Géneros literarios:
La literatura y sus obras se agrupan en lo que se conoce como
géneros literarios, que actúan como clasificadores en función
de las características y los rasgos comunes entre los diferentes
escritos. Esta clasificación se lleva a cabo atendiendo a la
estructura, el tema o el fin que persigue el autor. Existen tres
tipos de estilos literarios principales: la narrativa, la lírica y
la dramática.
Narrativa
La narrativa también se conoce como género épico y consiste
en que el autor haga uso de la figura del narrador para contar
los hechos protagonizados por unos personajes.
El escritor presenta una realidad ficticia o realidad
representada como si fuese el mundo exterior u objetivo,
ajeno al autor.
Este género se caracteriza por la abundancia de descripciones,
tanto de personas, como de situaciones y ambientes. También
relata acciones y acontecimientos en un espacio y tiempo
determinado e incluye monólogos y diálogos entre los
personajes. Lo importante de este género es el narrador, el
encargado de contar la historia a través de la narración, la
descripción, la exposición o la argumentación. Puede ser de
cuatro tipos:
Narrador omnisciente: este tipo de narrador se
caracteriza por tener un conocimiento completo de la
historia y sus personajes. El narrador omnisciente puede
acceder a los pensamientos, emociones y motivaciones de
todos los personajes en la historia. Describe los eventos
desde una perspectiva externa, utilizando la tercera
persona, y puede ofrecer información que los personajes
mismos no conocen. Este narrador brinda una visión
completa y objetiva de la trama y a menudo permite al
lector obtener una comprensión profunda de la historia en
su conjunto.
Narrador testigo u observador: a diferencia del
narrador omnisciente, el narrador testigo u observador
narra solo lo que ha presenciado o conoce de primera
mano. Este tipo de narrador se mantiene al margen de los
eventos de la historia y no tiene acceso a los
pensamientos internos de los personajes. En lugar de
proporcionar una visión completa de la historia, el
narrador testigo se limita a compartir lo que ha visto o
experimentado directamente. Esto puede dar lugar a un
enfoque más limitado y subjetivo de la trama, ya que está
restringido por su propio conocimiento y perspectiva.
Narrador en primera persona: en este caso, el
narrador es el protagonista de la historia y utiliza la
primera persona para contar su propia experiencia. Esto
crea una narración de tipo autobiográfico, donde el
narrador se encuentra en el centro de la acción y
comparte sus pensamientos, emociones y percepciones
personales con el lector. El uso de la primera persona
permite al lector conectarse íntimamente con el
protagonista y obtener una visión interna de su mundo
interior.
Narraciones en forma epistolar: esta forma de
narración es única y se basa en la comunicación a través
de cartas entre personajes. La historia se desarrolla a
medida que los personajes escriben y reciben cartas, y el
lector accede a la trama a través de estos documentos
escritos. Las narraciones epistolares a menudo ofrecen
una visión detallada de los pensamientos y sentimientos
de los personajes, ya que pueden expresarse de manera
más libre y personal en las cartas. Este estilo de narración
puede crear una sensación de autenticidad y proporcionar
una perspectiva íntima de la historia, ya que los
personajes se comunican directamente con el lector a
través de sus escritos.
El subgénero por antonomasia de este estilo literario es
la novela, una extensa y compleja narración en la que
predomina la narración y la descripción y el diálogo. En la
novela se presentan diferentes personajes sumergidos en
diferentes tramas que tienen lugar en espacios, épocas y
tiempos muy diversos.
Dentro de la novela se encuentra el cuento, donde se
desarrolla un argumento breve. Asimismo, acoge
otros subgéneros como la bizantina, la novela
caballeresca y cortesana, el libro de caballerías, la
novela sentimental, pastoril, morisca, picaresca,
pedagógica o política.
Dentro de los géneros narrativos menores se encuentra la
leyenda, un cuento o poema breve de asunto tradicional o
vagamente histórico donde conviven elementos fantásticos y
sobrenaturales con un ambiente misterioso y que se suele
decir que está basado en hechos reales; y la fábula, un
cuento didáctico y moralizante que emplea animales con
cualidades humanas para desprender una moral que se explica
al final bajo el nombre de moraleja.
La narrativa también puede acoger textos en verso, en cuyo
caso estaríamos hablando de epopeyas, poemas extensos
donde se narran hechos importantes de la historia de un
pueblo como en La Ilíada y La Odisea de Homero.
Lírica
La lírica o género lírico es aquel que agrupa los textos en los
que el autor expresas sus emociones o sentimientos en verso o
en prosa.
Dentro de la lírica se encuentran otros subgéneros:
La canción: este género lírico suele centrarse en temas
amorosos, aunque también puede abordar una amplia
variedad de temas como la naturaleza, la belleza, la
amistad o la religión. Se caracteriza por tener un tono
emocionado y admirativo.
La oda: es un tipo de poema lírico que tiene como
objetivo principal la exaltación de una persona, objeto o
idea. Se caracteriza por su tono elevado y pasional. Las
odas a menudo se utilizan para expresar admiración,
amor, gratitud o reverencia hacia su tema.
La elegía: es un género lírico que se utiliza para expresar
el dolor y la tristeza causados por la muerte, la pérdida, la
separación o la ausencia de un ser querido.
El himno: es una forma de poema lírico que adopta un
tono exaltado y solemne. Puede ser de naturaleza
religiosa, patriótica o una celebración de la unión y la
amistad.
La sátira: es un género que se caracteriza por su crítica
burlesca y ridiculizadora hacia temas censurables, ya
sean individuales o colectivos. Los satíricos utilizan el
humor y la ironía para señalar las debilidades y vicios de
la sociedad, la política u otros aspectos de la vida
cotidiana.
Dramática
El género dramático también es conocido como género teatral
y acoge obras en forma de diálogo con la intención de que
sean representadas en un escenario. Las obras dramáticas
siguen su curso a partir de las interrelaciones de los personajes
que, sin que el autor los represente o describa y sin especificar
qué hacen o sienten, el público los va conociendo a partir del
diálogo que se crea entre ellos.
Dentro de este género se encuentran los siguientes
subgéneros:
La tragedia: es un género dramático que se caracteriza
por tener un desenlace desgraciado y a menudo trágico
para los personajes principales. En este tipo de obras, los
conflictos suelen ser intensos y los personajes, en su
mayoría, pertenecen a la alta alcurnia o tienen una
posición social destacada. Las tragedias exploran las
pasiones humanas, como el amor apasionado, el odio, la
ambición y los celos, que pueden llevar a los personajes a
la destrucción y, en muchos casos, a la muerte. Un
ejemplo icónico de tragedia es "Romeo y Julieta" de
William Shakespeare, donde dos jóvenes amantes
pertenecientes a familias enemigas enfrentan un destino
trágico.
La comedia: es un género dramático que se caracteriza
por tener un final feliz y por el uso de un tono
humorístico. En las obras de comedia, se desarrollan
situaciones divertidas y amables que a menudo involucran
enredos, malentendidos y personajes excéntricos. A
diferencia de la tragedia, los personajes en las comedias
tienden a ser menos nobles y a menudo representan a
personas comunes. El objetivo principal de la comedia es
provocar la risa y el entretenimiento del espectador, a
menudo a través del humor verbal y situacional. Ejemplos
de comedias incluyen obras de Shakespeare como "Sueño
de una noche de verano" y comedias modernas como "Las
amistades peligrosas" de Christopher Hampton.
El drama o tragicomedia: es un subgénero intermedio
entre la tragedia y la comedia. En este tipo de obras, las
pasiones humanas y los conflictos no alcanzan el nivel de
intensidad que se encuentra en las tragedias clásicas. Si
bien puede haber elementos de tragedia y seriedad en la
historia, también se intercalan elementos cómicos o
humorísticos. Los personajes protagonistas suelen
enfrentar adversidades y mostrar un gran dolor
emocional, pero el final de la obra puede variar y no
necesariamente llevar a una tragedia total. La
tragicomedia a menudo refleja la complejidad de la vida
humana, donde los momentos de felicidad y risa pueden
coexistir con la tristeza y la angustia. Ejemplos de
tragicomedias incluyen obras como "El mercader de
Venecia" de Shakespeare y "Esperando a Godot" de
Samuel Beckett.