Teatro
Capitán AdelArt
Teatro Universitario
"Última función"
El teatro fue el único lugar que no visitaron en alguna mágica función romántica. Lalaland era la peor historia de la
vida que ella relacionaba a ese ahora lúgubre lugar, en el día de su última actuación...
Ese maldito día, las luces del teatro parpadeaban débiles mientras Layla repasaba su tonto diálogo en aquel
escenario vacío. La peor obra de su vida había terminado hacía un buen rato, pero ella, aferrada a su papel,
continuaba como si la madera misma hiciera resonar una y otra vez sus pasos, el eco de cada una de sus palabras.
Afuera comenzó a llover. La banqueta se humedecía, y en la banca junto a la entrada sentado, estaba él... Spencer.
¿Curioso, no? Estaba encorvado, con las manos entrelazadas y la mirada fija en el suelo. En su mente, no sabía por
qué había vuelto. Quizá para verla una vez más. En su imaginación, estaban frente a frente, soñando con algo
parecido a Something de los Beatles...
Desde adentro, a través de la enorme puerta de cristal, Layla distinguió su silueta bajo la luz tenue del farol de la
calle. La noche estaba oscura y fría. Ella respiró hondo, bajó del escenario y caminó hasta el borde.
—No esperaba que vinieras —dijo en voz alta.
—Este es mi lugar —respondió Spencer desde la puerta, con una voz algo ronca y hueca—. La verdad, no tenía a
dónde más ir.
Layla solo sonrió con tristeza. Justo cuando Spencer se proponía a entrar , ella sonrió de nuevo y él permaneció
inmóvil bajo la lluvia, sin decir nada. Nunca cruzaba aquella puerta.
La lluvia golpeaba el cristal, Se dio vuelta y se marchó. En la penumbra, su silueta se perdió en la noche. Entonces,
Layla recitó un par de líneas, hizo una reverencia y se fue.