CARGA PROCESAL
La carga procesal se entiende como el exceso de expedientes que asume el Poder
Judicial, viéndose inmersos a su vez aquellos escritos pendientes de dar cuenta; en
conjunto se trata de una sobrecarga de trabajo que un juez, un tribunal o un órgano
judicial específico tiene que manejar en un período de tiempo determinado. Lo anterior
alberga factores como la cantidad de casos que se presentan ante el juez o tribunal, la
complejidad de los mismos, la disponibilidad de recursos y personal para manejar los
casos, entre otros. Asimismo, la carga procesal en sí puede variar dependiendo del
tipo de tribunal o juzgado, la jurisdicción geográfica o la especialización de los casos
que se manejan.
Ahora bien, ¿cómo es que la carga procesal se convierte en un aspecto que influye de
forma negativa en la administración de justicia?; pues es debido acotar que en el Perú
y desde un tiempo remoto a la actualidad, la capacidad de resolución para los
numerosos procesos existentes ha presentado falencias y una eficacia deplorable. Y,
principalmente se debe a causales como el mal manejo de documentos e información,
la poca comunicación entre las bases informáticas, la deficiencia en organización, la
falta de especialización de los tribunales, la burocracia excesiva, y sumado a ello la
falta de recursos humanos, materiales y financieros (Fisfalen, 2014).
A raíz de lo anterior es que la justicia en nuestro país se dilata de una manera
increíble; es alarmante que tan solo en las sedes de Lima cada juzgado adquiera de
1,500 a 4,000 casos entre demandas y denuncias por mes, lo cual representa un
incremento de al menos un 70 % durante los últimos años. Entre los casos se
encuentran procesos admitidos por el Poder Judicial en calidad de nuevos, otros son
traslados entre juzgados, y otros tantos son apelaciones; pero a ello se le debe añadir
aquellos casos que tuvieron inicio en años anteriores y que pasan a ser carga
pendiente de resolver. Otro ejemplo que entraría en categoría de preocupante, es lo
que pasa en Piura, donde la carga de 105,484 procesos deben ser atendidos por solo
86 jueces (Prieto, 2019).
Bajo dicho lineamiento, este gran problema dentro de nuestro país suele estar
suscitado por características impulsadoras como el hecho de que en algunas
oportunidades los jueces no solo se encargan de la parte jurisdiccional sino también
de la administrativa; y a su vez influye en demasía el tiempo que se invierte en presidir
o conformar comisiones, en atender a los litigantes y a sus diligencias, participar en
capacitaciones, etc; y adherido a ello, la extensión innecesaria de hojas en una
sentencia, pues tranquilamente el juez podría elaborar una sentencia con lo sustancial
para dejar en claro la motivación del fallo final, y derivar ese tiempo a atender otros
expedientes.
Entre otros aspectos relevantes de citar, está la demora en las notificaciones, la
distribución de carga sin consideraciones que comúnmente se ejecuta de forma no
equitativa, el incremento de la demanda a causa del aumento poblacional, la falta de
seguimiento o control, y por último la falta de compromiso que demuestran algunos
jueces para con su rol de producir resoluciones. Esto último se entiende como un
aspecto aún más grave, pues debemos tomar en cuenta que tanto en el artículo IV del
título preliminar de la Ley N° 29277 “Ley de la carrera judicial”, como en el inciso 8 del
artículo 2 del título I de la misma ley; se establece que es requisito esencial del juez
demostrar ser poseedor de ética y probidad tanto en su carrera como en su
trayectoria.
De otro lado, el plan de gobierno 2023-2024 para el Poder Judicial detalla que uno de
los objetivos es alcanzar la interoperabilidad en los sistemas que se despliegan de
este, con el propósito de agilizar los procesos garantizando una mejora gradual. Y
además, dentro del apartado denominado como descarga procesal, se disponen de
propósitos específicos como el de organizar al despacho judicial y adherirlo a los
nuevos estándares de modernidad, e incluso se habla de reformas legislativas para
obtener simplificaciones en los procesos evitando que todos lleguen a sede casatoria,
como también propuestas de ley que acorten los plazos procesales en materia civil,
laboral y administrativa. De igual forma, se menciona la promoción de más maratones
judiciales trimestrales con fin de apresurar la descarga procesal.
Con ello visualizamos que el Estado está tratando de proponer medidas para
contrarrestar el tumulto generado en la administración de justicia, sin embargo, estas
medidas deben ir sujetas a reformas e implementaciones reales y dispuestas a
concretarse, pues de lo contrario lograr un avance significativo solo sería una meta
abstracta y difícil de cumplir. Es necesario que haya estándares para direccionar la
solución al problema en cuestión de una manera óptima, el hecho de ofrecer un
servicio eficiente a los usuarios de los recursos de justicia debe priorizarse, el Estado
debe ofrecer herramientas que faciliten la accesibilidad, veracidad y confiabilidad para
los individuos que requieren de atención jurisdiccional en miras a obtener justicia y
prontas respuestas a sus peticiones legales (Prieto, 2019).
CONCLUSIÓN:
La carga procesal implica una serie de componentes que unidos impulsan su
agravamiento, por lo que, es esencial que nuestro gobierno ejecute con aceleración el
plan propuesto para lograr una óptima descarga procesal, pues de no ser así, un gran
número de expedientes correspondientes a casos que merecen una resolución
quedarán a la deriva; la administración de justicia en el Perú debería atenerse a
lineamientos más eficaces.
REFERENCIAS:
Prieto, G. (25 de Setiembre de 2019). Carga procesal en Ministerio Público
aumentó en 70%. Obtenido de La Republica:
[Link]
publico-aumento-en-70/
Fisfalen, M. (2014). Análisis económico de la carga procesal del Poder Judicial.
[Link]
8/FISFALENHUERTA_MARIO_ANALISIS_ECONOMICO.pdf?
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