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Gentilicios y agricultura mexica

Los aztecas, también conocidos como mexicas, establecieron su capital Tenochtitlán en el altiplano central de México y desarrollaron una sociedad compleja con un sistema agrícola avanzado basado en chinampas. Su cultura estaba marcada por la guerra ritual, conocida como guerras floridas, donde capturaban prisioneros para sacrificios en honor a su dios Huitzilopochtli. A pesar de su éxito, el imperio azteca se debilitó por el exceso de sacrificios, lo que contribuyó a su eventual caída ante los conquistadores españoles.

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Gentilicios y agricultura mexica

Los aztecas, también conocidos como mexicas, establecieron su capital Tenochtitlán en el altiplano central de México y desarrollaron una sociedad compleja con un sistema agrícola avanzado basado en chinampas. Su cultura estaba marcada por la guerra ritual, conocida como guerras floridas, donde capturaban prisioneros para sacrificios en honor a su dios Huitzilopochtli. A pesar de su éxito, el imperio azteca se debilitó por el exceso de sacrificios, lo que contribuyó a su eventual caída ante los conquistadores españoles.

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Los aztecas se establecieron en el altiplano central de México, en la región que

actualmente corresponde a los estados de México, Hidalgo, Morelos y Puebla.


Fundaron su capital, Tenochtitlán, en una isla del lago Texcoco, la cual se convirtió
en una de las ciudades más grandes y avanzadas de su tiempo.
Se utilizan diferentes gentilicios para hacer referencia al pueblo mexica. Mexica se
deriva de uno de los nombres (Mexi) de su dios protector Huitzilopochtli. Según el
Códice Aubin mexitin, un grupo de macehuales, súbditos de los aztecas de
Chicomóztoc, guiados por el sacerdote Huitzitl (Huiztilipochtli) y su dios protector
Tetzauhteótl (Tezcatlipoca) emigraron de su tierra madre y decidieron cambiar su
nombre a “mexicas”. Fue el gentilicio que este pueblo utilizó para nombrarse a sí
mismo y durante toda la época colonial fue el nombre que utilizaron los cronistas
indígenas y españoles para hacer referencia a este pueblo. Así que parece no
haber ninguna razón de peso para seguir llamándoles aztecas.

En el mundo anglosajón el más común es Aztec o en castellano Azteca. Este


nombre significa “habitante de Aztlán” y hace referencia al origen histórico-
mitológico de los mexicas y otros pueblos como los chalcas y los huastecos, entre
otros. Según el historiador Miguel León Portilla fue a partir del siglo XIX que se
empezó a utilizar comúnmente y señala que “una posible explicación de por qué la
palabra azteca se impuso a la de mexica o mexicano se halla quizás en el hecho
que, aún poco antes de consumarse la independencia de México, se quiso
distinguir el nombre de los habitantes de todo el país, conocidos como mexicanos
y el del antiguo pueblo que había fundado la ciudad de México…” Y sobre todo
durante el siglo XX empezó a popularizarse el nombre para hacer referencia a
nuestro país y sus habitantes (Banco Azteca, El equipo azteca, el boxeador
azteca, etc.).

Tenochca: Este gentilicio hace referencia a los mexicas que, guiados por su
entonces líder Tenoch, fundaron en el año 1 Pedernal (1325) en el lago de
Texcoco la ciudad de Tenoch-titlán. “Tenochca” significa habitante de Tenochtitlan.

Nahua: nombre que hace referencia a los pueblos que hablan el idioma náhuatl y
hace referencia a diferentes grupos étnicos que comparten una herencia cultural
en común, provenientes de la Gran Chichimeca (la región de los cazadores-
recolectores que correspondía con Aridoamérica). Los mexicas son uno de los
diversos pueblos que hablan esta lengua.

En la sociedad mexica, la tierra solo podía ser propiedad de comunidades (calpolli)


y parcelado a familias individuales para su cultivo, o los granjeros podían ser
inquilinos residentes (mayeque) en grandes fincas privadas. La renta era pagada
en especie a los terratenientes quienes eran, ya sea, nobles mexicas (pipiltin),
guerreros a quienes se les otorgó el terreno por los servicios prestados, o el rey
mismo (tlatoani), quien manejaba todas sus fincas a través de administradores
intermediarios. En una escala menor, era también típico para los plebeyos
(macehualtin) tener su parcela (calmil), donde podían proveer a la familia con
comida. Al fondo estrato social estaban los esclavos (tlacohtin) quienes, aparte de
trabajar en otras industrias, eran usados ampliamente en la agricultura.

Dos grupos de agricultores pueden ser distinguidos - el agricultor general que


trabajaba los campos, plantaba e irrigaba los cultivos, y los más especializados
horticulturistas quienes tenían el conocimiento de plantación, trasplante, rotación
de cultivos, y los mejores tiempos para plantar y cosechar. La última información
podía ser determinada de los almanaques tonalamatl, y no solo consideraban las
condiciones climáticas sino también los periodos y eventos propicios después de
los cuales la plantación y la cosecha deberían ocurrir.

Para maximizar la producción de cultivos, varias medidas fueron tomadas. Por


ejemplo, terraplenando para incrementar el área de cultivo era usado
ampliamente, sobre todo en el reinado de Netzahualcóyotl. La irrigación también
era utilizado a través del imperio mexica, a veces en ambiciosos proyectos a
grande escala, como la desviación del río Cuautitlán para regar los campos
aledaños; pero más comúnmente, vía campos artificialmente inundados conocidos
como chinampas (ver más abajo). Los cultivos también eran fertilizados usando
una combinación de lodo dragado de los canales construidos donde sea que los
mexicas tomaran residencia y de excremento humano, colectado de los centros
urbanos para ese propósito.

Aun así, a pesar de todas estas medidas, los cultivos podían ser significativamente
reducidos por eventos naturales desfavorables como lluvia excesiva e incluso
nieve o plagas como langostas o roedores. Por ello, reservas de grano eran
acumuladas para ser redistribuidos para los desprovistos en esos tiempos difíciles

Todo tipo de productos alimenticios eran cultivados, y cultivos no alimenticios


incluían algodón y tabaco, el cual era fumado ya sea en pipa o enrollado en
cigarros. Una vez cosechados, los bienes eran vendidos en mercados ubicados en
la plaza central de todas las ciudades. El más grande y famoso era el mercado de
Tlatelolco, el cual cada día atraía 25,000 compradores y tantos como 50,000 en el
mercado especial celebrado cada quinto día

Las chinampas eran campos levantados e inundados artificialmente usados para


el cultivo, las cuales cubría grandes áreas de la cuenca de los lagos Chalco y
Xochimilco y aumentaban considerablemente la capacidad agrícola del terreno. De
hecho, tanto como seis cultivos al año podían ser cultivados en las chinampas; no
es sorpresa que aún se continúen utilizando hasta el presente día. Su uso en
Mesoamérica data de siglos pasados, pero no fue hasta los siglos XIII y XIV que
empezaron a esparcirse más allá de las cuencas de Chalco-Xochimilco donde
eventualmente cubrieron hasta 9,500 hectáreas. Las chinampas podían alimentar
a una población en crecimiento, que solo en la capital de Tenochtitlán era de al
menos 200,000 habitantes y quizás 11, 000,000 a través del imperio.
Moctezuma I,
En particular, se embarcó en un proyecto de expansión en el siglo XV,
probablemente como una respuesta directa a las necesidades de una población
en rápido crecimiento.

Cada chinampa era notablemente similar en tamaño y orientación. Midiendo


alrededor de 30 x 2.5 metros, eran fijadas en áreas pantanosas usando largas
estacas. Cada parcela era bordeada con una cerca hecha con ramas entrelazadas
que, con el paso del tiempo, se volvían más sólidas ya que recolectaban lodo y
vegetación. El muro era fortalecido más con la plantación de sauces en intervalos
regulares. El área de cultivo dentro de la chinampa era rellenado con sedimentos y
entre cada parcela había un canal que daba acceso a las canoas. El agua era
provista, y controlada cuidadosamente, por una combinación de manantiales
naturales y construcciones artificiales como acueductos, diques, presas, canales,
reservas y compuertas. Uno de los más impresionantes de estos era un dique de
16 kilómetros construido por Nezahualcóyotl en el borde de Tenochtitlan para
bloquear el agua salada del lago de Texcoco y crean una laguna alimentada por
un manantial de agua dulce.

Comida y bebida

Estaba dominada por frutas y verduras, ya que los animales domesticados


estaban limitados a perros, pavos (totolin), patos y abejas de miel. La caza
(especialmente conejos, venados y cerdos salvajes), peces, aves, salamandras,
algas (usadas para hacer pasteles), ranas, renacuajos e insectos eran también
una valiosa fuente de comida. Los cultivos más comunes eran el maíz (centli,
usado famosamente para hacer tortillas pero también tamales y engrudo),
amaranto (un grano), la salvia, frijoles (etl), calabacín y chiles. Tomates rojos y
verdes eran cultivados (pero más pequeños que su variedad moderna), así papas
dulces blancas, jícama (un tipo de nabo), chayote (pera vegetal), el nopal y
cacahuates. Los mexicas también crecían varios tipos de frutas incluidas
guayabas, papayas, mamey, zapotes y chirimoyas. Las botanas incluían palomitas
y las dulces hojas horneadas del maguey

Sin usar aceites o grasas, la mayoría de los platillos eran hervidos o asados, y el
sabor extra era añadido usando condimentos, porque los aztecas usaban sus
salsas y sazonadores. Ejemplo de ellos incluían el epazote, hojas tostadas de
aguacate, semillas de achiote, y por supuesto, chiles, ya sean frescos, secados o
ahumados. Los otros dos sabores populares para los mexicas eran la vainilla y el
chocolate. El último venía de los granos de las vainas del cacao del árbol que era
cultivado en huertos extensos cerca de la costa. Los granos eran fermentados,
curados y tostados. Después, los granos eran molidos en polvo y mezclados con
agua caliente ya que el chocolate era consumido usualmente como una espumosa
bebida caliente. Amargo al gusto, podría ser saborizada agregando, por ejemplo,
maíz, vainilla, flores, hierbas y miel. Tan estimado era el chocolate que los granos
eran usados como moneda (e incluso falsificados) y demandados como tributo a
tribus sometidas. Otras bebidas populares eran el octli (pulque para los
españoles), una ligera bebida alcohólica hecha de la savia fermentada del
maguey, y el pozolli hecho de la harina fermentada de maíz. Estas bebidas
alcohólicas eran, sin embargo, consumidas en moderación, ya que ser atrapado
borracho podría resultar en todo tipo de castigos, incluso en la pena de muerte.
Las culturas basadas en la guerra necesitan la guerra; sus valores y estructuras
sociales dependen de ello. Esto era sin duda cierto en la cultura de los mexicas, la
gente que vivía en la capital del imperio azteca. Los mexicas incluso adoraban a
un dios de la guerra como su deidad principal, llamado Huitzilopochtli.
Para mantener a Huitzilopochtli apaciguado, los guerreros aztecas tenían que
seguir luchando, y así la guerra realmente ser convirtió en un ritual. Las guerras
rituales del Imperio Azteca eran conocidas como xochiyaoyotl, o guerras floridas (a
menudo llamadas guerras de flores). Los aztecas también luchaban en guerras
tradicionales, pero las guerras floridas eran diferentes. No se luchaban para
vencer a un enemigo, sino simplemente por luchar.

Historia de las guerras floridas aztecas

Los mexicas eran guerreros desde que llegaron al Valle de México. Viniendo de
una patria mítica muy lejos hacia el norte, los mexicas encontraron que el Valle de
México ya estaba lleno de bulliciosas ciudades. De este modo, ellos vendían sus
servicios como mercenarios hasta que llegaron a ser lo suficientemente poderosos
para construir su propia ciudad, Tenochtitlán. Con el tiempo, se hicieron aún más
poderosos, formando finalmente la Triple Alianza con las ciudades de Texcoco y
Tlacopan para crear el Imperio Azteca.

A mediados del siglo XV, un nuevo gobernante llamado Tlacaelel llegaba al poder
en Tenochtitlán. Como emperador, Tlacaelel desarrolló el culto a la guerra/dios
sol Huitzilopochtli e insistía en que los aztecas fueran un pueblo elegido,
seleccionado por los dioses para ofrecer sacrificios humanos

Los dioses exigían sacrificios en forma de prisioneros capturados en la guerra. Si


los aztecas conquistaban a todos, no habría más guerra, y por lo tanto no más
prisioneros de guerra. Así, los aztecas hicieron un trato con la ciudad cercana de
Tlaxcala (rival por mucho tiempo de Tenochtitlán). Las ciudades acordaron
reunirse y pelear una clase especial de batalla ritual que no se libraba por la
conquista o la tierra. Estas batallas sólo se librarían por los prisioneros, los cuales
cada ciudad podía tomar de nuevo y sacrificar a los dioses. A pesar de que los
aztecas continuaban luchando las guerras floridas contra otras ciudades, Tlaxcala
siempre fue su principal rival.
Las guerras floridas se convirtieron en una tradición muy importante en el Imperio
Azteca. Las reglas fueron establecidas, y el ritual se volvió muy estandarizado. En
una guerra florida, los dos ejércitos opuestos se reunirían en un lugar
preseleccionado en una fecha preseleccionada. También acordaban el número de
guerreros a traer, de modo que cada lado tenía el mismo número (lo cual no es
algo que se ve a menudo en la guerra). Se encendía un fuego de incienso, y
comenzaba la batalla. Es importante recordar que la guerra no se libraba para
matar al enemigo. El objetivo era mutilarlos y capturarlos, pero tenían que estar
vivos para poder ser sacrificados en el templo. Una vez que tenían suficientes
presos, la batalla terminaba. Morir en la batalla o como prisionero capturado era
extremadamente honorable en cualquier guerra en Mesoamérica, pero esto era
especialmente cierto en las guerras floridas. Los prisioneros capturados iban
voluntariamente al templo para ser sacrificados; en las religiones mesoamericanas
esto básicamente los excusaba de un purgatorio infernal y los enviaba
directamente al lado de Huitzilopochtli.

Con el tiempo, el Imperio Azteca empezó a ser gobernado por el miedo, pero las
guerras floridas estaban destinadas inevitablemente por su propio éxito. Más y
más personas eran sacrificadas y eso debilitaba enormemente a los pueblos de
México. Las otras tribus comenzaban a quejarse y burlarse ante el flujo sin
precedentes de sangre, mientras sus mejores y más valientes guerreros (y a
menudo niños) eran llevados para cumplir con el ritual.

Aunque los tlaxcaltecas participaban voluntariamente en las guerras floridas de los


aztecas, en realidad odiaban y temían al imperio. Incluso se ha sugerido que
Tlaxcala servía como una granja para los nuevos sacrificios humanos. Cuando los
españoles llegaron, el conquistador Cortés, a través de su intérprete Malinche,
rápidamente reconoció el odio que el pueblo de Tlaxcala tenía por los aztecas y
los convenció de unirse a él contra el comenzando la conquista del imperio azteca.
El imperio cayó, y las guerras floridas terminaron.

Guerras floridas y tácticas de la guerra

Según Ross Hassig, las guerras floridas eran más o menos lo mismo que otros
conflictos. La excepción era que los ejércitos no hacían uso de proyectiles. Parte
de esta razón es que los proyectiles pueden fácilmente matar a una persona, pero
los proyectiles son también impersonales en el sentido en que no puedes
fácilmente reclamar a alguien cautivo. En lugar de eso hacían más uso de armas
de choque.

Las armas de choque incluían lanzas para estocadas (tepoztopilli), espadas


(macuahuitl) y garrotes. Las lanzas eran de aproximadamente 1.87m de largo y
podían ser utilizadas tanto para dar estocadas como para cortar, y podían ser
bloqueadas a una distancia. La punta de lanza era una cabeza triangular, ovalada
o en forma de diamante con cuchillas de piedra incrustadas en el borde formando
un borde de corte casi continuo.

La espada venía en dos variedades, de una sola mano o de dos manos. Por lo
general estaban hechas de roble y tenían aproximadamente 7,6 cm a 10,2 cm de
ancho y más de un metro de largo. La espada tenía dos ranuras talladas en cada
uno de los bordes, lo que permitía colocar las cuchillas de piedra, las cuales a
veces estaban pegadas. El macauhuitl se podía utilizar tanto para un corte
descendente como para un corte de revés. El bloqueo probablemente se hacía
con el lado plano de la cuchilla para evitar daños a las cuchillas de piedra.

Los aztecas utilizaban varios tipos de garrotes. Había garrotes sencillos de


madera, garrotes con cuchillas de piedra (huitzauhqui), garrotes con una esfera al
final (cuauhololli), y garrotes con prominentes puños de madera parecidos a una
estrella matutina (macassahuitzoctli).

En cuanto a las tácticas generales, los combatientes se agrupaban en unidades de


combate y eran estrictamente llevados dentro o fuera de las luchas. Durante la
batalla ellos formaban un frente sólido contra el enemigo, pero sólo lo
suficientemente profundo para mantener ese frente en lugar de tener grandes
bloques de combatientes. Esto hacía que la batalla se concentrara en una lucha
cara a cara. Cuando los lados opuestos se encontraban, las unidades de batalla
se peleaban entre sí sobre una base de combate individual mientras trataban de
mantener un frente cohesivo. Si el frente de una unidad se rompía, era probable
que se produjera una derrota. Los aztecas tendían a rodear a sus enemigos desde
todos los lados o a atacarlos desde el costado mientras estaban involucrados en
un asalto frontal.

Los mexicas crearon su propia cosmovisión, semejante a las otras culturas


mesoamericanas, pero con elementos de su contexto natural y social. En su visión
la tierra o tlaltícpac se encontraba rodeado por agua. La superficie estaba dividida
en cuadrantes en forma de cruz, con el centro una piedra verde. A cada cuadrante
se le asigna un color y un símbolo que se relaciona con el movimiento del Sol y la
vida.

La tierra representa a su vez la separación horizontal entre los 13 cielos y los 9


inframundos. En la bóveda celeste se encontraba en los primeros cielos los
planetas y los astros, representados todos por un dioses; las capas superiores se
habitaban por los dioses como Tláloc, el dios de la lluvia y Chalchiutlicue y en lo
más alto se encuentra el Omeyocan, “el lugar de la dualidad”, donde se originó
todo el universo, creado por Ometecuhtli y Omecihuatl. Esta pareja divina
(Ometeótl) creó a todos los demás dioses y en particular Tezcatlipoca rojo o Xipe
Totéc, Tezcatlipoca negro, Tezcatlipoca Blanco o Quetzalcóatl y Huitzilopochtli o
Tezcatlipoca azul.
Estas divinidades fueron los creadores de los elementos (fuego, agua, viento,
tierra) y de los hombres (Quetzalcóatl) y desde rumbos respectivos del universo
actuaban a veces como fuerzas en conflicto que provocaban cataclismos y
guerras. Los cuatro dioses principales, alternadamente, habían creado las
diversas humanidades que existieron y el mundo había existido varias veces
consecutivas; a cada edad le llamaron Sol y los seres de cada una de ellas fueron
siempre superiores a los de la edad anterior; cada una de las edades corresponde
a una de las cuatro fuerzas primordiales: agua, tierra, fuego y viento. Los mexicas
vivían en la quinta edad o Quinto Sol, llamada Sol cuatro movimiento Nahui Ollin.
En la tradición mexica la lucha entre los opuestos Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.
Debajo de la tierra se encontraba los 9 inframundos a los cuales se acedía en el
centro del cosmos (las cuevas de las pirámides). En este lugar los muertos tenían
que pasar varias pruebas antes de descansar por completo. En el fondo se
encontraba el Mictlán donde reinaba otra pareja divina Mictlantecuhtli y
Mictecacíhuatl.
La cosmovisión mexica incorpora con su visión del mundo aspectos de las
religiones de pueblos antiguos de Mesoamérica y agregan elementos nuevos
como la deidad Huitzilopochtli que no se conocía en otras culturas
mesoamericanas. La lucha de su dios tutelar con Quetzalcóatl representa la
dualidad en el mundo natural y humano, y a su vez parece simbolizar la fuerza de
la sociedad mexica como una nueva potencia en el centro de Mesoamérica. Es
justamente en la época de lmperio mexica (1428-adelante) que se escribe el mito
de Huitzilopochtli como dios tutelar distintivo de su pueblo. En él, aparece como el
nuevo Sol que debe mantenerse en movimiento, en vida, por medio de la vida
misma: la sangre fresca de los sacrificados y los guerreros, que entregan su vida
en el campo de batalla para alimentar al Sol.

Ometeótl
Señor de los cielos y creador de los dioses principales. Representa la dualidad
con aspectos masculinos y femeninos. En el códice Borgia se representa como
un guerrero con falda y ornamentos femeninos.

Tezcatlipoca/El espejo humeante


También llamado Tezcatlipoca negro, omnipotente dios de la materia, de los
gobernantes, hechiceros y guerreros; de la noche, la muerte, la discordia, el
conflicto, la tentación y el cambio. Entre los nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca
son dualidad y antagonía al mismo tiempo.

Huitzilopochtli/Colibrí zurdo
También llamado Tezcatlipoca azul, es el dios supremo de Tenochtitlán, patrono
de la guerra, el fuego y el sol. Guía, protector y patrono de los aztecas (A
quienes ordenó llamarse Mexicas a partir de aquel momento) desde su salida de
Aztlán.

Quetzalcóatl
O Tezcatlipoca blanco. Serpiente de plumas preciosas, dios creador y patrono
del gobierno, los sacerdotes y los mercaderes. Asociado con Ehecatl como
viento divino
Xipe Tótec
O Tezcatlipoca rojo: “el desollado”, dios de la primavera, la germinación de las
semillas y la renovación de la vegetación; además de la fertilidad. Representa la
riqueza y el amor. Por ello se ubica en la cosmovisión mexica en oriente donde
nace el Sol.

Tláloc
Dios de la lluvia, la fertilidad y el rayo. En las culturas mesoamericanas
representaba originalmente al agua terrestre (y la serpiente emplumada al agua
celeste). Los mexicas lo tenían como responsable de las sequias y de las lluvias
torrenciales.

Chalchiuhtlicue/La de la falda de piedras preciosas


Era esposa de Tláloc, diosa de los ríos y de los corrientes de agua. También es
patrona de los nacimientos y de los bautismos

Mictlantecuhtli
Es el señor del inframundo y de los muertos entre los nahuas, zapotecos y
mixtecos. En la imagen lo encuentras a la izquierda.

Xiuhtecuhtli o Huehuetéotl/Dios viejo


Es el dios del fuego. La personificación de la vida después de la muerte, la luz en
la oscuridad y la comida en épocas de hambruna.

Cipactli o Tonan Tlaltecuhtli


Es el señor o la señora de la tierra. Es un primitivo monstruo marino, mitad
cocodrilo, mitad pez con el cual los dioses crearon la tierra.

Xochipilli
Dios de los músicos y danzantes. Aquí aparece al lado derecho del árbol de la
vida. Al lado izquierdo aparece Quetzalcóatl que junto con Xochipilli evoca el
movimiento unificador (vida-muerte) del descenso del primero y de ascenso del
segundo.
Tonatiuh
Dios solar y rector de los poderes celestes. Era también conocido como el
“Quinto Sol” época en el cual vivían los mexicas.

Centéotl
Dios del maíz y del primer sustento de los pueblos mesoamericanos. Su parte
femenina era Chicomecóatl.
Al establecerse en el Valle de México la sociedad mexica adoptó una estructura
cada vez más jerarquizada conformado por nobles, guerreros, sacerdotes,
artesanos y comerciantes. Por la disponibilidad de las fuentes, conocemos a
mayor detalle la sociedad mexica en su fase imperial (1428-1519). En esta etapa
se puede dividir en dos grandes grupos: el de los pipiltin (singular pilli) o nobles y
el de los macehualtin (singular macehualli) o gente común. La posición social se
definía por nacimiento y sólo en casos excepcionales un macehual podía escalar.
Los hombres se vestían con maxtlatl o ceñido, el tilmatli o manta cuadrangular
anudada al cuello o sobre los hombres y los cactli o sandalias. Las mujeres visten
un huipilli o camisa, el cueitl o falda y a veces cactli.

La diferencia social se marca claramente: los gobernantes se visten con


un tilmatli elegante elaborado de algodón y traen un maxtlatl largo y adornado,
también calzan sandalias o cactli de cuero. Mientras que los macehuales vestían
un tilmatli elaborado con fibras de maguey y usaban poco las sandalias o unas de
calidad inferior, elaborado con caña de petate. En la imagen a la derecha se ve un
mercader de ropa, quien también viste un tilmatli más decorado. La vestimenta
marcaba las diferencias de clase y de posición en la sociedad ya que sus colores y
decorados podían corresponder con un cargo o rasgo distintivo.

Los pipiltin realizaban tareas relacionadas con el gobierno, la justicia, la


organización de la guerra y el culto religioso, y vivían de los productos que los
macehuales y los pueblos sometidos tributaban al palacio y el tlatoani distribuía
periódicamente. Los macehuales eran agricultores, pescadores, artesanos y
trabajadores de otras especialidades, que se organizaban en calpulli.
Esta división social conocía ciertas excepciones, los artesanos y los
mercaderes pochtecas no pagaban tributo con trabajo (pero sí en especie) y los
últimos no tenían la obligación de ir a la guerra. Los pochteca, originarios de
Tlatelolco, contaban con ritos, ceremonias y un código jurídico y económico
propio. Gracias a su presencia en todo el imperio actuaban en muchas ocasiones
como embajadores, diplomáticos o incluso espías. También los yaoteca o
guerreros jaguar y águila gozaban en tiempos pacíficos de una situación de
privilegio: “bailaban, bebían cacao, disfrutaban de la compañía de cortesanas; si
algunos de estos guerreros llegaban a viejos, se dedicaban a instruir a los jóvenes
en las escuelas.”
En la base de la pirámide social se encontraban los campesinos no libres
o mayeques quienes trabajaban las tierras de los nobles y dependían
directamente del tlatoani, los cargadores o tlamemes, los esclavos o tlacohtli y los
cautivos de guerra o mamaltin

La esclavitud no fue de importancia económica en Mesoamérica y entre los


mexicas se distinguían los esclavos dedicados a cargar agua y leña por un lado y
los esclavos para sacrificios por otro. Estos últimos se adquirían en el mercado de
Azcapotzalco y los primeros llegaban a tener esta condición social por deudas o
por alguna ofensa.

Formar parte de una comunidad era importante porque vivir fuera de ella era muy
complejo: “Las populosas ciudades del Posclásico dieron cobijo a vagabundos,
delincuentes y malandrines de diversa índole. En principio, todos los individuos
estaban sujetos y protegidos por la comunidad a la que pertenecían, pero cuando
un individuo llegaba a desprenderse de su comunidad, era imposible que se
insertara en otra; no le quedaba más recurso que la vagancia. Y tal cosa podía
ocurrir cuando un adolescente decidía escapar de la casa paterna, cuando alguien
que había cometido un delito decidía huir de la ciudad para evadir a la justicia o
incluso cuando una comunidad o una ciudad le aplicaba la pena del destierro a
uno de sus miembros por alguna falta grave. Así surgieron, al parecer, los
cargadores del mercado o tamemes (de tlamama, el que carga), los mendigos, las
prostitutas, los ladrones y salteadores de caminos de que nos hablan las fuentes.
Algunas descripciones nos presentan de modo bastante dramático a individuos
andrajosos, desmelenados y llenos de raspones, que se tambalean en las calles,
mal dormidos o borrachos, en el límite de la humanidad; deambulando nocturnos
en las plazas de mercado, en busca de los desperdicios dejados por los tratantes.

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