Desigualdad de riqueza en el capitalismo actual
Temas abordados
Desigualdad de riqueza en el capitalismo actual
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El Libro Le capital au XXIe siècle |1| es indispensable para aquellas y aquellos que quieren
saber más sobre el reparto desigual de la riqueza en el seno de “las sociedades”.
Leyendo esta enorme obra (950 páginas, a las que se agrega una gran cantidad de datos
estadísticos y tablas accesibles por Internet |2|), llegamos a una primera conclusión: el
movimiento Occupy Wall Street tenía mucha razón en poner en su punto de mira al 1 % más
rico.
En efecto, en Francia, en 2013, el 1 % más rico posee el 22 % del patrimonio total del país. |3| En el
Reino Unido, posee el 30 %, en Suecia el 20 % y en Estados Unidos, el 32 % |4| Si incluimos la parte de la
riqueza escondida en los paraísos fiscales o bajo otras formas, el porcentaje aumentaría al menos en 2 o
3 puntos. Para simplificar, el 1 % de la población mundial es, digamos, la clase capitalista y concentra
una parte impresionante del patrimonio. |5|
Si ampliamos el estudio al 10 % más rico, obtenemos los porcentajes siguientes: en Francia el 10 % más
rico posee el 60 % del patrimonio, en el Reino Unidos el 70 %, en Suecia el 60 % y en Estados Unidos el
70 %. Así que podemos considerar que este 9 % (agregado al 1 % más rico) representa el entorno o los
aliados, en un sentido amplio, de la clase capitalista.
Los movimientos populares deberían enarbolar reivindicaciones precisas sobre las medidas que se
deberían tomar con respecto al 1 % más rico y al 9 % que le sigue. La masa de bienes mobiliarios e
inmobiliarios que este 10 % posee revela hasta qué punto la riqueza esta mal distribuida y muestra cómo
un gobierno de izquierdas podría encontrar recursos en gran cantidad para llevar a cabo una política de
mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población, y, al mismo tiempo, realizar profundos
cambios estructurales de manera de iniciar la salida del capitalismo productivista y lanzar la transición
ecológica.
Thomas Piketty resume en una tabla muy interesante el porcentaje de riqueza que posee el 10 % más
rico, el 40 % que le sigue y el 50 % más pobre para Estados Unidos y Europa.
Tabla 1. La desigualdad en la propiedad del capital |6|
La parte del total del patrimonio en 2010 que poseen los diferentes grupos de Europa y de Estados
Unidos:
Muchos economistas repiten sin cesar que no sirve para nada gravar a los más ricos ya que, siendo tan
pocos, el rendimiento no será realmente importante. Pero lo que Thomas Piketty demuestra es que ese 1
% ha concentrado a lo largo del tiempo una tal cantidad de bienes inmobiliarios y mobiliarios que una
política cuyo objetivo sea ese 1 % más rico, o ampliada al 2,5 % o incluso al 10 % más rico, puede darnos
un gran margen de maniobra para acabar con el neoliberalismo. |12|
Hay quienes afirman que ese patrimonio es inaccesible ya que fácilmente puede traspasar fronteras,
pero es necesario responderles que existen potentes herramientas para evitarlo, como el embargo de
bienes, la congelación de activos financieros, elevadas multas y el control de los movimientos de
capitales.
Thomas Piketty ideó un gráfico que muestra la evolución de la parte del decil y del centil más rico entre
1810 y 2010. Éste agrupa los principales países europeos en la categoría Europa y presenta a Estados
Unidos aparte.
En Europa, la parte acaparada por el decil superior equivalía a más del 80 % del patrimonio en 1810 y
aumentó en el transcurso del siglo xix y comienzos del xx hasta alcanzar el 90 % en 1910. Pero
comienza a bajar debido a la guerra de 1914-1918 y a las concesiones que la burguesía tuvo que hacer
frente a las luchas populares tras la primera guerra mundial. |21| El descenso prosigue después de la
segunda guerra mundial por las mismas razones, y la parte correspondiente al 10 % más rico alcanza su
mínimo en 1975 (un poco menos del 60 %). A partir de ese momento comienza a remontar hasta
alcanzar el 65 % en 2010. La parte del 1 % más rico describe, más o menos, la misma curva pasando de
un poco más del 50 % en 1810 a un poco más del 60 % en 1910, El descenso comienza en 1910 y
alcanza los valores más bajos entre 1970 y 1975 (20 %) y luego comienza a aumentar de nuevo. La
evolución en Estados Unidos sigue la misma cronología pero es importante remarcar que en el siglo xix
la parte del decil y del centil más rico era inferior que el de sus homólogos europeos y la situación se
modifica a partir de los años 1960, y la parte del pastel es superior a la de sus pares de Europa.
Está claro que las dos guerras mundiales produjeron un profundo descontento popular en contra de la
clase capitalista, y por lo tanto ambas guerras fueron seguidas de luchas sociales muy importantes, que
en varios países se transformaron en crisis revolucionarias; también la crisis de 1929 produjo una
radicalización e importantes luchas sociales (especialmente en Estados Unidos). Esas situaciones
llevaron a los gobernantes a actuar para satisfacer en algo las reivindicaciones populares. Veremos más
adelante lo que hicieron los gobiernos de los principales países después de la primera y de la segunda
guerra mundial en materia de impuestos que afectó, más o menos fuertemente, la parte del patrimonio y
de las rentas apropiada por el 1 % más rico. Asimismo, a partir de la ofensiva lanzada por la clase
capitalista contra las clases populares a lo largo de la década 1970-1980, |23| se constata un cambio
radical de política de parte de los gobiernos, especialmente, en materia de impuestos.
Para medir la evolución del patrimonio, |24| Thomas Piketty lo compara con la renta nacional: |25| «A
comienzos de los años 1870, el valor total de los patrimonios privados —libres de deudas— comprendía
entre dos y tres años y medio de la renta nacional de todos los países ricos en todos los continentes.
Cuarenta años más tarde, a comienzos de los años 2010, los patrimonios privados representan entre
cuatro y siete años de la renta nacional, |26| y también en todos los países estudiados. La evolución
general no ofrece ninguna duda: más allá de las burbujas, se asiste a un gran retorno del capital privado
en los países ricos desde los años 1970, o más bien a la emergencia de un nuevo capitalismo
patrimonial.» |27|
Se comprueba también que el patrimonio público ha disminuido fuertemente desde hace 40 años,
después de haber aumentado en varios países, especialmente, después de la segunda guerra mundial.
En Francia, el gobierno había nacionalizado en 1945 el Banco de Francia y los cuatro grandes bancos de
depósitos: Crédit Lyonnais, Société Générale, Banque National de Comerse et de l’ Industrie y Comptoir
National d’ Escompte de París. Louis Renault, dueño de la empresa de automóviles Renault, fue detenido
en septiembre de 1944 por su colaboración con la ocupación nazi y la empresa fue nacionalizada en
enero de 1945. |28| El gobierno británico nacionalizó en 1946 el Banco de Inglaterra. Según Piketty, en
Francia en los sectores industriales y financieros: «la parte del Estado en el patrimonio nacional
sobrepasó el 50 % entre los años 1950 y 1970». |29|
Como sostiene Piketty, comprobamos: «…por un lado, un movimiento de privatización y de transferencia
gradual de la riqueza pública hacia la riqueza privada desde los años 1970-1980, y por otro lado, un
fenómeno de reajuste a largo plazo de los precios de los activos inmobiliarios y bursátiles, que también
se aceleró en los años 1980-1990, en un contexto político globalmente muy favorable a los patrimonios
privados en comparación a las décadas inmediatamente posteriores a la segunda guerra mundial.» |30|
Este segundo fenómeno tiene que ver, por supuesto, con la financiarización de la economía.
La evolución de los salarios bajos y de los salarios altos desde los años 1960
En este artículo no podemos hacer un resumen de la evolución de la desigualdad de los ingresos a lo
largo de los dos últimos siglos. Por consiguiente, nos limitaremos a señalar la evolución a partir de 1968
en Francia. La huelga general de mayo de 1968 y los acuerdos de Grenelle que le siguieron tuvieron
como consecuencia un fuerte aumento del salario mínimo durante 15 años: «Es así como el poder
adquisitivo del salario mínimo progresa en más de un 130% entre 1968 y 1983, mientras que en el
mismo tiempo el salario medio solo progresa cerca de un 50 %, por lo que hubo una fuerte reducción de
las desigualdades salariales. La ruptura con el periodo precedente es amplia y masiva: el poder
adquisitivo del salario mínimo había progresado apenas un 25 % entre 1950 y 1968.» |31|
La inflexión inversa tuvo lugar entre 1982 y 1983, cuando el gobierno de François Mitterrand emprendió
un giro hacia la derecha.
Los salarios más altos, los del 1 % aumentan un 30 % entre fines de los noventa y el año 2010, los del
0,1 % aumentan un 50 %, en un contexto de congelación de salarios. |32|
Si pasamos al otro lado del Atlántico, se verá que el salario mínimo legal fue introducido en 1933 al
comienzo de la presidencia de F. Roosevelt, 20 años antes que en Francia. El máximo se alcanzó en
1969, con Lyndon Johnson como presidente, donde se alcanzó el equivalente de 10 dólares (de 2013) la
hora. Después comenzó a reducirse y, en 2013, bajo Barack Obama, alcanza apenas 7,25 dólares la
hora. |33| Y siguiendo en Estados Unidos vemos que, considerando el conjunto de la renta (salarios,
alquileres, beneficios, dividendos…), se comprueba cómo desde 1877 hasta 2007, el 10 % más rico se
apropió del 75 % del aumento del ingreso nacional y el 1 % absorbió el 60 %. Para el 90 % restante el
crecimiento fue del 0,5 % por año |34|.
Si se toma en cuenta el reparto de la renta nacional en varios países clave, se constata que en todos,
durante las últimas décadas, el 1 % y el 0,1 % más rico aumentaron su porcentaje de la riqueza.
La parte de la renta nacional del 1 % más rico en 2010 era la siguiente: en Estados Unidos cerca del 20
%, en Canadá y el Reino Unido el 14 %-15 %, en Alemania el 11 %, en Australia el 9 %-10 %, en Japón,
Francia, España e Italia el 9 %, en Suecia y Dinamarca el 7 % |35|.
La parte del 0,1 % más rico en la renta nacional en los años 1970 era: en Estados Unidos el 2 %, en
Francia y Japón el 1,5 %. Sin embargo en 2010 en Estados Unidos llegó al 10 % (el 12 % si se tienen en
cuenta las plusvalías por acciones), y al 2,5 %.en Francia y Japón |36|.
Consideremos algunos de los llamados países emergentes, para los que Piketty consiguió datos fiables |
37|. Veamos la parte que posee el 1 % más rico de la renta nacional: en China, el 4 % -5 % en 1980, el
10-11 % en 2010; en la India, el 4 % en 1980, el 12 % en 2010; en Argentina, el 10 % en 1970, el 18 %
en 2010; en Colombia, el 18 % en 2000, el 20 % en 2010.
El interés que tienen estos datos, además de que nos muestran un aspecto fundamental en la
descripción de la desigualdad, es que con ellos se puede demostrar que la evolución de los ingresos está
totalmente ligada a las luchas sociales y a las políticas de los gobiernos en ejercicio. Es una razón más
para decir que la acción colectiva es un elemento clave que permite conquistar mejoras salariales,
principalmente de los más modestos, y una reducción de la desigualdad. La acción es determinante para
conseguir decisiones gubernamentales y concesiones patronales.
La evolución de los tipos de gravamen está también ligada a las luchas sociales
En Francia, en 1914 el tipo más elevado para el impuesto sobre los ingresos más altos era sólo del 2 %.
Sin embargo, en 1920 pasó a ser del 50 %, en 1924 subió al 60 % y en 1925 alcanzó el 75 %. En 1920, la
decisión de un aumento inmediato y muy alto la tomó una Asamblea Nacional con una composición
mayoritariamente de derechas que tuvo miedo a una huelga general y a la radicalización que habrían
podido suceder si se rechazaban algunas concesiones. En Alemania, se pasa del 3 % (entre 1891 y 1914)
al 40 % en 1919-1920 en plena crisis revolucionaria. En Estados Unidos, se pasa del 8 % antes de la
guerra del 14-18 al 77 % después de la guerra |38|.
Se observa la misma evolución con respecto al tipo de impuesto sobre sucesiones. El legislador impone
tipos muy elevados sólo bajo la presión popular. Y eso comienza justamente después de la guerra de
1914-1918 y progresa debido a la crisis de los años 1930. Mientras que el tipo más elevado no llegaba al
6,5 % en Francia antes de la guerra (en la práctica se reducía al 1 %), pasa al 30 %. En Alemania se pasa
del 0 % antes de la contienda al 35 % después de aquella. En Estados Unidos se alcanza el 70 % para las
sucesiones en los años 1937-1939 |39|. Hay que señalar que el tipo de gravamen sobre las sucesiones es
importante y considerado vital para el 10 % más rico ya que el porcentaje de las grandes fortunas
heredadas es de entre el 60 % al 70 % |40|.
Pero volvamos sobre el tipo superior de impuesto sobre la renta. En vísperas de la crisis de octubre de
1929, el presidente Hoover redujo el tipo superior al 25 %. En 1933, Roosevelt lo aumentó al 63 % ya en
el primer año de su presidencia, luego al 79 % en 1937 (sobrepasando el 70 % aplicado a partir de
1919), luego al 88% en 1942 y finalmente llegó al 94 % en 1944. Este tipo superior se mantuvo en el 90
% hasta mediados de los años 1960. Apuntemos que el candidato demócrata G. Mc Govern, en 1972,
propuso durante su campaña electoral llevar al 100 % el tipo superior del impuesto sobre la renta |41|.
Nixon ganó aquellas elecciones. El tipo pasó progresivamente al 70 % a comienzos de los años 1980.
Ronald Reagan lo bajó al 60 %. A fines de los años 1980 se reduce al 40 %, y luego con George W. Bush
llega al 35 %. O sea, que en el periodo 1932-1980, el tipo superior medio fue del 81 % (al que se debía
agregar del 5 al 10 % que se debía pagar a escala estadual).
Francia y Alemania aplicaron, desde los años 1940 hasta 1980, tipos superiores al 50 y 70 %. En el Reino
Unidos se alcanzó el 98 % durante los años 1940 y luego durante los años 1970 |42|.
Finalmente hay que subrayar que el tipo superior se aplica en la práctica a las rentas percibidas por el 1
% más rico de la población.
La reducción radical de los tipos superiores, en particular en Estados Unidos y en el Reino Unido, desde
los años 1980 permitió un fuerte aumento de los salarios de los altos ejecutivos de las empresas y de la
parte que posee el 1 % más rico del ingreso nacional y del patrimonio |43|.
La conclusión de Piketty después de hacer una revisión sobre la evolución de los impuestos sobre las
rentas más altas es que debe haber un tipo superior muy alto, de más del 80 % (¡el 82 % exactamente!)
aplicado a los ingresos por encima de 500.000 dólares o 1 millón de dólares |44|, y del 50 al 60 % para
aquellos por encima de 200.000 dólares |45|.
Piketty reconoce que en el contexto actual no será fácil conseguir estos niveles de impuestos. En Estados
Unidos, el Congreso es ampliamente favorable al 1 % más rico. Y es lógico; de acuerdo a un cálculo serio,
el patrimonio medio de los miembros del Congreso de Estados Unidos se elevaba a 15 millones de
dólares en 2012 |46|.
En los resultados de las investigaciones de Piketty se muestra claramente que es necesario combinar dos
acciones decisivas |47|: Primero, una vasta campaña de información y de formación para divulgar al
máximos las enseñanzas de la historia del siglo veinte sobre las políticas fiscales que estuvieron
directamente influenciadas por la presión de las movilizaciones populares; Y segundo, pasar a la
movilización en el marco de una plataforma que reúna una serie de objetivos prioritarios.
Entre fines del siglo xviii y comienzos del xix, Francia y el Reino Unido adoptaron políticas totalmente
diferentes en cuestión de deuda pública. Mientras que en los años 1760-1770 la deuda pública alcanzaba
cerca del 100 % de la renta nacional en los dos países, cuarenta o cincuenta años después, la situación
había cambiado completamente: la deuda pública francesa se elevaba a sólo un 20 % de la renta
nacional en 1815, mientras que la británica había explotado y representaba el 200 % de la renta
nacional.
¿Cómo se había llegado a esa situación? En Francia, el peso del reembolso de la deuda pública y el
rechazo del pueblo a ser el único pagador tuvieron un papel central en la explosión revolucionaria de
1789, Las medidas en curso durante la Revolución redujeron radicalmente el peso de la deuda pública.
Piketty resume de la siguiente manera la concatenación de los hechos: «La incapacidad de la monarquía
francesa para modernizar sus impuestos y poner fin a los privilegios fiscales de la nobleza es bien
conocida, así como la solución revolucionaria final con la convocatoria en 1789 de los Estados Generales,
que desembocó en la instauración de un nuevo régimen fiscal desde 1790-1791 — especialmente,
mediante un impuesto a la propiedad que obligaba a contribuir a todos los propietarios de tierras y a los
derechos de sucesión que afectaban al conjunto de patrimonios— y en la “quiebra de los dos tercios” en
1797 (que en realidad es un default aún más masivo si se tiene en cuenta el episodio de los asignados |
49| y de la inflación que se produce), lo que permite saldar las cuentas del Antiguo Régimen. Es así como
la deuda pública francesa se encuentra reducida de golpe a niveles extremadamente bajos a comienzos
del siglo diecinueve (menos del 20 % de la renta nacional en 1815).» |50|
La trayectoria británica es totalmente diferente. Con el fin de afrontar la guerra ante la declaración de
independencia de las 13 colonias británicas en América del Norte, y «sobre todo las múltiples guerras
con Francia durante el periodo revolucionario y napoleónico, la monarquía británica optó por endeudarse
sin límites. La deuda pública pasó así de cerca del 100 % de la renta nacional a comienzos de los años
1770 a cerca del 200 % en 1810, o sea diez veces más que en Francia, en la misma época.» |51|
Piketty explica que el Reino Unido necesitó un siglo de rigor presupuestario con continuos superávit, para
reducir progresivamente su endeudamiento a menos del 30 % de la renta nacional a comienzos de la
década de 1910.
¿Qué lecciones podemos sacar de la experiencia británica? En principio, no hay ninguna duda, según
Piketty, que la importante deuda pública reforzó el peso de los patrimonios privados en la sociedad
británica. Los ricos locales prestaron al Estado sin hacerse rogar.
Thomas Piketty prosigue: «… este endeudamiento público tan fuerte, globalmente, sirvió bastante bien
al interés de los prestamistas y de sus descendientes, al menos en comparación con una situación en
que la monarquía británica habría financiado sus gastos haciéndoles pagar impuestos. Desde el punto de
vista de los que tienen los medios, es evidentemente mucho más interesante prestar una determinada
suma al Estado (y luego recibir los intereses durante décadas) que pagar los impuestos (sin
contrapartidas).» |52| Y agrega que el recurso masivo del Estado al endeudamiento público permitió a los
banqueros aumentar el tipo de interés, lo que benefició muchísimo a los ricos prestamistas: empresarios,
rentistas, banqueros…
Según Piketty, la diferencia esencial con el siglo xx (véase más adelante) es que la deuda se
reembolsaba a precio de oro durante el siglo xix: «…la inflación fue prácticamente nula desde 1815
hasta 1914, y el tipo de interés correspondiente a los títulos de renta del Estado era considerable
(generalmente entre el 4 % y el 5 %) y en particular netamente superior a la tasa de crecimiento. En
esas condiciones, la deuda pública puede ser un buen negocio para los que poseen patrimonio y para sus
herederos.» |53|
Piketty nos propone que imaginemos que: «…la deuda pública… acumulada sea igual al 100 % del PIB.
Supongamos que el gobierno no busca pagar el principal sino que se contenta con satisfacer los
intereses de cada año… Si el tipo de interés es del 5 %, necesitará cada año pagar el 5 % del PIB a los
poseedores de esta deuda pública suplementaria, y así indefinidamente. Es lo que aproximadamente le
pasó al Reino Unido en el siglo xix.» |54| Si ahora nos desplazamos en el tiempo y en el espacio y
llegamos a Grecia en estos momentos: la deuda pública sobrepasa el 160 % y supongamos que el Estado
reembolsa la deuda a la Troika y a otros acreedores con un tipo de interés medio del 5 %. |55| Y si
también consideramos que el crecimiento es nulo |56| y la tasa de inflación también es nula, Grecia
necesitará pagar a sus acreedores hasta las calendas griegas el equivalente al 8 % de su PIB sin reducir
el stock de la deuda ya que paga solamente los intereses. |57|
Volvamos al siglo xix: el stock de la deuda pública francesa, muy limitado en 1815, aumenta
rápidamente en las décadas posteriores y en particular durante las monarquías censatarias (1815-1848).
Después de la derrota de Waterloo en 1815, el Estado francés se endeuda fuertemente para financiar las
indemnizaciones que debía pagar a los ejércitos de ocupación, y nuevamente en 1825, para financiar los
famosos «mil millones de los emigrados» |58| pagados a los aristócratas exiliados durante la revolución
(para retribuirles por las consecuencias de la Revolución, como la confiscación de una parte de sus
tierras). En total, la deuda pública aumenta el equivalente a más del 30 % de la renta nacional. Bajo el
Segundo Imperio, las deudas se pagaron hasta el último céntimo.
Piketty nos recuerda el opúsculo La lucha de clases en Francia (La Lutte des classes en France)
redactado por Karl Marx en 1849-1850, en el que denuncia al nuevo ministro de finances de Luís-
Napoleón Bonaparte, Achille Fould, digno representante de los banqueros y de las altas finanzas, que
decidió aumentar los impuestos sobre las bebidas con el fin de poder pagar a los rentistas. Veinte años
más tarde, debido a la derrota frente a Prusia en la guerra de 1870-1871, el Estado francés aumentaba
aún más la deuda pública para pagar un tributo de guerra equivalente a cerca del 30 % de su renta
nacional. Finalmente, la política favorable a los acreedores en materia de endeudamiento, que proseguía
durante el periodo 1880-1914 llevó la deuda pública a un nivel más elevado en Francia que en el Reino
Unido: entre el 70 % y 80 % de la renta nacional contra menos del 50 % en la época anterior.
Piketty agrega: «La renta de un título del Estado era una inversión muy segura durante todo el siglo xix y
contribuyó a reforzar la importancia y la prosperidad de los patrimonios privados, de la misma manera
que en el Reino Unido.» Su conclusión es que la política de endeudamiento público llevada a cabo en el
siglo xix en Francia y en el Reino Unido «permite comprender por qué los socialistas del siglo xix,
comenzando por Karl Marx, tenían una gran desconfianza respecto de la deuda pública, ya que la
percibían —con una cierta clarividencia— como un instrumento al servicio de la acumulación del capital
privado.» |59| Y prosigue con toda razón al afirmar: «…una gran parte de la deuda pública (…) la posee,
en la práctica, una minoría de la población a pesar de que la deuda conlleva también una redistribución
importante en el interior del país (…). Considerando la fortísima concentración que siempre caracterizó la
distribución de los patrimonios, (…, estudiar estas cuestiones ignorando las desigualdades entre los
grupos sociales es lo mismo que silenciar una buena parte de lo que se estudia y de las realidades que
están en juego.» |60|
Piketty explica que en Francia se asistió a un cambio importante en el transcurso del siglo xx en materia
de gestión de la deuda pública. Los poderes públicos aprovecharon la inflación y la utilizaron para reducir
el valor real de la deuda:«La consecuencia para el Estado es que a pesar de una fuerte deuda pública
inicial (cerca del 80 % de la renta nacional en 1913) y de los elevados déficit durante el periodo 1913-
1950, en particular durante los años de la guerra, la deuda pública francesa se encontraba en 1950 a un
nivel relativamente bajo (cerca del 30 % del ingreso nacional), al igual que en 1815. Los enormes déficit
de la Liberación fueron prácticamente anulados de inmediato por una inflación superior al 50 % anual
durante cuatro años consecutivos, de 1945 a 1948, con una atmósfera política de alta tensión. De alguna
manera fue el equivalente a la bancarrota de los dos tercios de 1797: se saldan las cuentas del pasado
con el fin de poder reconstruir el país con una baja deuda pública.»
Sobre la base de esta experiencia, se desarrolló en la segunda mitad del siglo xx una visión bien
diferente de la de Marx y los socialistas del siglo xix, fundada en la convicción de que el endeudamiento
público podía ser un instrumento al servicio de una política de gastos públicos y de redistribución social a
favor de los más modestos.
«La diferencia entre estas dos visiones es bastante sencilla: en el siglo xix, la deuda se pagaba a precio
de oro, lo que beneficiaba a los prestamistas y favorecía el refuerzo de los patrimonios privados; en el
siglo xx, la deuda fue ahogada por la inflación pagándose con una moneda devaluada y, de hecho,
permitió financiar los déficit por los que habían prestado su patrimonio al Estado, sin tener que aumentar
los impuestos en la misma proporción. Esta visión “progresista” de la deuda pública continúa
impregnado considerablemente los espíritus en este comienzo del siglo xxi, aunque la inflación desde
hace tiempo se redujo a niveles cercanos a los del siglo xix y sus efectos distributivos son relativamente
oscuros.» |61| Thomas Piketty tiene toda la razón al insistir sobre los peligros de una visión
unilateralmente positiva de la deuda pública.
Para reducir la deuda pública, Thomas Piketty pensó en dos soluciones que posteriormente rechazó y nos
propone una tercera. La primera solución era la de privatizar los activos públicos con el objetivo de
reembolsar la deuda. La segunda solución consistía en anular la deuda. La tercera que propugna es la
recaudación de un impuesto excepcional progresivo «de forma que los patrimonios más modestos no lo
tendrían que pagar, y en cambio pedir más a los patrimonios más elevados». |64|
No nos extenderemos aquí sobre la primera solución ya que es evidente que es algo a combatir.
Sabemos que fue puesta en práctica por los gobiernos actuales que prolongan la ola de privatizaciones
comenzada en los años 1980-1990.
Con respecto a la segunda solución, la anulación de la deuda que Piketty rechaza, es porque,
evidentemente, plantea mal el problema, ya que no piensa en los diferentes escenarios de anulación de
la deuda. Sólo menciona explícitamente la fórmula aplicada a la deuda griega en marzo 2012 mediante
una operación llamada de haircut, mientras existen otras propuestas.
Y tiene razón en rechazar el tipo de anulación parcial de la deuda concebida por la Troika (Comisión
Europea, BCE y FMI) para Grecia. Esta anulación estuvo condicionada por medidas que constituyen
violaciones de los derechos económicos, sociales, políticos y civiles del pueblo griego, y que hundieron
todavía un poco más a Grecia en una espiral descendente. Se trataba de una operación que tenía por
objetivo permitir que los bancos extranjeros (principalmente franceses y alemanes) se liberaran del
problema con pérdidas limitadas, que los bancos griegos se recapitalizaran a costa del Tesoro Público y
que la Troika reforzara en forma duradera su influencia en Grecia. La deuda pública griega representaba
el 130 % del PIB en 2009, y después de la anulación parcial llegó al 157 % en 2012, pero en 2013
alcanzó un nuevo máximo: ¡el 175 % del PIB! La tasa de desempleo que era del 12,6 % en 2010 se elevó
hasta el 27 % en 2013 (y al 50 % entre los menores de 25 años). Por lo tanto, Piketty tiene razón cuando
rechaza ese tipo de haircut que sólo tiene por objetivo mantener con vida a la víctima para poder
desangrarla mejor.
Por el contrario, se equivoca cuando no considera seriamente una anulación o suspensión del pago de la
deuda decidida por el país deudor, con sus condiciones y bajo control de su ciudadanía. Es lo que
hicieron en contextos diferentes Ecuador, en 2008-2009, e Islandia a partir de 2008. Ecuador, basándose
en una auditoría organizada por las autoridades del país y realizada con una participación ciudadana
activa entre 2007 y 2008, suspendió unilateralmente el pago de una parte de su deuda, la que estaba en
forma de títulos que tenían fecha de vencimiento en 2012 y 2030, cuyos principales tenedores eran
bancos extranjeros. |65| El resultado fue positivo: Ecuador pudo recomprar el 91 % de los títulos
mencionados a un 35 % de su valor. Y como consecuencia, habiéndose ahorrado ese dinero que
correspondía al pago de la deuda, pudo aumentar en forma notable los gastos sociales, especialmente
en los ámbitos de la educación y de la sanidad pública. (En el anexo 2 se ofrece una presentación más
completa de la experiencia ecuatoriana). Sin embargo, en el caso de Ecuador, no debemos tomar como
modelo la experiencia que se está desarrollando, y es indispensable conservar una mirada crítica sobre
ella. No obstante, la experiencia ecuatoriana en auditoría y suspensión unilateral del reembolso de la
deuda demuestra que es perfectamente posible para un país plantear un acto unilateral fundamentado
con argumentos sólidos y, en consecuencia, tener la posibilidad de mejorar los gastos públicos en
ámbitos como educación y sanidad.
Por su parte, Islandia rechazó en forma unilateral, a partir de 2008, asumir las deudas de los bancos
privados que habían quebrado por su exposición en el exterior. Esto se hizo en un clima de fuertes
movilizaciones ciudadanas que presionaron al gobierno islandés para que no cediera ante las exigencias
de los acreedores extranjeros, en particular del Reino Unido y de los Países Bajos.
Y, ¿qué pasó luego en Islandia? Debido al desplome del sistema bancario en 2008, Islandia se negó a
indemnizar a los ciudadanos de los Países Bajos y del Reino Unido que habían colocado fondos en las
filiales de bancos islandeses, que acababan de quebrar, por un total de 3.900 millones de euros. Fueron
las mismas autoridades británicas y holandesas las que indemnizaron a sus ciudadanos y exigieron el
reembolso de esas indemnizaciones a Islandia. Bajo la presión popular (manifestaciones, ocupaciones de
plazas, referéndum), las autoridades de Reykiavik rechazaron esa demanda. Y eso tuvo como
consecuencia la inscripción de Islandia en la lista de organizaciones terroristas, la congelación de los
haberes islandeses en el Reino Unido y la presentación de una denuncia de Londres y La Haya contra
Reykiavik ante el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELE). |66| Por otro lado, Islandia
bloqueó totalmente la salida de capitales del país. Finalmente, ha salido del conflicto mucho mejor que
otros países europeos que aceptaron las exigencias de los acreedores… Por supuesto, hay que evitar
hacer de Islandia un modelo pero podemos sacar enseñanzas de su experiencia.
Los casos de Ecuador y de Islandia constituyen dos ejemplos recientes que deben estudiarse seriamente
ya que demuestran que al lado del haircut a la griega, existen otras soluciones para la anulación de una
deuda. |67| Estos dos ejemplos muestran que desobedecer a los acreedores no es una catástrofe y de
ninguna manera acarrea el desmoronamiento del país.
Pero volvamos a la posición defendida por Thomas Piketty. Éste está convencido de que una anulación
no afectará significativamente a los acreedores más ricos ya que lograrán «reestructurar a tiempo su
cartera» y por lo tanto «nada garantiza que aquellos que efectivamente contribuirán serán los que deban
hacerlo».[P. 888.]] Esta afirmación todavía no ha sido demostrada. Piketty no nos ofrece ninguna prueba
basada en ejemplos concretos o en datos estadísticos. Sin embargo, la historia muestra que cuando un
país da a entender que podría suspender el pago de su deuda o cuando suspende efectivamente ese
pago, el precio de los títulos de la deuda se desploma y es muy difícil para los grandes tenedores de
títulos librarse de ellos a buen precio. |68| Eso es lo que pasó en Ecuador entre 2007 y 2009, y todos los
que siguen de cerca lo que pasa en los mercados de deuda saben que es prácticamente imposible
deshacerse de un gran paquete de títulos sin afrontar pérdidas importantes en caso de suspensión o
anulación unilateral de las deudas. Por otra parte, se puede imaginar muy bien que un país decrete la
anulación o una suspensión unilateral del pago y tome medidas para indemnizar a los pequeños
inversores y proteger el ahorro de los más modestos. Es posible obligar a contribuir a los que deben
hacerlo y proteger a los que lo merecen.
Tratemos ahora la propuesta que hace Piketty para reducir el peso de la deuda. Después de haber
pensado sobre la posibilidad de «un impuesto proporcional del 15 % sobre todos los patrimonios
privados» |69|, rechaza esa propuesta porque «no tendría mucho sentido aplicar un impuesto
proporcional |70| sobre todos los patrimonios privados europeos» |71|. Piketty sostiene que «vale más
aplicar un baremo progresivo, de manera que los patrimonios más modestos no paguen y que los
patrimonio más ricos paguen más» |72|.
Thomas Piketty se pronuncia por una reducción parcial de la deuda del orden del 20 % del PIB. Para
alcanzar ese objetivo, propone un impuesto excepcional progresivo: «0 % hasta 1 millón de euros, 10 %
entre 1 y 5 millones de euros, y 20 % para los mayores de 5 millones de euros» |73|, aunque indica que
podrían aplicarse otros baremos.
Debemos lamentar que Piketty no aborde en esta obra la cuestión de la legitimidad de la deuda pública.
No podemos dejar de asombrarnos por este hecho, ya que, a lo largo de su libro, demuestra
perfectamente que la política fiscal regresiva favorece la acumulación de la deuda pública. Además,
como declara varias veces en su obra, los pagadores de la deuda son mayoritariamente los de abajo, de
acuerdo a su participación en los impuestos, mientras que los de arriba prestan al Estado por ser una
inversión segura. Tampoco propone que la ciudadanía de manera organizada audite la deuda aunque
debe saber que desde 2011, en Francia (y en otros países de Europa), se están desarrollando iniciativas
de auditoría ciudadana con un cierto dinamismo |74|.
El procedimiento para identificar la parte ilegítima de la deuda pública que se ha de repudiar o anular se
basará en un proceso amplio de auditoría ciudadana de la deuda, que ha de conducir a movilizaciones y
desembocar en una decisión de repudio de la deuda por parte de las autoridades públicas. El CADTM
avanza sus propuestas participando activamente en diferentes procesos de auditoría ciudadana de la
deuda. Será gracias a un debate democrático relacionado con el proceso de la auditoría como se podrá
ajustar unas propuestas mayoritarias y será gracias a las movilizaciones que se podrá lograr que sean
aplicadas por las autoridades competentes.
Asimismo, es necesario adoptar un marco legar a fin de evitar la repetición de crisis del tipo de la
iniciada en los años 2007-2008: prohibición de socializar una deuda privada, obligación de organizar una
auditoría permanente de la política de endeudamiento público con participación ciudadana,
imprescriptibilidad de los delitos relativos al endeudamiento ilegítimo, nulidad de las deudas ilegítimas |
76|, adopción de una regla de oro consistente en que el gasto público que permite garantizar los
derechos fundamentales no se puede recortar y tiene prioridad sobre el gasto relacionado con el servicio
de la deuda.
Un Estado debe poder endeudarse con fin de mejorar las condiciones de vida de la población, por
ejemplo, mediante la realización de obras de utilidad pública o la inversión en energías renovables.
Algunas de estas obras pueden ser financiadas por el presupuesto corriente, gracias a una opción
política atinada, pero el empréstito público puede hacer posible otras obras, de mayor envergadura,
como, por ejemplo, pasar del «todo automóvil» a un desarrollo masivo del transporte colectivo; cerrar
definitivamente las centrales nucleares y sustituirlas por fuentes de energía renovable; construir o
recuperar las vías férreas de proximidad en todo el territorio urbano y semiurbano; incluso renovar,
rehabilitar o construir inmuebles públicos y de alojamiento social, reduciendo su consumo de energía y
sumándoles servicios de calidad.
El CADTM considera que es conveniente definir una política transparente de deuda pública. Su propuesta
es la siguiente:
1. El destino del empréstito público debe garantizar una mejora de las condiciones de vida, rompiendo
con la lógica de destrucción ambiental.
2. El recurso al empréstito público debe contribuir a una voluntad redistributiva a fin de reducir las
desigualdades.
De acuerdo a esta propuesta, el CADTM propone que las instituciones financieras, las grandes empresas
privadas y los hogares ricos sean obligados por vía legal a comprar, por una suma proporcional a su
patrimonio y a sus ingresos, obligaciones de Estado sin interés y no indexadas con la inflación; el resto
de la población podrá comprar voluntariamente obligaciones públicas que garanticen un rendimiento real
positivo (por ejemplo, el 3 %) superior a la inflación. Así, si la inflación anual se eleva al 3 %, la tasa de
interés pagada por el Estado por el año correspondiente será del 6 %.
Una medida de discriminación positiva como ésta (comparable a las adoptadas para luchar contra la
opresión racial en Estados Unidos, las castas en la India o las desigualdades hombre-mujer) permitirá
avanzar hacia una mayor justicia fiscal y hacia una distribución menos desigual de la riqueza.
El CADTM considera asimismo que los Bancos Centrales nacionales y el BCE (en el caso de los países de
la eurozona) deben financiar el presupuesto del Estado con un tipo de interés tendente a cero.
A propósito de la proposición central de Thomas Piketty: un impuesto mundial progresivo sobre el capital
Piketty se inclina por «una actualización adecuada del programa socialdemócrata y fiscal del siglo
pasado». Según él, hay que defender y mejorar tanto el Estado social como el impuesto progresivo sobre
la renta. También se debe innovar «instaurando un impuesto mundial y progresivo sobre el capital,
acompañado de una transparencia financiera muy grande». Esta «medida permitiría evitar una espiral de
desigualdad sin fin y regular eficazmente la inquietante dinámica de la concentración mundial de los
patrimonios.» |77|
Piketty no se hace ilusiones sobre una rápida aplicación de su propuesta: «El impuesto mundial sobre el
capital es una utopía: uno no se imagina, a corto plazo, al conjunto de las naciones del mundo ponerse
de acuerdo sobre su instauración, establecer un baremo de imposición sobre todas las fortunas del
planeta, y después repartir armoniosamente la recaudación entre los países. Pero es una utopía útil…».
«A mi entender», precisa Piketty, «el objetivo debe ser un impuesto anual y progresivo recaudado sobre
el capital |78| a escala individual, esto es, sobre el valor neto de los activos que cada uno controla» |79|.
Propone tres variantes de este impuesto progresivo sobre el capital privado.
1ª variante: una tasa de 0 % por debajo de un millón de euros; de 1 % entre 1 y 5 millones de euros; de
2 % más allá de los 5 millones de euros.
2ª variante: sumar hacia arriba, 5 % o 10 % más allá de 1.000 millones de euros.
3ª variante: sumar hacia abajo, 0,1 % por debajo de 200.000 euros y 0,5 % entre 200.000 y 1 millón de
euros
Este impuesto es complementario a lo ya existente, pero puede servir para reducir impuestos actuales (o
para reducir la deuda, nota 1, p. 840). Constituiría un complemento relativamente modesto de los
ingresos actuales de los Estados. Este impuesto, aunque muy bajo, permitiría a las autoridades conocer
el patrimonio de los habitantes de sus territorios.
Piketty añade: «Actualmente, las organizaciones internacionales que tienen la tarea de regular y
supervisar el sistema financiero mundial, comenzando por el Fondo Monetario Internacional, no tienen
más que un conocimiento extremadamente aproximado del reparto mundial de los activos financieros y,
en particular, de la importancia de los activos guardados en los paraísos fiscales.» |80| Entonces, «el
impuesto sobre el capital sería una especie de catastro financiero del mundo, que actualmente no
existe» |81|.
Piketty tiene la ilusión de que puede convencer de la necesidad de dar prioridad absoluta a su propuesta,
mientras que lo que puede ser realmente eficaz y aglutinante es definir una plataforma común de un
máximo de fuerzas favorables a un cambio democrático radical a favor de la justicia social.
Por otra parte, como se afirma en el texto «Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué elegir?»: «La
crítica fundamental que se le puede hacer a Thomas Piketty es que piensa que su solución puede
funcionar aunque se mantenga el sistema actual. Propone un impuesto progresivo sobre el capital para
redistribuir las riquezas y salvaguardar la democracia, pero no se cuestiona las condiciones en las que
estas riquezas se originan ni las consecuencias que resultan de ese proceso. Su respuesta sólo remedia
uno de los efectos del funcionamiento del sistema económico actual, sin atacar la verdadera causa del
problema. En primer lugar, admitamos que logramos, mediante un combate colectivo, una imposición al
capital, sin embargo la recaudación generada por este impuesto corre el riesgo de ser succionada por el
reembolso de deudas ilegítimas, si no actuamos para que se anulen. Pero sobre todo no nos puede
satisfacer un reparto más equitativo de las riquezas, si éstas son producidas por un sistema depredador
que no respeta ni las personas ni los bienes comunes, y acelera la destrucción de los ecosistemas.
El capital no es un simple «factor de producción» que «juega un papel útil» y por lo tanto, merece
«naturalmente» un rendimiento del 5 %, como dice Piketty, es también, y principalmente, una relación
social que se caracteriza por la influencia de los que poseen sobre el destino de las sociedades. El
sistema capitalista en tanto que modo de producción está en el origen no sólo de las desigualdades
sociales, cada vez más insostenibles, sino también del peligro que corre nuestro ecosistema, del saqueo
de los bienes comunes, de las relaciones de dominación y de explotación, de la alienación en los
mercados, de la lógica de acumulación que reduce nuestra humanidad a mujeres y hombres incapaces
de transformar sus pulsiones, obsesionados por la posesión de bienes materiales y despreocupados por
lo inmaterial, que, sin embargo, es la base de nuestra vida.» |83|
A la vez, una de las características y una de las debilidades de la propuesta de Piketty es que no llama a
la movilización social para obtener un cambio de las políticas en curso. Es verdad que es consciente de
que la acción de los de abajo desempeñó un papel en las orientaciones tomadas después de la primera
guerra mundial, que denuncia la represión que sufrieron los mineros de Marikana en Sudáfrica, en agosto
de 2012, pero del centenar de páginas que dedica al final para presentar unas propuestas y reflexionar
sobre las soluciones que se deben aportar a los problemas centrales, ninguna de ellas está dedicada a la
acción de los ciudadanos organizados, no hace ninguna alusión al movimiento de los Indignados, aunque
haya mencionado al movimiento Occupy Wall Street en la parte que precede a sus propuestas. A lo
sumo, podemos tener la esperanza de que la divulgación de trabajos como los suyos contribuirá a la
concienciación que podrá inducir los cambios. Es una debilidad importante en la trayectoria de Piketty.
¿Hay que asombrarse entonces de que proponga la creación, al lado del Parlamento Europeo, de un
«Parlamento presupuestario de la eurozona» |84|? Considera que «este parlamento podría contar con
unos cincuenta miembros de cada uno de los grandes países de la zona, a prorrata de la población. Los
miembros podrían provenir de las comisiones de finanzas y de asuntos sociales de los parlamentos
nacionales, o elegidos de otra forma» |85|. Más adelante, no ve con malos ojos la proposición de «la
elección por sufragio universal de un presidente de la Unión Europea, propuesta que lógicamente
debería ir acompañada de una extensión de sus poderes» |86|. Piketty sigue la vía de reformas que no
cuestionan los tratados ni la arquitectura europea, donde el predominio de los intereses del gran capital
es inamovible. Pues bien, es indispensable un cambio fundamental, que pasa por la abrogación de los
tratados y la apertura de un proceso constituyente, en el que la ciudadanía, unida en la acción, exija sus
reivindicaciones.
En conclusión, el trabajo de Thomas Piketty tiene un gran valor por su recolección de datos sobre las
desigualdades durante los últimos dos siglos, y ofrece una límpida descripción de su evolución. Su libro
constituye un instrumento muy útil y alimenta el debate sobre las alternativas.
Anexo 1. El Capital en el siglo xxi. Precisión en la investigación y confusión teórica.
Así como Thomas Piketty es preciso en la recogida de datos y su obra es útil con su análisis del reparto
desigual del patrimonio y de los ingresos, algunas definiciones son netamente confusas y discutibles. Por
ejemplo, la definición de capital que propone: |87| En todas las civilizaciones, el capital cumple dos
grandes funciones económicas: por una parte, para alojarse (es decir, para producir «servicios de
alojamiento», cuyo valor se mide por el valor locativo de la habitación; es el valor del bienestar aportado
por el hecho de dormir y vivir bajo un techo y no a la intemperie) y por otra parte como factor de
producción de otros bienes y servicios…». Prosigue: Históricamente, las primeras formas de acumulación
capitalista parecen concernir a la vez a los útiles (sílex, etc.) y a los acondicionamientos agrícolas
(cercado, riego, drenaje, etc.), así como a los rudimentos de habitación (cavernas, tiendas, cabañas,
etc.), antes de pasar a unas formas cada vez más sofisticadas de capital industrial y profesional y de
locales de habitación cada vez más elaborados. Henos aquí sumergidos por Thomas Piketty en una
historia de la humanidad donde el capital está presente desde sus orígenes.
Esta importante confusión continúa en los análisis que hace en su libro Le capitalisme au xxie siècle.
Para Piketty, un apartamento de un valor de 80.000 euros o un depósito de 2.000 euros en una cuenta
postal |88| constituye un capital tanto como una fábrica o un edificio comercial de 125 millones de euros.
Evidentemente, en la vida cotidiana, el señor y la señora de la calle consideran que tienen un capital en
forma de un departamento que vale 80.000 euros, al que se suma un seguro de vida de 10.000 euros y
tal vez 2.000 euros en una cuenta de ahorro postal, y seguramente estarán plenamente de acuerdo con
la definición dada por Piketty, los manuales tradicionales de economía y su banquero. Pero se equivocan,
pues el capital en la sociedad capitalista no se reduce a esto. El capital es otra cosa diferente de lo que
muestran las apariencias, es una relación social que permite a una minoría de la sociedad, el uno por
ciento más rico, si se quiere dar una cifra, enriquecerse apropiándose del trabajo de los otros.
Así, cuando Thomas Piketty habla de un impuesto progresivo sobre el capital, considera todos los
patrimonios privados, ya sean los 1.000 euros de una cuenta bancaria o la fortuna de Lakshmi Mittal o
Liliane Bettencourt.
La confusión prosigue cuando se trata de la renta: la renta del alquiler de un departamento de 80.000
euros es considerada por Piketty una renta del capital, así como la renta que obtiene Liliane Bettencourt
de su participación en la firma L’Oréal.
Igualmente, la ganancia que consigue un jubilado de su cuenta en el banco (si tiene 10.000 euros con un
2 % en el 2014, lo que le proporciona 200 euros al año) es considerada una renta del capital por
pequeña que sea.
Si pasamos a los salarios, Thomas Piketty considera que todas las ganancias declaradas como salarios
son salarios, tanto sea el de un presidente-director general de un banco que percibe un salario de 3
millones de euros al año, como para un empleado bancario que gana 30.000 euros anuales.
Por lo tanto, es pertinente cuestionar el sentido que Piketty da a términos como «capital» o «trabajo» y
definir de otro modo lo que se entiende por rentas del capital y rentas del trabajo,
Por ejemplo, el beneficio que se obtiene del alquiler de un bien, de un depósito bancario o de acciones
de una empresa no se tendría que considerar un ingreso del capital más que a partir de cierto monto.
Asimismo, el patrimonio inferior a cierto monto no se debería considerar un capital.
Y por otra parte, si se quiere entender cómo el uno por ciento acumula capital, hay que ir más allá de
reflexiones tales como «a partir del momento en que el capital desempeña un papel útil en el proceso de
producción, es natural que obtenga un rendimiento» |89|.
La confusión mantenida por Thomas Piketty, sin duda, hay que relacionarla con sus convicciones:
«No me interesa denunciar las desigualdades o el capitalismo como tal, (…) las desigualdades sociales
no constituyen en sí un problema, por poco que sean justificadas, es decir, fundadas en la utilidad
común…» |90|
Mi crítica de las observaciones de Thomas Piketty no resta nada al interés del panorama monumental
que presenta de la evolución de las desigualdades en materia de patrimonio o de rentas en el curso de
los últimos siglos…
Ambos grupos elaboraron un dossier que demostraba que esta deuda con Noruega era ilegítima porque
este país no había vendido esas naves para servir a los intereses ecuatorianos sino para responder a la
crisis de un sector importante de las exportaciones noruegas, en este caso, los astilleros. Noruega
buscaba países dispuestos a comprar barcos pesqueros, pero los que vendió a Ecuador casi nunca se
emplearon para la pesca, sino para transportar bananas, en beneficio de una de las grandes fortunas del
país. Este ejemplo concreto ilustra cómo comenzó una campaña contra la deuda poniendo la mira en una
deuda particular e introduciendo la noción de deuda ilegítima. Se logró una alianza con la organización
noruega SLUG y la introducción del tema la auditoría para poner en claro lo que se reclamaba a Ecuador.
La campaña se desarrolló en un marco de grandes movilizaciones sociales a finales de los años 1990 y
principios de los años 2000, con numerosos movimientos populares muy importantes, que echaron a dos
presidentes neoliberales, uno en el año 2000 y el otro en 2005.
Ya había habido importantes movilizaciones en los años 1990, pero en el año 2000 el presidente liberal
fue desalojado por la movilización popular. El nuevo presidente electo, Lucio Gutiérrez, había realizado
su compaña con un programa anti-FMI, con un programa de izquierda y anti Estados Unidos. Pero, una
vez electo, cambió completamente su discurso, y dijo: «Yo soy el mejor amigo de Estados Unidos, Chávez
es nuestro enemigo». Esto causó descontento, frustración y una nueva sublevación popular en el año
2005. Gutiérrez huyó del palacio presidencial en helicóptero antes de que asumiera el gobierno de
transición, en el cual Rafael Correa, que en el año 2006 sería electo presidente, desempeñaba el cargo
de ministro de Finanzas, en un contexto en el que el precio del petróleo era bastante elevado. El tema de
la deuda era importante, porque los movimientos sociales estaban realizando una campaña contra la
deuda desde hacía 7 u 8 años. En su condición de ministro de Finanzas, Rafael Correa tomó la iniciativa
de destinar todos los suplementos de los ingresos originados por el alza del precio del crudo a gastos
sociales en educación y sanidad.
No era cuestión de que los ingresos suplementarios generados por el petróleo fueran absorbidos por el
reembolso de la deuda. Siendo ésta ilegítima, es la población la que debe beneficiarse de los recursos de
la exportación y de la recaudación fiscal que se genera. El Banco Mundial y el FMI reaccionaron con
dureza y rechazaron la idea de que el dinero proveniente de los ingresos del petróleo fuera a gastos
sociales. El BM amenazó con suspender los préstamos a Ecuador si se aplicaba tal medida. Correa se
negó a plegarse al diktat del BM y defendió su posición en el gobierno. Prefirió dimitir antes que retirar el
decreto que defendía los intereses del país y fue así como se encontró en la oposición. Sin embargo, el
presidente interino que reemplazó a Gutiérrez organizó una comisión de auditoría, aunque con unas
atribuciones muy restringidas. Pese a todo, ésta realizó un interesante trabajo de estudio de la deuda
ecuatoriana, que contribuyó a popularizar aún más la cuestión de la deuda. En las elecciones
presidenciales del año 2006, Correa se presentó proponiendo:
1. La necesidad de modificar radicalmente la Constitución del país con una democratización política
fundamental;
2. la necesidad de poner fin a la deuda ilegítima. Su mensaje era el siguiente: «Elegidme como
presidente y me comprometo a tomar medidas para que el país cese de pagar una deuda ilegítima.»
También proclamó que si era elegido presidente, pondría fin a la base militar naval puesta a disposición
del ejército estadounidense por Ecuador. Se trataba de que Ecuador recuperara su soberanía y su
dignidad. Así mismo pondría fin a las negociaciones con Estados Unidos concernientes a un tratado de
libre comercio. Los grandes temas de su campaña eran: democratización política, cambio constitucional,
anulación de la deuda ilegítima, recuperación de la soberanía poniendo fin a la presencia del ejército
estadounidense en su territorio y cese de las negociaciones de un tratado de libre comercio con Estados
Unidos.
La auditoría de la deuda en 2007-2008 y sus consecuencias positivas
Electo en diciembre de 2006, entabló una batalla en febrero-marzo de 2007 por un referéndum sobre
una nueva Constitución, referéndum que ganó a pesar de que toda la oposición y los grandes media
estaban contra él. La etapa siguiente era el pago de la deuda… a partir de mayo de 2007. La primera
iniciativa de Correa fue expulsar al representante permanente del Banco Mundial en Ecuador. El mensaje
era claro: El BM no había respetado la soberanía de Ecuador en 2005, lo que había causado la dimisión
de Correa. El BM se inmiscuye en las cuestiones del país, ¡Fuera, BM, váyase! En julio de 2007, por un
decreto presidencial, Rafael Correa instituyó una comisión de auditoría.
Por el lado ecuatoriano, había, por una parte, representantes de la sociedad civil «de base», es decir,
movimientos sociales, y por otra, cuatro cuerpos del Estado: el Tribunal de Cuentas, la comisión
anticorrupción, el ministerio de Finanzas y de Economía, y el ministerio de Justicia. A este grupo se
agregaron seis representantes extranjeros expertos en la materia. Con ese motivo, formé parte de la
comisión, cuyo mandato era analizar la deuda pública interna y externa entre los años 1976 y 2006.
Teníamos el poder de obtener toda la información necesaria para nuestro trabajo de auditoría a fin de
presentar un informe sobre las deudas ilegítimas y hacer recomendaciones al Gobierno y al Estado.
Esto permitió a Ecuador recomprar una buena parte de los títulos y a continuación hacer una oferta a los
tenedores de los títulos restantes, aquellos que no se habían vendido aún al banco Lazard. El gobierno
propuso la recompra de los títulos a un 35 % de su valor nominal, aunque ya había comprado una parte
al 20 % de su valor. La oferta se hizo en abril de 2009 y en junio de ese mismo año Ecuador anunció
públicamente que había recomprado el 91 % de los títulos. La oferta concluía y el 9 % restante de los
títulos quedaba fuera. Los tenedores de títulos habían tenido tiempo suficiente para venderlos al Estado.
Para concluir, la operación costó unos 900 millones de dólares que el gobierno utilizó para rescatar
títulos por valor de 3.200 millones de dólares. El ahorro total, teniendo en cuenta la recompra de los
títulos a precio reducido y los intereses que ya no habría que pagar hasta el año 2030, fue de 7.000
millones de dólares.
Este dinero se utilizó para aumentar radicalmente el gasto público, en particular en la salud pública, en
educación y en infraestructuras. Si se mira el presupuesto ecuatoriano, se ve que a partir de los años
2009-2010, las sumas destinadas al servicio de la deuda se reducen radicalmente y que el gasto social
útil aumenta de una forma extremadamente importante, permitiendo una mejora de las condiciones de
vida de la población. Esto explica por otra parte por qué Correa fue reelegido en el año 2009 en el marco
de la nueva Constitución. Su mandato terminó a principios de 2013, se presentó nuevamente a las
elecciones y fue reelecto con el 57 % de los votos, es decir, tuvo más votos para su tercer mandato que
para los dos anteriores.
¿Qué conclusiones se pueden sacar de esto? Correa ganó las elecciones de 2006 esencialmente porque
entabló la batalla contra el BM y el problema de la deuda ilegítima. Era uno de los principales temas de
su campaña y fue sobre esta base que ganó un apoyo popular muy significativo. La primera lección es la
siguiente: una organización o un candidato o un frente de organizaciones, como por ejemplo el frente
popular que estaba en la oposición, puede convencer y conseguir el apoyo de una parte importante de la
opinión pública para llegar al gobierno con el objetivo de tomar medidas tendientes a poner fin al pago
de una deuda ilegítima. Y esto es posible si hay también un trabajo de base realizado durante años por
los movimientos sociales. Los discursos sobre la deuda son extremadamente importantes para llegar a la
opinión pública y demostrar que existen alternativas a las políticas existentes.
Notas
|1| Thomas Piketty, Le capital au XXie siècle, Le Seuil, París, 2013 (970 pp.) Varios comentarios
interesantes ya han sido publicados sobre este importante libro. Por lo tanto, en este artículo no vuelvo a
tratar una serie de temas que ya fueron abordados y de entrada he comenzado por las enseñanzas
prácticas. Entre los comentarios ya publicados: 1. Véase la revista Les Possibles de ATTAC Francia:
“Réflexions sur « Le capital au XXIe siècle » de Thomas Piketty” par François
Chesnais http://cadtm.org/Reflexions-sur-Le-capital-au-XXIe(et “Éléments de réponses à François
Chesnais” par Thomas Piketty http://cadtm.org/Elements-de-reponses-a-Francois ); 2. Véase también
Jean-Paul Petit en la revista Inprecor: http://gesd.free.fr/jppetit.pdf; 3. Véase Robert
Boyer: http://gesd.free.fr/boyerpik.pdf ; 4. Véase Michel Husson, http://hussonet.free.fr/piketcap.pdf
|2| http://piketty.pse.ens.fr/fr/capital21c
|3| El patrimonio, en forma sencilla, es el conjunto de bienes inmobiliarios y mobiliarios privados netos
(sin deudas). Thomas Piketty considera que actualmente el patrimonio total de un país (patrimonio
privado + patrimonio público) como Francia, Estados Unidos o Bélgica corresponde en la práctica al
patrimonio privado libre de deuda puesto que el patrimonio público libre de deuda es aproximadamente
cero, ya que la deuda pública representa cerca del 100 % del PIB. No entro en más detalles. Para un
enfoque más argumentado véase Piketty
|5| A lo largo de este artículo, el término «patrimonio» corresponde a lo que Piketty considera para
realizar sus cálculos (véase más arriba). No contiene otros elementos de patrimonio que constituyen una
riqueza inestimable y que son vitales para la supervivencia de la humanidad y de la naturaleza. Para una
discusión sobre la riqueza y el valor, que se sale del marco de este artículo, véase el Libro de Jean-Marie
Harribey La richesse, la valeur et l’inestimable, Les liens qui libèrent, París, 2013.
|7| http://fr.wikipedia.org/wiki/Liliane_Bettencourt
|8| P. 109.
|10| P. 741.
|11| Nota bene: Las propuestas que se formulan en este artículo son de la responsabilidad del autor y no
compromete en nada a Thomas Piketty. Cuando el autor resume una propuesta de Thomas Piketty, se
hace explícita mención de ello.
|12| Thomas Piketty escribe: Consideremos, por ejemplo, el caso de un impuesto sobre las fortunas que
sería aplicado con un tipo del 0 % para los patrimonios inferiores a 1 millón de euros, del 1 % para los
que van de 1 a 5 millones de euros, y del 2 % para aquellos superiores a 5 millones de euros. Aplicado al
conjunto de los países de la Unión Europea, ese impuesto afectaría a cerca del 2,5 % de l población y
suministraría cada año el equivalente al 2 % del PIB europeo.» (p. 860. Señalemos que la puesta en
marcha de esta propuesta, que incluso es muy moderada, ¡nos daría el equivalente a dos veces el
presupuesto actual de la UE!
|13| P. 692.
|14| Esto es, cerca de 4,5 millones de adultos.
|15| P. 698.
|16| P. 700.
|17| Tabla elaborada por el autor a partir de los datos de la Tabla 7.1, p. 390.
|18| Tabla elaborada por el autor a partir de los datos de la Tabla 7.3, p. 392.
|19| P. 544.
|20| « ¿Qué es el tercer estado? Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? Nada ¿Qué es lo
que pide? Ser algo»
|21| El gráfico presenta una evolución por décadas y he tratado de poner en evidencia esa evolución lo
más claramente posible. Si el gráfico hubiera indicado la evolución año a año, seguramente habríamos
constatado una subida de la porción de los más ricos hacia fines de los años 1920.
|22| P. 76.
|23| Por mi parte, analicé en forma sintética el cambio operado a fines de los años 1970, comienzos de
los años 1980 en el ámbito internacional especialmente en Éric Toussaint «La gran transformación desde
los años ochenta hasta la crisis actual, tanto en el Sur como en el Norte», http://cadtm.org/La-gran-
transformacion-desde-los-, publicado el 7 de septiembre de 2009, y en el libro Una mirada al retrovisor.
El neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria Editorial, Barcelona, 2010
|24| El patrimonio nacional (o el capital nacional como Thomas Piketty también lo llama, cuestión que
siembra confusión: véase anexo 1, Le Capital au XXIe siècle: Precisión en la investigación y confusión
teórica) es la «suma de los activos no financieros (vivienda, terrenos, fondos de comercio, edificios,
máquinas, equipamientos, patentes y otros activos profesionales poseídos de forma directa) y de los
activos financieros (cuentas bancarias, planes de ahorro, obligaciones, acciones y otras participaciones
en sociedades, inversiones financieras de cualquier tipo, contratos de seguros de vida, fondos de
pensión, etc.), disminuidos por los pasivos (o sea, por todas las deudas). Si nos limitamos a los activos y
pasivos que poseen los individuos privados, entonces tendremos el patrimonio privado o capital privado.
Si se considera los activos y pasivos que posee el Estado y las administraciones públicas (comunidades
locales, administraciones de la seguridad social, etc.) se obtiene el patrimonio público o capital público.»
p. 86.
|25| Piketty explica cómo calcula la renta nacional: se resta del producto interior bruto (PIB) la
depreciación anual del capital, a esta cantidad se le suma los ingresos netos percibidos del exterior (o se
restan los pagos netos efectuados hacia el exterior si éstos exceden los ingresos). Véase pp. 78-79
|26| Thomas Piketty precisa, por otra parte, que si, en el cálculo del patrimonio, se tomaran en cuenta los
pasivos y los activos financieros, el patrimonio aumentado de esa forma representaría entre 10 y 15
veces la renta nacional, 20 veces en el caso del Reino Unido. Asimismo, nos recuerda que desde el siglo
xix hasta el comienzo de los años 1970 el patrimonio correspondía a entre 4 y 5 años de la renta
nacional. Si se toman en cuenta los derivados, se llegaría a cantidades mucho más elevadas (pp. 305-
306)
|27| P. 273.
|29| P. 219.
|33| P. 489.
|41| P.820.
|42| P. 819.
|44| P. 831.
|45| P. 832.
|48| Thomas Piketty, Le capital au XXIe siècle, Le Seuil, París, 2013 (970 pp.), p. 185.
|49| «El origen de los asignados remonta al mes de diciembre de 1789 cuando fue creada la Caja de lo
Extraordinario (Caisse de l’Extraordinaire). Esta caja debería recibir el producto de la venta de los bienes
confiscados al clero. Los asignados eran solo simples adelantos sobre la venta de los bienes nacionales.
Estos asignados remuneraban un interés. Pero las cosas evolucionaron rápidamente. En septiembre de
1790, los asignados dejaron de conllevar un interés y se reciben «como dinero en efectivo en todos los
fondos públicos y particulares». El monto de las emisiones aumenta aceleradamente hasta 1796. Frente
a esta proliferación de papel moneda, la garantía de los dominios nacionales a los que se continúa
haciendo referencia deviene ilusoria y el valor de los asignados se desploma.» Fuente: http://sceco.univ-
poitiers.fr/hfranc/assignats.htmconsultada el 17 de enero de 2014.
|50| Pp. 206-207
|52| P. 208.
|53| P. 208.
|54| P. 209.
|55| En realidad el tipo es superior pero estamos haciendo una hipótesis teórica.
|56| La hipótesis de crecimiento nulo es teórica y sirve para facilitar el cálculo. En realidad el PIB
descendió un 20 % entre 2009 y 2013, y es difícil de prever lo que pasará exactamente en los años
venideros.
|57| Hagamos el mismo razonamiento con Portugal cuya deuda pública representa el 130 % del PIB en
2014 y cuya tasa de crecimiento anual es cero (también se redujo entre 2011 y 2013) y el tasa de
inflación es muy baja. Portugal reembolsa aproximadamente a un tipo de interés del 6,5 %. Debería
pagar durante largos años el equivalente al 8,5 % de su PIB. La deuda pública de Italia alcanza el 133 %
de su PIB y la paga con un interés del 5 %. También Italia deberá pagar durante largos años el
equivalente al 6,5 % de su PIB. Insisto en que las cifras mencionadas más arriba forman parte de una
hipótesis teórica. De todas maneras son cercanas a la realidad. Estos ejemplos no comprometen en nada
a Piketty.
|60| P. 216.
|61| P. 211.
|62| P. 931.
|63| P. 932.
|64| P. 889.
|65| Para recordar: participé en esta auditoría durante 14 meses entre 2007 y 2008, como representante
del CADTM.
|66| El tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), que no tiene nada de asociación
altermundilaista, «dio la razón» a Islandia, Véase CADTM : «El tribunal de la AELC (Asociación Europea de
Libre Comercio) rechaza las reclamaciones por el litigio «Icesave» contra Islandia y sus
habitantes»http://cadtm.org/El-tribunal-de-la-AELC-Asociacion publicado el 30 de enero de 2013.
|67| Muy a menudo, algunos comentaristas replican que los casos de estos dos países son totalmente
diferentes de los países de la Unión Europea. Por supuesto, que hay diferencias evidentes pero
estaríamos equivocados en desdeñar estas experiencias. Los que profesan ese desdén muestran sobre
todo ignorancia de la complejidad de las situaciones que las autoridades encontraron y parcialmente
lograron superar.
|68| Los haircuts propugnados por el FMI y los gobiernos de los grandes países acreedores tienen
justamente por función limitar las pérdidas de los grandes acreedores privados mediante una
reestructuración ordenada. En mi tesis doctoral, mostré cómo el plan Brady constituye un modelo en el
género. Véase «Enjeux politiques de l’ action de la Banque mondiale et du Fonds monétaire international
envers le tiers – monde», tesis de doctorado en Ciencias Políticas presentado en 2004 en las
universidades de Lieja y París VIII, se puede descargar: http://cadtm.org/Enjeux-politiques-de-l-action-de.
Véase también mi libro Banco Mundial, El Golpe de Estado Permanente, El Viejo Topo Mataró-Barcelona,
2007 Se puede descargar en francés:http://cadtm.org/Banque-mondiale-le-coup-d-Etat
|69| P. 887.
|70| Aquí podemos leer en la web oficial de la administración francesa define el impuesto proporcional
«Un impuesto proporcional aplica un gravamen idéntico cualquiera sea la base sobre la que se impone
(por ejemplo: el impuesto sobre sociedades). La base de la imposición designa las magnitudes
económicas (ingresos, patrimonio, volumen de negocios…) que sirven de base al cálculo del impuesto.
Los partidarios de la proporcionalidad consideran que es un modo de cálculo justo ya que cada uno
contribuye con el mismo porcentaje de sus ingresos. (…) Los impuestos proporcionales son, además,
generalmente más fáciles de calcular y, por lejos, menos costosos para implementar. Con el impuesto
progresivo, el tipo aplicado aumenta con la base de imposición (por ejemplo: el impuesto sobre la renta,
cuanto más elevada sea la renta, el tipo aplicado es mayor).
Fuente: http://www.vie-publique.fr/decouverte-institutions/finances-publiques/ressources-depenses-etat/
ressources/qu-entend-on-par-proportionnalite-progressivite-impot.html Hay que señalar que Thomas
Piketty define en su libro el impuesto proporcional de la misma manera que la administración francesa.
|71| Pp. 888-889.
|72| P. 889.
|73| P. 890.
|74| Véase la Red Internacional por la Auditoría Ciudadana (International Citizen debt Audit Network,
ICAN),http://cadtm.org/ICAN,750
|75| Thomas Coutrot, Patrick Saurin y Éric Toussaint, «Anular la deuda o gravar al capital: ¿Por qué
elegir?»,http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al, publicado el 31 de octubre de 2013.
|76| Véase Eric Toussaint, «La Constitution équatorienne: un modèle en matière d’endettement
public»,http://cadtm.org/La-constitution-equatorienne-un, publicado el 27 de diciembre de 2010.
|77| P. 835.
|78| Se debe tener presente que Piketty da una definición del capital privado que engloba los haberes
mobiliarios e inmobiliarios del 50 % más modesto.
|79| P. 838.
|80| P. 842.
|81| P. 843.
|82| Véase el texto antes citado de Thomas Coutrot, Patrice Saurin y Éric Toussaint «Anular la deuda o
gravar el capital: ¿Por qué elegir?», http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al.Véase también: Damien
Millet y Eric Toussaint, «Europa: ¿Qué programa de urgencia frente a la crisis ?» publicado el 22 de junio
de 2012,http://cadtm.org/Europa-Que-programa-de-urgencia
|83| http://cadtm.org/Anular-la-deuda-o-gravar-al
|84| P. 916.
|86| P. 917.
|87| P. 337
|88| Hay que tener en cuenta que las sumas depositadas en Francia en las cuentas de ahorro, en las
cuentas corrientes, etc. no representan más que alrededor del 5 % del patrimonio (privado). P. 330
|89| P. 674.
|90| P. 62.
Éric Toussaint, doctor en ciencias políticas, es presidente del CADTM Bélgica (Comité por la Anulación de
la Deuda del Tercer Mundo, http://www.cadtm.org) y miembro del consejo científico de ATTAC. Autor,
entre otros libros, de Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad,
Icaria 2010; La Deuda o la Vida (junto a Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo
Topo, Barcelona, 2010;. La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Autor de Procès
d’un homme exemplaire, Editions Al Dante, Marsella, 2013. Junto a Damien Millet es autor de AAA, Audit
Annulation Autre Politique, Le Seuil, París, 2012.
Thomas Piketty analiza la concentración de la riqueza, donde el 1% más rico posee una proporción significativa del patrimonio total, y propone un impuesto excepcional progresivo que no afectaría al 50% más pobre, sino que gravaría más a los patrimonios elevados . Plantea que esta redistribución es necesaria para corregir las desigualdades actuales y financiar políticas públicas en beneficio de la mayoría .
Piketty informa que en Europa el 10% más rico posee el 60% del patrimonio total, mientras que en Estados Unidos es el 70% . El 50% más pobre en ambos territorios posee sólo el 5%. Estas cifras señalan un desbalance económico significativo, donde una pequeña elite controla la mayoría del patrimonio, subrayando la necesidad de políticas que promuevan una distribución más justa .
Piketty utiliza el siglo XIX francés, donde la deuda pública fue utilizada durante el periodo post-revolucionario y durante monarquías posteriores para beneficiar patrimonios privados. Esta política fortaleció la acumulación privada permitiendo a las élites financieras enriquecerse, un efecto percibido negativamente por los socialistas de la época como Karl Marx .
Piketty, aunque no aborda la legitimidad de la deuda directamente en su obra, demuestra que la deuda utiliza recursos que podrían invertirse en servicios públicos vitales como la educación. Sugiere que la deuda pública es a menudo ilegítima, actuando como un mecanismo de redistribución ascendente que favorece a los acreedores más ricos .
Piketty argumenta que las políticas fiscales regresivas favorecen la acumulación de la deuda pública, concentrando los beneficios en las capas más altas que prestan al Estado. Esto resultó en que los sectores más desfavorecidos financian el gasto público mientras que los más ricos se benefician de títulos seguros. Piketty critica estas políticas por no abordar adecuadamente la redistribución necesaria .
Piketty sugiere que un gobierno progresista puede imponer impuestos a los más ricos para financiar mejoras en las condiciones de vida de la mayoría. La alta concentración de riqueza en el 10% más rico podría proporcionar los recursos necesarios para políticas públicas enfocadas en la justicia económica, permitiendo financiar además una transición ecológica .
Piketty señala que el 1% más rico posee el 50% del patrimonio mundial, y el 10% más rico entre 80% y 90%, mientras el 50% más pobre posee menos del 5% . Esto destaca una concentración extrema, sugiriendo que la redistribución implicaría significativos ajustes de la riqueza de los más ricos para mejorar la equidad social .
Piketty sugiere que el uso de paraísos fiscales incrementa la desigualdad de riqueza ya que permiten que los más ricos escondan parte significativa de su patrimonio, aumentando por lo menos en 2 o 3 puntos porcentuales su concentración declarada. Esto complica aún más los esfuerzos por redistribuir equitativamente los recursos .
Piketty muestra que el 10% más rico acapara el 26% de las rentas del trabajo en Europa y el 35% en Estados Unidos . Esta desigualdad en las rentas del trabajo contribuye significativamente a las disparidades económicas, intensificando la lucha por la equidad al mismo tiempo que enriquece más a los ya favorecidos .
Piketty propone un impuesto excepcional progresivo para reducir la deuda pública, rechazando la privatización de activos y la anulación de la deuda, ya que estas soluciones pueden ser ineficaces o perjudiciales. Piketty considera que un impuesto progresivo recaudaría ingresos significativos de los más ricos sin perjudicar a los más modestos .