1.
De la Revolución de septiembre a la regencia de Serrano
El malestar político, económico y social era síntoma de que el modelo político isabelino
estaba agotado. Progresistas y demócratas firmaron en 1866 el Pacto de Ostende, primer
episodio de un movimiento que acabó con el reinado de Isabel II. En enero de 1868 se
sumó a él la Unión Liberal.
1.1. La Gloriosa Revolución y el gobierno provisional
El levantamiento militar del almirante Juan Bautista Topete, en la bahía de Cádiz, el 19 de
septiembre de 1868, dio paso a un movimiento revolucionario
conocido como la Gloriosa. (1)
Esta revolución fue resultado de una alianza entre progresistas y unionistas, con la
aprobación de los demócratas, e intervinieron en ella militares de prestigio (Prim, Serrano,
Primo de Rivera, Dulce, etc.) y numerosos civiles de las clases burguesas y medias. El
objetivo era derrocar a la reina, no acabar con un gobierno. Su éxito dio lugar a un amplio
programa de reformas.
El verdadero ideario revolucionario lo aportaba el Partido Demócrata, que pedía el sufragio
universal, la supresión de los consumos* y de las quintas y, además, defendía a las clases
medias y trabajadoras. Pretendía también acabar con el bloqueo parlamentario, promovido
por la reina y su entorno, así como hacer frente a la pésima situación económica que
perjudicaba a los inversores en las empresas ferroviarias.
Se trató, en realidad, de una revolución «falseada», pues las juntas revolucionarias y los
movimientos de base popular amparados por los demócratas fueron pronto excluidos o
perseguidos. El objetivo de la revolución era completar la transición iniciada en 1833 hacia
una sociedad burguesa, apoyada en un sistema capitalista eficaz, cuyos actores eran
hombres de negocios vinculados al poder político.
Larerolucion se extendio pronto desde Cadiz por toda la Peninsula Labatalla
en el puente de Alcolea (Córdoba, 28 de septiembre) dio el triunfo a los suble-vados, al
mando del general Serrano. (2) Al día siguiente, el gobierno entregó el poder en Madrid a
una junta superior revolucionaria.
Isabel II abandonó el país con su corte en dirección a Francia el día 30. Las juntas
revolucionarias se extendieron por casi toda España, pero estuvieron dominadas por las
llamadas al orden y al respeto de la propiedad privada, rechazando las demandas radicales
de carácter democrático y republicano. El programa revolucionario se limitó al
establecimiento de libertades políticas y civiles, la secularización del Estado, la reforma de
la Hacienda, la libertad económica y el rechazo de la dinastía borbónica.
El 3 de octubre, la junta revolucionaria encomendaba al general Serrano la formación de un
gobierno provisional, que se constituyó el día 8, tras la llegada del general Prim. (3)
El gobierno provisional lo formaban cinco ministros progresistas y cuatro unionistas; los
demócratas quedaron fuera y, por tanto, el sector más revolu-cionario. Las primeras
medidas se dirigieron a controlar la revolución: disolución de las juntas, restitución de la
disciplina en el ejército y mantenimiento del orden «a toda costa». Muchas juntas se
resistieron a su disolución (Barce-lona, Valladolid, Alcoy y algunas andaluzas).
El 25 de octubre, el gobierno mostraba en un manifiesto a la nación (4) su programa de
reformas, cuyos pilares eran el sufragio universal y la libertad religiosa, de enseñanza, de
imprenta, de asociación y de reunión, junto con otras medidas de carácter socioeconómico
(creación de la peseta como moneda nacional, ley de minas y arancel librecambista). Este
programa definía un orden social conservador de carácter burgués, en el que los poderosos
y acomodados moldearon la revolución. Ese giro de la revolución radicalizó al sector
republicano del Partido Demócrata, que apostó por la república federa, mientras que el
sector moderado se inclinaba por la monarquía (cimbrios).
B. 15 de enero de 1869 tuvieron lugar las elecciones a Cortes Constituyentes. con mayoría
de progresistas y unionistas, pero con un grupo notable de diputados republicanos resista
ciones, y las municipales que las pre illenes de hicieron mediante sufragio universal
masculino, con casi cuatro millones de electores, hombres mayores de 5 años. Las
sesiones de las Cortes se abrieron el 1 de febrero y su tarea se centró fundamentalmente
en la elaboración de la nueva constitución. Mientras tanto, las reivindicaciones de las clases
el calares urbanas y del mundrastal se fueron abandonando, lo que abonó el camino para el
radicalismo de esta etapa histórica.
1.2. La regencia de Serrano y la nueva constitución
Las Cortes Constituyentes concluyeron el debate del proyecto de nueva constitución el 6 de
abril de 1869. El texto constitucional se promulgó dos meses más tarde, el 6 de junio,
después de aprobarse por amplia mayoría de 214 votos a favor y 55 en contra. (5)
Es un texto de 112 artículos, influido por la Constitución belga de 1831 y la estadounidense
de 1787. Establecía en el preámbulo la soberanía nacional de base popular y proclamaba la
división de poderes y una amplia declaración de derechos:
• Regulaba por vez primera todos los derechos individuales, desde los de libertad religiosa o
de cultos, de reunión y asociación hasta el de enseñanza y el de expresión.
• Establecía el sufragio universal; sin duda, la conquista política más destacada de la
Revolución de 1868.
• Instauró un sistema bicameral. El Senado se elegía por sufragio universal indirecto, pero
solo podían ser senadores los mayores contribuyentes y los hombres con altas
capacidades. El Congreso era elegido por sufragio universal masculino.
• El rey tenía atribuciones semejantes a las de constituciones ante-riores, pero el artículo 33
aclaraba que estaba sujeto a la soberanía nacional, de la que emanaban todos los poderes
del Estado, incluso los del monarca. Esto hacía necesaria una nueva dinastía.
1.3. Los problemas de la regencia
La adopción de la monarquía como forma de gobierno provocó la dura oposición de los
republicanos y obligó a nombrar a Serrano regente, mientras Prim ocupó la jefatura del
gobierno. El poder ejecutivo afrontó problemas complejos:
• Una guerra colonial en Cuba, iniciada en 1868.
• La oposición activa de los carlistas y los moderados o alfonsinos*. En julio de ese año se
levantaron varias partidas, que anunciaban la que sería la tercera guerra carlista a partir de
1872.
• El acoso de los republicanos, que no aceptaron la solución monárquica de la Constitución.
En octubre de 1869 se produjo un alzamiento republicano federal, que movilizó tanto a
sectores burgueses como al incipiente movimiento obrero. Prim reprimió estos
levantamientos y asumió amplios poderes en el orden público.
• El descontento de las capas populares urbanas y rurales. Hubo que hacer frente al
bandolerismo en Andalucía con un cuerpo policial, la Partida de Seguridad Pública, que
aplicó la ley de fugas* sin contemplaciones.
A estos problemas se sumó la elección del nuevo rey, de otra dinastía. Llegó a haber cinco
candidatos, cuatro de ellos desechados, lo que dejó abierta la candidatura de Amadeo de
Saboya como nuevo rey de España. Problemas internos y de política exterior, como la
derrota de la Francia de Napoleón III ante Prusia, obligaron a acelerar este proceso. Prim
presentó la candidatura el 3 de noviembre y el 16 se votó en las Cortes con un triunfo claro:
191 votos para Amadeo, frente a 27 a favor de Montpensier y 8 para Espartero. Los
republicanos emitieron 63 votos contrarios.
El reinado de Amadeo 1 (1871-1873)
Amadeo I fue elegido rey por el empeño del general Prim, quien quería evitar la
proclamación de la república. Pero el mismo día en que el monarca desembarcaba en
Cartagena, el 30 de diciembre de 1870, Prim fallecía en Madrid víctima de un atentado.
Desaparecía el principal apoyo del nuevo monarca. (6)
2.1. El difícil reinado de Amadeo de Saboya
Amadeo entró en Madrid el 2 de enero de 1871, juró la Constitución, y así comenzó la
primera experiencia de una monarquía democrática en España. Pronto sufrió el
menosprecio o la indiferencia de los altos mandos militares y de la aristocracia. El nuevo rey
tuvo que encargar la formación de gobierno a Serrano, con quien nunca llegó a entenderse.
Uno de los principales problemas políticos fue la división interna en los partidos que
apoyaban a Amadeo, unionistas y progresistas, especialmente estos últimos. Dentro del
progresismo había dos tendencias:
• Una conservadora, liderada por Sagasta, los constitucionalistas, que tuvieron el apoyo de
los unionistas de Serrano.
• Otra reformista, dirigida por Ruiz Zorrilla, los radicales, a la que se unieron los cim-brios*,
provenientes del Partido Demócrata, que se había escindido entre los partidarios
de la monarquia y los de la republica.
Ambas facciones se enfrentaron, lo cual hacía inviable la acción de gobierno porque este
dependía del Partido Progresista. La ruptura de los progresistas se confirmó en las
elecciones de abril de 1872. Sagasta presidió el gobierno desde diciembre y buscó alianzas
cambiantes con unionistas o con demócratas, pero usó el fraude electoral a pesar de las
demandas de Amadeo de que las elecciones fueran limpias.
Por otro lado, existía una gran agitación sociopolítica derivada de los efectos de la Comuna
de París* y de la difusión de las ideas de la Internacional (o AIT). Una parte de las clases
populares se alejó definitivamente del régimen iberal, apostando por una revolución obrera.
El miedopostando por mpujó a Sagasta, mins-tro de la ala revuelta a prohibir todas las
actividades de los internacionalistas.
El desprestigio del gobierno obligó a Amadeo a sustituir a Sagasta y poner en su lugar a
Serrano. Pero su gobierno duró poco porque firmó el Convenio de Amorebieta con los
carlistas, lo que indignó a militares y radicales. Le sustituyó Ruiz Zorrilla. A toda esta
inestabilidad política y social contribuyó la oposición de los republicanos federales, cada vez
más radicalizados.
2.2. La crisis final de la monarquia
En estas circunstancias se produjeron otra rebelión carlista y la guerra de Cuba, en la que el
gobierno se enfrentó tanto a los independentistas como al «partido español» de la isla, que
controlaba los negocios, exigía mantener la esclavitud y se oponía a reformar el sistema de
explotación.
El malestar en el ejército se acrecentó con el nombramiento del general Hidalgo como
capitán general de las Vascongadas. El cuerpo de artillería protestó por considerar que
había participado en la represión de la sublevación del cuartel de San Gil en 1866. Para
presionar, los mandos artilleros solicitaron la separación colectiva del servicio. El gobierno y
las Cortes querían reafirmar el poder civil sobre el ejército y aceptaron la renuncia. Este
nuevo enfrentamiento colmó la paciencia del rey. Amadeo se negó en un primer momento a
rubricar el decreto de reorganización del arma de artillería, pero, al haberlo apoyado el
Congreso, acabó firmándolo, y el 10 de febrero de 1873 renunció a la corona. (7) Al día
siguiente, el Congreso y el Senado, en sesión conjunta, asumieron los poderes y
proclamaron la república.
El balance del reinado habla por sí solo: seis gabinetes, tres elecciones generales y el
fracaso del primer intento de monarquía democrática.
2.3. La tercera guerra carlista (1872-1876)
El carlismo adquirió nuevo impulso durante el sexenio, ya que a él se sumó el ala derecha
del Partido Moderado, los neocatólicos, cuya ideología era la defensa del orden social
consagrado por la Iglesia.
La persistencia del conflicto carlista durante todo el siglo se explica por tres razones: la
resistencia campesina a las formas de producción capitalista, el rechazo de los antiguos
territorios forales al centralismo liberal y la firme posición de la religiosidad tradicional frente
a la secularización iniciada con la Revolución liberal. Por el contrario, el carlismo idealizaba
el mundo rural y las tradiciones, con un intenso catolicismo y la defensa de los fueros.
La tercera guerra carlista se inició en abril de 1872 con levantamientos en Bar-celona,
Valencia, Girona, el Maestrazgo y las provincias vascas. Todos fracasa-ron, a pesar de que
el autoproclamado Carlos VII había entrado en España.
Las hostilidades se reanudaron en diciembre de 1872 y la guerra se generalizó durante
1873: don Carlos volvió a entrar en España y los carlistas ocuparon las provincias vascas,
Navarra y parte de Aragón, Valencia y Castilla la Nueva. El capítulo más importante del
conflicto fue el sitio de Bilbao, que ganaron las tropas liberales. En el norte se creó un
Estado alternativo, con las provincias vascas y Navarra, que llegó a legislar en cuestiones
de enseñanza, orden públi-co, levas de soldados o economía; emitió moneda y tuvo servicio
de correos.
La centralización de 1876, tras el fin de la guerra, acabó con los restos del sistema foral
vasco y abrió el camino para la transformación del viejo fuerismo en un nacionalismo
identitario de base etnicista y profundamente católico.
3.
La Primera Republica
En la tarde del 11 de fe a Evo: 2e7 se proclamaba la república por una amplia mayoría de
votos (258 tor 2 en contra), Los parlamentarios pr una amplia-mablecer un régimen similer
ai die Amadeo I, pero sin monarca. Preten can esa
instaurado en 1868.
embargo, la idea de los republicanos ni de los desencantados del egi,en
3.1. La debilidad del nuevo régimen
La pugna entre federales y unitarios o radicales marcó la historia de la primera experiencia
republicana en España. Este periodo abarcó menos de mi año, del 11 de febrero de 1873 al
3 de enero de 1874, cuando el golpe de Estado del general Pavía derrocó al gobierno
republicano. En ese tiempo se sucedieron cuatro presidentes (Figueras, Pi i Margall,
Salmerón y Castelar), seis gobiernos y una agitación social intensa.
El esfuerzo para construir un nuevo modelo de Estado tropezó con múltiples dificultades,
entre las que destacaron la cuestionada legitimidad de su origen y la diversidad de
corrientes políticas.
El primer presidente del poder ejecutivo fue Estanislao Figueras. Se mantuvo la
Constitución de 1869, suprimiendo solo los artículos referidos a la monar-quía. El 22 de
marzo se disolvía la Asamblea tras haber abolido la esclavitud en Puerto Rico y haber
eliminado las quintas.
Se convocaron elecciones para mayo, con carácter constituyente, pero la agitación
federalista hizo temer a los radicales que perderían las elecciones, por lo que prepararon un
golpe para el 23 de abril, que fracasó. La consecuencia de este fracaso fue la ruptura entre
radicales y republicanos. Finalmente, las elecciones se celebraron el 10 de mayo.
3.2. La república federal y la revuelta cantonal
Con mayoría republicana federal, las nuevas Cortes Constituyentes proclamaron la
república democrática federal en junio.
A Figueras le sustituyó, el 11 de junio, Francesc Pii Margall, (8 y 9) quien intentó conciliar
las corrientes republicanas con un programa de «orden y gobierno».
Pero los problemas que tenía que afrontar eran prácticamente insuperables: dos guerras (la
carlista y la de Cuba) con un ejército en plena disolución y unos oficiales contrarios a la
república, y diversos cambios de gobierno en pocas semanas para dar satisfacción a la
derecha republicana.
Pi quería negociar con los carlistas y republicanos impacientes, pero en julio de 1873 se
produjo en Alcoy una huelga general que derivó en una insurrección que fue reprimida con
dureza.
Pronto surgieron los cantones, que proclamaron la república federal. El cantonalismo surgió
por dos causas: como reacción defensiva ante la posible derechización de la república y
como medio de presión para acelerar la implantación de la república federal.
El objetivo del movimiento cantonalista era llevar el federalismo hasta sus últimas
consecuencias: democracia directa, autonomía de municipios y di-putaciones, supresión de
consumos y quintas, reparto de la tierra, anticlericalismo y defensa de las clases medias y
populares, Pero en ningún caso cuestionaron la unidad de España, a pesar de la apariencia
de fragmentar el Estado en cantones independientes.
El movimiento cantonal
Se inició en Cartagena en julio de 1873; pocos días después, surgieron otros cantones:
Valencia, Alicante, Almansa, Sevilla, Salamanca, Murcia, Cádiz, Má-laga, etc. Pi i Margall se
negó a reprimir estos levantamientos y el gobierno entró en crisis. Nicolás Salmerón le
sustituyó en la presidencia de la República y se comprometió a restablecer el orden y
aprobar las reformas sociales pendientes. Entre finales de julio y principios de agosto
cayeron los principales cantones andaluces y valencianos. Los últimos en someterse fueron
Málaga, el 19 de septiembre, y Cartagena, en enero de 1874.
El proyecto de constitución federal
Pii Margall habia presentado a las Cortes un proyecto de constitucion para la
república federal*. Una vez derrotados la mayoría de los cantones, el día 11 de agosto
comenzó la discusión del proyecto, ya con Salmerón en la presidencia.
Pero el escaso interés por parte de los diputados y los serios problemas del periodo
aplazaron el debate.
La Constitución non nata de 1873, elaborada apresuradamente por Emilio Castelar, era un
texto poco sistemático que definía una «nación española» compuesta por 17 Estados,
regulaba los derechos y libertades de los españoles, declaraba la república federal como
forma de gobierno de la nación y delimitaba los poderes del Estado federal y de los Estados
que lo componían.
3.3. La república centralista
El 6 de septiembre, Salmerón dejaba la presidencia del poder ejecutivo al negarse a firmar
dos sentencias de muerte. Se había debatido esos días la cuestión de la pena de muerte, y
Salmerón, que se oponía a esta, prefirió dejar el gobierno antes que cumplir la exigencia de
los militares.
Le sustituyó Emilio Castelar, (10) nombrado presidente el 8 de septiembre.
Castelar defendía una república centralista (a pesar de haber elaborado el proyecto de
constitución federal) y movilizó a los reservistas para acabar con el problema cantonal (11) y
continuar con las guerras, la carlista y la de Cuba.
Postergó la discusión del proyecto constitucional. Firmó las penas de muerte que Salmerón
rechazó e hizo volver a los dirigentes de los partidos Radical y Constitucional, entre ellos, el
general Serrano.
En el debate en Cortes del 2 de enero de 1874, Castelar propuso la separación de Iglesia y
Estado y un proyecto de abolición de la esclavitud en Cuba. El general Pavía, capitán
general de Madrid, había preparado un golpe de Estado del que Castelar tenía
conocimiento. No iba contra la república, sino contra quienes defendían el retorno a la
experiencia federal, que la gente de orden y el ejército no aceptaban. En la madrugada del 3
de enero, Pavía rodeó el edificio del Congreso con tropas del ejército y de la Guardia Civil, y
ordenó que desalojasen el hemiciclo. (12) Después del asalto a tiros, los diputados huyeron
sin mayor resis-tencia, aunque habían jurado morir antes que abandonar sus escaños.
3.4. La república unitaria y el retorno de los Borbones
Tras el golpe, Pavía reunió a los tres capitanes generales residentes en Madrid (Serrano,
Concha y Zavala) y a un grupo de políticos, entre los que estaban Sagasta y Cánovas, para
imponer una república con Serrano como presiden-te, muy influida por el modelo francés.
De enero a diciembre de 1874, se instauró un régimen conocido como república unitaria* o
dictadura del general Serrano, ya que fue él quien presidió la República y ejerció como
presidente del poder ejecutivo. Su mandato se abrió con un golpe de Estado y se cerró con
otro, el 29 de diciembre.
Se trataba de una dictadura personal encubierta bajo la forma republicana.
El manifiesto a la nación del 8 de enero de 1874 definía su intención de actuar con rapidez
para:
• Reconocer la Constitución de 1869, aunque esta quedaba en suspenso hasta restablecer
la tranquilidad pública.
• Conceder un papel primordial al ejército, única institución vertebrada y asentada en «una
nación dividida», lo que le confería un papel arbitral.
• Hacer un lamamiento a los partidos liberales (constitucionalistsno.
cales), alejándose del republicanismo federal, germen del cantonalismo.
• Apelar a los grupos sociales acomodados, la gente de orden, base social del golpe de
Pavía.
La provisionalidad de este gobierno facilitó los preparativos del retorno del hijo de Isabel II,
Alfonso Antonio Cánovas, jefe de los alfonsinos, queria uns «Estauración monárquica por la
vía civil. Pero el general Martínez Campos.
Preparó un pronunciamiento militar. Salió de Madrid el 26 de diciembre, marchó hacia
Sagunto tras comunicar sus planes a Cánovas, que no aprobaba esta acción, y allí arengó a
las tropas el 29 de diciembre, proclamando traicia-
-o XII nuevo rey de España. E) ultimo día del año, Serrano huyá a rancia, mientras Cánovas
conspia el ministerio-regencia que inauguraba una nueva capa Era e iltimo acto del sexenio
democrático