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Conocimiento y Ética en Kant

Immanuel Kant, en su Crítica de la razón pura, analiza el conocimiento y la posibilidad de la metafísica como ciencia, proponiendo que el sujeto aporta elementos a priori a la experiencia. Establece tipos de juicios y argumenta que solo conocemos la realidad fenoménica, no las nouménicas, como Dios o el alma, que son producto del uso indebido de la razón. En ética, Kant formula el imperativo categórico y defiende la autonomía de la voluntad, mientras que en política aboga por un progreso universal hacia la paz y la justicia a través de un contrato social y un derecho internacional.

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Conocimiento y Ética en Kant

Immanuel Kant, en su Crítica de la razón pura, analiza el conocimiento y la posibilidad de la metafísica como ciencia, proponiendo que el sujeto aporta elementos a priori a la experiencia. Establece tipos de juicios y argumenta que solo conocemos la realidad fenoménica, no las nouménicas, como Dios o el alma, que son producto del uso indebido de la razón. En ética, Kant formula el imperativo categórico y defiende la autonomía de la voluntad, mientras que en política aboga por un progreso universal hacia la paz y la justicia a través de un contrato social y un derecho internacional.

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FILOSOFÍA: Tema 8

Immanuel Kant
1. El problema del conocimiento
En la Crítica de la razón pura, Kant se propone hacer un análisis de la razón
teórica para encontrar los fundamentos del conocimiento y tratar de responder a la
pregunta: ¿es posible la metafísica como ciencia?
Sintetizando racionalismo y empirismo, Kant procede a analizar los contenidos de la
metafísica. Para que la filosofía halle el camino seguro de la ciencia: este se
conocerá como giro copernicano del conocimiento.
Según Kant, el conocimiento se había hecho depender de la experiencia recibida;
sin embargo, él sostiene que el sujeto “pone” en la experiencia una serie de
elementos a priori que la hacen posible.
Kant establece los siguientes tipos de juicios:

Tipos de juicios

Según la Analíticos Son “explicativos”; el predicado está incluido en el sujeto.


relación
sujeto-
predicado Sintéticos Son extensivos; amplían información sobre el sujeto.

Según la Son universales y necesarios, porque no dependen de la


A priori
relación experiencia.
con la Son contingentes, dependen de los hechos y necesitan la
experiencia A posteriori experiencia.

Los juicios científicos son los juicios sintéticos a priori.


Así, el conocimiento tiene carácter empírico y, un tiempo, es organizado por
elementos trascendentales, que ordenan la experiencia y son anteriores a ella.
Las facultades del conocimiento son: la sensibilidad y el razonamiento.
La ética trascendental analiza las condiciones a priori de la sensibilidad, es decir,
de la capacidad para recibir información a través de los sentidos. Kant denomina a
esta información intuiciones.
●​ Las intuiciones empíricas son los objetos (noúmeno) percibidos por la
sensibilidad.
●​ Las intuiciones puras son el espacio y el tiempo, los elementos que “pone”
el sujeto. No están en las cosas, sino que son la forma en la que podemos
conocerlas.
Cuando se dan ambos, se produce el fenómeno, la realidad percibida.
Kant analiza nuestra capacidad intelectiva en la lógica trascendental, dividiendo el
razonamiento en dos facultades: el entendimiento y la razón.
●​ El entendimiento es la capacidad de pensar fenómenos mediante
conceptos, y de unir los conceptos para producir juicios sobre la realidad.
●​ La razón es la capacidad de unificar todo nuestro pensamiento en las ideas
más generales: alma, mundo, Dios, etc.
La sensibilidad es pasiva y recoge el mundo exterior de las intuiciones
(impresiones), mientras que el entendimiento es activo y produce espontáneamente
los conceptos que organizan la experiencia sensible. El conocimiento es imposible
sin ambas facultades.
Conocer es, para Kant, entender los fenómenos de la experiencia gracias a
conceptos.
Para que esto ocurra debe existir un elemento sintético, al que Kant llama concepto
empírico, que es la generalización realizada a partir de la experiencia, y otro
elemento a priori, que es concepto puro o categoría. La causalidad, una de las
categorías que propone Kant, es un modo de entender a priori la experiencia. Las
categorías son los elementos puros del entendimiento.
A la pregunta ¿conocemos la propia realidad?, Kant responde que conocemos lo
fenoménico, es decir, las intuiciones que hemos tomado de la experiencia a través
de la sensibilidad, y los conceptos y juicios que la han unificado mediante el
entendimiento.

2. El problema de Dios, de la realidad y del ser humano


La teoría del conocimiento le conduce a Kant a la conclusión de que sólo es posible
el conocimiento de la realidad fenoménica y que nos resulta imposible conocer las
realidades nouménicas, es decir, aquellas realidades de las que no tenemos
conocimiento empírico, como Díos, el mundo, y el Yo. ¿Cómo es entonces, que
tenemos en nuestra mente la idea de su existencia? Según Kant, es nuestra razón
pura la que elabora estas ideas. ¿Cómo lo hace? Aplicando indebidamente las
categorías del entendimiento a realidades no fenoménicas.
La razón busca un fundamento incondicionado de toda la realidad y elabora la idea
de Dios. Pero no conocemos tal realidad, sino sólo fenómenos condicionados unos
a otros sin llegar a experimentar el fundamento incondicionado de todo. El Ser
extramundano está totalmente fuera de la serie de los fenómenos sensibles. Los
argumentos sobre la existencia de Dios elaborados hasta la fecha no los considera
Kant probatorios. Los clasifica en tres:
●​ El argumento ontológico no sería probatorio, pues supone que la existencia
es una perfección, y, sin embargo, puede considerarse la idea de algo
perfecto sin que por ello exista.
●​ El argumento cosmológico según el cual si hay seres contingentes ha de
haber un ser necesario. Según Kant, conduce tras un pequeño rodeo al
argumento ontológico y no prueba que tal ser necesario sea Dios, es decir, un
Ser perfectísimo y realísimo.
●​ El argumento teleológico según el cual si hay orden en el mundo y
adecuación de medios a fines ha de haber un ordenador. Para Kant el
argumento no conduce a un ser ordenador omnisciente sino muy sabio, pues
el mundo contiene mucho desorden. Por otro lado, el argumento no prueba
que ese Ser sea creador, sino meramente ordenador de lo existente.
También elabora la idea del mundo suponiendo la existencia de un fundamento de
todas nuestras impresiones. Hay que distinguir entre lo que es en sí y lo que es para
mí. Según Kant, sólo conocemos lo que es el mundo para el sujeto, pero no lo que
es en sí el mundo independientemente del sujeto.
Finalmente, la razón elabora la idea de alma o yo suponiendo un fundamento de
todos nuestros procesos psíquicos. La razón considera que hay un yo o alma que
tiene una realidad sustancial. Pero el alma o yo no es algo fenoménico. No
conocemos, pues, si se trata de algo real. Para Kant el alma o yo es más bien una
magnitud lógica, es decir, el sujeto de nuestros juicios y nada más: una realidad
trascendental.
Siendo todas estas ideas el producto del uso indebido de la razón y estando estas
realidades fuera del alcance del conocimiento humano, no es posible una ciencia
sobre ellas, por ello no es posible la metafísica como ciencia.

5. El problema de la ética y/o la moral


La razón tiene, según Kant, un uso práctico que se ocupa de cómo debemos obrar
(ética). La razón práctica formula imperativos o mandatos. Los tres objetos de la
metafísica: la libertad, la inmortalidad del alma y Dios son considerados los
postulados de la razón práctica. Kant los denomina postulados porque no siendo
demostrables, deben ser supuestos como condiciones necesarias de la moralidad.
Así, la exigencia moral de obrar por respeto al deber supone la existencia de la
libertad. Además, la razón nos ordena aspirar a la concordancia perfecta entre
nuestra voluntad y la ley moral, y esta perfección es inalcanzable en una existencia
limitada, y exige, por tanto, la inmortalidad como una condición necesaria. Por
último, la vida virtuosa no tiene como resultado garantizado en este mundo la
felicidad. Debe existir un Ser Supremo (Dios) que garantice la vinculación de virtud y
felicidad.
Según Kant, hay tres tipos de acciones según su relación con el deber. Las acciones
contrarias al deber; las acciones conformes al deber; y las acciones realizadas por
el deber. Según esto, sólo tienen valor moral las acciones hechas por el deber
mismo sin considerar el interés o las inclinaciones particulares. El deber es, según
Kant, la necesidad de una acción por respeto a la ley. La característica esencial de
la ley es la universalidad. Si nuestras voluntades fueran santas, coincidirían siempre
nuestras acciones con los dictados de la razón. Pero como a menudo se produce
una discrepancia, los principios objetivos se nos presentan como mandamientos o
imperativos.
Los imperativos pueden ser hipotéticos cuando las acciones ordenadas se conciben
como buenas para conseguir un cierto fin. Pero, según Kant, el imperativo moral no
puede ser hipotético, sino categórico. Es decir, debe ser un imperativo que ordena
las acciones no como medios de ningún fin, sino por ser buenas en sí mismas. No
hay más que un imperativo así y se resume en dos máximas: Obra sólo según la
máxima que te permita al mismo tiempo querer que esa máxima se convierta en ley
universal. Y el hombre, como ser racional, existe como fin en sí mismo, no sólo
como medio para el uso de esta o aquella voluntad.
Los seres de la naturaleza, si son seres irracionales, tienen un valor meramente
relativo, como medios, y por eso se llaman “cosas”, en cambio, los seres racionales
son llamados personas porque su naturaleza los distingue como fines en sí mismos,
es decir, como algo que no puede ser usado meramente como medio.
Por eso, podemos formular también así el imperativo categórico: obra de tal modo
que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro,
siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio. Kant
afirma que la voluntad del hombre considerado como ser racional tiene que
respetarse como fuente del derecho. Este es el principio de la autonomía de la
voluntad. La voluntad moral, que obedece al imperativo categórico, no tiene que
estar determinada por el interés, no tiene que estar a merced de deseos e
inclinaciones; tiene que ser autónoma: darse a sí misma la ley a la cual obedece.
Esta autonomía de la voluntad es lo que denomina Kant el principio supremo de la
moralidad.

6. El problema de la política y/o la sociedad


Kant analiza la historia humana para tratar de encontrar en ella síntomas de
progreso. Prueba de ese progreso es la Revolución francesa, un hecho histórico en
sí mismo problemático, pero que muestra una “tendencia” moral de la humanidad
hacia su perfeccionamiento.
El progreso que podemos esperar del ser humano no es individual, sino universal, y
se ha producido porque tenemos una razón que nos mueve al perfeccionamiento. El
progreso se produce en la contradicción entre el egoísmo y el impulso a la
sociabilidad, entre la máxima libertad y el obligado cumplimiento de las leyes. Esta
situación conduce a constituir la sociedad civil, cuyo estado solo será legítimo si
dota a sus miembros de la máxima libertad; si garantiza la igualdad ante la ley; y
si permite la posibilidad de convertirse en miembros legisladores del Estado.
Este progreso es imposible sin la paz. Para Kant, del mismo modo que la
insociabilidad humana puede superarse en el contrato social, el derecho
internacional puede lograr la paz perpetua si se cumple este ideario:
●​ La instauración en todos los Estados de una constitución republicana,
donde la ciudadanía sea soberana gracias a la división de poderes.
●​ La creación de una federación internacional de Estados o civitas
gentium, que “llegue a contener en su seno todos los pueblos de la tierra”.
●​ La elaboración de un derecho cosmopolita de hospitalidad que permita a
los extranjeros disfrutar de su vida dignamente en países distintos del suyo.

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