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Lo Demás No Es Loma: Documental Sobre La Historia de La Salsa en Bogotá

El trabajo de grado de Juliana Puentes Giraldo, titulado 'Lo demás no es loma', es un documental que explora la historia de la salsa en Bogotá, destacando su evolución y el impacto cultural en la ciudad. A través de una investigación exhaustiva, el documental busca evidenciar la presencia y relevancia de la salsa en la identidad bogotana, a pesar de que otras ciudades como Cali y Barranquilla suelen recibir más atención en este ámbito. El proyecto se presenta como una contribución significativa al estudio de la música salsa y su legado en Colombia.
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Lo Demás No Es Loma: Documental Sobre La Historia de La Salsa en Bogotá

El trabajo de grado de Juliana Puentes Giraldo, titulado 'Lo demás no es loma', es un documental que explora la historia de la salsa en Bogotá, destacando su evolución y el impacto cultural en la ciudad. A través de una investigación exhaustiva, el documental busca evidenciar la presencia y relevancia de la salsa en la identidad bogotana, a pesar de que otras ciudades como Cali y Barranquilla suelen recibir más atención en este ámbito. El proyecto se presenta como una contribución significativa al estudio de la música salsa y su legado en Colombia.
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Lo demás no es loma: documental sobre la historia de la salsa en Bogotá.

Juliana Puentes Giraldo

Trabajo de grado para optar al título de Comunicador Social


Campo profesional: Audiovisual

Director
Juan Carlos Arango Espitia

Bogotá, 2023
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Artículo 23, Resolución 13 de 1946:

“La Universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por los alumnos en

sus trabajos de grado, solo velará porque no se publique nada contrario al dogma y la moral

católicos y porque el trabajo no contenga ataques y polémicas puramente personales, antes bien,

se vean en ellas el anhelo de buscar la verdad y la justicia”.


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Bogotá D.C., 24 de mayo de 2023

Doctora

Marisol Cano

Decana

Facultad de Comunicación y Lenguaje

Bogotá

Apreciada Decana,

Me permito presentar mi trabajo de grado Lo demás no es loma: documental sobre la historia

de la salsa en Bogotá, con el fin de optar al grado de Comunicadora Social con énfasis en

Audiovisual.

En el cortometraje documental y su respectiva monografía se encontrarán los elementos

significativos que pueden demostrar que en la ciudad de Bogotá hay un alma salsera latente.

Bares, artistas y -por supuesto- varios agentes capitalinos han conformado y conforman todavía

un elemento esencial en la historia de la salsa y en el imparable crecimiento, popularidad y

aceptación de este apasionante y hermoso género musical.

Cordial saludo,

Juliana Puentes Giraldo

CC. 1032503176
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Bogotá D. C., 24 de mayo de 2023

Doctora
Marisol Cano
Decana
Facultad de Comunicación y Lenguaje
Bogotá

Respetada Decana,

Me permito presentarle el trabajo de grado Lo demás no es loma: documental sobre la


historia de la salsa en Bogotá, realizado por la estudiante Juliana Puentes Giraldo, quien
aspira al grado de Comunicadora Social con énfasis en Audiovisual.

Desde la clase Proyecto profesional II he acompañado la concepción y ejecución de este


trabajo, que aporta una mirada fresca a un fenómeno cultural con fuerte arraigo en la
memoria de la capital colombiana.

A partir de una juiciosa investigación, este documental evidencia las capacidades de


liderazgo y control creativo de la estudiante, dando como resultado un producto sólido
en lo conceptual, atractivo y coherente en lo audiovisual, y de gran factura en los
aspectos técnicos.

Cordial saludo,

Juan Carlos Arango Espitia


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Agradecimientos

Para mi familia, amigos, mi equipo de trabajo y mi asesor, mi gratitud es infinita.

Mamá, Papá: Gracias por enseñarme que con esfuerzo y disciplina todo se puede lograr. Por ser

apoyo y guía en este sueño de ser artista y animarme a siempre dar lo mejor de mi. Y a mi papá

por ver películas «aburridas» conmigo.

Catalina y Juan Diego: Gracias por su interés en cada proyecto que hago, animarme a no

renunciar a mis sueños y motivarme a ser un ejemplo para ustedes. También por burlarse del

plano secuencia.

Alejo, Pau, Cris, Santi, Juanes, Silvis: Gracias por confiar en mi talento y brindarme un

espacio seguro para experimentar. Los admiro profundamente y su talento sobrepasará límites

que no se imaginan.

Pau: Mi amiguita de la universidad, la que siempre me llenó de seguridad cuando iba a grabar.

Por siempre seremos el dream team de arte y foto.

Alejo: Gracias por hacerme soñar en grande y caminar de la mano conmigo en ese sueño. El cine

es nuestro.

Juan Carlos: Por último, pero no menos importante, quiero agradecer a mi asesor. Su guía

experta, su paciencia y su compromiso han sido fundamentales en la culminación exitosa de este

trabajo. Agradezco su disposición a escuchar mis ideas, sus valiosos consejos, su dedicación y su

apuesta por este proyecto que motivaron a que diera lo mejor de mí.
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Tabla de contenidos

1. Introducción

2. La salsa como género

2.1 Explorando las raíces de un género musical vibrante

2.2 Un ritmo que conquista el mundo y une culturas

2.3 La llegada de la salsa a Colombia: Un viaje musical de fusión, transformación y

legado

3. La salsa de la montaña: surgimiento y evolución de la salsa en Bogotá

3.1 El latir del barrio bogotano

3.2 Los templos del circuito salsero

3.3 Sintonizando la salsa

3.3.1 Radio

3.3.2 Televisión

3.4 Los maestros del ritmo

3.5 Salsa al parque: la fiesta que mueve a Bogotá

4. Descubriendo el género documental

4.1 El documental musical como subgénero

4.2 El documental de archivo como subgénero

4.3 El documental como herramienta de la comunicación

5. Los puentes del tiempo: La memoria histórica y cultural

6. Bitácora

6.1 Referentes

6.2 Nota de dirección


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7. Conclusiones

8. Bibliografía

9. Anexos

Palabras clave

Salsa, Bogotá, Memoria, Documental.

1. Introducción

Guaracha, mambo, bolero, cumbia, danzón e incluso jazz, R&B, boogaloo y pachanga,

entre otros, fueron esenciales para el nacimiento de la salsa. El son cubano y los aportes

puertorriqueños pueden ser la base del género, pero es la mezcla de estos ritmos con melodías

fuera del caribe los que permitieron el desarrollo de la salsa como género musical.

Bogotá al ser una ciudad capital reúne personas o comunidades con múltiples expresiones

culturales y una de ellas gira en torno a la salsa. Sin embargo, no se le ha dado el lugar que

merece en los estudios sobre este género musical, pues si bien Cali y Barranquilla han sido

grandes epicentros, Bogotá también cuenta con una gran curaduría del género y una gran

audiencia tanto de locales como de inmigrantes que llegaron a los barrios populares en la década

de los años 70.

Gracias a estos intercambios sociales y culturales, sumado a la divulgación en programas

radiales, a las festividades populares y a los posteriores encuentros en discotecas, es que la salsa

en Bogotá empezó a ser vista como un producto musical y comercial convirtiendo así a este

género en un estandarte de modernización cultural en toda Colombia.


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De aquí nace la pregunta de investigación para esta tesis de grado: con el documental

como instrumento de construcción de memoria histórica y cultural, ¿cómo se puede reconstruir la

memoria de la salsa en Bogotá?

En el cortometraje documental y su respectiva monografía se investigarán los elementos

significativos que pueden demostrar que en la ciudad de Bogotá hay un alma salsera latente.

Bares, artistas y -por supuesto- varios agentes capitalinos han conformado y conforman todavía

un elemento esencial en la historia de la salsa y en el imparable crecimiento, popularidad y

aceptación de este apasionante género musical.

2. La salsa como género

2.1 Explorando las raíces de un género musical vibrante

En el siglo XVI llega la conquista europea a las Antillas Mayores (República

Dominicana, Haití, Jamaica, Cuba y Puerto Rico) a arrasar con la población indígena. Traen

barcos llenos de esclavos africanos para realizar trabajo forzado en las minas y plantaciones.

En una lucha por no perder sus tradiciones y costumbres los africanos se refugiaron en la

liturgia religiosa dedicada a los orishas (dioses). Según Cervantes (2004):

A ritmo de tambores, la figura de San Lázaro se confundía con la de Babalú Ayé, la de

San Cristóbal con Aggayú, la de Santa Bárbara con Changó, la de San Antonio con

Eleggua, y así un largo sin fin de sincretizaciones. (p.3)

Usaban el baile, los cantos y los tambores para llevar a cabo los rituales. Estos se

convirtieron en la raíz para la creación de algunos géneros, que posteriormente, constituirán la

salsa. Por un lado los tambores africanos mezclados con los géneros musicales que trajeron los

europeos como la contradanza y el minué hicieron que en Cuba se creara la contradanza cubana,
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mientras que en Puerto Rico empezaba a sonar la bomba (tomada de los tambores africanos) y la

plena (tomadas de la música cubana y la tradición de los jíbaros).

La fusión de los primeros géneros Cubano y Puertorriqueños que influyeron en la salsa

fueron el son, el guaguancó, la bomba y la plena. Cada uno de estos cuenta con características

distintivas que se reflejan en su ritmo, su instrumentación, sus letras y su estilo de baile.

El son cubano se caracteriza por su ritmo sincopado y su sección de metales que consiste

en trompetas, trombones y saxofones, y se usa para agregar profundidad y energía al sonido. El

guaguancó, por otro lado, tiene un ritmo más frenético, usa sobre todo tambores de percusión.

Las letras del guaguancó a menudo tienen un tema romántico o de seducción, y el baile refleja

esto.

La plena puertorriqueña se caracteriza por su ritmo bailable y el uso de instrumentos de

percusión como los panderos y las maracas. Las letras de la plena a menudo cuentan historias de

la vida cotidiana, como el trabajo, la política y la vida en el campo. El baile de la plena es un

estilo enérgico y alegre que involucra movimientos de pies rápidos y movimientos de cadera. La

bomba, por su parte, tiene un ritmo de percusión fuerte y constante que se logra con el uso de

tambores grandes y pequeños. Las letras de la bomba a menudo tienen temas de resistencia y

lucha, y reflejan la historia de la cultura africana en Puerto Rico.

2.2 Un ritmo que conquista el mundo y une culturas

Es casi imposible hablar de la historia de la salsa en el mundo sin atribuirle su creación y

difusión a las migraciones. Primero con los esclavos traídos a América, ya mencionados

anteriormente. Pero a continuación explicaré las que quizá, fueron las migraciones más

importante de todas, dos historias que desembocan en Nueva York.


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En la década de 1950 Cuba contaba con una industria músical respetada

internacionalmente. El fortalecimiento económico fue provocado por el turismo y el respaldo

comercial a la música popular cubana por parte de empresas norteamericanas. Las discográficas

publicitaban sus productos por radio y televisión. Los demás empresarios realizaban, según

Rodríguez (2005) «presentaciones en salas de concierto, auditorios, salones de baile y clubes

nocturnos» (p.2).

El panorama cambia radicalmente con el triunfo de la Revolución cubana en 1959, la

situación tuvo efectos sociales, económicos y culturales que provocaron la expulsión de los

medios de divulgación con los cuales la salsa podría crecer, todas las empresas norteamericanas

cortaron lazos comerciales con Cuba y los músicos se vieron en la necesidad de migrar hacia

Nueva York.

Por si acaso no regreso

Yo me llevo tu bandera

Lamentando que mis ojos

Liberada no te vieran.

(Celia Cruz, 2001, Por si acaso no regreso)

El panorama migratorio en Puerto Rico es distinto en varios aspectos; mientras que en

Cuba hubo una gran migración provocada por asuntos políticos, en Puerto Rico hubo tres

grandes tanto por asuntos políticos, como económicos y sociales.

La primera fase se dio entre 1900 a 1945 por la ambigüedad política y económica

después de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión de 1929. La segunda fase se dio entre

1946 a 1964 y se le conoce como “la gran migración” por la gran cantidad de puertorriqueños

que perseguían la ilusión del sueño americano. La tercera fase (y la de mayor relevancia para el
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tema de esta tesis) fue a partir de 1964 por la crisis en los sectores rurales, por la poca oferta

laboral y el estancamiento económico en la industria agrícola. El mismo gobierno incentivó a los

ciudadanos puertorriqueños a emigrar a Estados Unidos, acentuándose principalmente en Nueva

York en Lower East Side, Brooklyn, el Bronx y en su mayoría en East Harlem.

Es el sentimiento del latino en Nueva York (coro)

Ay, pero que la bomba y la plena del Puertorro es la identificación. [...]

Y el merengue apambichao la del tigre dominicano.[...]

Ay, pero que la cumbia es sentimiento colombiano.[...]

Oye, pero que la guajira y el son montuno, sentimiento cubano.[...]

Oye, que ese es el sonido que el americano oye y no entiende.

(Ángel Canales, 1979, Sentimiento del Latino en Nueva York)

Lo que permite reunir a los cubanos y a los boricuas en Estados Unidos es la identidad

latinoamericana y el sentido de pertenencia. Lejos de su país natal encontraron la forma de

desafiar la subordinación como consecuencia de prácticas coloniales y racistas. Encontraron una

cultura en común e hicieron de su música un patrimonio. Según Gómez y Jaramillo (2013), “Al

llegar a la gran ciudad, traen consigo toda la herencia de sus lugares de origen, con historias de

desarraigo y esperanza para los grupos latinos que arriban a ella como emigrantes” (p.23).

Con una carrera que abarcó más de dos décadas, la Fania All Stars fue fundamental en la

popularización y el desarrollo de la salsa en todo el mundo. Fue creada en 1968 por el

empresario Jerry Masucci y el músico Johnny Pacheco. Masucci era un abogado y hombre de

negocios italoamericano que, a pesar de no tener una formación musical, tenía un gran interés en

la música latina y la salsa en particular. Por su parte, Pacheco era un músico dominicano y
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flautista que había sido parte del movimiento de la música afroantillana en Nueva York desde los

años cincuenta.

La idea de Masucci y Pacheco era reunir a los mejores músicos de salsa de Nueva York

en una sola agrupación, con el fin de crear un sonido nuevo y poderoso que pudiera competir con

el rock y el soul que dominaban las radios de la época. Para ello, crearon la disquera Fania

Records, que se convirtió en la casa de grabación de la mayoría de los músicos de salsa de Nueva

York. Reunió a algunos de los músicos más talentosos y respetados en la industria, que lograron

incorporar elementos de jazz, rock y funk a la salsa, entre ellos de destacan el pianista y

arreglista Eddie Palmieri, Héctor Lavoe, Celia Cruz, Rubén Blades, Willie Colón y el timbalero

y percusionista Ray Barretto quien fue de los primeros músicos en mezclar la música latina con

elementos de jazz y funk.

Esta agrupación fue un ejemplo de la diversidad cultural y colaboración entre músicos de

diferentes países y culturas. Demostró que la música podía unir a personas de distintos orígenes y

que la salsa era un género que podía ser disfrutado por todos.

La salsa, entonces, es un fenómeno híbrido y como no se reduce a una sola raíz la

llamaron por este nombre. Básicamente es una interacción, producto del mestizaje español,

africano e indígena, de ritmos afrocubanos (son, rumba, danzón, mambo, trova, guajira, bolero,

cha-cha-chá, guaracha, mozambique, pachanga y songo), afro borinqueños (danza, bomba, plena,

seis con décima y aguinaldo jíbaro) y con incorporaciones del R&B y el jazz en el contexto

neoyorquino.

2.3 La llegada de la salsa a Colombia: Un viaje musical de fusión, transformación y legado


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A inicios del siglo XX llegaron decenas de cubanos a Colombia a trabajar en los ingenios

y en obras civiles, asentándose en el caribe y el Valle del Cauca, y con ellos llegó el son de la

música cubana. «Las plantaciones, especialmente las de caña de azúcar, fueron un escenario

determinante en el nacimiento de la música afrocubana y en su llegada al suelo colombiano»

(Montaguth, 2017, párr. 17).

Esta tierra no es mía, esta tierra es de la nación

Llegó la reforma agraria con una cosa infinita

Y lo malo que ellos hicieron, que nos dejaron sin azúcar

(El sexteto Tabalá, 1998, Esta tierra no es mía)

P. Watusi (comunicación personal, 17 de mayo, 2023) afirma que la salsa ya se

encontraba en el país de muchas maneras. Por un lado, la cumbia fue un género que incluyó en

ella. Grandes orquestas de Puerto Rico, de Centroamérica o Nueva York en algún momento

hicieron cumbia o hicieron arreglos de canciones famosas de la cumbia colombiana.

Por otro lado, el son chocoano, en la cual gran parte de la influencia del pacífico fue

guiada por la radio cubana. Chocó al ser un lugar apartado del país las personas se ingeniaron la

forma de escuchar música a través de radios intercontinentales y de las pocas cosas que llegaban

en esa transmisión era el son cubano. Entonces se crea un género llamado son chocoano creando

una tradición que tiene que ver con la salsa incluso antes de llamarse así.

Apropiando el son cubano y mezclandolo con el bullerengue, la chalupa y la cumbia

nació el son palenquero en 1930 con la conformación del Sexteto Tabalá, la primera agrupación

colombiana en componer un son.

Años más tarde, a la par con el surgimiento de la salsa en Nueva York, la discografía

llegó a Colombia por el puerto de Buenaventura. La radiodifusión fue el principal elemento que
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permitió una rápida acogida en Barranquilla y Cali. Esto generó un incremento en el comercio en

la década de los 70, por lo que la nueva clase alta invirtió en negocios como discotecas, casetas,

patrocinio de orquestas para que fueran a la ciudad y su respectiva difusión en radio.

La diferencia entre Cali y Barranquilla es que, mientras que en Barranquilla existían

varios sonidos y géneros populares del pacífico que frenaban a la salsa como género principal, en

Cali no existía una cultura musical tradicional que hiciera contrapeso con la salsa (Montaguth,

2017). Es por esto que, la importancia de Cali para la propagación de la salsa le valió el nombre

de Capital mundial de la salsa. Según Gómez y Jaramillo (2013):

En el caso de Cali, este género se va a difundir pronto con la oleada de inmigrantes del

pacífico colombiano [...] Ellos acogerán rápidamente, primero, la música denominada de

«vieja guardia», con Daniel Santos, Bienvenido Granada, el Trío Matamoros, Bebo

Valdés o La Sonor Matancera, entre otros, y luego las nacientes orquestas y músicos

salseros de los sesenta y setenta. (p.25)

Con el transcurso del tiempo diversos músicos y agrupaciones fueron desempeñando un

papel en el desarrollo del género en Colombia, comenzando en la década de 1950, cuando

Nelson Pinedo, oriundo de Barranquilla se une a La Sonora Matancera, creando así un puente

entre la música cubana y colombiana e introduciendo ritmos al país como el bolero y el

chachachá.

Otro exponente es Michi Sarmiento, reconocido por su talento como saxofonista y

pasando por un total de diez orquestas hasta formar Michi y su Combo Bravo en 1966 impulsado

por Discos Fuentes (discografía conocida por promover música tropical y salsera en el país)

logró obtener experiencia como compositor y arreglista e intérprete en porros, cumbias y salsa.
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Fue una de las tantas agrupaciones cartageneras que asimilaron la bomba y la plena de

Cortijo y su Combo, el mambo de Pérez Prado, el boogaloo de Richie Ray, además de los

sonidos novedosos de Ray Barretto y Nelson y sus Estrellas. (Vega, 2021, párr. 7).

Dentro de esta lista de pioneros también se encuentran Los Corraleros de Majagual, un

conjunto folclórico de porros y cumbias, (en la que Michi Sarmiento participó antes de formar su

orquesta) quienes en 1970 publican el álbum Ésta si es salsa del sello Discos Fuentes,

combinando su sonido de acordeón con la descarga y la guaracha y conteniendo versiones de la

salsa de Nueva York.

Habiendo participado en Los Corraleros de Majagual durante su gira en 1966 en la que

compartieron escenario en Nueva York con Johnny Pacheco, Julio Ernesto Estrada se retira de la

agrupación y conforma Fruko y sus Tesos en 1970. Téllez (como se citó en Montaguth, 2017)

indica que:

Los futuros trabajos de estos músicos y de otros que les siguieron, dejaron atrás la

fórmula establecida por la salsa neoyorquina y puertorriqueña para empezar a imprimirle

el sello nacional a la salsa, confirmando que la salsa colombiana sí tiene una identidad y

un sonido propio que es reconocido. (párr 54)

A partir de esa identidad se establece el camino artístico de Joe Arroyo, Jairo Varela y

Alexis Lozano. El Joe Arroyo se dio a conocer con la orquesta Fruko y sus Tesos y tras su

partida conformó la orquesta La Verdad, se distinguió por fusionar los géneros de la salsa, el

vallenato y la ritmos afrocaribeños, además por las composiciones que abordaban temáticas

sociales, culturales y políticas. Dentro de su trayectoria se encuentran sus exitosos Rebelión de

1986 y La Noche de 1995.


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El Grupo Niche, fundado en 1979 en Bogotá, bajo la dirección de Jairo Varela

(compositor y productor colombiano) es reconocido por la fusión de la salsa y la música tropical.

Sus letras, muchas de las cuales fueron escritas por Varela, exploraban temáticas universales

como el amor, la esperanza y la identidad cultural. Creando álbumes emblemáticos como

Tapando el hueco de 1988 y Cielo de tambores de 1990.

Dentro de la primera conformación del Grupo Niche también participó Alexis Lozano,

quien por diferencias creativas con Jairo Varela tomó la decisión de separarse y conformar la

Orquesta Guayacán en 1986. A Alexis Lozano le llamaba la atención los sonidos raizales y

clásicos, por lo que Guayacán en sus inicios adoptó un sonido del folclor del pacícfico, juntando

elementos de la contradanza y ritmos afrocolombianos, especialmente del Chocó. De este sonido

crearon sus primeros álbumes Llegó la hora de la verdad de 1985 y Que la sangre alborota de

1987, que los catapultaron como una de las mejores orquestas de salsa en Colombia.

Así como estos artistas existieron y existen sin fin más que realizaron sus aportaciones al

género y han permitido que la salsa en Colombia haga parte de nuestra identidad. Pero además

de la música, también se destaca un papel importante en la difusión de otros formatos. Téllez

(2021) plantea que la salsa ha tenido un impacto significativo en diversas expresiones artísticas

en nuestro país; en la literatura, el cine y la televisión. En el ámbito literario y periodístico, ha

sido fuente de inspiración para obras como: Reina rumba, Bomba camará y Quítate de la vía

perico escritas por Humberto Valverde. Además, Andrés Caicedo contribuyó con su obra Que

viva la música. De igual manera, la salsa ha influido en el cine y televisión, donde ha sido clave

en el desarrollo de series como Azúcar de Carlos Mayolo y Cartas de amor de Sergio Osorio y

en el cine, la película colombo-española Ciudad delirio.


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3. La salsa de la montaña: surgimiento y evolución de la salsa en Bogotá

La salsa y su arraigo en Bogotá se remontan a las décadas de 1960 y 1970 dejando una

huella significativa en la historia cultural y social de la ciudad y convirtiéndose en una expresión

artística que trascendió más allá de sus raíces afrocaribeñas.

Su llegada trajo consigo una transformación en el panorama musical de la ciudad. Sin

embargo, no se limitó a ser una moda pasajera, sino que se arraigó en la identidad y en la vida de

los bogotanos. La música y la danza se convirtieron en un lenguaje sonoro que transmitía

emociones, experiencia y valores propios de la vida urbana.

No sólo se manifestaba en los espacios de entretenimiento nocturno, sino que también se

integró en la cultura festiva de la ciudad. Ferias, festivales y fiestas tradicionales se llenaron de

ritmo gracias a la presencia de este género. Además, tuvo un impacto en la creación de

agrupaciones musicales locales, así como en el surgimiento de bailarines, coleccionistas,

radiodifusores, productores de televisión y en el surgimiento de más bares.

La influencia de la salsa en Bogotá se extiende más allá de la esfera musical. Según

testimonios que se encontrarán en el documental, se demostrará que la salsa generó un sentido de

comunidad y pertenencia en los bogotanos, y que la música y el baile son elementos de conexión

y expresión colectiva, donde personas de diferentes orígenes comparten una experiencia en

común.

3.1 El latir del barrio bogotano

Bogotá ha experimentado diversos fenómenos migratorios a lo largo de su historia; unas

por violencia, otras por acceso a la educación y otras en busca de mejores oportunidades

económicas. Todas ellas sumando a la formación de nuevos barrios, en su momento populares, y


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trayendo consigo sus tradiciones, sus costumbres, su riqueza cultural y expresiones artísticas,

entre ellas, la música.

Durante la década de los cincuenta y los sesenta se dieron grandes migraciones por lo que

la capital tuvo que implementar un plan piloto con urgencia para la construcción de nuevos

barrios y darle cabida a tanta población. Se creó según Zambrano (como se citó en Gómez y

Jaramillo, 2013):

El Chicó y el Centro Urbano Antonio Nariño; comenzó la construcción de vías como la

autopista Norte, la carrera Décima, la avenida Ciudad de Quito, la ampliación de la

avenida Caracas y el diseño de la avenida de Los Cerros; edificios memorables, como el

del Hotel Tequendama y el del Banco de la República; asimismo, el Aeropuerto

Internacional El Dorado.[...]se creó el Distrito Especial de Bogotá en 1954 y se anexaron

a él los municipios de Bosa, Fontibón, Engativá, Usaquén y Usme.

Varios de estos barrios de la periferia fueron denominados «piratas», ya que algunos

empresarios de dicho plan piloto vendían lotes fuera de contrato a los migrantes. Al adquirir

terreno de manera irregular, muchas familias se enfrentaron a la falta de servicios básicos como

agua, luz y saneamiento. Sin embargo, estos espacios también se convirtieron en semilleros de

cultura y música, por la mixtura cultural de migrantes andinos y costeños. «En los barrios se

condensa la cultura festiva, convirtiéndose en un escenario de producción y circulación de

sentidos que permite la construcción de comunidades imaginadas» (Gómez y Jaramillo, 2013, p

32).

En esencia, en términos de manifestación como parte de la cultura festiva, no es posible

afirmar que la salsa haya llegado a un primer sector de Bogotá, ya que, los migrantes se

asentaron tanto en centro-oriente, en el suroriente y noroccidente simultáneamente.


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En aquel periodo los porros y la cumbia de músicos como José Barros y Lucho

Bermúdez, representaban una contraposición a los géneros predominantes de la ciudad, tales

como el bambuco, el bolero, el tango y la ranchera. Con el paso del tiempo en los setenta y

ochenta las migraciones tenían que ver con la vida académica de los universitarios, ya la cultura

de otra regiones se permeaba en Bogotá, pero con los jóvenes llegaron los acetatos con un nuevo

género llamado «salsa».

Las celebraciones de barrio han sido parte arraigada de la cultura en las ciudades de

Colombia. Según Gómez y Jaramillo (2013),«De ello dan cuenta las verbenas de Barranquilla,

los carnavales de blancos y negros en Pasto, los bailes de cuota y las aguelulos en Cali, o en el

caso bogotano, el Festival de la Chicha y la Dicha, en el barrio La Perseverancia» (p.40). Estas

festividades reflejan la diversidad y la vida urbana, proporcionando a las comunidades un

espacio para reunirse, disfrutar de la música, la danza y las tradiciones locales.

Es así como el barrio se convierte en la primera mediación cultural que da lugar a la

celebración de la salsa en torno a las fiestas populares como los bazares, los matinés y las

cocacolas bailables, esta última con el fin de que los más jóvenes tuvieran su espacio festivo sin

alcohol. En estos ámbitos de exploración se dio el primer acercamiento con la salsa; escuchando

los discos que traían las personas desde Barranquilla, Cali o Cartagena y aprendiendo cómo era

baile.

Con el tiempo se crearon las salsotecas en las que los coleccionistas compartían los

discos y los adultos iban a disfrutar y conocer la salsa. Posteriormente, se crearon las casetas para

venta de discos (la Caseta Internacional una de las más conocidas), y así empezó el flujo de

música en los barrios. Los adultos iban a las salsotecas, fichaban un tema, lo compraban en las

casetas, llegaban a las casas con el disco y los jóvenes lo compartían en sus cocacolas bailables.
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Ellos se convertirían en los bailarines de la época dorada de la salsa en Bogotá, no sólo por las

improvisaciones o lo que replicaban de otro bailarín, sino también por lo que veían de cine

mexicano, «los pasos de Germán Valdés, “Tin Tan”, y Adalberto Martínez, “Resortes”, ambos

comediantes y bailarines mexicanos, así como películas, por ejemplo Del cancán al mambo, en

la que aparece Pérez Prado» (Gómez y Jaramillo, 2013, p.52).

3.2 Los templos del circuito salsero

Los bares empiezan a ser una «necesidad» cuando los jóvenes de la década de los setenta

llegan a la adultez y demandan de otros espacios de baile. Nace así el circuito rumbero,

traspasando las fronteras entre el barrio y la ciudad, siendo los jóvenes quienes posibilitaron ese

flujo cultural.

Este circuito rumbero lo conformaban las salsotecas, sitios de reunión (parecidos a las

tertulias) con grandes colecciones de discos a los que se iba a escuchar salsa; los grilles,

establecimientos donde ofrecían comida y música en vivo; casetas, lugares de venta de discos y

concursos de baile; barras y los bares, algunos que sobrevivieron con el tiempo y otros que

tuvieron una corta vida pero dejaron huella en la ciudad, especialmente por hacer réplicas

originales de los bares neoyorquinos.

La disputa de quién tenía los mejores bares se dio entre el centro, Chapinero y el sur, pero

no había punto de comparación porque entre los tres variaron en géneros como descargas,

rumbas y mambos, entre «salsa dura» y «salsa blanda» y su público era diferente.

Entre los antiguos circuitos rumberos más reconocidos se encontraban La Caseta

Internacional de las Estrellas (1972-2004) fundada por Alirio Gómez en Soacha. La caseta

obtuvo su fama una vez que Gómez decidió realizar un concurso de baile de setenta y dos horas;
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así más adelante los mejores bailarines de Soacha se daban cita en la caseta, los más jóvenes

asistían al matiné de tres de la tarde a siete de la noche, mientras que los adultos se quedaban

hasta las tres de la mañana. Sin embargo, la caseta precedía de mala fama ya que constantemente

sucedían riñas en el lugar por los «combos»(grupo de jóvenes).

En el centro los más reconocidos fueron El Tunjo de Oro y La Teja Corrida. El Tunjo de

Oro (1977-1982) fue fundado por Sigifredo Farfán, un caleño melómano y coleccionista de salsa

que llega a Bogotá con su maleta llena de discos y monta aquel bar estrecho al que la gente solo

iba a escuchar música porque no había espacio para el baile, sin embargo, era el lugar con mejor

curaduría de este género en la ciudad. Ponían son montuno, pachanga y salsa brava. Quiñónez

(como se cita Jursich, 2015) afirma que:

Farfán ante todo fue un importador de música. El tipo viajaba a Nueva York

exclusivamente a comprar música, lo último en producción. Además, prestaba parte de su

colección […]uno de los que utilizó su música fue precisamente Granados Arjona para

sus programas de radio.

La Teja Corrida existió únicamente en los años ochenta, el lugar lo frecuentaban distintas

figuras de la política y la cultura colombiana. Se dice que fue el primer bar en presentar la

primera orquesta femenina de salsa en Bogotá, Cañabrava; y que por su tarima pasaron artistas

como Jairo Varela, Alexis Lozano, el grupo Yemayá y la primera orquesta de César Mora, Son

del Pueblo.

De los bares más icónicos de Chapinero se encontraban La Montaña del Oso y El

Palladium, ambos emulaban bares famosos de otras ciudades. La Montaña del Oso (1975-1990)

fundada por el caleño Carlos Prado quien llegó a Bogotá queriendo replicar un bar de su ciudad

llamado Melodías, por lo que el establecimiento era frecuentado por los caleños radicados en
22

Bogotá. El lugar además de recibir a personalidades reconocidas del fútbol y la música (como

Héctor Lavoe) fue de los primeros en poner a sonar la salsa romántica, un género criticado en su

época por los salseros de la «vieja guardia».

Finalmente El Palladium (1975-1990) igualmente fundado por un caleño, Carlos Torres,

quien quiso recrear El Palladium de Nueva York, «los muebles eran diseñados para discoteca,

muebles acolchonados, de cuero. Los camareros vestían uniforme y usaban corbatín» (Jursich,

2015, p.425). En El Palladium se encontraban los mejores Dj’s y lo frecuentaban los mejores

bailarines de la ciudad, hacían matiné, sonaban todos los géneros de la salsa, iban músicos,

actores, políticos y futbolistas, era como el epicentro de la salsa.

Asimismo, los jóvenes de los setenta contribuyeron artísticamente en la formación de

nuevas generaciones de bailarines llegando a ser embajadores de la salsa no solo en los bares y

salsotecas, sino también en las competencias de baile y eventos allí realizados. Entre los más

destacados se encuentran Normán Viáfara, «Zapatico», Chucho bon bon bum, «Watusi», Piquín,

el Negro Charly, entre otros.

3.3 Sintonizando la salsa

3.3.1 Radio.

La radio como dispositivo de un medio masivo de comunicación logró ser una plataforma

clave para la promoción y contribución significativa de la expansión de la salsa y su arraigo en

Bogotá. A través de programas de entrevistas, reseñas de discos, noticias, comentarios sobre los

artistas y eventos relacionados con la salsa, se ha brindado un contexto enriquecedor para los

amantes de este género musical. Los locutores y productores radiales se convierten en

importantes referentes y guías para la audiencia, compartiendo su pasión por la salsa y


23

promoviendo nuevos talentos. Asimismo ha servido como vehículo para la preservación de la

memoria cultural musical; rescatando y difundiendo grabaciones históricas, éxitos clásicos y

material de artistas emblemáticos.

En Bogotá, la radio fue el primer medio de comunicación en difundir la salsa. A pesar de

que los migrantes traian la música su difusión no salía del barrio. Incluso, los espacios del

circuito salsero, anteriormente mencionados, no se habrían creado si la salsa no hubiera

«pegado» en la radio porque inicialmente sonaba en las tiendas, cuando quisieron crear las

casetas (como no tenían suficientes títulos) ponían la salsa que sonaba en la emisora. Es así que,

cuando la salsa suena en este medio, se desencadenan dos fenómenos: el primero, los capitalinos

empiezan a realizar viajes a Barranquilla, con el único propósito de adquirir acetatos y ampliar su

colección musical. Algunos de ellos se convertirían en los Dj`s pioneros de los bares; segundo, la

ciudad empezó a ser cada vez más llamativa a para los migrantes porque ya se escuchaba con

fuerza en el Valle de Cauca, en las costas caribeñas y en la región del Pacífico, pero en Bogotá

no era comercial, incluso era mal vista; entonces que sonara en la capital hacía que se conectaran

con su identidad cultural.

La figura más importante, en este caso, fue el locutor Miguel Granados Arjona,

coloquialmente llamado, «El Viejo Mike». Este locutor barranquillero empezó en la radio

bogotana, alrededor de 1952, programando música de la costa en la emisora 1020 con un

programa al que denominaría Rincón Costeño. Granados logró popularizar la música tropical

sonando a Pacho Galán, Lucho Bermúdez y Los Corraleros de Majagual.

Gracias a sus conexiones con Barranquilla, recibió noticias sobre «el nuevo género» y en

1968, cuando trabajaba en Radio Continental de Todelar puso a sonar el primer disco de salsa en

Bogotá. Sin embargo, a los dueños de la emisora no les gustó ese ritmo «escandaloso», así que lo
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limitaron a seguir programando los mismos temas tropicales. No obstante, esto no fue un

obstáculo, ya que al año siguiente trabajando en La voz de Bogotá, igualmente de Todelar,

programó sus más recientes acetatos. «Una de las primeras canciones de salsa que se programó

en la radio bogotana fue Agúzate, de Richie Ray y Bobby Cruz, hacia finales de 1969. Y el que

lo hizo fue el Viejo Mike» (Gómez y Jaramillo, 2013, p.122).

El recorrido que hizo Granados para implantar este género músical en cada rincón de

Bogotá fue extenso; trabajó en Radio Sonorama, Radio Continental, La Voz de Bogotá, Radio

Capital, emisora Kennedy y Radio K (la primera emisora netamente salsera), tuvo programas

como El show de la jirafa roja (en honor a un bar salsero), Una hora con La Sonora, Los

musicales de ayer, El show de Miguel Granados, entre otros. Fue invitado por los bares a

presentar discos y animar fiestas, inauguró los primero conciertos de salsa que se hacían en

Bogotá y su trabajó incentivó a otras emisoras a incluir programas salseros. Como afirman

Gómez y Jaramillo (2013), «la emergencia de la salsa en la capital no puede deslindarse de ese

enlace central que desempeñó este personaje entre la difusión radial y la promoción de los

territorios de goce»(p.123).

Su legado deja El manicero, en Radio Capital; La secta salsómana, en Radio Sonorama,

Meridiano, en Radio Santa Fe; Sùper sala en la Cadena Súper, Caribe y Sol, en Javeriana Estéreo

(primera emisora universitaria en programar salsa en Bogotá), Songoro Cosongo, también de

Javeriana Estéreo, Conversando la salsa, en Radio Nacional, entre otras. Según Gómez y

Jaramillo (2013):

En los noventa emergió[...]El túnel del ritmo, en la Radiodifusora Nacional, que sería la

competencia de Caribe y Sol, de la Universidad Javeriana, así como la emisora Kennedy,

con los programas de Carlos Molano; asimismo, Los clásicos de la salsa, en Radio 1020,
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programa dirigido por Fernando España, quien a su vez dirigió De rumba en Colmundo

Radio, y La universidad de la salsa en LAUD, emisora de la Universidad Distrital. Por su

parte, la emisora de la Policía Nacional también ha respondido con el programa Salsa y

control, al igual que Candela Estéreo mediante Una hora con La Sonora. (p.126)

3.3.2 Televisión.

La televisión también desempeñó un papel fundamental en la difusión. Conforme este

género musical ganaba popularidad, los programas de televisión empezaron a incluir segmentos

dedicados a la salsa y a los artistas que la interpretaban. Estos programas contenían concursos de

música y presentaciones en vivo. Entre los más destacados se encontraban Jimmy Salcedo con El

show de Jimmy, Fernando Gonzalez Pacheco con Compre la orquesta, Jorge Barón con El show

del recuerdo y El show de las estrellas y Julio Sanchez Vanegas con Espectaculares JES.

El Show de Jimmy se emitió por primera vez en 1971 y estuvo al aire hasta 1993.

Perteneció a la programadora Punch y entre sus secciones más recordadas están «Cante aunque

no cante», «Los meros Recochan Boys»,«Lo que está sonando» y «La llamada Do Re

Millonaria». El programa combinaba la música con el humor, se hacían entrevistas y contaba con

la presencia de unos músicos que ayudaron a animar. Dentro de sus invitados se encontraron el

Joe Arroyo, la Colombian All Stars, El Binomio de Oro, El Gran Combo de Puerto Rico, Tito

Puente, Las Chicas del Can, entre otros.

Jimmy Salcedo, su creador, animó a jóvenes, adultos y ancianos a amar la música

mezclada con algo de humor. Noches mágicas en las que todos los jueves a las 8:00 de la

noche, se encendía el televisor para ver el programa. (Cardozo et al., 2019, p.7)
26

Compre la orquesta un programa de los años ochenta dirigido por Fernando Gómez

Pacheco, en el que consistía en adivinar canciones escuchando una nota y luego estas canciones

eran interpretadas por una orquesta. Suárez (2012) afirma que, «durante muchos años, Pacheco

fue la cara amable de la programadora, se puede decir que fue la imagen de esta en cuanto a

concursos y musicales se refiere»(p.30). Pacheco fue un referente de la televisión colombiana, en

su larga carrera se le reconocen los programas Animalandia, Los tres a las seis, Charlas con

Pacheco, El programa del millón, Quiere cacao y Sabariedades, este último abriendo paso a los

formatos musicales en la televisión.

Espectaculares JES dirigido por Julio Sánchez Vanegas y emitido por un largo periodo

desde 1967 hasta 1994 fue un importante programa musical que presentó tanto artistas

nacionales como internacionales. Allí tocaron músicos como Grupo Niche, Orquesta Guayacán,

Joe Arroyo, El Gran Combo de Puerto Rico, Willie Colon, Pete Conde Rodríguez y muchos más.

El show de las estrellas es el programa que más trayectoria ha tenido en la televisión,

dirigido por Jorge Barón e inició su transmisión en 1969. Se destacó por su formato dinámico en

el que combinaba entrevistas con presentaciones en vivo a las que podían asistir un gran número

de audiencia. Tuvo invitados nacionales e internacionales y se convirtió en un plataforma

importante para promover el talento colombiano, abarcando diversos géneros como la salsa, el

vallenato, la música tropical, la balada, entre otros.

3.4 Los maestros del ritmo

De las migraciones no sólo llegaron a la capital personas de la costa atlántica y pacífica,

también llegaron cubanos, puertorriqueños, venezolanos y peruanos. Bogotá se convirtió en el

epicentro donde las fronteras desaparecieron y las diferencias se diluyeron, dando paso a una
27

salsa auténtica, enriquecida por cada aporte cultural. La ciudad resonó con la historia, las

tradiciones y los sueños de cada persona que fue llegando, y aquí los ritmos y las letras

encontraron su sonido.

Bogotá ha sido testigo del nacimiento de innumerables apuestas musicales y le ha dado

espacio en sus calles a todos los géneros. En cada esquina, en cada plaza, se respira la diversidad

y la pasión por la música, donde el rock desafía al vallenato, la cumbia se encuentra con el

hip-hop y la salsa se mezcla con el reggae. Es en esta vibrante metrópoli donde los artistas

emergen, los talentos se descubren y los sueños musicales encuentran su hogar.

Este fue el caso de Willie Salcedo, Jairo Varela, Alexis Lozano, Aristarco Perea,

Washington Cabezas, Joe Madrid, Edy Mairtnez, César Mora y más músicos nacidos en otras

ciudades, pero que coincidieron en Bogotá empezando su trayectoria.

Aristarco Perea oriundo de Quibdó e influenciado por el Trío Matamoros, Lucho

Bermúdez, Pacho Galán y las chirimías de El Jazz de Borromeo; llega a Bogotá en 1969 tras

haber renunciado como cantante en Los Negritos del Ritmo. Su sueño era dejar en la ciudad una

influencia del son cubano y la música del Chocó.

Después de un tiempo cantando en diversos bares, Aristarco decidió emprender un

negocio propio llamado La Casa Folclórica Colombiana, que luego cambiaría su nombre a La

Casa Folclórica del Chocó, ubicado en la calle 18 entre las carreras 5 y 7. En el negocio era

conocido por ser todero; cantaba, era mesero, chef y administrador.

Fue en el año 1979 cuando coincidió con Jairo Varela y Alexis Lozano, siendo este

establecimiento el primero de Bogotá en contar con sus presentaciones, darle alojamiento en su

momento y brindarles un espacio para ensayar al naciente Grupo Niche.


28

En el piso 13 de un edificio de la carrera séptima con calle 18 de Bogotá, junto con los

músicos: Nicolás Cristancho “Macabí” en el piano, Francisco García al bajo, Alí “Tarry”

Garcés en el saxofón y la flauta, Alexis Lozano en el trombón y los arreglos, Ostwald

Serna en el tres, Luis Pacheco en las congas, Jorge Bassan con Héctor Viveros como

cantantes, y desde luego el maestro Jairo Varela como compositor y director, logrando

cristalizar el primer escalón de su sueño sonoro, el Grupo Niche. (Téllez, 2020, párr. 5)

Bogotá recibe a Varela en 1966 en la casa de una tía tras haber perdido la suya en un

incendio en Quibdó. El músico prueba suerte en las calles vendiendo Sustagen, calendarios

enmarcados y expidiendo licencias de conducción; y en la noche, haciendo septimazo viendo

cómo era la rumba salsera. Se recorre casi todos los bares y grilles escuchando, bailando y

tocando música, sin soltar un cuaderno dónde tenía sus composiciones por si se encontraba a

alguien dispuesto a darle una oportunidad.

En una de esas búsquedas de suerte Willie Salcedo, productor de Discos Daro y

conguero, revisa su cancionero e incluye un tema compuesto por Varela, Sufrir, morir, en su

álbum Salserisimo. Este encuentro marcó el inicio de una serie de colaboraciones entre Varela y

otras agrupaciones.

A la par que sucedía esto, intentaba impulsar el Grupo Niche en La Casa Folclórica del

Chocó y El Goce Pagano. Sin embargo, por diferencias creativas Alexis Lozano se retira de la

agrupación y funda la Orquesta Guayacán. Mora (como se citó en Jursich, 2014, p.128-129)

menciona que, quienes dicen que esos grupos nacieron en Cali, se equivocan. Esos grupos se

armaron en Bogotá y después, mucho más tarde, se fueron para Cali.

Willie Salcedo, hijo de Pedro Salcedo -autor de La pollera colorá- arribó en Bogotá en

1967 y con su conocimiento en percusión tuvo su primer trabajo en la orquesta de Ramón Ropaín
29

en Grill Candilejas, compartiendo escenario con la Orquesta Aragón y Joe Cuba; y recibiendo en

ese mismo lugar a artistas como Celia Cruz y Ray Barretto (a quien le compró las congas que

usaría en gran parte de su carrera).

Sus congas sonaron por toda Bogotá pasando del Grill Candilejas a El As de Copas, Grill

Miramar, La Pampa, El Escondite, Casa Matecaña, en programas de televisión como Compre la

Orquesta y de radio en La Hora Phillips. Tocó con Plinio Córdoba, Alfredo Linares, Leo Marini,

Tito Rodríguez, los Reales Brass, Onda Tres, Cuarta Generación, el grupo Mondragón, Claudia

de Colombia, Óscar Golden, Leo Dan,Leonardo Favio y muchos más. Creó su propia orquesta,

Willie Salcedo y su Orquesta, y fue telonero del concierto de La Fania All Stars en agosto de

1980 en el Estadio El Campín. Baena (como se citó en Jursich, 2014, p.116) afirma que a partir

de ese momento Bogotá quedó oficialmente inscrita entre las capitales salseras del mundo.

Así como Willie Salcedo, numerosos cantantes, compositores hasta instrumentistas y

productores de diferentes géneros y estilos musicales encontraron en Bogotá una oportunidad

para desarrollar su carrera y aprender de otros artistas. Salcedo (como se citó en Jursich, 2014, p.

116) menciona que siempre ha habido revolución musical en Bogotá.

César Mora, El son del pueblo, El teatro libre y hasta el MOIR (Movimiento Obrero

Independiente y Revolucionario) son protagonistas en esta historia de timbales y frío capitalino.

Todo inicia con un joven caleño que cantaba cada que se le daba la oportunidad y que, luego

llegar a Bogotá con su familia, termina involucrado con la música protesta (aunque fuera más

salsa protesta que el usual rock protesta); César Mora, en el año de 1973, es reclutado por el

MOIR como una joven promesa de lo que se convertiría en una filial artística del partido. Con el

golpe de estado de Pinochet en Chile y los ánimos revolucionarios a flor de piel, la mayoría de

artistas colombianos se comprometieron con la idea de sacudir el status quo reinante: el Teatro
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libre montaba obras con contenido social crítico, los poetas (como Jairo Aníbal Niño) escribían a

favor de las ideas de izquierda y César Mora fundaba El son del pueblo.

No obstante, Mora -que también actuaba con el Teatro libre- quería hacer algo más que

solo contenido de protesta. Así, el grupo teatral cambió su repertorio de obras rebeldes por uno

de obras clásicas universales, y El son del pueblo empezó crear su propia identidad y a dejar su

huella propia -porque lo hecho antes, aunque muy bueno, tenía cierto nivel de deuda con el

MOIR- en los corazones de melómanos y nostálgicos de bogotá. El mismo Mora (como se cita

en Jursich, 2014, p. 125) lo dice: «Fuimos el primer esbozo de charanga que hubo en Bogotá , y

creo que en Colombia, al estilo de la Orquesta Aragón. Por supuesto con menos instrumentos:

tiple, guitarras, bajo, violín, flauta y voces».

Al final, El son del pueblo desapareció; pero César Mora y su siguiente orquesta (César

Mora y su orquesta María Canela) continuaron el legado de salsa y revolución que Bogotá vería

nacer y cobijaría en los años setenta. El actor y cantante fue, y es aún, una de las pruebas que

derrumban los alegatos de propiedad regionalista sobre la música de las antillas.

Todo esto es un recorrido después de tantos años resulta en el origen de una orquesta

enteramente Bogotana que suena al ritmo de La Pantera Mambo, La Soledad, Que Rico

Boogaloo, que suena a salsa de la montaña. Fundada en 2001 en la calle 33 con carrera 15 en el

barrio Teusaquillo, nace La 33, un proyecto de los hermanos Sergio Mejía y Santiago Mejía, que

al llamar a algunos amigos músicos en aquella casa algo les sonó a salsa. No saben cómo les

salió el son, la rumba y danzón ese día, porque originalmente era rock lo que querían tocar y sus

amigos sólo sabían de rock, jazz, ska y reggae.

Mientras trabajaban en su álbum debut -La 33-, fueron tocando puertas en distintos bares

que les permitiera presentarse en vivo y fue Ismael Matallana quien les cede el escenario de
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Quiebracanto todos los fines de semana durante un año entero. Con sólo un año se hicieron su

reputación, Quiebracanto les quedaba chico y para terminar el 2004 con broche de oro, lanzan el

álbum y la audiencia responde gustosa a los temas de Soledad, Suelta el bongó, Anny's

Boogaloo, Qué rico Boogaloo, El tornillo de Grillo, La 33 y La Pantera Mambo. Mejía (como se

citó en Jursich, 2014, p. 183) Cuando La 33 se formó ya había otra gente haciendo salsa[...], pero

fuimos nosotros los que tuvimos la suerte de abrirle las puertas a los demás.

Su música fue un éxito; no sólo en la metrópoli, sino en el mundo entero. A las otras

orquestas salseras de Bogotá les sirvió de empujón para sacar su música sin timidez; La Real

Charanga, La Conmoción Orquesta, Calambuco, Kimbawe y El Sexteto Latino Moderno han

sido invitados en Europa, México, Japón y Estados Unidos, donde compartieron escenario con

legendarios músicos como Cheo Feliciano, Los Van Van, Willie Colón y Rubén Blades.

Más agrupaciones han hecho parte del repertorio de Bogotá:

El hogar adoptivo de la primera banda de salsa integrada exclusivamente por mujeres, la

recordada Cañabrava, [...]los Blistons de los Hermanos Rosales, la Orquesta María

Canela de César Mora, El Son de Artista de Aristarco Perea, El Brujo y su Timba de

Alfonso Córdoba o La Charanga de la Candela de Guillermo Pedraza, [...]Arte Son de

Cuba, Los Cuatro de Belén, Kongas Orquesta, La CHaranga de Nueva York, La Real

Charanga, La Mambo Big Band, Salsamonte, el Sexteto Latino Moderno, Yembe,

Yoruba, La Conmoción, La 33, La Santísima Charanga y La que Manda. (Jursich, 2015,

p.560)

3.5 Salsa al parque: la fiesta que mueve a Bogotá


32

El distrito encontró en los noventas cómo hacerle una apuesta a la música nacional con la

creación de Festivales Al Parque. Antes de los noventas no existían muchos escenarios para los

artistas o espacios donde los géneros se pudieran congregar. La apuesta inicial fue con Rock al

Parque y consiguieron su objetivo. Al tener tanta acogida y receptividad por parte de la

población, el distrito decide ampliar esta iniciativa y llegan Jazz al Parque, Salsa al Parque,

Hip-hop al Parque, Ópera al Parque y Colombia al Parque.

Salsa al Parque es un festival de música y cultura dedicado exclusivamente a la salsa. Fue

creado por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) bajo la dirección de Bertha Quintero y se

celebra anualmente en la ciudad de Bogotá desde 1997.

En la versión inicial de Salsa al Parque los eventos se llevaron a cabo en el parque de la

Independencia, al igual que el Primer Encuentro de Radiodifusores y Coleccionistas, y en

el parque Simón Bolívar se presentaron, por Cuba, La Original de Manzanillo y NG La

Banda, y por Bogotá, el conjunto de Aristarco Perea y el Ensamble La Moderna, entre

otras orquestas. (Gómez y Jaramillo, 2013, p. 135)

Durante varios días los asistentes pueden disfrutar de conciertos en vivo, talleres de baile,

conferencias, exposiciones y ferias relacionadas con la salsa y la cultura afrocaribeña. Estas

actividades buscan promover la difusión y el conocimiento de la salsa como expresión artística y

como patrimonio cultural. Según Quintero (como se citó en IDARTES, 2012) la salsa como

práctica cultural y artística ha aportado en la transformación de la ciudad, incidiendo en los

cambios del imaginario social frente a la rumba, la noche, el baile y la aceptación y participación

de los diferentes grupos poblacionales.

Dentro de los elementos que han destacado a Salsa Al Parque y que le han permitido

ofrecerle a la ciudad un experiencia equivalente a La Feria de Cali, están la promoción y


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preservación de la cultura musical salsera, el ser una plataforma de apoyo para los artistas

emergentes contribuyendo al crecimiento del talento bogotano. Ya que, en otros espacios se

pueden ver truncadas sus oportunidades por el interés de los promotores de esos eventos. El

acceso gratuito, puesto que no democracia el acceso a la cultura. Incluso fomenta el turismo,

contribuyendo al desarrollo turístico de la ciudad.

4. Descubriendo el género documental

El documental es un género cinematográfico que se caracteriza por representar la realidad

de la forma más transparente posible; por eso estas películas suelen convertirse en medios de

registro y objetos de análisis histórico o, como dice Michael Rabiger, es un medio que «explora

personas y situaciones reales» (2005, p.11). La finalidad de estas cintas, se podría decir, es

transmitir información y hechos de manera veraz, y a través de narrativas y técnicas muy propias

(y reconocibles, también).

Su origen se remonta a finales del siglo XIX, pues fue entonces cuando se desarrollaron

las primeras técnicas de filmación. Los primeros documentales fueron pequeños metrajes de

película que mostraban hechos cotidianos como, por ejemplo, la llegada de un tren o la marcha

de un desfile; aunque también se podría afirmar, yendo más atrás, que los primeros documentales

eran un método de registro de «hombres de ciencia que sentían la necesidad imperiosa de

documentar algún fenómeno o acción» (Barnouw, 1996, p. 11). Este género era considerado y

tratado como un archivo de biblioteca.

Sin embargo, el cineasta Robert Flaherty revolucionaría todo con Nanook of the North

(1922), considerada la primera película verdaderamente documental de la historia. Esta cinta fue

un éxito rotundo y dio origen a un nuevo tipo de documental, cuyo enfoque era la vida de las
34

personas y la naturaleza; además, aunque no de forma explícita, reveló el gran poder que tiene la

voz del documentalista.

En ese sentido, las películas documentales adquirieron una dimensión reflexiva tan

importante como su ya establecida funcionalidad informativa; así, ya no solo se mostraban

hechos para que una audiencia los aprendiera, sino que se profundizaron temas para que la

misma audiencia se los cuestionara. En consecuencia, los directores de los documentales

empezaron a dejar ver su voz en los productos a través de los mismos cuestionamientos y

opiniones que el tema u objeto documentado causaba en ellos; por eso bien dice Emile Zola,

citado por Rabiger, que «el documental es un rincón de la naturaleza visto a través de un

temperamento» (Rabiger, 2005, p.35).

En otras palabras, la objetividad de este medio se convirtió en una variable dependiente

de la honestidad que tuviera la subjetividad de los documentalistas. Para entenderlo mejor, se

puede tomar Triumph des Willens de la cineasta alemana Leni Riefenstahl: es objetivo mostrar el

poder, influencia y aceptación que tenía el Partido Nazi en Alemania; pero es subjetividad

presentarlo como algo glorioso o deplorable.

A lo largo de los años, el documental cambió aún más, aunque siempre balanceándose

entre los conceptos primeramente descubiertos por Flaherty. Una clara muestra de esto son el

movimiento del «cine directo» de los años 60, pues en ese momento el documental empezó a

priorizar la observación de la realidad sobre la intervención de la misma con el objetivo de

mostrar los hechos tal y como ocurrían; y la tendencia de los 80 a la que el cine documental se

adaptó: el cine de autor, el cual se caracterizaba por darle más peso a la voz y subjetividad del

director y, consecuentemente, por evidenciar la capacidad de todo el cine para contar historias

muy personales.
35

Existen, entonces, muchos tipos de documental y muchas clasificaciones sobre ellos

según su enfoque o temática y hasta forma o metodología, aunque todos responden a la máxima

de ser «medios de comprensión y representación del mundo» (Breschand, 2004, p.17). Algunos

de los más destacados son el documental de observación, el cual se centra en mostrar realidades

de manera descarnada y con la menor intervención posible; el documental histórico, que se

caracteriza por utilizar bastantes imágenes y material de archivo para contar un evento o hecho

histórico; y el documental expositivo, cuyo fin suele ser enunciar un tema y explicarlo mediante

recursos como la voz en off. La lista es amplia y crece aún más todo el tiempo, por eso existen

clasificaciones basadas en la innovación (tanto de forma como de contenido) como son el caso

del documental performativo y el documental poético.

4.1 El documental musical como subgénero

Es un subgénero que se enfoca en la música y su impacto en la sociedad. Este tipo de

documental ha sido utilizado como una herramienta para preservar la memoria de obras y artistas

musicales, así como para explorar la historia e impacto de dichas obras y artistas. Según Nichols

(2017), «el documental musical es un subgénero del documental que se enfoca en la música

como tema principal, utilizando una variedad de técnicas narrativas y visuales para explorar la

relación entre la música, los músicos y su público» (p.184).

A través de distintos estilos y ángulos, los documentales musicales han logrado explorar

la vida y carrera de músicos, una gran cantidad de géneros musicales, la historia de festivales

icónicos, y los aspectos sociales y culturales de cada uno; pero lo han hecho de una manera

peculiar: desmitificando, lo que a su vez, aunque sea paradójico, eleva el status de ícono o hito
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de cada elemento. De repente, la estrella brillante se convierte en un humano y el evento

emblemático trasciende décadas y décadas para autoproclamarse vigente.

Sumando al asunto, por supuesto, está el gran estilo y ritmo que la naturaleza misma de

los temas brinda a este subgénero; pero lo relevante no es eso, sino el porqué de eso. ¿Qué hace

que el desarrollo de un concierto o la juventud de un cantante sean tan interesantes para todos?

Quizá es la carga política que suele tener la música o quizá es lo fértil que resulta este ámbito

para la creatividad; aunque también, claro está, podría ser porque la fuente cultural e histórica tan

importante que es la música y la manera en que encaja perfecto con los objetivos investigativos y

de registro del documental. En cierta forma, la música se convierte en antropología:

Quienes nos hemos dedicado a producir documentales desde la antropología sabemos por

experiencia que no es fácil trazar una línea clara entre lo que es un documental

antropológico y otro que no lo es, ya que en principio cualquier material que muestre la

experiencia humana podría ser llamado antropológico. (Flores, 2020, p.12)

Todo esto se puede entender con mayor claridad mediante casos reales: uno de los

primeros documentales musicales conocidos es Jazz on a Summer 's Day (1960), dirigido por

Bert Stern y Aram Avakian. Esta película es muy importante en la historia del subgénero del

documental musical porque presentó el Newport Jazz Festival de 1958 a través de la “gloriosa

colección de música e imágenes protagonizadas por leyendas de la dinastía afroamericana:

Mahalia Jackson, Louie Armstrong, Dinah Washington, Chico Hamilton, Sonny Stitt o

Thelonious Monk” (Catalán, 2021). Luego, y en parte motivados por Stern y Avakian,

aparecieron otros documentales que giraban alrededor de la música como Woodstock: 3 Days of

Peace and Music (1970), cinta de Michael Wadleigh sobre el famoso festival contracultural que

tuvo lugar en Nueva York en 1969.


37

A lo largo de los años, algunos se han enfocado en la vida y carrera de un músico en

particular, como What Happened, Miss Simone? (2015) película dirigida por Liz Garbus y que

explora la vida de la cantante y activista Nina Simone. Otros documentales se enfocan en un

género musical en particular, como Buena Vista Social Club (1999), dirigido por Wim Wenders,

que presenta la música y la cultura cubana. Otros buscan explorar los aspectos sociales y

culturales, como 20 Feet from Stardom (2013), dirigido por Morgan Neville y que se centra en

los coristas de la industria y su influencia en la música popular.

En su libro Documentary Film: A Very Short Introduction (2007), Patricia Aufderheide

menciona cómo el documental musical se ha utilizado para abordar temas como la guerra, el

racismo y la opresión. Un ejemplo de esto es el documental The Message: Hip-Hop and the LA

Riots (2012) de Rucker Alex, que explora cómo el hip-hop y la música fueron utilizados como

una forma de protesta durante los disturbios de Los Ángeles en 1992.

La tarea más importante de este subgénero documental es ayudar en la preservación de la

memoria y la cultura, así como educar e informar al público sobre las influencias y

consecuencias sociales y culturales de la música. Además, estos documentales pueden ser una

fuente de inspiración y motivación tanto para músicos como para amantes de la música.

4.2 El documental de archivo como subgénero

Se trata de un subgénero documental que se enfoca en utilizar imágenes de archivo para

narrar algo o para hacer una crónica de un evento histórico; aunque, en realidad, va más allá,

pues no sería desacertado afirmar que todo el material de archivo es, como tal, una herramienta

de todo documental. Vale la pena recordar que los documentales son, en esencia, películas que
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brotan «al hilo de una cámara reactiva al menor gesto, lista para recoger con sus dinámicos

zooms el más ínfimo de los temblores» (Breschand, 2004, p.39).

En ese sentido, el material de archivo y el cine documental se complementan de una

manera simbiótica: las cintas se alimentan de la historia y la historia encuentra un lugar en el que

mantenerse presente. Esto permite revivir momentos y hechos del pasado, y proporciona una

mirada profunda sobre la historia mediante el uso de fuentes como imágenes, fotografías, diarios,

cartas, periódicos, grabaciones sonoras y videos. El documental de archivo (y el material de

archivo en los documentales), así, se convierte en una fuente importante para la preservación de

la historia y la cultura de una sociedad.

El material de archivo ha sido utilizado en documentales desde los comienzos del cine,

pero solo se comenzaría a utilizar de manera sistemática hasta la década de 1920 y no sería sino

hasta la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría que alcanzaría su auge. Muchos motivos

puede haber para esta paciente evolución en el uso de esta clase de material, pero hay uno que

sobresale (por ser el más obvio, quizá): los documentos de archivo son instrumentos «de carácter

contemporáneo [...] es creado por individuos y organizaciones en el desarrollo de sus

actividades» (International Council on Archives, 2016). Esto significa que los documentos de

archivo no pueden surgir de la imaginación ni pueden ser acelerados en su nacimiento como

puede suceder, por ejemplo, con la ficción; sino que su aparición depende exclusivamente del

desarrollo de la vida en todas sus esferas, niveles e interconexiones.

No obstante, y aún con todo este peso e importancia recién explicados, el material de

archivo está sujeto a muchas variables, siendo así necesario su estudio y planeación para que se

convierta en algo valioso; más aún dentro del cine documental donde la percepción del objeto

documentado (valga la redundancia) puede ser manipulada por quien tenga la cámara en su
39

poder. Esto se puede ver con claridad en los eventos antes mencionados (Segunda Guerra

Mundial y Guerra Fría), pues fueron épocas en las que esta clase de material se utilizó para crear

propaganda a partir del registro de eventos históricos, «bajo ningún modo podemos considerar a

un documento de archivo como ‘la verdad absoluta’ [...] sino que debemos entenderlo como a un

documento contemporáneo que emana de un individuo u organización y que fue producido bajo

una concepción o un punto de vista particular» (International Council on Archives, 2016).

El concepto se amplía aún más al considerar que dentro de los documentales de archivo

puede haber distintas categorizaciones según el énfasis del producto. Hay documentales de

archivo enfocados en un acontecimiento específico como The Civil War (1990) de Ken Burns,

película que utiliza fotografías, diarios y cartas para mostrar la vida de los soldados y la lucha

por la abolición de la esclavitud durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Hay otros que se

enfocan en la vida de una persona como Senna (2010) de Asif Kapadia, cinta que se vale de

entrevistas, imágenes de competiciones y material de noticias para contar la cronología de la

carrera del piloto brasileño de Fórmula 1 Ayrton Senna (incluyendo su trágico fallecimiento en

un accidente en 1994). Estos dos tipos de documentales de archivo, además, presentan una

posibilidad de objetividad aumentada ya que se basan principalmente en material que no cuenta

con la presencia de un narrador ni mayor intervención de sus respectivos directores.

Finalmente, entre los documentales de archivo hay también algunos enfocados en la

música y uno específicamente en la salsa: Our Latin Thing (1972) de Leon Gast. En este

documental, la música y el ambiente salsero de la década de 1970 son expuestos a través de la

presentación en vivo de Fania All-Stars en el Cheetah Club. La película incluye entrevistas y

shows de artistas como Willie Colón, Héctor Lavoe, Pete «El Conde» Rodríguez y Ray Barretto;

con el adicional de varias tomas de los habitantes de los barrios latinos de Nueva York.
40

4.3 El documental como herramienta de la comunicación

El documental es una poderosa herramienta de comunicación que ha evolucionado desde

sus orígenes: ha pasado de ser una forma de mero registro de la realidad hasta convertirse en un

medio de educación, movilización y concientización social. Las características del documental

-como su capacidad para retratar la realidad, su enfoque en temas relevantes y su uso de técnicas

narrativas y estilísticas- lo convierten en una herramienta efectiva y eficaz para transmitir

mensajes y, así, generar cambios sociales y políticos. Es por eso, quizá, que «John Grierson, el

comunicador británico que acuñó el término documental, pensaba que este formato

cinematográfico de representar el mundo era más bien un ‘tratamiento creativo de la realidad’

(citado en Barbash y Taylor 1997:16)» (Flores, 202, p.18).

Así, el documental puede ser comunicador; pero solamente tras haber sido también un

cuidadoso observador, pues ninguna historia existe si no hubo nadie que la atestiguara y otro

alguien que la creyera. Ahora, y en consideración a esa aseveración, el cine documental es ese

testigo, ese creyente y además un narrador formal (porque el juglar es mucho más cercano a la

ficción en cuanto a la veracidad con la que cuente su narración) que se encarga de la tarea de

hacer trascender la vida en cada uno de sus momentos y facetas. Se trata de un elemento que

permite «seguir las mutaciones de una sociedad[...]descubrir cómo las vidas cotidianas atraviesan

los remolinos de la historia y forman la espuma de los días» (Breschand, 2004, p. 35).

Siendo utilizado en distintos ámbitos como la educación, el entretenimiento y el

periodismo; el documental es una herramienta fundamental para el ejercicio de la profesión tanto

del cineasta como del comunicador social, sobretodo cuando cualquiera de estos apunta a esos

«lugares que la sociedad se inclinaba a ignorar o mantener ocultos» (Barnouw, 1996, p.


41

204-205). Sin embargo, su impacto depende de los espectadores más que de los realizadores en

cuanto a que el documental plantea preguntas (unas subjetivas, otras objetivas), pero son las

personas quienes la responden. Agnés Varda hizo esto evidente con su documental

Daguerréotypes de 1975:

A través de de los retratos de pequeños comerciantes y artesanos se perfila la pintura de

un país inmóvil, en el que ni el tiempo ni las revoluciones han dejado huella [...] a todos

les resulta difícil contestar la pregunta ‘¿Cuál es su sueño?’, si no es diciendo ‘Ninguno’.

(Breschand, 2004, p. 36-37)

5. Los puentes del tiempo: La memoria histórica y cultural

La memoria es muy importante para el correcto desarrollo de una sociedad; por eso su

estudio «es un fenómeno interdisciplinario e internacional que desde fines del siglo XX se ha

establecido con solidez en las ciencias humanas» (Saban, 2020, p.380). Este tema suele hacer

alusión directa a la reconstrucción y restitución en situaciones de postconflicto, pero esa es solo

una de sus ramas; pues la memoria responde a todos los aspectos y circunstancias de la vida en

sociedad. Recordar la cotidianidad es tan importante como recordar lo extraordinario y, de hecho,

los cimientos básicos para construir y avanzar están en el día a día más que en las situaciones

excepcionales.

Bien dijo el español Jorge Ruiz de Santayana que «quien no conoce su historia está

condenado a repetirla» y, como un complemento accidental, acertado estaba George Orwell al

afirmar que «quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará

el futuro». Pero ¿A qué se podían estar refiriendo ambos personajes? No se puede decir con

seguridad, aunque sí existe la posibilidad de hacer deducciones e interpretaciones como la


42

siguiente: la memoria es histórica hacia atrás y hacia adelante (recuerda para construir), y es

cultural hacia adentro y hacia afuera (la conciencia que se asume y la imagen que se proyecta).

En otras palabras, «La memoria así contenida en objetivaciones culturales puede recuperar en

nuevos contextos aquello que se produjo en un tiempo y lugar remotos» (Saban, 2020, p. 383).

Se suele creer que las cosas son reemplazadas con el tiempo, pero, en realidad, solo evolucionan

y se adaptan a nuevos entornos.

Es importante entender la política de una guerra y el campo de batalla, pero también lo es

el entender cómo vivían todos aquellos que se quedaron en sus casas. Comprender los hábitos de

una sociedad del pasado y el porqué de esos hábitos ayuda a responder muchas preguntas del

presente. Ciertas tradiciones o comportamientos existen debido a un punto de inflexión, pero una

verdadera disección solo se puede lograr al entender qué fue lo que llevó a ese punto de

inflexión. De nuevo, la memoria resulta mucho más amplia y relevante de lo que inicialmente

puede parecer.

Ahora bien, la memoria tiene muchas herramientas. Una de las más conocidas son los

museos que, según el Consejo Internacional de Museos (citado en Rincón, 2015, p. 27) son:

Una institución permanente, que sirve a la sociedad y a su desarrollo, forma parte de la

esfera pública es accesible al público, y que colecciona, conserva, investiga, comunica y

exhibe testimonios materiales del hombre y de su medio ambiente, con objetos de

estudio, formación y esparcimiento.

Sin embargo, este deber ser de los museos origina un problema: ¿Y si el testimonio no es

material? ¿Y si es algo como la música? Claro que puede haber un museo sobre la salsa, pero

habría muchos elementos, principalmente los relacionados con la parte más personal que esta
43

forma artística siempre alcanza, que se perderían; la alegría, la energía y la melomanía, por

mencionar unos ejemplos, son elementos que requieren de un repositorio con más alcance.

El cine, específicamente el cine documental, representa esa bodega en la que los

bailarines jamás envejecen, los bares nunca cierran y las trompetas nunca callan. Aunque es el

medio que mejor inmortaliza la memoria histórica y cultural, «Se trata de una de las expresiones

del arte que, además de no haber sido lo suficientemente estudiadas, han gozado de escasa

relevancia respecto a su papel como un medio para el fomento de la (re)construcción de la

memoria histórica» (Bernal, 2019, p.20).

El documental adjunto a este trabajo de grado es una muestra de lo anteriormente dicho.

La salsa tiene una carga histórica muy relevante e incontenible: su nacimiento está entre Cuba,

Puerto Rico y la ciudad de Nueva York; pero su evolución alcanza todo el Caribe; luego llega

(con mucha fuerza) a Colombia; y finalmente se expande por el mundo entero. Claro está, es

difícil imaginar a un alemán o a un japonés tocando timbales y congas a un ritmo tremendamente

bailable, pero también dicen algunos que es difícil imaginar lo mismo con bogotanos; y la razón

de esto no es más que una laguna histórica que hace creer que solo Cali es dueño de la salsa. No

obstante, esa concepción es muy alejada de la realidad; Barranquilla, Buenaventura, Cartagena,

Medellín y Bogotá (siendo esta última el interés principal y primordial de este trabajo de grado)

también son protagonistas en el recorrido nacional e internacional de este género musical y

demuestran que Lo demás no es loma.

6. Bitácora

Mi relación con la salsa inició cuando, a los 6 años de edad, me fui a vivir a Puerto Rico

con mi familia, siendo el motivo la subespecialidad en neurocirugía endovascular que mi papá


44

estudió en la isla. Allí escuchaba salsa por todas partes: los vecinos la ponían a todo volumen, en

El Viejo San Juan había tríos que la tocaban en cada esquina y las emisoras la incluían en una

gran parte de su programación (no podía esperar menos -aunque no lo supiera en el momento- de

uno de los lugares que más aportó en el nacimiento del género). Naturalmente, me enamoré de la

salsa y principalmente de la llamada salsa brava; estaba fascinada por los ritmos, los

instrumentos, los artistas, las letras y la alegría que esa música infundía en todos los que la

escuchaban, incluyéndome.

Fue así que, durante los dos años que viví con mi familia en La isla del encanto, me

esforcé por investigar y conocer todo lo que pudiera sobre este maravilloso género. Quería

volverme una experta y así poder hablar con propiedad sobre Cheo Feliciano, Héctor Lavoe e

Ismael Rivera para cuando volviéramos a Colombia; estaba muy emocionada e incluso me había

puesto a la tarea de aprender a bailar. Sin embargo, cuando cumplí 8 años y volvimos al país, me

llevé una gran sorpresa: la salsa en Colombia era muy diferente a lo que venía escuchando por

tanto tiempo. Lo que ya era un universo gigante para mí, se agrandó aún más; pero lejos de

desilusionarme, eso solo me motivó a adentrarme aún más en la salsa.

17 años después me vería ante la tesis con dos posibles temas: el primero, un documental

sobre Nueva Venecia, un pequeño pueblo flotante en Magdalena; el segundo, un documental

sobre la historia de la salsa en Bogotá. Lo consideré bastante, pero mi pasión por la salsa y los

recuerdos de cómo la conocí me llevaron a iniciar el proyecto Lo demás no es loma.

Cabe mencionar que siempre me han encantado los documentales y por eso nunca pensé

en otra opción de producto. Algo en ellos me atrae demasiado; quizá las herramientas que

utilizan para contar historias o tal vez el hecho de que son una grabación de la realidad (incluso
45

pueden ser ambas cosas). Cualquiera sea el caso, tenía claro desde el inicio que no quería una

ficción.

El asunto, entonces, se volvió encontrar la forma de hacer algo diferente con un tema ya

conocido. No quería hablar de toda la historia de la salsa ni de la historia de la salsa en Cali, pues

ambos casos ya se han tratado numerosas veces; así que tomé una apuesta arriesgada y me

propuse a defender el nombre de Bogotá frente a todas las acusaciones de que no es una ciudad

salsera. Al principio me asusté porque me encontré con que me había lanzado a investigar un

tema muy poco documentado (mi bibliografía por bastante tiempo fue un solo libro), pero todo

mejoró cuando, para sorpresa mía, me di cuenta de que no estaba defendiendo a la ciudad capital,

sino reivindicándola: resulta que Grupo Niche y Orquesta Guayacán se fundaron en Bogotá; que

la ciudad está llena de melómanos y coleccionistas; y que el circuito salsero del sur, el centro y el

norte recibió a estrellas de la talla de Celia Cruz.

El curso había sido fijado y el objetivo seleccionado; ya estaba lista para iniciar.

Convoque un equipo para la realización del documental (personas muy talentosas y en las que

confío), e inicie este trabajo de grado y proyecto personal.

6.1 Referentes

Mis referentes musicales son muy extensos, así que nunca me puse a la tarea de

enumerarlos; sin embargo, puedo decir que los principales fueron los que, directamente, me

llevaron a mis primeros encuentros con la salsa: Héctor Lavoe, Ismael Rivera y Grupo Niche.

Esta actividad de escucha me inspiró y me motivó; sobre todo cuando resultaba en el reencuentro

con cantantes y orquestas que, para ese punto, llevaba mucho tiempo sin escuchar (así me

sucedió con, por ejemplo, Henry Fiol, Eddie Palmieri y Los Hermanos Lebron).
46

Para la música del documental tenía algo claro, cómo trataba sobre Bogotá utilizaría

como banda sonora salsa bogotana, exceptuando algunos casos que me servirían como contexto.

Como es el caso de Barranquillero Arrebatao de Fruko y sus Tesos sobre tomas de Rapsodia en

Bogotá dónde mi objetivo era continuar con el discurso que venían dando los entrevistados sobre

el origen de la salsa en Colombia, en que posteriormente, los barranquilleros, caleños o

chocoanos fueron migrando a la ciudad. Otro caso es la mezcla entre Corazón sin corazón del

Grupo Niche y Amalia de Noche de la Orquesta Guayacán, (ambas canciones de sus primeros

discos). A pesar de que ninguna grabó sus primeros discos en Bogotá, el documental venía con

Vicente Moros explicando que, en definitiva, ambas orquestas tuvieron origen en la capital

colombiana. Y la última excepción es Cali Pachanguero también del Grupo Niche, canción que

inspiró el nombre del documental.

El resto del repertorio musical sí está compuesto por talento bogotano, y aunque hubiera

querido incluir a las más de doscientas orquestas que existen, sólo me dio el tiempo de incluir a

La 33, La Real Charanga y Pablo Watusi.

Por el lado del documental, la situación fue distinta; pues tenía muy claro los que serían

referentes para mi producto. La mayoría los había visto o repetido en los seis meses anteriores a

iniciar la tesis, así que los tenía frescos en mi cabeza.

What Happened, Miss Simone? y Janis: Little Girl Blue:

Este par de documentales me sirvieron como una guía para contar historias estrechamente

ligadas con la música. Estaba el gran diferencial de que ambos son biografías y el mío no, pero,

de todas formas, utilicé ambas películas para inferir cuál sería la mejor forma de combinar

distintas fuentes de material (archivo, entrevistas y apoyos). Entre mis objetivos siempre estuvo
47

darle un buen ritmo al documental, y las cintas sobre Nina Simone y Janis Joplin me ayudaron a

lograrlo.

What Happened, Miss Simone?, adicionalmente, fue un referente en cuanto a la ausencia

de las voz en off como herramienta narrativa. Quería prescindir de ese recurso y el documental

de Liz Garbus me enseñó una manera efectiva de hacerlo.

Rompan todo: La historia del rock en América Latina :

La razón por la que utilicé esta serie como referente no es muy lejana a la de What

Happened, Miss Simone? y Janis: Little Girl Blue; no obstante, hay un motivo importante por el

que le doy su propio lugar: el componente histórico. Este seriado de Netflix hace una extensa

cronología e investigación de un solo género y en un solo lugar. Claro, el origen del rock está

bien definido mientras el de la salsa tiene tantas versiones como historiadores que lo estudien y

una ciudad no se compara a un continente; pero la estructura (y el espíritu, me atrevería a

afirmar) de Rompan todo y de Lo demás no es loma es, en esencia, la misma.

My Octopus Teacher :

Este bello documental me fue una inspiración para dos cosas: la fotografía, pues quería

lograr imágenes igual de bellas y mi situación era parecida (luz natural y poco control sobre el

escenario); y la dirección, pues quería lograr que algo muy personal pudiera sentirse universal.

Es extraño citar una cinta sobre un pulpo y un buzo como un referente para un documental de

salsa, lo sé; pero me era importante lograr el nivel de empatía que la cinta ganadora del Oscar

logró en su momento.

6.2 Nota de dirección


48

El proceso de dirección fue muy enriquecedor, aunque también intimidante. Verme a la

cabeza de un proyecto en el que los recursos (técnicos, humanos y económicos) estaban tan

limitados fue todo un reto y no ayudó el recordar constantemente lo personal e importante que

eran para mí el tema y la historia del documental. Aún así, me armé de valor e hice lo que se

tenía que hacer: salí a navegar a sotavento.

Procuré mantenerme siempre en una actitud receptiva con mi equipo y con los

entrevistados (lo que resultó ser muy positivo), pero también supe pedir lo que quería para

alcanzar el producto que tenía en mi cabeza. El tiempo siempre fue corto, pero se logró

aprovechar al máximo; y continué trabajando incansablemente para plasmar mi visión en cada

fotograma. Cada escena, cada entrevista, cada fragmento de archivo fue cuidadosamente

seleccionado y ensamblado para transmitir la esencia y la magia de la historia de la salsa en

Bogotá.

A lo largo del proceso, me enfrenté con desafíos personales y logísticos, pero nunca perdí

de vista la pasión y el propósito que me impulsaron a realizar este documental. Cada obstáculo se

convirtió en una oportunidad para superarme y buscar soluciones creativas.

Quiero destacar la colaboración y el compromiso de todo el equipo de producción,

quienes dedicaron su talento y esfuerzo para hacer realidad este proyecto.

En cuanto a la estructura narrativa, decidí adoptar un enfoque cronológico que permitiera

al espectador seguir el desarrollo de la salsa a lo largo del tiempo. A través de entrevistas a

locutores, músicos, dueños de bares, coleccionistas y melómanos -así como de imágenes de

archivo y material audiovisual- buscamos recrear la atmósfera ideal para cada sección planteada

en el guion. Estaba el origen, las migraciones, los medios de difusión, los bares, los artistas,

festivales y el legado que la salsa ha dejado en Bogotá.


49

En cuanto al estilo visual, opté por una estética vibrante y dinámica que reflejara la

energía de la salsa; así como natural para reflejar que el ambiente salsero no es pretencioso, sino

transparente y genuino: la pasión es por la música y no por la pantalla. Utilicé planos cercanos y

movimientos de cámara fluidos para capturar esa pasión y emotividad y, además, elegí con

mucho cuidado la música para poder transportar al espectador a ese mundo sonoro tan

característico de la salsa.

Espero que este documental inspire a otros a valorar y preservar nuestro patrimonio

cultural, y a apreciar la importancia de la música y el baile (de la salsa, sí; pero también de otros

géneros) como expresiones artísticas que unen a las personas y enriquecen nuestras vidas.

7. Conclusiones

La salsa como género musical de origen caribeño, ha dejado una huella indeleble en la

historia cultural y social de Bogotá. Aunque tradicionalmente se ha asociado a ciudades como

Cali y Barranquilla como epicentros importantes de este género, no se puede pasar por alto la

contribución significativa que Bogotá ha hecho al desarrollo y la difusión de la salsa a lo largo de

los años. Si bien es cierto que la ciudad ha sido escenario de una amplia variedad de expresiones

musicales, este género ha logrado encontrar un lugar especial en el corazón de los bogotanos.

En su origen ha sido el resultado de una rica mezcla de ritmos provenientes de diferentes

tradiciones musicales -como la guaracha, mambo, bolero, cumbia, danzón, jazz, R & B,

boogaloo, pachanga, entre otros-. Aunque el son cubano y los ritmos puertorriqueños pueden

considerarse como las bases fundamentales de la salsa, es precisamente la fusión de estas

melodías provenientes del Caribe las que han permitido la consolidación de la salsa como género

musical.
50

Abriéndose espacio en Estados Unidos y luego en América Latina, llega a las costas de

Colombia conquistando a Barranquilla, Buenaventura y Cali a través de sus acetatos. Acetatos

que vendrían a parar a Bogotá entre las décadas de 1960 y 1970 gracias a los migrantes que

poblaron «los nuevos barrios populares».

En la metrópoli no sólo se limitó a los espacios de entretenimiento nocturno, sino que

también se integró en la cultura festiva de la ciudad, llenando ferias, festivales y fiestas

tradicionales de ritmo y alegría. En este sentido, Bogotá se convirtió en un caldo de cultivo para

el florecimiento de la salsa, propiciando un escenario para la expresión artística y el disfrute de la

música.

Sin embargo, la influencia de la salsa en la capital va más allá de la esfera musical. Se ha

convertido en un factor de comunidad y pertenencia para los bogotanos, creando un espacio de

conexión y expresión colectiva donde personas de diferentes orígenes pueden compartir una

experiencia en común. Ha trascendido las barreras culturales y sociales, enriqueciendo la

identidad de la ciudad y dejando una marca indeleble en su historia.

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Téllez, R. (2001). ‘Conversando Salsa’, un programa lleno de música e historias. RTVC


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Vega, D. (2021). Michi Sarmiento ya no está: la rumba se acabó. Radio Nacional de Colombia.
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colombiana

Wadleigh, M. (Director). (1970). Woodstock [Documental]. Warner Bros. Pictures.

Waxer, L. (2002). The City of Musical Memory: Salsa, Record Grooves, and Popular Culture in
Cali, Colombia. Wesleyan University Press.

Wenders, W. (Director). (1999). Buena Vista Social Club [Documental]. Artisan Entertainment.

9. Anexos

Anexo A. Documental Lo demás no es loma

Lo demás no es loma: la historia de la salsa en Bogotá

Anexo B. Guion

GUION - Lo demás no es loma.xlsx

Anexo C. Cronograma

Cronograma - Lo demás no es loma.xlsx

Anexo D. Presupuesto

Presupuesto - Lo demás no es loma.xlsx

Anexo E. Rutas salseras en Bogotá


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Anexo F. Circuito del sur


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Anexo G. Circuito del centro

Anexo H. Circuito de Chapinero


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