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Beatriz Rodriguez Gauna

La muestra 'Casi un destino III' de Beatriz Rodríguez Gauna, inaugurada en la galería Ahrus, aborda temas de crítica social como la violencia y la pobreza a través de metáforas y simbolismo, evitando la representación explícita del sufrimiento. La artista reflexiona sobre el papel del arte como herramienta de transformación y la importancia de mantener una postura crítica ante la realidad social. A lo largo de su trayectoria, Rodríguez Gauna ha explorado las miserias humanas y la posibilidad de cambio a través de la expresión artística.
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Beatriz Rodriguez Gauna

La muestra 'Casi un destino III' de Beatriz Rodríguez Gauna, inaugurada en la galería Ahrus, aborda temas de crítica social como la violencia y la pobreza a través de metáforas y simbolismo, evitando la representación explícita del sufrimiento. La artista reflexiona sobre el papel del arte como herramienta de transformación y la importancia de mantener una postura crítica ante la realidad social. A lo largo de su trayectoria, Rodríguez Gauna ha explorado las miserias humanas y la posibilidad de cambio a través de la expresión artística.
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“El arte no puede ser complaciente”

El pasado 9 de abril, en la galería Ahrus se inauguró la muestra de pinturas Casi un


destino III, de la reconocida artista Beatriz Rodríguez Gauna. Auspiciada por el Banco
Galicia, la muestra plantea una crítica social a través de una mirada que no elude el
compromiso de remover las miserias y los fondos barrosos de la sociedad. Así, aparecen
expresadas la violencia, la pobreza, la delincuencia y prostitución infantil, el hambre y
la marginalidad, no de un modo descarnado sino a través de ciertas operaciones de
ocultamiento y condensación que, valiéndose de metáforas y rodeos, llegan al objeto por
caminos laterales. Esto significa que la autora no ha echado mano al impacto que
supone la mostración explícita de los horrores vividos por los grupos marginados como
consecuencia de la injusticia social y la explotación económica, sino que ha elegido
crear una poética mediante la utilización de símbolos y la resignificación de discursos
cuya circulación forma parte del imaginario social: puertas que se cierran, jaulas como
cárceles, platos vacíos en escuelas a las que niños hambrientos van a aprender… ¿qué?
En este sentido, puede afirmarse que Casi un destino III flota entre un tratamiento que,
sin terminar de despegarse definitivamente de la figuración, asume sin embargo una
mirada filtrada por ráfagas oníricas, en donde el posible referente aparece sucio,
enrarecido. El tono de la obra está entonces asimilado a la sensación de un grito
apagado, contenido, en donde los paisajes de ruinas urbanas tienen su correspondencia
con la desolación interior de unos personajes que deambulan por zonas oscuras, los
bordes innombrables de lo marginal. Asimismo, este particular universo encuentra en la
forma una clara continuidad, sobre todo a través de ciertos procedimientos concretos,
como ocurre en algunos pasajes en los que la yuxtaposición de materiales de desecho
(recortes de diarios, hilos, trozos de madera) generar texturas espesas, vivas, como
“huellas que concurren a mostrar una verdad”, según palabras de la crítica Sarah
Guerra.
Distinguida con el Gran Premio “Raúl Soldi” en el Salón Nacional de Plástica, en 1999,
Beatriz Rodríguez Gauna ha realizado numerosas exposiciones individuales en
diferentes lugares de nuestro país. La serie Casi un destino comenzó a gestarse a partir
del año 2004, como consecuencia de una necesidad de indagar y comprender, desde la
plástica, el resto de miseria humana y material dejado por el avance de las sociedades
actuales. A partir de allí, a medida que la muestra fue recorriendo diferentes ciudades de
la Argentina, se sucedieron las etapas I, II y III. La serie estuvo en La Pampa, en el
Centro Cultural Borges de Buenos Aires, en el Museo de Arte Contemporáneo
Latinoamericano de La Plata, en San Luis, en Puerto Madryn, para finalmente
desembarcar en la Galería Ahrus de nuestra ciudad. “No estoy segura, pero creo que
este recorrido va a terminar aquí”, señala la pintora. En diálogo con Rastros, Rodríguez
Gauna habla del origen de este trabajo y reflexiona sobre las obligaciones y
competencias del arte a la hora de asumir una postura de crítica social e ideológica.

¿Cómo fue recibida la muestra en las distintas ciudades en las que estuvo?
Yo me he quedado realmente muy asombrada, porque toda mi carrera como artista la he
realizado enviando mis pinturas a diversos salones y aceptando lo que a los jurados les
parecía correcto. Pero es la primera vez que llevo a cabo una muestra itinerante y las
devoluciones son fantásticas, y de lo más diversas por cierto. Realmente es un esfuerzo
muy grande el que se necesita para poder trasladar la muestra y me llena de satisfacción
poder sostenerla a lo largo de varios años.
¿Por qué la muestra se llama Casi un destino III? La idea de destino está en
relación con lo inexorable, pero la palabra “casi” parece venir a relativizar esa
inexorabilidad.
Yo considero que se tiene que llamar así porque la muestra aborda, en gran medida, la
situación de los niños excluidos que han nacido en lugares “equivocados”, es decir,
sitios marginales en los que aparentemente existe para ellos, ya desde el nacimiento, un
destino prefijado: la violencia, la droga, la pobreza, la delincuencia, la prostitución.
Desde la concepción de esta serie de cuadros, y por supuesto durante todo el proceso de
trabajo, me ha sensibilizado especialmente la dificultad subjetiva de esos seres que no
tienen prácticamente posibilidades de trascender la realidad gris que los rodea, porque
no tienen acceso a la educación ni al trabajo, y cargan, por generaciones enteras, con
diversos estigmas de la sociedad. Entonces, para ellos, todas las puertas están casi
cerradas. Sin embargo, no se trata de un destino inexorable, porque existe algo, un
camino, que puede transformar esa realidad oscura. Ese camino es el arte, porque nos da
libertad y otra posibilidad de vivir mejor. Por eso casi todas estas pinturas están
trabajadas desde el claroscuro hacia un centro de luz, funcionando como metáfora de la
salida que puede avizorarse al final del túnel.

En este sentido, la muestra hace un planteo político del arte.


Por supuesto. Un artista debe ejercer su conciencia crítica; en ese sentido, todo hecho
artístico es político. Hoy por hoy, yo creo que como sociedad debemos empezar a
debatir de qué manera cambiamos el paco por arte y educación para los chicos
excluidos; de qué modo cambiamos violencia por literatura, pobreza por pintura,
prostitución infantil por música, revólveres por danza y teatro.

¿Desde cuándo empezó a interesarse por posar la mirada hacia lo social?


En realidad, hay una buena parte del arte latinoamericano que es social. Pensemos que
de Rafaela salió uno de los más grandes pintores sociales que tiene la Argentina, que es
Antonio Berni. Así como nosotros tenemos una trayectoria muy importante en pintura
no figurativa, también hay antecedentes muy ricos sobre pintura social. Ahora, para
comprender por qué un pintor elige zambullirse en estas zonas que tienen que ver con
las miserias sociales, seguramente hay que pensar en una determinada sensibilidad. Y
también hay que pensar en el compromiso. Por eso digo que el arte nos hace libres,
porque permite encauzar nuestra propia palabra, nuestro pensamiento más íntimo. A mí
me llega el mensaje y yo lo retransmito de una determinada manera, que tiene que ver
con el filtro subjetivo de mi trabajo artístico. No se pinta porque sí, no se pinta sólo
porque el arte es “lindo”. Hay un trabajo social detrás de la búsqueda de las texturas, los
colores, las formas.

¿Cómo ve la pintura actual en nuestro país? ¿Predomina una tendencia hacia la


crítica social?
Yo creo que sí. Desde “Sin pan y sin trabajo”, de Lacámera, hasta la actualidad, ha
habido una gran corriente social. Pero también ha habido otra corriente, que no tiene
que ver con lo social, y que ha fundado una escuela de lo geométrico y de la abstracción
de una importancia fantástica, con pintores y artistas plásticos maravillosos. Hay que
entender que estamos en presencia de una nueva manera de ver la pintura, con nuevos
elementos que desde hace ya varios años se están incorporando al lenguaje plástico. Por
ejemplo, la computación, las imágenes digitales, todo el universo virtual. Esto hace que
haya cambiado drásticamente la concepción compositiva en torno a la imagen. Esto es
muy importante porque tenemos una percepción acostumbrada durante siglos a lo que
vimos y a lo que conocemos como pintura, pero este nuevo orden viene a desestructurar
muchísimos años de viejas concepciones. Yo creo que todavía no es fácil aceptar esta
nueva forma de expresión en la que se ensamblan diferentes tipos de imágenes, como en
las instalaciones. En este momento hay en Argentina grupos de gente muy joven que
pintan con desechos, que hacen una pintura muy urbana, y que tienen otra manera de
hacer las cosas que es muy interesante. Por ejemplo, el grupo “Escombros”, de Buenos
Aires, está integrado por jóvenes que hacen una pintura social, muy crítica, que tiene
otra carga detrás, distinta a la mía, pero que respeto profundamente. Yo considero que
mi pintura no es violenta, sino que incluso en ciertos pasajes aparece como alejada y
muy íntima, con una mirada de mucha compasión pero sin perder compromiso. Mi
pintura no es para nada complaciente, y en realidad ningún artista debe serlo, pero
entiendo que no todo es justificable. Lo que me interesa es mostrar que ciertas cosas
pueden cambiar.

Tapa:
Pintura y crítica social
La pintora Beatriz Rodríguez Gauna, que acaba de inaugurar la muestra “Casi un
destino III” en Ahrus Arte, habla de la necesidad de mantener desde el arte una mirada
social crítica.

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