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TP1 Ética

La historia de los derechos humanos se basa en la igualdad intrínseca de todas las personas, con hitos significativos como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 y la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. A lo largo de los siglos, se han desarrollado conceptos y documentos que han limitado el poder absoluto y promovido derechos fundamentales, incluyendo la CEDAW de 1979, que busca eliminar la discriminación contra la mujer. El desarrollo de estos derechos ha estado influenciado por contextos históricos, filosóficos y sociales, reflejando una evolución hacia la inclusión y la igualdad en diversas sociedades.

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La historia de los derechos humanos se basa en la igualdad intrínseca de todas las personas, con hitos significativos como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789 y la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. A lo largo de los siglos, se han desarrollado conceptos y documentos que han limitado el poder absoluto y promovido derechos fundamentales, incluyendo la CEDAW de 1979, que busca eliminar la discriminación contra la mujer. El desarrollo de estos derechos ha estado influenciado por contextos históricos, filosóficos y sociales, reflejando una evolución hacia la inclusión y la igualdad en diversas sociedades.

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Historia De Los Derechos Humanos


Los derechos humanos se fundamentan en el principio de igualdad intrínseca entre
todas las personas. En el pasado, muchas sociedades estaban organizadas en torno a la
desigualdad, donde factores como la esclavitud, las diferencias raciales, el estatus de
nacimiento y el género determinaban el rol, las oportunidades y el acceso a derechos básicos
de las personas. Durante los siglos XVII y XVIII, las revoluciones que surgieron en Europa
buscaron limitar el poder absoluto de los monarcas y promovieron la idea de que todos los
seres humanos eran iguales y libres por nacimiento, un concepto que demandaba ser reflejado
en las leyes.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada por los
revolucionarios franceses, marcó el primer reconocimiento formal de derechos universales.
No obstante, es importante destacar que esta declaración excluyó a amplios sectores de la
sociedad, como mujeres, personas sin propiedades y analfabetos.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el impacto devastador del conflicto global llevó a
la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945. En 1948, la ONU
adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un hito que amplió el
reconocimiento de derechos y estableció un marco para que los países se comprometieran a
respetar, proteger y garantizar estos derechos. Desde entonces, se han añadido nuevos
derechos y se han firmado diversos acuerdos internacionales para fortalecer la protección de
los derechos humanos en todo el mundo.
La historia de los derechos humanos en el Occidente
El desarrollo de los derechos humanos en Occidente tiene una larga trayectoria que
se remonta a los orígenes del cristianismo y las teorías teocráticas medievales. Según Wlasic
(2006), algunos autores encuentran el origen mismo de los derechos humanos en la versión
bíblica de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, dotado de un alma inmortal.
Los mandamientos bíblicos como "no matarás" o "no robarás" son vistos como un
reconocimiento temprano de derechos fundamentales como el derecho a la vida y a la
propiedad.
A partir de la influencia del cristianismo en el desarrollo de los derechos humanos, se
sintetiza en dos aspectos principales, el reconocimiento de la suprema dignidad del hombre
como hijo de Dios, y la difusión del concepto de Derecho Natural. Las teorías teocráticas
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medievales, basadas en las ideas de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, sentaron
importantes bases filosóficas. San Agustín planteó que Dios es la única fuente de todo poder
humano, mientras que Santo Tomás de Aquino desarrolló la idea de un orden legal
cuatripartito: ley eterna, ley natural, ley divina y ley humana (Wlasic, 2006).
Por otro lado, Wlasic (2006) menciona que, durante la Edad Media y la temprana
Edad Moderna, estas ideas teocráticas fueron el fundamento de distintas teorías sobre el
origen divino del poder político. La Patrística dio lugar a la Teoría del Derecho Divino
Sobrenatural, que justificaba el origen divino de la monarquía. Por su parte, la Escolástica
fundamentó la Teoría del Derecho Divino Providencial, que planteaba que Dios entrega el
poder a la comunidad para que esta lo deposite en un gobernante.
Por otro lado, en la Antigua Grecia, los griegos desarrollaron conceptos de justicia,
ética y derechos que sentaron las bases para el desarrollo posterior de los derechos humanos.
La noción de la dignidad humana y el respeto por la libertad individual ya tenían cierta
presencia en la filosofía griega, aunque de manera limitada y circunscrita a determinados
grupos sociales.
Según la perspectiva de Wlasic (2006) la ciudadanía en la Antigua Grecia,
especialmente en Atenas, era un derecho exclusivo para los hombres libres nacidos en la
polis. Tanto las mujeres, los esclavos y los extranjeros estaban excluidos de este derecho. Es
a partir de esto que, este sistema excluyente muestra una contradicción en la cultura griega
respecto a los derechos humanos, ya que, si bien se exaltaba la libertad y la democracia, estos
conceptos no eran aplicables para todos.
Además, la idea de derechos individuales separados de los deberes colectivos no tenía
lugar en la concepción griega de la sociedad. La virtud cívica y el cumplimiento de los
deberes para con la polis eran fundamentales para el bienestar general.
El desarrollo de los derechos humanos en Inglaterra
Inglaterra tuvo un papel pionero en el desarrollo de documentos y garantías legales
que limitaban el poder absoluto de la corona y reconocían ciertos derechos fundamentales.
Por su lado, Wlasic (2006) destaca como primer antecedente documentado de gran relevancia
la Carta Magna de 1215, impuesta al rey Juan Sin Tierra por los nobles tras su derrota. Este
documento reconocía una serie de libertades y derechos para la Iglesia y los hombres libres
del reino, como garantías contra la incautación arbitraria de tierras o bienes.
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Posteriormente, Wlasic (2006) expone otros documentos fundamentales, los cuales


fueron la Petición de Derechos de 1628, que prohibía los impuestos sin aprobación
parlamentaria y las detenciones arbitrarias; el Acta de Habeas Corpus de 1679, que establecía
plazos y procedimientos para que los detenidos fueron llevados ante un juez; y el Bill of
Rights de 1689, que consagró la supremacía del Parlamento sobre la Corona y estableció
garantías como la libertad de elección de los parlamentarios.
Además, Wlasic (2006) señala que, en el caso particular de Inglaterra, los límites al
poder absoluto de la Corona se fueron imponiendo a través del creciente rol del Parlamento
y, este proceso sentó las bases de lo que hoy se conoce como monarquía constitucional.
Las revoluciones norteamericana y francesa
En cuanto a Wlasic (2006), expone que, durante el siglo XVIII, las revoluciones
norteamericana y francesa marcaron hitos fundamentales en la historia de los derechos
humanos. A diferencia del proceso gradual británico, estas revoluciones implicaron una
ruptura más radical con el orden anterior y concluyeron con la aprobación de constituciones
escritas.
De este modo, la Declaración de la Independencia de Estados Unidos de 1776 refleja
claramente las ideas iusnaturalistas y políticas de John Locke. Esto proclama que todos los
hombres son creados iguales y dotados de ciertos derechos inalienables como la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad. Establece además que, los gobiernos derivan sus
poderes legítimos del consentimiento de los gobernados.
Por su parte, Wlasic (2006) menciona la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano de 1789, producto de la Revolución Francesa, reconoce derechos naturales e
imprescriptibles del hombre como la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la
opresión; estableciendo principios fundamentales tales como que la ley refleja la voluntad
general y que todo agente público debe rendir cuentas de su administración.
De la misma manera, el autor señala que estas dos revoluciones se caracterizaron por
ser republicanas y representar principalmente reivindicaciones de la burguesía frente al
colonialismo o el absolutismo monárquico y, esto las acercó como antecedentes válidos al
posterior proceso emancipador latinoamericano.
Los derechos humanos en el siglo XIX
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Durante el siglo XIX se consolida el proceso de evolución iniciado en los siglos


anteriores con la aprobación de constituciones escritas que implementan las ideas liberales
imperantes. Así, Wlasic (2006) destaca que estas constituciones, ya sean en su versión
republicana o monárquica, incluían declaraciones de derechos y comenzaban a desdoblar los
textos constitucionales en una parte dogmática, sobre derechos, y una parte orgánica, sobre
la organización del poder.
En este período se desarrollan, asimismo, las ideas marxistas y anarquistas, que
cuestionaban el orden liberal y propugnaban una transformación radical de la sociedad. La
aparición de obras como el Manifiesto Comunista de Marx y Engels marcó el surgimiento de
nuevas corrientes de pensamiento sobre los derechos y la organización social.
En América Latina, las guerras de independencia de principios de siglo estuvieron
signadas por las ideas liberales en lo político y económico. De este modo, Wlasic (2006) cita
el Discurso de Angostura de Simón Bolívar como una síntesis de las particularidades del
proceso emancipador latinoamericano, que buscaba construir nuevas naciones a partir de una
herencia colonial compleja.
El desarrollo de los derechos humanos en el siglo XX
El siglo XX estuvo marcado por importantes transformaciones en materia de derechos
humanos, es así como, Wlasic (2006) destaca el paso del constitucionalismo clásico, centrado
en los derechos civiles y políticos, al constitucionalismo social, que incorpora los derechos
económicos, sociales y culturales. Por lo tanto, esto quedó plasmado en constituciones como
la mexicana de 1917 y la alemana de Weimar de 1919.
A continuación, la creación de las Naciones Unidas en 1945 y la aprobación de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 marcaron el inicio de un proceso
de internacionalización y positivización de los derechos humanos. Sin embargo, Wlasic
(2006) señala que este proceso estuvo fuertemente influido por la polaridad ideológica de la
Guerra Fría, lo que se reflejó, por ejemplo, en la aprobación de dos pactos separados en 1966,
uno acerca de los derechos civiles y políticos y otro sobre los derechos económicos, sociales
y culturales.
Hacia finales del siglo XX, el fin de la Guerra Fría y los procesos de globalización
plantean nuevos desafíos para los derechos humanos. Es así que, en este momento, el autor
(2006) destaca la crisis de los principios de representatividad y legitimidad que sustentan la
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relación entre sociedad civil y Estado. Del mismo modo, señala el surgimiento de nuevas
perspectivas sobre el rol del Estado frente a la globalización, ya sea como instrumento de
adecuación a las exigencias de la sociedad global o como defensor de los intereses nacionales.

Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra


la mujer (CEDAW) - 1979
La CEDAW que, en sus siglas en inglés respecta a Convention on the Elimination of
all Forms of Discrimination Against Women, fue adoptada en forma unánime por la
Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979 y entró en vigor en
1981, la misma, es considerada la carta internacional de los derechos de la mujer. Esta es
fruto del trabajo de años realizado por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la
Mujer, que fue creada en 1946 por el Consejo Económico y Social de la ONU. La CEDAW
es el segundo instrumento internacional más ratificado por los Estados Miembro de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), el primero es la Convención sobre los
Derechos de la Niñez; y a la fecha, ha sido ratificada por 188 países, lo que le otorga un
poderoso mandato internacional. Provee un marco obligatorio de cumplimiento para los
países que la han ratificado, con el objetivo de lograr la igualdad de género, el
empoderamiento de las mujeres y las niñas, estipulando que, los Estados Parte deben
incorporar la perspectiva de género en todas sus instituciones, políticas y acciones con el fin
de garantizar la igualdad de trato, es decir, que no exista discriminación directa ni indirecta
de la mujer, tal como mejorar la situación de facto de la mujer, promoviendo la igualdad
sustantiva o la igualdad de resultados.
Por otro lado, la Convención consta de un Preámbulo y seis partes con 30 artículos,
a partir de estos 16 primeros se definen los derechos de las mujeres y la discriminación contra
las mismas, además, establece una hoja de ruta de acción nacional para poner fin a tal forma
de discriminación y el compromiso de los Estados para adoptar medidas adecuadas que
promuevan la igualdad. Asimismo, en el Artículo 4 del preámbulo, se especifica que los
Estados deben implementar medidas especiales temporales, incluyendo acciones legislativas,
administrativas y otras, para acelerar la igualdad real entre hombres y mujeres. Estas medidas
deben ser de carácter temporal y deben cesar una vez que se logren los resultados deseados.
Además, el Artículo 5 invita a los Estados a transformar los patrones socioculturales
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existentes, con el fin de modificar los comportamientos de hombres y mujeres y, de este


modo, eliminar prejuicios y prácticas discriminatorias.
La Convención se centra en la cultura y la tradición como fuerzas influyentes que dan
forma a los roles de género y a las relaciones familiares. También establece un programa de
acción para poner fin a la discriminación por razón de sexo, los Estados que ratifican el
Convenio tienen la obligación de consagrar la igualdad de género en su legislación nacional,
derogar todas las disposiciones discriminatorias en sus leyes, y promulgar nuevas
disposiciones para proteger de la discriminación contra la mujer. Asimismo, deben establecer
tribunales y las instituciones públicas para garantizar la protección eficaz contra la
discriminación, adoptando medidas para eliminar todas las formas de discriminación contra
la mujer practicada por personas, organizaciones y empresas.
Por otro lado, la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en
1948 marcó un hito importante al establecer principios fundamentales de igualdad y no
discriminación, es así que dicha Convención surge en un contexto de creciente conciencia y
demanda global por la igualdad de género, en donde se concibe la violencia contra la mujer
como una forma de discriminación que inhibe su capacidad de gozar de derechos y libertades
de igualdad como el hombre. De este modo, el Comité llega a la conclusión de que los
informes de los Estados Partes no siempre reflejaban de manera apropiada la estrecha
vinculación entre la discriminación contra la mujer, la violencia contra las mismas, las
violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales. En consecuencia, la
aplicación plena de la Convención exige que los Estados Partes adopten medidas positivas
para eliminar todos los aspectos de la violencia contra la mujer.
Organismo encargado de la supervisión
Por otro lado, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer
(CEDAW) es el órgano de expertos independientes que supervisa la aplicación de la
Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y
se crea en virtud del artículo 17 de dicha Convención. Está formado por 23 miembros
elegidos por votación secreta, quienes son elegidos por los Estados Partes entre sus
nacionales, su composición asegura una representación equitativa en términos geográficos y
de sistemas jurídicos, así como una diversidad de perspectivas culturales. Los funcionarios
del mismo ocupan una Presidencia, tres Vicepresidencias y una Relatoría; los titulares
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designados desempeñan sus funciones por un periodo de dos años y pueden ser reelegidos
siempre que se respete el principio de rotación. Desde su creación, ha estado compuesto
mayoritariamente por mujeres de diversos ámbitos profesionales.
El mismo, supervisa la aplicación de la Convención por los Estados Partes, recibiendo
informes periódicos (el primero un año después de la adhesión y luego cada cuatro años)
sobre las medidas adoptadas. Basado en estos informes, emite observaciones finales que
incluyen apreciaciones positivas, preocupaciones y recomendaciones específicas para cada
país. Además, puede recibir comunicaciones individuales relacionadas con presuntas
violaciones de los derechos establecidos en la Convención, siempre que el Estado Parte haya
ratificado el Protocolo Facultativo correspondiente.
Protocolos facultativos complementarios (CEDAW)
El Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas
de Discriminación contra la Mujer, aprobado el 6 de octubre de 1999, que permite a las partes
a reconocer la competencia del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la
Mujer para examinar las denuncias de particulares. Establece un marco para la supervisión y
promoción de los derechos de la mujer a nivel internacional. Este Protocolo complementa la
Convención existente al permitir la presentación de comunicaciones sobre violaciones de
derechos, estableciendo procedimientos para su evaluación y respuesta.
Este Protocolo otorga al Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la
Mujer la autoridad para recibir y examinar comunicaciones de individuos o grupos que
aleguen ser víctimas de violaciones de derechos bajo la Convención y no han encontrado
solución a nivel nacional. Se especifica que las comunicaciones deben ser presentadas por
escrito y no de manera anónima, y establece condiciones para la admisibilidad, incluyendo
el agotamiento de los recursos internos y la relevancia de los hechos.
El Protocolo también contempla la posibilidad de que los Estados Partes no
reconozcan ciertas competencias del Comité y detalla el proceso para enmendar el Protocolo.
Además, establece que no se permitirán reservas y que cualquier Estado Parte puede
denunciar el Protocolo, con la salvedad de que las disposiciones aplicables a comunicaciones
e investigaciones en curso seguirán vigentes. El mismo estará disponible en varios idiomas
y será depositado en los archivos de las Naciones Unidas, con copias certificadas enviadas a
todos los Estados signatarios de la Convención.
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El Estado debe actuar con diligencia para prevenir la violencia y garantizar la


investigación y sanción de los actos de violencia contra las mujeres, ya que es considerada
una forma de discriminación que impide el goce de derechos en igualdad e incluye daños
físicos, mentales o sexuales. De acuerdo con Huerta (2012), los Estados tienen la
responsabilidad primordial de garantizar la igualdad de género tanto en el ámbito legal como
en la protección de las mujeres en espacios públicos y privados (p. 25). Esto incluye la
implementación de políticas y programas específicos para mejorar la situación real de las
mujeres, así como la necesidad de abordar las relaciones de género y los estereotipos que les
afectan, tal como se manifiestan en leyes e instituciones.
La Convención permite a los Estados adoptar medidas correctivas temporales para
lograr igualdad real entre hombres y mujeres. La CEDAW refuerza la idea de que los
derechos humanos son indivisibles e interdependientes, abarcando derechos políticos, civiles,
económicos, sociales y culturales. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra
la Mujer supervisa su cumplimiento, estableciendo la participación plena de la mujer es
esencial para el desarrollo y bienestar de un país y para la paz mundial.
Ley N.° 23.179
En Argentina, La Constitución Nacional, en el capítulo cuarto, establece que los
Tratados de Derechos Humanos tienen jerarquía constitucional. Entre ellos se encuentra la
CEDAW, ratificada por Ley N.º 23.179 en Buenos Aires el 8 de Mayo del año 1985, este
tratado internacional, adoptado por la resolución 34/80 de la Asamblea General de las
Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979, busca la promoción efectiva de la igualdad
entre hombres y mujeres, así como, eliminar todas las formas de discriminación contra las
mujeres en todos los aspectos de la vida.
La ley ratifica el compromiso de Argentina con los principios y disposiciones de la
CEDAW, lo que implica una obligación del Estado de cumplir con los estándares
internacionales en materia de derechos de las mujeres. Entre sus compromisos, se encuentra
el reconocimiento y la promoción del derecho de las mujeres a igualdad de oportunidades y
trato, abarcando tanto el ámbito laboral, educativo y social, entre otros. Con respecto a la
discriminación, la ley en el artículo 1, expone que la discriminación contra la mujer denota
toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado
menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente
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de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y de la mujer, de los derechos
humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y
civil o en cualquier otra esfera.
Además, la Ley establece la necesidad de implementar medidas que favorezcan la
igualdad de género, como políticas públicas y programas diseñados para eliminar la
discriminación y apoyar a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad. También enfatiza la
importancia de garantizar y proteger los derechos humanos de las mujeres, en línea con los
estándares internacionales, lo que incluye el derecho a vivir libres de violencia, la igualdad
en el matrimonio y la familia, y la participación plena en la vida pública.
Por otro lado, a modo de ejemplo, otra de las leyes que se implementó a partir de las
recomendaciones que Argentina asumió al firmar la Convención y ratificarla, es la Ley
Nacional N.° 27.499, fue sancionada el 2 de diciembre de 2019 con el propósito de prevenir,
sancionar y erradicar la violencia de género en Argentina. Esta ley lleva el nombre de
Micaela, una joven víctima de femicidio, y se fundamenta en la necesidad de abordar
integralmente la violencia de género, reconociéndola como una grave violación de los
derechos humanos. Además, exige la capacitación de personal en contacto con víctimas y
establece un sistema de protección que incluye órdenes de restricción y asistencia integral
para las afectadas. Además, crea un Registro Nacional de Violencia de Género para mejorar
la coordinación y el seguimiento de los casos.
Por lo tanto, tanto la Ley N.º 23.179 y la Ley Nacional N.º 27.499, representan dos
hitos significativos en la lucha por la igualdad de género y la protección de los derechos de
las mujeres en Argentina. La primera, al ratificar la CEDAW, reafirma el compromiso del
país con los estándares internacionales de igualdad y no discriminación, estableciendo un
marco legal para enfrentar y erradicar la desigualdad y la discriminación en diversas esferas.
Por su parte, la Ley Micaela amplía y fortalece este marco mediante la implementación de
medidas específicas para prevenir y sancionar la violencia de género, destacando la necesidad
de una respuesta integral y coordinada. Juntas, estas leyes no solo reflejan un avance en la
protección de los derechos de las mujeres, sino que también subrayan la importancia de un
enfoque continuo y adaptativo para enfrentar la violencia de género y promover la igualdad
efectiva. La implementación efectiva de estas leyes requiere un compromiso firme y
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sostenido tanto a nivel gubernamental como en la sociedad civil para garantizar que las
promesas de igualdad y protección se traduzcan en cambios reales y duraderos.
A modo de conclusión, la historia de los derechos humanos refleja una evolución
constante en la búsqueda de la igualdad y la dignidad para todas las personas. Desde los
primeros conceptos filosóficos en la antigüedad hasta la adopción de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos en 1948, y la posterior creación de instrumentos
específicos como la CEDAW en 1979, se observa un progreso significativo en el
reconocimiento y protección de los derechos fundamentales. Sin embargo, este proceso no
ha sido lineal ni está completo. La implementación efectiva de estos derechos sigue siendo
un desafío global, especialmente en lo que respecta a la igualdad de género. La CEDAW y
sus protocolos facultativos representan un hito importante en este sentido, proporcionando
un marco legal internacional para combatir la discriminación contra la mujer y promover la
igualdad sustantiva en todos los ámbitos de la vida. No obstante, la plena realización de estos
derechos requiere un compromiso continuo de los Estados, la sociedad civil y la comunidad
internacional para transformar las normas culturales, implementar políticas efectivas y
garantizar el acceso a la justicia para todas las personas.
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Referencias bibliográficas
Argentina (1985). Ley 23.179: Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer. Boletín Oficial, 8 de mayo de 1985.
[Link]
Argentina (2019). Ley 27.499: Ley Micaela de Capacitación Obligatoria en Género para
Todas las Personas que Integran los tres Poderes del Estado.
[Link]
De Todas, L. F. D. D. (2003). Convención sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra la mujer.
Huerta, G. (2012) La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la mujer (Fascículo 6). Ed: Zeury S. A.
Mena, K. C., de Alba, X. M., Pérez, N. G. O., Sevilla, A. M., & Salazar, I. Y. N. (2004).
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW).
Office of the High Commissioner for Human Rights. (n.d.). Convention on the elimination
of all forms of discrimination against women. United Nations. Retrieved August 20,
2024, from [Link]
mechanisms/instruments/convention-elimination-all-forms-discrimination-against-
women
Red por una familia sin violencia (2018) Desigualdad de oportunidades entre hombres y
mujeres. [Link]
Wlasic, J. C. (2006). Manual crítico de derechos humanos. La Ley.
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Anexos
Convenio sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer:

Firmado: 18 de diciembre de 1979


Nueva York, Estados Unidos
En vigor: 3 de septiembre de 1981
Condición: 20 ratificaciones
Firmantes: 99
Partes: 189
Depositario: Asamblea General de las Naciones Unidas
Idiomas: Árabe, chino, español, francés, inglés, y ruso

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La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada durante la Revolución Francesa, marcó un hito al reconocer formalmente derechos naturales, inalienables y sagrados como la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. No obstante, su aplicación original fue limitada, ya que excluyó a mujeres, personas sin propiedades y analfabetos .

El proceso de independencia de América Latina estuvo marcado por una fuerte influencia de las ideas liberales en lo político y económico, reflejadas en los intentos de construir nuevas naciones independientes de herencias coloniales complejas. Las guerras de independencia al inicio del siglo XIX buscaron implementar constituciones que aseguraran derechos y libertades, en un contexto influenciado por las revoluciones norteamericana y francesa .

A diferencia del proceso gradual británico que limitó el poder de la monarquía mediante la imposición de la Carta Magna y la supremacía del Parlamento, las revoluciones norteamericana y francesa implicaron una ruptura radical con el orden de poder establecido. Ambas revoluciones desembocaron en la aprobación de constituciones que enfatizaban los derechos individuales y la igualdad, reflejando las ideas de John Locke sobre los derechos inalienables y el consentimiento de los gobernados .

El cristianismo ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de los derechos humanos en Occidente a través del reconocimiento de la dignidad suprema del ser humano como hijo de Dios y la difusión del concepto de Derecho Natural. Este enfoque se reflejó en las teorías teocráticas medievales, como las ideas de San Agustín sobre Dios como fuente de poder humano y la noción de Santo Tomás de Aquino de un orden legal cuatripartito que incluye la ley eterna y la ley natural .

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer supervisa la aplicación de la CEDAW, asegurando que los estados partes cumplan con sus compromisos. Está compuesto por 23 expertos que evalúan informes de los estados y emiten recomendaciones para mejorar la legislación y políticas de igualdad de género. También aboga por la eliminación de patrones socioculturales que perpetúan la discriminación .

La Carta Magna de 1215 es considerada un antecedente importante porque impuso límites al poder absoluto del rey Juan Sin Tierra, garantizando derechos y libertades para la Iglesia y los hombres libres del reino, como la protección contra la confiscación arbitraria de tierras o bienes. Este documento sentó las bases para el reconocimiento de derechos fundamentales y la supremacía del Parlamento sobre la Corona .

Las constituciones mexicana de 1917 y la de Weimar de 1919 reflejan la transición al constitucionalismo social al incorporar derechos económicos, sociales y culturales junto a los civiles y políticos. Este enfoque se aparta del constitucionalismo clásico al reconocer la necesidad de atender también los derechos relacionados con el bienestar social y económico, estableciendo mecanismos legales y legislativos para su efectivo cumplimiento .

El siglo XX marcó una transformación en el enfoque hacia los derechos humanos con la transición del constitucionalismo clásico, que se centraba en derechos civiles y políticos, al constitucionalismo social, que incorporó derechos económicos, sociales y culturales. Además, la creación de organismos como las Naciones Unidas en 1945 y la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, significaron una ampliación de los derechos reconocidos y el establecimiento de marcos internacionales para su protección .

La CEDAW, adoptada en 1979, ha proporcionado un marco legal internacional para combatir la discriminación de género y promover la igualdad sustantiva. Exige que los estados partes implementen medidas legislativas y de política para asegurar la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres. Aborda la discriminación en diversas esferas, desde la eliminación de disposiciones discriminatorias hasta el establecimiento de tribunales para garantizar la protección efectiva contra la discriminación .

A pesar del marco legal proporcionado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el CEDAW, persisten desafíos significativos en su implementación efectiva. Estos incluyen la transformación de normas culturales, la implementación de políticas efectivas y garantizar el acceso a la justicia para las mujeres. La discriminación de género sigue siendo un problema, requiriendo compromiso continuo de los estados y la sociedad civil para asegurar la igualdad de género .

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