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Lección 8 - Las Causas de Justificación

Las causas de justificación son condiciones que permiten que una conducta, aunque típica, no sea considerada antijurídica y, por lo tanto, exenta de responsabilidad penal. Estas causas se encuentran reguladas en el artículo 20 del Código Penal y requieren tanto un presupuesto fáctico como el cumplimiento de requisitos legales específicos. La ausencia de alguno de estos elementos implica que la conducta sigue siendo contraria a Derecho, generando responsabilidad penal.

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Lección 8 - Las Causas de Justificación

Las causas de justificación son condiciones que permiten que una conducta, aunque típica, no sea considerada antijurídica y, por lo tanto, exenta de responsabilidad penal. Estas causas se encuentran reguladas en el artículo 20 del Código Penal y requieren tanto un presupuesto fáctico como el cumplimiento de requisitos legales específicos. La ausencia de alguno de estos elementos implica que la conducta sigue siendo contraria a Derecho, generando responsabilidad penal.

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LECCIÓN 8 - LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN

1. CONCEPTO Y NATURALEZA JURÍDICA

Al análisis de si una conducta encaja con los componentes objetivos y subjetivos previstos
en el tipo penal, se añade la comprobación de si se ha realizado bajo determinadas
condiciones que responden a normas permisivas y excluyen esa inicial prohibición. Esas
condiciones que determinan que no se desapruebe lo que de partida está previsto como
prohibido penalmente se denominan causas de justificación. La antijuridicidad implica la
relación de oposición de una conducta típica con el ordenamiento jurídico en su conjunto,
para lo cual es preciso que esa conducta no esté amparada por causas de justificación.

Así, la tipicidad constituye el primer escalón valorativo en el ámbito del injusto y entiende
que la conducta que encaja objetiva y subjetivamente con el tipo descrito en una
prescripción penal constituye un comportamiento contrario a una prohibición o un
mandato; una conducta en contradicción con una norma imperativa concreta. La
antijuricidad, como segundo escalón o segundo elemento del delito, significa que dicho
comportamiento está, además, en contradicción con el Ordenamiento Jurídico en su
totalidad e implica una valoración sobre si aquello que inicialmente está prohibido, en un
caso concreto, queda amparado jurídicamente por una norma permisiva, sobre la que se
asientan las causas de justificación. La antijuricidad sigue un proceso de signo inverso a
la tipicidad, un proceso negativo, cual es constatar la ausencia de causas de justificación.
En cambio para los seguidores de la teoría de los elementos negativos del tipo, existiría
una uniformidad valorativa en el seno de las conductas no prohibidas; entre lo jurídico-
penalmente irrelevante (ámbito de la atipicidad) y lo jurídico-penalmente permitido (ámbito
de la justificación), por lo que no es necesario distinguir entre conductas penalmente
atípicas y conductas penalmente justificadas.

CONCEPTO

Son condiciones que hacen que una conducta deje de ser contraria a Derecho por
realizarse bajo hipótesis que excluyen la prohibición. Si el sujeto actúa bajo esos
supuestos su conducta carece de toda responsabilidad penal y realiza un hecho que el
Ordenamiento jurídico no desaprueba. Esta enorme transcendencia que tiene la
apreciación de una causa de justificación explica lo estricto de su regulación: son casos
tasados, pocos y a los que el legislador somete a férreas condiciones para su estimación.

Su ubicación positiva se encuentra en el artículo 20 del Código Penal. En él se reúnen


todos los supuestos de exención de pena del sujeto, si bien se mezclan los aquellos en
que la falta de responsabilidad obedece a la ausencia de antijuricidad de la conducta,
junto con otros que presuponen el carácter antijurídico de la conducta y eximen de
responsabilidad por falta de culpabilidad.

Artículo 20 CP: Están exentos de responsabilidad criminal:

4º. El que obre en defensa de la perdona o derechos propios o ajenos, siempre que
concurran los requisitos siguientes:

1. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión


ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave
peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada
o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en
aquélla o estas.

2. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

3. Falta de provocación suficiente por parte del defensor.

5.° El que, en estado de necesidad, para evitar un mal propio o ajeno lesione un
bien jurídico de otra persona o infrinja un deber, siempre que concurran los
siguientes requisitos:

1. Que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar.

2. Que la situación de necesidad no haya sido provocada intencionadamente


por el sujeto.

3. Que el necesitado no tenga, por su oficio o cargo, obligación de


sacrificarse.

7.° El que obre en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un


derecho, oficio o cargo».

La presencia de cualquiera de ellas en la conducta del sujeto excluye la contrariedad a


Derecho de la misma y, por lo tanto, no va a generar responsabilidad penal. Este es
efecto fundamental de la concurrencia de una causa de justificación: la conducta carece
de antijuricidad; pero de ello se derivan, a su vez, otros efectos:

- Ya no va a ser necesario analizar el último elemento del delito: no es necesario entrar a


comprobar la culpabilidad o no del autor.

- Como la conducta no es contraria al Ordenamiento Jurídico, no se deriva ningún tipo de


consecuencia jurídica sancionadora: no es posible aplicar penalmente una medida de
seguridad. Esta se reserva a los casos de ausencia de culpabilidad, que presupone el
carácter antijurídico de la conducta. Por lo mismo, tampoco cabrá exigir al sujeto
responsabilidad civil (ésta se mantienen únicamente, en el caso del estado de
necesidad respecto para las personas en cuyo favor se hubiera precavido el mal (art.
118.1. 3º CP)

- No es posible que frente a lo actuado bajo causa de justificación se invoque, a su vez,


una causa de justificación: por ejemplo, no cabe que quien recibe un golpe derivado de
la legítima defensa de otro alegue que sufre una agresión ilegítima.

- La conformidad a Derecho de la acción amparada por una causa de justificación se


extiende a todos los partícipes. La participación en un acto justificado también está
justificada.
-
Así como los elementos objetivos y subjetivos del tipo requieren una constatación positiva
de su concurrencia, las causas de justificación operan a la inversa, de manera negativa.
Esto es, para mantener que la conducta es contraria a Derecho, no han de concurrir las
causas de justificación.
Dado que suponen una inversión de la inicial prohibición penal, tienen un carácter
excepcional, que exige una estricta comprobación de todos sus componentes de modo
que cualquier ausencia o extralimitación de los mismos va a determinar la no apreciación
de la causa de justificación y, por lo tanto, que persista la contrariedad a Derecho de la
conducta.

FUNDAMENTO

Los esfuerzos por reconducir las causas de justificación a un fundamento común que
explique su naturaleza jurídica han sido muchos, pero realmente ninguno ha conseguido
concentrar bajo una explicación uniforme cuál es la razón del carácter permisivo de las
conductas realizadas bajo su cobertura. Las teorías monistas han tratado de reunir a
todas las causas de justificación bajo un mismo fundamento. Y ese fundamento único ha
tenido respuestas diversas: la idea de ponderación de bienes», o la «inexigibilidad de lo
imposible», el empleo de un medio adecuado para la obtención de un fin justo».

Por el contrario, las teorías pluralistas estiman que las causas de justificación responden a
dos principios generales: el de ausencia de interés y el del interés preponderante. Según
el primero de ellos, un hecho estará permitido cuando el titular del bien jurídico ha
renunciado a su protección en un caso concreto. Con él se explica que el consentimiento
opere como causa de justificación. Según la fundamentación del interés preponderante,
los hechos están justificados cuando la lesión a un bien jurídico se produce para salvar a
otro que merece más valor.

2. ESTRUCTURA DE LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN: PRESUPUESTO DE LA


CAUSA DE JUSTIFICACIÓN, CONDICIONES PARA LA JUSTIFICACIÓN DE LA
CONDUCTA

En las causas de justificación se distingue una doble vertiente: objetiva y subjetiva. A su


vez, en la parte objetiva existe un presupuesto de hecho, que es la situación fáctica previa
que desencadena la capacidad de actuar de modo lícito vulnerando un bien jurídico, y
existen unos límites o requisitos jurídicos que marcan las condiciones bajo las cuales se
debe desarrollar la conducta para que efectivamente no resulte prohibida. Por su parte, el
aspecto subjetivo presenta una estructura similar al dolo, pues también requiere un
elemento cognoscitivo, que exige que quien actúe bajo una causa de justificación,
conozca que concurre el presupuesto de hecho que habilita para actuar justificadamente y
un elemento volitivo, es decir, querer («decidirse por») actuar bajo esa justificación.

Con carácter general, la falta de alguno de estos elementos determina que no sea
apreciada la causa de justificación y, por lo tanto, que la conducta siga siendo antijurídica.
Habrá responsabilidad penal en el sujeto, la que marque la culpabilidad. Ahora bien, esa
responsabilidad penal tendrá distinto alcance según sea el elemento que falte: no es lo
mismo la falta de presupuesto de hecho o del elemento subjetivo, que el incumplimiento
de los requisitos jurídicos.

PRESUPUESTO DE LA CAUSA DE JUSTIFICACIÓN

Para que una conducta lesiva para un bien jurídico esté amparada por una causa de
justificación, es premisa indispensable la constatación de que ha existido una situación,
un hecho previo que habilita a realizarla. Su presencia es antecedente necesario, aunque
no suficiente, para que exista la posibilidad de actuar justificadamente pese a lesionar un
bien jurídico ajeno. Esta situación de hecho o presupuesto fáctico varía en cada causa de
justificación, pero tiene en común para todas el implicar una amenaza a bienes jurídicos.
El presupuesto de hecho es requisito previo y necesario, pero solo él no es suficiente para
que la conducta lesiva que después desencadena sea conforme a Derecho. Será
necesario, además, que este hecho lesivo transcurra conforme a unos requisitos con los
que el Derecho Penal ciñe las posibilidades de que sea lícito.

Por tratarse de un componente fáctico, su apreciación requiere del empleo de los


elementos procesales probatorios que permitan una reconstrucción de los hechos. Es
decir, el Juez se va a retrotraer al momento en el que el hecho tuvo lugar y apoyado en
pruebas que lo sostengan se confirmará judicialmente si el presupuesto de hecho ha
existido. Es importante subrayar el carácter fáctico del presupuesto: es una situación de
hecho, respecto a la que sólo caben dos posibilidades: o ha existido o no ha existido.

- Opción subjetiva: se toman en consideración los datos con los que contara el autor. Es
decir, la percepción que tiene el sujeto de encontrarse ante una amenaza para un bien
jurídico es lo que el Juez ha de utilizar para afirmar o no que se da el presupuesto de
hecho de la causa de justificación.

El problema es que una opción tan subjetiva, tan vinculada a lo que el autor percibe y lo
que pasa por su mente, incurre en el exceso de llegar a que se afirme que han existido
hechos que realmente no existieron nunca y que sólo fueron fruto de la imaginación del
autor y al revés, que no existirán hechos que el autor nunca detecto. Así, sujetos
temerosos o poco perspicaces pueden crearse subjetivamente una realidad que
externamente nunca ha sucedido. A la inversa, alguien muy poco atento o muy confiado,
no percibirá nunca la situación de amenaza para un bien jurídico que tal vez, de hecho, sí
exista.

Sin perjuicio de que una situación de miedo o de reducción de las capacidades de


percepción de la realidad pueda ser tenida en cuenta en sede de culpabilidad y que ésta
pueda ser atenuada, lo que pone de relieve esta crítica es que no se puede hacer
depender un dato fáctico de criterios puramente subjetivos. Por ello, se trata de una
opción prácticamente descartada.

- Opción objetiva-subjetiva: El Juez ha de tener en cuenta los datos que tendría un


espectador imparcial, objetivo y con una diligencia media, colocado en la misma
posición que tenía el autor en el momento de producirse lo hechos: es decir, no lo que
percibe el autor concreto, sino lo que percibiría un sujeto imparcial, colocado en el lugar
y circunstancias del autor. Con este criterio, si se considera que era absolutamente
imprevisible que se percibiera el presupuesto de hecho, el error en el que se haya el
sujeto debe ser irrelevante y no impediría la apreciación de la causa de justificación. Si,
por el contrario, cualquiera lo hubiera advertido, entonces habrá un error relevante, que
impediría estimar la causa de justificación y la conducta sería contraria a Derecho.

Sin embargo, también a esta tesis se le debe achacar que llega a mantener que es real
aquello que en realidad nunca existió, por mucho que cualquier sujeto medianamente
diligente e imparcial así lo hubiera considerado. La composición que se haría un
espectador objetivo sobre lo que está ocurriendo no puede hacer que sea real aquello que
no lo es, aunque se descubra después.

- Opción estrictamente objetiva: Deja totalmente fuera cualquier apreciación subjetiva o


la que tendría el hipotético espectador neutral e imparcial. El juez ha de tener en cuenta
los hechos que realmente ocurrieron de modo objetivo, incluso aunque algunos se
conocieran ex post, una vez sucedido todo. Por mucho que el autor así lo creyera; es
más, por mucho que cualquiera hubiera percibido ahí una situación de agresión
ilegítima, ésta no existió en la realidad: el hecho que habilita a actuar bajo la
justificación no se ha producido y, dada su ausencia, es imposible absolutamente
justificar la conducta.

Ahora bien, ésta tesis objetiva también da cabida a la opinión o percepción de los hechos
que tendría el ideal espectador objetivo que los hubiera contemplado. Insistimos en que
esa percepción no cambia el ser de las cosas: no hace que exista una situación fáctica
que no ha existido nunca. Lo que hubiera percibido un espectador objetivo, colocado de
manera imparcial en el lugar de los hechos, no cambia los acontecimientos pero sí influye
en el grado de relevancia que tendrá el desconocimiento de la situación por parte del
autor y reconduce estas hipótesis a casos de error. Si ese observador externo, neutral y
con una diligencia media tampoco se hubiera percatado del error, entonces estamos ante
un caso de error invencible; si el espectador objetivo, con la diligencia de un hombre
medianamente prudente, hubiera podido conocer la realidad y salir del error, entonces
éste será vencible.

En resumen, efectos de la falta de presupuesto fáctico de una causa de justificación: la


ausencia del elemento fáctico que sostiene la posibilidad de actuar justificadamente
impide apreciar la causa de justificación. Falta su soporte y, en consecuencia, la acción
realizada seguiría siendo contraria a Derecho.

CONDICIONES PARA LA JUSTIFICACIÓN DE LA CONDUCTA

Una vez afirmada la presencia del elemento fáctico de la causa de justificación, el sujeto
está en condiciones de poder actuar bajo su amparo. Pero sólo se dará esta cobertura si
se actúa con sometimiento a los requisitos que impone el Derecho Penal. Para que la
conducta sea conforme a Derecho no basta con que el sujeto actúe en respuesta a la
situación habilitante que le ha supuesto una amenaza a su bien jurídico. No puede
reaccionar de cualquier manera, sino que ha de someterse a una serie de condicionantes
legales que son diferentes en cada causa de justificación.

La exigencia de sometimiento a los límites que marca el legislador se justifica en el efecto


principal que producen las causas de justificación: se excluye la contrariedad a Derecho
de la conducta que, por lo tanto, no va a generar responsabilidad penal alguna. Siendo
esta la consecuencia Jurídica primordial, es lógico que se requiera que la conducta
discurra bajo unos márgenes estrechos que hagan de ella una respuesta razonable a la
situación que la generó. Si se permitiera que la conducta se realizara de cualquier modo,
se anularía toda la eficacia preventiva que el Derecho Penal trata de proyectar sobre los
tipos.

Se trata de condiciones marcadas por el Derecho. Este punto subraya la diferente


naturaleza que tienen estos requisitos respecto al presupuesto fáctico de una causa de
justificación. Este es una situación fáctica que existe o no al margen de la voluntad o de la
actitud que desarrolle el sujeto, quien lo único que hace es encontrarse con ella. Es
externa a él. Sin embargo, las condiciones legales de cada causa de justificación están
diseñadas por el Ordenamiento Jurídico y pretenden encauzar la conducta del sujeto, que
ha de supeditarse a ellas para que su comportamiento esté permitido. Esta diferencia es
la que explica los distintos efectos que la falta de uno u otras tiene de cara a la
responsabilidad penal del sujeto. En común tienen que ya sea que falta el presupuesto de
hecho o que faltan las condiciones legales, la conducta no estará justificada y seguirá
generando respuesta penal. Pero:

- Si falta el presupuesto de hecho habilitante, la conducta no estará en absoluto


justificada y será merecedora de plena responsabilidad penal; más exactamente, de la
que resulte de analizar la culpabilidad. Lo único que puede suceder en este caso de
ausencia del presupuesto de hecho es que el sujeto creyera erróneamente que éste sí
se daba y actuara impulsado por esa creencia. Estaríamos ante un caso de error, cuyo
tratamiento penal está en el artículo 14 CP.

- Si existe el presupuesto fáctico pero falta alguno/s de los requisitos. legales que
requiere cada causa de justificación, ésta no operará y la conducta del sujeto seguirá
mereciendo respuesta penal, pero será objeto de una atenuación. La vía es la
aplicación del artículo 21.1. CP que establece: «Son circunstancias atenuantes: 1.° Las
causas expresadas en el Capítulo anterior, cuando no concurrieren todos los requisitos
necesarios para eximir de responsabilidad en sus respectivos casos». La concreción de
la atenuación de pena se contienen en el artículo 68 CP que prevé una reducción de la
misma en uno o dos grados: «atendidos el número y la entidad de los requisitos que
falten o concurran», entre otros criterios. La existencia del presupuesto fáctico colocó al
autor ante una situación que «casi» permitía justificar su conducta de respuesta.

Y por último, también la creencia errónea del sujeto de que actúa conforme a esos
requisitos, pese que no los cumple o se está extralimitando en ellos, tiene respuesta en
sede de error (art. 14 CP). En todo caso, la distinta configuración del presupuesto y de las
condiciones de las causas de justificación explica el diferente tratamiento que puede tener
el error en cada uno de los dos casos, tal y como veremos más adelante.

3. EL ELEMENTO SUBJETIVO DE LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN

Además de los elementos anteriores, una conducta estará justificada si el sujeto conoce
que concurre el presupuesto de hecho que habilita para actuar justificadamente y quiere
(se decide por) actuar bajo esa justificación. Este elemento subjetivo se reconoce en la
propia formulación de las causas de justificación: en la legítima defensa, cuando se dice
que el sujeto actúe «en» defensa de...; en el estado de necesidad, al requerirse que se ha
de actuar «para» evitar un mal..; y en el cumplimiento de un deber o ejercicio legítimo de
un derecho, al pedirse que se obre «en» cumplimiento de dicho deber o «en» el ejercicio
legítimo de un derecho, oficio o cargo. Es decir, se emplean términos que indican que las
causas de justificación exigen una especial tendencia por parte del sujeto: se ha de captar
la presencia del presupuesto de hecho de una causa de justificación y, bajo este
conocimiento, actuar con la voluntad de reaccionar ante el mismo.

Si falla este componente subjetivo, a la causa de justificación le faltaría una pieza, por lo
que no podría ser estimada. La ausencia del elemento subjetivo de la causa de
justificación impide la apreciación de la misma, pese a que se reúnan tanto el presupuesto
de hecho como los requisitos legales. La conducta, de nuevo, permanece sin justificar,
sigue considerándose contraria al ordenamiento y penalmente tendrá respuesta.

Ahora bien, la necesidad de este requisito subjetivo no impide que el sujeto actúe movido,
además, por otros móviles o intereses personales que, de concurrir, no merecen
relevancia alguna. Lo importante es que el sujeto se ha percatado de la agresión ilegítima
y ha respondido con el propósito de defenderse de ella. Si junto al ánimo específico de
responder a la amenaza a un bien jurídico, el autor actúa por otros motivos personales
añadidos, al Derecho Penal éstos no le deben interesar, dado el riesgo de derivar en un
sistema que se orienta a reprimir pensamientos o voluntades más o menos perversas.

Pudiera suceder que un sujeto, sin saberlo, realice una conducta que cumple con los
elementos objetivos de una causa de justificación. Se puede estar produciendo el
presupuesto de hecho y cumpliendo los requisitos legales de una causa de justificación,
pese a que el sujeto no los conozca y, por lo tanto, no actúe impulsado por ellos. Faltará
el elemento subjetivo de la causa de justificación, generándose una situación de error.

- Posición dominante: la conducta debe ser tratada en forma análoga a una tentativa.
Esta no se da de manera estricta, porque objetivamente sí se ha producido el resultado
descrito por el tipo y pretendido por el sujeto. Ahora bien, el hecho es que en ese caso
concreto, el Ordenamiento no quiere prohibir ese resultado lesivo. Por eso, no hay
propiamente un global desvalor de resultado al no haber afección jurídicamente
relevante para el bien jurídico. Sólo se mantiene el desvalor de acción inherente a la
conducta que ha ejecutado el sujeto. Así que, sí hay desvalor de acción y no hay un
jurídico desvalor de resultado; se trata de una manifestación de conducta intentada.

- Posición crítica: postulan que la conducta ha de quedar impune. Esta opción pone de
relieve que el azar ha convertido en lícito algo que inicialmente no iba a serlo. Es la
casualidad la que determina que la acción, dirigida a actuar en contra del Derecho, se
esté desarrollando bajo los parámetros de una causa de justificación sin que el autor lo
sepa y que el resultado lesivo no interese al Derecho Penal. En ausencia de desvalor
de resultado, el desvalor de acción se sustenta en la pura ejecución del hecho movido
por un dolo típico que sin embargo, no va a llegar a producir efectos lesivos relevantes.
Es decir, habría desvalor de acción pero no había posibilidades de resultado lesivo, por
lo que estaríamos ante un caso de castigo de una tentativa inidónea: más cercana al
castigo de la voluntad criminal que de los hechos que afectan a los bienes jurídicos.

4. ERROR EN LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN

- El sujeto cree que se da el presupuesto de hecho y realmente éste no se está


produciendo: error sobre los presupuestos fácticos de una causa de justificación.

- Sí existe el presupuesto de hecho, pero el sujeto cree estar dentro del ámbito de una
causa de justificación, cosa que no sucede: error sobre los límites o sobre la existencia
de una causa de justificación.

ERROR SOBRE EL PRESUPUESTO FÁCTICO DE UNA CAUSA DE JUSTIFICACIÓN

- Criterio objetivo-subjetivo, que atiende al parámetro de la previsibilidad o razonabilidad


de un espectador objetivo, imparcial y medianamente diligente: si se considera que era
absolutamente imprevisible que se percibiera el presupuesto de hecho, el error en el
que se haya el sujeto debe ser irrelevante y no impediría la apreciación de la causa de
justificación. Si, por el contrario, cualquiera lo hubiera advertido, entonces habrá un
error relevante, que impediría estimar la causa de justificación y la conducta sería
contraria a Derecho. A esta opción se le opone como crítica que llega a mantener que
es real aquello que en realidad nunca existió, por mucho que cualquier sujeto
medianamente diligente e imparcial así lo hubiera considerado. La composición que se
haría un espectador objetivo sobre lo que está ocurriendo no puede hacer que sea real
aquello que no lo es aunque lo descubra después.
- Dado lo anterior, la opción estrictamente objetiva deja fuera cualquier apreciación
subjetiva o la que tendría el hipotético espectador neutral e imparcial. El juez ha de
tener en cuenta los hechos que realmente ocurrieron de modo objetivo, incluso aunque
algunos se conocieran ex post, una vez sucedido todo. Si se concluye, incluso con
datos conocidos tras los hechos, que el presupuesto de hecho no existía, por mucho
que el autor así lo creyera; es más, por mucho que cualquiera hubiera percibido ahí una
situación de crisis para el bien jurídico, ésta no existió en la realidad: el hecho que
habilita a actuar bajo la justificación no se ha producido y, dada su ausencia, es
imposible absolutamente justificar la conducta, que seguirá siendo antijurídica. Ahora
bien, el criterio del espectador objetivo sí se toma en cuenta al analizar el aspecto
subjetivo de la conducta realizada en ausencia del presupuesto fáctico de la causa de
justificación que el sujeto creía erróneamente que sí existía. Lo que un espectador
objetivo, colocado de manera imparcial en el lugar de los hechos hubiera percibido, no
cambia los acontecimientos pero sí influye en la relevancia que ofrece el
desconocimiento de la situación por parte del autor y reconduce estas hipótesis a casos
de error: si ese observador externo, neutral y con una diligencia media tampoco se
hubiera percatado del error, entonces estamos ante un caso de invencibilidad; si el
espectador objetivo, con la diligencia de un hombre medianamente prudente, hubiera
podido conocer la realidad y salir del error, entonces éste será vencible.

A partir de aquí, las respuestas divergen en lo relativo a qué clase de error es el que se ha
producido, si error de tipo o error de prohibición (o error sobre la ilicitud de la conducta),
opción que se anuda a la aceptación o no de la tesis de los elementos negativos del tipo.

En general, quienes no la mantienen y distinguen entre tipo y causas de justificación,


estiman que un error en materia de causas de justificación es un error sobre el carácter
antijurídico de la conducta. De ahí la calificación coso error de prohibición (art. 14.3 CP):
porque se entiende que el error del sujeto recae sobre la norma que le permite actuar
cuando el presupuesto de hecho concurre realmente. Cree que tiene el permiso para
reaccionar ante una agresión, pese a que ésta no estuviera sucediendo. La consecuencia
jurídica es que si el error es vencible, la pena del delito doloso se atenuará en uno o dos
grados, respuesta que estiman adecuada al carácter doloso de la conducta del sujeto.

- La opción del error de tipo (art. 14.1 CP) enfatiza que en estos casos el sujeto no está
equivocado sobre lo que el Derecho le permite o le prohíbe hacer, sino que su
equivocación radica en la situación a la que se refieren esas normas: tiene una falsa
representación acerca de la situación prevista en la Ley para que entren en juego las
causas de justificación. Utilizando el ejemplo propuesto arriba: el que «se defiende»
sabe muy bien que si le agreden tiene el permiso jurídico para reaccionar; o si se
prefiere, sabe perfectamente que está prohibido lesionar a otro, salvo que exista una
agresión previa. Es decir, conoce bien el contenido de las normas. En lo que está
equivocado es en la situación regulada por las normas: capta erróneamente la realidad
regulada normativamente, pues cree que le están agrediendo y no es así. Estamos,
entonces, ante un caso estructuralmente igual a los de error de tipo.

Esta solución es defendida por quienes sostienen la tesis de los elementos negativos del
tipo. Se trata de una solución coherente con la opción sistemática de esta teoría: es error
de tipo, porque los presupuestos fácticos de una causa de justificación son elementos del
tipo, negativos, que no tienen que concurrir, pero elementos del componente tipicidad.

Se le achaca el inconveniente de las lagunas de punición que se pueden generar, a


consecuencia del sistema de casos tasados que sigue el Código Penal respecto a la
imprudencia. Si un hecho delictivo no tiene expresa opción imprudente en el Código
Penal, los casos de error sobre presupuestos de hecho de una causa de justificación que
afecten a ese delito quedarán impunes. Sin embargo, tal inconveniente no puede
considerarse como una crítica a la tesis, ya que es una de las consecuencias derivadas
de la opción político-criminal seguida por el Código, vinculada al principio de intervención
mínima. Otra cosa es que no se esté de acuerdo con esta opción político-criminal por sí
misma y por las consecuencias técnicas que conlleva.

Otro escollo a la solución del error de tipo para los casos de error sobre presupuestos
fácticos es que trata como delito imprudente lo que realmente es un hecho doloso. Cabe
responder a esta crítica puntualizando que el dolo típico requiere una voluntad de
actuación en contra de las prohibiciones normativas, cosa que en estos casos no se da. Al
contrario, el sujeto que cree erróneamente que se da el hecho que le habilita a actuar
justificadamente lo que tienen es la voluntad de actuar de acuerdo con las normas
permisivas. Ambas voluntades, la de actuar en contra del mandato y la voluntad de
acogerse a lo permitido, son incompatibles.

ERROR SOBRE LOS LÍMITES O SOBRE LA EXISTENCIA DE UNA CAUSA DE


JUSTIFICACIÓN

El presupuesto es una situación fáctica que existe o no al margen de la voluntad o de la


actitud que desarrolle el sujeto, quien lo único que hace es encontrarse con ella. Sin
embargo, las condiciones legales de cada causa de justificación están diseñadas por el
Ordenamiento Jurídico y pretenden encauzar la conducta del sujeto, que ha de
supeditarse a ellas para que su comportamiento esté permitido. Esta configuración distinta
explica el diferente tratamiento que se le da al error cuando éste versa sobre las
condiciones o límites jurídicos de una causa de justificación a cuando se refiere a los
presupuestos de hecho. Ya no será un error de tipo, es decir, una falsa representación
sobre la situación, sino que de modo unánime se considera un error de prohibición, o sea,
una equivocada consideración acerca de los márgenes que el Derecho ofrece para actuar.
Si el sujeto se equivoca sobre los límites o el alcance que tiene una causa de justificación,
se equivoca sobre lo que la norma le permite hacer.

El error de prohibición vencible en el caso de equivocación sobre los límites o los


requisitos de una causa de justificación conlleva una atenuación de la pena a tenor del
artículo 14.3 CP, igual a la que se produce en el caso de la eximente incompleta por falta
de laguna de las condiciones legales de la causa de justificación, artículo 21.1º en
relación con el artículo 68 CP. De ahí que normalmente la jurisprudencia se incline mas
por esta segunda calificación, sin entrar a valorar la difícil prueba de error.

Finalmente, si el sujeto yerra sobre la existencia misma de la causa de justificación, es


decir, cree que su obrar está amparado por una causa de justificación y ésta ni siquiera
existe, también su error versa acerca de lo que está permitido y prohibido jurídicamente.

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