ALCANCES DE LA IMPUTABILIDAD E INIMPUTABILIDAD
Autoras: Prof. Dra. Puhl; Prof. Dra. Izcurdia; Esp. de la Iglesia
El concepto jurídico de delito en el campo penal.-
La teoría del delito, lo define como una “conducta, típica,
antijurídica y culpable”.
Esta teoría se trata de una teoría de imputación; ya que se ocupa
de considerar como una acción que lesiona o pone en riesgo un bien
jurídico debe ser imputada al sujeto que realiza la misma o que omite
ejecutarla.
La teoría del delito es una parte de la ciencia del derecho penal
que se encarga de estudiar el fenómeno social que es la base de todo su
andamiaje, centro de todo el sistema penal: el delito.
Dicha teoría está compuesta por aspectos positivos y aspectos
negativos que se irán evaluando de manera estratificada.
Los aspectos positivos son: conducta, típica, antijurídica, culpable
(son los que definen a un delito).
Mientras que los aspectos negativos son: ausencia de conducta,
atipicidad, antijuricidad, inculpabilidad.
El análisis, en el transcurso del proceso penal, de los aspectos
positivos y negativos en su articulación con el art.° 34 del Código Penal,
determinará la punibilidad, en tanto capacidad de reproche jurídico que
se le puede hacer a una persona.
La punibilidad implica que una persona posee la capacidad para
comprender la criminalidad de sus actos, así como la capacidad de
dirigir sus acciones.
En otras palabras, es punible quien, habiéndose motivado en la
norma no lo hizo o, quien habiendo podido actuar conforme a derecho
no lo hace. O sea que, imputarle a una persona una conducta típica
antijuridica, es atribuirle la responsabilidad penal de ella; por lo que la
persona debe ser libre y estar en pleno dominio de sus actos al decidir
si realiza u omite una determinada conducta.
Al respecto, Frías Caballero (2000) refiere que, la imputabilidad
podría ser definida como "una aptitud, capacidad o calidad del sujeto;
un estado biosicológico que lo hace capaz de ser culpable" siendo su
objeto el de "señalar las condiciones personales mínimas exigidas que
brinden la ulterior posibilidad de formular un juicio de reproche ético
social sobre la conducta delictiva.”
Cada elemento del aspecto negativo de la teoría del delito, se
encuentra englobado dentro de los diferentes incisos del art.° 34 del
Código Penal.
Así encontramos que la ausencia de conducta se encuentra
especificada en los incisos:
1º “El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por
insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las
mismas o por su estado de inconsciencia, error o ignorancia de hecho
no imputables, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus
acciones.” Y;
2º “El que obrare violentado por fuerza física irresistible o
amenazas de sufrir un mal grave e inminente.”
La atipicidad es conceptualizada como el error o la falta de
conocimiento sobre los elementos que se implican en un acto; por lo
que el sujeto que realiza una conducta no puede imaginarse que con
esa acción se encuentre realizando un acto prohibido por la ley. Está
comprendida dentro del inciso:
1º “error o ignorancia”
En el mismo sentido, es importante resalta que, la atipicidad
puede ser por Error psíquicamente condicionado.
“[…] el error de tipo puede estar psíquicamente condicionado, o
sea, responder a una incapacidad psíquica permanente o pasajera,
como consecuencia de una perturbación de la conciencia debida a
trastornos de la sensopercepción, alucinaciones e ilusiones. Se trata de
otro nivel de incapacidad psíquica del delito que no debe confundirse
con la incapacidad de inimputabilidad o la involuntabilidad […]”
(Zaffaroni, 2015, p. 66).
Las causas de justificación, también llamadas preceptos
permisivos en nuestro derecho penal, “justifican” una conducta típica
(es decir, una conducta cociente, voluntaria y libre en elección de
direccionalidad; pero que se encuentra prohibida).
Las mismas están descriptas en los siguientes incisos:
3º “El que causare un mal por evitar otro mayor inminente a que
ha sido extraño”(Justa Causa o Estado de Necesidad).
4º “El que obrare en cumplimiento de un deber o en el legítimo
ejercicio de su derecho, autoridad o cargo”
6º. “El que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre
que concurrieren las siguientes circunstancias: a) Agresión ilegítima; b)
Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla; c)
Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.”
7º “El que obrare en defensa de la persona o derechos de otro,
siempre que concurran las circunstancias a) y b) del inciso anterior y
caso de haber precedido provocación suficiente por parte del agredido,
la de que no haya participado en ella el tercero defensor.”
La inculpabilidad hace referencia a la exclusión o imposibilidad de
reprochar jurídicamente la conducta trasgresora a aquellos sujetos que
no se le puede exigir otra cosa porque no han podido comprender la
criminalidad de su acto, o no han podido dirigir sus acciones conforme
a su comprensión. Es decir que, para que se declare la inculpabilidad,
debe desaparecer alguno de los dos aspectos que constituyen el
concepto jurídico de culpabilidad (comprensión y autodeterminación de
las acciones).
Realizando un análisis del artículo, se concluye en que, el art.° 34
en su totalidad, hace referencia a la inimputabilidad.
Dado que a los fines de nuestra ciencia es de especial relevancia
los aspectos señalados en el inciso 1° del artículo 34, es necesario
profundizar en su análisis.
Dicho artículo se encuentra enunciado bajo el Título V del Código
Penal denominado IMPUTABILIDAD, rezando textualmente su primer
inciso:
“No son punibles:
El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea
por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones
morbosas de las mismas o por su estado de
inconsciencia, error o ignorancia de hecho no
imputable, comprender la criminalidad del acto o dirigir
sus acciones.
En caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la
reclusión del agente en un manicomio, del que no saldrá
sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio
público y previo dictamen de peritos que declaren
desaparecido el peligro de que el enfermo se dañe a sí
mismo o a los demás.
En los demás casos en que se absolviere a un
procesado por las causales del presente inciso, el
tribunal ordenará la reclusión del mismo en un
establecimiento adecuado hasta que se comprobase la
desaparición de las condiciones que le hicieren
peligroso.”
Específicamente, el primer párrafo del citado inciso está
estructurado en 3 apartados:
Apartado jurídico: “error o ignorancia de hecho no
punibles”.
Apartado psiquiátrico: “insuficiencia de las facultades
mentales, alteración morbosa y estados de inconsciencia”.
Apartado psicológico: “comprender la criminalidad del acto
o dirigir sus acciones”.
A partir del mismo se establece quienes no son punibles;
poniendo especial atención en que ésto demandará un ejercicio pericial
que implica la evaluación del estado de salud mental de la persona a la
que se le imputa una determinada acción delictiva.
Los aspectos psico psiquiátricos señalados son evaluados por
peritos (psicólogos y psiquiatras) a fin de determinar si la persona
imputada, al momento del hecho, se encontraba en alguno de los
estadios que se plantean.
Conforme la articulación de elementos jurídicos, psiquiátricos y
psicológicos que el artículo detenta, se impone aludir su interrelación la
Ley Nacional de Salud Mental (N° 26.657).
Esta interrelación nos lleva a intentar leer el texto jurídico a la luz
de premisas que no se manejaban al momento de su escritura,
considerando además que, ante un conflicto entre ambas normas
o superposición de objetos, la LSM debería primar por sobre la
letra del CP basados en la primacía del paradigma de derechos,
los derechos de aquellos que presentan un padecimiento mental.
Considérese que el artículo 1° de la LSM señala que: La presente
ley tiene por objeto asegurar el derecho a la protección de la
salud mental de todas las personas, y el pleno goce de los
derechos humanos de aquellas con padecimiento mental que se
encuentran en el territorio nacional, reconocidos en los
instrumentos internacionales de derechos humanos, con jerarquía
constitucional (…)
La insuficiencia de las facultades, remite a las facultades
mentales, al respecto cabe considerar que, la Organización Mundial de
la Salud, en su décima revisión, explica que la deficiencia mental es un
trastorno definido por la presencia de un desarrollo mental incompleto
o detenido, caracterizado principalmente por el deterioro de las
funciones concretas de cada época del desarrollo y que contribuyen al
nivel global de la inteligencia. Incluye las funciones cognitivas, las del
lenguaje, las motrices y la socialización; estando también afectada la
adaptación al ambiente.
Para la determinación del desarrollo del nivel intelectual el perito
debe recurrir a toda la información disponible biopsicosocial,
incluyendo las manifestaciones clínicas y los hallazgos psicométricos.
Debemos saber que la deficiencia mental / retardo mental /
retraso mental, es una afección que se diagnostica antes de 5 los 18
años de edad y supone que quien la padece presenta un funcionamiento
intelectual que se ubica por debajo del promedio. Es posible establecer
distintos grados de deterioro a partir del retraso mental, desde el
retardo leve o limítrofe hasta el retardo con profundo deterioro. La
disminución de la capacidad de aprendizaje y la persistencia del
comportamiento infantil son algunos indicadores del retardo mental.
Las oligofrenias, en sus tres formas, según la profundidad del trastorno,
son las entidades clínicas que abordamos al referirnos a la insuficiencia
de las facultades mentales (Cabello, 1982). En el origen de la
descripción efectuada aparecen anomalías cromosómicas, genéticas o
metabólicas, infecciones (como la toxoplasmosis congénita, la
encefalitis o la meningitis), la desnutrición, los traumatismos y la
exposición intrauterina a las anfetaminas, cocaína u otras sustancias
(Gardey, 2012).
Por otro lado, vale mencionar, la existencia de seudo cuadros, es
decir la presencia en una persona de una serie de indicadores similares
a los referidos pero que no comparten la misma génesis; en ellas el
basamento de las limitaciones podría ser de otro orden, por ejemplo,
por privaciones varias, faltas de estimulación, educación, oportunidades
de desarrollo, etc. En estos casos se trataría de personas que no han
logrado desplegar la funcionalidad de sus capacidades o han perdido
dicha aptitud.
La relevancia jurídico-penal de la insuficiencia intelectual estará
condicionada a que excluya en la persona la posibilidad de comprender
la criminalidad del acto y de dirigir sus acciones (Rinaldoni, 2012).
Los términos que hemos utilizados son los que se han utilizado
históricamente sobre el tema, pero cabe señalar, desde un paradigma
de derechos, que en la actualidad hablamos de neurodiversidad,
considerando la diversidad de capacidades cognitivas, emocionales y
sensoriales. Solidariamente hablaremos de neurodivergencia para
referirnos directamente a personas con patrones neurológicos que se
desvían de la norma socialmente establecida.
Respecto de las alteraciones morbosas diremos que remiten a la
noción de enfermedad, padecimiento mental, e implican un deterioro
altamente significativo y/o un proceso de desintegración de la
personalidad. Las alteraciones morbosas incluyen, en general, las
psicosis en sus distintos tipos clínicos (esquizofrenia, paranoia, manía y
melancolía); se suman las psicosis exógenas u orgánicas, es decir
aquellas que pueden ser atribuidas a una alteración somática que
afecte directamente al cerebro o que, afectando importantes órganos o
sistemas funcionales terminen repercutiendo sobre la función cerebral.
Por otro lado, podemos ubicar cuadros de neurosis graves, en
tanto sus efectos sean equiparables a los de las psicosis, en tal sentido
analizaremos la pérdida del juicio de la realidad, o su deterioro en
gradientes que interfieren marcadamente con la introspección y la
capacidad para afrontar las demandas de la vida diaria o mantener un
contacto adecuado con la realidad. Los conceptos anteriores se pueden
encontrar en las dos grandes clasificaciones de enfermedades mentales,
el DSM V y la CIE 10. Las alteraciones morbosas no deben en modo
alguno entenderse como simples sinónimos de enajenación o alienación
mental, sino de manera más amplia, comprensiva tanto de las
enfermedades mentales rigurosamente delimitadas y descriptas por las
nosografías psiquiátricas, como otros estados o situaciones que, como
las neuropatías y aun las formas más graves entre las denominadas
personalidades o constituciones psicopáticas, en las cuales puede, en
circunstancias excepcionalísimas, verse excluida la capacidad de
comprender la criminalidad del acto o la posibilidad de dirigir su
conducta (Rinaldoni, 2012).
Cabe agregar que las psicopatías representan un problema
complejo puesto que no afectan la inteligencia ni la voluntad, sino sólo
la afectividad de la persona.
En cuanto a los estados de inconsciencia, señalaremos que
remiten a una perturbación profunda de la consciencia de carácter
transitorio que afecta a una persona.
La psiquiatría dinámica entiende que la consciencia se vincula
con la organización de la experiencia sensible actual, y remite al
funcionamiento integral del aparato psíquico sin desconocer la
estructura biológica sobre la que se asientan diversas funciones.
Consideremos que, en condiciones normales la consciencia presenta
lucidez y claridad, pero en determinadas circunstancias esa claridad
puede debilitarse, desde una mínima turbiedad hasta la falta absoluta
de consciencia. Dentro de los trastornos deficitarios de la consciencia
podemos ubicar la obnubilación de la consciencia (el grado extremo de
obnubilación es el coma), el estrechamiento del campo de la
consciencia, los estados crepusculares, los trastornos productivos de la
consciencia, la expansión o exaltación de la consciencia y los estados
oniroides, entre otros.
El estado de inconsciencia consiste en el desconocimiento, la
irreflexión y la ignorancia, con predominio de lo instintivo y de los
automatismos. Es la ausencia del juicio crítico de realidad, de
intencionalidad, de trascendencia, de memoria de lo acontecido, de
conexión con el mundo, de sentido común, así como de orientación del
yo respecto de las vivencias y de lo vivenciado, y ausencia de un “darse
cuenta de” (Silva, 2012, pp.20).
El estado de inconsciencia pueden ser el producto de un estado
de ebriedad completa o darse en una ausencia epiléptica o en una
intoxicación aguda por sustancias o en una demencia avanzada.
En la evaluación de dichos estados, retrospectivamente, la
evaluación de la memoria ocupará un lugar significativo. La afectación
de la consciencia podrá eximir de responsabilidad penal a la persona
sólo cuando le impida comprender la criminalidad del acto o se vea
afectada la facultad de dirigir su conducta. Además, esta perturbación
de la consciencia deberá ser accidental o fortuita, puesto que si tal
estado ha sido generado intencionalmente serán de aplicación los
principios de la actio libera in causa (locución latina empleada en el
derecho penal que puede traducirse como "acto libre por su propia
causa").
El error remite a la falsa noción que tenemos sobre algo mientras
que la ignorancia al desconocimiento, es decir que la ignorancia se
caracteriza por la carencia total de conocimiento sobre una cosa,
mientras que el error supone conocimientos equivocados. El error al
que hace referencia este artículo tiene una función eliminatoria, pues
declama la no punibilidad de aquellas personas que desconozcan la
naturaleza de la criminalidad del acto. El que no haya podido en el
momento del hecho (…) comprender la criminalidad del acto. La
persona comprenderá la criminalidad de su acto, si sabe lo que hace y
comprende el significado disvalioso del mismo. Dicha comprensión no
significa sólo entender o conocer en un sentido racional o intelectivo,
sino que implica también vivenciar los valores: (…) exige algo mucho
más que una intuición sensible o intelectual: requiere una intuición
emocional que supone adscribir cálida y emocionalmente al valor, que
es, en definitiva, lo que insufla carácter delictivo al acto. (Frías
Caballero, 1991:909/910). El que no haya podido en el momento del
hecho (…) dirigir sus acciones. La persona estará imposibilitada de
dirigir sus acciones, cuando se vea impedida de gobernar su conducta o
autodeterminarse, no obstante haber comprendido la criminalidad del
acto. La autodeterminación refiere a la capacidad de control y de
adaptación de la propia conducta a una situación en base a valores y/u
objetivos. Hace referencia a la capacidad que tiene una persona para
asumir la responsabilidad de sus actos desde el componente volitivo. La
voluntad ocupa el papel protagónico en el domeñamiento de la
conducta, pero hay ocasiones en las que no se puede contrarrestar
pulsiones/impulsos, es decir no puede efectuarse la inhibición de los
mismos. ¿Por qué una persona puede responder involuntariamente?
Puede ser por la existencia de una patología con sustrato
orgánico/psíquico, compulsiones/impulsiones; o bien podría verse
excluida la capacidad de control sobre la conducta en ciertos estados de
embriaguez o en el curso de un síndrome de abstinencia en los casos de
dependencia a una sustancia tóxica. En este marco será menester
diferenciar aquellas ocasiones en las que una persona se procura un
estado de involuntariedad movido por su voluntad, es decir con una
finalidad, por ejemplo, disminuir sus frenos inhibitorios. Reclusión del
agente en un manicomio, del que no saldrá sino por resolución judicial,
con audiencia del ministerio público y previo dictamen de peritos que
declaren desaparecido el peligro de que el enfermo se dañe a sí mismo
o a los demás. En los demás casos en que se absolviere a un procesado
por las causales del presente inciso, el tribunal ordenará la reclusión
del mismo en un establecimiento adecuado hasta que se comprobase la
desaparición de las condiciones que le hicieren peligroso 9 Como ya ha
sido señalado, dado que la LSM es posterior al CP se intentará la
comprensión de éste a la luz de aquella dado que en la actualidad
ambas normativas conviven en nuestro medio. En este marco la
reclusión podrá ser entendida como una internación involuntaria, con
una finalidad terapéutica, y adoptarse frente a la posibilidad de riesgo
cierto o inminente y en tal sentido debería quedar desterrado el
concepto de peligrosidad. Dicha internación involuntaria debería
desarrollarse de la manera menos restrictiva respecto de los derechos
de la persona y durar el menor tiempo posible según las necesidades
del caso. Respecto de la posibilidad de externación, la LSM hace una
mención explícita al artículo 34 del CP, a saber: LSM artículo 23: El
alta, externación o permisos de salida son facultad del equipo de salud
que no requiere autorización del juez. El mismo deberá ser informado si
se tratase de una internación involuntaria, o voluntaria ya informada en
los términos de los artículos 18 o 26 de la presente ley. El equipo de
salud está obligado a externar a la persona o transformar la internación
en voluntaria, cumpliendo los requisitos establecidos en el artículo 16
apenas cesa la situación de riesgo cierto e inminente. Queda
exceptuado de lo dispuesto en el presente artículo, las internaciones
realizadas en el marco de lo previsto en el artículo 34 del Código Penal.
Ahora bien, si fue necesaria la excepción que señala la LSM en su
artículo 23, entonces se entiende que el resto de la LSM, sí es aplicable
a las personas que se encuentran dentro de las previsiones del artículo
34 del CP. En tal sentido debe comprenderse que las personas
internadas en dicho marco, gozan integralmente de todos los derechos
establecidos por la LSM. Cabe agregar que el texto reglamentario de
dicha ley, decreto 603/2013, estableció al hacer referencia al inciso 1
del artículo 34 del CP que, (…) en cabeza de la Autoridad de Aplicación
de la LSM -Ministerio de Salud-, [radica] el deber de promover la
creación de dispositivos intermedios destinados a alojar a personas
alcanzadas por dicho artículo del CP. Es decir que el Ministerio de
Salud es quien debe responder por la internación de las personas que
implican un riesgo cierto o inminente en los términos del inciso 1 del
artículo 34 del CP. Se entiende por riesgo cierto o inminente, según el
texto reglamentario de la LSM, Aquella 10 contingencia o proximidad
de un daño que ya es conocido como verdadero, seguro e indubitable
que amenace o cause perjuicio a la vida o integridad física de la
persona o de terceros. Otro punto significativo respecto de la
articulación de normas que se ha enunciado radica en la temporalidad
de las internaciones involuntarias dictadas en sede penal. Hemos
asistido históricamente a situaciones en que algunas personas han
permanecido en el encierro manicomial más tiempo incluso del que le
habría correspondido en el supuesto de haber sido condenado a cumplir
el máximo de la pena prevista por el acto realizado. Al respecto, vale
retomar lo establecido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación
Argentina en los autos Antuña, Guillermo Javier s/ causa n° 12.434. (A.
987. XLVI): (…) el tribunal que dispone una medida de seguridad de
naturaleza penal debe fijar el plazo máximo hasta el que la medida
podrá extenderse, asegurando una razonable proporcionalidad entre el
ilícito cometido y la medida ordenada, como la que aseguraría al limitar
la pena que sería aplicable al caso si el imputado no fuera incapaz de
culpabilidad. De cumplimentarse lo expuesto una vez finalizado dicho
plazo la persona ya no estaría afectada por la excepción contenida en el
artículo 23 de la LSM, es decir que su internación involuntaria podría
trocarse en voluntaria o podría iniciarse un proceso de
desinstitucionalización conforme a las dinámicas establecidas en la
LSM exclusivamente.
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