GEOGRAFÍA RURAL: Los espacios rurales: territorios productivos en transformación1
1. Características generales de los espacios rurales
La Geografía Rural es una subdisciplina dentro de la Geografía que estudia los espacios rurales, que son espacios
producidos socialmente y cuyas transformaciones comenzaron desde que existe la agricultura. Esta concepción implica
que el espacio no es un objeto dado, preexistente a la acción humana, sino que se produce social e históricamente.
Una definición de Clout (1975) señalaba que la Geografía Rural “Es el estudio del uso social y económico de la tierra y
los cambios espaciales ocurridos en territorios de baja densidad poblacional”. Entonces, tenemos tres elementos
básicos que caracterizan a la mayor parte de los espacios rurales en el mundo: la baja densidad de población, la
preeminencia del entorno natural sobre el artificial y el predominio de actividades productivas de tipo primarias,
fundamentalmente agrícolas.
No obstante, en el mundo actual existen una amplia variedad de conceptos y sentidos sobre lo rural, así como también
una diversidad de valoraciones (Castro, 2018). Históricamente, por ejemplo, se asoció el término rural como lo opuesto
a lo urbano. Esta connotación asoció determinadas actividades (principalmente las agrarias) y usos de este espacio
como sinónimos de “rurales” y opuestos a lo “urbano”. El origen de esta conceptualización se remonta a la
dependencia que las áreas rurales comenzaron a tener respecto de las áreas urbanas luego de la revolución industrial
del siglo XVIII, la cual provocó la migración de campesinos a las ciudades, al mismo tiempo que comenzaron a
destinarse estas áreas exclusivamente para la producción de materias primas.
Actualmente encontramos una diversidad de usos y actividades en las áreas rurales, como aquellas que están ligadas
al consumo de naturaleza: el turismo rural, actividades recreativas y de ocio; residenciales y también de uso industrial,
las cuales se radican fundamentalmente en las áreas periurbanas, o también llamadas de borde o de contacto entre lo
rural y lo urbano. En términos de superficie, la mayor parte de los espacios rurales se destinan a actividades agrarias:
agricultura, ganadería, silvicultura, fruticultura, horticultura. Otros usos que también se desarrollan en áreas rurales son
las actividades mineras, la caza y la pesca, la explotación forestal.
Estos cambios recientes se producen por el acelerado proceso urbanizador y la conformación de zonas
metropolitanas, lo cual constituye uno de los fenómenos espaciales y sociales más representativos del siglo XX. Los
investigadores refieren a algunos cambios en los usos de los espacios rurales -tradicionalmente asociados con el uso
agrario- que comenzaron en Europa y en los EEUU desde fines de los años 50 y comienzos de los 60, y que desde
mediados de los años 90 se están desarrollando en países de América Latina -Argentina entre ellos. Estos cambios
hacen repensar la idea de lo rural como sinónimo de agrario (Castro, 2018; Pérez, 2001; Piñeiro, 1999): 1- La aparición
en ese ámbito de actividades no agropecuarias como industrias y servicios, lo que conlleva una pluriactividad y
multiocupación de la población rural en otras actividades.
2- La revalorización del campo como lugar de residencia.
3-La aparición de otros usos que le otorgan una multifuncionalidad a los espacios rurales, como la valorización
paisajística y cultural, y con ello la ampliación de las actividades ligadas al ocio y a la conservación ambiental como
objetivo de la instalación humana.
4- Los cambios de residencia y el progresivo aumento de la movilidad territorial de una población antes considerada
como casi inmóvil.
1 María Laura Visintini. Integrante del Departamento de Geografía de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad
Nacional del Litoral.
5-El surgimiento de “Nuevas ruralidades Solidarias” integradas por movimientos sociales campesinos. que con una
visión comunitaria trabajan en la transición agroecológica y en el desarrollo de prácticas ambientalmente sostenibles.
Estos cambios acontecen principalmente en zonas rurales que se encuentran en áreas de borde o de encuentro entre lo
rural y lo urbano, conocidas también como periurbanas. Ávila Sánchez (2009) señala que se trata de espacios que no
tienen límites geográficos bien definidos y en los que además “ocurre una intensa transformación de las áreas agrícolas
periféricas hacia usos discontinuos del suelo urbano-rural” (2009: 95). En estas zonas conviven una multiplicidad de
usos y por lo tanto, la coexistencia de diferentes actividades, actores e intereses, principalmente los de tipo residencial
con los de tipo productivos (Giarraca, 2001).
Figura 1
Loteos urbanos sobre campos agrícolas.
Fuente: Visintini, M. L. (2023), loteos rurales en Colonia Ensayo (Dpto. Diamante, Entre Ríos)
Entonces, ¿cómo se definen los espacios rurales?
Cada país adopta una definición particular, no obstante, estas definiciones parten de un concepto específico En el caso
de nuestro país, la definición de lo rural fue establecida por el INDEC y tiene en cuenta dos criterios concurrentes para
definir población urbana y rural: el carácter agrupado o disperso del asentamiento y, el concepto de localidad, es decir el
tamaño de la aglomeración. A partir de ello definen como población urbana a aquella que reside en localidades de 2.000
y más habitantes, y como población rural a la que vive dispersa en el campo o concentrada en localidades de menos de
2.000 habitantes (Castro - Reboratti, 2008).
Las conceptualizaciones actuales sobre los espacios rurales proponen superar la vieja visión dicotómica rural/urbano
para optar por teorizaciones más complejas, que contemplen las realidades heterogéneas y el continuum o gradiente
de situaciones, como mencionan varios autores y autoras que estudian la temática (Castro, 2018; Gaviria
Gutierrez,2009; Barsky, 2005). A su vez, el estudio de los espacios rurales debe combinar diferentes aspectos, como los
económicos, políticos, sociales, culturales y ambientales.
2 Factores o condicionantes de las actividades agrarias y no agrarias en los
espacios rurales.
Si bien la diversidad de usos es creciente, la mayor parte de los espacios rurales se destinan a actividades primarias, y
dentro de ellas a la producción agrícola. No obstante, no toda la superficie terrestre es apta para producir ya que se
requieren de determinadas condiciones para hacerlo. Siguiendo a autores como Marquez Fernandez (2000) o Molinero
(1990), los condicionantes que influyen en la posibilidad de producir o no se pueden clasificar en tres grandes grupos:
naturales, sociales, socioeconómicos y políticos
Entre los condicionantes naturales, podemos mencionar: el clima y tres de sus elementos principales: la temperatura,
las precipitaciones y el viento; la topografía o el relieve, que actúa como un factor de alteración de elementos como la
temperatura y precipitaciones, ya que la temperatura media desciende 1°C cada 180 metros y establece un piso térmico
para los cultivos; el suelo, que es la parte de la corteza terrestre con capacidad de mantener la vida vegetal y animal, y
que por los caracteres físicos y químicos que posee cada parte del planeta, da lugar a que vivan determinados grupos
de plantas y no otras. Todos estos condicionantes naturales o ecológicos son interdependientes y dinámicos en tiempo
y espacio y vulnerables a las acciones sociales.
Entre los condicionantes sociales está la demografía, ya que la presión demográfica que puede generar la necesidad
de una extensión y/o intensificación de los cultivos para cubrir las necesidades de alimentación, vestido y vivienda de la
población. Aunque la distribución de la población rural es compleja y desigual.
En cuanto a los condicionantes socioeconómicos y políticos podemos mencionar la propiedad de la tierra.
Dependiendo de la persona jurídica que tiene el control de la tierra, la propiedad puede ser colectiva o de control
público por un Estado; las llamadas tierras fiscales son un ejemplo de ello. También existen otros tipos de
propiedades colectivas, como el caso del aprovechamiento colectivo del suelo propio de algunos países de África o de
algunos grupos campesinos e indígenas de América Latina. La propiedad privada, en cambio, refiere a aquellas
explotaciones que, bajo el sistema capitalista, pertenecen a personas individuales o empresas.
Otro condicionante socioeconómico es el tipo de régimen de tenencia de la tierra, es decir la relación que existe entre
el propietario y el que la trabaja, que a su vez puede ser una persona física o jurídica. Si coinciden quién trabaja la tierra
con quien es el propietario, se trata de un régimen directo; en caso de no coincidir, es un régimen indirecto. Los más
comunes son: el arrendamiento, que consiste en la firma de un contrato por el que el campesino explota una tierra
ajena mediante el pago de una renta; y la aparcería, que es un sistema de contrato agrario por el cual el propietario
cede la tierra a un campesino para que la explote y a cambio recibe la parte de producción que se haya estipulado en
concepto de renta.
Otro elemento que influye es el tamaño de las explotaciones. La clasificación más tradicional discrimina entre
latifundios (grandes propiedades), minifundios y propiedad media. Este aspecto se relaciona a su vez con el tipo de
políticas que se lleven adelante en relación a la distribución de la tierra, interviniendo el Estado con reformas agrarias o
políticas de desarrollo. Tanto el acceso e incorporación de tecnologías como a los mercados también constituyen
condicionantes de las actividades que se desarrollan en los espacios rurales.
3- Tipos de sistemas productivos Para caracterizar los tipos de sistemas productivos se han tenido en cuenta
determinados factores, relativos al destino de los productos, las características de las explotaciones, la intensidad en el
uso de los recursos, entre otros.
Según la finalidad o utilización de aquello que se produce, podemos hablar, por un lado, de actividades de mercado o
comerciales, y por otro lado, de subsistencia. En el primer caso, la finalidad es insertar aquello que se produce en los
mercados, ya sean nacionales o internacionales, con el fin de generar ganancias.
En el segundo caso, suelen ser pequeños productores, cuya producción se destina mayoritariamente al consumo de los
propios grupos familiares (autoconsumo).
De acuerdo a la forma e intensidad del uso de la tierra, se distinguen los sistemas intensivos de los extensivos.
En el caso de los intensivos, se busca un mayor aprovechamiento de tierra, la que puede ser escasa en términos
relativos. Esto se puede lograr a partir de la incorporación de mucha mano de obra que trabaja de forma continua, o
también se puede lograr a partir de la tecnología. Podemos hablar de sistemas intensivos bastante heterogéneos, como
por ejemplo la agricultura intensiva del cultivo de arroz de algunos países de Asia o la ganadería intensiva moderna,
como el caso del feed lot, que es un sistema de engorde intensivo que consiste en encerrar a los animales en corrales
donde reciben el alimento a través de comederos generando en un plazo más corto de tiempo mayor producción de
carne. Es una tecnología de producción de carne con los animales en confinamiento, y dietas de alta concentración
energética y alta digestibilidad.
Los sistemas extensivos, en cambio, se asocian a mayores extensiones de tierra y a una incorporación mucho menor
de trabajadores, y mayor de maquinaria. Sin embargo, esta relación no es lineal, ya que también podemos encontrar
sistemas de agricultura de subsistencia de grandes extensiones con escasa tecnificación. La ganadería de tipo
extensiva, son sistemas pastoriles donde el ganado ingiere el forraje natural y ningún suplemento artificial.
De acuerdo al aprovechamiento que se realiza del agua, se distinguen sistemas agrarios de secano y de riego. Los
de secano son aquellos que se basan únicamente en el aprovechamiento del agua proveniente de las precipitaciones.
En cambio, en la agricultura de riego, como el agua de lluvia suele ser escasa para cubrir las necesidades de humedad
de los cultivos, se utilizan sistemas de riego artificiales. Los sistemas de irrigación pueden abastecer a los cultivos por
infiltración o aspersión.
Molinero caracteriza grandes sistemas agrarios del mundo en base a su dinámica socioeconómica y a las estructuras
espaciales que crean. Puede hablarse, a grandes rasgos, de sistemas más tradicionales que se asocian a los a
saberes ancestrales, y otros más modernos, generalmente caracterizados por el uso de innovaciones tecnológicas,
como maquinarias o biotecnología.
Cabe mencionar que los sistemas agrarios tradicionales han sido afectados por cambios profundos derivados del
sistema de relaciones nacionales e internacionales, del crecimiento demográfico, de la integración más o menos fuerte
con el comercio mundial, o de la puesta en práctica de los programas de desarrollo rural orientados al
autoabastecimiento en regiones tradicionalmente acuciadas por el hambre. Es el caso de, por ejemplo, el sistema de
cultivo itinerante o la propiedad colectiva de la tierra en África.
3. Las transformaciones de la agricultura sobre los espacios rurales
La agricultura fue la primera actividad social transformadora del ambiente y su desarrollo fue acompañando los cambios
en el desarrollo de tecnologías y de la población. A lo largo de la historia estos cambios pueden resumirse en diferentes
etapas:
a. La primera revolución agrícola data del neolítico (10.000 años a 15.000 años A.C) y dio comienzo al llamado
sedentarismo agrario (Fernandez Durán, R.; Gonzalez Reyes,2014), en la zona llamada Cercano Oriente, en el
mar de Galilea-Israel, donde se encontraron los primeros restos de cebada silvestre y trigo. Las primeras
prácticas productivas estuvieron basadas en la tala y la quema de especies y en el desarrollo de los primeros
sistemas agrarios hidráulicos, es decir, la producción sobre áreas inundables. Ejemplo de estos sistemas fueron
los desarrollados por las sociedades fluviales en los valles de río Indo y el río Nilo. Otras regiones que
comenzaron a desarrollar las primeras agriculturas fueron el imperio Inca en América y las regiones de Europa
septentrional, Asia Central y Oriente Próximo-Sahara-Sahel. También las regiones tropicales húmedas de
China, Vietnam, India, Tailandia, Madagascar, Indonesia o costa de Guinea.
b. La segunda Revolución Agrícola se produjo entre los siglos XVIII y XIX, donde se pasó de una economía de
subsistencia a producir para la economía de mercado. En dicho contexto, se introdujeron técnicas y procesos
nuevos: la sustitución el sistema trienal2 por el cuatrienal, se introdujo la rotación de cultivos y las especies
forrajeras a gran escala para alimentar el ganado, se generalizó el uso del arado de hierro y maquinarias como
2 Durante la Edad Media, en las regiones de la Europa Atlántica, se cultivaba cereal de invierno en la primera parte del año, un cereal de
primavera la segunda parte del año y al final del año de barbecho. Su aplicación se fundamentaba en que la alternancia de plantas de diferentes
familias y con diferentes requerimientos nutricionales dentro de un mismo terreno evitaba la degradación del suelo y la progresión de
infecciones.
las primeras sembradoras, y, al mismo tiempo, se establecieron las redes comerciales a nivel planetario, donde
algunos países basaron su economía en la exportación de materias primas y otros a manufacturarlas.
c. La conformación de una agricultura moderna e industrializada se dio entre el SXIX y 1944. Se produjo
gracias a la revolución del transporte, a la incorporación del petróleo como fuente energética básica y de la
electricidad como vector, al crecimiento demográfico y al desarrollo de nuevas técnicas en la agricultura
americana y europea. El período de entreguerras fue de gran crecimiento principalmente para la agricultura
norteamericana, que pudo generar excedentes, ampliar los mercados y reducir los costes de producción.
d. Entre 1944 y 1970, el contexto de posguerra requirió de la generación de mayores niveles de productividad 3 y
se produjo una nueva revolución ligada a la producción agrícola que profundizó los anteriores cambios. Se la
conoce como Revolución Verde y consistió en la incorporación de nuevas tecnologías a la actividad agraria,
especialmente el desarrollo de variedades de alto rendimiento (VAR) y mejoras en dos cereales básicos: trigo y
arroz. También la incorporación de fertilizantes, riego, plaguicidas. Se pensaba que introduciendo estos
cambios (financiados por los países desarrollados) se resolvería la problemática del hambre en el tercer mundo.
Si bien aumentó la
producción, estos cambios trajeron consecuencias ambientales en países muy vulnerables, además de
profundizar las desigualdades sociales. Los países donde se desarrollaron las primeras pruebas fueron México
en 1952 (maíz), India en 1955 (trigo)y Filipinas en 1962 (arroz).
Estas innovaciones fueron desarrolladas por grandes empresas, también llamadas corporaciones. La mayoría ubicadas
en EE. UU, comenzaron a dominar el mercado mundial de productos agrícolas alimentarios (cereales, azúcar, bebidas),
y también productos no alimentarios), semillas, agroquímicos, maquinarias, datos informáticos, seguros climáticos y
agrícolas. Actualmente las más importantes son Syngenta y Chem-China, DuPont y Dow Agroscience, Monsanto-Bayer.
Figura Nº 2:
3 Significa la posibilidad de producir más con menos factores de la producción (tierra y trabajadores)
Fuente: Atlas del agronegocio (2018)
¿Cómo lo hicieron?, a través de la colocación de sus excedentes en el mercado externo y a políticas como los subsidios
a la producción agrícola o el Dumping (vender a un precio inferior al del mercado) y de esta manera proteger a sus
producciones y productores.
Después de la Guerra de Vietnam, hacia 1976 Monsanto presenta al mundo el herbicida más vendido de la historia: el
Round Up4 (glifosato) un herbicida capaz de terminar con las especies que puedan competir con aquello que se quiere
cultivar.
Posteriormente y durante los años 80´se produce la última Revolución agrícola llamada también biotecnológica que se
basa en la incorporación de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) a la producción agrícola. Un ejemplo de
ella es la soja RR (Round up Resistant) cuya modificación genética le permite resistir al glifosato y que fueron
incorporados progresivamente en países como Estados Unidos, Brasil y Argentina. También se fueron desarrollando
variedades genéticamente modificadas de maíz, algodón y trigo.
La distribución de las producciones mundiales de alimentos se comenzó a diversifica por la saturación de los mercados
europeos y norteamericanos. Las principales empresas transnacionales que cotizan en la bolsa de valores(Nestlé,
Tyson Foods,Kraft-Heinz,Unilever,Danone,Mondelez), se fueron fusionando desde el año 2010 a esta parte y
expandieron la producción de alimentos concentrados en distintas partes del mundo (figura 3). Como se observa en el
mapa los países productores de cereales y oleaginosas son , los países Un fenómeno característico de la agricultura
industrializada es el desarrollo de monocultivos que se desarrollan bajo un modelo extractivista dirigido a la exportación
de recursos naturales. Los tres principales ocupan vastas regiones de América Latina, Africa y Asia, con tres especies:
la caña de azúcar, muy utilizado en la industria agroalimentaria, la palma africana para producir aceite de palma
utilizado por la industria alimentaria y cosmética, y la soja transgénica, utilizado para producir harina de soja, pellets,
aceite de soja y biodiésel. (Castro, Villadiego, Moreno Alcojor, 2019)
Figura Nº 3:
4 Es el nombre comercial. Es un herbicida a base de glifosato, atrazina y otros elementos.
Fuente: Atlas del agronegocio (2018)
Una de las consecuencias económicas y sociales fue la dependencia alimentaria de los países no agrícolas y la
profundización una estructura de la producción polarizada: áreas de sobreproducción y áreas deficitarias. A la vez, los
países con agriculturas campesinas poco mecanizadas se volvieron más vulnerables y comenzaron las crisis de
seguridad alimentaria, cuya manifestación más extrema son las crisis alimentarias como las hambrunas, desnutrición y
subnutrición que se produjeron en distintas regiones, principalmente en Africa (Sudan, Etiopía y somalía), Asia (India,
Bangladesh) y que han requerido de asistencia/ayuda humanitaria y que según la FAO, se estima son 800 millones de
personas las que no comen lo suficiente. A contrapelo, en los países con sobreproducción y más ricos se van
incrementando problemas en la salud como la obesidad, el sobrepeso, la diabetes crónica por el exceso de calorías y
grasas saturadas en las dietas, sobre todo en las infancias provenientes de alimentos ultraprocesados. Consumidores y
asociaciones civiles llevan adelante protestas y reclamos que apuntan a visibilizar el modelo productivo bajo la consigna
de que consumir es un acto político. El etiquetado frontal se considera una conquista en pos de los derechos de los
consumidores acerca de saber qué están hechos los alimentos. (Castro, et al. 2019)
Mapa del hambre
Grafico N° “Personas con hambre en el mundo” (en millones)
Regiones/años 2015 2019
América Latina 39 48
Africa 217 250
Medio Oriente 27 30
Fuente: Martín Caparrós: El hambre (2014)
El modelo agroindustrial en América Latina se profundizó en la mitad del siglo XX y significó un cambio importante en la
estructura agraria, aunque tiene sus orígenes en el desigual reparto de la tierra que se produjo durante la conquista y
colonización por parte de españoles y portugueses. Originalmente fueron las plantaciones de caña de azúcar, algodón,
café que dieron lugar al desarrollo de las economías coloniales y que modificaron radicalmente los paisajes y la
biodiversidad. Siglos más tarde, algunos estados y organizaciones sociales han luchado por revertir este reparto, y se
dieron algunos procesos como las reformas agrarias (México, Perú, Bolivia), la colonización oficial o la apertura de la
frontera agropecuaria. Algunas implicaron revueltas sociales y otras la formación de movimientos políticos que llevaron
adelante las reivindicaciones, como el Movimiento de los Sin Tierra en el sur de Brasil, cuando los pequeños
productores locales fueron desplazados por los grandes productores de trigo y soja.
La subsistencia de las agriculturas campesinas-familiares en este esquema mundial depende
de programas y políticas de ayuda estatal así como también de las resistencias campesinas, ya que siguen un modelo
productivo que no puede responder a las demandas actuales, por contar con poco capital y por verse progresivamente
dominado por los otros actores que participan en el medio rural: los empresarios, las grandes empresas integradas que
incorpora a estos grupos sociales como reserva de mano de obra.
Figura Nº 4:
Fuente: Programa Mundial de Alimentos (ONU) 2021. Disponible en
[Link]
4. Los espacios rurales de Argentina
Una de las características distintivas de los espacios rurales de Argentina es la heterogeneidad en cuanto a los usos:
El régimen de tenencia de la tierra
El rol del Estado
Las prácticas productivas
La disponibilidad de recursos (equipamiento, conectividad, tecnologías)
La cantidad de habitantes
Los impactos que estos usos provocan sobre los ambientes.
Producto de la herencia histórica del proceso de ocupación y reparto de tierras, la estructura agraria es desigual
y altamente concentrada. Esto se evidencia en los resultados definitivos del último Censo Nacional Agropecuario
publicados en abril del año 2022 en lo que respecta a la disminución de las explotaciones agropecuarias (EAPs). En el
cuadro N° 1 observamos en valores absolutos y relativos cómo fueron disminuyendo las EAPs a lo largo del tiempo.
¿Cómo ocurre este proceso? La tierra no desaparece, lo que cambia es el tamaño de las explotaciones: las
pequeñas explotaciones, es decir las que tienen menos de 50 y 100 has. van desapareciendo y aumentan las
grandes explotaciones de más de 500 y 1000 has.
Cuadro N°1:
Evolución de las Explotaciones Agropecuarias (EAPs) en los Censos Nacionales Agropecuarios 1988-2018
Años censales 1988 % 2002 % 2008 % 2018 1988-2018
Cantidad de EAPs 421221 -20,82 333532 -24,72 251082 -5,77 236601 -43,83
Fuente: Elaboración propia en base a los resultados de los Censos Nacionales Agropecuarios.
Otra característica distintiva es la baja proporción de población residiendo en áreas rurales y además su progresivo
despoblamiento, junto con el aumento de la población que reside en áreas urbanas (Ver gráfico N° 1).
Gráfico N° 1:
Evolución de la población urbana y rural en Argentina entre 1970 y 2020.
Fuente: CELADE. Boletín demográfico N° 76. 2005.
Si nos atenemos a los resultados de los últimos censos nacionales de población, en 1991 la población rural
representaba el 13,4% del total; en 2001 de 10,6% y en 2010 el 8,9% de población. En 2022, aunque aún no están
disponibles los datos del censo, las proyecciones indican que está en un 8%. Esto quiere decir que el porcentaje de
población urbana en nuestro país ronda el 92%. Este porcentaje está muy por encima de la media mundial (54%) y por
encima de la media de Europa (75%), de Estados Unidos (82,2%). El descenso de la población rural es progresivo y
una de las principales causas es la urbanización. Las provincias con más éxodo rural en Argentina son Buenos Aires,
Chaco, Santa Fe y Córdoba y en general se explica por los procesos de concentración de la propiedad y aplicación de
tecnologías que fueron reemplazando mano de obra.
Cuadro N° 2:
Participación de la población rural (% sobre la población total) 1895-2010
Años censales 1895 1914 1947 1960 1970 1980 1991 2001 2010 2022
Total País 63 47 38 28 21 17 13 11 9 8
Fuente: elaboración propia en base a datos censales
En relación a la heterogeneidad de los espacios rurales, debemos tener en cuenta que ésta responde a la historia de
nuestro territorio, específicamente en relación a qué recursos fueron valorizados en diferentes momentos, así como
también con la diversidad de relieve y el clima que tiene el país. El resultado es una geografía agraria diversa y
compleja.
Haciendo una síntesis de lo anterior y fundamentalmente de acuerdo con el tipo de producción predominante, Silli
(2012) identifica tres zonas en Argentina:
1-una de producción intensiva, de regadío o bosque, en donde se incluyen desde los cinturones hortícolas ubicados en
los periurbanos de las grandes ciudades como La Plata, Santa Fe, Rosario, Mar del Plata, donde se producen tomates,
morrón, ají, cebolla, papa y legumbres, a la fruticultura en el Alto Valle de Río Negro, la producción cañera en Tucumán,
a la producción de vides, olivos, frutos secos en los oasis cuyanos estructurados con sistemas de riego en Mendoza,
San Juan, La Rioja, Salta y Catamarca; los cultivos perennes de cítricos (limón y naranjas) en Tucumán y Entre Ríos
respectivamente; en el NEA la yerba mate, té, tabaco y banana localizados en las provincias de Corrientes, Formosa y
sobre todo Misiones; hasta la actividad forestal que se desarrolla en las provincias de Misiones y Corrientes, donde se
cultivan coníferas, eucaliptus para la producción de celulosa y madera. También hay producción de madera proveniente
de bosques naturales, como el caso del monte chaqueño (oeste de Chaco y Formosa) y de la selva misionera.
El segundo tipo productivo, es la zona de tipo extensiva que representa la mayor parte de la superficie cultivada del
país, donde se producen cereales y oleaginosas. Esta producción liderada por empresas de gran tamaño, se caracteriza
por un modelo productivo de tipo agroindustrial que utiliza gran cantidad de insumos (semillas, fertilizantes,
agroquímicos) y que se intensificó en los últimos 30 años. Este proceso de agriculturización producido
fundamentalmente por la sojización, ocupa toda la región pampeana y avanza hacia las regiones extrapampeanas,
representando
Figura Nº 5:
Fuente: Silli, et al. (2015) pág. 107
alrededor del 70% de la superficie cultivable del país, lo que permite afirmar que se trata de un monocultivo. Los
factores que explican el proceso pueden resumirse en: el aumento de la demanda externa de este producto por parte de
algunos países de la Unión Europea y de China, el aumento de los precios internacionales de estos productos llamados
commodities, así como también las condiciones agroclimáticas aptas para su desarrollo, que se complementan con la
incorporación del llamado paquete tecnológico. Dicho paquete tecnológico se basa en la introducción de organismos
genéticamente modificados, como la soja transgénica, junto con el desarrollo de tecnologías de proceso como la
siembra directa y el uso de agroquímicos. Finalmente, la capacidad financiera y técnica de algunos productores para
llevar adelante estas innovaciones.
Figura Nº 6:
Fuente: Mapa del área sembrada con soja como porcentaje de la superficie del departamento o partido en 2017
(Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario)
5. Los conflictos ambientales y socio- territoriales asociadas
Es importante recordar que toda práctica productiva genera un impacto en el ambiente, una transformación. En el caso
de las prácticas agrícolas, precisamente se trata del reemplazo de un ecosistema natural por otro con fines productivos,
para la satisfacción de necesidades. El grado de impacto varía en función de la intensificación de estos reemplazos, la
escala de los mismos y el tiempo de desarrollo que tienen dichas prácticas. Por otra parte, hay diferencias regionales en
estos procesos, en América Latina la expansión territorial sobrepasó a al intensificación como herramienta para obtener
mayor producción. La progresiva incorporación de tierras agrícolas es uno de los fundamentos del crecimiento agrícola.
La deforestación de montes y bosques nativos para la implantación de cultivos, así como el deterioro de pastizales por
prácticas como la ganadería, han reducido la biodiversidad, y actualmente se han perdido en Argentina más del 70% de
los bosques nativos.
La contaminación de aguas subterráneas por la progresiva incorporación de sustancias químicas.
El deterioro y degradación de los suelos: se produjo en parte por el peso de las actividades productivas basado en la
alternancia entre agricultura y ganadería con la utilización hasta fines de los 70´ de un sistema de labranza
convencional, derivó en esta problemática. A partir de los años 80´ se adopta el cultivo continuo con un nuevo sistema,
la siembra directa acompañada del uso masivo de herbicidas, plaguicidas que constituyen un conjunto de procesos
físicos como la erosión eólica e hídrica, la salinización, la alcalinización y la pérdida de las cualidades físico-químicas del
suelo.
El conflicto por el acaparamiento de tierras es un proceso que se produce a escala global y que consiste en la
adquisición (compra, arrendamiento, concesión) de superficies de más de 1000 has. de tierras, ya sea de capitales
extranjeros o nacionales” (Costantino, 2019). Las causas de este fenómeno se relacionan con el contexto de crisis
global del sistema de acumulación capitalista y el crecimiento del comercio de carbono y extracción mineral, el uso de la
tierra para la conservación y el turismo y la creciente demanda de cultivos industriales/flexcrops o cashcrops (cultivos
flexibles o de caja rápida), cultivos alimenticios como la palma, la soja, y cultivos forestales. Las conflictividades
territoriales que genera tiene relación con la progresiva expulsión de los pequeños productores y la pérdida de
biodiversidad a causa de la deforestación para la implantación de estos cultivos.