UNIDAD 2: Contaminación, Análisis y Evaluación
TP 7: UN PLANETA DE TODOS, UN MUNDO DE POCOS. Parte 1
La enorme brecha entre ricos y pobres
“La tierra provee lo suficiente para las necesidades de todos los hombres, pero no para la
voracidad de todos los hombres”
Mahatma Gandhi
Uno de los debates más intensos que se ha dado en torno a la crisis ambiental
planetaria está referido a la cuestión de si los humanos somos demasiados como para que el
planeta pueda sostenernos.
Resulta evidente que, si nos atenemos a los números, el crecimiento de la población
humana en estas últimas décadas ha sido vertiginoso. Le tomó miles de años llegar a los casi
1000 millones en el año 1800, pero poco más de dos siglos para septuplicarse y llegar a los
7000 millones en el 2011 (ver figura). Mejoras en la alimentación y la sanidad, obtenidas
fundamentalmente a partir de los avances científicos y tecnológicos de la Revolución
Industrial, permitieron este crecimiento exponencial.
Figura: Crecimiento de la población mundial. En el siglo XVIII pocos gobiernos se dedicaron a realizar un censo de
población exacto, por esto, cualquier dato antes de este siglo es una estimación que podría variar hasta en
decenas de millones de personas.
Si continúa la actual tendencia, en 2050 seremos alrededor de 9000 millones.
Frente a esta realidad existen diferentes posturas, pero claramente se destacan dos,
que son opuestas.
Primera postura:
Los neomalthusianos, llamados así porque sostienen la teoría de Thomas Malthus
(economista del siglo XVIII) según la cual mientras la población crece a un ritmo geométrico
(2,4,8,16, 32…), los alimentos los hacen a un ritmo aritmético (2,4,6,8,10…), es decir, en una
forma mucho más lenta. De manera que el control estricto de la natalidad es lo único que
impedirá una catástrofe pues es la superpoblación la que acicatea la pobreza y la
degradación ambiental. Esta postura ha sido sostenida fundamentalmente por los países
desarrollados y algunos organismos internacionales.
Lo cierto es que el 90% de los nacimientos actuales tiene lugar en los países menos
desarrollados, donde existen algunas situaciones de extrema gravedad, como en el caso del
África subsahariana. Allí se conjugan la sobreexplotación de los suelos, la escasez de agua y
un crecimiento veloz de la población que se han traducido en feroces hambrunas que
terminaron con la vida de miles de personas.
El vertiginoso aumento de la población de algunos países subdesarrollados a menudo
supera la capacidad de los gobiernos de abastecer de servicios básicos, como agua potable y
cloacas. Kenya, con la tasa de crecimiento poblacional más alta del mundo, es uno de los
casos más dramáticos, pues duplicará su población en veinticinco años. Si bien puede tener
suficiente tierra y la capacidad de producir alimentos y otros recursos que satisfagan las
nuevas demandas, el reto es enorme para un país con una serie de deficiencia estructural.
¿Cómo duplicar la producción de alimentos, de escuelas, de camas de hospitales, de casas, o
la totalidad de los servicios públicos?
De este modo, las aseveraciones de los neomalthusianos parecen haberse hecho
realidad en ciertas regiones, aunque no a un nivel global. Por otra parte, las políticas
antinatalistas que ellos proponen, que se caracterizan por no prestar ningún tipo de asistencia
económica y educativa a las familias campesinas, chocan directamente contra la única
estrategia razonable de la que disponen los pobres: tener muchos hijos. Aunque parezca un
contrasentido, dada la elevada mortalidad infantil, esa es la manera de asegurarse que
algunos sobrevivan y puedan ayudar en las tareas agrícolas y convertirse en el sostén de sus
padres cuando lleguen a la vejez. Solamente cuando las parejas adquieren confianza en la
supervivencia de sus hijos, porque existen condiciones de desarrollo socioeconómico en su
país, pueden reducir el tamaño de sus familias. Las mejoras en los servicios de salud y
educación en muchos países en vías de desarrollo ha disminuido la fecundidad a la mitad, en
comparación con datos de 1969, desde casi seis hijos por mujer hasta menos de tres. En
consecuencia, la tasa de crecimiento de la población ha comenzado a disminuir.
Segunda postura
Sostiene que el problema básico no es el demográfico sino la injusta distribución de los
recursos, resultado de un sistema económico muy poco equitativo. Según este argumento,
hay suficientes recursos para alimentar a la población actual, por lo que las hambrunas no
son consecuencias de la superpoblación, sino de las desigualdades existentes entre los
países.
Refuerza esta posición el hecho de que. Aunque el crecimiento en la producción de
alimentos aventaja al poblacional desde hace varias décadas, la malnutrición afecta a 2000
millones de personas.
La misma Organización de las naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO, por sus siglas en inglés) ha reconocido que el planeta puede producir alimentos para
una población mayor que la actual. También puede observarse que en la actualidad estamos
ante una pobreza que coexiste con una riqueza en aumento. Aunque parezca paradójico, el
ingreso individual mundial, en promedio, casi se duplico, al pasar de 4080 dólares anuales en
1990 en 2010. Sin embargo, la riqueza generada no se distribuyó equitativamente, sino que
hizo más ricos a los más favorecidos del planeta.
El modelo económico capitalista ha sido llevado por la globalización de los mercados a
casi todos los rincones del planeta. Las comunicaciones modernas han facilitado
enormemente este proceso y permitido que enormes empresas multinacionales controlen
inversiones en todo el globo. El gigantesco poder de estas mega redes económico-financieras
ha erosionado la soberanía nacional tal como tradicionalmente la conocíamos, e impone sus
criterios economicistas. El resultado es la profunda brecha entre ricos y pobres y, como
veremos, una intensa degradación ambiental.
Si bien muchos países han mejorado sus índices de desarrollo, lo cierto es que en los
últimos cuarenta años (señala un informe de Banco Mundial) se han duplicado las diferencias
entre los veinte países más ricos y los veinte más pobres del planeta. En el cuadro podemos
apreciar algunos datos que marcan la diferencia entre el Norte y el Sur, es decir, entre los
países más y menos favorecidos.
1400 millones de personas en el mundo viven en la pobreza
extrema (cuentan con un ingreso menor a 1,25 dólares
diarios). Casi la mitad del género humano (3000 millones)
son pobres (menos de 2 dólares diarios).
El 10 % más rico tiene el 85 % del capital mundial, mientras
que el 50% más pobre solo el 1%.
El 18% de la población mundial (perteneciente a los países
industrializados) consume el 80% de la energía mundial y
genera una proporción similar del pernicioso dióxido de
carbono (unos de los gases que provoca el cambio
climático).
1200 millones de personas no tienen agua potable.
Al menos 12000 millones de personas no tienen acceso a la
electricidad.
2800 millones dependen de madera o de otros tipos de
“Si algunos no logran sentarse en el
biomasa (estiércol, etc.) para cocinar y calentar los hogares.
banquete
de la vida es porque hay otros que ocupan
demasiado lugar”. Juan B. Justo
Cuadro: La brecha entre ricos y pobres.
Los grados de desigualdad han sido calificados de “groseros” en los informes de
Desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y tildados de
“disparidades hirientes” en la última encíclica de la Iglesia Católica.
En lagunas regiones, esa disparidad no solo se produce entre países ricos y pobres sino
también dentro del mismo país. Es lo que sucede con los países de Latinoamérica, la más
desigual de todas las regiones, donde el 10% más rico tiene más de cuarenta veces lo que el
10% más pobres. Siendo una región que produce alimentos para tres veces su población,
posee 53 millones de personas con un acceso insuficiente a los alimentos. También hay
fuertes desigualdades en ingresos, acceso a la tierra, a la salud, a la educación y al crédito, y
ahora, a las nuevas tecnologías.
El modelo capitalista insta a un consumo exacerbado de todo tipo de bienes, no solo de
aquellos necesarios, sino también de otros de dudosa utilidad cuya “necesidad” es creada por
la publicidad. La estrategia comercial se ha sofisticado de tal manera que convence a los
consumidores de que es necesario comprar lo que en realidad son simples consumos
superfluos y suele crear una profunda frustración en aquellos que no pueden acceder al
“festival de consumo” que se le propone.
LECTURA
El imperio del consumo
Por Eduardo Galeano (fragmentos)
“La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos
los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde
y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener limite en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura
de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrepito cesa y se
acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La
expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita
mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden
por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en
nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo y termina en la pantalla del televisor. La
mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan
nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo”
“El derecho al derroche, privilegios de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuántos
vales”.
“Gente infeliz, la que vive comparándose, lamenta una mujer en el barrio de Buceo, en Montevideo. El dolor de ya
no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre
hombre. Cuando no tenés nada, pensás que no vales nada, dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos
aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: “Mis hermanos trabajan para las
marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas”.
“Las marcas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto
quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto
de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más
Coca Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre,
tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra.
Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para
todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las
ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece”.
“El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes
acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, con
éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la
oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los
maniquíes visten como en Milán o Paris y las máquinas suenan como en chicago, y para ver y oír no es preciso pagar
pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones
de la felicidad moderna, pasan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al
pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos
acuden al center, al shopping center, como ante s acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro
de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados,
vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son combinados, pero pueden ser
mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la
estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas”.
“La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso
de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser
reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías,
fabricadas para no durar, resulta tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que les genera. El dinero
vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un
desempleado en potencia”.
“Los dueños del mundo usan el mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota
como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y lo ídolos
que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos’ ¿Estamos todos
obligados a creernos el cuento de que Dios ha venido al planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal
humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija
simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume
poco, poquito y nada necesariamente para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia
social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de
alimentar a un shopping center del tamaño del planeta”.
ACTIVIDADES
1. ¿Qué quiso decir el autor con las siguientes frases?:
A- “El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas ordenes de consumo, entre todos
difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi toda esta aventura comienza y termina en la
pantalla del televisor”.
B- “Un hombre pobre es un pobre hombre”.
C- “Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el
esperanto quiso y no pudo”.
D- “Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo”.
E- “La cultura del consumo, cultura de lo efímero”.
F- “No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta”.
2- ¿Estás de acuerdo con ellas? ¿se identifican con algunas de las actitudes que describen?
TP 8: UN PLANETA DE TODOS, UN MUNDO DE POCOS. Parte 2
El consumismo de los países más desarrollados se sostiene con la extracción de una
formidable cantidad de recursos naturales que provienen, no solo de sus propios territorios,
sino de todos los rincones del globo. Esto ha causado el agotamiento o degradación de
muchos de ellos y, además, genera una enorme cantidad de desechos, que en muchos casos
ha producido problemas de carácter planetario, como el agujero de la capa de ozono o el
cambio climático.
Los países del Sur, por distintas razones, también impactan negativamente en el
ambiente. Mientras los países desarrollados son exportadores de productos manufacturados y
servicios de alto valor agregado, buena parte de los países en vías de desarrollo
esencialmente lo son de materias primas. Estas materias primas, a lo largo de los años, han
ido perdiendo su valor frente a los productos elaborados, lo que provoca un decaimiento
continuo del poder adquisitivo de los países del Sur y los hace más vulnerables
económicamente.
Muchos han contraído una enorme deuda externa para adquirís bienes o tecnologías
que no producen, para solventar gastos en armas o incluso mantener sistemas políticos
corruptos que no ha hecho más que aumentar su dependencia económica y tecnológica de
los países ricos.
El pago de la deuda externa desvía multimillonarias cifras de dinero que podrían
dedicarse al desarrollo de los pueblos y evitar el profundo impacto ambiental que conlleva.
Uno de los motivos de ese impacto es que el Sur dedica, para obtener divisas, vastas
extensiones de su territorio a monocultivos destinados a la exportación, generalmente a
países del Norte. Las nuevas tecnologías de explotación asociadas con esos monocultivos no
siempre se adaptan a los ecosistemas donde se aplican t reemplazan a sistemas agrícolas
tradicionales, a veces milenarios, que han probado ser eficientes. En Latinoamérica, por
ejemplo, la soja ocupa enormes extensiones en Argentina, Paraguay y Brasil. En muchos
países tropicales, en cambio, se está extendiendo rápidamente la palma aceitera. Ambos
cultivos tienen en común aspectos socioeconómicos muy negativos, relacionados con la
deforestación, la contaminación, la pérdida de identidad cultural y el autoabastecimiento de
alimentos.
Obtener energía para los pauperizados habitantes del Sur es otra fuente de
degradación del entorno. Como muchas veces no pueden pagar el precio del querosén o del
gas natural para cocinar o los empuja a destruir los bosques cercanos a los pueblos y
ciudades, incrementando la erosión. En otros casos, recurren al estiércol del ganado que es
un abono natural, reduciendo la fertilidad del suelo. Resulta increíble que en países como
México o Nigeria que son exportadores de petróleo, exista una crisis de deforestación por
estos motivos. La necesidad también lleva a los más pobres a apacentar su ganado en tierras
marginales que no son aptas para ello, o bien, a cazar para subsistir, llevando casi hasta la
extinción de numerosas especies.
La “polución de la pobreza”, como alguna vez Indira Gandhi la llamó, margina y
degrada a los individuos, quienes no están en condiciones de asumir compromiso alguno para
evitar la destrucción ambiental.
Como podemos apreciar, ambos extremos –la escasez extrema o la ostentosa
opulencia- están dañando a los sistemas naturales.
De manera que, para evaluar el impacto ambiental de una sociedad, son varias las
cuestiones a tener en cuenta. No basta solo con considerar la cantidad de habitantes que
posee, sino que deben estimarse sus niveles de consumo y qué tipo de tecnología emplea (si
es limpia o contaminantes, si es eficiente o no). Un parámetro que integra estos aspectos y
nos da una idea aproximada del impacto ambiental de un país (aunque también puede ser
aplicado a regiones, personas, actividades) es la llamada huella ecológica, que representa
el área total requerida para el suministro regular de todos los recursos biológicos necesarios
para ese país (o regiones, personas, actividades) así como para la absorción de los residuos
generados por su consumo. Se considera las áreas de tierra y agua utilizadas para cultivos
agrícolas, pastoreo, recursos pesqueros, maderas, pulpas y fibras y espejos de agua artificial
y rutas, entre otros). También incluye las áreas de bosques necesarios para absorber el
dióxido de carbono emitido a la atmósfera por las actividades humanas. Este gas es el único
residuo que contempla la huella ecológica. Para estimar esta demanda se unifican todas las
demandas de biorecursos en una unidad común denominada hectárea global (gha), es
decir, una hectárea hipotética que incluye la suma de todas las áreas de superficie del mundo
utilizadas para satisfacer las necesidades de productos biológicos de un país (región,
personas, actividades). Otro parámetro que se tiene en cuenta es la biocapacidad, es decir,
la capacidad de un área específica –biológicamente productiva- para generar un
abastecimiento regular de recursos renovables y de absorber los desechos resultantes de su
consumo.
De la comparación de ambos valores se deduce que, si la huella ecológica es mayor
que la biocapacidad, se genera un “déficit ecológico”.
Los datos según el último informe de la organización internacional de investigación
Global Footprint Network correspondiente al año 2010 (basados en datos de 2007) son:
Huella ecológica mundial= 18.000 millones de gha (huella promedio: 2.7 gha
por persona.
Biocapacidad mundial : 11,9 mil millones de gha (biocapacidad promedio: 1.8
gha por persona)
El déficit de 6.1 mil millones de gha, lo que significa que la biocapacidad mundial fue
superada aproximadamente un 50 % y que la humanidad utilizó el equivalente en recursos
de ¡1.5 de tierras para soportar su estilo de vida! Al exhausto planeta le toma un año y
medio regenerar lo consumido en un año (el 2007). Por eso, de continuar con la tendencia
en la demanda actual de recursos naturales se estima que se necesitarían más de dos
planetas Tierra para el año 2050 (ver figura).
Figura: Huella ecológica
actual y dos escenarios futuros: si se continua con los niveles de consumo actual o se logra una drástica reducción. (Fuente: Global Footprint
Network http://www.footprintnetwork.org/es)
¿Cómo es posible tal exceso de consumo? Algunos países utilizan, además de los
recursos propios, los de otros territorios conocidos como “fantasmas” de los que importan
una enorme cantidad de bienes y también toman lo que pertenece al futuro, dejando
ecosistemas degradados para las generaciones futuras. La figura ejemplifica la desigual
apropiación de los recursos por parte de diferentes países.
Figura: número de planetas necesarios para sostener diferentes
estilos de vida.
¿Sabías qué?
Actividades
Argentina no tiene déficit
Argentina tiene una excelente
Como podemos apreciar existen tremendas diferencias entre países. Se necesitan 4.5
planetas si el resto de los países del mundo tuviesen el mismo nivel de consumo de recursos
y estilo de vida que Estados Unidos. Por lo tanto, es claro que existen países que “financian
ecológicamente” a otros que se encuentran en déficit.
ACTIVIDADES
¿Estarías dispuesto?
Por lo general, es más fácil estar de acuerdo con aquellas medidas de protección del
ambiente que no nos impliquen directamente, que no atañan a nuestros intereses próximos o
que sean vagas y genéricas. Así, nos adherimos rápidamente a la consigna “no hay que cortar
los árboles del Amazonas”, o no “hay que matar más ballenas”. En cambio, resulta mucho
más problemático conseguir cambios cuando estamos directamente implicados en un
problema. Por ejemplo, cuando el monte a conservar es aquel que puedo usar para que paste
mi ganado, es decir, que está involucrado mi medio de vida. O cuando debo hacer cambios en
mis pautas de conducta y dejar de derrochar el agua o la electricidad o separar los residuos
que género, en orgánicos e inorgánicos.
Le propongo reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo, los impactos ambientales
que están involucrados y cuán dispuestos estamos a modificarlos si está en juego el deterioro
del ambiente.
Probablemente creas que necesitas muchas de las cosas que son parte de tu vida
cotidiana. Sin embargo, algunas de esas cosas no existían cuando tus abuelos tenían tu edad,
y podían vivir perfectamente bien sin ellas.
1. Clasifiquen según sus puntos de vista los siguientes artículos como necesarios u
opcionales. Justifique su elección. Entrevisten a una persona mayor de 50 años de edad
y pregúntele que piensa de las mismas cosas.
Artículo Tu punto de vista El punto de vista de la
(necesario/opcional) persona mayor
(necesario/opcional)
Teléfono celular
Horno de microondas
Videojuegos
Computadoras
Camioneta 4x4
Reproductores de DVD
TP 9: UN PLANETA DE TODOS, UN MUNDO DE POCOS. Parte 3
VER, OÍR Y PENSAR
Les propongo mirar atentamente el siguiente video: Llamado de atención
Director y animador: Stever Cutts
Origen: Unión Europea 2014
Fuente: puede encontrarse en YouTube
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=er_YB76UaMg
Sinopsis: Los consumidores quieren teléfonos celulares
cada vez más poderosos y más rápidos. Tener el último
modelo de celular es para muchos una tentación
irresistible y, por eso, sus ciclos de vida son cada vez
más cortos. La aparición de los Smartphone aceleró aún
más el proceso de recambio de los aparatos.
Actividad:
En el año 2014 la cifra de teléfonos celulares se igualó con la del número de habitantes del
mundo: 7.000 millones.
En Argentina tenemos más de 50.000.000 unidades móviles, lo que nos ubica en la
mitad de tabla de los países clasificados por cantidad de celulares. Pero estamos entre los 10
países con mayor cantidad de celulares por cantidad de habitantes (cerca de 1.3 celulares por
personas). (Fuente: Unión Internacional de Telecomunicaciones- UIT).
El consumidor promedio mundial utiliza su teléfono celular por menos de un año.
(Fuente: Agencia de protección Ambiental de los Estados Unidos-EPA).
Los impactos negativos de los teléfonos celulares
Ambientales -Los celulares son una compleja mezcla de sustancias:
Metales; las baterías pueden contener níquel, litio, cobalto, cinc, cobre, y
cadmio (aunque este último está siendo reemplazado).
Los tableros de circuitos tienen metales como cobre, oro, plomo, níquel,
cinc, berilio, tántalo, coltan.
Las pantallas LCD pueden contener mercurio.
Estos metales presentan toxicidad para los humanos y el ambiente. El
litio, aunque es de baja toxicidad, se caracteriza por su alta reactividad e
inflamabilidad en sistemas acuosos.
Plásticos: componen el 50% del celular (carcasa, pantalla y tablero de
los circuitos). Son sustancias que demandan mucho tiempo para su
degradación.
Otros materiales: los retardantes de llamas están presentes en los
plásticos de los celulares y resultan muy tóxicos. También hay adhesivos
y recubrimientos protectores.
Muchas de estas sustancias llegan al ambiente porque solo una pequeña
proporción de los celulares son reciclados. La mayoría tiene como
destino los basurales con lo que se pierden valiosos recursos.
-Durante un año de uso un teléfono gastará la energía equivalente a 32
litros de gasolina y emitirá 112 kilos de CO 2contribuyendo al cambio
climático.
-La instalación de las antenas de telefonía celular en zonas urbanas
provoca un impacto visual y todavía no hay pruebas concluyentes acerca
de los riesgos que representan para la salud.
Sanitarios -Los teléfonos celulares emiten energía de radiofrecuencia, una forma de
radiación electromagnética no ionizante, que puede ser absorbida por
los tejidos que están más cerca de donde se sujeta el teléfono. La
Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció, por primera vez, un
posible vínculo entre el uso de celulares y el cáncer cerebral, al clasificar
las ondas electromagnéticas que emiten los móviles como
“posiblemente cancerígenas”.
Sociales -El 80 % de las reservas mundiales de coltan, un mineral necesario para
producir los chips de móviles y ordenadores, se encuentran en la
República Democrática del Congo. Milicias rebeldes controlan desde los
años noventa la extracción de coltan en ese país, obligando a las
mujeres y niños a trabajar en las minas en condiciones miserables. Los
rebeldes luchan entre sí por el monopolio de la producción y el comercio
de coltan, que se conoce ya como “el mineral del conflicto”.
- Los teléfonos móviles pueden interferir con ciertos aparatos médicos
electrónicos y con los sistemas de navegación aérea. Sin embargo, si
bien suelen estar en hospitales y otros centros de salud sobre la
posibilidad que tienen de inducir lecturas erróneas en los aparatos de
diagnóstico médico.
- Las relaciones interpersonales se ven afectadas porque el trato “cara a
cara” va siendo reemplazado por los mensajes de textos, que no tienen
la riqueza de una comunicación personal. Se fomenta en las personas la
necesidad de estar permanentemente “conectados” al espacio virtual,
desconectándolas de su entorno real.
TP 10: ¿CRECIMIENTO Y DESARROLLO SON LO MISMO?
El desarrollo sustentable
Está claro que el crecimiento indefinido en un planeta con recursos finitos (que tiene un
límite) es un imposible. Pero también es indudable que existen millones de personas
excluidas que deben incrementar el consumo de recursos naturales para satisfacer sus
necesidades básicas. Entonces, ¿cómo salvar a las ballenas o los bosques, pero también a la
gente que tiene amenazadas su propia subsistencia?
Para conciliar ambas cosas es indudable que los países desarrollados deben reducir su
desmedido consumo. Este es responsable de buena parte del estado de deterioro del planeta,
por lo que los países del Tercer Mundo, asfixiados por la deuda económica, han inventado el
término “deuda ecológica” para desgastar su inmensa insatisfacción ante un orden
económico internacional que, los excluyen de sus beneficios, pero lo hace víctimas de sus
desaciertos.
Los informes de diferentes organizaciones internacionales estiman que los habitantes
de los países pobres tienen muchas más posibilidades de resultar afectados por el camino
climático que los de las naciones ricas, pues tienen menos mecanismos de previsión y una
escasa capacidad financiera y técnica para recuperarse de una catástrofe. Esta vulnerabilidad
totalmente disímil se trata de una de las mayores desigualdades, pues está claro que ellos
son los generadores de envenenamiento del ambiente, en el que tienen una participación
marginal.
Pero también es fundamental que los países del Sur, a fin de lograr una vida digna para
sus habitantes, no copien los equivocados patrones de crecimiento económicos del Norte.
Toda esta problemática ha sido intensamente debatida en diferentes cumbres
internacionales convocadas por las Naciones Unidas, donde se ha visto que el problema
central está en un modelo de desarrollo que excluye a buena parte de la humanidad de una
vida digna y expolia a la naturaleza.
Como resulta de ese debate se ha propuesto un modelo de desarrollo alternativo
conocido como desarrollo sustentable (o sostenible). Fue formalizado por primera vez en
1987 en el documento conocido como informe Brundtland (denominado así por la política
noruega Gro Harlem Brundtland), fruto de los trabajos de la Comisión Mundial de Medio
Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas. La noción de desarrollo sustentable adquirió
desde entonces gran relevancia durante la II Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, Brasil
(1992), cuando 178 países se comprometieron a trabajar en lo que se conoce como Agenda
21. A partir de ese momento, en muchos de los documentos que se redactaron a nivel
intergubernamental comenzó a aparecer este concepto.
Clásicamente se define como desarrollo sustentable a “aquel que satisface las
necesidades humanas del presente sin poner en riesgo la satisfacción de las de generaciones
futuras”. Es decir, que somos una especie de inquilinos planetarios, que debemos mantener la
casa en buenas condiciones para entregarla a los inquilinos que nos sucederán. Hemos
redescubierto un concepto que resultaba natural para muchos pueblos aborígenes
americanos, como lo demuestra unos de sus proverbios:
“No heredamos la tierra de nuestros ancestros, la tomamos prestada de nuestros
hijos”
Un desarrollo verdaderamente sustentable:
Busca que los recursos sean explotados racionalmente de manera que le demos tiempo
a la naturaleza para auto regenerarse y depurarse, es decir, que la extracción de
materiales no se haga a un ritmo superior al de su regeneración (cuando son
renovables) ni que la producción de residuos sea superior al de su posible degradación
por el ecosistema.
No es equivalente a crecimiento global, pues este no puede continuar indefinidamente
en un mundo finito. Sí implica crecimiento local en aquellos sitios que no han alcanzado
niveles dignos de calidad de vida, acompañados de decrecimiento en sociedades
opulentas con desmedidas “necesidades”. De manera que promueve la solidaridad
intrageneracional, para que todas las sociedades actuales puedan alcanzar una vida
digna. Pero tampoco la solidaridad intergenacional o diacrónica para que las
generaciones futuras puedan satisfacer sus necesidades.
Buscar mejorar la calidad de vida de las personas, entendida ya no como una mera
acumulación de bienes materiales, sino como el derecho a vivir en un ambiente sano y
en condiciones democráticas que aseguren el respeto de los derechos humanos, la
participación ciudadana y el desarrollo del potencial que todo ser humano tiene. ¿De
qué sirve la riqueza si cada día aspiramos aire viciado, el agua que bebemos está
contaminado o arrasamos con otras formas de vida? ¿No es un precio demasiado alto
el que estamos pagando por nuestro bienestar?
está claramente orientado a lo local, buscando
fortalecer los recursos humanos y naturales de
cada región, a fin de arraigar a las personas a
su tierra y evitar el éxodo a los grandes
centros urbanos.
Valorizar los saberes tradicionales, alentando
la diversidad cultural, y pondera el papel de la
cultura de los pueblos originarios y el de la
mujer.
De manera que el desarrollo sustentable
considera la integración armónica de las dimensiones
sociales, económicas y ambientales en un ámbito
político democrático que promueva la participación
ciudadana. (ver figura siguiente).
Consumo, basura y desigualdad. Por Quino
Figura: El desarrollo sustentable concilia las variables sociales, económicas y ambientales en un marco político
democrático que alienta la participación ciudadana.
El desarrollo sustentable es un concepto que nos marca el rumbo hacia el cual
deberíamos orientarnos como sociedad humana, aunque todavía es muy general y hasta
ambiguo. Por esta razón, muchas veces se les da interpretaciones que desvirtúan su esencia;
como por ejemplo cuando se lo equipara con mero “crecimiento”. Entre todos vemos ir
construyéndolos, a medida que nos enfrentamos con los grandes retos que nos impone la
crisis ambiental global. Estamos, como alguien dijo, frente a una emergencia de larga
duración para la que no existen soluciones fáciles: no hay “diez maneras sencillas de salvar el
planeta”, ni nada por el estilo, como prometen algunos libros bienintencionados o publicidad
engañosa de algunas empresas que buscan maquillar de verde su imagen.
En los siguientes informes describiremos cuales han sido los efectos ambientales del
modelo de desarrollo, tal como lo concebimos. Pero también veremos cómo, aquí y allá, van
surgiendo respuestas alternativas que buscan concretar el desarrollo sustentable.
VER, Oír y PENSAR
Le propongo mirar atentamente el siguiente video:
La historia de las cosas
Guion: Annie Leonard
Director: Louis Fox
Origen: estados Unidos 2007
Género: documental
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=lrz8FH4PQPU
Sinopsis: presenta en forma sencilla una visión
crítica del sistema económico actual basado en un
consumo exacerbado de bienes, que genera graves
problemas ambientales y sociales.
Actividad:
1. ¿A qué se refiere el video cuando dice que
nuestro sistema económico es lineal?
2. ¿Por qué el precio de las cosas en los
comercios muchas veces no refleja su costo
real?
3. ¿Qué porcentaje de los artículos vendidos en
los Estados Unidos se convierten en basura a
los 6 meses?
4. ¿Cuándo y por qué se propició el consumo en
Estados Unidos?
5. ¿Cuándo y por qué el Índice de Felicidad en
ese país?
Observen ambas figuras y responda:
1. De acuerdo a lo tratado, ¿los cambios que se han producido entre la imagen de arriba y
de abajo, a que pueden atribuirse?
2. ¿Creen que serían necesarios algunos cambios en la figura de arriba? ¿por qué?