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Partes y no podía dejar de

mirarlos. Joder, me encantaba que llevara así mis marcas en su pálida


piel. Sus pechos rebotaban mientras la penetraba una y otra vez. Me
sentía como un animal, mis instintos primarios se apoderaban de mí.
Es el día de nuestra boda, así que no tenía por qué pasar.
Pensaba hacerlo después de la ceremonia. Pero una mirada a ella en
ese maldito vestido y todas las apuestas estaban fuera. Ver sus tetas
hinchadas y apenas caber en el vestido cuando lo hicieron hace unos
meses hizo que me doliera la polla. Solo nuestra familia inmediata
sabe que está embarazada, pero tengo la sensación de que el gato va
a estar fuera de la bolsa una vez que el público tenga una buena
mirada de ella.
—Joder, estás tan mojada. — gruño y vuelvo a penetrarla. —
También estás más suave. — Es todo lo que puedo hacer para no
enloquecer después de dos bombeos, pero puedo sentir que se está
acercando y me contengo. —Mierda, no hagas eso.
Su coño se aprieta alrededor de mi polla y entonces tiene la
audacia de empujar su culo hacia atrás para más.
—Por favor, Aspen. Estoy tan cerca.
—Maldita sea, princesa. — Cierro los ojos con fuerza y me agarro
a ella mientras su coño me aprieta como un puño. Está tan caliente y
resbaladiza que cada centímetro de mi polla palpita de necesidad y no
aguantaré mucho más.
Los dos sabemos por qué estoy aquí todo el tiempo y no es
porque quiera su despacho. Es porque desde esta ventanita se ve
directamente el despacho donde trabaja Mina.
Lleva aquí más de una semana y cada momento desde que
empezó a trabajar aquí ha sido el peor de mi vida. O quizá también el
mejor, porque la veo mucho. De cualquier manera, ella no parece
entender el infierno literal por el que me está haciendo pasar.
En ese momento Mina se levanta de la mesa y le miro el culo.
Hoy lleva una falda ajustada que estaba oculta por un cárdigan de
gran tamaño. Debe de haberse acalorado y se ha quitado el cárdigan,
porque ahora puedo ver el ensanchamiento de sus caderas y lo
exuberantes que son sus curvas.
— ¿No hay algún tipo de código de vestimenta? — Digo y me doy
cuenta de que no quería decir eso en voz alta. En cualquier caso, Mina
está infringiendo algo. Cuando se da la vuelta, solo puedo pensar en
su dulce coñito, que mantiene apretado entre esos gruesos muslos.
—Una cosa joven y bonita como ella no debería tener que
esconder esas curvas.
—Voy a decirle a Sarah que has dicho eso. — la amenazo sin
girarme hacia Angela.
—Pffft. — se burla como si hubiera hecho una broma. —Ella
aprecia algo bonito de ver tanto como yo.
—Maldita sea. — Siseo en voz baja. ¿No puede todo el mundo
dejar de mirar a mi jodida chica? ¿Tan difícil es para la gente apartarse
de una puta vez?
De acuerdo, no es mía, pero Angela sabe muy bien cómo me
siento. Probablemente sea la única persona en este planeta que sabe
lo enamorado que estoy de Mina y también sabe por qué no puedo
hacer nada al respecto.

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