cuerpo, nos abrazamos y
somos en un entramado de creativa resistencia ¡¡¡todes juntes!!! Restitu-
yendo igualdades a través de experiencias e invenciones colectivas para
seguir deconstruyendo desigualdades.
Queda por delante asumir la producción de estrategias de políticas
públicas que habiliten espacios de reflexión crítica y de deconstrucción
afectivo/discursiva que desnude la violencia simbólica/mediática de su
lenguaje e intervenga en los permeables vasos comunicantes de las co-
munidades emocionales, para que una triunfe sobre la otra.
451
Bibliografía
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Solé, Joan. (2015). Spinoza. La filosofía al modo geométrico, Buenos Aires:
Arcángelo Maggio.
452
MESA 5
453
eje histórico político de esta mesa de trabajos libres. Di Meglio recupera
entonces la historia de los testimonios de las mujeres que, en el contexto
del juicio a la Junta Militar de la última dictadura cívico-militar en nues-
tro país, testimoniaron sobre las violencias por razones de género que
atravesaron. A su vez, el giro epistemológico que se generó a partir de la
audibilidad que tuvieron sus testimonios y lo que habilitó para otras so-
brevivientes secuestradas, es de una profundidad conceptual importante,
ya que la autora pudo recuperar distintos antecedentes y autorías sobre
la temática.
Por su parte, el trabajo de Cuevas y Del Nero hace un racconto de la
historia de vida de Laura Iglesias, militante sindical de ATE y trabajadora
estatal de la Provincia de Buenos Aires. Su femicidio en General Alvarado
posibilitó una organización feminista y una lucha que sigue siendo una
importante bandera en la Provincia de Buenos Aires. A su vez, el pedido
de justicia como mensaje que asegura el no olvido de las mujeres ase-
sinadas en el marco de la más extrema de las violencias por razones de
género, el femicidio, habilita la construcción de una memoria colectiva de
las mujeres bonaerenses, recuperando como bandera aquello por lo que
ellas luchaban, trabajaban y militaban.
El artículo de Acosta Caballero y Zaballa, por su parte, da cuenta de
los distintos obstáculos con los que se encuentra una organización en
un territorio municipal concreto en la Provincia de Buenos Aires, con re-
sistencias machistas, con burocracias de distinto tipo, y con un backlash
machista por su organización en torno a un pedido de justicia (y escucha).
El correspondiente a Erramuspe y Sierra también lo hace, apuntando a la
necesidad y valor de los registros de casos a nivel local para la producción
de una memoria situada y la recuperación de los recorridos que tuvieron
aquellas mujeres “muertas en manos de quienes decían amarlas”.
De este modo es que el eje de Memoria y políticas de reparación se
constituye como un eje histórico-político en torno a la memoria de las
violencias por razones de género en nuestro territorio provincial, con sus
obturaciones, experiencias de lucha y organización, como también con
454
la memoria que tenemos que tener respecto de otros procesos de testi-
monio y demandas de justicia en nuestro país: el de las sobrevivientes de
las más cruentas torturas por parte de las dictaduras argentinas, quienes
denunciaron por ellas y por sus compañeras de lucha (y de celda) para
construir un futuro más auspicioso para las generaciones venideras.
455
MESA 5 · Memoria, testimonios y políticas reparatorias
Momentos de la justicia y el
testimonio sobre violencia sexual
durante la última dictadura en la
Argentina
Autora: Estefanía Di Meglio206
Introducción
456
al sistema patriarcal en el que se engloban estas prácticas e imaginarios.
Esto se vio acentuado, asimismo, por el carácter patriarcal de la institución
castrense, impreso en los mecanismos genocidas y en los discursos del ré-
gimen, así como también por el sesgo androcéntrico de la mayor parte de
las organizaciones políticas militantes (Diana, 2011).207 Los genocidas consi-
deraron a la mujer militante como doblemente transgresora: por cuestionar
un sistema a través de sus ideologías y por haber transgredido el rol que
por mandato social les correspondía, esto es, ser madres, esposas, amas de
casa, y por lo tanto estar relegadas el ámbito de lo privado –tradicionalmente
despolitizado (Hill Collins y Bilge, 2019: 36)–, y no el de lo público, como lo es
el de la política.208 De allí que la violencia sexual fuera instrumentada a modo
de venganza, castigo, debilitamiento, desmoralización y humillación del “ene-
migo”. Esto confluye en el postulado de Carol Sheffield: “la violencia contra
las mujeres es poder expresado sexualmente” (1997: 125).
Las formas y contenidos del testimonio y el relato de lo sucedido a este
respecto, el recuerdo y la memoria, fueron variando conforme a los dife-
rentes contextos políticos, sociales y de la justicia. El objetivo del presente
trabajo es focalizar, mediante la enumeración ilustrativa de tres instancias
claves de la denuncia de estos crímenes, tres contextos jurídicos sucesivos
y diferenciados que muestran la evolución del tratamiento judicial de estos
delitos y, en este marco, las condiciones de posibilidad del testimonio.
457
Guiones y discursos que aplanan la vivencia traumática de la vio-
lencia sexual
Resulta operativo notar que, tal como lo explica la socióloga Inés Her-
covich en cuanto a la violación (lo cual puede hacerse extensivo a otras
formas de violencia sexual), existen representaciones generales, difusas,
fragmentarias y reductivas, que conforman lo que ella designa “imagen en
bloque” (1997: 112). Esto conduce a que las propias mujeres, con frecuen-
cia, duden sobre el hecho de si aquello que vivieron realmente fue una vio-
lación (o violencia sexual); que no formulen un relato ni denuncien a causa
de esta duda; que teman que sus narraciones resulten inverosímiles ante
sus interlocutores o incluso que ellas sean tomadas por “culpables” (el
“algo habrán hecho” como enunciado que circuló durante la dictadura en
diferentes niveles discursivos, ahora con otros sentidos). En otro aspecto,
las mujeres víctimas y sobrevivientes de estos delitos a menudo no en-
cuentran palabras (Alcott, 2018: 87) ni se sienten capacitadas para cons-
truir relatos que se encuadran en géneros discursivos que, replicando el
sistema patriarcal, exigen de definiciones claras y de binarismos (Lewin
y Wornat, 2014: 24). Tal como lo explica Bárbara Bilbao, la lógica binaria,
atributiva y jerárquica responde a “la dominación masculina”: lo objetivo
por encima de lo subjetivo, lo cerrado por sobre lo abierto, y así siguiendo
(2011: 13). Se trata de discursos que pretenden responder a discrecio-
nalidades tajantes, de afanes totalizadores y completos de la vivencia a
relatar, como lo es, por ejemplo, el discurso jurídico, el cual –más allá de
sus productividades– exige testimonios y declaraciones coherentes de
vivencias que, por el contrario y desde su misma esencia, desarticulan el
lenguaje y el relato a causa de su carácter traumático y de su complejidad,
por los “grises” que no cuadran con los “guiones de la violación” (Alcott,
2018, pp. 93, 98), con las “imágenes en bloque” (Hercovich, 1997: 112)
que tradicionalmente rigen las representaciones de estas vivencias, tanto
en lo social como en el ámbito judicial.
En este sentido, a lo anterior se suma el hecho de que ciertos proce-
dimientos, prácticas y representaciones que operan en lo jurídico respon-
458
den desde el inicio al sistema patriarcal209. Raúl Eugenio Zaffaroni (2009)
encuentra los orígenes de las ciencias penales y criminales en el tratado
de la Inquisición titulado El martillo de las brujas (Malleus Maleficarum),
de Kramer y Sprenger. Este título fundacional da cuenta desde su nom-
bre de un vínculo particular entre el poder punitivo y la persecución de
mujeres, concretamente, la caza de brujas (para este punto ver Federici,
2010). Por su parte, los Códigos Penales en América Latina, que hallan
sus bases en el derecho romano, con su importancia atribuida al hombre
en la ley escrita así como en el ejercicio de la norma (Olsen, 2009: 140;
González, 2019: 286), la casi ausencia de la mujer –solo presente como
objeto en las tipificaciones de los llamados “delitos de honor”– son bue-
nos ejemplos que ilustran las “posiciones androcéntricas y patriarcales”
del discurso jurídico (Galletti, 2019: 88), cuya lógica privilegia los polos
tradicionalmente considerados positivos (por estar atribuidos al hombre,
el “absoluto universal” [Beauvoir, 1987:35]) de un binarismo atributivo y je-
rárquico que responde a una concepción liberal clásica: el Poder Judicial
es jerarquizado en esencia (González, 2019: 286) y su deber ser se basa
en la racionalidad, la objetividad (Olsen, 2009: 140) y en una neutralidad
(OEA, 2007:43) que en la arena de lo social no es tal: “la misma norma es
elaborada por un conjunto social que se encuentra inmerso, y muchas
veces es partícipe, de la cultura discriminadora” (OEA, 2007: 97).
La Causa 13/84. En la inmediata posdictadura, el testimonio de las
mujeres víctimas de violencia sexual en los CCD, especialmente de vio-
209 Por razones como esta hay autores y autoras que entienden que “recurrir al Derecho y a
la Justicia para combatir las desigualdades resulta casi una contradicción o paradoja. Y es que
ambos históricamente han sido construidos desde una perspectiva androcéntrica y, en especial
en el caso de la Justicia, continúan hasta hoy siendo enclaves masculinos. Así, el acceso a la
justicia en la sociedad ha sido limitado por lo componentes que prevalecen en las instituciones:
la centralización, exclusión, clasismo, discriminación, conservadurismo y una justicia tradicional
y etnocéntrica. Entonces, en términos generales las personas, y en particular las mujeres vícti-
mas, cuando se enfrentan a este mundo llamado ‘justicia’, se enfrentan a un muro de desigual-
dad” (Sánchez, 2019: 68). Perspectivas y propuestas abolicionistas toman estos motivos como
parte de su fundamento (v. Antony García, 1995).
459
lación, se vio casi imposibilitado. En primer lugar, si nos centramos en la
nominación que conformaba la legislación vigente en ese momento, la
violación y otras formas de violencia sexual estaban catalogadas por el
Código Penal (según Ley n.º 11729) como “Delitos contra la honestidad”.
En esta tipificación, quienes se consideraban los principales afectados y
víctimas eran los hombres que tenían algún tipo de vínculo con la mujer
contra la cual se había cometido el delito, dimensionándola como pose-
sión de los varones, como un objeto. En 1999, la Ley 25087 introdujo refor-
mas en este título: “Sustitúyese la rúbrica del Título III del Libro Segundo
del Código Penal ‘Delitos contra la Honestidad’ por el de ‘Delitos contra la
Integridad Sexual’”. Al día de hoy estos crímenes son considerados “Deli-
tos contra la libertad sexual”. En una segunda instancia, si nos fijamos en
ciertos discursos del Juicio a las Juntas Militares (1985), se observa que
apenas había lugar para la denuncia de los crímenes de carácter sexual.
Aun cuando desde 1921 existieran las figuras jurídicas que condenaban
la violación en Argentina, en el denominado Juicio a las Juntas se sub-
sumió tal tipo de violencia bajo la figura de “tormentos” –también así se
nombran en el informe de la CONADEP–, como si se tratara de un crimen
no diferenciado de otras formas de tortura.
Existía un orden de lo decible, en términos foucaultianos (1987), que
conminaba estos delitos al silencio tanto en el ámbito jurídico como en el
terreno de lo social, donde pesaba una doble condena sobre las mujeres
sobrevivientes: se creía que habían “traicionado” o “colaborado” a cambio
de conservar sus vidas (Bozzi, 2007: 132; Jelin, 2010: 242; Dürr, 2017: 10);
a su vez, se sospechaba de los vínculos que habían mantenido con sus
victimarios: se llegó a enunciar que fueron “amantes”, que “mantuvieron
relaciones” o “vínculos afectivos” con ellos (Lewin y Wornat, 2014: 24), invi-
460
sibilizando por completo su condición de víctimas.210 Se vislumbra aquí el
modo por el cual las representaciones y concepciones de la violación con-
figuran un léxico y una semántica propios del denominado paradigma cul-
pabilizador. El gesto subyacente es claro: la estigmatización de la víctima.
El testimonio de Elena Alfaro en el Juicio es un caso notorio y paradig-
mático de este silenciamiento: Alfaro se aboca, en cierta instancia de su
declaración, a la descripción de diversas formas de violencia sexual sufri-
das por ella y sus compañeras, y sugiere las violaciones de las que fuera
víctima, diciendo: “Y me lleva [Durán Sáez] a su pieza donde soy sometida,
a su pieza en el regimiento de infantería” (El Diario del Juicio, 1985, p. 3 /
versión digital). Frente a esto, uno de los jueces, lejos de indagar en ese
sometimiento, y movido quizá por una actitud paternalista, desvía osten-
siblemente con la pregunta: “¿Pudo notar la presencia de alguna persona
extranjera en el lugar, como detenida?” (El Diario del Juicio, 1985, p. 3 /
Versión digital). Esto da cuenta de la ausencia de marcos para la denun-
cia y la escucha (Vezzetti: 181; Pollak: 23, 24) de los crímenes sexuales
en este primer ciclo de justicia punitiva. El sustento patriarcal del sistema
jurídico así como de los imaginarios y representaciones sociales, en tanto
entramados conjuntos, queda en evidencia en este primer momento.
Los Juicios por la Verdad. Los orígenes de estos juicios se sitúan en
1998, en la ciudad de La Plata, y se replican rápidamente en otras locali-
dades de Argentina. Buscan, entre otros objetivos, reconstruir la historia
debido a que la condena no es aún posible (v. Andriotti Romanin, 2013: 7)
a causa de las denominadas “Leyes de impunidad” (Ley de Punto Final y
Ley de Obediencia Debida). Uno de los rasgos particulares de estos pro-
cesos judiciales es la relevancia que adquieren los testimonios de los y
210 La regla n.° 70 del Estatuto de Roma es clara al sostener que en casos de violencia sexual
no se puede inferir el consentimiento de la víctima de ninguna palabra o conducta cuando la
fuerza, la amenaza de la fuerza, la coacción o el aprovechamiento de un entorno coercitivo
hayan disminuido su capacidad para un consentimiento voluntario y libre; tampoco puede infer-
irse el consentimiento del silencio o de la falta de resistencia de la víctima.
461
las sobrevivientes (Andriotti Romanin, 2010: 101-102). El relato objetivo
característico de las declaraciones en los juicios penales, basado en la
existencia de hechos empíricos pasibles de comprobación que excluye
y descarta, por ejemplo, “la subjetividad del testigo” (Lvovich y Bisquert,
2008: 39), da ahora lugar a la manifestación del mundo de lo subjetivo y el
plano de los afectos, conformado por sensaciones, sentimientos y emo-
ciones. Por contraposición a las declaraciones en el Juicio a las Juntas,
circunscriptas a un libreto que debía respetarse, los y las testigos-vícti-
mas de estos juicios pueden explayarse e incluso hacer digresiones en el
relato que están reconstruyendo, emitiendo opiniones, expresando senti-
mientos, elaborando reivindicaciones de sus compañeros y compañeras.
Es en este marco que Marta García de Candeloro enuncia:
Lavar ropa de los heridos era parte de la tortura psicológica que infligían
y acá yo quisiera reivindicar a las mujeres como género porque sufrimos
lo mismo que sufrieron todos, nos torturaron en las mismas condiciones
pero nosotras, por nuestro género, sufrimos denigraciones que le son pro-
pias, como hacer la limpieza, limpiar los baños, las escaleras, lavar la ropa
de los heridos, el ser violadas, el ser torturadas aun estando embarazadas
(Audiencia del 12 de marzo de 2001, Tribunal Oral Federal, Mar del Plata).
462
Tribunal Oral Federal, Mar del Plata). Los testimonios de las mujeres son
centrales en esta causa. Al menos dos de las sobrevivientes señalan que
pudieron poner en palabras las violaciones sufridas, las cuales habían si-
lenciado durante décadas (García, 2017, p. 51). En efecto, Marta García
reconoce que es la primera vez que puede nombrar y denunciar ante la
justicia explícitamente la violación de la que fue víctima y sobreviviente:
Pero ¿sabés qué pasó con ese juicio? Reivindiqué a todas las mujeres,
que hoy no están, salvo Leda Barreiro, que fuimos compañeras y amigas
durante todos los juicios y demás y no sabíamos, ni ella que me habían
violado a mí, ni yo que la habían violado a ella. Hasta que llegó el juicio. (…)
Pero ese fue el juico más reivindicatorio de mi vida, que fue por las muje-
res que parieron y les sacaron a sus hijos. (…) Y fue la cosa que más me
enorgullece como mujer (García en Biblioteca Nacional Mariano Moreno).
Emerge el carácter reparador del testimonio (Jelin, 2012: 115) y del re-
lato (Kohan, 2013: 209), entendidos en calidad de práctica política y social
(Dürr, 2017: 159), así como queda en evidencia cierta índole restaurativa
de los procesos judiciales (Lira, 2009: 69). Mediando entre los Juicios por
la Verdad y esta nueva etapa de juzgamientos encontramos, entre otros
acontecimientos, la modificación ya señalada del Código Penal, que opera
simbólicamente en las representaciones e imaginarios de lo jurídico y se
extiende a la construcción de la memoria individual y colectiva, entendiendo
el ámbito de lo jurídico, junto con Florencia Corradi y Julia Nesprias, como
formador de narraciones, en tanto ámbito performativo (2015: 67). Y funda-
mentalmente está operando un contexto más amplio en el que comienza a
darse la conciencia de una perspectiva de género que mire también hacia
el pasado, la cual posibilita (d)enunciar este tipo de crímenes.
463
Conclusiones
El testimonio y la denuncia, así como la memoria y el recuerdo en los
que se enmarcan, muestran diferentes temporalidades que inciden en el
contenido y la forma de su construcción. Hemos visto, de manera muy
reducida y esquemáticamente, a modo de ilustración, tres etapas en los
juzgamientos sobre los crímenes de la última dictadura en Argentina. A
lo largo de estas tres fases encontramos variaciones en cuanto a la de-
nuncia de los crímenes sexuales, haciendo foco en la violación: un pri-
mer momento de ausencia de escucha (inmediata posdictadura: Juicio
a las Juntas Militares, 1985); un segundo momento en el que hay lugar
para la denuncia, aunque no para la condena, de los crímenes sexuales
(Juicios por la Verdad, desde 1998); una tercera fase a partir de la cual
estos delitos son condenados (año 2010) y considerados crímenes de
lesa humanidad (2012, segundo ciclo de justicia punitiva desde 2006).
La posibilidad del testimonio, luego de años de silencio, se transforma
en una instancia reparadora para las mujeres sobrevivientes víctimas de
tales crímenes. Pero más allá de los valiosos avances en materia judicial
y de juzgamiento a los delitos del pasado reciente, es claro que el sistema
conserva su esencia patriarcal. Estos delitos son especialmente sensi-
bles a tal respecto. Podemos señalar ciertos rasgos que suponen dicha
visión, como lo son el androcentrismo en la elaboración de las leyes, los
imaginarios sexistas en operadores/as de justicia, la revictimización, el
acceso desigual de las mujeres a la justicia, fallos carentes de perspectiva
de género, entre otros. Como contrapartida, destacamos la importancia
de la elaboración e implementación de políticas públicas a este respecto,
tendientes a reflexionar sobre la problemática, a sensibilizar y a incorpo-
rar la perspectiva de género en el ámbito judicial, en relación con el pasa-
do y también con el presente.
464
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468
MESA 5 · Memoria, testimonios y políticas reparatorias
211 Amiga y compañera de trabajo de Laura Iglesias. Licenciada en Trabajo Social. Grupo de
Investigación Protección Social, Políticas Públicas y Desarrollo. UNMdP. Facultad. de Ciencias
de la Salud y Trabajo Social. Trabajadora del Patronato de Liberados. Integrante y fundadora
del colectivo feminista Ni una Menos Gral. Alvarado. Integrante de la Corriente Nacional Lohana
Berkins. Responsable política del Movimiento Territorial Liberación G. Alvarado.
soniaevangelinacuevas@[Link]
212 Licenciada en Trabajo Social. Grupo de Investigación Protección Social, Políticas Públicas
y Desarrollo. UNMdP. Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social. Integrante del colectivo
feminista Ni una Menos Gral. Alvarado.micaelajulietadelnero93@[Link]
213 Silvio Rodríguez. Reparador de sueños.
469
Introducción
Laura Iglesias, mujer, madre, abuela, hermana, compañera, amiga, traba-
jadora social, militante en Asociación de Trabajadores del Estado, inte-
grante del Colegio de Trabajadores Sociales, trabajadora del Patronato de
Liberados Bonaerense, impulsora y promotora de la organización de les
trabajadores, y de la contención y acompañamiento entre compañeres;
comprometida con las luchas en la calle, con la población usuaria, siem-
pre contemplando el ejercicio de los Derechos Humanos y de las mujeres,
activista contra la violencia de género, luchadora por la construcción de
una sociedad más justa y equitativa, revolucionaria de lo cotidiano y cons-
tructora de puentes.
El 29 de mayo de 2013 Laura salió a trabajar sola con su propio auto.
Este quedó empantanado a pocas cuadras de su casa; lo dejó en la mi-
tad del barro y siguió a pie hasta que una amiga la acercó al lugar para
cumplir con su trabajo. Fue a un curso de Diseño de Proyectos Sociales y
luego a visitar a sus usuarios. Almorzó con su hija y su nieta y luego salió
a buscar su auto con la esperanza que el sol hubiera secado el barro. Ya
nunca más regresó. Esa noche sus amigas la buscamos por toda la ciu-
dad, en los centros de salud, en la playa, en el barrio, en los lugares donde
había estado durante el día con la esperanza de encontrarla. Su cuerpo
fue hallado sin vida a la mañana siguiente, con signos de violación y tortu-
ra. Se convirtió en una más de las víctimas de femicidio de nuestro país,
en una de las tantas que cada 35 horas ya no están, pero perduran para
siempre en les que las amamos.
Lo que le pasó marcó un quiebre en la vida de muchas personas. Su
familia, compañeres, amigues, usuaries, colectivo profesional, trabajado-
res del Estado, la sociedad alvaradense y la lucha feminista local. Su femi-
cidio evidenció la situación de emergencia en la cual desempeñan la tarea
les agentes del Estado y en particular las trabajadoras del Patronato de
Liberados que se venían denunciando a través de la lucha colectiva pero
jamás fueron escuchadas. Acentuó la lucha que muches venían desarro-
llando por la mejora de las condiciones laborales y en el reclamo por el
470
fortalecimiento de las misiones instituciones del Patronato de Liberados,
lucha de la que ella formó parte por el reconocimiento de los derechos de
les usuaries, la promoción de la inclusión social en detrimento de la cen-
tralidad en las tareas de control. Pero además su femicidio fue el puntapié
inicial que puso las bases sobre las que se asentó la lucha feminista en
General Alvarado.
El presente trabajo intenta dar cuenta sobre los primeros pasos de la
organización de la lucha feminista en General Alvarado luego del brutal
femicidio de Laura Iglesias, y sobre cómo este hecho tan doloroso supo
convertir la rabia y el dolor en lucha y organización.
Desarrollo
Laura Iglesias era trabajadora social del Patronato de Liberados Bonae-
rense. Tenía 53 años cuando en mayo de 2013 fue torturada, violada y
estrangulada con el cordón de la zapatilla izquierda, al igual que Natalia
Melmann214, en la ciudad de Miramar, cuando cumplía su trabajo en un ba-
rrio de la periferia. Un único imputado en la actualidad cumple la pena de
prisión perpetua luego de una investigación expeditiva, llena de omisiones
y descuidos. Por disposición del Tribunal Oral Criminal N.° 3 en la senten-
cia dictada en el 2015, una parte de la investigación se encuentra abierta
a la espera de nuevas pruebas que aporten nuevos datos que permitan
arribar a la identificación del resto de los implicados y finalmente conocer
la verdad de lo que le ocurrió. Esta investigación sigue paralizada. Los res-
ponsables políticos nunca asumieron ningún tipo de responsabilidad por
214 Natalia Melmann, una adolescente de 15 años, fue secuestrada, torturada, violada y
asesinada el 4 de febrero de 2001 por personal policial en la ciudad de Miramar. A 22 años de su
femicidio sólo tres de sus asesinos cumplen condena efectiva. Aún resta enjuiciar a un policía
que continúa caminando impunemente en la ciudad y que en 2018 fue absuelto en un fallo
vergonzoso. Gracias a lucha incansable de su familia y la comunidad el fallo fue anulado y en
mayo de 2023 será nuevamente enjuiciado. Además, falta identificar un quinto ADN encontrado
en el cuerpo de Natalia.
471
las condiciones laborales que desencadenaron en el femicidio de Laura
durante el ejercicio de su trabajo, incluso la gestión institucional de aquel
entonces trató de desligarse argumentando “que no estaba trabajando
porque había paro de ATE”.
Su familia, amigues y colegas aún seguimos reclamando que se pro-
fundicen las investigaciones, ya que resulta imposible que una sola per-
sona haya cometido tal crimen atroz o esté en su capacidad un armado
de la escena tan complejo alrededor del cuerpo de Laura. Además, se
continua reclamando que se tengan en cuenta las similitudes con el caso
de Natalia Melmann y de Mara Mateu, también estrangulada en la Costa
con el cordón de su zapatilla por personal policial, como expresiones de la
violencia patriarcal e institucional, y que se reconozcan las complejidades
y entramados de las diversas problemáticas abordadas en la institución
donde trabajaba Laura y el conocimiento de las trabajadoras de la viola-
ción a los derechos de les usuaries en las calles como moneda corriente
y la violencia policial.
Este femicidio marcó un antes y un después en el ejercicio de la pro-
fesión del Trabajo Social y de les empleades estatales de la provincia de
Buenos Aires, que posibilitó la profundización de los debates que se ve-
nían realizando en torno a las condiciones laborales como condiciones
también del ejercicio profesional en nuestra condición de trabajadores
asalariades. Pero en General Alvarado –un distrito que si bien se había
visto conmocionado por el femicidio de Natalia Melmann, poco se pro-
blematizaba socialmente sobre la violencia de género y las muertes de
las mujeres hasta ese entonces producto de la violencia machista– eran
tomados como crímenes pasionales, conflictos amorosos, celos e infide-
lidades publicitadas horrendamente, sobre todo en los medios radiales
cual comidilla de la mañana.
Es así como nace la primera organización feminista, Ni Una Menos G.
Alvarado, que se conforma como organización en el marco de la primera
convocatoria nacional a marchar en todo el país reclamando políticas pú-
blicas reales contra los femicidios, bajo la consigna Ni Una Menos, el 3 de
472
junio de 2015. Cabe mencionar que hasta ese entonces no había ninguna
organización que se denominara feminista ni pusiera en tema de discu-
sión social la violencia de género. A pesar de que en el distrito han ocurri-
do varios femicidios, once según recopilación de la memoria colectiva ya
que no existen registros oficiales en el distrito, los términos FEMICIDIO y
FEMINICIDIO en aquella época no eran problematizados y en el sentido
común la violencia de género remitía a lo ocurrido dentro de la pareja y
las instancias privadas, con sesgos de responsabilización a las víctimas.
Casos emblemáticos por su crudeza, horror y difusión nacional ocurridos
en la ciudad de Miramar como los femicidios de Natalia Melmann y Laura
Iglesias no eran abordados socialmente desde una perspectiva de géne-
ros a nivel local ni mucho menos existía el engranaje institucional para
abordar la temática de forma específica.
Antes de la conformación de la organización como tal, varias había-
mos confluido en un espacio municipal de la Mesa de Trabajo Intersec-
torial del programa Municipios y Comunidades Saludables en forma ad
honorem, con distintos actores locales, donde uno de los ejes era la vio-
lencia familiar. Debido a las trayectorias previas de militancia y los pro-
cesos de formación de cada una, entendíamos que dicho espacio era
limitante para visibilizar las múltiples categorías de análisis de la violencia
de género, las falencias que teníamos en el proceso de la ruta crítica que
atravesaban las mujeres y las resistencias de muches actores locales a
abordar de manera integral dicha problemática. Es así como luego de casi
dos años de trabajo decidimos salir de dicho espacio y conformarnos
como organización social militante. En un principio la mayoría de noso-
tras éramos trabajadoras sociales y poco a poco se fueron sumando más
compañeras pertenecientes a otras disciplinas (abogacía, psicología, co-
municación social, acompañantes terapéuticas, docentes y estudiantes).
Ni Una Menos G. Alvarado se constituye como un colectivo de mu-
jeres que en primera instancia se define como feminista. Cuando habla-
mos de feminismo referimos a un movimiento que lucha por la liberación
de las mujeres y disidencias en el marco de un sistema patriarcal que
473
nos oprime. Consideramos que el feminismo como movimiento adquiere
distintos matices y perspectivas y justamente esa diversidad es lo que
lo fortalece. En ese sentido, el feminismo que hemos construido como
organización es aquel que siempre se ha pronunciado a favor de la lega-
lización/despenalización del aborto, que denuncia las redes de trata de
mujeres con fines de explotación sexual, que se define abolicionista de la
prostitución, que contempla una mirada de clase y que se opone a cual-
quier tipo de violencia ejercida por causas de género.
Decimos que tenemos una mirada de clase dado que comprendemos
que el patriarcado como sistema de opresión hacia la mujer se enriquece
y sostiene en el marco de un modo de producción, basado en la explota-
ción, que requiere de la dominación de la mujer como uno de sus pilares
de subsistencia y reproducción. Este modo de producción es el que nos
hambrea, nos designa triples jornadas laborales (en el hogar, fuera de él
y en la carga mental que conllevan las tareas de cuidado), nos relega al
sostén y cuidado del hogar, les hijes y el hombre, nos determina la mater-
nidad e infinidad de aspectos cotidianos que hacen a nuestro desarrollo
como seres humanos.
Por otro lado, nos hemos definido a favor de la legalización del aborto
entendiéndolo como un problema de salud pública, por un lado, y por otro
porque pone en agenda la colonización del cuerpo de la mujer. En ese
sentido, necesitamos un Estado presente que garantice los dispositivos
necesarios para aquellas mujeres y personas con capacidad de gestar
que decidan hacerse un aborto. Entendemos que este tema es abruma-
dor para amplios sectores de la sociedad, dado que pone en tensión los
pilares más fuertes del statu quo. Expone al máximo la elección de la mu-
jer sobre su propio cuerpo, su planificación familiar, los modos de ejercer
la maternidad; en definitiva, pone sobre la mesa los deseos que mueven
a las mujeres. Es así como desde hace más de seis años hemos llevado
adelante la primera consejería en salud sexual y reproductiva que acom-
paña a personas con capacidad de gestar de manera amorosa, empática
y sorora a llevar adelante el proceso de interrupción voluntaria del emba-
474
razo. Además de promover y propiciar varias gestiones políticas ante el
Estado municipal y provincial para que el acceso al IVE/ILE de calidad se
encuentre garantizado para todas las mujeres del distrito.
Además, nos manifestamos en contra de la trata de mujeres con fines
de explotación sexual porque vulnera los derechos básicos de miles de
mujeres. Como es sabido, la trata es el tercer negocio más redituable a
nivel mundial. A través de esta práctica se ultraja el cuerpo, la identidad,
los deseos de miles de mujeres alrededor de todo el mundo, con el solo
fin de comercializar sus vidas y sus sexualidades.
A su vez nos definimos abolicionistas, dado que consideramos que la
prostitución es una forma más de mercantilizar el cuerpo de las mujeres.
Creemos que la prostitución es esclavitud en pos de la satisfacción de
deseos de otro. En la prostitución se alquila el cuerpo propio a un ajeno,
en pos de los derechos de otro y no de los propios. En la actualidad hay
manifestaciones de sectores del feminismo que insisten en regularizar
la prostitución bajo el argumento de la libre elección o voluntades de las
mujeres, basadas en un individualismo feroz que no contempla a la pros-
titución como una forma más de violencia hacia las mujeres. Desde nues-
tro colectivo tenemos en claro que las amplias mayorías de mujeres que
deben prostituirse lo hacen sometidas a contextos de distintas violencias
y desigualdades estructurales, y que nada tiene que ver con deseos per-
sonales, sino con la satisfacción de deseos sexuales fisiológicos de los
prostituyentes, del deseo social de la dominación sobre nuestros cuerpos
y la construcción de la sexualidad centrada en la satisfacción masculina.
Por último, nos convocamos en lucha permanente contra todo tipo
de violencia que sea ejercida sobre cualquier persona por el género o la
sexualidad elegida. Comprendemos que la violencia de género es ejerci-
da contra las mujeres y hacia todas aquellas expresiones del género que
intentan rebelarse al componente binomio hombre/mujer que el patriar-
cado y el capitalismo promueven y es en ese sentido que nuestra lucha
es una lucha por los Derechos Humanos. Una lucha por la defensa del
ejercicio de los deseos. Una lucha incansable por la libertad y la vida.
475
A lo largo de estos años en el distrito fueron haciéndose eco de la lucha
feminista varias organizaciones político-partidarias y sociales que lanza-
ron sus frentes de lucha, y el 25 de noviembre del 2018 conformamos
la Multisectorial de Mujeres y LGTBI+ que posibilitó ganar fuerza en las
calles, llevar adelante reclamos comunes, acompañar a muchas mujeres
y disidencias, lograr que se concretaran espacios dentro del Estado nece-
sarios para acompañar en los procesos de la ruta crítica, propulsar legis-
laciones municipales que amplíen derechos, entre muchas acciones más.
Una de las conquistas centrales ha sido, sin duda, la creación de la
Dirección de Políticas de Género luego de la violación sufrida por una ado-
lescente en el Camping El Durazno en manos de varios jóvenes en enero
de 2019. El movimiento feminista local copo las calles bajo la consigna
“Secretaría de Género YA”, y la exposición mediática de las falencias del
distrito en materia de políticas públicas de género quedó en evidencia. En
febrero del 2019 la Dirección de Políticas de Género fue una realidad. A lo
largo de los años esta se ha fortalecido con la conformación de distintos
equipos interdisciplinarios que acompañan día a día la realidad de muje-
res y disidencias en situación de violencia de género a lo largo de la ruta
crítica que deben atravesar.
Otra conquista central fue el pase de la oficina de atención a la violen-
cia familiar con una atención en horario matutino, a ser Comisaria de la
Mujer y la Familia con atención las 24 horas.
Otro punto central ha sido el impulso dado en la Mesa Local de abor-
daje a la violencia de género que ha tenido una larga trayectoria, con inter-
mitencias en su funcionamiento y en los espacios estatales de los que ha
dependido, iniciada en el 2012 en la Secretaría de Niñez y Adolescencia en
la que Laura Iglesias participó activamente; después se conformó por el
programa Municipios y Comunidades Saludables, donde comenzamos a
confluir muchas de las que luego conformamos Ni Una Menos y, además,
como resistencia de sus participantes a la voluntad de cerrarla de los fun-
cionarios de turno por aquel entonces. Posteriormente pasó por la Se-
cretaría de Desarrollo Humano hasta que finalmente se creó la Dirección
476
de Políticas de Género. En la actualidad, con aciertos y errores, se viene
sosteniendo un trabajo integrado entre las organizaciones sociales y los
diferentes efectores del Estado. Dividimos la tarea en tres comisiones:
Protocolo, Educación y Medios. Durante la pandemia pudimos elaborar
un protocolo de actuación para unificar los criterios de atención de las
distintas instituciones y efectores que intervienen en la ruta crítica que
atraviesan las personas en situación de violencia. Luego se ha elaborado
de forma conjunta la ordenanza que da formalidad a la creación y funcio-
namiento de la mesa intersectorial que ha sido aprobada por el Honorable
Concejo Deliberante de G. Alvarado. Además, se han realizado talleres de
sensibilización a los medios de comunicación, destinados a periodistas
y comunicadores sociales locales, actividades de difusión en radios y re-
des sociales, entre otras. La centralidad y el eje directriz de las múltiples
acciones sigue siendo la articulación del Estado con las organizaciones
que conocemos los territorios y acompañamos día a día la realidad de las
mujeres y diversidades.
En la actualidad, la Multisectorial de Mujeres y LGTBI+ continúa forta-
leciéndose, visibilizando en las calles el reclamo constante y vigente de la
consigna Ni Una Menos y trabajando en forma conjunta con les distintes
actores del Estado en pos de la prevención, abordaje y erradicación de la
violencia machista.
Conclusiones
Es innegable que asistimos a una coyuntura en donde se han agudizado
los mecanismos de opresión patriarcal y de resistencia de las mujeres e
identidades feminizadas. Entender la profunda relación histórica entre el
capitalismo y el patriarcado como sistemas de opresión que se nutren e in-
terrelacionan entre sí puede indicarnos un camino para sortear dicotomías
como lucha de las mujeres-disidencias vs. lucha de clases. El feminismo
ha recorrido un largo camino para que las desigualdades estructurales de
la sociedad capitalista y patriarcal sean reconocidas como un problema
477
social y político. Como pensamiento crítico, contrahegemónico y contracul-
tural, se plantea desmontar la opresión y explotación patriarcal fundada en
el contrato sexual que da base al contrato social. Si tenemos en cuenta las
complejas interrelaciones entre ambos sistemas de dominación y el punto
de su encuentro histórico quizá podamos dejar de pensar en la opresión de
las mujeres como un hecho aislado que remite al ámbito del hogar y avan-
zar en su papel fundamental en la historia del capitalismo.
En nuestro país cada 36 horas una mujer muere en manos de la violen-
cia machista; cada 36 horas las mujeres y disidencias volvemos a gritar
NI UNA MENOS. La lucha organizada, movida por el dolor, el hartazgo y
la sororidad han sido el puntapié para alcanzar transformaciones en los
ámbitos estatales y legislativos. Tenemos claro que aún falta mucho por
recorrer, pero sabemos que cada paso dado no tiene vuelta atrás y que
cada derecho conquistado no es negociable.
En cada marcha, en cada pedido de justicia, en cada acción política, en
cada logro y avance en la conquista de nuestros derechos están ellas, las vo-
ces de esas mujeres que las manos de sus femicidas creyeron apagar y que
muchos intentaron silenciar. Somos la voz de las que ya no pueden gritar.
¡LAURA IGLESIAS PRESENTE AHORA Y SIEMPRE!
478
Bibliografía
479
RIVEIRO, Laura (comp.). (2009). Trabajo Social y Feminismos: perspectivas
y estrategias en debate. La Plata: Colegio de Trabajadores Sociales
de la Provincia de Buenos Aires.
SEGATO, Rita. (2003). La argamasa jerárquica: violencia moral, reproduc-
ción del mundo y la eficacia simbólica del derecho. Brazilia: Série
Antropología.
480
MESA 5 · Memoria, testimonios y políticas reparatorias
Introducción
Desarrollo
En abril del año 2020, cuando estaban por cumplirse 20 años del femici-
dio de Ana María Domínguez, su familia propuso al Municipio de Luján es-
tablecer acciones que la recordaran y problematizaran el contexto de su
femicidio, así como reflexionar sobre las violencias de género, mediante
diversos actos con incidencia pública.
215 marianasierralic@[Link]
216 [Link]@[Link]
481
El femicidio de Ana María ocurrió en el año 2000. Fue encontrada en su
domicilio asfixiada tras ser torturada con una picana eléctrica por un sicario,
y el autor intelectual fue su expareja José Nicolás Chaín. Ambos cumplieron
condena. En el momento de su femicidio tenía una bebé de otra pareja.
Cuando ocurrieron los hechos, en los medios de comunicación se ha-
blaba de crimen pasional en referencia a los homicidios cometidos por
parejas o exparejas. La justicia aún no incorporaba el agravante de género
en sus sentencias. Crimen pasional era una definición que invisibilizaba y
minimizaba una problemática social como lo es la violencia de género en
el ámbito doméstico.
En el año 2012, mediante la Ley 26791 se incorporan al Código Penal
como agravantes de las penas “el que matare a una mujer cuando el hecho
sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”217. La pena será:
217 [Link]
218 [Link]
482
Desde aquella masiva movilización, los datos siguen siendo alarman-
tes: según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina
(RNFJA) durante el año 2021, se produjeron 251 femicidios en Argentina
y 20 vinculados. Además, muestra que al menos 42 mujeres habían de-
nunciado al agresor y que 22 tenían medidas de protección vigentes al
hecho. Los llamados al 144 muestran que la mayoría de los mismos son
por violencia en su modalidad doméstica, en los que los agresores son
parejas o exparejas de las víctimas.
Cuando comenzamos el diálogo con la familia de Ana María le propu-
simos que el 10 de abril visibilizara otros femicidios y que nos permitiera
empezar a dialogar con otras familias, con el objetivo de recuperar en la
memoria comunitaria a aquellas mujeres que hoy nos faltan.
De este modo, el 3 de junio de 2020, pusimos en valor la Plaza de la
Mujer en el barrio San Cayetano de Luján, mediante la colocación de un
banco rojo con la leyenda “En Memoria de todas las Mujeres que fueron
asesinadas por quienes dicen amarlas”, y se realizó la inauguración junto
con su familia. En ese momento se presentó el texto para la ordenanza.
Luego de 20 años se volvía a recordar a Ana María Domínguez.
Desde la DGyD hicimos hincapié en los hechos previos a su femicidio
con el objetivo de identificar distintos tipos de violencias de género. Ana
María había ganado un juicio por cuota alimentaria a su expareja, y de
allí se desencadenó su femicidio, perpetrado por el sicario Carlos Martín
Saayavedra.
Visibilizar los hechos previos nos permite echar luz sobre otra de las
violencias que padecía ella y que padecen cientos de mujeres, la violencia
económica y patrimonial de los progenitores.
Las políticas de visibilización y reparación, junto con las familias, se
proponen la realización de diferentes intervenciones en el espacio públi-
co con la intención de efectuar transformaciones estético-discursivas e
historizar los diferentes casos de femicidios ocurridos en el Municipio de
Luján, y para que aporten a la reflexión sobre los tipos y modalidades de
violencias por razones de género que atraviesa la comunidad.
483
En abril del presente año, junto con la Mesa Local Intersectorial de Lu-
ján contra las violencias por razones de género, se realizó una actividad
para recordar a Ana María Domínguez junto con la familia, el Consejo Pro-
vincial de Víctimas del Ministerio de Justicia y el Ministerio de las Muje-
res, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la PBA, con el objetivo de
concientizar sobre la construcción de herramientas de promoción de dere-
chos y prevención de las violencias desde todas las instituciones de Luján.
Luz Belén
El 6 de diciembre del año 2020 se perpetró el femicidio de Luz Belén
Marino, una joven de 16 años asesinada en su casa por su novio, con
quien mantenía una relación hacía 7 meses. En el marco de la Ordenanza
7524/2021 y en diálogo con la familia, el primer 10 de abril luego de esta-
blecida la ordenanza comenzamos a visibilizar el femicidio de Luz Belén.
El 3 de junio de ese mismo año confeccionamos un mural en el estadio
del Club Luján, del cual ella era hincha y que representaba un lugar simbó-
lico para recordarla.
Al año de su femicidio, junto con la familia, amistades y la comuni-
dad, acompañamos el reclamo de justicia y la recordamos mediante una
masiva movilización que inició en su casa, recorrió las calles del centro
de Lujan y finalizó en el mural que lleva su imagen. A su lado colocamos
también un banco rojo y se construyó un cantero con flores.
En consonancia con esta tarea, durante el año 2022 iniciamos diálo-
gos con la escuela secundaria a la que asistía Luz Belén Marino, donde un
grupo de estudiantes participantes del programa Jóvenes y Memoria, lle-
van adelante una investigación comparativa sobre el abordaje de ambos
femicidios en los medios.
484
Conclusiones
Al momento de la elaboración de la ordenanza contábamos con un análi-
sis realizado por la asamblea feminista de Luján, que había sistematizado
33 femicidios ocurridos en Luján durante el siglo XX hasta el presente. La
tarea no fue fácil ya que no había registros oficiales locales, por lo que se
analizaron notas periodísticas de medios locales, provinciales y naciona-
les con perspectiva de género. No contar con esta información da cuenta
de la necesidad de generar políticas de visibilización de las violencias de
género y de los femicidios perpetrados en la ciudad de Luján.
La construcción y la fuerza que adquiere en este contexto el lema “lo
personal es político” puso en la agenda del Estado la violencia de género
como un problema público y no del ámbito privado, que requería la pla-
nificación y ejecución de políticas públicas. De este reconocimiento son
resultado los Ministerios que atienden la problemática tanto en Provincia
como en Nación y, a nivel local, la jerarquización del área.
El impulso por parte de la familia de Ana María Domínguez para el
diálogo entre el Estado y la sociedad civil habla de la necesidad de seguir
fortaleciendo las políticas públicas en conjunto con la sociedad civil.
La construcción de problemas privados en problemas públicos no es
una tarea sencilla para las familias víctimas del femicidio y para el movi-
miento feminista argentino. La interpretación de las violencias contra las
mujeres como expresión de la desigualdad y subordinación de género, en
el marco de una cultura patriarcal, necesita no solo de un nuevo marco
normativo, sino de acciones que promuevan un cambio cultural.
485
MESA 5 · Memoria, testimonios y políticas reparatorias
Introducción
Este trabajo se propone, a partir de un hecho concreto, problematizar el
abuso sexual en un espacio deportivo municipal y su denuncia analizando
el recorrido de la denunciante, la respuesta social, la responsabilidad y la
consecuente intervención del Estado municipal. También visualizaremos
a los emergentes de esta problemática, llámese Ministerio de las Mujeres
y otras organizaciones sociales, desde sus roles en la mediación, orienta-
ción y asistencia.
Tomamos el caso concreto de denuncia de abuso sexual de la Escuela
Municipal de Canotaje de Patagones y desde aquí llevamos al análisis los
múltiples determinantes que tensionan y entran en juego al momento de
presentarse un caso de estas características.
219 silviaandreazaballa@[Link]
220 fabiolaacostac@[Link]
486
Desarrollo
El caso
Este apartado intenta un recorrido de los acontecimientos que se suce-
dieron luego de haberse efectuado una denuncia de abuso sexual en un
espacio deportivo en la ciudad de Carmen de Patagones.
Corría el año 2020 y la ciudad de Patagones conocía, a partir de una
denuncia de abuso sexual, lo que ocurría durante los entrenamientos de
las alumnas de la Escuela Municipal de Canotaje.
El denunciado: el padre del profesor y director de la Escuela Municipal
de Canotaje221 (EMC desde este momento), que participaba de los entre-
namientos practicándoles “masajes descontracturantes” a las alumnas a
modo de preparación física.
Los entrenamientos se desarrollaban en el predio de la EMC pero el
profesor/director de la Institución llevaba a las alumnas a su domicilio
para utilizar las instalaciones del gimnasio ubicado en su casa; así, las
alumnas eran trasladadas hasta el domicilio del profesor con el consen-
timiento de sus padres, ya que eran menores de edad para ese entonces.
En el domicilio del profesor/director de la EMC, su padre llevaba indi-
vidualmente a las alumnas a un cuarto contiguo a dicho gimnasio, don-
de les practicaba masajes para complementar la preparación física. Esta
práctica era habitual en los entrenamientos.
Con la denuncia de una de las alumnas y el inmediato conocimiento
público, el acusado se suicida, prescribiendo con su muerte la acción penal.
Bajo el argumento de la facilitación se inician nuevas acciones legales
sobre el profesor/director de la EMC, comenzando otro proceso judicial.
En estas circunstancias, la denunciante solicita al Concejo Deliberante
de la Municipalidad de Patagones (HCDP desde este momento) el cambio
o supresión de nombre de la EMC como acción reparatoria, fundamentado
221 La Escuela Municipal de Canotaje de Patagones lleva el nombre del palista “Piri” Pinta,
director/profesor de la escuela mencionada.
487
además desde la responsabilidad del mencionado como funcionario público.
Durante el proceso descripto, toma intervención en el caso el equipo
del Ministerio de las Mujeres de la Provincia de Buenos Aires, además de
conformarse en el territorio la mesa intersectorial “yo te creo”.
Aquí comienza, por un lado, el derrotero de la denunciante en su inten-
to de visibilizar lo sucedido en un espacio deportivo municipal, y por otro
lado la respuesta, desde el silencio absoluto en cuanto al tema, de las
instituciones municipales.
Los procesos
Como mencionamos al principio, la acción penal inicial prescribe con la
muerte del denunciado; en cuanto al proceso penal iniciado al profesor/
director por facilitación/encubrimiento, el Juzgado de garantías N.° 2 de
la ciudad de Bahía Blanca dictamina en su fallo que el mismo “no tenía la
posibilidad de saber” los sucesos porque “no hubo reclamo ni reproche”.
El 1 de agosto del año 2022 el profesor/director de la EMC resultaba so-
breseído (Diario Rio Negro, 2022).
En cuanto a la solicitud al HCDP por parte de la denunciante del cam-
bio/supresión del nombre de la EMC como acción reparatoria, con el
ingreso de la nota 154/21 por secretaría se conforma el expediente 4084-
1102/21, que desde agosto de 2021 a la fecha (febrero de 2023) solo tuvo
dos intentos frustrados de tratamiento.
El bloque oficialista de Juntos por el Cambio insistió en “esperar” los
tiempos de la justicia, dilatando el tratamiento del tema en comisión y
adoptando resoluciones externas durante todo el proceso, concretamen-
te las judiciales, como salida conveniente para despegarse del caso.
Pero el foco continúa poniéndose en la responsabilidad del cuidado
de menores de edad en un espacio deportivo municipal por parte de los
entrenadores, profesores, funcionarios, lejos de resoluciones judiciales; o,
al menos, ameritan discusiones de diferente calibre.
En este sentido, durante todo este tiempo se ofrecieron distintas pro-
488
puestas y proyectos222 desde espacios políticos, organizaciones de la so-
ciedad, universidades e incluso con dos visitas oficiales de la directora
regional del Ministerio de las Mujeres de la Provincia al HCDP a modo de
asesoramiento y orientación, sin lograr a la fecha poner en discusión el
tema. El principal limitante: la ausencia del bloque oficialista.
222 Durante el año 2022 se presentaron proyectos al HCDP como el de adhesión a la Ley
nacional 26316, “Día mundial de la lucha y prevención contra el abuso sexual” y el protocolo de
acción institucional para la prevención e intervenciones frente a situaciones de abuso sexual en
espacios deportivos/recreativos municipales y otros ámbitos afines, a la fecha (febrero de 2023)
todavía en comisión sin tratamiento.
489
Desde el momento en que los hechos toman estado público los me-
dios de comunicación alineados con el Estado municipal comienzan una
campaña en defensa del funcionario sembrando la duda sobre los dichos
de la denunciante, ejerciendo cierto “control de verdad”, exponiendo a esta
y a su familia en cuanto a sus “extrañas intenciones”, desviando la infor-
mación del hecho concreto (Foucault, 1992).
Se desacreditan mediáticamente opiniones que apuntan a la respon-
sabilidad del profesor/director en el hecho, presentando en contraparte la
figura intachable del mismo como buen vecino, deportista exitoso, objeto
de una injusticia, ajeno a los sucesos que en su casa se desarrollaban.
Es importante resaltar el papel que tienen los medios de comunica-
ción en cuanto a imponer una dialéctica de dominación masculina, negan-
do sistemáticamente lo ocurrido, desviando el foco de discusión hacia la
duda de los hechos y a la vez “advirtiendo” solapadamente al resto de la
sociedad las consecuencias a las que debe someterse aquella que co-
meta la osadía de denunciar un hecho de abuso sexual (Foucault, 1992;
Volnovich, 2001).
De esta manera se expone a la denunciante desde sus aspectos más
privados, ella tiene que dar explicaciones para lograr “convencer” al pú-
blico espectador sobre lo vivenciado, enfrentándose a una suerte de juz-
gamiento social sesgado por modelos patriarcales, librando una batalla
desigual perdida antes de empezar, en una compleja mezcla de experien-
cias, saberes, poder.
El abuso sexual no es solo un acto violento, ultrajante, humillante,
ofensivo, sino que también lo conforma toda acción social e institucional
que reproduce, legitima, refuerza y colabora con el sometimiento de la se-
xualidad femenina al momento de no responsabilizarse a visibilizar, ni pre-
venir, ni actuar sobre esta problemática (Escudero, 2007; Foucault, 1992).
Las relaciones de poder funcionan y son efectivas en la producción de
saberes de cuerpos, de sujetos, de sexualidades. Dichos saberes circulan
en la sociedad a modo de “máquina simbólica” legitimando la dominación
masculina de la cual se sustentan, impregnando las instituciones (estado,
490
escuela, iglesia), alineando y disciplinado a todos sus integrantes (Bour-
dieu, 2012; Butler, 1996; Foucault, 2012).
Hablar de poder necesariamente nos conduce a hablar de disciplina-
miento; este construye individuos generando representaciones. Se piensa
a las personas antes de que ellas mismas se piensen:
491
resguardando al profesor/director del escándalo, corriéndose institucio-
nalmente de la responsabilidad, esperando resoluciones judiciales que
puedan servirle al Estado municipal para librarse del caso.
Iniciando el mes de agosto de 2022 se conocía la noticia del sobre-
seimiento del profesor/director de la EMC, los medios de comunicación
locales daban a conocer la noticia, algunos a modo de victoria.
La institución judicial, desde la indagación, actúa como certificador de ver-
dades; verdades que tendrán que ser consideradas válidas, asumidas y trasmi-
tidas al resto con la finalidad de normalizar el conocimiento (Foucault, 1973).
Con el fallo judicial el Estado municipal da por terminado el tema, el
intendente envía una nota a la Comisión de Mujeres del HCDP con dicho
fallo adjunto, para dar un mensaje claro en cuanto su posicionamiento.
El oficialismo, que preside y tiene mayoría en la comisión, actúa en con-
secuencia. Conclusión: no se habla de abuso sexual, mucho menos si
involucra a un funcionario.
Reflexiones finales
Para concluir, necesitamos remarcar que el abuso como forma de violencia
no solo es un acto concreto cometido por un violador o maltratador, tam-
bién son la sociedad y sus instituciones las que ejercen violencia cuando
silencian, niegan y se corren del lugar de responsabilidad de estos hechos.
Comenzar a poner en cuestión esta problemática, comprender las
causas que la determinan y analizar su complejidad nos otorgarán las
herramientas necesarias para trabajar en la prevención, además de invo-
lucrar a sectores de la sociedad, entendiendo que no resuelven el proble-
ma solo los dispositivos de asistencia destinados a víctimas de abuso
sexual, ni el castigo a los abusadores, cuando la principal causa de esta
problemática, la sociedad y sus instituciones, permanecen indiferentes.
Se vislumbra un panorama poco prometedor en cuanto al tema, ya
que estas experiencias, negativas hasta el momento, dejan un fuerte
mensaje al resto de la sociedad.
492
En cuanto al proceso, es interesante el contraste que ofrecen la socie-
dad y sus instituciones en su doble versión moral que, por un lado, parece
escandalizarse frente a la denuncia de un hecho de estas características,
para luego castigar desde la exposición, la duda y la indiferencia a aquella
que se animó a contar lo que vivió. Quizá por el solo hecho de alimentar
el morbo social con la espectacularización de un hecho trágico, esas res-
puestas hay que comenzar a buscar.
Comenzar a poner en cuestión realidades, hacer algo con lo que nos
pasa, que estas realidades sean identificadas, tengan nombre, transcu-
rran en un lugar, en un tiempo; en esto, destacamos el rol del Ministerio
de las Mujeres como organismo movilizador en cuanto al planteo estra-
tégico del tema.
Es necesario continuar el recorrido que ya se inició con la conforma-
ción de dicho Ministerio. Todo lo hecho al día de hoy tiene que servir de
insumo para pensar en políticas integrales. No alcanza con solo asistir a
víctimas, ahí ya llegamos tarde.
493
Bibliografía
494
Esta obra continúa en el Volumen 2
y cuenta con los siguientes títulos:
Mesa 6
Diversidad sexual. Prólogo de Lorena Medel
Mesa 7
Licencias y protocolos de violencia por razones de género.
Prólogo por Mariela Garay y Bianca Gigli
Mesa 8
Interseccionalidad: opresiones y racialidad.
Prólogo por Érica Porris
Mesa 9
Estrategias de cuidado, y políticas de cuidado, dirigidas a
quienes abordan situaciones de violencia por razones de
género. Prólogo por Julieta Cano
Mesa 10
Estado y políticas públicas con enfoque de género: aportes
desde la investigación. Prólogo por Sol Calandria, Clara
Maidana y Mariana Frega