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Estigmatización de la Champeta en Cartagena

El ensayo analiza la champeta, un género musical originario de Cartagena, y cómo ha sido estigmatizado por figuras políticas y la opinión pública, lo que ha llevado a la discriminación de los sectores populares. A través de decretos y medidas restrictivas, se ha buscado erradicar esta cultura, justificando la violencia y la marginalización en lugar de abordar las problemáticas sociales subyacentes. Se concluye que la estigmatización de la champeta no resolverá los problemas de la ciudad y que se requieren políticas públicas efectivas para abordar la delincuencia y la pobreza.

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Estigmatización de la Champeta en Cartagena

El ensayo analiza la champeta, un género musical originario de Cartagena, y cómo ha sido estigmatizado por figuras políticas y la opinión pública, lo que ha llevado a la discriminación de los sectores populares. A través de decretos y medidas restrictivas, se ha buscado erradicar esta cultura, justificando la violencia y la marginalización en lugar de abordar las problemáticas sociales subyacentes. Se concluye que la estigmatización de la champeta no resolverá los problemas de la ciudad y que se requieren políticas públicas efectivas para abordar la delincuencia y la pobreza.

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Nombre:

Título:

1. Ordenar y enumerar los párrafos del ensayo.


2. Colocar un título adecuado al ensayo.

4 Otro evento fue la cancelación de la presentación de Mister Black (reconocido cantante de


champeta) en el Concurso Nacional de la Belleza, en el año 2014. Raimundo Angulo,
director del evento, justificó su decisión afirmando que: “Se iba a presentar entre los
cantantes a Mr. Black y él quería ‘El Serrucho’ y ‘Bandida’, y no las toleramos (esas
canciones)” (Montaño, 14 de noviembre de 2014). Una justificación poco sólida que fue
rechazada por seguidores de la champeta, cantantes y managers.

8 Todo lo anterior señala la necesidad de generar espacios de reflexión sobre la cultura


champetúa en Cartagena. Pero, sobre todo, invita a evaluar si las mencionadas medidas
han atenuado las problemáticas que supuestamente buscaban resolver o si, por el
contrario, han contribuido a esconder las contradicciones de una ciudad pensada para el
turismo, pero no para los ciudadanos; donde las zonas habitadas por la mayoría de la
población han sido descuidadas. Una ciudad donde los problemas de marginalidad,
violencia y pobreza, podrían ser resueltos con voluntad política.

9 En definitiva, seguir estigmatizando la champeta no solucionará los problemas de


Cartagena y discriminar a los sectores populares mucho menos. Hay que ser conscientes
de que se deben adoptar políticas públicas para acabar con la delincuencia, el pandillismo,
los embarazos adolescentes y las riñas. En efecto, deben ser medidas objetivas que
busquen la raíz de problemas que no están asociados a una cultura que representa a la gran
parte de los cartageneros, sino a la ausencia del gobierno distrital en temas que son de
vital importancia.

1 La champeta es un género musical que nace en los años setenta en los sectores más
populares de Cartagena, precisamente en Isla Caimán (actualmente, los barrios Olaya y
Pozón), en la zona periférica del distrito. Con el paso de los años, surgieron prácticas
culturales alrededor de este género, que se convirtieron en referentes a la hora de hablar de
los grupos populares de la ciudad y de sus identidades.

2 En este sentido, las prácticas culturales que crecieron alrededor de la champeta han sido
estigmatizadas por personajes políticos que, a través de su acceso privilegiado a los temas
públicos, han buscado eliminarlas. Esto ha generado discriminación política a los sectores
populares, que suelen ser los más afectados por los decretos con los que se busca censurar
bailes o eventos asociados a este género musical.

3 En efecto, en la ciudad se han expedido decretos y acuerdos distritales que, en su


momento, han buscado erradicar algunas prácticas culturales asociadas a la champeta. En
el año 2001, Carlos Díaz -alcalde del distrito- decidió prohibirla en las fiestas
novembrinas, aunque fuese relevante para un sector amplio de la población y estuviese
presente en gran parte de los eventos festivos de la conmemoración de la independencia.
Díaz justificó su decisión afirmando que esta música -según él, marginal incitaba a la
violencia y despertaba la sensualidad y el erotismo. Así, basándose en prejuicios en vez de
datos verificables, asumió una medida prohibitiva para solucionar problemáticas que
requieren aproximaciones más complejas. Pues, si bien es cierto que en muchos sectores
populares hay violencia, estos hechos no pueden vincularse de manera directa con los
géneros musicales que se escuchen, sino con fenómenos sociales que deben ser atendidos
por la administración distrital y sus distintas secretarías.

7 Por otra parte, en el año 2015, el Concejo Distrital aprobó una medida para eliminar los
bailes de champeta en los colegios públicos y privados. Esta iniciativa fue defendida por
el concejal Carlos Salim Guerra quien arguyó que: “Este contacto físico de tipo sexual a
temprana edad a través de bailes hace que se acelere el proceso de desarrollo sexual que es
natural” (como citó Cuartas, 17 de junio de 2015). La aprobación se realizó sin que se
señalara, que problemas como los embarazos a temprana edad se deben a la falta de
políticas públicas que fortalezcan la educación sexual en las instituciones educativas
distritales.

5 Pero, desde ámbitos como el político y el periodístico (así como desde sectores
importantes de las élites sociales y económicas de la ciudad) se ha construido una mirada
negativa sobre la música champeta y se ha cuestionado su divulgación, poniendo en
circulación discursos estigmatizadores en los que se le define como esencialmente
generadora de violencia y pobreza. Esto ha hecho que en la ciudad se piense que los
aficionados a este género deben ser reconocidos como marginales y violentos. En este
sentido, se puede decir que la estigmatización política y social de la champeta ha
contribuido a la discriminación de los sectores populares en Cartagena.

6 Por otro lado, la opinión pública también ha contribuido a relacionar la champeta con la
violencia y el desorden, llegando a justificar la marginalización, e incluso, la posibilidad
de exterminio de los grupos poblacionales que la escuchan o la bailan. Por ejemplo, en el
año 2013, el entonces director de tránsito publicó en la red social twitter: “Si Hitler
hubiese conocido a los champetúos no se hubiera metido con los judíos” (Abello, 2015, p
422). Tal afirmación, además de legitimar la discriminación a los sectores populares,
aprueba genocidios como el perpetrado en la Segunda Guerra Mundial. De hecho, de
alguna manera, incita y justifica la violencia que pueda recaer sobre las personas afines a
la música champeta.

Referencias bibliográficas
Abello Vives, A. (2015). Los desterrados del paraíso. Cartagena de Indias, Colombia:
Maremágnum.
Cuartas. P. (17 de junio de 2015). “Lo que queremos restringir es cómo se baila”:
concejal Antonio Salim Guerra. El Espectador.
Recuperado de: http://www.elespectador.com/noticias/nacional/queremos-restringir-
se-baila-concejal-antonio-salimgue-articulo-573492
Montaño. J (14 de noviembre de 2014). “No toleramos ni “bandida” ni “serrucho” en
reinado: Raimundo Angulo”. El Tiempo. Recuperado de:
http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/polemica-en-cartagena-por-veto-a-
mrblack-habla-raimundo-angulo/14833125
NOMBRE
TITULO LA CHAMPETA
La champeta es un género musical que nace en los años setenta en los sectores más
populares de Cartagena, precisamente en Isla Caimán (actualmente, los barrios Olaya
y Pozón), en la zona periférica del distrito. Con el paso de los años, surgieron prácticas
culturales alrededor de este género, que se convirtieron en referentes a la hora de
hablar de los grupos populares de la ciudad y de sus identidades.

En este sentido, las prácticas culturales que crecieron alrededor de la champeta han
sido estigmatizadas por personajes políticos que, a través de su acceso privilegiado a
los temas públicos, han buscado eliminarlas. Esto ha generado discriminación política
a los sectores populares, que suelen ser los más afectados por los decretos con los que
se busca censurar bailes o eventos asociados a este género musical.

En efecto, en la ciudad se han expedido decretos y acuerdos distritales que, en su


momento, han buscado erradicar algunas prácticas culturales asociadas a la champeta.
En el año 2001, Carlos Díaz -alcalde del distrito- decidió prohibirla en las fiestas
novembrinas, aunque fuese relevante para un sector amplio de la población y estuviese
presente en gran parte de los eventos festivos de la conmemoración de la
independencia. Díaz justificó su decisión afirmando que esta música -según él,
marginal incitaba a la violencia y despertaba la sensualidad y el erotismo. Así,
basándose en prejuicios en vez de datos verificables, asumió una medida prohibitiva
para solucionar problemáticas que requieren aproximaciones más complejas. Pues, si
bien es cierto que en muchos sectores populares hay violencia, estos hechos no pueden
vincularse de manera directa con los géneros musicales que se escuchen, sino con
fenómenos sociales que deben ser atendidos por la administración distrital y sus
distintas secretarías.

Otro evento fue la cancelación de la presentación de Mister Black (reconocido


cantante de champeta) en el Concurso Nacional de la Belleza, en el año 2014.
Raimundo Angulo, director del evento, justificó su decisión afirmando que: “Se iba a
presentar entre los cantantes a Mr. Black y él quería ‘El Serrucho’ y ‘Bandida’, y no
las toleramos (esas canciones)” (Montaño, 14 de noviembre de 2014). Una
justificación poco sólida que fue rechazada por seguidores de la champeta, cantantes y
managers.

Pero, desde ámbitos como el político y el periodístico (así como desde sectores
importantes de las élites sociales y económicas de la ciudad) se ha construido una
mirada negativa sobre la música champeta y se ha cuestionado su divulgación,
poniendo en circulación discursos estigmatizadores en los que se le define como
esencialmente generadora de violencia y pobreza. Esto ha hecho que en la ciudad se
piense que los aficionados a este género deben ser reconocidos como marginales y
violentos. En este sentido, se puede decir que la estigmatización política y social de la
champeta ha contribuido a la discriminación de los sectores populares en Cartagena

Por otro lado, la opinión pública también ha contribuido a relacionar la champeta con
la violencia y el desorden, llegando a justificar la marginalización, e incluso, la
posibilidad de exterminio de los grupos poblacionales que la escuchan o la bailan. Por
ejemplo, en el año 2013, el entonces director de tránsito publicó en la red social
twitter: “Si Hitler hubiese conocido a los champetúos no se hubiera metido con los
judíos” (Abello, 2015, p 422). Tal afirmación, además de legitimar la discriminación a
los sectores populares, aprueba genocidios como el perpetrado en la Segunda Guerra
Mundial. De hecho, de alguna manera, incita y justifica la violencia que pueda recaer
sobre las personas afines a la música champeta.

Por otra parte, en el año 2015, el Concejo Distrital aprobó una medida para eliminar
los bailes de champeta en los colegios públicos y privados. Esta iniciativa fue
defendida por el concejal Carlos Salim Guerra quien arguyó que: “Este contacto físico
de tipo sexual a temprana edad a través de bailes hace que se acelere el proceso de
desarrollo sexual que es natural” (como citó Cuartas, 17 de junio de 2015). La
aprobación se realizó sin que se señalara, que problemas como los embarazos a
temprana edad se deben a la falta de políticas públicas que fortalezcan la educación
sexual en las instituciones educativas distritales.
Todo lo anterior señala la necesidad de generar espacios de reflexión sobre la cultura
champetúa en Cartagena. Pero, sobre todo, invita a evaluar si las mencionadas
medidas han atenuado las problemáticas que supuestamente buscaban resolver o si,
por el contrario, han contribuido a esconder las contradicciones de una ciudad pensada
para el turismo, pero no para los ciudadanos; donde las zonas habitadas por la mayoría
de la población han sido descuidadas. Una ciudad donde los problemas de
marginalidad, violencia y pobreza, podrían ser resueltos con voluntad política.
En definitiva, seguir estigmatizando la champeta no solucionará los problemas de
Cartagena y discriminar a los sectores populares mucho menos. Hay que ser
conscientes de que se deben adoptar políticas públicas para acabar con la delincuencia,
el pandillismo, los embarazos adolescentes y las riñas. En efecto, deben ser medidas
objetivas que busquen la raíz de problemas que no están asociados a una cultura que
representa a la gran parte de los cartageneros, sino a la ausencia del gobierno distrital
en temas que son de vital importancia.
NOMBRE

TITULO
LA CHAMPETA

La champeta es un género musical que nace en los años setenta en los sectores más
populares de Cartagena, precisamente en Isla Caimán (actualmente, los barrios Olaya
y Pozón), en la zona periférica del distrito. Con el paso de los años, surgieron prácticas
culturales alrededor de este género, que se convirtieron en referentes a la hora de
hablar de los grupos populares de la ciudad y de sus identidades.
En este sentido, las prácticas culturales que crecieron alrededor de la champeta han sido
estigmatizadas por personajes políticos que, a través de su acceso privilegiado a los temas
públicos, han buscado eliminarlas. Esto ha generado discriminación política a los sectores
populares, que suelen ser los más afectados por los decretos con los que se busca censurar
bailes o eventos asociados a este género musical.

En efecto, en la ciudad se han expedido decretos y acuerdos distritales que, en su momento,


han buscado erradicar algunas prácticas culturales asociadas a la champeta. En el año 2001,
Carlos Díaz -alcalde del distrito- decidió prohibirla en las fiestas novembrinas, aunque fuese
relevante para un sector amplio de la población y estuviese presente en gran parte de los
eventos festivos de la conmemoración de la independencia. Díaz justificó su decisión
afirmando que esta música -según él, marginal incitaba a la violencia y despertaba la
sensualidad y el erotismo. Así, basándose en prejuicios en vez de datos verificables, asumió
una medida prohibitiva para solucionar problemáticas que requieren aproximaciones más
complejas. Pues, si bien es cierto que en muchos sectores populares hay violencia, estos
hechos no pueden vincularse de manera directa con los géneros musicales que se escuchen,
sino con fenómenos sociales que deben ser atendidos por la administración distrital y sus
distintas secretarías.

Por otra parte, en el año 2015, el Concejo Distrital aprobó una medida para eliminar los
bailes de champeta en los colegios públicos y privados. Esta iniciativa fue defendida por
el concejal Carlos Salim Guerra quien arguyó que: “Este contacto físico de tipo sexual a
temprana edad a través de bailes hace que se acelere el proceso de desarrollo sexual que es
natural” (como citó Cuartas, 17 de junio de 2015). La aprobación se realizó sin que se
señalara, que problemas como los embarazos a temprana edad se deben a la falta de
políticas públicas que fortalezcan la educación sexual en las instituciones educativas
distritales.

Pero, desde ámbitos como el político y el periodístico (así como desde sectores
importantes de las élites sociales y económicas de la ciudad) se ha construido una mirada
negativa sobre la música champeta y se ha cuestionado su divulgación, poniendo en
circulación discursos estigmatizadores en los que se le define como esencialmente
generadora de violencia y pobreza. Esto ha hecho que en la ciudad se piense que los
aficionados a este género deben ser reconocidos como marginales y violentos. En este
sentido, se puede decir que la estigmatización política y social de la champeta ha
contribuido a la discriminación de los sectores populares en Cartagena.

Por otro lado, la opinión pública también ha contribuido a relacionar la champeta con
la violencia y el desorden, llegando a justificar la marginalización, e incluso, la
posibilidad de exterminio de los grupos poblacionales que la escuchan o la bailan. Por
ejemplo, en el año 2013, el entonces director de tránsito publicó en la red social
twitter: “Si Hitler hubiese conocido a los champetúos no se hubiera metido con los
judíos” (Abello, 2015, p 422). Tal afirmación, además de legitimar la discriminación a
los sectores populares, aprueba genocidios como el perpetrado en la Segunda Guerra
Mundial. De hecho, de alguna manera, incita y justifica la violencia que pueda recaer
sobre las personas afines a la música champeta.
Otro evento fue la cancelación de la presentación de Mister Black (reconocido cantante de
champeta) en el Concurso Nacional de la Belleza, en el año 2014. Raimundo Angulo, director
del evento, justificó su decisión afirmando que: “Se iba a presentar entre los cantantes a Mr.
Black y él quería ‘El Serrucho’ y ‘Bandida’, y no las toleramos (esas canciones)” (Montaño,
14 de noviembre de 2014). Una justificación poco sólida que fue rechazada por seguidores de
la champeta, cantantes y managers.

Todo lo anterior señala la necesidad de generar espacios de reflexión sobre la cultura


champetúa en Cartagena. Pero, sobre todo, invita a evaluar si las mencionadas medidas han
atenuado las problemáticas que supuestamente buscaban resolver o si, por el contrario, han
contribuido a esconder las contradicciones de una ciudad pensada para el turismo, pero no para
los ciudadanos; donde las zonas habitadas por la mayoría de la población han sido
descuidadas. Una ciudad donde los problemas de marginalidad, violencia y pobreza, podrían
ser resueltos con voluntad política.

En definitiva, seguir estigmatizando la champeta no solucionará los problemas de Cartagena y


discriminar a los sectores populares mucho menos. Hay que ser conscientes de que se deben
adoptar políticas públicas para acabar con la delincuencia, el pandillismo, los embarazos
adolescentes y las riñas. En efecto, deben ser medidas objetivas que busquen la raíz de
problemas que no están asociados a una cultura que representa a la gran parte de los
cartageneros, sino a la ausencia del gobierno distrital en temas que son de vital importancia.

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