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ADa

En un pueblo, existía un puente llamado 'El Puente de los Deseos', donde se decía que los deseos susurrados a medianoche se hacían realidad. Sofía, una niña con el deseo de curar a su hermano enfermo, decide probar la leyenda. La noche que elige, el cielo está despejado y la luna brilla, mientras se prepara para susurrar su deseo en el puente.

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En un pueblo, existía un puente llamado 'El Puente de los Deseos', donde se decía que los deseos susurrados a medianoche se hacían realidad. Sofía, una niña con el deseo de curar a su hermano enfermo, decide probar la leyenda. La noche que elige, el cielo está despejado y la luna brilla, mientras se prepara para susurrar su deseo en el puente.

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En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos

llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:

En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos
llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:

En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos
llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:
En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos
llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:

En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos
llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:

En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos
llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:
En un pequeño pueblo rodeado de colinas y ríos, había un viejo puente de piedra que todos
llamaban "El Puente de los Deseos". Se decía que, si cruzabas el puente a la medianoche y
susurrabas un deseo al viento, este se haría realidad.

Muchos lo intentaban, pero nadie sabía si la leyenda era cierta. Hasta que un día, una niña
llamada Sofía decidió descubrir la verdad.

Sofía tenía un deseo muy especial: su hermano mayor, Andrés, estaba enfermo desde hacía
meses, y los médicos no encontraban una cura. Su madre le decía que tuviera fe, pero cada
día que pasaba, Andrés se veía más débil.

La noche en que Sofía decidió probar la leyenda, el cielo estaba despejado y la luna brillaba
con fuerza. Caminó en silencio hasta el puente, con el corazón latiendo de emoción y
miedo. Se detuvo en el centro, cerró los ojos y susurró:

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