Documento 2:
Constitución de 1837
Artículo 2. Todos los españoles pueden imprimir y publicar libremente sus ideas sin
previa censura, con sujeción a las leyes. La calificación de los delitos de imprenta
corresponde exclusivamente a los jurados. […]
Artículo 5. Todos los españoles son admisibles a los empleos y cargos públicos,
según su mérito y capacidad.
Articulo 9. Ningún español puede ser procesado ni sentenciado sino por el juez o el
tribunal competente (...).
Artículo 10. No se impondrá jamas la pena de confiscación de bienes, y ningún
español será privado de su propiedad sino por causa justificada de utilidad común,
previa la correspondiente indemnización.
Artículo 11. La Nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la Religión
Católica que profesan los españoles.
Artículo 12.- La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.
Artículo 13.- Las Cortes se componen de dos cuerpos colegisladores, iguales en
facultades: el Senado y el Congreso de los Diputados. […]
Artículo 17. Para ser Senador se requiere ser español, mayor de 40 años y tener los
medios de subsistencia y las demás circunstancias que determine la ley electoral.
Artículo 23. Para ser Diputado se requiere ser español, del estado seglar, haber
cumplido 25 años y tener las demás circunstancias que determine la ley electoral.
Artículo 45.- La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey, y su autoridad
se extiende a todo cuanto conduce a la conservación del orden público en lo interior,
y a la seguridad del Estado en lo exterior […].
Artículo 46.- El Rey sanciona y promulga las leyes.
Artículo 50. La Reina legítima de las Españas es doña Isabel II de Borbón.
Renuncia de la Regente María Cristina.
Valencia 12 de octubre de 1840.
A las Cortes.—El actual estado de la nación y el delicado en que mí salud se encuentra me han
hecho decidir a renunciar la Regencia del reino, que durante la menor edad de mi excelsa Hija Doña
Isabel II me fue conferida por las Cortes constituyentes de la nación reunidas en 1836, a pesar de
que mis Consejeros, con la honradez y patriotismo que les distingue, me han rogado
encarecidamente continuara en ella, cuando menos hasta la reunión de las próximas Cortes, por
creerlo así conveniente al país y a la causa pública; pero no pudiendo acceder a algunas de las
exigencias de los pueblos, que mis Consejeros mismos creen deber ser consultadas para calmar los
ánimos y terminar la actual situación, me es absolutamente imposible continuar desempeñándola, y
creo obrar como exige el interés de la nación renunciando a ella. Espero que las Cortes nombraran
personas para tan alto y elevado encargo, que contribuyan a hacer tan feliz esta nación como merece
por sus virtudes. A la misma dejo encomendadas mis augustas Hijas, y los Ministros que deben,
conforme al espíritu de la Constitución, gobernar el reino hasta que se reúnan, me tienen dadas
sobradas pruebas de lealtad para no confiarles con el mayor gusto depósito tan sagrado. Para que
produzca, pues, los efectos correspondientes, firmo este documento autógrafo de la renuncia, que en
presencia de las autoridades y corporaciones de esta ciudad, entrego al Presidente de mi Consejo
para que lo presente a su tiempo a las Cortes. María Cristina.
CONSTITUCIÓN DE 1845
Doña Isabel II, por la gracia de Dios y de la Constitución de la Monarquía española, Reina de las
Españas
(…) hemos venido, en unión y de acuerdo con las Cortes actualmente reunidas, en decretar y
sancionar
la siguiente Constitución.
Art.2, 4, 5, 7, 9, 12, 13. Idénticos a la Constitución de 1837.
Art.11. La religión de la Nación española es la Católica, Apostólica, Romana. El Estado se obliga a
mantener el culto y sus ministros.
Art.14. El número de senadores es limitado; su nombramiento pertenece al Rey.
Art.15. Sólo podrán ser nombrados senadores los españoles que, además de tener treinta años
cumplidos pertenezcan a las clases siguientes: Presidentes de alguno de los Cuerpos Colegisladores
(…), Ministros de la Corona, Consejeros de Estado, Arzobispos, Obispos, Grandes de España,
Capitanes
Generales (…) Embajadores (…). Los comprendidos en las categorías anteriores deberán además de
disfrutar 30.000 reales de renta, procedentes de bienes propios o de sueldos (…), jubilación, retiro o
cesantía.
Art.45. Además de las prerrogativas que la Constitución señala al Rey, le corresponde (…) nombrar
y
separar libremente a los ministros.
Art.1º. La religión católica, apostólica, romana... se conservará siempre en los dominios de S.M
católica con todos los derechos y prerrogativas de que debe gozar según la ley de Dios y lo
dispuesto por los sagrados cánones.
Art2º. En consecuencia, la instrucción en las Universidades, Colegios, Seminarios y Escuelas
públicas o privadas de cualquiera clase, sería en todo conforme a la doctrina de la misma religión
católica...
Art.3º. Tampoco se pondrá impedimento alguno a dichos prelados ni a los demás sagrados ministros
en el ejercicio de sus funciones, ni los molestará nadie bajo ningún pretexto...; antes bien cuidarán
todas las autoridades del reino de guardarle y de que se les guarde el respeto y consideración
debidos..., principalmente cuando hayan de oponerse a la malignidad de los hombres que intentan
pervertir los ánimos de los fieles y corromper las costumbres, o cuando hubiere de impedirse la
publicación, introducción o circulación de libros malos y nocivos.
MANIFIESTO DE MANZANARES
Nosotros queremos la conservación del Trono, pero sin la camarilla que le deshonra; queremos la
práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la Electoral y la de Imprenta;
queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten
en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos
a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y
aumenten sus intereses propios, y como garantía de todo esto, queremos plantearnos la Milicia
Nacional. Tales son nuestros intentos [...] las Cortes generales que luego se reúnan, la misma
nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos.
Madrid 6 de julio de 1854
Documento 1:
Españoles: la ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia, con la Armada anclada en su
puerto y todo el departamento marítimo de la Carraca, declara solemnemente que niega obediencia
al Gobierno que reside en Madrid, asegura que es leal intérprete de los ciudadanos que, en el
dilatado ejercicio de la paciencia, no hayan perdido el sentimiento de la dignidad, y resulta a no
deponer las armas hasta que la nación recobre su soberanía, manifiesta su voluntad y se cumpla.
[...] Hollada la ley fundamental; convertida siempre antes en celada que en defensa del ciudadano;
corrompido el sufragio por la amenaza del soborno; dependiente la seguridad individual, no del
derecho propio, sino de la irresponsable voluntad de cualquiera de las autoridades; muerto el
municipio; pasto de la Administración y la Hacienda de la inmoralidad y del agio; tiranizada la
enseñanza; muda la prensa; y solo interrumpido el universal silencio por las frecuentes noticias de
las nuevas fortunas improvisadas, del nuevo negocio, de la nueva real orden dada encaminada a
defraudar al Tesoro Público; de títulos de Castilla vilmente prodigados; del alto precio, en fin, al
que logran su venta la deshonra y el vicio; tal es la España de hoy. Españoles, ¿Quién la aborrece
tanto que se atreva a exclamar: “así ha de ser siempre”?
No, no será. Ya basta de escándalos [...].
Queremos vivir la vida de la honra y de la libertad.
Queremos que un gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el
orden, en tanto que el sufragio universal echa los cimientos de nuestra regeneración social y
política.
¡Viva España con honra!
Documento 2:
Cádiz, 19 de Septiembre de 1868.
Documento 1:
“ESPAÑOLES: La Junta revolucionaria de Sevilla faltaría al primero de sus deberes si no empezara
por dirigir su voz a los habitantes todos de esta provincia y a la nación entera, manifestándoles los
principios que se propone sustentar y defender como base de la regeneración de este desgraciado
país, cuyo entusiasmo no ha podido entibiar tantos siglos de tiranía y cuya virilidad no han podido
debilitar tantos años de degradación.
1o) La consagración del sufragio universal y libre como base y fundamento de la legitimidad de
todos los poderes y única verdadera expresión de la voluntad nacional.
2o) La libertad absoluta de imprenta, sin depósito, fianza ni editores responsables, y sólo con
sujeción a las penas que marca el código para los delitos de injuria y calumnia.
3o) La consagración práctica e inmediata de todas las demás libertades, la de enseñanza, la de
cultos, la de tráfico e industria, etc., y la reforma prudente y liberal de las leyes arancelarias, hasta
que el estado del país permita establecer de lleno la libertad de comercio.
11o) Cortes constituyentes por sufragio universal directo, para que decreten una Constitución en
armonía con las necesidades de la época [...].
¡¡Viva la libertad!! ¡¡Abajo la dinastía!! ¡¡Viva la Soberanía Nacional!! Sevilla, 20 de septiembre de
1868.”