Tipos y Funciones de los Reflejos y Instintos
Tipos y Funciones de los Reflejos y Instintos
Los reflejos son respuestas del sistema nervioso prefijadas natural y evolutivamente que se suelen
presentar con una secuencia de acciones rápidas, automáticas, no planificadas, en respuesta a un
estímulo determinado, gestado por cambios en el ambiente, ayudando así a mantener las
condiciones del medio interno de nuestro organismo dentro de los parámetros normales. De
acuerdo a una clasificación general podemos establecer que: Algunos reflejos son innatos o
congénitos, los cuales son comunes a todos los hombres y también se denominan reflejos
absolutos o incondicionados. Estos reflejos no requieren de aprendizaje anterior. Un ejemplo de
esto, es el reflejo de alejar la mano del fuego antes de quemarnos. Los demás reflejos son
adquiridos o condicionados, los cuales se obtienen como resultado de la experiencia y se pueden
ejemplarizar, en aquellos actos que se vuelven automáticos y casi involuntarios, cuando
se aprende a manejar un auto; dicho en el concepto de Pavlov estos se definen como: el resultado
de la adaptación del organismo a cierto medioambiente a través del cual, este puede preservar su
existencia. De acuerdo al lugar de integración de su información, podemos conocer otra
CLASIFICACIÓN:
Los impulsos nerviosos que llevan la información del reflejo, viajan a través de un trayecto
denominado arco reflejo, el cual conjunta neuronas motoras y sensitivas, o en algunos casos solo
activa a una, para efectuar la respuesta a un estímulo presentado. Este proceso se genera con
cinco componentes principales que trabajan en secuencia: Existen algunos reflejos somáticos
importantes o destacables:
De estiramiento (miotáctico): que provoca la contracción muscular, en respuesta al estiramiento del
músculo.
Reflejo tendinoso: el cual permite la relajación muscular, en momentos de tensión muscular,
evitando de esta forma una rotura tendinosa.
Reflejo de extensión cruzada: el cual en el caso particular del ejemplo con la tachuela, se
encargaría de devolver el equilibrio a la persona, después de haber retirado el pie. Otros tipos de
reflejos:
Reflejo neurógeno: es la transmisión (por vías nerviosas) de un impulso nacido en algún sitio del
cuerpo y que causa reacción en otra parte del mismo.
Reflejo simple: la estimulación de un receptor provoca la reacción de un único músculo.
Reflejos locales: son aquellas acciones reflejas básicas como los reflejos viscerales.
Reflejos controlados: en los animales con centros de integración desarrollados, algunas acciones
reflejas pueden ser inhibidas o propiciadas voluntariamente por medio de un impulso nervioso. Un
ejemplo de estos reflejos lo constituye el orinar. Desde el punto de vista clínico.
Reflejos superficiales: son los que se producen mediante estimulación cutánea. Son respuestas de
tipo flexor o de tres neuronas.
Reflejos profundos: se provocan golpeando un tendón y producen un estiramiento.
Reflejos especiales: en estos reflejos participan estructuras distintas de los músculos esqueléticos.
Reflejos Anormales: son aquellos que no se presentan en forma normal o lo hacen de forma
exagerada.
INSTINTOS: El instinto es una disposición psicofísica innata, heredada, que incita al sujeto a actuar
de una determinada forma frente a un estímulo o un objeto. Toda conducta instintiva, en el reino
animal, debe reunir, al menos, las siguientescaracterísticas:[Link] innata: Es decir, no precisar de
un aprendizaje previo.2. Ser fijada: Esto es, tener lugar siguiendo unas pautas de comportamiento
invariables y fijas.3. Ser específica: Que ocurre siempre ante determinados estímulos internos
oexternos.4. Tener un sentido de supervivencia para el sujeto o sus allegados. En su teoría del
instinto, Freud propuso primero la existencia de dos grupos de instintos, los instintos del yo o
instintos de conservación y los instintos sexuales o libido; posteriormente consideró que los
instintos de conservación son la expresión de la libido hacia el propio individuo, por lo que sólo
existiría la libido como instinto básico. Finalmente, a partir de 1920, modificó de nuevo su teoría
proponiendo los instintos de vida (Eros) y los instintos de muerte(Tanatos) como los instintos
básicos del psiquismo humano:
Los instintos de vida (Eros): están caracterizados por la disposición, que creen en el sujeto para
formar unidades siempre mayores, por ejemplo se manifiestan en el amor, la actividad sexual, y
el afán por mantener la propia unidad física y psíquica.
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Los instintos de muerte (Tanatos): Freud consideró que todo ser vivo manifiesta también una
disposición a la disgregación, a la ruptura de la unidad entre sus distintas partes para volver al
estado desorganizado y, en último término, inanimado. Tanatos es siempre un apetito de pasividad,
de separación y de disolución de unidades. Las manifestaciones patológicas de este instinto son el
sadismo, el masoquismo, el suicidio. Según la complejidad y desarrollo intelectual del ser humano,
podemos clasificar los instintos de la siguiente manera: a)
Instintos vitales
Son los más primarios y comunes entre seres humanos y animales. Tienen por finalidad la
conservación de la existencia del sujeto, de su familia o de su especie. Son los llamados instintos
de supervivencia, que velan por el sustento y mantenimiento de la vida, al igual que evitan la
destrucción o la muerte.
ENTRE ELLOS DESTACAN: [Link] de nutrición, que determina una serie de pautas de
comportamiento dirigidas a la obtención de alimento y agua. Se pone en marcha por el estímulo
interno del hambre o la sed, y en función de las necesidades corporales. Según el desarrollo en la
escala evolutiva del animal, la conducta nutritiva será proporcionalmente más compleja: desde un
simple acercamiento a la comida (como ocurre con el gusano) a la más compleja técnica de caza
de una manada delobos.2. Instinto sexual, que está encaminado a la conservación de la especie.
Impulsa, por la atracción erótica, el acoplamiento entre ambos géneros, con fines procreativos.3.
Instinto de lucha y huida, dirigidos a la protección de la integridad física frente a la agresión
externa. 4. Instinto de guarida y búsqueda de calor, cuyo fin es protegerse de las inclemencias
climáticas. Clara manifestación de este instinto son las migraciones de las aves.
b) Instintos de placer: Son un poco más complejos y selectivos que los anteriores. Son y a más
típicos del ser humano, aunque algunos animales, los más evolucionados, pueden poseer los
también en sus patrones de conducta. Tienen como finalidad el proporcionar placer y aumentar el
bienestar individual. Generalmente, consisten en una selección y refinamiento de los instintos
vitales. Así, en la nutrición, el ser humano elige determinados alimentos buscando más el placer
que satisfacer su apetito. Igualmente, al beber, incluye los néctares como complemento del agua
para aliviar la sed. No se conforma con un refugio, sino que busca comodidades en su hogar. La
sexualidad llega a desligarse de los fines procreativos para encaminarse hacia la relación
placentera. E incluso añade consumos superfluos e innecesarios, como el tabaco, el alcohol y las
drogas, con el único fin de estimular sus sentidos.
c) Instintos sociales: Incitan al individuo a la formación de colectividades y a situarse dentro de
las mismas con un cierto rango. Entre los instintos sociales destacan: la necesidad de compañía,
de prestigio, de poder y de propiedad.
D) Instintos culturales: Más propios del ser humano culto y civilizado. Entre ellos destacamos la
«ambición» de saber, las inclinaciones artísticas, la investigación, las tendencias filosóficas y
religiosas, etc. Así, si en los animales los instintos constituyen el motor de su vida, en el ser
humano éstos pasan a un segundo plano, situándose tras los actos voluntarios y conscientes.
Hábitos: Es cualquier comportamiento repetido regularmente, que requiere de un pequeño o
ningún raciocinio y es aprendido, más que innato. Para William James los seres vivos somos
“manojos de hábitos”, y según el existen dos clases. Por una parte, aquellos que son innatos y
vienen determinados por la naturaleza, ya los que solemos llamar instintos. Según James, se trata
de hábitos muy arraigados en las especies, pero no dejan de ser eso, costumbres. Por otra parte
se encuentran aquellos hábitos que se adquieren a lo largo de la vida, que son aprendidos. Los
hábitos tienen un papel destacado en el día a día de todo individuo: simplifican los pasos
necesarios para obtener un determinado resultado, hacen que dichos pasos sean más adaptativos
y exactos, y disminuyen la fatiga. Asimismo, hacen que la atención
El instinto es el término utilizado para denominar aquellas pautas o conductas que implican una
reacción ante determinadas situaciones de mayor o menor relevancia.
Estas conductas instintivas son las que permiten en cierto sentido la evolución y adaptación del ser
humano a diversas realidades.
Un instinto es una reacción inmediata ante un estimulo, como por ejemplo:-escapar del peligro,
protegernos a nosotros mismo o a quienes queremos.
El instinto tiene rasgos distintos en los animales y el ser humano (Scheler, 1972, p. 34), mas su
característica más destacada es la preservación de la especie. Para evitar posibles dificultades que
se relacionen con el concepto de instinto, Scheler lo reemplaza por conducta instintiva, porque ella
es visible y puede ser descrita (Scheler, 1972, p. 34). La conducta instintiva de un ser vivo es
siempre igual, aunque los medios sean diferentes o cambiantes (Scheler, 1972, p. 35). El instinto
es también una expresión de estados internos y por esto puede ser explicado a la vez fisiológica y
psicológicamente.
1) La conducta instintiva siempre supone una relación de sentido. Todo impulso o acto instintivo
cuenta con un porqué, un motivo, y ningún acto o impulso instintivo se manifiesta
desinteresadamente (Scheler, 1972, p. 35)2. La acción instintiva siempre se relaciona con la
especie y siempre tiene algún sentido, sea para una especie determinada o para otra especie que
esté relacionada con la primera3.
2) El instinto trascurre con cierto ritmo, o sea, es una respuesta no a situaciones presentes, sino a
aquellas que son lejanas en el tiempo y en el espacio. Scheler ejemplifica: el hecho de que un
animal se prepare para el invierno todos los años, antes de que este ocurra, demuestra la
periodicidad con que el instinto se desarrolla. Los hábitos y actos aprendidos por el animal se
distinguen del instinto por: (a) haber sido aprendidos por asociación; (b) no ocurrir con el mismo
ritmo del instinto, y (c) no referirse a la especie (Scheler, 1972, p. 35).
Al contrario del aprendizaje por asociación (a), el instinto es innato . a priori, de modo que el animal
no necesita aprender a actuar instintivamente, simplemente es movido a hacer lo que su instinto lo
impulsa4. En cambio, el hábito y los movimientos aprendidos son interiorizados por el animal, por
asociación o por libre espontaneidad (Scheler, 1972, pp. 35-36). En relación con el asunto del ritmo
(b), el instinto responde a situaciones que periódicamente sobrevienen o puedan sobrevenir a la
especie (Scheler, 1972, p. 35). El hábito responde a situaciones que, generalmente, están
relacionadas con el medio y con el individuo; ellas son más cotidianas y cercanas en el tiempo que
los fenómenos con los cuales el instinto se relaciona. A propósito de (c), los actos aprendidos se
relacionan con la vida subjetiva del animal y no con su especie en general (Scheler, 1972, p. 38).
De este modo, el instinto se diferencia del auto adiestramiento, del aprendizaje y del uso del
intelecto. Los dos primeros elementos se vinculan con el individuo y con el mundo concreto en el
que cada uno vive y se relaciona (Scheler, 1972, p. 36). La conducta instintiva no es aprendida y
tampoco hay un camino para actuar instintivamente bien o mal, como suele ocurrir en el
adiestramiento, donde sí hay que errar y acertar un cierto número de veces para lograr el buen
acto. En el uso del intelecto, nuevamente, se ve la diferencia entre el individuo y la especie: el uso
del intelecto corresponde al individuo, a la vida individual, al medio inmediato del individuo, y no a
la especie como un todo (Scheler, 1972, p. 36).
A esta utilidad para la especie responde también, en cuarto lugar, el hecho de que el instinto sea
en sus rasgos fundamentales innato y hereditario; y lo sea en cuanto facultad específica de
conducirse y no sólo en cuanto facultad general de adquirir determinados modos de conducta,
como naturalmente son la facultad de habituarse, adiestrarse, comportarse con inteligencia
(Scheler, 1972, p. 37).
5) El instinto está siempre listo para demostrarse. Puede ser activado todas las veces que se den
las circunstancias que le corresponden. El instinto no depende del número de veces que un acto
haya sido ejercido y de ensayos que un animal haya hecho para una eventual situación. El instinto
irrumpe dadas las condiciones necesarias para que él se manifieste (Scheler, 1972, p. 37).
En este aspecto, los actos instintivos pueden ser perfeccionados para resultar en mejores logros
para el individuo. Podemos seguir el mismo ejemplo de Scheler: cazar hace parte del instinto de un
animal, mas el animal puede, por el aprendizaje o hábito, perfeccionar sus técnicas de caza para
lograr mejores resultados (Scheler, 1972, p. 37). Empero, los actos que pueden ser realizados y
perfeccionados por el animal ya están determinados a priori por el instinto; así, toda acción
adquirida por aprendizaje es secundaria en relación a la conducta instintiva, que es primaria.
Lo que un animal puede representarse y sentir viene en general determinado y dominado a priori
por la relación de sus instintos con la estructura del mundo circundante. Lo mismo pasa con las
reproducciones de su memoria, que tienen lugar siempre en el sentido y en el marco de sus
“funciones instintivas” predominantes; la frecuencia de los enlaces asociativos, de los reflejos
condicionados y de la práctica, tiene sólo una importancia secundaria. Todas las vías nerviosas
aferentes se han formado en la historia de la evolución después de la disposición de las vías
nerviosas eferentes y de los órganos del éxito (Scheler, 1972, pp. 37-38).
El hombre posee los cuatro grados del ser psicofísico, mas hay que trazar la diferencia entre el
animal y el hombre en relación con el último grado (la inteligencia práctica). El modo en que el
hombre se relaciona con la realidad es opuesto al de los animales; la inteligencia humana es
dinámica en el mundo, al contrario de los demás animales, que es estática (Scheler, 1972, pp. 56-
58). El hombre puede observar un determinado objeto disponible en la naturaleza y disponerlo
independientemente del medio en que se encuentre; los animales, en cambio, aunque puedan
actuar inteligentemente, no poseen esta capacidad8. Además, el espíritu marca la principal
diferencia entre el hombre y los animales (Scheler, 1972, p. 56; De la Cruz, 2004, p. 1); por el
espíritu, el hombre es libre frente al medio y a sus impulsos, a diferencia del animal, que está en
una constante y estricta relación con su medio y con la satisfacción de sus impulsos (Reale y
Antiseri, 1988, p. 507; López, 2013, p. 42).
Si colocamos en el ápice del concepto de espíritu una función particular de conocimiento, una clase
de saber, que solo el espíritu puede dar entonces la propiedad fundamental de un ser “espiritual”
es su independencia, libertad o autonomía existencial –o la del centro de su existencia– frente a los
lazos y a la presión de lo orgánico, de la “vida”, de todo lo que pertenece a la “vida” y por ende
también de la inteligencia impulsiva propia de ésta. Semejante ser “espiritual” ya no está vinculado
a sus impulsos, ni al mundo circundante, sino que es “libre frente al mundo circundante”, está
abierto al mundo, según expresión que nos place usar (Scheler, 1972, p. 55).
3.2 La libertad
Como vimos, el hombre puede objetivar los componentes de su medio y ocuparlos como desea
(Scheler, 1972, p. 55). Si la presencia del instinto impele a la sobrevivencia, el hombre podrá
razonar la mejor forma de disponer los objetos que le son accesibles para garantizar su
sobrevivencia en alguna situación peligrosa. El hombre, como vemos, se relaciona con su medio
por el instinto, pero, por la presencia del espíritu, este relacionamiento se caracteriza por darse
libremente, de modo que el hombre está abierto al conocimiento de las posibilidades de su medio.
El hombre puede ocupar el conocimiento que posee de su realidad y sus componentes en hacer de
modo inteligente lo que el instinto le solicita y en satisfacer sus impulsos vitales, que, a diferencia
del instinto, se relacionan más bien con las necesidades de la estructura física del cuerpo y sus
órganos (Scheler, 1972, p. 34)9.
Semejante ser espiritual tiene “mundo”. Puede elevar a la dignidad de “objetos” los centros de
“resistencia” y reacción de su mundo ambiente, que también a él le son dados primitivamente y, en
que el animal se pierde extático. Puede aprehender en principio la manera de ser misma de estos
“objetos”, sin la limitación que este mundo de objetos o su presencia experimenta por obra del
sistema de los impulsos vitales y de los órganos y funciones sensibles en que se funda (Scheler,
1972, pp. 55-56).
Finalmente, cuando el hombre hace un uso instrumental de los objetos de su medio para la
preservación de su vida propia o de su comunidad, o más bien, para mejorar las calidades de su
vida propia o de los suyos, está claramente demostrando la presencia del instinto10. Al renunciar al
medio como su condicionante y determinante, el hombre sigue presentando la conducta instintiva
cuando se vale de este de modo inteligente para lograr lo que le solicita su instinto: satisfacer sus
impulsos (Scheler, 1972, p. 109)11.
3.3 El espíritu
De acuerdo con Scheler, por la presencia del espíritu, el acto humano se desarrolla en tres etapas:
1) constatación de un objeto en el medio, independiente del estado en que se encuentran el
hombre y el objeto (Scheler, 1972, p. 57); 2) represión del impulso con respecto a este objeto
hallado, que consiste en una reflexión sobre este objeto, 3) modificación del objeto, de modo que
les sirva a las pretensiones humanas (Scheler, 1972, p. 109; Ballén, 2010, p. 77). Es evidente que
todas estas etapas del acto humano se establecen a causa de la primera característica del instinto.
La constatación del objeto en la naturaleza, su modificación y su disposición parten de una relación
de sentido entre el hombre y su medio: el hombre sólo constata, reflexiona y adecua lo que tiene
sentido para él y le puede ser útil en su relación con el medio12. El acto humano no conduce a
hechos que no le sean de provecho al hombre. De este modo, las acciones espirituales
demuestran la presencia del instinto.
En síntesis, cuando el hombre le dice no a sus impulsos y a su instinto, puede ocupar su energía
reprimida para actividades espirituales13, que son superiores a los actos puramente impulsivos o
instintivos. Esa energía reprimida es utilizada para el desarrollo de los actos espirituales, de modo
que, también reprimido, el instinto es imprescindible para dichas acciones. Sometido a la voluntad
humana, el instinto le permite al hombre actuar de acuerdo con su naturaleza racional14.
El hombre puede reprimir y someter los propios impulsos; puede rehusarles el pábulo de las
imágenes perceptivas y de las representaciones. (…) En este sentido ve también S. Freud en el
hombre el “represor de sus impulsos” –en su obra: Allende el principio del placer–. Y solo porque
es esto, puede el hombre edificar sobre el mundo de su percepción, un reino ideal del
pensamiento; y por otra parte, puede canalizar la energía –latente en los impulsos reprimidos–
hacia el espíritu que habita en él. Esto es: el hombre puede sublimar la energía de sus impulsos en
actividades espirituales (Scheler, 1972, p. 72).
Hay hechos, actos y realizaciones que son propias del ser humano y que lo distinguen en la
naturaleza. La moral, la concepción de sociedad y de Estado, la cultura, la religión, etc., están
presentes en todas las sociedades porque pertenecen al conjunto de los actos propiamente
humanos. El instinto, a su vez, es el punto de partida de este conjunto de actos pertenecientes al
dominio humano (Scheler, 1972, p. 74)15. Scheler observa que es función de la antropología
filosófica explicar estos hechos humanos a partir de la comprensión del hombre, que es tanto
partícipe de la estructura de los grados del ser psicofísico, como poseedor del espíritu.
Las realizaciones y los hechos específicos del hombre demuestran la presencia del instinto
operante en él16. Los actos propios del dominio humano se justifican cuando se relacionan con las
cinco características del instinto, señaladas en el primer apartado. Por otro lado, la sumisión del
instinto a la voluntad humana ofrece la energía que el espíritu necesita para desarrollarse, siendo
la presencia del instinto indispensable para los actos característicos del hombre mismo mediante
su negación (Scheler, 1972, p. 74; Astrada, 1928, p. 155). En la cita anterior, Scheler menciona
algunos actos del dominio humano de los que la antropología filosófica debe ocuparse. Tomaremos
algunos de ellos para demostrar la presencia del instinto en la conducta humana, es decir,
indagaremos sobre algunas realizaciones propias de la conducta humana y las relacionaremos con
las características del instinto presentadas en el segundo apartado, para concluir que ellas son
resultantes de la presencia del instinto en el hombre, pero de modo sublimado. De este modo,
determinaremos que el instinto es necesario para surgimiento y desarrollo del hombre17. Los
hechos humanos que vamos a presentar son: la concepción de moral; la conciencia de justicia; el
establecimiento del Estado; la preservación de la cultura, la idea de nación y la religión.
El establecimiento de las ideas y conductas morales son claras demostraciones de la presencia del
instinto en el género humano. Si se entiende la moral como un conjunto de reglas predominantes
en una sociedad, al cual todos se someten y respetan, la moral demuestra la existencia y el
funcionamiento del instinto en el ser humano. La moral concuerda con todas las características del
instinto, excepto la segunda: las reglas morales poseen sentido en la comunidad donde están
establecidas de modo que, aun cuando algunas de ellas dejaran de tenerlo, estas reglas serán
reemplazadas por otras. En la moral, el trasfondo de preservación étnica y cultural de una
comunidad, de una costumbre común, es fuerte, o sea, apunta a la sobrevivencia de un
comportamiento de un pueblo, de una comunidad18. Esto es exactamente igual a lo que veíamos
como característico del instinto: estar al servicio de la especie. De esta manera, cuando uno
respeta las reglas morales, tiene una relación con toda la comunidad que también las obedece y
respeta.
Las reglas morales, en concordancia con el instinto, también son hereditarias, pasan de generación
en generación; cuando se nace, las reglas morales ya están en funcionamiento, y uno las
internaliza conforme crece y convive con su medio. De igual modo, uno tiende a reproducir esas
reglas de modo espontáneo. Es verdad que ellas son aprendidas en la convivencia, a diferencia del
instinto que es innato, pero la tendencia humana de crear la moral, preservarla y reproducirla, se
asemeja mucho a la cuarta característica del instinto. Nótese que, semejante al instinto, no se elige
nacer en una determinada sociedad, con determinados códigos morales; simplemente uno los
aprende naturalmente y los reproduce sin darse cuenta, tal como el animal que también nace con
determinados instintos, recibiéndolos hereditariamente y desarrollándolos de modo espontáneo.
Por último, las reglas morales siempre están listas para manifestarse: ellas están internalizadas en
la mente de las personas, así se manifiestan siempre que se da la ocasión.
En esta línea, las ideas de justicia y ley también demuestran el instinto. Partiendo de la concepción
contractualista19, las leyes son un contrato entre los hombres para que puedan vivir en paz,
concordia y en comunidad; son establecidas en común acuerdo por toda la comunidad, y son
hechas para toda la comunidad. En este sentido, la justicia significa dar a cada cual lo que le
corresponde: si alguien comete un delito, debe ser castigado de acuerdo con lo establecido en las
leyes. Los que buscan la honestidad y obedecen a las leyes deben ser tratados con dignidad y con
aquello que está asegurado por esa obediencia. Las leyes están al servicio del orden, de la paz y
de la “sobrevivencia” de la comunidad, y la justicia está al servicio del recto cumplimiento de esas
leyes: si las leyes trabajan por la preservación de una sociedad, la justicia asegura que esas leyes
estén en buen funcionamiento, garantizando de igual modo, la preservación de esa sociedad.
Veamos cómo las ideas de ley y justicia, presentes en el género humano, demuestran la presencia
del instinto.
1. Su desarrollo se da con un sentido. Se establecen las leyes y se aplica la justicia porque tienen
sentido para la vida de las personas, le sirven al bien común y a la estabilidad de la sociedad. Una
sociedad establece leyes de acuerdo con su realidad, con sus problemas, con su gente y con su
medio y ejecutará la justicia a fin de proteger su estabilidad y el cumplimiento de las leyes. Hemos
visto que el animal, según su conducta instintiva, no hace algo que no tenga sentido para él, lo
mismo pasa con el establecimiento de la ley y de la justicia por el hombre, lo que demuestra la
presencia del instinto en él.
2. La ley, exactamente igual que el instinto, no está hecha para eventos presentes, sino para
situaciones que pueden venir a suceder en el tiempo. El hombre, al identificar lo que es dañino
para su convivencia en sociedad, y también a partir de experiencias pasadas, establece leyes que
impiden que ese tipo de eventos sucedan. Luego, el establecimiento de la ley es una respuesta a lo
que puede venir a ser, a lo que puede poner en riesgo la armonía de la sociedad. De esta manera,
la concepción de ley, presente en la conducta humana, se asemeja al instinto. La justicia también,
a la segunda característica del instinto, pues los hombres la ejecutan con cierta periodicidad, es
decir, siempre que es necesario.
3. La característica quizás más fuerte de las concepciones de ley y de justicia es su servicio para el
todo, para la sociedad. Recordando que partimos de la idea contractualista, la ley es un contrato
entre los hombres para que puedan vivir en comunión y en armonía, y la transgresión a la ley
corresponde a un daño a toda la comunidad. La ley está al servicio de la armonía, del bien común,
de la paz, y la obediencia a la ley no se dice respecto a uno, sino a la colectividad. Lo mismo
sucede con la idea de justicia, que protege el acuerdo común. El instinto está al servicio de la vida
y preservación de la especie, lo mismo que las ideas humanas de ley y justicia, que dialogan con la
manutención del orden y sobrevivencia de una sociedad.
4. Semejantes al instinto, las ideas de ley y justicia son innatas y hereditarias: no hay sociedad que
funcione sin reglas, no existe ningún país sin un cuerpo legislativo y sin instituciones que
garanticen el cumplimiento de las leyes. En la historia, el hombre de alguna forma siempre ha
buscado reglas para poder convivir en harmonía con los demás, de modo que es imposible convivir
en una sociedad sin que existan reglas que permitan la sana coexistencia: también es imposible
convivir en una sociedad que no penalice a los que impidan esa convivencia damnificando las
reglas establecidas. El hombre por naturaleza busca el acuerdo, la regla, la ley, como si le fuera
propio de su naturaleza, innato. En este sentido, la ley demuestra que el instinto está presente en
la naturaleza humana.
Lo mismo ocurre con la idea de justicia: es propio del género humano recompensar a los que
actuaron bien y penalizar a los que actuaron mal. Como hemos dicho anteriormente, el hombre
alaba el dar a cada cual según lo que le corresponde. Por lo tanto, la justicia siempre es buscada
de una forma u otra por el hombre, es un ideal muy fuerte para él. Por último, las ideas de ley y
justicia, como ya hemos discutido aquí, resurgen entre las naciones; son defendidas en todos los
periodos de la historia; mueven protestas y manifestaciones, y atraviesan generaciones, fronteras,
lenguas, naciones y periodos históricos, como si fuera algo propio del ser humano, tal como el
instinto.
Por tanto, semejante a la quinta característica del instinto, la concepción de justicia y cuerpo
legislativo siempre está lista para ser materializada. Siempre que se den las circunstancias
correspondientes, irrumpe en el género humano la idea de establecer reglas fundamentales para la
convivencia en sociedad, y la práctica de la justicia. Tal como en el instinto, el hombre puede
perfeccionar las leyes de su nación y los modos de ejercer la práctica de la justicia. Si la
concepción de ley y justicia son propias del género humano (Scheler, 1972, p. 108), la constante
disponibilidad del hombre a aplicarlas y perfeccionarlas es una clara demostración de la conducta
instintiva (Scheler, 1972, pp. 34-37).
La institución del Estado se relaciona con un país, un pueblo, con una identidad nacional o, al
menos, con una tentativa de unificación20. La función del Estado es la manutención y preservación
de un país. Además de ser constituido por un pueblo, está a su servicio, de modo que todo lo que
es hecho por el Estado y en nombre del Estado no se relaciona con ciudadanos individuales, ni con
los dirigentes y responsables por el Estado, sino con la nación entera o con la sociedad que el
Estado dirige. Cuando un ciudadano cumple con sus obligaciones, está contribuyendo, primero,
para el buen funcionamiento de la estructura estatal y, luego, para la comunidad en general.
El Estado posee una relación de sentido con sus componentes. La concepción de Estado les
interesa a los hombres porque, por medio de él, es posible mantener la unidad y funcionamiento de
la nación y la identidad del pueblo. Además, el Estado está siempre al servicio de la generalidad de
los ciudadanos. Si cada uno hiciera lo que quisiera en una sociedad, sin la mínima concordancia,
aquella estaría condenada al fracaso, a la anarquía desreglada y a su término. Por lo tanto, seguir
las leyes y los deberes patrios y cooperar para el buen funcionamiento estatal no es un acto que se
realice respecto de la vida de una persona singular, sino de la preservación de la sociedad o país
como un todo, exactamente igual a la conducta instintiva21. La capacidad de los hombres de
organizarse en sociedades, fundar países y constituir el Estado demuestra la presencia del instinto
en sus hechos (Scheler, 1972, p. 111) .
De igual modo, la cultura, las artes, la religión, e incluso el idioma y la comunicación, actividades
propiamente humanas a causa del espíritu (Scheler, 1972, pp. 108, 110-111), se predican siempre
de una comunidad de personas, además de constituirse como algo identitario de esta comunidad.
Lo que marca la diferencia entre un país y otro es justamente la discrepancia de cultura, lengua,
religión, etc. Estas actividades son la esencia de una nación, y, en nombre de ellas y de su
sobrevivencia, se hacen esfuerzos desmedidos, incluso llegando a las armas y a la guerra. Los
hombres, al preservar y defender su cultura, defienden su sobrevivencia en el mundo, demostrando
así su conducta instintiva22.
Mas el hombre podía también seguir el invencible impulso de salvación, no sólo de su ser
individual, sino primariamente de todo su grupo, y utilizar el enorme exceso de fantasía –innato en
él, y que le diferencia del animal– para poblar esta esfera del ser con figuras caprichosas,
refugiándose en su poder mediante los ritos y el culto, y “tener así las espaldas guardadas” de
alguna manera, cuando pareciese que el acto de emanciparse de la naturaleza y objetivarla y
alcanzar simultáneamente su ser propio y la conciencia de sí mismo iba a hundirle en la pura nada
(Scheler, 1972, pp. 108, 110-111)23.
La religión anuncia la salvación de sus fieles y, para ello, establece preceptos, dogmas y conductas
que exploran la fantasía y las capacidades del hombre de imaginar y trascender –característica que
los animales no poseen–, siendo esto último una actividad profundamente espiritual. La religión
puede condenar los impulsos humanos que contradigan sus preceptos, pues es un agente moral
(Scheler, 1972, p. 74)24. El instinto, en cuanto conducta que se relaciona con la especie, opera en
la constitución de la religión si se tiene en cuenta que ella puede establecerse en una comunidad
de seres humanos, prescribiéndoles su concepción moral. De este modo, la religión posee la
fuerza para mantener una comunidad de hombres unidos, en armonía con los mismos preceptos y
principios e impidiendo que se desate la discordia que amenaza esta comunión entre ellos.
Podríamos observar, por último, que la religión posee la mayoría de las cinco características del
instinto. 1) La religión puede ser interpretada como algo íntimo para su practicante, de modo que
ella posee un profundo sentido para su vida. Así mismo, la religión no se relaciona solamente con
una persona individual, sino con una comunidad de otros practicantes. 2) La religión está presente
en los momentos más importantes de la vida; en los casamientos, en la muerte, en los momentos
históricos, en feriados, en fin, se manifiesta con algún ritmo. 3) Como se vio en el párrafo anterior,
la religión puede relacionarse con una comunidad de hombres, servirles de referencia moral y
fundamento de su unión, de tal manera que no se relaciona con un adepto, sino con la comunidad
en general. 5) El adepto de la religión está siempre listo para actuar de acuerdo con los preceptos
de su fe. Así, lo que concierne a la doctrina de la religión siempre puede manifestarse en los actos
de sus adeptos, dadas las condiciones en las cuales la doctrina de la religión dialoga.
También se demostró que, a diferencia del animal, el hombre puede objetivar su medio de forma
que le sirva para su satisfacción. Entonces, cuando recibe un impulso instintivo, el hombre puede
planear la mejor forma de satisfacerlo de modo inteligente y racional. Así, su actuar cumple el
instinto que posee, como también lo señala Astrada (1928). En esta línea, vimos que el hombre
puede rechazar sus impulsos y ocupar la energía resultante para los actos espirituales (De la Cruz,
2004). El acto espiritual parte de la negación al impulso; luego, la presencia del instinto es
necesaria porque, por medio del rechazo a su impulso, es posible para el hombre actuar de
acuerdo con su naturaleza racional.
Los hechos propiamente humanos, que se desarrollan por la presencia del espíritu, demuestran, en
general, rasgos instintivos. Presentamos la moral, la conciencia de justicia y el Estado, que, de
acuerdo con Scheler, deben ser trabajados por una antropología filosófica como demonstraciones
de la presencia y operación del instinto en el hombre. Ellas se justifican en el instinto, pues
demuestran las características que fueron presentadas en el segundo apartado. En general
sostuvimos que, cuando el hombre crea instituciones como el Estado o el país, produce cultura o
contribuye para la preservación de una conciencia moral, está demostrando la presencia de su
instinto. Estas creaciones humanas no se relacionan con una persona individual, sino con una
comunidad, con una sociedad en general, y hablan respecto de la preservación de su identidad, de
la vida de esta sociedad (Vegas, 1992). Este aspecto de los hechos humanos está plenamente de
acuerdo con el instinto, teniendo en cuenta que este último prima por la sobrevivencia de la
especie, y no de un individuo particular. Por consiguiente, se demuestra que el instinto está
presente en la conducta humana racional, inteligente y, en fin, en los actos espirituales del hombre.
Reflejo: Son movimientos rápidos e inconscientes que siguen a una excitación orgánica. También
se define como la respuesta automática e involuntaria que realiza un ser vivo ante la presencia de
un determinado estímulo.
Diferencias:
El reflejo siempre es igual y el instintivo puede adaptarse y modificarse un poco con la
experiencia.
1.- ¿Qué son los reflejos?, ¿para qué los usa el cuerpo?
El reflejo es una respuesta automática e involuntaria que realizamos ante un estímulo especifico.
Esta respuesta refleja implica generalmente un movimiento muscular (al pincharnos un dedo, lo
retiramos de inmediato), aunque puede consistir también en la activación de la secreción de una
glándula interna (al ingerir azucares, se eleva la glucemia y como respuesta nuestro páncreas
secreta Insulina para disminuir la glucemia).
Biológicamente hablamos del arco reflejo que abarca todos los componentes necesarios para que
un reflejo se produzca:
Vía aferente: el sistema nervioso lleva la información del estímulo a las neuronas.
Todo este proceso se produce de forma involuntaria y sin tener conciencia de ello.
Muchos reflejos protegen nuestro organismo contra estímulos dañinos (tos, estornudo, parpadeo) o
capacitan a nuestro organismo para realizar funciones básicas sin dificultad (secreciones
glandulares, ritmo cardíaco, ritmo respiratorio, dilatación de vasos sanguíneos, etc.).
Reflejos innatos o congénitos: son los reflejos comunes al ser humano, también se denominan
reflejos absolutos o incondicionados. Estos reflejos no requieren de aprendizaje anterior (retirar la
mano al sentir que nos quemamos).
Reflejos condicionados: son los reflejos adquiridos como resultado de la experiencia ante
determinados estímulos. El más conocido es el de los perros de Paulov, animales que aprendieron
que cuando sonaba una campana era la hora de comer, cuando la oían empezaban a salivar pues
sabían que era la hora de comer, o frenar de forma automática ante un semáforo rojo.
Reflejos de automatismo medular. Reflejos que aparecen cuando se produce una lesión medular y
queda desconectada del cerebro. Por ejemplo, el reflejo de triple retirada: al estimular la piel de la
extremidad inferior, se produce automáticamente una flexión del pie sobre la pierna, de la pierna
sobre el muslo y de éste sobre la pelvis.
Reflejos de postura y actitud. Son las actitudes y movimientos reflejos desencadenadas por la
modificación de la postura corporal en el espacio
REFLEJO
Acto reflejo
Un estornudo es un acto reflejo: se trata de una reacción involuntaria.
El término reflejo proviene del latín reflexus y tiene varios usos. Un reflejo puede ser una respuesta
involuntaria frente a un estímulo; la luz reflejada o la imagen de alguien o de algo que se refleja en
una superficie; aquello que pone de manifiesto otra cosa; y la capacidad de una persona para
reaccionar de forma rápida y eficiente, por ejemplo.
Como respuesta involuntaria, el reflejo es una pauta de comportamiento que se repite en toda una
especie. Se trata de una respuesta local, que implica a solo una parte del organismo, y cuyo
mecanismo es puesto en marcha de manera automática.
Un acto reflejo es una acción involuntaria que tiene lugar cuando un receptor sensorial es
estimulado. La neurona sensorial recibe el estímulo y lo envía a un centro reflejo que se encuentra
en la médula espinal; ésta lo retransmite a una neurona motora, que responde al estímulo, activa la
secreción de una glándula o produce un movimiento muscular.
Reflexión de la luz
ALGUNOS EJEMPLOS: Para mostrar esa diferenciación entre ambos, nada mejor que establecerla
a partir de unos ejemplos. Así, podemos determinar que un reflejo condicionado es el de los perros
de Paulov, es decir, aquellos animales que aprendieron que cuando les tocaban una campana era
la hora de comer y así fue como llegado un momento cuando la oían empezaban a salivar pues
sabían que era la hora de saciar su hambre.
Por otro lado, un perfecto ejemplo para poder entender lo que es un reflejo incondicionado es el de
retirar la mano del fuego cuando nos quemamos. Y es que esa acción no la hemos aprendido, es
innata.
Como reflexión de la luz, un reflejo es el cambio de dirección de un rayo o de una onda que tiene
lugar en la superficie de desaparición de dos medios.
Esta reflexión puede ser especular (como acontece en un espejo) o difusa (la imagen se conserva,
pero se refleja la energía).
OTROS USOS DEL CONCEPTO: Por otra parte, un reflejo es algo que pone de manifiesto otra
cosa. Por ejemplo: “Su enojo con el entrenador fue el reflejo de una mala relación que ya lleva
varios meses”.
Por último, el reflejo como capacidad de una persona se refiere a su manera de reaccionar: “Intentó
golpearlo, pero pudo esquivar el puñetazo gracias a sus buenos reflejos”.