0% encontró este documento útil (0 votos)
18 vistas4 páginas

Termópilas

La Batalla de las Termópilas tuvo lugar en agosto de 480 a.C. cuando un pequeño contingente griego, liderado por el rey espartano Leónidas, intentó detener el avance del ejército persa de Jerjes I en un estrecho paso. A pesar de su inferioridad numérica, los griegos lograron infligir grandes bajas a los persas, lo que permitió a otras polis griegas evacuar y prepararse para la defensa. El sacrificio de Leónidas se convirtió en un símbolo de resistencia y valentía frente a un enemigo abrumador.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
18 vistas4 páginas

Termópilas

La Batalla de las Termópilas tuvo lugar en agosto de 480 a.C. cuando un pequeño contingente griego, liderado por el rey espartano Leónidas, intentó detener el avance del ejército persa de Jerjes I en un estrecho paso. A pesar de su inferioridad numérica, los griegos lograron infligir grandes bajas a los persas, lo que permitió a otras polis griegas evacuar y prepararse para la defensa. El sacrificio de Leónidas se convirtió en un símbolo de resistencia y valentía frente a un enemigo abrumador.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS

LOCALIZACIÓN
Tuvo lugar durante la tercera semana
de agosto del año 480 a.C., fecha en la
que los helenos tomaron posiciones
en los estrechos desfiladeros del paso
de las Termópilas (literalmente
“puertas calientes”, por la presencia
de aguas termales en la zona) para
detener la mayor cantidad de tiempo
posible el avance del ejército imperial
invasor de Jerjes I. Esta localización
consistía en un estrecho paso entre
las agrestes montañas y la costa,
único punto por el que las tropas
persas podrían avanzar en su afán por
conquistar el Ática y destruir su
capital, Atenas.

FUENTES
Dos son las principales fuentes históricas de lo que allí sucedió: en primer lugar, el libro 7º de
Historias de Heródoto de Halicarnaso; y la Biblioteca histórica, del escritor siciliano Diodoro
Sículo.

CONTEXTO
Tras la derrota sufrida en Maratón, los
persas de Darío I se vieron obligados a
postergar su proyecto de conquistar la
Grecia continental. Pocos años después,
en su campaña por ampliar los
territorios en Egipto, murió el
emperador Darío (486 aC) y le sucedió
su hijo, Jerjes, que seguía con los ojos
puestos en las costas del mar Egeo. A
este respecto, en el 481 aC, el
emperador envió a todas las polis
griegas (menos a Esparta y Atenas)
embajadores que solicitaban una
“ofrenda de tierra y agua”. Muchas polis se alinearon con la postura de Atenas y Esparta, para
lo cual se celebró en otoño de ese año una reunión en Corinto de las principales ciudades. El
rey espartano Pausanias propuso en esta reunión la formación de una Liga Helénica o
Panhelénica, una coalición en caso de que los persas volvieran a atacar Grecia. A esta liga se
sumaron las principales ciudades griegas: Esparta y Atenas, Micenas, Eretria o Mégara, entre
otras. Las regiones de Beocia (salvo las polis de Tespia y Platea) y Macedonia habían aceptado
la solicitud persa, por lo que se las consideraba enemigas. Pocos meses más tarde, en mayo del
480, Jerjes comenzaba su plan de invadir Grecia: dividió sus tropas en dos contingentes (uno
que avanzara por tierra y otro por mar) y cruzó el Helesponto.
Con este movimiento de tropas daba comienzo la II Guerra Médica.
CONTENDIENTES
Por el lado heleno, nos encontramos con un contingente poco numeroso. Esta escasez
se debe a varios motivos: el primero, toda Grecia se encontraba en plena celebración de la
olimpiada, una fiesta religiosa durante la cual se establecía una paz sagrada; el segundo
motivo, que muchas ciudades estaban preparando la evacuación de su población o habían
enviado soldados a ambos frentes. En lo tocante al número final de soldados griegos, los
historiadores barajan unos 7.000 u 8.000 hombres, la mayor parte peloponesios (espartanos,
lacedemonios, corintios y micenos) aunque también enviaron tropas los tespios, los arcadios,
los tebanos y los focenses. Este bando estaba dirigido por el rey espartano Leónidas, que era
consciente de la dificultad de la empresa.
Por el lado persa, no existe una cifra oficial. La cantidad de hombres varía entre la
historiografía antigua, que nos habla de entre 1 y 2 millones de hombres, y la moderna, que
ajusta estas cantidades a unos 250.000 o 300.000 efectivos. Además, esta sería la cantidad de
hombres movilizados por el imperio persa. Ahora habría que calcular cuántos fueron
embarcados (probablemente un tercio) además de las guarniciones militares que se dejarían
en el avance para proteger el flanco y la retaguardia del ejército. En cualquier caso, es muy
probable que las tropas persas que llegaron a las Termópilas rondarían los 100.000 hombres,
dirigidos por Jerjes I en persona y por su lugarteniente Mardonio.

ANTECEDENTES
Como hemos dicho, para mayo del
año 480, Jerjes cruzaba el estrecho
del Helesponto con sus tropas para
invadir la Grecia continental. A su
paso por Macedonia, los persas no
encontrarían ningún impedimento.
Por ello los griegos, inferiores en
número, solo podían hacer frente a
las tropas en dos puntos en los que
pudieran aprovechar su superioridad
técnica: en el valle de Tempe (en
Tesalia) o en el paso de las Termópilas
(en la Fócida).
En paralelo, también debía frenarse o
al menos retrasarse el avance de la
flota persa, para dar tiempo a la
ciudad de Atenas para ser evacuada y
sus ciudadanos trasladados a la isla de
Salamina. Tiempo atrás, el strategós
Temístocles había solici-tado a Atenas
que aumentara el número de sus
trirremes, y con la plata recaudada el
año anterior se pudieron construir
200 naves que vinieron a sumarse a
los 50 que ya poseían. Esta flota
ateniense se dirigió al estrecho de
Artemisio para impedir que la flota
enemiga ayudara de algún modo al ejército de tierra.
Casi al tiempo que se luchaba en las Termópilas, se produjo la Batalla de Artemisio, un
enfrentamiento naval que se saldó con la victoria persa, aunque ambos bandos acusaron
similar número de bajas y el bando griego no perdió un número significativo de naves.

FASES DE LA BATALLA

1) Despliegue:
En aquellos días, la anchura del paso de las
Termópilas variaba en función del punto entre los
15 y los 50-100 metros en su segmento más
ancho. Estaba dividido en tres “puertas” o lugares
angostos, estrechamientos del terreno. Por ello, la
estrategia de Leónidas fue desplegar las falanges
cerradas ocupando la puerta central donde podía
cubrir sus flancos y no temer por un ataque en la
retaguardia.

Los persas asentaron su campamento en


la puerta occidental del paso y estuvieron
organizando armas y tropas durante tres días para
que los griegos, testigos de ello, fueran
conscientes del abrumador número de efectivos persas y se retiraran del campo de batalla.

Los dos ejércitos se mantuvieron así frente a frente dos días más. Al parecer, unas
lluvias torrenciales demoraron el ataque persa.

2) Combate:
El quinto día Jerjes decidió atacar mandando un importante
contingente de infantería ligera que superara al enemigo mediante
un hostigamiento constante. Sin embargo, la inferioridad en el
armamento propició su total derrota frente a las firmes líneas
griegas. Durante todo el día, los persas mandaron tropas que no
dejaron de chocarse con un muro de escudos de bronce y lanzas
dory, ampliamente más largas y resistentes que las lanzas griegas.
Para el segundo día de combate, Jerjes envió a su infantería pesada,
los meloforos, conocidos como “inmortales”. El armamento de estos
meloforos incluía un escudo de cuero y mimbre, una lanza corta con
punta de hierro y una espada corta. Los combates se sucedieron du-
rante todo este segundo día sin que los griegos cedieran terreno más
que para engañar al enemigo en un movimiento de falsa retirada y
poder rotar sus líneas.

Es muy posible que, a finales de este segundo día, un traidor


griego, Efialtes, revelara a Jerjes la existencia de una senda de
pastoreo por la que las tropas persas podrían flanquear al ejército
griego y atacar por retaguardia. Un destacamento de tropas tespias
vigilaba este paso por las montañas. En cuanto se supo que Jerjes ha-
bía descubierto el paso, un mensajero fue enviado para comunicar a Leónidas las malas
noticias.

3) Desenlace:
Según palabras del historiador Heródoto, Leónidas decidió enviar de vuelta a todo el ejército
salvo a unos pocos hombres que defenderían la retirada de estas tropas. Además, parece que
también permanecieron unos 500 tespios y los 300 tebanos que quedaban.

Ese séptimo día, los griegos se refugiaron en una colina para defenderse del ataque
persa, que llegaría desde vanguardia y retaguardia al mismo tiempo. De aquella jornada, no
sobrevivió ningún griego.

Cuarenta años después de la batalla de las Termópilas, cuando ya habían concluido las
hostilidades entre persas y helenos, fue enviado un destacamento de hombres para localizar y
traer de vuelta a Esparta los huesos de Leónidas. Su cadáver fue encontrado, y una placa fue
colocada en aquel lugar que rezaba: «¡Oh, extranjero, informa a Esparta que aquí yacemos,
todavía obedientes a sus órdenes!», en referencia a que, según la tradición, un hoplita
espartano no podía huir del combate.

CONSECUENCIAS
El sacrificio de Leónidas y sus hombres tuvo muchas repercusiones, la primera de ellas de corte
moral. Según las estimaciones modernas, unos 24.000 persas murieron en las Termópilas, lo
cual lanzaba un mensaje muy claro a todas las polis griegas: no importa la diferencia de
número.

En segundo lugar, la duración de la batalla permitió a muchas polis, entre ellas Atenas,
el tiempo suficiente para que pudieran evacuar adecuadamente a su población civil y pudieran
planear el siguiente paso de la estrategia. En su avance hacia el sur, los persas saquearon e
incendiaron las ciudades de Tespia, Platea y Atenas. Su siguiente objetivo era el Peloponeso,
cuyos habitantes levantaron un muro en pleno istmo de Corinto para defender el paso.

En tercer y último lugar, resultaba innecesario continuar con el bloqueo en la isla


Eubea, por lo que la flota ateniense pudo retirarse de Artemisio y volver a Salamina para
terminar de transportar atenienses.

También podría gustarte