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Nikitin

Marx analiza el capitalismo comenzando con la mercancía, que representa la célula económica de la sociedad burguesa, donde las relaciones sociales se traducen en relaciones mercantiles. La producción mercantil, que surge de la división del trabajo y la propiedad privada, se convierte en la forma predominante bajo el capitalismo, caracterizada por la explotación del proletariado por la burguesía. El valor de las mercancías se determina por el trabajo invertido en su producción, no por su utilidad o escasez.

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Marx analiza el capitalismo comenzando con la mercancía, que representa la célula económica de la sociedad burguesa, donde las relaciones sociales se traducen en relaciones mercantiles. La producción mercantil, que surge de la división del trabajo y la propiedad privada, se convierte en la forma predominante bajo el capitalismo, caracterizada por la explotación del proletariado por la burguesía. El valor de las mercancías se determina por el trabajo invertido en su producción, no por su utilidad o escasez.

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EL MODO CAPITALISTA DE PRODUCCIÓN

A. EL CAPITALISMO PREMONOPOLISTA

CAPÍTULO II

LA PRODUCCIÓN MERCANTIL
LA MERCANCÍA Y EL DINERO
Marx comienza su análisis del capitalismo por la mercancía. Bajo el capitalismo,
todo –desde un minúsculo alfiler hasta una fábrica gigante, e incluso la fuerza de trabajo
del hombre- se compra y se vende y, como dicen los economistas, reviste la forma de
mercancía. Las relaciones entre los hombres en la sociedad se traducen en relaciones
entre mercancías. La mercancía, como señala Marx, es la célula económica de la
sociedad burguesa. De igual modo que en una gota de agua se refleja el mundo
circundante, en la mercancía se reflejan todas las contradicciones fundamentales del
capitalismo.
La investigación de la mercancía y de la producción mercantil le permitió a
Marx poner en claro la escuela de las relaciones capitalistas de producción.

1. La característica general de la producción mercantil

El concepto de la producción mercantil

En la producción mercantil, los productos no se destinan al consumo personal,


sino a la venta, al cambio en el mercado. “Por producción mercantil –decía V. Lenin- se
entiende una organización de la economía social, en la que los artículos son elaborados
por productores sueltos, aislados, con la particularidad de que cada uno se especializa en
la fabricación de un producto determinado, de modo que para satisfacer las demandas de
la sociedad es necesaria la compraventa de productos (que, por ello, adquieren el
carácter de mercancías) en el mercado”. 3
La producción mercantil surgió en el período de descomposición del régimen de
la comunidad primitiva y existió durante los modos esclavista y feudal de producción,
pero el tipo dominante era la economía natural. En dicho tipo de economía, la sociedad
consta de multitud de unidades económicas homogéneas, cada una de las cuales realiza
todos los trabajos, comenzando por la obtención de las diversas clases de materias
primas y terminando con el acabado de los artículos para el consumo propio. Ese tipo de
economía, en el que únicamente se destinan al cambio los excedentes de productos,
dominó hasta el surgimiento del capitalismo.
El desarrollo del capitalismo asestó un golpe demoledor a la economía natural.
Bajo el capitalismo todo adquiere la forma de mercancía, comprendida la fuerza de
trabajo. Con la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía, la producción
mercantil adquiere un carácter universal, se convierte en la predominante.
Debido a que bajo el capitalismo la producción de mercancías se convierte en la
forma predominante de producción, las relaciones entre los hombres en el proceso de
producción, es decir, las relaciones de producción se expre san en relaciones mercantiles.
En efecto, tomemos la relación de producción fundamental de la sociedad capitalista: la

3
V.I. Lenin, Obras, 4ª. ed. en ruso, t. 1, pág. 77.

Pag. 16
explotación del proletariado por la burguesía. Para que el capitalista pueda explotar al
obrero, este último tiene que vender su fuerza de trabajo, la cual figura como mercancía.
El capitalista paga al obrero el salario, con el cual el obrero compra las mercancías
indispensables para su existencia. Así, las relaciones de producción entre el obrero y el
capitalista no se exteriorizan directamente, sino a través de las mercancías, y adquieren
el carácter de relaciones mercantiles.
Los capitalistas se venden entre sí su producción y se compran materias primas,
instalaciones y otras mercancías. Las relaciones entre los capitalistas también adquieren
un carácter mercantil.
Por consiguiente, la producción mercantil adquiere en la sociedad capitalista un
carácter universal, dominante, y las relaciones entre los hombres actúan como
relaciones entre cosas, entre mercancías.

Las condiciones del surgimiento de la producción mercantil

La producción mercantil sólo puede surgir en determinadas condiciones. Para


que surja y exista la producción mercantil debe darse una condición importantísima: la
división social del trabajo. Esto significa que la producción de distintas mercancías está
dividida entre los hombres o grupos de hombres. Por ejemplo: unos producen tejido;
otros, calzado; los terceros, artículos de uso doméstico, otros, instrumentos, y así
sucesivamente. Es evidente que para satisfacer sus necesidades, a estos hombres les es
preciso intercambiar los frutos de su trabajo. De este modo, todos los productores juntos
vienen a constituir algo así como un gran conjunto productivo, cuyos miembros
dependen el uno del otro.
Ahora bien, la división social del trabajo no es más que una de las condiciones
necesarias para que se dé la producción mercantil. Otra condición indispensable es la
existencia en la sociedad de distintos propietarios de los medios de producción.
Imaginémonos el siguiente caso. Un hombre ha fabricado un artículo y quiere venderlo
a otro. ¿Puede hacerlo? Sí, puede, pero únicamente en el caso de que sea el dueño de los
medios de producción de que se ha valido para fabricar el artículo en cuestión y, por
consiguiente, sea el propietario del mismo. Dentro de la comunidad primitiva, por
ejemplo, pese a la existencia de la división del trabajo, no había producción mercantil,
no había cambio mercantil. Los miembros de la comunidad intercambiaban los
resultados de su trabajo, pero no se los vendían el uno al otro, no podían hacerlo, ya que
el propietario de los medios de producción y de los frutos del trabajo era toda la
comunidad en conjunto. La cosa era muy distinta cuando el intercambio se practicaba
entre comunidades. En tal caso tenía lugar el cambio de propietario, y el fruto del
trabajo era mercancía.
Por lo tanto, constituyen la base de la producción mercantil la división social del
trabajo y la existencia de distintos propietarios de los medios de producción en la
sociedad. Únicamente cuando se dan estas dos condiciones surge la producción
mercantil y el intercambio de productos bajo la forma de compra-venta.

La producción mercantil simple y la capitalista

La producción mercantil capitalista surge en determinadas condiciones sociales


sobre la base de la producción mercantil simple.
Los representantes más típicos de la producción mercantil simple son los
pequeños campesinos y los artesanos. La producción se basa en este caso en el trabajo
personal, es decir, laboran ellos mismos sin explotar el trabajo ajeno. Cada productor de

Pag. 17
mercancías simple es propietario de los medios de producción, y los frutos de ésta no
están destinados al consumo propio, sino al mercado, a la venta.
Por su naturaleza, la producción mercantil simple tiene un doble carácter. Dado
que se basa en la propiedad privada, el pequeño campesino o artesano es un propietario,
y esto lo acerca al capitalista. Por otra parte, como la producción mercantil simple se
basa en el trabajo personal, el productor de mercancías es un trabajador, y esto lo acerca
al proletario, el cual, a diferencia del productor de mercancías simple, no posee medios
de producción propios. Aquí radica, precisamente, la comunidad de intereses de la clase
obrera y el campesinado y la posibilidad de alianza entre ellos.
En determinadas condiciones sociales, la producción mercantil simple sirve de
punto de partida y base para el surgimiento de la producción capitalista. Estas
condiciones son dos. Primera, la existencia de la propiedad privada sobre los medios de
producción. Es sabido que esta condición apareció en el período de desintegración de la
sociedad primitiva. Segunda, la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía.
Esta transformación se produjo en la época de desintegración de la sociedad feudal.
La producción mercantil simple es inestable; entre los campesinos y artesanos se
opera constantemente un proceso de diferenciación: unos (la minoría) se enriquecen,
otros (la mayoría) se arruinan. En las condiciones mencionadas, este proceso conduce a
la aparición de la burguesía y el proletariado en la ciudad y en el campo.
La producción mercantil capitalista, lo mismo que la simple, se basa en la
división social del trabajo y la propiedad privada sobre los medios de producción, pero
no tiene por fundamento el trabajo personal del propietario de los medios de
producción, sino la explotación del trabajo asalariado. En la producción mercantil
capitalista, el capitalista posee los medios de producción y dinero, pero no trabaja
personalmente. Con su dinero compra la fuerza de trabajo, que es la que acciona los
medios de producción. La conversión de la fuerza de trabajo en mercancía significa que
en el capitalismo, la producción mercantil se desarrolla aún más y adquiere un carácter
universal. El cambio de mercancías, escribió Lenin, es “la relación más sencilla,
corriente, fundamental, masiva y común, que se encuentra miles d e millones de veces en
la sociedad burguesa (merca ntil)”4. Por eso debemos poner en claro que es la mercancía,
esta célula económica del capitalismo.

2. La mercancía y el trabajo creador de las mercancías

El valor de uso y el valor de la mercancía

La mercancía es una cosa que, en primer lugar, satisface una determinada


necesidad del hombre, en segundo lugar, no se produce para el propio consumo, sino
con destino a la venta, al ca mbio.
Cuando un hombre hace algún objeto para el propio consumo, entonces se trata
de un producto y no de una mercancía. Para que el producto sea mercancía debe
satisfacer la demanda de él por parte de otros miembros de la sociedad.
Al analizar la mercancía se distinguen en ella dos aspectos íntimamente unidos,
dos propiedades: el valor de uso y el valor.
La propiedad que posee la mercancía de satisfacer una u otra necesidad humana
se llama valor de uso. La necesidad satisfecha por la mercancía puede ser de la índole
más variada. La mercancía puede ser un objeto de primera necesidad, como el pan, la

4
V.I. Lenin, Obras, 4” ed. en ruso, t. 36, pág. 325.

Pag. 18
ropa o el calzado. Puede ser un objeto de lujo: vinos caros, alhajas, etc. Puede ser
también un medio de producción, como la maquinaria, la hulla, el hierro, etc.
Cada objeto puede tener más de un valor de uso. Por ejemplo, el carbón de
piedra puede emplearse como combustible, puede utilizarse como materia prima en la
fabricación de productos quí micos.
En la producción mercantil se opera un constante cambio de unos valores de uso
por otros, manteniendo una determinada relación cuantitativa. Por ejemplo, un hacha se
cambia por 20 kilos de grano. Esta relación cuantitativa, sobre cuya base un valor de
uso se cambia por otro, constituye el valor de cambio de la mercancía. Al analizar el
valor de cambio surgen inmediatamente dos preguntas: 1) ¿sobre qué base se equiparan
mercancías de distintas cualidades?, 2) ¿por qué distintas mercancías se equiparan entre
sí en una proporción determinada, en una cantidad determinada? Si las mercancías, con
cualidades muy distintas, se equiparan en el cambio, ello quiere decir que encierran algo
que les es común. Aristóteles, filósofo de la antigua Grecia, señalaba ya que no puede
haber cambio sin igualdad, ni igualdad sin equiparación.
A todas las mercancías les son inherentes en una u otra medida las propiedades
siguientes: utilidad, capacidad para ser objeto de demanda y oferta, escasez o rareza y
trabajo.
¿Cuál de estas propiedades de la mercancía determina su valor?
A primera vista puede parecer que origina el valor de una mercancía su utilidad.
Cuanto más útil es una cosa, más valor debe tener. Sin embargo, la realidad confirma a
cada paso que la utilidad no es causa del valor. A menudo, las cosas más útiles no
cuestan nada (el aire) o cuestan muy poco (el agua), mientras que hay cosas poco útiles
al hombre que suelen costar extraordinariamente caras (los diamantes). En realidad, si el
costo de los productos aumentase al aumentar su utilidad, el pan y el agua tendrían el
precio de los diamantes, y viceversa. Por eso, la utilidad o valor de uso es una condición
del valor, pero no su causa. Aunque no puede existir el valor sin valor de uso, el valor
de uso puede existir perfectamente sin el valor (el aire tiene un gran valor de uso, pero
no posee valor en absoluto).
Ahora bien, ¿pueden la demanda y la oferta determinar la cuantía del valor? A
primera vista puede parecer que sí. Se sabe que cuanto mayor sea la demanda de alguna
mercancía, mayores serán los precios, y a la inversa; o sea, cuanto mayor sea la oferta
de una mercancía, cuantas más mercancías de una determinada clase abunden en el
mercado, más bajos serán los precios.
Pero cuanto más se cala en la esencia del problema, más evidente se hace que el
valor de las mercancías no depende de la demanda ni de la oferta. En efecto, tomemos a
título de ejemplo el azúcar y la sal. Ambas mercancías están subordinadas en igual
medida a la ley de la demanda y la oferta. Aunque la demanda de dichas mercancías sea
igual a la oferta, el valor de 1kg. de azúcar será unas cuántas veces mayor que el de 1kg.
de sal. Por lo tanto, la demanda y la oferta nada tienen que ver con eso. Es cierto que las
proporciones de la demanda y la oferta no son del todo indiferentes a los precios de las
mercancías, pero no es la cuantía del valor lo que determinan, sino el grado de
alteración que experimentan los precios del mercado respecto al valor de la mercancía.
Al aumentar la demanda y disminuir la oferta de alguna mercancía, los precios del
mercado se elevan por encima de su valor y, al contrario, al disminuir la demanda y
aumentar la oferta, los precios del mercado descienden por debajo del valor.
Únicamente en el caso en que sean iguales la demanda y la oferta, los precios del
mercado corresponden al valor. Pero tal caso es muy raro en la producción mercantil
capitalista. Ello significa que la demanda y la oferta no determinan el valor de la
mercancía.

Pag. 19
¿Puede la rareza, o sea, la escasez de una mercancía, determinar su valor? Podría
parecer que la vida confirma con miles de ejemplos la veracidad de semejante
conclusión. Tomemos, por ejemplo, el oro, los diamantes y el pan. El oro y los
diamantes son raros y muy caros. En cambio, el pan abunda considerablemente más,
pero es mucho más barato, aunque sea mucho más necesario para la vida del hombre.
Ahora bien, eso no quiere decir que si no abunda una cosa sea esto causa de su mayor
valor. Por ejemplo, cuando en un verano de sequía pasa mucho sin llover, la gente la
espera impaciente y la “demanda” de lluvia es enorme; sin embargo, pese a toda la
utilidad y escasez, pese a toda la necesidad que se tiene de ella, no posee valor que
pueda expresarse en dinero.
Por consiguiente, ni la utilidad ni la capacidad para ser objeto de demanda y
oferta, ni la escasez, son causa del valor.
Sin embargo, las mercancías poseen una propiedad común, que no depende ni de
su utilidad ni de su capacidad para ser objeto de de manda y oferta, ni de su escasez. Esta
propiedad consiste en que todas las mercancías son producto del trabajo.
Únicamente el trabajo es la verdadera base, o, como decía Marx, la sustancia
del valor. Cuanto más trabajo se requiere para la producción de una u otra mercancía,
tanto mayor es el valor que posee el artículo en cuestión, tanto más caro es. El oro es
más caro que el carbón de piedra, porque para buscar el oro, para limpiarlo de
impurezas, se requiere mucho más trabajo que para la extracción de igual cantidad de
hulla.
Todas las mercancías son resultado del trabajo humano. Las mercancías pueden
equipararse las unas a las otras porque en cada una de ellas se ha invertido cierta
cantidad de trabajo. Las mercancías son valores debido a que son productos del trabajo.
Valor es el trabajo social de los productores materializado en mercancías. El
término “materializado” subraya el hecho de que el trabajo se encierra, está plasmado en
la mercancía, ha adquirido la forma de cosa, de mercancía. Las proporciones o
relaciones cuantitativas que sirven de base para el cambio de mercancías son la forma
de manifestación del valor y muestran que en las mercancías a cambiar se ha invertido
igual cantidad de trabajo; que encierran iguales valores.
El valor de la mercancía es una categoría social, que aunque no se la ve, se la
advierte siempre que se cambia una mercancía por otra, al equiparar una mercancía a
otra. Por eso decía V. Lenin que “el valor es una relación entre dos personas... una
relación disfrazada bajo una envoltura material”5.
El valor de uso ha existido siempre y jamás dejará de existir. Sin embargo, la
mercancía como valor ha surgido en una etapa determinada del desarrollo de la
sociedad, al aparecer la producción mercantil desaparecerá también el valor de la
mercancía. Por consiguiente, el valor es una categoría social e histórica, es decir, existe
en una etapa determinada del desarrollo de la sociedad.
Así pues, hemos visto que la mercancía posee dos propiedades, que encarna la
unidad del valor de uso y del valor.
¿A qué se debe, pues, este doble carácter de la mercancía?

El trabajo concreto y el abstracto

El doble carácter de la mercancía se debe al doble carácter del trabajo, creador


de mercancías. El trabajo del productor, materializado en la mercancía, es, por una
parte, trabajo concreto, y por la otra, abstracto.

5
V. I. Lenin. Obras, 4ª ed. en ruso, t. 21. pág. 44

Pag. 20
El trabajo concreto es el invertido bajo una forma determinada, útil y con un
fin concreto. El hombre no puede trabajar en “general”. Su trabajo es, en todos los
casos, bien el de un zapatero, bien el de un agricultor, el de un minero, etc.
Los diversos tipos de trabajo se diferencian unos de otros por sus peculiaridades
cualitativas, procedimientos profesionales, instrumentos, materiales empleados y,
finalmente, por sus resultados, es decir, por los productos, los valores de uso. El trabajo
concreto crea el valor de uso de la mercancía.
Al fijarse en los distintos tipos de trabajo, se observará en ellos un rasgo común:
la inversión de trabajo humano en general, es decir, el gasto de energías musculares,
cerebrales, nerviosas, etc. El trabajo concebido independientemente de la forma
concreta que revista, como inversión de la fuerza humana del trabajo en general, es el
trabajo abstracto. El trabajo abstracto crea el valor de la mercancía.
El trabajo concreto, como creador del valor de uso, siempre ha existido y jamás
dejará de existir y tiene lugar tanto en la producción mercantil como al margen de ella.
El trabajo abstracto sólo es inherente a la producción mercantil. El hecho de que los
distintos tipos de trabajo concreto se reduzcan a un trabajo abstracto igual, al trabajo en
general, está relacionado con la existencia de la producción mercantil, con el hecho de
que el producto del trabajo va destinado a la venta, al cambio. En efecto, si el productor
ha hecho, supongamos, un par de botas y las ha llevado al mercado, ¿cómo puede
cambiarlas por grano, por ejemplo? Como valores de uso, estos productos no admiten
comparación. Ello quiere decir que sólo se los puede comparar por la cantidad de
trabajo invertido. Y si el zapatero cambia un par de botas por 100 kilos de grano es por
que tanto las botas como el grano encierran igual cantidad de trabajo abstracto. Si las
botas no se hicieron para destinarlas al cambio, sino para usarlas la familia del zapatero,
no habría necesidad de determinar la cantidad de trabajo abstracto que contiene. Al
desaparecer la producción mercantil, desaparecerá también la categoría de trabajo
abstracto.
En la producción mercantil media una contradicción antagónica (inconciliable)
entre el trabajo concreto y el abstracto, que se manifiesta como contradicción entre el
trabajo privado y el social.

El trabajo privado y el social

En la producción mercantil, cada productor de mercancías lanza al mercado una


determinada clase de mercancía. El trabajo está dividido en la sociedad, y cuanto mayor
es esta división, cuantas más ramas de la producción existen, más amplios y firmes son
los nexos entre los productores de mercancías, mayor es el grado de dependencia mutua.
En la fabricación de casi todas las cosas toman parte decenas y centenares de hombres
de distintas profesiones. Ello significa que el trabajo de cada productor de mercancías es
una parte del trabajo social y reviste carácter social.
Pero en la sociedad donde existe la propiedad privada sobre los medios de
producción, los productores de mercancías administran su economía aparte de los
demás, están divididos. Por esa razón, su trabajo, que de hecho es un trabajo social, se
manifiesta bajo la forma de trabajo privado. Aquí permanece oculto el carácter social
del trabajo. El carácter social del trabajo no se exterioriza más que en el cambio, en el
mercado. Precisamente en el cambio, en la compraventa de mercancías, se revela que el
trabajo privado del productor en cuestión es una parte del trabajo social, ya que es
necesario para la sociedad.
En virtud de que el trabajo del productor de mercancías, aun siendo directamente
privado, reviste al mismo tiempo carácter social, surge la contradicción principal de la

Pag. 21
producción mercantil simple: la contradicción entre el trabajo privado y el social.
Dicha contradicción se pone de manifiesto en el proceso del cambio. Cuando los
productores de mercancías aparecen en el mercado, unos ven sus mercancías, mientras
otros no lo consiguen. No pueden venderlas porque no hay demanda o porque sus
mercancías son demasiado caras. Pero si el productor no logra realizar sus mercancías,
quiere decir que su trabajo privado no es reputado necesario para la sociedad; el
productor sufre perjuicios y caso de repetirse con frecuencia el fenómeno, se arruina.
Por consiguiente, la contradicción entre el trabajo privado y el social conduce a la ruina
de unos productores de mercancías y al enriquecimiento de otros.

La magnitud del valor de la mercancía

Como el valor de la mercancía es creado por el trabajo, la magnitud del valor es


determinada por la cantidad de trabajo que encierra la mercancía dada.
A su vez, las inversiones de trabajo se miden por el tiempo durante el cual se
invierte aquél, es decir, por el tiempo de trabajo. Ahora bien, los productores de
mercancías son muchos y la cantidad de trabajo que invierten en la producción de
mercancías iguales no es la misma. Por eso, la magnitud del valor no puede medirse por
el trabajo que de hecho ha invertido en la mercancía cada productor por separado. Si la
magnitud del valor de la mercancía se determinara por el trabajo que de hecho ha
invertido cada productor, no existirían magnitudes únicas del valor para mercancías
iguales. Pero en realidad, en el proceso del cambio, las mercancías iguales poseen un
valor igual. La magnitud del valor de las mercancías se determina no por el tiempo de
trabajo individual de cada productor aparte, sino por el tiempo de trabajo socialmente
necesario para la producción de la mercancía en cuestión.
Por tiempo de trabajo socialmente necesario se entiende el que se requiere para
producir una mercancía cualquiera en las condiciones sociales medias de producción en
la rama dada (el nivel técnico, el grado de habilidad de los productores y la intensidad
de trabajo). Por regla general, el tiempo de trabajo socialmente necesario depende de las
condiciones de producción en las que se crea la masa mayor de mercancías de una clase
dada.
El tiempo de trabajo socialmente necesario se modifica constantemente, por
cuya razón cambia asimismo la magnitud del valor. La magnitud del tiempo de trabajo
socialmente necesario se modifica al cambiar la productividad del trabajo. La
productividad del trabajo se expresa en la cantidad de producción lograda en una
unidad de tiempo de trabajo. Se entiende por elevación de la productividad del trabajo
todo cambio en el proceso laboral que reduzca la inversión de trabajo por unidad de
producción. Cuanto mayor sea la productividad del trabajo, es decir, cuanta más
producción se logre en un período de tiempo determinado, menor será el valor de la
mercancía. Y a la inversa, cuanto más baja sea la productividad del trabajo social, tanto
más tiempo de trabajo socialmente necesario se requerirá para la producción de la
mercancía dada y tanto mayor será su valor. Por eso se dice que la productividad del
trabajo se halla en proporción inversa al valor de cada unidad de mercancía.
Hay que distinguir la productividad del trabajo de la intensidad de éste. La
intensidad del trabajo se determina por el trabajo invertido en una unidad de
tiempo. Cuanto mayor sea la inversión de trabajo en un mismo período de tiempo,
mayor será la producción, pero el valor de la unidad de mercancía puede permanecer
inalterable, ya que en este caso la mayor cantidad de trabajo corresponde a una mayor
cantidad de productos.

Pag. 22
Influye en la magnitud del valor de la mercancía el grado de complejidad del
trabajo. En consonancia con el grado de complejidad, se distingue el trabajo calificado y
no calificado. El de un trabajador que no posee preparación especial alguna se llama
trabajo simple (no calificado). El que requiere una preparación especial se denomina
trabajo complejo (calificado). El trabajo complejo crea en una unidad de tiempo un
valor de mayor magnitud que el trabajo simple. Por eso dijo Marx que el trabajo
complejo no es más que el trabajo simple potenciado, o multiplicado.
En la producción mercantil basada en la propiedad privada, la reducción de los
distintos tipos de trabajo de distinta calificación y productividad, a una medida común,
al trabajo abstracto, que es el que forma el valor de la mercancía, se lleva a cabo de una
manera espontánea, en el mercado, al venderse la mercancía. En el valor están
expresadas las relaciones de producción entre los productores de mercancías, su
intercambio de actividades. Pero exteriormente, estas relaciones se manifiestan como
relaciones entre cosas.

3. El desarrollo del cambio y las formas de valor

El valor de cambio es la forma de manifestación del valor

El valor de la mercancía es fruto del trabajo invertido en su producción. Ahora


bien, sólo puede manifestarse equiparándose unas y otras mercancías en el proceso del
cambio, es decir, a través del valor de cambio. Así, el valor de un hacha no puede
expresarse directamente en tiempo de trabajo. Se expresa a través de otra mercancía.
Por ejemplo, 1 hacha = 20kg. de grano. El grano sirve aquí de medio de expresión del
valor del hacha. Esta igualdad muestra que en la producción del hacha, se ha invertido
una cantidad igual de trabajo. La mercancía cuyo valor se expresa en otra (en nuestro
ejemplo, el hacha) reviste la forma relativa de valor. Y la mercancía cuyo valor de uso
sirve de medio para expresar el valor de otra (en nuestro ejemplo, el grano) reviste la
forma equivalente.
El valor de cambio ha recorrido un largo camino de desarrollo histórico, desde la
forma simple, fortuita, del valor hasta la for ma dinero del valor.

La forma simple del valor

Mientras la producción tenía un carácter natural, los productos del trabajo


estaban destinados al consumo personal, y no al cambio. En esa época sólo se
destinaban al cambio los excedentes fortuitos de productos. La cantidad de productos
que se cambiaban era limitada. Una mercancía determinada se cambiaba directamente
por otra y expresaba su valor en una sola mercancía. Por ejemplo: 1 hacha equivalía a
20kg. de grano o 20m. de lienzo a 1 chaqueta. Debido a que el cambio tenía un carácter
fortuito, la magnitud del valor de la mercancía no era medida de igual modo. A esta fase
en el desarrollo del cambio corresponde la forma simple o fortuita del valor.

La forma total o desplegada del valor

En el régimen de la comunidad primitiva, al producirse la primera gran división


social del trabajo –al desgajarse las tribus pastoras de las demás tribus agrícolas-, el
cambio fue haciéndose cada vez más amplio, destinándose a él el ganado, el grano, etc.
El cambio fue adquiriendo un carácter de fenómeno regular. Pero en el proceso del
cambio fue evidenciándose más que una misma mercancía era objeto de cambio de

Pag. 23
muchos. Esa mercancía resultó ser espontáneamente el ganado. Este se equipara y se
cambiaba por muchas mercancías. Por ejemplo:

= 40 kg. de grano, o
1 oveja = 20 m. de lienzo, o
= 2 hachas, o
= 3 gr. de oro, etc.

Esta forma, por la cual el valor de una mercancía puede expresarse en infinidad
de otras, se llama forma total o desplegada del valor.

La forma universal del valor

Al progresar la producción mercantil y el cambio, comienza a destacarse, una


mercancía entre todas las demás la de mayor demanda. Todas las mercancías empiezan
a expresar sus valores en una misma mercancía. La mercancía que actúa como
expresión del valor de muchas otras es el equivalente universal, o sea, de igual valor
para cualquier mercancía. Al surgir el equivalente universal se pasa de la forma
desplegada del valor a la forma universal del valor, que puede expresarse de la
siguiente manera:
40 kg. de grano, o =
20 m. de lienzo, o = 1 oveja
2 hachas, o =
3 gr. de oro =

El paso a la forma universal del valor originó la circulación mercantil. En esta


fase, todo acto de cambio se dividía ya en dos partes: la venta y la compra. Sin embargo,
la función de equivalente universal en dicha fase no aparecía todavía plasmada en una
determinada mercancía. Esta función la desempeñaba en unos lugares el ganado; en
otros, la sal, en otros sitios, las pieles, y así sucesivamente.
El incremento ulterior de la producción mercantil y la ampliación del cambio
reclamaban el paso a un equivalente único, ya que la abundancia de mercancías que
desempeñaban la función de equivalente universal era una traba para el progreso del
cambio, entraba en contradicción con las necesidades del mercado creciente. Esta
contradicción fue superada por el hecho de que los metales preciosos o nobles –la plata
y el oro- pasaron a desempeñar paulat inamente el papel de equivalente universal.

La forma dinero del valor

Cuando el papel de equivalente universal empezó a ser desempeñado por una


mercancía, el oro, por ejemplo, surgió la forma dinero del valor, que se puede expresar
de la siguiente manera:
40 kg. de grano, o =
20 m. de lienzo, o = 3 gr. de oro
2 hachas, o =
1 oveja, etc. =

El paso a la forma del dinero se produjo después de la segunda gran división


social del trabajo, o sea, cuando los oficios se desglosaron de la agricultura. Dadas sus
propiedades particulares (homogeneidad, divisibilidad, poco volumen, etc.) asumieron

Pag. 24
la función de equivalente universal el oro y la plata, convertidos en dinero: El dinero es
una mercancía determinada a la que pertenece la función social de expresar el
valor de todas las demás mercancías. Al parecer el dinero, todas las mercancías
pasaron a medir su valor en dinero.

4. El dinero

La naturaleza del dinero y sus funciones

El dinero aparece de modo espontáneo en el proceso del desarrollo histórico de


la producción mercantil y del cambio.
Precisamente el desarrollo de las formas del valor, empezando por las más
simples, dio lugar a la aparición de la forma dinero del valor y del dinero.
Se emplean como dinero el oro y la plata, monedas metálicas acuñadas o signos
monetarios de papel que los sustituyen. Pero ese tipo de dinero no apareció de súbito. Al
principio desempeñó dicha función una mercancía que sirvió con mayor frecuencia
como objeto de cambio. Debido al prolongado desarrollo de la economía mercantil, la
función de dinero se concentró en el oro. El oro cumplió en el siglo XIX la función de
dinero en la mayoría absoluta de países.
En la economía mercantil desarrollada, el dinero cumple varias funciones: es
medida del valor de las mercancías, es medio de circulación, es medio de acumulación o
atesoramiento, es medio de pago y es dinero mundial. Veamos lo que es cada una de
dichas funciones.
La función fundamental del dinero es servir de medida del valor. La esencia de
dicha función consiste en que con ayuda del dinero se mide el valor de todas las
mercancías. Para poder cumplir su función de medida del valor, el propio dinero debe
poseer un valor. Del mismo modo que sólo es posible medir el peso de un cuerpo
mediante una pesa porque ésta posee por sí misma un peso, el valor de una mercancía
sólo se puede medir con ayuda de otra mercancía, ya que ésta posee por sí misma un
valor. El valor de una mercancía se mide por medio del oro. Cuando el poseedor de una
mercancía le fija a ésta un determinado precio, expresa su valor en oro de un modo
imaginario o, como dijo Marx, ideal. Se puede equipar una mercancía a cierta cantidad
de oro porque en la realidad de las cosas siempre media cierta proporción entre el valor
del oro y el de la mercancía en cuestión. Dicha proporción tiene por base el trabajo
socialmente necesario invertido en la producción de uno y otra.
El valor de la mercancía expresado en dinero se llama precio. Precio es la
expresión en dinero del valor de la mercancía.
Las mercancías expresan sus valores en determinadas cantidades de oro o plata.
Estas cantidades del material-dinero necesitan ser medidas a su vez. Una determinada
cantidad del metal dinero expresado en peso sirve de unidad de medida del dinero. En
los Estados Unidos, por ejemplo, la unidad monetaria es el dólar; en Inglaterra, la libra
esterlina; en Francia, el franco. Para facilitar las operaciones de medición, las unidades
monetarias se dividen en fracciones: el dólar, en 100 centavos; el franco, en 100
céntimos; la libra esterlina, en 10 chelines; y el chelín, en 12 peniques.
La unidad monetaria y su divisionaria sirven de escala de precios.
La segunda función del dinero es la del medio de circulación. Antes de aparecer
el dinero tenía lugar el simple cambio de mercancías, o sea, una mercancía se cambiaba
directamente por otra. Desde que apareció el dinero, el cambio de mercancía por
mercancía se efectúa a través del dinero. Primeramente, la mercancía se cambia por
dinero, luego con este dinero se compra otra mercancía. El cambio de mercancías con

Pag. 25
ayuda del dinero se denomina circulación mercantil (mercancía-dinero-mercancía. Pero
cabe señalar que la mercancía, al ir a parar a manos del comprador, sale de la esfera de
la circulación, mientras que el dinero se halla siempre en la esfera de la circulación, es
decir, pasa de unas manos a otras. Así es cómo el dinero hace las veces de intermediario
en la circulación de mercancías y cumple la función de medio de circulación. Para poder
cumplir esta función, debe existir dinero disponible.
Al principio, el dinero actuaba en el cambio de mercancías bajo la forma de
lingotes de oro y plata. Esto creaba ciertas dificultades: la necesidad de pesar cada vez
el metal, de fraccionarlo en pequeñas partes y determinar su ley. Por eso, poco a poco,
las barras de oro y plata fueron sustituidas por monedas, de cuya acuñación se encargó
el Estado. La moneda es una pieza de cierta forma y determinada cantidad de metal.
En el proceso de circulación, las monedas se desgastan y pierden una parte de su
valor. Sin embargo, como lo muestra la experiencia práctica, las monedas desgastadas
circulan del mismo modo que las monedas con plenitud de valor. Por ello puede cumplir
la función de medio de circulación el dinero metálico desgastado o incluso el papel
moneda.
Con el desarrollo de la economía mercantil, el dinero pasó a desempeñar la
función de medio de acumulación o medio de atesoramiento. El dinero es el exponente
universal de la riqueza. Poseyéndolo se puede adquirir cualquier mercancía. Los
productores de mercancías acumulan dinero, lo ahorran para comprar la mercancía
necesaria. Esta función sólo puede realizarla el dinero de plena cotización: las monedas
o artículos de oro o plata.
Otra de las funciones del dinero es la de servir de medio de pago. Las
mercancías no se venden siempre por dinero al contado. Existe la compraventa de
mercancías a crédito, al fiado. Al comprar a crédito, la entrega de la mercancía por el
vendedor al comprador transcurre sin efectuar el pago. Este se realizará en el plazo
convenido. Cuando vence el plazo, el dinero pasa de las manos del comprador a las del
vendedor. En este caso, el dinero cumple la función de medio de pago.
Las funciones del dinero como medio de circulación y medio pago permiten
comprender la ley que determina la masa (cantidad) de dinero indispensable para la
circulación de las mercancías.
La cantidad de dinero indispensable para la circulación depende: 1) de la suma
de los precios de las mercancías circulantes; 2) del ritmo de circulación del dinero.
Cuanto más rápidamente circule el dinero, menor cantidad se necesitará para la
circulación y viceversa. Por ejemplo, si en el transcurso de un año se venden mercancías
por importe de 100.000 millones de dólares, y cada dólar recorre, por término medio, 50
veces el ciclo completo de la circulación, para asegurar la circulación de toda la masa de
mercancías, serán necesarios:
suma de los precios
La cantidad de dinero = de las mercancías = 100.000 millones = 2.000 millones de dólares
Ritmo de circulación 50
del dinero

Gracias al crédito, la necesidad de dinero se reduce en la suma correspondiente a


los precios de las mercancías vendidas a crédito y en la suma de los pagos que se
compensan mutuamente. La ley de la circulación del dinero consiste en que la cantidad
de dinero consiste en que la cantidad de dinero indispensable para la circulación de
mercancías debe ser igual a la suma de precios de todas las mercancías dividida por el
promedio de ciclos de circulación efectuados por el dinero. En este cálculo hay que
descontar de la suma de los precios de todas las mercancías la suma de los precios de las

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mercancías vendidas a crédito y la de los pagos que se compensan mutuamente, y añadir
la suma de los pagos cuyo plazo ha vencido.
Esta ley rige para todas las formaciones sociales donde existan la producción y
la circulación mercantiles.
El dinero desempeña también la función de dinero mundial. En el mercado
mundial, según expresión de Marx, el dinero se despoja de su uniforme nacional y
abandona su forma de moneda para recobrar la forma originaria: la de barras de oro y
plata. En el mercado mundial, en la circulación entre los países, el oro es el medio
universal de compra, el medio universal de pago y el exponente universal de la riqueza
social.
Estas son las funciones del dinero. Todas ellas están orgánicamente vinculadas
entre sí y expresan en distintas formas la naturaleza del dinero como equivalente
universal.
En las formaciones sociales basadas en la explotación del hombre (el
esclavismo, el feudalismo y el capitalismo), el dinero tiene un carácter clasista, sirve de
medio de explotación.

El oro y el papel moneda. La inflación

El papel moneda lo constituyen los signos monetarios emitidos por el Estado,


que sustituyen y representan al oro en su función de medio de circulación y de pago.
El papel moneda carece prácticamente de valor intrínseco, lo que le impide
cumplir la función de medida del valor de las mercancías.
El primer papel moneda apareció en la antigua China. En América se emitió
papel moneda por vez primera a fines del siglo XVII. En Francia, a principios del
XVIII. En Rusia apareció en 1769.
Por más papel moneda que se emita, no deja de representar otra cosa que el valor
de la cantidad de oro necesario para servir a la circulación de mercancías. Si la cantidad
de papel moneda emitido se halla en consonancia con la cantidad de oro necesario para
la circulación mercantil, el poder adquisitivo del papel moneda coincide con el del
dinero oro. Generalmente, el Estado burgués recurre a la emisión suplementaria de
papel moneda en vista de que sus ingresos son, por lo común, inferiores a los gastos.
Esto ocurre principalmente en los períodos de guerras, crisis y otras conmociones. En
consecuencia, se produce la depreciación del papel moneda.
Veamos el ejemplo siguiente. Para asegurar la circulación mercantil se
requieren, pongamos por caso 5.000 millones de monedas de oro de un dólar cada una.
El Estado ha puesto en circulación 5.000 millones de dólares en papel moneda. Esto
quiere decir que cada dólar-papel representa una moneda de oro. Admitamos que la
circulación de mercancías sigue siendo la misma, pero el Estado emite otros 5.000
millones de dólares en papel moneda. Entonces, una moneda de oro estará representada
por 2 dólares-papel, y con ellos sólo se podrá comprar la cantidad de mercancías que
antes se podía adquirir con un dólar. De este modo se ha depreciado el papel moneda, ha
bajado su poder adquisitivo.
Este proceso se denomina inflación y provoca el aumento de los precios de las
mercancías. Sin embargo, los salarios y demás ingresos de los trabajadores en los países
capitalistas jamás aumentan en los períodos de inflación en la proporción del alza de los
precios. Esta es la razón de que las masas trabajadoras sean las que más sufran las
consecuencias de la inflación.
En una determinada fase la inflación origina profundos trastornos en la
economía del país. Existen distintos métodos para restablecer la circulación monetaria

Pag. 27
normal. Uno de los métodos de reforma monetaria consiste en la desvalorización: el
dinero depreciado se cambia por sumas inferiores de dinero nuevo.
El contenido y los métodos para llevar a cabo las reformas monetarias los
determina el Estado burgués en consonancia con los intereses de la clase do minante. Las
reformas monetarias, efectuadas por la burguesía tienen como consecuencia el
empeoramiento de las condiciones de vida de las masas populares.

Dinero de crédito

Además del papel moneda existe en los países capitalistas el dinero de crédito.
Este dinero dimana de la función del dinero como medio de pago. El tipo más sencillo
de dinero de crédito es la letra de cambio. La letra de cambio es una especie de pagaré o
vale de forma determinada que expresa la obligación de pagar cierta cantidad de dinero
en un plazo establecido. Al pasar de unas manos a otras en el proceso de compraventa
de mercancías, la letra de cambio cumple la función de dinero.
Al principio, la letra de cambio privada comercial cumplía la función de dinero
de crédito, es decir, era un pagaré expedido por el comprador. Pero la letra de cambio
privada circulaba en una esfera muy reducida, ya que no era admitida más que por
aquellos que conocían al librador. Posteriormente, las letras de cambio privadas
empezaron a ser descontadas más y más en los bancos. En su lugar, los bancos
comenzaron a expedir sus propios títulos denominados billetes. El billete de banco es un
título de cambio a cargo del banquero, mediante el cual el portador puede retirar del
banco el dinero en efectivo cuando lo desee.
Los billetes podían cambiarse por oro u otro tipo de dinero metálico. En estas
condiciones, los cheques circulaban a la par con las monedas de oro y no se
desvalorizaban. Al desarrollarse el capitalismo se operó una reducción relativa de la
cantidad de oro en circulación. El oro se fue acumulando en forma de fondo de reserva
en los bancos centrales de emisión. El oro en circulación fue sustituido por los billetes
de bancos y el papel moneda. Al principio, los billetes solían ser cambiados por oro,
pero luego comenzaron a librarse billetes no canjeables. Esto asemejó en cierta medida
los billetes de banco al papel moneda.

5. La ley del valor es la ley económica de la producción mercantil

La competencia y la anarquía de la producción

En las condiciones del dominio de la propiedad privada, la producción de


Mercancías se efectúa de modo espontáneo.
No existe ni puede existir organismo alguno que indique a los productores qué
mercancía deben producir y en qué cantidad. Los empresarios no concuerdan en
producción entre sí ni con los consumidores. Reina la anarquía, es decir, la ausencia de
planificación, el desorden en la producción.
La anarquía de la producción se ve acrecentada todavía más por la competencia,
la lucha encarnizada entre los productores privados por conseguir condiciones más
ventajosas de producción y venta, por obtener el máximo de beneficios. La competencia
y la anarquía de la producción son una ley de la producción mercantil basada en la
propiedad privada. Cada productor de mercancías –el campesino, el artesano, el
capitalista (claro está que el capitalista no produce él mismo, pero aparece en el
mercado como productor de mercancías)- trata de obtener el máximo de dinero al
vender su mercancía. Pero mientras el productor está ocupado en la producción de sus

Pag. 28
mercancías, no puede prever con exactitud la demanda que habrá respecto a ellas.
Únicamente sabe que poco tiempo antes había mucha demanda de la mercancía dada,
por cuya razón trata de producir lo más posible. Ahora bien, de idéntica manera
proceden los demás productores. En consecuencia, cada cual trabaja por su cuenta y
riesgo. Suele ocurrir que se producen algunas mercancías en cantidades mucho mayores
de las que puede comprar la sociedad.
¿Cómo se regula, pues, la producción en la sociedad donde impera la propiedad
privada de los medios de producción? Se regula mediante la ley del valor.

La ley del valor

La ley del valor es la ley económica de la producción mercantil, según la cual las
mercancías se cambian con arreglo a la cantidad de trabajo socialmente necesario
invertido en producirlas. Dicho con otras palabras, la ley del valor significa que se
cambian las mercancías en consonancia con su valor, o sea, las mercancías que se
intercambian encierran una cantidad igual de trabajo socialmente necesario, son
equivalentes. Por lo tanto, el precio que se paga por una mercancía (recordemos que el
precio es la expresión del valor en dinero) debe corresponder al valor de la misma. Sin
embargo, en realidad, según sean la demanda y la oferta, los precios de unas u otras
mercancías suelen ser superiores o inferiores al valor de las mercancías en cuestión. Se
sabe perfectamente que cuanto más escasee una mercancía cualquiera en el mercado,
cuanto mayor sea la demanda que la oferta, más elevado será el precio, y viceversa.
¿Puede ser esto motivo para afirmar que no rige la ley del valor? No. Sólo se puede
comprender cómo actúa una ley si se estudia una enorme multitud de hechos. Si se
analizan los precios de una mercancía cualquiera correspondientes a un largo período se
verá que las diferencias de los precios con respecto al valor se compensan entre sí, y,
por término medio, los precios coinciden con el valor.
Pese al desorden y la anarquía de la producción que reinan en la sociedad
mercantil basada en la propiedad privada sobre los medios de producción, de vez en
cuando se establece cierto equilibrio, cierta relación proporcional entre unas y otras
ramas de la economía. Esto lo debe la economía mercantil a la ley del valor, que es el
regulador de la producción y actúa a través de la competencia en el mercado. Engels
señaló que: “En una sociedad de productores que intercambian sus mercancías, la
competencia pone en acción la ley del valor, inherente a la producción mercantil,
instaurando así una organización y un orden de la producción social que son los únicos
posibles en las circunstancias dadas. Sólo la desvalorización o el encarecimiento
excesivo de los productos muestran de modo tangible a los diferentes productores qué y
cuánto se necesita para la sociedad y qué no se necesita”6.
La acción de la ley del valor en la producción mercantil basada en la propiedad
privada sobre los medios de producción se manifiesta del modo siguiente:

1) La ley del valor regula espontáneamente la distribución de los medios de


producción y de la mano de obra entre las distintas ramas de la producción.
La división social del trabajo r equiere cierta relación proporcional entre las
ramas. Sin dicha proporción no puede existir la producción nor mal. La
fluctuación de los precios y, por consiguiente, la mayor o menor rentabilidad
de la producción, provoca una afluencia de medios de producción y de
trabajo a una u otra rama o un reflujo de los mismos.

6
Del prefacio de F. Engels a la obra de C. Marx. La miseria de la Filosofía. Véase C. Marx, La miseria de la Filosofía, pág. 15,
Moscú, 1957.

Pag. 29
2) La ley del valor impulsa a los productores privados a desarrollar las fuerzas
productivas. Se sabe que la magnitud del valor de una mercancía la
determina el trabajo socialmente necesario. Los que se anticipan a aplicar
una maquinaria más perfecta, poseen una producción mejor organizada, etc.,
producen sus mercancías con menos gastos de los necesarios desde el punto
de vista social. Mientras tanto, venden sus mercancías al precio que
corresponde al trabajo socialmente necesario. En consecuencia, obtienen más
dinero que los otros y se enriquecen. Ello anima a los demás productores a
introducir en sus empresas mejoras técnicas. Así se va perfeccionando la
técnica y se desarrollan las fuerzas productivas de la sociedad.

3) En determinadas condiciones, la acción de la ley del valor trae consigo el


surgimiento y desarrollo de las relaciones capitalistas. Las fluctuaciones
espontáneas de los precios del mercado en torno al valor vienen a
incrementar la desigualdad económica y la lucha entre los productores de
mercancías. La competencia hace que unos productores se arruinen y
desaparezcan como tales, mientras otros se enriquecen. La acción de la ley
del valor origina la diferenciación de los productores en burguesía y
proletariado, la concentración de una parte cada vez mayor de la producción
social en manos de unos capitalistas y la ruina de otros.

El fetichismo de la mercancía

Hemos visto ya que el trabajo de cada productor, siendo de hecho un trabajo


social, aparece bajo la forma de trabajo privado. El carácter social del trabajo, las
relaciones sociales de los productores y su dependencia mutua no se manifiestan más
que en el mercado, en el proceso del cambio de las mercancías. Aquí no parece que se
trata de relaciones entre los hombres, sino entre las mercancías. En tal situación, las
mercancías resultan ser portadoras y expresión de las relaciones sociales entre los
hombres. La cosa, nacida en las manos del productor, al ir a parar al mercado y
relacionarse con las otras mercancías, deja de obedecer a su dueño, comienza a tener
una vida propia, una vida llena de caprichos. Hoy se puede obtener por un par de
zapatos unos 20 dólares, pongamos por caso, y mañana sólo 15. Pasado mañana resulta
que con el calzado no se puede lograr nada en absoluto. Después de algún tiempo se ve
que la gente se atropella por encontrar un par de zapatos y está dispuesta a pagar todo lo
que se quiera.
Esa vida tan independiente y llena de sorpresas que tiene la mercancía en el
mercado es la que obliga a los hombres a atribuirle cualidades especiales, que de hecho
no posee en forma alguna. Allí donde en la realidad existen relaciones sociales, de
producción, los hombres no ven más que relaciones entre mercancías. Las relaciones
entre los hombres quedan encubiertas por las relaciones entre las cosas.
Esta materialización de las relaciones de producción, inherente a la economía
mercantil basada en la propiedad privada sobre los medios de producción, es lo que
Marx denomina fetichismo de la mercancía7.
A medida que se desarrolla la producción mercantil se hace mayor el fetichismo
de la mercancía. Con la aparición del dinero adquiere su forma más acabada: la forma
de fetichismo del dinero. “Lo compro todo, dijo el oro.” Y esto les parece a los
7
La palabra “fetichismo” significa la adoración religiosa de los fetiches, creados por los propios hombres. “Fetiche” es un ídolo,
objeto de culto, al que las personas supersticiosas atribuyen un poder mágico, sobrenatural.

Pag. 30
hombres una propiedad natural del dinero, del oro. En realidad, esta propiedad del oro
se debe a determinadas relaciones sociales, inherentes a la producción mercantil.
El misterio del fetichismo de la mercancía fue desentrañado por Marx. Al
suprimirse la propiedad privada de los medios de producción desaparece también el
fetichismo de la mercancía.

Pag. 31
CAPÍTULO III

CAPITAL Y PLUSVALÍA
EL SALARIO EN EL CAPITALISMO
El desarrollo de la producción mercantil en una determinada fase del desarrollo
de la sociedad, ¿conduce a la aparición del capitalismo? Lenin dio una definición
sencilla y clara: “Se denomina capitalismo a la organización de la sociedad en que la
tierra, las fábricas, los instrumentos de producción, etc., pertenecen a un pequeño
número de terratenientes y capitalistas, mientras la masa del pueblo no posee ninguna o
casi ninguna propiedad y debe por lo mismo alquilar su fuerza de trabajo”8.
En el capitalismo, los trabajadores son libres personalmente. Pero, poseyendo la
libertad personal, los obreros, al mismo tiempo, están privados de los medios de
producción y, por lo consiguiente, de los medios de existencia. Por ello, amenazados de
muerte por el hambre, se ven forzados a ir a trabajar para l os capitalistas.
¿Cómo se crearon esas condiciones en las que los medios de producción pasaron
a ser propiedad de un pequeño número de personas?

1. La acumulación originaria del capital

Las condiciones indispensables del surgimiento del capit alismo

Los ideólogos burgueses tergiversan premeditadamente la historia de la


aparición de la clase capitalista y de la clase obrera. En su afán de justificar de todos
modos la distribución injusta de los bienes materiales, inventan leyendas acerca de las
causas de la división de la sociedad en ricos y pobres. Desde tiempos inmemoriales –
nos dice- vive en el mundo gente con distinto carácter. Unos son trabajadores y
ahorradores; otros, vagos y haraganes. Los primeros fueron concentrando poco a poco
en sus manos toda clase de riquezas, mientras los segundos continuaron siendo vagos y
pobres como antes. Esta explicación del surgimiento del capitalismo no tiene nada que
ver con la realidad.
Para el surgimiento del capitalismo son indispensables dos condiciones
fundamentales: primera, la existencia de seres personalmente libres, pero carentes de
medios de producción y de medios de existencia, lo que los obliga a vender su fuerza de
trabajo, y segunda, concentración de grandes sumas de dinero y medios de producción
en manos de personas particulares.
Estas dos condiciones comenzaron a crearse en las entrañas del régimen feudal
en el proceso de diferenciación de los pequeños productores de mercancías. El
establecimiento del modo capitalista de producción se vio acelerado con la aplicación de
los métodos más burdos de violencia por parte de los propietarios de tierra, la burguesía
naciente y el Poder estatal respecto a las masas populares.

El productor se separa de los medios de producción. La riqueza se acumula en


manos de unos cuantos

El contenido del proceso que se deno mina acumulación originaria reside en crear
las condiciones indispensables para el surgimiento del capitalismo. “La acumulación

8
V.I. Lenin, Obras, 4ª ed. en ruso, t. 4, pág. 287.

Pag. 32
originaria no es más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los
medios de producción9, escribió Marx.
Este proceso constituye la prehistoria del capital. En Inglaterra, se produjo la
forma más típica de acumulación originaria del capital. Los landlords (terratenientes)
ingleses se apoderaban de las tierras comunales campesinas e incluso expulsaban a los
campesinos de sus propias casas. Convertían en pastizales para ovejas las tierras
arrebatadas por la fuerza a los campesinos y las entregaban en arriendo a los granieros.
Era grande la demanda de lana por parte de la industria textil, en proceso de desarrollo.
La burguesía naciente recurrió así mismo a otros métodos de usurpación, como,
por ejemplo, la apropiación de tierras del Estado y la depredación de los bienes de la
Iglesia. Enormes masas de población, privadas de medios de vida, se convertían en
vagabundos, mendigos y bandoleros. El Poder estatal promulgó leyes crueles )por
ejemplo, en Inglaterra a fines del siglo XV y en el siglo XVI), denominadas “legislación
sanguinaria” contra los despojados de sus bienes, que intentaban defender su propiedad.
Se recurría a las torturas, los látigos y el hierro candente para obligar a los desvalijados
a ir a trabajar a las empresas capitalistas.
Al despojar a los campesinos de la tierra se lograba un doble objetivo: en primer
lugar, la tierra pasó a ser propiedad privada de un grupo relativamente pequeño de
personas; en segundo lugar, se aseguró una abundante afluencia de obreros asalariados a
la industria. Así se creo la primera condición indispensable para el surgimiento del
capitalismo: la existencia de seres pobres personalmente libres, pero carentes de medios
de producción.
Marx señala los siguientes métodos fundamentales de formación de grandes riquezas
pecuniarias, necesarias para crear grandes empresas capitalistas: 1) el sistema colonial,
o sea, el saqueo y la esclavización de los pueblos atrasados de América, Asia y Africa;
2) el sistema tributario: los arrendamientos de las contribuciones, los monopolios y otras
formas de apropiación de parte de los impuestos que se recaudan de la población; 3) el
sistema del proteccionismo, el fomento de la industria capitalista por parte del Estado;
4) los métodos inhumanos de explotación.
En la Rusia zarista, el proceso de la acumulación originaria del capital comenzó
mucho antes de la abolición de la servidumbre. Los métodos de la acumulación
originaria eran en ella los mismos que en los demás países.
En Rusia, la etapa de la acumulación originaria llegó a su punto álgido con la
reforma de 1861. Para tener una idea de cómo fueron despojados los campesinos hasta
saber que al cabo de medio siglo de la reforma, 30.000 terratenientes disponían de 70
millones de deciatinas de tierra, es decir, casi tanto como la que poseían 10.500.000
haciendas campesinas. Los campesinos se veían forzados a buscar salarios en la ciudad.
Al caracterizar la reforma de 1861, Lenin escribió: “Es la violencia ejercida por primera
vez en masa contra los campesinos, en favor del capitalismo naciente en la
agricultura”10.
Debido a la acumulación originaria se creó en escala masiva la mano de obra
desprovista de medios de producción, por una parte, y, por la otra, se concentraron
enormes riquezas pecuniarias en manos de un reducido número de personas.

2. Conversión del dinero en capital

La fórmula general del capital

9
C. Marx, El Capital, ed. en ruso, 2. 1, pág. 719.
10
V.I. Lenin, El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907, pág. 74, Moscú, 1949.

Pag. 33
El dinero de por sí no es capital. Sabemos ya que existía mucho antes de surgir
el capitalismo. El dinero sólo se convierte en capital en una determinada fase del
desarrollo de la producción mercantil. Antes del capitalismo existía la circulación
mercantil, que puede expresarse mediante la fórmula M – D - M (mercancía – dinero –
mercancía), es decir, venta de una mercancía para comprar otra. El movimiento del
capital se expresa por medio de otra fórmula, a saber: D – M – D (dinero – mercancía –
dinero), es decir, compra para vender.
La fórmula M – D – M es inherente a la producción mercantil simple. En este
caso, una mercancía se cambia por otra mediante el dinero. Este no cumple otra función
que la de intermediario en el cambio, pero no la de capital. El objetivo del cambio de
mercancías es evidente. Por ejemplo, el zapatero vende las botas que hace para comprar
pan. Un valor de uso se cambia por otro mediante el dinero.
Muy distinto es el carácter que tiene la fórmula D – M – D, a la que Marx
denominó fórmula general del capital. En ella, el dinero es el punto de partida y se
emplea como medio de compra para vender, es decir, actúa, en calidad de capital. El
capitalista compra con su dinero ciertas mercancías a fin de volver a convertirlas en
dinero. El punto de partida y el final coinciden aquí: al comenzar y al terminar la
operación, el capitalista se enc uentra con dinero en su poder.
Por eso, todo el movimiento de capital carecería de sentido si al final de la
operación el capitalista quedase con el mismo dinero que tenía al comenzarla. Todo el
sentido de la existencia del capital se cifra en que al final del movimiento se tiene más
dinero que al comienzo. El objetivo final de toda la actividad del capitalista es la
ganancia. Por eso, Marx expresa el movimiento del dinero en las condiciones del
capitalismo mediante la fórmula D – M – D’, donde D’ representa el dinero inicial más
cierto incremento. Este incremento o excedente sobre la suma inicial lo denominó
plusvalía. Aquí la designamos con la letra “p”.
Los capitalistas no emplean el dinero en calidad de intermediario en la
circulación de mercancías, sino como medio para lucrarse y enriquecerse. Este
movimiento del dinero en el capitalismo se hace infinito, y en este proceso, el dinero
adquiere la propiedad de incre mentarse. El valor que se incre menta por sí mismo o valor
que produce plusvalía se deno mina capital.
¿Cómo se produce, pues, el incremento del capital? ¿Tal vez se produzca en la
esfera de la circulación, de la compraventa (es decir, en la esfera de la circulación) se
produce el cambio de valores equivalentes. Y si todos los vendedores lograran sacar de
sus mercancías más de lo que valen, un 10% más, supongamos, al convertirse en
compradores tendrían que volver a pagar a los vendedores ese mismo 10% de recargo.
Así pues, lo que los poseedores de mercancías ganaron como vendedores volverían a
perderlo como compradores. Pero la realidad muestra que el incremento del capital
abarca a toda la clase capitalista.
¿Cómo obtiene, pues, el capitalista la plusvalía si compra y vende todas las
mercancías por su valor? .
En la fórmula general del capital figuran dos elementos: dinero y mercancía. Por
consiguiente, el incremento del valor sólo puede producirse en virtud de los cambios
que se operan en el dinero o en la mercancía. Sin embargo, como se sabe, el dinero de
por sí no puede cambiar su valor y rendir incremento. Así pues, la fuente del incremento
debe buscarse en la mercancía.
Para que el dinero se convierta en capital, el capitalista necesita encontrar en el
mercado una mercancía que al usarse sea fuente de un valor superior al que posee en
realidad. Esa mercancía la encuentra el capitalista bajo la forma de fuerza de trabajo.

Pag. 34
La fuerza de trabajo como mercancía, su valor y su valor de uso

La fuerza de trabajo es el conjunto de capacidades físicas e intelectuales que


posee el hombre y emplea en el proceso de la producción de bienes materiales. Es el
elemento indispensable de la producción en cualquier forma de sociedad. Pero sólo bajo
el capitalismo se convierte en mercancía.
Como toda mercancía, la fuerza de trabajo debe poseer, y en efecto posee, valor
y valor de uso. El valor de la fuerza de trabajo, lo mismo que el de cualquier otra
mercancía, viene determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para
reproducirlo. La fuerza de trabajo es la aptitud que posee el hombre para trabajar. Sólo
existe mientras vive su poseedor. Para mantener la vida del obrero se necesita cierta
cantidad de medios de existencia. Por consiguiente, el valor de la fuerza de trabajo está
determinado por el valor de los medios indispensables para mantener la vida del propio
obrero.
La cantidad y la calidad de los medios necesarios para la existencia del obrero
dependen en cada país de una serie de factores: del nivel de desarrollo económico, de
las circunstancias en que se ha formado la clase obrera y del tiempo que lleva luchando
por sus intereses, así como de los éxitos de dicha lucha.
El valor de la fuerza de trabajo comprende también el valor de los objetos
indispensables para satisfacer las demandas sociales y culturales de la clase obrera
plasmadas históricamente en el país de que se trate en un determinado período. Como
señalaba Marx “a diferencia de las otras mercancías, la valoración de la fuerza de
trabajo encierra, pues, un elemento histórico y moral” 11.
La fuerza de trabajo se compensa a cuenta de la familia del obrero. Por eso, en el
valor de la fuerza de trabajo debe entrar también el valor de los medios de existencia de
los familiares del obrero.
Por fin, el hombre no nace con una determinada profesión. A fin de preparar
mano de obra calificada hay que hacer gastos para formar al obrero. Estos gastos de
preparación profesional entran también en el valor de la fuerza de trabajo. Así pues, el
valor de la fuerza de trabajo lo determina el valor de los medios de existencia
indispensables para satisfacer las demandas físicas, sociales y culturales, habituales en
el país en cuestión, que presentan el obrero y su familia, así como para la capacitación
del mismo. El valor de la fuerza de trabajo expresado en dinero es el precio de la fuerza
de trabajo. Bajo el capitalismo, el precio de la fuerza de trabajo reviste la forma de
salario.
La fuerza de trabajo como mercancía posee también valor de uso. El valor de
uso de la mercancía fuerza de trabajo consiste en la capacidad del obrero para crear en
el proceso del trabajo un valor mayor que el de su fuerza de trabajo. Esta propiedad que
posee la fuerza de trabajo –la de crear la plusvalía- es precisamente la que interesa al
capitalista.

3. La producción de plusvalía. La explotación capitalista.

Las peculiaridades del proceso de trabajo en el capitalismo

El consumo de la fuerza de trabajo se efectúa en el proceso de trabajo. Pero este


proceso se produce siempre bajo una forma social determinada. La forma social en la
que se realiza el proceso de trabajo la constituyen las relaciones de producción, que

11
C. Marx, El Capital, ed, en ruso, t. 1. pág. 178.

Pag. 35
tienen por base la forma de propiedad de los medios de producción. Las peculiaridades
del proceso de trabajo en cualquier sociedad las determina la propiedad de los medios
de producción. Bajo el capitalismo, los medios de producción se hallan en poder del
capitalista, mientras que el obrero está privado de ellos. Por eso, el proceso de trabajo en
el capitalismo se distingue por las peculiaridades siguientes:
Primera, el obrero trabaja bajo el control del capitalista, a quien pertenece su
trabajo. El capitalista es el que decide lo que se debe producir, en qué proporciones y
por qué procedimientos.
Segundo, al capitalista no le pertenece sólo el trabajo del obrero, sino también el
producto creado.
Estas peculiaridades del proceso de trabajo en el capitalismo convierten el
trabajo del obrero en una carga abrumadora y penosa.

El proceso de crecimiento del val or. La explotación capitalista

La producción capitalista es la unión del proceso de creación del valor de uso y


del crecimiento del valor. En la economía mercantil no se puede crear un valor de uso
sin crear al mismo tiempo un valor. Al producir una mercancía, el obrero invierte
trabajo. Este trabajo reviste un doble carácter. Por una parte, es trabajo concreto y crea
valor de uso. Por la otra, es trabajo abstracto y crea el valor de la mercancía. Para el
capitalista, la producción de valores de uso no es más que un medio para lograr el
objetivo final. El objetivo y principio rector de la producción capitalista es la
producción de plusvalía.
Veamos cómo se produce la plusvalía.
Al emprender su negocio, el capitalista compra en el mercado todo lo necesario
para la producción: máquinas, equipo industrial, materias primas, combustible y fuerza
de trabajo. En la fábrica comienza la producción: funcionan las máquinas, trabajan los
obreros, se quema el combustible y la materia prima se convierte en mercancía acabada.
Cuando la mercancía está lista, el capitalista la vende en el mercado y el dinero obtenido
a cambio de ella vuelve a invertirse en la adquisición de materias primas, máquinas,
fuerza de trabajo, etc., es decir, vuelve a repetirse todo el ciclo. Esquemáticamente esto
puede representarse de la siguiente manera:
F. de trabajo
D – M Medio de prod. ....Prod....M’ – D’

Dinero-mercancía (fuerza de trabajo y medios de producción)-producción-


mercancía-dinero.
¿Qué valor tiene la mercancía fabricada?
Supongamos que el capitalista posee una fábrica de confecciones. Para la
confección de trajes compra máquinas de coser, paños, forro, botones, hilo, etc., y
fuerza de trabajo. Admitamos que para hacer 500 trajes, el capitalista compra 1.500
metros de paño a 30 dólares el metro, con un valor total de 45.000 dólares. En la
adquisición de materiales accesorios gasta a razón de 30 dólares por traje en total,
15.000 dólares. Al coser 500 trajes se produce cierto desgaste de las máquinas y
determinados desembolsos suplementarios (alumbrado, calefacción, etc.) por valor de
5.000 dólares. En fuerza de trabajo invierte 2.500 dólares (500 obreros a 5 dólares
diarios para cada uno).
Así pues, el capitalista ha comprado todos los elementos de producción que
necesita.
En total, el capitalista ha invertido en la confecci ón de 500 trajes:

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El valor del paño.............................................45.000 dólares
El valor de los materiales accesorios..............15.000 dólares
El valor del desgaste de las máquinas, etc...... 5.000 dólares
El valor de la fuerza de trabajo......... ............... 2.500 dólares
TOTAL.............67.500 dólares

El valor de un traje (67.500) es igual a 135 dólares. Al llegar al mercado, el


capitalista ve que idénticos trajes se venden allí a 135 dólares, por cuya razón tiene que
vender los suyos al mismo precio. Resulta que el capitalista ha anticipado 67.500
dólares en la producción y después de realizar la mercancía producida obtuvo los
mismos (135x500) 67.500 dólares. No se ha creado plusvalía alguna. El dinero no se ha
convertido en capital.
¿Cómo surge, pues, la plusvalía?
La cuestión consiste en que el valor de la fuerza de trabajo la reproduce el obrero
no en toda la jornada, sino en una parte de ella, en 5 horas, por ejemplo. Ahora bien, el
capitalista no obliga al obrero a trabajar sólo 5 horas cada jornada. El capitalista paga el
valor de la fuerza de trabajo de una jornada entera y es el propietario del valor de uso de
esta mercancía durante toda la jornada. En consecuencia, el capitalista obliga al obrero a
trabajar 8, 10 o más horas. Debido a esa prolongación del proceso del trabajo, el obrero
crea un valor mayor que lo que cuesta la propia mercancía fuerza de trabajo.
Supongamos que el capitalista no obliga al obrero a trabajar 5 horas, sino 10.
Durante las 10 horas de trabajo, los obreros (que en nuestro ejemplo son 500)
transformarán el doble de los medios de producción y crearán el doble de mercancías, es
decir, harán 1.000 trajes.
Veamos qué desembolsos hace el capitalista en este caso:
El valor del paño.............................................90.000 dólares El
valor de los materiales accesorios..............30.000 dólares El
valor del desgaste de las máquinas.............10.000 dólares El
valor de la fuerza de trabajo......... .............. 2.500 dólares
TOTAL.............132.500 dólares

Durante la jornada de trabajo de 10 horas, los obreros confeccionaron 1.000


trajes. Al venderlos en el mercado (al precio de 135 dólares por traje), el capitalista
obtiene 135.000 dólares. Ha anticipado 132.500 dólares y al realizar la producción ha
obtenido 135.000 dólares. Se produjo un aumento de 2.500 dólares del valor anticipado.
Estos 2.500 dólares constituyen, precisamente, la plusvalía. El dinero se ha convertido
en capital.
La obtención de plusvalía se debe a que los obreros han trabajado más tiempo
que el necesario para reponer el valor de su fuerza de trabajo. La plusvalía es, por
consiguiente el resultado de la explotación de la clase obrera por los capitalistas.
La explotación del hombre por el hombre no es un engendro del capitalismo,
pues ya existió antes. Bajo los regímenes esclavista y feudal, el trabajo de los esclavos y
siervos tenía un carácter abiertamente forzoso, y la explotación no se encubría en forma
alguna.
Otra cosa muy distinta ocurre con el capitalismo. En él el obrero es libre
personalmente, no pertenece a este o aquel capitalista. Por eso, el capitalista no puede
obligarle a trabajar a la fuerza. Pero el obrero carece de medios de producción y de
medios de existencia y no tiene más remedio que vender su fuerza de trabajo. El hambre
obliga al obrero a trabajar para el capitalista. Por eso, el sistema de trabajo asalariado es
un sistema de esclavitud asalariada.

Pag. 37
Bajo el capitalismo se encubre el carácter forza do del trabajo.
Al revelar el misterio de la explotación capitalista, Marx descubrió la ley
económica fundamental del modo capitalista de producción. “La producción de
plusvalía, la fabricación de ganancia –escribió Marx- es la ley absoluta de este sistema
de producción” 12.
La ley de la plusvalía permite comprender y explicar todos los procesos y
fenómenos que se producen en la sociedad burguesa. Expresa la esencia explotadora de
este modo de producción. Su acción condiciona el recrudecimiento de la competencia y
la anarquía de la producción en el capitalismo, el incremento de la miseria de las masas
trabajadoras, el aumento del paro forzoso y la agravación y agudización de todas las
contradicciones del capitalismo.

El tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo adicional

En la empresa capitalista, la jornada de trabajo se desdobla en dos partes: tiempo


de trabajo necesario y tiempo de trabajo adicional. En consonancia con ello, el trabajo
del obrero se divide en trabajo necesario y plustrabajo.
El tiempo de trabajo necesario y el trabajo necesario son el tiempo de trabajo y
el trabajo que el obrero necesita para reproducir el valor de su fuerza de trabajo, es
decir, el valor de los medios indispensables para su existencia. El tiempo de trabajo
necesario lo retribuye el capitalista en forma de salario.
El tiempo de trabajo adicional y el plustrabajo son el tiempo de trabajo y el
trabajo que se invierte en la producción del plusproducto. El plusproducto reviste en el
capitalismo la forma de plusvalía, de la que se apropian los capitalistas. La relación
entre el plustrabajo o el tiempo de trabajo adicional, por una parte, y el trabajo necesario
o el tiempo de trabajo necesario, por la otra, muestra el grado de explotación del obrero.
Por consiguiente, el tiempo de trabajo adicional y el plustrabajo expresa una
determinada relación social, que define la explotación de la clase obrera por los
capitalistas, los propietarios de los medios de producción.
La propiedad capitalista sobre los medios de producción y la explotación del
trabajo asalariado dividen la socie dad burguesa en clases hostiles.

Estructura de clase de la sociedad burguesa

Marx y Engels demostraron que la división de la sociedad en clases guarda


relación con el surgimiento de la propiedad privada sobre los medios de producción, es
decir, sobre el suelo, el subsuelo, los instrumentos de trabajo, en fin, sobre todo lo que
necesita el hombre para la producción de bienes materiales. Una parte de la sociedad, la
minoría, concentró en sus manos los medios de producción y obtuvo con ello la
posibilidad de explotar a la otra parte de la sociedad, la que está privada de los medios
de producción.
En la sociedad explotadora –decía Lenin- las clases son grupos humanos, de los
cuales uno puede apropiarse el trabajo del otro gracias a las distintas relaciones en que
se hallan respecto a los medios de producción.
En la historia de la humanidad, la primera división de la sociedad en clases fue
la división en esclavos y esclavistas. Con el tránsito del régimen esclavista al feudal
sobrevino la división de la sociedad en la clase de los señores feudales y la clase de los
campesinos siervos.

12
C. Marx, El Capital, ed. en ruso, t. 1, pág. 624.

Pag. 38
Lo que distingue a la sociedad burguesa es la existencia de dos clases
fundamentales antagónicas: la burguesía y el proletariado. La burguesía es la clase que
posee los medios de producción y los emplea para explotar a los obreros al objeto de
obtener plusvalía. El proletariado es la clase de los obreros asalariados, privada de
medios de producción y obligada por ello a someterse a la explotación capitalista. Bajo
el capitalismo, además de estas clases, existen la de los terratenientes y la de los
campesinos, clases que quedan como supervivencia del régimen anterior, el feudal.
La burguesía y el proletariado son clases antagónicas, es decir, sus intereses son
opuestos e inconciliablemente hostiles. A medida que se desarrolla el capitalismo crece
en número el proletariado, que cada vez adquiere más conciencia de sus intereses de
clase y va desarrollándose y organizándose para la lucha contra la burguesía. La lucha
de clase del proletariado contra la burguesía constituye el rasgo principal de la sociedad
burguesa. El proletariado, la clase más revolucionaria de la sociedad capitalista, es el
sepulturero del capitalismo.
El Estado burgués protege la desigualdad económico-social y política bajo el
capitalismo. Su misión consiste en salvaguardar la propiedad capitalista privada de los
medios de producción, contribuir a la explotación de los trabajadores y aplastar su lucha
contra el régimen capitalista.
Los sociólogos y juristas burgueses tratan de presentar el Estado burgués como
un Estado que se halla por encima de las clases, por encima de la sociedad. En realidad,
el Estado burgués es la organización política de la clase que detenta el dominio
económico, es la dictadura de la burguesía.

4. El capital y sus partes integrantes

El capital como relación social de producción

Los economistas burgueses llaman capital a todo instrumento de trabajo,


comenzando por la piedra y el palo del hombre primitivo.
En realidad, los medios de producción no son capital de por sí, son una
condición indispensable para la existencia de cualquier sociedad, y en este sentido
guardan una relación de indiferencia respecto a las distintas clases. Los medios de
producción sólo se convierten en capital cuando son propiedad privada de los
capitalistas y sirven de medio de explotación de la clase obrera. El capital no es una
suma de dinero ni un medio de producción, sino una relación social de producción
históricamente determinada, en la que los instrumentos y medios de producción, lo
mismo que los medios fundamentales de existencia, son propiedad de la clase
capitalista, mientras la clase obrera –la principal fuerza productiva de la sociedad- está
privada de los medios de producción y de los medios de existencia; la clase obrera se ve
por ello obligada a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas y a someterse a la
explotación. Dicho con otras palabras, el capital es el valor que proporciona plusvalía
mediante la explotación de obreros asalariados.
Para poner en claro la naturaleza del capital y el mecanismo de la explotación
capitalista reviste gran importancia la división del capital en constante y variable.
Precisamente dicha división nos permite explicar el origen de plusvalía.

El capital constante y el capital variable

Al iniciar la producción, el capitalista invierte una parte de su capital en la


construcción del edificio fabril, en adquirir máquinas, materias primas, materiales

Pag. 39
auxiliares y combustible. La magnitud de este capital, plasmada en medios de
producción, no cambia en el proceso de la producción, y sólo se transfiere a la nueva
mercancía producida, a medida que se consumen aquellos. El valor de la materia prima,
de los materiales auxiliares y del combustible se transfiere íntegramente a la nueva
mercancía en cada acto de producción. Si tomamos una máquina, vemos que puede
servir, por ejemplo, 10 años, en cuyo caso, cada año se transfiere el 10% de su valor al
nuevo producto. La parte del capital que se invierte en adquirir medios de producción
(máquinas, materias primas, etc.), y que no cambia de magnitud en el proceso de
producción, se llama capital constante. Marx representa el capital constante con la letra
“c”.
Además de los medios de producción, el capitalista compra también la fuerza de
trabajo, invirtiendo en ello una parte del capital. Al concluir el proceso de producción,
en las manos del capitalista se halla un nuevo valor, producido por los obreros. Este
nuevo valor es superior al valor de la fuerza de trabajo que el capitalista paga en forma
de salario. La parte del capital que se gasta en la compra de fuerza de trabajo y que
crece en el proceso de la producción debido a que los obreros crean la plusvalía, se
denomina capital variable. Marx representa el capital variable con la letra “v”.
Al descubrir la división del capital en constante y variable, Marx puso al
desnudo el misterio del capital, que consiste en que sólo el capital variable es fuente de
plusvalía.
Los economistas burgueses niegan la división del capital en constante y variable.
Defienden el capitalismo y no quieren mostrar su naturaleza explotadora. No reconocen
más que aquella división del capital a la que se atiene el capitalista en sus cálculos
comerciales, a saber: la división en capital fijo y circulante. Esta división del capital
sólo permite ver el mecanismo de la producción, pero vela la explotación capitalista.

El capital fijo y el capital circulante

La división del capital en fijo y circulante arranca de la manera en que el capital


empleado en la esfera de la producción transfiere su valor al nuevo producto: de una vez
y totalmente o por partes.
La parte del capital que transfiere su valor al producto acabado por partes, a
medida que se produce el desgaste (los edificios, la maquinaria, las herramientas), se
llama capital fijo. La parte del capital que se invierte en materia prima, fuerza de
trabajo, materiales auxiliares, combustibles, etc., y revierte íntegramente en un período
de producción al capitalista en forma de dinero, al realizarse la mercancía, se llama
capital circulante.
La división del capital en fijo y circulante encubre totalmente la diferencia
cardinal entre los medios de producción y la fuerza de trabajo. Aquí la fuerza de trabajo
figura en la misma partida que las materias primas, el combustible y los materiales
auxiliares, y se contrapone junto con todo ello a la otra parte de los medios de
producción. Esta división oculta el papel especial que desempeña la fuerza de trabajo
como la única fuerza creadora de plusvalía y, por consiguiente, encubre la propia
esencia de la explotación capitalista.
Las dos divisiones del capital podría n representarse del siguiente modo.
División con División con
arreglo a su papel arreglo al carácter
en el proceso de de la circulación
explotación
Edificios fabriles y dependencias

Pag. 40
Equipos y maquinaria
Capital constante Materia prima, combustible y Capital fijo
Materiales auxiliares

Capital variable Salarios a los obreros Capital circulante

La masa y la cuota de plusvalía

La plusvalía posee una magnitud determinada, tanto absoluta, como relativa. La


magnitud absoluta de la plusvalía se denomina masa de plusvalía. Depende del grado de
explotación y del número de obreros explotados. La magnitud relativa de la plusvalía se
expresa en la cuota de plusvalía o grado de explotación.
Al poner en claro la división del capital en constante y variable, Marx denunció
la esencia de la explotación capitalista y, además, señaló el modo de medir el grado de
explotación.
El capital constante (c) no crea la plusvalía, por cuya razón debe excluirse al
determinar la cuota de plusvalía. El capital variable (v) es fuente de plusvalía. Por eso,
para determinar la magnitud relativa de la plusvalía hay que compararla sólo con el
capital variable. Entonces se puede hallar la cuota de plusvalía, que es la expresión
exacta del grado de explotación de la mano de obra. Designemos la cuota de plusvalía
con la letra p, entonces la igualdad p’ = p x 100%. He aquí un ejemplo. Supongamos
v
que el capitalista anticipa para la producción de mercancías (en dólares) 100.000c /
20.000v – 120.000 y vende las mercancías por 140.000 dólares. Ello significa que el
capitalista obtuvo 20.000 dólares de plusvalía.
¿Cuál será la cuota de plusvalía?

p’ = p x 100% = 20.000 x100% = 100%


v 20.000

Del ejemplo se infiere que el trabajo del obrero se divide aquí en trabajo
necesario y plustrabajo en partes iguales, es decir, el obrero trabaja la mitad de la
jornada para sí, y la otra mitad trabaja gratis para el capitalista. Cuanto mayor sea la
proporción del plustrabajo respecto al trabajo necesario, más elevado será el grado de
explotación.
Con el desarrollo del capitalismo crece la cuota de plusvalía. En los Estados
Unidos, la cuota de plusvalía en la industria minera y transformativa, calculada a base
de datos oficiales, fue: en 1889, el 145%; en 1919, el 165%; en 1929, 210%; en 1939, el
220%; en 1947, aproximadamente el 260%; en 1955 (en la industria transformativa), el
306,3%.
¿Cómo se logra el aumento del grado de explotación de la mano de obra bajo el
capitalismo?

5. Los dos modos de elevar el grado de explotación de la clase obrera

La plusvalía absoluta

De lo dicho se desprende que la jornada de trabajo bajo el capitalismo se divide


en dos partes: 1) el tiempo de trabajo necesario, o sea, el necesario para la producción
de mercancías cuyo valor es igual al valor de la fuerza de trabajo; 2) el tiempo de

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trabajo adicional, es decir, aquel durante el cual el obrero trabaja para el capitalista y
crea la plusvalía.
Tomemos a título de ejemplo una jornada de trabajo de 10 horas, de las cuales 5
constituyen el tiempo de trabajo necesario y 5 el tiempo de trabajo adicional.
Representemos eso gráfica mente:

5 horas 5 horas

tiempo necesario tiempo adicional

La cuota de plusvalía será aquí:

p’ = p = 5 horas de tiempo adicional x 100% = 100%


v 5 horas de tiempo necesario

Si el tiempo de trabajo necesario permanece invariable con el aumento de la


jornada de trabajo aumenta el tiempo de trabajo adicional. Ello significa el crecimiento
de la cuota de plusvalía, del grado de explotación del obrero. Supongamos que la
jornada de trabajo aumenta, y ya no es de diez horas, sino de 12. Entonces, el tiempo
adicional no será ya de 5, sino de 7 horas. En este caso, la cuota de plusvalía será igual a
7 x 100% = 140%.
5
Marx denominó plusvalía absoluta a la que se obtiene prolongando la duración
de la jornada de trabajo. Y como el capitalista conoce límites en su afán de obtener una
plusvalía mayor, trata de prolongar hasta el máximo la duración de la jornada de trabajo.
Además de los límites físicos, la jornada tiene también límites morales, pues el
obrero es miembro de la sociedad y necesita tiempo para atender a sus inquietudes
culturales y sociales (leer libros y periódicos, ir al cine, asistir a reuniones, etc.). Pero
como tanto unos límites como los otros son extensibles, la jornada de trabajo bajo el
capitalismo puede durar 8, 10, 12, 14, 16 y más horas.
En el período inicial del capitalismo, el Poder público dictaba leyes prolongando
la jornada de trabajo en beneficio de la burguesía. Posteriormente, con el progreso de la
técnica en la producción y el aumento del paro forzoso desapareció la necesidad de
prolongar la jornada por vía legislativa. El capitalista disponía ya de posibilidades para
obligar a los obreros por vía económica a trabajar hasta no poder más.
La clase obrera comenzó a luchar tenazmente por la reducción de la jornada.
Inglaterra fue el primer país donde surgió esta lucha, que tomó un carácter
particularmente porfiado después de que el Congreso de la I. Internacional y el
Congreso Obrero de Baltimore de 1866 proclamaron la consigna de lucha por la jornada
de 8 horas. La lucha de la clase obrera hizo que en la mayoría de los países capitalistas
se limitara la jornada de trabajo por vía legislativa. Ahora bien, ¿cómo resuelve el
capitalista el problema de la obtención de más plusvalía si no se puede prolongar la
jornada de trabajo?.

La plusvalía relativa

El segundo modo de aumentar la plusvalía consiste en reducir el tiempo de


trabajo necesario y aumentar a cuenta de eso el tiempo de trabajo adicional,
manteniendo invariable la duración de la jornada. ¿Cómo se logra eso? Recordemos
que el valor de la fuerza de trabajo lo determina la cantidad de trabajo indispensable

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para la producción de los medios de existencia del obrero. Si se llega a un aumento de la
productividad del trabajo en las ramas que producen artículos de uso y consumo, se
reducirá el valor de los mismos. Ello supondrá un descenso del valor de la fuerza de
trabajo y, por consiguiente, del tiempo de trabajo necesario. A costa de esta reducción
aumentará el tiempo de trabajo adicional.
Supongamos que la jornada de 10 horas se divide a 5 horas de tiempo de trabajo
necesario y 5 horas de tiempo de trabajo adicional. Admitamos, luego, que debido al
ascenso de la productividad del trabajo, el tiempo de trabajo necesario (5 horas) se
reduce a 3 horas. Entonces, el tiempo de trabajo adicional (5 horas) aumenta hasta 7
horas. El grado de explotación (o cuota de plusvalía) será mayor, aunque la duración de
la jornada sea la misma.
Representémoslo gráficamente:

5 horas 5 horas

tiempo necesario tiempo adicional

La cuota de plusvalía será p’ = 5 x 100% = 100%


5

3 horas 7 horas

tiempo necesario tiempo adicional

La cuota de plusvalía será p’ = 7 x 100% = 233%


3
En este ejemplo, la cuota de plusvalía no se ha elevado del 100% al 233%
debido al aumento absoluto de la jornada de trabajo, sino como consecuencia del
cambio de la correlación entre el tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo
adicional.
La plusvalía lograda mediante la reducción del tiempo de trabajo necesario y el
correspondiente aumento del tiempo de trabajo adicional, debido a una mayor
productividad del trabajo, se denomina plusvalía relativa.
En ciertas condiciones, los capitalistas perciben, además, la plusvalía
extraordinaria.

La plusvalía extraordinaria

La plusvalía extraordinaria (o adicional) es una variedad de la plusvalía relativa.


Cada capitalista trata de obtener la ganancia máxima. Para ello adquiere nuevas
máquinas, nuevos equipos técnicos y logra así un ascenso de la productividad del
trabajo y la reducción del valor individual de sus mercancías en comparación con el
nivel medio del valor de las mercancías que produce la rama en cuestión. Como el
precio de la mercancía en el mercado lo determinan las condiciones medias de su
producción, el capitalista percibe una cuota de plusvalía superior a la corriente.
La plusvalía extraordinaria es la diferencia entre el valor social de la mercancía y
el valor individual inferior. A esta plusvalía la distinguen dos peculiaridades: en primer
lugar, no la perciben más que los primeros empresarios que emplean nueva maquinaria,
y de más rendimiento; en segundo lugar, la percepción de la plusvalía extraordinaria por

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un capitalista dado es un fenómeno transitorio, ya que más tarde o más temprano, la
maquinaria más moderna será empleada en las demás empresas y entonces el capitalista
que ha sido el primero en utilizarla se verá privado de la ventaja y dejará de percibir
dicha plusvalía. Pero ésta, desalojada de una empresa, aparece en otra, debido a que otro
industrial acaba de montar maquinaria todavía más perfecta.
La plusvalía extraordinaria desempeña un papel importante en el desarrollo del
capitalismo. Debido al afán de los capitalistas de lograr la plusvalía extraordinaria, se
produce espontáneamente el fomento de la técnica. Por otra parte, el capitalista que
instala en sus empresas maquinaria nueva y técnica nuevas trata de ocultarlas de los
demás, con lo cual retrasa su empleo en las empresas de otros industriales. Esto
recrudece la competencia entre los capitalistas y agrava las contradicciones entre ellos.
Se produce la ruina de unos y el enriquecimiento de otros.
De esta manera, la avidez de plusvalía extraordinaria contribuye por una parte al
fomento de las fuerzas productivas, y por la otra, frena su desarrollo.

Las tres fases del desarrollo del capitalismo en la industria

La producción de la plusvalía relativa se asienta en el crecimiento de la


productividad del trabajo. Por eso, el análisis de la plusvalía relativa pone de manifiesto
tres fases históricas del incremento de la productividad del trabajo en el capitalismo: la
cooperación simple, la manufactura y la producción maquinizada. Desde el punto de
vista histórico, la primera forma, y la más sencilla, de elevar la productividad del trabajo
fue la cooperación capitalista simple. Su esencia consistía en que en un mismo taller el
capitalista reunía a un número relativamente grande de obreros, realizando todos ellos
un trabajo igual.
Cuando muchas personas ejecutan juntas un mismo trabajo, se acelera el ritmo
de éste. Cada uno trata de no rezagarse de los demás. En consecuencia se eleva la
productividad del trabajo. Por ejemplo, la productividad total de 5 personas que trabajan
juntas es mucho mayor que la productividad de esas mismas 5 personas trabajando cada
una por separado. Esta nueva productividad no le cuesta nada al capitalista, ya que paga
la fuerza de trabajo de cada uno igual que antes, pero como se produce más, percibe más
beneficio. Además, cuando trabajan juntos muchos obreros, el capitalista gasta menos
en el alumbrado, calefacción, local, etc.
Al trabajar juntos los obreros, se ve que unos efectúan mejor un trabajo,
mientras que a los demás les sale mejor otra labor.
Por ello, al capitalista le resulta más ventajoso encargar a cada obrero la parte de
trabajo que efectúa mejor. Así se implanta en los talleres poco a poco la división del
trabajo. Las empresas capitalistas basadas en la división del trabajo y en el trabajo
manual se denominan manufacturas.
La división del trabajo entre los obreros acrecentó enormemente la
productividad del mismo. Puede citarse el ejemplo de la producción de alfileres en el
siglo XVIII. Una manufactura de 10 obreros producía 48.000 alfileres al día, es decir, a
razón de 4.800 alfileres por obrero. Antes de pasarse a la división del trabajo, cada
obrero producía 20 alfileres en cada jornada. Así, pues, la división del trabajo permitió
aumentar 240 veces la productividad.
Las condiciones de trabajo en la manufactura eran muy duras. El obrero tenía
que repetir constantemente los mismos movimientos monótonos, lo que lo deformaba
física y espiritualmente. La jornada duraba 18 horas y más y el salario era ínfimo.
La manufactura preparó las condiciones indispensables para el paso a la gran
industria maquinizada: 1) la simplificación de las operaciones permitió sustituir los

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brazos del obrero por la máquina; 2) la ejecución de las distintas operaciones por
separado condujo a la especialización de los instrumentos de trabajo, lo que creó las
premisas técnicas para el surgimiento de las máquinas; 3) la manufactura preparó
obreros adiestrados para la industria maquinizada. En eso consistió el papel histórico de
la manufactura.
La manufactura sirvió de fase de transición a la fábrica. Primero apareció la
llamada máquina operadora, que ejecutaba las mismas operaciones que el obrero. Pero
el obrero no tenía fuerzas para accionarla. Se inventó el motor mecánico, la máquina de
vapor, que ponía en movimiento muchas máquinas operadoras. Surgió la fábrica
capitalista, con el empleo de sistemas de máquinas para la producción de mercancías.
Con la utilización de las máquinas y su perfeccionamiento se opera un enorme
incremento de la productividad del trabajo y un abaratamiento de las mercancías. Al
mismo tiempo se arruinan grandes masas de pequeños productores y de empresas
basadas en el trabajo manual.
La fábrica capitalista supone un nuevo peldaño en el sometimiento del trabajo
por el capital. En la fábrica el obrero se convierte en un apéndice de la máquina. El
empleo capitalista de las máquinas conduce a la prolongación de la jornada de trabajo, a
la incorporación de mujeres y niños a la producción, al surgimiento del ejército de
parados, al empeoramiento de la situación del proletariado. Pero el capitalista no recurre
siempre a las máquinas. El empleo de las máquinas bajo el capitalismo tiene sus límites,
ya que sólo se utilizan cuando el precio de la máquina es inferior al salario de los
obreros desplazados por ella. El capitalista emplea únicamente la máquina si le es
ventajosa. De ahí que la producción maquinizada no acabe con el trabajo manual. Este
se aplica en gran escala hasta hoy día incluso en los países capitalistas más
desarrollados, como los Estados Unidos e Inglaterra.
El paso de la manufactura a la fábrica significa la afirmación definitiva del modo
capitalista de producción.

La contradicción fundamental del capitalismo

Sobre la base de la gran industria maquinizada se opera el proceso espontáneo de


la socialización del trabajo y la producción. En lugar de los pequeños talleres en los que
se empleaba el trabajo manual, aparecen gigantescas fábricas con miles y decenas de
miles de obreros de distintas profesiones. Crece la división del trabajo. Todas las
empresas y todas las ramas industriales están relacionadas entre sí, dependen la una de
la otra. Las fábricas de maquinaria no pueden trabajar si no cuentan con la producción
de las metalúrgicas; estas últimas no pueden prescindir del carbón; las minas hulleras
dependen de las fábricas de maquinaria y otras. De esta manera, la producción adquiere
un carácter social.
Mientras tanto, todas las empresas, así como la tierra y el subsuelo, son
propiedad privada bajo el capitalismo. Los capitalistas se apropian de los productos del
trabajo social. Surge y crece la contradicción entre el carácter social de la producción y
la forma capitalista privada de apropiación. Esta es la contradicción fundamental del
capitalismo.
Dicha contradicción del capitalismo expresa la contradicción entre las fuerzas
productivas en constante desarrollo y las relaciones capitalistas de producción. Al
socializar más y más la producción, el capitalismo se va convirtiendo al mismo tiempo
en una traba del progreso de las fuerzas productivas de la sociedad. Para acabar con esta
traba hay que terminar con la propiedad capitalista. Al desarrollar las fuerzas

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productivas, el capitalismo engendra a su sepulturero, el proletariado, la fuerza llamada
a poner fin a la propiedad privada e instaurar en su lugar la propiedad social, socialista.

El salario bajo el capitalismo

La naturaleza del salario

Ya hemos aclarado que la fuerza de trabajo bajo el capitalismo es una mercancía


y tiene valor. El valor de la fuerza de trabajo expresado en dinero es el precio de la
fuerza de trabajo.
Los economistas burgueses tratan de velar la explotación capitalista y afirman
que el salario es el precio del trabajo del obrero. Dicen que el obrero trabaja en la
fábrica capitalista, produce distintas mercancías y percibe por su trabajo el precio del
trabajo, es decir, el salario.
Esta engañosa apariencia de que el salario no es otra cosa que la retribución del
trabajo se debe a que el obrero cobra su salario después de trabajar cierto tiempo.
Además, el salario se establece con arreglo a la cantidad de tiempo (número de horas,
días o semanas) o con arreglo a la cantidad de producto elaborado. En realidad, el
salario es, según expresión de Marx, la forma metamorfoseada, es decir, disfrazada,
disimulada, del valor o del precio de la mercancía fuerza de trabajo.
El trabajo no es mercancía, por cuya razón no tiene valor ni precio. En realidad,
para que pueda venderse, el trabajo debe existir antes de su venta. No se puede vender
lo que no existe. Cuando un zapatero, por ejemplo, lleva al mercado unas botas, trátase
de cosas que existen en realidad y que pueden ser vendidas. Pero cuando un obrero se
contrata a fin de trabajar para un capitalista, todavía no hay trabajo alguno. Lo que
existe es la capacidad para trabajar, la fuerza de trabajo y paga dinero por ella, no le
interesa el obrero como tal, sino su capacidad para trabajar, la capacidad del obrero para
crear plusvalía.
En vista de que en la sociedad capitalista se presenta el salario como el pago del
trabajo, inevitablemente se recibe la impresión de que se paga todo el trabajo del obrero.
Supongamos que para la producción de los medios de existencia del obrero y de su
familia se requiere 6 horas de trabajo socialmente necesario. Si 1 hora del tiempo de
trabajo socialmente necesario se expresa con 1 dólar, el valor de la fuerza de trabajo –6
dólares-, pero obliga al obrero a trabajar 12 horas. Así, pues, la hora de trabajo se paga a
0.5 dólares. En el salario se oculta el hecho de que el capitalista paga la mitad de la
jornada de trabajo, mientras que la otra no es retribuida. De este modo, el salario borra
todo rastro de división del tiempo de trabajo en necesario y adicional, en retribuido y no
retribuido. El salario crea la falsa apariencia de que se paga todo el trabajo del obrero
asalariado, enmascarando velando la explotación. En ello consiste precisamente uno de
los rasgos principales que establecen la distinción entre el capitalismo y las sociedades
explotadoras que existieron antes de él.

Las formas del salario

Bajo el capitalismo, el salario reviste distintas formas. Si el pago del valor de la


mercancía fuerza de trabajo se verifica con arreglo al tiempo que trabaja el obrero (un
día, una semana, un mes, etc.) trátase de salario por tiempo.
Para tener una idea exacta de la naturaleza del salario por tiempo bajo el
capitalismo, hay que analizarlo en comparación con la duración de la jornada de trabajo.
Por ejemplo, el capitalista paga al obrero 10 dólares al día y el obrero trabaja 10 horas.

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Entonces, el precio medio de una hora de trabajo será un dólar. Si el capitalista
prolonga la duración de la jornada hasta 12 horas, el precio de una hora de trabajo
bajará hasta 83 centavos. Así queda claro que el sistema del salario por tiempo
constituye en manos del capitalista un medio para intensificar la explotación de los
obreros. A la par con el salario por tiempo, existe otra forma de salario: el salario por
piezas o a destajo.
El salario por piezas o a destajo es la forma de salario cuya magnitud depende
de la cantidad de productos elaborados o piezas fabricadas por el obrero en una unidad
determinada de tiempo (en una hora o un día, por ejemplo).
Carlos Marx denominó modalidad del salario por tiempo al salario a destajo o
por piezas. Y efectivamente es así. Para establecer las tarifas de pago por cada pieza se
toma en consideración: a) el salario por tiempo a base de una jornada; b) la cantidad de
piezas que puede fabricar el obrero más hábil y más fuerte en una jornada.
Por ejemplo, si el salario es de 10 dólares al día, y el número de las piezas
fabricadas por el obrero llega a 20 por jornada, el capitalista pagará por cada pieza
medio dólar. Así logra el capitali sta que el salario a destajo no sea superior al salario por
tiempo.
Ahora bien, si eso es así, ¿Por qué implantan los capitalistas el salario a destajo?
Ello se debe a que dicho tipo de salario posee varias peculiari dades que lo hacen ser más
ventajoso para los patronos. Por ejemplo, este tipo de salario permite controlar mediante
el producto la calidad del trabajo. El capitalista paga el producto de calidad regular y
superior. El producto de mala calidad no se paga. Esta forma de salario aumenta la
intensidad del trabajo del obrero, pues este se esfuerza por hacer más a fin de cobrar
más dinero. Cuando todos los obreros elevan el rendimiento, el capitalista bajará las
tarifas, lo que aumentará su ganancia. Por eso dice Marx que cuando más trabaja el
obrero, menos gana.
Según sean las condiciones concretas, los capitalistas aplican diferentes formas
de salario.
Desde el punto de vista histórico, el salario por tiempo surgió antes que el salario
por pieza. Fue empleado en gran escala en las fases iniciales del capitalismo, cuando los
capitalistas se esforzaban por acrecentar la plusvalía aumentando la jornada de trabajo.
Esta forma de salario les convenía. Posteriormente, al ser limitada la duración de la
jornada por vía legislativa adquirió gran aplicación el salario a destajo. En las
condiciones actuales van adquiriendo mayor difusión diversas formas de salario por
tiempo con primas. Así, a fines de 1957 al 70% de los obreros industriales de los
Estados Unidos, se les remuneraba de acuerdo con una forma metamorfoseada de
salario por tiempo.
¿A qué se debe el paso del salario a destajo al salario por tiempo? Obedece a que
en la industria capitalista de nuestros días se ha pasado en muchas ramas al trabajo en
cadena, lo que supone un ritmo forzado de trabajo. Ello significa que el ritmo de
producción no depende del obrero, sino que se ve determinado por la velocidad del
movimiento de la cadena o por las peculiaridades del proceso tecnológico. Los obreros
trabajan cada vez con más intensidad, sin que se eleven las tarifas de sus salarios.
En una misma empresa suelen aplicarse los salarios por tiempo y por pieza. Bajo
el capitalismo ambas formas no son más que distintos modos de incrementar la
explotación de la clase obrera.
Movidos por el afán de acrecentar la plusvalía, los capitalistas aplican también
diversos sistemas extenuantes de organización del proceso de trabajo y de salarios. La
esencia de los sistemas extenuantes de salario consiste en exprimir el máximo de trabajo

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al obrero en una unidad determinada de tiempo. Existen decenas de sistemas
extenuantes de salario.
Uno de los primeros sistemas de este tipo fue el taylorismo (por el nombre de su
“inventor”, el ingeniero norteamericano Taylor). La esencia del “taylorismo” consiste
en lo siguiente: el capitalista elige en su empresa al obrero más fuerte y más hábil y le
obliga a trabajar a la tensión máxima, cronometrando en segundos y fracciones de
segundo cada una de las operaciones. Los resultados así obtenidos se comunican a una
comisión técnica especial, que a base del estudio de los datos, establece el régimen y las
normas de trabajo para todos los obreros. Se fijan dos escalas de salarios: una algo
superior para los que cumplen la “tarea”, y la otra, muy baja, para los que no la
cumplen. Este sistema de salario conduce a un incremento vertical de la productividad
del trabajo, mientras apenas aumenta el fondo de salarios de los obreros. Por
consiguiente, se intensifica enor memente la explotación del trabajo.
Otro tipo de sistema extenuante de salario es el “sistema d Ford”, que persigue
idéntico fin: obtener del trabajador la cantidad máxima de trabajo. Esto se consigue
acelerando el ritmo de trabajo de la cadena. Si antes se movía ésta, supongamos, a la
velocidad de 3 metros por minuto, la aceleran hasta 4 y 5’ metros. En este caso, el
obrero tiene que trabajar a una tensión superior, aunque no quiera, y gastar más fuerzas,
mientras el salario permanece al nivel anterior, sin que compense la energía vital
invertida. Con ese sistema, muchos obreros se agotan por completo a la edad de 40 a 45
años y son despedidos por el patrono.
Por añadidura, la uniformidad de las operaciones en cadena permite el empleo de
obreros no calificados, a quienes se abonan salarios bajos, lo que asegura a los
capitalistas mayores ganancias.
Entre los sistemas extenuantes de salario figura el de la participación en las
ganancias. Consiste en que al contratar a los obreros, el capitalista declara que les
pagará menos que los demás patronos, pero al final de cada año, después de hacerse el
balance de la actividad de la empresa, los que trabajen bien percibirán una parte de la
ganancia de la misma.
El empleo de este sistema incrementa la intensidad del trabajo y frena el
desarrollo de la conciencia de clase de los obreros, adormece su vigilancia, divide a los
obreros, y dificulta su lucha contra los capitalistas. El sistema de la participación en las
ganancias crea en los obreros la ilusión de estar interesados en elevar la rentabilidad de
la empresa capitalista.

El salario nominal y el salario real

En las primeras fases de desarrollo del capitalismo eran muy pocos los casos en
que se pagaba el salario en dinero. Por lo general se practicaba lo siguiente: la empresa
capitalista tenía su tienda de víveres y artículos industriales. Los obreros adquirían allí
las mercancías y al final del mes o de la temporada, el capitalista calculaba lo que había
ganado el obrero y el importe de las mercancías adquiridas en la tienda. Resultaba que
el obrero no percibía dinero alguno o le entregaban una suma insignificante.
En la actualidad, el pago del trabajo en especie se emplea en gran escala en los
países económicamente atrasados y subdesarrollados.
En los países capitalistas desarrollados, la forma dominante es el pago del salario
en dinero.
El salario expresado en dinero se denomina salario nominal. Pero éste no puede
mostrar el verdadero nivel de la retribución del trabajo. Para determinar este nivel existe
el concepto real. El salario real es el expresado en medios de sustento para el obrero.

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Dicho con otras palabras, el salario real indica qué medios de sustento, y qué cantidad
puede comprar el obrero para él y para su familia con la suma de dinero que gana.
Para determinar el salario real del obrero es necesario tener en cuenta: la cuantía
de su salario nominal, el nivel de precios de los artículos de uso y consumo, de los
servicios, la cuantía de los impuestos, el costo del alquiler y otros gastos. Con el
desarrollo del capitalismo aumenta la tendencia de descenso del salario real.
La reducción del salario real bajo el capitalismo se debe a varias causas. La
primera es el alza de los precios. Supongamos que aumenta un tanto el salario nominal
de los obreros, pero si los precios de las mercancías crecen en mayor proporción que el
salario, cada vez puede comprar menos el obrero: es decir baja el salario real. Por
ejemplo, en el período que medió entre 1938 y 1954, los precios de todas las mercancías
aumentaron en Francia en más de 32 veces, mientras que los salarios sólo se elevaron en
21 veces. En consecuencia, los obreros franceses podían comprar en 1954 menos
mercancías que en 1938. Idéntica situación se observaba en los demás países
capitalistas.
Otra causa que determina la baja del salario real es la elevación de los impuestos
y de otros gastos (alquiler, gas, electricidad, agua, etc.). El crecimiento de dichos gastos
reduce el salario, debido a lo cual el salario real desciende más y más. Así, en 1959, los
impuestos abonados por la población en los Estados Unidos, eran casi 12 veces
superiores a los de 1939, y en el pago del alquiler se invertía del 25% al 30% del salario
en 1958. En la reducción de los salarios de los obreros desempeñan un gran papel las
distintas multas impuestas en la producción, que cada año son mayores.
Esas son algunas de las circunstancias que condicionan el descenso del salario
real de la clase obrera bajo el capitalismo.
En los países capitalistas no se paga igual salario a la mujer y al hombre. Las
obreras que efectúan el mismo trabajo que los hombres cobran un salario muy inferior al
que perciben éstos.
La discriminación racial constituye una fuente de enormes beneficios para los
capitalistas. Por ejemplo, en los Estados Unidos los negros se hallan en condiciones de
trabajo peores que los obreros blancos. Los negros son ocupados preferentemente en los
trabajos más difíciles, nocivos y peligrosos para la vida y la salud. Su trabajo se paga
mucho peor que el de los obreros blancos.
En los distintos países capitalistas existen diferentes niveles de salarios para los
obreros. Esto se debe a numerosas causas. Sería, naturalmente, un error admitir que en
unos países se tiene más condescendencia con los obreros que en otros. Los capitalistas
tratan en todas partes de rebajar el salario. Sin embargo, al comparar los salarios de los
distintos países deben tenerse en cuenta las condiciones históricas en que se ha formado
la clase obrera y cómo se ha constituido el nivel de sus demandas, así como los gastos
para la preparación profesional, la lucha de clases y otras condiciones propias del país
en cuestión. En los Estados Unidos, por ejemplo, el capitalismo se desarrolló en un
ambiente de escasez de mano de obra, y no de excedente, lo que condujo a un ascenso
de los salarios. En Inglaterra, la clase obrera se organizó para la lucha contra los
capitalistas antes que en otros países de Europa. Debido a ello, los salarios de los
obreros en Inglaterra son superiores que en Irlanda, por ejemplo. Estas circunstancias
condicionan la diferencia nacion al en el nivel de los salarios.

La lucha de la clase obrera por el aumento de los salarios

Los capitalistas se esfuerzan constantemente por reducir los salarios de los


obreros. Esto se hace con el fin de que el capitalista obtenga el máximo de ganancia. La

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burguesía utiliza en su lucha contra la clase obrera el Estado, el derecho, la Iglesia, la
prensa, la radio, etc. Además, los propios capitalistas se agrupan en uniones patronales y
luchan en frente único contra los obreros.
Al objeto de hacer frente al capital, la clase obrera se une en sus sindicatos, los
cuales organizan a la misma para la lucha por el mejoramiento de su situación
económica.
Una muestra del alto nivel de organización de la clase obrera en el período
actual nos la ofrece el hecho de que en 1960 el número total de obreros sindicados en el
mundo entero ascendió a 180 millones, de los cuales más de 100 millones se agrupaban
en la Federación Sindical Mundial.
Debido a la enconada lucha de clases entre el proletariado y la burguesía se
establece uno u otro nivel de salarios. Donde los obreros dan prueba de mayor
perseverancia y decisión en la lucha huelguística, los capitalistas se ven obligados a
menudo a aceptar las reivindicaciones de los obreros y a elevar los salarios. La lucha de
la clase obrera por el mejoramiento de las condiciones de vida va adquiriendo
proporciones particularmente grandes en el último tiempo en los principales países
capitalistas, como por ejemplo, los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, RFA, etc. Tan
sólo en 1960 tomaron parte en la lucha huelguística más de 53 millones de personas.
Han pasado a figurar para siempre en los anales de la historia del movimiento obrero las
acciones de masas de los trabajadores franceses e italianos, la huelga de los obreros
belgas, la prolongada huelga de los metalúrgicos norteamericanos, en la que
participaron más de 500.000 hombres, la huelga de los obreros ingleses de
construcciones de maquinaria. La lucha de los trabajadores de los países capitalistas por
sus derechos económicos y sociales va adquiriendo un carácter cada vez agudo.
La lucha económica del proletariado tiene mucha importancia. Pero,
reconociendo la importancia de la lucha económica de la clase obrera, el marxismo-
leninismo enseña que de por sí dicha lucha no puede liberar a los obreros de la
explotación. Únicamente poniendo fin al modo capitalista de producción mediante la
lucha política, revolucionaria, es cómo se puede acabar con las condiciones que
propician la opresión política y económica de la clase obrera.

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INDICE

QUÉ ESTUDIA LA ECONOMÍA POLÍTICA

1. La producción de bienes materiales es la base de la vida de la sociedad. 1


2. Las fuerzas productivas y las relaciones de producción 2
3. Las leyes económicas del desarrollo de la sociedad 5
4. Definición del objeto de la Economía política 6

Capítulo I. Los modos precapitalistas de producción.


1. El modo de producción de la comunidad primitiva. 9
2. El modo esclavista de producción 11
3. El modo feudal de producción 13
4. Descomposición y desaparición del feudalismo. 14

EL MODO CAPITALISTA DE PRODUCCIÓN 16


A. EL CAPITALISMO PREMONOPOLISTA
16
Capítulo II. La producción mercantil. La mercancía y el dinero.

1. La característica general de la producción mercantil 16


2. La mercancía y el trabajo creador de las mercancías. 18
3. El desarrollo del cambio y las formas del valor. 23
4. El dinero. 24
5. La ley del valor es la ley económica de la producción mercantil 28

Capítulo III. Capital y plusvalía. El salario en el capitalismo.

1. La acumulación originaria del capital. 32


2. Conversión del dinero en capital. 33
3. La producción de plusvalía. La explotación capitalista. 35
4. El capital y sus partes integrantes 39
5. Los dos modos de elevar el grado de explotación de la clase obrera 41
6. El salario bajo el capitalismo

Capítulo IV: La acumulación del capital y el empeoramiento de la situación del


proletariado.

1. La acumulación del capital y la formación del ejército de los sin trabajo 51


2. La ley general de la acumulación capitalista 57

Capítulo V: La transformación de la plusvalía en ganancia y su distribución entre


los distintos grupos de explotadores

1. Las distintas formas que reviste el capital 61


2. Ganancia media y precio de producción 63
3. La ganancia comercial 68
4. El capital de préstamo. Las sociedades anónimas. 69
5. La renta del suelo y las relaciones agrarias bajo el capitalismo. 73

Pag. 254
Capítulo VI: La reproducción de l capital social y las crisis económicas. 78

1. La reproducción del capital social. 78


2. La renta nacional. 84
3. Las crisis económicas 86

B. EL CAPITALISMO MONOPOLISTA O IMPERIALISMO 90

Capítulo VII: Los principales rasgos económicos del imperialismo 92

1. La concentración de la producción y los monopolios 92


2. El capital financiero y la oligarquía financiera 95
3. La exportación de capitales. El rep arto económico y territorial del mundo. 98
4. La ganancia monopolista es el móvil del capitalismo monopolista 103

Capítulo VIII: El lugar histórico del imp erialismo, la crisis general del capitalismo
mundial.

1. El lugar histórico del imperialis mo 105


2. La crisis general del capitalis mo mundial 112
EL MODO COMUNISTA DE PRODUCCION 124
El SOCIALISMO, LA PRIMERA FASE DE LA SOCIEDAD COMUNISTA 125

Capítulo IX: Surgimiento y formación del socialismo 125

1. El marxismo – leninismo y el período de transición del capitalis mo al 125


socialismo
2. La economía del período de transición 129
3. La política económica en el período de transición 133
4. La victoria del socialismo 140

Capítulo X : Las fuerzas productivas y las relaciones de producción de la sociedad


socialista

1. Las fuerzas productivas 143


2. Las relaciones de producción 147
3. La ley económica fundamental del socialismo 152
4. El papel económico del Estado socialista 154

Capítulo XI: El desarrollo armónico de la economía nacional en el socialismo

1. La ley del desarrollo armónico, proporcional de la econo mía nacional 157


2. La planificación socialista 161
3. Las ventajas de la economía planificada 164

Capítulo XII: El trabajo social y la productividad del trabajo en el socialismo

1. El trabajo social en el socialismo 166


2. La elevación constante de la productividad del trabajo, ley econó mica del 170
socialismo

Pag. 255
Capítulo XIII: La producción mercantil, el dinero y el comercio en el socialismo

1. La producción mercantil en el socialismo. 174


2. El dinero y sus funciones en la sociedad socialista 177
3. La ley del valor en la econo mía socialista 179
4. El comercio en el socialismo 179

Capítulo XIV: La distribución con arreglo al trabajo y las formas de remuneración


del trabajo en el Socialismo.
1. La ley económica de la distribución con arreglo al trabajo 182
2. El salario en el socialismo 185

Capítulo XV: La autonomía económica socialista y la rentabilidad. El costo de


producción y el precio.

1. La autonomía económica socialista y la rentabilidad 191


2. Los fondos y los medios de las empresas que funcionan sobre la base de la 195
autonomía económica
3. El costo de producción y el precio de la producción industrial 199
4. La autonomía económica en los koljoses 201

Capítulo XVI: La reproducción socialista. La renta nacional y el sistema de


crédito y finanzas en el socialismo.
1. La reproducción socialista 203
2. La renta nacional y su distribución en el socialismo 208
3. Las finanzas y el crédito en el socialismo 212

Capítulo XVII: El sistema mundial del socialismo

1. Surgimiento y desarrollo del sistema mundial del socialismo 216

2. La cooperación y la ayuda mutua constituyen la base de las relaciones 218


económicas entre los países del siste ma socialista mundial

4. La coexistencia pacífica y la emulación económica de los dos sistemas 223


mundiales

B. DESARROLLO Y TRANSFORMACIÓN GRADUAL DEL SOCIALISMO


EN COMUNISMO

Capítulo XVIII: La fase superior de la Sociedad Comunista y las leyes del 227
desarrollo y transformación del socialismo en comunismo.

1. Los rasgos económicos comunes y diferentes del socialismo y del comunismo 228
2. Las leyes del desarrollo y la transformación del socialismo en comunismo 230

Capítulo XIX: La creación de la base material y técnica del comunismo

1. Las vías para la creación de la base material y técnica del comunismo 234

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Capítulo XX: Desarrollo y transformación de las relaciones socialistas de
producción en comunistas

1. De la propiedad socialista a la comunista 240

2. Superación de las diferencias econó mico-sociales 243

3. La transformación del trabajo en la primera necesidad vital del hombre 244

4. El tránsito al principio comunista de distribución 246

5. La organización política de la sociedad, la estructura y la administración del 248


Estado en el período del tránsito del socialismo al comunismo

Pag. 257

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