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Get Back: La creación de The Beatles

El documental 'Get Back', dirigido por Peter Jackson, captura el proceso creativo de The Beatles durante su crisis en 1968, mostrando ensayos y la evolución de su música en un extenso metraje. A través de 150 horas de audio y más de 60 horas de filmación, Jackson ofrece una celebración del trabajo colaborativo del grupo, destacando su comunicación y creatividad. A diferencia de 'One+One' de Godard, que aborda el contexto político de la época, 'Get Back' se centra en la intimidad del proceso de creación musical de The Beatles.

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Get Back: La creación de The Beatles

El documental 'Get Back', dirigido por Peter Jackson, captura el proceso creativo de The Beatles durante su crisis en 1968, mostrando ensayos y la evolución de su música en un extenso metraje. A través de 150 horas de audio y más de 60 horas de filmación, Jackson ofrece una celebración del trabajo colaborativo del grupo, destacando su comunicación y creatividad. A diferencia de 'One+One' de Godard, que aborda el contexto político de la época, 'Get Back' se centra en la intimidad del proceso de creación musical de The Beatles.

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Get Back​

La celebración

The Beatles están en crisis. Su equipo cree que tocar algunas canciones nuevas frente al
público y capturar todo en una transmisión de televisión es una buena idea para volver a
arrancar la máquina. Los cuatro músicos aceptan reagruparse y comenzar a escribir y tocar
juntos en los estudios de televisión de Twickenham.
Del registro audiovisual de esta idea surgen ciento cincuenta horas de audio y más de 60 en
película que se resumen en poco menos de ocho horas de documental en Get Back,
esfuerzo titánico que se concreta bajo la batuta de Peter Jackson.
Más allá de la fascinación que pueda tenerse por The Beatles, por su legado, condensar
así un metraje tan escandaloso es ya un prodigio de montaje. Peter Jackson incluso se
regodea en él (en el nivel de trabajo ejecutado) en el capítulo final del documental en el que
tras el largo túnel creativo que significó la edición (hecha con los talentos de Graham
Gilding, Peter Hollywood, Tony Lenny y Jabez Olsen) y ya con el dominio absoluto del
material, divide la pantalla y muestra las tomas simultáneas de las diez cámaras que
registraron la hoy mítica última aparición pública de The Beatles, punto climático de esta
narración.
A partir de todo el material que recogió Michael Lindsay-Hogg (el director elegido para el
registro en 1968), Peter Jackson consigue una celebración absoluta del proceso de
creación. The Beatles ensayan, escriben, componen, corrigen, juegan, cambian planes,
desechan la idea de un programa de tele y adoptan no sin dudas la de un nuevo disco. Y
hay gente documentando ese primer proceso. Jackson y su equipo toman el relevo más de
50 años después y con un montaje sorprendente documentan a quien documenta y a los
documentados originales.
Vemos entonces historia viva. La de uno de los grupos musicales más trascendentes en la
historia de la humanidad componiendo nuevo material. Todo queda en los audios y en los
metros y metros de película que controlaba con sutil mano de hierro el director original
(Michael Lindsay-Hogg) y después, en un desenvolvimiento de realidades ni siquiera
definido por la famosa meta composición, vemos un documental del documental sobre la
idea original: la búsqueda de nuevo material de The Beatles para The Beatles.
Buscándolo o no Jackson plasma lo complejo de los procesos creativos reales al mostrar
como nunca antes, sin filtro y sin intención real la forma en que The Beatles trabajaba a
esas alturas de su historia. La oscuridad inicial, el desconcierto, la falta de brújula que poco
a poco se transforma en una especie de ruta no dibujada en la que los cuatro miembros del
grupo se encarrilan uno a uno. La etapa de apatía que de repente encuentra dirección y la
etapa final, en la que los creadores alcanzan un nivel de comunicación casi telepática. Es
más que emocionante ver a los cinco músicos (incluyo ya al pianista Billy Preston)
comunicarse a través de frases inconclusas, intercambiar instrumentos, mirarse y comenzar
a tocar para seguir puliendo cualquier cosa que estén pensando solos o en conjunto.
Y buscándolo o no, al terminar el documental -inconcluso en origen- Jackson realiza
también un acto de celebración a la narración cinematográfica. Los elementos de la
gramática del cine son los mismos ahora que hace 50 años, no se han multiplicado y la
prueba es el amasiato luminoso en el que el material recogido por Lindsay-Hogg y su
equipo dialoga en el montaje y nos invita a transitarlo a través de lo logrado por Jackson y
su equipo.
La diferencia (o la ventaja) es que Jackson conoce ya el resultado del trabajo que
registraba Lindsay-Hogg y que The Beatles encapsulan en su propio grupo creativo. Eso
da encanto extra a la película y subraya, de nuevo, el poder y la pureza del lenguaje
cinematográfico: The Beatles se dejan registrar (por momentos incluso parece que se
olvidan del equipo alrededor de ellos) quizá creyendo que lo que las cámaras recogen no
llegará a ningún lado (el abandono del grupo de parte de George Harrison es mi
fundamento) y ahora ese registro in situ es comprendido y emocionalmente recibido por
fans y detractores del grupo para llenar un hueco en la historia.
Por otro lado llama la atención la aproximación de Jackson al material (o el control que
sobre su uso se le haya impuesto). Get Back es un documental hacia adentro, que nunca
sale ni del estudio de televisión de Twickenham en donde se realizaría el famoso programa
de tele con The Beatles tocando en vivo, y tampoco sale de los edificios de Apple Records.
Busca sólo el apoyo necesario, el contexto externo indispensable para comprender algunos
giros en el trabajo de The Beatles (el mini capítulo dedicado a “Get Back”, la canción, y su
carga política liberal es un buen ejemplo), pero regresa siempre y de manera inmediata al
capullo de creación.
Sin embargo tenemos en el mundo (y en la historia) un experimento igualmente atrevido
aunque artísticamente hablando quizá mucho más trascendente. One+One (Reino Unido,
1968), película de Jean-Luc Godard también conocida como Sympathy for the Devil es
igualmente un experimento cinematográfico. Es más rabioso, mucho más político pero no
deja de representar una especie de polo opuesto tanto al trabajo de The Beatles como a lo
logrado por Peter Jackson. La cereza en el pastel es que One+One es una película
hermana. Se filmó un año antes de que The Beatles comenzaran el trabajo que vemos en
Get Back y fueron ellos mismos quienes rechazaron a Godard: don Jean-Luc buscaba
concretar su primera película en Londres y pidió para ello trabajar con The Beatles o con
The Rolling Stones. Tras la negativa de The Beatles (que seguramente atravesaban el
periodo de hastío que impulsó las ideas para el Get Back) los Stones acogieron con gusto
a Godard.
One+One es, repito, un contrapeso interesante. En lugar de registrar el trabajo alrededor de
un disco entero Godard usa como leitmotiv “Sympathy for the Devil” la canción más
representativa del Beggars Banquet, el disco en el que los Stones trabajaban en ese
momento.
Ese leitmotiv suena en distintas etapas de su creación para impulsar cortes a trozos de
ficción y otros documentales en los que Godard plasma claramente, con furia y con una
conciencia política y social gigantesca el momento de enorme transformación que vivía el
mundo, desde los movimientos estudiantiles, la lucha por los derechos civiles y la pelea
contra el fascismo en eterno movimento (esa tienda de pornografía donde conviven los
cómics americanos por excelencia y un hombre que no se cansa de recitar a grito pelado
“Mi lucha”, el lamentable objeto escrito por Hitler) y la utopía que busca un camino alterno
al capitalismo que ya mostraba sus garras y sus colmillos.
Entonces las repeticiones y las transformaciones de decenas de canciones de The Beatles,
la aparición y mutación de versiones, citas a Elvis, a Dylan en Get Back se convierten en
One+One en la repetición mántrica de una sola pìeza (“Sympathy for the Devil”) que
demandaba un rompimiento generacional ante el desastre de planeta que se le entregaba a
los jóvenes. Get Back apunta a la creación no ajena del mundo pero ensimismada en un
posible objetivo, mientras que One+One nos pide llegar al ensimismamiento para detectar
a un mundo agitado, convulso, descompuesto y tratar de transformarlo e incluso destruirlo.
Digamos que ambas películas son expansivas. Get Back lo hace al dejar ver el activismo
de John Lenon y las preocupaciones de Paul McCartney (que es al final el compositor de
Get Back), las inquietudes de George Harrison que ya ponía el ojo en la hambruna en
Biafra (y que convirtió en conciertos benéficos en 1971) y el trabajo extra musical de Ringo
Starr, a través de una encerrona brutal de un mes de la que resultaron decenas de piezas
musicales, más de 60 horas de película y 150 de audio.
Mientras tanto One+One ejecuta un opuesto complementario. “Sympathy for the Devil”
suena en los ensayos y en sus reescrituras una y otra vez, a veces de una forma, a veces
de otra. Y Godard nos expulsa cada vez que puede de los Olympic Studios (también en
Londres) para ficcionar la violenta realidad universal y cargar políticamente a la película y en
consecuencia a la canción.
No sería malo, entonces, repensar al “Let it Be” de The Beatles con el “Let It Bleed” de The
Rolling Stones ya no como una enfrentamiento sino como un ejercicio de doble
comprensión de sus circunstancias.
En Get Back la versión terminada de la canción se escucha varias veces. En One+One
Godard, intencionalmente (subrayando quizá el momento de transformación que
representaba 1968) nunca registró a “Sympathy for the Devil” completa y terminada.
Ambas películas, sin embargo, son una celebración de carácter distinto, a la creación en
general y al poder del montaje cinematográfico en particular. En medio quedan dos de las
mejores bandas musicales del siglo XX hablándonos al oído: Let it Be también significa Let
It Bleed… Y viceversa.

The Beatles: Get Back​


(Reino Unido-Nueva Zelanda-EUA, 2021)​
Dirige: Peter Jackson​
Con: Paul McCartney, John Lennon, Ringo Starr, George Harrison​
Edición: Graham Gilding, Peter Hollywood, Tony Lenny, Jabez Olsen​
Fotografía: Anthony B. Richmond​
Duración: 468 minutos.

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