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Radicalización de la Democracia Socialista

Los autores proponen que la estrategia socialista debe radicalizar la democracia liberal, utilizando su lógica interna para desmantelar el individualismo posesivo y la propiedad privada. La radicalización de la democracia se presenta como un medio para alcanzar un socialismo que incluya diversas luchas sociales, más allá de la lucha de clases tradicional. Además, se menciona la influencia de teóricos contemporáneos que critican el neoliberalismo y abogan por una nueva forma de socialismo que reconozca la diversidad de sujetos de liberación.

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Radicalización de la Democracia Socialista

Los autores proponen que la estrategia socialista debe radicalizar la democracia liberal, utilizando su lógica interna para desmantelar el individualismo posesivo y la propiedad privada. La radicalización de la democracia se presenta como un medio para alcanzar un socialismo que incluya diversas luchas sociales, más allá de la lucha de clases tradicional. Además, se menciona la influencia de teóricos contemporáneos que critican el neoliberalismo y abogan por una nueva forma de socialismo que reconozca la diversidad de sujetos de liberación.

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Naturalmente, la estrategia que estos autores le proponen al socialismo, lejos

de tener por objetivo inmediato la destrucción de la “democracia burguesa” —al


modo del marxismo clásico—, tiene su eje en el hecho de entender la
democracia como el terreno sobre el cual el proyecto socialista puede y debe
desenvolverse, aprovechando y fomentando la multiplicidad de puntos de
antagonismos que bajo aquélla es posible hacer emerger. De lo que se trata es
de abordar la democracia liberal y radicalizar su componente igualitario a tal
punto que aquélla termine siendo diezmada desde su propio seno; que sea
barrida por su propia lógica; destruir la democracia desde adentro, y no desde
afuera. Ese objetivo termina de evidenciarse en el subsiguiente libro de Laclau:
“La razón populista”.

La tarea de la izquierda no puede por tanto consistir en renegar de la ideología


liberal democrática sino al contrario, en profundizarla y expandirla en la
dirección de una democracia radicalizada y plural. (…) No es en el abandono del
terreno democrático sino, al contrario, en la extensión del campo de las luchas
democráticas al conjunto de la sociedad civil y del Estado, donde reside la
posibilidad de una estrategia hegemónica de izquierda”.

Digamos al respecto dos cosas. En primer lugar, surge de la propia pluma de


Laclau y Mouffe que la radicalización de la democracia no es un fin en sí mismo
sino un medio para alcanzar otro fin: la destrucción del “individualismo
posesivo” típicamente liberal, es decir, la destrucción de la noción de los
derechos individuales y de la propiedad privada. En segundo lugar, así como las
dictaduras socialistas del siglo pasado alegaban estar llevando adelante una
“democracia sustancial” frente a la “democracia burguesa” del mundo
capitalista, en Laclau y Mouffe esta distinción se mantiene vigente aunque con
un nuevo nombre: democracia radical vs. democracia liberal. Pero la supuesta
“democracia radical” no es mucho más que el nombre dado a un socialismo que
ha incluido en su discurso una serie de demandas que exceden al tradicional
terreno de las clases. Y tan así es, que los propios autores concluyen su libro de
esta forma: “Todo proyecto de democracia radicalizada incluye
necesariamente, según dijimos, la dimensión socialista —es decir, la abolición
de las relaciones capitalistas de producción— (…). Por consiguiente, el
descentramiento y la autonomía de los distintos discursos y luchas, la
multiplicación de los antagonismos y la construcción de una pluralidad de
espacios dentro de los cuales puedan afirmarse y desenvolverse, son las
condiciones sine qua non de posibilidad de que los distintos componentes del
ideal clásico del socialismo (…) puedan ser alcanzados”.[

… “El término poco satisfactorio de ‘nuevos movimientos sociales’ — escriben


los autores— amalgama una serie de luchas muy diversas: urbanas, ecológicas,
antiautoritarias, anti institucionales, feministas, antirracistas, de minorías
étnicas, regionales o sexuales. (…) Lo que nos interesa de estos nuevos
movimientos sociales no es (…) su arbitraria agrupación en una categoría que
los opondría a los de clase, sino la novedad de los mismos, en tanto que a través
de ellos se articula esa rápida difusión de la conflictividad social a relaciones
más y más numerosas, que es hoy día característica de las sociedades
industriales avanzadas”. Nicolás Márquez y Agustín Laje. El Libro Negro de la
Nueva Izquierda. Unión Editorial | Centro de Estudios LIBRE. 2016.

Otros teóricos post marxistas muy de moda en los años 60 del siglo pasado
fueron los formuladores de la Teoría de la Dependencia, Las primeras ideas
fueron desarrolladas por André Gunder Frank y luego por Fernando Henrique
Cardoso y Enzo Faletto que aseguraban que el subdesarrollo latinoamericano
era producto de la subordinación de los países “periféricos” a las reglas del
mercado establecidas por las grandes potencias del “centro”. Dicha teoría no
hizo más que reforzar el fatalismo con un análisis victimista que intentaba
culpar a otros de nuestros propios fracasos e incapacidades, producto de los
vicios y valores culturales prevalecientes. Al final, los éxitos de otros países
“periféricos” como los tigres asiáticos, echaron por el suelo esta teoría.

Más recientemente, entre los intelectuales que no se confiesan abiertamente


como post marxistas pero que para efectos prácticos levantan las mismas
banderas, tenemos personajes influyentes como Noam Chomsky, lingüista,
quien recientemente dijo que la primera gran lección de la pandemia actual es
que nos enfrentamos a “otro fracaso masivo y colosal de la versión neoliberal
del capitalismo”; Joseph Stiglitz, economista estadounidense, recientemente
escribió un artículo en el que dice que “La forma de globalización prescrita por
el neoliberalismo dejó a individuos y a sociedades enteras incapacitados de
controlar una parte importante de su propio destino.”; Thomas Piketty,
economista francés, en su libro “Capital e Ideología”, dice que “la desigualdad
tiene un origen ideológico y político” y que debe imponerse un impuesto del
90% sobre los más ricos; El teórico alemán Heinz Dieterich, ex asesor de
Chávez y célebre académico del “socialismo del Siglo XXI”, escribe que no se
trata de la búsqueda de un mítico “sujeto de liberación predeterminado, sino del
reconocimiento de que los sujetos de liberación serán multiclasistas,
pluriétnicos y de ambos géneros”; el filósofo y ex guerrillero boliviano Álvaro
García Linera, ex vicepresidente de Bolivia durante el mandato de Evo Morales,
hace especialmente hincapié en la cuestión indigenista en concreto, y explica
esta traslación del sujeto revolucionario dada entre el histórico “obrero
explotado” al actual “indígena colonizado” a través del hilo conductor del
marxismo.

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