BIOGRAFÍAS
IDELFONSO DE LAS MUÑECAS
Era hijo del doctor Juan José de las Muñecas y de la patricia Elena María
Alurralde.
Estudió teología en la Córdoba, Chuquisaca y Lima, y llegó a ser rector de
la Catedral de Cusco.
En 1809 participó del levantamiento popular de La Paz, pero fue
perdonado por su investidura eclesiástica.
La revolución en Cuzco y La Paz
Se sumó a la Rebelión del Cuzco del 3 de agosto de 1814, organizado por
los hermanos Angulo y el general indígena Mateo Pumacahua, que llegó
a dominar varias provincias del Virreinato del Perú por un corto tiempo.
El jefe militar Juan Manuel Pinelo, ayudado por el cura Muñecas, abrió
una campaña hacia Puno y La Paz, ciudad que fue sitiada y tomada
sangrientamente el día 24 de septiembre.
La ciudad fue atacada por la avanzada del ejército realista el 2 de
noviembre, en la Batalla de Achocalla.
Pinelo y Muñecas retrocedieron rápidamente hacia Puno, con algunos
centenares de seguidores. Hacia allí marchó también Pumacahua, y
fueron vencidos en la sangrienta batalla de Umachiri, del 10 de
marzo de 1815.
Larecaja
Mientras la mayor parte de los dirigentes independentistas eran
capturados y ejecutados, el cura Muñecas se retiró con 200 hombres
hacia la otra orilla del Lago Titicaca, rodeándolo, ocupando la provincia
de Larecaja, un amplio y escabroso valle, separado de la ciudad de La
Paz por el Nevado de Illampu. Situó la capital de su republiqueta en la
localidad de Ayata. Se la conoce como Republiqueta de Larecaja, y llegó
a contar con varios miles de combatientes, pésimamente armados y
técnicamente mal dirigidos, pero expertos conocedores de la región y
con buenos vínculos en todas las zonas en que operaban.
Desde allí envió varias pequeñas expediciones sobre La Paz, logrando
complicar las operaciones del ejército realista. El gobernador de La Paz,
José Landaverry, contaba con escasas fuerzas para hacerle frente, por lo
que debió concentrarse en repeler los ataques de Muñecas y de
la Republiqueta de Ayopaya, comandada por José Miguel Lanza.
A mediados de 1815, ingresó en territorio del Alto Perú la Tercera
expedición auxiliadora al Alto Perú, al mando del general José Rondeau.
Muñecas, Lanza y todos los jefes de republíquetas ayudaron al avance
del Ejército del Norte, logrando algunos éxitos, como la captura
de Cochabamba. En La Paz, en cambio, algunas pequeñas victorias no
cambiaron sustancialmente la situación.
Sin embargo, con la ayuda de algunos jefes indígenas como Carrión y
Monroy, detuvo durante varios días sobre el río Desaguadero, límite
entre el Perú y el Alto Perú, a las fuerzas de Ramírez Orozco, que
retornaban desde Puno. Pese a su heroica resistencia, fueron finalmente
derrotados en los Altos de Paucarcolla. Los jefes indígenas fueron
ejecutados – excepto Monroy, que se suicidó – pero Muñecas logró huir,
y regresó a Larecaja. Allí reorganizó sus fuerzas, y volvió a lanzar
ataques esporádicos sobre las inmediaciones de La Paz.
Derrota y muerte
No obstante el enorme apoyo popular con que contaba el Ejército del
Norte, la impericia de sus jefes los llevó a un desastre en la batalla de
Sipe-Sipe, con lo que debieron huir hacia la provincia de Salta. Las
republiquetas y sus jefes guerrilleros quedaban abandonados a su
suerte.
Una vez asegurado el frente sur, el general Joaquín de la Pezuela se
dedicó a destruir los focos de resistencia en el norte del Alto Perú.
Después de la noticia de la derrota de la Republiqueta de La Laguna,
dirigida por el coronel Manuel Asencio Padilla, el general Pezuela que
acababa de ser nombrado Virrey del Perú ordenó un doble ataque sobre
Larecaja: el coronel Agustín Gamarra (el cual conocía la región y se hizo
guiar por desertores de la fuerza de Muñecas) avanzaría desde La Paz, y
el coronel Aveleira desde el norte, partiendo de Puno. Ambas fuerzas
reunidas alcanzaron y derrotaron el 27 de febrero de 1816 a un ejército
mucho mayor – pero mucho peor armado – al pie del Nevado de Sorata,
cerca de Sorata, en la cordillera de Cololó, hecho conocido como
combate de Choquellusca. Todos los prisioneros fueron ejecutados,
entre ellos el segundo de Muñecas, Juan Crisóstomo Esquivel; pero, una
vez más, Muñecas logró huir. Gamarra retrocedió hacia La Paz, después
de destruir todos los poblados en que sospechó que se ayudaba a los
guerrilleros, mientras Muñecas lograba se refugió en una nueva en
Camata, en donde fue entregado.
Casi simultáneamente, en Cinti, era derrotado y ejecutado el
caudillo Vicente Camargo. Otros jefes corrieron una suerte similar.
No fue ejecutado debido a su condición sacerdotal. Por orden de
Pezuela, fue trasladado a las Casamatas del Callao.
En viaje al bajo Perú, el oficial que lo conducía ordenó su muerte junto a
sus acompañantes, fingiendo creer que intentaban fugarse. Algunos
autores creen que esa orden había sido dada por el propio Pezuela. [1]
Murió cerca del río Desaguadero en fecha incierta de julio del año 1816.
EUSEBIO LIRA
Nacido en el pueblo de Mohoza, Lira comenzó a actuar en los valles de
La Paz y Cochabamba en 1814, tras la retirada del Ejército Auxiliar
comandado por Manuel Belgrano.
A fuerza de carisma, afinidad con los indígenas y gran capacidad militar,
atrajo a sus filas a una gran cantidad de hombres de distintas
condiciones con los que organizó un cuerpo armado.
Rápidamente las fuerzas de Lira se convirtieron en la guerrilla más
notable de la zona. Sin embargo, había otros grupos armados en la
región, por lo que el 1 de noviembre de 1816 se llevó a cabo en Tapacarí
una magna asamblea entre todos jefes de guerrillas y montoneras, en la
que se eligió a Eusebio Lira como Comandante en Jefe de toda la
División.
Lira tenía bajo su mando un ejército de aproximadamente 1.140
hombres, la mayoría de los cuales eran indígenas, todos soldados
profesionales. Su base de operaciones comprendía el accidentado
territorio de La Paz, Oruro y Cochabamba, en el que los españoles no
podían penetrar.
Su fuerza militar estaba compuesta por cuatro compañías de infantería
más una de caballería y una de artillería al mando de oficiales
experimentados.
Lira se ocupaba personalmente de que todos sus hombres obtuvieran la
instrucción necesaria para el manejo de las armas de fuego y las
formaciones militares, pero también enseñaba sobre los postulados de
libertad, patria e independencia, ganándose el aprecio de sus
subalternos.
Al constatar que el ejército de Lira era invencible, los realistas
planificaron una maniobra para acabar con el líder. Después de una
sórdida confabulación, el 16 de diciembre de 1817, el infiltrado Eugenio
Moreno disparó por la espalda a Eusebio Lira, asesinándolo.
IGNACIO WARNES
Nació en Buenos Aires en 1770. Era hijo de Manuel Antonio Warnes.
Se inició en la carrera militar el 3 de octubre de 1791, fecha en que fue
dado de alta como cadete en el cuerpo de Blandengues de Montevideo,
siendo promovido a subteniente en 1795.
Tomó parte en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, y en mérito a
su actuación fue ascendido a teniente. Apoyó la Revolución de Mayo e
hizo la campaña del Paraguay con el Grl Belgrano, cayendo prisionero.
Fue enviado a Montevideo, y a su regreso la Junta lo nombró teniente
coronel, el 25 de agosto de 1811. Su posterior destino fue el Ejército del
Norte cuando Belgrano asumió la jefatura. Intervino en las batallas de
Tucumán y Salta, en esta última como ayudante de aquél. En los partes
de las dos batallas fue citado elogiosamente por Belgrano, mereciendo
por su actuación el grado de coronel graduado de infantería, el 25 de
mayo de 1813.
Destaca Cutolo que “hizo la campaña del Alto Perú, estuvo en Vilcapugio
y Ayohuma, siempre a las órdenes de Belgrano, quien al replegarse lo
envió a Santa Cruz de la Sierra como gobernador intendente.
Su actividad fue enorme, dado que para dar el ejemplo trabajaba
personalmente en los talleres fabricando armamento, munición y
equipo, sin desatender sus funciones de gobernante”.
Formó un pequeño ejército, perfectamente equipado e instruido, y con
base de operaciones en Santa Cruz, hizo guerra de guerrillas, al igual
que otros caudillos altoperuanos, oponiendo contra el enemigo la
notable resistencia de Santa Bárbara y batióse con denuedo en Las
Horcas, en Las Petacas y otras muchas acciones.
Reunido con las fuerzas del general Arenales, llegaron a sumar 1.100
hombres, actuó bajo sus órdenes en la batalla de La Florida.
Warnes comandó el ala derecha al tiempo que el comandante Diego de
la Riva dirigió el ala izquierda, y el comandante Mercado ensayando el
ardid de huir, le permitió atraer sobre sus líneas las tropas del coronel
Blanco, situación que aprovechó Warnes para destrozarle la caballería.
Después de la victoria de La Florida, Warnes volvió a Santa Cruz, donde
continuó la guerra de guerrillas y aumentó sus efectivos.
En el Alto Perú habían surgido guerrilleros por todas partes, entre otros;
Manuel Ascencio Padilla, Juana Azurduy de Padilla, el propio Arenales
que practicó esas riesgosas escaramuzas, los hermanos Lanza, Rivero,
Arce, Camargo, el marqués de Yaví, etc. Desde Lima y por orden del
general Ramírez de Orozco se destacaron tropas y fuertes columnas en
distintos rumbos, con instrucciones expresas de acabar con los
guerrilleros.
Una de esas divisiones a órdenes del coronel Tacón, en combinación con
las fuerzas del coronel Aguilera, había destrozado a las fuerzas del
coronel chuquisaqueño Manuel Ascencio Padilla, émulo de Warnes y
Güemes en valor y patriotismo. Padilla sucumbió heroicamente en la
épica jornada de El Villar (4 de septiembre de 1816).
El Cnl Aguilera, recibió la misión de marchar sobre Santa Cruz y terminar
con Warnes como había aniquilado a Padilla y a los 75 prisioneros, que
hizo pasar por las armas, con la sola excepción del capellán Mariano
Suarez Polanco.
Aguilera tras su campaña contra Padilla, operó contra Warnes con cerca
de 3.000 hombres bien armados y adiestrados. Marchó sobre Santa Cruz
llegando hasta Las Horcas, caserío próximo a aquella ciudad.
Sorprendido Warnes salió a enfrentarlo con 1.000 hombres en la Vega
de Pau. El combate se trabó cruentamente el 21 de noviembre de 1816
durante seis horas.
Los patriotas llevaban la mejor parte, pero la fatalidad hizo que una bala
de cañón derribara al caballo que montaba Warnes, quien quedó
parcialmente aplastado por el animal; incómoda posición -narra Berta
Bilbao Ritcher- desde donde siguió defendiéndose como un león
aprisionado y acosado. Sus soldados lucharon desesperadamente
tratando de cubrir su cuerpo y librarlo de tan peligrosa situación
mientras caían uno por uno. En la refriega Warnes fue traspasado por la
bayoneta de un soldado y ultimado segundos después por un disparo de
pistola de un segundo enemigo.
Cuando los patriotas vieron muerto a su jefe se quebraron y
abandonaron el campo de batalla.
El historiador español Torrente -nada afecto a los americanos
protagonistas de la emancipación-, en su conocida obra del siglo XIX
refiriéndose al hecho, señaló: “El formidable Warnes, exhaló el postrer
aliento sobre un montón de cadáveres”.
Por la tarde regresó la caballería patriota después de haber perseguido y
destruido por completo a la caballería realista y al enterarse de la
derrota de sus compañeros de infantería y de la muerte de su querido
jefe, enceguecidos por el furor y la sed de venganza, sin esperar orden
alguna, desordenadamente se lanzaron al asedio desafiando la muerte
con valor sobrehumano.
Sus lanzas y sus machetes nada pudieron hacer ante el poderoso
armamento del enemigo ya concentrado, de modo que se estrellaron
contra una barrera invencible y fueron masacrados, dispersándose los
pocos sobrevivientes en los bosques cercanos.
Así terminó la batalla de Pau, espantoso combate, conceptuado como
uno de los más sangrientos librados en el escenario de América.
Al ponerse el sol en el horizonte, el Cnl Aguilera ingresaba en la ciudad
desierta de Santa Cruz acompañado sólo por 200 hombres que le habían
quedado de su división de 1.400.
Finaliza su relato la escritora citada recordándonos que “Había pagado
muy caro el precio de la victoria. Llevaba como macabro trofeo,
ensartado en una bayoneta, la cabeza ensangrentada y destrozada del
inmortal Warnes, cuyo cuerpo había sido mutilado y disperso en
pedazos. Su cabeza, por orden de Aguilera, fue puesta después en una
pica clavada en el centro de la plaza principal”.
Vicente Fidel López, en su clásica obra de Historia Argentina, afirmó con
respecto a este jefe lo que sigue: “Sólo el coronel Warnes, gobernador
intendente de Santa Cruz de la Sierra, quedaba en armas a espaldas de
los realistas, aunque sólo Warnes era famoso y temible entre los
precursores de Güemes”, y agrega: “Las campañas de este jefe sobre
Cochabamba y sus operaciones en Santa Cruz y en el Chaco, cuando los
realistas lo acosaban, tendrían hoy, como la guerra social de la ‘Vendee’,
los prestigios de la leyenda sino fuera que la lejanía remota de los
lugares, el alboroto y las preocupaciones urgentes de aquel tiempo nos
han dejado sin menudos datos, sin crónicas circunstanciadas con que
seguirlas”.
MANUEL ASCENCIO PADILLA
Formó parte de un grupo selecto de combatientes charqueños de la
guerra irregular contra las tropas del virrey de Lima y de apoyo a la
Junta Revolucionaria de Buenos Aires que se instaló el 25 de mayo de
1810. Hasta que murió, seis años después de esa fecha, junto a su
mujer, la no menos famosa guerrillera Juana Azurduy, Padilla se empeñó
en armar pequeños ejércitos de indígenas que mantuvieron en jaque a
las fuerzas realistas y que se convirtieron en el núcleo de lo que después
iba a constituir la república de Bolivia.
Al producirse en Buenos Aires la insurrección que depuso al virrey
Cisneros, los distritos de la Audiencia de Charcas (que pertenecían al
virreinato platense), expresaron su adhesión a la Junta que entonces se
formó. Surgieron estos grupos irregulares armados en distintas partes
del país, con el propósito de coadyuvar con las expediciones militares
bonaerenses. Éstas ocuparon el territorio charqueño donde se
enfrentaron con tropas enviadas por Fernando de Abascal, virrey del
Perú, quien estaba en contra de las juntas patrióticas americanas
obedeciendo las órdenes absolutistas emanadas del Consejo de
Regencia con sede en Sevilla y en Madrid.
Padilla era alcalde pedáneo de la doctrina de Moromoro y reveló su
posición patriótica desde que desobedeció al intendente de Potosí
Francisco de Paula Sanz, quien le había ordenado abastecer a la tropa
que sería enviada contra los revolucionarios de La Plata (hoy Sucre) que
el año anterior (1809) ya se habían sublevado contra el virrey de Buenos
Aires. A partir de entonces, Padilla, terrateniente mestizo, organizó su
montonera que operaba en el sur del país para ayudar a los ejércitos
argentinos, primero al de Castelli y luego al de Belgrano, reclutando
indios quechuas junto a los cuales combatió en las perdidas batallas de
Vilcapugio y Ayohuma. El estilo de lucha de Padilla era el de ataques por
sorpresa a las tropas enemigas y repliegue inmediato a sitios seguros en
la montaña. Mantenía contacto con otras partidas guerrilleras
altoperuanas, que en su conjunto fueron conocidas con el nombre de
“republiquetas”.
Por encontrarse cerca de los indios chiriguanos (de estirpe guaraní) la
republiqueta de Padilla tenía contactos con los indígenas de esta
parcialidad, logrando una alianza con el cacique Cumbia para combatir
juntos por la independencia.
Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy amagaban constantemente la
ciudad de La Plata, la cual ocuparon en más de una oportunidad, aunque
sólo para ser desplazados por fuerzas militares superiores. Durante el
transcurso de la guerra de independencia de Bolivia, se fueron
debilitando los vínculos con el gobierno de Buenos Aires, sentimiento
que está expresado en una famosa carta enviada por Padilla al general
Rondeau (último jefe argentino en incursionar territorio de Charcas), en
la cual expresa todos los agravios infringidos por los jefes rioplatenses a
los habitantes de Charcas. En esa carta se percibe una clara decisión de
aquéllos para formar una entidad independiente que después se llamó
Bolivia.
Padilla murió en 1816, en un enfrentamiento con los realistas en el sitio
de La Laguna o el Villar, en el sur de Bolivia. Juana Azurduy logró
escapar y continuó la lucha. Su figura es venerada en Bolivia, donde el
pueblo de su nacimiento fue rebautizado con su nombre.
JUANA AZURDUY
Juana Azurduy de Padilla nace en Chuquisaca, en 1780. De madre
indígena y padre español, queda huérfana a muy temprana edad. Pasa
los primeros años de su vida interna en el convento de monjas Santa
Teresa.
En 1802 contrae matrimonio con Manuel Padilla, con quien tiene cuatro
hijos que se ve obligada a abondar durante un año, por combatir al
ejército realista a fin de liberar el Alto Perú.
En 1809 una agitación popular destituye al virrey. Este hecho marca el
comienzo de insurrecciones guerrilleras.
En 1810 Juana Azurduy se une al ejército libertador de Manuel Belgrano,
quien, en muestra de su admiración por su valor en combate, le otorga
un sable.
En 1811 fuerzas realistas, bajo la dirección del general Goyeneche,
recuperan el control del Alto Perú. En consecuencia, confiscan las
propiedades de Padilla y capturan a Juana junto con sus niños, pero,
afortunadamente, Padilla los rescata y se refugian en los altos de
Tarabuco.
La lucha armada continúa, reclutan más de 10 000 soldados. Juana
organiza el batallón “Leal” que participa en la batalla de Ayohuma, en
1813, provocando la retirada de armas argentinas en el Alto Perú. A
partir de ese momento, Padilla y su ejército se dedicaron a efectuar
acciones militares contra el ejército realista.
En marzo de 1814 Juana y Manuel vencieron a las fuerzas realistas. En
espera del contra ataque, deciden dividirse. Manuel marcha hacia la
laguna y Juana se refugia con sus hijos en el valle de Segura. Se le
advirtió a Juana que su marido estaba en peligro y que las tropas
españolas se dirigían al valle de Segura.
Juana y sus niños se refugiaron en la montaña. No tenían nada para
comer, ella era la única adulta, no conocía el camino, ni ningún refugio.
Los niños enfermaron y dos de ellos murieron poco antes de que llegue
Padilla a rescatarlos. En el camino de vuelta al valle de Segura mueren
otros dos por deshidratación.
Al poco tiempo, Juana queda embarazada, y combate al ejército español
en la montaña de Carretas.
Juana queda viuda y concibe a Luisa Padilla a orillas del Río Grande,
mientras se inicia un ataque realista, y se une a la guerrilla de Martín
Gümes.
Gümes muere y Juana se ve obligada a trasladarse a Salta con su niña,
donde vivió en condiciones precarias.
En 1825 se proclama la independencia en Bolivia y Juana solicita al
gobierno de la nueva nación la devolución de sus bienes para poder
regresar, lamentablemente, los gobernantes hicieron caso omiso a su
demanda.
En 1862, Juana Azurduy muere en Jujuy, en absoluta pobreza. Sus restos
fueron exhumados 100 años después y, actualmente, se encuentran en
la ciudad de Sucre.
Republiqueta de Porco y Chayanta
Dirigida por Miguel Betanzos y por José Ignacio de Zárate, cortaba las
comunicaciones entre Potosí, Oruro, Chuquisaca y Cochabamba,
emergía con intermitencias ya que se hallaba cercada por los realistas.
El 13 de julio de 1814 mataron en Puna al subdelegado Hermenejildo
Zermeño y dos días después mataron a un capitán y 25 soldados en
Ticoya, cuando estos conducían municiones a Chuquisaca. Se alzaron en
1813 pero dos años después Betanzos fue muerto en combate. El 26 de
abril de 1815, Betanzos y Zárate tomaron Potosí con 3.000 a 4.000
indios, cometiendo muchos abusos y permitiéndole a José
Rondeau entrar en ella en mayo.
Pedro Domingo Murillo
(La Paz, 1757-1810) Patriota boliviano que lideró la sublevación
independentista de 1809. Mestizo de origen humilde, Pedro Domingo
Murillo profesó en su juventud los ideales de la Ilustración y desde 1805
promovió activamente la causa de la independencia frente al dominio
colonial español..
A raíz de la invasión napoleónica y la consiguiente Guerra de la
Independencia (1808-1814), se había creado en España un vacío de
poder que dio lugar a la formación en las colonias de juntas de gobierno;
aunque tales juntas podían declararse leales al monarca
español Fernando VII, depuesto por Napoleón, en la práctica fueron a
menudo el embrión de gobiernos independentistas. Pedro Domingo
Murillo lideró en Bolivia el primer intento en esa dirección: figura central
del alzamiento que estalló en La Paz el 9 de julio de 1809, se sublevó en
nombre de Fernando VII y del pueblo y fue nombrado comandante de la
plaza y presidente de la Junta de los Derechos del Rey y del Pueblo,
todavía no abiertamente antiespañola, que proclamó la autonomía de
Bolivia respecto del Perú y del Río de la Plata.
A pesar del pacto a que había llegado con el virrey del Perú, José
Fernando Abascal, el virrey mandó un ejército al mando del general José
Manuel de Goyeneche para reprimir la revuelta. Murillo trató de pactar
con los realistas, quienes se negaron a negociar y derrotaron a Murillo
en la batalla de Irupana, en noviembre de 1809. Murillo fue apresado,
juzgado en consejo de guerra y ahorcado en La Paz en enero de 1810,
junto con otros patriotas.
Biografia de Eustaquio Moto Méndez
Su nombre fue Eustaquio Mendez Arenas lider guerrillero de la
republiqueta de Tarija fue uno de los caudillos de las Provincias Unidas
del Rio de La Plata
Nacio en San Lorenzo Tarija en 1787 un 19 de Septiembre en Churqui
Huayco, Canasmoro Villa San Lorenzo participo en la gesta libertaria
junto a otros guerrilleros entre ellos Francisco Uriondo, el cuerpo
rebelde hizo frente a las tropas revolucionarias argentinas , impulso la
incorporación de Tarija a Bolivia, el héroe formo el grupo de combate los
montoneros de Mendez que no era un ejercito organizado pero si un
grupo de confrontación y defensa, su incesante lucha contra la
injusticia hacia los campesinos fue su caracteristica mas visible. Murio
en Santa Barbara Tarija en 1841
El heroe mas importante de la batalla fue Eustaqui Mendez, un caudillo
tarijeno y destacado jinete, nacido en Carachimayo en el ano 1784 hijo
de padres espanoles que sin embargo lucho por la independencia de los
nacidos en estas tierras y a favor de los capesinos
Mendez organizo el grupo de Los Montoneros de Mendez ( que no era un
grupo organizado, peri si un grupo de confrontación y defensa ), su
incesante lucha contra la injusticia hacia los campesinos fue su
caracteristica mas visible
Cuando los espanoles ocuparon tarija, Mendez sitio la ciudad y
solamente acepto levantar el cerco a cambio de la suspensión del
tributo campesino ( impuesto a los indígenas )
Eustaqui Mendez se quedo con el sobrenombre de Moto debido a la
perdida de una mano por causas aun no aclaradas por la historia. hay
dos hipótesis: un autocastigo por el maltrato físico a su madre en estado
de ebriedad y un accidente a caballo
JAIME DE ZUDÁÑEZ
Se recibió de abogado en su ciudad natal, y ocupó los cargos de
defensor de naturales y abogado oficial de la Audiencia.
En 1809 fue arrestado a raíz de la agitación pública causada por el paso
por la ciudad del general José Manuel de Goyeneche, doble agente de la
Junta de Sevilla y de la princesa Carlota Joaquina de Borbón. El motín
inicial del 25 de mayo estalló para liberar a Jaime Zudáñez de la cárcel.
Al día obligaron al gobernador Ramón García de León y Pizarro a
renunciar. Esto dio origen a la Revolución de Chuquisaca, que de cierta
forma fue el inicio de la Guerra de Independencia Hispanoamericana.
LA JUNTA DE GOBIERNO
Zudáñez intentó formar una Junta de Gobierno, pero la mayor parte de
la población prefirió la solución intermedia que se había encontrado,
nombrando gobernadora a la Real Audiencia.
La revolución de Chuquisaca no logró afianzarse y fue vencida por el
mariscal Vicente Nieto, enviado desde Buenos Aires. Zudáñez fue
arrestado y enviado por mar al puerto limeño de El Callao, de allí huyó a
Chile, y a poco de llegar escribió una proclama por la que fue elegido
secretario de la Asamblea, que redactó el reglamento constitucional de
1812 e integró la Junta de Gobierno. A principios de 1817, en Argentina,
fue electo diputado. Fue dos veces vicepresidente del Congreso de ese
país y participó en la redacción de la Constitución Argentina de 1819.
Vivió exiliado en Montevideo. Fue diputado del Congreso uruguayo entre
los años 1828-1830, donde participó de la redacción y declaración de
independencia. Falleció en Montevideo en el año 1832.