Ensayo sobre la Sentencia SC 2833-2022.
En la sentencia de casación emitida por la CSJ-SC, se abordaron algunos temas
como la posesión, la prescripción adquisitiva y la institución de cosa juzgada
establecida en el artículo 303 del CGP en las sentencias dictadas por los jueces.
En esa medida la Corte, destaca que “La cosa juzgada es parte central de la
seguridad jurídica, por establecer la inmutabilidad de las sentencias a partir de la
imposibilidad de modificarlas o revocarlas en juicios posteriores”, y esto parte de
que ya se agotaron las herramientas jurídicas y jurisdiccionales para una decisión
de fondo y por lo tanto, esta tenga la calidad de ejecutoriada, siempre que haya
una identidad de partes, identidad de objeto e identidad de causa.
La sentencia en cuestión presenta varios puntos relevantes que destacan su
impacto en el ámbito del derecho procesal. En primer lugar, se reafirma la
importancia de la cosa juzgada, la cual establece que las decisiones judiciales son
definitivas y obligatorias entre las partes involucradas, impidiendo que se reabra el
debate sobre la misma materia en litigios futuros. Esta previsión busca evitar la
perpetuación de disputas sobre derechos previamente adjudicados, promoviendo
la seguridad jurídica. En esa medida, la Corte manifestó que la figura de la cosa
juzgada es parte central de la seguridad jurídica, actuando como un escudo contra
la inestabilidad de las decisiones judiciales, para invitar que se desarrolle una
inmutabilidad de un proceso con las mismas partes, mismo objeto y misma causa
en una controversia posterior y con el fin de evitar que la sociedad perpetúe
controversias discutidas por la providencia judicial.
La Corte no sólo impide la reiteración de litigios sobre el mismo bien, sino que
extiende la cosa juzgada a los hechos y fundamentos jurídicos debatidos en el
proceso. Esto significa que las partes no pueden intentar reabrir debates ya
resueltos, buscando decisiones más favorables en nuevos procesos. Además, la
Corte Suprema también limita el uso de la demanda de pertenencia como
reconvención en procesos de acción de dominio. Esta figura procesal, que
permite al demandado solicitar que se declare su derecho de propiedad
sobre el bien objeto de litigio, no puede ser utilizada para desconocer
decisiones judiciales previas.
Esta postura de la Corte Suprema, aunque aplaudida por quienes defienden
la seguridad jurídica y la eficiencia del sistema judicial, ha generado críticas
por parte de quienes consideran que esta restricción podría limitar el acceso
a la justicia de quienes, por razones válidas, no pudieron hacer valer sus
derechos en el proceso original.
Así lo expresó la Corte aplicando referencia a jurisprudencias anteriores:
“La sentencia ejecutoriada proferida en proceso contencioso tiene
fuerza de cosa juzgada, siempre que el nuevo proceso verse sobre el
mismo objeto, y se funde en la misma causa que el anterior, y que entre
ambos procesos haya identidad jurídica de partes”
Además, se aborda el tema de la calidad de la posesión, señalando que la
evaluación de la posesión no depende únicamente de si es regular o si se
trata de una usucapión extraordinaria, sino que también se fundamenta en el
elemento psicológico de considerarse propietario del bien objeto de litigo
(animus). Este principio se mantiene constante independientemente de la
naturaleza de la demanda, lo que implica que la percepción interna de la
propiedad juega un papel crucial en los litigios y por ende requiere de
elementos probatorios idóneos que acrediten tal calidad. La Corte aclara que
el elemento intencional de la posesión (animus domini) se mantiene
constante, sin importar si se alega posesión regular o extraordinaria. Esto
significa que el poseedor debe demostrar, en todo momento, su intención de
comportarse como dueño del bien. La posesión debe reflejarse en actos
concretos y continuos, no basta con la simple intención subjetiva. El
poseedor debe demostrar que ejerce sobre el bien un poder real y efectivo,
actuando como si fuera el propietario ante la comunidad y las autoridades.
La diferencia entre posesión regular y extraordinaria no afecta la exigencia
del animus domini, pues en ambos casos es necesario demostrar la
intención de ser dueño.
La Corte subraya que, aunque la posesión extraordinaria permite adquirir
dominio sin necesidad de un título traslaticio válido, esto no exime al
poseedor de probar su intención de ser propietario. De ahí, que se le negará
la pretensión al actor del caso en concreto, en consideración de que, aunque
la modalidad de prescripción esta distinta ahora (extraordinaria), eso no
significa que se sanea la conclusión de que no ejercicio el elemento
psicológico del animus y que por consiguiente, fuera declarado en la
sentencia como mero tenedor del bien.
Asimismo, la Corte enfatiza que para que la posesión sea jurídicamente válida y
genere efectos, debe cumplir con los requisitos de publicidad, pacificada y
ausencia de ambigüedad. Esto significa que el poseedor debe comportarse como
dueño de manera notoria, sin ocultamientos y sin que su posesión sea objeto de
disputa violenta o clandestina. Se exige una posesión pública, pacífica y no
equívoca. La interrupción de la posesión ya sea natural o civil, reinicia el
conteo del término prescriptivo. Por ejemplo, si un tercero interpone una acción
reivindicatoria, la posesión se considera interrumpida. La interrupción natural se
produce cuando el poseedor cesa voluntariamente su relación con el bien, dejando
de ejercer actos posesorios. La interrupción civil se da cuando un tercero presenta
una acción reivindicatoria o cualquier otra acción que cuestione la posesión. La
Corte recalca que este tipo de interrupción reinicia el conteo del término para la
prescripción adquisitiva. Es decir, si alguien ha poseído un bien durante 8 años,
pero enfrenta una demanda reivindicatoria en el noveno año, el conteo se reinicia
si pierde el caso. La sentencia también explica que la simple oposición verbal de
un tercero no interrumpe la posesión, sino que debe existir una acción jurídica
concreta.
Adicionalmente, se destaca la figura de la intervención del título, que consiste en
la alteración de una causa ante una situación jurídica. La inversión del título puede
afectar la validez de procesos judiciales previos, ya que puede dar lugar a nuevos
derechos sobre el bien en cuestión, siempre que se cumplan las condiciones
legales pertinentes, situación que no se dio en el caso concreto, puesto que el
titulo no era en calidad de poseedor, sino de mero tenedor, por haber faltado a
requisito esenciales como es el animus.
“... los derechos y obligaciones que le fueron cedidos al señor
Esteban Jaramillo, son derivados de los contratos de promesa de
compraventa celebrados entre el aquí demandante señor Jhon Stol con el
señor Guillermo Calderón, en virtud del cual si bien se hizo entrega de los
inmuebles al aquí demandado de manos del promitente vendedor, no
puede entenderse que lo fuera a título de poseedor sino de mero tenedor
de allí que para reputarse propiamente como poseedor era menester que
acredita la intervención del título” (CSJ-SC, 2022).
En cuanto al título traslaticio de dominio, la Corte señala que la validez de un título
no depende exclusivamente de su forma, sino de su esencia y de la intención de
las partes. Así, aunque un título presente defectos formales, estos no siempre lo
invalidan. La Corte admite la validez de títulos con defectos formales, siempre que
estos no afecten la esencia del acto jurídico. Por ejemplo, la falta de registro de la
escritura pública no invalida el título si se demuestra la intención de transferir la
propiedad. La falta de registro de la escritura pública no anula el título si se puede
demostrar que efectivamente existió un acuerdo para transferir la propiedad. La
jurisprudencia admite la validez de títulos imperfectos cuando el defecto no afecta
la esencia del acto jurídico. Por ejemplo, si un contrato de compraventa fue
otorgado en documento privado pero ambas partes cumplieron con las
obligaciones, este título puede ser considerado válido. La posesión derivada de un
título defectuoso puede llevar a la adquisición de dominio por prescripción si se
cumplen los requisitos legales. La Corte recalca que la falta de ciertos requisitos
formales no siempre impide que el poseedor adquiera derechos sobre el bien.
Otro punto de relevancia es que las conclusiones de los tribunales en procesos
anteriores son vinculantes en litigios subsecuentes. Por ejemplo, si en un proceso
previo se ha determinado que un demandante es mero tenedor de una propiedad,
este reconocimiento no puede ser ignorado en futuros juicios relacionados,
estableciendo así una línea clara de continuidad en las decisiones judiciales. Así la
Corte decreta:
“En consecuencia, cuando en el juicio anterior por prescripción
ordinaria se desdice de la posesión, al encontrar que el demandante era
mero tenedor, esta conclusión resulta vinculante en cualquier otro trámite
de pertenencia, pues sostenerse lo contrario en una causa posterior
significa modificar la primera y, por esta senda, afectar el derecho de
dominio del vencedor que, al abrigo de la primera declaración, tiene la
confianza de que no hubo posesión en el tiempo objeto de decisión
judicial”.
Esta sentencia tiene un impacto profundo en la seguridad jurídica y la estabilidad
de la propiedad en Colombia. Al consolidar la estabilidad de las decisiones
judiciales, se brinda mayor certeza a propietarios y poseedores sobre sus
derechos y obligaciones. Esto es fundamental para fomentar la inversión y el
desarrollo económico, al reducir la incertidumbre en el mercado inmobiliario. La
decisión también favorece la consolidación de la posesión legítima, al proteger a
quienes han cumplido con los requisitos legales y han actuado de buena fe. Esto
contribuye a la regularización de la propiedad y a la formalización de las
transacciones inmobiliarias. Sin embargo, algunos académicos advierten sobre el
riesgo de que esta sentencia pueda ser utilizada para legitimar posesiones
adquiridas de forma irregular. Señalan la necesidad de que los jueces realicen un
análisis riguroso de cada caso, evitando que la flexibilización de los requisitos de
la prescripción adquisitiva se convierta en una puerta abierta para la legalización
de la ilegalidad.
Asimismo, el tribunal sostiene que no se pueden presentar nuevas demandas que
contradigan decisiones previas, garantizando la estabilidad de las resoluciones
judiciales y limitando la posibilidad de litigios interminables sobre el mismo asunto.
Este enfoque disuade el uso abusivo del sistema judicial y promueve una mayor
responsabilidad en la presentación de acciones legales.
Finalmente, se señala que las sentencias previas no constituyen evidencia en sí
mismas en nuevos juicios, lo que sugiere que cada caso debe ser evaluado en su
propio contexto. Esta disposición promueve seriedad y diligencia en la
presentación de pruebas y argumentos por parte de los demandantes, destacando
la importancia de la calidad y la rigurosidad en el proceso judicial.
En conclusión, la sentencia ofrece una guía clara sobre la aplicación de la cosa
juzgada y la evaluación de la posesión en litigios de propiedad, cimentando
principios que impactan significativamente en la práctica legal y la seguridad
jurídica en el ámbito del derecho procesal.