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Parcial Filosofía

El documento explora la importancia de enseñar a los estudiantes a pensar críticamente a través de la filosofía en la educación y la formación docente. Se argumenta que los docentes deben crear espacios de reflexión y cuestionamiento, adaptándose a la realidad actual donde la información es abundante y a menudo no es crítica. La filosofía se presenta como una herramienta esencial para desarrollar habilidades de pensamiento crítico, necesarias para formar ciudadanos responsables y comprometidos.

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Parcial Filosofía

El documento explora la importancia de enseñar a los estudiantes a pensar críticamente a través de la filosofía en la educación y la formación docente. Se argumenta que los docentes deben crear espacios de reflexión y cuestionamiento, adaptándose a la realidad actual donde la información es abundante y a menudo no es crítica. La filosofía se presenta como una herramienta esencial para desarrollar habilidades de pensamiento crítico, necesarias para formar ciudadanos responsables y comprometidos.

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“Aprender a

pensar para
Primer Parcial enseñar a pensar:
Filosofía de la filosofía en la
Educación educación y
filosofía en la
4° a Inglés formación
docente: Un
vínculo
indisoluble”
Aprender a pensar para lograr enseñarles a nuestros estudiantes a pensar, fue la conclusión a
la cual llegué en el primer trabajo escrito de este curso; luego de haber elegido el eje temático
1: ¿Por qué y para qué Filosofía en formación docente? Por lo cual, retomo dicha conclusión
con el propósito de dar comienzo a una nueva y más profunda reflexión, invitando a nuevos
autores a participar y así establecer un diálogo entre los mismos.

Para comenzar a indagar dicha reflexión podríamos preguntarnos ¿Qué es pensar? y ¿Por qué
es tan importante hacerlo e incitar a nuestros estudiantes a que lo hagan? Pensar lleva
implícito desarrollar una serie de habilidades cognitivas y adquirir estrategias que deberán ser
puestas en marcha de un modo u otro dependiendo del contexto en el que uno se encuentre,
con el objetivo de que el resultado a obtener sea el más adecuado. Esto resulta crucial tanto
dentro del aula como fuera, siendo una de las principales metas de la educación el crear
ciudadanos responsables, críticos, capaces de tomar decisiones correctas, aunque sabemos
que esto no siempre fue así. Dichas habilidades y estrategias previamente mencionadas
deben ser instruidas por alguien, aquí es donde aparece el rol docente.

Por otro lado, podríamos indagar si pensar es lo mismo que filosofar. Famosos filósofos a lo
largo de la historia se han encargado de definir ambos conceptos, diferenciándolos. Podemos
afirmar que pensar es una actividad mental que abarca una amplia gama de procesos, desde
simples a complejos, que todos los seres humanos y animales poseemos. Mientras que
filosofar es un pensamiento que implica crítica, cuestionamiento y reflexión, exclusiva a los
humanos, mediante el cual buscamos comprender distintos aspectos de la vida. Si bien todos
poseemos ambas capacidades, la última debe ser entrenada con dedicación. Aquí de nuevo
entonces se hace necesaria la presencia de un maestro / profesor.

La realidad es que no todos los docentes están capacitados o cuentan con el interés de generar
instancias de tipo filosóficas en sus clases. Y si bien autores afirman que “la filosofía es
autodidáctica , no se puede ser un maestro, no se puede amaestrar ese curso. No se puede
exponer una cuestión sin exponerse en ella. .... Es preciso filosofar para enseñar a filosofar...
“ (Lyotard, 1996). Creo firmemente en que debe haber un interés, una disposición, una
instancia y una previa exposición. Son pocos o ninguno, los estudiantes que hoy en día se
cuestionan y reflexionan acerca de la sociedad en la que viven. En un mundo tecnológico
lleno de “fake news” y modas que duran una semana, encontrar un espacio donde
replantearse actitudes, creencias, suposiciones y todo aquello que damos por sentado es muy
difícil de encontrar. ¿Será entonces la meta y responsabilidad del docente el crear estos
espacios, e invitar a los estudiantes a formar parte?

Pero, ¿cómo? Alejandro Cerletti afirma que debemos hacer deseable el deseo de pensar,
enseñar el deseo de pensar y por mi parte agregaría el generar el deseo de pensar. Esto resulta
fundamental en la sociedad en la que estamos insertos y nuestros estudiantes tan
acostumbrados. En un mundo donde todo sucede tan rápido, no hay tiempo para parar a
pensar, es por eso que generar el deseo y generar la necesidad será siempre más fructífero y
eficaz, lo que no quiere decir que sea sencillo. Bauman en 2001, ya planteaba los retos de la
educación en la modernidad líquida, junto con el síndrome de impaciencia. Hoy en día, 23
años después esto ha ido en aumento y sabemos que no hay marcha atrás. ¿o sí? ¿No sería
esto una cuestión ya instalada sobre la cual deberíamos invitar a nuestros alumnos a
cuestionarse, por ejemplo? Inés Dussel, en Aprender y enseñar en la cultura digital, resalta la
necesidad de cuestionar críticamente las narrativas dominantes sobre las tecnologías digitales
y su impacto en la educación. Esto implica adoptar una postura filosófica que examine las
premisas subyacentes que sustentan estas narrativas y las consecuencias que pueden tener en
los procesos de enseñanza y aprendizaje. La autora también destaca el desafío de desarrollar
habilidades de pensamiento crítico en los estudiantes para que puedan evaluar y discernir la
gran cantidad de información disponible en línea. La filosofía, con su énfasis en el análisis
lógico y la argumentación crítica, proporciona herramientas valiosas para este propósito. El
desarrollo del pensamiento crítico va estrechamente de la mano con lo mencionado
previamente en el trabajo: el crear ciudadanos responsables y conscientes de sus propias
decisiones éticas.

Lo cierto es que, hoy en día los niños y adolescentes encuentran cualquier tipo de
información a un click de distancia gracias al internet. En donde circula una vasta cantidad de
información la cual si no son capaces de seleccionar de manera crítica, resulta muchas veces
inutilizable. A esta cuestión también le podemos sumar las controversiales e inescapables
inteligencias artificiales a las que tenemos acceso en la actualidad. Dichas inteligencias son
capaces de producir ideas específicas utilizando información de la web. Esto puede llegar a
ocasionar que el uso de la misma no sea el ideal, ya que dejamos que ésta piense por nosotros
en vez de tomarnos el tiempo de producir y reflexionar sobre nuestras propias ideas. Esto es
un claro ejemplo del síndrome de impaciencia mencionado por Bauman, presente en muchos
de nuestros estudiantes cuando les encargamos por ejemplo una tarea domiciliaria.

Si bien, como se mencionó anteriormente, generar espacios de discusiones, reflexión y


cuestionamiento siempre será enriquecedor para el pensar de nuestros estudiantes, debemos
como docentes también adaptarnos a la sociedad en la que estamos y abrirnos a experimentar
nuevas formas de aprendizaje, tan distintas a las cuales nos formaron a nosotros. Si
esperamos que nuestros alumnos sean reflexivos, debemos predicar con el ejemplo e indagar
de qué manera podemos tomar beneficio de estas inteligencias, invitar a nuestros estudiantes
a cuestionarlas y enseñarles cómo darles un buen, correcto y útil uso.

Esto choca con el concepto de docente tal y como fue creado en la antigüedad, donde el
profesor era poseedor del conocimiento y debía transmitirselo al estudiante. En la actualidad,
nuestros estudiantes son bombardeados con información, lo que hace creer a muchos
docentes que nuestro rol se ve desdibujado. Sin embargo creo firmemente que nuestro rol es
más necesario que nunca, como lo dice el título de este trabajo: enseñar a pensar. Enseñar a
interpretar toda esa información es crucial.

El desarrollo del pensamiento crítico debe ser entonces inculcado desde temprana edad en la
escuela, así lo propone Laurence.J Splitter, por su parte, lo propone como el eje central de la
"Filosofía para Niños", donde los niños aprenden a pensar de manera crítica, cuestionar
supuestos y construir argumentos sólidos, así como también el desarrollo de la autonomía,
responsabilidad y compromiso social. Para que esto suceda, la autora plantea la importancia
de diferenciar: enseñar para aprender y enseñar para pensar. Si bien la autora plantea que la
importancia de enseñar lengua y cálculo no puede ser subestimada, el mundo y los problemas
presentes en él actualmente- el medioambiente, la política, los derechos humanos, etc - no es
suficiente la destreza en la lengua y el cálculo tal y como se la cautivó tradicionalmente.
Dado que, los docentes también estamos inmersos, siendo partícipes y afectados por dichos
problemas.

Por nuestra parte entonces, resulta indispensable ser capaces de cuestionarnos cómo incluir
estas cuestiones interpelantes de la vida diaria en nuestras aulas más allá de la materia que
enseñemos. Pues ser docente implica también reflexionar al respecto del rol que queremos
tener y el papel que queremos cumplir en la vida de nuestros estudiantes. Todos recordamos a
nuestros profesores por distintas razones, algunos nos dejaron marcas y otros cicatrices,
algunos nos enseñaron a pensar por nosotros mismos, invitándonos a conocernos mejor y
formarnos de nuestras propias ideas mientras que otros hicieron caso omiso a nuestras ideas,
intentando imponer las suyas. Por mi parte, planeo ser de esas que dejan una marca positiva
en sus estudiantes, y para ello deberé cuestionarme cada elección que tomo con respecto a
mis clases.

Ya que la filosofía en la educación y la formación docente son dos áreas indisolubles que se
enriquecen mutuamente. La filosofía proporciona herramientas valiosas para el desarrollo del
pensamiento crítico, la reflexión y la comprensión del mundo, mientras que la formación
docente prepara a los educadores para inculcar estos valores en sus estudiantes y crear un
ambiente de aprendizaje propicio para el crecimiento intelectual y personal. Para concluir me
gustaría afirmar la idea de que al incorporar la filosofía en la formación docente, podemos
contribuir a la formación de ciudadanos críticos, reflexivos y comprometidos con la
construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Cuando uno es capaz de tomar decisiones informadas, obtendrá resultados deseados y logrará
así acercarse a la felicidad, el deseo máximo del ser humano según Aristóteles. Ojalá todos
mis estudiantes se cuestionen y reflexionen sobre lo que los hace felices y sean capaces de
tomar las decisiones correctas que los lleven a esa tan deseada felicidad. Y ojalá pueda
ayudarlos y guiarlos en el proceso.
Bibliografía

●​ Bauman, Z. (2005) Los retos de la educación en la modernidad líquida.

●​ Berttolini, M. (2012) Investigación sobre la enseñanza de la filosofía.

●​ Dussel, I. (2019). Aprender y enseñar en la cultura digital. Buenos Aires: Paidós

●​ Imagen extraída de: Villegas, M. (2016) Desarrollo de las habilidades del


pensamiento en educación infantil.

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