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Loco Por Vos - Gabriela Keselman

El libro 'Loco por vos' de Gabriela Keselman narra la historia de la bruja Maldeamor, quien, al enamorarse del intendente Normalucho, provoca un caos en su vida ordenada. A través de situaciones cómicas y encuentros inesperados, se exploran temas de amor y la ruptura de la rutina. La obra está dirigida a un público infantil y juvenil, combinando humor y fantasía.

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Loco Por Vos - Gabriela Keselman

El libro 'Loco por vos' de Gabriela Keselman narra la historia de la bruja Maldeamor, quien, al enamorarse del intendente Normalucho, provoca un caos en su vida ordenada. A través de situaciones cómicas y encuentros inesperados, se exploran temas de amor y la ruptura de la rutina. La obra está dirigida a un público infantil y juvenil, combinando humor y fantasía.

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—<— eee as Loco por vos co por VOs ool Ae ab Frentealmar, un sitio en el que todo est ordenado 'y funciona a la perfeccién. Eso es asf... hasta que Ja encantadora bruja Maldeamor cae sobre la ciudad con su motoescoba y sus ideas muy poco a Soe tos panes ca eae "Gabriela Knap ed Gabriela Keselman [Nacié en Buenos Aires y vivio muchos aos fen Maced, All trabajé en la redaccion de a revista Ser padres, escrbiendo articulos sobre literatura infantil erftieas de libros y cuentos. Leva publicados mas de 60 libros en Espafia, México y Argentina; algunos se han traducido 1 otros idiomas. Ha recibido rumerosos premios ¥yacrualmente se dedica a eserbir historias para chicos. Algunos de sus tus son: Cu Canguro (coleecigin Buenas Noches); i tenés un pat ‘mago y Conejos de etiqueta Mey [Nacié en Buenos Aires. Estudis en fa escuela de Bellas Artes Rogelio Yrurtia es prafesora de arte. Trabaja para muchas editorales ilustrando libros de texto y de literatura. mil boas: Keselman, Gabriela ‘Loca por vos / Gabriela Keselman ; Gabriela Keselman.- 1a ed. 2a reimp.- Ciudad Autonoma de Buenos Aires : Grupo Ealitrial Norma, 2017. 112 pes Lx 20em, ISBN 978.987.545.6464 1, Narratva Infantil yJuvenil Argentina Keselman, Gabriela I. Titulo CDD A863. 928 3, © Gabriela Keselman, 1999 © Mey Clerc, 2014 © Editorial Norma, 2014 ‘Av. Leandro N. Alem 1074, Ciudad de Buenos Aires, ‘Argentina. Reservados exo los derechos. Prohibida la reproduccidn coal o parcial de esta obra sin permiso escrito dela editorial easy signos distinivos que contienen lx denominacia. "/NormayCarvajal @ bajo licencia de Grupo Carvajal (Colombia). Impreso en la Argentina ~ Prine in Argentina Primera edicin: junio de 2014 Segunda reimpresién: mayo de 2017 Edicdn: Laura Leibiker CCoordinacién: Maria Lisa Garcia Correccion: Roxana Cort iagramaciéa: Romina Rovers Ilustraciones: Mey CC: 61074648 ISBN: 978-987-545-646-4 Para la senora Nuria Esteban con respetuoso afecto y agradecimiento. El intendente Normalucho iNuria, te quiero mas que a un cucurucho! Y te dedico este libro. Tu bryita Maldeamor . Regalo del cielo . Por los suelos . Normalucho no sabe la que le cay6 . Insiste y perders - Todos se vuelven locos de amor menos uno... 0 dos. 29 . Loco por mi 37 . Elamor es miope 45 . $ Qué rico es el amor $ 53 . Entrada, amor Plato principal, amor Postre, amor 63 10. Lista de pensamientos [Link] amo a la naturaleza La naturaleza me ama [Link] esta rarucho [Link] por vos 1. Regalo del cielo Maticamor cay6 fulminada. Esto fue un flechazo ~atiné a pronunciar la bruja cuando vio al in- tendente Normalucho desde lo alto del cielo. Se enamoré con tanta intensidad que solté el manubrio de la motoes- coba. Sin darse cuenta, se incliné peligrosamente hacia atr4s. Enton- ces perdié la cabeza... y el equilibrio. La bruja Maldeamor descendié en picada sin hacer ni un solo zigzag. Y cuando estuvo a unos metros del suelo, pegé una acelerada que la hizo aterrizar, justo, justo, encima del amor de sus suefios. 2. Por los suelos - $0 fue eso? ~alcanz6 a pronunciar el sefior intendente al ofr un terrible ruido que provenia del cielo. Fue, exactamente, como si alguien hubiese metido cien violines en el lavarropas. En cuestién de segundos, la tarde se tifié de un color rosa chicle. Y un instante después, algo negro y des- conocido se le vino encima. La bruja Maldeamor lo derribé y lo dejé me- dio aturdido sobre las baldosas de la costanera, Es decir, Normalucho fue aplas- tado. 3. Normalucho no sabe la que le cayé L. gente se conoce de formas muy extrafias. Uno entra en un cine con una bolsa de pochoclo, se tropie- za con otra persona y la deja hecha un asco. Le pide perdén mientras in- tenta quitarle el pochoclo que se le qued6 pegado en el pelo o en el pu- lover, y... iya se conocieron! O uno va patinando cuesta abajo y otro vie- ne patinando cuesta arriba. Se pegan un resbal6n y se quedan juntos vien- do las estrellas... y los chichones. Pero el encuentro entre la bruja Maldeamor y el intendente Norma- lucho fue mas que extrafio. Fue el colmo. —Perdone, sefiorita —balbuced el sefior intendente cuando se recu- per6 del aplastamiento sin previo aviso-, pero yo soy un hombre muy convencional. -1Y eso qué significa? -pregunté la bruja, que sabfa mucho de vuelos a motor pero poco de las palabras que usan los intendentes. —Muy facil -respondié Normalu- cho, ciertamente indignado-. Me gusta que las personas me digan “en- cantado de conocerlo” o “permiso, sefior intendente”... ipero no que se caigan sobre mi cabeza! Y ademas, no le hago una multa porque es do- mingo... y porque ese no es mi tra- bajo especifico... y... Maldeamor se quité el casco para arreglarse el flequillo y susurr6: ~Bueno, no es para tanto... Si yo hubiera sabido que me iba a enamorar a primera vista, te hubiese mandado un telegrama antes de caerme sobre vos... pero asf es la vida... Normalucho se quedé aténito. Miré fijamente a la autora de ese es- cAndalo piiblico: una chica vestida como una motoquera del espacio, con un casco en la mano, que lo observaba, sonrojada, a unos centi- metros de su nariz. Se pellizeé para comprobar si aquello era solo un mal suefio, pero se dio cuenta de que aquello, en realidad, era una autén- tica pesadilla. Aparté a Maldeamor, no sin difi- cultad. Se sacudié el pantalén con movimientos bruscos y se fue dan- do cortos y veloces pasitos con un susto clavado entre el chaleco y la espalda. No dijo ni “adiés”, ni “muy buenas”, ni nada. —iEso no es muy convencional! le grits Maldeamor-. Por lo menos se dice “fue un gusto” 0 “nos vemos”... Pero Normalucho ya habfa dobla- do la esquina y no respondis. La bruja se qued6 sentada en la vereda, pensativa. La verdad, nunca habfa sido muy afortunada en cues- tiones amorosas. Cuando era chica se habfa ena- morado de un nifio de primero de Magia que se entretenfa convirtien- do sus trencitas en alambres de pia Después vino aquel sapo hechiza- do de ojos verdes y piel verde. Resul- t6 que el muy bicho no era un prin- cipe sino un sapo de verdad, comin. y corriente. Maldeamor presintié que esta vez iba a ser distinto. El intendente parecfa un poco timido, eso sf... y quiz4s algo aburrido y muy... ic6mo era... Ah, si, convencional. Pero seguro que resultaba ser mas bueno que el pan. Asi que Maldeamor, con renova- do entusiasmo, se levanté de un sal- toy se fue a prepararle una sorpresa. 4, Insiste y perderas Normatucho era un hombre que hacia siempre lo mismo. Asf que, el lunes por la mafiana, hizo lo que solfa hacer todos los lunes de su vida. Abrié la ventana que daba al jardin y levanté los ojos para contar las nu- bes. Sino habia ninguna, se ponfa la camisa de rayitas azules; si habfa una nube, se vestfa con un saquito que le habia tejido su mamé; si habfa tres 0 Cuatro en pequenios racimos, se ponfa un impermeable amarillo, y si las nu- bes eran gris oscuro, como si alguien hubiese cerrado una persiana de lata sobre el cielo, agarraba el paraguas. Sin embargo, esa mafiana buscé algo més. Algtin punto negro, algo dis- puesto a caer sobre él sin preambulos, una jovencita chiflada que hubiera visto muchas peliculas... Pero no vio nada. Ni una sefial de amenaza. Bien. Bien. Bien. Luego, como todos los dias, diri- gid sus ojos hacia abajo para admirar su primoroso jardin. Lo que vio justificaba un desma- yo. Pero Normalucho no se desmay6 porque nunca se desmayaba y no iba a romper la rutina asf només. Primu- las, rosas, pensamientos, jazmines, habfan crecido desmesuradamente hasta formar una selva impenetra- ble. En la maceta de la derecha, la de las hortensias, brotaban los cac- tus pinchadedos. En el macetero del centro, el de las siemprevivas, flore- cfan geranios y amapolas. En el me- dio del pastito se erguia un arbol de moras gigantes y la hiedra trepadora formaba con sus ramas el siguiente mensaje: Debajo, a modo de firma, estaba Maldeamor deshojando una marga- rita con los dientes. A Normalucho no le dio un ata- que, no. Tampoco se puso a gritar. Ni a llorar. Fruncié el cefio hasta que sus cejas se juntaron en una li- nea, se le hinché el cuello, se mor- did el labio inferior, y cerré los pu- fios con tanta fuerza que parecfan a punto de estallar. Y asi, sofocado y enrojecido, salié al encuentro de esa chica entrometida que habfa puesto su jardincito patas para arriba. —Sefiorita...-empez6 diciendo con una voz que presagiaba tormenta. —Me llamo “Mal—de-a—-mor”. —Me importa muy poco cémo se lame. En primer lugar, hagame el fa- vor de ordenar mi jardin y de dejarlo como estaba antes, 0 le voy a hacer una multa por desordenamiento de jardin ajeno. En segundo lugar, me llamo “Normalucho” y no “Norma- lin”. Eso le puede costar una multa por confusién ciudadana. En tercer lugar, deshojar margaritas con los dientes provoca caries, y en cuarto © quinto lugar, ya no me acuerdo, “intendente” se escribe sin hache. Pero no hace falta que lo corrija porque se va a ir de aqui inmediata- mente y me va a dejar en paz, que es como he estado desde que nacf. Maldeamor escuché toda la pa- trafada con mucha atencién y luego sonrid. —iQué bien hablas, Normal! —dijo-. Pero si no te gusta mi regalo, no te preocupes, me lo llevo y ya esta. Giré sobre un pie (con mucha gracia, hay que reconocer) y desapa- tecié. Cada flor, cada hoja, cada ma- ceta... todo volvié a su lugar. Incluso qued6 mas ordenado que antes. Normalucho se froté los ojos. Res- piré profundamente y se preparé para ir a trabajar. Se puso un broche de la ropa en cada botamanga del pan- talon para evitar que se engancha- sen con la cadena de la bici, y puso su maletin en la canasta. Pedales despacio hasta Iegar al cruce de Charcoestancado de Arriba. Frend y miré a un lado y al otro. Nadie por aqui, nadie por alla. Entonces se lan- 26 cuesta abajo, soltando los pedales y desplegando las piernas. iCémo le gustaba hacer esta travesura cuando todo el pueblo atin dormfa! Lo pasé tan bien que hasta se olvi- d6 de la bruja chiflada que se habia empefiado en fastidiarle la existen- cia. Entré en su despacho silbando una cancién tradicional, pero el es- tribillo se le quedé a la mitad: ilas hojas en blanco del primer cajén de su escritorio estaban todas garaba- teadas con corazoncitos! EI sello de sellar cuestiones im- portantes decfa: En el sello para asuntos de media- no interés se lefa: En las paredes, ademés, se vefa su nombre escrito con aerosol violeta. Y porsiesto fuera poco, las biromes estaban todas sin su correspondiente capuchén. El archivador se abria y se cerraba por decisién propia. Las si- las colgaban del techo como pifiatas vacias... iOh, no! Normalucho se irrité. Se acercd a la computadora y se dispuso a es- cribir: 2 de abril (Porque por muy irritado que estu- viera, la fecha era lo primero que ponfa en una carta.) Pero, en esta ocasi6n, las teclas le hicieron cos- quillas en los dedos y en la pantalla aparecié el siguiente poema: Versos para un intendente (sin hache) jOh, Normalucho! Te quiero mds que a un cucurucho (con helado de chocolate dentro, que eso ya es decir mucho). ¥ de tu boca, ni una palabra agradable escucho (sos una bestia). De mi coraz6n sos el duefio, y yo ~aunque no te entre en la cabezota- soy la bruja de tus suefos. Y, a continuacién, se dibujé la cara sonriente de la autora. Normalucho, dispuesto a acabar con aquel ridiculo juego, se abalanzé sobre el teclado y replicé: 2 de abril ‘Estimada contribuyente: Escribe usted unas poesias incomprensi- bles. £e ruego encarecidamente que salga de mi computadora y de mi oficina y de ‘mi municipio y de mi vida. La saluda poco atentamente, Sy Maldeamor se ofendié como nun- ca se habfa ofendido. La habfa Ila- mado “contribuyente”, que vaya a saber qué significaba. Pero en todo caso, sonaba muy mal. Ademis, el muy insensible no valoraba su ta- lento poético. Y estaba claro que no querfa verla ni en pintura. —iNormalipido!, — icachobruto!, icontribuyente, tu abuela! iHaré que te vuelyas loco por mi! ‘Loco por m(! iLOcO, LOCO, LOC000O POR Miffif! Asi repitié Maldeamor, al tiempo que giraba sobre su cabeza y se hacia desaparecer. Regresé a casa y se en- cerré en el laboratorio, en la seccién de pécimas amorosas. Con tanto Ifo no habfa tenido tiempo de hacer las compras. Asi que eché en la olla lo primero que encontré en la despensa. Sin ningdin orden ni cuidado. —Un poco de esto, una pizca de aquello que tiene muy mala pinta, se remueve con el dedo para que no se formen grufios, 0 grumos, no sé ni me importa, y se deja reposar du- rante cinco siglos. Luego se vierte la mezcla enloquecidamente sobre la sartén, que no esté muy limpia que digamos, y se bate con las sobras de ayer... Se vuelca dentro un frasco entero de perfume hasta que apeste bien... y entonces... Maldeamor estaba francamente alterada. Y cualquier bruja en sus cabales sabe que, en ese estado, los hechizos se cortan mas que la ma- yonesa. El resultado, entonces, fue un desastre. Y encima, Maldeamor era un poco torpe y tenfa mala pun- teria, Asf que la preparaci6n espesa, burbujeante y olorosa se desbordé y cay6 como una persistente Iluvia so- bre el tranquilo pueblo de Frenteal- mar. Primero chorreé sobre las olas y se filtré en la arena. Luego corrié por las canaletas y las alcantarillas, se metié por las canillas y las duchas, se colé en los frascos de champit y se instalé en cada estornudo. Todo el pueblo quedé empapa- do... menos un edificio al que, inex- plicablemente, no le tocé ni una 5. Todos se vuelven locos de amor menos uno... 0 dos E intendente, ajeno a lo que estaba sucediendo, tuvo un dia se- reno. Nadie lo interrumpié. Ni una visita. Ni una Ilamada_teleféni- ca equivocada. Ni el aleteo de una mosca molesta. A las doce menos cinco se levanté de la silla y cerré el maletin. Se acercé a la ventana y miré hacia afuera. —Qué contrariedad, parece que esta lloviendo -musité-. Y, como esto no estaba previsto, yo no traje mi paraguas. Bueno, tendré que es- perar a que pare. Y siguié mirando a través del cris- tal. Una hora. Dos. Tres. La tarde entera. Tenfa un hambre feroz. Me- nos mal que era un hombre previsor y siempre guardaba en el armario una tableta de chocolate con leche para antojos de emergencia. Al anochecer, la Iluvia ces6. Pero Normalucho se habia quedado dor- mido en el sofa y alli siguié hasta el amanecer. El sol le dio de lleno en los ojos. Parpades. Bostez6 con bostezos chiquitos y silenciosos. Y de pronto se dio cuenta de que no habia hecho su cena equilibrada como cada no- che, ni se habia puesto el piyama, ni habfa dormido en su cama (del lado izquierdo). iQué descontrol! Desde luego, eso no iba a volver a suceder. Sin embargo, Normalucho no se quedo tranquilo. —Algo raro est pasando —mur- mur6, pegando la nariz a la ventana. En ese momento, divisé a alguien que se acercaba a toda velocidad por el camino de piedritas. Era su ami- go Inmu, el director (subdirector y tinico redactor) del diario local, El Diario Local. El intendente abris la puerta y lo saludé afectuosamente. Pero Inmu estaba tan sofocado que no tenfa aliento para saluditos. —Nor-ma-lucho-ino-sa-bés—lo- que-pas6! -resopl6 como pudo, aba- nicéndose con la primera edicién del diario. Normalucho, pensativo, fue a buscar un vaso de agua. Asi que, tal como lo habfa presentido, algo extrafio estaba aconteciendo en el pequefio pueblo de Frentealmar. Se rasc6 la cabeza. Y disimulando su in- quietud, pregunté: —iQué pasé, Inmu? Decimelo ya. —Cay6 una lluvia muy especial —dijo el recién HMegado-. No es la misma Iluvia de toda la vida. Es dife- tente. Y todo el pueblo se est4 com- portando de forma insélita, como si se hubieran vuelto locos. -iiLocos?! No digas disparates -interrumpi6 el intendente-. Aqui somos todos un ejemplo de cordura. -Te digo que estan todos chiflados. Como cabras. Locos... pero locos de amor. Normalucho palidecié, En casos de catastrofe como este, el lema de Normalucho era: “Primero, ordenar mis pensamientos; después, poner- me nervioso”. Asi que ordend sus pensamientos uno por uno: 1. ILo sabia, lo sabfa! iMe lo ad- verti! 2. Esto es obra de la bruja que decidié ser un obstaculo en mi vida y en la de mis conciuda- danos. 3. Tengo que limpiar el armario de los zapatos mafana mismo. [Link] puedo permitir que esa in- trusa se burle de nosotros. 5. Debo hacer la lista de los rega- los de Navidad con seis meses de anticipacién... por lo menos. 6. Yo soy la autoridad y, como tal, voy a encontrar una solucién pacffica a este conflicto. 7. iEso! Una vez que cada idea estuvo en su lugar, miré fijamente a su amigo Inmu y, con voz de detective, lo in- terrogé. -A ver... a ver... iDecfs que to- dos estan locamente enamorados? —Menos los que ya lo estaban. -Entonces, écémo es posible que a vos y a mi, que no estabamos ena- morados, la Iluvia no nos haya afec- tado? —Muy facil -respondié Inmu-. Sobre la intendencia no cay6 ni una gota. Y en cuanto a mi, como estoy vacunado, estoy inmunizado. ~iTe vacunis contra el amor? —pre- gunté el intendente sorprendido. —Claro, todas las primaveras, que es la época més contagiosa -explicé Inmu-. Dicen que si te agarrés una amoritis del tipo C, lo pas4s muy mal. Y si te contagiés una amorice- la, te sentfs horrible. Y los calambres amorosos duelen una barbaridad. “Uy —pensé Normalucho—. Tengo que agregar este dato en mi agenda de pensamientos”: 8. Vacunarme contra el amor la primavera que viene, sin falta. ~Y esa no es toda la tragedia —si- guid Inmu-. Ademés, una chica des- conocida entré en la redaccién del diario y me dijo que me tomase unas vacaciones, que ella va a escribir las crénicas locales durante una tempo- radita. Y que te las va a dedicar a vos. —iéSe lo permitiste?! —interrum- pid Normalucho, alarmado. —Bueno, ya sabés que tengo un cardcter débil... y que no me gus- ta discutir, Ademds, no sé, parecia muy decidida. Pensandolo bien, todo esto es tan raro que creo que estoy necesitando un descanso. El intendente estaba a punto de ponerse nervioso, pero primero afia- dié otro pensamiento a su list: 9. Tranquilo, Normalucho. Hay que esperar para ver la evolu- cin de los acontecimientos. Y la evolucién de los aconteci- mientos en este pueblo es siem- pre la misma. Dio unas palmadas en la espalda de su amigo Inmu y lo invité a jugar al domind. Estuvieron empatando toda la tarde hasta que, al fin, Nor- malucho recogié sus cosas y se fue a su casa. 6. Loco por mi A ju notion, es ep, Normalucho se levanté y abrié la puerta de su casa. Sobre el felpudo, como siempre, estaba el diario. Inmu se alarmaba por cualquier cosa, pero en Frentealmar no habia nada que temer. Antes de leer las noticias, Nor- malucho se lavé los dientes con- cienzudamente. Luego preparé un suculento desayuno y se senté a re- cuperar fuerzas. Retiré las migas de la mesa y desplegé el diario. Asi fue F como leyé el enorme titulo de la pri- ‘espajito para poner Seguin unos chicos que mera pagina y, a continuaci6n, el re- Poo aia rea ay ee aa lato del increible suceso. ongelador.” | ca de la casa, Meadaro — Ae eRe IRONS Unico empleado del correo se enamora del Unico empleado del correo” El sefior Nifunifa, Unico empleado del correo de Frenteaimar, ventanilla unica, se ‘enamoré en la mafiana de ayer del sefior Nifunifa, Gnico empleado del correo de Frentealmar, ventanilla Unica. In verdadero caso de la ventana de la casa de ]amor urgente atacé Meador, ¢| daba vue ‘iudadano en plena tas por la sala miréndose en todos 10s espejos. Se ‘observ6 en los. vasos y hasta se admiré.en una vols y 88 puso a bailar sigo mismo porque no le cuchara de sopa. Abrié solo hasta cansarse,'se gusto el calé que se ha- un espeiito de bosilo, io un abrazo y se dijo: bla preparado. Al etarce- beasties. caumce gies “Ha sido un placer bailar cer salié furioso, con una 26 besos a si mismo y ex- "conmigo mismo” valja, dispuesto a irse de ‘lame: “jPero qué lindo Consultedo por este su casa ‘soy! ;Cuanto me quiero!”. | diario, e! sefior Meadoro, Sin embargo, como no Un rato después, Mo- Pespués de bostezer un podia separarse de sf fita, la vendedora del Bostezo enorme, no qui- mismo, se grité que se negocio de regalos, con- (80 hacer declaraciones. iba a cambiar el nombre 16 que Meadoro fue a parecer, discutié con- por "Medetesto”. © ‘comprarse un espejo gi- ratono, otfo desplegable ‘Meadoro so para frente alas vidrieas, los charéos de agua’ __y hasta os anteojos espejados de la genta que pasa. Normalucho dobl6 el diario y lo colocé sobre la mesa. Se levanté y fue a mirarse al espejo. {No tendrfa él también un trastorno parecido al de su pobre amigo, enamora- do y desenamorado de él mismo? Se observé detenidamente, con la meticulosidad que lo caracteriza- ba. Pero la verdad, sintié la misma emoci6n que experimentaba cada dfa al verse. Ninguna en especial. Volvié a sentarse, levanté el telé- fono y marcé el mimero de El Dia rio Local. —El Diario Local, decime qué nece- sitas -atendié Maldeamor. —Buen dfa -salud6 el intendente educadamente. ~iAca no hay nadie! —chillé la bruja, y colgé el auricular con brus- quedad. Normalucho decidié no alterarse. Suspir6 con resignacién y volvid a marcar. ~ITe dije que no-hay-nadie! —vo- ciferé Maldeamor antes de que Normalucho pudiera abrir la boca, y volvié a colgar. Normalucho traté de serenarse. Y lo intenté por tercera vez. Marcé el ntimero de El Diario Lo- cal. Pero al otro lado de la linea se escuché: “Hola. Este es el contestador au- toméatico de la intrépida reportera Maldeamor. No estoy en mi puesto porque me aburrfa. Dejé tu mensaje (solo si es interesante) después de la sefial y te lamaré un dia de estos. i Piiiiiiiip!” El intendente conté hasta ciento noventa y nueve para no perder los estribos. Luego, carraspe6 y grabé el siguiente mensaje: “Regular dfa, soy el intendente Nor- malucho. Me alegro de que no esté, asi no tengo el disgusto de hablar con us- ted. Le repito que retire de inmediato ese absurdo encantamiento que esté trastornando la vida afectiva de este pueblo. No hace falta que me devuel- va la llamada. Adiés para siempre.” Y, como era su costumbre, anoté en su lista de pensamientos: [Link] situacién no durara. Ma- fiana todo volverd a la calma. Y no hay mal que por bien no venga. Un rato més tarde, Normalucho decidié visitar a su viejo amigo Nifu- nifé-Meadoro-Medetesto para saber cémo debfa Hlamarlo a partir de ese dia. Pero al llegar solo encontré una hoja de diario pegada en un espejo de la puerta. Normalucho volvié a la intenden- cia cabizbajo y apesadumbrado. Si Nifunifa (0 como se quisiera llamar) no estaba en su sano juicio, icon quién iba a pasar ahora las aburridas tardes del domingo? Normalucho pasé el resto del dia redactando una nueva ley que deca ast: Articulo 1: Se tirardn a [a basura todos (os espejas, sanos 0 rotos. Y también los espejismos. Articulo 2: Los vecinos se abstendran de mirarse al espejo antes de salir (porque nadie tendré pes Articulo 3: Nada de leer ef cuento de ‘Blancanieves, especialmente fa parte de “espejito, espejito...” Crimplase hasta nuevo aviso. 2. El amor es miope N ormatucho se desperté una hora antes que de costumbre y eso era mala sefial. Se levanté y corrié hacia la puerta, pero primero se puso las pantuflas. Sus ganas de sa- ber sila bruja habfa entrado en raz6n eran tales, que dejé la ducha para més tarde. Prepard café con leche, se sirvié una medialuna y se puso a esperar la Ilegada del repartidor de El Diario Local. Se hicieron las ocho, las nueve, las diez de la mafiana, y ni noticias de las noticias. El inten- dente estaba tan impaciente que el café se le enfrié y la medialuna se le abland6. Normalucho caminaba del comedor a Ia cocina con las manos unidas detras de la espalda, murmu- rando para si: -Esto no es normal. Me temo lo peor. Volvia de la cocina al comedor con las manos apoyadas en la cintu- ta, farfullando para si: —Me temo lo peor. Esto no es nor- mal. Por fin, a las once menos cuarto, sintié el golpe del diario en el felpu- do. Entonces leyé el titulo de la pri- mera pagina y solt6 el diario como si le quemara. Pero enseguida se armé de valor y se agaché a recuperarlo. Se senté en el borde de una silla yse dispuso a leer. Como no podfa creer lo que veia, volvié a empeza vas y la avenida Noesa- ‘suntotuyo cuando, de 1e- pent, Se volvié loca... de ‘amar. Se sacé los grue- $08 antoojos que llevaba ‘que no podia cruzar la ca~ lle del io que s@ habia ar- , mado, la agente, loca de ‘amor, abraz6 al perchero* ‘oon mucha fuerza y lo Lupita se puso los ante- llamé *amorcito, divine y ojos rezongando -relata- ‘cuchicucti". Como é! no ron los testigos- y mird a Ie respondia, Lupita se este chico que no era ni ale lorando, alto ni flaco como su gran "Cerca del puente Yo- amor, pero era simpatico. teacompano dijo una Asi que se fueron juntos chica que iba en bici-,la a pasear por la. playa agente Lupita se volvié a (aunque tuvieron alguna tropezer, esta vez con el diicultad para cruzar la hijo de Cuatrojos, dueio avenida Justo Frenteal- do la Optica jA Ver..1.€1 mar porque el espantoso le devolve los antenjos Caos. de transito. sigue que la agente habia tra- _asolando al puebio). © do; los habia guardado fen su bots” Normalucho cambié sus anteojos tres veces mientras lefa la crénica de este hecho inédito en su municipio. Primero usd los anteojos de leer de reojo; luego, los de leer pero no que- rer enterarse de lo que se esta leyen- do; y tercero, los de leer y entender aunque a uno no le guste, porque no hay més remedio. Cuando terminé la pagina estaba bastante indignado. —iEmbotellamientos en Frenteal- iNunca, nunca se ha visto! El intendente levants el teléfono una vez més dispuesto a hablar con Maldeamor, fuese como fuere. Esta vez habfa ido muy lejos y no acepta- ria una excusa por respuesta. -El Diario Local, enseguida lo atenderemos, no se retire -dijo la bruja. Se escuché una insulsa melo- dia durante cinco minutos y la voz volvié a decir: —El Diario Local, te habla Maldea- mor y ya sé quién sos, que para eso soy bruja. Me imagino que querés venir a verme, asi que dale, te espe- ro. No tardes. Normalucho qued6 desconcer- tado. Tenfa preparado un discurso firme y sin concesiones, y ahora no sabia cémo reaccionar. Esta chica era cambiante e impredecible. Dos caracteristicas que él no podfa so- portar en las personas con las que se telacionaba. Al final, decidié vestirse rapido y acudir a la cita. Solo que como es- taba un poco alterado, se puso el impermeable amarillo (ese era para cuando habia tres o cuatro nubes en el cielo) en lugar de la camisa a ra- yitas azules (para los dias sin nubes). Subié en su bici y salié a toda ve- locidad. Pero al llegar a la avenida Justo Frentealmar no pudo seguir. EI monumental lio de coches, mo- tos, sefioras y sefiores se disolvia muy lentamente. Fue abriéndose paso entre bocinazos, malas palabras y empujones. Y Ileg6 a la redaccién del diario con tres horas de atraso. Subi6 las escaleras y en la primera puerta golpeé con el pufio. -iSos un impuntual, Normalu- cho! —chillé la bruja desde aden- tro-. Ahora estoy reunida conmigo misma y no pienso interrumpirme. iChau! Normalucho, transpirado y con el impermeable arrugado, no podia creerlo. Lo habia llamado “impun- tual”. iImpuntual! A él, el hombre mas puntual del mundo. iY todo por culpa de su Iluvia embrujada! iY también por culpa de Lupita, loca de amor, en pleno ejercicio de su cargo publico! Dio media vuelta y se fue. Ya era tarde para trabajar y ademas no tenfa muchas ganas. Pensé que era el momento perfecto para pasar por la Gptica iA Ver...! y hacerse unos anteojos para leer sin ofuscar- se. Eran muy caros, pero a estas altu- ras, y tal y como estaba la situacién, presentfa que los iba a necesitar. 8. $ Qué rico es el amor $ Niormatucho dormia siempre como un tronco. Sin embargo, aquel dia ocurtié todo lo contrario. Habia tenido pesadillas y estaba cansado. Asi que primero gruiié desde abajo de la frazada. Luego, el intenden- te asomé un ojo; enseguida el otro; més tarde la nariz... Y volvié a es- conderse entre las sabanas. Hace cinco dias 0 cuatro o vein- te... -protest6 malhumorado-. iTodo €ste terremoto amoroso empez6 hace no sé cudntos dfas mientras paseaba! -y al recordar lo sucedido, a Norma- lucho le dio un berrinche. Comenz6 a dar pataditas al colchén mientras rezongaba sin cesar. Hoy no pienso levantarme... Nifunifa se volvié loco y anda cam- biando de nombre cada dos por tres. No puedo pasear sin temor a que me atropellen porque Lupita esta chifla- da y ya no dirige ni el transito ni su vida. Y vaya a saber qué otros desas- tres ocurriran, Afortunadamente, el intendente era una persona optimista y, ade- més, para ser la primera rabieta de su vida, ya habia durado bastante. Asi que se senté en la cama y reflexioné. -iEs un lindo dia! Y seguro que hoy no habré malas noticias ni nada. Normalucho se vistié y, antes de ir a trabajar, decidié acercarse a la feria ambulante a comprar plantas para su jardin. Abrié la puerta y res- piré profundamente, isniffff!, exten- diendo los brazos. Después expulsé el aire al mismo tiempo que inclina- ba el cuerpo hacia abajo. ~i1if17/ AHAHAHAHAHAHHHHHH!!!!!!! —chill6 el intendente, y se qued6 sin aliento. Sobre el felpudo lo esperaba un reluciente y abultado ejemplar de El Diario Local, cubierto con estrellitas brillantes y atado con un mofio rojo. Y del mofo colgaba una tarjeta de cartulina negra escrita con marca- dor dorado. Normalucho se agaché atin més hasta que consiguié leer: Verso para un intendente (sin hache) n° 2 Normalucho, no te enojes tanto, que estas hecho un espanto. Ademés, intendente de pitimini (no sé lo que significa, pero es para que rime), sin esperar demasiado, caerds enamorado y te volverds loco por mi. Feliz aniversario (de unos dias...) oF Normalucho arraneé6 la tarjeta y la estrujé en su mano hasta convertirla en una pelota. Hizo ademan de arro- jarla lejos, pero se contuvo y la deposi- t6 civicamente en un tacho de basura. —iPoemas, poemas! —refunfuti Normalucho-. iLo que yo necesito es un poco de paz! Se senté ahi mismo en el umbral y abrié el diario con gesto valiente. Pero cuando leyé el titulo principal tuvo ganas de salir corriendo y es- conderse bajo tierra. El pacifico Banco de Frenteaimar conmocionado por los ditimos ni efectivo, ni tarjetas de crédito. ve menos recoger moneditas del suelo, ni quedarse con el vuelto hasta nuevo aviso. Todo empezé cuando besitos alas monedas y la seftorita Mariplata, ca-acariciar los billetes.” jera del banco, estaba Seguin los _testigos| cumpliendo alegremente con su trabajo, como de ‘costumbre ‘Siompte recordaba curn- Pleafos y aniversarios Monedero-. Hasta que las _monedas, dibujaba| pas6 algo inesperado,” _corazoneitos en los che-| "Yo no lo podia creer! ques y en as facturas del gas mientras decia: "Yo ‘sor de Inglés de Fren- te cuidaré, dinerito mio, tealmar-: Ful a cobrar mi no te soltaré jamas. Te “cheque como todos los voy a ahorrar y a muiipl- Meses. Mariplata abrio un car, ya vas a ver, fortuna de mi corazén...”, "Yo quise agarar mi afioyemper6 atiare dinero e ime, pero ella ‘no ma de}é se quej61D8- La genfé que esiaba ‘en’ Frentealmar-, pero no quedarse. “Como el dine- ‘beras-. Se llevo mi plata a cola conté que Ganan- Me hicieron caso. Y yo. fo no contestd, yo segui y toda la que encontré. cio, @| gerente de! ban- No estoy entrenado para sin cobrar, Ganancio sin Después se encerré nla. co, intents .convencerla emergencias de locura cerrar el banco, Amado caja fuerte,” ‘de que saliese de la caja celosa...” sin intervenir y el pueblo. Deberes, desesperado, entero pendiente de la cont que las dos ename- eleccién que decida rea- radas decidioronzanjar la lizar el mas codiciado de ‘esti preguntandole los objtos de amor". © Al dinero con quién queria. El intendente se enfureci6. Esto ya pasaba de castafio oscuro. Ba- tiendo su propio récord, legs a la redaccién de El Diario Local en fuerte ofreciéndole una al+ corcia nce phocelne cuestién de segundos. Llamé al cnwstos en papel dora despacho de Maldeamor golpeando do y, por desesperacion, - ai fal se equvocd y fe ‘ con el pufio. ‘ofrecié el banco entero. —Apuesto a que sos vos, Normal -se Entonces Mariplata deci- . : a NS escuché al otro lado de la puerta. desusmillones que antes, (We ‘ —No apuestes nada o te voy a po- Seah te ee ee ner una multa por juego ilegal dijo ee an ee Normalucho, tutedndola por prime- le sucursal se abrieron y con un lapiz de labios ra vez y levantando la voz mas de de iaipa (roam. etaranah Sqn ae is ‘igi ie eects ame lo recomendable. Pero enseguida se alnea i ioieoa! ta chs area arrepintié de su brusquedad y traté planté frente a Mariplata Arado, el policia de de hablar mas suavemente. —Maldeamor, te ofrezco cinco mil pesos (descontando los impuestos) si retiras el hechizo y dejas a los ha- bitantes de este pueblo tal y como estaban. iChantajista! -se enardecié la bruja-. {Cémo te atrevés a ofrecer- me plata? iYo no tengo precio! Y no le cerré la puerta en la nariz porque ya estaba cerrada. Normalu- cho se sintié avergonzado por su ac- titud. El era un hombre serio, honra- do y sensato. Nunca hubiera hecho algo asi. iPero es que la situacion lo estaba sacando de sus casillas! Asf que anoté un nuevo pensamiento en la lista: 11. Quedarme en mis casillas, pase lo que “pase. Pensado esto, se encaminé hacia el banco para tratar de arreglar el embrollo. Pero al llegar encontré un panorama més chocante que el que habfa imaginado: la ladrona Roberta y el gerente Ganancio, agarraditos de la mano, se miraban acaramela- dos y se decfan: —iA que ya no vas a volver a robar, Robertita mfa? —Ganancio, mi amor, vos me ro- baste el corazén. Normalucho intenté6 que entraran en raz6n, pero los enamorados no le hicieron caso. Por su parte, el policfa Armado se habja ido hacia rato. Ahi ni pinchaba ni disparaba y, ademas, tenfa que preparar un asadito para toda la familia. Déberes, al ver al in- tendente, le pidié que hablase con Mariplata porque todavia no habia cobrado su cheque. Pero el pobre profesor estaba tan disgustado que se dirigié a él en inglés. Normalucho lo escuch6 con sumo interés mien- tras se agarraba el mentdn. Luego, anoto en su lista de ideas: 12. Estudiar inglés ef proximo trimestre, “porque no entiendo ni una palabra Mariplata Ioraba en un rincén y se sonaba la nariz con un billete de diez pesos. Normalucho no quiso in- dagar qué le estaba ocurriendo. Se- guro que se trataba de algo demasia- do complicado de entender. Y él ya habfa doblado y guardado su lista de pensamientos hasta el dia siguiente. Volvié a su casa por el mismo cami- no por el que habia venido, porque ho era momento de aventurarse por calles desconocidas. 9. Entrada, amor Plato principal, amor Postre, amor Nornatucho amaneci6 con un fuerte dolor de panza. Algo parecido a cuando era chico y no queria ir al cole- gio. Quiza le habfa cafdo mal la cena o quiz se estaba indigestando con todo este Ifo de Maldeamor y su pécima amorosa. En cualquier caso, no iba a ira trabajar. Se tom6 un té con limén y abri6 la puerta de calle. Recogié su edicién de El Diario Local y se senté a leerlo, resignado a encontrarse con un capitulo mas del desastre. mbate agridulce entre os restaurantes enemigos agrava el enfrentamiento entre los Frentealmar. En un lado det'ring esta }olin, duefio de “El meson de Manolin, lo baron espantosos dias notin y Valeriana le- como de costumbre y asi ‘vantaron las respec- 3 declararon la guerra: tivas " persianas can Al mediodia, los dos salie- J misma violencia de on a la puerta y coloca- Siempre: _|jjjRASSS!!!! ron sendas pizarras con iiRASSSIIN, se de- el mend del dia. oe cake “Bes Tee: execs con see Sat Soecia te easy Mend do da: cada uno en su estilo, estos restoranes son) los mejores de Frenteaimar. *Como es habitual cada vez que se cruzan, Ma- olin observé. la oferta de su competidora y, sanriendo con ironia, ie iio que a sus clientes se, les iban a poner verdes hasta las ideas. Valeria. na le respondié que sus ‘liontes iban a rodar por la costanera como bolas de grasa’, coment, im- *Yo me voy a comer @ Un chino’, protesté el ‘liente hambriento, A final, e! puebio entero Wo cémo Manolin cerra- ppaciente, un sefor hal briento, 3 ‘Seguin los dems clien- tes, de pronto Manolin y Valeriana se miraron'y co- Mmenzaron a tartamudear lun mend rarisino: eile esa de amor, amorcitos do dulce de leche, ensa- ada amorosa.... Y para tomar, Locura de Amor con gas, ba su meson y Valeriana, '8U coqueto local. ¥ juntos anunciaron: "Absremos una. ‘confteria que so va a lamar” ules Locura de Amor" A esta altura, Normalucho tenia la panza hecha un nudo y la lengua le quemaba. Necesitaba soltar una mala palabra, pero eso era algo que jamés habfa hecho, jamés hacfa y ja- més iba a hacer. Asf que se confor- m6 con decir “carémbanos...”. iSus restaurantes preferidos! iLos me- jores de Frentealmar! i{Qué iban a decir los turistas?! (Una confiterfa! iHabrase visto semejante locura! Y asf siguié un rato exclamando para sus adentros hasta que, por fin, se le ocurrié una soluci6n. Decidié invitar a Maldeamor a una comida de negocios. Seguro que iban a poder dialogar como personas civi- lizadas y poner punto y aparte a toda esta historia de amores inoportunos. Esta vez, en lugar de llamar por te- léfono o de hacerle una visita, opté por enviarle una nota con Emisaria, la mensajera més veloz de la region. “Maldeamor, te invito a comer para que pongames as cartas sobre {a mesa xy Mlequemos a un acuerdo amistoso.” Emisaria volvié con la respuesta de Maldeamor. “Est bien. Comeremos séndwiches en la playa, sentados en la arena.” A Normalucho no le parecié un buen plan. Asi que mandé a Emisa- ria con otra carta urgente. “No me parece un (ugar adecua- do para reunirse con un intendente. mas, los sandwiches no son fo mas indicado para una comida seria. Y encima, no soporto que fa arena se me ‘meta en fos zapatos.” A los pocos minutos recibié la contestacién. “Sos un convencional y un quisquillo- so. Pero bueno, si te ponés asi, podemos comer semillas de girasol sentados en un banco de la plaza.” Al intendente le parecié una pro- Puesta peor que la anterior y escribié otra nota. “iQué ocurrencia! ¢Qué van a pen- Sar [os vecinos si ven a su maxima au- toridad municipal escupiendo cdscaras de semillitas a troche y mache?” Maldeamor no tardé en responder. “Nérmal, sera mejor que comas vos solito lo que se te antoje y donde se te dé la gana.” Normalucho se molest6 por seme- jante desaire, pero aun asi, prefirié quedarse con Ia tltima palabra y le dio otro mensaje a Emisaria. “adios.” Asi, carta va, nota viene, se rom- pid toda posibilidad de negociacién. A Normalucho esta situacién le es- taba inflamando el higado. Por lo tanto, decidié que lo mejor iba a ser estar a dieta el dia entero. 10. Lista de pensamientos Essta-de-pensamientos Face vares ds gue, por una cosa 0 por otra, Normalucho no iba a la intendencia. Maldeamor ha- bia tomado el poder del pueblo. Lo habfa trastocado todo. Ya nadie lo obedecfa. El intendente se sentfa tan inttil, tan poca cosa, tan insigni- ficante, que anoté el siguiente pen- samiento en su list: 13. Renunciar a mi cargo, después de leer ef diario de hoy. Pero Normalucho se arrepintié al instante. Evidentemente, las cosas iban de peor en peor, pero él tenia que recuperar su talante optimista, luchador y perseverante, ¢ inmedia- tamente taché ese pensamiento de su list: Esta vez tenfa que conseguir hablar con Maldeamor. Si lo lograba, volve- ria a gozar de su prestigio entre los ciudadanos y todo serfa como antes. Los habitantes de Frentealmar iban a levantar una estatua en su honor en la plaza del pueblo y... Normalu- cho iba pensando en el monumento que lo iba a inmortalizar mientras ca- minaba hacia El Diario Local. Se sen- tfa mejor, fuerte, seguro, contento y hasta lindo. De pronto, se dio cuenta de que los nifios se refan de él y las Sefioras secreteaban a su paso. ~iLY ahora qué ocurre?! —pregunté el intendente en tono de reproche. —Es que no te sacaste la bata -son- 1i6 Mercedes, la duefia de la mercerfa. Normalucho, avergonzado, re- gres6 a su casa veloz como un rayo. iCémo no se habia dado cuenta! iQué barbaridad! {En bata por el municipio! Sin dejar de atormen- tarse por haber hecho el ridiculo, se visti y volvié a salir. Cuando entré en la redaccién, estaba hecho una fiera y dispuesto a poner fin a las andanzas de la bruja. Pero la puerta estaba abierta y el despacho, vacio. —iSe habré jubilado? -se pregunt6 el intendente con ilusién. Pero enseguida encontré una nota que lo explicaba todo. “Normal, Manolin y Valeriana me invi- taron a desayunar unas galletitas con for- ma de coraz6n. Vuelvo pronto. Maldy.” Sin duda, Maldeamor era un hue- so duro de roer, pero él, Normalucho, no se dejaria vencer. iNo, sefior! n Volvié a casa y reflexioné duran- te toda la jornada. Como no obtuvo mucho éxito en esta ardua tarea mental, apunté en su lista de pensa- mientos: 14. Manana seré otro dia. 11. Yo amo a la naturaleza La naturaleza me ama U, sol tibio le dio a Normalu- cho en la cara. Y la brisa con olor a mar y a flores se col6é por la ventana de su cuarto. Se anunciaba un dfa tadiante y el intendente sintié que su dnimo, maltrecho y desgastado, se renovaba repentinamente. Se sin- ti6 gil y vivaracho. Asf que se puso su ropa de dar una vuelta por el bos- que dispuesto a salir en cuanto ter- minase de leer el diario del dia. —iMe siento como un adolescente que se ratea del colegio! -exclamé con despreocupacién=. Voy a pasar un dfa espléndido. Normalucho despleg6 la primera pagina del diario y... izas!, un nuba- rr6n negro lo ensombrecié todo. Maestra de ciencias ecolégicas se casa en extrafias circunstancias Los nifios del colegio piblico de Frentealmar han vivido ayer una aventura inverosimil. Todo comenz6 cuando Aire Puri, la maestra de Ciencias Ecologicas, los llevé de excursion por el bosque para ‘ensefiarles el amor a la naturaleza. ‘Segin 408 chicos, todo. alisaba el pelo la polle- se desarrollaba con nor- ra... ¥ despues la pollera ‘malidad (apagaron un ye! pelo.” fueguito que algin ires- “Pensamos que le ha- ponsabie habia dejado bla picado una avispa 0 ‘encendido y juntaron la- que se habia insolado”, ‘tas de Pueblo-Cola que agregé una nia. ‘encontraron tradas). Aunque resulte incre “De fepente -conié un ble, Aire Puri se enamoré fio sorprendido-, en- ‘del &rbol, se cas6 en una ramos un &rbol in- bonita cetemonia y pro- La maestra em- metié cuidarlo, respetar- hacer cosas raras ‘lo, regarlo y podario, } las pestafias, se elinvierno y en el verano en la sequia y en la inun- perros maleducados y de dacién. Y agregé que lo algunos humanos malva- iba @ protager de los in- dos y maleducados, sectos malvados, de los “iY cuando seas vigito, Are Puri, abrazada a su mando, aroa ol amo de novia'@ los ehicos. te reciclaré!", dicen que lapiz de labios de la grits chila y pinté un coraz6n Para sellar laceremo- sobre la rugosa corteza ia, Aine Puri extrajo su de su amado, La deciaracion de amor de Are Pur. Normalucho tuvo la sensacién de que miles de hormigas le recorrfan el cuerpo y de que los mosquitos se habfan ensafiado con él. Se rascé sin parar hasta que su ropa quedé des- hilachada; su rostro, todo arafiado, y sus cabellos, enredados. —iEsto es el colmo! -chill6 franca- mente alterado, y salis a toda velo- cidad para hacer entrar en raz6n a la obstinada maestra-. iUna represen tante de la institucién escolar! (Qué ejemplo para los chicos! iLamentable, lamentable! —Normalucho corrfa y co- trfa impulsado por estos pensamientos. Lleg6 con la lengua afuera y un aspecto deplorable. En ese momen- to, la maestra estaba construyendo una casita en la copa de su adorado Arbol mientras tarareaba: “Qué—ca-si-ta tan—bo-ni-ta pa-ra-una-sefio-ri-ta. ~iDale, Normalucho, repetf con- migo! —ordené desde arriba, al darse cuenta de su presencia. El intendente obedecis sin pro- testar, igual que cuando era chico: —Qué-ca-si-ta tan-bo... [Pero bueno, qué tonterfa! Normalucho se Ilevé las manos a la cabeza. Después, se acercé e in- tenté subir al Arbol para disuadir a la maestra. -Escucha, Aire Puri, nos cono- cemos desde el jardin de infantes... Vos sabés que una profesora, por més ecologista que sea, no se puede casar con un arbol -explicaba mien- tras trepaba torpemente. —iNo me digas? (Hay alguna ley que lo prohiba? —desafié ella, colum- pidndose de una rama. No, no, no hay ninguna ley, pero yo te aseguro que esta boda no es va- lida. iTodo esto es obra de una bruja chiflada! —insitié el intendente mien- tras sus pies resbalaban por el tronco. -Normalucho, ocupate un poco mas de que se proteja el medio am- biente. De mi vida amorosa me Ocupo yo -exclamé Aire Puri, tajante,

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