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Historia de Israel y Palestina

El artículo de Marcos Aguinis ofrece una breve historia del conflicto entre Israel y Palestina, destacando la larga y compleja historia de la región desde antiguas conquistas hasta la creación del Estado de Israel. Se menciona el surgimiento de los nacionalismos judío y árabe, así como la influencia de eventos históricos como la Primera y Segunda Guerra Mundial en la configuración del conflicto actual. Aguinis también aborda la situación de los refugiados árabes y judíos tras la guerra de 1948 y la ocupación de territorios árabes por Israel.
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Historia de Israel y Palestina

El artículo de Marcos Aguinis ofrece una breve historia del conflicto entre Israel y Palestina, destacando la larga y compleja historia de la región desde antiguas conquistas hasta la creación del Estado de Israel. Se menciona el surgimiento de los nacionalismos judío y árabe, así como la influencia de eventos históricos como la Primera y Segunda Guerra Mundial en la configuración del conflicto actual. Aguinis también aborda la situación de los refugiados árabes y judíos tras la guerra de 1948 y la ocupación de territorios árabes por Israel.
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Contextos
Breve historia de Israel y Palestina (1)
Por Marcos Aguinis

Fecha: 2013‐05‐21 10:57:41


Tags: Israel Palestina No es fácil reducir una historia larga a un artículo corto. Lo intentaré.

188 2.9K El pequeño espacio que se disputan árabes y judíos se encuentra ubicado en un conflictivo
lugar. Las crónicas más viejas documentan pulseadas entre Egipto al sur y Mesopotamia al norte.
Luego vinieron las sangrientas conquistas asirias, babilonias, persas, griegas, romanas, árabes,
cristianas, turcas e inglesas, hasta llegar al día de hoy, en que se eterniza la confrontación entre
Marcos Aguinis pueblos arraigados a esa tierra que, para respaldar sus derechos, se basan en sus propias
narrativas.
Un chiste judío propone que los antiguos israelitas marcharon de Egipto a Canaán por la
tartamudez de Moisés. Dios le ordenó: “Lleva mi pueblo a la Tierra Prometida, la tierra que mana
leche y miel; llévalo a Canadá”, y Moisés repitió a sus columnas con gran esfuerzo: “¡Vamos a
Can… can… na… án!”. Y allí los encajó.

El vocablo Palestina no existía. No es mencionado ni una vez en la Biblia ni en ningún otro


documento de la antigüedad.

Los israelitas consiguieron unificar a las diversas tribus y pueblos que habitaban entre el río
Jordán y el Mediterráneo. David, mil años antes de la era cristiana –había nacido en la aldea de
Belén (Beth‐léjem, en hebreo, “casa del pan”)–, convirtió en su capital el vecino y estratégico
caserío jebuseo, ubicado a pocos kilómetros al norte; le impuso el nombre de Jerusalén (en
hebreo, “ciudad de la paz”). Su hijo Salomón construyó allí el Templo. Después se produjo una
escisión entre los habitantes del norte y el sur del pequeño país. El norte se llamó Reino de
Israel y el sur, Reino de Judá. Los asirios conquistaron y destruyeron el reino del norte. Siglos
Escritor. Columnista de La Nación (Argentina). después los babilonios hicieron lo mismo con el del sur. Unas siete décadas más tarde el
Caballero de las Letras y las Artes (Francia) y emperador Ciro, de Persia, auspició el regreso a Jerusalén de los exiliados de Judá, quienes ya
doctor honoris causa por las universidades de habían empezado a cantarle salmos de exquisita inspiración:
Tel Aviv (Israel) y San Luis (Argentina).

Si me olvidara de ti, oh Jerusalén,/ mi diestra se paralice/ y mi lengua se pegue al


paladar.
" Un chiste judío propone que los
antiguos israelitas marcharon de
Egipto a Canaán por la tartamudez Luego de la breve conquista helénica, los macabeos recuperaron la independencia de Eretz
de Moisés. Dios le ordenó: 'Lleva mi Israel (Tierra de Israel), que duró hasta la conquista romana. Los emperadores Vespasiano y Tito
pueblo a la Tierra Prometida, la tuvieron que poner el pecho para frenar las sublevaciones judías y arrasaron Jerusalén, el
tierra que mana leche y miel; Templo y varias fortalezas. Pero la resurrección de Judea era un problema que no lograban
llévalo a Canadá' " impedir. No olvidemos que un agravio adicional a Jesús –herido con infinita crueldad y
aparentemente derrotado– fue instalar sobre la cruz una sigla elocuente: INRI (Jesús el
" La palabra 'Phalistina' no tuvo Nazareno, Rey de los Judíos). ¡Vaya rey!, se burlaron los romanos mientras disputaban sus
suerte. A ese territorio –que despojos.
adquirió relevancia extraordinaria
por la Biblia, base del cristianismo ¿Y Palestina?
y luego del Corán– los judíos lo
siguieron llamando 'Eretz Israel' Todavía nada, inexistente.
(tierra de Israel) y los cristianos
'Tierra Santa', y después los árabes Un siglo y medio después de Cristo se produjo otra importante sublevación. Jerusalén estaba en
lo bautizaron 'Siria Meridional' " ruinas, el templo arrasado, las fortalezas de Herodion y Masada hechas añicos. Un guerrero
llamado Bar Kojbá reinició la lucha, enloqueció a varias legiones romanas y consiguió una relativa
" Los nacionalismos judío y árabe independencia. Los romanos tuvieron que mandar la desproporcionada cifra de ochenta mil
nacieron casi al mismo tiempo. El hombres, al mando del famoso general Julio Severo. Cuando consiguieron penetrar en la última
judío a fines del siglo XIX y el árabe fortaleza de Bar Kojba, tras un prolongado sitio, lo encontraron muerto, pero enrollado por una
a principios de XX. Este último serpiente. El oficial romano exclamó: “Si no lo hubiese matado un dios, ningún hombre lo habría
floreció en Siria, a cargo de conseguido”. Adriano era el emperador de turno. En su libro Memorias de Adriano, Marguerite
pensadores y activistas cristianos Yourcenar dedica muchas páginas a ese levantamiento. El emperador lucubró cómo poner fin a
que recibieron influencias las reivindicaciones de los judíos por su querida Judea y su venerada Jerusalén. Primero les
europeas " prohibió visitar Jerusalén, convertida en una guarnición militar, y pronto cambió el nombre a la
ciudad por el de Aelia Capitolina. Al mismo tiempo, cambió la denominación de Judea o Israel
" El flamante Estado de Israel no por Palestina.
tenía armas –¿quién las vendería a
un cadáver?– y debió enfrentar a ¡En ese momento apareció Palestina por primera vez! ¡Era el siglo II d. C.!
siete ejércitos enemigos con las
uñas y los dientes. Fue una lucha ¿De dónde se obtuvo el vocablo? Fue otra ofensa romana. Palestina se escribía en latín Phalistina
desesperada " y hacía referencia a los filisteos, que la Biblia menciona desde Josué hasta David. Significa
“pueblo del mar”. Habían llegado desde Creta, probablemente tras la implosión de la civilización
" Como consecuencia de esa guerra minoica, y se establecieron en la costa suroeste del territorio. Jamás lograron conquistar el
desigual –iniciada por los árabes–, resto del país y terminaron integrados por completo en el reino de David. Nunca más hubo
aparecieron los refugiados. filisteos ni grupo alguno que los reivindicase. Se convirtieron en judíos. Quizás Einstein, Kafka,
Refugiados árabes y refugiados Marc Chagall, Ariel Sharón, Golda Meir y muchos otros notables descienden de antiquísimos
judíos. Estos últimos eran los filisteos convertidos en judíos, ¿quién lo puede saber?
ochocientos mil judíos expulsados
de casi todos los países árabes en La palabra Phalistina, además, no tuvo suerte. A ese territorio –que adquirió relevancia
venganza por la derrota " extraordinaria por la Biblia, base del cristianismo y luego del Corán– los judíos lo siguieron
llamando Eretz Israel (tierra de Israel) y los cristianos Tierra Santa, y después los árabes lo
bautizaron Siria Meridional. Los cristianos fundaron el efímero reino latino de Jerusalén en la
primera Cruzada, y durante el Imperio Otomano se convirtió en una provincia irrelevante: el
vilayato de Jerusalén. El país perdió brillo, se despobló y secó. Viajeros del siglo XIX como Pierre
Loti y Mark Twain testimonian en sus escritos que atravesaban largas distancias sin ver un solo
hombre.

Los nacionalismos judío y árabe nacieron casi al mismo tiempo. El judío a fines del siglo XIX y el
árabe a principios de XX. Este último floreció en Siria, a cargo de pensadores y activistas
cristianos que recibieron influencias europeas. Los sirios acusaron a los sionistas, es decir, a los
nacionalistas judíos, ¡de haber inventado la palabra Palestina para quedarse con Siria Meridional!
En realidad, ese nombre había resucitado como una palabra neutra frente al desmoronamiento
del Imperio Turco.

***

La presencia judía en Tierra Santa fue una constante asombrosa. El alma judía añoraba año tras
año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, la reconstrucción de Eretz Israel con intenso fervor,
parecido al que, mucho antes, había florecido junto a los nostálgicos ríos de Babilonia. Nunca
dejaron de repetir: “¡El año que viene en Jerusalén!”. A fines del siglo XIX empezaron a llegar
oleadas de inmigrantes que se aplicaron a edificar el país con caminos, kibutzim, escuelas,
institutos técnicos y científicos, forestación obsesiva, universidades, teatros, naranjales, una
orquesta filarmónica, aparatos administrativos. En 1870 fundaron en Mikvé Israel la primera
escuela agrícola de la región.

Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, Palestina fue desprendida de Siria y quedó en manos
del conquistador británico por mandato de la Liga de Naciones. Quienes nacían en esa tierra eran
palestinos, fuesen judíos o árabes. Antes de la independencia, que volvió a recuperar la palabra
Israel, los judíos se llamaban a sí mismos palestinos. Y hablaban de “volver a Palestina”. El
actual Jerusalem Post se llamaba Palestine Post y la Filarmónica de Israel se llamada Filarmónica
de Palestina. ¡Pero eran entidades judías! Los antisemitas de Europa, toda América y Africa del
norte les gritaban: “¡Judíos, váyanse a Palestina!”. Palestina era reconocida como el hogar de
los judíos incluso por quienes los odiaban.

Los árabes tardaron en tomar conciencia de su propia identidad nacional. Al principio, hasta
saludaron como beneficiosa la presencia del sionismo, como lo atestigua el encuentro entre
Jaim Weizman, presidente de la Organización Sionista Mundial, y el rey Feisal de Irak. Pero Gran
Bretaña, advertida de la compulsión judía por su emancipación, cortó dos tercios de la Palestina
que le habían adjudicado e inventó el reino de Transjordania, donde instaló al hachemita
Abdulá, hijo del jerife de La Meca. Cometió el delito de quitar derechos a los judíos, que
reclamaban parte de ese territorio, y lo convirtió en el primer espacio Judenrein (limpio de
judíos) antes del nazismo, porque no permitía que allí se instalase judío alguno. Tenebroso
antedecente, desde luego. Pronto Gran Bretaña advirtió que sus aliados en la zona eran los
árabes, no los judíos, y creó la Liga Árabe en 1945, para mantener su poder colonial. Olvidó que
estaba allí para favorecer la construcción de un Hogar Nacional para el pueblo judío, el único que
de forma permanente y con grandes sacrificios exigía la reconstrucción del país que le había
dado su gloria. Es cierto que algunos judíos preferían que esa misión la cumpliese el Mesías y
otros se volcaron a la causa de la revolución comunista, pero el núcleo central se agrupó en
torno al sionismo, palabra que significaba –simple y elocuentemente– el renacimiento nacional y
social del pueblo que más agravios, persecuciones y matanzas había sufrido en dos mil años.

Después de la Segunda Guerra Mundial arreció la demanda emancipadora judía. La potencia


colonial llevó el caso a las Naciones Unidas para provocar su condena. El tiro le salió al revés: las
Naciones Unidas votaron el fin del Mandato Británico y la partición de Palestina en dos Estados,
uno judío y otro árabe (no establecía que alguno se llamase Palestina, sino que eran parte de
Palestina). Los judíos celebraron la resolución, pero los países árabes en conjunto decidieron
violarla sin escrúpulos y barrer “todos los judíos al mar”, como lo atestiguan documentos de la
época. El secretario general de la Liga Árabe amenazó con efectuar matanzas que dejarían en
ridículo las de Gengis Khan. La guerra, por lo tanto, se presentaba como un hecho inminente. Y
apuntaba a un nuevo genocidio, pocos años después del Holocausto. No había pudor en seguir
asesinando judíos. Ni siquiera los que rechazaban semejante conducta propusieron una condena
rotunda y eficaz.

El flamante Estado de Israel (nombre que adoptó, basado en la expresión hebrea Eretz Israel) no
tenía armas –¿quién las vendería a un cadáver?– y debió enfrentar a siete ejércitos enemigos con
las uñas y los dientes. Fue una lucha desesperada. ¡Los israelíes no contaban con un solo tanque
ni un solo avión! La mayor parte de su armamento fue robado o arrancado a los británicos.
Numerosos combatientes eran espectros que acababan de arribar, luego de sobrevivir en los
campos de exterminio nazis. O triunfaban o morían. Fue la guerra en que cayó la mayor cantidad
de judíos. En algunos lugares recurrieron a estrategemas para impulsar la rendición o la huida de
sus enemigos, en otros atacaron sin clemencia. Sabían qué les esperaba en caso de ser vencidos.
Los árabes estaban fragmentados entre quienes defendían sus tierras y quienes habían invadido
y luchaban sin convicción. Al cabo de varios meses, con treguas que eran quebradas por alguno
de los bandos, se llegó al armisticio y el trazado de fronteras arbitrarias.

Como consecuencia de esa guerra desigual –iniciada por los árabes–, aparecieron los refugiados.
Refugiados árabes y refugiados judíos. Estos últimos eran los ochocientos mil judíos expulsados
de casi todos los países árabes en venganza por la derrota. Los recibió Israel, pese a sus
dificultades iniciales, y los integró a la vida normal, pese a que en ese tiempo y durante varios
años debió sufrir un interminable bloqueo y mantener un estricto racionamiento. Los seiscientos
mil refugiados árabes, en cambio, fueron encerrados por sus hermanos en campamentos, donde
se los aisló y sometió a la pedagogía del odio y el desquite. Transjordania usurpó Cisjordania y
Jerusalén Este, medida que justificaba su cambio de nombre; a partir de 1949, en efecto, se
empezó a llamar Jordania (ambos lados del río Jordán); Egipto se quedó con la Franja de Gaza.
La ocupación árabe de esos territorios duró 19 años. En esas casi dos décadas, ¡jamás se pensó ni
reclamó crear un Estado árabe palestino independiente compuesto por Cisjordania, Jerusalén
Oriental y Gaza! Ningún presidente, rey o emir árabe o musulmán visitó Jerusalén Oriental,
convertida en un vilorrio sucio e irrelevante. No se permitía que los judíos fuesen a rezar al Muro
de los Lamentos.

Sólo después de la Guerra de los Seis Días (conflagración que se produjo por la insistente
provocacion árabe), se produjo la ocupación israelí de esos territorios y otros más (toda la
Península del Sinaí, los Altos del Golán y trocitos de Transjordania). Entonces la historia pegó un
brinco.

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Israel y Palestina (y Israel y Palestina Israel y Palestina Israel y Palestina Estado de Israel
5) (2) (4) (3)

85 comments Add a comment

Juan Carlos Herrera · Lima


Impecable!
Imparcial, y contundente.
Esperemos que tos esto acabe pronto y que no mueran inocentes!
Reply · Like · 4 · Follow Post · July 28, 2014 at 12:27pm

Rene Ordoñez Fernandez · Top Commenter · Universidad Tecnica de Oruro


Israel es el pueblo que mas ha sufrido en el mundo, odiado por los arabes, casi
exterminado por los nazis, odiado por el vaticano dizque porque mataron a Jesús,
hoy amenazados de modo permanente por Iran, con pretensiones de hacer
desaparecer del mapa, ni que decir de los pueblos vecinos, y considero que frente
a toda esa asechanza, Israel tiene derecho a defenderse, por cuanto los
habitantes de la Franca de Gaza, permiten que el grupo terrorista HAMAS, haga lo
que quiere y aun decidir por los que no quieren ninguna guerra.
Reply · Like · 4 · Follow Post · July 26, 2014 at 10:02pm

Carmen Edler · Top Commenter · College of Emporia


Jose Luis Grana Altez, es usted consciente de que esta defendiendo
una organizacion terrorista que no ha parado de lanzar cohetes a Israel
y que esta engañando a muchos que no leen y estudian el caso?
Hamas es el responsible de las muertes en Gaza. El es quien utiliza a
la poblacion de escudos para la propaganda de los medios afines ya
que los que no lo son tienen que salir de Gaza amenazados y muchos
golpeados. Si Israel no se defiende, Israel desaparece. ¿Que haria
usted?
Reply · Like · August 13, 2014 at 12:03am

Pinillos Jose
Como decimos en Colombia, " mejor no pude ser " Cuanta historia con sangre.
Lamentablemente las mismas historias con sangre, van de la mano con las
religiones­­­­ Un mundo sin religiones, es un mundo no violento
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Contextos
Breve historia de Israel y Palestina (2)
Por Marcos Aguinis

Fecha: 2013‐05‐23 10:59:36


Tags: Israel Palestina La Guerra de los Seis Días cambió la relación de fuerzas en el conflicto árabe‐israelí. Digo bien,
porque hasta ese momento no era un conflicto palestino‐israelí. Los árabes de Palestina se
llamaban “árabes de Palestina”, no “palestinos”. La diferencia es importante. Como señalamos
43 228
en la primera entrega, también los judíos se llamaban “palestinos” a sí mismos. El
enfrentamiento se daba entre el Estado de Israel y todos los Estados árabes que habían
intentado destruirlo desde antes de su nacimiento, violando la sabia y ecuánime resolución de
Marcos Aguinis las Naciones Unidas que ordenaba la erección de un Estado árabe y un Estado judío, lado a lado,
con vínculos económicos fraternales.
Esa partición, votada en la Asamblea General el 29 de noviembre de 1947, se basaba en la
distribución demográfica de entonces. A los árabes se les otorgaba sus principales ciudades (y
casi todos los sitios bíblicos, además); a los judíos, sus ciudades, colonias y la mayor parte del
desierto. Los judíos lo celebraron, aunque muchos con tristeza, porque se quedaban sin
porciones ligadas a su historia nacional y religiosa.

La guerra que los Estados árabes se empecinaron en llevar adelante, con el manifiesto propósito
de realizar una matanza “que pusiera en ridículo a Gengis Khan”, produjo una catástrofe a ellos
mismos. Hasta el día de hoy es sorprendente la falta de autocrítica por parte de esos Estados:
iniciaron un conflicto cruel e innecesario, se privaron de tener un vecino moderno y estimulante
como Israel y ocasionaron el sufrimiento de sus hermanos más débiles radicados en Palestina.
Además, no realizaron esfuerzos para integrarlos, sino que los persiguieron, discriminaron y
hasta asesinaron en forma masiva, como en el Septiembre Negro de 1971. Allí cayeron más
árabes palestinos por las balas jordanas y sirias que en todos los enfrentamientos con Israel.
Antes y despúes cientos de miles tuvieron que pasar varias generaciones en campamentos,
Escritor. Columnista de La Nación (Argentina).
mantenidos por la limosna internacional. Es el único caso de un alto cupo de refugiados que no
Caballero de las Letras y las Artes (Francia) y
pudo ser resuelto en tantas décadas, pese a la inversión multimillonaria que nutrió a una
burocracia enorme y corrupta. Se convirtieron en un material humano que recibe cuadalosas
doctor honoris causa por las universidades de
Tel Aviv (Israel) y San Luis (Argentina).
inyecciones diarias de victimización y resentimiento. Por lo cual quedan imposibilitados de
trabajar en forma sostenida hacia un futuro mejor.

El presidente de Egipto, Gamal Abdel Naser, adquirió un fuerte liderazgo gracias a su empeño
panarabista, su acercamiento con la Unión Soviética y su alianza con los países no alineados
" La opinión pública internacional (entre los que figuraban países cuya no alineación al capitalismo o al comunismo era una grosera
no podía salir del asombro. El hipocresía, como China, Cuba o Yugoslavia). Consiguió formar con Siria la República Arabe Unida,
diminuto Israel volvía a ganar. En que era el comienzo de una federación destinada a unir todo el mundo árabe. Su propósito no
los organismos internacionales el entraba en contradicción con la existencia de Israel, según entendió este país, y David ben
bloque comunista, aliado con los Gurión le propuso integrarse a su proyecto. Naser no quiso ni siquiera escucharlo y redobló su
árabes, puso el grito en el cielo y agresividad. Bloqueó el Estrecho de Tirán, que permite el acceso al Golfo de Akaba, y de esa
exigió la devolución incondicional forma pretendió matar el puerto israelí de Eilat. Manifestó que ansiaba convertir en realidad el
de los territorios conquistados, sin sueño de arrojar a los judíos al mar mediante la demolición de Israel, como lo testimonia la
tener en cuenta –¡de nuevo!– la prensa de entonces. Compró gran cantidad de armas para llevar a cabo ese propósito. Las
responsabilidad de Egipto, Siria y súplicas internacionales destinadas a evitar otro genocidio resultaron estériles. Iba a realizar su
Jordania, ni exigir que firmasen la ataque mediante una pinza mortal: Egipto desde el sur y Siria desde el norte. Siria expresó su
paz " acuerdo mediante disparos cotidianos desde las alturas del Golán contra las poblaciones israelíes
que rodeaban el bíblico lago de Galilea. Aba Eban, canciller de Israel, recorría angustiado las
" Gracias al contacto directo con principales capitales del mundo para rogar que disuadieran al presidente egipcio. Fue inútil,
los israelíes, que resultaba porque Naser llegó al extremo de exigir que las Naciones Unidas retirasen las tropas que evitaban
inspirador, los árabes de Palestina los choques entre ambos países; quería tener libre la ruta de su masivo ataque bélico. Ante un
tomaron conciencia de su identidad mundial estupor, el entonces secretario general de la ONU, el birmano U Thant, le dio el gusto y
nacional y se aplicaron a la ordenó la evacuación de esas tropas. Naser tenía luz verde para iniciar los combates.
conformación de una narrativa que
les otorgase respaldo " No sólo los judíos, sino millones de personas se conmovieron ante la inminencia de una tragedia
que reproduciría el Holocausto. Fue entonces cuando estalló la Guerra de los Seis Días, porque
horas antes del colosal ataque árabe la aviación israelí tomó la iniciativa y pudo cambiar el curso
de la historia. Al principio las emisoras árabes mintieron a sus audiencias informando sobre
inexistentes triunfos. El primer ministro de Israel, Levy Eshkol, pidió al rey Husein de Jordania
que no se incorporase a la agresión de Egipto y Siria, porque Israel no quería un tercer frente.
Pero Husein, presionado por Naser, avanzó sobre Jerusalén y otros puntos de la larga y
accidentada frontera. Entonces Israel, luego de aplastar a egipcios y sirios, tuvo que dirigirse
tamabién contra los jordanos. En esa contienda les arrebató Cisjordania, que usurpaban desde
1948.

La opinión pública internacional no podía salir del asombro. El diminuto Israel volvía a ganar. En
los organismos internacionales el bloque comunista, aliado con los árabes, puso el grito en el
cielo y exigió la devolución incondicional de los territorios conquistados, sin tener en cuenta –
¡de nuevo!– la responsabilidad de Egipto, Siria y Jordania, ni exigir que firmasen la paz. Los
verdaderos territorios conquistados eran la península del Sinaí y las alturas del Golán, que no se
consideraban parte de Palestina desde el trazado de fronteras que realizaron, con cierta
arbitrariedad, las potencias coloniales luego del desmembramiento del Imperio Otomano.
Técnicamente, Cisjordania y Jerusalén fueron liberadas de la ilegítima ocupación jordana, y la
Franja de Gaza de la ocupación egipcia: los israelíes no lucharon contra los árabes‐palestinos,
sino contra Estados árabes poderosos que ocupaban buena parte de la Palestina histórica. Ya es
hora de disipar esta confusión.

No obstante su victoria, Israel propuso grandes devoluciones territoriales a cambio de la paz.


Como respuesta, la Liga Arabe se reunió en Jartum y, estimulada por Naser, escupió a Israel los
famosos Tres Noes: No a las negociaciones con Israel, No al reconocimiento de Israel, No a la paz
con Israel. Es decir, continuar con el odio y los enfrentamientos.

Israel, por el contrario, decidió en forma unilateral que todas las mezquitas y los lugares
sagrados del islam fueran administrados por autoridades musulmanas. Las ciudades y aldeas
árabes debían estar a cargo de intendentes árabes democráticamente electos, muchos de los
cuales, como el de Belén, permanecieron en el cargo durante décadas y mantuvieron excelentes
relaciones con el Gobierno israelí. Cientos de miles de árabes de Gaza y Cisjordania encontraron
trabajo en las poblaciones de Israel. Los benefició el turismo, que habían desconocido hasta
entonces. Parte significativa de sus productos eran comprados por los mismos israelíes. Se
registraron encuentros entre judíos y árabes que habían sido amigos antes de 1948 e incluso se
celebraron casamientos mixtos.

Después de la Guerra de Iom Kipur, en 1973 (también iniciada por Egipto), el nuevo presidente
de Egipto, Anuar el Sadat, empezó a reconocer que no tenía sentido negar la existencia de un
país tan sólido como Israel. Ante la sorpresa universal, decidió visitar Jerusalén. Aunque
esperaba ser bien recibido, no esperaba que lo aplaudieran y agasajaran con una lluvia de júbilo
y gratitud. Empezaron las negociaciones con el duro Menajem Beguin y, en menos de un año, se
firmó la paz entre ambos países. A cambio de la paz, Beguin aceptó entregar hasta el último
grano de arena del desierto del Sinaí. Y no sólo arena: entregó aeropuertos, pozos de petróleo,
rutas, centros turísticos y hasta ordenó la evacuación de la populosa ciudad de Yamit, construida
entre Gaza y el Sinaí, para que nada de Israel permaneciera en territorio egipcio. El encargado de
evacuar por la fuerza a los colonos judíos fue Ariel Sharón. Este general no imaginaba que,
mucho después, debería repetir el operativo en la Franja de Gaza. Con esta cesión de tierras
equivalentes a casi tres veces el tamaño de Israel, caía la acusación de su vocación expansiva,
por lo menos entre quienes piensan con lógica. Por supuesto que esta paz fue duramente
condenada por todos los demás países árabes.

En el tratado con Egipto, Israel prometió la autonomía de los árabes que habitaban Gaza y
Cisjordania. Autonomía significaba otorgarles el manejo de todas las áreas, menos la defensa y
las relaciones exteriores. Es decir, no llegaban a la independencia ni a la soberanía. Así lo
entendió Beguin, pero seguramente Sadat pensaba que la autonomía conduciría, de forma
inexorable, a la independencia. La idea de los dos Estados que viven y prosperan uno al lado del
otro, que nació en la saboteada partición de 1947, resucitaba con fuerza. Gracias al contacto
directo con los israelíes, que resultaba inspirador, los árabes de Palestina tomaron conciencia de
su identidad nacional y se aplicaron a la conformación de una narrativa que les otorgase
respaldo.

Pinche aquí para leer la primera entrega.

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Contextos
Breve historia de Israel y Palestina (3)
Por Marcos Aguinis

Fecha: 2013‐05‐25 09:24:50


Se debe hacer justicia al fenómeno nacional palestino, que era irrelevante en la primera mitad
Tags: Al Fatah Camp David Hamás
del siglo XX. En el curso de los últimos años consiguió hacerse reconocer por la Liga Árabe, las
Intifada Israel OLP Palestina Naciones Unidas y el mismo Estado de Israel. Desde 1948 (independencia de Israel) hasta 1967
Yaser Arafat (Guerra de los Seis Días), Falistín (Palestina, en árabe) había dejado de existir. Durante 19 años
una porción del mapa lo ocupaba Israel y la otra, Jordania y Egipto. Lo repito porque es esencial
44 164 recordarlo.

En mayo de 1964 se fundó la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), integrada por
centenares de hombres que componían Al Fatah, Al Saiqa y el Frente Popular para la Liberación
Marcos Aguinis
de Palestina. Las tres entidades eran laicas y se inspiraban en el apasionado nacionalismo que
durante los años 60 acompañó la descolonización en África y Asia; la última era marxista‐
leninista. No estaban contaminados por el fundamentalismo islámico, que advino más adelante.
En 1967 apoyaron la obsesión bélica del presidente Naser, que concluyó en un desastre, como ya
narré: Israel derrotó a quienes pretendían aniquilarlo y se extendió desde el Canal de Suez hasta
las alturas del Golán. Los árabes palestinos pasaron de la ocupación jordana y egipcia a la
insospechada y mareante ocupación israelí.

La OLP eligió profundizar la vía terrorista en lugar de proponer negociaciones. Siguió el modelo
de los fedayines que Naser había espoleado a cruzar la frontera de Gaza para cometer cientos de
atentados. Además, se dedicaron a asaltar aviones, atacar aeropuertos, asesinar deportistas,
poner bombas en ómnibus escolares, disparar contra viviendas civiles. Adquirieron notoriedad
porque contrastaban con los sectores que aspiraban a conseguir un acuerdo pacífico. Por esa
época el gentilicio palestino se asociaba con la palabra terrorista. Pero, de a poco, fue
otorgando resonancia a la expresión pueblo palestino, que se refería ahora sólo a los árabes de
Palestina. Se la martilló con vigor creciente, a pesar de que muchos aún negaban su existencia
real. Muchos israelíes se seguían considerando tan palestinos como los árabes.
Escritor. Columnista de La Nación (Argentina).
Caballero de las Letras y las Artes (Francia) y
En 1970 la OLP había logrado constituir una fuerza considerable en Jordania, casi un Estado
doctor honoris causa por las universidades de
dentro del Estado, y decidió tomar el gobierno de ese país, que históricamente había formado
Tel Aviv (Israel) y San Luis (Argentina).
parte de Palestina. En otras palabras, ya exisitía un Estado palestino llamado Jordania, hecho
que la OLP no ignoraba, por supuesto, y pretendía sacar beneficio de esta situación. El rey
Husein reaccionó ferozmente y se calcula que sus tropas mataron a miles de hermanos en
septiembre de 1971, llamado desde entonces Septiembre Negro.
" Se debe hacer justicia al
fenómeno nacional palestino, que Las despavoridas columnas de Arafat huyeron hacia Siria, pero el presidente Asad les cerró la
era irrelevante en la primera mitad entrada con impiadosos cañones y ametralladoras. De forma poco clara –tal vez autorizados por
del siglo XX " Israel– llegaron al Líbano, donde también se empeñaron en formar un Estado dentro del Estado,
con un laberinto de túneles y barrios controlados por completo, hasta que explotó la sangrienta
" En Camp David, Arafat resistió guerra civil.
las presiones, pateó el tablero y
logró que los palestinos no dejaran La OLP controlaba el sur del país, y desde ahí lanzaba ataques diarios contra las poblaciones
de perder la oportunidad de volver fronterizas de Israel. En 1974 consiguió ser reconocida por la Liga Árabe como “única
a perder la oportunidad... Regresó representación legítima del pueblo palestino”, noticia que puso en aprietos a la dirigencia árabe
haciendo la uve de la victoria (¿qué moderada. Menajem Beguin, que había firmado una generosa paz con Egipto, decidió silenciar las
victoria?), mientras el primer baterías palestinas del Líbano, que atacaban a diario, impiadosamente, centros civiles de
ministro de Israel –que había Galilea. Sus fuerzas llegaron rápido hasta Beirut y en el trayecto fueron recibidas con alivio,
cedido más de lo que hubiera flores y alimentos por las poblaciones cristianas del Líbano, sometidas a los asaltos de la pinza
aceptado Rabin– volvió derrotado " sirio‐musulmana. Los dirigentes de la OLP tuvieron que huir a Túnez.

" Los palestinos pueden exhibir los En noviembre de 1988, durante una reunión del Consejo Nacional Palestino en Argel, Arafat
derechos que les otorga un período anunció el establecimiento del Estado Independiente de Palestina y aceptó las resoluciones 242
de vida menor, en el que también y 338 de las Naciones Unidas, que no son precisas, porque hablan de la devolución de los
derramaron lágrimas y sangre, territorios conquistados: no dice “todos”. Esa inteligente decisión fue premiada al mes siguiente
además de nacer en ese territorio o por Estados Unidos, que aceptó iniciar un diálogo diplomático directo con la OLP. Los avances se
extrañarlo desde el exilio. Pero no quebraron cuando Arafat apoyó la invasión a Kuwait de Sadam Husein, lo que le enemistó con
alcanza con sangre y lágrimas. Occidente y con la mayoría de los países árabes que hasta ese momento lo habían sostenido.
Falta el sudor: ¡construir en vez de
destruir! "
En 1993 Simón Peres e Isaac Rabin decidieron resucitar al debilitado Arafat para conseguir la
solución del largo conflicto. La primera Intifada había tenido el mérito de consolidar la flamante
identidad nacional árabe‐palestina, incluso entre los israelíes. Era un buen momento, entonces,
para un recononcimiento recíproco y avanzar hacia la tan postergada paz. Se firmaron los
Acuerdos de Oslo, que les valió a los tres personajes citados el Premio Nobel de la Paz. Nacióla
Autoridad Nacional Palestina y empezó la transferencia de poderes. Los temas más difíciles
quedaron para el final, cuando los aceitase una mayor confianza mutua.

Pero sucedió lo contrario, debido a la acción de los grupos armados autónomos que la Autoridad
Palestina no quiso inhibir. Al Fatah, liderado por el mismo Yaser Arafat, constituyó las Brigadas
de Al Aqsa, que cometían crímenes condenados en inglés y felicitados en árabe. Engordaban los
grupos fundamentalistas Hamás y Yihad Islámica, que no aceptaban ningún acuerdo. Arafat, en
lugar de ejercer la posición del estadista que monopoliza el poder, seguía con las ilusiones del
guerrillero que dejaba hacer a los terroristas para minar la resistencia israelí. Alcanzó cumbres
del doble discurso. Condenaba cada atentado mientras estimulaba su multiplicación. Las
primeras mujeres asesino‐suicidas fueron jóvenes palestinas que calificó de “rosas de nuestra
causa”. Era evidente que mentía: su objetivo no era la paz con Israel, sino destruirlo con otros
medios.
En el encuentro de Camp David, durante la presidencia de Clinton, los palestinos habían logrado
un avance que no hubieran soñado años antes: la pronta creación de un Estado árabe‐palestino
independiente sobre casi todos los territorios ocupados y la soberanía compartida de Jerusalén.
Pero Arafat resistió las presiones, pateó el tablero y logró que los palestinos no dejaran de
perder la oportunidad de volver a perder la oportunidad… Regresó haciendo la uve de la victoria
(¿qué victoria?), mientras el primer ministro de Israel –que había cedido más de lo que hubiera
aceptado Rabin– volvió derrotado.

A los pocos días, con la pueril excusa de un paseo de Ariel Sharón por la explanada del Templo
(que había consentido Jamil Jagrib, responsable palestino de seguridad), desencadenó la
injustificada y criminal segunda Intifada, que duró cinco años, con miles de muertos por ambas
partes, exacerbación del odio en lugar de la confianza y un empeoramiento profundo de la
calidad de vida palestina.

El rechazo a las concesiones de Camp David fue una siniestra repetición de los Tres Noes
lanzados en Jartum. Bloqueó el camino de los acuerdos y cargó dinamita a la violencia. Pero
consiguió que el mundo viese a los palestinos como la víctima inocente, inerme e indiscutible;
por lo tanto, impermeable a cualquier crítica. Todo lo que hacían se justificaba por el martirio
de la cruel ocupación. De esa forma, nadie exigió a la Autoridad Palestina que ejerciera el
monopolio de la fuerza y pusiese fin a la metralla de los atentados. Nadie exigió que invirtiera
en salud, educación y construcción en vez de en armas los multimillonarios recursos que recibía
de la Unión Europea y los Estados Unidos. Ni siquiera que terminase con la enorme corrupción
que hasta un intelectual palestino como Edward Said criticó, encendido de rabia. Gran parte del
dinero volaba hacia bancos extranjeros. La viuda de Arafat es ahora una millonaria que disfruta
las delicias de París mientras se conmueve por el heroísmo de los suicidas (ni ella ni su hija
piensan suicidarse, por supuesto).

Grandes desafíos enfrenta el nacionalismo palestino en este momento, un nacionalismo que


nació secular y ahora ha caído bajo la influencia de la teocracia fundamentalista, que amenaza
con provocar escisiones internas muy profundas.

¿Debemos repetir que nunca existió un Estado árabe independiente en Palestina? ¿Que nunca
Jerusalén fue la capital de ningún Estado árabe o musulmán, ni siquiera cuando Saladino expulsó
a los cruzados, o el imperio turco se extendió por la región, o Jordania usurpó la parte oriental?
Debido a esa carencia, el nacionalismo palestino racional y moderado necesita escribir una
narrativa que le brinde respaldo, sin recurrir a la fabulación que lo haga insostenible. Debe
resignarse a no alcanzar la vastedad, riqueza y resonancia de la narrativa judía, porque ésta tiene
3.500 años de historia. El contraste es demasiado grande.

El Estado palestino no será la obra de un milagro, como no lo fue el Estado de Israel. Los judíos
lo reconstruyeron con lágrimas, sudor y sangre. No fue un regalo de nadie. Antes de la
independencia –vuelvo a insistir–, los sionistas ya habían creado ciudades, kibutzim, caminos,
universidades, teatros, colegios, sistemas de riego, orquestas sinfónicas, puertos, métodos para
fertilizar el desierto, hospitales, museos, forestaciones, centros de investigación. Los palestinos
pueden exhibir los derechos que les otorga un período de vida menor, en el que también
derramaron lágrimas y sangre, además de nacer en ese territorio o extrañarlo desde el exilio.
Pero no alcanza con sangre y lágrimas. Falta el sudor: ¡construir en vez de destruir!

Breve historia de Israel y Palestina (1).


Breve historia de Israel y Palestina (2).

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Las finanzas del Abás teme el Arafat, el líder que Por qué Abás no La Autoridad
nacionalismo regreso de Dahlán no quiso cambiar condenará los Palestina y su
palestino atentados ‘Comité de Asuntos
terroristas Israelíes’
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Contextos
Breve historia de Israel y Palestina (4)
Por Marcos Aguinis

Fecha: 2013‐05‐27 12:26:05


Tags: Hamás Israel Palestina Las últimas elecciones palestinas (enero de 2006) complicaron la situación, aunque muchos
pensamos que la volvieron más diáfana. Esas elecciones fueron ganadas de manera impecable
14 68
por el grupo fundamentalista Hamás. Para conocer la ideología que lo sustenta es obligatorio
conocer su Carta Fundacional. Constituye una guía también impecable, ya que este tipo de
organizaciones no anda con vueltas: dice lo que piensa y hace lo que dice. No nos perdamos
algunas citas elocuentes.
Marcos Aguinis
En el preámbulo afirma:

Israel existirá y continuará existiendo hasta que el islam lo destruya, tal como destruyó
a otros en el pasado.

Y en el artículo 6 se dice:

El Movimiento de Resistencia Islámico [Hamás] es un movimiento cuya alianza es con Alá


y cuya forma de vida es el islam. Su objetivo es izar el estandarte de Alá sobre cada
porción del suelo palestino.

Escritor. Columnista de La Nación (Argentina).


Caballero de las Letras y las Artes (Francia) y El artículo 7 expresa su ardiente antisemitismo:
doctor honoris causa por las universidades de
Tel Aviv (Israel) y San Luis (Argentina).
El Día del Juicio Final no llegará hasta que los musulmanes se enfrenten a los judíos y los
maten a todos. Entonces, los judíos se esconderán detrás de las rocas y de los árboles, y
las rocas y los árboles gritarán: “¡Oh, musulmán, hay un judío escondido detrás de mí!
" Para conocer la ideología de ¡Ven y mátalo!”.
Hamás es obligatorio conocer su
Carta Fundacional. Constituye una
guía también impecable, ya que
El artículo 22 es extenso, pero ofrece evidencias de su inspiración en los libelos que, a su vez,
este tipo de organizaciones no anda alimentaron el Mein Kampf, de Adolf Hitler. Reúne todas las calumnias que diferentes
con vueltas: dice lo que piensa y tendencias inventaron sobre los judíos. También manifiesta su alucinante carácter reaccionario.
hace lo que dice "

" Proyectan sobre el diminuto Los judíos han conspirado contra nosotros durante mucho tiempo y han acumulado
Israel su propia hambre de
expansión territorial. Son ellos grandes riquezas materiales y gran influencia. Con su dinero, tomaron el control de los
quienes aspiran a un califato que medios. Con su dinero, provocaron revoluciones en distintas partes del mundo.
se extienda desde el Atlántico Estuvieron detrás de la Revolución Francesa, de la Revolución Comunista y de la mayoría
hasta Indochina, y luego más " de las revoluciones. Con su dinero, crearon organizaciones secretas –tales como los
masones, el Rotary Club y el Club de Leones–, que se están diseminando por el mundo
" La respuesta a la retirada israelí con el fin de destruir sociedades y llevar a cabo los intereses sionistas. Estuvieron
del Líbano y Gaza no fue de detrás de la Primera Guerra Mundial y crearon la Liga de las Naciones, por medio de la
comprensión y amistad, sino lluvias cual podían gobernar el mundo. Estuvieron detrás de la Segunda Guerra Mundial, por
de misiles "
medio de la cual lograron enormes ganancias financieras. No hay ninguna guerra en
ningún lugar del mundo en la que ellos no intervengan.

Quienes suponen que Hamás se conforma con un Estado palestino que permita alguna
coexistencia con Israel deben fijarse en el artículo 11:

La tierra de toda Palestina es un ‘waqf’ [posesión sagrada del islam] consagrado para
futuras generaciones islámicas hasta el Día del Juicio Final. Nadie puede renunciar a esta
tierra ni abandonar ninguna parte de ella.

Los ideales de un Estado árabe palestino, democrático y pluralista, donde tengan derechos no
sólo los judíos, sino también los cristianos, quedan destruidos por el categórico artículo 13:

Palestina es tierra islámica. Esto es un hecho.

La guerra es orlada con febril exaltación. El artículo 33 borra cualquier duda:

Las filas se cerrarán, los luchadores se unirán con otros luchadores y las masas de todo
el mundo islámico acudirán al llamado del deber proclamando en voz alta: ¡Viva la yihad!
Este grito llegará a los cielos y seguirá resonando hasta que se alcance la liberación, los
invasores hayan sido derrotados y logremos la victoria de Alá.

No deja espacio para las iniciativas de paz, que son condenadas en otra parte del feroz artículo
13:

Las iniciativas de paz y las supuestas soluciones pacíficas, así como las conferencias
internacionales, se contradicen con los principios de Hamás. Esas conferencias son un
inaceptable medio para designar árbitros de las tierras del islam a los infieles. No hay
solución sin la yihad. Las iniciativas, las propuestas y las conferencias internacionales de
paz son una pérdida de tiempo.

La demonización del sionismo permanece anclada en centenarios mitos paranoicos, cuya fuente
falsa y venenosa no tienen pudor en revelar, como lo ilustra el artículo 32:

La confabulación del sionismo no tiene fin; después de Palestina querrán expandirse


desde el Nilo hasta el Éufrates. Cuando hayan terminado de digerir el área sobre la que
hayan puesto sus manos, codiciarán más espacio. Su plan ha sido diseñado por los
‘Protocolos de los Sabios de Sión’.

No hace falta ser avispado para advertir que proyectan sobre el diminuto Israel su propia
hambre de expansión territorial. Son ellos quienes aspiran a un califato que se extienda desde
el Atlántico hasta Indochina, y luego más. En sus escuelas enseñan que España pertenece al
islam y deberá ser recuperada. El objetivo más alto no es ahora la creación de un Estado
palestino, sino la victoria universal de la fe y la legislación islámicas. Su programa aspira a que
rijan las leyes de la sharía, imposibles para la civilización occidental. Como lo expresa el
delirante artículo 22, hasta la Revolución Francesa es abominable, y seguro que las tres famosas
palabras –libertad, igualdad, fraternidad– serán sospechosas.

A Hamás, sin embargo, no lo votaron por este programa teocrático‐nazi, sino por la corrupción,
ineficacia e hipocresía de Al Fatah y los líderes de la Autoridad Palestina. Una encuesta reveló
que el 75% de los palestinos que votaron por Hamás aspiraban a la solución de un Estado propio
que conviviera lado a lado con Israel. Hamás se presentó como la única opción que tenía las
manos limpias. No ganó por su fanatismo reaccionario y judeofóbico, sino por el desencanto de
los palestinos. La irresponsable segunda Intifada, desencadenada por la hipócrita Administración
anterior, trajo la parálisis de una solución negociada. Además, produjo un incremento de las
muertes, las represalias, la desocupación y la miseria. A Hamas ya no le alcanzará con lavarse las
manos y echar la culpa de todo a Israel.

La mayoría de los israelíes no está entusiasmada con la ocupación de territorios palestinos, si


esa ocupación empeora su seguridad y su calidad de vida. Pero tomará decisiones unilaterales
mientras la otra parte no sea una genuina socia para la paz. Lo hizo al retirarse del Líbano sin
exigir contrapartidas, y al retirarse de Gaza de la misma forma. Muchos opinan que fueron
decisiones equivocadas. Comparto esa crítica. Ambas retiradas pretendían demostrar que Israel
no desea mantener la ocupación de zonas donde hay mayoría árabe. La respuesta, sin embargo,
no fue de comprensión ni de amistad, sino lluvias de misiles.

Breve historia de Israel y Palestina (1).


Breve historia de Israel y Palestina (2).
Breve historia de Israel y Palestina (3).
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Contextos
Breve historia de Israel y Palestina (y 5)
Por Marcos Aguinis

Fecha: 2013‐05‐29 11:20:21


En un reportaje, a una nena árabe de tres años y medio le preguntaron si odiaba. Dijo que sí,
Tags: Golda Meir Haj Amín al Huseini
que odiaba a los judíos. ¿Por qué? Porque son monos y cerdos. ¿Quién lo dice? Lo dice el Corán.
Hasán Nasrala Hezbolá Irán Israel
Mahmud Ahmadineyad Palestina Es verdad que el Corán lo dice, pero como todo libro religioso extenso, escrito en circunstancias
históricas determinadas, exhibe expresiones contradictorias, algunas durísimas y otras más
33 174 dulces que la miel. Igual sucede con la Biblia. Corresponde a los hombres interpretar esos
textos y enfatizar sus contenidos nobles.

Históricamente el odio a los judíos fue más intenso entre los cristianos que entre los
Marcos Aguinis
musulmanes. Los cristianos acusaban a los judíos de ser “los asesinos de Dios”, los musulmanes
sólo de haber enmendado la Biblia para que no figurase el anuncio de la llegada de Mahoma.
Ambos son hechos deleznables (de haber sido ciertos), pero más horrible, desde luego, es el
primero. Si los judíos pudieron “asesinar a Dios” –como se predicó durante centurias desde todos
los púlpitos–, ¿qué puede impedir que cometan otros crímenes, y de lo más atroces? Se los acusó
de envenenar los pozos cuando había una peste (y se carneaba entonces judíos con entusiasmo
enérgico), se los acusó de utilizar la sangre de niños cristianos para amasar el pan de la Pascua
(¡?) (y nació el delirante y repetido libelo del crimen ritual, que llevaba a renovadas y jubilosas
matanzas). El judío fue el Shylock voraz por una libra de carne, el judío pobre que se
despreciaba por sucio y débil o el rico que rapiñaba sin culpa. Fue el personaje siniestro de Los
Protocolos de los Sabios de Sión, que redactó la policía secreta del Zar para estimular los
pogromos. Fue El judío internacional del resentido Henry Ford. En Mein Kampf, Hitler prometía
hacer lo que finalmente hizo ante la indiferencia de la civilización occidental. Auschwitz.

Haj Amín el Huseini, el amigo de Hitler

Escritor. Columnista de La Nación (Argentina).


Caballero de las Letras y las Artes (Francia) y El plan nazi de encerrar a todos los judíos del mundo y exterminarlos como si fuesen cucarachas
doctor honoris causa por las universidades de por un odio sedimentado durante siglos en Europa tuvo un éxito casi total. En pocos años liquidó
Tel Aviv (Israel) y San Luis (Argentina). un tercio de ese pueblo gracias a la sistemática técnica industrial de la muerte. Ese plan recibió
el apoyo del líder árabe de Palestina Haj Amín el Huseini, gran muftí de Jerusalén. Este clérigo
fanático, que espoleaba a destruir las comunidades judías porque importaban costumbres
“degeneradas” como la igualdad de la mujer, la apertura de teatros y orquestas, la edición
masiva de libros, los ideales de la democracia y el socialismo, se ofreció a colaborar con la
" En un reportaje, a una nena Solución Final. Viajó a Berlín por un largo período y prometió erradicar cada judío de Palestina y
árabe de tres años y medio le sus alrededores “con los métodos científicos del Tercer Reich”. Planeó erigir otro Auschwitz en
preguntaron si odiaba. Dijo que sí, Nablús, sobre las colinas de Samaria. Su lema, difundido por radios nazis, fue: “Mata a los judíos
que odiaba a los judíos. ¿Por qué? dondequiera los encuentres, para agradar a Alá y a la Historia”. Se fotografió varias veces con
Porque son monos y cerdos. ¿Quién Hitler. Apareció en los noticieros de cine haciendo el saludo nazi. También se reunió con el nazi
lo dice? Lo dice el Corán " y asesino croata Ante Pavelic, para sellar el mismo pacto.

" Haj Amín el Huseini, gran muftí Debemos tenerlo en cuenta, porque este dirigente fascista tuvo un protagonismo que la
de Jerusalén, espoleaba a destruir narrativa árabe quiere a borrar. No sólo organizó ataques contra las comunidades judías antes
las comunidades judías porque de la independencia de Israel, sino que se negó a aceptar la partición decidida por las Naciones
importaban costumbres Unidas del 29 de noviembre de 1947 para el nacimiento de un Estado arabe y otro judío que
'degeneradas' como la igualdad de viviesen lado a lado y en fraterna colaboración. Como frutilla del postre, tuvo la idea brillante de
la mujer, la apertura de teatros y ordenar a su gente que abandonase Palestina rápido, para permitir que Siria, Irak, Líbano, Egipto,
orquestas, la edición masiva de Arabia y Transjordania pudiesen empujar a los judíos al mar sin tener que molestarse en esquivar
libros, los ideales de la democracia la presencia de árabes en su camino. Esta orden se difundió como un incendio. Algunos se
y el socialismo; y se ofreció a negaron a obedecerla y lucharon contra los judíos, otros –en especial en la Galilea– se limitaron a
colaborar con la Solución Final " quedarse en sus casas y ahora son ciudadanos israelíes. Recordemos que los árabes israelíes
conforman el 20% de la población del país. ¿Cuántos judíos quedan en los Estados árabes?
" Mientras los Estados árabes Mientras los Estados árabes pueden vanagloriarse de ser Judenrein, Israel es acusado de hacer
pueden vanagloriarse de ser discriminación étnica. ¡Qué hipocresía! Además, en Israel no existe ningún diario, radio o TV que
Judenrein, Israel es acusado de incite al odio contra los árabes. En el mundo árabe, por el contrario, casi no hay medio de
hacer discriminación étnica. ¡Qué comunicación que alguna vez, o muchas veces, deje de incitar al odio hacia los judíos e Israel.
hipocresía! " Un país no árabe como Irán, pero líder del fundamentalismo islámico, profirió en su Asamblea
parlamentaria el grito: “¡Muerte a Israel!”. ¿No es escandaloso? ¿En la Kneset se profirió alguna
" A lo largo del siglo XX no hubo vez una frase que invite a liquidar otro país?
dos, tres o diez millones de
refugiados, sino ¡cientos de El poder del odio
millones! Sí, cientos de millones.
Todos, absolutamente todos,
consiguieron resolver su problema. El odio árabe aumentó de forma sustantiva cuando fueron derrotados en la guerra de la
La única excepción ha sido la de los independencia (1948‐9). No los había vencido una potencia colonial, sino una comunidad
refugiados árabes, cuyo número minúscula que ni siquiera contaba con un solo tanque ni un solo avión. El pueblo más inerme del
original no llegaba al millón, un planeta, más despreciado, que acababa de ser reducido a escombros por los nazis, el pueblo al
número parecido al de los que le habían cerrado los puertos antes, durante y después del Holocausto, pudo triunfar. Era
refugiados judíos expulsados de los una insoportable herida que puso en marcha una febril venganza mediante la expulsión de casi
países árabes " todos los judíos residentes en los países árabes. El sueño de Hitler de conseguir países
Judenrein ¡fue un logro árabe! (anticipado por los ingleses al decretar que no se afincasen
" El conflicto no es palestino‐ judíos en Transjordania).
israelí sino árabe‐israelí; o, mejor
dicho, entre la modernidad Es importante insistir en que los cientos de miles de refugiados judíos provenientes de Europa y
democrática y un autoritarismo del mundo árabe fueron recibidos e integrados en Israel, con esfuerzos enormes,
revestido de variadas tendencias desproporcionados a la riqueza que entonces tenía el país. Mientras los atendía, no era posible
que se mezclan con fijaciones descuidar la seguridad de sus fronteras precarias. Esa tarea humanitaria sólo obtuvo la ayuda de
teocráticas o nostalgias los judíos afincados en la Diáspora, sin que los organismos internacionales se interesaran siquiera
medievales " en el asunto. El único país que más tarde aportó, pero por otras razones, fue Alemania, en
concepto de devolución de los bienes que había rapiñado el régimen nazi a los judíos; no se
trataba de reparaciones por los crímenes, que jamás pueden ser pagados.

Los refugiados árabes que produjo la indeseada guerra de la independencia de Israel, en cambio,
fueron amontonados por sus hermanos en campos especiales, como prisiones de las cuales no
podían salir, excepto en Jordania. Jordania llevó adelante otra política, porque deseaba asimilar
la Cisjordania a su propio territorio de una forma tan intensa que nunca más se la quitasen. Pero
tampoco puso fin a la existencia de refugiados en su territorio, por razones difíciles de explicar.
O fáciles de explicar: los refugiados eran un peón que podían lucir para victimizarse y recibir
dinero. Por esta razón los países árabes recibieron en forma directa o indirecta fondos
multimillonarios. Pero en lugar de utilizarlos para resolver el drama, los usaban para eternizarlo.
Consiguieron que los refugiados árabes de Palestina se conviertieran en el único caso de
refugiados sin solución. Es importante hacer énfasis en este punto, porque forma parte del
conflicto árabe‐israelí. A lo largo del siglo XX no hubo dos, tres o diez millones de refugiados,
sino ¡cientos de millones! Sí, cientos de millones. Todos, absolutamente todos, consiguieron
resolver su problema. La única excepción ha sido la de los refugiados árabes, cuyo número
original no llegaba al millón, un número parecido al de los refugiados judíos expulsados de los
países árabes. Tan firme fue la resistencia de los Estados árabes a resolver la cuestión de sus
refugiados que cuando empezó la explotación petrolera intensiva en Libia y Kuwait y hacía falta
mano de obra sólo se permitía que fuesen hacia allí varones palestinos solos, para que sus
familias permanecieran en los campos como rehenes; luego de unos pocos años esos
trabajadores, en lugar de afincarse en un sitio mejor, debían retornar a los ominosos
campamentos.

Ese odio –sostenido e incrementado sin cesar– impide discernir por dónde pasa el camino que los
llevaría al bienestar. Golda Meir pronunció una famosa reflexión: “Podemos perdonar a los árabes
que asesinaron a nuestros chicos. No los podemos perdonar por forzarnos a matar los suyos. Sólo
tendremos paz cuando ellos quieran a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”. Por
desgracia, en algunos sitios ahora es peor: ciertas madres bendicen a sus hijos que se atan
cinturones con explosivos para suicidarse en operaciones criminales.

Con la técnica del “miente, miente que algo queda”, los antisemitas buscan imponer la versión
de que el Estado de Israel es un producto artificial del Holocausto y fue creado de la nada por las
Naciones Unidas. Falso, basta leer la prensa de entonces. Debemos insistir una y otra vez en que
la construcción del tercer Estado judío (los dos primeros están descriptos en la Biblia) empezó
de forma intensa en el último cuarto del siglo XIX, cuando todavía era dueño del Medio Oriente
el Imperio Otomano y no había señales de nacionalismo árabe, que recién apareció en Siria a
principios del XX. El flamante movimiento sionista (movimiento de liberación nacional y social
del pueblo judío) creó en 1903 el Keren Kayemeth Leisrael para reacaudar dinero con el cual
comprar a los efendis radicados en Beirut o Damasco sus pobres tierras palestinas y erigir los
primeros kibutzim en forma legal. También se usaba parte del dinero para una campaña frenética
de forestación, la primera en la historia, que aún los partidos ecologistas no se atreven a
reconocer. El Imperio Turco miraba con sospecha estas actividades de crecimiento acelerado,
máxime cuando Palestina era parte del marginal y pobrísimo Vilayato de Jerusalén.

Israel: el Estado vino después

Necesitamos machacar ciertos datos para entender mejor el conflicto árabe‐israelí.

En 1909 nació Tel Aviv sobre dunas de arena, sólo habitada por arañas y cangrejos. En la década
del 20 los pioneros judíos fundaron la Universidad Hebrea de Jerusalén, entre cuyos primeros
gobernadores de honor figuraron Albert Einstein y Sigmund Freud. También se creó la primera
Orquesta Filarmónica del Medio Oriente, inaugurada por el director antifascista Arturo Toscanini.
Surgió el dinámico teatro Habima. Se estableció un Instituto de Ciencias en Rehovot, la
Universidad Técnica en Haifa y la Escuela de Artes Bezalel en Jerusalén. Se fundó la Histadrut,
primera central obrera del Medio Oriente, toda una revolución social. Se multiplicaron los
kibutzim, los moshavim, las aldeas y las ciudades, se tendieron caminos, abrieron puertos y
fundaron instituciones educativas. Vastas extensiones desérticas se cubrieron con el manto
esmeralda de los naranjales. Las colinas pedregosas y ardientes de Judea, devastadas por los
dientes de las cabras y el abandono de siglos, empezaron a ser embellecidas por el color de los
pinos que se plantaban en sus laderas. El pantano del extremo norte, Hula, generador de una
epidemia sostenida de paludismo, del que no se salvaba nadie, ni David ben Gurión, fue poco a
poco desecado. La febril actividad judía inyectó a ese pequeño país más prosperidad de la que
existía en los grandes vecinos. Era un ariete ciclópeo de modernidad, progreso, cultura.
Revolucionaba toda la región.

Y, sin embargo, ¡aún no se había producido el Holocausto ni las Naciones Unidas habían tomado
cartas en el asunto! Pero había nacido el conflicto árabe‐israelí. No tanto porque aumentaba el
número de judíos ni porque estos judíos quitasen algo a los árabes. No. El conflicto radicaba en
la oferta. Esa oferta era progreso, modernidad, ciencia, arte, estudios seculares, igualdad de la
mujer, democracia. Una oferta que impulsaba a dejar la Edad Media. Gran insulto a los
cavernarios.

El país más vulnerable

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, el hombrecito de la sonrisa cínica y los ojitos de


rata, envió una misiva de diez folios a Angela Merkel, canciller de Alemania, que, luego de ser
traducida, provocó un ataque de náuseas. Ella decidió no contestar. El iraní pedía la obscena
colaboración de Alemania para destruir Israel y el judaísmo, autores de todos los males que
aquejan al mundo. Los considera el mal absoluto, capaces de las peores atrocidades. Llamea
odio, además de fanatismo irracional. ¿Dónde radica el mal de Israel? En sus virtudes, desde
luego. Virtudes insoportables para quienes se empeñan en vivir como Mahoma en el siglo VII.

“La diferencia de Israel y Occidente con nosotros –ha dicho el líder del Hezbolá– es que ellos
aman la vida y nosotros la muerte”. Para que no haya equívocos, Nasrala suele gritar: “¡Amo la
muerte!”. Pulsión tanática igual a la de los nazis. Las SS usaban trajes negros y calaveras porque
también amaban la muerte y consiguieron su objetivo: 50 millones de cadáveres en Europa,
además de la ruina total de Alemania. El ayatolá Rafsanyaní lo confirmó:

Con nuestra bomba atómica mataremos los 5 millones de judíos de Israel, y aunque
Israel pueda enviarnos bombas de respuesta, sólo mataría 15 millones de iraníes, cifra
despreciable ante los 1.300 millones de musulmanes que somos en el mundo.

Los ojitos de rata y sus patrones de la teocracia fundamentalista quieren asesinar, porque
suponen que los asiste un ideal superior. Empiezan con los judíos y seguirán con el resto, los
enloquece una ensoñación parecida a la de sus maestros del Tercer Reich. Por eso Jomeini
mandó oleadas de niños iraníes a la muerte, para desmoralizar a las tropas de Irak. Por eso
Hezbolá y Hamás lanzan sus cohetes desde escuelas, hospitales y barrios superpoblados, para
que la respuesta israelí los asesine y puedan exhibir los cadáveres como prueba de la perversidad
israelí. Los cobardes organismos internacionales no han repudiado a Hezbolá y a Hamás por el
crimen de usar escudos humanos. Los medios de comunicación tampoco muestran desde dónde
disparan los fundamentalistas y son cómplices, por lo tanto, de falsificar la información sobre
cómo funciona el conflicto árabe‐israelí.

En los tiempos de la postmodernidad, importa cada vez menos por dónde pasa lo bueno y por
dónde lo malo. ¿Interesa, por ejemplo, que los jóvenes israelíes sueñen con ser inventores y
científicos, mientras que los de Hezbolá y Hamás sueñan con ser mártires? No, no interesa.
¿Interesa que en Israel no se predique el odio a los árabes, que constituyen el 20 por ciento de
su población y viven mejor que en muchos países árabes, mientras entre los árabes son
superventas Los protocolos de Sión y Mein Kampf y en la TV egipcia se ha difundido una serie
vomitiva donde los judíos extraen sangre de niños para bárbaros rituales? Lo único que interesa
es que los palestinos parecen más débiles frente al poderío de Israel. Pero ¿acaso el conflicto es
palestino‐israelí, o árabe‐israelí? ¿No fueron los Estados árabes quienes frustraron la pacífica
partición de Palestina en dos Estados? ¿No fueron los que iniciaron las grandes guerras del Medio
Oriente? ¿No son los que expulsaron a todos sus judíos? ¿No son los que han evitado resolver el
drama de los refugiados?

El conflicto no es palestino‐israelí sino árabe‐israelí; o, mejor dicho, entre la modernidad


democrática y un autoritarismo revestido de variadas tendencias que se mezclan con fijaciones
teocráticas o nostalgias medievales.

Israel es el país más vulnerable del planeta, rodeado por un mar de fundamentalistas,
predicadores alucinados y dictadores que ansían barrerlo de mapa. Es la frontera de la
racionalidad, la legalidad, el pluralismo, la libertad y la democracia. Por eso es inmoral dejarlo
solo.

Breve historia de Israel y Palestina (1).


Breve historia de Israel y Palestina (2).
Breve historia de Israel y Palestina (3).
Breve historia de Israel y Palestina (4).

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