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1 Semio

La piel es el órgano más extenso y complejo del cuerpo animal, actuando como barrera y reflejando la salud general del organismo. Su estructura incluye la epidermis, dermis y hipodermis, cada una con funciones específicas como protección, regulación térmica y metabolismo. Las lesiones cutáneas pueden comprometer estas funciones y requieren un examen clínico detallado para un diagnóstico adecuado.

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1 Semio

La piel es el órgano más extenso y complejo del cuerpo animal, actuando como barrera y reflejando la salud general del organismo. Su estructura incluye la epidermis, dermis y hipodermis, cada una con funciones específicas como protección, regulación térmica y metabolismo. Las lesiones cutáneas pueden comprometer estas funciones y requieren un examen clínico detallado para un diagnóstico adecuado.

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INTRODUCCIÓN.

La piel es el órgano más extenso del cuerpo y representa una barrera fisiológica
entre el animal y el ambiente que lo rodea. Su estructura y funciones son complejas, de
allí que, desde el punto de vista clínico, las lesiones que asientan en ella se transforman
en uno de los problemas más comunes de la actividad profesional y en ocasiones se
tratan de verdaderos desafíos diagnósticos.
En los animales, “la piel es el espejo de la salud”, pues sobre ella repercuten no
solo los deterioros propios, sino también los trastornos de otros sistemas y aparatos,
desequilibrios enzimáticos, endócrinos, trastornos alérgicos y alteraciones del
metabolismo. De la misma manera, las lesiones en la piel pueden comprometer el
funcionamiento de dichos aparatos.
Recordatorio:
La piel es uno de los órganos más importantes del cuerpo de los animales y está
adaptada para cumplir numerosas funciones:
❖ Barrera: es la más importante e interviene regulando la pérdida de agua,
electrolitos y macromoléculas.
❖ Protección: ante agentes físicos, químicos y microbiológicos.
❖ Regulación térmica: en animales homeotermos, a través del manto piloso, la
circulación sanguínea y las glándulas sudoríparas y sebáceas.
❖ Sensorial: debido a la presencia de terminales nerviosas, participa en la
percepción del calor, frio, presión, dolor.
❖ Excretora: colabora en la eliminación de metabolitos tóxicos del organismo
(órgano emuntorio).
❖ Secretora: mediante el funcionamiento de las glándulas sudoríparas y sebáceas.
❖ Metabólica: mediante la síntesis de precursores de la queratina, melanina, y la
vitamina D (a partir del colesterol).
❖ Inmunoregulación: gracias a las células del sistema inmune, participa evitando
el desarrollo de procesos infecciosos y neoplásicos.
❖ Actividad antimicrobiana: por la continua descamación y el pH ligeramente
ácido, posee actividades antibacterianas y antifúngicas.
❖ Regulación de la presión sanguínea: debido al extenso lecho capilar dérmico.
❖ Almacenamiento: de vitaminas, minerales, agua, lípidos, carbohidratos y
proteínas.
❖ Pigmentación: aporta el color del manto y de la piel y colabora en la prevención
de lesiones provocadas por los rayos UV.
❖ Comunicación: del estado de salud del animal, de identidad sexual y estados
emocionales (a través de feromonas).
Debe notarse que, de acuerdo con la gravedad de las lesiones que asienten en la
piel, pueden verse alteradas algunas o todas las funciones mencionadas.
La estructura microscópica de la piel incluye dos capas principales: la epidermis
(externa) y la dermis (interna). Un tercer estrato, en relación con la superficie profunda
de la dermis es la hipodermis o tejido celular subcutáneo (Figura 1). La epidermis es

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la capa más superficial de la piel y se trata de un epitelio grueso, plano estratificado
queratinizado. El espesor de este estrato puede variar en las diferentes regiones
corporales e incluye varias capas celulares que, desde la más interna hacia el exterior se
denominan:
✓ Estrato basal.
✓ Estrato espinoso.
✓ Estrato granuloso.
✓ Estrato lúcido.
✓ Estrato córneo.
La descamación gradual del estrato córneo es balanceada por la activa
proliferación de las células del estrato basal, lo que mantiene un espesor uniforme en la
epidermis. El tiempo de recambio celular (desde el estrato basal al córneo) es de
aproximadamente 22 días. El corte de pelos disminuye ese período de tiempo a 15 días.
En algunas razas caninas, puede ser mucho más corto.
La dermis, de tejido conectivo, se encarga de brindar la mayor parte de la
resistencia a la tensión y de la elasticidad de la piel. Posee dos estratos definidos: el
estrato papilar y el estrato reticular. La dermis papilar se encuentra inmediatamente por
debajo de la epidermis, recibiendo esta denominación por las proyecciones digitiformes
que se anclan en la misma (papilas dérmicas). Se trata de un tejido conectivo laxo, con
abundante vascularización e inervación, donde asientan la mayor cantidad de anexos
cutáneos. La dermis reticular, se trata de un tejido conectivo denso, profundamente
ubicado y hasta el cual pueden llegar algunos de los anexos.
Entre la epidermis y la dermis se describe una zona denominada zona de
membrana basal, que constituye la interfase fisicoquímica entre ambos estratos. Su
importancia radica en que recaen en dicha zona ciertas funciones fundamentales, tales
como el anclaje de la epidermis, su mantenimiento nutricional y funcional, la
cicatrización de heridas y la función de barrera. Sus componentes juegan un papel
importante en ciertos desordenes dermatológicos autoinmunes.
La hipodermis, subcutis o tejido celular subcutáneo, es la capa más profunda
del sistema tegumentario. En animales con buen estado nutricional, presenta abundante
cantidad de tejido adiposo, estando el 90% de su peso constituido por triglicéridos. No
existe subcutáneo en algunas zonas del cuerpo como los labios, parpados, mejillas, oído
externo y ano. Se le atribuyen a este estrato las funciones de reserva de la grasa
corporal, termogénesis, mantenimiento de la temperatura, amortiguación mecánica y
soporte. Representa, además, una vía alternativa para la aplicación de ciertas drogas.

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Figura 1. Estructura de la piel. Disponible en www.wikipedia.org
Ecología cutánea.
En condiciones normales, la piel de los animales presenta una microflora propia,
conformada por microorganismos alojados en la epidermis superficial o dentro de los
folículos pilosos. Esta flora normal incluye un conjunto de bacterias, levaduras
(Malassezia sp.) y ácaros (Demodex sp.) que viven en simbiosis. Las bacterias banales
de la piel pueden clasificarse como residentes o como transitorios:
❖ Los organismos residentes son aquellos que se multiplican con éxito en la piel
normal (Estafilococos sp., Estreptococos sp., entre otros).
❖ Los organismos transitorios son aquellos que no se multiplican en la piel normal
de la mayoría de las especies, pueden cultivarse a partir de ella, pero no son
significativos a menos que estén involucrados en procesos patológicos como invasores
secundarios u oportunistas (E. coli, Proteus sp., Pseudomona sp., entre otros).
En ocasiones, las bacterias de otras regiones del organismo pueden estar
involucradas en trastornos de la piel. Por ejemplo, en las heridas provocadas por
mordeduras de perros o gatos, los microorganismos patógenos pertenecen a la flora de
la cavidad bucal. La contaminación fecal de la piel y tejidos blandos, especialmente por
contacto o por lamido de heridas, puede causar contaminación con anaerobios fecales
(Clostridium sp., Fusobacterium sp., etc.).

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EXPLORACIÓN CLÍNICA DE LA PIEL.
El examen de la piel debe realizarse en forma detallada, teniendo en cuenta cada
uno de los puntos contemplados en la reseña, anamnesis y en el examen objetivo.
RESEÑA.
Especie: existen dermatopatías propias de cada especie y su localización, así
como sus manifestaciones clínicas, son variables en cada una de ellas. Son ejemplos las
ectoparasitosis, las enfermedades endócrinas, alérgicas, inmunomediadas, entre otras.
Raza: determinadas razas pueden presentar predisposición a sufrir trastornos de la
piel, tratándose a veces de condiciones hereditarias o congénitas. Los animales
despigmentados son más sensibles a la radiación solar y a ciertos trastornos alérgicos;
las porciones de piel entre los grandes pliegues cutáneos de algunas razas caninas
presentan una pobre aireación, mayor temperatura y humedad provista por las
secreciones y excreciones (lágrimas, saliva u orina); este microambiente favorece la
maceración de la piel y facilita a adhesión y la colonización de bacterias e incluso
levaduras.
Sexo: es importante en los animales no castrados, donde ciertas dermatopatías
tienen relación con desequilibrios hormonales, como en los adenomas perianales o la
hiperplasia de la glándula supracaudal (cola de semental) en los machos con
hiperandrogenismo.
Edad: es útil en la orientación de algunos procesos que solamente aparecen en
determinados periodos de vida. La demodicosis y las enfermedades alérgicas son más
frecuentes en los animales jóvenes, mientras que las dermatopatías endócrinas y
neoplásicas, en los animales adultos.
Pelaje: es importante en relación con la cantidad y distribución del pigmento. Los
animales con poco pigmento o que carecen del mismo, están predispuestos a sufrir
trastornos provocados por la radiación solar; los caballos tordillos tienen predisposición
al melanosarcoma; los bovinos con despigmentación periocular con frecuencia
presentan carcinoma de células escamosas.
Aptitud: de gran importancia en ovinos y caprinos destinados a la producción de
fibras (lana o pelos), donde cualquier afección en la piel puede llevar a la disminución
de su valor comercial. En los animales de trabajo o en los perros de compañía, los
implementos que se utilizan con frecuencia (monturas, arneses, collares) pueden
ocasionar lesiones.

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ANAMNESIS.
Debe ser detallada a fin de no omitir datos que pueden ser de gran valor. Es
recomendable para este objetivo contar con fichas diseñadas previamente, donde puedan
registrarse los datos de mayor utilidad acerca del proceso:
➢ Inicio: para obtener una idea de la cronicidad del proceso patológico, es
necesario conocer el momento de inicio de la afección.
➢ Rascado: indica la presencia o ausencia de prurito. Interesa conocer la
frecuencia, intensidad, momento del día, etc.
➢ Circunstancia de aparición: puede ser súbita o progresiva, relacionada con
alguna estación del año, con cambios recientes en su entorno, baños, medicaciones
utilizadas (tipo, dosis, vía y fecha de aplicación).
➢ Evolución: es importante conocer la región del cuerpo donde se inició el
trastorno, descripción de las lesiones primarias, tendencia a la generalización o a la
remisión (facilita la confección del dermograma).
➢ Alimento: tipo y composición del alimento que consume el animal,
suplementos, golosinas, posibilidad de que esté siendo alimentado en otro lugar.
➢ Hábitat: el ambiente en que habita el animal y el tiempo que pasa en ese
ambiente, presencia de otros animales domésticos o salvajes, plantas, mantas, ropas,
productos de limpieza, etc.
➢ Otros animales o personas afectadas: si existen animales de la misma camada
u otros que convivan con el paciente con la misma afección; orienta hacia posibles
trastornos hereditarios o enfermedades contagiosas con potencial riesgo zoonótico
(sarna, micosis).
➢ Otras enfermedades: previamente o que padece en concomitancia. La diabetes,
Cushing, hipotiroidismo, entre otros, pueden ocasionar trastornos de la piel.

Examen de los síntomas subjetivos de la piel.


De importancia en la orientación diagnóstica, son aquellos datos percibidos
únicamente por el paciente, pero que necesariamente el veterinario debe indagar. Los
síntomas de importancia en medicina veterinaria son la sensibilidad (táctil y térmica), el
dolor y el prurito.
❖ Sensibilidad: se explora mediante la aplicación de elementos fríos o calientes
sobre la superficie de la piel o bien por medio de pinchazos o deslizamiento de objetos
(punta de una aguja, uñas de los dedos) (Figura 2). De acuerdo con la reacción del
animal ante tales estímulos, la sensibilidad puede estar aumentada (hiperestesia,
hiperafia), disminuida (hipoestesia, hipoafia) o abolida (anestesia, anafia).

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Figura 2. Exploración de la sensibilidad cutánea.
❖ Dolor: o dermatodinia, se presenta en afecciones sobreagudas, lesiones
traumáticas o por la acción directa de ciertas sustancias irritantes. Se manifiesta
generalmente por el lamido de la parte afectada o por las reacciones de defensa del
animal ante la exploración. El lamido excesivo puede contaminar heridas o provocar
lesiones (autoinfligidas). La sensación de dolor puede estar exacerbada (hiperalgesia),
disminuida (hipoalgesia) o abolida (analgesia) (Figura 3).

Figura 3. El lamido de una zona puede indicar dolor, además de contaminar o provocar
lesiones. Disponible en www.foyel.com.
❖ Prurito: también denominado comezón o picazón, es una sensación especial de
hiperestesia que provoca en el animal el deseo de rascarse. Su presencia o ausencia es
“determinante en el diagnóstico diferencial” de las dermatopatias. Puede considerarse
una enfermedad en sí misma ya que, al no eliminarse la causa, en la mayoría de los
casos se convierte en un trastorno cronificado. El rascado alivia el prurito del animal y
resulta placentero, lo que lleva a la continuidad de este y al daño de la barrera cutánea
(ya alterada por la inflamación); la barrera se hace más permeable y susceptible al
ingreso de elementos exógenos (pruritógenos) y, por lo tanto, a desarrollar reacciones de
hipersensibilidad o reacciones inflamatorias directas. Con la inflamación cutánea se
liberan mediadores químicos, que en la mayoría de los casos también son mediadores
del prurito. El ciclo: prurito - rascado - empeoramiento de la condición cutánea conduce
a una serie de cambios morfológicos: hiperpigmentación, engrosamiento
(hiperqueratosis-liquenificación) y sobrecrecimiento/alteración de la flora microbiana.
Se cree que las células nerviosas desempeñan un papel en la fisiopatología del
prurito y también pueden contribuir a la cronicidad del proceso. Se han observado
respuestas excesivas frente a estímulos (pruritógenos) normales o inocuos, lo que puede
deberse al exceso de mediadores o al aumento de la densidad de las fibras nerviosas
(hiperreactividad nerviosa periférica y/o central).

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El prurito puede manifestarse de diferentes formas (Figura 4):
➢ Rascado con las patas (en zonas accesibles).
➢ Frotamiento contra objetos duros (dorso, lomo, cuello, ano).
➢ Sacudidas de la cabeza (en determinadas otitis).
➢ Rascado con los dientes (muy intenso), hasta automutilación.
➢ Lesiones provocadas por el prurito (Prurito escrito o de Leblois).

Figura 4. Diferentes manifestaciones de prurito.

Es importante recordar que cada animal, en condiciones normales, presenta zonas


corporales “pruriginosas”, en las que un mínimo estimulo provoca el rascado. Estas
zonas se ubican en el dorso, lomo y márgenes de las orejas y son diferentes en cada
individuo.
Tipos de prurito.
Una vez constatada la presencia del prurito, es importante clasificarlo mediante la
determinación de sus características:
➢ Aparición: el prurito puede ser.
✓ Espontáneo: se presenta sin que medie una causa “aparente”.
✓ Provocado: aparece cuando media una causa externa (ectoparásitos).
➢ Localización: el prurito puede ser.
✓ Localizado: en determinadas regiones corporales, miembros, orejas, ano,
punta de la cola, etc.
✓ Generalizado: difícil de determinar una ubicación exacta, al animal le
“pica todo”.
➢ Duración: el prurito puede presentarse en forma continua o ser intermitente
(paroxístico).
➢ Intensidad: debe tenerse en cuenta que la intensidad puede variar en función a
la percepción de la persona que la evalúa (propietario o clínico) así como también por el
temperamento del animal; los animales linfáticos pueden ser poco “demostrativos”, a
diferencia de aquellos animales de temperamento nervioso. Otros factores tales como el

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aburrimiento, la ansiedad, el stress, pueden modificar la intensidad con que se
manifiesta el prurito.
Examen de los signos objetivos de la piel.
Se realiza por medio de los métodos generales de inspección y palpación y en
algunos casos se puede recurrir a los exámenes complementarios.
INSPECCIÓN.
Debe considerarse la posibilidad de contar con una buena iluminación (natural o
artificial); en determinadas ocasiones son necesarios algunos elementos de
magnificación (lupas, microscopios, etc.). En primer lugar, se debe apreciar la piel del
paciente tal cual se presenta al momento de la consulta, observándolo desde una cierta
distancia. Con esta apreciación se obtiene una idea acerca del “Estado General del
Manto”. Una vez obtenido y clasificado este dato como excelente, muy bueno, bueno,
regular o malo, puede procederse al lavado, rasurado o eliminación de costras, para
exponer la piel enferma. Se obtendrán así los siguientes datos:
I. Color de la piel.
Para apreciar este dato, se deben observar las regiones corporales desprovistas de
pelos (o plumas) y con escasa pigmentación o bien recurrir al examen de las conjuntivas
y mucosas aparentes que, en condiciones normales, presentan el mismo color que la piel
(rosado o rosado pálido). Así, las variaciones anormales presentan las mismas
consideraciones (Cuadro 1).

Cuadro 1. Coloraciones anormales de la piel.

❖ Enrojecimiento: como su nombre lo indica, se trata de una coloración rojiza de


la piel. Esta condición puede deberse a un aumento en la irrigación activa local
(hiperemia), a un drenaje venoso disminuido (congestión) o bien a una extravasación

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de la sangre (hemorragia). (Ver lesiones elementales de la piel - Maculas). La
congestión, puede derivar en cianosis.
❖ Palidez: esta condición implica una disminución en la cantidad de sangre
circulante en la piel. Las causas son variadas y pueden obedecer a alteraciones locales o
sistémicas. Algunos ejemplos pueden incluir la vasoconstricción periférica
(temperaturas frías), isquemia, hemorragias internas o anemia.
❖ Cianosis: se denomina así a la coloración anormal de la piel, con un tinte
azulado o violáceo. Esta alteración indica una cantidad anormal de sangre poco
oxigenada (carbaminohemoglobina). Su hallazgo puede estar relacionado a trastornos en
el retorno de la sangre venosa (insuficiencia cardiaca) o con alteraciones respiratorias
que afecten a la hematosis (edema pulmonar, intoxicaciones).
❖ Ictericia: se trata de una coloración amarillenta de la piel debido a un aumento
anormal de los niveles de bilirrubina. La bilirrubina es un pigmento derivado de la
hemoglobina, que una vez formado es metabolizado y eliminado principalmente por la
bilis (hacia el intestino delgado) y en parte por la orina. Un aumento anormal de este
pigmento puede tener un origen hemático (o pre hepático), en ciertas enfermedades
parasitarias o infecciosas que provoquen hemólisis; un origen hepático, en
enfermedades primarias del hígado (neoplasias, hepatitis) o bien un origen post
hepático, cuando la excreción se halla alterada a causa de una obstrucción de las vías
biliares (por cálculos, neoplasias, enteritis, etc.). Esta coloración anormal aparece
cuando los niveles del pigmento circulante en sangre superan los 2 mg/dl (siendo su
valor normal de 0,3 – 1 mg/dl) y es mejor apreciada en los tejidos ricos en fibras
elásticas (como la esclerótica).

II. Presencia de lesiones.


Las “lesiones elementales” son signos objetivos de las dermatopatias ya que su
presencia implica alteraciones en la estructura de la piel; se caracterizan por ser
morfológicamente bien definidas y se clasifican en: Primarias y Secundarias. Las
lesiones elementales pueden ser de naturaleza traumática, congestiva, hemorrágica,
inflamatoria, edematosa, degenerativa y pigmentaria.
Se agrupan bajo la denominación de lesiones Primarias a aquellas lesiones que
aparecen sobre la piel previamente sana y se subdividen, a su vez, en lesiones de
naturaleza sólida y liquida (Cuadro 2). Están asociadas directamente con el proceso de
la enfermedad, aunque no son necesariamente patognomónicas. Las lesiones
Secundarias son aquellas que resultan de la evolución y transformación de las
primarias, es decir, que aparecen sobre la piel previamente enferma (Cuadro 3).
Por lo general, sobre un mismo paciente pueden aparecer lesiones primarias,
secundarias y mixtas, por lo que se hace necesario un examen minucioso del paciente,
para poder identificarlas.

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Cuadro 2. Lesiones elementales primarias.

Cuadro 3. Lesiones elementales secundarias.

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Lesiones primarias de naturaleza sólida.
❖ Máculas o Manchas.
Son lesiones circunscriptas que modifican la coloración de la piel, sin alterar otras
características. De acuerdo con su etiología, las máculas pueden ser: vasculares,
hemáticas, pigmentarias y artificiales.
Las máculas Vasculares (Hiperémicas, Congestivas o Angiodermias) son de
color rojizo y se deben a una vasodilatación activa o pasiva de los vasos dérmicos. Por
su aspecto y tamaño, las máculas vasculares pueden recibir el nombre de roséola o
telangiectasias.

La roséola, es una mácula


circunscripta, redondeada u ovoidea y
desaparece a la presión, sin hacer
relieve sobre la piel (Figura 1).
Figura 1. Roséola.
Las telangiectasias (o arañas
vasculares) son manchas de tamaño y
localización diversa que aparecen por
la dilatación permanente de los
capilares dérmicos. Además de
encontrarse en la piel, se pueden
observar en las conjuntivas y
mucosas. Generalmente son Figura 2. Telangiectasia. Disponible en
asintomáticas, aunque pueden indicar www.iqb.es/dermatologia.
un defecto en la circulación sanguínea
local o sistémica (Figura 2).
Las maculas Hemáticas (Hemorrágicas, o Hematodermias) son manchas
provocadas por la extravasación de la sangre capilar de la dermis. A diferencia de las
anteriores, no desaparecen con la compresión. Por su aspecto y tamaño, las máculas
hemáticas pueden denominarse petequia, equimosis y víbices.

La petequia es una
hemorragia pequeña, puntiforme o
lenticular, cuya aparición se asocia
con anormalidades en la
coagulación sanguínea (Figura 3).
Figura 3. Hemorragias petequiales. Disponible en
www.iqb.es/dermatologia

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La equimosis se caracteriza por
la extravasación sanguínea que
presenta formas y extensiones
variables, en general en forma de
placas rojo-violáceas (Figura 4).
Figura 4. Manchas equimóticas. Disponible en:
dermatologiaveterinaria.unileon.es

Se conoce como Víbice o Veteadura a


la hemorragia en forma lineal o de estría
(marca de látigos). La aparición conjunta de
hemorragias petequiales, equimosis o
víbices se denomina Púrpura (Figura 5);
su presencia es indicativa de trastornos en la
coagulación (trombocitopenia). Figura 5. Púrpura trombocitopénica.
Disponible en www.iqb.es/dermatologia

Las máculas Pigmentarias engloban coloraciones cutáneas anormales, causadas


por el exceso (melánicas) o por la ausencia (acrómicas) de melanina. Debido a que en
muchos individuos se presentan normalmente manchas pigmentarias, éstas solo tienen
valor diagnóstico cuando se constatan modificaciones en el aspecto o en el número de las
ya existentes. Las manchas Melánicas (hiperpigmentación o hipermelanosis) se deben
a un exceso de pigmentación y de acuerdo con su forma y aspecto se conocen como
lentigo (peca) o nevo (lunar).

El Lentigo (peca), es una mancha


circunscripta causada por el depósito de
melanina en la epidermis; es indolora,
apruriginosa y no sobreelevada (Figura 6).

Figura 6. Lentigo. Disponible en:


dermatologiaveterinaria.unileon.es
El Nevo o Lunar, es un defecto en el
desarrollo de la piel, circunscripto y
sobreelevado (Figura 7). Puede ser focal o
difuso y se observan de distintas variedades
(epidérmicas, verrugosas, dérmicas, pilosas,
sebáceas, sudoríparas, vasculares).

Figura 7. Nevo o Lunar. Disponible en:


dermatologiaveterinaria.unileon.es
Las manchas Acrómicas (hipopigmentación o hipomelanosis) se deben a la
pérdida o a la disminución en la cantidad de melanina en la epidermis. Esta condición
puede ser adquirida o congénita.

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El Albinismo es una condición
congénita caracterizada por la ausencia de
pigmentación en la piel y anexos (y en los
órganos internos que normalmente poseen
melanina); la coloración de los ojos suele
ser rojiza (Figura8).
Figura 8. Albinismo. Disponible en:
dermatologiaveterinaria.unileon.es
El Vitíligo es una afección caracterizada por la destrucción selectiva de los
melanocitos de la piel y de los pelos, lo que provoca leucodermia y leucotriquia
(despigmentación de la piel y del pelo). Aparecen zonas acrómicas rodeadas por un
margen hiperpigmentado sin asociación con prurito, lesiones o cambios en el espesor de
la piel. Su extensión es variable y la aparición es lenta y de persistencia indefinida;
generalmente aparece en animales jóvenes – adultos, en el plano nasal, labios, hocico,
mucosa bucal y almohadillas plantares. Se lo conoce vulgarmente como "nariz gastada"
o "nariz nevada" (Figura 9).

Figura 9. Vitíligo en Canino y en Equino.


Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es
Las maculas Artificiales (Tatuajes) en los animales de compañía son utilizadas
con fines identificatorios para los animales de pedigree; en los animales de producción
persiguen la misma finalidad, pudiendo registrarse además datos del establecimiento,
año de nacimiento y número del animal (Figura 10).

Figura 10. Tatuajes en animales domésticos. Disponible en


www.identificaciondeganadovb.blogspot.com

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❖ Pápula y placa.
Se trata de una pequeña elevación edematosa de la piel, de diámetro inferior a 0,5
cm. y de consistencia firme (Figura 11A). La confluencia de varias pápulas recibe el
nombre de placa (/B) y puede alcanzar mayores dimensiones.

Figura 11. Pápula (A) y placa (B). Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es


❖ Tubérculo.
Es una elevación firme y superficial
localizada en el espesor de la epidermis, por
lo que, al comprobar su movilidad, se
desplaza junto con la piel. Puede tener
tamaño de un poroto o alcanzar
dimensiones semejantes al de un huevo de
gallina (Figura 12). Figura 12. Tubérculo. Disponible en:
dermatologiaveterinaria.unileon.es
❖ Nódulo.
Es una elevación firme, circunscripta, de mayores dimensiones que la pápula (más
de 0,5 cm.) y más profunda que el tubérculo, por lo que, al comprobar su movilidad, la
piel desliza sobre ella (Figura 13). Algunos autores denominan nódulo a toda lesión
cutánea, con las características mencionadas, con asiento en la epidermis, dermis o en la
hipodermis, pudiendo hacer relieve en la superficie de la piel y ser identificable por la
palpación. Este concepto dejaría en desuso al término de tubérculo, ya que no sería
necesaria la distinción por la ubicación superficial o profunda de la lesión.

Figura 13. Nódulo. Disponible en:


dermatologiaveterinaria.unileon.es.

❖ Tumor
Es todo agrandamiento de origen neoplásico, inflamatorio, traumático (u otro), de
tamaño y forma variable, que puede afectar a cualquier estructura de la piel o del tejido
subcutáneo. El término (mejor llamado tumoración), puede describir deformaciones
causadas por neoplasias, abscesos, hematomas o hernias. Desde el punto de vista
oncológico, la lesión tiende a persistir por tiempos prolongados o a crecer
indefinidamente y a presentar otras alteraciones concomitantes (Figura 14).

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Figura 14. Tumor de origen neoplásico. Disponible
en: dermatologiaveterinaria.unileon.es

❖ Roncha o habón.
Es una tumefacción edematosa,
redondeada, elevada, superficial y
transitoria, generalmente acompañada
de prurito (Figura 15A). La reacción
de la piel caracterizada por la aparición
de un gran número de ronchas se
denomina urticaria (/B). Figura 15. Roncha (A) y Urticaria (B). Disponible
en: dermatologiaveterinaria.unileon.es
❖ Escamas.
Es el proceso que implica el desprendimiento espontáneo de una gran cantidad de
células de la capa córnea de la epidermis, sin otra lesión elemental previa, hecho que las
diferencia de la “tenue” e imperceptible descamación normal (Figura 16).

Figura 16. La descamación afecta al estrato


córneo. Disponible en www.iqb.es/dermatologia

La presencia de escamas en la piel supone un defecto en la hidratación, un


desorden de la queratinización (seborrea) o bien la existencia de ectoparásitos o
infecciones crónicas. Las dimensiones de las escamas son variables; así, las pequeñas y
muy finas se denominan harinosas o furfuráceas (también eflorescencia) y las más
gruesas, reciben el nombre de foliáceas. Se denomina collarín o collarete epidérmico a
los restos de capas epidérmicas que una vez formaron el “techo” de una vesícula,
ampolla o pústula (es una lesión secundaria). Los collaretes tienen forma circular,
ligeramente elevadas, con margen eritematoso y un centro de color claro o ligeramente
pigmentado. Pueden expandirse y unirse entre sí para formar collaretes más extensos
(Figuras 17A, B y C).

Figura 17. Descamación. Furfurácea (A), foliácea (B y collarete epidérmico (C).


Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es

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Lesiones primarias de naturaleza liquida.
❖ Vesícula.
Es una elevación pequeña, delimitada y transitoria, de hasta 1 cm. de diámetro,
con contenido seroso, rodeado por una membrana frágil. Las vesículas pueden ser
intradérmicas o subepidérmicas (Figura 18).

Figura 18. Vesículas. Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es


❖ Ampolla o Flictena.
Es una cavidad circunscripta, de contenido líquido seroso o hemorrágico (no
purulento), en general de mayor tamaño que las vesículas (Figura 19). La presencia de
ampollas en la piel supone un desprendimiento de células intraepidérmicas
(queratinocitos) o de la unión dermo-epidermica y, en base a esto, pueden romperse con
facilidad o no hacerlo (Signo de Nikolsky positivo o negativo, ver palpación).

Figura 19. Ampollas. Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es


❖ Pústula.
Es una elevación redondeada y
circunscripta, semejante a la vesícula o
a la ampolla, de las que puede derivar
(por lo que también puede ser
secundaria) pero con contenido
purulento. Las pústulas pueden tener
ubicación epidérmica, intradérmica o Figura 20. Pústulas. Disponible en:
folicular (Figura 20). dermatologiaveterinaria.unileon.es
❖ Quiste.
Se trata de una bolsa o cavidad
revestida por epitelio, con contenido
liquido o sólido, liso, circunscripto,
fluctuante o firme. Por lo general contiene
restos celulares, folículos pilosos o
secreciones sebáceas y puede alcanzar Figura 21. Quiste. Disponible en:
grandes dimensiones (Figura 21). dermatologiaveterinaria.unileon.es

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Lesiones secundarias.
Son el resultado del trauma y de la evolución de la enfermedad y algunas de ellas
derivan de las lesiones primarias, las que pueden permanecer junto con las secundarias
(estas últimas son menos específicas).
❖ Maculas o Manchas.
Son lesiones circunscriptas en la coloración de la piel, sin modificación de otras
características. De acuerdo con su etiología, las maculas pueden ser: vasculares o
pigmentarias.
Las máculas Vasculares (Hiperémicas, Congestivas o Angiodermias) son de
color rojizo y se deben a una vasodilatación activa o pasiva de los vasos dérmicos. Se
conoce como Eritema al enrojecimiento difuso, sin forma ni límites definidos,
secundario a un proceso inflamatorio. Es una lesión hiperémica o congestiva por lo que
desaparece a la compresión por unos segundos. Puede rodear a otras lesiones (vesículas,
pústulas) (Figura 22).

Figura 22. Eritema. Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es

Las máculas Pigmentarias engloban coloraciones cutáneas anormales, causadas


por el exceso (melánicas) o por la ausencia (acrómicas) de melanina.
Dentro de las manchas Melánicas
(hiperpigmentación o hipermelanosis),
la Acantosis, implica un engrosamiento
patológico de la epidermis, acompañada
de pigmentación melánica, la que es,
frecuentemente observada en las
regiones axilar e inguinal (Figura 23). Figura 23. Acantosis. Disponible en:
dermatologiaveterinaria.unileon.es
En el grupo de las Acrómicas
(hipopigmentación o hipomelanosis), la
Leucodermia (Figura 24) es una
condición adquirida y se trata de la
ausencia de pigmento en zonas que
sufrieron traumatismos, quemaduras,
infecciones, etc. Figura 24. Leucodermia. Disponible en:
dermatologiaveterinaria.unileon.es

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❖ Escamas.
Cuando las escamas aparecen luego de otra lesión, es decir, sobre un tegumento
ya alterado, se incluyen dentro de las lesiones secundarias. Estas escamas varían en
tamaño, adherencia, color y espesor (Figura 17C).

❖ Costra
Son concreciones formadas por la desecación de exudados aglutinados con
células, pelos, sangre, piocitos y cuerpos extraños (Figura 25), que aparecen en forma
de parche sobre una lesión subyacente. Pueden ser primarias o secundarias a vesículas,
pústulas o heridas.

Figura 25. Costra. Disponible en www.iqb.es/dermatologia


Las costras pueden tener diferentes tonalidades de acuerdo con el exudado que le
dio origen: amarillo–miel (exudado seroso), blanco-grisáceas (elevada celularidad),
rojizas (exudado sanguinolento), pardas (contaminadas con tierra, suciedad), amarillo-
verdosas (exudado purulento). Al inicio son blandas y adherentes y luego se endurecen,
se vuelven frágiles y terminan por desprenderse. Debajo de las costras existe un proceso
activo de reparación tisular y según la lesión que le dio origen puede o no resolver
dejando cicatriz., frecuentemente dejan maculas acrómicas. El proceso de
transformación que incluye pápula - vesícula - pústula - costra, recibe el nombre de
proceso impetiginoso.
❖ Comedón.
Se denomina así al folículo piloso dilatado con abundante contenido de queratina
y sebo, pudiendo o no estar pigmentado (punto negro). Aparece por la oclusión del
folículo piloso o por la hiperproducción de la glándula sebácea (seborrea). El acúmulo
anormal de este contenido predispone a la foliculitis bacteriana (Figura 26).

Figura 26. Comedón. Disponible en www.iqb.es/dermatologia

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❖ Foliculitis.
También llamada pústula
folicular, son pústulas que asientan en el
folículo pilosebáceo. Inicialmente
aparece como un punto rojo que a los
dos o tres días se vuelve purulento y en
una semana completa su evolución
hasta desaparecer. Se recubren de
Figura 27. Foliculitis bacteriana.
escamas y costras y rara vez ocasionan Disponible en https://nfnatcane.es/
cicatriz (Figura 27).
❖ Forúnculos.
Son foliculitis profundas
necrosantes y masivas que forman
tractos sinuosos de drenaje, causadas
por agentes bacterianos. Provocan
necrosis del folículo y de los tejidos
perifoliculares, eliminando un secuestro
de color negro-amarillento. Se ubica en
la dermis y deja cicatriz (Figura 28). Figura 28. Forunculosis. Disponible en:
www.dermatologiaveterinaria.unileon.es/
❖ Absceso y flemón.
Algunos procesos que implican el contiene puede difundir por el tejido
acúmulo de exudado purulento reciben subcutáneo, recibiendo la denominación de
distintas denominaciones de acuerdo con flemón o celulitis (/B) o exteriorizarse a
las características de estos. Se denomina través de la formación de un trayecto
absceso a la acumulación de pus en una anormal, denominado fístula.
cavidad neoformada y tapizada por una
membrana (membrana piógena) (Figura
29A). Es una lesión fluctuante y
circunscripta, de mayores dimensiones y
profundidad que la pústula y puede
localizarse en la dermis o en la hipodermis.
Se acompaña generalmente de signos
Figura 29. Absceso (A) y flemón (B). Disponible
inflamatorios como calor y dolor. Cuando
en: dermatologiaveterinaria.unileon.es
el contenido purulento supera los límites de
la membrana piógena o de la cavidad que lo
❖ Erosión.
Es una lesión que afecta a los estratos superficiales de la epidermis. Puede deberse
a trastornos inflamatorios o aparecer como consecuencia del desprendimiento de una
costra o rotura de una ampolla. Se caracteriza por un enrojecimiento de la piel,
generalmente desprovista de pelos y de aspecto húmedo; no deja cicatriz cuando
resuelve. Los “parches calientes” o “hot spots” (Figura 30), son lesiones erosivas
planas, húmedas y exudativas que aparecen en ciertas enfermedades pruriginosas de los
caninos y que pueden profundizarse rápidamente.
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Figura 30. Erosión. Disponible en www.iqb.es/dermatologia
❖ Excoriación.
Es una lesión ubicada en el espesor
de la epidermis, que al igual que la
anterior no afecta a la membrana basal,
por lo que resuelve sin dejar cicatriz. Son
ejemplos de excoriación aquellas lesiones
que aparecen en enfermedades
pruriginosas como consecuencia del Figura 31. Excoriación. Disponible en
rascado (Figura 31). www.iqb.es/dermatologia
❖ Exulceración.
Es una lesión que interesa solamente
a la epidermis, llegando a los estratos más
profundos. Puede ser secundaria a una
vesícula, pústula o flictena superficial y
generalmente deja una zona despigmentada
por el daño de los melanocitos del estrato
basal (Figura 32). Aparece en ciertas Figura 32. Exulceración. Disponible en
dermatologiaveterinaria.unileon.es
enfermedades autoinmunes.
❖ Grieta.
Es una lesión de forma lineal, con
características de exulceración. Se
observa en las uniones mucocutáneas,
pliegues, espacios interdigitales,
almohadillas digitales o en zonas de piel
sometidas a cierta tensión (Figura 33).
Figura 33. Grieta.
❖ Ulceración.
Es una lesión de mayor
profundidad, que alcanza y afecta a la
membrana basal, por lo tanto, en su
resolución deja una cicatriz. Puede
aparecer como consecuencia de la
eliminación de tejidos necróticos,
lesiones inflamatorias o neoplasias Figura 34. Ulceración. Disponible en
malignas (Figura 34). dermatologiaveterinaria.unileon.es

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❖ Fisura.
Es una lesión lineal provocada por
la separación de la epidermis hasta la
dermis (semejante a la ulceración).
Generalmente denota la pérdida de
elasticidad de la piel (Figura 35).

Figura 35. Fisura. Disponible en


www.iqb.es/dermatologia
❖ Úlcera.
Se denominan así a las lesiones de curso crónico, que no tienden a cicatrizar. Las
úlceras pueden aparecer sobre las prominencias óseas como consecuencia de decúbitos
prolongados o luego de lesiones graves de la piel. Cuando los bordes de la úlcera
cambian constantemente de forma, se denominan “fagedénicas”; si progresan en
profundidad, reciben el nombre de “terebrantes” y, si lo hacen superficialmente en
forma de zigzag, se denominan “serpiginosas” (Figura 36).

Figura 36. La úlcera no tiende a la cicatrización.


Disponible en www.iqb.es/dermatologia
❖ Escara.
Son lesiones con aspecto de
concreción, que aparecen luego de
lesiones necróticas. Pueden deberse a
heridas, incisiones, quemaduras o
isquemia. Tienen tendencia a eliminarse y
dejan cicatriz (Figura 37).

Figura 37. Escara.


❖ Atrofia.
Alteración en la que se hallan
disminuidos en número o volumen todos o
algunos de los elementos constitutivos de la
piel, en especial el tejido elástico de la
dermis. Se evidencia por una disminución
del espesor y consistencia de la piel y por la
visualización de la vasculatura dérmica
subyacente (Figura 38). La atrofia del Figura 38. Atrofia. Disponible en
www.iqb.es/dermatologia
tegumento puede tener un origen congénito
o adquirido (senil, enfermedad de Cushing).

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Procesos reparadores.
La presencia de una o más lesiones es indicativa de la existencia de alteraciones
(de gravedad variable) en la estructura y funciones de la piel. El organismo puede
responder mediante la reparación completa con células y tejidos idénticos a los
originales o mediante el reemplazo con tejido fibroso de relleno (afuncional) para cubrir
el defecto.
❖ Cicatriz.
Es un parche delgado de tejido
conectivo fibroso, denso que reemplaza a
los tejidos lesionados incapaces de
regenerarse (membrana basal dañada). La
cicatriz es avascular, inelástica y sin anexos
cutáneos (pelos, glándulas); generalmente
su superficie es lisa y regular (Figura 39). Figura 39. Cicatriz. Disponible en: www.iqb.es

❖ Cicatriz hipertrófica y Queloide.


Las cicatrices hipertróficas y los
queloides son formas de cicatrización
patológica. El queloide es una cicatriz de
consistencia firme que desborda en su
crecimiento los límites de la lesión original,
invadiendo la piel sana circundante (Figura
40). En cambio, la cicatriz hipertrófica,
adopta un aspecto sobreelevado, pero queda Figura 40. Queloide. Disponible en
confinada al área del traumatismo primario. www.iqb.es

❖ Hiperqueratosis.
Es el incremento en el espesor del
estrato córneo, sin descamación. Se
acompaña de grietas profundas,
sangrantes o ulceradas. El callo es una
hiperqueratosis localizada especialmente
en puntos de presión o de fricción (Figura
41). Figura 41. Hiperqueratosis.

❖ Liquenificación.
Es una modificación crónica del
aspecto y estructura de la piel, con
espesamiento de la epidermis y acentuación
de pliegues y líneas cutáneas. La piel tiene
un aspecto irregular, semejante a la corteza
de un árbol. Su color puede ser normal, Figura 42. Liquenificación. Disponible en:
hiper o hipopigmentada (Figura 42). dermatologiaveterinaria.unileon.es

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III - Presencia de ectoparásitos.
La inspección puede revelar la presencia de ectoparásitos (pulgas, garrapatas,
piojos, moscas, etc.). En ocasiones es necesario llevar a cabo un examen minucioso de
ciertas regiones corporales donde pueden alojarse los ectoparásitos (espacio interdigital,
pabellón auricular, pliegues cutáneos, etc.) o recurrir a técnicas complementarias que
permitan corroborar su presencia. El raspado de la piel para la identificación de ácaros,
el cepillado del manto sobre un fondo claro para hallar materia fecal de las pulgas, el
uso de cintas adhesivas o el estudio de los pelos (tricograma), son algunos ejemplos
(Figura 43).

Figura 43. Ectoparásitos macroscópicos y microscópicos.

OLFACIÓN.
Olor cutáneo.
En los animales sanos, la piel desprende un olor característico que no suele ser
desagradable. Este olor procede de la secreción sebácea, del sudor de las glándulas
sudoríparas y del producto del metabolismo bacteriano. Bajo determinadas
circunstancias (trastornos metabólicos, alergias, stress), el equilibrio de la flora banal de
la piel puede modificarse y de la misma manera provocar alteraciones en la secreción
sebácea (seborrea) y en la composición del sebo. De esta manera, el sebo presenta una
mayor proporción de ácidos grasos insaturados, probablemente, fenómeno responsable
del cambio de olor de la piel.

23
PALPACIÓN.
Sensibilidad.
Las consideraciones para este dato fueron expuestas en sensibilidad cutánea
(examen de los síntomas subjetivos de la piel).
Temperatura.
Su apreciación a través de la palpación es subjetiva, pero puede recurrirse a este
método cuando se desea tener una noción sobre la temperatura general del animal; para
ello se colocan las dos manos rodeando la base de los cuernos, la base de las orejas, las
cuartillas (equinos) o las mamas, por citar algunas regiones corporales de abundante
irrigación (Figura 44A). Cuando se desea comprobar una alteración local de la
temperatura, se aplica el dorso de la mano sobre la superficie que se desea explorar. En
este caso se debe comparar la temperatura de la región con zonas vecinas o con el lado
opuesto (/B).

Figura 44. Temperatura sistémica (A) y local (B).


Textura y Elasticidad.
La piel normal tiene una turgencia característica, es elástica y los pliegues
efectuados en ella vuelven rápidamente a su posición normal. En los grandes animales,
la elasticidad de la piel se evalúa realizando un pliegue a nivel de la tabla del cuello,
mientras que en los pequeños animales se realiza preferentemente a nivel de la parrilla
costal (Figura 45). Este parámetro depende en gran medida del grado de hidratación del
animal, como así también de la cantidad/calidad de tejido elástico. Debe tenerse en
cuenta, entonces, que los animales gerontes pueden presentar fisiológicamente una
disminución en la elasticidad cutánea, dato que puede hallarse alterado también en
enfermedades que cursen con deshidratación por depleción hídrica (diarreas, vómitos,
hemorragias) o en procesos que resuelvan con áreas extensas de tejido cicatrizal.

Figura 45. Pliegue cutáneo en grandes y en pequeños animales.

24
Espesor.
El espesor de la piel es variable en las diferentes especies, razas, sexos y en
diferentes regiones corporales. En líneas generales, el espesor de la piel disminuye
desde dorsal a ventral (en el tronco) y de proximal a distal (en los miembros). Es decir,
es más gruesa en la frente, en dorsal del cuello, del tórax, cadera y base de la cola y es
más delgada en los pabellones auriculares, axilas, ingle y región perianal. El espesor de
la piel puede estar aumentado o disminuido en diversos trastornos, como ha sido
descripto anteriormente.
Signo de Nikolsky.
Es una prueba diagnóstica que busca demostrar una adherencia intercelular
reducida de la piel, ante la presencia de ciertas lesiones elementales (como las
erosiones, ulceraciones, vesículas o ampollas).
Con un objeto romo o bien con los dedos se frota con presión débil o moderada la
piel sana o la que linda con las lesiones de la piel. Si la capa superficial se traumatiza o
desplaza con facilidad desprendiéndose en forma de láminas más o menos gruesas,
dejando zonas húmedas y rojas, el signo es positivo. Este dato es síntoma de una
adherencia intercelular reducida y orienta el diagnóstico hacia enfermedades
autoinmunes o tóxicas.

EXAMEN DE LOS PELOS.


Pelos: estructura.
El pelo de los animales domésticos desempeña importantes funciones,
principalmente de protección. Se sintetiza en los folículos pilosos que son complejas
estructuras dérmicas, consideradas como auténticos mini órganos. Los folículos pilosos
presentan una actividad cíclica que incluye una fase inicial donde el pelo nace y crece,
llamada fase anágena o anagen, una fase intermedia, de transición, donde el pelo deja
de crecer, llamada catágena o catagen y una fase de reposo, denominada telógena o
telogen, donde el pelo finalmente muere (Figura 46); en esta última fase, los pelos no
están anclados al folículo y se desprenden con facilidad durante la muda.

Figura 46. Raíz en fase telógena.


Diferentes factores pueden influir en el ciclo folicular: el fotoperiodo, hormonas
(prolactina, melatonina, esteroides), factores de crecimiento, nutrición y el estrés, entre
otros. El pelo posee tres capas (Figura 47). La médula, canal central que corre a lo
largo del pelo, en muchos animales es la predominante, ocupando la mayor parte de su
espesor; la corteza, formada por células alargadas y paralelas a la dirección de
crecimiento del pelo, le confiere la consistencia y pigmentación y, por último, la

25
cutícula, formada por células anucleadas y queratinizadas, dispuestas a modo de tejas.
Esta última cumple un papel protector y le confiere el brillo al pelaje del animal.

Figura 47. Capas del pelo: Cutícula (flecha negra), corteza (*) y médula (flecha
blanca).
El pelo, además, presenta tres porciones; una raíz, en la zona más profunda del
folículo piloso que puede variar de acuerdo con la fase en que se encuentre el pelo: en
anagen es redondeada, lisa y húmeda, lo que puede comprobarse por su propiedad de
adherirse a diversos objetos (vidrio, metal, etc.). El tallo, representa la casi totalidad del
pelo, el que debe presentar un aspecto y estructura uniforme en toda su longitud y,
finalmente, una punta o vértice que acaba en un extremo afilado. La discontinuidad en
el tallo o la ausencia del vértice del pelo se denomina fractura pilar y es frecuente de
observar en enfermedades pruriginosas.
El examen clínico de los pelos se realiza a través de la inspección y la palpación,
pudiendo resultar de utilidad algunos exámenes complementarios.
INSPECCIÓN.
Luego de considerar el “estado general del manto”, interesan los datos de color,
brillo y cantidad de pelos. También es importante considerar el largo, teniendo en
cuenta la estación del año entre otros factores.
Color del pelo.
La pigmentación de los pelos de cada animal puede ser uniforme o variar en
distintas regiones corporales como una característica racial o individual. El lamido
prolongado de una zona particular o el lagrimeo excesivo colorean de marrón a los pelos
debido a la oxidación que sufren los mismos. El exceso de pigmentación en el pelo se
denomina melanotriquia (Figura 48A) y puede observarse en procesos crónicos de la
piel. La ausencia de melanina, congénita (albinismo) o adquirida por quemaduras, roce
de arneses o deficiencias nutricionales (cobre) se denomina Leucotriquia (/B). En
animales seniles (caninos, equinos y bovinos), la aparición de pelos blanquecinos en la
cara y hocico recibe el nombre de canicie o poliosis (/C).

Figura 48. Melanotriquia (A), leucotriquia (B) y canicie (C).


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Brillo del pelo.
El brillo del pelaje es importante para reflejar la luz solar. Esta propiedad es de
importancia en animales que habitan climas cálidos, en los que los pelos brillantes
colaboran en la eliminación de calor. Las razas con pelos lanosos y opacos pueden
experimentar aumentos de su temperatura corporal y necesitan de otros mecanismos
para suplir esta función. El brillo del pelaje de un animal puede cambiar con las
estaciones y con las variaciones climáticas, pero debe ser considerado como un indicio
de salud y de cuidado por parte de su propietario; el pelo áspero, duro, sin brillo, erizado
o enredado, que caracteriza a los animales enfermos o descuidados recibe el nombre de
“pelo hirsuto”.
Cantidad de pelos.
El cuerpo de los animales domésticos, exceptuando algunas regiones,
normalmente se encuentra cubierto de pelos. Cada región corporal tiene su propia
densidad y longitud pilosa; por lo general es más densa y gruesa sobre la región
dorsolateral y disminuye hacia ventral, en la cara interna de los pabellones auriculares,
medial de los muslos y en las regiones axilar e inguinal.
La disminución anormal de la densidad pilosa se denomina Hipotricosis (Figura
49A), mientras que el exceso de manto piloso recibe el nombre de Hipertricosis (o
hirsutismo) (/B).
B

Figura 49. Hipotricosis en felino (A). Hipertricosis (hirsutismo) en equino (B).


Disponible en www.engormix.com
La ausencia de pelos en áreas donde normalmente están presentes se denomina
Alopecia. Esta alteración puede ser generalizada (alopecia universal) (Figura 50A) o
abarcar áreas pequeñas (alopecia localizada o areata) (/B). Ciertos caninos y felinos
presentan esta alteración en forma congénita como característica racial (atriquia) (/C).
La ausencia de pelos en los animales domésticos, en cualquier circunstancia, no debe
ser considerada como normal.

Figura 50. Alopecia generalizada (A), localizada (B) y congénita (C).


Disponible en www.vetpraxis.net

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La pérdida de pelo en
determinadas áreas del cuerpo y en
forma definitiva se denomina Calvicie
(Figura 51). Se trata de un proceso
hereditario y comienza generalmente
antes de los 12 meses. Es frecuente de
observar en ciertas razas caninas.
Figura 51. Calvicie. Disponible en
www.rover.com
Muda.
Es el cambio periódico de pelaje que experimentan los animales. Los pelos
normalmente crecen en forma cíclica y en patrón de mosaico, es decir, mientras un
grupo se encuentra en periodo de crecimiento otro grupo está en reposo. Los pelos en
reposo se desprenden con mayor facilidad, y dependiendo de la especie o de la raza, se
hacen más o menos visibles sobre el manto del animal. El proceso depende del
fotoperiodo, de la temperatura ambiental, del estado nutricional y de la genética. Ciertas
enfermedades, la malnutrición o situaciones de estrés severo pueden provocar una
detención sincronizada de todos los folículos pilosos en fase de telogen, provocando una
muda excesiva y alopecia generalizada del animal.

PALPACIÓN.
Textura o suavidad.
Se determina deslizando la palma
de una o de ambas manos, en forma de
caricias, sobre la superficie corporal del
animal. En base a esta determinación,
los pelos pueden ser ásperos o suaves
(Figura 52).
Figura 52. Suavidad del manto.
Implantación.
Se explora efectuando tirones sobre algunos mechones, para comprobar su fuerza
de implantación dentro del folículo piloso (Figura 53). Con esta maniobra se desprende
una pequeña cantidad de pelos en estado de reposo; el desprendimiento de una excesiva
cantidad de pelos o la presencia de raíces en anagen, es indicativo de un trastorno en la
implantación pilar. Los pelos obtenidos pueden ser analizados en el microscopio
(tricograma) o remitidos para análisis microbiológicos (hongos).

Figura 53. Implantación del pelo.

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La palpación – presión de folículos pilosos infectados, de pústulas o vesículas
permite recolectar exudados sobre los que luego se pueden realizar estudios
microscópicos o microbiológicos. Esta maniobra se puede practicar previamente al
raspado cutáneo, en caso de evidenciarse lesiones atribuibles a Demódex sp. (Figura
54).

Figura 54. Recolección de material por palpación-presión.

EXAMEN DE LAS GLÁNDULAS SEBÁCEAS.


La glándulas sebáceas están distribuidas en casi toda la piel y tienen a su cargo la
síntesis y secreción del sebo, una sustancia lipídica cuya función es la de "lubricar",
hidratar y proteger la superficie de la piel y los pelos y actuar como una barrera química
con actividad antimicrobiana. Estas glándulas son grandes y numerosas en algunas
regiones con poco pelo como las uniones mucocutáneas, espacios interdigitales, región
dorsal del cuello, mentón, dorso de la cola y región perineal. La secreción de la glándula
sebácea es volcada en el infundíbulo del pelo casi en forma continua pero su actividad
es mayor durante la fase anágena. Durante ciertas enfermedades, el pelaje se observa
deslustrado, seco y quebradizo, debido a la falla del funcionamiento glandular, situación
que predispone a la contaminación de la piel por microorganismos oportunistas.
La seborrea es un trastorno, de curso crónico, que puede presentarse como única
alteración o acompañar a otras entidades (generalmente es secundaria a trastornos
endócrinos, nutricionales, alérgicos, etc.) aunque también aparece en forma primaria
(idiopática) en los animales jóvenes. Se caracterizada por un defecto de la
queratinización, con excesiva formación de escamas (la renovación celular es 3 veces
más rápida que en los animales sanos); ocasionalmente se percibe una piel
anormalmente “grasosa” y a veces, inflamación secundaria. Se reconocen tres tipos de
seborrea, aunque pueden hallarse superposición de cuadros en un mismo paciente
(sequedad, grasitud e inflamación). La seborrea seca se caracteriza por la presencia de
escamas de aparición local o difusa, de color blanquecino o grisáceo, no adherentes; el
manto se aprecia seco y opaco (Figura 55A). En la seborrea oleosa (/B), las escamas
son de tonalidad amarillenta o marrón y se adhieren a la piel y al pelo; el manto se
presenta “grasoso” al tacto y se percibe un olor característico (rancio), producto de la
descomposición bacteriana de los ácidos grasos de la piel. Con frecuencia se acompaña
de otitis ceruminosa. La dermatitis seborreica se asocia con grados variables de
descamación, grasitud e inflamación local o difusa. Pueden aparecer foliculitis (por
estafilococos) e infecciones por Malassezia pachydermatis (/C).

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Figura 55. Seborrea seca (A), seborrea oleosa (B) y dermatitis seborreica (C).
Disponible en: dermatologiaveterinaria.unileon.es
La disminución de la secreción sebácea recibe el nombre de asteatosis y se
caracteriza por la presencia de una piel seca, agrietada y con los pelos quebradizos (pelo
hirsuto). Como se ha mencionado antes, esta condición predispone al animal a sufrir
infecciones cutáneas. La retención de la secreción sebácea puede conducir a dos
alteraciones: el acné sebáceo, afección caracterizada por retención del contenido con
infección bacteriana secundaria (Figura 56A). El quiste sebáceo, cuando la retención es
aséptica, es una lesión circunscripta, en forma de saco o bolsa encapsulada, que puede
alcanzar dimensiones considerables (/B). Las Neoplasias (/C) de las glándulas
sebáceas, frecuentes en animales adultos o seniles, pueden ser de diversos tipos y
presentar otras lesiones concomitantes.

A B C
Figura 56. Acné sebáceo (A), quiste sebáceo (B) y adenoma sebáceo (C).
Disponible en: www.dermatologiaveterinaria.unileon.es

EXAMEN DE LAS GLÁNDULAS SUDORÍPARAS.


La glándula sudorípara, situada en la dermis, consta de un largo y delgado tubo
excretor cuya porción más profunda se apelotona y forma un ovillo donde se produce la
secreción glandular. Existen dos tipos de glándulas sudoríparas, diferentes por el sitio
de desembocadura de su conducto y por el rol que desempeñan. Las glándulas ecrinas
(o atriquiales), desembocan directamente en la epidermis e intervienen en la
termorregulación, gracias a la evaporación del sudor que liberan sobre la superficie
cutánea. En los equinos y bovinos se localizan a nivel de la cabeza, cuello y flancos y en
los carnívoros, únicamente en el espacio interdigital, por lo que la función de
termorregulación por evaporación sudoral es inexistente en estos últimos. Las glándulas
apocrinas (o epitriquiales) desembocan en el infundíbulo del folículo piloso, por lo
tanto, eliminan su contenido junto con el sebo. La secreción apocrina recién vertida es
estéril e inodora pero mezclada con la secreción sebácea y colonizada por bacterias
residentes de la superficie cutánea, es la responsable del olor característico de cada
individuo y de cada región corporal.

30
El aumento de la secreción sudorípara, denominado hiperhidrosis, ocurre en
situaciones fisiológicas como el ejercicio, calor o excitación. Puede acompañar también
a procesos patológicos como la fiebre. En las situaciones mencionadas, el aumento en la
secreción sudoral es generalizado, pero puede darse también en forma localizada
(epihidrosis), en alteraciones neurogénicas de las glándulas, por aplicación local de
calor o por inyección de drogas.
La disminución de la secreción sudoral recibe el nombre de hipohidrosis y puede
apreciarse en animales seniles o como consecuencia de inflamaciones crónicas de la piel
que ocasionen la destrucción de los anexos cutáneos. La abolición de la secreción
sudoral o anhidrosis puede deberse a alteraciones congénitas (atresia o agenesia de la
glándula) o adquirida por obstrucción del conducto excretor, neoplasias o
transformaciones quísticas. Las modificaciones en las características del sudor pueden
incluir a la secreción mezclada con sangre (hematidrosis) o el sudor de olor
desagradable (bromhidrosis). Esta última alteración es apreciable en trastornos de la
función renal que cursen con uremia, donde la piel actúa como un emuntorio de
suplencia.
EXAMEN DE LAS FORMACIONES CÓRNEAS.
Las formaciones córneas incluyen las uñas y garras de los carnívoros, el casco de
los equinos, las pezuñas de los ungulados, los cuernos de los rumiantes y el pico de las
aves. La exploración de las formaciones córneas de las extremidades de las grandes
especies animales (equinos y rumiantes) puede ser abordada junto con el aparato
locomotor. En las pequeñas especies, las uñas pueden presentar alteraciones congénitas
o adquiridas (traumatismos o infecciones) que se agrupan bajo la denominación de
onicopatías.
Las alteraciones congénitas pueden incluir a la curvatura anormal de la uña
(artroniquia) o bien a la ausencia de una o más uñas (anoniquia). Se denomina
paroniquia (Figura 57A) a la inflamación o ulceración del tejido blando ungueal,
debido a la invasión de microorganismos, proceso que puede asentar en una o varias
uñas. La onicogrifosis (/B) es el crecimiento excesivo de la uña, donde la curvatura
anormal de la misma puede llegar a impactar en la almohadilla digital y producir la
denominada “uña encarnada” u onicocriptosis (/C). La onicomicosis es la afección
ungueal causada por hongos. En ella, las uñas se vuelven secas, deformadas y frágiles y
están predispuestas a sufrir onicorrexis (/D), es decir, a quebrarse o romperse. La
separación de la cubierta cornea, en forma de láminas, se denomina onicomadesis, lo
que ocasiona la pérdida de sustancia o esfacelación de la uña, pudiendo tener un origen
traumático, infeccioso o vascular. La pérdida completa de la uña de uno o más dedos,
recibe el nombre de exungulación (/E).

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Figura 57. Onicopatías. Paroniquia (A), onicogrifosis (B), onicocriptosis (C).
onicorrexis (D) y exungulación (E).

EXAMEN DEL TEJIDO CONJUNTIVO SUBCUTÁNEO.


El tejido subcutáneo (hipodermis) es la capa más profunda de la piel y suele ser la
más gruesa. Su estructura de tejido conjuntivo con abundante adiposidad le permite
intervenir en la termorregulación, actuar como reservorio de energía y como
almohadilla protectora, además de mantener el contorno de la piel. En medicina
veterinaria representa una vía de utilidad para la aplicación de numerosos fármacos.
Esta capa es prácticamente inexistente en los labios, mejillas, párpados, oído externo y
el ano, donde la dermis está en contacto directo con los músculos y fascias. En estados
patológicos como la obesidad, el acúmulo excesivo de tejido adiposo altera los
contornos normales del animal, dándole una forma redondeada o de tonel. El tejido
subcutáneo se explora por inspección y por palpación, en situaciones donde existen
“acúmulos de sustancias anormales o en cantidades anormales”. Las alteraciones más
frecuentes incluyen:
Edema.
Es la infiltración serosa de la piel y del subcutáneo. En su aparición intervienen
factores que originan un desequilibrio en el intercambio de líquidos a través de los
endotelios. El acumulo de líquido puede ser localizado o generalizado (anasarca) y de
acuerdo con su origen puede denominarse:
Edema congestivo o cardíaco (generalizado); externamente el líquido extravasado
se acumula en regiones ventrales (papada, pecho, prepucio, mamas, distal de las
extremidades) (Figura 58A). Internamente, el acúmulo en las cavidades corporales
recibe distintas denominaciones de acuerdo con la cavidad donde se acumula: torácica
(hidrotórax), pericárdica (hidropericardio) o abdominal (ascitis) (/B).
Edema por hipoproteinemia; a causa de una disminución en los niveles de
proteínas plasmáticas (principalmente albúmina), por lo que la presión oncótica
disminuida ocasiona la pérdida de líquido plasmático. Puede ser secundario a una
ingesta inadecuada de proteínas en la dieta, enfermedades parasitarias o a trastornos que
cursen con pérdida de proteínas (enfermedad renal, quemaduras extensas, etc.).
Edema inflamatorio; se presenta en cualquier cuadro inflamatorio y se acompaña
de los signos cardinales de la inflamación (dolor, calor, rubor y tumefacción). El edema

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de origen alérgico, provocado por el contacto con alérgenos o por picaduras de insectos,
recibe el nombre de edema angioneurotico (/C) y da lugar a la facie leonina o cuadrada,
pudiendo acompañarse de prurito. Cualquiera sea su origen, el edema se caracteriza por
presentar una consistencia pastosa a la palpación y la presión de los tejidos edematosos
da lugar a la fóvea por compresión o signo de Godet (signo patognomónico) (/D).

Figura 58. Edema localizado (A),


ascitis (B), edema angioneurotico (C)
y signo de Godet (D).

Enfisema
Es la infiltración de gas o de aire en el subcutáneo. Los tejidos presentan a la
palpación una consistencia elástica, crepitación nívea (o gaseosa) y a la presión vuelven
inmediatamente a su lugar. Existen diversas etiologías que provocan la aparición de
enfisema, pero el aire o gas puede provenir de órganos que normalmente lo contienen
(rumen, ciego, recto) o ser generado en el sitio de la lesión (enfermedades clostridiales).
En el primero de los casos se denomina enfisema por aspiración y la colecta es
producto de la solución de continuidad en las paredes viscerales (punciones o heridas
traumáticas). Se denomina enfisema valvular o a válvula al que ocurre cuando el aire
contenido en órganos como la tráquea o los pulmones difunde hacia el tejido
circundante, por un defecto en sus paredes. Durante la inspiración el aire ingresa al
subcutáneo, pero en la expiración no puede escapar. Así, se acumula en grandes
cantidades pudiendo alterar los contornos normales del animal (Figura 59A).
El enfisema espontáneo, idiopático o primario es el que se produce por la
proliferación de bacterias productoras de gas en el tejido muscular y en el subcutáneo
donde asientan. Se acompaña de los síntomas propios de cada enfermedad.

Figura 59. Enfisema valvular. Aspecto del paciente (A). Solución de continuidad
en la traquea (flecha), margen de la piel (punta de flecha) (B).

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Dermograma.
Es el mapa o patrón de la afección dermatológica del paciente. Por lo general, las
lesiones asientan predominantemente sobre determinadas regiones corporales y respetan
otras; de esta manera, en base al tipo de lesión y al lugar de aparición (hocico, dorso-
lomo, grupa, miembros), pueden sospecharse de un cierto número de dermatopatias que
muestran un comportamiento similar y descartar a otros que no (diagnóstico
diferencial). Por este motivo, su elaboración al inicio de la enfermedad (con las lesiones
primarias) puede constituir una “guía” útil para orientar al diagnóstico.

Figura 60. Dermograma en canino.

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