UNIDAD 1
Teoría General del Contrato
A. NOCIÓN DE CONTRATO
El contrato es el principal instrumento de que se valen los hombres para urdir entre ellos el tejido
infinito de sus relaciones jurídicas, es decir, es la principal fuente de obligaciones. El hombre vive
contratando o cumpliendo contratos, desde operaciones de gran envergadura (por ej.,
compraventa de inmuebles, constitución de sociedades, construcción de obras de distinto tipo —
edificios, represas, transporte de gas, etc.—), hasta contratos cotidianos que el hombre realiza
muchas veces sin advertir que está contratando: así ocurre cuando trabaja en relación de
dependencia (contrato de trabajo), cuando sube a un colectivo (contrato de transporte), cuando
compra cigarrillos o golosinas (compraventa manual), cuando adquiere entradas para ir al cine o al
fútbol (contrato de espectáculo público).
El concepto de contrato si bien es universalmente comprendido, al pretender dar su definición
surgen grandes diferencias doctrinales motivo por el cual no ha podido llegar a una definición
única.
Definimos contrato como todo acuerdo de contenido patrimonial, superando esta noción el ámbito
del derecho privado y extendiéndose a todo el ordenamiento jurídico. Al definirlo como acuerdo,
debe entenderse la existencia de por lo menos dos partes, pudiendo ser ambas particulares o el
estado, o una un ente público y otra un ente privado.
Convención, convención jurídica y contrato
Convención (simple): tradicionalmente se entiende que la convención es el acuerdo de
voluntades sobre relaciones ajenas al campo del derecho, como puede ser un acuerdo para
jugar un partido de futbol. Es el mero consentimiento o acuerdo de voluntades exteriorizado,
pero que no da origen a una coacción jurídica.
Convención jurídica: se refiere a todo acuerdo de voluntades de carácter no patrimonial, pero
que goza de coacción jurídica, como puede ser por ejemplo, el acuerdo sobre la forma de
ejercer la responsabilidad parental respecto de los hijos, convenido por sus padres divorciados).
Contrato: es un acuerdo de voluntades destinado a reglar los derechos patrimoniales.
Metodología en el CCCN
El Libro Tercero se dedica a los “Derechos Personales”. Este libro se divide a su vez en cinco títulos,
que se refieren respectivamente a las “Obligaciones en general”, a los “Contratos en general”, a los
“Contratos de consumo”, a los “Contratos en particular”, y finalmente “Otras fuentes de
obligaciones”. Lo más importante del método de nuestro Código es la reunión de las disposiciones
comunes a todos los contratos en un título particular.
Está inspirado en el Código Italiano de 1962, en el Código Peruano, en la doctrina francesa y en el
proyecto de unificación de 1998.
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Concepto de contrato. Análisis de la definición legal.
Según el Código Civil y Comercial, en su artículo 957:
“El contrato es el acto jurídico mediante el cual dos o más partes manifiestan su consentimiento
para crear, regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales”
La definición dada por el CCyC hace hincapié en dos aspectos importantes.
Por un lado, el acuerdo de voluntades manifestado en el consentimiento tiende a reglar relaciones
jurídicas con contenido patrimonial.
Por otro lado, recepta un contenido amplio del contrato, desde que abarca no solo la creación de
tal relación jurídico, sino también las diferentes vicisitudes que ella pueda tener, como
modificaciones que las partes puedan introducir con posterioridad a la celebración del contrato, la
transferencia a terceros de las obligaciones y derechos que nacen del contrato, y hasta la extinción
misma del contrato por acuerdo de voluntades.
Con este concepto del CCyC el concepto de contrato queda integrado en un solo artículo, que antes
se disponía en un conjunto de ellos, y no era tan preciso, al afirmar que el contrato es “el acto o
negocio jurídico bilateral, destinado a reglar derechos” lo cual era muy amplio.
En las demás disposiciones del Código Civil y Comercial en el título referido a los “Contratos en
general”, se encuentran los siguientes artículos:
ARTÍCULO 958.- Libertad de contratación. Las partes son libres para celebrar un contrato y
determinar su contenido, dentro de los límites impuestos por la ley, el orden público, la moral y las
buenas costumbres.
ARTÍCULO 959.- Efecto vinculante. Todo contrato válidamente celebrado es obligatorio para las
partes. Su contenido sólo puede ser modificado o extinguido por acuerdo de partes o en los
supuestos en que la ley lo prevé.
ARTÍCULO 960.- Facultades de los jueces. Los jueces no tienen facultades para modificar las
estipulaciones de los contratos, excepto que sea a pedido de una de las partes cuando lo autoriza la
ley, o de oficio cuando se afecta, de modo manifiesto, el orden público.
ARTÍCULO 961.- Buena fe. Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe.
Obligan no sólo a lo que está formalmente expresado, sino a todas las consecuencias que puedan
considerarse comprendidas en ellos, con los alcances en que razonablemente se habría obligado un
contratante cuidadoso y previsor.
ARTÍCULO 962.- Carácter de las normas legales. Las normas legales relativas a los contratos son
supletorias de la voluntad de las partes, a menos que de su modo de expresión, de su contenido, o
de su contexto, resulte su carácter indisponible.
ARTÍCULO 963.- Prelación normativa. Cuando concurren disposiciones de este Código y de alguna
ley especial, las normas se aplican con el siguiente orden de prelación:
a) normas indisponibles de la ley especial y de este Código;
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b) normas particulares del contrato;
c) normas supletorias de la ley especial;
d) normas supletorias de este Código.
ARTÍCULO 964.- Integración del contrato. El contenido del contrato se integra con:
a) las normas indisponibles, que se aplican en sustitución de las cláusulas incompatibles con ellas;
b) las normas supletorias;
c) los usos y prácticas del lugar de celebración, en cuanto sean aplicables porque hayan sido
declarados obligatorios por las partes o porque sean ampliamente conocidos y regularmente
observados en el ámbito en que se celebra el contrato, excepto que su aplicación sea irrazonable.
El contrato frente a los nuevos paradigmas
- Constitucionalización del Derecho Privado
ARTÍCULO 1°.- Fuentes y aplicación. Los casos que este Código rige deben ser resueltos según las
leyes que resulten aplicables, conforme con la Constitución Nacional y los tratados de derechos
humanos en los que la República sea parte. A tal efecto, se tendrá en cuenta la finalidad de la
norma. Los usos, prácticas y costumbres son vinculantes cuando las leyes o los interesados se
refieren a ellos o en situaciones no regladas legalmente, siempre que no sean contrarios a derecho.
La incorporación de este artículo hace referencia a una comunicabilidad de los principios centrales
entre lo público y lo privado, desdibuja las barreras entre el derecho público y el privado, y se hace
referencia a que el derecho es uno.
Las XIII Jornadas Nacionales de Derecho Civil del año 1991, concluyeron en que el contrato es el
instrumento que sirve para la satisfacción de las necesidades del hombre, y debe conciliar la
utilidad con la justicia, el provecho con el intercambio equilibrado. El Contrato no puede
contradecir las pautas que fija la CN y su interpretación debe respetar el orden normativo que ella
impone.
- Humanización del Derecho Privado
ARTÍCULO 2°.- Interpretación. La ley debe ser interpretada teniendo en cuenta sus palabras, sus
finalidades, las leyes análogas, las disposiciones que surgen de los tratados sobre derechos
humanos, los principios y los valores jurídicos, de modo coherente con todo el ordenamiento.
Se denota la incorporación de los DDHH y su capital social e institucional, se legisla sobre la
sociabilidad en el ejercicio de los derechos incorporando la buena fe y el abuso del derecho.
- El diálogo de fuentes
Existiendo un sistema complejo de distintas fuentes, estas deben integrarse, no excluirse,
modificando el principio que regía en el antiguo Código Civil “la ley especial deroga la ley general”.
Es decir, la decisión judicial debe ser razonable, fundada en una pluralidad de fuentes que exceden
el propio texto del Código y llevando a una necesaria comunicación entre ellas.
- - La resistematización del Derecho Privado
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El CCyC no es un intento de modernización ni de centralización de la ley, sino de resignificación o
reconstrucción de un sistema que ahora es compone de una pluralidad de leyes. Es otro modo de
ver el derecho privado, más complejo y dinámico.
B. NATURALEZA JURÍDICA DEL CONTRATO
El contrato es un acto jurídico. Según el artículo 259, “el acto jurídico es el acto voluntario lícito, que
tiene por fin inmediato la adquisición, modificación o extinción de relaciones o situaciones jurídicas”.
El acto jurídico es el género, mientras que el contrato es la especie. Entonces, el contrato es un acto
jurídico, que tiene las siguientes características específicas:
a) Es bilateral: requiere el consentimiento de dos o más personas.
b) Es un acto entre vivos: produce sus efectos sin estar condicionado a la muerte de alguna persona.
c) Tiene naturaleza patrimonial: tiene por objeto relaciones jurídicas patrimoniales, que son tales
porque recaen sobre derechos individuales que tienen valor económico y constituyen el patrimonio
de la persona.
Comparación
Con la ley
Ley y contrato tienen un punto de contacto: ambos constituyen una regla jurídica a la cual deben
someterse las personas. El artículo 4 dispone que las leyes son obligatorias para todos los que
habitan el territorio de la República, mientras que el artículo 959 establece que todo contrato
válidamente celebrado es obligatorio para las partes.
Ahora, las diferencias entre los mismos son profundas y netas; la ley es una regla general a la que
están sometidas todas las personas. Se establece teniendo en mira un interés general o colectivo
El contrato, en cambio, es una regla solo obligatoria para las partes que lo han firmado y sus
sucesores; se contrae teniendo en mira un interés individual, y es por esto que los contratos están
subordinados a la ley.
Además, la ley no requiere de prueba, y difiere del contrato en sus efectos y vigencia.
Con el acto administrativo
Los actos administrativos son los que emanan de un órgano administrativo en el cumplimiento de
sus funciones. Son de la más variada naturaleza y, en principio, no exigen el acuerdo de voluntades
propio del contrato, aunque hay actos administrativos de naturaleza contractual.
Cuando el estado actúa como poder público no hay igualdad, y este conserva sus prerrogativas;
pero cuando actúa como persona privada, queda dentro del ámbito del derecho civil (alquiler de
casa de un particular con destino a oficinas, escuelas, etc.).
Con la sentencia
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Tanto la sentencia como el contrato definen y precisan los derechos de las partes. Sin embargo, hay
profundas diferencias entre ellos, ya que la sentencia emana de un órgano judicial, por lo que es un
acto unilateral y la sentencia se entiende como una solución o extinción de divergencias nacidas en
los contratos, y que resuelve tanto cuestiones patrimoniales como no patrimoniales.
Además, la sentencia tiene ejecutoriedad, es decir que puede pedirse su cumplimiento por medio
de la fuerza pública (para que el contrato la tenga es necesario que los derechos que surgen de él
hayan sido reconocidos por sentencia).
Su comparación con otras áreas del derecho
De los derechos reales
El derecho real es el poder jurídico que se ejerce sobre el todo de una parte indivisa de una cosa, en
forma autónoma, y que le atribuye a su titular ciertas facultades.
El contrato, sin embargo, es muchas veces el antecedente del derecho real. La celebración de un
contrato (título suficiente) es insuficiente para adquirir el dominio de un inmueble, ya que además
se requiere que se haga la tradición de la cosa (modo suficiente).
De los derechos personalísimos
Son derechos innatos al hombre como tal, y de los cuales no pude ser privado. Son derechos no
patrimoniales, imprescriptibles, irrenunciables e intransmisibles.
Existe algún punto de contacto con el contrato cuando se permite que ciertos derechos
personalísimos sean dispuestos, si el acto no es contrato a la ley, a la moral o a las buenas
costumbres.
De los actos jurídicos familiares
Difieren del contrato tanto en su naturaleza, como en su objeto. Si bien se requiere para la
celebración de estos actos del consentimiento de las partes, la regulación jurídica se rige
imperativamente por pautas legales (una vez contraído el matrimonio se rige exclusivamente por
disposiciones de la ley).
De los derechos hereditarios
La diferencia entre sucesión y contrato es clara, ya que aunque haya existido un testamento, no hay
contrato. El testamento es un acto jurídico unilateral, y en principio, los pactos sucesorios están
prohibidos.
Importancia. Función económica
El contrato es el principal instrumento de que se valen los hombres como fuente de obligaciones. El
hombre vive contratando o cumpliendo contratos, desde operaciones de gran envergadura
(compraventa de inmuebles), hasta contratos cotidianos que el hombre realiza sin saber que está
contratando (contrato de transporte).
Messineo dice que “es el instrumento práctico que realiza las más variadas finalidades de la vida
económica”. Es un vehículo de circulación de riqueza.
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La finalidad económica del contrato que tuvieran en vistas las partes es de vital importancia a la
hora de su interpretación.
Derecho de propiedad
El contrato es fuente de derechos y obligaciones; al celebrarse cualquier contrato, nacen
obligaciones en cabeza de las partes contratantes, quienes deberán cumplirlas de acuerdo con las
pautas fijadas por ellas.
Los derechos que nacen del contrato forman parte del patrimonio de las partes involucradas. El art.
965 del CCyC dispone que “los derechos resultantes de los contratos integran el derecho de
propiedad del contratante”, que le otorga jerarquía constitucional al derecho de propiedad
consagrado por la propia Constitución.
C. ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL DERECHO CONTRACTUAL
El contrato en el derecho romano
Lo que designamos como contrato, en el derecho romano era el pactum o conventio. El Contractus
se aplicaba a toda obligación contraída como consecuencia de la conducta humana, fuera lícita o
ilícita.
Con el tiempo se fue limitando la palabra contractus a los acuerdos de voluntades, y ese es el
significado que tiene ya en el derecho clásico.
La voluntad no tenía un papel importante, no bastaba por ella misma; era indispensable el
cumplimiento de formas legales, y la más importante y difundida era la stipulatio. La mera voluntad
no bastaba para crear obligaciones si no recibía el apoyo de la ley, para lo cual debían cumplirse las
formalidades que esta establecía.
Fuera de los contratos formales, existían: los contratos reales (comodato, depósito, prenda, mutuo)
y los contratos consensuales (compraventa, arrendamiento, mandato y sociedad).
En el derecho posclásico y justinianeo surgió una acción contractual para las promesas y
convenciones sinalagmáticas no típicas (contratos innominados) siempre que una de las partes
hubiera entregado la cosa o cumplido la prestación convenida. No bastaba el mero acuerdo de
voluntades, también era necesario probar el cumplimiento de la prestación. Se buscaba además, la
protección de ciertos intereses legítimos, y era en los únicos casos en los que las promesas
unilaterales tenían fuerza obligatoria (promesa con dios).
La concepción liberal del contrato: sus principios
En el siglo XIX surgió la exaltación de la voluntad. El nuevo orden instaurado por la Revolución
Francesa hizo concebir a sus teóricos la ilusión de una sociedad con hombres libres, fuertes y justos,
y el ideal era que estos hombres regulen espontáneamente sus relaciones recíprocas.
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Toda intervención del estado que no fuere para salvaguardar los principios esenciales del orden
público, se la consideraba dañosa.
Los contratos valían porque eran queridos; lo que es libremente querido es justo. La sociedad fue
concebida como el resultado del acuerdo entre los hombres, y este acuerdo era indestructible.
El Código de Napoleón de 1804 recogió este pensamiento, dando nacimiento al Contrato Clásico, y
luego Vélez recogió esta idea en el art. 1197 del Código Civil “Las convenciones hechas en los
contratos forman para las partes una regla a la cual deben someterse como a la ley misma”, y el
nuevo Código establece en su artículo 959 “Todo contrato válidamente celebrado es obligatorio
para las partes. Su contenido solo puede ser modificado o extinguido por acuerdo de partes o en los
supuestos en que la ley lo prevé”.
Es el reconocimiento pleno del principio de la autonomía de la voluntad: el contrato es obligatorio
porque es querido; la voluntad es la fuente de las obligaciones contractuales, y las únicas
limitaciones surgen en defensa del orden público.
Evolución del contrato clásico
Para los juristas que cruzan a pie firme el siglo XIX y para los que penetran con alguna prevención
en el siglo XX, hay una concepción clásica del derecho, de la ley, del acto jurídico, que reconoce
como base un elemento psicológico de capital importancia: la voluntad.
Según sus términos, el derecho es un poder de voluntad, que se ejerce para la protección de un
interés legítimo; la ley es una manifestación de la “voluntad general”, concretada en normas de
ineludible observancia; el acto jurídico, en fin, la manifestación del poder creador de la voluntad en
el campo del derecho, donde actúa fuerte aptitud genética o “jurígena”, para usar expresiones
consagradas.
El Contrato Clásico se regía por el principio de autonomía de la voluntad, y tenía los siguientes
caracteres:
- Libertad de contratación: el hombre tiene la facultad de autodeterminarse y de responsabilizarse
por el cumplimiento de las obligaciones que asume.
- Libertad de configuración contractual.
- Fuerza obligatoria: lo que las partes pactan tiene la misma vigencia que tiene la ley.
- Libertad de formas.
- Efecto relativo: los efectos recaen sobre los partes intervinientes y sobre sus sucesores.
Opiniones sobre su crisis
Uno de los fenómenos más notorios del derecho contemporáneo es la llamada crisis del contrato.
La voluntad ya no impera soberanamente como antes; el Estado interviene en los contratos,
modificando sus cláusulas, forzado a veces a celebrarlos a pesar de la voluntad contraria de los
interesados, o dispensándolos, otras, de cumplir sus promesas.
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Pero principalmente, ¿por qué entra en crisis el contrato? Existen varias causas, como los procesos
productivos masivos, de comercialización, y científicos o tecnológicos.
CAUSAS ECONÓMICAS: para que el contrato sea justo, debe ser el resultado de una negociación
libre. Pero la evolución del capitalismo ha concentrado cada vez mayores fuerzas en manos de
pocos; la igualdad y la libertad de consentimiento subsisten hoy en el plano jurídico, pero tienden a
desaparecer en lo económico. No hay igualdad económica, por ejemplo, entre el propietario de una
gran industria y el obrero que suscribe con él un contrato de trabajo; este último no tiene opción: o
lo toma o lo deja, y si lo necesita lo toma, por más inconvenientes que sean las condiciones del
contrato. Se requiere la intervención del Estado para evitar el aprovechamiento de una parte por la
otra.
CAUSAS POLÍTICAS: el individualismo está dejando paso a una concepción social de los problemas
humanos, y tanto el individuo como su voluntad ceden ante consideraciones sociales.
RAZONES DE FILOSOFÍA JURÍDICA: se ha puesto en duda el poder jurígeno de la voluntad. Nada hay
más variable que la voluntad y el deseo. Por ejemplo, si una persona se obliga hoy porque su
voluntad lo desea, y luego se arrepiente, no será posible romper el vínculo contraído, porque no
solo es el interés de una persona que está en juego, sino que existe una idea de necesidad social y
principios generales que no lo permiten.
RAZONES DE ORDEN MORAL: la fuerza obligatoria de los contratos no se aprecia ya tanto a la luz
del deber moral de hacer honor a la palabra empeñada
En definitiva, la llamada crisis del contrato es más bien una evolución reclamada por las
circunstancias en que actualmente se desenvuelven las relaciones jurídicas. El intervencionismo del
Estado en el contrato de trabajo ha restablecido la igualdad de las partes, las nuevas formas
contractuales permiten un ajuste más realista a las relaciones jurídicas. En ningún momento de la
vida fue tan importante la contratación privada; no es una crisis, sino una evolución.
El contrato en el derecho contemporáneo: sus diferencias con el contrato clásico
La noción clásica de contrato se arma con voluntad autónoma, efecto relativo y fuerza obligatoria.
Para ella, el contrato es un vínculo personal, individualizado, firme, fruto de un proceso reflexivo,
deliberativo, destinado a cubrir las necesidades de un hombre libre, capaz, responsable, que
maneja a ese fin un patrimonio y empeña su fe en el respeto celoso de sus compromisos.
Luego de la crisis del contrato, el principio de igualdad y libertad de consentimiento subsisten en el
plano jurídico, pero tienden a desaparecer en el plano económico.
La gestación de contratos contemporáneos se da masivamente; los sujetos ya no solo son dos
sujetos, sino que también pueden ser empresas y consumidores.
En cuanto a la formación, se celebran por adhesión, la instrumentación pasa de ser individual a
seriada, debido a la masificación en la producción
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La forma de los contratos se rige por el principio de libertad y formalismo protector, se busca
proteger al más débil; y los efectos del mismo deja de ser tan relativo y comienza a ser más
expansivo (contratos conexos).
La responsabilidad pasa de ser puramente subjetiva, a permitir factores objetivos como atributivos
de responsabilidad.
La regulación de los contratos deja de ser únicamente típica, se permite la celebración de contratos
atípicos.
La revisión de contratos se flexibiliza y se admite en más circunstancias a pesar de que ya se haya
celebrado, y la interpretación de los mismos siempre juega a favor del débil jurídico.
La unificación con los contratos comerciales
Hace unos años, el Código Civil y el Código Comercial reglaban por separado los mismos contratos.
Con una unificación se suprimieron las discordancias que no se justificaban entre las regulaciones
de los contratos civiles y comerciales, y finalmente, evitaba cuestiones de competencia en las
jurisdicciones en las que se mantenía la competencia civil separada de la comercial.
Estatutos especiales
Los estatutos especiales son el conjunto de disposiciones propias de una actividad específica, que
por medio de una ley o decreto-ley, crean un marco regulatorio propio y particular sujeto a las
cualidades específicas de una actividad, oficio, arte o profesión.
Existen tres tipos de estatutos:
1) Aquel que deriva de una actividad que por sus características propias y especiales no puede ser
legislado o incluido solamente por la norma general (servicio doméstico).
2) Estatutos cuya normativa surgió como reacción a falencias o lagunas de la ley general en
determinada época, pero que al día de hoy la misma norma general supera en eficiencia
(periodistas, viajantes).
3) Estatutos que debieron ser convenios colectivos, pero por situaciones políticas atípicas alcanzaron
aprobación del congreso (peluqueros).
El contrato y la protección del consumidor: puntos de contacto
El nuevo Código se ocupa de los contratos de consumo y de su interpretación aun en caso de
dudas, siempre adoptando la menos gravosa para el consumidor. El consumidor se encuentra en
una posición de débil jurídico por ser un necesitado; se encuentra en desigualdad por su
desinformación, la inseguridad, y el difícil acceso a la justicia.
El contrato del consumidor ha sido incorporado como nueva categoría contractual y se lo ha
regulado como un instituto negocial que requiere de armonía social.
Tienen sus puntos de contacto principalmente en el hecho de que para consumir hay que contratar,
ya que el contrato es el vehículo de acceso directo al consumo. Además, los regímenes
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precontractuales protegen al consumidor antes de que contrate, y ambos tienen un régimen de
cláusulas abusivas y de responsabilidad, fijando sanciones en ambos ámbitos.
D. CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS
Desaparece la clasificación de contratos consensuales y reales, pasando todos a ser consensuales.
1) UNILATERALES Y BILATERALES
ARTÍCULO 966.- Contratos unilaterales y bilaterales. Los contratos son unilaterales cuando una de
las partes se obliga hacia la otra sin que ésta quede obligada. Son bilaterales cuando las partes se
obligan recíprocamente la una hacia la otra. Las normas de los contratos bilaterales se aplican
supletoriamente a los contratos plurilaterales.
Unilaterales: son aquellos en los que una sola de las partes resulta obligada hacia la otra, sin que
este quede obligada, como ocurre en la donación, que solo significa obligaciones para el donante.
Bilaterales: engendran obligaciones recíprocas entre las partes, como ocurre en la compraventa, la
permuta, la locación.
Es importante no confundir la unilateralidad o bilateralidad del acto jurídico con la unilateralidad o
bilateralidad del contrato. El contrato como acto jurídico es SIEMPRE bilateral, pero puede obligar
solo a una de las partes o a ambas.
Consecuencias
En el Código de Vélez, los contratos bilaterales debían ser redactados en tantos ejemplares como
partes hubiera, cosa que no pasaba con los unilaterales.
En los contratos bilaterales una de las partes no puede exigir el cumplimiento de las obligaciones
contraídas por otra si ella misma no probara haber cumplido las suyas u ofreciera cumplirlas,
pudiendo la otra parte oponer una excepción, que no se concibe en los contratos unilaterales.
En cuanto a la cláusula resolutoria, es decir, la resolución del contrato por efecto del
incumplimiento de las obligaciones en que ha incurrido la otra parte, solo funciona en los contratos
bilaterales
2) ONEROSOS Y GRATUITOS
ARTICULO 967.- Contratos a título oneroso y a título gratuito. Los contratos son a título oneroso
cuando las ventajas que procuran a una de las partes les son concedidas por una prestación que ella
ha hecho o se obliga a hacer a la otra. Son a título gratuito cuando aseguran a uno o a otro de los
contratantes alguna ventaja, independiente de toda prestación a su cargo.
Onerosos: los contratos a título oneroso son aquellos en los cuales las partes asumen obligaciones
recíprocas de modo que se promete una prestación para recibir otra; tales son la compraventa
(cosa por dinero); la permuta (cosa por cosa); la prestación de servicios (servicio por dinero); y la
locación (goce de la cosa por dinero).
Gratuitos: una sola de las partes se ha obligado, en los que una sola asegura a la otra una ventaja,
con independencia de toda prestación a su cargo: donación, comodato, depósito gratuito, etc. No
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deja de ser gratuito por el hecho de que eventualmente puedan surgir obligaciones a cargo de la
parte que nada prometió.
Algunos autores admiten un tercero género: los contratos neutros, como la fianza. Son contratos
que vienen a insertarse en otros, de tal modo que lo que sirve de causa a las obligaciones
contraídas por la parte beneficiada en la fianza, no es la promesa del fiador, sino la del otro
contratante.
Consecuencias. En primer lugar, los adquirentes por título oneroso están mejor protegidos por la le
que los adquirentes por título gratuito (acción reivindicatoria o revocatoria a favor de adquirente a
título oneroso, garantías de evicción y vicios redhibitorios).
La acción de colación (tendiente a que se consideren las transmisiones de dominio hechas por el
causante a favor de uno de sus futuros herederos como una adelanto de herencia) solo funciona
respecto de los actos gratuitos.
En el caso de aplicación de la lesión, no se concibe en los contratos gratuitos.
Además, la interpretación de cláusulas dudas se hará en el sentido más favorable al deudor en los
contratos gratuitos.
3) CONMUTATIVOS Y ALEATORIOS
ARTÍCULO 968.- Contratos conmutativos y aleatorios. Los contratos a título oneroso son
conmutativos cuando las ventajas para todos los contratantes son ciertas. Son aleatorios, cuando
las ventajas o las pérdidas, para uno de ellos o para todos, dependen de un acontecimiento incierto.
Son una subespecie de los contratos onerosos.
Conmutativos: son aquellos en los cuales las obligaciones mutuas están determinadas de una
manera precisa. Las contraprestaciones se suponen equivalentes desde el punto de vista
económico; las partes truecan o conmutan valores análogos, como por ejemplo la compraventa,
permuta, prestación de trabajo, locación de obra, etc.
Están sujetos a resolución o reducción de las prestaciones excesivas por causa de lesión.
Aleatorios: son contratos en los que las ventajas o las pérdidas para al menos una de las partes,
dependen de un acontecimiento incierto. Por ejemplo en la renta vitalicia, una de las partes
entrega un capital a cambio de una renta que durara mientras viva la persona cuya vida se ha
tenido en cuenta. El alcance económico depende de la duración de la vida contemplada, y el
contrato será ventajoso según la persona viva mucho o poco tiempo.
Las partes asumen el riesgo de que el contrato pueda resultar desventajoso, y nadie puede quejarse
por los resultados; excepto en el caso de una lesión por venta de cosa futura, cuando la cosa puede
o no existir pero se paga mucho más de lo que la cosa valdría aun existiendo.
Se distingue de la condición la misma se relaciona con los efectos del negocio. En el contrato
condicional, la eficacia integral del negocio se hace depender de esta condición, y si la condición es
suspensiva y el hecho incierto no ocurre, el negocio no produce ningún efecto. En el contracto
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aleatorio en cambio, se subordinan al acontecimiento de un hecho incierto las ventajas o pérdidas
que el negocio representará para las partes; únicamente varía la medida de su eficacia.
4) FORMALES Y NO FORMALES
ARTÍCULO 969.- Contratos formales. Los contratos para los cuales la ley exige una forma para su
validez, son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha. Cuando la forma requerida para los
contratos, lo es sólo para que éstos produzcan sus efectos propios, sin sanción de nulidad, no
quedan concluidos como tales mientras no se ha otorgado el instrumento previsto, pero valen como
contratos en los que las partes se obligaron a cumplir con la expresada formalidad. Cuando la ley o
las partes no imponen una forma determinada, ésta debe constituir sólo un medio de prueba de la
celebración del contrato.
No formales: su validez no depende de la observancia de una forma establecida en la ley; basta el
acuerdo de voluntades, cualquiera sea su expresión: escrita, verbal o tácita.
Formales: su validez depende de la observancia de la forma establecida por la ley. Dentro de estos
contratos existen dos tipos de formas:
i. Solemnes: aquellos en los cuales la formalidad tiene carácter constitutivo o solemne. El
incumplimiento de una forma solemne absoluta trae aparejado la nulidad del acto celebrado
(donación de un inmueble hecho por escritura pública); mientras que el incumplimiento de la forma
solemne relativa no acarreará la nulidad del acto, sino que permitirá exigir el cumplimiento de esta
forma establecida por la ley.
ii. Probatorias: solo tiene importancia a los efectos de la prueba del acto jurídico, por ejemplo en el
contrato de locación, las prórrogas y modificaciones se hacen por escrito, pero si se hubiera
incumpliendo con esta forma el contrato igual tendrá validez ya que existe un principio de
ejecución.
5) NOMINADOS E INNOMINADOS
ARTÍCULO 970.- Contratos nominados e innominados. Los contratos son nominados e innominados
según que la ley los regule especialmente o no. Los contratos innominados están regidos, en el
siguiente orden, por:
a) La voluntad de las partes;
b) las normas generales sobre contratos y obligaciones;
c) los usos y prácticas del lugar de celebración;
d) las disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que son compatibles y se
adecuan a su finalidad.
Nominados: están previstos y regulados especialmente en la ley. Son los contratos más
importantes y frecuentes. Su regulación legal solo tiene carácter supletorio, es decir que se aplica
en caso de silencio del contrato, pero las partes tienen la libertad para prescindir de la solución
legal y regular de una manera distintas las relaciones
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Así, el legislador lo que busca no es sustituir la voluntad de las partes por la de la ley, sino que
desea evitar conflictos para el caso de que las partes no hayan previsto ciertos eventos.
Innominados: no están legislados y resultan de la libre creación de las partes. No pierden su
carácter de innominados por la circunstancia de que en la vida de los negocios se los llame de
alguna manera (contrato de garaje), es decir, cuando se produce una tipicidad social.
Las nuevas necesidades van creando formas contractuales que tienden a tipificarse
espontáneamente y a llevar una denominación común, y cuando adquiere la suficiente importancia
y es captado por el legislador, este reglamenta el contrato y se transforma en nominado.
La cuestión de la atipicidad, sistemas de integración
El problema fundamental de los contratos atípicos es el de su régimen jurídico, habida cuenta de
que carecen de una específica disciplina legislativa, pero no hay dudas de que a estos negocios le
son aplicables las normas generales en materia contractual, como corresponde a la naturaleza de
contratos que ellos revisten, y principalmente teniendo en cuenta el interés de las partes, a los
fines de determinar la reglamentación a la que deberá someterse el contrato.
En los contratos atípicos puros, es decir aquellos que no encuadran en ninguno de los tipos
reglados, deben resolverse los problemas que planteen por vía del procedimiento de la analogía.
Con respecto a los contratos atípicos mixtos, existen tres sistemas de integración: el de absorción,
de combinación, o la analogía.
Teoría de la absorción: debe buscarse en cada contrato innominado el elemento preponderante
que corresponda al de un contrato típico para aplicar prevalentemente el régimen de este al
contrato innominado.
Se le critica que no siempre una de las prestaciones tiene el carácter de “principal” o
“preponderante”.
Teoría de la combinación: sostiene que como en el contrato innominado coexisten prestaciones y
elementos pertenecientes a diversos contratos típicos, la disciplina normativa aplicable resultará de
la combinación de las normas correspondientes a cada uno de estos tipos.
La crítica afirma que los contratos no constituyen una mera yuxtaposición de elementos que
puedan ser aisladamente considerados, sino que entrañan una síntesis de ellos, que se fusionan y
compenetran orgánicamente en un complejo unitario.
La analogía: tanto el sistema de absorción como el de combinación no representan otra cosa que
instrumentos para facilitar el procedimiento de la analogía, especificaciones de este, que no se
excluyen, sino que se complementan en la busca de la norma análoga apropiada que permita
integrar y aclarar la disciplina del contrato atípico.
Otras clasificaciones: de cumplimiento inmediato, diferido, sucesivo o periódico
De ejecución inmediata: las partes cumplen con todos sus derechos y obligaciones en el momento
mismo del contrato; tal es el caso de la compraventa manual, en el que la cosa y el precio se
entregan en el mismo instante de contratar.
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De ejecución diferida: las partes postergan el cumplimiento de sus obligaciones para un momento o
varios momentos ulteriores; así ocurre en la venta hecha con condición suspensiva, o cuyo pago se
pacta en varias cuotas, las que comienzan a vencer al cabo de cierto tiempo pactado.
De ejecución instantánea: las partes cumplen sus obligaciones en un solo instante, momento este
que puede ser el de la celebración del contrato, o posterior a él.
Ejecución continuada o periódica o de tracto sucesivo: las relaciones entre las partes se
desenvuelven a través de un periodo más o menos prolongado; tal el contrato de prestación de
servicios, la locación, la sociedad, etc. Dentro de esta especie se encuentran los contratos en los
que una parte cumple todas sus obligaciones desde el comienzo, quedando pendientes las de la
otra parte. Por ejemplo, en la venta a plazos, en las que la cosa se entrega al contratar, quedando el
precio para ser satisfecho en cuotas periódicas hasta su extinción total.
E. ELEMENTOS DEL CONTRATO
Doctrina tradicional y moderna
La doctrina clásica distingue tres clases de elementos de los contratos: esenciales, naturales y
accidentales.
La doctrina moderna ha preferido prescindir de esta clasificación. En verdad, los llamados
elementos naturales y accidentales no son otra cosa que algunos efectos del contrato, pero no son
requisitos para la validez del contrato. Por ello se prefiere hoy limitar el concepto de elementos de
los actos jurídicos a aquellos que la doctrina clásica llamaba elementos esenciales.
Además, se debe distinguir entre los elementos y los presupuestos; por ejemplo, en el caso de la
capacidad, que no constituye un elemento del contrato, pero es un presupuesto del
consentimiento, y al ser este un elemento esencial, si una persona no es capaz para otorgar un acto
jurídico en particular, el consentimiento que preste será nulo.
ELEMENTOS ESENCIALES, NATURALES Y ACCIDENTALES
Elementos esenciales: son aquellos sin los cuales el contrato no puede existir. Ellos son: el
consentimiento, la causa y el objeto.
o El consentimiento es la conformidad o el acuerdo que resulta de manifestaciones intercambiadas
por las partes.
o El objeto es la prestación (bien o hecho) prometido por las partes.
o La causa es la finalidad perseguida por las partes y que ha sido determinante de su voluntad.
En el caso de la forma, si existe una prevista por la ley y las partes la incumplen, el acto jurídico será
considerado nulo. Pero, al no tener la mayoría de los contratos una forma exigida por la ley, su
incumplimiento no acarrea la nulidad, y es por esto que no sería posible considerarla como un
elemento esencial.
Elementos naturales: son aquellas consecuencias que se siguen del negocio, aun ante el silencia del
as partes; siempre están presentes, no hacen a la validez del contrato, y si nadie dice nada,
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permanecen el mismo. Por ejemplo, la gratuidad es un elemento natural de la donación; las
garantías por evicción o vicios redhibitorios son elementos naturales de los contratos a título
oneroso.
Elementos accidentales: son las consecuencias nacidas de la voluntad de las partes, no previstas
por el legislador; si no se pactan no integran el contrato. Por ejemplo, la condición, el plazo, el
cargo, seña, cláusula penal.
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