0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 846 vistas 47 páginas Loco Por Vos - Gabriela Keselman
El libro 'Loco por vos' de Gabriela Keselman narra la historia de la bruja Maldeamor, quien, al enamorarse del intendente Normalucho, provoca un caos en su vida ordenada. A través de situaciones cómicas y encuentros inesperados, se exploran temas de amor y la ruptura de la rutina. La obra está dirigida a un público infantil y juvenil, combinando humor y fantasía.
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Loco por vos co por VOs
ool Ae ab
Frentealmar, un sitio en el que todo est ordenado
'y funciona a la perfeccién. Eso es asf... hasta que
Ja encantadora bruja Maldeamor cae sobre la
ciudad con su motoescoba y sus ideas muy poco
a
Soe
tos panes ca
eae
"Gabriela Knap
ed
Gabriela Keselman
[Nacié en Buenos Aires y vivio muchos aos
fen Maced, All trabajé en la redaccion de a
revista Ser padres, escrbiendo articulos sobre
literatura infantil erftieas de libros y cuentos.
Leva publicados mas de 60 libros en Espafia,
México y Argentina; algunos se han traducido
1 otros idiomas. Ha recibido rumerosos premios
¥yacrualmente se dedica a eserbir historias para
chicos. Algunos de sus tus son: Cu Canguro
(coleecigin Buenas Noches); i tenés un pat
‘mago y Conejos de etiqueta
Mey
[Nacié en Buenos Aires. Estudis en fa escuela
de Bellas Artes Rogelio Yrurtia es prafesora
de arte. Trabaja para muchas editorales
ilustrando libros de texto y de literatura.
mil
boas:Keselman, Gabriela
‘Loca por vos / Gabriela Keselman ; Gabriela
Keselman.- 1a ed. 2a reimp.- Ciudad Autonoma
de Buenos Aires : Grupo Ealitrial Norma, 2017.
112 pes Lx 20em,
ISBN 978.987.545.6464
1, Narratva Infantil yJuvenil Argentina
Keselman, Gabriela I. Titulo
CDD A863. 928 3,
© Gabriela Keselman, 1999
© Mey Clerc, 2014
© Editorial Norma, 2014
‘Av. Leandro N. Alem 1074, Ciudad de Buenos Aires,
‘Argentina.
Reservados exo los derechos.
Prohibida la reproduccidn coal o parcial de esta obra
sin permiso escrito dela editorial
easy signos distinivos que contienen lx denominacia.
"/NormayCarvajal @ bajo licencia de Grupo Carvajal
(Colombia).
Impreso en la Argentina ~ Prine in Argentina
Primera edicin: junio de 2014
Segunda reimpresién: mayo de 2017
Edicdn: Laura Leibiker
CCoordinacién: Maria Lisa Garcia
Correccion: Roxana Cort
iagramaciéa: Romina Rovers
Ilustraciones: Mey
CC: 61074648
ISBN: 978-987-545-646-4
Para la senora Nuria Esteban
con respetuoso afecto
y agradecimiento.
El intendente Normalucho
iNuria, te quiero mas
que a un cucurucho!
Y te dedico este libro.
Tu bryita Maldeamor. Regalo del cielo
. Por los suelos
. Normalucho no sabe
la que le cay6
. Insiste y perders
- Todos se vuelven locos
de amor menos uno... 0 dos. 29
. Loco por mi 37
. Elamor es miope 45
. $ Qué rico es el amor $ 53
. Entrada, amor
Plato principal, amor
Postre, amor 6310. Lista de pensamientos
[Link] amo a la naturaleza
La naturaleza me ama
[Link] esta rarucho
[Link] por vos
1. Regalo del cielo
Maticamor cay6 fulminada.
Esto fue un flechazo ~atiné a
pronunciar la bruja cuando vio al in-
tendente Normalucho desde lo alto
del cielo.
Se enamoré con tanta intensidad
que solté el manubrio de la motoes-
coba. Sin darse cuenta, se incliné
peligrosamente hacia atr4s. Enton-
ces perdié la cabeza... y el equilibrio.
La bruja Maldeamor descendié en
picada sin hacer ni un solo zigzag.Y cuando estuvo a unos metros del
suelo, pegé una acelerada que la
hizo aterrizar, justo, justo, encima
del amor de sus suefios.
2. Por los suelos
- $0 fue eso? ~alcanz6 a
pronunciar el sefior intendente al
ofr un terrible ruido que provenia
del cielo. Fue, exactamente, como si
alguien hubiese metido cien violines
en el lavarropas.
En cuestién de segundos, la tarde
se tifié de un color rosa chicle. Y un
instante después, algo negro y des-
conocido se le vino encima. La brujaMaldeamor lo derribé y lo dejé me-
dio aturdido sobre las baldosas de la
costanera,
Es decir, Normalucho fue aplas-
tado.
3. Normalucho no sabe
la que le cayé
L. gente se conoce de formas
muy extrafias. Uno entra en un cine
con una bolsa de pochoclo, se tropie-
za con otra persona y la deja hecha
un asco. Le pide perdén mientras in-
tenta quitarle el pochoclo que se le
qued6 pegado en el pelo o en el pu-
lover, y... iya se conocieron! O uno
va patinando cuesta abajo y otro vie-
ne patinando cuesta arriba. Se pegan
un resbal6n y se quedan juntos vien-
do las estrellas... y los chichones.Pero el encuentro entre la bruja
Maldeamor y el intendente Norma-
lucho fue mas que extrafio. Fue el
colmo.
—Perdone, sefiorita —balbuced el
sefior intendente cuando se recu-
per6 del aplastamiento sin previo
aviso-, pero yo soy un hombre muy
convencional.
-1Y eso qué significa? -pregunté
la bruja, que sabfa mucho de vuelos
a motor pero poco de las palabras
que usan los intendentes.
—Muy facil -respondié Normalu-
cho, ciertamente indignado-. Me
gusta que las personas me digan “en-
cantado de conocerlo” o “permiso,
sefior intendente”... ipero no que se
caigan sobre mi cabeza! Y ademas,
no le hago una multa porque es do-
mingo... y porque ese no es mi tra-
bajo especifico... y...
Maldeamor se quité el casco para
arreglarse el flequillo y susurr6:
~Bueno, no es para tanto... Si yo
hubiera sabido que me iba a enamorar
a primera vista, te hubiese mandado
un telegrama antes de caerme sobre
vos... pero asf es la vida...
Normalucho se quedé aténito.
Miré fijamente a la autora de ese es-
cAndalo piiblico: una chica vestida
como una motoquera del espacio,
con un casco en la mano, que lo
observaba, sonrojada, a unos centi-
metros de su nariz. Se pellizeé para
comprobar si aquello era solo un mal
suefio, pero se dio cuenta de que
aquello, en realidad, era una autén-
tica pesadilla.
Aparté a Maldeamor, no sin difi-
cultad. Se sacudié el pantalén con
movimientos bruscos y se fue dan-
do cortos y veloces pasitos con un
susto clavado entre el chaleco y la
espalda. No dijo ni “adiés”, ni “muy
buenas”, ni nada.
—iEso no es muy convencional! le
grits Maldeamor-. Por lo menos se
dice “fue un gusto” 0 “nos vemos”...
Pero Normalucho ya habfa dobla-
do la esquina y no respondis.La bruja se qued6 sentada en la
vereda, pensativa. La verdad, nunca
habfa sido muy afortunada en cues-
tiones amorosas.
Cuando era chica se habfa ena-
morado de un nifio de primero de
Magia que se entretenfa convirtien-
do sus trencitas en alambres de pia
Después vino aquel sapo hechiza-
do de ojos verdes y piel verde. Resul-
t6 que el muy bicho no era un prin-
cipe sino un sapo de verdad, comin.
y corriente.
Maldeamor presintié que esta
vez iba a ser distinto. El intendente
parecfa un poco timido, eso sf... y
quiz4s algo aburrido y muy... ic6mo
era... Ah, si, convencional. Pero
seguro que resultaba ser mas bueno
que el pan.
Asi que Maldeamor, con renova-
do entusiasmo, se levanté de un sal-
toy se fue a prepararle una sorpresa.
4, Insiste y perderas
Normatucho era un hombre
que hacia siempre lo mismo. Asf que,
el lunes por la mafiana, hizo lo que
solfa hacer todos los lunes de su vida.
Abrié la ventana que daba al jardin
y levanté los ojos para contar las nu-
bes. Sino habia ninguna, se ponfa la
camisa de rayitas azules; si habfa una
nube, se vestfa con un saquito que le
habia tejido su mamé; si habfa tres 0
Cuatro en pequenios racimos, se ponfa
un impermeable amarillo, y si las nu-
bes eran gris oscuro, como si alguienhubiese cerrado una persiana de lata
sobre el cielo, agarraba el paraguas.
Sin embargo, esa mafiana buscé algo
més. Algtin punto negro, algo dis-
puesto a caer sobre él sin preambulos,
una jovencita chiflada que hubiera
visto muchas peliculas... Pero no vio
nada. Ni una sefial de amenaza.
Bien. Bien. Bien.
Luego, como todos los dias, diri-
gid sus ojos hacia abajo para admirar
su primoroso jardin.
Lo que vio justificaba un desma-
yo. Pero Normalucho no se desmay6
porque nunca se desmayaba y no iba
a romper la rutina asf només. Primu-
las, rosas, pensamientos, jazmines,
habfan crecido desmesuradamente
hasta formar una selva impenetra-
ble. En la maceta de la derecha, la
de las hortensias, brotaban los cac-
tus pinchadedos. En el macetero del
centro, el de las siemprevivas, flore-
cfan geranios y amapolas. En el me-
dio del pastito se erguia un arbol de
moras gigantes y la hiedra trepadora
formaba con sus ramas el siguiente
mensaje:
Debajo, a modo de firma, estaba
Maldeamor deshojando una marga-
rita con los dientes.A Normalucho no le dio un ata-
que, no. Tampoco se puso a gritar.
Ni a llorar. Fruncié el cefio hasta
que sus cejas se juntaron en una li-
nea, se le hinché el cuello, se mor-
did el labio inferior, y cerré los pu-
fios con tanta fuerza que parecfan a
punto de estallar. Y asi, sofocado y
enrojecido, salié al encuentro de esa
chica entrometida que habfa puesto
su jardincito patas para arriba.
—Sefiorita...-empez6 diciendo con
una voz que presagiaba tormenta.
—Me llamo “Mal—de-a—-mor”.
—Me importa muy poco cémo se
lame. En primer lugar, hagame el fa-
vor de ordenar mi jardin y de dejarlo
como estaba antes, 0 le voy a hacer
una multa por desordenamiento de
jardin ajeno. En segundo lugar, me
llamo “Normalucho” y no “Norma-
lin”. Eso le puede costar una multa
por confusién ciudadana. En tercer
lugar, deshojar margaritas con los
dientes provoca caries, y en cuarto
© quinto lugar, ya no me acuerdo,
“intendente” se escribe sin hache.
Pero no hace falta que lo corrija
porque se va a ir de aqui inmediata-
mente y me va a dejar en paz, que es
como he estado desde que nacf.
Maldeamor escuché toda la pa-
trafada con mucha atencién y luego
sonrid.
—iQué bien hablas, Normal! —dijo-.
Pero si no te gusta mi regalo, no te
preocupes, me lo llevo y ya esta.
Giré sobre un pie (con mucha
gracia, hay que reconocer) y desapa-
tecié. Cada flor, cada hoja, cada ma-
ceta... todo volvié a su lugar. Incluso
qued6 mas ordenado que antes.
Normalucho se froté los ojos. Res-
piré profundamente y se preparé para
ir a trabajar. Se puso un broche de
la ropa en cada botamanga del pan-
talon para evitar que se engancha-
sen con la cadena de la bici, y puso
su maletin en la canasta. Pedales
despacio hasta Iegar al cruce de
Charcoestancado de Arriba. Frend
y miré a un lado y al otro. Nadie poraqui, nadie por alla. Entonces se lan-
26 cuesta abajo, soltando los pedales
y desplegando las piernas. iCémo le
gustaba hacer esta travesura cuando
todo el pueblo atin dormfa!
Lo pasé tan bien que hasta se olvi-
d6 de la bruja chiflada que se habia
empefiado en fastidiarle la existen-
cia. Entré en su despacho silbando
una cancién tradicional, pero el es-
tribillo se le quedé a la mitad: ilas
hojas en blanco del primer cajén de
su escritorio estaban todas garaba-
teadas con corazoncitos!
EI sello de sellar cuestiones im-
portantes decfa:
En el sello para asuntos de media-
no interés se lefa:
En las paredes, ademés, se vefa su
nombre escrito con aerosol violeta.
Y porsiesto fuera poco, las biromes
estaban todas sin su correspondiente
capuchén. El archivador se abria y se
cerraba por decisién propia. Las si-
las colgaban del techo como pifiatas
vacias... iOh, no!
Normalucho se irrité. Se acercd
a la computadora y se dispuso a es-
cribir:2 de abril
(Porque por muy irritado que estu-
viera, la fecha era lo primero que
ponfa en una carta.) Pero, en esta
ocasi6n, las teclas le hicieron cos-
quillas en los dedos y en la pantalla
aparecié el siguiente poema:
Versos para un intendente (sin hache)
jOh, Normalucho!
Te quiero mds que a un cucurucho
(con helado de chocolate dentro,
que eso ya es decir mucho).
¥ de tu boca, ni una palabra agradable
escucho
(sos una bestia).
De mi coraz6n sos el duefio,
y yo ~aunque no te entre en la cabezota-
soy la bruja de tus suefos.
Y, a continuacién, se dibujé la
cara sonriente de la autora.
Normalucho, dispuesto a acabar
con aquel ridiculo juego, se abalanzé
sobre el teclado y replicé:
2 de abril
‘Estimada contribuyente:
Escribe usted unas poesias incomprensi-
bles. £e ruego encarecidamente que salga
de mi computadora y de mi oficina y de
‘mi municipio y de mi vida.
La saluda poco atentamente,
Sy
Maldeamor se ofendié como nun-
ca se habfa ofendido. La habfa Ila-
mado “contribuyente”, que vaya a
saber qué significaba. Pero en todo
caso, sonaba muy mal. Ademis, el
muy insensible no valoraba su ta-
lento poético. Y estaba claro que no
querfa verla ni en pintura.
—iNormalipido!, — icachobruto!,
icontribuyente, tu abuela! iHaré que
te vuelyas loco por mi! ‘Loco por m(!
iLOcO, LOCO, LOC000O POR Miffif!
Asi repitié Maldeamor, al tiempo
que giraba sobre su cabeza y se haciadesaparecer. Regresé a casa y se en-
cerré en el laboratorio, en la seccién
de pécimas amorosas.
Con tanto Ifo no habfa tenido
tiempo de hacer las compras. Asi
que eché en la olla lo primero que
encontré en la despensa. Sin ningdin
orden ni cuidado.
—Un poco de esto, una pizca de
aquello que tiene muy mala pinta,
se remueve con el dedo para que no
se formen grufios, 0 grumos, no sé
ni me importa, y se deja reposar du-
rante cinco siglos. Luego se vierte la
mezcla enloquecidamente sobre la
sartén, que no esté muy limpia que
digamos, y se bate con las sobras de
ayer... Se vuelca dentro un frasco
entero de perfume hasta que apeste
bien... y entonces...
Maldeamor estaba francamente
alterada. Y cualquier bruja en sus
cabales sabe que, en ese estado, los
hechizos se cortan mas que la ma-
yonesa. El resultado, entonces, fue
un desastre. Y encima, Maldeamorera un poco torpe y tenfa mala pun-
teria, Asf que la preparaci6n espesa,
burbujeante y olorosa se desbordé y
cay6 como una persistente Iluvia so-
bre el tranquilo pueblo de Frenteal-
mar. Primero chorreé sobre las olas
y se filtré en la arena. Luego corrié
por las canaletas y las alcantarillas,
se metié por las canillas y las duchas,
se colé en los frascos de champit y se
instalé en cada estornudo.
Todo el pueblo quedé empapa-
do... menos un edificio al que, inex-
plicablemente, no le tocé ni una
5. Todos se vuelven locos
de amor menos uno... 0 dos
E intendente, ajeno a lo que
estaba sucediendo, tuvo un dia se-
reno. Nadie lo interrumpié. Ni una
visita. Ni una Ilamada_teleféni-
ca equivocada. Ni el aleteo de una
mosca molesta. A las doce menos
cinco se levanté de la silla y cerré
el maletin. Se acercé a la ventana y
miré hacia afuera.
—Qué contrariedad, parece que
esta lloviendo -musité-. Y, como
esto no estaba previsto, yo no trajemi paraguas. Bueno, tendré que es-
perar a que pare.
Y siguié mirando a través del cris-
tal. Una hora. Dos. Tres. La tarde
entera. Tenfa un hambre feroz. Me-
nos mal que era un hombre previsor
y siempre guardaba en el armario
una tableta de chocolate con leche
para antojos de emergencia.
Al anochecer, la Iluvia ces6. Pero
Normalucho se habia quedado dor-
mido en el sofa y alli siguié hasta el
amanecer. El sol le dio de lleno en los
ojos. Parpades. Bostez6 con bostezos
chiquitos y silenciosos. Y de pronto
se dio cuenta de que no habia hecho
su cena equilibrada como cada no-
che, ni se habia puesto el piyama, ni
habfa dormido en su cama (del lado
izquierdo). iQué descontrol! Desde
luego, eso no iba a volver a suceder.
Sin embargo, Normalucho no se
quedo tranquilo.
—Algo raro est pasando —mur-
mur6, pegando la nariz a la ventana.
En ese momento, divisé a alguien
que se acercaba a toda velocidad por
el camino de piedritas. Era su ami-
go Inmu, el director (subdirector y
tinico redactor) del diario local, El
Diario Local. El intendente abris la
puerta y lo saludé afectuosamente.
Pero Inmu estaba tan sofocado que
no tenfa aliento para saluditos.
—Nor-ma-lucho-ino-sa-bés—lo-
que-pas6! -resopl6 como pudo, aba-
nicéndose con la primera edicién
del diario.
Normalucho, pensativo, fue a
buscar un vaso de agua. Asi que,
tal como lo habfa presentido, algo
extrafio estaba aconteciendo en el
pequefio pueblo de Frentealmar. Se
rasc6 la cabeza. Y disimulando su in-
quietud, pregunté:
—iQué pasé, Inmu? Decimelo ya.
—Cay6 una lluvia muy especial
—dijo el recién HMegado-. No es la
misma Iluvia de toda la vida. Es dife-
tente. Y todo el pueblo se est4 com-
portando de forma insélita, como si
se hubieran vuelto locos.-iiLocos?! No digas disparates
-interrumpi6 el intendente-. Aqui
somos todos un ejemplo de cordura.
-Te digo que estan todos chiflados.
Como cabras. Locos... pero locos de
amor.
Normalucho palidecié, En casos
de catastrofe como este, el lema de
Normalucho era: “Primero, ordenar
mis pensamientos; después, poner-
me nervioso”.
Asi que ordend sus pensamientos
uno por uno:
1. ILo sabia, lo sabfa! iMe lo ad-
verti!
2. Esto es obra de la bruja que
decidié ser un obstaculo en mi
vida y en la de mis conciuda-
danos.
3. Tengo que limpiar el armario
de los zapatos mafana mismo.
[Link] puedo permitir que esa in-
trusa se burle de nosotros.
5. Debo hacer la lista de los rega-
los de Navidad con seis meses
de anticipacién... por lo menos.
6. Yo soy la autoridad y, como tal,
voy a encontrar una solucién
pacffica a este conflicto.
7. iEso!
Una vez que cada idea estuvo en
su lugar, miré fijamente a su amigo
Inmu y, con voz de detective, lo in-
terrogé.-A ver... a ver... iDecfs que to-
dos estan locamente enamorados?
—Menos los que ya lo estaban.
-Entonces, écémo es posible que
a vos y a mi, que no estabamos ena-
morados, la Iluvia no nos haya afec-
tado?
—Muy facil -respondié Inmu-.
Sobre la intendencia no cay6 ni una
gota. Y en cuanto a mi, como estoy
vacunado, estoy inmunizado.
~iTe vacunis contra el amor? —pre-
gunté el intendente sorprendido.
—Claro, todas las primaveras, que
es la época més contagiosa -explicé
Inmu-. Dicen que si te agarrés una
amoritis del tipo C, lo pas4s muy
mal. Y si te contagiés una amorice-
la, te sentfs horrible. Y los calambres
amorosos duelen una barbaridad.
“Uy —pensé Normalucho—. Tengo
que agregar este dato en mi agenda
de pensamientos”:
8. Vacunarme contra el amor la
primavera que viene, sin falta.
~Y esa no es toda la tragedia —si-
guid Inmu-. Ademés, una chica des-
conocida entré en la redaccién del
diario y me dijo que me tomase unas
vacaciones, que ella va a escribir las
crénicas locales durante una tempo-
radita. Y que te las va a dedicar a
vos.
—iéSe lo permitiste?! —interrum-
pid Normalucho, alarmado.
—Bueno, ya sabés que tengo un
cardcter débil... y que no me gus-
ta discutir, Ademds, no sé, parecia
muy decidida. Pensandolo bien,
todo esto es tan raro que creo que
estoy necesitando un descanso.
El intendente estaba a punto de
ponerse nervioso, pero primero afia-
dié otro pensamiento a su list:
9. Tranquilo, Normalucho. Hay
que esperar para ver la evolu-
cin de los acontecimientos. Y
la evolucién de los aconteci-
mientos en este pueblo es siem-
pre la misma.Dio unas palmadas en la espalda
de su amigo Inmu y lo invité a jugar
al domind. Estuvieron empatando
toda la tarde hasta que, al fin, Nor-
malucho recogié sus cosas y se fue a
su casa.
6. Loco por mi
A ju notion, es ep,
Normalucho se levanté y abrié la
puerta de su casa. Sobre el felpudo,
como siempre, estaba el diario. Inmu
se alarmaba por cualquier cosa, pero
en Frentealmar no habia nada que
temer.
Antes de leer las noticias, Nor-
malucho se lavé los dientes con-
cienzudamente. Luego preparé un
suculento desayuno y se senté a re-
cuperar fuerzas. Retiré las migas dela mesa y desplegé el diario. Asi fue F
como leyé el enorme titulo de la pri- ‘espajito para poner Seguin unos chicos que
mera pagina y, a continuaci6n, el re- Poo aia rea ay ee aa
lato del increible suceso.
ongelador.” | ca de la casa, Meadaro
— Ae eRe IRONS
Unico empleado del correo
se enamora del Unico empleado
del correo”
El sefior Nifunifa, Unico empleado del
correo de Frenteaimar, ventanilla unica, se
‘enamoré en la mafiana de ayer del sefior
Nifunifa, Gnico empleado del correo de
Frentealmar, ventanilla Unica.
In verdadero caso de la ventana de la casa de
]amor urgente atacé Meador, ¢| daba vue
‘iudadano en plena tas por la sala miréndose
en todos 10s espejos. Se
‘observ6 en los. vasos y
hasta se admiré.en una vols y 88 puso a bailar sigo mismo porque no le
cuchara de sopa. Abrié solo hasta cansarse,'se gusto el calé que se ha-
un espeiito de bosilo, io un abrazo y se dijo: bla preparado. Al etarce-
beasties. caumce gies “Ha sido un placer bailar cer salié furioso, con una
26 besos a si mismo y ex- "conmigo mismo” valja, dispuesto a irse de
‘lame: “jPero qué lindo Consultedo por este su casa
‘soy! ;Cuanto me quiero!”. | diario, e! sefior Meadoro, Sin embargo, como no
Un rato después, Mo- Pespués de bostezer un podia separarse de sf
fita, la vendedora del Bostezo enorme, no qui- mismo, se grité que se
negocio de regalos, con- (80 hacer declaraciones. iba a cambiar el nombre
16 que Meadoro fue a parecer, discutié con- por "Medetesto”. ©
‘comprarse un espejo gi-
ratono, otfo desplegable
‘Meadoro so para frente alas vidrieas, los charéos de agua’
__y hasta os anteojos espejados de la genta que pasa.Normalucho dobl6 el diario y lo
colocé sobre la mesa. Se levanté y
fue a mirarse al espejo. {No tendrfa
él también un trastorno parecido
al de su pobre amigo, enamora-
do y desenamorado de él mismo?
Se observé detenidamente, con la
meticulosidad que lo caracteriza-
ba. Pero la verdad, sintié la misma
emoci6n que experimentaba cada
dfa al verse. Ninguna en especial.
Volvié a sentarse, levanté el telé-
fono y marcé el mimero de El Dia
rio Local.
—El Diario Local, decime qué nece-
sitas -atendié Maldeamor.
—Buen dfa -salud6 el intendente
educadamente.
~iAca no hay nadie! —chillé la
bruja, y colgé el auricular con brus-
quedad.
Normalucho decidié no alterarse.
Suspir6 con resignacién y volvid a
marcar.
~ITe dije que no-hay-nadie! —vo-
ciferé Maldeamor antes de que
Normalucho pudiera abrir la boca,
y volvié a colgar.
Normalucho traté de serenarse. Y
lo intenté por tercera vez.
Marcé el ntimero de El Diario Lo-
cal. Pero al otro lado de la linea se
escuché:
“Hola. Este es el contestador au-
toméatico de la intrépida reportera
Maldeamor. No estoy en mi puesto
porque me aburrfa. Dejé tu mensaje
(solo si es interesante) después de la
sefial y te lamaré un dia de estos.
i Piiiiiiiip!”
El intendente conté hasta ciento
noventa y nueve para no perder los
estribos. Luego, carraspe6 y grabé el
siguiente mensaje:
“Regular dfa, soy el intendente Nor-
malucho. Me alegro de que no esté, asi
no tengo el disgusto de hablar con us-
ted. Le repito que retire de inmediato
ese absurdo encantamiento que esté
trastornando la vida afectiva de este
pueblo. No hace falta que me devuel-
va la llamada. Adiés para siempre.”Y, como era su costumbre, anoté
en su lista de pensamientos:
[Link] situacién no durara. Ma-
fiana todo volverd a la calma.
Y no hay mal que por bien no
venga.
Un rato més tarde, Normalucho
decidié visitar a su viejo amigo Nifu-
nifé-Meadoro-Medetesto para saber
cémo debfa Hlamarlo a partir de ese
dia. Pero al llegar solo encontré una
hoja de diario pegada en un espejo
de la puerta.
Normalucho volvié a la intenden-
cia cabizbajo y apesadumbrado. Si
Nifunifa (0 como se quisiera llamar)
no estaba en su sano juicio, icon
quién iba a pasar ahora las aburridas
tardes del domingo?
Normalucho pasé el resto del dia
redactando una nueva ley que deca
ast:
Articulo 1: Se tirardn a [a basura todos
(os espejas, sanos 0 rotos. Y también los
espejismos.
Articulo 2: Los vecinos se abstendran de
mirarse al espejo antes de salir (porque
nadie tendré pes
Articulo 3: Nada de leer ef cuento de
‘Blancanieves, especialmente fa parte de
“espejito, espejito...”
Crimplase hasta nuevo aviso.2. El amor es miope
N ormatucho se desperté una
hora antes que de costumbre y eso
era mala sefial. Se levanté y corrié
hacia la puerta, pero primero se
puso las pantuflas. Sus ganas de sa-
ber sila bruja habfa entrado en raz6n
eran tales, que dejé la ducha para
més tarde. Prepard café con leche,
se sirvié una medialuna y se puso a
esperar la Ilegada del repartidor de
El Diario Local. Se hicieron las ocho,
las nueve, las diez de la mafiana, yni noticias de las noticias. El inten-
dente estaba tan impaciente que el
café se le enfrié y la medialuna se le
abland6. Normalucho caminaba del
comedor a Ia cocina con las manos
unidas detras de la espalda, murmu-
rando para si:
-Esto no es normal. Me temo lo
peor.
Volvia de la cocina al comedor
con las manos apoyadas en la cintu-
ta, farfullando para si:
—Me temo lo peor. Esto no es nor-
mal.
Por fin, a las once menos cuarto,
sintié el golpe del diario en el felpu-
do. Entonces leyé el titulo de la pri-
mera pagina y solt6 el diario como si
le quemara. Pero enseguida se armé
de valor y se agaché a recuperarlo.
Se senté en el borde de una silla yse
dispuso a leer. Como no podfa creer
lo que veia, volvié a empeza
vas y la avenida Noesa-
‘suntotuyo cuando, de 1e-
pent, Se volvié loca... de
‘amar. Se sacé los grue-
$08 antoojos que llevaba
‘que no podia cruzar la ca~
lle del io que s@ habia ar-
, mado, la agente, loca de
‘amor, abraz6 al perchero*‘oon mucha fuerza y lo Lupita se puso los ante-
llamé *amorcito, divine y ojos rezongando -relata-
‘cuchicucti". Como é! no ron los testigos- y mird a
Ie respondia, Lupita se este chico que no era ni
ale lorando, alto ni flaco como su gran
"Cerca del puente Yo- amor, pero era simpatico.
teacompano dijo una Asi que se fueron juntos
chica que iba en bici-,la a pasear por la. playa
agente Lupita se volvié a (aunque tuvieron alguna
tropezer, esta vez con el diicultad para cruzar la
hijo de Cuatrojos, dueio avenida Justo Frenteal-
do la Optica jA Ver..1.€1 mar porque el espantoso
le devolve los antenjos Caos. de transito. sigue
que la agente habia tra- _asolando al puebio). ©
do; los habia guardado
fen su bots”
Normalucho cambié sus anteojos
tres veces mientras lefa la crénica de
este hecho inédito en su municipio.
Primero usd los anteojos de leer de
reojo; luego, los de leer pero no que-
rer enterarse de lo que se esta leyen-
do; y tercero, los de leer y entender
aunque a uno no le guste, porque no
hay més remedio. Cuando terminé
la pagina estaba bastante indignado.
—iEmbotellamientos en Frenteal-
iNunca, nunca se ha visto!
El intendente levants el teléfono
una vez més dispuesto a hablar con
Maldeamor, fuese como fuere. Esta
vez habfa ido muy lejos y no acepta-
ria una excusa por respuesta.
-El Diario Local, enseguida lo
atenderemos, no se retire -dijo la
bruja. Se escuché una insulsa melo-
dia durante cinco minutos y la voz
volvié a decir:
—El Diario Local, te habla Maldea-
mor y ya sé quién sos, que para eso
soy bruja. Me imagino que querés
venir a verme, asi que dale, te espe-
ro. No tardes.
Normalucho qued6 desconcer-
tado. Tenfa preparado un discurso
firme y sin concesiones, y ahora no
sabia cémo reaccionar. Esta chica
era cambiante e impredecible. Dos
caracteristicas que él no podfa so-
portar en las personas con las que se
telacionaba.
Al final, decidié vestirse rapido y
acudir a la cita. Solo que como es-
taba un poco alterado, se puso elimpermeable amarillo (ese era para
cuando habia tres o cuatro nubes en
el cielo) en lugar de la camisa a ra-
yitas azules (para los dias sin nubes).
Subié en su bici y salié a toda ve-
locidad. Pero al llegar a la avenida
Justo Frentealmar no pudo seguir.
EI monumental lio de coches, mo-
tos, sefioras y sefiores se disolvia
muy lentamente. Fue abriéndose
paso entre bocinazos, malas palabras
y empujones. Y Ileg6 a la redaccién
del diario con tres horas de atraso.
Subi6 las escaleras y en la primera
puerta golpeé con el pufio.
-iSos un impuntual, Normalu-
cho! —chillé la bruja desde aden-
tro-. Ahora estoy reunida conmigo
misma y no pienso interrumpirme.
iChau!
Normalucho, transpirado y con
el impermeable arrugado, no podia
creerlo. Lo habia llamado “impun-
tual”. iImpuntual! A él, el hombre
mas puntual del mundo. iY todo
por culpa de su Iluvia embrujada! iY
también por culpa de Lupita, loca de
amor, en pleno ejercicio de su cargo
publico! Dio media vuelta y se fue.
Ya era tarde para trabajar y ademas
no tenfa muchas ganas. Pensé que
era el momento perfecto para pasar
por la Gptica iA Ver...! y hacerse
unos anteojos para leer sin ofuscar-
se. Eran muy caros, pero a estas altu-
ras, y tal y como estaba la situacién,
presentfa que los iba a necesitar.8. $ Qué rico es el amor $
Niormatucho dormia siempre
como un tronco. Sin embargo, aquel
dia ocurtié todo lo contrario. Habia
tenido pesadillas y estaba cansado.
Asi que primero gruiié desde abajo
de la frazada. Luego, el intenden-
te asomé un ojo; enseguida el otro;
més tarde la nariz... Y volvié a es-
conderse entre las sabanas.
Hace cinco dias 0 cuatro o vein-
te... -protest6 malhumorado-. iTodo
€ste terremoto amoroso empez6 haceno sé cudntos dfas mientras paseaba!
-y al recordar lo sucedido, a Norma-
lucho le dio un berrinche. Comenz6
a dar pataditas al colchén mientras
rezongaba sin cesar.
Hoy no pienso levantarme...
Nifunifa se volvié loco y anda cam-
biando de nombre cada dos por tres.
No puedo pasear sin temor a que me
atropellen porque Lupita esta chifla-
da y ya no dirige ni el transito ni su
vida. Y vaya a saber qué otros desas-
tres ocurriran,
Afortunadamente, el intendente
era una persona optimista y, ade-
més, para ser la primera rabieta de su
vida, ya habia durado bastante. Asi
que se senté en la cama y reflexioné.
-iEs un lindo dia! Y seguro que
hoy no habré malas noticias ni nada.
Normalucho se vistié y, antes de
ir a trabajar, decidié acercarse a la
feria ambulante a comprar plantas
para su jardin. Abrié la puerta y res-
piré profundamente, isniffff!, exten-
diendo los brazos. Después expulsé
el aire al mismo tiempo que inclina-
ba el cuerpo hacia abajo.
~i1if17/ AHAHAHAHAHAHHHHHH!!!!!!!
—chill6 el intendente, y se qued6 sin
aliento.
Sobre el felpudo lo esperaba un
reluciente y abultado ejemplar de El
Diario Local, cubierto con estrellitas
brillantes y atado con un mofio rojo.
Y del mofo colgaba una tarjeta de
cartulina negra escrita con marca-
dor dorado.Normalucho se agaché atin més
hasta que consiguié leer:
Verso para un intendente (sin hache) n° 2
Normalucho,
no te enojes tanto,
que estas hecho un espanto.
Ademés, intendente de pitimini (no sé lo
que significa, pero es para que rime),
sin esperar demasiado,
caerds enamorado
y te volverds loco por mi.
Feliz aniversario (de unos dias...)
oF
Normalucho arraneé6 la tarjeta y la
estrujé en su mano hasta convertirla
en una pelota. Hizo ademan de arro-
jarla lejos, pero se contuvo y la deposi-
t6 civicamente en un tacho de basura.
—iPoemas, poemas! —refunfuti
Normalucho-. iLo que yo necesito
es un poco de paz!
Se senté ahi mismo en el umbral
y abrié el diario con gesto valiente.
Pero cuando leyé el titulo principal
tuvo ganas de salir corriendo y es-
conderse bajo tierra.
El pacifico Banco de Frenteaimar
conmocionado por los ditimos
ni efectivo, ni tarjetas de crédito. ve
menos recoger moneditas del suelo, ni
quedarse con el vuelto hasta nuevo aviso.
Todo empezé cuando besitos alas monedas y
la seftorita Mariplata, ca-acariciar los billetes.”
jera del banco, estaba Seguin los _testigos|
cumpliendo alegremente
con su trabajo, como de
‘costumbre
‘Siompte recordaba curn-
Pleafos y aniversarios
Monedero-. Hasta que las _monedas, dibujaba|
pas6 algo inesperado,” _corazoneitos en los che-|
"Yo no lo podia creer! ques y en as facturas del
gas mientras decia: "Yo
‘sor de Inglés de Fren- te cuidaré, dinerito mio,
tealmar-: Ful a cobrar mi no te soltaré jamas. Te
“cheque como todos los voy a ahorrar y a muiipl-
Meses. Mariplata abrio un car, ya vas a ver, fortuna
de mi corazén...”,
"Yo quise agarar mi
afioyemper6 atiare dinero e ime, pero ella‘no ma de}é se quej61D8- La genfé que esiaba ‘en’ Frentealmar-, pero no quedarse. “Como el dine-
‘beras-. Se llevo mi plata a cola conté que Ganan- Me hicieron caso. Y yo. fo no contestd, yo segui
y toda la que encontré. cio, @| gerente de! ban- No estoy entrenado para sin cobrar, Ganancio sin
Después se encerré nla. co, intents .convencerla emergencias de locura cerrar el banco, Amado
caja fuerte,” ‘de que saliese de la caja celosa...” sin intervenir y el pueblo.
Deberes, desesperado, entero pendiente de la
cont que las dos ename- eleccién que decida rea-
radas decidioronzanjar la lizar el mas codiciado de
‘esti preguntandole los objtos de amor". ©
Al dinero con quién queria.
El intendente se enfureci6. Esto
ya pasaba de castafio oscuro. Ba-
tiendo su propio récord, legs a
la redaccién de El Diario Local en
fuerte ofreciéndole una al+
corcia nce phocelne cuestién de segundos. Llamé al
cnwstos en papel dora despacho de Maldeamor golpeando
do y, por desesperacion, -
ai fal se equvocd y fe ‘ con el pufio.
‘ofrecié el banco entero. —Apuesto a que sos vos, Normal -se
Entonces Mariplata deci- . :
a NS escuché al otro lado de la puerta.
desusmillones que antes, (We ‘ —No apuestes nada o te voy a po-
Seah te ee ee ner una multa por juego ilegal dijo
ee an ee Normalucho, tutedndola por prime-
le sucursal se abrieron y con un lapiz de labios ra vez y levantando la voz mas de
de iaipa (roam. etaranah Sqn ae is ‘igi ie
eects ame lo recomendable. Pero enseguida se
alnea i ioieoa! ta chs area arrepintié de su brusquedad y traté
planté frente a Mariplata Arado, el policia de de hablar mas suavemente.—Maldeamor, te ofrezco cinco mil
pesos (descontando los impuestos)
si retiras el hechizo y dejas a los ha-
bitantes de este pueblo tal y como
estaban.
iChantajista! -se enardecié la
bruja-. {Cémo te atrevés a ofrecer-
me plata? iYo no tengo precio!
Y no le cerré la puerta en la nariz
porque ya estaba cerrada. Normalu-
cho se sintié avergonzado por su ac-
titud. El era un hombre serio, honra-
do y sensato. Nunca hubiera hecho
algo asi. iPero es que la situacion lo
estaba sacando de sus casillas! Asf
que anoté un nuevo pensamiento
en la lista:
11. Quedarme en mis casillas, pase lo que
“pase.
Pensado esto, se encaminé hacia
el banco para tratar de arreglar el
embrollo. Pero al llegar encontré un
panorama més chocante que el que
habfa imaginado: la ladrona Roberta
y el gerente Ganancio, agarraditos
de la mano, se miraban acaramela-
dos y se decfan:
—iA que ya no vas a volver a robar,
Robertita mfa?
—Ganancio, mi amor, vos me ro-
baste el corazén.
Normalucho intenté6 que entraran
en raz6n, pero los enamorados no le
hicieron caso. Por su parte, el policfa
Armado se habja ido hacia rato. Ahi
ni pinchaba ni disparaba y, ademas,
tenfa que preparar un asadito para
toda la familia. Déberes, al ver al in-
tendente, le pidié que hablase conMariplata porque todavia no habia
cobrado su cheque. Pero el pobre
profesor estaba tan disgustado que
se dirigié a él en inglés. Normalucho
lo escuch6 con sumo interés mien-
tras se agarraba el mentdn. Luego,
anoto en su lista de ideas:
12. Estudiar inglés ef proximo trimestre,
“porque no entiendo ni una palabra
Mariplata Ioraba en un rincén y
se sonaba la nariz con un billete de
diez pesos. Normalucho no quiso in-
dagar qué le estaba ocurriendo. Se-
guro que se trataba de algo demasia-
do complicado de entender. Y él ya
habfa doblado y guardado su lista de
pensamientos hasta el dia siguiente.
Volvié a su casa por el mismo cami-
no por el que habia venido, porque
ho era momento de aventurarse por
calles desconocidas.
9. Entrada, amor
Plato principal, amor
Postre, amor
Nornatucho amaneci6 con un
fuerte dolor de panza. Algo parecido a
cuando era chico y no queria ir al cole-
gio. Quiza le habfa cafdo mal la cena o
quiz se estaba indigestando con todo
este Ifo de Maldeamor y su pécima
amorosa. En cualquier caso, no iba a
ira trabajar. Se tom6 un té con limén
y abri6 la puerta de calle. Recogié su
edicién de El Diario Local y se senté a
leerlo, resignado a encontrarse con un
capitulo mas del desastre.mbate agridulce entre
os restaurantes enemigos
agrava el enfrentamiento entre los
Frentealmar. En un lado det'ring esta
}olin, duefio de “El meson de Manolin, lo
baron espantosos dias
notin y Valeriana le- como de costumbre y asi
‘vantaron las respec- 3 declararon la guerra:
tivas " persianas can Al mediodia, los dos salie-
J misma violencia de on a la puerta y coloca-
Siempre: _|jjjRASSS!!!! ron sendas pizarras con
iiRASSSIIN, se de- el mend del dia.
oe cake
“Bes Tee: execs con
see Sat
Soecia te easy
Mend do da: cada uno en su estilo, estos restoranes son)
los mejores de Frenteaimar.
*Como es habitual cada
vez que se cruzan, Ma-
olin observé. la oferta
de su competidora y,
sanriendo con ironia, ie
iio que a sus clientes se,
les iban a poner verdes
hasta las ideas. Valeria.
na le respondié que sus
‘liontes iban a rodar por
la costanera como bolas
de grasa’, coment, im-
*Yo me voy a comer
@ Un chino’, protesté el
‘liente hambriento,
A final, e! puebio entero
Wo cémo Manolin cerra-
ppaciente, un sefor hal
briento, 3
‘Seguin los dems clien-
tes, de pronto Manolin y
Valeriana se miraron'y co-
Mmenzaron a tartamudear
lun mend rarisino: eile
esa de amor, amorcitos
do dulce de leche, ensa-
ada amorosa.... Y para
tomar, Locura de Amor
con gas,
ba su meson y Valeriana,
'8U coqueto local. ¥ juntos
anunciaron: "Absremos una.
‘confteria que so va a lamar”
ules Locura de Amor"A esta altura, Normalucho tenia
la panza hecha un nudo y la lengua
le quemaba. Necesitaba soltar una
mala palabra, pero eso era algo que
jamés habfa hecho, jamés hacfa y ja-
més iba a hacer. Asf que se confor-
m6 con decir “carémbanos...”. iSus
restaurantes preferidos! iLos me-
jores de Frentealmar! i{Qué iban a
decir los turistas?! (Una confiterfa!
iHabrase visto semejante locura! Y
asf siguié un rato exclamando para
sus adentros hasta que, por fin, se le
ocurrié una soluci6n.
Decidié invitar a Maldeamor a una
comida de negocios. Seguro que iban
a poder dialogar como personas civi-
lizadas y poner punto y aparte a toda
esta historia de amores inoportunos.
Esta vez, en lugar de llamar por te-
léfono o de hacerle una visita, opté
por enviarle una nota con Emisaria,
la mensajera més veloz de la region.
“Maldeamor, te invito a comer para
que pongames as cartas sobre {a mesa
xy Mlequemos a un acuerdo amistoso.”
Emisaria volvié con la respuesta
de Maldeamor.
“Est bien. Comeremos séndwiches en
la playa, sentados en la arena.”
A Normalucho no le parecié un
buen plan. Asi que mandé a Emisa-
ria con otra carta urgente.
“No me parece un (ugar adecua-
do para reunirse con un intendente.
mas, los sandwiches no son fo mas
indicado para una comida seria. Y
encima, no soporto que fa arena se me
‘meta en fos zapatos.”
A los pocos minutos recibié la
contestacién.
“Sos un convencional y un quisquillo-
so. Pero bueno, si te ponés asi, podemos
comer semillas de girasol sentados en un
banco de la plaza.”
Al intendente le parecié una pro-
Puesta peor que la anterior y escribié
otra nota.
“iQué ocurrencia! ¢Qué van a pen-
Sar [os vecinos si ven a su maxima au-
toridad municipal escupiendo cdscaras
de semillitas a troche y mache?”Maldeamor no tardé en responder.
“Nérmal, sera mejor que comas vos
solito lo que se te antoje y donde se te
dé la gana.”
Normalucho se molest6 por seme-
jante desaire, pero aun asi, prefirié
quedarse con Ia tltima palabra y le
dio otro mensaje a Emisaria.
“adios.”
Asi, carta va, nota viene, se rom-
pid toda posibilidad de negociacién.
A Normalucho esta situacién le es-
taba inflamando el higado. Por lo
tanto, decidié que lo mejor iba a ser
estar a dieta el dia entero.
10. Lista de pensamientos
Essta-de-pensamientos
Face vares ds gue, por una
cosa 0 por otra, Normalucho no iba
a la intendencia. Maldeamor ha-
bia tomado el poder del pueblo. Lo
habfa trastocado todo. Ya nadie lo
obedecfa. El intendente se sentfa
tan inttil, tan poca cosa, tan insigni-
ficante, que anoté el siguiente pen-
samiento en su list:
13. Renunciar a mi cargo, después de leer
ef diario de hoy.Pero Normalucho se arrepintié al
instante. Evidentemente, las cosas
iban de peor en peor, pero él tenia
que recuperar su talante optimista,
luchador y perseverante, ¢ inmedia-
tamente taché ese pensamiento de
su list:
Esta vez tenfa que conseguir hablar
con Maldeamor. Si lo lograba, volve-
ria a gozar de su prestigio entre los
ciudadanos y todo serfa como antes.
Los habitantes de Frentealmar iban
a levantar una estatua en su honor
en la plaza del pueblo y... Normalu-
cho iba pensando en el monumento
que lo iba a inmortalizar mientras ca-
minaba hacia El Diario Local. Se sen-
tfa mejor, fuerte, seguro, contento y
hasta lindo. De pronto, se dio cuenta
de que los nifios se refan de él y las
Sefioras secreteaban a su paso.
~iLY ahora qué ocurre?! —pregunté
el intendente en tono de reproche.
—Es que no te sacaste la bata -son-
1i6 Mercedes, la duefia de la mercerfa.
Normalucho, avergonzado, re-
gres6 a su casa veloz como un rayo.
iCémo no se habia dado cuenta!
iQué barbaridad! {En bata por el
municipio! Sin dejar de atormen-
tarse por haber hecho el ridiculo, se
visti y volvié a salir. Cuando entré
en la redaccién, estaba hecho una
fiera y dispuesto a poner fin a las
andanzas de la bruja. Pero la puerta
estaba abierta y el despacho, vacio.
—iSe habré jubilado? -se pregunt6
el intendente con ilusién.
Pero enseguida encontré una nota
que lo explicaba todo.
“Normal, Manolin y Valeriana me invi-
taron a desayunar unas galletitas con for-
ma de coraz6n. Vuelvo pronto. Maldy.”
Sin duda, Maldeamor era un hue-
so duro de roer, pero él, Normalucho,
no se dejaria vencer. iNo, sefior!n
Volvié a casa y reflexioné duran-
te toda la jornada. Como no obtuvo
mucho éxito en esta ardua tarea
mental, apunté en su lista de pensa-
mientos:
14. Manana seré otro dia.
11. Yo amo a la naturaleza
La naturaleza me ama
U, sol tibio le dio a Normalu-
cho en la cara. Y la brisa con olor a
mar y a flores se col6é por la ventana
de su cuarto. Se anunciaba un dfa
tadiante y el intendente sintié que
su dnimo, maltrecho y desgastado,
se renovaba repentinamente. Se sin-
ti6 gil y vivaracho. Asf que se puso
su ropa de dar una vuelta por el bos-
que dispuesto a salir en cuanto ter-
minase de leer el diario del dia.
—iMe siento como un adolescenteque se ratea del colegio! -exclamé
con despreocupacién=. Voy a pasar
un dfa espléndido.
Normalucho despleg6 la primera
pagina del diario y... izas!, un nuba-
rr6n negro lo ensombrecié todo.
Maestra de ciencias ecolégicas
se casa en extrafias
circunstancias
Los nifios del colegio piblico de
Frentealmar han vivido ayer una aventura
inverosimil. Todo comenz6 cuando Aire
Puri, la maestra de Ciencias Ecologicas,
los llevé de excursion por el bosque para
‘ensefiarles el amor a la naturaleza.
‘Segin 408 chicos, todo. alisaba el pelo la polle-
se desarrollaba con nor- ra... ¥ despues la pollera
‘malidad (apagaron un ye! pelo.”
fueguito que algin ires- “Pensamos que le ha-
ponsabie habia dejado bla picado una avispa 0
‘encendido y juntaron la- que se habia insolado”,
‘tas de Pueblo-Cola que agregé una nia.
‘encontraron tradas). Aunque resulte incre
“De fepente -conié un ble, Aire Puri se enamoré
fio sorprendido-, en- ‘del &rbol, se cas6 en una
ramos un &rbol in- bonita cetemonia y pro-
La maestra em- metié cuidarlo, respetar-
hacer cosas raras ‘lo, regarlo y podario,
} las pestafias, se elinvierno y en el verano
en la sequia y en la inun- perros maleducados y de
dacién. Y agregé que lo algunos humanos malva-
iba @ protager de los in- dos y maleducados,
sectos malvados, de los “iY cuando seas vigito,
Are Puri, abrazada a su mando, aroa ol amo de novia'@
los ehicos.
te reciclaré!", dicen que lapiz de labios de la
grits chila y pinté un coraz6n
Para sellar laceremo- sobre la rugosa corteza
ia, Aine Puri extrajo su de su amado,
La deciaracion de amor de Are Pur.Normalucho tuvo la sensacién de
que miles de hormigas le recorrfan
el cuerpo y de que los mosquitos se
habfan ensafiado con él. Se rascé sin
parar hasta que su ropa quedé des-
hilachada; su rostro, todo arafiado,
y sus cabellos, enredados.
—iEsto es el colmo! -chill6 franca-
mente alterado, y salis a toda velo-
cidad para hacer entrar en raz6n a la
obstinada maestra-. iUna represen
tante de la institucién escolar! (Qué
ejemplo para los chicos! iLamentable,
lamentable! —Normalucho corrfa y co-
trfa impulsado por estos pensamientos.
Lleg6 con la lengua afuera y un
aspecto deplorable. En ese momen-
to, la maestra estaba construyendo
una casita en la copa de su adorado
Arbol mientras tarareaba:
“Qué—ca-si-ta
tan—bo-ni-ta
pa-ra-una-sefio-ri-ta.
~iDale, Normalucho, repetf con-
migo! —ordené desde arriba, al darse
cuenta de su presencia.
El intendente obedecis sin pro-
testar, igual que cuando era chico:
—Qué-ca-si-ta
tan-bo... [Pero bueno, qué tonterfa!
Normalucho se Ilevé las manos a
la cabeza. Después, se acercé e in-
tenté subir al Arbol para disuadir a
la maestra.
-Escucha, Aire Puri, nos cono-
cemos desde el jardin de infantes...
Vos sabés que una profesora, por
més ecologista que sea, no se puede
casar con un arbol -explicaba mien-
tras trepaba torpemente.
—iNo me digas? (Hay alguna ley
que lo prohiba? —desafié ella, colum-
pidndose de una rama.
No, no, no hay ninguna ley, pero
yo te aseguro que esta boda no es va-
lida. iTodo esto es obra de una bruja
chiflada! —insitié el intendente mien-
tras sus pies resbalaban por el tronco.
-Normalucho, ocupate un poco
mas de que se proteja el medio am-
biente. De mi vida amorosa me
Ocupo yo -exclamé Aire Puri, tajante,