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Síntesis Fides Et Ratio

La encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II aborda la relación entre fe y razón, enfatizando que ambas provienen de Dios y no deben contradecirse. La búsqueda de la verdad es una necesidad humana universal, y la filosofía sirve como un medio para conocerla, aunque la revelación divina en Jesucristo es la fuente última de la verdad. La Iglesia tiene la responsabilidad de guiar a la humanidad hacia esta verdad, promoviendo un entendimiento que integre la fe y la razón en la búsqueda del sentido de la existencia.
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Síntesis Fides Et Ratio

La encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II aborda la relación entre fe y razón, enfatizando que ambas provienen de Dios y no deben contradecirse. La búsqueda de la verdad es una necesidad humana universal, y la filosofía sirve como un medio para conocerla, aunque la revelación divina en Jesucristo es la fuente última de la verdad. La Iglesia tiene la responsabilidad de guiar a la humanidad hacia esta verdad, promoviendo un entendimiento que integre la fe y la razón en la búsqueda del sentido de la existencia.
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SEMINARIO DIOCESANO DE TUXPAN VERACRUZ A.

R
SEMINARIO MAYOR
“IGNACIO LEHONOR ARROYO”

NOMBRE DEL ALUMNO: Erik Emanuel Rodríguez Rivera.


CURSO: Segundo de Discipular.
PROFESOR: Efraín Pérez Sánchez.
TRABAJO: Síntesis de la Encíclica Fides et ratio de su Santidad Juan Pablo II.
SÍNTESIS FIDES ET RATIO
Es necesario conocerse a sí mismo y al mundo para conocer la verdad. Podemos identificar
en diferentes culturas esencialmente las mismas preguntas: ¿Quién soy? ¿de dónde vengo?
¿Por qué hay mal y muerte? Y estas preguntas se dan de manera natural en el hombre en
busca del sentido. Es responsabilidad de la Iglesia anunciar la Verdad y el sentido que es la
Revelación de Dios, Jesucristo Camino, Verdad y Vida. Uno de los caminos para conocer la
verdad es la filosofía, la cual está en el hombre desde que empieza a preguntarse del porqué
de las cosas. El asombro es parte fundamental del principio de la filosofía, ya que, si no se
asombrara de las cosas que acontecen, todo se volvería repetitivo.
El pensar filosófico debe servir para ser y pensar de forma coherente. Hay verdades
filosóficas que no pasan a pesar de los tiempos, como lo son las normas morales y varios
otros principios universales y comunes en la humanidad. La filosofía nos sirve para conocer
ciertas verdades que son referentes a la vida del hombre, del mundo, de este modo, la
filosofía se convierte en un medio para conocer la verdad y para anunciar las verdades de
Dios. En la actualidad el hombre a desarrollado distintas formas de conocimiento (ciencias
naturales, el lenguaje, antropología, etc.) pero esto puede hacer perder de vista que el
hombre está buscando también esa verdad que lo trasciende y sin esta verdad el ser humano
sería valorado solo en sentido pragmático y se enfoca en los límites y condicionamientos
que éste tiene.
Ciertamente en el razonamiento moderno se da relieve al agnosticismo, pluralismo,
escepticismo, síntomas de la desconfianza en la verdad y todo se reduce a la opinión. Es
necesario reflexionar radicalmente acerca de la verdad, por ello es deber de la Iglesia
ofrecer un camino hacia esta verdad. Todo el conocimiento de la Iglesia parte de la Palabra
de Dios, de la fe en Ella, no cree que todo el conocimiento que ella tiene es de ella misma,
sino que proviene de Dios. El conocimiento de Dios es el fin de todo conocimiento, ya que
Él ha manifestado y revelado de una vez y para siempre su voluntad, que todos los hombres
se salven por Cristo y que participemos de la naturaleza divina.
Dios nos ama y lo demuestra a través de sus Palabras y obras en toda la historia de
Salvación, siendo el culmen de esta salvación Revelada Cristo Jesús Nuestro Señor el cual
se encarna en el tiempo. Jesucristo nos da acceso al Padre, nos da la salvación. Sin
embargo, esta Revelación no se puede comprender completa y coherentemente sin la fe, la
cual es una obediencia a Dios, libertad y voluntad de confiar plenamente en Él. Cuando
hablamos de fe hablamos también de libertad, y libertad en su máxima expresión,
sucediendo lo contrario en el ateísmo o las opciones contra Dios, ya que estas no se abren a
lo que les da el sentido de la propia existencia. Los signos facilitan a la razón comprender
los misterios, por ejemplo, la Eucaristía es el mismo Jesucristo presente, pero lo que
podemos ver es el signo del pan, pero la fe lo hace más evidente, aunque el misterio de
Dios no lo podemos conocer de manera definitiva y plena. No podemos pensar algo más
grande que Dios, ya que Dios está por encima de aquello que podemos pensar de Él. El
cristianismo es la única vía a la verdad que Dios a revelado de una vez y para siempre,
Jesucristo es la salvación para todos los que se acogen a Él, creer en esta verdad nos hará
libres. Esta verdad no es externa e imposible para cualquier hombre, sino que esta verdad
está en él. Esta verdad no es fruto de la razón.
La misma Sagrada Escritura nos presenta la relación entre fe y razón, así lo dicen los libros
sapienciales al afirmar que el hombre sabio es aquel que busca la verdad. Todos tenemos
inteligencia incluso los ateos, pero para el texto bíblico hay una unidad inseparable entre el
conocimiento de la razón y de la fe. La fe nos hace ver que en la historia Dios actúa, la fe
hace que el camino de reflexión del hombre sea recto, sin obstáculo, si el hombre quiere
conocer al mundo, a sí mismo y a Dios, entonces tiene que reconocer la relación del
conocimiento de la fe y el conocimiento de la razón y saber que entre estos conocimientos
no hay competitividad.
La razón debe de seguir ciertas reglas para llegar a buen final, como lo es el temor de Dios,
pero cuando el hombre pierde de vista estas reglas, termina cayendo en necedad y ateísmo.
En el libro de la Sabiduría, se nos dice que, contemplando la hermosura y grandeza de las
creaturas (hablando también de filosofía), por analogía se puede llegar hasta el Creador y
Autor de todo, así el hombre no tiene por imposible reconocer que Dios es el Creador de
todo, sino que por su propia libertad y pecado es por lo que lo llega a negar.
En el Antiguo testamento se escribe que la razón y la búsqueda de la verdad es común a
todos los hombres, pero solo el que se apoya en Dios logra alcanzar en plenitud esta verdad.
San Pabla también nos refiere a que la mente del hombre no solo es sensorial, sino que a
través de estos datos que nos dan los sentidos, podemos llegar a realidades metafísicas, e
incluso en el plan original, el hombre podía llegar con facilidad a la realidad del origen de
todo (Dios) pero por el pecado primitivo esta capacidad fue privada para el hombre, y como
consecuencia el hombre tiene ciertos obstáculos para llegar a la verdad plena. Es importante
por eso diferenciar entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de Jesucristo revelada
para nuestra salvación.
La Cruz se convierte también en señal de que hay una diferencia entre la sabiduría del
mundo y la sabiduría de Dios y su plan salvador, ya que naturalmente y lógicamente la
Cruz nos puede parecer algo injusto, ilógico, sin embargo, con el sacrificio de Jesús la
sabiduría de este mundo queda como tonta, no se comprende que en la muerte resulte la
vida, ya que Dios eleva a lo humilde y a lo que está en lo alto lo abaja y lo reduce a la nada.
Podemos ver claramente la relación entre la fe y la razón, pero también la frontera que los
separa.
En el hombre existe el deseo universal de Dios, lo cual atestiguan el arte, la escultura, la
pintura etc. Todas aquellas cosas son un reflejo de esta búsqueda que el hombre tiene. El
hombre siempre busca la verdad, que, si bien el hombre engaña, no quiere ser engañado,
por eso el que es adulto y maduro puede discernir y dar con la verdad objetiva de las cosas.
Hay valores morales que el hombre debe de tener en cuenta incluso si estos vienen de fuera
de él. El génesis de la verdad podría encontrarse en las peguntas acerca del sentido de la
vida. Cada verdad es universal, cada verdad es definitiva, es para siempre y en todos lados.
El hombre busca esta verdad para fundamentar su existencia, algo que se estable e
inamovible para darle sentido a su existencia, desde escuelas filosóficas, hasta tradiciones
familiares son expresiones de esta búsqueda de una verdad absoluta.

La verdad siempre estará en la vida del hombre, aunque este intente evitarla, y como
consecuencia tendrá una vida con dudas, miedo e incertidumbre. Buscamos la verdad
porque nos creemos capaces de ella, de otra forma no la buscaríamos. La buscamos, así
como un científico es llevado por la intuición a descubrir cosas nuevas. La verdad se da en
el hombre por grados, la experimental, la filosófica y la verdad religiosa que se fundamenta
también con la filosofía. Aunque el hombre es un ser que por naturaleza busca la verdad y
vive en plenitud y libertad por ella, el hombre vive mayormente de creencias, porque
ciertamente el hombre no puede comprobar experimentalmente toda la ciencia, la verdad y
la sabiduría del mundo, y se tiene que valer de creencias que poco a poco puede ir
comprobando personalmente, lo cual no quita el hecho de que tenga que confiar en lo que
dicen los demás, formando una relación de confianza. Esta verdad que e busca en la
relación con los demás no es filosófica, pero si es cuestión de entrega, fidelidad y confianza
en el otro. Así es con el testimonio de los mártires, nosotros nos fiamos de su testimonio de
fe y de unión con Jesucristo.
La verdad a la que aspiramos no es solo una verdad que se pueda encontrar en la
comprobación experimental o en la ciencia, sino en el Absoluto, en Dios. Buscamos la
verdad y a alguien en que fijarnos, y esta búsqueda es interminable. Toda la verdad, tanto la
natural como la de la Fe, tienen su principio en Dios que ha creado todas las cosas y es
origen de lo sagrado y lo profano, y este Dios se revela en Jesucristo para quien todas las
cosas fueron creadas. Esta verdad revelada por Jesucristo (fe) se comprende a la luz de la
razón (Filosofía).
La religión no solo puede usar a los profetas para explicar la fe, sino también usa el
lenguaje filosófico, así como San Pablo en el Areópago de Atenas. Usa el lenguaje de los
primeros filósofos, los cuales al buscar el origen de todo se percataron que ni los mitos ni el
politeísmo son vías para una creencia racional en la divinidad y dieron paso a la relación
entre la religión y la filosofía purificando la religión en cierta manera. Los Padres de la
Iglesia comienzan este acercamiento de la filosofía a la religión, pero sin perder de vista
que hay ciertos elementos del mundo pagano que se deben de evitar como lo es la gnosis y
otras corrientes de pensamiento que se basan en el mundo y no en Jesucristo, lo cual se
difunden en la actualidad entre los creyentes carentes de sentido crítico. En el cristianismo
primitivo la relevancia era el mensaje evangélico de la Resurrección de Jesucristo y un
encuentro íntimo con Él, lo cual nos da la respuesta a la pregunta fundamental del sentido
de la vida, opacando a las doctrinas filosóficas.
La novedad del cristianismo es que la verdad es para todos, no solo para algunos cuantos,
elegidos, la verdad es universal y todos somos iguales ante Dios. La filosofía es para
algunos un escudo que protege a la doctrina de la fe de los intentos de refutación, la fe usa a
la filosofía, pero se distingue de ella. San Agustín fue el primero en unir la filosofía y la
teología (Filosofía griega y latina) dando origen a obras que ayudan en el camino hacia la
verdad. Los cristianos no pensaban de manera ciega, ni solo explicaban las realidades de la
fe con lenguaje filosófico, sino que también dan respuesta a lo que los filósofos antiguos
buscaban ya que se anula el sentimiento mítico que se tenía en Grecia y se abre a la
trascendencia, siendo que los Padres de la Iglesia no temían a la filosofía, eso sí,
reconociendo las semejanza y diferencias con la Revelación.
San Anselmo dice que la razón no debe de poner en juicio las cuestiones de la fe, la razón
es más bien aquella que aclara para que todos entiendan los contenidos de la fe. Tanto la
razón como la fe no se pueden contradecir porque ambas provienen de Dios, Santo Tomás
abre un camino importante con esta afirmación en la Summa contra los gentiles. La fe
supone la razón y la perfecciona, la fe no teme a la razón, más bien se apoya en ella. Santo
Tomás de Aquino es un ejemplo al momento de hacer teología, ya que el siempre buscó la
verdad y no eliminaba la filosofía, la usaba a su favor.
En la baja edad media sucede la separación entre fe y la filosofía, ya que muchos
pensadores radicalizaron sus posturas, y esto hizo que la filosofía fuera autónoma y lejana a
la fe, mostrando un humanismo ateo. Así también en la ciencia actual parece olvida a la
religión, la metafísica y la moral. El nihilismo es algo que también afecta en el mundo
actual, ya que no se acepta nada como verdad definitiva, todo cambia, es fugaz y se enfoca
en las sensaciones. También hoy en día se aprecian más otras formas de racionalidad que la
filosofía, pero estas no se orientan a la búsqueda de la verdad, mas bien, se orientan a la
búsqueda del placer o del poder y que al final de cuantas el hombre se termina dañando a sí
mismo como fruto de su ambición. Es en esta época cuando se ve una evidente separación
entre la fe y la razón. En esta época es necesario volver a unir la fe y la razón, ya que una fe
sin razón llega al mito, y una razón sin fe pierde su verdadero sentido.
La Iglesia, y más específicamente el magisterio, no tiene una filosofía específica y única,
sino que valora toda la filosofía. Es necesario que la filosofía siga a la razón, ya que de otra
manera ésta se desvía, por eso debe de seguir sus propias normas para alcanzar la verdad
incluso si se relaciona con la fe. El magisterio interviene desde la antigüedad cuando las
corrientes filosóficas que contradicen la doctrina cristiana, atentan contra la verdad, la fe y
confunden al pueblo de Dios. La intención del magisterio no es eliminar las mediaciones
filosóficas, es más, el magisterio lo que quiere es una promoción y estimulación del
pensamiento filosófico. El magisterio se vio en la necesidad de mirar las diversas corrientes
filosóficas, ya que muchos católicos contraponían estas filosofías. El concilio Vaticano I es
el primero en resaltar la relación entre fe y razón, la revelación y lo que podemos conocer
de Dios con la razón y que a pesar de que la fe esta por encima de la razón, estas no se
pueden contradecir, ya que tanto la fe y la razón proceden de Dios, y Dios no se puede
contradecir.
San Pío X rechaza el modernismo y el Papa Pío XII abordó los temas acerca del
existencialismo, evolucionismo e historicismo e invitó a los filósofos y teólogos católicos a
examinar todas estas desviaciones que se daban fuera del redil de Jesucristo, con el fin de
que estimular la mente para investigar las verdades teológicas y filosóficas. El fideísmo,
racionalismo, siguen siendo riesgos actualmente. De hecho, para llegar a la verdad de las
Sagradas Escrituras también se corre el riesgo de usar un método hermenéutico. Es un tanto
difícil reconocer la verdad en un mundo donde la verdad es por consenso y no objetividad,
por eso la iglesia invita a llegar a la verdad a través de la filosofía, pero también invita a dar
sentido a todo en Jesucristo. León XIII promueve de nuevo a Santo Tomás de Aquino para
una filosofía conforme a las exigencias de la fe y sin desvíos. Desde este momento la
escuela de Santo Tomás es fundada y muchos teólogos y filósofos católicos han salido de
ahí. Con importancia afirma el Concilio que los aspirantes al sacerdocio deben de estudiar
la filosofía.
La teología es la ciencia de la fe. La teología tiene dos métodos, el primero es el que es
directo de las tres fuentes de la Revelación y el segundo es el que responde de manera
reflexiva y especulativa. Es necesaria la intervención de la filosofía para entender mejor al
magisterio y a los grandes maestros de teología y una mejor interpretación de la Tradición.
Para que el teólogo llegue a tener una visión e interpretación clara de los términos y
nociones, es importante que recurra a la filosofía y a los sistemas de ésta. La teología
dogmática debe de encargarse de explicar el misterio de la Santísima Trinidad
universalmente, que todos puedan entenderlo, así mismo la intervención de la filosofía es
necesaria en la teología, ya que de no intervenir la filosofía no se podría explicar el
lenguaje sobre Dios. La teología fundamental da razón de nuestra fe, hacer visible la
relación entre la fe y la razón, y la teología moral necesita de una visión filosófica correcta
de la naturaleza humana y de la sociedad.
Algunos niegan la importancia de la filosofía y dicen que otras ciencias como historia,
deben de ser admirados por todos, o incluso niegan el valor universal del patrimonio
filosófico de la Iglesia. El concilio afirma la importancia de las otras ciencias, pero nunca
hay que olvidar la importancia de la reflexión filosófica, ya que lo que se busca es la verdad
objetiva y no las opiniones diversas de los hombres. El cristianismo se ha encontrado con
las diferentes culturas desde el comienzo de la predicación evangélica, esto lo vemos con la
conversión y la transformación de los gentiles. Jesucristo con su sacrificio eterno y
universal derriba los muros de cualquier cultura, haciendo un solo Pueblo consagrado a
Dios. Las culturas al final de cuentas se abren y tiene la posibilidad de conocer y aceptar a
la Plenitud de la Revelación, ya que todas las culturas buscan a Dios de algún modo. Los
cristianos estamos impregnados de la cultura, al mismo tiempo los cristianos aportamos a
las culturas la verdad inmutable de Dios y así como en Pentecostés se siguen comunicando
las grandezas de Dios y la verdad plena a las diversas culturas.
El Evangelio no se opone a estas culturas, sino que las hace plenas con la Revelación que
representa plenitud y libertad para todos los hombres, librándolas de todas las desviaciones
y errores que tengan por causa del pecado. La inculturación tiene entonces una gran
apertura. La Teología tiene como fuente primera la Palabra de Dios, y como la Palabra de
Dios es verdad es necesario buscar la verdad en la vía humana (filosofía). La relación entre
filosofía y fe se ve resaltada en la vida de los grandes teólogos y filósofos (Padres de la
Iglesia, San Gregorio Nacianceno, San Agustín, los Doctores medievales, San Anselmo,
San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino) y otros tantos filósofos teólogos modernos
como John Henry Newman.
En síntesis, la presente encíclica nos deja en claro la relación entre la fe y la razón, y no
solo lo aclara, sino que lo fundamenta con la filosofía, la teología y otras ciencias. También
se promueve la filosofía como fundamento científico de la teología, pero siempre dejando
en evidencia las semejanzas y diferencias que la fe y la razón tienen y que se tienen que
clarificar para que ninguna de las dos pierda su camino y caiga en errores.

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