El sistema de seguridad social en Colombia tiene como principal objetivo
garantizar el acceso de toda la población a servicios de salud, regulando
un servicio esencial que abarca desde atenciones médicas hasta
prestaciones económicas derivadas de incapacidades. Este sistema,
estructurado bajo la Ley 100 de 1993, se compone de tres subsistemas
clave: el Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS), el
Sistema General de Pensiones y el Sistema General de Riesgos
Laborales, cada uno con funciones específicas para proteger a los
trabajadores frente a diversas contingencias.
El Sistema General de Seguridad Social en Salud se encarga de
cubrir las prestaciones asistenciales como consultas médicas,
tratamientos y exámenes diagnósticos, así como las prestaciones
económicas derivadas, como el pago de incapacidades y licencias de
maternidad o paternidad. Este sistema asegura que un trabajador que
se encuentra incapacitado temporalmente, ya sea por enfermedad o
accidente, reciba un auxilio económico durante su periodo de inhabilidad
para trabajar. El porcentaje de este auxilio varía según el tiempo que
dure la incapacidad: durante los primeros dos días, el empleador cubre
entre el 66.6% y el 100% del salario; del día 3 al 90, la EPS asume el
pago al 66.6%; del día 91 al 180, nuevamente la EPS lo asume al 50%; y
del día 181 al 540, la Administradora de Fondos de Pensiones se encarga
del auxilio.
El Sistema General de Pensiones, por su parte, cubre los riesgos
derivados de la vejez, invalidez y muerte por causas de origen común.
Cuando un trabajador pierde su capacidad laboral de forma permanente
debido a una enfermedad o accidente no relacionado con su empleo, es
este sistema el responsable de evaluar y asumir las prestaciones
correspondientes.
En contraste, el Sistema General de Riesgos Laborales se encarga
de las incapacidades y prestaciones relacionadas con accidentes o
enfermedades de origen laboral. Aquí, las administradoras de riesgos
laborales (ARL) son las responsables de asumir el 100% del salario del
trabajador desde el día siguiente al accidente o diagnóstico de
enfermedad profesional, hasta que el trabajador se recupere o se
determine un grado de incapacidad permanente. Si un trabajador queda
con una pérdida de capacidad laboral superior al 50%, adquiere el
derecho a una pensión de invalidez.
Cuando un trabajador sufre una enfermedad o accidente, es crucial
determinar si su origen es común o laboral, ya que de esto depende cuál
de los subsistemas asumirá las responsabilidades económicas y
asistenciales. Inicialmente, esta determinación es realizada por la
Institución Prestadora de Servicios (IPS), que emite un dictamen
preliminar. Si el trabajador o la entidad no está de acuerdo con el
dictamen, pueden recurrir a la Junta Regional de Calificación de Invalidez
para una nueva evaluación. En caso de desacuerdo con esta segunda
evaluación, se puede apelar ante la Junta Nacional de Calificación de
Invalidez, cuya decisión es definitiva. Si aún persisten inconformidades,
se puede recurrir a un proceso ordinario laboral, donde se puede solicitar
la intervención de un perito especializado.
La incapacidad, entendida como el reconocimiento económico que se
otorga a un trabajador que temporalmente no puede desempeñar su
trabajo habitual, es un derecho garantizado por el sistema. La normativa
establece plazos específicos para que las EPS, ARL y fondos de
pensiones cubran los pagos correspondientes, garantizando así la
protección económica del trabajador durante su recuperación.
Un aspecto crítico del sistema es la rehabilitación integral del
trabajador. Antes de que se cumplan los primeros 120 días de
incapacidad, la EPS debe emitir un concepto de rehabilitación,
evaluando si el trabajador tiene probabilidades de recuperarse
totalmente con tratamientos adicionales. Si se emite un concepto
favorable, se pueden extender los auxilios económicos hasta por 360
días más, bajo la responsabilidad de la administradora de fondos de
pensiones. Si el concepto es desfavorable, esto indica que los
tratamientos realizados no han logrado una recuperación suficiente, y
por tanto, se inicia el proceso de calificación de pérdida de capacidad
laboral.
En los casos de enfermedades degenerativas, crónicas o
congénitas, el proceso de calificación es aún más detallado,
considerando no solo la historia clínica, sino también factores como la
genética, el impacto del tratamiento, y la afectación en la vida diaria del
trabajador. Las juntas de calificación no solo determinan si el origen de
la enfermedad es común o laboral, sino que también establecen un
porcentaje de pérdida de capacidad laboral, lo cual es fundamental para
definir los derechos del trabajador a indemnizaciones o pensiones.
En conclusión, el sistema de seguridad social en Colombia está diseñado
para ofrecer un respaldo integral a los trabajadores en situaciones de
enfermedad o accidente, buscando siempre una rehabilitación que les
permita reintegrarse a su vida laboral. Si esto no es posible, asegura la
protección económica necesaria para garantizar una calidad de vida
digna. Sin embargo, el proceso de calificación y la determinación del
origen de la enfermedad o accidente pueden ser complejos, implicando
varios niveles de evaluación y recursos legales, que buscan asegurar
una justa protección tanto para el trabajador como para las entidades
responsables.